Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)
por Vanidad Mar Abr 17, 2018 9:24 pm

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
por Croatoan Lun Abr 16, 2018 11:05 pm

» Escucha el Llamado de los Caídos.
por Strindgaard Dom Abr 15, 2018 9:48 am

» Buenos dias y, por si no los veo, buenas tardes, buenas noches.
por Señorita X Sáb Abr 14, 2018 11:40 am

» Un caballero, un enano, una bruja y un demonio entran en un bar...
por Margaret Orgaafia Sáb Abr 14, 2018 1:00 am

» hola vengo a presentarme y conocer a pjs y divertirme
por Skurk Äsping Vie Abr 13, 2018 1:21 pm

» Ficha Jasper Lisbone(en proceso)
por Jasper Lisbone Jue Abr 12, 2018 4:20 am

» Huli está de vuelta!!!!
por Evelyn Blake Vie Abr 06, 2018 9:55 pm

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Alegorn Vie Abr 06, 2018 5:22 pm

» Hyaku Monogatari
por Huli Vie Abr 06, 2018 4:26 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Libertad en alta mar

Ir abajo

Libertad en alta mar

Mensaje por Bastian el Mar Sep 11, 2012 10:22 pm

Y una vez el barco se aferro firmemente con cuerdas al puerto de la ciudad de Nátulcien Númenessë, la comitiva de elfos enviados por la Sacerdotisa Nindë me recibió a la par que bajaba por una gruesa tabla de madera que unía el “Sirena Tenebrosa” con las apestadas tablas del muelle de la ciudad elfica.

La gran sacerdotisa del sol era una figura importante dentro de la ciudad, y pese a que no tenia poder político era una autoridad respetada gracias a su sabiduría y bondad, sin mencionar, que era amiga de mi familia desde antes de que mis padres nacieran. Ella había enseñado el dulce idioma de los elfos a mi abuelo, a mi padre, a mí, y futuramente; a mis hijos. Y pese a que los días en que intercambiábamos cartas y visitaba anualmente la ciudad ya eran cosa del pasado, la amistad permanecía tan firmemente como lo estaba desde mi niñez, y pese a que una visita de placer acompañado de mi prometida era una idea por lo bajo tentadora, por esta vez mi compañera se quedo en Drunk Thrond, atendiendo sus propios asuntos, ya que este era un viaje de negocios. Gracias a la recomendación de de Nindë las grandes autoridades de la ciudad decidieron que era de suficiente confianza como para abrir una ruta de comercio vía marítima con Zheroker, y desde ahí a Drunk Thrond.

Y pese a que antes del medio día se me había guiado a una emotiva reunión con la sacerdotisa del sol, y con los dirigentes de Nátulcien Númenessë, junto a la correcta firma y aceptación de varios contratos que aseguraban el comercio constante y fluido entre mi recientemente creada flota y la ciudad costera de los elfos, aun tenía un pequeño problema entre manos. El comandante de mi flota, Francis Drake, un hombre que había abandonado su vida de antaño como corsario para dedicarse a una labor más pacifica durante su últimos años como hombre de mar, me aviso que sufrió varias bajas entre sus hombres debido a un severo y repentino brote de escorbuto entre los tripulantes y necesitaba al menos otras 5 personas para reemplazar a la gente que se tuvo que dejar en tierra firme para que tratasen sus enfermedades. Curioso los hombres se habían presentado sanos durante todo el viaje, seguro la enfermedad había incubado hasta que llegamos tierra, yo mismo los hubiera tratado pero la primera carga de mercancías estaba ya siendo embarcada y no podía perder un solo día en tratar de recuperar a los marinos que habían enfermado.

Una vez acabada la ceremonia en donde se oficializo que todas las naves que portasen el estandarte de la familia Mackay, podrían atracar en el puerto y comprar o vender cualquier mercadería que tuvieran a su disposición, Nindë y yo nos dimos una hora para hablar de nuestras experiencias desde la última carta que nos mandamos hace ya unos 4 años.

Con toda la tristeza del mundo, conté lo ocurrido a mi familia y a la casa nobiliaria de los Mackay, cosa que no pude realmente contarle hasta que el ajetreo de los tratados se detuvo. Ella mostro simpatía por mí, y pronto estuvimos teniendo una amena charla en uno de los jardines de la ciudad. En cuanto le dije sobre el dilema que tenía en la flota, ella me propuso que revisara el mercado de la ciudad, ya que se estaba dando la venta de varios prisioneros o criminales como esclavos, me mostré algo reacio a la idea de usar esclavos en el barco… pero luego pensé que si podía comprar varios y les daba su libertad mas de alguno desearía quedarse a trabajar con la flota, y luego de despedirme de una de las más leales amigas que tenia, me puse en marcha.

Uno pensaría que los elfos siendo amantes de la vida y la naturaleza no tendrían el mas mínimo deseo de perjudicar a otras razas, pues no es cierto, pese a que no buscan activamente combatir o enfrentarse a otros, se defenderán si se sienten insultados y cualquier intromisión no autorizada a sus territorios es buscarse ser muerto en ellos, o si tienes suerte, ser vendido como esclavo.

EL mercado parecía estar cerrado ese día para dar lugar a la venta de esclavos, no había demasiada gente en el lugar, y curiosamente, la mayoría eran humanos, seguramente sabían que ahí se realizaban ventas cada cierto tiempo, aunque en total no había más de 20 que rodeaban una especie de escenario donde se hallaban dos elfos de aspecto nobiliario acompañados de decenas de guardias que llevaban y traían a los que iban a ser vendidos en el lugar. Se podían ver varias carretas que habían sido arregladas para servir como prisiones móviles, en donde venían y traían esclavos desde algún calabozo oculto en la ciudad.
Pese a lo que se podría esperar, la subasta de esclavos era bastante ordenada debido a la poca gente que había, cada vez que alguien compraba un esclavo los elfos arreglaban una carreta con jaula para que pudiera transportar sus adquisiciones fuera de la ciudad, donde pasarían a ser responsabilidad de los compradores. Cada vez que un esclavo era vendido, los guardias sacaban a otro desde una de las jaulas, y lo llevaban al escenario, donde el esclavo posaba desnudo frente a los posibles compradores, en caso de que se pudiera dar alguna información acerca del que iba a ser vendido, lo hacia uno de los elfos mientras que el otro hacia funciones de martillero para la subasta.

La mayoría de los vendidos eran humanos o horiges que habían sido capturados por las patrullas que cuidaban los alrededores de la ciudad, pero de cuando en cuando se asomaba un elfo, condenado a ser vendido por algún crimen de variante gravedad, y tal y como es de esperarse, había una enorme competencia entre los compradores por ofrecer la mejor oferta y llevarse a los esclavos más sanos, más bellos o más fuertes, debo decir que participe con un extraño entusiasmo en la subasta, y ojala los dioses me perdonen por los frívolos pensamientos de emoción que recorrían mi cabeza cada vez que levantaba la mano para ofrecer algo más de dinero por aquella persona en el escenario.

Rápidamente acumule a unos 15 seres dentro de la jaula que se me prestó apenas se realizo mi primera compra, había una mayoría de humanos, algunos horiges y un solitario elfo apresado por insurrección a la autoridad, cada que uno de ellos entraba a la jaula me daba 5 segundos para observarlos, aunque mayoritariamente solo me miraban con odio, miedo o confusión, o una variante mezcla de las tres, el elfo, insurrecto como lo decía su historial, me escupió a los pies, solo lo miro a los ojos fijamente, con piedad, el elfo solo aparto la mirada y pareció entristecerse de su situación.

Pero pronto las cosas se pusieron… algo más interesantes, de las jaulas de donde se extraía la carne fresca antes de ser vendida se noto un altercado entre los elfos, y fue necesario tres de ellos para que finalmente pudieran arrastrar la femenina figura de una hunta de piel oscura.

Se notaba su espíritu combativo a la distancia, los grilletes que bloqueaban el movimiento de sus manos y pies empezaban a romper la piel bajo ellos debido a la constante lucha por quitarlos, tenia moratones y golpes por todo el cuerpo, señas de la lucha constante contra algún guardia, pero aun así, su belleza consiguió hacer que muchos de los presentes relamieran sus labios en los deseos de comprarla. Levantando una ceja, decidí que esa mujer seria mi próxima compra, y si deseaba unirse a la flota, seria la nueva guardia de la bodega.

Debido a las heridas y la pelea que puso en solamente ser traída al escenario, su precio original fue castigado enormemente, pero la fiera competencia de la turba lo disparo hasta un kull de plata, fue entonces que una regordeta figura de ojos perversos y mala presencia ofreció un kull de oro a cambio de la chica. La mayoría de los hombres se giraron boquiabiertos a ver al que creían seria el contendiente ganador, y fue entonces que mi voz se escucho “un Kull de oro y 5 de plata” Todos regresaron la mirada, aun mas atónitos que con el anterior, que tras mirarme con el odio mas infinito que se pueda imaginar, se resigno a que su mas nueva esposa era demasiado cara para valer la pena. Pronto el martillero me declaro el más reciente dueño de la mulata.

Los elfos nuevamente combatieron con la mujer para tratar de hacerla entrar en la carroza junto a mis otras compras, y tras un buen trecho de tiempo, finalmente consiguieron empujarla de una patada al interior de la jaula. Me acerque a observar a todas mis adquisiciones, desnudas dentro de la carreta, la mayoría con un ánimo bastante penoso, o en extremo enojado, sin embargo, todos quedaron boquiabiertos en cuanto pronuncie el siguiente discurso:

-Señoritas, caballeros, por regla de los elfos debo sacarlos de la ciudad antes de poder liberarlos, el que desee quedarse conmigo y tener un trabajo bien reenumerado en mi flota es libre de hacerlo, los demás están por su cuenta... y a los que fueron capturados hace poco, su compra incluye las posesiones que tenían, el que las quiera recuperar, solo las debe pedir-

Y con esto, se inicio la lenta marcha a la periferia de la ciudad, donde podría cumplir con lo prometido.
avatar
Bastian

Mensajes : 135
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Libertad en alta mar

Mensaje por Laila Maeve el Mar Sep 11, 2012 11:08 pm


Laila Maeve estaba furiosa. Gamlyn siempre le dijo que confiar en los elfos era una pérdida de tiempo, pues eran traicioneros como los que más, pero después de haber sido curada en su ciudad, ella había estado dispuesta a verlo de forma diferente. Con ayuda de Zana se fue recuperando lentamente de las heridas sufridas en el Bosque de Sílvide y aunque le quedaron cicatrices, se puede decir que ella realmente se reestableció.

Había pensado entonces dirigirse hacía otro lugar, uno donde pudiera vender sus habilidades como comerciante o guerrera, preferentemente donde no hubiera hombres, aunque sabía que era difícil, pero antes de llegar a la salida de Efrinder, un grupo de elfos la emboscó a ella y a Medianoche. Obligada a bajar de su montura o ver cómo la sacrificaban, fue llevada a punta de espada a un claro donde se le ordenó desnudarse.
Ella no lo consintió. Ya había sido suficiente ignominia para toda una vida haber sido violada y humillada pero aquello rozaba los límites de lo que podía siquiera soportar. Con lágrimas de rabia en los ojos, empuñó las sais y se defendió cuanto pudo, matando a dos de los siete elfos que la cercaban e hiriendo a otros tantos.

Sin embargo, a pesar de su pericia, su determinación y su profunda rabia, fue perdiendo terreno debido a la desigualdad numérica. Los elfos, por muy ruines que fueran, también eran diestros en lo que hacían por lo que, por mucho que ella batalló, igualmente la desarmaron.
Intentó entonces convocar el fuego de su runa, pero el filo de una espada cerca de dónde tenía las heridas recientes la desconcentró. Los elfos aprovecharon entonces para acercarse y retorcerle las muñecas para reducirla y entonces ella, a pesar del agudo dolor de la herida nueva y las viejas, pataleó, mordió, lanzó puñetazos y arañó cuanto pudo para retrasar el momento, viendo como además su yegua era amordazada y contenida. El animal, aunque leal, no pudo con tantos ataques y Laila, temerosa de perderla, silbó para tranquilizarla, aunque ella no dejó de luchar por liberarse.
Llegó entonces un mal golpe en la cabeza que la aturdió y todo fue oscuridad.

Despertó al cabo de un rato, mareada y con sed pero con la memoria intacta y llena de rabia. Sus ojos tardaron en advertir que estaba en una jaula que era movida a través de algún tipo de carruaje y no había rastro de su yegua. Comenzó a gritar exigiendo liberación y fue entonces cuando descubrió que tenía grilletes en pies y manos y el frío sudor que la recorrió la hizo ver que estaba desnuda.
Aquello la hizo enfurecerse aún más. Tiró, casi enloquecidamente, del metal aunque no sabía si aflojaría y escupió a quien fuera que se le puso en frente. Los elfos no la maltrataron hasta que no quedó opción (entonces se fueron a los extremos y llovieron los golpes) pero aún así Laila no estaba dispuesta a detenerse. Se arrojaba sobre los barrotes, por mucho que la lastimaran y siguió bamboléandose hasta que cayó desvanecida de agotamiento.

Cuando por fin despertó otra vez, había un elfo con agua y comida. La rechazó y empezó a lanzar una serie de improperios poco dignos de una dama mientras seguía luchando aunque el pecho le molestaba y necesitaba descansar.
Pensó en su yegua, en su amada Medianoche que no sabía si estaba viva o muerta y otra vez las lágrimas de impotencia casi velaron sus ojos. Trató de calmarse, respirando y se cubrió como pudo el cuerpo desnudo.

No lo soportaba. No había permitido a nadie que advirtiera sus cicatrices y su cuerpo entero desde lo sucedido y no lo iba a permitir otra vez. Pero, ¿Qué hacer? La muchacha apretó los dientes y empezó a mover su mano. Si así iban a ser las cosas, prefería ser inmolada en fuego que ser esclavizada...
O quizá podría calentar el metal de los grilletes lo suficiente para derretirlo. Era una jugada arriesgada, pero Laila no pensaba quedarse de brazos cruzados.

Podía oír el griterío fuera de aquel lugar, aunque no lo conociese y no hizo falta que le dijeran que muy probablemente la vendería. Sus padres le habían enseñado lo que era un mercado de esclavos y aunque los repudiaban la habían prevenido para no caer en las garras de uno de ellos.
De haber sabido...
Pero una viajera solitaria no tiene elección. Ella suspiró y pensó que debía descansar un poco hasta que la sacaran, entonces tendría su oportunidad.

Vinieron por ella finalmente y entonces se resistió cuanto pudo. No quería ser vendida, y si las voces eran un preludio de lo que le pasaría, quizá le convendría seguir encerrada.
La verdad es que a duras penas se enteró de quién la compró porque mientras hizo lo que pudo, resistiéndose, lanzando patadas como podía y escurriéndose del tacto de los elfos, que la horrorizaba. Aunque aún así, con los mismos tres elfos que la habían reducido en la espesura, fue metida finalmente en otra jaula, jadeando al sentir una patada.

Cayó de rodillas, lastimada, pero inmediatamente cambió de posición por una más digna. Compartía lugar con varias personas y no sabía de qué modo esconder su desnudez y su rabia y tenía ganas de encender a todos en el fuego.
Sin embargo, unas palabras lo cambiaron todo.

-Señoritas, caballeros, por regla de los elfos debo sacarlos de la ciudad antes de poder liberarlos, el que desee quedarse conmigo y tener un trabajo bien reenumerado en mi flota es libre de hacerlo, los demás están por su cuenta... y a los que fueron capturados hace poco, su compra incluye las posesiones que tenían, el que las quiera recuperar, solo las debe pedir-

Entendió las palabras y creyó haberse equivocado, porque no alcanzó a ver a quien hablaba. Pero se dijo que no perdía nada con probar y de todas maneras tenía que hacer algo para cambiar su situación.

- !Hoooh!! ¿Sigue en pie eso del trabajo?- dijo con su voz grave y musical en toda su potencia, aunque
inmediatamente tosió.

La herida del pecho y la frente le molestaban y sabía que si no era tratada pronto, empezarían la fiebre y por lo tanto su inutilidad. Además, si tenía una oportunidad de recuperar a Medianoche y a sus sais...

Ella pensó que sería capaz de cualquier cosa con tal de ser libre.
avatar
Laila Maeve

Mensajes : 38
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.