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La Plaga.

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La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Mar Ago 28, 2012 9:42 pm


La lluvia golpeaba aquellos cristales, mientras ojos temerosos miraban desde atrás de ellos, susurros que se mesclaban con la tormenta, mientras los rayos cruzaban el oscuro cielo, iluminando figuras extrañas y aberrantes ocultas en callejones y esquinas. Las olas golpeaban el muelle, muchos barcos hundidos en sus costas, las murallas que se levantaban como guardias inmóviles y eternos. Las casas crujían con el viento, la taberna estaba vacía, excepto por un único individuo, con dos botellas de ron vacías frente a él y una pierna sobre al desgastada mesa había sido el único cliente en semanas o meses, la ciudad moría lentamente, seria olvidada si seguía así y tan solo quedarían ruinas que alguna vez habían sido llamadas “Pitax”, el muelle de la luna se había vuelto un lugar oscuro, donde sus aguas se arremolinaban como bestias salvajes, las torres de los magos estaban cerradas y sus moradores contemplando una ciudad que se marchitaba lentamente. Mas no siempre había sido así, hacia un año la ciudad era un caldero de comercio, los tejados de vivos colores eran iluminados por el radiante sol, la costa era cálida y traía aroma a sal y libertad, las torres de “La rosa” y “El caído” se alzaban como vigías hacia el continente y el océano, las caravanas constantemente pasaban el pequeño poblado a las afueras de la ciudad amurallada para internarse en la urbe, la cual compraba y vendía mercancías, los mercaderes felices hacían negocios, llegaban con carros llenos de mercancías y salían con los bolsillos llenos de oro o con nuevas especies para comerciar, la ciudad era así, siempre cambiante , siempre rica y alegre.

Pero como si una garra oscura la alegría fue arrebatada, la riqueza saqueada, ni bestias ni hombres se atrevían a pisar aquellas calles, los muelles estaban desiertos y tan solo un navío había anclado, uno solo, con una bandera oscura en lo más alto de su mástil y con una tripulación aun más siniestra, la cual solo bebía ron y no pisaban la tierra contaminada de esa ciudad. La taberna seguía vacía, mientras el tabernero, hombre corpulento y entrado en años miraba al silencioso hombre que bebía en calma, como si fuera un ritual saco una pequeña pipa de entre sus ropas, y llenándola de tabaco la encendió, comenzando a fumar casi con arte.

La ciudad moría y todos lo sabían, como una sombra se había colado entre las calles, entre las rendijas de las puertas y grietas en las paredes, había tomado todo lo bueno de la ciudad y la había consumido, ahora solo quedaba morir en desesperación… pero… aun quedaba algo de esperanza. La puerta se abrió de golpe, un pequeño hombre apareció, se podría confundir con un enano pero era un humano, calvo y vestido casi elegantemente, si sus ropas no demostraran que estaban con polvo y remendadas, un alcalde, un hombre de importancia que con el paso de los días, semanas y meses había empequeñecido, hasta solo ser una sombra de lo que era, rápidamente se sentó en la barra y el tabernero le sirvió un poco de licor, el cual fue consumido más rápido de lo que se demoro en llenar el vaso. Palabras en murmullos, miradas hacia un hombre con tricornio sobre su cabeza el cual seguía fumando, sable en su cintura, pistolas junto a ella, quien no mostraba sus ojos y tan solo escuchaba sus palabras en susurros, una sonrisa en el pequeño hombre, el cual sin invitación se sentó frente al hombre silencioso, un papel se deslizo por la mesa, un papel con una cifra y una petición, ¿dinero?, curiosa proposición, pero aun faltaba mucho mas. El hombre levanto su mirada, ojos rojos como la sangre se clavaron en los del pequeño hombre que sintió un escalofrió en su espalda, una mano tomo el papel y lo examino, ayuda y desesperación, frio y muerte, una llamada de auxilio desesperada por una ciudad moribunda, al borde del olvido, una sonrisa surgió en esos labios marcados por la sal y el océano, y afirmo con la cabeza para caer nuevamente en el silencio.

Durante dos horas bebieron en silencio, disfrutando del sabor del ron, mas el hombre del tricornio levanto nuevamente la mirada al pequeño hombre y con vos rasposa sus labios se movieron “Relatadme que sucedió”, esas fueron sus palabras, para nuevamente bajar la mirada al vaso con aquel oscuro licor, el hombre suspiro un instante como haciendo memoria de todos los acontecimientos que habían sumergido esa rica ciudad en la oscuridad.

-Hacia tres meses que comenzó, antes de eso, se pudieron ver varios barcos que anclaban en el puerto al caer la noche y marcharse antes del amanecer, ese fue el inicio de todo, ya que pocas semanas después comenzaron los primeros síntomas de aquello que fue llamado “La plaga”, primero fueron los niños, los cuales enfermaron, todos tenían altas fiebres y la piel cambiaba de color, muchos vomitaban sangre o esta brotaba de heridas que aparecían como por brujería, los curanderos y magos intentaron buscar una cura y su origen, pero estos una noche desaparecieron todos, sin dejar rastro e incluso sus torres fueron clausuradas, se dice que se han visto figuras en su interior. La plaga comenzó como una enfermedad de los niños, pero pronto empezó a ser mas latente, cuando hombres sanos enfermaron y comenzaron a cambiar, era como si se transformaran, sus orejas y narices cambiaron, su piel se llenaba de pelos o escamas, muchos se volvieron locos y mataron a sus propias familias, otros huyeron y se escondieron en las catacumbas bajo la ciudad … los pocos que quedamos lentamente sufrimos la plaga, muriendo con cada respiración mas y mas … hemos dejado algunos carteles, pero hasta ahora nadie ha acudido … quizás esta ciudad este condenada a desaparecer-

~La tierra tiene muchos problemas a mi parecer pero … ya nos encargaremos de esto, antes preferiría tener algún adelanto … *mirándolo fijamente* tres barriles de Ron por adelantado, serán llevados a mi nave, ya que mi tripulación debe de estar sedienta, por otro lado … supongo que no debo de ser el único que hará acto de presencia en este lugar, si los perros de tierra son como me han parecido desde un principio, la codicia moverá los hilos y les hará llegar hasta este lugar*mientras se levantaba con la pipa en sus labios* dentro de dos noches volveré y comenzare el trabajo, antes de ello llegaran, la marea lo dice, aunque es tan negra como los abismos del océano~

EL hombre se giro y con tranquilidad camino hacia la puerta, cojeando ligeramente, ya que el pequeño hombre por primera vez vio que su pierna derecha había sido mutilada desde la rodilla hacia abajo y reemplazada por un curioso y a la vez atemorizante artilugio metálico. EL hombre miro el cielo, unas gotas de agua cayeron en su rostro, deslizándose por su barba y cayendo al suelo, lentamente sonrió y sus pasos le dirigieron hacia el muelle, mientras cantaba una ligera canción ya antigua.

Sin libertad, que me importa la gloria
Que importa el Rey que me importa morir
Sobre la mar plantaré mi victoria
Entre sus olas está el porvenir.
Vivir la orgía es hoy, mi esperanza
Es el botín que me empuja a seguir
Si fue la mar quien dio luz a mi infancia
Que sea el mar quien me vea morir

Allí en la orilla, dama sencilla
Tengo tus brazos guardando mi amor
Placer batallas, ¡Viva la canalla!
Viva la suerte del viento a favor.

Quizá algún día en un barco enemigo
Cuelgue mi cuerpo del palo mayor
Solo la muerte beberá conmigo
Y brindaremos los dos en su honor.

Bravos esclavos, hermanos sin nada
La vida gira como una espiral
Si hoy hay fiesta, mañana la espada
Puede poner nuestro punto final.

Y allí en la orilla...

La oscura silueta del barco se alzaba sobre las negras agua, mientras que de su interior, un cantico se elevaba, “Ron, Ron, que corra como ríos. Ron, Ron, nada más que lo traiga el chiquillo” el capitán cruzo aquella tabla que le llevaba hasta la cubierta, un vigía le saludo, uno de sus marineros, mientras el miraba el océano lejano, como una amante añorada, sus labios formaron una sonrisa, mientras entraba a su camarote, al vela danzaba por el viento y los mapas se apilaban en los estantes, era tiempo de descansar, porque un pirata debe de hacerlo, aun cuando el corazón estuviera intranquilo y la mente preocupada.

A la caída de la segunda noche el capitán volvió, pero no solo, dos fuertes marinos traían un pesado bulto envuelto en telas, cuando abrió la puerta de la taberna vio a varios individuos, mujeres y hombres por igual, algunos con clara apariencia no humana, todos serian compañeros de aventuras, de misterios y muerte lo más probable, sonriendo el capitán poso su pierna de hierro sobre una de las sillas, incrustando la punta del metal en su madera, sonriendo ampliamente.

~Espero que tengan estomago para esto pequeños bucaneros de tierra, porque lo que tenemos en mano tiene las garras del demonio encima o por lo menos eso aparece *haciéndole una señal a los hombres que dejaron el bulto sobre una de las mesas y mientras lo desenvolvían el capitán volvió a hablar* es mejor que traigan ron, ya que el sabor de la boca no se les quitara con sencillez~

Mientras removían la tela el rostro de una hermosa mujer apareció, el grito del hombre pequeño apareció y también al indignación, sus palabras textuales fueron “Tu monstruo, has asesinado a una inocente mujer, es la mujer de John”, pero una sonrisa siniestra fue la respuesta de parte del capitán, que acercándose a la “mujer” tomo la tela y la destapo rápidamente, el horror se mostro, ya que solamente era el rostro de una mujer, el resto del cuerpo había cambiado radicalmente, tanto que había dejado de ser humano para convertirse en un monstruo, patas de insecto y alas, zarpas en vez de manos y un abdomen a medio aplastar con un afilado aguijón en su final, el capitán saco su espada, al cual sonó como el metal al deslizarse por la funda y apoyando el filo en los labios de “eso” dio un tajo, abriendo al mejilla y mostrando tres hileras de afilados dientes, el capitán guardo su espada otra vez, mirando a los presentes.

~ Quien desee marcharse, que lo haga ahora y con la cola entre las patas, porque esta cosa nos ataco la noche pasada, le vaciamos varias armas encima y solamente cuando le atravesamos el pecho con las espadas murió, si esta cosa era una bella moza en el pasado, lo que hay en esta ciudad es diabólico~


~No es nada personal ... solamente son negocios~
╬En ron es vida, el ron es libertad ... es la alegria de la existencia y quien quita las penas╬
†Un minuto de silencio, por aquellos que el mar a reclamado, que festejen con neptuno y poseidon eternamente†

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Re: La Plaga.

Mensaje por Azath Capricorn el Mar Ago 28, 2012 10:04 pm

Azath había aceptado la misión por el misterio que la envolvía. Había sido una buena elección.

Miro fijamente el cadáver enfrente de él e impuso su voz sobre los susurros e intercambio de pensamientos en el ambiente.

¿Vino sola? Esa criatura tiene aspecto a algunos insectos que muchos Bio-magos han catalogado, lo curioso es que estos insectos van en grupos siempre a la defensa de su colmena, el patrón de comportamiento seria digno de analizar, capitán.

El otro asunto es si intento o no comunicarse con ustedes, ¿Podía hablar? ¿Había signos de inteligencia? También creo que en el equipo debe haber alguien capaz de estudiar su anatomía ¿verdad? Coincido con el capitán en que esto es demoniaco pero seguramente alguien podría analizar las características reales y físicas de la criatura a fin de entender mejor a que nos enfrentamos.

Cuando vio que todos callaban y lo miraban fijamente lanzo una sonrisa tímida al público.
Lo siento, me he dejado llevar, me parece muy interesante, todas son recomendaciones, nada impuesto. Después de todo el capitán acá da las órdenes. – dijo a tiempo que señalaba al bucanero de pata metálica.

Si alguno de los presentes se siente ofendido por lo que dije me excuso, solamente busco lanzar luz sobre el tema y evitar peligros para ustedes y para nosotros. Azath Capricorn para servir.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Faerist el Miér Ago 29, 2012 12:29 am

Vaya una estupidez. Faerist se vió obligado a hacer una pequeña parada por el... ¿Agotamiento? Divertida palabra para un ser que ya ni sentía ni padecía. Sin embargo era obvio, tenía que parar. La larga marcha de varios días que había tomado sin descanso le había fatigado todos y cada uno de los músculos del cuerpo.
Se encontraba en la entrada de la ciudad. Ya parecía asquerosa. Si mal no tenía entendido, aquel sucio lugar era una especie de puerto. Sin embargo, ni bullicio en las calles, ni estúpidos e incontrolables niños jugando, ni gordos sebosos haciendo grandes tratos... Sin duda tenía una visión de la sociedad nauseabunda. Gajes del oficio. Se adentró por las calles, sintiendo un presentimiento... más bien poco bienaventurado. Susurros en su cabeza empezaron a sucederse. Lamentos, lloros, gritos, súplicas... Su cabeza parecía una masacre. Tuvo que parar un momento. La punzada tan repentina en su mente había sido de un calibre inesperado. ¿Qué había pasado en ese lugar?¿Una guerra?¿Una epidemia? No... olía... a algo que le resultaba totalmente familiar y conocido... a magia. Flaqueó unos segundos, pero rápido recuperó la compostura. Se filtró por las calles como una sombra, hasta que una nueva sensación, más potente y chocante aún, le hizo pararse en seco. Miró hacia un lado de la calle. El repiquetear de las ruedas de una carreta delataban a un vivo caminando. Ese... ser era... una mujer. Una humana para ser más exactos... o eso creía. Su magia era extraña... literalmente... ¿Sonaba? ¿Perdón? ¿Desde cuando la magia se escuchaba en vez de sentirse? Intentó acercarse, pero para cuando se acostumbró a aquella chocante sensación, la mujer ya se había ido lejos. Sintiéndose estúpido, siguió su marcha.
Llegó a una; mugrienta, como no, plaza. Un par de cuerpos empapados de ironía y desventura descansaban, entre lo vivo y lo inerte, en los rincones llenos de desperdicios.
Una ráfaga de aire, sin embargo, sí consiguió llamar la atención. Un papel se le... posó, en el rostro.
El Divium lo agarró y ojeó. ¿Trabajo? Suspiró. De mal humor, entendió. Al Obscurantium le apetecía... ¿trabajar? Qué tontería... pero a fin de cuentas, él sólo seguía órdenes.
Siguió las instrucciones del papel y, como no, una maldita y asquerosa taberna.
Faerist suspiró levenemente.
Menuda chorrada. Si no fuera porque el Obscurantium, LITERALMENTE, le había puesto el maldito papelito en la cara, ni se habría molestado siquiera en entrar en esa estúpida taberna. Con lo poco que le gustaba la gente, y encima eso, encerrado en una sucia habitación llena de gentuza ingenua con propósitos fútiles sobre el oro y las riquezas. ¿Qué le importaba a él el oro? ¿Qué le importaba a él las joyas? Él no ansiaba nada en absoluto. Pero sin embargo, debía de seguir órdenes.
El cadáver era... bastante asqueroso. Por supuesto, Faerist había descuartizado a todo tipo de seres vivos, incluidos humanos en una gran cantidad de ocasiones, abriéndolos en canal o extirpándoles partes del cuerpo de maneras poco ortodoxas.
"¿Una mujer insecto?". Pensó. Se llevó una mano a los ojos y, frotándoselos, se abrió paso entre todo aquel grupo de estúpidos incultos. Posó los dedos en aquella asquerosidad, y la recorrió durante unos segundos mientras escuchaba hablar al elfo al que había adelantado hará unos instantes. "Muy listo". Pensó irónicamente. No sabía qué estarían haciendo los demás miembros de aquel "comité" de recibimiento, pero sólo esperaba no oír ninguna arcada por lo que iba a hacer.
Sacó de entre sus telas una daga desenvainada, y de forma veloz propinó un tajazo en el duro tórax de la bestia. Algo duro, sin duda ¿Qué harás?.
Volvió el Divium a suspirar. Todo su cuerpo se movía al son de la tediosidad del momento, desde sus tapados pies hasta las herizadas plumas de sus azabaches alas.
Si aquella cosa era producto de la magia oscura... ¿Qué mejor que algo familiar para saber si su naturaleza había sido transformada?
Se tajó la mano derecha, dejando su palma sangrante. Las gotas de sangre (un poco más oscura de lo normal, algo que resaltaba a simple vista), cayeron en la herida que había terminado con su vida de neófita. Acto seguido, un impulso recorrió el cuerpo del bicho. Tal y como pensaba él. Las altas concentraciones de magia oscura en su sangre habían hecho efecto en su cuerpo de forma momentánea.
Se giró, ni siquiera prestó atención a las miradas de los otros, y se fue a su mesa, donde una pluma y unos cuantos papeles descansaban inertes anotando sabiduría que sólo él era capaz de leer. Arrancó un trozo de papel y empezó a escribir en lenguaje común. Sin hacer caso aún a las habladurías de sus "compañeros", se acercó al capitán y le tendió una nota. No quería desvelar que era mudo, por lo que si le pedían explicaciones simplemente no contestaría y se daría la vuelta. Sus telas tapaban sus labios cosidos por el hilo de la magia oscura, y debía de seguir así. Se dio la vuelta. Sólo una cosa consiguió acaparar unos segundos su atención, unos ojos. Detrás de todo aquel artificial colorido, se escondían unos ojos azules brillantes... Esa mujer le hacía sentir algo... "Me sorprendes Divium, ¿tienes sentimientos aún?". Una risa de sarcasmo brotó en su mente. No era esa clase de sentimiento... Pero requeriría su atención en un futuro próximo. Se encaminó hacia la mesa nuevamente, donde iba a seguir escribiendo en lengua oscura con su tinta negra. Se quedaría allí hasta que aquel pirata mandase a todos ponerse en marcha... Era todo tan tedioso...


Última edición por Faerist el Miér Ago 29, 2012 2:10 am, editado 1 vez
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Re: La Plaga.

Mensaje por Allyndra Naëlia el Miér Ago 29, 2012 1:21 am

Bueno... supongo que un poco de civilización no estaría nada mal...

Habían pasado más de tres meses desde que Allyndra había arribado a las misteriosas islas de los archipiélagos más por necesidad que por placer. Siendo una forajida de su propia gente, un grupo de caza ya seguía sus huellas muy de cerca en Thonomer. Había estado apunto de ser descubierta en Malik-Thalish, pero en el momento más crucial logró escabullirse en un barco mercante a punto de zarpar de aquel imponente puerto de la ciudad negra.

Sus perseguidores le habían perdido el rastro y por fin, después de semanas de persecución, Allyndra descansaba en el almacén de carga del barco. Muchas veces se le cruzó por la cabeza introducirse con los marineros de dicha embarcación, pero la confianza en la gente poco le había servido anteriormente. Sobre todo cuando habían carteles con una cuantiosa recompensa por su cabeza.

No sabía a donde se dirigía, pero el alimento no fue problema gracias a que este barco llevaba granos y carne seca perfectos para comer sin necesidad de preparación previa.

Habían pasado más de ochenta días desde que zarpara de los puertos humanos de Thonomer cuando vio su oportunidad de abandonar la nave de una vez por todas cuando esta pasó a algunas millas de la ciudad puerto de Pitax. Allyndra había oído hablar de este lugar y su característico muelle erigido sobre una formación rocosa natural la cual le dio el nombre de "Muelle Luna".

Malditos marineros... ¿no piensan detenerse tampoco en este puerto? - Se decía a si misma mientras el barco continuaba su ruta sin siquiera considerar detenerse en ese importante puerto comercial, cosa que ya había ocurrido lo largo de los tres meses que llevaba de polizón.

Desesperada por abandonar la nave, y acobijada por el manto de la noche, Allyndra se escabulló a través de la cubierta del barco y soltó las amarras de un bote de madera para después lanzarse por la borda y abandonar su travesía secreta. Ya se había alejado varios cientos de metros remando cuando alcanzó a escuchar algunos gritos de los marineros que apenas se habían dado cuenta del robo, pero por alguna razón no hubo persecución alguna y simplemente siguieron de largo.

Como era su costumbre, una vez tocado tierra Allyndra tomó refugio en las sombras del exterior de la ciudad para examinar su actividad. No sin antes dormir una buena siesta en tierra firme bajo la sombra de los grandes árboles que le daban protección.

Una ciudad extrañamente tranquila... - dijo una vez cruzado las puertas de la ciudad portuaria.

Era la mañana, y al no ver ningún rastro de asesinas de su tribu ni carteles donde figurara su rostro no había razón para no disfrutar de un poco de civilización y una buena comida en una taberna local.

Sin embargo, tan solo entrar a la ciudad, su atención se fijó sobre las marcas de muerte que habían en las paredes. Extraños zarpazos de algún animal desconocido decoraban macabra mente algunas de las paredes de la Villa. Donde supuesta mente debería de habitar la mayor cantidad de pobladores ahora parecía más una ciudad fantasma.

Las pocas personas que logró divisar huyeron de ella sin meditarlo dos veces. Varios de ellos con sus caras y cuerpos cubiertos con varias capas de harapos. Sus pies mancillados por alguna especie de infección y el olor valla que logró fastidiar los sentidos de la elfa asesina.

Nada tenía sentido ahí para ella hasta que el viento llevó hasta sus pies un cartel gastado por el sol y el clima salado de la ciudad. Era una petición de ayuda en contra de una plaga desconocida y mortal.

¿Una plaga? - se cuestionaba mientras leía las especificaciones del cartel - ... parece que los problemas me siguen a donde sea.

Arrugó el pergamino y lo lanzó al suelo mientras meditaba sobre el asunto. Sin duda la recompensa por encontrar y erradicar la fuente de los problemas de esta ciudad era bastante tentadora como para ignorarla, pero el peligro que podía significar una campaña así meritaba mayor información. Razón por la cual buscó alguna taberna que aún estuviese dando alguna clase de servicio. Si algo sabía bien, era que los taberneros siempre estaban bien informados sobre lo que acontecía en sus territorios, y seguramente esta no sería la excepción con una plaga azotando estas costas.

Su búsqueda termino al fin cerca del muelle, en una taberna conocida como "La taberna de la linda Lily". Un nombre bastante infantil para una taberna, pero por lo menos mostraba signos de actividad, lo cual ya era mucho pedir.

Entró al establecimiento y examinó rápidamente a todos los presentes con su excelente visión en busca de amenazas y posibles viajeros como ella. Notó rápidamente a algunas personas que claramente no eran residentes de Pitax mientras que el tabernero y el pequeño hombre con pintas de adinerado parecían haber vivido todo el embiste que causó esta supuesta plaga en la ciudad.

Allyndra no saludó a nadie, no era su estilo. Sin decir palabra alguna, se retiró a una esquina de la habitación y tomó siento en la mesa más alejada del lugar. Tenía un campo de visión inmejorable, y con lo angular que era la construcción podía escuchar perfectamente a todos los presentes atenta a cualquier información referente a lo que la había llevado hasta ese lugar.

Haciendo una seña con la maano, Allyndra llamó al tabernero el cual comprendió la necesidad por una bebida refrescante y sin demora llevó una jarra de aguamiel hasta la mesa de la elfa. Allyndta estuvo a punto de preguntar sobre la plaga que acosaba a la ciudad cuando repentinamente entró al lugar un hombre con pintas de pirata el cual iba acompañado de dos hombres fornidos. Ambos cargaban una especie de bulto envuelto en telas y tras la escandalosa intromisión, la dejaron caer sobre una mesa del local.

Parecían rufianes simplones pero, tras la muestra de horror del pequeño humano en ropas elegantes, la sorpresa que todos demostraron en sus rostros fue contundente. Según parecían parlotear, la plaga había transformado a esa mujer ordinaria en una especie de insecto super desarrollado, una revelación tan interesante como espantosa.

Típico de un elfo solar... hablar tonterías para llamar la atención - dijo para sí misma mientras escuchaba las palabras del elfo al otro lado de la habitación - ¿Biomancia? Claro, es un insecto ¿no elfo? ... culpa a lo obvio. - seguía pensando mordazmente sobre lo que compartía el elfo - Valla que eres un fastidio hombrecito...

Sin esperar demasiado, y en vista de que un divium extraño le tapaba la visión, Allyndra se acercó sutilmente hasta posarse sobre una mesa contigua a la criatura y al pirata. Mayúsculo fue el gesto de burla en la cara de Allyndra cuando logró ver más de cerca al extraño divium y su curiosa forma de actuar. Sin dudarlo un segundo intentó clavar una daga en el tórax de la monstruosidad y enseguida se abrió una herida en su mano con a misma arma solo para comprobar alguna obvia realidad.

¿O eres estúpido o simplemente estas demasiado chiflado? - Le dijo al silencioso y extraño divium mientras este se disponía a hacer algunas notas en su libro - Mira que, a sabiendas de la plaga que está azotando la zona, encontrar a un sujeto con las pelotas para herir el cuerpo de un infectado y después abrirse una herida con la misma arma... supongo que tendré que escoger una buena pared para colgar tu cabeza si es que llegas a compartir la mesa con este hermoso espécimen - Su burla era clara y despreciaba la estupidez, desde su punto de vista frívolo y oscuro.

Desviando su mirada hacia el supuesto capitán, Allyndra le dirigió algunas palabras con un tono más neutral y lleno de interés en el asunto.

Yo no se que les habrás dado a estos dos como para que te consideren un líder indiscutible y como para que te manden notas en papel - haciendo referencia a la acción del divium - Pero me interesaría saber que es lo que has descubierto hasta ahora y, si tu intención es reclutar gente para una evidente campaña... ¿que te hace pensar que unir fuerzas sería lo más apropiado? ... Por lo que veo, estar cerca de la gente solo te acercará más a una infección, y no quisiera terminar como esta mujer por culpa de la estupidez de alguien... sin ofender, claro.

Agresiva y mordaz, pero inteligente. No sabía que esperar de un grupo de expedición tan colorido. Ni siquiera sabía si el pirata fuese auto suficiente con esa pierna amputada, pero estaba claro que la recompensa era algo que no dejaría pasar, y hay ocasiones en que contar con aliados o señuelos siempre llega a ser muy útil.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Baby Doll el Miér Ago 29, 2012 5:37 am

La capa le cubría perfectamente bien desde donde estaba. Apoyada en la barra de la taberna, tenía ahí desde muy temprano. Tanto, que había observado llegar uno a uno a los aventureros que seguramente entrarían en la misión. Suspiró con un aire aburrido. Esperaba de entre todos al que realmente le importaba; el capitán. Ese hombre había sido el primero en ser contratado y, a forma de ver suya, el líder. Claro, esperaba que demostrara indicios de serlo, porque con que fuera solo un ebrio inútil… dio un trago al ron que sostenía tranquilamente entre sus dedos. Recordó el primer día que llego a aquel pueblo y a esa taberna de nombre raro… observando el barniz hecho a base de sustancias que poco le importaban (Tenia ventajas que su novio fuera alquimista… o algo así) sonrió.

(Flashback)
Abrió las puertas de la taberna. El aire asqueroso y pestilente llego de pronto a sus fosas nasales, avisándole que aquel sitio estaba más muerto que vivo. Tampoco es que la ciudad fuera demasiado alegre. Pichi se mantenía oculto en su mochila, no quería que nada le pasara a la criatura y solo lo ocuparía si algo realmente malo llegara a ocurrir. Miró alrededor, encontrando a un hombre bajito, que aparentaba estar acabándose de a poco… como si una enfermedad le estuviera acosando. Conversaba con otro hombre cuyo rostro en un principio no pudo ver. Sabía que uno de ellos era el alcalde, el otro, asumió que sería o un ebrio común, o el primer contratado. Avanzó hasta ellos, quedándose a una mesa de distancia, observando con un aire distraído. Una hora más pasó mientras ellos bebían… y ella hizo lo mismo, aunque con más pausa. Lo último que necesitaba era quedar ebria. Saboreo un par de vasos antes de que uno pidiera al otro los acontecimientos. Escucho atenta, mientras sacaba un cuaderno y un lápiz. Pichi asomó la cabeza, ella le negó, advirtiéndole. La criatura asintió, volviendo a ocultarse. No le gustaba tenerle escondido pero no había opción, pichi le importaba demasiado… finalmente, el hombre pidió un pago. Asumió que era algún pirata… y tenía razón. Los perros habían llegado. Sonrió a sí misma, mientras ladraba en pensamientos. Solo que, lo que le había traído ahí era mucho más irritante que solo dinero.

¿De qué sirve el dinero si no tienes amor? Si, un pensamiento estúpido y cursi, pero para ella tan real como la vida misma ¿De qué sirve el amor, si estas muerta? Esa, era la pregunta que le había traído hasta acá. Baby saco las dos notas que llevaba consigo. Una era el cartel, escrito malamente, pero con desesperación. El otro, una nota con fina caligrafía que decía

“Si deseas salir finalmente de la organización, es preciso que cumplas algunas misiones más. Una vez que termines con esta, envía la nota de dimisión y serás redimida. Tu vida y la de Bastian será respetada, nadie volverá a perseguirte a ti, a tu marido o a tu descendencia.
K.”


Eso era lo que le traía a esta zona. Mordiéndose el labio inferior, arrugó la maldita nota y la metió en su bolsillo, mirando entonces la otra. Era sencillo, pedía ayuda por una plaga, quien encontrara la solución obtendría recompensa. Ella sabía que probablemente era peligroso, pero no había opción. Se puso de pie con calma, yendo hacia el alcalde… se detuvo delante de él y se quitó la capucha, dejándose ver. Con un golpe seco, golpeo la mesa con la palma de la mano justo a un lado de su bebida, salpicando un poco la mesa. Cuando quito la mano, la nota estaba ahí. –Ha llegado la primera perra- dijo guiñando el ojo – considéreme reclutada para su peligrosa misión. – El alcalde la miro, negando con la cabeza –– ¿Acaso sabes pelear? ¿Acaso podrías blandir esa espada que con tanto amor cargas? ¿Serias capaz de asesinar niña? Vete a casa, con tus padres… seguro un baile te espera…-– Diana suspiró. Sacando una de sus dagas, la colocó justo en medio del papel con fuerza, clavando el filo en la madera[color]. –Quítala. Te reto. Si lo logras, me iré a mi baile- [/color]Con una sonrisa burlona, se cruzo de brazos. El alcalde acerco la mano a la daga… los ojos de diana refulgieron en azul brillante antes de que una criatura parecida a un demonio azul, pequeño, saltara sobre la daga y la abrazara, mostrando dientes acerrados al hombre. ––vamos… inténtelo-– dijo con una voz calmada. El hombre la miro un segundo antes de decir –Bienvenida seas. Es tu vida la que arriesgas…-

(Fin del flashback)

Bien oculta de la vista ajena, ella se reía gustosa. De todos los que ahí estaban, seguramente era la única que no aparentaba pertenecer a ese sitio. Con 1.68 de estatura, cabello castaño y ojos que parecían sonreír siempre, Diana, mejor conocida como Baby Doll daba la apariencia de ser una chica de ciudad. Con las uñas perfectamente arregladas y el cabello cayendo en ondas por la espalda, su rostro maquillado con esmero y dedicación. Si, podría fácilmente hacerse pasar por una niñata perdida… una niñata de 22 años, con muy mal carácter y ganas de asesinar. Después de todo, las circunstancias con las que llegó ahí eran definitivamente irritantes para ella.

Diana suspiró al ver el cadáver en la mesa. Finalmente, después de dos malditos días de espera, había llegado de nuevo el capitán. Anduvo por la costa, buscándole, pero, parecían haberse ido de caza. Y vaya que traían algo interesante. Ella supo dos cosas de inmediato. 1; era repugnante. 2; todos los presentes estaban… locos. Escucho al elfo. Vale, tenía un punto a favor y ese era que pensaba… ¿era un elfo verdad? Quién sabe. A su forma de ver, bien podría ser un vampiro, un hada o un unicornio. No es que se preocupara realmente por ello. Normalmente Diana seria más… amable… bueno no, el único que se ganó su amabilidad es Bastian. Pero dado que el cabrón se había ido de viaje, no tenia excusa para ser linda y tierna. Como sea. Tomo nota sobre que si había más insectos, por ende, una colonia. Eso de la inteligencia y hablar… dudó mucho de que el capitán se hubiere interesado en hablar. Río por lo bajo, si a ella le atacara un bicho así, lo último que pensaría seria en charlar. Analizar las características físicas… pensó en sugerir al elfo como candidato. El parecía tener más sesos que la mayoría… pero de nuevo podría equivocarse. Dio un paso adelante, justo para hablar cuando… ¿Qué coño era eso? Hizo una mueca de repugnancia al verlo cortar, probar y luego escribir algo en un papel. Vale, quizá el tipo o tipa era muy tímido… o le gustaban los secretos. O era mudo. Frunció el ceño, cuando alguien más hablo justo a su derecha. Baby se recargo sobre la barra, sosteniendo aquel vaso con ron mientras escuchaba a la… ¿elfa? Bah, tantas criaturas y poco interés en conocerlas. Ella ni siquiera quería estar ahí. Escuchó atentamente el cómo llamaba estúpido al ser cuyo origen aún no comprendía, y finalmente, acabó su perorata diciendo que le interesaba trabajar. Diana sonrió… luego, soltó una carcajada divertida -a que es un grupo hermoso ¿Verdad? – dijo mientras ojeaba al capitán y al cadáver. –Si me lo permiten… -

Dio un paso adelante, quitándose la capucha. Con orgullo, mostro su rostro cuidado. Dejó que vieran parte de su vestimenta, así como la espada que tenia atada a la cintura. Miró a todos en un gesto aburrido, especialmente a la chica –Yo, pensaría antes de insultar a alguien que va cubierto de pies a cabeza y tuvo el valor… o la estupidez de abrir a una criatura desconocida, probarla y luego tomar nota como si fuera lo más normal del mundo –guiño el ojo –nunca se sabe cuando eso puede descubrirse ante todos y atacar… ni siquiera sabemos si podría ser parte de los que tienen la plaga ¿no crees? Y, por lo mismo, no sabemos si tiene relación con el capitán, o si es mudo, o solo no quiere que sepamos lo que escribe… o quizá nos haya embrujado a todos. Hay magia que basta con plasmarla en un papel… pero si eres elfa, tu deberías saber eso con mas razón que yo. No es por ofenderte o sugerir nada, solo constato los hechos. –sonrió divertida. Diana simplemente odiaba a la clase de persona hostil que tomaba ideas de los demás sin preocuparse por observar antes –pero descuida. Seguro estaremos en el mismo equipo… -Levantó la vista hacia el capitán –hago la misma oferta capitán. Ciertamente, le he esperado desde hace un par de días y, por un segundo creí que no regresaría. Mi nombre… ew, llámenme Baby Doll. Estoy dispuesta a seguirle, pues evidentemente tiene algo de locura en su razón y hay gente aquí que ya le sigue. –Se encogió de hombros –en tanto no signifique perder la cabeza, pienso ayudar con este asunto. –se cruzo de brazos, no sin antes tragar todo el ron que quedaba –ahora, señoritas, después de la presentación y yendo al tema real… creo que si el elfo pensó que era posible analizar el cuerpo, por mi vale. Que lo analice el… yo no pienso tocar esa porquería, con todo el respeto para la moza que fue. Además, se ve más listo que casi todos nosotros… -sonreí burlonamente –pero puedo equivocarme. Segundo… ¿Donde le encontraron? Si el elfo tiene razón y hay una colmena, las diosas nos libren, porque se pondrá feo. Y aún cabe la posibilidad de que de donde vino, haya más criaturas así… -se llevo el dedo índice a la barbilla –o bien podrían estar distribuidas por toda la hermosa ciudad –se rasco la nuca, pensando. – Mi sugerencia es… averiguar quién fue el primero en ser infectado. Quizá, así sepamos qué lo pudo haber causado. –Sonreí para mí misma, estar con Bastian definitivamente me había dado algo de sesos –[color=violet] Si dicen que iniciaron con los niños… y que esto obviamente es algo demoniaco, siniestro y oscuro… ¿no podría ser algún experimento con biomagia? O peor aún, con nigromancia…oscurantismo o qué se yo, alguna de esas ramas de la magia demasiado siniestras como para nombrarlas.. [/color=violet]. –de las cuales, ella practicaba una – los niños tienden a ser los mas útiles para experimentos porque puede verse el progreso según su crecimiento. –esbozó una sonrisa siniestra –o eso es lo que dicen… de cualquier modo, como lo digo, es sugerencia... oh, si ofendí a alguien… bueno, me importa una mierda –puso el vaso en la barra –otro mas – pidió al tabernero Cruzada de brazos, espero el trago –y de paso, ¿Por qué no sirve al resto de los camaradas que se aventurara en esta estúpida locura? Al menos, si vamos a iniciar un viaje de muerte juntos… ¡Que sea con un brindis! Yo pago-

Si, definitivamente estar lejos de Bastian le enloquecía. Solo esperaba poder regresar y encontrarlo… una punzada de dolor le inundo el pecho al recordarlo… ¿Qué haría el si de pronto ella no pudiera regresar… y el tuviera que enterrar su cadáver? No quería pensar en ello. No. Sobreviviría, así tuviera que arrastrar el cuerpo de cada uno de los presentes. Ella tenía algo por que luchar… -bueno caballeros y dama, espero contar con que seremos un equipo que trabajara medianamente bien. –miro al capitán. Sería el único en quien confiaría realmente… -por mi parte. –Acaricio la espada suavemente –tienen mi espada disponible. -
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Re: La Plaga.

Mensaje por Gawain Brisalegre el Miér Ago 29, 2012 12:29 pm

Los rumores se expanden a través de los caminos como una epidemia. Je, qué irónica resulta esa comparación.

Resulta que cuando algo pasa en cualquier ciudad del viejo continente, los primeros en enterarse son los afectados, e inmediatamente después los viajeros. Los caminos guardan muchísimos secretos.

Eventualmente, uno de estos rumores llegó a mis puntiagudas orejas. Mientras viajaba, oí a un pequeño grupo de monjes en peregrinaje comentar sobre una maldición en una ciudad portuaria. Si bien se me escaparon los detalles, encontré interés en la historia.

Pronto me acerqué sonriente a los peregrinos, preguntando sobre ello. Rápido me explicaron sobre una maldición, hechos de demonios que habían condenado a la ciudad por sus pecados, y que no debería ir si apreciaba mi salud.

De nuevo sonreí, agradeciendo con una reverencia la exquisita información. Decidí dirigirme a una taberna de una pequeña ciudad, en donde revisé encarecidamente el tablón de anuncios. Lleno de papeles de trabajos viejos, encontré uno muy especial. En letras grandes, estaba claro. Debía dirigirme a ‘Pitax’, fuese como fuere.

Para mi fortuna, los vientos me llevaron por caminos cercanos a dicha ciudad. No más de siete días tardé en encontrar la muralla que me daba una macabra bienvenida. Una auténtica ciudad fantasma.

La neblina rodeaba la ciudad, escondiendo los más terribles secretos con su manto blanco, mientras que el cielo estaba lleno de cumulonimbos, augurando precipitaciones inminentes. Las paredes estaban empapeladas con una serie de peticiones de ayuda con recompensa, en busca de mercenarios.

Si bien poco interés tenía en entrar en una guerra obvia con lo que sea que azotaba la ciudad, sin duda me resultaría de muchísima ayuda entrar en contacto con alguien que estaba más avanzado en la investigación.

En los múltiples papeles sobre el trabajo había una localización concreta a la que ir, una taberna en el extremo norte de la ciudad, llamada ‘La taberna de la linda Lily’. Me sonreí al imaginarme a los duros piratas y mercaderes beber cerveza en una taberna con dicho nombre, pero poco tardé en dirigirme a dicho antro.

Los consumidores eran varios, a cada cual más extraño y rocambolesco. Unos segundos en la puerta para observar el ambiente, que era de alguna manera tensa. Ninguno parecía mostrarse especialmente hablador con otro, quizá no demasiado sorprendente entre asesinos, cazadores y mercenarios.

Primero, de todos los presentes, me acerqué al hombre menudo y de muchos años en su espalda, que parecía ser el único que había visto de primera mano el terror que azotaba la ciudad. Con buena actitud y sonriente, me presenté.

Vengo por esto’ Dije mostrando uno de los arrugados papeles que pintaban peculiarmente la ciudad. Parecía receloso de toda la situación, pero simplemente sonreía. ‘¿Por qué debería confiar en alguien como tú para esta misión?’ Mi sonrisa seguía inamovible en mi rostro, dejando un silencio entre ambos por unos segundos.

Porque alguien como tú no ha podido parar la epidemia antes de que llegase a esto, y por eso buscas a alguien que arregle tus descosidos’ Mi sonrisa que a un principio resultaba despreocupada y tonta, ahora resultaba cínica, mordaz y arrogante. Después de dejar en silencio al hombrecillo, me alejé de él.

Me acerqué a la barra, colocándome en uno de los extremos, tocando la pared de madera carcomida, haciendo una señal al tabernero, en completo silencio, haciendo honor al ambiente del lugar.

El hombre me acercó algún tipo de bebida alcohólica de una botella de cerámica sin ningún tipo de etiqueta ni señal para deducir su contenido, por lo que me contenté con revolver el líquido del vaso a modo de distracción.

Apoyando mi codo en la barra y la cara en la propia mano, observando a los presentes, pude divisar a algunos congéneres elfos. Solares y nocturnos, al parecer, tampoco se mostraban con ganas de hacer una reunión familiar.

Entró en la taberna un hombre rodeándolo de cierto aire de grandeza y confianza, seguido de varios hombres más musculosos que cargaban un bulto de ropas blancas enmarañadas. El primero dio un golpe con su pierna férrea al colocarla sobre una silla, llamando la atención de la mayoría de presentes.

La cosa comenzó a agitarse cuando se destapó el contenido, una mujer de rostro angelical pero un mórbido cuerpo de insecto, que a más de uno impactó y descolocó. La epidemia era mucho más que el hacer de algún simple biomago o alguna enfermedad natural conocida.

Los segundos de silencio fueron rotos cuando uno de mis congéneres, un elfo solar se abalanzó a examinar el cadáver sin duda alguna. Comenzó a hablar para si mismo, sin reparar en los demás. Mientras lo hacía, un hombre al parecer, tapado de cabeza a pies con túnica negra exploró también el cadáver, aunque de manera más… perturbadora.

Bien, tenemos el par de médicos que se encargan de analizar… Qué interesante grupito. Seguro nos lo pasamos bien’ Pensé con cierto aire irónico, por algún motivo mi mente estaba segura que nuestra cooperación sería más que difícil. Esto se aseguró cuando una elfa se levantó de su asiento, burlándose de las acciones de los otros dos. Mientras que los demás nos manteníamos en las sombras de la taberna, parecía que estos tres habían montado un espectáculo peculiar.

De alguna manera, todos los presentes tenían la necesidad de mostrarse como el macho alfa del grupo, por lo que la tensión se palpaba fácilmente, pero no fue hasta que se levantó una humana menuda y de buen aspecto que todo pareció cobrar algo de cordura.

Decidí tomar parte, intentando aportar mi granito de arena. Me alejé de la barra con el vaso en la mano hacia un lugar en el que el parpadeante foco de luz central, en intento de llamar la atención de los presentes.

Bueno, ahora que parece que todos no vamos a llevar bien’ - Sonreí más sarcásticamente, aunque nadie lo adivinaría – ‘Deberíamos conocer más a lo que nos enfrentamos. Hasta ahora hemos visto este espécimen de mujer-bicho, con todo respeto, ¿pero todos han mutado en insectos? ¿Hay algún registro sobre mutaciones en reptiles, mamíferos, aves…?’ Dije esperando una respuesta del capitán o el hombrecillo que parecía ser el alcalde.

Debemos investigar también el proceso que ha seguido la epidemia… ¿Quién fue el primer infectado? Quizá si sabemos el recorrido, encontremos el foco.
Y entendiendo el origen, podemos encontrar la cura
’ Intentaba que el ambiente fuese cordial. Si en un futuro teníamos que enfrentarnos a tan extravagantes seres, debíamos poder confiar los unos en los otros, saber que a nadie le daría un arranque y nos atacaría por la espalda.

Con estas dudas resueltas, me presento. Conocedme como Gawain, viajero del bosque de Fargalis. Vengo por la curiosidad que me suscita el tipo de magia que ha podido crear tal abominación de una manera tan discreta. Espero poder mantener una relación cordial con los presentes, por mi parte, como dijo la dama, podéis contar con mi arco.’ No confiaba en los presentes ni una pizca, pero debía hacer que ellos confiasen en mí lo suficiente para darme la espalda en combate y pueda usar el arco con soltura.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Valadia el Miér Ago 29, 2012 1:22 pm

Difíciles son los días que nos tocan vivir. Múltiples los peligros que azotan la tierra, que reptan entre tus piernas, que intentan avocarte al fracaso y a cejar en tu empeño por conocer y conocer todos los secretos de la tierra.

Fría es la noche que nos rodea, cálido el Lorenzo que alumbra en las horas donde la temperatura es lo único que dota de algo de descanso a tu corazón. Sé de primera mano cuánto ha de doler el tormento para los que son débiles de voluntad y para los que lo han visto todo perdido, pero por eso mismo siento una malsana presión en mi pecho al contemplar el vestigio de lo que alguna vez fue Pitax palpitando con la marca del diablo en él. Hay algo que ha hecho capitular a los dioses que antaño guardaron la ciudad portuaria, y en tanto las olas azotan con violencia el paseo marítimo del sur, a su ritmo me alejo del núcleo de tanto dolor mientras encuentro consuelo en Noche Fría, que bien asido por mis dedos se deja balancear y se mantiene, como yo, en un silencio meditabundo.

Son las dos Torres las que han acaparado mi atención, su magia sellada la que me hace pensar que el origen reside en ellas. Me entristece enormemente saber que personas inocentes hayan visto ultrajada su vida por artes que desconocen, y el deber que late en mi corazón no me permite desviarme de mi camino sin encontrar una solución a ello. Cualquiera con un poco de empatía por los demás ha de intentar enmendar el error de otros, tal comportamiento errático de mi querida Gaia, y de ese modo así espero no encontrarme sola en esta aventura.

No es normal lo que la naturaleza ha obrado en Pitax. No es normal en lo que se han convertido sus lugareños.

Mientras la congoja azota mi pecho y mi rostro muestra la tristeza que siento, Noche Fría parece vibrar en mi mano. Sé que es un movimiento espectral, que solo yo he de sentir como su portadora, pero es la pauta que sigo para decidir si los designios de la magia que late en él me guiará por el buen camino o no. Es él, su historia, el que posiblemente sea el único que pueda descifrar los detalles ocultos de la vejación que ha sufrido esta gente… Y sin embargo, yo no puedo desvelarlo. No me confía sus recuerdos, mantiene limitada mi memoria.

Yo he de entenderlo, y es por eso que a pesar del dolor que puedo sentir la perseverancia que tilda mi rostro de determinación no decaerá aún cuando la oscuridad sea lo único que pueda ver.

Estoy aquí para apoyar a otros, para alumbrarles cuando sus corazones no sean capaces de aguantar la presión, y es lo que haré sin margen de error alguno. No ha una sacerdotisa como yo decepcionar a sus mentoras, mucho menos a las Lunas ni a mis diosas. Por todos los elfos que pueblan Erithrnem, he de llevar a cabo esta tarea satisfactoriamente, y quizá sus frutos no solo me beneficien a mí.

Quizá, al final, pueda encontrar una cura para madre y aliviar el peso que ambas sentimos por la muerte de padre.

Estoy erguida en la silla, con el cuerpo tenso y rostro severo. Mientras que sobre mis piernas reposa Noche Fría mis dedos se dejan pasear por su superficie curva, yo aún observo el cuerpo maltrecho y yermo de la criatura que yace en el suelo. Mi disgusto es más que palpable, y gradualmente va intensificándome conforme menos respeto muestran los aventureros que allí se han reunido. Ni siquiera una elfa lunar como yo es capaz de pensar en el alma de la criatura y desear que pueda descansar, porque todos están demasiado ocupados demostrando que su orgullo vale más que el del otro.

Siempre ha sido así y es algo que sé de buena tinta que nunca cambiará. Las personas siempre tratan de ser más que otras, de llamar más la atención. Como elfa es algo que jamás me ha preocupado, estoy conforme con el Destino que me ha tocado, y por eso mismo jamás intervengo en los conflictos sociales de otros.

Sin embargo… No puedo hacer lo mismo esta vez. No cuanto estas personas no conocen el significado de la sensatez o la paciencia y lo único que hacen es reírse de algo que no puede defenderse.

Todos los seres se merecen respeto, incluso los muertos. Incluso los que han sufrido una maldición que no merecen.

Me levanto de mi asiento en silencio, aprovechando el revuelo que otros han armado. No trato de bordear a la criatura como la humana ha creído conveniente, pero me paro delante de ella y formulo una reverencia breve pero estudiada ante el capitán, posando los ojos en él y, fugazmente, en los dos hombres que trae como escolta.

Mis saludos, capitán. Soy Valadia de Erithrnem, pero resuelven en llamarme Valadia de la Noche Fría —mis palabras son suaves, acostumbradas a la educación y las formalidades, pero no por eso carentes de severidad. Son décadas las que llevo vagando por la tierra, y los vestigios de una larga existencia se comprueban en mí—. Estoy aquí por la llamada de las gentes de Pitax, y aquí y ahora os confirmo mi intención de acompañaros en esta partida. Sin embargo, he de pediros algo. Me veo en la obligación después de observar semejante espectáculo —entorno los ojos rosados con hastío, pero no los aparto de él ni hago ademán de moverme—. Todos hemos visto ya el espectro de la magia que aquí se ha practicado. La criatura no os sirve ya, de modo que os pido que la tapéis y le deis sepultura. Fue una vez una mujer bella e inocente, y su alma ha de volver a la Naturaleza, donde pertenece.

Vuelvo a callarme, pero mi mano ase fuertemente a Noche Fría. El Capitán es imponente, pero en sus ojos se lee la madura determinación del que también es viejo y ha tenido oportunidad de conocer mundo.

Si yo no yerro en mis cavilaciones él se mostrará razonable, y si el alma de la mujer reposa en la tierra, no tendré ninguna traba para unirme a esta aventura.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Etlhan VII el Miér Ago 29, 2012 10:37 pm

La Luna se levantaba en lo alto de la noche, clara y tranquila, arropada por un manto de estrellas y el arrullo del viento. Un apacible final para un día largo ¿Final? No, aún no, para la bestia Sanguine aquella noche solo era un comienzo productivo en un lugar donde apenas se le conocía. La abominación había sembrado el terror por el archipiélago durante semanas, desde que una huida forzada por la inquisición en Erinimar le hicieran tomar el primer barco que lo llevaría hasta la costa de una de las islas.

Sanguine había hecho de las selvas tropicales circundantes su hogar y de los poblados su despensa provisional hasta que hallase una forma de volver a salir de aquél lugar. La vida se le antojó cómoda, pero escaseaban los isleños, por alguna razón su alimento menguaba y no precisamente por su culpa. La bestia bien tenía por costumbre matar una o dos veces al día y nunca se alimentaba en el mismo lugar tan seguido. Fue, precisamente en una de sus cacerías nocturnas cuando encontró quizás el motivo de aquella escasez.

Manuel siempre había sido un tipo duro, un hombre de taberna, un matón de bares de baja estofa que nunca tenía miedo a las confrontaciones, no hasta aquella noche. Su cuerpo abotargado y pesado se movía a un ritmo apresurado, constante mientras recorría la tupida selva con el corazón en un puño. Su cara poblada de heridas pasadas ahora era el marco de unas nuevas y brutales que le habían hecho perder una oreja y posiblemente la visión de uno de sus ojos.

Torpemente, el bravucón se abrió paso a manotazos por la densa selva, su respiración se entrecortaba al tiempo que los sonidos habituales de la maleza le hicieron imaginar más perseguidores, pero eso solo era fruto de su imaginación pues allí solo se encontraban él, su viejo amigo Matias Pies Largos, ahora convertido en una monstruosidad sedienta de sangre y un tercer invitado, un observador que se sorprendía de lo que estaba presenciando.

El corpulento hombre perdió píe al tropezar con unos arbustos, con tan mala suerte que el golpe contra la tierra fértil y mojada por la humedad le quebró la nariz, profiriendo así un grito nasal que espantó a unos ocultos horneros que emprendieron raudos el vuelo. Manuel murió allí mismo, sin darle tiempo a nada más que ver como su viejo compañero lo atacaba y despedazaba con un salvajismo animal. La sangre manó, brotó del cuerpo destrozado, devorado, mezclándose con la tierra, expandiéndose hasta donde una figura oculta pudo palpar con sus garras.

Cálida se dijo cuando su lengua recorrió la garra ensangrentada, degustando aquél presente llegado por tierra. Sanguine lastimaba no haber sido él quien hubiese arrebatado la vida de aquél hombre, es más, lo había estado siguiendo desde que éste y su amigo habían salido de Pitax después de una juerga importante. Con ambos ebrios era el momento oportuno, sino fuese por que uno de ellos comenzaba a sufrir espasmos y cambios muy repentinos, bastante familiares para Sanguine.

La bestia que una vez fue Matias terminó de cenar, su desfigurado cuerpo mitad reptil mitad cangrejo se giró de improvisto hacía un lado, sus brazos, que ahora habían sido sustituidos por unas grotescas extremidades acabadas en pinzas restallaron en un ruido infernal. La criatura rugió y sus patas arácnidas avanzaron a toda prisa hacía el lugar donde sus sentidos fueron alertados, pero allí ya no había nadie.

Sanguine emprendió la retirada, no tenía intención de combatir, no ahora que sabía que algo extraño ocurría. Con rapidez tomó la ruta por la que aquél monstruo había perseguido a su presa y en pocos minutos volvió al sendero pedregoso que llevaba a las afueras de Pitax. Por alguna razón la pequeña ciudad portuaria tenía algo que ver y pensaba averiguarlo. Tendría que pasar por un mendigo o algo semejante para poder cruzar sus calles sin tener que saldar cuentas con la guardia y para ello siempre recurría a sus ropajes andrajosos y su capucha. Con pocas artes se disfrazó sin esfuerzos, dejando solo una ranura en la capucha donde sus blanquecinos ojos vigilarían todo detalle.
Las casuchas de las afueras se presentaban destartaladas y vacías, la árida calle central estaba totalmente desierta y las grandes puertas de la ciudad quedaban abiertas a todo forastero. La desconfianza natural de Sanguine salió a flor de piel, lo que hizo que avanzase su marcha por los patios traseros, pequeños huertos y fincas en vez de tomar el camino más evidente. Con sigilo tomó un lateral de la muralla y entró en la ciudad sin dificultades aparentes.

Las calles presentaban el mismo aspecto apagado y tétrico del exterior, aunque algunas casas aún tenían un alumbrado interno, ocultos pensó Sangine, ¿Pero ocultos de que? La pregunta siguió rondando su mente hasta que se encontró de bruces con un tablón de anuncios, allí se habían colgado repetitivos carteles sin orden alguno, todos presentando la misma información, información que agradó bastante al engendro.

Según aquél papel apergaminado, tenía que hallar una taberna en concreto y allí a un tipo, fácil. Con un poco de suerte saldría de aquél maldito lugar con los bolsillos abultados y de paso comería gratis ahora que la ciudad era como una barra libre de desdichados. El camino resulto tranquilo y la entrada al local lo mismo. Dentro se hallaba un pequeño grupo de gente, todos a su vista viajeros o mercenarios, rivales a toda causa. Sanguine era él último en irrumpir allí y por lo tanto el primero en tomar detalles de todos, escuchando sin hablar, erguido en toda su estatura y estático como un mueble más. No entabló conversación ni tomó nada, solo apuntó mentalmente todo.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Jue Ago 30, 2012 1:30 am


La noche parecía apagada, oscura mas allá de lo natural, las estrellas parecían lejanas, tanto que su luz apenas podía verse, la tierra estaba triste y el océano perezoso, nada parecía natural, pues era que la muerte arañaba la tierra, contaminándola y corrompiéndola hasta lo más profunda de ella, mas en la taberna a diferencia del exterior un barullo se escuchaba, tras la madera y capuchas, los seres que ahí se encontraban dejaban ver sus colores, el capitán solo sonreía al escuchar las palabras de cada uno de los presentes, parecía que cada uno era una solitaria isla, esperando que el huracán hiciera desaparecer la arena para sumergirla hasta lo más profundo. Seres de diferente índole, de diferente origen y destino, algunos más muertos que otros, algunos mas humanos que otros, pero cada uno formaba una parte del todo, solamente se esperaría hasta que cada uno se diera cuenta.

Los primeros en acercarse al “cadáver” habían sido dos curiosos individuos, el primero parecía hablar consigo mismo, hablaba de magia y poder, de artes oscuras, incluso de una colmena y tiempo para comunicarse o hablar, sobre una inteligencia que debía de tener, mas el capitán estaba más interesado en analizar los actos de cada uno, siempre lo hacía, ya que los actos definen a un individuo, no sus palabras y por lo que había visto del primer orejas picudas en mostrarse, parecía más interesado en analizar a las bestias que azotaban esas tierras que el hecho de que seres humanos y quizás ya no tanto, sufrieran, aun así el capitán guardo silencio mientras otro individuo se acercaba, esta vez era un encapuchado, su forma de actuar demostraba poco interés en los demás y el hecho de que vertiera su propia sangre en el cuerpo de la bestia e hiciera que se moviera con espasmos no era de buen augurio y el capitán tan solo tuvo una mirada severa, tomando el papel que le había entregado y leyéndolo, sin olvidar la presencia de los demás.

"Pues bien, pirata. Sencillamente el desatino de la ventura de esta humana ha querido que su cuerpo se haya visto invadido por grandes cantidades de magia oscura en pocos momentos, de ahí la mutación masiva. Sin saber cómo ni cuándo ha mutado, me aventuro a afirmar que lo que sea que la transformó, debe estar muy cerca de allí donde la encontrases. No me cabe duda alguna de que su cuerpo podría haber... "mutado" mucho más. Yo diría que la fuente de la enfermedad es mágica, y que dicha fuente no se aleja de donde estamos, seguramente en un foco interno de esta misma ciudad. Palpitan en mí aullidos y llantos de almas condenadas desde que entré en la ciudad. No tengo la más mínima idea de donde puede estar, pero sin duda no está tan lejos como puedan pensar esta gentuza."

Si era mudo o tenía algún problema para hablar poco le había importado al capitán, su mensaje era claro, un gran saber oscuro de magia, demasiado para alguien completamente cuerdo o quizás con un alma algo menos marchita que el pirata, hasta ese momento no había pronunciado ninguna palabra y tan solo había oído, mas la presencia de dos mujeres hizo que todo cambiara radicalmente, su tono de voz y porque no decirlo, orgullo y altanería era más que notorio en sus palabras, tanto que el capitán había sonreído como si de un chiste se hubiera tratado, suspirando miro a cada uno de ellos, mientras que sus marineros se retiraban con una señal, el capitán negó con su cabeza, mientras se arreglaba la barba.

~Me alegra saber que las mujeres de tierra son como las de mar, no tienen pelos en sus lenguas ni tampoco se dejan pasar a llevar *mirando a la mujer para tomar una postura más relajada* pues nadie me ha pedido ser capitán ni líder de este pequeño grupo, tampoco es mi intención serlo, solo traje un pequeño obsequio para que sepan a qué se enfrentaran, son libres de ir y venir, no soy responsable de sus vidas ni de sus actos* haciendo crujir su cuello levemente y se levanto, dejando su pata de hierro en el suelo mas cómodo ya* Cada uno de ustedes tiene su forma de ser, habilidades que les diferencian o que les hace únicos, poco me importa si mueren en este lugar por sus actos, si se meten en la boca de la bestia y esperan salir con vida, aquí estoy para hacer un trabajo y nada más, y a su pregunta bella moza, llevo dos días investigando esto *aclarándose su garganta* la noche pasada esta cosa nos ataco en cubierta, si hablaba o pensaba poco me importo, intento asesinar a el vigía, así que simplemente le tratamos como un enemigo, resistió una veintena de disparos hasta que le atravesamos el pecho con los sables y aun así durante varias horas se movió erráticamente intentando atacar cualquier cosa que se le acercaba, tres de mi tripulación fueron heridos, ahora están en las celdas del barco, no sabemos si esto se contagia con el simple tocar, con heridas o la sangre, pero no me arriesgare a tener a mi tripulación tenga demasiado contacto con esto~

Las palabras de la otra mujer calmaron algo el asunto, parecía tener carácter, de cierta forma algo más que la anterior, ya que sus ideas aparte de tener menos prejuicios, tenía algo más de idea del asunto, aunque suponía que el hombrecillo había sido reacio a que otros ayudaran, ya que eso significaría mas paga, que idiotas son los gobernantes, con sus leyes y su codicia, aun cuando todo muere a su alrededor, aun desean tener sus fortunas y sus ganancias por sobre sus propias vidas, de que sirve el dinero en la tumba, es mejor gastarlo y beber, el capitán sonrió casi como si fuera un viejo cuento que ya había oído.

~Si lo que busca son las primeras víctimas, vaya a los cementerios y encuentre las tumbas más pequeñas … niños, esas fueron las primeras víctimas, si alguno se puso a escuchar las palabras de ese enano de hombre hubiera comprendido varias cosas, pero como ya está dicho, en esta ciudad ya no queda nadie que tenga menos de quince años, todos han muerto por la plaga, por fiebres o cambios, lo que sea esto ataco a los más débiles, en este caso niños, los más fuertes han cambiado a lo que ven … bestias amorfas y que a mi parecer, la muerte es un alivio a sus tormentos ~

Después de ello un elfo se presento hablando con claros modales, y junto a él, una elfa, que a diferencia de los demás, parecía más afectado con el cuerpo, era verdad, en un pasado había sido una pobre mujer, ahora una monstruosidad y cada uno debía de presentar sus respetos ante el cadáver, el capitán se quito su sombrero, dejando ver su cabello canoso por la edad.

~Viendo que muchos se han presentado como es la costumbre, otros simplemente han guardado silencio como si una pesada maldición estuviera sobre sus hombros, me presentare. Ron Alistar, capitán de “La espada”, marinero, pirata, asesino, salteador, traficante, explorador, entre otras profesiones menos honrosas, como ha pedido esta dama, el cadáver será sepultado, aunque en estos momentos no será posible, otros asuntos nos aquejan y el hecho de dejar un cuerpo sin lanzar al mal es de mal augurio como conozco yo, de todas manera…~

Un crujido más que notable se escucho, y después de ello un grito de hombre, parecía que el capitán le conocía, por que se escucho como apretaba los dientes hasta hacerlos sonar y desenvainaba su espada rápidamente, un nombre salió de sus labio “Jimmy Cara de Perro”, las ventanas se rompieron por algo que entro rápidamente por las aberturas, no se podía ver que eran ya que eran más bajas que las mesas y se ocultaban entre las sillas, pero estas se rompían con su paso, el capitán no soltaba su espada y desenfundo una de sus pistolas rápidamente, observando hacia cada lado, en silencio, al parecer la pequeña “reunión” para salvar a la ciudad no había pasado desapercibida para quien era responsable de aquello, y lo más probable es que hubiera mandado a los perros a cazar, de pronto el capitán oyó un ligero movimiento de madera tras de él y de un movimiento rápido movió su espada, la cual se incrusto en un cuerpo amorfo y aberrante, muy similar a una cucaracha sobre desarrollada, que dejaba escapar su sangre verde por la herida hasta el piso.

~ ¡¡¡Maldita bestia!!! Hasta ahora no ha nacido quien me ataque por la espalda*sin piedad apunto su arma en la cabeza insectoide de ese ser y presiono el gatillo, disparando y volándole los sesos, si eso eran sesos, a la criatura, que cayó al suelo, pero sin morir ya que movía sus patas dentadas como intentando atacar nuevamente* ¡Cuidado que estas bestias no mueren con facilidad!~

Las mesas se movieron y dejaron ver un centenar de esas cosas, que entraban mas y mas por las ventanas rotas, como cucarachas negras que entraban a raudales, se podía ver que el hombre pequeño se había levantado sobre una de las mesas y chillaba con desesperación, el tabernero había sacado un garrote desde bajo la barra y se defendia con ella, aunque se podía ver que aun con su fuerza las criaturas eran demasiado, el capitán miro a las bestias y guardando su arma sonrio, iba a ser una batalla interesante, de un parpadeo saco desde su cintura una botella de vidrio y agarrando el corcho con sus dientes lo saco y le dio un largo trago.

~Ron… para alegrar la muerte y negarle su premio~


El capitán simplemente movio su espada, el “cadáver” del insecto recién asesinado perdió la mitad de su cuerpo, el cual dejo una estela de liquido verdoso y fluorescente, el cual dejo de brillar a los minutos, cuando el cuerpo dejo de moverse. Mientras todos luchaban contra esos insectos, quizás alguno se percataría, pero no podría hacer nada, de que un par de aquellos insectos tomaban el “cadáver” de esa mujer monstruosa y la arrastraban hasta desaparecer de la vista por un agujero hecho en la pared.

Fuera de la taberna, mirando desde el tejado de una casa, una figura se recortaba contra el oscuro firmamento, en silencio, tan solo se podía ver el brillo de sus ojos, para desaparecer como una sombra, sin dejar rastro ni huella.


~No es nada personal ... solamente son negocios~
╬En ron es vida, el ron es libertad ... es la alegria de la existencia y quien quita las penas╬
†Un minuto de silencio, por aquellos que el mar a reclamado, que festejen con neptuno y poseidon eternamente†

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Re: La Plaga.

Mensaje por Björki Gotriksson el Jue Ago 30, 2012 4:30 am

Había llegado un día antes a aquél pueblo de mala muerte, el cual estaba petado de carteles en los que pedían ayuda. Al parecer, una plaga se extendía por aquél lugar, y las calles que antaño habían estado llenas de gente y de vida ahora estaban vacías. La poca gente que observaba de las ventanas tenía miedo, y cuando me vieron pasear por las calles, con el gran hacha cargada al hombro y mi cuerpo cubierto de cicatrices, más de uno cerraba los pórticos. Humanos... Joder, ¿es que todo el coraje de los humanos se lo quedan los soldados o qué? He estado con soldados humanos, y aunque más de uno tenía miedo, todos sabían lo que les convenía y luchaban hasta la muerte. Si esta ciudad fuera enana, a la que hubiera aparecido el primer problema, toda la población se habría lanzado a la calle hacha en mano buscando a los responsables de lo que fuera que estaba pasando. Por Karzun... Les enseñamos y pocos aprenden.

Cuando llegué a la taberna de la cual ni siquiera me molesté en mirar el nombre, vi que había un capitán pirata hablando con el jefe de la ciudad. No fue mucha la atención que le presté... De hecho, creo que la única palabra que logré discernir entre todo lo que decía fue “ron”. Por su parte, el alcalde, un hombre pequeño, le había estado contando al hombre lo que había pasado. Aquello no me daba buena espina... Maldición, ¡esas cosas nunca me dan buena espina! Una plaga que mataba a los niños, haciendo que de ellos brotaran llagas, sangraban por doquier, les cambiaba la piel de color... Magos y curanderos desapareciendo misteriosamente, cerrándose sus torres... Hombres mutando y convirtiéndose en aberraciones sedientas de sangre... Aquello era trabajo para mi hacha. Y llevaba brillando como un farol desde el mismo momento en que había puesto los pies en aquella ciudad. La magia oscura era poderosa por toda la ciudad. Mala señal. Habría que hacer limpieza.

Cuando el pirata se fue, el tabernero se dignó a acercarse y empezó a hablar, mirando con miedo mi hacha:

-¿Por qué brilla tu arma? ¿Y por qué has venido aquí?-

Alcé la ceja del ojo que me quedaba y me encogí de hombros, mientras empezaba a responderle:

-No he venido por ningún motivo en concrreto, perro por lo que veo, en esta ciudad se requierre alguien como yo. Pagarme o no pagarme, me importa trres cominos, con que no me falte alcohol, comida ni lecho me basta. Sobrre mi hacha... Brrilla cuando detecta magia oscurra. Y en esta ciudad abunda bastante. Y ahorra... ¡Trráeme algo de comer y algo de beber, posaderro! ¡Esta puede ser nuestrra última noche, así que hay que aprrovecharla!-

Pasó el rato, y al cabo de unas horas entró un grupo de piratas. Por lo que pude escuchar de su conversación, venían buscando putas y alcohol, pero en su lugar me encontraron a mí. Uno de ellos cometió lo que no sabía si calificar como acierto o equivocación. Señalándome con el dedo, dijo con sorpresa:

-¡Un enano! ¡Chicos, ¿sabéis lo que eso significa!? ¡Tenemos la posibilidad de descubrir si es cierta su resistencia a la hora de beber!-

Solté una carcajada ante las palabras del hombre de mar y me crucé de brazos. Sonriendo ferozmente, le respondí:

-¡Os reto a los cinco, chavales! ¡Muy afortunados debéis crreerros parra poder vencerme bebiendo!-

Y así empezó el duelo de bebedores. El tabernero vio desaparecer más cantidades de cerveza y ron de las que jamás habría creído posible. Para cuando me retiré a mi habitación, los cinco marineros estaban tirados por el suelo, alguno vomitando, y todos medio atontados. Yo por mi parte me tambaleaba, y me costó subir las escaleras. Una vez llegué a la habitación, me dirigí al cubo que había en una esquina, y tras lograr la heroica tarea de mear casi todo el alcohol bebido dentro del cubo, aún teniendo en una mano el hacha y en la otra la “lanza”, decidí que lo mejor sería echarme a dormir. Me desperté escuchando sonidos de conversación viniendo de abajo. Las paredes de la taberna no eran gruesas, así que podía escuchar claramente como la gente hablaba entre sí con un tono que no era precisamente amistoso. Solté un gruñido y escupí la sustancia pastosa en que se había convertido mi saliva. Tras eso, me froté el ojo sano y seguidamente me llevé la mano a la cabeza. Joder, me dolía como si un orco la hubiera usado como tambor de guerra. Los orcos no son buenos músicos, pero saben convertir cualquier cosa en un arma... Y los instrumentos no se salvan. Recuerdo a un orco al que vi asesinar a tres humanos usando solo una flauta travesera. Curioso espectáculo fue aquél.

Cuando finalmente logré aserenarme lo suficiente y agarrar el hacha, cabreado y dispuesto a bajar allí abajo para hacer callar de una jodida vez a todos los que allí había, cuando de repente escuché un ruido que me hizo apretar los dientes y gruñir. El dolor me pone furioso, y como aquella gente siguiera dándome dolor de cabeza los iba a moler a hostias con los puños. Sin embargo, cuando llegué abajo me encontré un espectáculo, cuanto menos dantesco. Un número indeterminado de hombres y mujeres peleando contra una tropa que parecía inacabable de cucarachas. ¡Cucarachas enormes! ¡Y muchas de las personas que allí habían eran elfos! ¡Orejas picudas! Más les valía servir de algo más que de carnaza. Una intentó lanzarse contra mí, pero la recibí con el hacha de frente. Descargándole un barrido, la partí por la mitad en horizontal, como quien corta una barra de pan para hacerse un bocadillo de huevos de troll. Aquello pareció lograr que dejara de moverse, pues el hacha atravesó el cuerpo como si fuera mantequilla. Magia oscura a mí, con el hacha que llevo... ¡Ja! Sin pensar en mucho más, y mientras me movía hacia la barra, empecé a gritar, con evidente cabreo:

-¿¡Qué cojones está pasando aquí!? ¡¡¡Esperro que tengáis un buen motivo parra haberme hecho despertar de mi resaca, porque si no os asegurro que empezarré a repartir hostias!!! ¿¡Y quién coño ha dejado entrrar a las putas cucarrachas!? ¡Joder, siemprre tiene que ser el enano el que salve el jodido día!-

Cuando llegué tras la barra, una cucaracha se abalanzó sobre mí, pero con un golpe ascendente clavé mi hacha en su cuerpo. Intentó atraparme con sus mandíbulas, pero no podía, y de un fuerte movimiento la estampé contra el suelo, escuchándose un tremendo crujido al romperse parte de su quitina. Tras eso, le pisé la cabeza con la bota de acero y le clavé un par de hachazos más, despedazándola y haciendo que por fin dejara de moverse y porculizar. Busqué entre los estantes de la taberna y encontré una botella de ron. De un movimiento con el pulgar de la mano izquierda, abrí el recipiente y me la bebí de un trago. Medio litro para el buche, para despejarme y quitarme un poco la resaca. No por nada, la resaca es solo para aquellos que dejan de beber. En ese momento escuché un ruido detrás mío, e instintivamente me giré, cortando algunas de las patas de una cucaracha que había tratado de atacarme por detrás. Un par de tajos más y la destrocé. Observé sobre la barra y pude ver que las cucarachas no paraban de entrar, así que decidí que usaría el mejor remedio para matar bichos. Miré al grupo, suspiré, y tras darle un golpe a una cucaracha con el lado plano del hacha que la mandó volando por la ventana, derribando a dos de sus compañeras, les grité:

-¡Acercaos todos aquí, maldición! ¡Tengo una idea parra cargarnos a estos hijos de puta, perro necesito que me cubrráis!-

Tras decir aquellas palabras, me metí en la bodega y cargué un barril de ron sobre mi hombro izquierdo, mientras asía el hacha con la mano cerca del mango para poder manejarla a una mano. Tras eso, dejé el barril de ron en el suelo, le reventé la tapa con el puño, y mirando con lástima aquél dulce licor, suspiré, y ayudándome de un taburete, me subí a la barra. Una vez allí de pie, aparté a con el hacha a otras dos cucarachas que trataron de alcanzarme, y tras eso, agarrando bajo el brazo el barril, empecé a lanzarlo al suelo de la taberna. Una vez acabé con aquél barril, les grité a los demás, mientras mantenía la posición, cortando a cachos a cualquier cucaracha que se arrimara:

-¡Ayudadme a rociar de alcohol la taberna y luego prrendámosle fuego! ¡Hay que achicharrar a estos monstrruos!-
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Björki Gotriksson

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