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Cuentos de Noreth
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Master of tournaments

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Master of tournaments

Mensaje por Etlhan VII el Miér Sep 05, 2012 1:45 pm

Despertáis sudorosos en vuestros camastros, la cabeza os da mil vueltas mientras los alrededores se difuminan a vuestros ojos. Con los labios secos y agrietados, buscáis alguna tinaja o en si, alguna cantimplora que llevéis en vuestros enseres de la cual poder saciar la sed, no obstante, no aferráis nada, las pertenencias no se hallan ahí.

Algo más despejados, pero con un ligero dolor de cabeza, revisáis la estancia donde os encontráis. Un cubículo ridículamente pequeño, hermético y con solo una puerta de barrotes fijos que os dejan ver el exterior, una sala enorme y circular, elegantemente adornada e iluminada, con mármol blanco el suelo y fina piedra labrada las paredes.

Unas figurillas os distraen de vuestro análisis, unos hombrecillos que no llegarán al 1,50, vestidos de etiqueta se os acercan a cada uno por igual y os depositan vuestras armas a pies de los barrotes, volviendo a desaparecer con la misma brevedad con que hicieron acto de presencia. Aquellos que tuviesen ojos avispados, habrían dado con el detalle de que estos seres, iban con los labios cosidos a la par que sus ojos.

Una pregunta ahora se precipita por vuestra mente, una pregunta que desde un inicio permaneció oculta ante el sopor de un despertar extraño ¿Que demonios hago aquí? Os cruza de forma fulminante y mientras intentáis hallar una respuesta entre unos recuerdos borrosos, las puertas se abren de forma automática y os dejan la libertad a vuestra mano...o tal vez no.

Con timidez salís preparados, y os encontráis los unos con los otros en el centro de la sala. Sin saber bien quien o no, es una amenaza algo os vuelve a interrumpir las cavilaciones. Una voz, aguda y chillona, pero claramente de hombre, resuena por la estancia sin provenir de ningún lado.

-¡Maravilloso, maravilloso mis queridos!.-Se escucha un aplauso rítmico.-Me alegra saber que os encontráis en optimas condiciones para jugar. Nada me gustaría menos que uno de mis nenes no despertase para su gran actuación.-Ríe de forma ridícula.-Bueno, empecemos ¿No querréis que vuestro publico se impaciente no? Pues al grano. Delante de vosotros, mis pequeños agraciados, tenéis cuatro puertas, cada una de ellas lleva a un juego muy especial.-Os fijáis que en frente de vosotros, en una pared en la que antes os pareció no haber visto ninguna puerta, se hallan ahora cuatro de distintos colores (Rojo, azul, verde y amarillo)

-¡Bien, bien! La cosa es sencilla, hay tres formas de pasar a la siguiente sala mis aspirantes a héroes. La primera, la más sencilla, es que cada uno cruce una puerta a su elección y juegue, lo más obvio mis querubines. La segunda se trata de que resolváis un acertijo que os plantearé yo y si acertáis pasaréis directamente, aunque si falláis habrá consecuencias graves jijijiji.-Se volvió a escuchar esa risa a presto de una tos repentina.-¡¡Coff, coff!! ejem, ejem bueno y la última y no por ello menos divertida, será que matéis a un compañero, solo uno mis primuras, no queremos que todo acabe pronto verdad. Espero con ansia vuestra palabra queridos míos.- La voz se apagó y la estancia volvió a quedar en silencio.



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Re: Master of tournaments

Mensaje por Svanna Croxis el Miér Sep 05, 2012 3:12 pm

Tsk... nagh... Bardum, nahg...?

Según me había parecido, la noche anterior caminaba bajo el influjo del afrodisíaco olor a podrido de mi querido Sorren. Hacía tiempo que no poseía un cuerpo tan bien formado y en un jugoso y suculento estado. Si bien no recuerdo, Sorren ya llevaría unas tres semanas encerrado en mi mochila de pieles ¿o sería más tiempo? La verdad no me acorde del viajero hasta que su olor atrajo de vuelta mi atención hacia la bolsa. No cabe duda que los orcos muertos huelen mejor que los vivos, a pesar de que no acostumbren lavar sus cuerpos como los frágiles elfos o algunos humanos refinados.

Ah si, Sorren había estado muy estable y rígido ayer por la noche. La verdad me sorprendió un poco tal rigidez teniendo en cuenta que incluso su estómago se despedazó con un simple toque de mis manos. Valla que son masculinos los orcos. Este brazo tan fuerte servirá algún par de meses por lo que veo y huelo, solo espero que sus dedos sean tan placenteros como lo fue su enorme y suculento gusano engrasado.

¡Oi! ¡¿Bardum nagh?! ¡Hormun zuk nagh!

Detesto cuando esto me pasa. Despertar en una jaula siempre me pone de mal humor. Recuerdo traer conmigo todas mis pertenencias de viaje. La mochila llevaba una pierna de venado de dos semanas si mi cerebro no esta fallando ya. También llevaba mi espanta hombres y mi cuchillo ¡Ah claro! y el torso de la pequeña Sarah iba atado a mi cintura... no, ya no está.

No me parece que estos pequeños hablen el lenguaje oscuro aunque, viéndolos más de cerca, tampoco me parece que sean tan conversadores. Serían perfectos en la mansión, se ve que son serviciales y saben guardar silencio. Un talento poco atesorado en los mortales que he tenido la fortuna de degustar.

Al menos las rejas se han abierto y he recuperado mi hermoso cuchillo. Ah si, cuantas historias ¿Verdad Elizabeth? tantos cuerpos cercenados al calor del sexo. Incluso ahora puedo sentir el placer de ese orco latiendo en este brazo mutilado. Dejaría en el suelo esa enorme maza de no ser por este regalo de Sorren... "El rígido Sorren"... Si, creo que ese sería un buen nombre.

¿Es una habitación bastante grande ah?... Valla que he estado perdida en mis pensamientos. El simple hecho de estar rodeada de estas personas tan extrañas y de pie en este detestable sitio tan iluminado me hace dudar de mi cordura ¿Será a caso que ya estoy perdiendo la razón?

Encima tener que soportar la vocecilla de ese goblin, o lo que sea que es, me exaspera. No entiendo nada de lo que dice y la verdad no me interesa siempre y cuando pueda encontrar los restos de la pequeña Sarah. Tenía planes especiales para ella y me molestaría saber que alguien más la está usando sin mi autorización ¿No habrá alguna salida de aquí?

Ah pero que distraída me he vuelto. No hay una si no cuatro salidas ¡Y una pintada de azul! Valla que extraño ¿Por que alguien pintaría una puerta de azul? Incluso los payasos tienen más cordura al decorar sus escenarios ¿Ah valla, quizá estos es un circo?... Si, si, ya comprendo. Otra vez me han llevado los circenses pensando que era una especie de atracción. No me molesta la verdad, pero deberían preguntarme antes de enjaularme. Incluso podría decirles que prefiero los cadáveres más podridos de lo que la gente normal los prefiere.

Bueno, supongo que saldré por la puerta roja. Me recuerda el vestido de la pequeña Sarah ¿Y si la tienen ahí? ¿Y si llora mi ausencia?

¡Ya voy pequeña! ¡No desesperéis!

Esta gente del circo siempre es extraña. Gustan e hacer actos extremadamente elaborados y estrafalarios cuando lo único que deben hacer es pedir las cosas por favor. Solo espero que Sarah conserve sus órganos intactos o se las verán con migo y "El rígido Sorren"... valla, incluso me estremece decir su nombre en voz alta.

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Re: Master of tournaments

Mensaje por Slivandras Isílra el Miér Sep 05, 2012 8:41 pm

Batalla. Eso era lo único que yo podía ansiar y lo que me movía a viajar por encima de todo. Noreth no era para mí más que un gran tablero de juegos donde aventuras podían sucederse, una detrás de otra, cada cual más peligrosa que la anterior. En cuatrocientos años había tenido ocasión de vivir más de una, y siempre había sabido utilizar mi entorno a mi favor. Sin embargo, lejos de sentirme hastiado y cansado de lo mismo, lo único que notaba es que esa sensación de poderío se quería crecer más y más.

A todos nos gusta sentirnos poderosos, ¿cómo podía ser de otro modo?
Es por eso que yo entonces me prestaba, raudo, a la siguiente aventura, con las mismas ganas con la que un mozo agarra su primera espada, con la misma adrenalina que cada víctima de mis jabalinas me había hecho sentir.

De hecho, lo único que había perdurado en el tiempo había sido mi obsesión por la batalla, de manera que los peligros que duermen en la Tierra Muerta son, lejos de un terror para mí, objetos de mi más intenso interés.

No recuerdo cómo consiguieron atraparme. De hecho, lo que había estado haciendo durante el día anterior ha sido borrado de mi memoria con tanta efusividad que pareciera que solo la magia es capaz de obrar así. Sé que había estado viajado hacia el oeste, dejando el centro del continente, pero antes de poder llegar hacia un objetivo detallado, la negrura apagaba mis pensamientos.

Por los dioses, no hay nada que más odie que el hecho de ver cómo manipulan mi mente a placer. Cualquiera que utilice esas artes sin tener en cuenta las consecuencias se merece un tajo en la garganta, y dos en cada talón.

Era un habitáculo pequeño, pero eso no era lo que a mí me interesaba. Podía captar retazos de la habitación contigua a mi celda, misteriosamente vacía, y me preguntaba constantemente qué es lo que estaba pasando y cómo había llegado allí.

Fui a echar mano de Calavera cuando vi aquellos dos gusanos de ojos y boca cosidos, y en ese momento entendí que ninguna de mis pertenencias permanecían conmigo, y que mis armas las tenían los mismos a los que yo había tratado de matar. ¿Y cómo no hacerlo? Me daban asco, si hubiese estado en mi mano poder matarles lo habría hecho.

Cuando me levanté y me acerqué hacia los barrotes yo ya sabía que mi mirada despedía pestilencia, asco y desprecio a partes iguales, pero ellos se movían como si estuviesen sumidos en una tarea de suma importancia, cuya delicadeza ameritaba unos modales exquisitos y unas acciones estudiadas y certeras.

Bueno, si ese era el caso ellos no eran más que unos mandados, y el verdadero artífice estaría esperándome. Eso pensaba yo cuando recogí mis queridos Colmillos y los volví a atar a mi espalda, asegurando el amiento. Después envainé a Calavera y la daga y salí.

Sabía que no estaba solo, no es problema para un drow escuchar lo que ocurre a su alrededor, pero jamás pude imaginar que uno de los raptados, junto a mí, fuera una drow cuya mirada cargada de superioridad me causó tanta repulsión que institivamente mi ceño se oscureció y una mano voló hacia el mango de Calavera, listo para ensartarla si era necesario.

Maldita fuera mi estampa cuando empezaba a sentir interés por lo que me estaba ocurriendo y una drow se cruzaba en mi camino.

Bien pensado, no obstante, más tarde comprendería que ese sería un evento perfecto para llevarme su alma, y sonriente en mi fuero interno ante la idea de matar otra de mis queridas congéneres, los pensamientos se quedaron en ese bucle sangriento cuando la voz aguda y desagradable perforó mis oídos y los piercings tintinearon cuando yo alcé el rostro y me fijé en las cuatro puertas que habían aparecido delante de nosotros.

¿Qué clase de broma es esta? —espeté a la nada, pese a que mis ojos ya estaba repasando a los otros participantes, si es que se nos podía llamar así, fijándome especialmente en aquella extraña mujer que se dirigía hacia una de las puertas, la escarlata, como si la moviera el propio Luminaris—. ¿Matar, jugar, adivinar?

No pude evitar soltar una risotada cuando mis ojos volvieron a mirar a la drow y entendí que, decididamente, esa ocasión no sería para mí sino un momento perfecto para erigirme vencedor de otros que nunca serían tan poderosos como mis jabalinas—. Alarguemos la función, pues. No hay aquí rival para mí.

Con esas palabras me moví, y mis pasos me llevaron hacia la puerta colindante a la roja, la azul.

Si os soy sincero, estuve a punto de enzarzarme en una lucha campal allí en medio. No obstante, los elfos siempre nos hemos caracterizado por nuestra paciencia, y sé que lo bueno, si se hace de esperar, después sabe mejor.

Así, cuando entraba por esa puerta lo único en lo que pensaba era en que mis jabalinas necesitaban afilarse incrustándose en la carne de enemigos que yo esperaba hallar. No me había hecho ilusiones en vano, y si aquel artífice del torneo no nos daba diversión, yo mismo la encontraría con mis Colmillos en mano.



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Re: Master of tournaments

Mensaje por Ron Alister el Jue Sep 06, 2012 9:44 pm

-¡¡¡RÁPIDO SUJETEN ESAS CUERDAS!!! , SEÑOR SMITH VIGILE QUE NADIE CAIGA POR LA BORDA, ESTE NO ES UN BUEN DÍA PARA MORIR-

La tormenta era como una bestia enfurecida, el casco de la nave soportaba las olas que intentaban destrozarle, el viento aullaba de rabia mientras la vela se mantenía firme y soportando su fuerza, dos días sin parar había estado aquella tormenta azotando aquella espada, dos días en que los hombres habían luchado contra el agua y el viento, intentando domar un océano que aun se negaba a obedecer, cada hombre hacia su trabajo, mientras el capitán con la barba empapada y el agua cayendo desde su tricornio sujetaba el timón con fuerza, luchando contra las corrientes marinas, ni la luna ni el sol habían asomado sus rostros en aquel tiempo, los hombres estaban cansados y aun así seguían trabajando, no era por miedo al capitán, si no por el miedo de dejarse vencer.

Los rayos iluminaban las nubes, como si fueran estas garras ocultas, el agua golpeaba el rostro del capitán, mientras trataba de mantener a flote aquella nave, era verdad…. En infinidad de ocasiones había luchado contra las tormentas y hasta ese momento había salido ileso, y su barco también, mas ahora el horizonte se veía oscuro, sudor y esfuerzo, eso era lo que en ese momento alimentaban la fuerza del capitán, la tormenta se extendió durante medio día mas, hasta que lentamente el viento dejo de soplar con furia, y las nubes dejaron escapar algunos rayos de sol, hubo alegría, mientras todos al parecer estaban vivos, el capitán suspiro, mientras dejaba a su segundo al mando del timón y el se retiraba a su camarote, los brazos le dolían, pero sabía que no era nada comparado con el dolor de su tripulación, la que con sangre y sudor habían mantenido a flote aquella nave.

En su camarote, el capitán tomaba los mapas y trataba de guiarse por los instrumentos, el sol que apenas se podía ver como un orbe tras las espesas nubes dejaban estimar su ubicación, a treinta nudos de una pequeña isla, durante el resto del día el navío surco las aguas, mientras los marineros bebían y comían algo, ya casi cayendo la noche llegaron por fin a las costas de aquella isla, en aquel lugar la caza no escaseaba y varias fuentes de agua dulce existían, excelente para renovar fuerzas y también suministros, en cuanto el barco anclo cerca de la costa y los hombres bajaron en un bote pequeño, la hoguera se creó y a su alrededor pronto risas y ron corrieron como ríos, nada mejor que después de una tormenta, el dulce sabor del alcohol y un jabalí asándose al fuego, carne fresca y suculenta, muy diferente a la seca que se comía en el barco, agua dulce, diferente a la rancia de los barriles, e incluso la fortuna de encontrar fruta, un manjar que no muchos podían jactarse de comer en el océano.

El capitán con una botella de ron miraba el océano, tan hermoso, tan delicado, como una bella mujer a la cual profesarle el amor, y a la vez como una criatura sanguinaria, que no dudaría en arrancarte la vida de la forma más inhumana existente, la luna seguía como siempre su eterno camino, seguido por un sequio de estrellas, en aquellos instantes las risas y los cantos estallaron, el capitán cerró los ojos, dando un trago de ron… y después la oscuridad total.

El capitán abrió sus ojos, mientras se llevaba las manos a la cabeza en un acto reflejo, parecía que hubiera estado bebiendo durante una semana completa en una taberna y un par de orcos le hubieran golpeado el cráneo, lentamente abrió los ojos, el lugar parecía una celda ¿acaso le habían capturado mientras dormía? Era imposible, ya que hubiera despertado, con rapidez busco su arma o algo más preciado, la botella de ron, pero no estaban ninguno de ellas, ni siquiera sus armas de fuego en su cinto, con trabajo se levanto, para dificultad de él, ya que ni siquiera estaba su pierna artificial, aquella que parecía una cuchilla, apoyándose contra un muro avanzo lentamente hasta la única luz que parecía venir de una puerta y una pequeña ventana con barrotes, el dolor de cabeza aun latía en esta, hasta que vio a los primeros seres vivos de ese lugar, si se le podía llamar así o carceleros, parecían diablillos con las aberturas de sus rostros cosidas con hilo negro.

No demoro mucho que ,por un pequeño compartimiento, sus posesiones fueran entregadas, antes siquiera de colocarse la pierna, abrió la botella y le dio un trago, tan solo para quitar el mal sabor de la boca, después de unos minutos la puerta se abrió y el capitán con botella en mano y la espada en su cinto camino con algo de molestia, levemente cojeando por su “invalidez” hasta que llego a lo que sería la sala central, no estaba solo, ya que de reojo vio a tres figuras más, una drow al parecer por su piel oscura y orejas puntiagudas, conocía su raza, más que nada como traidores y asesinos, en varias otras embarcaciones los había encontrado siempre como los de alto mando, sin escrúpulos ni piedad, algo que por un lado no le daba seguridad al capitán, el otro era también un elfo, aunque este parecía menos amigable que la propia drow, por ultimo … había una “cosa” de apariencia femenina, el aroma a muerto era más que vivo y por su forma de actuar, uno podría dudar de su estabilidad psicológica.

Nuevas palabras surgieron, de a poco el misterio se resolvía, estaba claro que ese era un juego de alguien lo suficientemente poderoso como para sacar al capitán de entre sus sueños y llevarlo a ese lugar, quizás a cuanta distancia del océano, el capitán bebió un trago y sonrió ante las palabras del elfo “No hay aquí rival para mí.” Que curiosas son muchas veces las palabras de hombres o en este caso elfos que son preferentes guardar silencio antes que cortarse la lengua. El capitán se estiro un poco, mientras daba otro trago a su botella.

-Antes de esperar dar una buena función, es mejor calmar algo el espíritu … además … no hable de rivales, si quiere jugar a ser el más fuerte es mejor que aguarde su tiempo, no deseamos terminar con una espada clavada en el pecho o una bala en la sien … por ahora juguemos este macabro juego, aunque dudo mucho de que sea tan simple como aparenta ser … por mi parte, tomare la puerta amarilla, ya que hubiera preferido la azul como el océano que anhelo, pero al parecer … ya ha sido elegida-




~No es nada personal ... solamente son negocios~
╬En ron es vida, el ron es libertad ... es la alegria de la existencia y quien quita las penas╬
†Un minuto de silencio, por aquellos que el mar a reclamado, que festejen con neptuno y poseidon eternamente†

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Re: Master of tournaments

Mensaje por Gaeren el Vie Sep 07, 2012 9:34 pm

Los paseos nocturnos por los bosques siempre me ponían de buen humor. Corretear por la libertad de Noreth, bajo la luna iluminando mi oscura y bella piel. Bajo esa luz me veía mucho más hermosa de lo que acostumbro a ser. Una sonrisa satisfecha vino a mis labios, dejando ver parte de mi afilada dentadura. En esos momentos podía sentir la falta de preocupaciones que me proporcionaban aquellos parajes, alejados de mi Thurindôr natal, lugar donde siempre eran todo obligaciones para mí. Esclavo correteaba tras de mí, manteniendo las distancias. Era ágil y rápido, casi tanto como yo, pero le había amaestrado lo suficientemente bien como para que supiera que no podía adelantarme durante mis correteos. En el caso de que lo hiciera, sabía que le esperaría una buena paliza. No osaba llevarle la contraria a su querida y hermosa ama.

Decidí parar de correr y respirar. Me encantaba notar esa sensación de falta de aire y agotamiento. En cierto modo me hacía volver a la niñez cuando hacía exactamente lo mismo por el Bosque de Physis. Mi respiración era entrecortada, pero en mi rostro estaba dibujada una mueca de felicidad. Entonces, pude oír unos pasos.
Maldito Esclavo… Débil, como sólo los hombres pueden serlo. Reí para mí misma ensimismada en mis pensamientos, hasta que una mano logró sorprenderme, agarrándome fuertemente por el cuello.

-
¡¡SUÉLTAME AHORA MIS…‼ - vociferé llena de rabia hasta que me cubrieron la boca y la nariz con un pañuelo. Entonces, la noche se volvió aún más negra.

Abrí los ojos y una luz cegadora me azotó la mente, causándome un dolor de cabeza insoportable. Parecía que había estado rodando ladera abajo durante un buen rato. Notaba mis labios deshidratados y cuarteados. Traté de buscar algo para poder beberlo pero…
¿Qué ha pasado con mis armas? Me levanté de un salto, aún mareada, poniéndome en total guardia. Que me encontrase en aquel lugar era algo que escapaba de mi entendimiento. Llamé a Esclavo a gritos para que se acercase y me ofreciese algo de bebida. En el caso de no obtenerlo, no tendría más remedio que hacerle un corte para beber su sangre. Entonces descubrí que, al igual que mis armas y mi zurrón, Esclavo no estaba allí conmigo.

Me percaté de que la estancia donde me habían encerrado era una especie de celda, a la cual no tenía ni la más mínima idea de cómo había llegado. Además, no comprendí cómo me habían podido capturar. Eso era imposible. ¿Cómo? Seguro que había sido esa sucia rata. Esclavo lo iba a pagar muy caro. Entre los barrotes pude observar una sala que, por su luz y pulcritud, me pareció hasta insultante. Estaba acostumbrada a bosques y lugares oscuros, no a este tipo de sitios.

Mientras seguía observando aquella sala, preguntándome dónde demonios estarían todas y cada una de mis pertenencias, un par de aberraciones canijas me depositaron las susodichas, a excepción de Esclavo, cosa que me hizo enfurecer bastante.
¿Dónde te has ido, escoria inmunda…? Apreté los dientes y abrí los labios, mostrando mi dentadura al igual que mi gesto. No obstante, pude fijarme que, aquellos dos seres que me habían devuelto lo que era mío, llevaban los ojos y la boca cosidos. No me importó una mierda.

¿Dónde estoy? ¿Qué coño ha pasado? No había parado de preguntármelo desde que me había despertado. Recordé estar corriendo, parar a descansar y… Nada. Nada más. Mientras intentaba recordar, me armé de nuevo y agarré mis dos espadas por sendas empuñaduras, dispuesta a atacar a quien no me permitiese salir de aquel sitio. Tenía una cuenta pendiente a saldar con cierto drow traidor. Ah sí… Iba a recibir de lo lindo aquel maldito Esclavo…

Salí del habitáculo y me dirigí al centro de la sala. No era la única que estaba allí. Había una… ¿Mujer? Con aspecto de cadáver cuyo olor azotó mi delicado olfato, un humano, que además de ser hombre, era un tullido. Menudo desgraciado. Noté una mirada clavada en mí… Era un elfo, uno de mi raza. Me miraba con cierta prepotencia, ante lo que solté un gruñido.
¿Quién se cree este asqueroso siervo a mirarme de tal forma? Debería estar arrodillado ante mí y dando las gracias de encontrarse en la misma sala que yo…

Entonces, mis pensamientos se vieron interrumpidos por una voz, bastante molesta, a decir verdad, a causa de su tono agudo y chirriante. Me eché a reír al escuchar sus palabras. Nos estaba ofreciendo jugar a un juego que, además, tenía un público. No podía ser más ridícula la situación. Durante la explicación, observaba unas cuatro puertas de las que nos estaba hablando. Cada una era de un color distinto. Las analicé, como quien puede ver a través de los materiales sólidos, intentando averiguar cuál sería la correcta. ¿Aspirantes a héroes? Sus palabras me resultaban extrañas. No sabía de qué me estaba hablando, yo sólo quería volver a salir de aquel sitio que, cada vez, me hacía sentir más incómoda. El aire era cerrado y, la mirada del drow me estaba ofendiendo. De no ser porque prefería teñir los filos de mis armas con la sangre de otro de su sexo, hubiera ido a enseñarle a quién tiene que tener respeto.

Cuando la voz terminó de hablar, la mujer esqueleto se deslizó hasta la puerta roja. El drow, por su parte, dijo una frase con la que me dieron ganas de cortar su sucia e impía lengua. Sin embargo, me reprimí las ganas de lanzarme hacia él, una vez más.
¿Qué no hay rivales para ti? Antes de que hubieses terminado la frase, ya habrías muerto si se me hubiese antojado. Pensé mientras le dedicaba un gruñido que, a juzgar por mi mirada, iba clarísimamente dirigida hacia él. Éste cruzó la puerta azul. Por último, el humano con la pata de palo soltó una frase hablando de sus mierdas sobre el mar, ante lo que solté un soplido. Esos marineros siempre contaban sus andaduras, sin que a nadie le importase.

De ese modo, esperé a que todos hubieran cruzado las puertas, segura de que ninguno de ellos había encontrado la salida. Me reí ligeramente. La verde, esa era la adecuada. Iba a encontrar el camino de vuelta al bosque.





Invitado, no me hagas reír. ¿De verdad crees que me voy a doblegar ante ti?
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Re: Master of tournaments

Mensaje por Etlhan VII el Dom Sep 09, 2012 10:58 pm

Svanna giró el pomo de la puerta roja, así como Ron hizo con la amarilla y los elfos con sus propias entradas. Al pasar cada uno de ellos por su respectivo umbral, sintieron como si fuesen transportados a una velocidad casi vertiginosa, perdiendo incluso el equilibrio y adquiriendo un mareo repentino. Cuando sus pies quedaron por fin firmes en el suelo, se encontraron con que ya no estaban en aquella sala llena de lujo, luminosidad y pulcritud, todos y cada uno de ellos habían ido a parar a un lugar muy diferente.
……………………………………………………………………………………………
La engendro se reincorporó, su cuerpo se había precipitado al suelo ante aquél repentino cambio de escenario. Llena de tierra y alguna que otra zarza, Svanna se encontró con que estaba en una especie de parcela mal cuidada, a medio en penumbras debido a una noche fría y silenciosa, con una Luna sin mucho protagonismo. Aquél sitio parecía indicar que fue en antaño un jardín, puesto que diversos maceteros se hallaban dispersos por el lugar, rotos y desvencijados así como una variedad oxidada de herramientas para el cuidado de las plantas.

El maltrecho terreno se encontraba cercado por unas bonitas vallas semi escondidas por los crecientes arbustos y fuera de estas se expandía más terreno a los ojos de Svanna hasta conformar en un cementerio, un cementerio extenso y largo, casi sin fin, un paisaje gris sino fuesen por sus tétricos adornos en forma de lápidas y pequeños mausoleos.

Un sutil crujido apartó el silencio que reinaba en el lugar. Svanna lo escuchó atenta, dándose la vuelta pues el ruido procedía de detrás de ella. La puerta carcomida de una de aquellas construcciones en memoria de los muertos, muertos nobles claro, había cedido, quien sabe si por el viento o por que esta tenía voluntad propia. El mausoleo dueño de aquél desgarbado jardín dejó entrever su más oculta oscuridad ya que su entrada volvió a ceder, primero débilmente y luego de sopetón, con un chirrido que se intensificó en el silencio.

Una corcovada figura se precipitó de entre sus sombras con pasos vacilantes, poco acompasados. El ser avanzó hacía Svanna, hasta cruza el umbral que separaba la oscuridad con la penumbra que ofrecía la Luna. La luz dejó ver su cadavérico y descarnado rostro provisto de facciones, de humanidad. Los ojos inexpresivos, apagados con una sabana blanca se fijaron en su presa.

El cadáver, un soldado momificado y vestido con sus mejores galas de antaño, extendió sus brazos y profirió un gorgoteo por su garganta muerta, al principio inaudible, pero que pronto estalló en un gemido de desesperación, de hambre. Como aquél soldado, muchos se alzaron bajo su demanda, quebrando la tierra o partiendo la piedra, todos en el mismo estado o peor, puesto que los había que ya eran casi esqueletos.
…………………………………………………………………………………………

En otro lugar muy diferente, Slivandras se hallaba en un páramo abrupto, de rica maleza y esplendido paisaje que acababa en un lago azul coreado por aves apenas distinguibles de lo lejos que estaban. A pesar de que era de día, el Sol no pegaba tan fuerte como debería ser, cosa que los ojos y la piel del drow agradecieron.

-Bonito ¿Verdad?-Se alzó una voz en algún punto de entre aquella maleza. El drow no tardó en divisar al dueño de aquellas palabras. No muy lejos, en una explanada desprovista y desnuda, solo con aquella tierra rojiza que era muy común en esos lares. Un hombre en apariencias, tranquilo, se hallaba sentado en un pequeño banco destartalado, de espaldas a Slivandras y con la mirada perdida en la lejanía. Con un pequeño “Hop” el hombre se giró con energía, como si aquél taburetillo fuese un caballo, quedando así de frente ante un sorprendido drow.

La cara estaba oculta ante la sombra que el sombrero de ala ancha desharrapado ofrecía. Su gabardina marrón polvorienta, ahora ondeante como una bandera gracias al viento, reveló un torso fuerte cubierto con una camisa empobrecida y más abajo, un cinturón que sujetaba firmemente un pantalón de tela fuerte a la par que sendas fundas de armas, armas que ahora unos dedos enguantados en cuero acariciaban.

El Viento sopló con más fuerza, el sombrero se voló en un descuido, perdiéndose como él mismo se había perdido. Su cabello largo y del color azabache quedó libre para danzar salvajemente al compás del aire. Su rostro endurecido y mal cuidado mostró una sonrisa, era una sonrisa triste. Aquellos ojos de vivos castaños se ciñeron en el drow, para luego apagarse y desviarse hacía la tierra

-Lo siento amigo, el juego y las deudas no dejan opciones…¡¡Prepárate!!.- Sus manos desenfundaron aquellas armas con una velocidad innata a tiempo que se levantaba como un resorte y pateaba el banco. Los cañones que Dyland Mackoy extrajo de sus fundas se alzaron peligrosamente, apuntando a Slivandras con una determinación mortal.

………………………………………………………………………………

El buen pirata se hallaba en una especie de taberna, el salón era amplio, muy amplio, como jamás hubiese visto en todos sus largos años. Grandes y suntuosos barriles y toneles se arremolinaban en sus paredes gratamente iluminados por un sinfín de lámparas. La barra parecía atestada de licores, licores que harían agua la boca hasta el más abstemio, dentre ellos los más destacados, ron añejo, wisky negro, wisky enano y una botella de licor sin duda exótico. Aquél sitio sin duda era el paraíso de todo marinero o amante del buen beber, no obstante, fallaba algo y eso era, en que no había ni un alma.

Algo fallaba, aquél silencio no era común, aquella quietud. Ron no pudo entender a que se debía aquello, pero sin duda, sus instintos más bajos le instigaron a coger todo el alcohol que le permitiesen sus manos y salir de allí, aunque, ahora que su vista recorría el lugar, no había ni puertas ni ventanas.

-¡!Oh oh oh!! Marinero de agua dulce, bienvenido a tu último trago.-Una voz, surgida de la nada, hizo eco en la sala y sin duda, la familiaridad de aquél tono avivó la mente del pirata.

-Bien, bien mi querido granujilla. No esperaba que escogieses esta puerta, así que tuve que hacer un poco de trampa jiijijijijijiji.-Rió infantil.-Verás, te tengo un juego que sin duda te encantará ¿Ves la barra que hay allí, esa que tan dispuesta está de alcohol? Pues el caso es qué, en cada una de ellas se encuentra una llave, una llave especial que te permitirá salir de aquí jujujuju.-Volvió a reir.- Solo una de ellas es la buena. Tienes que escoger bien mi querido pirata ya qué para obtener la llave tendrás que beber, pero ojo, no todas tienen alcohol, digamos que algunas vienen también con veneno jijijijiji. Se me olvidaba, no se pueden vaciar de ninguna forma salvo bebiendo y el cristal, no se rompe por si te hacías el chico malo ¡¡Buena suerte mi querido pirata!!.-Volvió todo de nuevo al silencio.
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Tras la puerta verde no había bosque ni toda la maleza que Gaeren hubiese querido, en vez de eso, se le presentó un escenario muy particular. La drow estaba en una pequeña habitación cerrada y sin apenas iluminación. En el centro se hallaba una mesita de noche bastante sencilla con tres cajoneras de metales preciados, uno era de oro, otro de plata y el último de cobre.

Al avanzar un poco más para examinarla, Gaeren encuentra lo que parece una inscripción en plata que ahora se ilumina sobre el suelo de madera donde estaba grabada. Dicho texto dice:

“Tiempo atrás una noble dama escondió en esta mesita una manzana. Si vos queréis hallarla, la trama habréis de acabarla. En uno de estos cajones la escondió junto con dos piedras negras como el carbón. Si halláis la manzana, saldréis de aquí sana pero si encontráis el carbón, no esperéis el perdón”La inscripción se extendió un poco más a medida que leía.

“El cajón de oro te dirá que tiene la manzana, el cajón de plata que no la tiene para si y por último, el de cobre, te dirá que el cajón de oro miente y no la tiene ¿En que cajón se encuentra? Para saberlo tendrás que verlo”
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Re: Master of tournaments

Mensaje por Slivandras Isílra el Dom Sep 09, 2012 11:45 pm

En cuanto puse un pie más allá de la puerta mi cuerpo recibió un latigazo tal que perdí la capacidad de ver o sentir algo el tiempo que tardé en trasladarme de aquella sala hacia el yermo paisaje que ahora ya veían mis ojos.

No pude menos que entornarlos, afilando la vista ante el Sol que en lo alto brillaba. No hacía demasiado calor, pero para los drows la exposición directa al Lorenzo siempre sería una tortura que, mientras estuviese en nuestra mano, evitaríamos.

Ya no pensaba en los otros participantes, pese a que me preguntaba dónde habrían ido a parar. Si ellos también estaban perdidos de la mano de los dioses, en algún punto indeterminado de Noreth donde nada ni nadie podría salvarnos más que nuestras propias habilidades. Tardé un momento en mirar en derredor, observando el lago en la lejanía, la vegetación que me rodeaba y, más al horizonte, la silueta recortada contra el páramo de roja y desvaída arenisca. De lejos fue lo único que pudo llamar mi atención, recordando aún con claridad las palabras de nuestro anfitrión, pensando tal vez que aquel hombre podría darme la batalla que un alma guerrera como yo necesitaba.

Habló primero, y yo comencé a acercarme, no sin pasos alertas y estudiados, sin perderle ni un momento de vista. A priori no parecía sobresalir en nada: un hombre normal, cuyos ojos sin embargo mostraban experiencia y cierta amargura mezclada con diversión. No me gustaron, al fin y al cabo siempre despreciaré a los demás, y por eso yo le dediqué tanto una mirada como palabras cargadas de pestilencia.

De hecho, no —refutó el comentario del hombre y cuando se paró en seco yo también hice lo mismo.

Ya me había dado cuenta de los revólveres que llevaba bien sujetos a sendos lados de su cintura, y yo, que conocía por propia experiencia la predisposición al ataque que cede la tensión precedente a éste, me puse en guardia igualmente. Sabía también que si no me aplicaba y era rápido de reflejos aquel pistolero podría acabar conmigo, pero a los dioses pongo por testigos que el día que dude de mis capacidades contra un ser inferior, me mataré a mí mismo por haber perdido la dignidad que como drow tengo.

El problema que más grave me pareció fue la falta de obstáculos del paisaje. El entorno era árido y asquerosamente lineal, lo que me impediría esconderme de las balas si me era necesario.

Sin embargo, esas pistolas… Parecían antiguas, pero igualmente bien cuidadas. Se notaba que aquel hombre vivía de aquello porque realmente le gustaba, del mismo modo que yo lo hacía de mis jabalinas, así que me dije a mí mismo que si le derrotaba en aquellas condiciones, sería una buena victoria la que cargaría sobre mis hombros.

Ya me había tensado a la espera de cualquier ataque cuando él volvió a hablar y apuntando con presteza y una velocidad impresionantes comenzó a disparar como alma que se lleva el diablo.
Entonces corrí.

Me deslicé hacia un lado y exprimí toda la rapidez que pude a mis largas piernas. Me alegré sobremanera de ser un elfo y poder contar con esos reflejos, a sabiendas de que mi fuerte no era ni es la agilidad, y solo deseé que la adrenalina del momento alejara el dolor que un balazo podría proferirme.

Era lo que ocurría siempre, al fin y al cabo. Yo siempre he disfrutado tanto de mis batallas que no me importa salir malherido, y aquella ocasión no fue la excepción. Más bien al contrario, pues el misterio de cómo había llegado hasta esa clase de juego me impelía a superar cada prueba hasta encontrar el culpable, y por los dioses que lo haría.

Me di cuenta de que la velocidad y puntería que tenía aquel pistolero me sería mortal si intentaba utilizar mis jabalinas a media o larga distancia. Los revólveres funcionaban mejor con objetivos lejanos, quizá no tanto como para utilizar fusiles, pero tampoco lo suficientemente cerca como para fallar en el disparo. La precisión de las pistolas antiguas no era tan buena como la de un fusil preparado, con una mira mucho más estrecha, y decidí que si me aprovechaba de ello aquella sería mi única oportunidad.

Calavera sería la clave esa lucha, lo supe en ese momento, y por eso la desenvainé y seguí corriendo como un demonio mientras intentaba acercarme en diagonal, poco a poco, al pistolero que quería matarme del mismo modo que yo a él.

Estaba claro que uno de los dos caería, y esperaba que fuera él.
La esperanza que yo tenía estribaba en que tuviese que recargar pronto y, sin embargo, siendo dos pistolas…

Dioses. Cómo estaba disfrutando de aquella situación. Descubrí que no me importaba salir malherido si con ello me granjeaba otra víctima más. Nunca está de más demostrar tu superioridad, y yo era un drow, siempre acabaría siéndolo. Las cicatrices no son sino vestigios de tu grandeza, y yo las luzco con orgullo.

¡¡Vamos, pistolero!! —le grité. Sabía que eso no le desconcentraría, pero en ocasiones la seguridad del otro logra desbancarte lo suficiente como para fallar. Justo lo que yo quería.



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Re: Master of tournaments

Mensaje por Svanna Croxis el Mar Sep 11, 2012 8:07 pm

¿Por que esa necesidad de hacer las cosas tan extremadamente complicadas? Una pregunta que siempre me había surgido cuando del circo se trataba. ¿Porque molestarse en amaestrar a un león cuando puedes mejor amaestrar a un cadáver putrefacto? que necesidad de molestarse por los vivos cuando los muertos abundan y tienen menos voluntad. Bueno, tampoco es como si alguna vez hubiese intentado amaestrar a un hombre diferente a mi esposo. A final de cuentas descubrí que aún muerto era igual de inútil que cuando respiraba. Ese hombre jamás logró satisfacer mi lujuria, al menos no como lo han hecho otros musculosos y chorreantes guerreros.

...Ugh?! ... Burmallek Catrosh!

Primero despertar enjaulada por enésima vez, separada del hermoso y fresco cadáver de la pequeña Sarah, y hora despertar en medio de un oscuro lugar al exterior ¿Estoy alucinando cosas de nuevo? No recuerdo que esta vez halla osado ingerir agua de río cristalina. El mero recuerdo del malestar que me dio esa bebida tan atroz me hace retorcerme aún ahora. Aunque las alucinaciones que me causó habían sido por demás placenteras, el hecho de cagar descontroladamente durante todo ese fin de semana había sido un evento catastrófico para mí y mi hermoso vestido de gala. Aunque, ahora que veo mejor las cosas, esto parece un jardín. El lugar está abandonado por lo que veo y mi estómago no gruñe a causa de aguas purificadas, por lo que las buenas noticias aumentan.

Ah si... herramientas. Están algo oxidadas, pero estas grandes tijeras y esta pequeña pala seguramente me podrían servir para cuando localice el cuerpo de mi niña, o al responsable e haberla apartado de mí. Tantos deseos tenía por la pequeña que ahora me siento muy frustrada e insaciable... la luz nebulosa del lugar me excita demasiado, pero ni siquiera este frote constante con los dedos de este brazo orco pueden satisfacer mi necesidad natural... ah pero como ayudan.


Gurmol... Funth'gol gurmol har tosch... ¿za?

El jardín ya tenía mi aroma, y algunos deliciosos fluidos, pero ¿un cementerio de tal magnitud escondido a la vista de cualquier ser vivo? o ya no sigo en el circo y todo fue una especie de espejismo bizarro ocasionado por algún gas corporal, o al fin he muerto y he llegado a las puertas del paraíso. Este cementerio no parece tener fin y mi útero se entusiasma al considerar la cantidad de fluidos que en unos instantes comenzaré a meter en mí. Tantos cuerpos descompuestos, tantos miembros esperando a ser exhumados con mis manos desnudas, tanto placer oculto detrás de un jardín igual de agradable... esto era demasiado para mi seco corazón, si es que aún seguía ahí después de tantos años de no saber nada de él.

¿Nahg?...

Me sorprendió el sonido de la puerta de aquel mausoleo olvidado. Tener a alguien más ahí no estaba dentro de mis planes, pues no compartiría con nadie a mis preciosos cadáveres así fuese alguien con las mismas necesidades que las mías. Estos restos eran míos y nadie más pondría su lengua en ellos.

Oh no, no puede ser lo que mis ojos ven. No era una persona en sí, si no más bien el cadáver andante de alguien que fue y ya no era ¿Un guerrero quizá? Cuanta suerte he tenido con los guerreros. A pesar de que a este le queden pocas partes jugosas seguramente mis manos y mi poderosa succión serán capaces de provocar una erección en el, eso si aún tiene algún pedazo de hombría colgando por ahí.

¡¿Y encima gime?! Tanto placer debería ser ilegal, por lo que espero que nadie esté ofendido por mi presencia en este edén sexual. Odiaría tener que asesinar a un anfitrión ofendido si eso fuese lo único que me permitiese continuar sudando excitada en este lugar sombrío. Incluso los cadáveres que ahora se han levantado de sus tumbas parecen sumamente atractivos... sobre todo el cuerpo de aquel elfo con carnosidad en la entrepierna...

El guerreo que había salido de su mausoleo gime como si fuese una perra en celo ¿quien soy yo como para negarme a tal insinuación sexual? el hombre, o lo que queda de él, exige mi cuerpo y yo gustosa se lo entregaré. Aunque, ahora que me he acercado a él, me pregunto ¿será tan resistente como el hermoso orco del que me enamoré hace algunos días? Solo hay una forma de saberlo. Lo siento mucho si te duele, mi muy estimado gorrión, pero he de golpearte suave para saber tu resistencia.

Al orco le golpee con todas las fuerzas de las que fui capaz de hacer gala y había resistido a duras penas mi ataque. Solo espero que ahora, con la fuerza que me brinda su carnoso y putrefacto brazo, no se despedace el endeble cadáver de este guerrero antes humano... quisiera saber si esos gemidos que profesa son igual de intensos durante el coito...
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Re: Master of tournaments

Mensaje por Ron Alister el Jue Sep 13, 2012 2:37 am

-Yo Ho Ho… y una botella de ron-

Cantaba el capitán mientras con tranquilidad miraba la taberna, las mesas de madera toscamente labradas, los muros de madera sin muchos adornos más que las marcas de borrachos o peleas, nada digno de relatarse en estas palabras, ya que para el capitán era una taberna mas, claro… el salón era bastante amplio y de seguro su barco podría entrar con facilidad en aquel lugar, velas rojas iluminaban el centro de cada mesa, mientras que una barra de amplias proporciones se abría ante él. ¿Cuántas veces había estado en tabernas como aquella? Infinidad … demasiadas para contarlas o para recordarlas completas, al igual que sus taberneros o las hermosas mujeres que se encontraban ahí, que como sirenas hacían que una noche pareciera un largo año entre sus carnes calientes.

El capitán se sentó en una de los banquillos, mientras miraba la infinidad de botellas y barriles ahí esperando ser bebidos, ron añejo, whisky negro, whisky enano y una botella de licor sin duda exótico, claro que el capitán dejo sobre la barra su botella de ron, botella que había sobrevivido a más de siete batallas, infinidad de combates y quien sabe más cosas, ya que más de un arañazo tenia y más de una historia relatada en sus infinitos reflejos, de todas formas ahí había un sinfín de botellas, tan variadas como deliciosas, el capitán ya había probado más de una o quizás alguna de sus variedades, su hígado había sufrido, pero para ser pirata debe uno de tenerlo de cuero y el del capitán era como el de las bestias marinas, lo suficientemente resistente como para beber como enano y sobrevivir para repetirlo nuevamente.

Aunque acostumbrado a las tabernas algo faltaba y era que nadie había más que él y dándose a una ojeada más detallada, tampoco había ventanas o puertas, una simple alma rodeada de alcohol, mas antes de poder analizar algo más la situación una voz surgió, era demasiado infantil su forma de ser, como si fuera un niño jugando a ser adulto, con atención escucho, esperando que hablara, aunque el apelativo de “Marinero de agua dulce” había sido como una puñalada y había fruncido el ceño ante ella, después de que dijera lo del último trago el capitán miro hacia las mesas, imaginando que entre ellas alguien se ocultaba, y tomando su botella de ron la alzo.

-Un brindis por el último trago, ya que hasta ahora la botella no me traicionara y la muerte no me reclamara con tal facilidad-

Si bien el jamás había muerto por alcohol … bueno en realidad jamás había muerto ahora que lo pensaba, bueno de cualquier manera las veces que había estado al borde de ese acantilado, la muerte se había enfrascado en una larga lucha contra el marinero, y siempre el capitán había salido con vida de esas batallas … claro que no iba a salir muerto si no hubiera sido imposible que estuviera aun con vida … bueno retomando lo anterior, ni mil bestias le echarían abajo ni mordisquearían sus piernas … bueno su ÚNICA pierna… volviendo al tema, el capitán estaba a punto de echarse a reír por las idioteces que decía la voz, pero debió de volverse más serio cuando escucho la palabra “veneno”, en ese instante coloco toda la atención posible que poseía y busco algún detalle que hubiera dicho, al final al voz quedo en silencio y el capitán, con suma tranquilidad tomo las cuatro botellas, ron … delicioso y exquisito ron, ambos tipos de whisky y por último la botella de licor exótico, dentro de cada botella se podía escuchan un tintineo, hablando de las “llaves”, aunque claro que no se podía ver demasiado por lo oscuro de la botella. El capitán pensó y con lentitud giro una de las botellas, ni una gota se derramo por su boca, tomo su espada y dio un golpe con fuerza contra otra, la botella salió disparada, choco contra un muro y rodo por el suelo, sin siquiera tener un rasguño, “no podría vaciarlas sin beberlas” y “no se romperían contra nada”, un gran dilema.

-El viejo Jack bebía bajo una palmera*comenzó a relatar* ante el tenia cuatro botellas de ron, el jefe de la tribu Mandaka las había colocado, cada una de ellas poseía una roca, tres blancas y una amarilla, el capitán debía de beber hasta obtener la amarilla, pero habían botellas con veneno, si el capitán las bebía moriría aun tomando la correcta… así que… ¿Qué hizo el buen capitán Jack? , no podía romper las botellas… pero si hacer algo interesante…-

Con frialdad abrió cada una de las botellas, no sin antes mirarlas claramente, después se retiro de la barra y llevándose su botella de ron se sentó en una de las sillas, dándole un buen trago al ron y acomodando su tricornio, a los pocos minutos el capitán ya roncaba, con una mano en su espada y la otra en su botella, ¿Cuánto tiempo paso ahí? No lo sabría, pero el capitán despertó, había dormido algo y a la vez había pensado en las palabras que había escuchado, por una parte habían cuatro llaves y solamente una útil, las otras tres no, por otro lado también había dicho veneno … pero había dicho “algunas vienen también con veneno”, por lo que podía interpretarse que dos o más contenían el veneno, o habría hablado de tan solo una de ellas … por otro lado ¿hablaba con la verdad? o tan solo eran mentiras … el capitán arreglo su tricornio y fue a mirar las botellas, cada una parecía idéntica a las otras, pero la razón para abrirlas era muy fácil, el alcohol de cada bebida, el tener cerrada una botella concentraba el alcohol y si se intentaba olfatear , tan solo se sentía este y no el verdadero aroma del licor, con tranquilidad tomo la botella de ron, y llevando la boca de este a su nariz dio un ligero olfateo, una a una de las botellas recibió el mismo tratamiento. Durante años el capitán había bebido en las más distantes cantinas y había aprendido a diferenciar el licor aguado con tan solo olfatearlo, de por si cada licor tenía su propio aroma, el whisky jamás había sido para él algo demasiado diferente de la vulgar cerveza, la razón … estaba hecho con cebada, trigo, centeno o maíz, plantas que crecían en la tierra, al igual que el vino, el cual era exprimido de las uvas … en cambio … el ron, a delicioso elixir de los dioses, era hecho con la caña de azúcar y su sabor era muy diferente.

EL capitán tenía una dura elección, cuatro botellas, y de estas habían muchas posibilidades que dos contuvieran venenos … o era muy posible que las cuatro lo contuvieran, difícil elección … mas el capitán tomo el ron, quizás demasiado obvio y lo llevo a sus labios, llevándose la boca de este y saboreándolo antes de escupirlo, el sabor era idéntico, y aun con esa perdida, la botella aprecia aun llena nuevamente, el capitán miro fijamente las botellas, cada una parecía la correcta y a la vez la equivocada, suspirando se decidió por dos, tenía un cincuenta por ciento de acertar o equivocarse … aunque pensándolo bien, el responsable de ese pequeño “juego” querría extender la diversión … y perder a uno de los participantes no era apropiado, tomando la botella de ron la llevo a sus labios y comenzó a beberla, esperaba que todo el liquido cayera en su garganta y atrapar la llave sin tragársela, si funcionaba … seguiría con el whisky negro … si sentía algún sabor extraño o incluso ligero … dejaría de beber, ya que primero lo probaría.

-A la salud del anfitrion-


~No es nada personal ... solamente son negocios~
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†Un minuto de silencio, por aquellos que el mar a reclamado, que festejen con neptuno y poseidon eternamente†

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Re: Master of tournaments

Mensaje por Gaeren el Lun Sep 17, 2012 11:46 pm

Abrí la puerta posando mi mano sobre ella y empujándola con delicadeza, pero también con firmeza. En mi rostro se había dibujado una mueca socarrona. Jé. Iba a salir de ahí dejando a toda esa panda de gente que, si bien no me aportaban nada, me habían despertado una ligera curiosidad. La mujer, el pirata… El drow. Me había quedado con las ganas de darle su merecido, pero aún así antepuse mi propio interés, que era volver al bosque. No me sentía a gusto en un recinto tan cerrado. Era como estar encarcelada.

Cuál fue mi sorpresa cuando, convencida de que mi libertad estaba tan cerca del alcance de mi mano. Nunca mejor dicho, porque sólo tenía que abrir esa puerta… Sin embargo, me equivoqué. Si pensaba que el recinto donde me había encontrado a toda esa gente… Era porque no sabía qué me estaba esperando. Mi sonrisa se convirtió en un apretar de dientes y en un ceño fruncido.
Me cago en la puta… Por suerte, estaba poco iluminada, cosa que mis ojos agradecieron, pues no estaba acostumbrada a la luz. En ella, vi un mueble que contenía tres cajones, cada uno de ellos decorado con tres tipos de metales preciosos: oro, plata y cobre.

Me acerqué lentamente hacia ella, analizando mi entorno y, por supuesto, mis espaldas. Después de dar unos pequeños pasos, imitando el avanzar de un gato nocturno y desconfiado, en el suelo aparecieron una serie de… ¿Letras? Éstas estaban escritas con un tinte de plata que se iluminaba sobre el suelo de madera. Lo observé durante unos instantes, como quien acaba de descubrir unas runas antiguas, desconocidas. Obviamente no era la lengua que yo conocía, más bien parecía esa que yo hablaba con cualquier otra persona que se me cruzara en el camino. No obstante, no pude entender nada de lo escrito. No era capaz de adivinar de qué se trataba aquello. A medida que la iba observando, parecía extenderse para hacer más fácil la lectura. No me frustré por no entenderlo, simplemente seguí observando, pensando que, quizás, debería haberme preocupado por ser más empática por el mundo del que ahora me rodeaba. Mi lengua natal no me servía de mucho una vez había salido de Thurindôr. Me puse de cuclillas para situarme más cerca del suelo y del escrito. Lo rocé con la yema de los dedos y medio sonreí.
¿Qué significará? ¿Qué habrá escrito…?

Entonces, volví a desviar la mirada hacia la pequeña mesita de noche que allí estaba. A parte del escrito del suelo, era lo único con vago interés de toda aquella pequeña sala. Me volví a incorporar y me deslicé hacia el mueble. Mis ojos seguían curiosos ante todo aquel espectáculo. Si bien era cierto que me moría de ganas por salir de allí, decidí aprovechar toda aquella sucesión de acontecimientos que ante mis ojos podía observar.

Una vez más, utilicé el tacto para comprobar aquella superficie. Rocé el primer cajón, el de oro.
El oro… Es bonito, sí, pero si quisiera riquezas materiales, no habría salido de Thurindôr. Deslicé mi mano hacia la cajonera de plata y mi sonrisa se ensanchó. Plata… Sin duda, más bello y galante que el oro. La luna es de plata, ¿qué puede haber más bello que ese metal? Quizás la sangre deslizándose por un filo bañado con ese material… Reí ligeramente a causa de mis pensamientos y, luego, me puse seria. Pero no. Ya tengo toda la suficiente. Mi mano, por fin, llegó a su destino: la cajonera de bronce.

Me aventuré a abrir el cajón de bronce, empujada por la curiosidad. Quizás hubiese una llave, un arma… Qué sabía yo. Esperaba encontrar una sorpresa agradable ahí dentro.





Invitado, no me hagas reír. ¿De verdad crees que me voy a doblegar ante ti?
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Re: Master of tournaments

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