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La Plaga.

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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Jue Oct 18, 2012 2:47 am

Devora la carne de los píos
Mastica sus huesos y succiona su medula
Vacía los ojos de los inocentes
Fustiga a los justos y honrados
Goza con su miseria y lamento
Es uno más de los elegidos
De aquellos que rigen un mundo infesto
De los que gobiernan con puño de hierro
Y mascara de falsedad.

Christian Chacana 16 de octubre de 2012

Extraños designios y actos pueden cambiar el futuro. Acepta tus actos, acepta las consecuencias de estos, deja que a la fortuna se ría en tu rostro, deja que el destino se tuerza ante tus pasos, que las tres tejedoras miren con asombro el largo de tu vida. Deja que la parca gima por tu final, ya que no es de ella la última palabra. Avanza por un largo pasillo, lucha contra las bestias y baja los escalones, donde colmillos y lenguas te esperan. Destroza aquellos blancos tesoros y abre la puerta, vacio te encontraras, vacio que respira y gime. Ve los ojos que te miraran desde lo alto de la torre, donde el viejo hombre espera ser liberado. Pierde tu camino y pisa el puente, no contemples la oscuridad por que en su interior, aquello repta y come en frenesí absoluto. Cuidado con el señor de huesos y fauces rotas, cuidado con sus sirvientes y su locura, porque su toque solo causa muerte y dolor, cuidado con su aliento de descomposición, porque dentro de su boca entrañas se pudren entre gusanos y pus.

Como si la carne no fuera impedimento para el dolor, si no un vínculo entre el dolor y la desesperación, como un despertar repentino, que solamente trae ira. La cazadora había disparado su mortal carga con astucia y agudeza, aquello que parecía una planta había dormitado, antiguo guerrero quizás, o tal vez un simple animal que no pudo escapar de la plaga, sea cual sea la razón ahí estaba. Un proyectil recorrió aquella distancia en menos de un parpadear, incrustándose en la carne suave de lo que antes había sido otra cosa. Despertó… con furia e ira, como si fueran serpientes y látigos, como lanzas y puñales aquello se movió con rapidez. Pobres bestias que estaban en su mirada, sangre y dolor se derramo cuando su carne se abrió, aquellos tentáculos como bocas ansiosas apuñalaban una y otra vez, con una velocidad que superaba cualquier ataque, una y otra vez los gemidos salían de aquellas dos bestias, miserables criaturas que eran cegadas por sus instintos ya que habían perdido hace mucho la razón. La cazadora hábil y fría volvió a disparar, cinco proyectiles, heraldos de muerte y sufrimiento. ¿Quién se hubiera imaginado que sus vidas acabarían de esas formas? ¿Habría salvación para lo que quedaba de sus almas? Preguntas que el vacio jamás contestaría, por que los dioses les habían dado la espalda y dejado que los horrores les dominaran y consumieran. Las dos bestias ahora convulsionaban, mientras eran arrastradas por la inmundicia hasta las bocas ansiosas de alimento. Los proyectiles surcaron el cielo y como una lluvia cayó en la única bestia que se lanzaba solitaria contra la cazadora, uno tras otro los proyectiles se incrustaron en la carne, el primero en su pierna, el segundo en su hombro, la bestia tropezó y su cuerpo se elevo, los tres proyectiles restantes se incrustaron en su espalda, profundamente. La bestia cayo de espalda y los proyectiles que aun no terminaban de entrar en la carne la atravesaron, un grito ahogado en sangre se escucho, mientras sus hermanos eran desgarrados y devorados, agonía y sufrimiento… ¿Qué mas quedaba para seres tan miserables que no merecían ni piedad?

Fuerza y salvajismo, instintos de los antepasados que se encontraban a flor de piel en el campo de batalla ¿Acaso los enanos escuchaban a sus antepasados en la batalla? ¿Acaso vislumbraban como la sangre de sus hermanos cubría la tierra en combate? Sangre y carne, gritos y gemidos, eso era lo que acostumbraba a oír, a sentir, el ardor en las manos por el constante roce de su arma, el jadeo y el corazón acelerado, la adrenalina recorriendo cada una de sus venas y arterias, el éxtasis del combate, bestias con cuerpos de enanos, berseker que luchaban por el placer de hacerlo… cada enano podía ser un demonio, cada enano podía ser un dios, un conquistador o un tirano en el campo de batalla. Vísceras y huesos rotos, era lo que había dejado el enano sobre las infestas aguas, lentamente, miro hacia todas direcciones, el techo negro se encontraba en lo alto, las paredes carentes de pintura dejaban ver las manchas de humedad, el agua aun goteaba desde las alturas, ¿Dónde se encontraba? Pronto lo sabría, el inconfundible sonido de pisadas y movimientos ene l agua y los ojos que lentamente se abrían en las paredes ¿Un nido? Quizás… pero no fue hasta que sus ojos se acostumbraron a la nueva oscuridad que les vio. Docenas de ojos pegados a una pequeña criatura, ¿una araña? Podría ser, pero parecía una mano cercenada, de la cual los ojos brotaban y le miraban, no mas grande que un pequeño pero habían docenas pegadas a las paredes, todas mirándole, sin parpadear… pronto se escucho el sonido inconfundible de algo cayendo y después otro y otro, desde el techo cientos de ojos le miraban, y las pequeñas criaturas se lanzaban hacia el agua…. ¿Quién sabe con que propósito?

Repartir muerte y dolor es un trabajo para los de corazón oscuro y no temblando como el de un elfo, ya que aun cuando se muestren fríos e impenetrables, sus corazones pueden ser tan blandos como el de una joven ave y pueden ser destrozados igualmente con sencillez. Uno tras otro los proyectiles eran lanzados, la cuerda se tensaba y los gruñidos y quejidos eran más que notorios, la muerte era un aroma que se sobreponía ante al fetidez de la inmundicia, y la sangre comenzaría a teñir de negro la piel de aquellos elfos, seres puros y a la vez contaminados ya. Las flechas repartían muerte y uno de los oponentes se había quedado satisfecho, ya que su cuerpo sin vida ahora yacía entre aguas pútridas y contaminados. Las bestias restantes no se encontraban furiosas, si no iracundas, y con el único ojo que aun les quedaba, contemplaban a su enemigo, al causante de dolor y sufrimiento. Rápidamente y a pesar de que le elfo lanzaba mas flechas, sus cuerpos estaban llenos de adrenalina e ira, dando largos saltos se abalanzaron contra el elfo, pero debido a que no podían diferenciar profundidad su salto había sido demasiado alto y largo, pasando por sobre el elfo, este aprovecho la oportunidad y tensando su cuerda lanzo una flecha directamente al pecho de una de las bestias, que se desplomo en el suelo muerta, una flecha en el corazón era el mejor remedio para acallar a las bestias. La segunda cayó con las flechas incrustadas en su cuerpo, tambaleándose aun por el dolor y enceguecida por la sangre que brotaba desde su frente, un blanco fácil, si se eliminaba con una última flecha.

Las palabras sacras e impías, susurros de los antiguos, como un canto primaveral y una fuerte tormenta sus rezos se elevaron en el aire, palabras de poder que mitigarían el dolor de los dedos, de los brazos cansados y narices saturadas, palabras de curación, de bendición. La elfa curandera traía consigo aquello, como la brisa que mitiga el dolor y limpia las aguas sucias, ahora ella calmaba los espíritus y borraba los miedos, con tan solo su voz y su poder, que fluían como torrentes entre las duras rocas del destino. Pero… no todo era bueno, ya que palabras tan agradables y dulces podían despertar algo más, palabras y palabras rebotando entre los húmedos muros, llegando a lo más profundo, donde ojos que permanecían cerrados eran abiertos con pesadez y cansancio.

Pero en la superficie las cosas cambiaban… para peor, ya que si el verdadero horror se encontraba bajo las calles, su gemelo estaba sobre ellas, recorriéndolas como un corcel indomable y salvaje.

Una herrería, donde la fragua estaba apagada y las antiguas brasas que el daban vida se encontraban extinguidas por el tiempo, ahí donde antes las bellas armas y armaduras eran forjadas nuevos horrores se cometían, un viejo herrero, contaminado por lo que era la plaga que azotaba esas tierras luchaba con el portador de muerte, un antropomorfo que separándose del grupo se había sentido más capaz que un viejo marinero y una simple mujer, ahora pagaba caro su osadía, su desfachatez y porque no decirlo, su orgullo y curiosidad. La bestia caminaba lentamente por lo que antes había sido su hogar y taller, pero a diferencia del antropomorfo, este conocía cada rincón, cada pared y recoveco, ahora utilizaba sus pesados brazos llenos de tentáculos par intentan atrapar al oponente, pero este aun contra el pronóstico era mucho más rápido que la mole de carne y tentáculos. Sanguine rápidamente tomo con fuerza su mazo, y dando un fuerte salto se lanzo contra la bestia, un grito inhumano lleno de furia y desesperación salió de aquella garganta que tan solo bebía sangre. El mazo dio contra la cabeza del viejo herrero y un crack se escucho mientras el cráneo se hundía en la masa de carne que era el cuerpo y brotaba abundante sangre del rostro destrozado por aquella pesada arma. ¿Todo había acabado? ¿Así de fácil había sido? La bestia cayó de rodillas, dejando que una sangre negra y espesa escurriera por su pecho hasta la boca. Sanguine retrocedió unos pasos y fueron esos pasos lo que le salvaron la vida, ya que desde la boca de su vientre un rugido salió, mientras la bestia se levantaba y corría levantando sus brazos con furia y atacando lo que tenía cerca, estaba ciega, pero aun sentía al antropomorfo.

No muy lejos, en los muelles otra batalla se llevaba a cabo, una que estaba en ascuas como podría decirse, hasta ese momento la mujer se había hecho con cierto control en el barco, aun cuando no eran ordenes, ella y los marineros se podían completar en la lucha, ya fuera tanto con sus armas de fuego como con la fuerza de Smith, el capitán por otro lado había estado ocupado, ya que si bien las bestias subían por ambos costados del navío, otros habían intentado romper las sogas y amarras del barco, si eran dañadas costaría su reparación y también ante algún problema, no habría forma de escapar de la ciudad. El capitán ahora se enfrentaba no a uno o dos de aquellos cangrejos, sino a tres que con sus pinzas intentaban despedazar al capitán, este se manejaba con su sable, cortando tenazas y patas y cuando tenía la oportunidad, la incrustaba profundamente en el pecho, dejando escapar de sus enemigos, un gemido ahogado por la sangre, lamentablemente mientras se mataba a uno otro surgía desde el agua y pronto los cadáveres de bestias muy similares a ranas y de aquellos crustáceos se comenzaron a acumular, pero asombrosamente, mientras los cuerpos caían al agua, no surgían más bestias de ese lugar, rápidamente dio la orden de arrojar los cuerpos, los cuales sin dudar fueron empujados por los marineros, mas mientras daba la orden, a traición uno de aquellos crustáceos se lanzo sobre su espalda, y por el peso el capitán cayó sobre la cubierta, Ron rápidamente comenzó a luchar por su vida, sacando una de sus pistolas y utilizándola a quemarropa, el aroma a sal y carne quemada inundaron el aire, mientras entre dolor e ira, el cangrejo intentaba acabar con la vida del marinero, pero este estaba acostumbrado a la lucha y se defendía lo mejor que podía con su espada y sus propias manos, evitando que utilizara las tenazas para agarrar alguno de sus brazos, pero era obvio que la bestia era más fuerte que el propio capitán y tan solo se necesito un instante de flaqueza, pero que con su tenaza golpeara el rostro del capitán. Un grito de dolor y la sangre brotando hicieron que Smith se lanzara contra el crustáceo y a pesar del cansancio, destrozo su cuerpo con sus propias manos, el capitán se apoyaba en su espada, mientras que su mano cubría la mitad de su rostro y entre sus dedos la sangre brotaba, manchando la madera, rápidamente fue tomado por dos marineros y llevado hasta bajo cubierta.

Por su parte la mujer se había deshecho de su oponente anfibio, utilizando sus armas e ingenio, pero en aquellos instantes, mientras volvía a la calma todo, noto la agitación bajo cubierta y que algunos hablaban de que el capitán estaba herido, era su decisión bajar o no, pero aun quedaba por rematar a algunas bestias y varios de los marineros volvían a hacer guardia, mas una gran cantidad ahora estaba bajo cubierta. Dentro del barco, sobre una mesa de madera, el capitán pedía a gritos ron, que le llevaran ron, el pedido no demoro en ser cumplido y arrancando con sus propios dientes el corcho de la botella, bebió de golpe así al mitad del contenido de esta, el médico a bordo intentaba salvar el ojo del capitán, pero el golpe lo había destrozado y notificándoselo al marinero, este frio, entre el dolor y el alcohol le dijo “Sáquelo y véndeme, aun quedan cosas que hacer”, a pesar de las palabras del médico a bordo, el capitán era el capitán, y después de beber el resto de la botella y que su ojo o bueno, lo que quedaba de este fuera vendado, volvió a colocarse su tricornio, y caminando por una escalera llego a su camarote, tomando asiendo en una silla … y ahí estuvo durante media hora, hasta que el efecto del alcohol se diluyera en su sangre y el dolor fuera más soportable … pero ¿Qué tan soportable es perder un ojo?


~No es nada personal ... solamente son negocios~
╬En ron es vida, el ron es libertad ... es la alegria de la existencia y quien quita las penas╬
†Un minuto de silencio, por aquellos que el mar a reclamado, que festejen con neptuno y poseidon eternamente†

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Re: La Plaga.

Mensaje por Björki Gotriksson el Mar Oct 23, 2012 1:03 am

Pronto los únicos sonidos que se escuchaban en aquella cloaca, aparte del goteo del agua y de la sangre que caía de mi hacha provenían de donde había venido. Claramente pude discernir como el combate se intensificaba por momentos, y sobre todo pude darme cuenta de que el trío de orejas picudas estaba teniendo éxito... Lo cual sinceramente me sorprendería de no ser porque contaban con la ballestera, que aunque no me inspirara una gran confianza, ¡demonios, por lo menos iba armada hasta los dientes!

Decidí ponerme a avanzar hacia los ruidos mientras alumbraba el túnel con el hacha, que brillaba más que una forja enana en temporada de guerra. No me daba especial prisa por el sencillo hecho de que, por Karzun, ¡eran elfos, a nadie le importa un elfo muerto, y menos a un enano! ¡Si había algo que me importaba era cargarme a todo mutante que pillara por aquellas cloacas!

Pensando en la inutilidad de la raza élfica y el nulo beneficio social que le aportaban a Noreth, apenas había dado un par de pasos cuando me di cuenta de que no estaba solo. Un montón de pisadas, movimientos y ojos que aparecían en las paredes me hicieron alzar la ceja del ojo sano, tratando de descubrir qué demonios eran aquellos ojos. Al cabo de un rato pude finalmente ver qué cosas eran aquellas. Parecían docenas de ojos pegados a manos cortadas, y me miraban a mí, sin parpadear. Empezaron a caer al agua, y ante aquello yo escupí y decidí alzar el hacha, poniéndome en posición de guardia.

Lentamente me puse a andar de nuevo hacia donde había dejado a la triada de los fumaflores, manteniendo el hacha alzada en una forma no hostil. ¿Por qué no era hostil? Sencillo, aquellas criaturas no me habían atacado directamente, y estando rodeado por ellas y pareciendo algo así como arañas, contando con su astucia animal me habrían atacado por sorpresa. Sin embargo, solo se dedicaban a mirarme y caer al agua. Y según sé, las criaturas de cloacas no suelen ser fanáticas de la luz. Con la cabeza del hacha sobre mi cabeza podría alumbrarlo todo, y técnicamente no era una postura agresiva, pues entre que no me movía muy rápido y que mis manos se mantenían fijas, lo único que las criaturas podían percibir como “amenazante” era la luz del hacha, que brillaba intensamente desde el momento en que había ido a parar a las cloacas. Y aquello no era bueno. Siempre que mi hacha brilla significa que los problemas aguardan.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Allyndra Naëlia el Miér Oct 24, 2012 6:41 pm

Buen trabajo

Pensé mientras dedicaba una mirada rápida a mis compañeros restantes. Mi respiración aún era agitada por la intensa actividad física y lo difícil que era respirar en ese hediondo sitio. Valadia recitaba una oración, seguramente nos revitalizaría y eso no era nada malo en lo absoluto. Por su parte, el silvestre Gawain había demostrado una gran pericia en el manejo del arco. Sabía bien de antemano que los silvestres tenían una alta afinidad con los arcos cosa que, a diferencia de la creencia popular, las lunares como nosotras no poseíamos con tal agudeza. Detestaba que siempre pensaran que los elfos eramos todos iguales, pero ese no era ni el tiempo ni el lugar.

La bestia a mis pies aún lanzaba un ligero gemido de dolor, aún agonizaba a pesar de la gran cantidad de heridas mortales. Independientemente de si aquellas criaturas hubiesen sido personas anteriormente no cabía duda que ahora eran unas bestias resistentes y peligrosas. Culminé su sufrimiento cortando por completo su garganta con una de mis dagas mientras extraía de su cuerpo todos los proyectiles que podía volver a usar. Por su parte, la extraña y deforme planta que había masacrado de forma brutal a las bestias contiguas ahora arrastraba sus cadáveres mutilados con la intención clara de devorarles, o quizá algo peor. Sabía que no sería seguro avanzar al lado de esas plantas misteriosas y esperaba que a mis compañeros también les quedara claro. Más pensaba en Valadia y en el estúpido enano, pues eran los que más cariño habían mostrado hacia estos seres mutados ¿Piedad? ¿Misericordia? ¿Respeto? Que estupideces. Estas criaturas eran personas. Eran. Ahora son solo un vestigio corrompido de lo que fueron. No existe mayor misericordia que la muerte para estos seres patéticos, y si el respeto a la vida es lo que en verdad profesaban sería mejor que comenzaran a pensar en respetar más sus propias vidas. Estaba claro que estos seres no vacilarían en acabarnos o infectarnos con su mismo mal.

No logré divisar por ninguna parte al extraño divium que nos había acompañado en un deplorable estado físico y mental. Recordaba haber escuchado un grito desesperado por parte de Gawain pero en ese momento no había puesto demasiada atención. El ser había caído por lo que me dieron a entender, cosa que no pudo importarme menos.

Tomen sus cosas y síganme de cerca sin hacer demasiado ruido - Dije de forma autoritaria. nadie me había nombrado líder de aquel grupo de expedición, pero era la única con las habilidades necesarias para guiarnos y mi visión era mejor que la del silvestre en aquellas condiciones - Debemos encontrar al enano, fue arrastrado por este camino - Los ecos de las maldiciones que gritaba el enano eran perfectamente reconocibles. Estaba con vida, y sería más útil a nuestro lado que del lado de los mutantes - Es una desgracia pero su ayuda nos vendría bien. Además, es mejor contar con un costal de golpeo que resista los embates de estas criaturas - Miré de reojo a Valadia antes de encaminarme en el oscuro túnel - Y nada de dialogar o sentir pena por cualquier ser mutado que nos encontremos. Ya han visto lo terrible que pueden llegar a ser. No hay nada que podamos hacer por estas criaturas más que encontrar la causa de su mal y erradicarla.

Debíamos encontrarle rápido no porque le necesitáramos para sobrevivir, más bien porque su hacha y su fuerza física era una característica que ninguno de nosotros tres poseíamos. Además la idea de tener que enfrentarnos a un enano mutado no era nada tentadora. Debíamos encontrarle en buen estado, si no pues darle muerte rápidamente antes de que se convirtiera en una amenaza para mí y los que ahora me seguían.

Además había una segunda razón por la que seguiría ese camino, el agua. Era evidente que el flujo del agua corría desde el fondo de ese túnel y bajaba hacia nuestra posición, lo cual me indicaba que debía de haber alguna caída de agua más adelante por ese camino y por ende debía de haber algún nexo con la superficie o con el mar. En cualquiera de los dos casos ello sugería una salida de esas funestas cloacas, y por el momento eso era lo único que me importaba.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Gawain Brisalegre el Jue Oct 25, 2012 11:50 pm

Los disparos, al parecer, habían sido certeros y mortales hasta el momento. La palpitación en el pecho se volvía cada vez más hiriente y el hálito más frío. Las extremidades, tensas, pretendían aún hacer uso del arco como fuese posible, aún si reclamaban con dolor que estaban siendo demasiado forzados. Una de las bestias, aparentemente, había caído en la oscuridad y las otras, furiosas, se abalanzarían sobre mi sin demasiada consideración. En un momento, titubeé en tomar las dagas y lanzarme a la carga, pero fue desechada la idea para lanzar más y más flechas a las sombras.

Sin embargo, los ojos llenos de odio, rabia y fiereza me miraban con furia asesina, como las panteras que están planeando su ataque ante una pobre cría. El salto que dio hacia mi fue brutal, sin embargo si no por la ceguera por la adrenalina del momento, pasó sobre mi cabeza lo que fue aprovechado para, con rapidez, lanzar una flecha a su pecho y que cayese con todo su peso, inmóvil, en el charco pútrido.

La inmundicia había salpicado ya varias veces en mi, negrura que teñía la palidez de mi piel y el vivo color de mis ropas. Oscuridad que nos iba tiñendo a todos a medida que chapoteábamos entre los seres, una vez humanos, y ahora monstruos con poco más que ansias de asesinar. E, irónicamente, nosotros no diferíamos mucho de ellos, pues ahora ya no estábamos buscando el origen de la epidemia, si no solo estábamos matando a esos seres para sobrevivir nosotros.

Rápidamente desvié mi vista a la tercera y última, que titubeaba en su mezcla de furia asesina e instinto de supervivencia. Yo, sin embargo, tenía muy claro que a pesar de que mi cuerpo se negase, seguiría disparando, y así fue. Más y más flechas cruzaron el aire impactando en el ser nervioso, mientras yo rezaba por terminar ya con esto.

Ahora, el oponente se tambaleaba, inquieto y desesperado, obnubilado por el dolor y el conocimiento de su propia muerte, que finalizó todo con la última flecha que podía lanzar antes de que mi brazo empezase a doler aún más. Sonó el agua y una pequeña ola se formó cuando el cuerpo de la criatura cayó inerte, mientras yo resoplaba cansado y tenso por la situación. Volví la vista atrás para divisar a las otras dos elfas, pendiente de que ambas siguieran bien. Al parecer, la que se presentó como Allyndra había logrado terminar con unas cuantas criaturas también, lo que por mi parte fue un alivio. Miré también a la otra, Valadia, buscando que ella también estuviera bien, dentro de lo posible.

Cuando el silencio se hizo entre los tres, me arrastré hasta la criatura más cercana, arrancando de su cadáver las flechas que había usado en ellos. Mi carcaj, medio vacío, comenzó a recuperar la cantidad habitual de flechas, ahora teñidas de negro y carmesí. Pronto la tranquilidad fue irrumpido con los comentarios autoritarios de Allyndra, ordenando más que sugiriendo nuestros siguientes pasos. No iba a ser yo quien la cuestionase y menos buscase un altercado con un miembro importante de nuestro grupo, así que solo asentí a la mayoría de sus palabras, excepto lo último que dijo.

¿Pretendía encontrar la causa sin prestar atención alguna a los seres, sólo matándolos? Bueno, quizás por compartir esa mentalidad bruta era que quería encontrar con tantas ganas al enano… Pero, siendo sincero, sí era necesaria la presencia del piernas cortas. Era necesaria porque, por mucho que dijésemos, nosotros no podíamos si no intentar arañar a esos seres si nos despojaban del arco, y nuestra fuerza física no era lo suficiente como para soportar siquiera una embestida de algo como lo que nos acababa de atacar.

Seguiría a Allyndra, pero con muchas reservas.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Baby Doll el Dom Oct 28, 2012 12:08 am

Realmente le fue mejor de lo que pensó que le iría en aquella pelea extraña. Cangrejos y sapos mutantes con aun partes humanas añadidas a su anatomía no era algo que ella viera todos los días. Escupió sangre, llevándose la mano al labio, tratando de tantear la herida. Habían ganado, al menos las criaturas ya no subían y todo indicaba que poco a poco dejaban de ser atacados. Pronto el capitán ordeno que lanzaran los cuerpos al agua y asintiendo, ella ayudo. Justo se dirigía hacia él cuando un crustáceo salió de la nada y salto sobre el capitán, cayendo ambos. Diana saco la espada, lista para usarla, sin embargo, Ron fue más hábil y asesino a la criatura con sus propias manos… Ante la mirada atónita de Diana, este fue herido de gravedad. Maldiciendo, observo cómo dos marineros le tomaban por los brazos y lo llevaban bajo cubierta.

Fue hacia ellos cojeando. Sintió el ardor en su pierna y se dio cuenta de que arañazos bastantes feos le habían abierto la piel, clavando algunas astillas gruesas. Sacudiendo la cabeza, fue hacia donde provenía la agitación producida por el capitán herido. Aprovecho el camarote de las armas para ir a cargar antes de ir con él, sabía que deberían tener un medico a bordo y no estaba segura de querer interrumpir nada. Se recargo de balas suficientes y pólvora. Aprovecho que estaba en un momento tranquilo para sacar las astillas de los raspones en las piernas. –Malditas… astillas… jodidos crustáceos de mierda… - murmuraba entre dientes cada vez que sacaba una astilla de algún punto que sangraba. Finalmente se limpio, tomando un espejo roto de su bolso observando su labio inferior. Se veía más feo de lo que sentía. Suspiro, dirigiéndose entonces al camarote del capitán.
Camino con la mano en el mango de su espada mientras los marineros arriba terminaban de “acomodar” los cadáveres en el fondo del mar y los que habían sido heridos eran atendidos. Llego hasta el camarote, algunos hombres avanzaban con un aire sombrío de un sitio a otro, apoyando a sus compañeros. Quedo de pie delante de la puerta, sopesando un momento lo que diría o que pasaría ahora. Finalmente, la abrió con el chirriante ruido de la madera vieja, encontrándose con el hombre sentado en silencio. Espero un momento antes de hablar – con todo respeto, no le culparía si usted deseara marcharse de este maldito sitio. Sin embargo, si aun desea terminar la misión, tiene mi espada… - Diana comprendía parte del horror de perder la vista, aunque estaba segura de que nunca sentiría un dolor como el de perder una parte del cuerpo… seguramente ahora el capitán tendría más problemas para avanzar en el infierno en el que estaban, sin embargo, ella estaba dispuesta a seguirle y cuidarle la espalda, aunque ahora no había muchos motivos para quedarse. Nunca se había sentido tan dudosa respecto a una misión. –Sinceramente, no tengo motivo alguno para quedarme, sin embargo, si aun desea seguir el plan original… tendríamos que ir a la torre ahora… - no quiso hacer ninguna observación relacionada a su ojo, ella sabía que debía doler y definitivamente que no era algo que quisiera mencionar. Busco entre sus cosas sacando una botella de bebida rosa. –Quizá esto le ayude más que a mí me ayudo en su momento. “Garra de oso”- fue hacia él y lo puso sobre la mesa – es una bebida bastante fuerte. Solo espero no le quite la cordura y solo le embriague. Sonrió amistosamente, cruzándose de brazos, esperando las órdenes del capitán.
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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Dom Nov 25, 2012 2:45 am

Un festín de carne innombrable
Un horror que se retorcía en la oscuridad
Una puerta sellada con tablas y cadenas
Y tres seres que se alimentaban como reyes
La oscuridad recorría el agua
La cual con cada instante mostraba otro rostro
Otra razón y otro sentir
Entre más profundo uno cave
Más negra será la oscuridad.

Christian Chacana 24 de noviembre de 2012

Se puede hablar de oscuridad, de depravación y degradación de la humanidad, se puede hablar de cómo el mundo puede cambiar por el acto de unos pocos y como imperios pueden quedar en ruinas tan solo pro codicia y anhelos mancillados, pero… ¿se puede hablar de simple oscuridad? Hasta ese momento en aquella ciudad se podían ver horrores pululando por las calles, en viejas casas vacías en torres olvidadas, en círculos ocultos desde donde emanaban vapores malsanos, y grietas donde ojos contemplaban con hambre un mundo nuevo para ellos.

El enano se encontraba rodeado de aquellas cosas con ojos, pero estas solamente caían al agua, sin atacarle… podrían ser mutaciones de algún insecto o incluso de las propias ratas o murciélagos, naturales en aquellos lugares, fuera cual fuera la razón, el enano simplemente levanto su hacha y utilizándola como fuente de luz avanzo hacia donde supuestamente se encontraba el trió de elfos. Las aguas infestas estaban en calma y tan solo el fulgor del metal rúnico dejaba ver los hilos negros, de sangre, sobre las pútridas aguas, paso a paso el enano corto distancia en el grupo, pudiéndolo divisar en la lejanía, mas aquella planta parecía interponerse entre él y el grupo… para suerte de todos, la planta estaba ocupada en llevar la carne a su “boca”, y no había peligro. Los elfos, después de algunas palabras, las cuales estaban cargadas, si no de total desconsideración por la vida o piedad, si mostraban a alguien que solo se preocupaba por sí mismo y que el resto poco o nada valía. Gracias a la luz que el enano podía proporcionar, el grupo se volvió a unir, aunque el desagrado de algunos no era posible contenerlo, unas pocas palabras se intercambiaron, un plan podía ser trazado, aunque difícilmente seria el más seguro. Sin que ellos lo notaran, varias de aquellas criaturas llenas de ojos habían seguido, a cierta distancia, al enano y ahora les observaban, en silencio, con su infinidad de globos oculares. El grupo sin saber que era observado siguió por las aguas negras, cada cierto punto se encontraba con algún cadáver, cruelmente mutilado o simplemente a medio devorar por alguna criatura desconocida. Después de media hora caminando entre esos desechos, llegaron a una zona más alta, a pesar de haber estado bajando, el piso parecía estar hecho de piedra solida, canales de medio metro de anchura llevaban las aguas en forma de cruz, internándose en tres aberturas en los muros, columnas y arcos , piedras finamente adornadas con bajo relieves, no parecía una simple cloaca, sino mas bien las catacumbas abandonadas de aquella ciudad, ahora el grupo debía de decidir hacia dónde dirigirse, hacia el este, oeste o sur, fuera cual fuera su elección, cada una les traería consecuencias, quizás el mejor para guiar en aquellos momentos seria el enano, su conocimiento, por raza, de construcciones subterráneas seria de utilidad o quizás la elfa asesina, que con su oído podría decir donde habían menos enemigos. No importaba quien guiara al grupo, si escogían un camino u otro ya que al final todos les llevarían al mismo lugar… a encontrarse con la muerte, ya fuera con una u otra apariencia.

Varios niveles por debajo de los aventureros, la mesa que antes había sido servida copiosamente con manjares nefastos y aberrantes, ahora permanecía desnuda, vacía y sin mancha de sangre o desechos … los comensales aun permanecían en sus puestos, aquella mujer que con sonrisa lujuriosa recorría la mesa con su delicado y nauseabundo dedo, la bestia que guardaba silencio entre las sombras, lamiendo sus colmillos de hierro y el joven, casi un niño en apariencias humanas, pero que solamente gozaba con la crueldad y al degradación, el primero en hablar fue este, mientras hacía crujir su cuello.

-¿Cuánto más debemos de esperar? Me aburro con esto, ya quiero jugar con ellos… no es divertido mirar solamente sus rostros…*mirando con aburrimiento la mesa, a la vez que algo semejante a dos serpientes de grandes proporciones subían por sus manos*-

-Guarda silencio… el amo deberá de dar las ordenes, recuerda que no eres más que una de sus creaciones como todos… *la bestia cerro sus mandíbulas de golpe, dejando escapar chispas de entre ellas*-

En esos instantes desde no muy lejos, una puerta de amplio tamaño se abrió levemente y desde la abertura una criatura semejante a una mano, pero repleta de ojos surgió, para cerrarse nuevamente la puerta. La criatura camino sobre sus “dedos”, escalando la mesa y posándose en el centro de esta, sus ojos miraban hacia todos lados, mientras que una imagen se formaba en sus globos oculares, una imagen que parecía venir desde muy lejos, se podía ver a tres elfos, dos hembras y un macho y lo que parecía ser un enano mal humorado, la mujer que hasta ese momento había guardado silencio se acerco a la extraña criatura, tomándola en sus manos y viendo con atención a los elfos.

-Si… yo las quiero… las elfas son mías *con claro interés en las hembras* sus cuerpos deben de ser deliciosos… quiero hacerlas gemir de dolor… *mirando a los demás* no dejare que me las quiten… son mías me escucharon MÍAS-


-¡¡¡QUE GUARDEN SILENCIO!!! *grito al bestia golpeando la mesa con su “brazo” literalmente partiéndola en dos* No actuaremos hasta que el amo lo ordene … así que aguarden … ya que si aun no se hace presente nuestro señor es por una razón-

Tanto el muchacho como la mujer se encogieron con aquella muestra de fuerza, ambos eran fuertes y poderosos… pero la bestia lo era aun mas y era el líder del trió, la pequeña criatura de un salto salió disparada de la mano de la mujer y subiendo por una de las piernas de la bestia se poso en su hombro, mostrándole con atención los actos del grupo, con desagrado gruño mirando al muchacho.

-Están cerca del foso… al parecer lo cruzaran si siguen ese camino… ¿Cuánto tiempo que no se alimentan los del fondo? *en voz baja el muchacho contesto “cinco días”* entonces están listos…-

En los muelles otra situación sucedía, después de una lucha sobre cubierta, varios marineros habían recibido heridas menores, al igual que la mercenaria, pero el más dañado había sido el capitán, que tratando de defender su navío, había perdido su ojo … y ahora estaba en su camarote, la botella de ron estaba casi vacía cuando llego la mujer para hablarle, en realidad el dolor hacia que cada cierto tiempo los dientes del capitán sonaran al ser apretados, el parche y vendajes más de una vez se habían manchado con la sangre que brotaba de la herida y el solo ver con el otro ojo era un calvario … quizás las historias de piratas que habían perdido el ojo o un miembro eran comunes, pero nadie sabía realmente lo que era perder un ojo hasta que lo sentía en carne propia. La mujer termino de hablar y el capitán tomando el vaso lo bebió como si fuera ron, directamente y sin detenerse, golpeando el vaso contra la mesa y suspirando.

-En estos momentos… tengo más razones para quedarme y rebanarle el cuello al responsable de todo esto *levantándose de la silla en la que se encontraba y desenvainando su espada, no sin un leve temblor de sus rodillas por el dolor punzante y la sangre que goteo de la herida* ese maldito me debe un ojo… y por la barba de los dioses marinos que se lo cobrare con creces y en especia-

El capitán debió de apoyarse en la mesa un instante, el alcohol y el dolor no eran buena combinación, especialmente cuando no había suficiente ron, después de que el médico hiciera salir a la mujer y volviera a atender al capitán, este le dijo que debía de descansar por lo menos un par de días para que dejara de sangrar su cuenca, mas el capitán lo agarro a tientas del cuero y lleno de ira y furia, algo que el médico no había visto ya en bastantes años, desde que había perdido su pierna, escucho esas palabras “Quémala”, el médico palideció unos instantes y la mujer no muy lejos escucho como este le gritaba a un par de marineros que trajeran carbón y un hierro … si la mujer no comprendía, lo haría cuando viera como encendían el carbón y calentaban el hierro hasta el rojo vivo, el grito ahogado del capitán tras la puerta de madera y el aroma más que notorio a carne y piel quemada, después de aquello el médico salió de la habitación, durante una hora nadie entraría, pero los marineros estaban claramente preocupados por el capitán, y también por el barco, Smith seguía en cubierta, vigilando que no volvieran asaltarles, después de aquella hora el capitán salió de su camarote, su ojo estaba fuertemente vendado con algunas manchas de sangre, su espada en su cinto y su tricornio en su cabeza, su barba se veía peinada y parecía más recompuesto, su primera palabra fue “¡¡RON!!” el cual se le dio rápidamente y el hombre dio un largo trago para secarse los labios con la manga.

-Escúchenme todos… quiero que estén preparados, con los cañones alistados para disparar en cuanto de una señal, si no regreso antes del amanecer, zarparan y no volverán a esta tierra maldita ¿¡¡¡SE A ENTENDIDO!!!? *los marineros afirmaron con su cabeza* esta noche voy a cortarle la cabeza del maldito responsable de este ataque y la colgaremos en el palo mayor como advertencia a quien nos quiera atacar… ahora denme algo de comida que muero de hambre-

Media hora más paso mientras el capitán comía carne, pan y algunas especias, realmente no era por gusto si no para tener el estomago lleno y tener más fuerzas, el camino no sería fácil y hasta ese momento la mujer solo había observado, aunque fue invitada a compartir la mesa con el capitán, después de la comida, el viejo pirata tomo una botella de licor y la dejo colgando de su cinto, podría morir pero tomaría un último trago de ron antes de hacerlo.

Minutos después el capitán subía a cubierta, Smith se encontraba con un garrote vigilando y en privado hablaron algunas cosas mientras la mujer salía también, al parecer Smith se encontraba nervioso por la decisión del capitán, pero este era su capitán y no podía negarse a sus órdenes, el camino por la ciudad era intranquilo, si la mujer podía agudizar la vista, vería varios puntos brillantes en la oscuridad, pero cuando uno se acercara estos desaparecerían, eran observados, pronto llegaron a lo que parecía haber sido un campo de batalla, una herrería a medio derrumbar, en algunos lados se veían espadas enterradas en la tierra y sangre esparcida por los alrededores, el capitán se acerco a lo que parecía una viga con clavos ensartados y pudo reconocer la tela de la capa de aquel antropomorfo, junto con un trozo de carne y sangre, al parecer había luchado contra algo y había resultado vencedor, ya que no se veía su cadáver por ningún lado … aunque tampoco de aquella cosa con al que había luchado. Pronto las respuestas fueron más claras, entre las tablas un enorme bulto comenzó a moverse, carne y tentáculos, una figura de cabeza reducida para un cuerpo inmenso, tentáculos por dedos y una enorme boca en su vientre… ¿acaso era eso con lo que había luchado el antropomorfo? Rápidamente el capitán desenfundo sus pistolas, disparando dos hacia la bestia, pero a pesar de que uno de los proyectiles impacto en el enorme blanco, el otro disparo había dado en el metal cercano, la falta de su ojo le causaba problemas ya y sin dudarlo, desenvaino su sable, listo para la batalla.




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Re: La Plaga.

Mensaje por Ron Alister el Vie Dic 21, 2012 6:21 pm

Procedo a realizar mastereo, cada uno de los participantes sufre penanizacion y heridas, debido a us ausencia, unica libre por este turno Allyndra.


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Re: La Plaga.

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