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El Ascenso del Diablo [I parte].

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Re: El Ascenso del Diablo [I parte].

Mensaje por Rothgar de Ithia el Lun Oct 15, 2012 12:37 am

Los gritos del orco cadáver eran cada vez más fuertes, y podía ver que los corazones de mis camaradas empezaban a flaquear de una manera u otra. Solo el enano, desgraciadamente fuera de combate y el mago, que a pesar de ser un oscurantista no había tenido problemas en aunar fuerzas conmigo en lugar de enfrascarse en una batalla que habría perdido antes de empezar, poseían suficiente fuerza de espíritu sin contarme a mí para enfrentar al gran ser.

El combate fue rápido e intenso, un contrarreloj no solo por mi supervivencia si no por la supervivencia de los demás compañeros del grupo. O vencíamos al orco o todos morirían, y dudaba mucho que Luminaris deseara aquello último. Tras una serie de movimientos rápidos, orientados a despistar y hacer que el orco bajara la guardia, me vi recompensado con el sonido que emitió el hueso de la pierna del cadáver al quebrarse gracias a mi espada, derrumbándose al suelo y gruñendo algo incomprensible.

Me acerqué por la espalda de la criatura para tratar de rebanarle el brazo o la cabeza, pero un golpe de su codo me proyectó contra un rincón, deslizándome unos metros por la sangre que cubría el suelo. Boqueé durante unos instantes para tratar de recuperar la respiración. Hubo un momento en que creí que no volvería a respirar, pero finalmente me puse a toser. La neblina que se había apoderado de mi vista empezó a disiparse a medida que logré ponerme en pie, tosiendo cada vez de forma más floja y recuperando la respiración, aunque no pude evitar llevarme una mano al pecho. ¡Por Luminaris, que ese bastardo no-muerto pega duro!

Me quedé observando mientras me acercaba unos cuantos pasos a la escena que se presentaba ante mí. El hechicero lanzó un conjuro que hizo que el orco se arrodillara, y en ese momento escuché su grito de apremio. No perdí el tiempo, y ganando velocidad cargué, llevando la espada por delante como si fuera una lanza. El acero finalmente mordió la carne y atravesó el impío corazón de aquella criatura profana, y el ser empezó a convulsionar, mientras de su herida surgía tal cantidad de sangre que tiñó la hoja de un color rojo negruzco. Rápidamente saqué de allí mi espadón y, observando el cadáver, recé en voz baja:

-Que Luminaris guíe tu alma ahora que por fin se te ha otorgado el descanso eterno...-

Iba a hacer lo mismo con el enano pero entonces me di cuenta de que las cosas estaban cada vez peor. El resto del grupo estaba en serios problemas, pues los zombis al ver morir a su señor enloquecieron, tratando de matar a todo aquél que no fuera como ellos. Uno se acercó a mí, gruñendo y gritando de rabia, pero mi espadón raudamente le cortó la cabeza, mandándola a volar a un rincón de la habitación mientras el cuerpo se tambaleaba y finalmente caía. No dudé a la hora de cambiar de la espada de dos manos a la de una.

La confusión era bastante notoria, y pronto me convertí en la primera línea de la retaguardia mientras ayudaba a los demás a que escaparan. En ese momento, Zana miró al enano y gritó que debíamos rescatarle, pero era ya demasiado tarde, pues apenas dijo eso que los zombis ya habían ocultado completamente el cuerpo del enano, y ante eso rápidamente agarré de la muñeca a la muchacha. No era hora de andarse con chiquitas. La muchacha se revolvía y lloraba, y trataba de librarse para lanzarse a una muerte segura. Ante semejante muestra de estupidez no pude evitar darle un bofetón y tras cortarle la cabeza a un zombi que trató de atraparla por detrás, le dije, gritando a la vez que la arrastraba de nuevo:

-¡No seas idiota! ¡Los zombis ya le han capturado, si no lo había matado antes el golpe del orco! ¡Son demasiados hasta para mí! ¡Deja de revolverte y huye con los demás! ¡Talidor dio su vida para salvar las nuestras! ¿¡Acaso quieres que su sacrificio fuera en vano!? ¡Vamos, a la puerta!-

Finalmente logramos llegar a la puerta mientras la violinista la cerraba. Yo me quedé junto a ella, cortando todo brazo que tratara de colarse por la rendija, y una vez la hechicera logró barrar del todo la puerta, solté un suspiro y me quedé observando el lugar. Mientras corríamos hacia abajo, yo me mantuve al lado de la pelirroja, y cuando finalmente se detuvo le susurré al oído, antes de seguir moviéndonos:

-Oye... Siento lo de antes... No... No pretendía darte un bofetón, pero... Suficiente muerte hay ya en este lugar como para que tú o cualquiera de los que aquí estamos se unan a las legiones no-muertas. Aquí el paladín soy yo, no tú. Si muero, lo haré cumpliendo con mi deber, pero si tú mueres... ¿Para qué lo habrás hecho?-

Le puse una mano en el hombro, dándole a entender que mis disculpas eran sinceras, y tras eso me avancé en el grupo, envainando de nuevo la espada de una mano y sacando la de dos, poniéndome a la delantera para proteger al resto del grupo de lo que quisiera atacarnos, si es que había alguna presencia hostil allí. Todo aquello me daba mala espina.
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Re: El Ascenso del Diablo [I parte].

Mensaje por Lander el Jue Oct 18, 2012 1:01 am

Había logrado deshacerse de las dos pequeñas no muertas, pero ¿a qué precio? ¿Cuánto tardaría su mente en darse cuenta realmente de lo que había hecho? No mucho seguramente, pero por el momento trató de apartar aquellos pensamientos de su mente diciéndose que no podía haber hecho otra cosa, algo que no era mentira, pero que en su corazón sonaba a excusa barata. Especialmente cuando miraba los dos cuerpos de las chiquillas que apenas si le llegaban por un poco más arriba de la cintura cuando estaban en pie. Ahora, despojadas de su no-muerte, yacían a los pies del muchacho, tiradas de cualquier forma tal y como habían caído después de haber sido derribadas por Dehvi.

Sin embargo, ahora no era el momento para eso, debía centrarse en vivir, vivir, vivir… Y es que eso era lo único que lo obligaba a seguir en movimiento, sea cual fuere la situación era aquel instinto el que le hacía reaccionar. Uno de los instintos más básicos de los animales, el instinto de supervivencia.

Aquella situación no duró mucho, varios golpes contra el suelo hizo que el joven se volviera para observar la nueva escena. El gigante había caído, el paladín había atravesado su pecho y justo en ese instante se disponía a sacar su espada del cuerpo del orco que no había tardado en dejar de moverse. Justo al contrario que los no-muertos que tenían justo delante, los cuales se movían más rápido a la par que al orco se le escapaban sus últimos segundos de no-vida. La única comparación que podía hacer Dehvi de aquello es que era como si todos se hubieran sentido afectados por la muerte del macho alfa y ahora quisieran vengarse. Era una idea estúpida, pero no había tiempo para pensar en más símiles, quizás cuando hubieran salido de allí o tuvieran unos momentos de descanso.

Dehvi retrocedió al tiempo que disparaba a uno de los que tenía más cerca y se acercaba apresuradamente hacia la puerta que los pondría a salvo de aquel peligro, pero quién sabe que otros peligros habría detrás de aquella. Por lo pronto el joven golpeó con la culata a otro de ellos, abriéndole una brecha en la cabeza y repeliéndolo de sus cercanías.

Zana casi se lanza a la carga contra los no-muertos, por suerte el paladín había estado rápido al agarrarla y obligarla a seguir. Era una lástima lo del enano, ni siquiera lo había conocido, pero morir allí y así era algo que no le deseaba a nadie, sinceramente, esperaba que hubiera muerto con el primer golpe del orco, parecía sin duda más rápido y menos doloroso que ser devorado por aquellos seres en pena. Al joven se le revolvieron las tripas tan solo de verse en su lugar.

Finalmente el pelirrojo pudo cruzar la puerta y ayudó a los demás a cerrarla. Nada más escuchar el sonido de la puerta al cerrarse dejó escapar todo el aire que había retenido en los pulmones debido a la tensión del momento, sin embargo, no hubo tiempo para más puesto que no tardaron en seguir la senda en la que iba degenerando la estructura de la catedral para dar paso a unas paredes rocosas, una cueva.

Ahora solo tenían un camino que seguir… y no parecía un ascenso a los cielos precisamente.

Lander

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Re: El Ascenso del Diablo [I parte].

Mensaje por Gawain Brisalegre el Jue Oct 18, 2012 7:58 am

En plena euforia de la batalla no había caído en ello, pero acababa de asesinar sin miramientos a dos seres... ¿Qué culpa tuvieron...? No podía si no evitar tener esos pensamientos en el momento crucial, y arrepentirme de todo lo que fuese una vez estuviésemos sanos y salvos... Si es que lo conseguíamos. Si es que lográbamos salir del antro, del nido de demonios al que habíamos entrado. Con seguridad, dos ya no lo habían conseguido, un antropomorfo había quedado rezagado en la primera sala, y ahora el enano había sido lanzado violentamente hacia el muro. El grupo que estábamos más atrás nos enfrentábamos como buenamente podíamos a los incesantes ataques de las criaturas, pugnando por evitar embistes mortales o caer derribados y ser pasto de las criaturas.


Pero la situación cambió cuando un potente estruendo llamó la atención de todos. El orco no-muerto había caído a manos del paladín y el brujo, y estaba siendo atravesado por el arma del primero, para soltar un gruñido de ultratumba que personalmente me puso la piel de gallina. Me demostró cuan cruel puede llegar a ser la muerte y aquellos que la controlan, pues la mole alguna vez debería haber sido un guerrero con un objetivo no muy diferente al nuestro, y ahora se veía asesinado o devuelto a la muerte por aquellos que compartían su objetivo… ¿Quién nos diría que nosotros no terminaríamos así?...

Sin embargo, no era momento para quedarse a pensar en esas cosas, era momento de salir de allí tan rápido como se pudiese, alcanzar la puerta y no volver la vista atrás… Aunque para la pelirroja parecía mucho más difícil, gritaba el nombre de Talidor con histeria y ansia, pues ella debía conocer más personalmente a l enano al que ahora no podíamos siquiera pensar en salvar… Y de algún modo, eso azotó mis entrañas y me hizo pensar… ¿Qué pasaría si algo semejante sucediera con Daanira, la única persona que conocía del grupo? ¿Me lanzaría a salvarla, o por el contrario, imitaría lo que ahora hacíamos y huiría en pos de asegurarme salir yo con vida…? ¿Qué haría, que sería lo que buscaría?

Hablando de Daanira, ella fue la que consiguió arrancar la llave del cadáver del orco, y entre ataques furiosos de los zombis, corríamos hasta la puerta. Rasguños se hacían presentes en todos mientras los golpes se sucedían y el grupo entero nos defendíamos de los ataques como buenamente se podía, mientras además huíamos hacia la puerta. No sería tan fácil abrirla, por ello el brujo, el paladín el muchacho y yo intentábamos dar unos segundos a la dama para lograr activar el mecanismo, y con nuestros filos hacíamos retroceder poco a poco los golpes y embestidas que los seres rabiosos ahora nos dedicaban. Cuando por fin se oyó el ‘click’ tan esperado, poco tardamos en retroceder y golpear los brazos curiosos que se asomaban por la cada vez más pequeña rendija de la puerta que todos tratábamos de cerrar con ansia mientras las espadas, dagas y todo aquello que pudiese herir golpeaban las manos asesinas que trataban de hacernos volver a la sala y convertirnos en uno de ellos, si no que peor.

Todos respirábamos agitados, en una mezcla de cansancio, nerviosismo, histeria, preocupación y cualquier otra sensación negativa que pudiese tener cabida en nuestro ser. Algunos mucho más seguros de si mismos y de su cometido, otros quizás arrepintiéndose de haberse dejado llevar a esta catedral maldita. Algunos tenían los ojos aguados por aquello que se había dejado atrás y otros una mirada firme y decidida buscando lo que se encontraba al frente. En aquel momento, todo lo que se podía hacer era procurar sobrevivir mientras se avanzaba a las profundidades del lugar y rezar a los Dioses que habían abandonado el lugar porque pudiésemos salir si no victoriosos, con vida y salud mental. Pero eso parecía ya mucha petición, ya que al parecer, el nuevo dueño del lugar no buscaba precisamente eso, si no hacernos perder la cordura.

Apenas unos segundos para pensar y otros tantos para divisar el lugar. Unas escaleras de piedra que, si bien estaban bien estructuradas, era obvio que la destrucción y caos había pasado también por allí. La respiración pesada y acelerada era presente en mi, era inevitable estar a la defensiva en ese lugar y viendo lo que nuestros ojos habían visto y no podrían olvidar. No podrían olvidar el hedor a muerte, los cadáveres andantes que nos habían atacado, demonios del infierno y todo aquello que aún nos quedaba por ver. Y por ello la catedral dejaría una marca en nosotros, más o menos profunda, todos saldríamos con una cicatriz de allí, o al menos eso creía yo.

Pude ver que el lugar también hacía mella en los demás. No era solo yo, si no que tanto Daanira, la pelirroja, el muchacho, el brujo o el paladín, ninguno podíamos ni estábamos impasibles. Ninguno podía tomar con naturalidad lo que estaba sucediendo, pues era de todo menos natural. Y por ello, por esa sensación de que todo estaba fuera de lugar, tenía una determinación enorme para devolver a la naturalidad lo que una vez fue un lugar santo. Debíamos hacerlo, e íbamos a hacerlo.
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Re: El Ascenso del Diablo [I parte].

Mensaje por Daanira Lynella el Sáb Oct 20, 2012 7:43 pm

Los terrores de aquella catedral abandonada tiempo ha eran lo suficientemente terribles como para enloquecer a cualquier mortal y lo suficientemente impensables como para imaginarse lo que nos deparaba al interior de las fauces de la oscuridad.

Tocaba mi violín con toda mi esencia enfocada en mis compañeros. Esperaba que mi música enardeciera el espíritu combativo de los más fuertes y llenara de valor el de aquellos cuya voluntad flaqueaba. En mi mente solo veía ases de luz de distintos colores. Cada una era la representación del espíritu. Algunas más potentes e intensas que otras, pero igual de importantes y presentes. Así mismo lograba ver las siluetas deformadas de las pobres almas atadas a los cuerpos sin vida que nos asediaban. Era horrible ver como sus auras se retorcían incluso con mayor intensidad que sus cuerpos erráticos. La no muerte era un terrible castigo para el alma, una aberración a la magia y una blasfemia a la vida.

El combate se intensificaba mientras el enorme orco, el cual desataba una intensa presencia rojiza, había sido derribado por una serie de ataques precisos. Estaba segura que Gawain estaría involucrado, pues su ojo de halcón y su arco eran mortales a esta distancia, pero sin duda la fuerza del gran paladín había sido la causante de su desequilibrio y caída. Por un momento estuve a punto de cancelar mi hechizo al ve como el espíritu de Rothgar era arrojado varios metros atrás por el contundente golpe del monstruo, pero sabía que mi magia le mantendría resistente al dolor por lo que decidí continuar.

La horrenda aberración continuaba pataleando en el suelo intentándose poner de pie pero sin éxito mientras una extraña aura en su cuello comenzaba a titilar con una presencia que no había percibido anteriormente. Era un brillo grisáceo, casi espectral. Ya tenía conocimiento de su presencia, pero no había brillado así hasta ese preciso momento. No veía que era pues solo lograba ver su brillo en mi mente pero no cabía duda en mi cabeza, fuese lo que fuese aquello me llamaba.

Tras un estruendo, el orco cayó a los pies de Rothgard y el brujo que nos acompañaba. No confiaba en él, pero agradecía su ayuda. El combate al fin había terminado y, con ello, mi melodía debía finalizar. Pero otra situación inesperada nos acorraló, pues los zombies que habían avanzado de forma errática desde un comienzo ahora aullaban como una jauría enloquecida de bestias y se abalanzaron de forma intensa hacia nosotros. Habían desatado su poder ahora que su dueño no les controlaba, o eso me pareció en primera instancia justo antes de que Zana me sacara de mi letargo halándome fuertemente del brazo.

¡Espera Zana! - Le grité justo cuando pasábamos a un lado del orco para cubrirnos detrás del paladín y su compañero - ¡Necesitamos ese collar!

Sin pensarlo demasiado, me solté del agarre de mi compañera y arranqué sin contemplaciones el collar. A pesar de la sangre que ahora cubría su figura, se podía distinguir la forma del colgante. Era una llave, una llave con cierta aura mágica. voltee por doquier en busca de algo que abrir pero no tuve que buscar demasiado para distinguir el mismo brillo tenue que compartía una de las rejas de la parte trasera de la habitación y la llave. No estaba segura de que aquello fuese algo bueno o malo, pero los no muertos ya nos tocaban los talones y no podía permitirme la duda.

¡Ah! ¡ Abre! - Batallaba con la reja pues estaba demasiado oxidada, pero ante la desesperación del momento extraje fuerzas de flaqueza que no sabía tenía guardadas logrando abrir así el portón - ¡Todos, entren en el pasillo!

Esperando hasta el último momento, y con tristeza en mi corazón por la pérdida de un acompañante más, azoté la reja de hierro y cerré con llave para evitar así la embestida de la horda histérica de almas en pena. Estaba ciertamente agotada, y ahora mis compañeros seguramente también deberían replantearse si seguir adelante o descansar. El camino era extremadamente oscuro en un inicio, lo cual auguraba cosas malas, pero sentía en mi interior que la presencia de la magia nos esperaba en cada vuelta que dábamos. En cada esquina. Nunca fui claustrofóbica, pero no pude evitar sentirme así en ese lugar. Era simplemente indescriptible.

Se que no es un buen lugar, pero deberíamos descansar un poco - Les recomendé a todos mientras Zana encabezaba el avance - El efecto de mi hechizo seguramente esté a punto de pasar y estoy segura que resentirán el dolor muscular una vez pasado por completo. Sobretodo usted, señor Rothgard.

Era un espacio angosto, con solo un camino de ida y vuelta. Si pudiésemos descansar en algún lugar de Svannas Fël tendría que ser ahí, donde no nos podían emboscar ni sorprender por otros lugares como en un espacio amplio. Pero la decisión era de ellos, por mi parte yo debía continuar el rumbo y apoyarlos en lo que pudiera. Algo me tenía intranquila, el aura de la llave que ahora adornaba mi cuello no era maligna pero no por ello era poco sospechosa. La había sentido y sabía que era importante, por lo que no la perdería de vista ni a ella ni a cualquier aura que se le asemejara.

Solo esperaba que esto nos abriera más puertas de las que nos pudiese cerrar.
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Daanira Lynella

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Re: El Ascenso del Diablo [I parte].

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