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Una exploración peculiar [Privado: Zana]

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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Talidor el Vie Ago 10, 2012 1:51 pm

La disculpa de la joven hizo que el enano negase con la cabeza y sonriese levemente, mientras caminaba con tranquilidad. Ciertamente la situación parecía haberse enfriado y era algo que él no quería, y menos sabiendo como era la joven, que sin duda pensaría que era su culpa... Y así fue, cuando escuchó lo que ella le dijo después, descubrió que la joven pensaba exactamente lo que él creía.

-Yo mismo fui quien te dijo que preguntases, Zana, así que no debes preocuparte por ello, ya que si fuese un tema del que no quisiera hablar, no te lo habría contado, ¿no crees?-

Una suave sonrisa se mostraba en el rostro del enano, tapada por las barbas, pero aún así visible, reduciendo levemente su paso al igual que ella lo había hecho antes, algo preocupado. Sabía como era Zana, o al menos, se lo imaginaba, por lo que pensaba que el sentimiento de culpabilidad no se le iría muy fácilmente.

-El pasado no siempre es malo de recordar, te ayuda a aprender de tus errores, siempre que seas lo suficientemente fuerte para afrontarlo. Además, mi padre sigue siendo para mi un héroe, puesto que en los muchos años que vivió en el deshonor, ninguna vez se quejó por su situación, y vivió con orgullo hasta el día en que se fue, y créeme que no muchos pueden decir eso. Así que mi oferta de que preguntes lo que quieras, sigue en pie.-

Su risotada volvió a sonar en la oscuridad, mientras daba un par de golpecitos suaves en la espalda de la joven para animarla, pues hasta un enano como él podía darse cuenta de que aquella sonrisa era forzada, y Talidor lo que quería es que ambos viajasen contentos, pues para eso se solían hacer los grupos, para viajar cómodos y tener compañía.
Cuando escuchó las palabras de Zana referidas a su manejo de la daga, tras la oferta del enano de protegerla, no pudo evitar reír más aún, pues ella estaba confiada, y eso era bueno, pero también sabía bien hasta donde llegaban sus capacidades -a juzgar por la mirada que le dedicó mientras decía aquello-, lo cual era mejor aún.

-No me cabe duda, joven, no me cabe duda. Tú aún eres joven, y los jóvenes son quienes mejor y más rápido suelen aprender. Llegará el día que será tu daga la que cubra a mi hacha, y no al revés. -
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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Zana el Sáb Ago 11, 2012 2:52 pm

Deshonor y orgullo, ¿cómo se podía vivir así? Zana sabía cuán difícil puede ser superar el desprecio de los demás, sacando valentía y bravura de donde no la hay. La joven pensaba que Talengor, padre de Talidor, debía de haber sido un enano digno del mayor de los respetos, pues a la hora de enfrentarse a los demás y a superar los baches que la vida te presenta es como realmente te vuelves una persona fuerte.

Zana no lo era, pero tampoco se martirizaría por ello. La razón estribaba en que su instinto de supervivencia se había desarrollado tanto que ante el más mínimo peligro acostumbraba a huir, queriendo salvar la vida y por extensión la libertad que el abandono del circo le había regalado. Era una situación difícil, siendo que Zana no sabía qué podía esconderse en cada confín del mundo, siendo que tampoco tenía experiencia en tratar con los demás, siendo que, en fin, había vivido demasiado tiempo recluída y ahora, con diecinueve inviernos, estaba aprendiendo lo que otros mucho más jóvenes.

Ni siquiera sabía leer y hablaba sin modales, perdiendo la educación que nunca recibió. Quizá por eso se complementaría tan bien con el enano, porque a diferencia de elfos u hombres ellos se prestaban más al festejo y le daban importancia a lo que realmente la tenía, sobrellevándola a su manera. Zana no era una, pero quizá la dotación de un nombre que provenía de la raza a la que pertenecía Talidor le estaba regalando fuerzas poco a poco.

Me gustaría saber tantas cosas que ni sé qué preguntar —admitió, medio sonriente. Las lunas se encendían como luceros en el cielo oscuro, pero para Zana no había ningún escondite en la oscuridad que sus ojos no pudiesen descrifrar. Quizá eso sí fuera una ventaja, después de todo—. ¿Tienen las lunas nombre, viejo? —utilizó el apelativo cariñosamente, lo que viniendo de Zana se traducía en, simplemente, estar relajada, sin pretensiones de herirle, puesto que aquello era lo que menos deseaba.

Entornó los ojos y se puso a bucear en lo que tenían delante, tratando de vigilar o divisar algún peligro. No veía nada, salvo varios cambios de rasante que podrían resultar propicios para resaltar la torpeza de ambos a la hora de andar por esas llanuras del demonio.

Dentro de unos cinco metros hay una pendiente. No te caigas —bromeó.



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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Talidor el Dom Ago 12, 2012 8:23 pm

Había pasado tanto , tanto tiempo a solas, que ya no recordaba lo agradable que era viajar con compañía. No viajar solo, sino con alguien amable (o arisco, daba igual) que quisiera tener una conversación animada, algo que recordar de nuevo tras muchos viajes, y parecía que de nuevo volvía a tener todo aquello. La joven Zana parecía interesarse por su vida, por sus anécdotas, por todo. Sin duda el afán de conocimientos de su compañera era envidiable, y en cierto modo, le recordaba a él mismo cuando era más joven.

Cuando llegaba el momento de la verdad, el honor y el orgullo, la alegría o la tristeza, la felicidad o la melancolía, todo aquello no importaba nada... lo único que valía la pena era la vida, o la muerte. Eso era algo que Talidor había aprendido hace mucho, y por lo que estaba viendo, de un modo u otro, Zana había aprendido lo mismo. No importaba que aparentemente tuviese miedo o desconfianza de todo, no importaba su presente, ni su futuro, lo que importaba era el presente, y en el presente, ella estaba viva.

Tal vez debería haberle contado aquellas reflexiones a Zana, pues le podrían ayudar a verse a si misma de una manera mejor, o a relajarse más y no asustarse a la mínima, pero eso no valdría de nada, puesto que aquel era un camino que cada uno debía recorrer, y tarde o temprano, la chica llegaría a ese extremo del camino en que tendrá que elegir, pero por el momento, mejor pasar de ello hasta que el día se acerque.

-Tienes muchas cosas que preguntar, y tenemos mucho tiempo y camino por delante, así que estoy seguro de que podrás preguntarlo todo, ¿no crees?- Su cara reflejaba una tranquila sonrisa, mientras que utilizaba el hacha como bastón y caminaba junto a Zana buscando el final de la llanura, que aún se antojaba lejano en el horizonte. Mmmm... buena pregunta, ahora que lo pensaba, el enano no sabía si las lunas tenían nombre, nunca se lo había preguntado. -Realmente no lo sé, los enanos no nos preguntamos si las Lunas tienen nombre, pues están demasiado lejos de nuestro alcance. No obstante, seguro que en algún pueblo podrías encontrar toda esa clase de información.-

Realmente estaba ya acostumbrado a aquellos apelativos por parte de Zana, por lo que no le molestó lo más mínimo que le llamase viejo, de hecho, le resultaba gracioso y le hacía reír. Además, el vientecillo haciendo cosquillas en sus barbas también influía un poco bastante en aquello de la risa.

Cuando su acompañante le dijo aquello de la pendiente, no pudo evitar carcajear más aún, no sólo por el tono en que lo dijo, sino por la situación. Estaba seguro de que ella lo había dicho en broma, puesto que por todos era sabido que los enanos veían en la oscuridad tan bien o mejor como lo hacían en la luz, por eso mismo asintió, mientras contestaba.

-Eres muy amable, Zana, al preocuparte, pero veo en la oscuridad con bastante precisión, por haber nacido y criado en las minas enanas. Pero muchas gracias.- Mientras hablaba, fingió dar un traspiés, para a continuación seguir caminando, mirando divertido a la joven. Era genial tener a alguien que aguantase sus tonterías y le escuchara. Era genial no tener que viajar solo.
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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Zana el Lun Ago 13, 2012 1:16 pm

Se encogió de hombros y volvió a sumirse en el silencio. Para variar Zana tampoco había estado en una mina en su vida, pero su interés era tal que hubiese corrido a sumergirse en la primera que hubiera visto. No podía imaginarse cómo sería vivir en esa oscuridad, pese a desenvolverme con soltura en ella, pues para Zana, que tanto tiempo había vivido recluida, era enormemente importante notar el viento fresco batir sus extremidades, notar la hierba húmeda bajo la suela de sus botas, sentir que podía ir donde quisiera sin necesidad de dar explicaciones… Era una sensación que si no la habéis sentido es tremendamente complicada de describir, pero ella, pese a que sentía una inusitada curiosidad por las gentes enanas desde que conociera a Talidor, siempre preferiría el aire fresco y los territorios fértiles e inexplorados.

¿Cómo es la vida en las minas, en las montañas? —preguntó. Se guardó el nombre de las lunas para el primer viajero que viese, segura de que si Talidor no sabría algo sí que encontraría ese conocimiento en otros sitios. Se moría por visitar una biblioteca, pese a que ni siquiera supiese la joven leer. Se creía capaz de aprender pronto, y aunque era una vergüenza cargante para ella ser tan ignorante, el remanente de su pasado hacía de punto de inflexión para ese orgullo, haciéndola admitir que debía de pedir ayuda. Sin embargo, no las tenía todas consigo—. ¿Nunca salís a la superficie cuando sois jóvenes? ¿Y cómo conseguís comida? ¿Y la cerveza, cómo la hacéis? Creo que alguien en el circo lo mencionó una vez, decía que podía ser de trigo o de cebada…

Zana se quedó con la vista perdida, y mientras ambos ascendían por aquel cambio de rasante no pudo menos que soltar una risotada alegre cuando vio el ademán del enano.

¡Te lo dije, te lo dije! —exclamó, aún a sabiendas de que realmente lo había hecho para animarla, y eso se lo agradeció mucho más que mil respuestas a mil preguntas o cien días andando juntos, pues lo que hacía Talidor era de corazón, y aun habiéndose reencontrado hacía tan poco tiempo, para Zana el enano era ya como un hermano mayor o un padre. Si seguía así se convertiría en una figura a seguir para la pequeña, y aunque era curioso que aquello ocurriese con un enano y no, por ejemplo, con una mujer madura e inteligente, la realidad es que Zana lo sentía así—. [/b]Siento haberte comportado así antes, abuelo.[/b]

Las disculpas no eran lo suyo, pero Zana sabía cuándo era el momento de cada una. Su maltrecho orgullo solía impedirle que hiciera otra cosa, pero cuando se topaba con alguien tan amable y, joder, campechano como Talidor, ¿qué más podía hacer?

En fin, que el camino era largo, y Zana quería disfrutar de su compañía.

Ya fuera tarde o temprano, gracias a él aprendería tantas cosas del mundo que durante años se le habían estado negando que recaería en una deuda eterna para con el enano.

De eso estaba totalmente segura.



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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Talidor el Sáb Ago 18, 2012 8:42 pm

Caminaba realmente tranquilo junto a la joven, con una amplia sonrisa que indicaba lo cómodo y en cierto modo, feliz, que se encontraba en ese momento. Su vida había dado un cambio drástico en cuanto encontró a Zana, pues había recordado una parte de aquel pasado que del que no llegaba a sentir aprecio. Pero no era una parte mala, más bien todo lo contrario, pues por fin había encontrado a la persona que en su tiempo consideró una hija, pues le puso el nombre y demás.

La pregunta de la joven le sacó de aquellas reflexiones, pero le sumió en otras. ¿Cómo iba a explicarle todo aquello? Había muchos tipos de luz y oscuridad dentro de las minas, y muchos lugares diferentes, por lo que no podía resumirlo todo y juntarlo en un mismo grupo, pero aún así lo intentaría.

-Veamos, veamos... cómo explicarlo... En las minas enanas no todo es oscuridad, puesto que por lo general están muy bien iluminadas, salvo los túneles. No obstante, es cierto que en un principio, cuando yo era pequeño y tuve la suerte de asistir a la construcción de alguna mina nueva, la oscuridad es practicamente total, por eso los míos desarrollamos ese tipo de visión, para poder ver bien cuando comenzamos y continuamos las construcciones y minas.-

Mientras hablaba, acompañaba sus palabras de todo tipo de movimientos y gesticulaciones, que servían para enriquecer la explicación y, hablando con claridad, hacían bastante gracia. Por eso mismo el enano miraba a Zana, para ver si iba cogiendo todo lo que él le decía, o al menos, para saber si le escuchaba.

-¡Pero me estoy yendo por las ramas! Por lo general la vida en las minas es aburrida para cualquier enano con instintos aventureros, puesto que no se hace gran cosa salvo cavar, construir, fabricar cosas en la herrería, y si tienes suerte, limpiar las minas de cualquier clase de criaturilla o plaga que se instale en ellas. Fíjate que el momento más importante de la semana, si no contamos las fiestas, era el mercado, en el que se juntaban todos los enanos y abrían las puertas a visitantes para hacer negocios... ¡con eso te lo digo todo!-

Su risa volvió a resonar en aquella estrellada noche, por encima del resto de sonidos que la poblaban, mientras los dos continuaban sus andanzas por la vasta llanura, en busca de su próxima parada, que realmente no sabían bien cual sería. Así pues, el enano se alegró realmente al escuchar aquellas palabras de Zana, pues demostraban que su pequeña "interpretación" del tropiezo había servido para que ella se animase. Aunque también llamó su atención lo siguiente que la joven dijo, pues parecía una disculpa, en cierto sentido, cosa que a Talidor no le gustó en absoluto.

-¿Comportarte cómo? Yo sólo recuerdo haber tomado unas cervezas contigo mientras comíamos un jugoso filete, antes de encaminarnos de nuevo por estos parajes.-

Dicho esto, guiñó sonriente un ojo a la joven, para hacerla entender que realmente no le importaba que se hubiera cabreado, pues a fin de cuentas, era una reacción normal.

-No te abraces al pasado, Zana, pues no te permitirá sacarle el máximo partido al presente... Es un viejo dicho enano que pocos recuerdan ya.-
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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

Mensaje por Zana el Lun Ago 20, 2012 11:19 pm

Para Talidor podría haber sido una infancia cargada de sobrio aburrimiento y escaso ocio, pero Zana estaba maravillada. Se imaginaba grandes civilizaciones subterráneas, minas de belleza superlativa, inabarcables banquetes donde la cerveza corría por cuenta de nadie y manchaba todo el suelo que tiembla ante los pies bailantes de los enanos que festejan el mero hecho de poder contar con libertad para hacer sus quehaceres diarios. Sus fantasías incluían incluso enormes forjas donde la lava se fundía con el acero de las fuertes armas que, como la de Talidor, hacían de los enanos una raza tan peligrosa y devota de la guerra y el honor. Casi podía escuchar el rítmico golpeteo de los herreros que, con la llama incansable de aquel que hace lo que le gusta, ponían su empeño en hacer objetos que podrían salvarle la vida no solo a él o a sus allegados, sino a quienes estuvieran cerca y fuesen más débiles.

De todos modos esas no eran más que fantasías de niña, y aunque se sintiera impresionada no podía utilizar ninguna base real sobre la que sustentar esa impresión. Zana había vivido toda su vida recluída, negada de cualquier conocimiento sobre el mundo que la rodeaba. Apenas sabía qué razas convivían en Noreth, qué enemistades había o, simplemente, qué significa la palabra 'berrocal'. Tampoco sabía leer y no tenía educación, y por eso la anuencia del enano respecto a ello era tan chocante que Zana, aún en esas, seguía teniendo altibajos en los que pensaba que la traicionaría.

Al fin y al cabo no era de extrañar, teniendo en cuenta el poco tiempo que llevaban juntos, pese a que él la conociera desde que no era más que una mocosa sucia.

Yo lo habría dado todo por vivir como tú —se le escapó a la joven irremediablemente, conforme hablaba el enano. Lo dijo en voz baja pero firme, pues no era sino el manifiesto de sus deseos frustrados, de la resignación que siente aquella que sabe que no puede volver atrás en el tiempo y enmendar el error de otros.

Al final, rumió un suspiro y se echó los brazos a la nuca, cruzándolos en una actitud muy despreocupada teniendo en cuenta que Zana iba acompañada y que normalmente iba encogida como una fugitiva. Talidor podría interpretarlo como quisiera, en ese momento la pequeña no le dio demasiada importancia, pese a que esa actitud resuelta y relajada no era para nada acorde a su modus operandi habitual y aún tardaría un poco en darse cuenta.

Decir que no podía mirar al pasado y encajarse en él era fácil, y puede que hacerlo también lo fuera, pero Zana se negaba a renunciar al deseo de venganza que la animaba a seguir adelante. Era una meta deshonorable y amarga, pero, ja, al fin y al cabo todo en ella respondía a esos dos adjetivos. Si en la pelirroja alguna vez cupo el sentido del honor éste no le había dado de comer... Y robar sí. De ese modo, de un modo totalmente pragmático y empírico, Zana había decidido que no trataría de responder a los estereotipos de nadie si ello le conllevaba un sufrimiento que ya podía evitar.

Por el amor de los dioses, después de diecinueve años así, ¿quién iba a tener los cojones de negarle algo como aquello?

Todos esos pensamientos cruzaron su mente en lo que duró la caída definitiva de la noche en las Llanuras de Eódhain. Ambas siluetas comenzarían a desdibujarse en la oscuridad apabullante, a sentir el frío del desierto nocturno, pero siempre codo con codo, entrelazando palabras de alegría y curiosidad.

Tanto enano como antropomorfa tenían sus propias motivaciones, totalmente dispares entre sí, pero correlacionadas por la tenacidad de la identidad que las promovía.

Si de algo podían fardar en ese momento era de poder apoyarse el uno en el otro, pues pocas veces se veía un reencuentro de ese estilo, que tantas horas y más horas de conversaciones sin fin podría deparar.

Zana y Talidor lo supieron, desde que partieron de las ruinas hasta que sus pies les llevaron a sumirse en el desierto en dirección a su linde.

Lo que hablaron solo lo saben ellos, y la confidencia, siendo algo tan subestimado en estos tiempos aciagos, es algo que ellos sí valoran por encima de todo.

De ese modo, esperemos que el tiempo desvele qué clase de pensamientos tuvieron como denominador común la mente de un enano y una antropomorfa.

Por el momento, disfrutad de lo dado.



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Re: Una exploración peculiar [Privado: Zana]

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