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Bunker

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Re: Bunker

Mensaje por Inuwel el Mar Abr 19, 2011 1:51 am

Ignit cegado por la sed, dominado por la bestia actúo por el más puro instinto de su condición. Mientras los jóvenes luchaban contra sus oponentes Ignit tenía a su merced a su enemiga la cual por simple despiste había cortado el serpentis que mantenía inmóvil a su enemigo, ahora María miraba hacia ningún punto fijo, inmóvil, cuerpo laxo... la espada plateada del vampiro la tenía estacada contra a un árbol.

Los jóvenes en tanto ya habían acabo con sus oponentes, se tomaron de las manos, se abrazaron felices de su logro y comenzaron a comentar entre ellos, entonces uno de ellos atisbó al vampiro, debían ayudarle pensó, sin embargo notó que él ya se había librado de su oponente y ahora tenía el control de la situación, pero la forma en como manejaba el momento no le agradó en lo absoluto, a la mayoría en realidad...

Luego de manosear el cuerpo de la pequeña vampiresa la cual ni se inmutó debido a su estado vegetal solo logró mover levemente las articulaciones de sus dedos y hacer temblar ligeramente sus brazos, y antes de que el vampiro bebiera de su vitae una sonrisa cínica se dibujó en el rostro impertérrito de la muchacha al tiempo que musitó, con dificultad, usando toda la fuerza que le quedaba para hablar:

-No podrás... no podrás escapar de tu bestia por siempre... ella algún día te llegará a dominar-

Dijo finalmente cerrando los ojos ante la mordida de Ignit el cual al beber de la sangre de María vería algunos resquicios de su pasado, difusos debido a que ella doblaba en edad a Ignit y el tiempo ya había borrado los momentos más banales de su vida humana...

Vería una escena en blanco y negro, una habitación sin ventanas con un piano que tocaba constantemente la misma melodía, un tac.. tac... sobre el piso de madera como si alguien estuviera practicando constantemente un paso y a la primera equivocación en el baile un ruido de látigo sería testigo de su castigo... el piano seguía tocándose, ausente de todo ello... la música se volvería más tétrica, los pasos se harían más constante y la imagen de la sala fue reemplazada por un gran escenario lleno de gente de trajes elegantes, vería unos pies que saltaban, giraban y volvían a emprender el baile, luego varios trozos de vidrio comenzarían a surgir en el suelo, los pies seguían moviéndose, heridos por los cortes de vidrio, al fondo se escucharían unos aplausos...

"Sangre... Sangre... ¿qué mejor indicio de un paso perfecto?, cínicos aplausos, sonrisas vulgares..."

María parecía comunicarse mentalmente con él mientras este bebiera de su sangre. Ignit sería testigo de una imagen sin movimiento, varias muchachas de entre ocho a catorce años, delgadas con vestido de ballet, pies adoloridos, sangrantes, miradas agotadas, ojeras en los parpados, una de ellas buscaba desesperada algún trozo de pan en el suelo para poder echarse algo de comida a la boca, otra abrazaba a una más pequeña que tenía fiebre y se había desmayado en plena presentación, la otra en un rincón se rasguñaba la cara hasta hacerse daño, otra vomitaba a voluntad para no ser castigada por subir de peso y otra se acariciaba los pies.

Una sombra fugaz, una sonrisa, un deseo... una puerta de madera símbolo de la salida a la libertad.

"Todas las niñas que bailan para los aristócratas bajo el mantel falaz de la diversión, "el baile de los cisnes", "el sueño de la princesa durmiente", "el paraíso de los Dioses", títulos ficticios que solo tomaban realidad cuando en el escenario se mostraban, bajo las cortinas la realidad era diferente, niñas huérfanas obligadas a bailar y practicar día y noche, luego para cuando fuesen mayores ser entrenadas para cumplir otros servicios para los hombres de buenos recursos, educadas, sonrientes... calladas... ¿no podía ser mejor"

Vería un telón rojo que se cerraba, sangre que goteaba... "¡Venganza!", todos los aristócratas verían manchados con su propia sangre sus trajes más elegantes, sus pies cortados como castigo por obligar a la pasión efectuar una danza eterna en contra de su voluntad.

"La vida humana es una peste... no lo olvides... no olvides la fortuna de tu nueva condición..."

Entonces toda imagen o palabras se cortó, la mirada de María perdió su brillo antes de que Ignit comenzara a torturarla con la lentitud de su corte de cabeza.


Habían derrotado a sus enemigos, no obstante los jóvenes volvieron a desconfiar un poco de Ignit más nadie se atrevió a decir nada a excepción de uno de ellos que se rascaba la cabeza mirando para otro lado.

-Frente a nosotros controla tus impulsos bestia-

Pero sin embargo sabían que era una vampiresa así que no lo consideraron un crimen grabe, solo que... fue incómodo, pero fuera de eso nada más, en realidad por su forma de pelear había ganado un cierto respeto entre algunos.

Los muchachos comenzaron a recolectar las cabezas que le servían mientras Ignit saltando la reja se dispuso a enfrentar al fin al hombre que sin reparos manoseaba y besaba a la muchacha, no obstante cuando este vio a Ignit armado soltó a la mujer cayendo esta contra el suelo y quejándose.

-¿Qué vas a hacer?-Bramó este retrocediendo pero pensando alguna forma de ataque.




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Re: Bunker

Mensaje por Rose Atillart el Mar Abr 19, 2011 1:51 am

-¿Yo? – Inquirió riendo mientras se lanzaba furioso a por el vampiro – Nada que te deba preocupar hermano – una sonrisa cínica se dibujó en su rostro, una embestida de sus espadas casi a acaba con la miserable “vida” del vampiro, que ágilmente esquivó la estocada y sacó dos duales más o menos iguales que las de Ignit en tamaño y forma, pero que eran de color negro azabache –Vaya, veo que no soy el único que aprecia el arte de las duales – dijo lanzando un nuevo corte, que esta vez no fue esquivado sino bloqueado por el ser de la noche, que formaba una cruz con ambas espadas delante suya frenando casi de milagro ambos filos.


Se comenzaron a rondar uno a otro, como dos bestias que acechan la misma presa y pelean por ella. Un asedio por parte del oponente de Ignit dejo aturdido a este, casi a merced de un segundo golpe que por poco le cercena la mano izquierda, pero por suerte llegó a bloquear hábilmente con su espada diestra. Un rápido movimiento de pies bastó para que Ignit retomara el control de la situación. Tumbó al vampiro y le puso ambas espadas casi rozando el cuello, con la única barrera de las oscuras hojas del vampiro. Dejando ver sus colmillos, Ignit, bajó un poco más con las espadas, pero de poco sirvió, pues su oponente posó ambos pies sobre el estómago del atacante e hizo fuerza, increíble fuerza, con las piernas para quitarlo de encima. Ignit voló varios metros hacia detrás y acabó chocando contra una dura lápida de piedra que quebró con su golpe – Hijo de puta – gritó mientras se retorcía de dolor. Aun y con eso pudo levantarse a duras penas, tenía algunas costillas magulladas y estaba en seria desventaja, pero el hecho de que estuviera alimentado recientemente le confería la leve ventaja de una fuerza algo aumentada.


Una nueva estocada por parte los oscuros filos del hijo de la noche descargaron sobre Ignit un ataque de rabia e ira del vampiro. Una milagrosa maniobra por parte de este hizo que conservara su ojo una día más, o mejor dicho una noche más, pues al anteponer su espada el filo de la primera deslizó sobre el de la segunda produciendo un chirriante sonido metálico que castigaba los oídos que ambos vampiros, por ser estos muy sensibles. El filo negro se deslizó sobre la hoja de plata y acabó haciendo tan sólo un corte muy cerca del ojo. Perdía por momentos, la ventaja inicial que había ganado iba desapareciendo. En un intento a la desesperada por salvar su existencia, mas su vida se vio acabada para él el día de la muerte de Rose, lanzó un mordisco salvaje a la muñeca de su agresor, y en ese preciso instante las palabras de María afloraron en su mente <<No podrás escapar de tu bestia para siempre. Algún día te llegará a dominar>> tal vez era cierto, porque ahora Ignit estaba usando sus armas “naturales” para luchar, usaba sus colmillos para hacer que el vampiro aflojara el filo de la espada mientras se alimentaba de forma frenética de su vitae, viendo algunas escenas de su pasado, demasiado rápido como para centrarse en ellas*.

Observó a su alrededor mientras mordía, un pequeño mausoleo serviría para sepultarlo. A base de golpes con las espadas, que su enemigo bloqueaba sin demasiado empeño, lo llevó hasta la construcción en piedra del monumento funerario. Una vez allí cruzó su mirada de plata con la furia de sus ojos inyectados en sangre. El desgraciado de la cripta quedó paralizado, los ojos de Ignit adquirieron al momento un tono pardo mientras avanzaba hacia el sujeto, estaba inmóvil por culpa de la técnica, que no aguantaría mucho más, ocular de Ignit – Unas últimas palabras escoria – dijo mientras daba una patada a la columna que sostenía el arco de la entrada. El pequeño mausoleo comenzó a venirse abajo, hasta que al final tan sólo quedó un amasijo de piedras deforme entre el cual podían verse algunas rocas ensangrentadas con vitae del vampiro recién muerto.






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Re: Bunker

Mensaje por Inuwel el Mar Abr 19, 2011 1:54 am

El "vampiro" yacía moribundo bajo los montículos del mausoleo. Él había resultado ser fuerte, de buenos reflejos y tenaz, sin embargo cuando Ignit bebiera su sangre no vería imagen alguna, solo sentiría una sensación profundamente familiar, sed, sed completa, esa sangre resultaba mucho más deliciosa que la de María, más llenadora, más... humana, sí, en efecto el supuesto vampiro no era más que un humano común y corriente. Ignit había asesinado a un humano.

"Espera..." Habían sido sus últimas palabras ahogadas por gritos agónicos antes de fallecer.

La muchacha que había sido "secuestrada" por él no había dejado de gritar durante el combate y cuando vio a su captor muerto bajo las piedras del pilar se levantó del suelo de inmediato y corrió hacia Ignit comenzando a golpear su torso con ambas manos para luego encogerse sobre sí misma y comenzar a llorar. Le explicó que ella hace una semana se veía con él, que ambos estaban enamorados pero su padre no aceptaba esa unión por lo cual había tomado de la decisión de abandonar ese pueblo para que de esa manera su hija pudiera contraer matrimonio con un hombre “decente”, y ella en desacuerdo con esa alternativa aceptó la insistencia de su amado de fugarse esa noche y entregarse a él en cuerpo y alma, no obstante a diferencia de él ella no estaba segura de hacerlo, por eso los gritos y las miradas de desesperación y miedo a la hora de dejarse tocar por él, pero jamás se arrepintió de su amor.

“Eres… una bestia… ¡una bestia!”

Esas palabras comenzaron a aflorar de los labios de la joven que no dejaba de llorar desconsolada mientras era sujetada por los muchachos más grandes para llevarla ante su padre.

Pasaron por el mismo sendero de rosas blancas bajo la luz de la luna, subieron la misma colina hasta ver un carromato negro, largo y elegante en el cual un mayordomo abría la puerta, la joven se soltó de los brazos de los muchachos y con aire alicaído, mirada perdida, expresión muerta ingresó a la parte de atrás de la carroza recostándose sobre el largo asiento con las manos sobre el rostro, y al mismo momento en que el mayordomo cerraba la puerta del carromato el padre de la joven caminó hacia el grupo de jóvenes henchido de alegría. Les agradeció entregándole un saco de coronas a uno de los muchachos, les tomó de las manos, hizo varias reverencias para finalmente añadir.

-Cuánta dicha me causa ver que todavía existen personas de tan buen corazón como ustedes, ¿hay algo más que pueda hacer para agradecerles su ayuda?-




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Re: Bunker

Mensaje por Rose Atillart el Mar Abr 19, 2011 1:55 am

Se miró a las manos mientras la joven le golpeaba el pecho con escasas fuerzas –No… - fue lo único que pudo capaz de decir. Se sentía como lo que era, una animal sin control, una bestia sin razón…un monstruo. La sangre todavía permanecía en sus colmillos, sus ojos todavía no se habían recuperado del serpentis, ya no tenían el poder de paralizar pero el iris no era de su color plateado original. Estaba temblando, pero no de frío, sino de miedo –Lo…lo he matado – dijo con la mirada perdida en la nada –soy… uno más de ellos…he bebido de su sangre – su voz se resquebrajó al momento. No podía seguir hablando, la congoja se lo impedía.

Dos chicos más grandes que la chica, pero aun así un poco menores que Ignit en estatura, cogieron a la chica y se la llevaron mientras el vampiro todavía alternaba su vista entre sus manos, pálidas y mortecinas, y el cielo de la noche, oscuro y tenebroso adornado tan sólo por la luna, daba todavía mayor sensación de oscuridad en su interior a Ignit.


Cuando por fin pudo caminar volvió a pasar por el camino de rosas blancas. Rozó algunas con su frío y mortecino tacto, se detuvo un par de veces a tratar de no pensar en lo ocurrido, pero una idea rondaba por su cabeza a cada momento: las palabras de María ¿Llegaría el día que no se pudiese controla? ¿El día en que la bestia que llevaba más un siglo tratando de domar tomara el control de su cuerpo y de su mente? El vampiro trató de alejar estas ideas de la cabeza mientras caminaba con paso lento y fúnebre, como si fuese al entierro de algún camarada.


Volviendo a pasar por la escena donde había acabado con la vida de María se quedó mirando el cadáver de la chiquilla descabezada; observó su cuerpo casi denudo y cubierto de sangre por completo. Aquello la había hecho él aunque quisiera excusarse, aunque tratara de decir que había sido su bestia…pero no, esta vez no había excusa, había matado a un humano a sangre fría. Y lo peor de todo, había bebido de su sangre.


Llegó por fin al camino, donde un carromato largo y negro, con un aire un tanto lúgubre, los esperaba. Un sirviente abrió la puerta para que ingresara la joven al mismo tiempo que bajaba el mismo hombre canoso que los había contratado. Le dio una bolsa con coronas a uno de sus compañeros y comenzó a hablar. En ese momento los ojos de Ignit se fijaron en una cosa, su piel era especialmente pálida, tal vez fuera sólo una imaginación del vampiro por culpa del estado “shock” en el que se encontraba, pero así debía cerciorarse de tal cosa. Cogió a Koban del brazo y le habló al oído en un susurro apenas audible – Pequeño, creo que ese hombre no es muy “normal” que se pueda decir. Prepara tu arma, y si ves que reacciona de forma extraña… no lo dudes dispárame al pecho desde detrás, me atravesaras pero lo más seguro que es tu virote llegue a su corazón – y si tan siquiera esperar respuesta se giró de manera violenta y lo tomó por el cuello, al hombre canoso –Ahora dime ¿eres un vampiro? – sin darle tiempo a responder llevó su otra mano a la empuñadura plateada de su espada – Y te consejo que seas sincero, no soy alguien muy “paciente”… muchos me tachan de impulsivo incluso – dijo ensalzando su propia figura.






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Re: Bunker

Mensaje por Inuwel el Mar Abr 19, 2011 1:56 am

Koban obedeció sin rechistar aunque no estaba muy conforme con la idea, realmente notaba al hombre normal, quizás algo pálido por el frío o la mortecina luz de las lunas, o por el simple hecho de pertenecer a otras tierras, además la que era su hija también era de piel clara, ¿y no qué todos los nobles eran de piel blanca?, no por nada se les dice sangre azul, sin embargo el pequeño se tuvo que reservar sus cavilaciones porque notó cierta tensión en su compañero vampiro y además este no le dio tiempo.

Ignit caminó de inmediato hasta situarse frente al anciano el cual se silenció de pronto llevándose las manos al cuello donde el vampiro ahora sujetaba, y sus ojos se distendieron de la sorpresa y el temor al ver que el vampiro sacaba a relucir una de sus espadas de plata.

-Va..va... ¿vampiro? ¿qué es... eso?-Titubeó echando constantemente miradas de reojo en dirección a los muchachos a espaldas del vampiro al tiempo que les suplicaba - por favor, ¡quitenme a este loco de encima!-

Koban cerró un ojo mientras apuntaba a Ignit, sabía que si la flecha lo atravesaba no lo mataría y que solo lo dejaría en estado vegetal por lo cual no se preocupó demasiado en disparar si la situación así lo meritara, pero una voz detuvo sus movimientos e hizo girar a todos los muchachos los cuales cargaban del cabello las cabezas de vampiros femeninos y la de la niña.

Otra carroza, grande y ancha comenzó a subir por la colina en la cual iban montado dos corpulentos sujetos que portaban el estandarte de la guardia civil lavteriana, el carro se detuvo frente a la escena y ambos guardias se acercaron al vampiro alejándolo del anciano con brusquedad al tiempo que un anciano campesino bajaba del carro y apuntaba con el dedo a los muchachos e Ignit con cierto nerviosismo y temor.

Aldeano: Ss...son...son ellos... y... y él, el de cabello plata, el fue... el asesino

Soldado 1 : (en dirección a los muchachos) Quedan detenidos por vandalismo, complicidad de un asesinato junto con la falta de respeto frente a un lugar sagrado como lo es el cementerio

Soldado 2 (Refiriéndose primeramente al Aldeano para luego concentrarse en los demás) Este hombre fue testigo de lo ocurrido, vio como ustedes realizaban actos de violencia con otros sujetos en la entrada del cementerio, como ese hombre que ahora mismo ha sido descubierto amenazando a este extranjero de buena familia violó a una indefensa muchacha en pleno cementerio interrumpiendo la paz de los muertos y causó la muerte de un hombre inocente que merodeaba en ese lugar...

Pero de inmediato sus palabras fueron interrumpidas por una voz intempestiva, seca y autoritaria que hacía escena en la colina. Un hombre alto, frente altiva y con ballesta en mano apareció en defensa de los muchachos.

Keith Streymeth: Me temo que aquí ha ocurrido un error, señores.

Se llevó una mano al pecho donde portaba una placa con el signo de los Dherlik al tiempo que daba a conocer su nombre y su rango de general, los soldados al verlo de inmediato bajaron sus armas y tomaron una actitud de respeto hacia el individuo. Los Dherlik desde siglos han sido respetados en Latveria porque han mantenido seguro al país mucho mejor que la misma milicia.

Keith Streymeth: Verán caballeros, aquellos cadáveres que han visto corresponden a vampiros y no a personas humanas, mis muchachos que ven aquí no hicieron más que cumplir con su deber, y me temo que no fueran tan sigilosos ni expertos a la hora de acabar con la vida de nuestros enemigos pero les pido disculpas ya que son solo aprendices, de todas maneras los daños causados en el cementerio serán remunerados por la organización y los muchachos recibirán su castigo correspondiente por dicha falta.

Soldado 1 : No, perdón a nosotros por confundir la situación... aunque... bueno, señor Streymeth uno de esos cadáveres correspondían a un humano.

Keith de pronto estalló de rabia y le envió una mirada fulminante a los muchachos los cuales, a excepción de Koban, apuntaron con el dedo o la mirada hacia Ignit. Una sonrisa cruel se dibujó en la cara del general Dherlik.

Keith Streymeth: Ese hombre no pertenece a los Dherlik, hagan con él lo que la ley mande

Y sin darle tiempo los soldados desarmaron a Ignit dejando sus espadas en el suelo para luego sujetarlo y empujarlo hacia la parte de atrás del carro.

Soldado 1: Quedas detenido por las causas ya mencionadas, tienes derecho a guardar silencio y todo lo que digas puede ser usado en tu contra, como asimismo si tratas de resistirte las consecuencias serán peores.

Sin nada de delicadeza los guardias empujaron al vampiro hacia la parte de atrás de la carroza que fue cerrada con candado por ellos.

Koban se adelantó para tomar sus armas mirando con preocupación el carro que ahora se marchaba, Keith se mostraba satisfecho ya que si él no podía acabar con él entonces que la ley se hiciera cargo, y por último estaba el anciano adinerado que volvía a su lujoso carromato y sin que nadie lo advirtiera unos filosos colmillos relucieron de sus labios de sonrisa caótica al tiempo que se alejaba de ese lugar...




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Re: Bunker

Mensaje por Rose Atillart el Mar Abr 19, 2011 1:56 am

Ignit miró atento al viejo que sostenía entre sus manos, no notaba nada raro en él, al menos su parte cuerda no. El hombre titubeaba palabras, más bien repetía las de Ignit añadiendo a sus frases un tono de miedo, pero no sudaba, los humanos solían sudar cuando tenían miedo... Algo en aquel tipo no terminaba de convencer a Ignit, pero no tenía ninguna prueba para cercenar su cabeza de buenas a primeras. Cuando se disponía soltarlo un nuevo carruaje invadió la escena. Este nuevo “inquilino” era ancho y negro, lo conducían dos sujetos de tamaño a tener en cuenta, y portaba un estandarte que a Ignit le sonaba vagamente, tal vez de haberlo visto en la taberna, pero no estaba seguro.


El aire frío discurría por el camino asfaltado, y los caballos relinchaban cada poco tiempo por la cercanía de un vampiro pues a los animales no les agradaba la proximidad del ser sin alma, tan sólo los de la guarda Latveriana, pero hubo un detalle que a Ignit se le escapó, al menos a su parte más razonable, los del carruaje largo del supuesto “humano de buena familia” no relinchaban, aunque Ignit sabía poco de la fobia de los animales a su raza una parte de él, su más oscura faceta que había sido despertada al beber la sangre del humano inocente, al cometer un acto de maldad, sí que sabía eso… pero no debía revelarlo todavía…


La cara del vampiro fue un poema al oír la larga lista de delitos de la que era imputado: Asesinato en masa, vandalismo, alteración del descanso eterno, violación y otros cuantos más que no se molestó en escuchar. Pero lo peor es que también acusaban a los muchachos y cuando Ignit iba a salir en su defensa una voz conocida, por desgracia para él, sonó en sus tímpanos.


La figura de Keith se dibujó sobre la colina, descendiendo lentamente y mostrando su insignia de Dherlik – Oh…Dioses – musitó el vampiro para sí mismo mientras el hombre de la perilla hablaba. Aquel tono de voz autoritario le sacaba de sus casillas, tal vez por su narcisismo o simplemente por sus modales, tan elevados al lado de los del inquisidor. Los soldados tomaron una actitud de servidumbre hacia el humano, ninguno profirió ni una palabra más… pero uno de aquellos soldados le recordó a Ignit el atroz crimen que ahora pesaba sobre su conciencia, el asesinato de un hombre inocente.


La mente de Ignit comenzaba a maquinar algo a sus espaldas, algo que ni el propio Ignit sabía; ese asesinato había despertado en él algo más que la simple sed de sangre, había despertado una bestia que llevaba dormida casi doscientos años en su interior, una bestia cuyo poder de manipulación del vampiro era más elevado de que él creía conocer. Su parte “salvaje” no era más que un atisbo de la presencia de ese ser malvado que habitaba dentro del vampiro. Fue desarmado y arrojado dentro del carro sin ningún tipo de delicadeza, también cabe decir que no opuso resistencia alguna. El sonido de candados al cerrarse indicó que quedaba preso… o tal vez no.
El carromato se puso en marcha con él dentro, y una voz en su cabeza comenzó a resonar

-Ignit – dijo una voz tenebrosa dentro de su cabeza

-¿Quién me habla? – preguntó en voz alta Ignit

-Tranquilo, no hables en voz alta, estoy dentro de ti… soy tu “conciencia” – dijo divertida esa voz

Ignit estaba cada vez más extrañado ante esa voz, le resulta familiar, recordaba vagamente ese sonido seseante, parecido al hablar de una serpiente, pero no conseguía reconocerlo.

-¿Mi conciencia? ¿Y por qué demonios me hablas ahora y no cuando maté a aquél hombre? – preguntó enfurecido en voz alta, ignorando la advertencia de la voz.


-Tranquilo, no estoy aquí para hablar de eso… ahora no – dijo, y sin darle tiempo a responder esta vez, continuo – ese viejo era un vampiro, no lo notaste por culpa de que te niegas a aceptar tu parte más animal, pero yo sí, yo sí que noté como sus venas no palpitaban con la fuerza de las de un humano con miedo, no sudaba… y sus caballos estaban acostumbrados al trato con hijos de la noche…como nosotros – terminó diciendo risueño.


Ignit enfureció al ser llamado “hijo de la noche”, era un calificativo que no le agradaba para nada le molestaba más que recibir esa calificativo, pues para muchos vampiros ser llamados de este modo era un privilegio –Calla maldito – dijo en voz alta – no eres más que un delirio de mi mente – añadió. Se segunda personalidad se divertía con esto, le encantaba ver sufrir… y ahora mismo Ignit estaba sufriendo de lo lindo –Ignit, puedes no creerme… pero… ¿Esa muchacha que ha subido al carruaje crees que sobrevivirá a esta noche? – preguntó con sarcasmo – la verdad es que se parecía mucho a Rose… aquella preciosa niña de la que nos enamoramos hace tiempo. Sería una pena dejarla morir ¿no? – citó mientras comenzaba tomar fuerzas dentro de la mente del vampiro, que era especialmente manipulable cuando se le hablaba de Rose

-Sí… sí, supongo que llevas razón. ¿Pero cómo salimos… - se corrigió al instante- salgo de aquí? – inquirió señalando los pestillos, y silenciando su voz hasta convertirla en un pensamiento para interiorizar su conversación –Muy sencillo – dijo la voz – mira, ¿ves esa reja que los guardias llevan para controlarte? – el vampiro asintió con la cabeza de forma muda – bien – continuó la voz – pues mira, los vampiros podemos hacer algo muy bueno con los humanos…podemos someterlos a nuestra voluntad – el tema dio un brusco giro durante un segundo – y no me empieces a gritar, he dicho que “podemos someterlos” sí tú quieres usarlos para fines benévolos es tu problema no el mío – retomó la conversación por el hilo inicial – ahora bien, para eso debemos darle de probar nuestro vitae… y no tenemos armas – en ese momento una macabra sonrisa se dibujó en el rostro de Ignit y se puso sus uñas, largas y afiladas ante los ojos plateados, como si tratara de mostrárselas a sí mismo - ¿Esto sirve conciencia? – preguntó interiormente Ignit. La nueva voz asintió – sí, con eso bastará. Por cierto, llámame Deon, me gusta más que conciencia. – tras presentarse siguió con su explicación – vale, ahora tenemos un arma. Debes hacerte un corte en las venas y hacer que el que conduce beba de tu vitae, en ese momento se volverá como un perro. No será capaz de hacer otra cosa que desear tu sangre, y para ello deberá cumplir ciertas… “ordenes” – terminó diciendo Deon. Ignit ahora estaba dubitativo, por un lado podía convertir a los humanos en sus esclavos y hacerlos retroceder y dar caza al vampiro. Por otro lado no estaba seguro de fiarse de una voz en su cabeza… y menos de “esa” voz en concreto…pero no tenía una alternativa mejor, era eso o la cárcel, con suerte. Pero en ese instante la parte “humana” de Ignit tomó, o mejor dicho, retomó, el control de su cuerpo – No – gritó entonces – me niego a sucumbir Deon – dijo volviéndose a sentar en el frío y duro suelo de madera – Inútil – bramó con ira Deon – nos matarán – Ignit hizo una mueca burlona – es lo que llevo deseando hacer hace doscientos años – el silencio se apoderó de nuevo del lugar e Ignit sacó su libro para volver a leer el último versículo de “Artema” por última vez…






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Re: Bunker

Mensaje por Inuwel el Mar Abr 19, 2011 1:58 am

Ambos guardias sacaron a Ignit de la carroza y lo condujeron hacia una enorme edificación, algunos vagabundos que dormían bajo las escaleras de algunas viviendas agudizaron el ojo para echarle un vistazo, el vampiro tenía suerte de que su veredicto se hiciera a altas horas de la noche porque en el día la gente acostumbraba reunirse en ese lugar por simple ocio y curiosidad para lanzar frutas podridas o piedras en contra de cualquier detenido y la hora de la ejecución la plaza de llenaba de familias para observar como la horca terminaba con la vida de los presos.

Cada guardia tomó a Ignit de un brazo y lo condujeron hacia el gran portón de madera abierto del edificio, pasaron por un largo pasillo de alfombra roja, paredes blancas algo gastadas por el tiempo, cuadros a los costados con los rostros de personas importantes y una luz fatua proveniente del centro del edificio.

Ignit fue conducido a una sala redonda con varias sillas donde en el centro, frente a un enorme escritorio de madera con varios pergaminos esparcidos a los costados, un anciano, canoso, de ojos pequeños, marrones, manos nerviosas y pálidas, se encontraba escribiendo con su pluma, y sin alzar la vista, espero a que los guardias acomodaran al acusado, y luego, seguido de otros soldados que habían seguido a los primeros condujeron al anciano campesino que lo había acusado.

Soldado1: Señor Juez, según este testigo a este hombre se le acusa de asesinato, violación a una menor e importunar el descanso de los muertos cometiendo sus delitos en el cementerio de Thonen además de resistencia ante la ley y disturbio.

El juez pareció no inmutarse por la acusación como si estuviera acostumbrado a escuchar esos delitos, dejo su pluma a un costado y cruzando los dedos de sus huesudas manos apoyó el rostro entre ellas mirando al vampiro con aire cansado.

Juez: Si no fuera tan tarde pediría escuchar tu versión de los hechos... (bosteza y se rasca la calva volviendo a mirar sus pergaminos) sin embargo hace bastante tiempo que no se realiza una ejecución en la ciudad y la gente comienza a dudar de la eficiencia de la guardia civil. Como queda poco para el amanecer serás conducido al centro de la ciudad y tu cabeza será rebanada por un corte de hacha cuando los primeros rayos del sol alumbren tu cara... Ahora dejadlo fuera de mi vista, ¿y alguien sabe que le sucedió a mi reemplazo?...

El juez siguió preguntando por quién debía ocupar su lugar mientras el vampiro era conducido por los guardias hacia la salida del edificio y luego al patio general donde algunos curiosos ya asomaban la vista para ver al nuevo prisionero, amarraron sus manos y le pusieron un saco en la cabeza.

Lo que los guardias desconocían era que cuando la luz del sol tocase a Ignit este se convertiría en cenizas, sin embargo poco les importaría porque su condena era la muerte.




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Re: Bunker

Mensaje por Rose Atillart el Mar Abr 19, 2011 1:59 am

El vampiro no opuso resistencia a ser conducido por una callejuela hasta una edificación de tamaño colosal, pero sin embargo su parte animal, Deon, bramaba por dentro, él se negaba a morir, al contrario que Ignit, que asumía su muerte e incluso agradeció a sus captores su asesinato con una sonrisa, pero tratando de esconder sus colmillos.


Fue metido dentro de la casa por los dos guardias que lo hacían caminar. Las paredes blancas y desgastadas se mostraban de manera orgullosa por el largo y oscuro pasillo, apenas iluminado por unas cuantas velas de sebo que desprendían un humo negruzco que, rápidamente, ascendía hacia el techo, depositando allí las partículas menos pesadas y haciendo que el techo se quedara negro por completo. Las paredes adornadas por cuadros con semblantes serios e inexpresivos dominaban el lugar, y una luz fría y mortecina podía verse al final del pasillo.


Finalmente lo llevaron hasta una sala circular con una gran cantidad de sillas y de pergaminos esparcidos alrededor de una mesa en la que se hallaba un anciano de pelo canoso, el poco que le quedaba, ojos pequeños y de color marrón. Escribía sin cesar en un pergamino con una pluma de ave que, ocasionalmente, mojaba en el tintero para poder continuar.


Al lado de Ignit sentaron al anciano que decía haberlo visto en el cementerio. Nuevamente se expuso una larga lista de delitos contra él, pero de nuevo no rechistó, simplemente se mantuvo sonriente por la felicidad que le invadía el saber que por fin iba a morir, que iba a dejar de ser un ser más de esa plaga del mundo –No se preocupe, no tengo otra versión, lo que dice este hombre es cierto. Pero me gustaría dejar claro que los chicos no actuaban por voluntad propia, que yo les obligué a perturbar la paz del cementerio y a atacar a ese hombre adinerado, en pos de ganarme algo más de jornal –dijo en respuesta, y a la vez defensa de los jovenes Dherlik, a la “disculpa” del juez por no poder escuchar su versión –Idiota, idiota y más que idiota – gritó Deon en la cabeza de Ignit - ¿Acaso buscas que nos maten? – dijo mientras hacía sentir al vampiro un enorme dolor de cabeza – sí… - fue la única y apagada respuesta de la voz interior del propio Ignit.

Le apresaron de nuevo las manos nuevamente las manos y le cubrieron el rostro con un saco de esparto. No podía ver nada a través de ese material, pero podía oír los pasos de los guardias que vigilaban su celda.


Los recuerdos pasaban por su mente de forma lenta, ahora Ignit conseguía recordar todo lo acaecido en su vida; el nacimiento de su hermano menor, que casi le cuesta la vida a su madre, los juegos de infancia con su padre, las constantes discusiones con Ethan, su hermano menor, al que tan sólo le ganaba por cuatro años de diferencia... pero cuando su mente hizo pasar frente a sus ojos, invidentes para el presente pero que podían ver su propio pasado ahora, la escena de su conversión, de como aquella vampiresa le convirtió en un “maldito” en lugar de acabar con su vida aquella noche fría y oscura en Syael.

Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas, la nostalgia le pasaba factura, incluso Deon se había callado ahora. Pero el momento de mayor pena y tristeza llegó cuando la imagen de la pequeña Rose hizo acto de presencia en su mente. Los cabellos morenos, la piel a juego con estos, los ojos de un intenso color verde… todo el peso del mundo se le vino encima al recordar como esa chiquilla, de la que él había quedado prendado, murió una noche a manos de tres vampiros, al recordar cómo; mientras dos le sujetaban uno de ellos se beneficiaba a la chica al tiempo que bebía de su sangre, matándola de forma lenta y tortuosa delante de los ojos plateados de Ignit. Cuando ya no podía más con su alma se dio cuenta de una cosa, o más bien la recordó, a los presos se les concedía siempre una última voluntad –Guardia – dijo, y sin darle tiempo a continuar siguió – Quiero leer por última vez mis poemas, exijo mi derecho a un último deleite antes de morir – añadió. El guardia parecía no tener otro remedio, así que lo desató y le quitó el saco de la cabeza arrojándole el libro encima – toma, pero no pienso darte una vela, apáñate como puedas criminal – dijo en tono seco, e incluso con un matiz de asco en la voz.


Ignit hojeó el libro, conocía a la perfección todos los poemas que contenía, los tenía memorizados, pero aun así ese libro tenía un significado muy especial para el vampiro. Había sido el regalo que Rose le había hecho a Ignit el día de la celebración de su relación, del inicio de esta. Un libro de encuadernación roja y que llevaba grabado en relieve la palabra “Loveless”. Abrió el libro por la última página y se dispuso a leer, pero se dio cuenta de que la esquina del papel estaba ligeramente doblada, como si hubiera una hoja pegada a otra y que estas nunca hubieran sido separadas. Con delicadeza introdujo su uña, larga, fina y afilada, por el hueco entre ambas hojas y separó poco a poco hasta que pudo tomar una esquina con cada mano y tirar para separar lo que parecía una cara oculta en la que había escrito lo siguiente:


“Para Ignit, mi amado. Sé que no te gusta tu condición de vampiro, que no te gusta sacarme de mi casa por las noches a escondidas, que odias saber que puedes descontrolarte y dañarme… pero yo sé tantas cosas de ti y tú tan pocas de mí que creo que te revelaré una…” El corazón de Ignit dio un vuelco, durante unos segundos no se atrevió a seguir leyendo ¿Acaso Rose le ocultaba algo? Pero finalmente se decidió a seguir con su lectura; “ Te amo. Y por ello he compuesto esta poesía para ti, para que cuando mi corta vida de mortal acabe puedas recordarme siempre en tu vida, larga y casi sin fin, de vampiro. La escribo como si yo misma fuera como tú, para que puedas ver que te entiendo amado “ Había una marca de labios pintados en el papel y un corazón dibujado con carboncillo, dentro del cual se hallaban los nombres de ambos amantes, Ignit y Rose, y dos espadas como las de Ignit atravesaban el corazón dejando a cada uno a un lado. A continuación, más texto, una poesía esta vez, una poesía del puño y letra de Rose. Una poesía que Ignit leyó en voz alta:

“A medida que la noche cae sobre la ciudad.
Es entonces cuando me levanto como el día se cae.
Por el atardecer me arrastro
te miro mientras duermes
Libérame de mi vida eterna
no hay bendición en esta maldición.
Noche tras noche es tan infernal
y sin embargo, es cada vez peor.
Mi cielo es tu infierno
estoy obligado a vagar por las sombras
Nosotros dos no podemos ser uno.

Mi cielo es tu infierno
y no hay mañana.
Si me quedo voy a desaparecer.
Al amanecer me habré ido;
A medida que el sol de la mañana se levantará

Como el sol
entra en la habitación
Doy la despedida
a la vida en la penumbra
Se quema mi piel…”
las letras no continuaban. Ignit guardó de nuevo el libro y comenzó a derramar lágrimas de tristeza por la pérdida de su amor…pero de alegría por otro lado, a lo mejor los Dioses habían visto sus andanzas por el mundo combatiendo el mal, a lo mejor le concedían un último deseo y lo dejaban reunirse con Rose, librándolo de aquella maldita maldición…






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Re: Bunker

Mensaje por Inuwel el Mar Abr 19, 2011 2:01 am

Una vez que el último deseo del vampiro se vio cumplido los guardias de inmediato volvieron a tapar su rostro con un saco, ya faltaba poco para que los rayos del sol acaecieran en la tierra, y aunque la oscuridad seguía rodeando cada segmento de la ciudad no faltaron los curiosos madrugadores que observaron al nuevo condenado, algunos no dudaron en lanzar comida podrida en su dirección aunque ignorasen su motivo de condena.

Ambos soldados tomaron al vampiro por los brazos hasta obligar a que se agachara y recostara la cabeza mientras aparecía otro sujeto con el rostro cubierto y una enorme hacha en sus manos.

Cuando el alba llegase Ignit iba a morir, el destino de su condenada vida estaba confirmado, si no era la decapitación lo sería el sol, sin embargo, ¿no son los Dioses caprichosos cuando escribir el destino se trata?

Una figura sobresaliente se asomó entre medio de la gente, las personas se movieron a un costado para darle el paso a ese individuo, el hombre de edad madura, armado detuvo al sujeto del hacha con un simple ademán, a su lado un niño lo acompañaba, el cual le quitó la capucha al vampiro y le sonrió. Era Koban, el cual le explicó que los muchachos tuvieron que apañarse solos para lograr la captura de los demás vampiros y aunque no fue fácil lo consiguieron, pero de todos modos si no habría sido por su ayuda no lo habrían logrado.

¿Y el hombre que lo había rescatado?, era nada menos que Gibil, el líder Dherlik el cual le exigió lealtad y servicio por haber salvado su vida, y en caso de fallar su condena sería peor que la muerte.

Desde entonces Ignit pasó a ser el primer vampiro Dherlik conocido en la historia...

Ahora le esperaba una vida llena de peligros, aventuras y principalmente nuevos enemigos, y más de alguno dentro de la organización, sin embargo había sido un camino escogido por él mismo.


- Fin -




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