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La Plaga.

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Re: La Plaga.

Mensaje por Gawain Brisalegre el Vie Sep 21, 2012 1:31 pm

Un auténtico caos había sido manifestado en la taberna. Todos luchábamos o huíamos, intentando sobrevivir. Yo, por mi parte, no me centraba tanto en los demás como en mi tarea y seguridad.

Me movía ligeramente entre los insectos, causando heridas profundas y probablemente mortales con la daga que portaba en mi diestra, pero lo que más me preocupaba es lo que portaba en la zurda. En la siniestra se encontraba el fuego, que no debía soltar si no hasta el momento correcto. De lo contrario, todos arderíamos junto a los seres que nos atacaban, y eso no suena como un buen plan.

Sin embargo, mi atención dejó de estar en mi situación cuando vi al tipo de negro pasar como si nada entre los insectos… ¿Qué clase de brujería…? Eso, eso solo duró hasta que perdió un libro. Un libro que antes portaba y ahora estaba ya lejos de él. Pude entonces ver el dolor más puro, el terror más obvio y la locura más grande que jamás hayan percibido mis ojos.

Del libro salió arrastrándose una criatura que no podría describir con palabras, que no hay vocablo en este idioma como para describir su bajeza, su corrupción. Como un ente demoníaco deforme, como una masa viva de caos… ‘¡Agh!

Los alaridos estaban ahora rasgando mis oídos, no pudiendo si quiera evitar soltar mi daga y la botella para cubrir mis oídos… La botella… ¡La botella! Cuando el dolor amainó vi como las llamas hacían presa de ese lugar, ardiendo todo y todos.

Me giré para ver a la elfa lunar, Valadia, y la saetera Allyndra huir junto con el enano hacia lo que parecía ser el acceso a la bodega. También oí a Valadia gritar por la vida del… ¿divium? ¿Siempre fue un…? Mis dudas quedaron para después cuando tomé la daga y corrí a través del fuego que me rodeaba, quemando algunas partes de mi atuendo y piel…

Entre las llamas cargué al ligero personaje, corriendo de nuevo por la cada vez menos segura taberna hacia donde el enano y las dos elfas se encontraban. Sin duda, confiaba más en dos elfos que en un antropomorfo, y un pirata.
Sin embargo, pronto se oyó el crujido de la madera, y una larga caída…

El olor entró en mis fosas nasales tanto como la pútrida agua y lodo al que habíamos caído… ¿Cuándo fue que me abandonaron los Dioses…? En la caída, había soltado al divium que debió caer por su cuenta en algún lugar. No presté atención a nada si no hasta que limpié ligeramente mi cuerpo, intentando que la peste no me noquease. Fue entonces cuando vi que tanto el piernas cortas, como las elfas lunares y el divium se encontraban… Enteros.

Vi entonces algo que me aterró… Los muros, los muros estaban hechos de rostros… Humanos… Agonizantes… Me acerqué, y pude oír de primera mano sus lamentos, sus súplicas… Me llevé la mano a la boca, en un gesto de disgusto por la situación, y pena por lo que una vez esos seres fueron.

Oí como el enano y la ballestera discutían, aunque yo no prestaba demasiada atención a su conversación, si no que estaba inmerso en mis propios pensamientos, en mi propia lógica. Escuché las palabras de Allyndra también

No vale la pena arriesgarse por ellos’ repetí para mi mismo… ¿Entonces solo estaba aquí por el dinero…? No es reprochable, supongo, al menos no por mi. Pero es cierto, debíamos tener cuidado, puesto que no sabíamos el método de contagio… ¿Contacto, quizá? Sin duda debíamos ir con cuidado con esta epidemia.

Quemarlo todo… Eso sería tratar el síntoma y no la enfermedad…’ Dije, en un pensamiento para mi y para el que quisiese oírlo. Mi sonrisa hacía rato que no era algo que se viese, no era ni la situación ni el lugar.

Sin prestar mucha atención al orden que habían decidido para la marcha, seguí sus pasos de cerca. La ballestera encabezaba, rastreando el terreno en busca de cualquier anormalidad… Bueno, cualquier anormalidad hostil. Después, el enano yendo de la mano del divium… Qué cosas ve uno, cuando se enfrenta a insectos mutantes…

Pronto la marcha se detuvo, al ver una criatura… extravagante. No presté mucha atención al ser en sí, si no a la reacción de mis acompañantes, que sacaban sus mejores armas, y yo imité el gesto. Coloqué el arco en paralelo a mi, y llevé mi mano a las flechas, para tenerlas a mano por si había que disparar.

De repente se oyeron pasos por detrás también, cuando mis ojos discernieron cinco figuras cubiertas por la oscuridad del lugar. Giré mi cuerpo hacia ellos, apuntando ya sí con el arco, cuando vi al divium ser lanzado unos pasos delante de mi.

¡No, no hagáis eso…! Si nos enfrentamos a magia oscura, nos convendrá tener a alguien que sepa del tema’ Dije avanzando unos pasos y poniéndome a la altura del divium, y mirándolo con desaprobación pero sin ánimos de dejarlo a su suerte.

Defiéndete como sepas, porque no voy a poder cubrirte.’ Dije, mientras tensaba la cuerda del arco. Dependiendo de como se desarrollase, quizá debía abandonar la idea del arco y desenvainar las dagas, puesto que dudo que la ballestera, la curandera o el divium decidan lanzarse al combate cercano contra esas cinco criaturas.

De momento, que lluevan flechas.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Sep 22, 2012 1:05 pm

La puerta había cedido ante el envite del engendro. Ésta, pesada y chirriante cayó a plomo sobre algunos de aquellos mutantes que encontraron sin esperarlo, un rápido final. La salida estaba servida, el olor a mar golpeó las fosas de Sanguine, que por una vez, se sintió agradecido de ello. Lejos de prestar más atención a lo que acontecía en el interior de la taberna, siguió combatiendo, matando a golpes a cuanto mutante se interponía entre él, el umbral de la puerta y la calle. Logrando finalmente pasar por aquella muralla de aberraciones, a salvo del calor amenazante que ya casi se había hecho con el local.

Para cuando la tensión de su cuerpo y la adrenalina del momento volvían a su ritmo normal, Sanguine se encontró con que se hallaba recostado en la pared de una casa cercana. Sus ojos estaban fijos en las llamas, casi hipnotizado con sus movimientos sinuosos y danzantes, un engaño que resultaba caro y él lo sabía muy bien. Cuando volvió en si solo tres personas más habían logrado salir de aquél infierno, dos eran la chica, la cual le sugirió la salida, el enano “benefactor” y aquél capitán de aires arrogantes. El resto era probable de que hubieran perecido, algo por lo cual no sintió mucha lástima, menos a repartir.

Por alguna razón las aberraciones se retiraron atemorizadas por calles y callejuelas, quizás como él, habían sentido el miedo de arder, perecer ante el fuego o quizás fuese por aquella actuación de magia negra que no llegó a ver muy bien. De todas formas, era un problema menos, un problema del que Sanguine, ya no tenía que hacerse cargo. El engendro se acercó al grupo que quedaba, allí presenció como el capitán acababa con la vida de uno de sus hombres que ya estaba cediendo a la mutación.

Sanguine sin duda quería marcharse lo antes posible de allí, no obstante, si quería que aquél hombrecillo insignificante le pagase, tendría que dar con una solución al problema o por lo menos saber donde éste escondía el dinero para poder arrebatárselo, pero, quizás por la locura acontecida el hombre ya parecía había perdido toda facultad mental. El engendro avanzó hasta él sin demora, lo tomó por uno de sus endebles brazos y se lo retorció hasta el limite de romper el hueso, no quería causarle un daño severo, por lo menos no de momento, pero si hacerlo entrar en razón.

-Calma señor, será mejor que conserve la cordura y acompañe a nuestro buen “amigo” el capitán a donde le dice- Le dijo en un tono jovial, casi familiar que no pegaba nada con aquél acto de violencia. Sanguine sonreía y eso era bueno, o malo, o como se entendiese. Sus colmillos se revelaron más de lo que él quería, haciendo ver al retaco un peligro más apremiante que cualquier otro de la zona. Cuando dejó bien claro que hacer otra cosa que no era lo que él decía no era buena idea, relajó su garra y soltó el brazo.

-Tendrás que llevártelo con tus hombres, yo voy a buscar al resto y ver lo que ha pasado con ellos.-Lo último era mentira, lo cierto es que había estado escuchando gemidos procedentes de algún lugar y la otra razón es que comenzaba a tener hambre y eso no era una buena señal. Si, buscaría al resto del grupo si podía, pero no precisamente para unir fuerzas, si quedaba alguno de ellos, se alimentaría, de todas formas tenía un comodín.

-Tú, acompañame, algo no va bien y creo que viene de esa torre, quizás el resto se encuentren allí.-Habló a la mujer, señalando hacía aquella torre que podía verse desde la misma calle, un lugar que no daba muy buena pinta, pero sin duda un lugar “tranquilo” para poder actuar a sus anchas. Sin más comenzó a caminar, no sin antes buscar “algo” como arma, la puerta derribada era una buena opción, un pedazo de ella podría proporcionar un garrote improvisado, la pega es que la taberna aún estaba en llamas, el fuego y el humo no eran muy buenas señales para Sanguine, por lo cual, tuvo que descartar dicha opción, algo encontraría por el camino.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Baby Doll el Sáb Sep 22, 2012 7:04 pm

Al carajo. Diana estaba fuera de esta porquería. ¿Por qué habría de molestarse por un pueblo desconocido que obviamente ya estaba perdido? El alcalde era de los pocos humanos que quedaban y Diana dudaba seriamente de si se mantendría así. Además… ¿de dónde sacaría el dinero? El punto era que, ahora mismo, como estaba la cosa ella sabía que corría el riesgo de contagiarse o morir… y esa idea no le atraía nada. Justo iba hacia el capitán, empujando al regordete hombre cuando algo extraño sucedió… tanto ella como el alcalde se detuvieron en seco, observando atónitos como las cucarachas comenzaban a alejarse asustadas, incluso con desesperación. -¿pero qué coño? – preguntó, pensando en que seguramente algo peor debería pasar… más cuando se giró, no solo se asqueo, sino que también sintió pena por el encapuchado que ahora se dejaba ver.

Con horror vio como el libro le era arrancado por una de las cucarachas y segundos después el comenzó a gritar –si es que podía llamársele gritar pues parecía no poder hablar- e intentar arrancarse los oídos. Joder ¿Qué sucedía? Diana no supo exactamente porque, pues aquel grito ensordecedor era audible para el extraño solamente… quizá los elfos pudieran escucharlo muy bien, pero para una humana de sentidos comunes, no entendió los gestos de desagrado y dolor. La cosa se puso más fea cuando una criatura salió del libro abierto, arrastrándose –no se usted, pero yo me largo de aquí- dijo mientras avanzaba hacia la puerta. Los gruñidos de la criatura le hicieron helar la sangre y detenerse en seco, girándose a ver como el ser demoniaco se arañaba el pecho y luego saltaba sobre el encapuchado y dejando ver al divium. –mierda…- dijo Diana creyendo entender un poco de lo que sucedía; el chico tendría que ser alguna clase de invocador o mago oscuro para que aquello fuera posible. ¿Cuántas veces sus pequeñas invocaciones le habían atacado así como ahora el libro hacia? Justo cuando avanzaba hacia él, el enano se adelantó dejando caer el hacha y Diana pudo notar las costuras desgarradas al abrir la boca con un grito, desgarrando la piel. La humana casi podía sentir el dolor del divium, así como la sorpresa y la furia de ser atacado por su propia creación o magia…

Casi avanzaba hacia el de no ser por las llamas que ahora se propagaban -¡Estúpidos!- grito con furia antes de lanzarse a la puerta con todo y el alcalde. Ambos cayeron a tropezones, ayudados por el ser junto a la puerta que la había abierto con rapidez. Dio gracias por tener la ayuda de al menos dos compañeros pues no sabía que haría después. Seguramente, huir…
El grito del tabernero resonó aun fuera de aquella taberna y Diana sintió realmente tristeza por él. El morir así era una forma horrible a su parecer… tratando de acallar esos gritos que jamás dejarían su mente, miro al capitán, luego a la criatura que iba con ellos. Asnito pensando en que era correcto llevarlo a resguardo, antes de decir en voz alta –opino que lo encierres en alguna celda. No se ofenda alcalde, pero si usted está infectado no me gustaría que la tripulación del barco se perdiera… además si le da por huir de este infierno no podrá. Sinceramente, si morimos todos aquí, que muera el también. – Aun con la espada en mano, suspiro, a punto de frotarse el rostro se dio cuenta de que sería mala idea. Infecciones… maldijo para sí misma antes de escuchar al alcalde quejarse. Levanto la vista y gruño cuando vio como el… lo que fuera amenazaba al hombre. Se acercó hacia él, mientras sostenía la espada en alto –eehh tú… pensándolo bien, tienes razón. Si este sujeto decide no moverse al barco con el capitán, no podré hacer nada contra… este señor que amablemente le ha pedido que nos siga. En cambio, si va con nosotros – ella sonrió amablemente – el alcalde podría tener algo de bebida y comida un rato, sin necesidad de enfrentar a las criaturas malévolas que han tomado su pueblo… - lo observo, intentando convencerle de ir con ellos… las llamas dejaron ver un espectáculo horrendo. Diana giro el rostro a mirar a aquel hombre clavado en la pared, agonizante, convirtiéndose en un monstruo. Jimmy... ahora lo entendia. Desvió la mirada con una mueca de tristeza, sabía lo que era perder a alguien que era parte del equipo. Escucho el susurro y cerró los ojos ante lo que dijo el capitán. Tomo aire antes de mirar al hombre, sonreírle suavemente y decir –descansa en paz- la cabeza del hombre se desprendió con un ruido pegajoso, que Diana sinceramente odiaba. Puso la mano sobre el hombro del capitán, asintiendo –estará bien ahora… - como una muestra de respeto y condolencia. Acto seguido, se giró al antro que pedía… no, mejor dicho ordenaba algo. Se giró sin guardar la espada, nunca la guardaría estando ahí mientras arqueaba una ceja.

-¿disculpa? ¿Tengo cara de ser estúpida o inexperta? Opino igual que tú, algo no está bien en aquella torre, pero si crees que voy a ir tras un sujeto que tiene la boca más grande que un marinero ebrio en un burdel a una torre siniestra… definitivamente tenía razón sobre ti, estás loco. En cambio, pienso ir con el capitán al barco, dejar al querido alcalde… y, si el gusta ir con nosotros. Realmente creo que ahí podría haber algo… -levanto la vista hacia la torre, habían avanzado lo suficiente como para acercarse al área de los barcos –quizá gente capturada… o con suerte, el villano causante de todo esto… uno que sea débil y podamos matar –oh si, se vale soñar. Ella observo un segundo la torre, antes de pasar la mirada a capitán –creo que podríamos ir los tres ahí… estoy dispuesta pero… necesitamos al menos ser los tres. No dudo de las fuerzas del señor “uargg te morderé si no me escuchas” – dijo señalando a Sanguine –pero… las cosas aquí están muy feas… – Miro a Sanguine, suspirando. ¿Qué o quién era esa criatura? No había dicho nombre y tenía toda la pinta de ser alguna clase de sub orco mutante. De cualquier manera, decidió que era mejor hacerse su aliada –escuchen… el pago ahora mismo no me es de gran interés. Esta gente no merece sufrir así… entonces… Mi parte se la pueden quedar siempre y cuando seamos amigos- sonrió con amabilidad, si bien, no tenía su lealtad aun ganada… quizá pudiera comprar un poco – creo que los tres haríamos una buena alianza, solo… Hay que saber cuidar las espaldas.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Jue Sep 27, 2012 3:56 am

Un banquete servido a las luces de las velas, con variados y deliciosos manjares, el vino servido en altas copas de cristal, la platería brillando con reflejos de las velas. Un banquete de dioses, platos y suculentas viandas para el deleite de los comensales. Tres figuras se alzaban alrededor de la opulenta mesa de madera, voces que se confundían en la más oscura penumbra, el goteo del agua por los muros negros, la humedad que se elevaban desde los charcos infestos de muerte. Un pincho sostenido por una mano femenina, tersa y pálida, se incrusta en la carne para llevar un trozo de esta a su plato, cuchillo de oro, tenedor de plata, riquezas que hasta los reyes envidiarían. Pero el banquete no es lo que parece, cuerpos humanos servidos como suculentos manjares, cabezas que sirven como cuencos para la sangre, a medio coagular, de los cuerpos decapitados. Sonrisas de afilados dientes, la carne es cortada, un pequeño brazo es devorado, mientras otra mano abre el vientre de la madre y pareciera escoger entre aquellas formas ovaladas el más suculento cráneo. Infantes no natos, que como delicias son saboreadas por lenguas negras y repugnantes. La mujer habla, llegando al éxtasis, al nirvana, la carne pareciera desprenderse de los diminutos huesos, mientras fémures son rotos y succionados para lamer la medula, restos son arrojados al suelo, donde mil y unas bestias los devoran con suscitada desesperación. Risas que hacen eco en aquel inmundo lugar, mientras ojos contemplan a los señores en las sombras. Golosinas hechas de la grasa de hombres y mujeres son devoradas, golosinas para seres inhumanos.

-Delicia… éxtasis… suculentos manjares… ¿Quién pensaría que los hombres y mujeres supieran tan bien? *mientras un nuevo trozo de carne era arrancado del hueso por aquellos afilados dientes* la carne se desprende de los huesos como si fueran pétalos de una flor venenosa…-

-Pobre de esta mujer… que solo piensa en el placer de cada uno de los pecados… *tomando la lengua abultada de uno de los platos y cortándola como si jugara* ¿el amo no vendrá?-

-Si el amo… *son inusual fervor* lo deseo tanto… ya no me toca como antes *pasando sus garras por las profundas cicatrices en su carne* aun mi carne arde… arde por su suave toque…-

-El amo vendrá cuando lo crea necesario *tomando uno de los fémures adultos y triturándolos entre sus garras* ahora… asuntos más importante nos aguardan… ¿tus pequeños la han traído? *mirando a la mujer que parecía disfrutar de los labios de una mujer sin ojos*-


-Si… la han traído… esta en el foso, la han arrojado ahí con el amo… cuanta envidia le tengo, sola con el… sola para mirarle y acariciarle…*atrapando los labios con sus dientes y arrancándolos de un golpe*-

-Como siempre… *masticando un trozo de lengua* por cierto… ¿Qué haremos con esos indeseados? *apuntando con el tenedor al otro*-

-Los aldeanos se encargaran de ellos… y si por algún milagro sobreviven… *triturando otro hueso entre sus fauces* supongo que no tendrás problemas en dejar de comer golosinas y actuar tu-

Lejos o quizás no tanto, el grupo de elfos y enano caminaban lentamente en la oscuridad. Las sombras tenían secretos que solamente eran de ellas y no estaban dispuestas a dejar que nadie se enterara, algunas palabras fueron dichas hacia los rostros, quizás palabras demasiado inhumanas o desalmadas para las razas que amaban la belleza y lo natural, pero que importaba, cada uno había escogido sus acciones … mas … ¿Qué hubiera pasado si hubieran obrado diferente … pero extrañamente, el más rudo de todos se acerco a los rostros, estos le miraron suplicante, mientras el más anciano con una larga barba de líquenes comenzaba a hablar rasposamente.

-Ya hace tanto que no vemos el sol… solo oscuridad… y muerte, en este lugar hay muchas bestias, demasiadas… hay nidos… eran aldeanos como nosotros, pero tomaron otro camino con la plaga… *mirando a los ojos del enano* tengan cuidado con ellos… hay algo peor aquí dentro… las bestias les temen… algo muy oscuro *cerrando lentamente sus ojos* dame la muerte… estoy tan cansado de vivir así-

El enano levanto su hacha y de un rápido movimiento corto el rostro, el cual se marchito antes de llegar al agua, desapareciendo en estas… los elfos… bueno… al parecer a veces se comportan demasiado humanos, mucho más de lo que desearían en sus existencias.

Pasos entre aquellos muros húmedos y oscuros, una vista que traspasaba las brumas de la oscuridad para mostrar los horrores que se ocultaban en aquel lugar. La primera en ser testigo no era más que la elfa asesina, quien con temple de acero parecía guiar el grupo, tomando las riendas de aquel variopinto y porque no decirlo, más que extraña aglomeración de existencias. ¿Una planta? ¿Un monstruo?, quizás ambos o quizás ninguno… ya que la distancia que les separaba no dejaba ver con exactitud que era o a que se enfrentarían…. Pero no estaban solo, sonidos de chapoteos, gruñidos y ecos que resonaban contra los muros. Ojos que miraban atentos el acontecer entre la oscuridad. Bestias que alguna vez fueron humanas, bestias que ahora su mente estaba tan corrupta como un demonio, adelante y atrás, buscando alimento donde solo podredumbre y desechos existían, pero oh que gran sorpresa, alimento fresco ante ellos, alimento suave y jugoso, carne suculenta. El enano fue el primero en actuar, sin piedad, sin humanidad, sin honor y tan solo un ideal tomo con fuerza al divium, este no se defendía, algo se había quebrado en su mente, algo había sido arrancado de su ser y ahora tan solo era un cascaron con vida… ¿era valioso? …. Tal vez… ya que aun tenia vida. Si bien su acto no mostro ningún remordimiento, el elfo se acerco y se coloco al lado del divium, sus palabras aun cargaban algo de esperanza… ¿esperanza? Qué extraño… cinco criaturas se movían entre las sombras, el elfo tenía su cuerda tensa y un proyectil listo para repartir muerte… pero… ¿y el enano? Este había ido hacia adelante, dejando solo al elfo y divium, una sentencia de muerte muy segura.

La primera en atacar fue la cazadora y asesina, su arbalesta, arma de por si tenebrosa descargo su potente proyectil, era natural que cualquier ser que se atravesara con este terminaría irremediablemente empalado y aun mas, de seguro se llevaría a alguno de sus compañeros, le pesado proyectil recorrió en un parpadeo la distancia que les separaba de su presa, no fue más que un golpe seco y después el sonido de algo cayendo a la fría humedad del túnel. El proyectil no solo había empalado a su presa, si no que la había impulsado bastantes metros hacia atrás, terminando con su vida en horribles espasmos. Un arma terrible había usado, pero debía de tener cuidado, ya que su peso ahora haría que le fuera difícil moverse y poder usar las ballestas de su propiedad y más aun con aquellas bestias enfurecidas acercándose. La otra elfa con arma en mano se encontraba en medio del grupo, no era una guerrera ni tampoco una hechicera que lastimara, por lo que tan solo podría defenderse, cosa útil si en algún momento se veía rodeada y con sus compañeros muertos y devorados. El enano salto por entre las elfas y blandiendo un hacha blanca como la nieve dio su grito de guerra, era un enano, era un guerrero, era un descendiente de las poderosas y eternas rocas, el hacha fue blandida y como si cortara la más delicada de la carne, uno de los brazos de esa bestia salió volando, gritos y aullidos de dolor y de furia, el enano estaba listo para rematar la criatura con un corte descendente cuando algo largo se enrollo en el mango del hacha, una lengua pegajosa y extensa, después otra más se enrollo en su cuello y otras en sus pierna, por muy fuerte que fuera el enano ahora se iría a tierra, como si fueran controladas por otro ser, las tres bestias se movieron hacia adelante, llevando a la rastra al enano por las infectas agua, y sumergiéndolo en la oscuridad, el enano maldecía cuando podía, ya que cuando no tenía la boca llena de agua repugnante, podría liberarse con facilidad, pero con cada segundo era arrastrado mas en esos túneles, alejándose del grupo.

El elfo disparaba sus flechas a los puntos luminosos que se veían en la oscuridad, ojos de bestia, había lanzado ya tres , pero por la dificultad de luchan en aquella situación, tan solo había dejado tuerto a tres de las bestias, las otras dos habían retrocedido algo, pero el elfo debió de dar un salto hacia atrás cuando vio dos largas y pegajosas lenguas salir de la oscuridad y atrapar al divium que parecía estar atrapado en sus pensamientos y ni un musculo movió, tan rápido como habían surgido estas desaparecieron llevándose al joven, a la oscuridad y tan solo el sonido del chapoteo como señal de su rumbo, ahora el elfo estaba frente a tres bestias, y retrocediendo algo sintió la espalda de la elfa, al parecer el grupo se había reducido a tres de su raza … mala cosa realmente, ya que ahora se enfrentaban a siete bestias, tres a sus espaldas y cuatro que no dudarían en devorarlos completos.

En la superficie era otra la historia, después de la muerte de Jimmy, el capitán ahora dirigía al grupo hasta su navío, en aquellos momentos era el lugar más seguro de toda la ciudad o por lo menos eso esperaba, caminando por calles iluminadas tan solo por la luna, el capitán aun tenía su mano en su espada, no deseaba una visita inesperada y de cierta forma hablaba para sí mismo cada cierto tiempo, mascullando por la pérdida del licor o por algo tan trivial como que no había salvado ni un barril de ron. Después de varios minutos en relativa calma, por fin la silueta de la espada se pudo ver, negra y oscura sobre el agua, el capitán sonrió ampliamente casi aliviado, con paso más tranquilo avanzo hasta esta, habían luces desde el interior, subiendo por una tabla utilizada como puente llego a la cubierta y sus ánimos mejoraron notoriamente, ya que movió su cuello haciéndolo crujir al acomodarse sus vertebras. Sobre el agua una extraña bruma se levantaba, rodeando el navío, de cualquier modo el capitán sonrió alegremente, en ese instante una figura alta y oscura se pudo ver en la parte superior de la cubierta, al lado del timón, su apariencia no era demasiado agradable, largos brazos, un rostro deforme y colmillos afilados como sus garras, llevaba un pantaloncillo desgarrado y un pañuelo rojo oscuro en su grueso brazo, un gruñido ronco hizo que todos se giraran hacia la bestia, la cual había saltado hacia el capitán y ahora corría hacia él, el capitán pareció haber sido tomado por sorpresa cuando fue agarrado casi en un abrazo de oso entre los poderosos músculos, lo que hizo que todo el aire fuera vaciado de sus pulmones. La mujer había sacado sus armas, lista para defenderse de aquella bestia que de seguro debía de ser alguno de los aldeanos mutantes, pero el capitán dio una carcajada mientras era soltado en la cubierta nuevamente.

-Hahahahaha … *mirando a la bestia* casi me mata de un maldito susto *levantando su puño amenazante y dándole un golpe al vientre de la bestia quien apenas se inmuto* le pediría que guardara sus armas si fuera tan amable bella dama, no es de mi agrado que amenacen a uno de mi tripulación en mi propio barco* el rostro en esos instantes de la aventurera debería de ser épico, pero el capitán sonrió* le presento al señor Smith, artillero de primera clase y uno de los hombres o antropomorfos en los que más confió-

-Pedir disculpas, no estar acostumbrado a estar sin capitán mucho tiempo, el salvarme vida, yo debérsela *mirando al capitán* capitán, todo en orden como pidió, los hombres estar abajo preparando todo para su señal, estar armados-

El capitán invito a la mujer y al pequeño hombre a bajar de la cubierta, el ambiente dentro era algo más hogareño de lo que se podría decir, hombres curtidos por el mal, antropomorfos entre ellos, la mayoría con rasgos humanos, pero otros como Smith, no poseían tantos. Aunque era una tripulación pirata había cierta camarería, únicamente obtenida por sobrevivir a las situaciones más peligrosas y luchar hombro con hombro. El capitán miro a la tripulación, todos armados ante un posible ataque.

-¿Como están los hombres en las celdas? *rápidamente pregunto a quien parecía el segundo al mando*-

-Hasta ahora capitán, se encuentran bien, sus heridas han sido atendidas y no se ven rastros de la plaga en ellos… al parecer no se contagia por las heridas-

-Bien … por ahora el señor alcalde *agarrándolo del cuello de sus ropas al pequeño y dejándolo frente a sus hombres* será nuestro invitado hasta que se nos pague por el trabajo *un murmullo se escucho entre los tripulantes* he dado mi palabra de honor que encontraremos el origen de esta plaga, además … ya se han bebido uno de los barriles de ron es de suponer … no es posible ahora retractarnos*mirando a sus marineros* ¿Dónde está Hisk?, ¿aun no llega?-

En esos instantes una bola peluda entro por una de las ventanas, con una larga cola pelada y carente de cualquier pelo, la bola peluda no era más que un ratino, el cual olfateando el aire miro con cierta sonrisa malévola al grupo, diciendo entre dientes “Hisk lo hizo y ellos no”, rápidamente corrió con su metro de estatura hacia el capitán entregándole un pergamino sucio y algo roído riéndose maléficamente, el capitán desenrollo el pergamino y sonrió satisfecho, era el mapa de la ciudad, trazado por la propia mano del ratino.

-Bien hecho señor Hisk, recuérdeme darle una recompensa si salimos vivos de esta *El ratino solo se acariciaba sus manos como un ser maléfico, aunque esto era común en todos los de su especie, rápidamente el capitán se giro hacia la mujer* en estos momentos tenemos un plano de la ciudad, muy útil si queremos saber como a actuado la plaga y como detenerla o eliminarla si nos es posible … es verdad que ahora puede que el dinero ni la recompensa muevan sus intereses y es respetable tomando en cuenta la situación, pero ahora debemos de seguir, por lo menos yo tengo un asunto de honor y orgullo … por otro lado, que mejor que aprovisionarnos antes de salir hacia la torre … puede sacar el arma que prefiera de la armería *señalando un pasillo y una puerta* encontrara algunas armas muy útiles … o quizás algún explosivo, no sé lo que realmente desean en estos tiempos las damas-

Pocos instantes después de que el capitán hubiera vuelto a cargar sus armas y tomado el mapa, un sonido ronco se escucho, el capitán lo reconoció como al voz de Smith y rápidamente sin esperar a la mujer y acompañado de sus marineros subieron a la cubierta, sobre esta cerca de una veintena de pequeñas criaturas estaban armadas con lanzas rudimentarias, parecían peces mutados o algo similar, sus fauces llenas de dientes y mala actitud.

-¡¡¡MALDITOS!!! COMO SE ATREVEN A ABORDAR MI BARCO…SEÑORES… ES HORA DE SACAR LOS DESPERDICIOS.-

¿Pero qué había sucedido con el antropomorfo? Ahora se encontraba caminando solitario por entre las callejuelas, mal lugar para esa ciudad, especialmente con la plaga, sus ojos acostumbrados a la poca luz pronto distinguieron una abandonada herrería, la fragua estaba fría, abandonada ya hacía mucho tiempo por el herrero, pero aun con armas colgando desde los muros y el techo, más que útil para esos momentos. El antropomorfo entro a ese lugar y rebusco entre las armas alguna apta para sí, una espada era algo demasiado incomodo, ni hablar de una daga que parecía un juguete en sus manos, el necesitaría algo digno de él, algo con lo que destrozar a un enemigo sin piedad. Después de minutos buscando entre barras y restos de acero y metal, pareciera que la había encontrado. Pero un nuevo sonido le hizo girarse, el sonido de una espada cayendo, rápidamente se volvió para encontrarse con una enorme mole de carne que le miraba directamente a sus negros ojos, al parecer el herrero no había abandonado realmente su trabajo, un grito proveniente de su vientre hizo que el bebedor de sangre contemplara una segunda boca llena de dientes con hambre, el herrero levanto sus brazos que aprecian dos pulpos llenos de tentáculos y con furia golpeo el lugar donde había estado anterior mente el antropomorfo, el cual por suerte se había lanzado hacia un lado, impactando contra uno de los muros. Debido al golpe varias de las espadas que colgaban en el techo cayeron, haciendo retroceder a la bestia, la cual gemía tanto con su pequeña cabeza como con su vientre. El antropomorfo debía de luchar por su vida… si es que realmente deseaba poder ver nuevamente el nuevo día. Cada acto tiene sus consecuencias y a veces la soledad trae consigo los más terribles sufrimientos.


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Re: La Plaga.

Mensaje por Allyndra Naëlia el Mar Oct 02, 2012 3:38 pm

La situación era más complicada de lo que en un principio había adelantado. Si bien, adentrarse en unas cloacas o catacumbas repletas de rostros en pena por las atrocidades de esta plaga había sido un acontecimiento aturdidor para los sentidos, ahora tener de frente a un grupo de bestialidades como este no era nada alentador.

Había divisado a al menos cuatro bestias con forma de can infernal, los mismos que proferían los gruñidos que había detectado antes. Por otra parte, a las espaldas del grupo había aparecido otro conjunto de bestias las cuales no pude contabilizar por mi posición. Era raro para mi estar en esta situación, en una caverna sumergida en asquerosas eses fecales y agua marina estancada. Estaba enfurecida por todo y con todos ya.

Sin esperar un segundo de duda me dispuse a disparar mi poderosa arbalesta. La gran saeta sería suficiente para acabar con una de esas bestias en un abrir y cerrar de ojos. Solo había tenido que apuntar entre sus grandes y luminosos globos oculares y en un instante su cuervo yacería en l suelo varios metros atrás por donde había venido. Sus penosos gemidos de dolor y agonía silenciaron segundos después del disparo, indicándome su muerte por causas naturales... pues era natural que muriese tras ver su cien atravesada por una enorme saeta.

Excelente... sienten dolor y mueren...

No pude recibir mejor noticia en ese momento. Tenía mis dudas sobre si las bestias, tan deformes como podía observar, sintieran alguna clase de dolor o si estas podrían morir con medios convencionales. Las respuestas fueron favorables en ambos casos, por lo que reí anticipándome a la victoria.

Solté mi arbalesta, no la necesitaría más teniendo en cuenta que re cargarla sería complicado y su peso sería más un estorbo. En vez de eso me dispuse a sostener ambas ballestas de mano, las cuales ya estaban preparadas para el combate. Después recuperaría mi gran ballesta. Sin embargo, en un arranque frenético de aquellos que caracterizan su raza, el enano que nos acompañaba se abalanzó a la delantera tras arrojar a la retaguardia al divium torturado. Su movimiento fue muy veloz por lo que simplemente hice a seguir sus movimientos con la mirada. Estaba claro que su resistencia sería más útil en la delantera y no le iba a objetar, le apoyaría desde la retaguardia.

Sin esperar a que el enano asestara el primer golpe sostuve la ballesta a mi diestra y apunté directamente a la planta que mis ojos habían divisado mucho antes que al grupo de bestias. Los canes avanzaban enfurecidos hacia nosotros, pero tendrían que pasar al lado de esta planta si quería llegar hasta nosotros pues el camino era recto. Estaba segura que aquella no era un simple planta decorativa pues su aspecto se asemejaba a las plantas carnívoras de varios bosques del este, y si además eran ponzoñosas serían un peligro inmediato para los canes. Después lidiaríamos con ella.

Muéstrame tus pétalos y tus espinas...

Dije justo al momento de halar el gatillo de la ballesta disparando una sola de las tres saetas disponibles. El impacto iba bien dirigido al centro de la planta con la intención de que esta reaccionara. Si poseía alguna clase de inteligencia esta tendría que ser instintiva, y si era así sus primeros objetivos serían las bestias en movimiento junto a ella, por lo que nos ayudaría si de casualidad acababa con una o dos. Ya lidiaríamos con ella más adelante.

En un extraño acontecimiento, el enano fue arrojado al suelo tras ser sujetado por lo que parecía una lengua con ventosas muy pegajosas. Extraño no por el hecho en sí de que había aparecido un miembro tan extraño prácticamente de la nada, mas bien extraño por el hecho de que pudiera arrojar al suelo a un enano tan macizo como él y después le arrastrara hacia las profundidades con relativa facilidad. De haberme sujetado a mí o a algunos de mis congéneres seguramente nos habría roto un hueso o dos.

No pude si no simplemente lamentar el hecho de que me había quedado sin escudo de carne, pero no podía distraerme en aquel momento por más que quisiese auxiliar al amante de las rocas. No sabía aún la reacción de la planta ni cuantas bestias quedaban de pie por lo que fije mi atención en esa escena y, manteniendo ambas saetas en posición de ataque, disparé toda la carga de ambas armas en dirección a los mutantes. Eran cinco potentes y veloces saetas a una distancia relativamente corta, por lo que más de uno se vería afectado por mi ataque. Aún así no podía confiarme. Retrocediendo un paso hasta sentir el cuerpo de Veladia optaría por tomar una posición fetal manteniendo la vista hacia el frente atenta a mis enemigos.

Tras mi ataque múltiple mi intención sería la de guardar las saetas y prepararme para la envestida del o los canes sobrevivientes optando una posición fetal manteniendome en cuclillas, posición perfecta para arrojar los diversos cuchillos ocultos en mis ropajes en un solo ataque múltiple a corta distancia, para un mayor daño.

Malditas bestias... ojos en el objetivo, no en el horizonte - dije esperando que Veladia escuchara mis palabras y comprendiera que no era necesario preocuparse por aquello que no tenemos en frente.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Björki Gotriksson el Mar Oct 02, 2012 6:44 pm

Las palabras del rostro en la pared me llenaron de lástima. ¿Cuánto tiempo deberían llevar ahí? ¡Eso no era una muerte digna ni era nada! A diferencia del divium, aquellos seres sí me instigaban algo más que asco. Me instigaban pena. Sin embargo, me dediqué a escuchar en silencio sus palabras. Al parecer, en aquél lugar habían muchas criaturas, y lo que me hizo sonreír, nidos. Si destruíamos los nidos lograríamos atajar buena parte del problema de la plaga. También me quedé pensando en lo que dijo acerca de las bestias. ¿Algo a lo que temían? Debía tener mucha importancia en aquél lugar... Y habría que acabar con su vida. Cuando acabó, unas palabras salieron de mis labios, dirigidas al rostro:

-Grracias por la ayuda... Como me has pedido, aquí llega tu muerte. Descansa en paz, humano. Ojalá pudiera daros esta piedad a todos... Nadie merece acabar así.-

Alcé el hacha y la descargué sobre aquél rostro, el cual murió rápidamente. Los elfos, sin embargo, parecía que seguían enfrascados en su interesante debate... Idiotas. Aquellos rostros podían brindarnos información y ellos se dedicaban a tratarlos como si fueran simple decoración. Pero bueno, al menos yo me había informado. Solté aire por la nariz, en señal de hastío. De por sí, la situación era bastante mala. Me encontraba en una alcantarilla maloliente, rodeado de orejas picudas, viendo los rostros de lo que antaño fueron personas, y para más inri, tenía una abominación divium en el lugar. De por sí los divium me caen mal. Los enanos no hemos olvidado aún la guerra de los cielos, y encima aquél divium ejercía una magia impura y profana... Mi hacha informaba bien de ello cada vez que la acercaba a él. Afortunadamente, al perder su libro perdió también su poder. Ahora era una carcasa vacía. Matarlo sería hacerle un favor. Y de paso ayudaría a que me sintiera menos incómodo por aquellos que me rodeaban. Ya solo tendría que aguantar a los orejas picudas, y no a los orejas picudas y a un pollo insolente.

Finalmente nos pusimos en camino, dejando que la elfa ballestera fuera en cabeza, aunque yo me mantenía casi a su altura, llevando al divium agarrado. Parecía que fuera mi prisionero, y no se alejaba de la verdad. Recordaba lo sucedido en Dullahan, y si de por sí mi cariño por los hechiceros fuera inexistente, mi relación con los oscurantistas en aquél momento era de odio puro. Después de cómo había actuado ese divium en la taberna solo pude pensar que había que cargárselo antes de que pudiera encontrar otro libro y empezar a jodernos.

Al cabo de un rato de andar y chapotear en aquellas aguas llenas de mierda finalmente llegamos a un lugar donde avistamos a una extraña criatura. Parecía una planta, pero teniendo en cuenta que estábamos en un lugar como aquél sabía bien que podría ser peligrosa. Y aunque no lo fuera, nunca me han gustado las plantas. Finalmente, a nuestros oídos llegaron los ecos de gruñidos y pasos. Mi hacha brilló con más intensidad. Aquellos ruidos sonaban tanto a nuestra espalda como delante nuestro, y aquello significaba que pronto tendríamos problemas. Mi primera reacción no se hizo esperar, y agarrando al divium lo arrojé contra la retaguardia. Dejaría que esas criaturas se lo comieran para que nos dejaran en paz. Era un mago oscuro, así que no merecía piedad alguna. Solo la muerte más lenta y dolorosa posible. Si no se la había dado era por “respeto” a la hechicera elfa. Y aún así, el ver que poseía el dominio de la magia no era algo que me tranquilizara. Pude escuchar los gritos del explorador elfo, el cual decidió cubrirle, y con voz tronante le respondí:

-¡Conmigo tenéis más que suficiente! ¡Si nos enfrrentamos a magia oscurra necesitamos a alguien que sepa combatirla, y en los últimos tiempos he matado a más magos oscurros y a sus engendrros que a otrra cosa! ¡Deja que se lleven a esa alimaña y acércate a tus dos congénerres!-

Malditos elfos... Si había algo peor que un elfo solar era un elfo que tuviera trazos de comportamiento humano. Tal vez no despreciaban tanto a otras razas, pero se fijaban metas idiotas en lugar de pensar por un momento. Empecé a pensar que debería haberme ido con el capitán pirata... Aquél hombre parecía mucho más apto para llegar al fondo de la cuestión que los elfos. No habían aprovechado para sacar información de los rostros, se habían puesto a discutir sus escrúpulos cuando nos los topamos y para más inri, debatían sobre qué podíamos hacer con el divium. La que parecía mejor preparada, para mi desgracia, era la asesina elfa. Asesinos... Elfos... No me gustan los asesinos, y a ningún enano le gustan los elfos. Se notaba que la única vida que le importaba era la suya. Mi pensamiento era más pragmático. Había que acabar con lo que fuera que estaba afectando aquella ciudad y había que evitar que se propagara por el resto de Noreth. Y si aquella misión acababa llevándose por delante a los elfos y me daba una muerte épica mucho mejor.

Me lancé hacia adelante cuando vislumbré a la primera criatura atacante, y rugiendo un grito de batalla enano salté hacia adelante. Mi primer ataque cortó limpiamente un brazo de una de las criaturas, y de haber tenido oportunidad la habría rematado, pero en aquél momento algo se enroscó en mi hacha. Iba a dar un tirón cuando algo me atrapó el cuello, y noté cómo me lo oprimía. Por último, algo me tiró al suelo, y las criaturas me arrastraron a la oscuridad. Empecé a insultar a aquellos seres en mi idioma natal cuando no se me llenaba la boca de agua fétida, la cual escupía rápidamente.

Había llegado ya a una sala distinta cuando finalmente vi mi oportunidad tras mucho revolverme. De un fuerte giro, hice que las lenguas de las criaturas se enroscaran más, y entonces agarré con el brazo libre la lengua de la criatura, mientras que con el otro empecé a tirar. Un movimiento rápido y le arranqué la lengua, lo que hizo que la criatura chillara de forma extraña mientras retrocedía unos pasos. Sonriendo, y empuñando por fin el hacha con ambas manos, aunque aún me llevaban, grité con furia:

-¡Baruk Khazâd, hijos de puta!-

El primer tajo se lo llevó la criatura que me tenía agarrada por el cuello. Fue un ataque con la parte posterior del hacha, y de un solo impacto el pico se clavó en su cabeza, abollándola y medio reventándola por la potencia. Tras eso, lancé un último tajo a la lengua que trataba de inmovilizar mis piernas. La cercené limpiamente. Levantándome, di un giro completo sobre sí mismo con el hacha extendida. Los sonidos que escuché me resultaron muy agradables. La criatura a la que le había arrancado la lengua soltó unos gorgoteos de dolor mientras sus tripas se derramaban por el suelo, lo cual acabó llevándole la muerte. La otra lo tuvo aún peor al estar más cerca. Escuché un grito desgarrador mientras veía cómo el filo de mi hacha entraba por su cintura velozmente y finalmente la criatura cayó al suelo, cortada en dos mitades.

Escupí al suelo y gruñí, mientras seguía en posición de combate. Ahora que había matado a aquellas criaturas, era momento de observar los alrededores y ver cómo de jodida estaba la situación. Sabía cómo volver al grupo de elfos, pero estaban bastante lejos, y tenía la impresión de que las criaturas de aquél lugar no me dejarían volver a ellos. Así pues, escudriñando mis alrededores, los cuales incluían el techo y el suelo, me dediqué a escuchar y a quedarme quieto un poco mientras agarraba firmemente mi hacha. Viniera lo que viniera no me pillaría desprevenido.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Gawain Brisalegre el Sáb Oct 06, 2012 12:22 am

Los puntos luminosos en medio de la oscuridad fue la mayor desventaja de esas criaturas. Bastaba con observar los ojos, apuntar y disparar a ese pequeño blanco brillante. Aún en completa oscuridad, podía acertar gracias a ello, clavando una flecha a cada uno de los tres monstruos y cegándolos de un ojo, pero haciendo que el otro aún estuviese abierto en pos de no perder su brillo como referencia.

Cuando el divium cayó a mi frente lanzado por el enano, mi primera reacción fue intentar evitar perder un miembro del grupo por nada, pero sin embargo, no estaba lo suficientemente loco ni compasivo como para que, una vez él se dejó capturar por los seres que nos atacaban, yo me lanzara en intento vano de ayudarlo. Por el contrario, una vez fue atrapado, todo lo que pude y quise hacer era retroceder en busca del apoyo del grupo, mientras observaba y disparaba a esos puntos luminosos que se movían por la oscuridad.

Retrocedí caminando de espaldas, mientras llevaba mi mano al carcaj y apuntaba para herir al resto de los seres que me encaraban amenazantes, protegidos por el manto de oscuridad. No sabía que tan efectivas estaban siendo mis flechas, pero sí sabía que ellos estaban desorientados y heridos, por lo que si bien más furiosos, también debían estar confusos y yo aprovecharía eso para seguir el hostigamiento.

Pude notar mientras retrocedía y lanzaba un vistazo fugaz a mis espaldas como el enano ya no estaba con nosotros, y solo quedábamos allí Allyndra, Valadia y yo. La situación no me gustaba para nada, pues aún en la oscuridad, mi oído podía captar que estábamos en inferioridad numérica, y si bien no dudaba de las capacidades de la asesina para hacer su trabajo, enfrentar cara a cara a seres de esta índole no creo que fuese su punto fuerte. Además también estaba Valadia que aunque apreciaba infinitamente tener a alguien con capacidades curativas en esta situación, su fuerza ofensiva seguramente era mínima… Y ahora, habíamos perdido al enano y al divium…

Sin embargo, no tenía intención de rendirme fácilmente, y esperaba que mis camaradas tuviesen el mismo espíritu. Decidí disparar una ráfaga de flechas que, si bien no tan precisas o con tanto rango como un disparo bien medido, apenas llevaría tiempo y podía ahorrar tiempo para los siguientes. Observé antes de preparar el ataque como uno de los puntos brillantes se movía erráticamente, sin embargo no lo suficiente como para resultarme un blanco imposible y así, disparé una flecha a uno de ellos, golpeando al lado izquierdo de su ojo y provocando un alarido de dolor el cual, según pude ver, llamó la atención de sus congéneres que se reunían a su alrededor, incrédulos.

Una segunda saeta a la misma zona y el consiguiente grito, pero no fue hasta el tercer impacto que la luz de su ojo se cerró definitivamente, para caer con un sonido estruendoso, y el escándalo por parte de sus compañeros, que se encontraban furiosos y seguramente atacarían en breve.

Esperaba que entre los tres pudiésemos salir íntegros del lugar, sin embargo el lienzo no pintaba especialmente bien para nosotros, y menos encarando a semejantes seres. Aun así, la cuerda del arco solo se destensaba para preparar el siguiente proyectil, y no sería yo el que se rindiera sin haber intentado todo.

Estaba preparado para el siguiente embiste, con mis ojos fijos en el resto… Y deseando terminar pronto, puesto que mi brazo ya comenzaba a sentir la tensión a la que había sido sometido.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Oct 06, 2012 9:37 pm

El engendro había abandonado el grupo, la humana no lo siguió y se dijo para si mismo que había tenido suerte, acompañarlo en aquella oscuridad posiblemente hubiera significado su fin, lastima, ya buscaría otras formas con las que saciar su sed de sangre, por el momento, su atención se centraba en aquellos gemidos ¿Lamentos? Posible, quien lo sabía aunque claro, él no iba a averiguarlo tan solo marchando con sus zarpas por delante.

Quizás la buena fortuna le sonrió ese día, ya que a su paso entre calle y calle, dio con una herrería, una buena señal, allí seguramente encontraría muchos instrumentos para infligir dolor, y esperaba que fuese el suficiente como para contentar su demencia. Sanguine recorrió con sus dedos el yunque situado fuera del comercio, frío, como la fragua que se hallaba un poco más en el interior. Un vistazo hacía arriba le reveló un peligroso secreto, espadas, quizás dos docenas, pendían del techo una vez que él había atravesado el umbral.

Con calma atravesó la entrada principal y entró a la zona de almacenaje, allí había armas de todo tipo, apiladas en esquinas, tinajas grandes e incluso en el mismo suelo así como en el techo, del cual pendían varias docenas de mortales filos sin estrenar. El engendró tomó con sumo cuidado el primer arma a su alcance, una espada, si bien, era liviana en hoja y de empuñadura elaborada, una hoja digna de un guerrero versado en el combate, no para un engendro indisciplinado. Con desgana la arrojó, tomando esta vez un enorme martillo que reposaba a los pies de la fragua.

El arma lucía un deterioro y oxido digno de una herramienta de trabajo la cual había sido usada durante muchos, muchos años, pero que aún mostraba esa efectividad de sus mejores años. Sin duda el hombre que había portado el martillo debió de ser un hombre corpulento. El mango era largo, tosco pero cómodo a sus especiales manos, pudiendo agarrarla con las dos manos. Su cabeza era pesada, rectangular, era algo digno de él.

Distraído como estaba en su nueva adquisición, Sanguine no pudo percatarse del horror inhumano que se acercaba hacía él hasta que pudo sentirlo ya cerca. Aquella enorme masa de mutaciones era algo colosal, una terrible criatura que incluso planteó al engendro la semilla de la duda. Por lo menos le sacaba varías cabezas y en grosor lo doblaba, aunque visto su ataque tras esquivarlo por poco, se diría de que no era un ser de movimientos ligeros, pero había que tenerlo en cuenta.

Alguna espadas se tambalearon tras el choque de Sanguine contra la estructura, haciendo que unas cuantas cayesen descolgadas al suelo, produciendo un ruido estridente nada agradable para él y mucho menos para la criatura, la cual retrocedió gimoteante. Era posible qué el sonido de aquellas armas al caer no le sintieran nada bien, lo cual podía tornarse en ventaja, también podría ser otra ventaja el que se le cayesen encima y con suerte, resultase herido lo suficiente como para distraerse.

Sanguine tomó el arma lo más fuerte que pudo, incluso sus nudillos deformes crujieron ante el agarre, y acto seguido avanzó flanqueando al monstruo, manteniendo distancias. Quizás él no fuese muy veloz, pero supuso que él sería el más grácil en aquél baile. Cuando estuvo seguro, avanzó varios pasos y descargó el arma contra el ser, esperando que chocasen la cabeza del ser y de su arma, ya que su golpe era un ataque alto. Si aquello no funcionaba, pensaba recular y probar suerte con las armas del techo.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Valadia el Dom Oct 07, 2012 5:49 pm

Elevo plegarias en mi fuero interno, deseando que la Madre Naturaleza nos ayude en este cometido que se nos ha encomendado. La malevolencia que se palpa en estas catacumbas es tal que precisa de purificación. Es una manipulación errática de Gaia, nuestra tierra, y la Verdad está por testigo de que la plaga que aquí acontece sería capaz de destrozar el equilibrio de la naturaleza si no se la para.

Son peligros los que acechan a cada giro, en cada esquina, acechando en la oscuridad, observándonos con ojos inyectados en sangre y un odio más absoluto que la benevolencia de Las Lunas. Dioses, ¿por qué ha de ocurrir esto? Décadas llevo caminando sobre la tierra, muchos atardeceres vistos ya, y sin embargo sigue doliéndome como una herida sangrante que se siga cometiendo una y otra vez el mismo error.

Son muchas las ramas oscuras de la magia que difíciles de controlar toman tu mente y te vuelven irracional y peligroso para los demás. Los elfos somos una raza antigua, y muchas reliquias son guardadas por nosotros. Secretos que hemos tenido la previsión de cuidar para no desvirtuarlos y que ahora nos sirven para ver cuál es el camino correcto. A menudo nos tildan de altaneros y frívolos, pero por ese mismo motivo hemos sobrevivido desde los albores de los tiempos.

Por eso yo he recibido los Secretos de la Guía de las Tres Lunas y por eso sé que lo que aquí ocurre es algo peor de lo que se muestra.

No es una simple plaga la que nos asola, es una magia que se expande como un parásito desde Pitax hasta el resto de los archipiélagos y, después de Geanostrum, por todo Noreth.

No puedo permitirlo. No puedo dejar que pase de aquí. Las almas de los que decoran las paredes descansarán en paz aunque deba de sacrificarme, porque ellos son más importantes que una simple existencia guiada por la naturaleza como la mía.

La ley del más fuerte, quizá, o el simple ciclo de la vida. Alterar este es un pecado capital y, cantariel, yo ayudaré con mis facultades a arreglar este enorme fallo.

Desenvaino la espada y la cruzo con Noche Fría, que titila nerviosa ante la visión de los monstruos que nos rodean. Quedamos tres, todos elfos, y espero que nuestras almas se unan para luchar y salir de esta. No dejo de preocuparme por el enano, quien aún sin contar con mi simpatía no deja de ser una criatura más de Noreth y como tal merecedora de respeto. Debemos ir por él más tarde y evitar que siga el camino del divium... Aún titila en el ambiente su espíritu maligno, aquel que le ha manipulado en vida, y que ahora se desvanece en dirección al más allá.

¿Cuánta muerte hace falta para que todos entendamos que está mal?

Lunas, la Verdad nos guíe —empezó a orar, cerrando los ojos para concentrarse y no ver lo que tenía delante. Entonces, cuando notó la magia fluir desde su cuerpo al báculo, entonó el cántico en élfico y comenzó a dopar a los que tenía a su alrededor, vigorizándoles y dotando de más fuerza no solo a Allyndra y a Gawain, si no a sí misma en caso de que aquellos engendros llegaran y ella tuviese que empuñar su espada ofensivamente.

Quizá Valadia no fuera una guerrera, pero llevaba ochenta años entrenando. Era elfa y su agilidad era excepcional, de modo que podría defenderse, quizá con otros peligros más profusos no, pero con ellos, sí.

I'edenya, Devänalia, Wylddläen. Ala'dar darenandrâ, seelà dîma.

Terminó de recitar y entonces se puso en posición defensiva. Gawain había matado al primero pero quedaban muchos más por enfrentar. Aquello aún no había acabado.

La magia de las Lunas está con nosotros.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Baby Doll el Vie Oct 12, 2012 9:28 pm

Por un segundo, Diana pensó que la criatura cuyo nombre no supo iría con ellos. Sin embargo, tomo su propio camino y ella suspiró… estarían solos ella y el capitán. Vale, pues que así sea, aunque ahora mismo dudaba de su capacidad para enfrentar aquella aventura. Su estomago se revolvió al pensar en su muerte inminente. ¿Qué pasaría con Bastian? ¿Encontraría a otra mujer? ¿Moriría sin ella? Luchó con todas sus fuerzas para alejar aquellos pensamientos horribles, puesto que solo menguaban su ánimo y no le permitían concentrarse. Caminó junto con el capitán esperanzada a encontrar marineros que les dieran la mano, porque como iban las cosas…

Subieron por una rampa. ¿Hace cuánto que no subía a un barco? Se estremeció, eran lejanos recuerdos pero muy vivos aún. La bruma se alzaba alrededor del barco como una cortina silenciosa que vaticinaba un problema. Diana se sintió cautivada por aquella escena, como si el navío fuere un fantasma que se elevaba entre las aguas… ella hizo lo mismo que el capitán, crujiendo los huesos de su cuello, se estiro un poco, sin alejar su mano del mango de su arma. No podía darse el lujo de confiar ciegamente en esos hombres. De pronto, de la nada y sin que pudiera ella evitarlo, una criatura extraña y oscura salto desde donde estaba el timón hacia el capitán con un gruñido ronco. Ella instintivamente sacó la espada, esperando batalla más cuando se percató de la sonrisa del hombre se relajó notablemente, aunque no guardó la espada por seguridad.

Guardo la espada a su petición, suspirando. Bueno, era parte de la tripulación aunque ciertamente Diana tenía un rostro que reflejaba la frase “¿what the fuck is that?” intentó una sonrisa que no le llegó a los ojos. De cualquier modo, comprendió el gusto del capitán por esa criatura. Pichi asomo la cabeza de su mochila y Diana le permitió salir. –un gusto… e… Smith…- dijo con una voz débil, algo nerviosa. Escuchó con calma las disculpas del antropomorfo y respiró mucho más relajada. El capitán parecía ser un hombre que tendía a ganarse la confianza de su tripulación. Si el, lograba tener la lealtad de un ser de semejante forma, entonces, era de fiar. Pichi se acurruco en los brazos de diana y cual niño pequeño, dijo -¿Tendremos golosinas? – ella sonrió, negando con la cabeza mientras seguía al hombre bajo cubierta. –Supongo que mi elección no fue tan mala. Un hombre que gana la lealtad de sus marineros es un hombre que merece algo de confianza… - aunque claro, no del todo pues estaba plenamente consciente de que era una mujer en un barco pirata. Diosas, ¿en que se había metido? Aun cavilaba aquel pensamiento cuando noto el ambiente del sitio. Aspiro, olía a hombre si, sudor y alcohol… pero también a hogar, compañía y confianza. Escuchó las noticias de los hombres en las jaulas, bien, sin contagio… aun así, estaba preocupada porque, si no era por heridas… ¿sería por aire? De pronto le pareció que respiraba demasiado rápido.

El alcalde seria invitado… ella sonrió juguetonamente. Si, invitado seguramente… el trato hacia el hombre le preocupo, pero solo un poco. No le interesaba la paga a estas alturas, más bien le preocupaba salir con vida. Incluso se había planteado pagar al ser que tomó su propio camino pero tal parecía que el dinero ahí, no pintaba nada. Distraída, apenas noto a la criatura que de pronto apareció revoloteando, entonces captó su atención. Una criatura de un metro de estatura con una actitud juguetona e inteligente entrego un pergamino al capitán. Pichi lo miro curioso también. Un mapa.

Ella asintió y sus ojos brillaron al escuchar lo de las armas. Por primera vez, su gesto fue de alegría y gusto malévolo –mi palabra es también igual de valiosa para mí y por lo tanto, cumpliré con el contrato. Cierto, el dinero no me es de mucho incentivo ahora… lo es más bien el sufrimiento de estas personas. Además, nada me dice que esta enfermedad no pueda llegar a todo Noreth… en cuanto a las armas… - sonrió abiertamente –¡que vengan las pólvoras!- fueron hasta las armas y acercándose las observó. Había de todo ahí y con una enorme sonrisa, tomó lo más que pudo y lo que mejor sabía usar. Se colocó dos cinturones a la cadera, acomodando en sí, cuatro pistolas de arzón y un arcabuz que se ajusto a la espalda. Su mochila la paso a hacer bolso que colocó hacia atrás con pichi ahí. –muy bien amigo, hagamos trabajo. – el seria sus ojos en la espalda. Tomo su espada, afilándola un tanto más, acomodando el afilador en el bolso, tomo también pólvora y lo necesario para las pistolas. Miró un poco la sala antes de sonreír de pronto con la idea que llegó. Era algo que Bastian le había presumido, pero que hasta ese momento jamás lo intentó. Cogió pólvora extra, pedernal para hacer chispa y algo de mecha, así como varios saquitos de los que se usan para llevar la pólvora vacios. Con una gran sonrisa de satisfacción, se giro, sopeso el peso total de sus armas. Quizá unos 8 o 9 kilos, se movió un poco y, dándose cuenta de que el peso no era excesivo, asintió. Estaba lista…

Tan pronto y como hubo salido de aquella habitación, un ruido fuerte se escucho. Ella al principio pensó que podría ser algún marinero pasado de copas y algo cabreado, sin embargo, ante el grito del capitán, corrió hacia cubierta, tras de él. Su mandíbula calló al ver aquellas criaturas abordando el barco. Soltó con una carcajada psicópata mientras tomaba una de las pistolas y gritaba -¡a la guerra!-

Miro a varios marineros que sostenían sus armas en alto, dispuestos a enfrentarse a las criaturas. Diana fue hacia ellos, sabía que ni de locos seguirían órdenes, así que se limito a cargar el arma y prepararse. Se dio cuenta de algo… ahí habían dos que parecían ser humanos y un antropomorfo El antropomorfo les doblaba en tamaño y se acomodaba delante de los humanos. Una de las criaturas que parecía un molusco salto sobre el antropomorfo, este lo recibió con un mazazo. Sin embargo, otro que parecía una rana gigante lanzo su lengua al marinero y lo sujeto por el cuello -¡hiep!- gritó dando varios pasos hacia adelante, apuntando y disparando. ¡En el blanco! Las balas dieron directamente en la cara del animal que soltó al antropomorfo -¡nadie toca a los aliados!- gritó con algo de adrenalina. Cargó el arma de nuevo cuando la rana saltaba hacia ella, herida por la bala en el rostro, esta supuraba un líquido viscoso rojizo. Puso cara de asco, justo cuando estaba por alcanzarle, uno de los humanos tiro de su hombro hacia atrás, tomando su lugar para disparar. Nos miramos y tuvieron la misma idea… cargó el arma e intercambió lugar con él para disparar nuevamente a otra rana que venía con su lengua pegajosa. –Caballeros- dijo sonriendo, dando un paso hacia atrás para que ellos dos se adelantaran y dispararan. Juntos formaron rápidamente una sincronía que parecía mas una coreografía. Diana cargaba y disparaba con la rapidez que podía, demostrando que la pistola era su arma preferida. Cierto que el arma que portaba había sido disparada muy pocas veces, pero ella jamas le haría el feo a otras armas, unas que no tuvieran un significado personal tan fuerte. Con certeza, se liberaron de dos ranas, pero venia un cangrejo mas. Un fuerte “crack” resonó y al girar el rostro, vio que el antropomorfo había arrancado la cabeza del cangrejo de cuajo. Le miro y asintió, comprensión al instante. Los humanos recibirían de lejos, el de cercas. -¡atrás!- grito Pichi y al instante el antroporfo salto sobre el cangrejo, enredándose con él a golpes con el mazo. Aquel ser era un guerrero hecho para matar y los dos hombres corpulentos y llenos de cicatrices delante de él no se quedaban atrás. Dispararon a otra rana a la derecha, cargó e hizo lo mismo, pronto, formando una línea de fuego, donde disparaban y rotaban. El antropomorfo se enfrentaba a un nuevo cangrejo. Hizo cuentas, habían eliminado ya a dos ranas y un cangrejo… bueno, ahora dos, puesto que con fuerza el antropomorfo había partido el brazo de uno de ellos y ahora, utilizaba las pinzas como arma junto con el mazo, reventándole la cabeza a la criatura con golpes certeros. Sonrío, disminuían… hasta que sintió aquella lengua viscosa en su pierna, haciéndole caer al suelo, llevándose consigo a pichi. Procuró caer boca abajo, para no aplastar a su amigo, y para evitar caer sobre la pólvora. El golpe fue directo a su barbilla, mordiéndose la mejilla y el labio, sacándose sangre. Pichi tomo la bolsa y salto de su espalda, colocándose a un lado suyo mientras aquella criatura le arrastraba. Los marineros estaban absortos con un cangrejo que venía de frente. Se giró, apuntó y disparó, más no fue suficiente. Desenfundó la espada, sintiendo como astillas se clavaban en sus piernas al ser arrastrada, pero, no se daría por vencida. Dejó caer de golpe el filo, cortando la lengua del ser, que pareció chillar. Desenfundó la otra pistola y apuntó, teniéndola cercas ahora dio certeramente entre los ojos. Dejó el arma y cogió otra mas, vaciándola en la cabeza de la rana. Se levantó escupiendo sangre para ir a acomodarse junto con los otros tres marineros, que ahora, luchaban contra el cangrejo. Con toda la rapidez que pudo cargó las armas, dejando que ellos alternaran por un segundo… sacaron los mazos, habían eliminado a tres ranas y dos cangrejos y venia otro más. Enfundó las armas y sacó la espada…. Tres marineros y ella… dispuestos a pelear contra aquellos seres que tenían a menos de dos metros de distancia… oh si, estaba lista. Diana estiró el brazo, pichi coloco el haza de la mochila que ella volvió a acomodar, dejando que esta callera hacia atrás, cubriéndole el trasero. La criatura se posiciono de nuevo, listo para avisar… respiró… por Bastian viviría.
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Re: La Plaga.

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