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La Plaga.

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Re: La Plaga.

Mensaje por Valadia el Jue Ago 30, 2012 3:10 pm

No puedo evitar suspirar aliviada. Aún una parte de mí ha estado alerta, pensando qué hacer si el capitán se hubiese negado. A pesar de mis palabras, sé que igualmente me hubiese quedado a ayudar. Es demasiado fuerte el sentido del deber que me impulsa, la simpatía que siento con las gentes de Pitax. Este pueblo ha sido condenado al fracaso, pero yo sé que Madre Naturaleza siente pena por ellos. Lo noto en el aire, en su mirada, en la amargura que repta por los callejones más oscuros.

Lo que aquí ha pasado se nos escapa a todos aún, pero haré lo que haga falta para devolver su luz a las gentes de la aldea portuaria. Es magia oscura la que ha dejado su estigma, dolorosamente antinatural, y no hay nada que sacuda más mi alma que el hecho de ver cómo destruyen lo que la naturaleza nos ha regalado de buena fe.
Es un acto tan criminal que no puede quedar impune y, si nosotros hemos de tomar partida como jueces, que así sea. La furia de las Lunas recaerá no solo sobre los horrores que te atacan por la espalda, sino por el artífice de su autonomía.

Abro la boca para agradecer al capitán Alister su consideración, pero ya es demasiado tarde. Los seres ya reptan entre nosotros, provocando que varios provoquen jadeos de alarma. Resuena un grito lejano, pero yo consigo mantener toda la frialdad que soy capaz de adquirir cuando me doy cuenta de la clase de criatura que nos está atacando. Apenas llego a comprender qué está pasando debido a la rapidez, pero mis reflejos son lo suficientemente certeros como para echarme hacia atrás con gracia y desenvainar la espada y a Noche Fría. Juntas ambas armas me proporcionan tanto defensa como ataque, y a pesar de que me carcome el alma tener que utilizarlas contra los que fueron habitantes inocentes, no puedo permitir que me hieran. Es demasiado el riesgo que corremos, pero también la relevancia de nuestras vidas depende de cómo consigamos quitarnos de encima estos seres.

Mi estómago se revuelve ante los ruidos que hacen y siento confusión a mi alrededor cuando veo cómo todos se enzarzan en una sangrienta lucha que no ha de traer ninguna clase de alivio. Es un enano el que resuena por encima de todo, aparecido hace no más de un instante, y pese a que cuando me fijo en él por mi mirada pasa un sentimiento encontrado por los perjuicios que siento por su raza, no puedo evitar admitir que su idea es buena y al final acabo por confiar en la habilidad de otros.

Busco inconscientemente con mi mirada a los otros dos elfos, preocupada por su bienestar. No soy una persona clasista, jamás lo seré. Velo por la igualdad, pero mi corazón lloraría con más fervor la muerte de un elfo, ya sea uno solar o una hermana lunar. La alta elfa se encuentra batallando ella también, del mismo modo que Gawain Brisalegre lo hace.

Yo, por mi parte, he de dejar de pensar en otros si quiero conservar la cabeza en mi sitio.

Es un instante el que consigo para saltar hacia atrás y subirme a una silla que se tambalea y rompe un segundo después de que yo pose el pie, quebradas sus patas por el paso inexpugnable de los seres. Uno de ellos ha vuelto el rostro desencajado y parece mirarme, pero yo no soy capaz de distinguir vestigio alguno de humanidad, pese a que su cara no sea del todo la de un monstruo y mantenga las duras facciones de un hombre entrado en la edad media de su raza. Solo se ve una loca sed de sangre y destrucción, y eso es lo que yo preciso para decidirme a atacar.

¿Será esto lo que los tripulantes del barco sintieron cuando la que fue mujer les atacó? No puedo creer cómo la magia puede desvirtuarse hasta tal punto. En vez de usarse para fines nobles y puros, son muchos los que la han maltratado, convirtiendo su esencia en algo oscuro y doloroso. No hay nada que odie más en el mundo que eso, y por eso desde este momento sé que no me iré de Pitax sin encontrar el origen de esto y rebanarlo desde la raíz.

Descargo la espada contra el cuerpo del ser cuando se abalanza sobre mí y yo ya estoy cayendo, deteniendo a tiempo las garras del enorme cuerpo. Ruedo hacia un lado con elegancia, levantándome en el proceso todo lo rápido que puedo y parado en seco en el momento justo en que el monstruo se desvía por su propia velocidad y me pasa el tiempo suficiente para que yo clave el filo de la espada en uno de sus laterales. Él grita, pero se mantiene imperturbable y sigue atacándome. Yo, tratando de mantener la calma, elevo una oración a las Lunas y vuelvo a descargar la espada.

La clavo hasta el fondo y retuerzo un poco, pero el ser sigue creciéndose. Cuando veo que una garra se dirige a mi propio costado la detengo con Noche Fría, y entonces saco la espada y vuelvo a darle un tajo, esa vez cortándole la cabeza. La sangre que mana y mancilla mi arma me revuelve el estómago, y enseguida una presión se crece en mi corazón. Como siempre que se mata, el peso de su vida pasa a recaer sobre mis hombros, y de pronto me siento tanto hastiada como cansada mentalmente.

Sea su alma elevada a la Verdad de las Tres Lunas —murmullo, y con presteza vuelvo a la batalla campal que se está sucediendo en la taberna. Todos, sin excepción, estamos siendo asediados por los seres, pero pronto descubro la creciente conglomeración cerca de la barra, y cuando veo el barril que porta el enano y su idea asiento con decisión y me acerco corriendo hacia ellos.

De un salto consigo evitar un par de cadáveres de las criaturas, y tengo la suerte de contar con el apoyo de los que a mi lado batallan para evitar tener que sesgar yo misma más vidas.

¡Compañeros, venid! —exclamo llamando la atención de los que más enzarzados en la batalla están, y cuando yo misma me pego a la barra y adopto una postura defensiva, no puedo evitar alzar la cabeza y escrutar al enano con ojo crítico, evitando que el alcohol me rocíe a mí misma—. Os cubriré, enano, pero apremiad. Estos seres no cesan de atacar —aviso, de últimas.

Por las Lunas, ¿será así toda esta aventura? La Plaga está resultando ser más desesperanzadora de lo que alguna vez imaginé. Ya lo siento en mi pecho, en la presión que lo tuerce.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Gawain Brisalegre el Jue Ago 30, 2012 3:32 pm

Nuestra reunión de 'amigos' había resultado en una invasión de cucarachas mutantes y lo suficientemente grandes como para tirarnos al suelo de un golpe, partidos en dos.

El piernas cortas había tenido una buena idea, fuego. Quemar la estancia con los insectos dentro era la única manera. Cerré los ojos, y miré a todos los presentes, que de una u otra manera intentaban sobrevivir.

Debíamos pensar rápido. La estancia resultaba iluminada pobremente con unos pequeños candiles. Rápidamente tomé uno de ellos de su localización y rodé sobre la barra, colocándome al lado opuesto.

'¿¡Cual es el alcohol más potente de por aquí!?' Grité al tabernero, que entre porrazos señaló una botella mediana y casi llena, supongo que no muchos se atreverían a tragar semejante brebaje.

Lo agarré y acerqué la llama a la botella, haciendo que el alcohol casi puro de la botella se incendiase. Tomé la botella por el culo, asegurándome de no arder yo mismo, y desde allí grité a los demás.

'¡Seguid la idea del enano! Abrid paso por entre los insectos y salid. Creo ser uno de los más rápidos de los presentes, yo incendiaré esto cuando los demás tengan ruta de escape.' La idea era agarrar la botella en llamas y lanzarla hacia un charco de ron, haciendo que se expanda y correr como alma que lleva al diablo fuera de la taberna.

Agarré mi botella zarandeándola con una mano, mientras con la otra usaba una de mis dagas para defenderme de las embestidas de las cucarachas menos temerosas.

Entre unas cosas y otras quedé solo en la retaguardia, pues los insectos que entraban por la parte frontal atacaban a los compañeros más cercanos a la puerta, no a mi, que me encontraba en la retaguardia.

Saqué mi arco, apuntando a los insectos que se batían cuerpo a cuerpo con los demás presentes. Esperaba de veras poder huir una vez las llamas se expandiesen, pero no estaba seguro. Debíamos acercarnos a la salida todo lo posible, para estar próximos cuando debiésemos huir.

Yo apenas lograba herir lo suficiente a las abominaciones, si no que rodaba y esquivaba sus envistes esperando el momento oportuno para lanzar la botella. ¿Lograrían los otros guerreros huir?
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Re: La Plaga.

Mensaje por Allyndra Naëlia el Jue Ago 30, 2012 4:31 pm

Socializar con otras personas jamás había sido mi fuerte, y mucho menos el congeniar con otros mercenarios y seres de razas distintas ¿Elfos dorados? ¿Diviums? Estaría demente si confiara de buenas a primeras en personas que viven para la hechicería y las artes arcanas.

Las palabras de desaprobación y burla que habían salido de mi boca hacía unos segundos seguramente no serían bien recibidas por el grupo que ahí se había reunido, pero poco y menos me importaba. Mi único interés era el supuesto pirata y el horrendo mutante que alguna vez había tenido la fortuna, si es que así le podría decir, de hacerse llamar así misma un simple ser humano.

Con una risa, y algo que pareció un halago de hombre de mar que no comprendí del todo, el hombre de la barba negra respondió a mis preguntas antes de dirigirse hacia los demás. Parecía más competente de lo que había pensado en un principio.

Entonces o son bestias muy resistentes o tus marineros son demasiado enclenques - le respondí con cierta arrogancia, sin embargo mentiría si no dijera que aquellas afirmaciones del capitán no me preocupaban - Pero tu luces bien a pesar de estar mutilado... eso me agrada.

Poco tiempo transcurrió hasta que apareciera la primera valiente del grupo que saliese a la defensa del sujeto que había osado transgredir aún más a la criatura en la mesa. Se trataba de una humana con ciertos aires de grandeza y un deseo importante por destacar. No pude si no simplemente mostrarle un atisbo de lo poco que me importaban sus palabras con una discreta sonrisa por lo bajo mientras ni siquiera me dignara a verle a los ojos. La había visto a la hora de entrar en la taberna y la verdad es que no me parecía que significara una amenaza y, mucho menos, un ser digno de atención.

...Humanos... - pensé mientras escuchaba las palabras de los otros dos elfos del grupo.

Sin embargo dijo algo que logró captar mi atención, pues si bien parecía evidente que esto era algo más que una simple plaga, buscar a las primeras víctimas de esta atrocidad no era una mala idea. De hecho era un buen comienzo.

Bien. He de admitir que no eres tan cabeza hueca como pensé, actuando como una simple mujerzuela - Le dije a la mujer de una forma lo menos ofensiva posible, aunque estaba claro que eso sería una tarea mucho más difícil de concretar que erradicar esta plaga por mi propia cuenta. A pesar de ello tenía cierto interés en sus habilidades, por lo que sería mejor no perderle de vista en un futuro próximo.

De pronto el elfo con pinta de don juan, creyendo que con su sonrisa y su sedoso cabello podía crear cordialidad y un ambiente menos denso, y una congénere de la cual me intrigaba su aura mágica se acercaron más a la criatura mientras exponían su interés en el tema. La elfa llamada Valadia sin duda era una usuaria de las fuerzas naturales, lo podía sentir. Un don bastante peculiar y útil al mismo tiempo. Aunque no compartía su dolor y empatía con la mutante que yacía muerta en la mesa, me pareció una idea aceptable la de deshacerse del cadáver antes de que nos ocasionara algún mal. El otro elfo no llamó mi atención para nada, aunque creo haber alcanzado a escuchar su nombre... pero quizá solo fuese mi imaginación.

Mejor sería incinerar sus restos antes de que esparza su contagio... hasta ahora no parece que nadie de los uí presentes tenga idéa de como contrageron esta mutación los afectados. Es un riesgo innecesario tenerla aquí... - voltié a ver al silencioso divium con un gesto de burla - ... ¿a menos que quieras experimentar un poco más con el cadáver? quizá si bebes su sangre se aclaren muchas cosas.

De pronto, las ventanas se rompieron y la puerta se agitó de golpe a las espaldas de un individuo encapuchado del cual ya me había percatado. Repentinamente la taberna se vio invadida por lo que parecía un enjambre de enormes y dentadas cucarachas. El grupo entero se vio sorprendido mientras que, por mi parte, rápidamente hice a tomar una de mis ballestas y con un disparo rápido y certero logré clavar una saeta directamente en el centro del cuerpo de una cucaracha que avanzaba cercana a mí, sobre una viga de madera.

¿Que demonios es esta criatura?... - pensé sorprendida por lo que mis ojos habían distinguido en la sabandija que ahora se retorcía clavada a la pared. Parecía como si estas criaturas tuviesen partes humanas sobre sus grotescas figuras. Manos, pies, bocas y narices entre otras extremidades y elementos de un cuerpo humano común se podían vislumbrar a lo largo y ancho de las criaturas. Unas más mutadas que otras. Era un espectáculo sacado de alguna historia de terror para los infantes.

Cada quien peleaba como le fuese posible, mostrando las técnicas de combate que cada quien tenía a su disposición. Sin perder detalle en cada uno de ellos, disparaba mis ballestas a discreción cada vez que lograba divisar un blanco acercándose a mí. En varios intentos logré incluso atravesar a dos o tres sabandijas con uno solo de mis disparos, pero eran tan resistentes que no lograba hacerlas caer de un solo disparo.

Mi atención se vio centrada por un momento en las acciones algo torpes de Valadia, quien había hecho algo de barullo al destrozar una silla donde estaba montada. Para mi sorpresa fue capaz de terminar con la existencia de una de estas horrendas criaturas haciendo uso de su espada y un interesante báculo. Sin embargo no era una combatiente. Cosa que quedo clara para mí cuando, sin más precaución, mi congénere corrió hacia la barra sin mirar atrás... mientras eliminaba a una de estas cucarachas con cuatro disparos consecutivos de mis ballestas. había estado a escasos centímetros de ella, aunque no sabía si siquiera se había percatado de lo cerca que estuvo.

Con cuidado chica... - Pensé bajando la guardia un momento. Tiempo suficiente como para que una cucaracha cayera sobre mi espalda. Pero justo antes de que pudiese herirme con sus temibles garras y demás horrores corporales alcancé el gatillo de mi arbalesta y halé de él mandando a volar a la criatura y atravesando su deformado cuerpo en el techo de madera del local, demostrando el poder de mi pesada arma. - ...insecto inmundo... - Dije por lo bajo mientras recargaba mis ballestas de mano y avanzaba hacia la congregación que se llevaba a cabo en la barra de la taberna.

Para mi sorpresa, un cabreado enano bastante macizo, había comenzado a gritar y dar hachazos con un arma rebosante en energía. Sin duda era un poderoso guerrero, lo admitía a pesar de que se tratara de un simplón enano.

Me era evidente que la cantidad de insectos era mucho mayor de la que podría controlar. De la que cualquiera de nosotros podría controlar, por lo que era necesario hacer algo cuanto antes. Pensaba en mis escasas opciones cuando me percaté como un grupo de estos insectos se llevaba el cadáver de la mujer insecto a través de un agujero en la pared. Se la habían llevado como si fuesen hormigas transportando alimento para su colonia. No pude si no simplemente divisar ese extraño momento mientras seguía considerando mis opciones y disparando a todo lo que se movía hacia mí cuando de pronto el enano volvió a dirigir un grito hacia nosotros mientras trataba de cargar en sus hombros un barril de ron. Un incendio. Rápido y eficaz sin duda, pero no sabía que tan beneficioso para nuestra propia integridad. Aunque pensando en las pocas opciones que tenía, aquello no me pareció una idea tan descabellada en ese instante.

A lo tuyo enano, pero deja de gritar que tu aliento apesta peor que estas sabandijas - Le dije al enano, el cual no podía ocultar su tufo ante mis avanzados sentidos, mientras continuaba vaciando mis virotes en los abdómenes de los mutantes que nos asediaban. No podía auxiliar a nadie más por lo que simplemente me digne a continuar disparando mientras esperaba a ver esparcidas las llamas que, esperaba, fuesen suficiente para acabar o dispersar esta invasión.

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Re: La Plaga.

Mensaje por Baby Doll el Vie Ago 31, 2012 10:17 pm

Punto para el chico elfo que recién hacia presentación. Gawain, era su nombre y acababa de sugerir lo que ella había dicho. ¡Claro, pero, evidentemente, todos pasarían de la humana! Bien, pues daba igual. No era precisamente un concurso por ver quien tenia mas razón, así que si el proponía lo mismo, no importaba en tanto le escucharan. Luego… otra elfa. ¡Yay, elfos! Pensó algo irritada… era como si el mismo ambiente del sitio influyera en su forma de ser. Como si la misma oscuridad y maldad que impregnaba el ambiente, la magia que enfermaba todo ahí le provocara esa amargura tan extraña. Ella sugirió bondadosamente sepultar el cuerpo… bueno, no habría demasiadas objeciones por su parte, pero definitivamente se negaba a tocar eso. Una última figura se posiciono cercas de la entrada, observando a todos y con eso, era el variopinto grupo conformado para seguramente, salvar esta ciudad… No supo porque, pero de pronto, tuvo el presentimiento de que no todos vivirían para contar esto. Solo rogo a las deidades que ella pudiera salir ilesa…

Diana sonrió al capitán. Sin pelos en la lengua… si supiera. Escuchó atenta las palabras del capitán, mientras miraba a todos ahí… sonrío… tenia tanta razón. Elfos, humanos, seres de razas que ni entendía ni lograba saber… cada uno tenia algo útil que seguramente podría aportar. No era su estilo trabajar en grupo, pero ¿Qué rayos? Esta ocasión lo ameritaba. Asintió con más amabilidad de la que hubiera deseado mostrar ahí, y con una mueca de preocupación por la tripulación, estuvo a punto de hablar… niños muertos por la plaga. Diana se recargo en la barra, cruzándose de brazos. Paso la vista por el sitio… de pronto vio al alcalde ahí, a una mesa de distancia de ella. Parecía escudriñarlos a todos, memorizo el nombre del capitán. Ron Alistar… bien, lo seguiría a el. Justo desenfundaba su espada en señal de respeto, cuando un grito masculino rompió la palpable tensión. Diana miro alrededor y aquel nombre pronunciado por el capitán le dejo dudosa. ¿Jimmy cara de Perro? Seria alguna tripulación… Las ventanas se rompieron y… ¡bienvenido el caos!

Los seres se movían arrastrándose… Diana desenfundo su espada, mirando alrededor. Busco rápidamente y salto sobre la barra, alejándose de lo que sea que se arrastraba. Buscando y tanteando en la oscuridad bajo las mesas, escucho un chillido que mas pareció de un niño que de un hombre, al mirar, era el alcalde, con dos mesas de separación de ella que se hacia ovillo sobre una, temblando. Ron partió a un animal en dos… asco. Eran cucarachas gigantes… literalmente. Algunas tenían rostros o partes humanas… mutaciones. Observo durante un segundo aquella habitación, haciendo un cálculo mental. Alcalde a dos mesas de ella, tabernero, bat detrás de él podía defenderse un tiempo. Cercas a la puerta, la criatura que parecía estatua y no se había movido (Sanguine), cuatro elfos y una criatura que parecería ser mas una sombra… vale. ¿Quién parecía no poder defenderse? Bingo.

Había saltado a una mesa mas cercana del alcalde, cuando alguien grito, irrumpiendo mas en el jodido caos. Se giro a ver aquella fuente… un enano. ¡Un jodido enano! Irritada, Diana grito en voz alta –oh perdón señor. ¡La próxima vez que desee morir, lo hare en silencio, ¿Vale?- negando con la cabeza, se dispuso a saltar a la otra mesa, cuando escucho la madera bajo suyo crujir…. Maldijo en voz alta, dando un salto a la siguiente. Genial, el enano sugería quemar el sitio y… ¡todos aceptaban! Y encima, el elfo al que creía sensato tenia la mecha. Irónico que los elfos fueran los primeros en apoyar al enano desconocido. Con una furia creciente, grito -¡Claro! ¿Quién quiere morir rápidamente y sin dolor? ¡No, mejor una muerte lenta y dolorosa en llamas!- no es que no le agradara esa gente, pero… ¿Alguno había pensado en el capitán que estaba al centro casi tan cercas de la puerta principal como el desconocido? ¿O en el alcalde? No. A joder a todo el mundo, sálvese quien pueda. Maldijo una vez mas, saltando al suelo cercas del alcalde. Miro alrededor, una de las cucarachas salto hacia ella, con un grito de guerra levanto la espada y la dejo caer con dureza justo a la mitad de la cabeza del animal, haciendo presión hacia abajo. Esta se partió en dos, por la mitad y aunque sus patas siguieron intentando cortar y arañar, cayo hacia los lados, manchando su espada con sangre –asqueroso- murmuro, antes de ir hacia otra que intentaba subir a la mesa del alcalde. Con toda la fuerza que pudo, dejo caer la espada de nuevo en la cabeza del animal… el esfuerzo esta vez fue mayor, porque el tiro no dio exactamente al centro, sino en un lado. Con un dejo de desesperación, intento a toda costa bajar el filo, mientras el animal se retorcía… dio un paso atrás, apoyándose en el talón derecho, flexionando la rodilla –maldito exoesqueleto- grito, logrando finalmente que el animal se dividiera en dos partes que se movían erráticamente… el corte en diagonal había dejado a aquella criatura mas repulsiva de lo que a Diana le hubiera gustado.

Se acerco hasta el alcalde, que temblaba, con miedo… sintió pena por el hombre. Coloco una mano en su hombro, agitándolo –hombre, mueve el culo o muere aquí- El sujeto no se movió. El miedo a veces era un impedimento… Diana miro alrededor con el caos y otras cucarachas entrando por las ventanas a devorarlos. Tendría que controlarse ella misma… puso su mano sobre la mejilla del hombre, obligándolo a levantar el rostro y mirarle –eh, no dejare que nada le suceda ¿vale? Estoy aquí para ayudar a este pueblo, y siempre cumplo mi palabra… aunque me cueste la vida- le sonrió de la forma mas tranquilizadora que pudo… pichi asomo la cabeza por la bolsa, justo para gritar -¡ATRÁS!- diana se giro y dejo caer la espada… cuando esta se quedo atorada en la cabeza del animal, pudo notar lo que era… -mierda…- dijo con pánico en la voz. El rostro de la mutación era la de una niña de unos 14 años de edad. Sus ojos negros aun destellaban la inocencia que en un punto debió tener… con lo que quedaba de un flequillo que se transformaba en aquella piel negruzca y asquerosa… fue la expresión de dolor y sufrimiento lo que descoloco a Diana por completo. Un segundo después, aquella cosa chillo y bufo, intentando lanzarse sobre ella –Baby ¡CORTA!- grito pichi detrás en su mochila y eso la saco de aquel estado de sorpresa, temblando, logro partir al animal en dos… se dio cuenta de que , hasta ahora, su cuerpo temblaba… realmente no había estado tan cerca del sufrimiento de aquellas personas. Alguien puso una mano en su espalda y casi cortaba en dos a esa persona… el alcalde. El la miraba con una expresión de confianza que en verdad le desgarro. Ese hombre no quería morir… diana tomo una silla y partió el respaldo, quedando solo con las cuatro patas. Se la tendió al hombre –si algo le salta encima, ponga esto delante suyo como escudo y empuje. No es lo mas fuerte, pero me dará tiempo a matar a lo que sea que intente tocarle- Dándole una sonrisa de una confianza que no sentía, tomo al hombre por el cuello y lo movió junto con ella, directo al capitán -¡Capitán!- grito en voz alta –necesito ayuda con este hombre… no podemos dejarle aquí. –Mire a la puerta, al otro desconocido -¡Si eres apoyo, será mejor que muevas el culo! ¡El paga!- grite en voz alta, por si ese ser no era tan considerado y protector de la vida humana.

BABY IZQUIERDA!- Grito Pichi. Con toda la velocidad que pudo partió en diagonal, esta vez, fue mas difícil centrar toda su fuerza en aquel corte, puesto que sus brazos ya comenzaban a doler por el esfuerzo. Logro, pero una de las patas se enredo en su capa, manchándola de sangre y desgarrándola. Antes de que pudiera herir la piel y arriesgarse al contacto, deslizo el broche de la capa, dejando que se envolviera en la criatura… dio un salto adelante, con horror, vio como un brazo humano aun se agitaba en el otro extremo del animal -cuatro- conto mentalmente. No resistiría demasiado, esta había sido más difícil de partir que la primera. Dando un empujón al alcalde para que quedara fuera del alcance de otro animal que salto y callo en una mesa cercana, lo arrojo al capitán. –La puerta… ¡la puerta! – gritó, intentando que el mas cercano despejara el camino hacia ella (Sanguine) Podía sentirlas detrás suyo… aquel escalofrió le recorrió la espalda… por todas las diosas, rogó que su elección de ir al frente y no atrás, fuera la correcta… o estaría realmente perdida.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Faerist el Sáb Sep 01, 2012 4:48 am

El clamor de aquellos seres interrumpió la monótona charla de aquellos que discutían dócilmente por cómo enfrentarse a algo que a todos les superaba en número y, sobre todo, en entendimiento.
Esas cosas escurridizas eran... miles, parecía una marabunta. Sin embargo, un resacoso enano se levantó de una esquina del suelo, sólo para gritar estupideces.
Querían quemar todo aquello... Vais a morir... Faerist sonrió. Quizás era mejor que todo lo que se les venía encima. Sin embargo su cuerpo, como de costumbre, se levantó como tirado por hilos de marioneta, dejando el papel y la pluma; pluma que, por cierto, estaba tan impregnada de magia oscura como el propio Divium, pues pertenecía a su propia ala.
Observó un par de segunditos la escena. Todos estaban batallando por sus vidas. Precioso, en la debilidad las ratas se unían para roer juntas, e intentar espantar a la serpiente.
Todo empezaba a oler a alcohol... asquerosa sensación. No le gustaba ni lo más mínimo. Bebida para estúpidos aventureros tan arrogantes como inteligentes. Faerist, reflexionando sobre sus objetivos, no estaba a favor de quemar todo aquel sitio. Derrumbarían el único edificio que sabían que tenía una entrada hacia su subsuelo, por el que además se habían llevado el cadáver de aquel bicho horrendo.
Una cucaracha se le acercó, haciendo un incesante y extremadamente desagradable ruido al caminar. Todas las demás pasaron por las mesas y sillas que el Divium tenía al rededor, como si no existiera, pero aquella se le acercó. Interesante...
El Divium rápidamente se agachó hacia él. No le daban tanto asco aquellos bichos como pudiese parecer. Extendió las alas, y guardó en su sombra a aquel ser. Le extendió la mano ensangrentada que momentos antes se había cortado. Tímido, como un perro que busca comida, el engendro se acercó y olió... o al menos eso parecía que hacía. Faerist sonrió. Posó la otra mano sobre la espalda de aquel ser y, para cuando recogió sus alas, sólo una sanguinolenta masa de carne pútrida y deforme se hallaba en el suelo.
Se giró pesadamente a la par que se levantaba con sus alas extendidas. Había descubierto algo interesante, muy interesante. Ya no necesitaba de aquella entrada o aquel edificio. Miró a sus compañeros mientra cargaba una esfera vinculada con su sangre, de un color verdoso. Se acercó al enano. De forma extraña, todos los bichos que se acercaban a él pasaban de largo sin atacarle. Llegó hasta la barra, un corto paseo de unos segundos y miró al enano que se daba aires de berserker alcohólico. Quería darle a entender que, cuando el momento llegase, Faerist comenzaría el incendio con una brutal esfera mágica.
Con la otra mano, y cubriendo a aquella... mujer, cargó otra esfera, desintegrando a otra cucaracha que se le enfrentaba. Definitivamente estás enamorado.... Escuchó en su cabeza en tono irónico.
Vio el soberbio empalamiento que tuvo como fin la muerte de una de aquellas cucarachas. Asqueroso, e increíble, aún habiendo sido atravesado y clavado en la pared por un virote, aún parecía moverse débilmente. La esfera seguía cargándose. Lo único que el Divium realmente esperaba es que no se demorasen, mantener un conjuro activo era incluso más dañino que cargarlo hasta el máximo, pues lo que estaba perdiendo a fin de cuentas, era sangre de su cuerpo, y la Anemia era algo bastante peligroso. Sin embargo, tenía claro que había una parte de su sangre que no iba a usar... la sangre contagiada de aquella nueva raza de insectos.
Esperó, finalmente, alguna señal que le alertara de que debían moverse a alguna de las salidas. Aquel grupo de hombres y mujeres iba a serle útil después de todo.
El Obsucarntium siempre proveerá, Divium... ya lo sabes
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Re: La Plaga.

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Sep 01, 2012 10:02 pm

Sanguine se percataba de los hechos y datos que allí se presentaban, sacando un claro y breve resumen del asunto apremiante. Un hombre menudo en sumo, importante, seguramente el que pagaría, se hallaba consternado con un cadáver de una criatura humanoide que había traído un humano bastante curtido y sus secuaces, piratas de la más baja estofa pensó Sanguine.

Si el trabajo era liquidar mutaciones u horrores no era ningún problema, ya había tenido que que tratar con algunos de sus congéneres en su tierra natal y no sentiría ningún remordimiento si sus garras se manchaban de sangre negra una vez más. Escrutando mejor a la muerta no dio con algún clan de antropomorfo reconocible, no, aquél ser no pertenencia a ningún bando de engendros que normalmente se dedicaban a saquear ciudades y matar gente, no la conocía.

Quitandole un poco de importancia por momentos al asunto, se dedicó para si un segundo análisis de los que serían sus compañeros de armas, como él, estarían ahí por el anuncio o los miles que al parecer estaban divulgados por todos lados. Una humana, cuatro elfos, un ser que no pudo identificar y en la brevedad, un enano bastante entusiasta con el alcohol.

-¡¡Maravilloso!! Luego soy yo el bicho raro.-

Pese a que algunos debatían teorías o comentaban lo acaecido, el hecho es que Sanguine no les prestó ni el más valioso de los segundos a esa charla, solo se limitaba a mirar, a comprobar cada rasgo, a degustarlo, como si los palpase, dulces bocaditos, todos juntos y felices, que desgraciados serían si conocieran lo que dentro de esos ropajes negros y harapientos ocultaban.

Tan distraído en sus pensamientos que por un momento se olvidó de donde estaba, su cuerpo se había tensado y sus garras iban reluciendo por debajo de aquellas mangas anchas. Fue un fortuito accidente lo que hizo que Sanguine no se dejase llevar por un hambre ya poco saciado. Todas las ventanas fueron destruidas en un mar de cristales y por ellas entraron infinidad de seres de espantosa forma similar a una cucaracha. La bestia tuvo que redirigir toda su tensión en un golpe de puño hacía abajo que aplastó la cabeza del primer ser que se le echó encima. Mientras intentaba mantener distancias con otros tres más próximos pudo escuchar y ver con ojos ahora desorbitados por el enojo y el miedo, el plan que aquellos malnacidos tenían en mente.

-¡¡¡Quemar la taberna!!! ¡¡¡Quemarla conmigo dentro, malditos bastardos!!!.-

Su cara se había deformado de tal forma que las venas resaltaron palpitantes fruto del enfado y del estupor. Sanguine en lo que llevaba de vida había sido quemado tres veces y padecido dos incendios y no estaba dispuesto a sufrir un tercero, no esa noche, prefería mil veces sucumbir ante las cucarachas que al fuego, solo tenía que alcanzar al desdichado elfo junto al enano y rebanarles el cuello. Sanguine avanzó presto, lento pero sin pausa, sus brazos se iban moviendo al compás de los golpes que propinaba a los engendros, su objetivo era ahora parar al necio elfo por encima de todo.

Solo transcurrieron unos pasos cuando una voz femenina retumbó en la sala, entre los gritos, hacía él. Era aquella humana a la que catalogó desde un principio como una ramera, esa misma que le había mandado a mover el culo, a él, que jamás seguía una orden que no fuera la suya propia, no obstante, el hecho de que aquella mujer trajese al humano bajito consigo significaba que el pago aún podía seguir adelante, pero apremiaba el fuego, apremiaba matar a su objetivo primario.

“-La puerta, La puerta.-” La escuchó decir y por un momento, un chispazo recorrió su enceguecida mente. Él era el más cercano a la puerta, solo tendría que abrirla e irse y que el elfo, el enano y quien quisiese ardiesen dentro como sabandija.

-¡¡No es mala idea!!.-Gruñó en un tono gutural, se dio media vuelta, justo para recibir una pinzada en su pierna, uno de aquellos malditos bichos le había mordido y él le respondió de la misma forma, un fuerte pisotón que le aplastó el cráneo. El engendró volvió a encaminarse hacía la puerta, esta vez teniendo más cuidado con sus enemigos a los cuales propinaba golpes con sus garras o los apartaba con brutalidad. Los pocos metros que lo separaron de la puerta fueron salvados y lejos de usar su civismo, optó por intentar echarla abajo con un fuerte y seco golpe de hombro que abrirla por el pomo.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Lun Sep 10, 2012 6:01 pm


Distintos motivos obligan a cada uno a actuar, algunos por dinero, otros por honor, rectitud, codicia u orgullo, cada acto tiene sus consecuencias y aun cuando esto sea difícil de explicar, cada uno es responsable de lo que puede afectar a los demás, por un lado existen quienes piensan demasiado las cosas, por otro lado existen quienes no meditan y actúan impulsivamente, a veces arriesgando su propia vida o la de los demás.

La situación en la taberna no era mejor que la que pronto sucedería en el exterior, si el hecho de que estaban siendo atacados por claros mutantes de origen desconocido no fuera poco, había surgido un nuevo “compañero” por decirlo de alguna forma, aunque en realidad era simplemente un guerrero, un enano que bajo las escaleras refunfuñando sobre ruido y lucha. Cada uno de los presentes trataba de mantenerse con vida a su peculiar forma, el capitán hasta ahora tan solo había acabado con un miserable enemigo, mientras daba un trago a su botella como si nada pasara, algo común en alguien que había luchado por sobrevivir en las condiciones más agrestes de Noreth, magos y asesinos, guerreros de diversas índoles, era un hecatombe de sangre y sudor, de gritos y batalla, el capitán era rodeado por algunos de esos seres, muchos de los cuales aun no estaban completamente formados, ya que sus miembros o rostros o incluso el simple hecho de sus ojos, demostraban que habían sido humanos en un pasado, lamentablemente no había tiempo de capturar a esas bestias y luego buscar alguna forma de devolverles a la normalidad, el capitán no demostró piedad cuando uno de esos seres se lanzo contra él, con un tajo ascendente en diagonal, partió como si fuera una hoja de papel a aquella criatura, la cual chillo como si fuera un recién nacido o un bebe de pocos días, realmente era desagradable aquel espectáculo, tajo tras tajo, golpe tras golpe, las criaturas caían despedazadas bajo las espadas y proyectiles, pero no importaba cuantos fueran abatidos, su número no decaía y parecía aumentar con cada instante.

El enano había tenido una idea … aunque lamentablemente esta no era respetada por todo los presentes, el incendiar la taberna era algo drástico, especialmente cuando el tabernero parecía haberse vuelto más pálido que un fantasma cuando el enano agarrando un barril de delicioso y exquisito ron de la mejor calidad, comenzó a arrojarlo al suelo, como si no fuera más que agua, tanto para el tabernero como para el capitán en aquellos instantes se les partió el corazón y podría decirse que una lagrima recorrió sus mejillas, aunque para el capitán esto no sucedió, si no fuera demasiado la locura de incendiar aquel local, hasta ese momento, los elfos que parecían los más sensatos, habían cambiado drásticamente de mascara, quien se había presentado como Gawain, sin miramientos o un instante para pensar, había tomado una botella de licor y metiéndole un trapo lo había encendido, prácticamente pidiendo a viva voz que incendiaran el local, si bien era un plan “interesante” no cabía duda de que los elfos estaban mal de la cabeza, muy pocas veces el capitán había visto ambas razas luchar codo a codo y siempre que lo hacían era de mala gana.

El “grupo” se había dividido en dos partes, por un lado el del enano, quien con voz autoritaria había tomado las riendas de aquella situación con tal facilidad que los demás parecían simples cachorritos sin voz a su lado, tanto el elfo, y ambas elfas habían seguido el mismo camino, acercándose a la barra y usándola como trinchera, a la vez que destrozaban a cuanto insecto se les cruzara por el camino, pero mientras el capitán luchaba a muerte contra un insecto con rostro de hombre, pudo ver de reojo algo que no le gusto en lo absoluto, si bien en primera instancia aquel comportamiento de la daga, y de la escritura había dejado como alguien que debía de ser vigilado al encapuchado, ahora su actuar era más que sospechoso y porque no decirlo, totalmente contrario a lo que podría ser lógico en aquella situación si por sus venas no corriera algo oscuro. El encapuchado había hecho gala y alarde de sus poderes, aunque silencioso había convertido a uno de los insectos en una masa sanguinolenta con tan solo cubrirlo con su capa, y ahora se dirigía sin temor hacia la barra donde se encontraba el enano, los insectos a su alrededor parecían de cierta forma temerle, ya que sin media se retiraban o pasaban de él, como si no existiera, con cada instante parecía más sospechoso y sin decir más, extrañamente el hacha del enano brillo de una forma más que extraña, ya que se había vuelto blanca, como si hubiera estado más tiempo en la fragua. Lamentablemente el tiempo que aquello se mantendría se reduciría drásticamente, ya que uno de los insectos, mucho más mutado que los anteriores y de mayor tamaño, se lanzo contra el encapuchado, el cual demasiado confiado no tomo las medidas necesarias para protegerse a sí mismo o a su posesión más valiosa, el capitán pudo contemplar como el insecto se había lanzado contra un punto especifico de su cuerpo, y había agarrado con sus mandíbulas un extraño libro encadenado, y atado con tiras de cuero, las mandíbulas del insecto se incrustaron fuertemente en la cubierta, mientras que tan solo a ojos del encapuchado se mostraría como el libro lentamente comenzaba a mancharse de oscuro, la voz que oía de este comenzó a gritar, como si fuera un hombre o mujer quemándose con vida, un grito que le taladraría la cabeza hasta el punto de llevarse las manos a sus oídos y caer de rodillas, los insectos no le prestaban la menor atención, hasta el punto de que parecían tener tristeza por el pobre. El encapuchado aferraba con tal fuerza sus oídos que estos aprecian que en cualquier momento serian arrancados, mas ante la vista de todos, el libro que portaba cayó al suelo, liberándose de las ataduras, un crack se escucho, cuando la cerradura de metal se hizo añicos, con aquello los insectos se detuvieron y comenzaron una frenética huida del lugar, como si supieran lo que se avecinaba. El libro se abrió de golpe, girando sus páginas con furia hasta llegar al centro, en aquel instante una garra oscura surgió de sus páginas, arañando la madera impregnada de licor, todos los que pudieran verían como de las páginas en blanco emergía una famélica criatura, no se sabía si era hombre o mujer, ya que carecía de carne y tu piel, tan negra como las sombras estaba pegada a los huesos, la criatura gritaba y arañaba con desesperación tan que en un punto comenzó a lacerarse su propio pecho, salpicando con una sustancia oscura que debía de ser su sangre, tanto el suelo como algunas mesas, de pronto el ser se giro hacia el encapuchado, en ese instante se pudieron ver aquellos dos globos rojos, sanguinolentos que parecían trozos de carne fresca, sin demorar, la criatura se arrastro por el suelo, arrastrando su medio cuerpo y el libro aun pegado a su cintura, con fuerza tomo la capa del encapuchado, comenzando a destrozarla para quitarle lo que le cubría, de un fuerte tirón, la capa fue arrancada del cuerpo del ahora divium, los de la barra verían el rostro del muchacho, si bien no era tan demacrado como podrían haber esperado de alguien como él, si hubo una mueca de asombro y a la vez de horror al ver sus labios cosidos con aquel hilo negro. Como todo acto este debe de tener un final, la misma presencia de aquella criatura oscura del libro había hecho que el enano se molestara, y blandiendo su hacha se lanzo contra ese famélico ser, su hacha brillo como si hubiera sido calentada hasta estar blanca y sin medir las consecuencias golpeo con su arma el libro, un grito agudo salió de la criatura, al igual que de la boca del divium, ya que las costuras se habían roto, partiendo sus labios con fuerza y haciéndolos sangrar.

El capitán había visto todo el espectáculo, pero antes de estar interesado en el acontecer del divium, antiguo encapuchado, estaba más pendiente del elfo, ya que entre tanto grito, había dejado caer la botella, esta se quebró contra el suelo, incendiándolo rápidamente y alzando las llamas a casi un metro, mientras comenzaban a lamer las sillas y mesas, al lado del hombre adicto al ron, había aparecido un ser vagamente humano, y claramente antropomorfo, el cual como todos en su raza, temía al fuego por el daño que les causaba, con furia golpeo la puerta, haciendo que esta reventara las bisagras y cayera hacia el exterior, un grupo reducido salió por la nueva abertura antes de ser alcanzados por las rojas llamas, fuera de la taberna se encontraban aquel antropomorfo, el capitán lamentándose por el ron y una humana, la cual había sido la única en el interesante grupo, esta ultima había traído consigo al humano enano, para alivio del capitán ya que significaba que su para aun estaba segura.

Mientras el grupo del capitán se encontraba en el exterior, el enano y compañía se las apañaban contra el mismo fuego que habían iniciado, si bien el hecho de dejar al divium tirado en el piso para que fuera consumido por las llamas era una idea tentadora, la elfa curandera había suplicado que se le salvara, el elfo macho tomo al divium que en esos instantes estaba inconsciente y lo arrastro hacia la bodega, hacia donde el grupo había retrocedido para escapar de las llamas, el libro había terminado en el suelo, siendo consumido por las llamas hasta quedar vuelto cenizas blancas, mientras que los elfos y el enano buscaban una forma de salir, la puerta trasera fue divisada, el enano de seguro podría hacerla volar con un golpe de su hombro, pero antes de poder siquiera acercarse demasiado, el piso cedió, dejándolos caer en algo que no era natural, ya que la abertura que se abría descendía varias decenas de metros en la oscura tierra, los aventureros terminaron cayendo en lo que parecía agua y barro, mientras se aferraban a lo que podían, ya que habían tenido suerte, unos metros más atrás hubieran caído sobre rocas afiladas, “nadando” en aquel fango llegaron a lo que parecía ser tierra más firme. Tanto las elfas lunares como el enano podían ver que era algo similar a una alcantarilla o quizás una catacumba antigua, después de limpiar un poco sus ropas y ver si alguno estaba muerto, escucharon murmullos a su alrededor, agudizando mas la vista se podían ver extraños rostros pegados a los muros, la mayoría humano, algunos jóvenes otros viejos, hombres y mujeres, niños y ancianos, todos con los ojos cerrados, pero de golpe varios los abrieron, mirando fijamente hacia los aventureros, con ojos verdes o amarillos, azules o grises, sus labios se movieron y una voz se levanto entre el murmullo de cientos de voces.

-¿QUE HACEN AQUÍ NORMALES?-

En la superficie, el cuarteto, incluyendo al hombre pequeño, se habían retirado algo, la razón era que dentro de la taberna se escuchaban los gritos agudos del tabernero, el cual no había podido escapar y el de las botellas reventando, pronto las llamas subieron al segundo piso, donde estaban las habitaciones, devorando con hambre las camas y demases. El capitán miro a la mujer y al hombre, el cual temblaba como una hoja antes de caer del árbol, con rostro mal humorado por la pérdida del ron suspiro, sin empuñar su espada, ya que no se sentía completamente cómodo sobre tierra.

-Es mejor que llevemos a nuestro benefactor monetario a un lugar seguro, y creo que en estos momentos el mejor lugar seria mi barco, por lo menos ahí mi tripulación lo mantendrá vigilado-

Mas antes de poder continuar, las llamas dejaron ver un espectáculo horrendo, literalmente clavado a un muro de madera se encontraba uno de los marineros del capitán “Jimmy” como él le había dicho, y quien había dado el grito antes de los insectos, su cuerpo estaba con sus miembros estirados y en cada uno de ellos, largar barras de hierro oscuro lo mantenían firmemente sujeto, fácilmente eran visibles las heridas en su carne y como esta se comenzaba a volver negra y amarilla, como si estuviera contagiado por la plaga, aun estaba vivo, ya que respiraba, y miraba con rostro suplicante al capitán, de sus labios surgieron palabras que apenas eran un susurro “Ayúdeme capitán”, Ron apretó los dientes, mientras caminaba hacia el hombre y estiraba su brazo para que bebiera algo de ron de su botella, el capitán negó suavemente y con voz casi paternal se escucho “Cierra tus ojos, esto será cosa de un parpadeo”, el marinero comprendió lo que sucedería y simplemente cerró los ojos, ante la mirada atónita de sus “compañeros” el capitán empuño su espada y de un solo tajo desprendió la cabeza del marinero de su cuerpo, quizás lo entenderían o no, pero su muerte era solo cosa de minutos, aquellas heridas comenzaban a devorar sus miembros y era cosa de tiempo que se convirtiera en un monstruo como la mujer o esos insectos, el capitán era un hombre, y aunque era duro en sus momentos, aun tenía cierta estima con su propia tripulación, ya que luchar juntos durante años estrechaban las relaciones, siendo casi una familia, miro a los demás con rostro frio y duro.

-Apresurémonos, la marea no espera… y me sentiría mucho más cómodo en el agua que sobre esta maldita tierra-


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Re: La Plaga.

Mensaje por Allyndra Naëlia el Vie Sep 14, 2012 8:05 pm

¿Porque será que siempre termino envuelta en una trifulca de cantina?...

Las noticias sobre la plaga que asediaba aquel puerto mercantil eran tan nuevas para mí como las criaturas que ahora nos rodeaban. Tan desagradables, alguna vez menos desagradables al pertenecer a la raza humana, y tan repugnantes como solo un insecto mutado podría llegar a ser. Incluso mis flechas pierden efectividad ante cuerpos tan irregulares. Es imposible determinar dónde están sus partes vitales a pesar de tener una constitución lo suficientemente endeble como para que un humano cualquiera les parta por la mitad con una espada. Aún y así disparo a discreción mis saetas logrando hacer retroceder y retorcer de dolor a más de una de estas abominaciones.

La idea que el corriente bebedor de cerveza que tenía a mi lado no sonaba descabellada en un principio, pero mientras le veía esparcir el licor por toda la duela de madera en la que estábamos parados no pude si no simplemente buscar una ruta alterna de escape. Si estos insectos, o lo que fueran, eran tan susceptibles al fuego y al calor como todos pensaban ¿no sería igual de peligroso para nosotros estando tan lejos de una puerta de salida?... por lo menos yo disponía de una agilidad suficiente como para sortear a estos engendros con velocidad y salir por la ventana del fondo de la habitación mucho antes de que las llamas se esparcieran demasiado. Incluso podía asegurar que mi congénere poseía una agilidad similar, aunque no me igualaba, pero no podía asegurar lo mismo con el piernas cortas y el elfo rubio de la antorcha improvisada.

Hmm... si este enano es tan demente como su aspecto lo indica no será seguro permanecer demasiado tiempo a su lado - Pensaba mientras continuaba disparando a los mutantes que se nos acercaban a mí y mi compañera - Al menos conservar la ayuda de la sacerdotisa sería muy conveniente. A final de cuentas esto puede ser alguna especie de enfermedad... !

Siento algo muy malo dentro de aquel extraño sujeto del que me había reído anteriormente. A primera instancia parece igual de sombrío que antes pero, es como si los insectos no le hicieran caso y pasaran de él. Mi ángulo de disparo es demasiado cerrado como para un disparo certero, pero en una situación diferente habría sido mi ballesta la primera en encontrar su cráneo antes de que el encontrase cualquier cosa que estuviese leyendo en ese libro suyo.

...¿Pero qué demonios?

Tras el ataque de un enfurecido y enorme mutante tal parece que el libro estuviese chillando en un dolor indescriptible... ¿El libro?... hablando de cosas extrañas. Sin embargo el cuerpo sombrío que salió del interior de sus páginas fue lo que más me impresionó ¿Es que todos los diviums portan objetos que no pueden controlar? Esta es ya la tercera o cuarta vez que veo que a un mago le traicionan sus propios poderes. Estúpidos arcanistas, solo saben empeorar las cosas. Por lo menos los bichos tan raros han abandonado el recinto como si hubiesen sido ordenados a dar la retirada ¿Será que solo venían por el cuerpo que había traído el capitán o sería esta presencia sombría la causante? Pocas cosas tienen sentido para mi en estos momentos, pero al menos una molestia ha desaparecido de mi vista. Ahora solo queda el tema del engendro mutilado arrastrándose lastimosamente atado a un libro.

Gemidos y aullidos, ambos eran insoportables para mis avanzados oídos. Si hay algo que detestaba más que ser perseguida por las mujeres de mi tribu eran los sonidos agudos intensos. No pude si no tratar de simplemente evitar tal intensidad colocando ambas manos en mis oídos, para mi... nuestra mala fortuna al otro elfo se le ocurrió la misma brillante idea.

¡Idiota! ¡Quemar este lugar ya no es necesario!

No pude si no simplemente cerrar los ojos ante la intensa llamarada acompañada de un fuerte dolor en los tímpanos. No lograba soportar tal estruendo hasta que, para nuestra buena fortuna, el hacha del enano encontró cabida en el engendro del libro haciendo que este retornara errática mente al vacío del que había provenido, no in antes haber mancillado de forma grotesca al divium que le poseía.

Velanna había pedido que le salváramos del fuego, cosa que yo negué con rotunda frialdad.

Por mí que se muera y arda en este incendio... Salvarlo ahora solo significaría darme el placer de matarlo personalmente.

Estaba segura que su comportamiento le hacía sospechoso, o incluso responsable de lo que ahí nos había atacado. Y si este sujeto era parte de la misteriosa plaga que aqueja esta ciudad entonces mataría a dos pájaros de un tiro y estaría fuera de aquí cuanto antes. Pero nuevamente la sorpresa me tomó desprevenida, y es que justo antes de que el enano del peinado escandaloso partiera en pedazos la puerta trasera del local, un agujero en el suelo nos tragó a todos, llevándonos a través de un pestilente y fangoso camino resbaladizo. El agua lodosa había amortiguado la caída, pero para no arriesgarme a nada había disminución mi velocidad haciendo uso de una de mis dagas del cinturón.

Esta agua... apesta... - Un mal día para ser elfa, no me cabía la menor duda - ... ¿Una cloaca quizá?

El agua era salada, lógico, el agua de esta comunidad tendría que provenir del mar de todas maneras. A pesar de la pestilencia que podía sentir hasta en la boca, el olor no era lo único aquí que me erizaba el cabello. Mirando el estado de mis... acompañantes impuestos... logré divisar lo que parecían rostros humanos en las paredes y el suelo enlodado. Incluso en el subterráneo abundaban estos engendros, aunque la verdad me parecía que aquí habían muchos más que en la superficie, aunque en un estado más deplorable.

Más parecían parte de la maleza y las raíces que colgaban de las paredes de esta cloaca que seres alguna vez humanos que habitaran en la superficie. Gemidos y lamentos rodeaban la estancia como si aún tuviesen la conciencia necesaria como para percibir nuestras presencias. Incluso las palabras “ayúdame” o “mátame” lograban entenderse de entre la aglomeración de sonidos más guturales que vocales del recinto.

No vale la pena atender a sus súplicas… - si bien no me interesaba más que mi propio bien, y quizá un poco el de Velanna, tendría que colaborar con los demás si quería salir de ahí sin rastros de exoesqueletos mutados en mi piel – Ya no hay nada que podamos hacer por ellos. Dejen que su mal les consuma… no vale la pena arriesgarse a quedar como estas pobres criaturas.

Mi visión era prácticamente perfecta en estas situaciones de ausencia de luz. Lo mismo ocurriría con el enano y mi congénere, pero detestaba la idea de confiar mi seguridad a un demente amante de las rocas. Iría a la cabeza del grupo inspeccionando los rastros que me indicasen alguna especie de presencia hostil en la zona y, a su vez, buscaría una ruta que nos devolviera de nuevo a la superficie. No tendría que ser tan complicado si este lugar lo han construido los humanos y si estas aguas provienen del exterior.

Hay que seguir el flujo del agua, pero no toquen nada ni avancen tan rápido. El sigilo es un arma del que debemos echar mano si no queremos llamar la atención.

No estaba segura de si serían capaces de mantenerse en silencio y seguir mis pasos silenciosos, pero no podía si no intentar confiar en ellos, aun cuando la tolerancia no era parte de mí ser. Principalmente sospechaba del divium que habían decidido rescatar. Si bien iba yo a la delantera intentando encontrar rastros y un camino seguro, no perdía de vista al misterioso personaje siempre con una mano sujeta al gatillo de mi ballesta. Antes había surgido demasiado caos, pero esta vez no dudaría en clavarle una saeta entre ceja y oreja si acaso llegara a sospechar sobre su traición o incluso si repetía algún acto estúpido como el ingerir sangre de estos seres.

El avance semi lento a través de este camino subterráneo había sido, hasta cierto punto, sencillo. El fétido aroma a descomposición, el torrente de agua salada a nuestros pies y la gran cantidad de seres en pena dispuestos a lo largo y ancho de las paredes habían resultado una molestia demasiado grande como para simplemente pasar por ahí sin mayor dificultad. Sobre todo me preocupaba que estas plantas fuesen las causantes de la plaga que nos aquejaba, por lo que siempre me mantuve cubriendo el rostro con mi manta evitando respirar demasiado profundo.

Un momento…

Indiqué al grupo silenciosamente y levantando mi mano con la palma extendida. Mis ojos habían divisado algo bastante extraño frente a nosotros. A primera instancia me había parecido una simple planta como las demás, pero poniendo especial atención en ella me percaté de su similitud con muchas de las plantas carnívoras de la jungla de Uzuri, aunque bastante diferente en cuanto a su tamaño. Era una planta claramente consiente de nuestra presencia, y no hay nada más peligroso que una planta con conciencia.

Pero no fue solo la presencia de esa planta lo que encendió las alarmas de mis sentidos. Un gran número de gruñidos acercándose a nuestra posición hacían juego con las marcas de garras y heces fecales que rodeaban el camino por el que nos habíamos metido. No lograba ver la fuente de aquellos gruñidos gracias a la curvatura de la construcción, pero estaba claro que no demorarían demasiado en encontrarnos y darnos una cálida bienvenida. Sin demora, recargue mis ballestas de mano a su máxima capacidad y cogía mi arbalesta para acomodarla sobre mi rodilla para mayor estabilidad en caso de que algo grande se acercara con malas intenciones. Viendo a través de la mirilla de mi arma ya estaba preparada para pelear si era absolutamente necesario, pero aún buscaba entre el techo y las paredes cualquier señal de una salida por la cual poder abandonar aquel lugar sin mayor demora.

No sé qué se nos viene encima, pero no suena amigable – dije en voz baja intentando que lograran entender mis palabras por encima del ruido del agua y los gemidos de las plantas – Preferiría no pelear en estas condiciones, pero si no hay remedio solo traten de mantenerse unidos. Las bestias de caza son más peligrosas atacando en grupo a sus presas, y si parecemos más que ellos seguramente guardarán su distancia y buscarán presas menos difíciles de capturar… o al menos eso dicta la naturaleza.

No tenía idea de a que nos enfrentaríamos, pero de algo estaba segura. Mis ballestas estaban listas y dispuestas a la espera de cualquier ser que osase enfrentarse conmigo, y no soy una mujer especialmente débil. Ya se enterarían…
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Re: La Plaga.

Mensaje por Valadia el Mar Sep 18, 2012 1:35 pm

La situación es muy complicada y hemos de acuar con presteza, raudos en nuestra determinación de poner fin a la plaga que azota este poblado portuario. Me da pena, muchísima pena lo que está ocurriendo, pero sé que la Madre Naturaleza siempre tiene una razón para actuar como lo hace y solo espero que bajo la guía de las Tres Lunas yo sea capaz de encontrar el origen del estigma que tanto daño le está haciendo.

Me pego a la barra, observando con el ceño fruncido todos los seres que aún se amontonan como insectos en la ahora pequeña taberna. He de confiar en el enano y así obraré, pero mis ojos siguen vigilantes, a la espera de que ocurra algún otro siniestro que nos haga tener que desbancarnos de nuestra determinación inicial. El capitán Alister, la humana y un par más se han visto separados de nosotros, luchando aún contra las cucarachas que se les lanzan como si no tuviesen nada que perder. No puedo dejar de sorprenderme por la actitud de los presentes, como si todos los días se enfrentasen a algo así, pues yo, aún con ochenta años sobre mis hombros, encuentro mi respiración exhaltada y mis manos tensas asiendo la espada y a Noche Fría.

Doy las gracias a las Lunas y a mi raza por conferirme semejante frialdad, pues esta situación es capaz de superar al más curtido guerrero.

Enarbolo la espada cuando creo que otra nueva cucaracha va a lanzarse sobre mí, pero la que da en llamarse Allyndra, una elfa lunar como yo, me cubre y yo decido que más tarde he de hablar con ella. Hemos de unirnos contra la adversidad, y pese a que Gawain Brisalegre y el enano no son de mi desconfianza, siempre sentiré más empatía con una elfa lunar.

Lo que nos une ya no es solo una cuestión de apariencia o educación, sino la propia connivencia y el auspicio de las Lunas que nos arropan cada noche desde su trono en los cielos.

Cantariel —murmuro consternada, elevando una plegaria a mis ancestros cuando observo cómo el divium cae al suelo y del libro emerge la manifestación más directa del mal. La furia de infierno refulge en sus ojos, y son chillidos, alaridos de puro dolor, lo que nos taladra los oídos y me hace fruncir el ceño horrorizada por lo que estoy viendo.

Entonces me doy cuenta de la determinación del enano, que enarbolando su brillante y blanquecina hacha va a golpear con fuerza la cubierta del libro. Es lo que me mueve a gritarle que no le mate, pero ya es tarde. El golpe hace explotar al demonio en el mismo momento en el que el incendio toma real fuerza y todo arde con un resplandor incandescente que nos puede dejar ciegos si no nos vamos de allí rápido.

Cuando voy a gritar la replegada, el suelo cede ante nuestro peso y un agujero cuya oquedad está revestida de oscuridad se nos traga y nos aleja de los estragos que están destruyendo la taberna, también de parte del grupo y de las cucarachas, no obstante algunas de las cuales, cadáveres que no han podido huir, caen con nosotros y se sumergen en el lodo de las cloacas donde hemos ido a parar.

La peste que se cuela por mis fosas nasales amenaza con hacerme perder los estribos, y cuando estoy lo suficientemente lúcida para moverme me levanto con elegancia y sacudo la cabeza, enfadada, mientras miro a mi alrededor y espero que los demás estén listos. Me centro en esos momentos en el divium, que se ha quedado medio inconsciente en el suelo fangoso, y con expresión severa me inclino hacia él y le obligo a alzar el rostro para analizarlo.

De sus labios mana sangre, tal vez demasiada, pero lo que más me consterna es su expresión. Parece como si le hubiesen roto el mismísimo corazón, y aunque ardo en deseos de castigarle por lo que ha hecho, elevo sendas manos en torno a sus labios para entonar un hechizo de sanación.

Faraeteriel manedessi. Cura, enredadera del ocaso.

De luz hecha, con un matiz plateado, surge en los labios de Faerist una pequeña flor que lo acalla durante unos instantes y comienza a sanar su herida, regenerando la piel desgarrada y curando la hemorragia. Después de que el hechizo haga su trabajo por gracia de las Tres Lunas el divium ha vuelto a retomar la belleza de su rostro, y donde antes había una herida ya solo quedan dos labios sellados por su propia ausencia, en su estado de trance.

Yo le miro un momento con seriedad, pero sacudo la cabeza y me levanto de nuevo.

¿Qué Destino se me ha elegido para acabar en semejante lugar? —pregunto retóricamente, moviendo las orejas levemente ante el oído de los goterones de agua que nos rodean. Me acerco a uno, pero el fuerte olor salado me hace pensar que es una fuga directa del mar, por lo que acerco la mano para limpiarla pero no bebo.

Vuelvo a girarme hacia mis compañeros, y es en esa ocasión cuando me doy cuenta de dónde estoy realmente.

Son decenas, quién sabe si cientos. Los rostros yermos nos miran desde las paredes y yo siento que las piernas me tiemblan levemente cuando me acerco con lentitud hacia el de una mujer joven cuyos ojos grises me miran con la tristeza pendiendo de sus ojos. La pena que me desgarra el corazón es indecible, pero aún peor es la furia que me sacude al mirar la carnicería que aquí se ha cometido. Esta visión me hace sentir algo que jamás creí que fuese familiar para mí: el deseo de venganza, y elevo un juramento a las Tres Lunas en el mismo momento en el que doy un golpetazo en el suelo con Noche Fría y la gema de su punta se prende, haciendo las veces de linterna en esas profundidades.

Por la gloria de las Tres Lunas, Allyndra, sus súplicas son más importantes que nuestro cometido aquí. Todas estas almas jamás descansarán en paz… —sacudo la cabeza con tristeza, apenada por no tener la suficiente habilidad para hacerles caer en el sueño eterno, y no tengo más remedio que seguir a mis compañeros cuando se ponen en movimiento.

En todo momento las voces nos acribillan a súplicas y amenazas, a gritos y susurros, y si no fuese por la paciencia que he adquirido tras décadas y décadas de viaje, ya me habría vuelto loca.

Pobres aldeanos… Sacudo la cabeza y me pongo alerta cuando Allyndra nos avisa del peligro que viene.

Me quedo en la retaguardia, con Noche Fría más avanzado para iluminar, y desenvaino la espada por si me es necesario utilizarla. Ellos ya saben que no soy guerrera, que mi cometido es el apoyo, y espero que puedan encargarse del grueso mientras yo les cubro si las Lunas lo quieren.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Björki Gotriksson el Miér Sep 19, 2012 1:26 am

A medida que la situación en la taberna se fue volviendo cada vez más y más drástica, yo dejé de prestar atención a lo que me rodeaba. Había tomado una posición al lado de uno de los orejas picudas, que sería el que iniciaría el incendio, y todo lo demás poco me importaba, aunque me lo anoté todo. A la que hubiera un poco más de tranquilidad ya me dedicaría a ir respondiendo. A la que viera fuego, correría hacia la puerta y la abriría para que todo el que quisiera saliera. Y el que no, que ardiera.

A hachazos fui despejando caminos, destrozando a aquellas cucarachas mutadas de dos en dos. El reguero de sangre que iba dejando era tan considerable como todo el líquido que rezumaba ya mi hacha. Tanto ella como yo estábamos totalmente empapados de la sangre de aquellas criaturas, lo cual me hacía sentirme cada vez más y más alegre por aquella matanza. Si seguía así, mi furiosa alegría asesina acabaría volviéndose el bersérker.

En aquél momento pude apreciar varias cosas que parecieron ralentizar el tiempo de forma severa. Escuchaba los latidos de mi corazón, bombeando sangre y adrenalina por todo mi cuerpo, el sonido de mi respiración, agitada por la gloria y la matanza. Todos los demás ruidos parecían amortiguarse. Pude observar como el divium, lentamente, se acercaba hacia nosotros. ¿Fue miedo lo que me llenó? No. Fue furia de ver como los bichos le evitaban, como si él fuera el causante de todo aquello, aunque su inocencia quedó vagamente probada cuando una de las criaturas le agarró una especie de libro y tiró de él. Lo que pasó a continuación fue algo más bien curioso, cuanto menos.

Un demonio salió del libro a la vez que las criaturas empezaban a huir del lugar, temiendo a la criatura que allí habitaba. La criatura que surgió de la pertenencia del divium maléfico empezó a gritar y a chillar de forma ensordecedora... Ensordecedora para los elfos, claro está. A mí me resultaba un ruido molesto. El divium por su parte parecía aterrorizado. Yo no dudé, y acercándome le propiné un buen hachazo al libro, destrozándolo, mientras gritaba con furia:

-¡A mí ningún demonio me amarga la noche!-

En ese momento, el divium soltó tal grito que se le abrieron las costuras de la boca y se desgarró los labios. En ese momento me giré y pude observar que al orejas picudas, con tanto grito, se le había caído la botella ardiente. Solté un suspiro, sabiendo lo que se avecinaba. Empecé a correr hacia la puerta de la bodega con una velocidad difícil de creer en alguien de mi tamaño. Escuché a la elfa decir que le lleváramos, y ante las palabras de la orejas picudas de las ballestas le respondí, a voz en grito:

-¡No te prreocupes orrejas picudas de los tacones! ¡Tengo algo pensado parra ese miserrable!-

En ese momento, el suelo se vino abajo y todo el grupo cayó. Yo, personalmente, quedé boca abajo, y nada más levantarme lo primero que hice fue ponerme a escupir todo el agua salada y asquerosa que había ido a parar a mi boca. Di gracias de ser suficientemente rápido de reflejos como para no tragar. Una vez estuve de pie, me avancé el primero, iluminando con mi hacha, la cual seguía reflejando que había magia oscura en el ambiente. Aquello era una catacumba. Lo primero que dije nada más ponerme en pie fue una observación obvia:

-Si esto hubierra sido constrruido por enanos no se habrría venido abajo... Según parrece, estamos en una catacumba o alcantarrilla... No os prreocupéis, me basta con ver un poco el trrazado del lugar parra saber cómo salir.-

En ese momento, me di cuenta de que habían muchos rostros en las paredes, y mientras murmullaban, suplicaban o gritaban una voz pudo distinguirse, preguntando qué hacíamos ahí. Mientras las elfas discutían, yo decidí acercarme ligeramente a aquellos rostros, y empecé a hablarles:

-¿Qué demonios os ha pasado? ¿Qué demonios ha sucedido en este lugar? Orrejas picudas, dejad de discutir sobrre esta gente... Teniendo en cuenta cómo está todo esto, sincerramente lo mejor serría quemarlo todo. Evitarríamos que se prropagarra por el resto de Norreth y de paso les daríamos paz a esta gente. Aunque prrimerro debemos encontrrar quién demonios ha causado todo esto.-

Tras eso, la orejas picudas de las ballestas empezó a hablar, diciéndonos que lo mejor sería aprovechar el sigilo, ante lo que negué con la cabeza y le respondí:

-¿Con el follón que han montado estas cosas? Lo que sea que haya aquí abajo ya sabrrá que venimos.-

La tiradora fue la que se puso primero, mientras que la sanadora se ponía atrás de todo. Yo, por mi parte, me situé justo detrás de la ballestera, con una mano agarrando al divium para evitar que hiciera nada raro. Si le veía tratar de jodernos, partiría sus huesos con la mano como si fueran de cristal, eso lo tenía claro. Repentinamente, la elfa que iba delante indicó que nos detuviéramos, y entre la oscuridad pudimos apreciar a una criatura extraña, yo con más facilidad que los demás gracias a mi visión. Era una especie de hongo, aunque estaba aún bastante lejos y parecía estarse quietecito. El principal problema fueron los gruñidos que se fueron escuchando acercarse rápidamente, los mismos que hicieron que el brillo de mi hacha se fuera incrementando. Venían principalmente por delante, aunque por detrás noté unos pocos más. Girándome hacia atrás pude ver a cinco criaturas. Hacia adelante vi que empezó a aparecer al menos una decena. Estábamos rodeados. ¡Genial! Girándome hacia los elfos, empecé a coordinar una defensa:

-¡Tú, elfa del báculo, ponte entrre tus dos congénerres! ¡Yo me encargo de la vanguardia, vosotrros cargarros a cualquier bicho que se acerque demasiado! ¡De la retaguardia se encargarrá nuestrro amigo, a ver si hace algo útil!-

Tras gritar aquello, aprovechando que llevaba una mano en contacto con el divium, traté de aprisionarlo para lanzarlo hacia la retaguardia, donde cinco de las criaturas aguardaban, cada vez más cerca del grupo. Si el movimiento salía bien, los monstruitos se darían un atracón con él, dándonos tiempo a reaccionar. ¿Qué os pensabais? ¿Que le iba a perdonar la vida a un engendro demoníaco? ¡Já! Tras aquello, no dudé mucho más y me lancé hacia adelante, avanzando al menos cinco metros a la elfa y aguardando a que se acercaran las criaturas. Una vez lo hicieran, les soltaría un barrido del hacha para cercenar a tantas como pudiera y enzarzarme con ellas. Al ser el más fuerte y resistente del equipo, era a mí a quien le tocaba aguantar las cargas. Como venían muchos, mis ataques serían amplios y trataría de abarcar todo el espacio delante de mí para crear un muro letal con mi hacha de mithril. ¡Que pasen si se atreven!
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Björki Gotriksson

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