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Sobre Flechazos y Canciones

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Re: Sobre Flechazos y Canciones

Mensaje por Talidor el Dom Ago 12, 2012 8:34 pm

Su viaje por fin había tomado un descanso, y en aquella ciudad de pequeñas hadas y de seres por el estilo, le habían dado una buena bienvenida... Bueno, al menos no le habían dicho nada, que no era poco teniendo en cuenta las ciudades en las que estuvo en su anterior viaje... Por lo menos ahora disponía de una pensión en la que alojarse varios días, y muuuchos suministros de cerveza. Había que admitir que aquellos pequeños seres eran de lo más simpáticos, no se podía negar.

Había envainado su hacha en la cintura -como solía hacer- una vez se había sentado en la silla que acompañaba a la mesa que le habían adjudicado en la posada. Allí, con las piernas colgando a unos centímetros del suelo, se dedicaba a observar todo cuanto pasaba en el lugar en el que se encontraba. La joven seguía cantando, y todo iba bien... o al menos eso es lo que le gustaría decir, porque aquella persona que le había pedido ayuda... no recordaba ahora su nombre, había vuelto a liarla, como solía ser común en él, por lo poco que le conocía.

No hacía ni diez minutos que había entrado, pero ya se había metido en la primera discusión... ¿Para ser así había que entrenar? ¿O era algo que surgía del interior?... Quien sabía, el caso es que tampoco le importaba mucho, pues mientras le dejasen beber tranquilo sus treinta o cuarenta cervecitas, él estaría contento. Necesitaba relajarse y tenía hambre, así que pidió algo de comida a la posadera, mientras seguía curioseando sobre cómo se sucedían los actos. Por lo visto, aquello se zanjaría en un concurso de música entre la divium ciega, y el pistolero malhumorado. Quién ganase de los dos poco le importaba, pero rezaba a Karthun para que no le diesen la tarde.
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Re: Sobre Flechazos y Canciones

Mensaje por Kyra Elyadme el Dom Ago 19, 2012 2:58 pm


Un pistolero. Kyra sintió sus alas erizarse aún más en plena inquietud, pero no retiró su amenaza ni su arco. A una ciega se le puede confundir fácilmente y hasta que no oyera algo revelador no haría caso a esas palabras.
Su enfado era comprensible: la música era toda su vida.

Pero luego, como si algo o alguien hubiera escuchado su agravio, aquel humano cambió de opinión, convirtiendo el desafío en un reto que ella podía aceptar perfectamente. ¿Así que canción por canción? ¿Y que decidiera la audiencia?
Que mejor, se dijo la divium, la verdad es que era una buena idea. Aquello añadía sabor a sus propias composiciones y lo cierto es que nunca le habían gustado los jactanciosos. En tierras élficas, aquel que no podía probar aquello de lo que presumía, era castigado con trabajo.
Aquí... bueno, no era Dhuneden, pero el humano (ella presumía que de tal se trataba, aunque no lo sabía) se puso a sí mismo el castigo si perdía.

En cuanto a ella si perdía... entonces habría conocido a alguien mejor que ella y por tanto, un nuevo reto a vencer, una meta que perseguiría ferozmente hasta hacerse mejor cada día.
Así era Kyra: o vencía el obstáculo... o lo hacía, porque para ella no existían otras opciones. Desde sus diecinueve años había empezado a luchar contra todo para sobrevivir, en algo tan importante no podía ser menos.

Así que, lentamente, bajó su arco y ocupó nuevamente su asiento. Escuchó la canción del humano, enarcando una ceja.
Él decía que ella era demasiado dulce, demasiado melosa. Su canción hablaba de guerra, de sangre, de marchas forzadas. No era una mala canción es sólo que...
Kyra sabía ya con qué iba a responderle al autor. Preparó su melodía mentalmente, e improvisó una letra, que más que una canción, era una enseñanza, una valoración.
Cuando Zvanzhicq terminó ella acomodó su arpa, se concentró y combinando los complejos acordes, interpretó su propia canción.

El sueño del sueño es una telaraña intrincada
Una hermosa ilusión entretejida
El todo y la nada.
Somos polvo y viento
Belleza y Fealdad.

En el Corazón de las Tinieblas,
Nadie sabe diferenciar.

Somos criaturas de sangre y de miedo
Respiramos esperanzados, las gotas de la vida
Chupamos la gracia y la envidia
Lo trascendental y lo insignificante.

En el Corazón de las Tinieblas
Lo que es grande, es pequeño
Lo que es pequeño, es grande.

¿Hay un solo nacimiento?
¿O varias resurrecciones?
¿No será la muerte otra gran ilusión?

Puede ser, es el Corazón de las Tinieblas.
Quizá, es el centro de la oscuridad.

La luz, esfera deslumbrante
Mata al escondido, al joven brillante
A todos se lleva, en su frío resplandor
¿Es la gracia la música de tus oídos?
¿O son tus oídos los agraciados?

Allí, en plena penumbra
Percibes el sonido pero no el origen
La claridad no es necesaria
Tu alma lo intuye.

El telar es de hilos de bruma y plata
¿De qué sirven los colores allí donde
Nadie puede verlos?
Somos sombras, breves apariciones.

¿Quién sabe?
Sólo en el medio del edificio arquitectónico
Está la respuesta al acertijo.

El sueño del sueño es una telaraña intrincada.
Es el Corazón de las Tinieblas
Tu miedo ilusionado
Tu mente perdida.
Tu azar predestinado.


Finalizó la melodía y luego llegaron los aplausos. De pronto, con una sonrisa, Kyra descubrió que había ganado.
Parpadeó. Sintió sus ojos húmedos, prueba de lo que la ofensa se había cobrado a su autoestima. Pero el premio era dulce y dulces como una rosa, pero afiladas como sus espinas, fueron sus palabras.

- Tendrás que abandonar la ciudad entonces...- dijo- Pero te acompañaré. Y de una vez por todas, trovador de lengua larga, te enseñaré por qué no puedes decirle semejante cosa a alguien que acabas de conocer

La divium se puso en pie y con su pequeño tamaño, sus coloridas alas, su arpa y su vestido, parecía como una mensajera que hubiera obtenido la gracia de la luz.
Tal es el aliento que te proporciona saber que lo que haces está bien y que lo que amas lo haces decentemente
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Kyra Elyadme

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