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The Labyrinth (Partida)

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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Gawain Brisalegre el Dom Oct 14, 2012 12:09 am

La negrura era todavía todo lo que mis ojos podían ver. Sentía cada una de las heridas en mi cuerpo, sentía el líquido rojo brotar de ellas sin compasión. Todo el cuerpo entumecido, no podía si no evitar moverme para calmar el dolor, que se agravaba cuando movía el más mínimo músculo. Ese limbo oscuro en el que te encuentras durante la pérdida del conocimiento…

¿Estaría muriendo? ¿Se podía morir en un lugar semejante…?

¿Estarían haciendo algo conmigo los tipos que me dispararon? ¿Terminarían de rematarme…? No notaba movimiento, no notaba nada, solo el dolor punzante de las flechas, el dolor incesante. El dolor como castigo a un error cometido. Pero no podía morir por semejante cosa… En semejante lugar…
El sabor ferroso seguía inundando mi boca y nariz, pero mi piel ahora percibía una ligera brisa. Una brisa calmada y que me descentraba de la agonía, una brisa que casi me revitalizaba… ¿Podía correr semejante viento en una habitación cerrada? Si eso no fuese suficiente para confundirme, como si de la nada, noté un cosquilleo en mi piel, como de la hierba que se contoneaba al son de la melodía del viento y acariciaba compasiva mi herido cuerpo.

La frialdad del dolor ahora parecía apaciguar con la calidez de un sol que me arropaba, y el olor a hierba fresca llegaba a mi nariz remplazando la sangre. Oí pajarillos cantar, permitiéndome por fin recuperar suficientes fuerzas como para separar los párpados y ver la extensa pradera en la que inexplicablemente me encontraba, haciéndome aún desconfiar más de todo… ¿Habría muerto de veras? ¿Era esto algo así como mi paraíso…?

Con un dolor desgarrador en mis miembros, me alcé con dificultades. En el lugar donde me encontraba ahora había un charco que teñía de carmesí hierba y tierra. Lo veía con la mirada borrosa, con la pesadez de los párpados. También vi mi propio cuerpo, herido, pero sin las flechas. La sangre ya no caía tan desmedidamente, pero si brotaba en pequeñas cantidades. El viento rozaba la piel aliviando un poco el dolor, que aún se sentía punzante en exceso.

De nuevo fui atraído por un sonido, un sonido que reconocía ligeramente. Miré en su dirección, solo para ver para mi desgracia unas dos docenas de criaturas rátidas caminaban prestas hacia mi, con semblante amenazador y atraídos por mi dolor. Mis extremidades apenas respondían como para comenzar una carrera contra los veloces seres que se veían atraídos por el olor a sangre… Olor a sangre… el olor.

La visión de las ratas era ínfima en comparación con su olfato, por lo que si por algo se guían es más por el olor de las cosas que por la imagen. ¿Seguían el olor a sangre…? Entonces, no tenían por qué seguirme… A menos que fuesen unas ratas increíblemente inteligentes. Con dolor aún, desabroché el cinturón donde portaba mi carcaj y me quité la camisa empapada en mi propia sangre tan rápido como pude hasta volverla un ovillo en mi mano. Resintiéndome de las heridas, la lancé lejos de mí, intentando despistar con esto a las alimañas.

Caminé arrastrando los pies hacia el lado contrario al que había lanzado la prenda, y abrochando el cinto de nuevo sobre la piel. El arco en mi mano sería por si la distracción no fuese suficiente y me viese amenazado por las criaturas. El dolor seguía punzante, pero si este lugar iba a ponerme a prueba, descubriría que mis ansias por salir de allí eran bastante superiores a este dolor.
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Aldum el Miér Oct 17, 2012 9:30 pm

Aldum había conseguido que el laberinto escuchara sus pensamientos. Sin embargo, la respuesta que había dado no era satisfactoria. ¿Había respondido el silfo de manera fiel a sus ideales? ¿O fue el instinto de supervivencia el que le empujó a intentar agradar a La Voz? La Voz... la llamaría así el resto del camino, si es que esta le permitía seguir. Realmente no sabía si era una voz femenina o masculina, pero se le antojó adjudicarle ese genero. Fuera como fuere, la realidad no variaba. El laberinto había rechazado su respuesta. Fuese o no una respuesta desde sus creencias, y esto ahora le había hecho desembocar en un callejón sin salida, donde el tiempo, voraz e impasible, iba consumiendo los cada vez más escasos segundos de margen que le quedaban.

La niña-mujer-anciana sonreía. Aldum, pese a haber perdido el conocimiento, lo pudo sentir, de algún modo, pues esta rezumaba un macabro júbilo, preludio inequívoco que anunciaba un acontecimiento que empeoraría la situación del silfo.

"Te has equivocado"

Y el sudor frío que le produjeron esas palabras, aun estando practicamente inconsciente, le hicieron volver unos instantes a la realidad, quizás debido a un repentino subidón de adrenalina. El tiempo suficiente para experimentar a como esa criatura practicamente rompía su cuello. De pronto, mientras la criatura que aprisionaba a Aldum le castigaba, tímidamente empezó a llover. La lluvia caía dulcemente, y mientras que para la pequeña criatura esta era simple lluvia, para la sádica resultó alguna especie de ácido, pues su piel se quemaba al entrar al contacto. No fue sorprendente el hecho de que no se inmutara de ello.

La habitación menguaba conforme el agua caía y llenaba la estancia.Pronto Aldum sintió como el agua le llegaba a las rodillas, luego a los hombros y finalmente sobrepasó los brazos de la niña-mujer-anciana, que desapareció con una risa angelical y repiqueteante, a la vez.
- ¡Has fallado, pequeño!- el agua ya cubría totalmente al feérico, quien sintió como una dolorosa sensación se apoderaba de sus paralizadas alas y trató de respirar inútilmente. Una marea ocasionada quién sabe por qué viento, lo hizo sentirse náufrago en mar solitario y la luz empezó a disminuir hasta que finalmente cayó la oscuridad sin estrellas sobre el feérico.
Estuvo peleando por su supervivencia un rato y la voz que le había estado hablando volvió a resonar, esta vez con tono más sepulcral.

Sólo tienes una oportunidad más, ¿Qué es la muerte?

Y aquí se encontraba el nigromante. Aquello era completamente inusual. De hecho el mismo se habría declarado demente, pero aquello... todo aquello era tan real, el dolor, las voces, la lluvia, el agua... todo era tan real... ¿Era quizás alguna especie de maldición ligada a los feéricos que reniegan de sus principios? Pero.. ¿Acaso Aldum había cometido tal afrenta? Cierto era que la muerte para ellos era la devolución de lo que la naturaleza da a los seres vivos... Pero... ¿Qué había de malo en coger un poco mas de ese tiempo? ¿De disfrutar un poco más de ese obsequio? Esto es lo que, quizás, se habría preguntado un otro en su misma situación. Pero él... Él era diferente. A él no le movía ningún afán de benevolencia hacia el mundo. No le movía ninguna ambición relacionada con el poder. El simplemente quería enfrentar a la muerte misma por ser ella. Por ser algo que nadie, nunca, ha conseguido derrotar realmente. ¿Zombies? ¿Esqueletos andantes? Cuerpos muertos con vida... Eso no era ganar. Eso era ocultar un fracaso. Quizás su mentor le inculcó un modo de pensar bastante radical, o el propio Aldum lo asimiló por su cuenta. Y eso le había llevado a esta situación.
No podría hablar ni aunque tuviera oxígeno, por lo que respondió a La Voz en un pensamiento.

"¿La muerte? No tengo una respuesta noble. La muerte, para mí, es un reto que insuperable que tengo que superar. Es mi sentido para no morir. Para los demás... es devolver lo que... no es suyo..."

Tras esto, Aldum desfalleció.


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Ese tal Zyrxog parece simpático Very Happy
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Gawain Brisalegre el Lun Oct 22, 2012 2:15 am

El dolor me impedía avanzar, los pies se hacían pesados a medida que la sangre goteaba y se escurría a través del cuerpo pálido. Dolía, dolían como lo que eran, dos decenas de heridas que solo puedo imaginar que no habían acabado conmigo por lo fantástico del emplazamiento. La agonía de heridas palpitantes que habían sido cruelmente clavadas en mi cuerpo, para diversión de quizás una macabra criatura que disfrutaba sádico de herir a gente desconcertada. Aun corriendo, si se puede llamar así a lo que hacía, arrastrando los pies y dando pasos torpes intentaba minimizar el suplicio al que me sometía cada vez que se tensaban los músculos de mi cuerpo al dar un simple paso. Pero no podía detenerme si quería sobrevivir, nada de eso. ¿Dejaría que mi historia tuviese fin en un lugar como aquel…? ¿Pondría el punto y final con más preguntas que respuestas?

Trotando por la pradera, me alejaba de la manada de alimañas que, en busca de comida o simple sed de sangre, habían aparecido de la nada con un semblante amenazador. Ojos desorbitados y grotescos, dientes que parecían diseñados específicamente para causar agonía en aquellos que fuesen víctimas del mordisco de los rátidos. Desde la lejanía y mientras no paraba de caminar, podía ver a los animales destrozando la pieza de tela como si de un animal cazado se tratase, pareciendo molestas por la falta de carne en la presa, que había sido una jugada rápida en un momento desesperado.

Cada vez era más dificultoso el respirar, el pecho cada vez se convulsionaba más y más rápido pugnando por tomar el aire para mi cuerpo pudiese seguir funcionando. Mi mente era una maraña de pensamientos soslayados por el pensamiento dominante, la supervivencia. Podía ser un guerrero pobre, un pensador mediocre, pero jamás me daría por vencido en vivir hasta que la naturaleza, la verdadera madre de todo fuese la que me tomase, y no algún engendro que se escondía detrás de trampas y trucos poco elaborados que parecían hechos por una mente que ni siquiera se molestaba en esconder su influencia en el lugar, y simplemente hacía trampas para nada ingeniosas lo suficientemente mortales para poner a prueba la voluntad de los que entrasen. Eso era lo único que estaba en mi mente, vivir, encontrar respuestas, salir de este lugar.

Los pasos eran cada vez más lentos y los movimientos lánguidos, con una mente aún determinada a seguir caminando hacia la salida, pero no así un cuerpo maltrecho. El cuerpo herido pero la razón intacta… El sabor ferroso en la boca húmeda era todo lo que podía sentir, las vías respiratorias no daban abasto para cubrir la pérdida de sangre, y los ojos vacilantes perdían la vista definida por una más borrosa. El sonido del corazón era obvio y doloroso, las palpitaciones dañaban aún más el torso, tiñendo el rostro con una mueca de dolor y esfuerzo.

De pronto pero sin sorpresa aparente sentía como el suelo a mi paso se emblandecía cada vez más, como si caminase no sobre tierra firme si no una nube de algodón con apariencia terrosa. La pérdida de sangre hacía que situaciones rocambolescas como la que estaba sucediendo no fuese algo que me llamase la atención o me pareciese extravagante o peligroso. Y sin embargo, lo era. Era amenazador, terriblemente amenazador.

Los párpados eran pesados y, si bien mi mente sabía que no debían ceder, ellos tenían una voluntad inquebrantable de hacer descansar la vista. El lienzo de la pradera era ahora sustituido por uno blanco, completamente blanco, impoluto. Un descanso que me hacía olvidar dolor o temor alguno, cualquier sensación negativa o positiva, solo un limbo incoloro y brillante. ¿Muerte…? ¿Muerte, quizás? ¿Habían sido las heridas suficientes para hacerme llegar al lugar de la última travesía que haría jamás…?

Una voz melancólica acompañaba a la nada, una voz melodiosa y triste sin embargo. ¿Qué sería aquello que resonaba en mi cabeza con tanta familiaridad…? Solo podía escuchar, solo podía acceder a todo lo que sucediese en el lugar pues en mí ya no habían fuerzas necesarias para rechistar o para cuestionar. La melancolía de la voz hacía que empatizase en la tristeza, pero no podría en ese momento distinguir las palabras detrás de la voz armoniosa. Pero quería, pugnaba por entenderlo, pugnaba por buscar consuelo de una voz conocida en un lugar tan extraño y hostil. Necesitaba una voz familiar que me ayudase a tranquilizarme y volver a confiar en que viviría, una voz que me diese fuerza y valentía para continuar. Y así fue, como la voz que recordaba a mi madre estaba bien escondida en mi subconsciente, guardada para cuando fuese necesaria.

Madre… ¿Estás enfadada conmigo?’ una voz infantil sonó en mi cabeza como un recuerdo lejano, una voz muy personal y propia. Una voz temerosa de la respuesta a su pregunta, pues nada había como la furia de algo que admiras, aprecias y amas. Nada como sentir en ti la furia desmerecida de una persona a la que quieres con el alma. ‘Cariño…’ se oían unas palabras cariñosas y tranquilizantes, que acunaban al chiquillo y lo despojaban de dudas e incertidumbre. ‘…No debes temer mi enfado si no has hecho nada para merecerlo. Nunca debes temer represalias por aquello de lo que no eres culpable.’ El discurso embadurnado de dulzura reconfortaron una vez el alma del muchacho, y volvían a hacerlo una vez más muchos años después de ese evento, en un lugar mucho más dañino que el seno familiar y cuando hacía años que no se encontraban de nuevo, pero conseguían esas palabras atemporales su cometido cuando décadas ya habían pasado.

Si bien en la mente eso podían haber sido minutos, en la extraña y perversa realidad todo lo sucedido en mis adentros habían sido apenas unos segundos. Aún sentía como el suelo mullido me succionaba hacia las entrañas de la tierra, y la oscuridad eclipsaba la pequeña luz que se desvanecía mientras se creaba un sarcófago y me enterraba como intentando darme un descanso eterno que yo jamás había buscado. Como furiosa, la arcilla y pedruscos presionaban contra mi cuerpo, mientras criaturas que vagaban por las entrañas de la tierra. Raíces de árboles parecían furiosas intentando sujetarme para evitar una huida que no iba a suceder.

La sorpresa me hizo intentar un grito ahogado, pero el aire no era suficiente y la presión contra el tórax impedía que pudiese articular una sola palabra, una sola sílaba. Nosotros éramos los hijos primigenios de la tierra éramos los elfos, e irónicamente ahora yo, uno de ellos, estaba siendo víctima de la furia de la naturaleza. La furia de nuestra madre… Que recuerdo más adecuado había tenido unos segundos atrás. El confinamiento me había permitido pensar unos segundos, pues el ataque constante había enredado todos mis pensamientos en uno solo, vivir. A pesar de lo hostil de la situación, curiosamente no me encontraba incómodo o en un peligro tan grande como las ratas o los disparos que habían sucedido antes, dejándome lugar para el resto de pensamientos.

Y me di cuenta de la anormalidad del lugar. ¿A qué reglas estaba sujeto ese lugar? La realidad podía ser distorsionada para convertirse en jugarretas mortales, y por ende ¿entonces podía ser manipulado más allá de la razón, dando lugar a la fe, la confianza y el poder de lo paranormal? ¿Podía entonces no pugnar por salir arañando tierra y graba, si no buscar una respuesta a todo dentro de mi corazón, mis sentimientos? ¿Estaba siendo esto un producto para poner a prueba todo lo que yo era?

La madre que dio origen a toda mi raza estaba atacándome furiosamente… ¿Huiría atemorizado del lugar, arañando y gritando con desesperación? Entonces, una vez más, las palabras resonaron en mi mente con claridad… ‘…No debes temer el enfado de una madre si no has hecho nada para merecerlo. Nunca debes temer represalias por aquello de lo que no eres culpable.
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Re: The Labyrinth (Partida)

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Lun Oct 29, 2012 5:07 pm

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Re: The Labyrinth (Partida)

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