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El mercader y la ladrona.

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El mercader y la ladrona.

Mensaje por Lander el Mar Jul 31, 2012 1:24 am

Dehvi estaba cansado ya de esa rutina que había desarrollado la última semana. Había hecho las de mercader por las urbes de Thonomer, esperando así sacarse algún dinero, además había actuado como titiritero por las calles. A los dos días empezó a comprar las cosas más baratas y venderlas en aquellas ciudades en las que pagaban mejor por ellas.
Y ahora había acumulado algunos productos que esperaba vender en la próxima ciudad por la que pasara. Se trataban principalmente de hierbas y cosas por el estilo.

Inevitablemente sentía que estaba malgastando su tiempo, había empezado a viajar por su cuenta con la esperanza de aprender algo, de llegar a ser un gran inventor e ingeniero, pero no parecía ese el destino que estaba preparado para él. Cualquier cosa que lo sacase de aquella rutina que lo mantenía a distancia de una aventura y lo alejaba de sus tareas con las runas. Por supuesto aún seguía practicando las que ya, más o menos, manejaba, pero aquellas eran solo el principio. No podía quedarse en el principio eternamente, tendría que empezar a cambiar de zona, ir a otros lugares, Thonomer no era tan movida como había esperado.

Los rumores de las tabernas tampoco eran especialmente interesantes últimamente y no parecía haber nada relacionado con antiguos artefactos mágicos o extrañas escrituras, que siempre podían referirse a las runas. Ambas cosas fascinaban a Dehvi y este quería aprender más sobre ellas, pero no eran cosas que te encontraras tiradas por el suelo, al lado de un pequeño lago.

Lago en el cual se hallaba ahora. Había parado su marcha con el fin de refrescarse, pero más que un lago, aquello era una charca de agua estancada, definitivamente no bebería de ahí ni loco, sin embargo, su mula no parecía pensar lo mismo que el propio Dehvi y este suplicó a los dioses que no le pasara nada. La idea de tener que cagar con todos los bártulos él solo no era especialmente agradable. Por un error de cálculo, al levantarse de la orilla para seguir con su camino, trastabilló hacia delante. Por suerte para él freno su caída con las manos, evitando así mojarse entero quedando empapadas solo las extremidades.

Se retiró del agua, tirando de la mula para que le siguiera y profiriendo algunas maldiciones por su torpeza. Podía sentir la mirada de los transeúntes del camino y, no sabía si era su subconsciente, parecían reírse de él. Pues claro que se reían, ¿qué clase de persona no se reiría de aquello?

Pronto volvió al camino, no estaba muy transitado, lo justo como para sentir vergüenza del tropezón que había dado. No debía de quedar mucho para llegar a Phonterek, aquella urbe era prolifera en cuanto a la actividad comercial.

Siguió andado cabizbajo mientras en su cabeza empezaban a acumularse idea de algunos lugares a los que podría ir después de vender lo que le quedaba de mercancía.

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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Zana el Mar Jul 31, 2012 1:16 pm

Norte, siempre al norte.

Abandonar Theezeroth y en general Rovemar no había sido tan difícil para Zana como ella creía. Evadiendo caminos, cruzando bosques y bordeando las aldeas desperdigadas por Noreth su presencia había pasado más o menos inadvertida, y en esa aventura que aún perduraba había tenido tiempo para descubrir mucho más mundo que en prácticamente dos décadas de vida. La razón era que ya no estaba atada, que su libertad había sido comprada con la huida y, en fin, eso le había permitido dejar atrás la miseria que iba implícita en el hecho de pertenecer por obligación a un circo donde solo te pagan con insultos, palizas y la vida más indigna. De cualquier modo, en esos veinte años Zana no se había parado a pensar si otros vivirían mejor que ella. Tal había sido su enclaustramiento que su ignorancia abarcaba hasta el mero hecho de reflexionar por sí misma si había otra manera de elegir cómo vivir tu vida, y hasta que no se le había presentado la oportunidad delante de las narices no se había dado cuenta y la había aprovechado con la mayor premura.

Ahora que no dependía de nadie y vagaba sola, sus ojos veían realmente el mundo cómo era. Seguía odiando a todo humano que se le cruzaba en su camino, pues inconscientemente enlazaba sus rostros sin nombre con los cientos que habían asomado los suyos por los barrotes de la celda. Les seguía teniendo desconfianza y miedo, y al final no duraba más que unas horas en las grandes ciudades, entrando cuando no tenía más remedio y siempre al abrigo de la noche.

La última había sido Phonterek, y lejos de sentirse cómoda en ella, había estado el tiempo suficiente para robar un poco de pan y ver frustrada su tentativa de sisar una cartera o dos. Amargada, Zana no tenía buenas previsiones para el futuro, y no había que ser muy listo para preguntarse por qué. Sin dinero, sin sitio al que ir y sin más aspiración en la vida que sobrevivir su vida estaba tornando, peligrosamente, a un círculo vicioso del que cada vez despertaba más hastiada.

El camino polvoriento levantaba haces de polvo y de vez en cuando una tos irregular la sacudía. Hacía calor, demasiado calor para llevar la capa raída por encima, con la capucha echada. Y sin embargo, no consentía en quitársela. Se daba vergüenza a sí misma y ya no solo por sus ojos, sino por su demacrado aspecto. La malnutrición la había dejado en los huesos y dos enormes ojeras hundían sus ojos, haciéndolos parecer más desagradables que de costumbre. La maraña de pelo sin peinar que algún día fue lustrosa y rojiza ya no era más que un manto seco de color carmesí desvaído, y del mismo modo el tono de piel de Zana, que debió de ser moreno, no era más que un color mortecino similar al de un muerto. Una estampa digna de admirar, ¿ah?

Sea como fuere, Zana no recordaba cuántos pasos llevaba ya recorridos desde que abandonó la urbe. Inmensamente agradecida por haber conseguido unas botas de cuero, sentía que nunca era suficiente y que debía alejarse más y más, lo que si se tenía en cuenta que no tenía ningún destino elegido en particular se quedaba en un absurdo —como su vida en sí, por otro lado— del que nadie podría sacar provecho.

La joven se echó aún más para alante la capucha, y miró de reojo a los viandantes que la iban dejando atrás, y también a los que por detrás compartían su camino hacia el norte. No había muchos, pero Zana hacía tiempo que había comprendido que la apariencia dicta mucho sobre una persona, y si estaba sobreviviendo a base de robos no era por elegir los objetivos de manera arbitraria. Al menos la gran parte de sus escarceos.

El elegido fue un muchacho que andaba hacia ella, aún a varios metros de distancia. Compartían el tono rojizo de pelo, pero su apariencia era totalmente dispar. Al menos él no parecía un indigente y la mula que llevaba consigo ya daba que pensar. Todos esos bártulos, la forma de andar, la cierta ensoñación que distraía su rostro y la dirección que estaba tomando fueron los factores que hicieron decidir a Zana que él era un mercader y que, si bien podría no tener mucho dinero encima, al menos sería suficiente para aprovechar un trecho más de camino. Obviando las manos manchadas de lo que parecía fango y la cierta crispación de su rostro una vez estuvo más cerca, la joven se puso nerviosa. No fue hasta ese momento cuando se dio cuenta de los problemas que podría tener. Primero, casi no había gente en el camino. La probabilidad de pasar lo suficientemente cerca de él como para robar era nimia, y daba qué pensar. Segundo, si era un comerciante estaría más que protegido de carteristas baratos como ella. Y por último, pero no menos importante: era un humano. Por lo tanto, digno de la desconfianza más absoluta.

No obstante, su estómago no parecía pensar lo mismo, y con un rugido lastimero Zana se arriesgó a llevarse otra paliza por meter la mano donde no debía.

Esperó y, como quien no quiere la cosa, trastabilló y chocó contra él. En ese momento aprovechó para coger la cartera con un movimiento preciso de muñeca y la guardó con el corazón en la boca en esa fracción de segundo en que aún no se había despegado de él.

Vaya, lo siento —murmuró, y le bordeó para apresurarse a seguir adelante.

A partir de ahí era cuestión de tiempo que se diese cuenta ese chico, ya fuera más o menos temprano. Ella, por lo pronto, echaría a correr cuando estuviese un poco más lejos.



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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Lander el Jue Ago 02, 2012 4:42 pm

Los pensamientos de Dehvi se vieron interrumpidos repentinamente por un empujón de uno de los viandantes. Sonrió como un tonto al ver una larga melena roja, muy semejante a su propio color de pelo. Aunque no llegó a ver su cara sí que se fijó en su silueta al alejarse.

-No pasa nada. –murmuró el joven, pero ya era quizás, demasiado tarde para ello pues la chica seguía con su camino, le extrañó que al cabo de unos metros esta echara a correr. Poco a poco las alarmas de Dehvi fueron saltando una a una, como movido por un resorte. Sus manos palparon su cintura, sus bolsillos. Miró hacia donde se había caído segundos antes, nada, ni rastro de sus monedas. Maldita sea. Dirigió su mirada hacia la bribona que ahora corría, huyendo de él.

En su mente el joven fue a sopesar si podía alcanzarla o no, no quería malgastar sus esfuerzos en una causa perdida, sin embargo su piernas hablaron por él, antes de que pensara nada echó a correr con la esperanza de recuperar sus dinero, era el único que tenía y no quería pasar la noche en las calles como un vagabundo, no sería la primera vez, pero ¿por qué hacerlo si podía evitarlo recuperando su dinero?

-¡Sí, si que pasa, para!

Aquellas eran las escasas monedas que había logrado sacar de sus pequeños trapicheos comerciales, pretendía usarlo para salir de aquella región, Thonomer, sin duda necesitaría el dinero para el camino.

Dehvi no desistió en sus intentos por capturar a la joven ladrona.
-¡Eh, tú, para! ¡Maldita ladrona! –siguió profiriendo algunos gritos, que no tenían más efecto que el de atraer las miradas del resto de personas que pasaban por allí hacia si mismo.

Dehvi palpó tras de sí, en su espalda, el arcabuz. No quería disparar, solo quería su dinero. Dejó el arma ahí por el momento, concienciándose de que la usaría solo si al final no lograba alcanzarla. Aquella mujer tendría que cansarse tarde o temprano, o al menos eso esperaba el joven, que no era muy dado a disparar.

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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Zana el Jue Ago 02, 2012 9:36 pm

Oh, oh. Se había dado cuenta demasiado pronto. Aún con pesimistas previsiones de su parte, Zana había esperado que el chico fuera lo suficientemente confiado como para no revisar sus bienes al menos hasta la entrada de la ciudad. Sin embargo y a cuenta de pecar de inapropiada él parecía tener en mucha estima su dinero, de manera que no quedaba otra que la posibilidad de que fuera otro pobre y de que ella hubiese elegido —para variar— su víctima erróneamente.

Zana era observadora, de manera que sabía que si él se acercaba tendría las de perder. Ya no solo por todos los bártulos con los que él cargaba y los que podían guardar cualquier tipo de arma, sino porque ella seguramente no sería capaz de reunir el valor suficiente como para blandir su daga y porque estando tan famélica era cuestión de momentos que se cansara.

Sin embargo, tenía que escapar. Ya escuchaba su voz gritándole desde detrás y aunque tenía el corazón en un puño y el pulso exhaltado y totalmente disparado, al menos se creía capaz de pensar con la suficiente claridad como para salir del apuro aunque fuera momentáneamente.

Y lo hizo.

Giró la cabeza hacia la colina que había a un lado del camino, que en descenso recaía hasta un valle repleto de árboles por los que podría escalar o incluso esconderse. Quizá no llevara mucho tiempo siendo una persona libre, pero la mayoría de los viajes que la habían llevado a Thonomer habían sido finalizados mediante rutas poco conocidas y, en el peor de los casos, peligrosas. Al final, la oscuridad de la noche y los aullidos de algún lobo lejano habían dejado de asustar a Zana. Con suerte no sería el caso del chico pelirrojo. Con aquello en mente se desvió hacia un lado del camino y corrió como alma que se lleva el diablo hacia el bosquecillo. Se le cayó la capucha por la fuerza del viento y Zana giró un momento la cabeza para divisar al joven siguiéndola aún, y respirando con fuerza empezó a sortear mortíferas y bajas ramas de árboles que a esa velocidad podrían dejarla en el sitio.

Cuando ya llevaba un rato corriendo no pudo evitar flaquear en su determinación. Se sintió una asquerosa por haberle robado lo poco que tenía, pero aún con esa culpabilidad atizándole el subconsciente no paró ni redujo la marcha ni un ápice. El instinto de supervivencia le pudo, y por eso continuó adentrándose hacia el corazón del bosque.

¡Vete! ¡Vete de una vez! —exclamó, jadeante por el esfuerzo.

¿No podía simplemente hacerle caso? ¡Alguien como él conseguiría dinero fácil! No tendría que verse jamás en la tesitura de robar o morir de hambre, porque nadie le trataría igual que a la basura.



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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Lander el Dom Ago 05, 2012 11:44 pm

Para ser alguien que seguramente dependiera del dinero que roba aquella mujer con el pelo carmesí corría como una condenada. Quizás era eso mismo lo que le daba fuerzas para correr. Por un momento su determinación cojeo, pero volvió a la carga en lo que apenas fue un segundo. En ese segundo muchas cosas pasaron por la mente de Dehvi y es que le remordía ligeramente el hecho de posiblemente aquella ladrona se veía forzada a aquello, pero no, no daría su dinero por perdido. Dehvi siguió con aquella alocada carrera que tan solo había comenzado hacía unos instantes.

La mujer de la cabellera roja giró repentinamente, abandonando el camino que tanta seguridad le daba al joven Dehvi. Aquel bosque al que se dirigía sería un engorro, pero el joven e inexperto ingeniero había tomado la determinación de recuperar aquellas monedas que representaban el trabajo y sudor de aquellos días atrás. Ya no era tan solo el dinero, si no era capaz de defenderse de un ladronzuelo como aquél ¿qué decía eso de él? Nada bueno.

El joven entró en el bosque, era reacio a entrar en aquellos lugares, cualquier lugar allí era bueno para emboscar a cualquiera, normalmente se mantenía alejado de ellos, pero aquello era una ocasión especial y, además, había dejado, sin pretenderlo, a su mula en el camino, pero ahora estaba demasiado ocupado como para caer en la cuenta. El bosque le ofrecía ahora algo en lo que mantener su atención. Saltar una rama traicionera, esquivar por los pelos otra de esas y procurar no estamparse contra otro árbol.

Seguía el mismo camino que aquella a la que perseguía, si ella podía hacerlo él también. Podía no ser cierto, pero era mejor que arriesgarse trazando otros caminos.

“¡Vete! ¡Vete de una vez!” Por alguna razón sonrió ante la petición de la mujer, pero no aflojó el ritmo, no daría su brazo a torcer. Había sido cauteloso de no perder el dinero en un asalto de bandidos y cosas por el estilo, no estaba dispuesto a perderlo por un desliz como aquél.

-¡Devuélveme lo que es mío y te dejaré en paz! –gritó Dehvi desde su posición, siguiendo la estela de la muchacha. Las muestras de cansancio empezaron a aparecer, el sudor le impregnó la frente y empezó a caer por todo el rostro, a la par, su respiración se veía cada vez más agitada y su corazón palpitaba más fuerte que antes, bombeando vida al resto de su cuerpo. Dehvi era joven y estaba acostumbrado a las caminatas aunque el bosque no le era especialmente propicio, ¿estaría su rival en aquella carrera en la misma condiciones que él mismo o mejor, o por el contrarío, flaquearía más pronto que tarde? Eso estaba por ver.

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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Zana el Lun Ago 06, 2012 5:27 pm

Cuánto más corrían y descendían por la pendiente más entraban en el corazón del bosque,dejando atrás la linde y, de paso, el espacio suficiente para moverse con facilidad. Los árboles comenzaban a multiplicarse, sus ramas a engradecerse y ramificarse, resultando el doble de mortíferas, y los arbustos y hierbas cubrían por completo el suelo, dificultando el avance y retrasando inevitablemente a Zana, que con los síntomas del cansancio y músculos sobrecargados iba reduciendo imperceptiblemente el ritmo. El chico no se daba por vencido, y eso la estaba asustando. Había dado por hecho que con un par de minutos corriendo él desistiría o al menos le dejaría atrás, pero se había equivocado. Él era joven, y estaba mucho más nutrido que ella. Si no hacía algo ganaría, y bien sabía Zana que la captura de un ladrón es sinónimo de paliza, sino de algo peor.

Por eso comenzó a buscar desesperada un árbol al que escalar, sabedora de que si se refugiaba en las alturas las probabilidades de que él la alcanzara descenderían en picado. Quién sabe si Dehvi era un perfecto alpinista o un mono reencarnado, Zana ya estaba acostumbrada a jugarse el pescuezo por chorradas, pero al menos sí que adquiriría un mínimo de tiempo para poner sus prioridades en orden... Que dicho sea de paso, le hacía falta urgentemente.

Se concentró en lo que tenía delante, queriendo olvidarse de que estaba en plena persecución, y siendo ella la fugitiva debía ser la que reaccionara con mayor premura. Lo único bueno que podía sacar de esa situación de desventaja, paradójicamente, era moverse bien por los bosques, acostumbrada como estaba a bordear los caminos principales por zonas mucho más deshabitadas, y a reconocer fácilmente escondites que sirvieran para ocultarla o salvarla de peligros sin clasificar.

Fue por eso que no tardó mucho, para su alivio, en encontrar un árbol lo suficientemente sinuoso y alto como para escalar sin riesgo de partirse la crisma.

Echando un último vistazo a Dehvi, que corría unos metros más atrás, dio un salto ágil y se subió a la primera rama, y una vez allí fue cuestión de habilidad escalar hasta ramas más altas, siempre observando hacia arriba, sin necesidad de morir de un ataque de vértigo. Cuando estuvo lo suficientemente segura de que el chico se pensaría si subir o no, se agazapó como un lémur, abrazándose al tronco, y le miró con fijeza desde arriba, sin decir ni pío.



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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Lander el Mar Ago 07, 2012 5:44 pm

Las ramas y arbustos hacían multitud de arañazos por todo el cuerpo de Dehvi, no había piedad. El joven se sentía hostigado, clavándose en su avance tantas cosas como había en su camino, las cuales tampoco podía esquivar. El objetivo último de todo aquello quedó difuminado, diluido por la necesidad de reaccionar al instante a los obstáculos que se empeñaban en frenarle y atrasarle, pero el chico no cejaba en su empeño, eso nunca. Además, allí no se estaba jugando el cuello, al menos aparentemente.

Su corazón seguía bombeado nutrientes, cada vez más rápido, rítmicamente, sin parar, de la misma forma que él corría con un ritmo propio, constante. Trastabilló haciéndole perder el equilibrio, apoyó las manos en el suelo y se incorporó para continuar la carrera.

Miró al frente observando la dirección que la muchacha seguía, para su sorpresa había parado. Dehvi sonrió, algo así como satisfecho, aunque la sonrisa se le quitó del rostro al ver como empezaba a escalar uno de los árboles. A los pocos segundos llegó Dehvi, sudando y respirando agitadamente. Miró hacia la atrincherada joven que había estado corriendo de él, la pequeña ladrona.

El joven apoyó las manos en las piernas, con la mirada fija en el suelo mientras recuperaba el resuello después de aquella corta, pero intensa carrera en la que finalmente no parecía haber una claro ganador. Miró después hacia la chica, se había encaramado al árbol quedando a una distancia prudencial del suelo, no, no del suelo, si no alejada de Dehvi.
El joven se propuso escalar, sin embargo, no llegó ni siquiera a intentarlo. No lo había pensado, pero estaba persiguiendo como un loco a una muchacha que a todas luces no parecía muy dada a la lucha, pero tenía que recuperar el dinero. Dehvi se llevó una mano a la barbilla, mientras observaba a la joven. Buscaba mentalmente una forma de empezar a hablar, no se le daban bien los discursos.

-Eh… Oye… Necesito que me devuelvas el dinero. –Hizo una pequeña pausa, aquello ya lo sabría ella, quizás la mejor forma sería negociar. –Mira, si bajas te daré una parte del dinero. Tendrás para comer unos días, no puedo prometerte más. –Hizo otra pausa, un poco más larga. –No llevemos esto más allá. –Esto último lo acompañó con un gesto de la mano hacia el arcabuz que llevaba en la espalda, no tenía pensado disparar, pero sería un arma de persuasión perfecta para la ocasión.

Dehvi esperó pacientemente una respuesta por parte de la muchacha. Había hablado sin enfado o frustración alguno, amablemente, como hace normalmente. Se echó hacia atrás, apoyándose en el tronco de uno de los árboles cercanos, sin perder de vista a la pelirroja que estaba subida en las ramas del otro árbol.

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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Zana el Mar Ago 07, 2012 11:25 pm

Zana sabía que de compasión no se alimenta un estómago, pero le era imposible no sentirse culpable por haberle robado la cartera al pobre chico que la miraba desde abajo. Sí, había visto el arcabuz y le daba el suficiente miedo como para casi acceder a bajar y darle el dinero, pero su necesidad de salir adelante era más fuerte, y aún a pesar de la amenaza implícita del joven ella seguía subida en el árbol, terca como una mula, con la vista fija en él para no perderse ni un solo movimiento sospechoso.

Al final él había optado por apoyarse en un árbol de los cercanos, pero aunque su postura fuera despreocupada Zana sabía de sobra que estaba preparado para volver a perseguirla si optaba por bajar y reanudar la persecución. Se notaba que ambos estaban cansados, respirando con rapidez y con el pelo revuelto, pero así como su tensión era palpable también lo era la determinación de cada uno por salir ganando, y tanto Zana como Dehvi tenían razones de peso, lejos de que una no tuviese ética ninguna y el otro fuera honrado.

No quiero —espetó tensa, respondiéndole como si tuviera diez años. En realidad él no debía de ser mucho más mayor que ella, pero saltaba a la vista que había encontrado una manera mucho más adecuada para llevar su vida, y sabiendo como sabía Zana lo difícil que en ocasiones es seguir adelante por eso también comprendía con exactitud la frustración del joven y la necesidad de recuperar su dinero como fuera.

Fue eso lo que le hizo relajar el rostro, que había mantenido con el ceño fruncido, y amodorrarse más en el árbol dispuesta a transformarlo en una fortaleza inexpugnable. Ella también tenía su daga bien escondida tras la capa, y aunque sabía que no tendría valor para usarla sí que esperaba que del mismo modo que el arma de Dehvi la aterrorizaba a ella la suya lo hiciera con él.

No supo calcular cuánto llevaban en silencio, pero al final no quiso seguir tentando al destino y prefiriendo no saber si él realmente cumpliría su amenaza, volvió a hablar.

¿Por qué no te vas y me dejas en paz? —señaló el arma, decidida al menos en apariencia—. No me da miedo —mentira— porque no la vas a usar. Es un farol. No tienes tanto dinero como para arriesgarte a convertirte en un criminal.

Y después se calló otra vez, satisfecha de su discurso. Realmente no creía que acabase cayendo la breva, pero... Esa era su manera de negociar. O el todo o el nada. Las medias tintas jamás le gustaron.



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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Lander el Miér Ago 08, 2012 12:42 am

El joven se pasó el antebrazo por la frente, deteniendo y limpiando el sudor que caía por ella. No era un buen día para correr, de hecho no era un día para hacer todo lo que estaba haciendo, debería de haber llegado a Ponterek hace ya unos minutos y ahora debería de estar encaminándose hacia el mercado o hacia la taberna o a cualquier lado donde no hubiera unas ramas rapándote el cogote todo el maldito rato.

“No quiero.” Dehvi se pasó la mano por la cara, era como hablarle a una pared o un niño pequeño, no servía de nada, pero tampoco podía hacer otra cosa. El joven suspiró profundamente y se empapó de paciencia, la iba a necesitar, sin lugar a dudas. Miró de nuevo hacia arriba, donde la muchacha permanecía encaramada, por un momento a la mente de Dehvi le llegó la imagen de un gatito en lo alto de un árbol, asustado, pero sacudió la cabeza ligeramente y volvió a buscar en su cabecita sus próximas palabras.

-No me voy a ir sin mi dinero, deberías saberlo. –Usó un tono ligeramente más grave para sus siguientes palabras, como dándole más importancia. –No lo usaré mientras no agotes mi paciencia. –Era un tono algo amenazador, algo raro para Dehvi, pero supo blandirlo con cierta eficacia, al menos desde su punto de vista. –Y… ¿Quién se va a dar cuenta si te mato aquí mismo? Tú misma te has alejado de las miradas ajenas. –Dejó unos segundos antes de continuar, esperaba que aquellas amenazas calaran en el ánimo de la pequeña ladronzuela. No se le daba especialmente bien amenazar, lo suyo eran los negocios más bien, pero no parecía muy dispuesta a la negociación. –La propuesta sigue en pié. –Comentó sonriendo afablemente unos segundos.

Si hubiera sido cualquier otro de esos bandidos no estaría ahora negociando, alguien que roba para gastárselo en esa misma noche en la taberna no se merecería ni una de aquellas monedas, pero aquella necesidad de dinero por el hecho de sobrevivir era algo que le tocaba la fibra sensible a Dehvi. Él mismo había sufrido las penurias de la calle en sus carnes y era algo que no le dejaba indiferente, por eso estaba abierto a aquella especie de negociación, pero no podía pasar allí todo el día… o… en realidad sí.

-No necesito dinero para ser un criminal, tú eres una criminal y no tienes dinero por lo que veo. –Respondió el joven soltando una pequeña carcajada. La respiración empezaba a calmarse y con ella el resto del cuerpo.


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Re: El mercader y la ladrona.

Mensaje por Zana el Miér Ago 08, 2012 4:14 pm

Zana contuvo las ganas de tirarle la daga a la cabeza cuando le escuchó reírse. ¿Qué tenía de gracioso la situación? Era él el que se había quedado sin dinero, así que se tenía que callar. El arcabuz le daba igual, o al menos eso quería ella creer, porque realmente se estaba asustando y no tenía forma de quitarse de encima a Dehvi si no era accediendo, lo que por el momento no entraba dentro de sus prioridades. No, no. Para nada.

De todas maneras, ya había recibido la joven demasiadas amenazas en su vida como para desfallecer ante la de un muchacho como él. Se notaba que no lo haría si no le quedaba más remedio, y aunque eso no era sino una razón para hacerla sentir aún más culpable, también era verdad que distendía la situación de tamaña manera, pues era mucho más razonable que la mayoría de los viajeros que se había cruzado.

Lo que no pudo evitar fue señalarle desde las alturas, con el ceño fruncido y sin quitarle ojo de encima—. ¡Cállate! —chilló, enfadada.

Igual sí que realmente estaba metiéndose en terreno pantanoso y acabaría en el suelo más tarde, pero por el momento tenía que poner en orden sus prioridades. Sacó la cartera de uno de los bolsillos internos de su capa, y dirigiéndole miradas de reojo para no perderle de vista la abrió y se echó las monedas en la mano. Al cabo del rato enarcó una ceja y adelantó una mano, como si quisiera pedirle explicaciones.

¿Has dejado a tu mula sola por esta porquería? ¡No tienes nada! —menos tenía ella, pero Zana no era alguien precisamente elocuente. Cuando comenzó a huir pensó que quizá el chico sí que llevar a la cartera llena, pero se había ilusionado como de costumbre. De todas maneras, poco o mucho, era algo, y no pensaba dárselo.

Que no, ni hablar. La culpa estaba sobrevalorada, y ella tenía que comer... ¿No?



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Re: El mercader y la ladrona.

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