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The Labyrinth (Partida)

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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Gawain Brisalegre el Dom Sep 09, 2012 3:11 pm

Tenía la cabeza espesa, no me lograba situar y notaba mis extremidades incómodamente entumecidas, una desagradable sensación. Una sensación como cuando te despiertas de una pesadilla, o tras estar inconsciente.

Mis recuerdos del día anterior eran borrosos y dispersos, no sabiendo localizar los hechos en una escala temporal concreta. La estancia era fría, mis dedos estaban aún más entumecidos que el resto de miembros. Apenas mantenía el sentido del tacto en las manos, como si me encontrase en una montaña nevada.

¿Me habían drogado? ¿Me habrían dejado inconsciente? ¿Era esto un sueño o había sido encerrado en una extravagante mazmorra…? Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un guardia sudoroso y sonriente, que parecía macabramente alegre de verme allí.

Si bien se paseaba en círculo, sus dilatadas pupilas estaban fijas en mí, y fue recíproco en cuanto me percaté de mi presencia. Un par de minutos, no más, en esa pequeño confrontación de miradas…

¿Cómo había llegado ahí?...


Recuerdo haber puesto rumbo al oeste, en una marcha junto a un grupo de peregrinos humanos. Ellos iban vestidos con túnicas blancas, sobriamente adornadas con algunos bordados en oro y crucifijos al cuello.

Por mi parte ocultaba mis rasgos élficos bajo una túnica del mismo color que ellos, solo que bastante menos ostentosa, y mucho más cómoda para los movimientos gráciles, ajustándose en pectorales y cintura, para caer holgada de nuevo en brazos y cadera abajo.

Poco más recuerdo de los peregrinos. Sé que las conversaciones fueron pocas, dispersas y bastante cortas. Supe que me regalaron una pequeña cruz de madera en honor a algún Dios que veneraban
– Que por cierto, no encuentro en mi bolsón – y separamos nuestros caminos, cuando llegamos a una pequeña población que no recuerdo.

No sabría rehacer mis pasos en dicha población. Recuerdo una taberna oscura, pero no recuerdo ninguna de las caras de los consumidores, ni siquiera del camarero. Tampoco por qué me encontraba allí, o que tenía en mente en ese momento.

Recuerdo juguetear con los abalorios del rosario, moviéndolos entre mis dedos. El sonido que hacían al chocar entre ellos. ‘Chac, chac’. Esos pequeños detalles que quedan siempre en una mente confusa…

Recuerdo también una fuente. El sonido del agua saliendo disparada al aire, el plateado color que tenía el líquido en contacto con la luz de las lunas y estrellas. Las diminutas gotas de agua salpicándome…


Este lugar era sin duda totalmente paranormal. Entre mis pertenencias no se encontraba el recientemente adquirido rosario, así como no iba ataviado con la túnica blanca. Me llevé la mano a la cara, intentando relajar mis músculos faciales.

Rápidamente llevé ambas manos a la empuñadura de mis dagas, desenvainando una de ellas. Hice algunos ademanes con ella, asegurándome que era la mía, tal cual y como la tenía dos días atrás. Pasé mi mano por el filo ligeramente, viendo como el cuero se rasgaba un poco.

Envainé rápidamente, haciendo algo similar con el arco. Acaricié suavemente las plumas de mi flecha, usando la punta para abrirme un ligero corte en un dedo, notando rápidamente un dolor agudo en la extremidad. Qué sueño tan real…

El hombrecillo comenzó a murmurar una cancionzuela que me resultó macabra, que correspondí con una mueca de disgusto…

(No con tu ayuda, apuesto)’ Pensé para mis adentros, riendo irónicamente de manera ahogada. Aún no se como segundos después el hombre estaba cerca de mi oído, como si de un espectro se tratase moviéndose de manera anormal.

La pregunta retórica del centinela me perturbó profundamente. No tuve tiempo de pensar una respuesta cuando mis pupilas se contraían una vez que la luz cegadora inundó la estancia, borrando al guardia de mi vista.

La nueva sala era blanca, tan blanca que era anormal. Demasiado blanca para ser real. Demasiado blanca para tener una mancha, polvo… Nada. Solo las paredes, solo el suelo. El color monótono que embadurnaba mi vista, haciéndome sentir extraño y fuera de lugar.

Miré a todas direcciones, sin encontrar una pista que me guiase, sin poder encontrar un motivo racional para avanzar… El silencio se rompía con mis pasos, que habían decidido hacerme avanzar en ese limbo siniestro.

Debía encontrar la salida, la entrada, aquello que me había traído ahí, aquello que no me dejaba salir… Pero extrañamente no me sentía asustado, me sentía irritado. Molesto por una situación que no comprendía y que sinceramente no me agradaba…

Solo me quedaba pues avanzar en una dirección desconocida a quien sabe donde y por qué.
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Aldum el Dom Sep 09, 2012 6:22 pm

Hacía poco rato que había tratado aquella afección a la niña merrow, y tras cobrar sus honorarios, el feérico vagó por las calles de la ciudad portuaria inmerso en sus pensamientos. Gente que iba y venía de toda raza y condición buscando nuevos recursos de los barcos mercantes que arribaban , provenientes de lugares muy dispersos. Aldum no vino aquí por una causa concreta. La simple curiosidad de encontrar algo que pudiera ser interesante, ya fuera un rumor, algún libro interesante, o cosas relacionadas, preferentemente relacionadas con la nigromancia. Aunque las esperanzas que albergaba eran pocas, pues este tipo de magia no es precisamente el más popular. Y ando, y siguió andando. Y antes de que pudiera darse cuenta, el pequeño ser se había adentrado en la parte, digamos, menos "decorosa" de la ciudad. Un lugar donde lo peor de lo peor se reune, y se comercia con objetos de diferente categoría, de dudosa legalidad. El mercado negro.

"No he parado en un buen sitio", se decía. Y razón no le faltaba. Los feéricos son bastante buscados por los coleccionistas y gente con pocos escrúpulos, pues se ven como, o bien mascotas entretenidas y exóticas, o una herramienta mágica más, debido a su gran afinidad con la misma. En cualquier caso, ese lugar era muy peligroso, ya fueras feérico o no. Y por ello, la necesidad de salir cuanto antes se convirtió en una prioridad absoluta.

Gracias a su pequeño tamaño, conseguía deslizarse entre los objetos del suelo, vigilando celosamente que nadie le detectara, escurriendose entre callejuelas, escondiendose bajo los cestos, y buscando una ruta de escape. ¿Volar? El riesgo a que lo vieran era mucho más alto si lo hacía, y no estaba dispuesto a correrlo y acabar en una especie de jaula o pecera, o cosas peores en las que prefirió no pensar.

Tras un buen rato, empezaba a vislumbrar el camino de salida. Pero un susurro le detuvo. De hecho, se paró en seco, y giró la cabeza. En el fondo del callejón, dos personas. Una de ellas se asemejaba mucho a un orco, el otro era humano. ¿Qué le hizo detenerse tan de pronto? Su conversación. Podría jurar haber oído algo sobre muertos, resucitar y magia. Solo significaba una cosa. Nigromancia. Y estas son oportunidades escasas. Los conocimientos en este arte que poseía Aldum eran algo limitados. Pese a conocer algunos conjuros, sabía de sobra que le faltaba mucho por aprender, y necesitaba hacerlo para cumplir sus ambiciones. Vencer a la propia muerte... Así que antepuso su necesidad de conocimiento, mezclada con curiosidad, a la necesidad de alejarse de ese lugar tan peligroso para el. Y se acercó. Se colocó entre unas vasijas. Y desde su posición, empezó a escuchar la conversación. Pero pasaba algo. No estaba oyendo nada. Se quedó mirando fijamente al suelo. Muy concentrado en él. Los sonidos desaparecieron. Los olores desaparecieron. Los colores desaparecieron, quedando un gris de diferentes tonalidades. Y tras ello, el gris huyó, dejando una estela blanca.

Se sacudió la cabeza, saliendo del trance.

- Agh... qué me ha ...- Reaccionó rapidamente y se tapó la boca con ambas manos. Con el corazón a mil, miró rapidamente hacia donde se encontraban el orco y el humano. Y en el lugar donde se suponía que debían estar, ahora se alzaba una imponente puerta. Con un blanco que no pudo dejar de mirar. Todo esto ocurrió en un instante. - pasado... -dijo retirando las manos de sus labios.

Con bastante intranquilidad, se elevó del suelo, y miró alrededor, observando el páramo que ante él se extendía. Dio un par de pasos y una súbita parálisis de adueñó de su cuerpo, y como tirado de unos hilos, volvió frente a la puerta. Fue entonces cuando se percató de que no estaba completamente solo. Estaba completamente embobado. ¿Estaría soñando? Tras pellizcarse, comprobó que el dolor que sentía era bastante real. Pero... ¿Cómo había acabado allí? Eso es un completo misterio. Pero una cosa tenía clara. No sabía donde estaba ni como había llegado allí. Y eso, en parte, le tranquilizó un poco. Sabía que no sabía donde estaba, y esa seguridad era suficiente para saber que tenía que desconfiar.

"Lo que es arriba está abajo
Lo que está abajo ¿Existe?
Es entre las tinieblas de tus recuerdos
Que se extiende la telaraña que te ha atrapado.
Pobre viajero, te has perdido
Cruzas una puerta y crees encontrar el camino
Pero no hay salida, no hay entrada
¿Cómo saldrás de esta trampa?"

Cantaba el guardián. Se acercó a él, y antes de poder responder, una mano le selló los labios. "- ¿Quieres entrar?" Esas palabras venían junto a un hedor tal que le mareó. Cuando se recuperó. Se vio así mismo en una estructura. El páramo, así como la puerta, habían desaparecido.

- Supongo que me habrá dejado entrar, o algo así... - Se quedo un rato pensativo.

Era cierto. No hay salida ni entrada. Simplemente camino. Se volvió a pellizcar, y comprobó de nuevo que el dolor que sentía era real.

- Muy bien, veo que no me queda más remedio que aceptar tu reto. - dijo para sí mismo, resignado. - Será mejor que comience a andar, a ver a donde conduce todo esto...

Y tras decirse eso, comenzó a andar, preguntandose una y otra vez como había acabado en aquél lugar.


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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Lun Sep 10, 2012 1:06 am

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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Yuzuki Ami el Lun Sep 10, 2012 4:20 am

Sentada en aquel sofá cama, bebía su te con calma. Ami se limitaba a recostar la cabeza sobre el descansa brazos, con los ojos entrecerrados. Realmente, su vida no era tan mala y, en tanto estuviera en total control de si misma y sus emociones todo iba bien. Hacia media hora que había terminado su último trabajo en aquella posada, así que, sonriendo, murmuro –gracias a las Diosas de la protección y el trabajo, por este día tan productivo…- sinceramente, estaba contento con esta situación, aunque sabía que no podría durar mucho más. Su suerte siempre era mala, así que alguna desgracia le acontecería. Agradecía enormemente al posadero su bondad al contratarla de tiempo complete como mesera y mucama, limpiando todo el día y sirviendo a los clientes. Era casi como estar en el templo, y, aunque sus manos ardían por los productos utilizados para limpiar y encerar, tenía dinero en el bolso y una habitación cálida donde dormir.

Termino el te de manzanilla y se recostó sobre aquel mullido sofá, acurrucándose. El sueño… ¡Ah, bondadoso dios del descanso! Rogó que esa noche no tuviera alguna pesadilla o la sensación de ser perseguida… pero quizá eso era mucho pedir. Durmió rápidamente, cayendo con rapidez en las sombras del descanso nocturno. –Ami… Ami…- la joven abrió los ojos, frunciendo el seño. Esa voz… pronto, vio a quien le llamaba. Entre una neblina profunda, un joven de cabellos negros sonreía, extendiendo la mano hacia ella –Ami… Ami…- le llamaba. Ella comenzó a correr hacia el, estirándose lo mas que podía, tratando de alcanzarle… pero era en vano. Ami sintió el pánico en su corazón, seguido de un dolor desgarrador. Se detuvo y vio como alguien metia la mano en su pecho, abriendo la piel y arrancando huesos antes de gritar y observar su corazón, palpitante en las garras de algo. El miedo la invadió y luego, un relámpago fuerte inundo el sitio, haciéndole cerrar los ojos un segundo. Al abrirlos, se encontraba en un sitio blanco del cual una grieta surgía, abriéndose y desgarrando. El ruido atronador del espacio que es partido en dos como por garras que dividen aquella habitación blanca le obligó a cubrirse los oídos… y entonces, se sintió caer.

Las garras desaparecieron, dejando a su paso una luz tan brillante que lastimaba. Ami no sabio bien donde estaba, si soñaba o estaba en algún otro sitio. Intento ver una vez mas, logrando vislumbrar dos puertas lisas y blancas, neutrales completamente. La joven intento moverse en vano, pues parecía que sus pies no respondían. Lo atribuyo a la sorpresa que le causo ver a aquel centinela. Un hombre encorvado, de dientes podridos y un gorro puesto descuidadamente lucia cansado (a su forma de ver) y sudoroso. Su forma de caminar… Ami deseo poder darle algún bastón o algo. Frotaba sus manos y le hizo pensar que quizá podría ser alguien malicioso, pero no debía sacar una conclusión rápida. Era extraño. Trato de hablar al hombre, mas sus pies comenzaron a moverse por cuenta propia. Era como si fuese la marioneta de alguien… y una sensación de intranquilidad se instalo en su pecho. Tenia que ser un sueño, porque conque alguien le manipulara de nuevo… y la ira quiso hacer mella en su corazón, pero no la dejo por miedo a lo que pudiera pasar.

Noto el frio en sus brazos, aunque sus manos iban cubiertas, se abrazo a si misma. No entendía bien aquello y si en verdad soñaba, se pregunto que lección quería darle su mente ahora. No pudo moverse más allá de la puerta y el pánico inicio pronto, pues la sensación de que alguien más le controlaba era asfixiante. El centinela… sus ojos eran de dos colores distintos y Ami se sorprendió, pensando entonces que ese hombre era una versión suya. ¿Lección por parte de su inconciencia? No lo supo, pero, era escalofriante. Una pesadilla tal vez… pero, eran diferentes porque uno de sus ojos eran dorados. La joven ladeo la cabeza un poco, frunciendo el seño. El hombre comenzó a cantar y el alma se le fue a los pies, pues de forma tétrica le recordaba a su propia vida.

Lo que es arriba está abajo
Lo que está abajo ¿Existe?
Es entre las tinieblas de tus recuerdos
Que se extiende la telaraña que te ha atrapado.
Pobre viajero, te has perdido
Cruzas una puerta y crees encontrar el camino
Pero no hay salida, no hay entrada
¿Cómo saldrás de esta trampa?


Eso era su vida ahora mismo. Una trampa siniestra donde no había salida. ¿Seria acaso este sueño una representación de ello? Ami se guardo la palabra, y, así fue mejor pues de lo contrario, al no poder hablar habría sido presa del miedo… aunque, la sensación de viscosidad y el aroma del aliento del centinela le provoco ascos. No debía juzgar a las personas pero… ¡Porque apestaba! Inmediatamente, su mente trato de ligarlo con la idea de que su interior estaba tan podrido por la corrupción… Si, quizá era eso, los sentimientos como los celos o la codicia aun residían en ella. Seguro la influencia de esa hechicera… pero no estaba segura. El pregunto si quería entrar, ella quiso decir que no, pero sabia que no había opción. Este, era un viaje que debía ser recorrido… y lo haría con dignidad y valentía.

La luz fue tan cegadora que hubo de nuevo que cerrar los ojos, para volver a encontrarse dentro de una estructura muy extraña. Paredes blancas, pero llena de curvas y pasadizos. Un laberinto… confundido, intenta moverse pero de nuevo, es inútil. El sueño mas extraño que ha tenido hasta el momento… ¿o no? Cuando percibe movimiento, quita uno de sus guantes antes de pellizcarse fuertemente. El dolor de la piel enrojecida le hace dudar. Un sueño no puede ser tan vivo… es entonces cuando desea salir de ahí, pensando en que ha caído en algún hechizo. ¡El te! Seguro tenia algo extraño –tengo que salir de aquí…- murmuro por lo bajo y el eco regreso sus palabras, haciéndole dudar. Al girarse observa aquel pasaje tan extraño y, tomando aire, se acerca a la entrada, mirando el camino por delante… -Diosas… - dijo con un eco resonante –protéjanme en este camino. Dirección, fuerza… imploro de su protección y bendición... – y, tomando toda la valentía que pudo, comenzó a caminar… se puso de nuevo el guante, colocando una mano sobre su pecho, notando dos cosas; una, su corazón latía con fuerza por el temor y dos; temblaba. Deseo tanto estar entre los brazos de su amado… un amado que por su cobardía y celos había muerto. Por su estupidez. No, ahora estaba sola. Obligándose a calmarse, emprendió pues la marcha a un mundo del que no sabia… si saldría viva.

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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Keth el Mar Sep 11, 2012 1:24 am

Una arboleda teñida de colores verdes vivos y oscuros, era oscura, cualquiera que la mirase tendría en mente rodearla, claro... a no ser que contemos todo y pensemos que a saber su gran extensión... ademas... ¿podría haber algo de interés?
-De perdidos al bosque- No hubo eco y las hojas hacían una alfombra esmeralda que invitaba a entrar, parecía desolado, no había un zumbido de insectos, sin duda, tranquilo.
Me interné y miré al suelo, aunque las hojas eran de un vivo verde, crujían a su paso me adentré hasta tal punto que el suelo ya no tenia camino alguno, era una cantidad de arboles que unida daba una sensación de agobio casi letal, la humedad era latente, y el camino parecía no tener salida.
Me giré y ya no veía la entrada, miré a los lados y no había salida... ¿debo volver sobre mis pasos?
Emití un suspiro de desesperación, continué adelante a paso ligero esperando que la salida llegase, ¿no había un claro, una colina suave que hiciese las delicias de alguien que quiere dormir sobre la hierba?

En momento así añoraba la compañía de gente con la que hablar, recordaba a mi familia y como nos movíamos y salíamos de situaciones así sin despeinarnos. -Y que yo lo diga...- Dije cabizbajo sentado en la raíz de un árbol bastante grande. -Ahora estoy solo, es lo que quería, pero... ¿cuanto hace que no cruzo palabras afables y no intercambios por una comida con alguien a quien considerar mi amigo?- Llevé mi mano instintivamente a mi pecho y saqué de mi pequeña faltriquera una pequeña fruta que llevé a la boca para distraerme, un punto ácido del corazón hizo que mi cabeza cayera sobre el duro tronco del árbol. -¿Y a quien puedo considerar amigo? La ultima persona que creí que era mi amigo...- Me toqué el tatuaje y asentí, un suspiro culmino con estos pensamientos.

Me intenté poner en pie, necio de mi, si por algo me había sentado era por el tremendo cansancio que tenía... sentí dolor en las piernas, recaí en la raíz y volví a suspirar pero esta vez mas molesto... -¡Debo seguir!- Maldecía dentro de mi todo lo que podía maldecirse, me comencé a sentir como un inútil, ¿como comería esa noche si no llego a la ciudad? -Descansaré... y... seguiré cuando me sienta mejor...- El sueño hizo mella en mi, la espesura del bosque no me decía si era de día o de noche, mi cuerpo creía que era de día, mi instinto y cansancio me instaban a creer que era de noche, y me rendí a ellos, no podría avanzar si las piernas me fallaban, a nadie le hace mal un descanso.

๑ ๑ ๑ ๑

-¡Carga mas de esas cestas, maldita sea!- Gritaba un hombre gordo y cabreado, gritaba como un loco -No... puedo mas...- Un joven de pelos claros caía al suelo y una cesta con manzanas caía derramandolas, estas caían ladera abajo en lo alto de una escarpada montaña.
Corrí ladera abajo, debía recoger esas manzanas... a toda costa.
A medida que bajaba iba directo a una luz, la vista aumentaba, ¿no era un niño que recogía manzanas? Veía el mundo desde arriba aun, no entendía nada a medida que la luz se acercaba a mi. ¿Sería el sol incidiendo sobre mi?
No podía detener mi avance y las manzanas se fundieron con la luz, al atravesarla por culpa de ir sin detenerme, me vi de nuevo siendo yo, tenía frío, ese frío me era familiar, pero me daba peor espina que el de los inviernos aguantando las goteras de una casa ruinosa. -...- De mi boca no podía salir nada, no me sentía capaz, el cambio del viento de las montañas a un frío aciago era muy espeluznante. Mis extremidades se movían por si solas... escuché y respiraba con nerviosismo, tanto que escuchaba mi respiración en mi cabeza como si estuviese nervioso, lo estaba... escuchaba algo... estaba pensando en tantas cosas...

Lo [...] es arriba está abajo
Lo que está [...] ¿Existe?
Es entre las [...] de tus recuerdos
Que se extiende la telaraña que te ha atrapado.
Pobre [...], te has perdido
Cruzas una puerta y crees encontrar el [...]
Pero no hay [...], no hay entrada
¿Cómo saldrás de esta trampa?

Un ser horripilante, él cantaba eso sin cesar, no puedo mediar palabra... me asusta demasiado como para poder hacer nada, no escuché la canción, mi respiración y mis ansias vanas de huir desconcentraban mi atención. No podía relajarme, ¿una trampa? ¿quién? ¿ese viejo hombre gordo...? No.
Miré a una puerta que tenia al frente, no podía salir, pero el frío era real, mi vía de escape debe ser esa...

-¿Quieres entrar?-


Mi cuerpo no sentía el frío, un olor amargo me acompaño y la puerta no estaba, mas una sala blanca como la nieve, miré y me tapé la hermandad con un brazo, aunque ya no olía nada, suspiré profundamente para relajarme y poder quitarme de la cabeza la forma tétrica de moverse ese ser y que no me afectase lo mas mínimo... Un reto inútil, debía evadir esa imagen, esos gestos...

-Debo... seguir-
Ya no estaba tan cansado, nada, podría decirse, pero esa sensación de miedo e inseguridad me agotó, juraría... juraría que estaba sudando, no era así, -No debo perder mas tiempo, tengo que salir de lo que quiera que sea esta trampa- Aunque una pregunta que me consumia por dentro era el pensar... (¿Quien querría tenderme una trampa?)
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Vie Sep 14, 2012 8:58 pm

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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Aldum el Sáb Sep 15, 2012 7:31 pm

Tras un largo rato andando, se detuvo a inspeccionar las paredes, para comprobar si realmente estaban ahí. Tras los recientes acontecimientos, le urgía la necesidad de tener la situación bajo control, aunque fuera de forma ínfima. Pudo constatar de que la pared blanca era sólida, lisa y que no dejaba ningún residuo cuando se la tocaba. Ya sabía qué le rodeaba, por lo que podía continuar por el laberinto, más confiado.

El camino se extendía sin cambio aparente: las mismas paredes, el mismo suelo, y el mismo blanco uniforme. "Quizás este blanco produzca una especie de ilusión óptica, que creara una sensación de infinitud en el pasillo" pensaba. Con esto en mente, y para eliminar la ligera sensación de vacío que el laberinto ejercía sobre el feérico, este caminaba pegado a la pared, con la mano apoyada. El contacto con ella le reducía la sensación de incertidumbre.

"Lo que es arriba está abajo
Lo que está abajo ¿Existe?
Es entre las tinieblas de tus recuerdos
Que se extiende la telaraña que te ha atrapado.
Pobre viajero, te has perdido
Cruzas una puerta y crees encontrar el camino
Pero no hay salida, no hay entrada
¿Cómo saldrás de esta trampa?"


Se reía mientras canturreaba esa canción. No quería olvidarse de ella, y era una buena manera de avanzar distraído. El monotono camino no traía nada nuevo, y la cordura era algo preciado que no le gustaría perder. Recuerda con cierta preocupación los días en los que trabajaba junto a Lórindir, cuando había que tratar con dementes. Pese a que algunos casos fueron tratables, la idea de perder la razón de tal manera le parecía...

Sacudió la cabeza y miró al frente. Esos pensamientos no le iban a ayudar. Y el laberinto pareció entenderlo, porque lo que le presentó le hizo olvidar esos días de un plumazo. Una neblina plateadase aproximaba a él. No había donde cubrirse, ni manera de saber si sería nociva o inofensiva, o si entre ella se ocultaría algo o alguien. Se tapó las vias respiratorias con su túnica y avanzó a su encuentro, apoyado aún en la pared.

Y se encontraron. La sensación era difícil de descifrar, similar a la que había sentido cuando intentó explorar el páramo y se había quedado completamente paralizado, pero esto era diferente. Esta vez nada tiraba de él. Parecía más bien como si la neblina no quería que le molestase en su paso. Pasó el tiempo, y la neblina se disipó.

La nueva situación requería volver a ubicarse. Lo primero que notó fue el cuello inmovil. Intentó moverlo, pero le resultó inútil. Levantó las manos a la altura de sus ojos. Estaban enteras. Con ellas, palpó el resto de su cuerpo. Estaba entero. Intentó volar. - Oh maldición, esto me va a complicar las cosas...

Comprobó que en la estancia en la que se encontraba habían una serie de curvas y giros. Y prosiguió su analisis contandolos. La situación resultaría un poco cómica para un espectador, pero a Aldum poca gracia le hacía. Puesto que no podía mover el cuello, tuvo que ponerse a dar vueltas sobre sí mismo, e incluso a dar vueltas por el suelo, para que no se le escapara ningún detalle de la habitación.

- Siete... - Dijo a la nada, acostado en el suelo.- Siete giros, y una puerta verde... - Cogió aire y gritó, con el fin de que alguien le respondiera. - ¿¡ Y que sorpresa me tienes deparada después de esto!?- Volvió en si. - Empiezo a desvariar...

Contra todo pronóstico, una voz, proveniente de algún lugar, cobró forma, primero casi imperceptible para un humano...

"En medio de la vida y la muerte hay un hilo
Que se entreteje por medio de palabras."

La voz iba adquiriendo fuerza, y se colaba directamente en los oídos de la pequeña criatura.

Si lo sabes tejer, te lleva a un camino

Empezaba a inquietarse.

Si lo cortas, permaneces en el mismo lugar...
¿Qué querrías hacer? ¿Tejerlo o cortarlo?

¿A qué venía todo esto? El sonido era demasiado alto. Como un relámpago, vino a la cabeza su condición. Feérico y nigromante. Una antítesis viva. Y junto a esa idea relampagueante, se le fue formando un nudo en la garganta. ¿El motivo?

Ten cuidado, piénsalo bien
¿Es la tijera un hado maldito o el buen fin que te lleva a la tierra?

Esas últimas palabras le hicieron sentir que la cabeza estallaba. Se incorporó, tras un rato temblando en el suelo. Le costó un poco. Tras mucho tiempo, su naturaleza feérica se enfrentó a su actual yo. La muerte no significaba ningún fin. Era un tramo más de un camino interminable... Cerró fuertemente el puño izquierdo, mientras con la mano derecha se secaba las lagrimas. Respiró hondo.

Sé que lo que hago puede resultar egoísta... pero... - alzó la mirada - pero conocer el mayor secreto que guarda este mundo... - Se sacudió la cabeza, y miro fijamente a la gran puerta.- Desde que conocí a Lórindir, el conocer se convirtió en la más gratificante recompensa. Ya me resulta imposible plantearme si quiera otra manera de vivir. Y por ello seguiré con mis ambiciones. - se calló- ¿Me preguntas que si tejeré el hilo que separa la vida y la muerte? - sonrió y miró desafiante a la puerta. - Eso no se le pregunta a un sastre como yo.

Y con gran decisión puso ambas manos sobre la puerta.

Y empujó.


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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Keth el Dom Sep 16, 2012 12:18 am

Todo fue rápido, esa cara pegada a mi como si de un flash se tratase, la puerta, la sala... (Uahg... ¡No veo nada!) Posé una rodilla sobre el suelo, no veía nada, es como si... ¡un cristal brillase como el sol!
Pero no podía ser eso, tapé mis ojos con una mano y con la otra palpaba las paredes, lo que tenia a mi alcance, los guantes no me dejaban diferenciar cosas suaves, ásperas... pero tocaba, poco a poco... bien... me molestaba, cada vez menos, pero el destello seguía latente, era una molestia, con los ojos achinados y sin retirar mi mano de los ojos continué por un pasillo, (¿Que es esto?) Dije sin quitar mis mano de los ojos, una... era una hendidura, una esquina, mejor dicho... fui en dirección a ese giro, aumenté mi velocidad, queria llegar al final de ese pasillo, mas algo hizo que comenzase a tomar con mas calma mi marcha.

¡Toc! ... ... ... ¡Toc!
¡Toc! ¡Toc! ... ... ¡Toc!
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! ... ... ... ¡Toc!
¡Toc!
... ¡Toc!

A medida que el sonido se hacia mas fuerte, yo me ralentizaba, avanzando casi por inercia, curiosidad que no sentía ni quería sentir, todo esto carecía de lógica, y no me gustaba, no, no lo entendía...
A medida que pasaba y avanzaba el sonido se hacia mas y mas fuerte, la luz me cegaba menos y mi mano se retiró de mi frente lentamente hasta contemplar... eso.
Quizás no fuese nada, ese hombre no se percató de mi presencia, miré a mi alrededor y me fijé que las paredes eran blancas, si no me fijaba con atención, no veía sus limites, me centré en el hombre que veía y en su estatua, eso si me llamó la atención de forma alarmante por el ruido que el eco transportaba o... ¿no era eco?
Una idea vino a mi (¡El sabrá como salir!) A paso ligero y con mis manos cerca de mi cintura, mas cerca de mis armas, me acerqué en una pose no amenazante, pero... yo... Aceleré el paso, más, no me detuve, y no lo alcanzaba, ¿se alejaba él apropósito? ¿era algún truco mágico?

Miré detrás mía, el camino estaba definido para volver, quizás... solo fuese una tontería y comencé a caminar, no llegaba al pasillo, era como si algo tirase de mi, movía mis piernas, sentía movimiento, pero la entrada del pasillo no se acercaba a mi. (¿¡Que esta pasando aquí!?) No puedo mas... me resigno, me rindo, estoy agotado...
En un respiro de resignación me giré y el hombre estaba mas cerca, aun sin percatarse de mi presencia, de perdidos al río, el sabrá decirme como salir de aquí. Estaba mas cerca que antes, retrocedí unos pasos por seguridad, esta vez me moví y lo noté, mas no fue una distancia demasiado grande...
-D-Disculpe...- El hilo de voz denotaba que estaba asustado a lo que podría pasar, martilleaba una... persona de piedra, su cabeza, pensé en la cabeza del guarda de la puerta y negué para quitarme de la cabeza esos impíos pensamientos, tragué saliva, debía ser fuerte, como casi nunca antes. -Disculpe- Repetí -Deseo salir de aquí, ya- Dije de forma osada, no podía perder mas tiempo en un mundo... desconocido para mí.

Mientras esperaba una respuesta, apreté los puños, la impaciencia me podía mucho... -¡Responde!- Grité presa de un cúmulo de sentimientos encontrados, para mal.
No me echaría atrás, debia ser fuerte, ademas... ¿es esto una prueba? La superaría, se que puedo, he vivido situaciones peores, y quien sea que me haya traido aqui respondería le guste o no, lo tengo claro.
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Gawain Brisalegre el Dom Sep 16, 2012 1:27 am

Los pasos eran lentos, largos pero sin fin. El ruido sobre el sobrio suelo era todo lo que me daba una sensación de realidad en semejante situación. Mi mente estaba revuelta, y mis pensamientos me hacían caminar cabizbajo.

¿Qué era semejante lugar…? Era irritante la falta de conocimiento, pues sin saber lo que te rodea también es complicado saber como reaccionar. ¿Debía mirar atrás, esperando algún cambio? ¿Debía revisar las paredes, por si su existencia era solo una ilusión?

Caminaba en busca de una respuesta. Podría volver atrás, ¿pero qué me aportaría? ¿Estar siempre en este limbo, solo para mantenerme en la seguridad de estar vivo? No era una opción.

Si hay una ínfima posibilidad de encontrar una puerta a la realidad, debía caminar en su búsqueda. Como siempre he hecho, como siempre hago, caminar… Buscar la experiencia, buscar conocimiento.

Siempre caminaba en busca de un nuevo evento, del conocimiento que me haga madurar y convertirme en lo que quiero ser. Buscar siempre una puerta, una salida a la siguiente aventura, una salida a de nuevo poner mi vida en riesgo…

Mis ojos y cavilaciones fueron pronto atraídos por un pequeño destello de cambio. El suelo comenzó a cambiar de tonalidades, el blanco era cada vez menos pulcro, menos claro, menos blanco. Los colores se hicieron un hueco en el sobrio plano, en un inicio para mi agradable sorpresa.

Sin embargo, pronto se hicieron cambiantes. En una psicodélica cacofonía de colores absurdamente brillantes, el suelo se me hizo imposible de mirar. Me resulto imposible mantener mi agudizada vista ante semejante brillantez, semejante explosión de tonalidades cambiando continuadamente.

Mis pasos frenaron por un momento, llevándome mi mano a mi cara. Las yemas de los dedos masajearon ligeramente mis lagrimales, en un intento de aliviar el cansancio ocular que confería el lienzo que era ahora el antes impoluto suelo.

Amarillo, rojo, naranja… Golpeaban mis retinas con inclemencia, sin un poco de tregua, agresivamente.

La irritación crecía en mi al apenas poder mantener mi vista centrada por culpa del suelo. Pero gracias a este hecho, la poca normalidad del lugar era más evidente. Una ilusión, un sueño o pesadilla muy real, tan real que resultaba hiriente.

Con los ojos entrecerrados por la molestia causada, caminaba un poco torpemente por la falta de equilibrio que me provocaba la vorágine multicolor. Mis sentidos estaban ligeramente embotellados, lo suficiente como para no poder prever el siguiente evento.

Lo siguiente que noté fue un ligero tirón, y la falta de peso en mi espalda.
Llevé mi mano al pecho, viendo como mi cinto había sido desabrochado sin previo aviso, sin un ruido a modo de saludo.

Mire hacia atrás por encima de mi hombro, para girar luego sin movimientos bruscos, dando la espalda al camino que hasta ahora seguía. Vi mis flechas en el suelo, todas ellas. Una veintena de flechas desperdigadas cuidadosamente, como tentándome para recogerlos, pero sin ninguna pista del culpable.

Llevé mi mano a mi ahora única arma usable, mis dagas. Reticente a agacharme a por ellas y ser atacado por el bromista, que decidió que su inteligencia emocional no era suficiente como para comprender que no era buena situación para hacer jugadas.

Tampoco quería arriesgarme a que no fuese un bromista, si no un asaltante que logró despojarme del arma con el que mejor me defiendo. Unos segundos, no más, mirando a mí alrededor, todo lo alerta que podía estar.

El silencio imperaba, y no se hizo ninguna otra señal de posible ataque, por lo que me agaché agarrando mis flechas. Recoloqué el carcaj con toda mi munición de nuevo en mi espalda, aún receloso de la jugarreta.

Volteé de nuevo, aún con la mano en la empuñadura de mi enfundada daga, agarrando también las que estaban colocadas a mi frente, en un total de veinte flechas ahora en mi carcaj.

Quería proseguir mi camino cuanto antes, encontrar la salida del incoherente antro al que me habían obligado a entrar, dar jaque en el mórbido juego del que estuviese detrás del escenario.

Por fin pude ver el final del pasillo. Una pared de la misma tonalidad, coronada con una puerta de color cielo pálido, en contraste a los vivos colores que pintaban el suelo. Un color agradable a la vista, calmante.

Mis pasos eran cada vez más cortos, pues me acercaba a mi objetivo. Podía ya alcanzar el pomo de la puerta, agarrando la fría superficie. Apretando pero sin activar el mecanismo para acceder a la siguiente estancia… El nerviosismo de haber tomado una mala decisión estaba claro en mi mente, pero no había opción ya.

Antes de decidir dar el paso, agarré una de mis dagas esperando cualquier posible emboscada, cualquier posible jugarreta por el macabro ser que me tenía allí encerrado. No quería correr riesgos.
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Yuzuki Ami el Sáb Sep 22, 2012 7:59 am

Sus pasos marcaban un eco seco conforme avanzaba en aquella habitación blanca. Fue cuando notó que no vestía la ropa para descansar o limpiar, más bien, era el traje que llevaba a sus viajes. Cómoda, pero reservada. Sus guantes en su sitio y aun cargaba la espada y los abanicos, así como un par de dagas y su diadema. Del mismo modo, un bolso que revisó con curiosidad, encontrando todo lo que ella acostumbraba a cargar (hierbas curativas, comida, su flauta y un cambio de ropa). Yuzuki miró confundida, sin saber exactamente que pensar. Todo indicaba ser un sueño pero ¿y si no? Quizá era un trance… habiendo trabajado en un templo, llegó a pensar que alguna deidad deseaba comunicarse con ella. Tomo aire profundamente antes de continuar en aquel camino, pensando en que si veía una luz al final, regresaría porque definitivamente no quería morir.

La luz comenzó a opacarse poco a poco, conforme avanzaba. En un punto, Yuzuki se detuvo, aferrando la empuñadura de su espada. El silencio era ensordecedor, las paredes se tornaban negras y el cielo desaparecía en aquel manto de oscuridad. Reanudó la marcha, sin saber si volver o seguir adelante, más cuando se giró a su espalda el mismo negro silencio. Su corazón palpitó con fuerza y rapidez, sintiéndose en una caja pequeña. Conforme el miedo aumentaba, sentía que perdía el control sobre sí misma. Levantó una de sus manos y pudo rozar el techo… pronto sintió las paredes encogerse sobre sí misma y, a pesar de que realmente nada cambiaba de sitio su mente le jugaba crueles bromas. Se arrodillo en el suelo, con el pánico cada vez más fuerte en su pecho –basta… - murmuró, aunque su corazón latía tanto que lo sentía como tambores en sus oídos. Temblaba, no pudo resistirlo más cuando aquel goteo comenzó. “Clack, Clack…”

-Morirás aquí, sola en esta prisión sabiendo que has matado a quien te amó y, no solo eso, sino que destruiste a su familia. Maldita eres, maldita serás…- los ecos del pasado le atacaron con fuerza, viéndose en prisión, encerrada en aquella habitación tan pequeña y oscura… Sus ojos se llenaron de lágrimas el pánico era tan fuerte y palpable que no pudo más que llevarse las manos a los oídos y gritar -¡BASTA!- el ruido cambiaba de lugar y entonces, presa de un miedo irracional se puso de pie, sacando su espada para comenzar a correr. Todo tenía un final y ese pasillo no podía ser la excepción. Corría desesperadamente, sintiendo los pasos de algo que iba tras ella. El terror ascendió por su columna vertebral, erizando los vellos de la nuca, mientras corría. Sentía casi como si una garra pudiera aferrar su hombro con maldad… su respiración era demasiado fuerte y podía oírse el eco de sus esfuerzos por calmarse en vano –cerrada… - murmuro, con voz temblorosa –por favor… - dijo de nuevo. No se adentró por curiosidad en aquella negrura, más bien, miedo… pues ¿Cuál sería la reacción ante la fobia presente ante ti? Ella no lograba entender que sucedía, pero la idea de que las paredes de pronto se cerrarían y la aplastaran era más que aterradora. Siguió avanzando, corriendo en la oscuridad con espada en mano –luz… luz…- no dejaba de murmurar, rezando a las diosas por una salida…
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Re: The Labyrinth (Partida)

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