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La mansión del pecado

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La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Miér Sep 19, 2012 3:37 pm

La mansión del pecado
Spoiler:
¿Porque abrazar la vida... en vez de a la muerte?
¿Por qué hay que tener miedo de morir? ¿Que acaso la muerte no es más que un descanso?
No es si no en la muerte donde se logra alcanzar la perfección humana
Retornar a la tierra, fertilizarla y crear nueva vida... tan bella y perfecta es la muerte...
¿Por qué temerla?




Mansión Croxis

Los rumores acerca de esta temible mansión, al norte de Dromether, han sido constantes desde hacía más de diez años. Rumores sobre tremendas mutilaciones y misteriosas desapariciones atribuidas, en parte, a un poder maligno que ahí habita. Poder que adquirió importancia tras los reportes sin fundamentos reales por parte de los gobiernos de Erenmios y Tirian Le Rain, principales participantes en la investigación de estas tierras abandonadas por los dioses. Exploraciones que terminarían de forma repentina en más de diez ocasiones, dejando un saldo de al menos cien muertes más sin resolver y cinco sobrevivientes permanentemente enloquecidos por las atrocidades a las que habían sido expuestos durante dichas expediciones.

Pero la mansión Croxis no siempre había contado con tal fama. Pues fue, apenas hace quince años, una de las principales casas de comercio de toda la región. Una familia rica y de vital importancia para la nobleza de Geanostrum, la cual brindaba su gran repertorio de granos y licores a todo lo ancho y largo del continente por medio de rutas mercantiles exclusivas que partían de los grandes puertos de Malik Thalish y Phoenterek, así como un sin fin de rutas terrestres auspiciadas por ciudades como Tirian Le Rain, Abanista y la propia Erenmios.

La familia Croxis estaba encabezada por el conde Sorren Croxis, un hombre robusto y de gran carácter. Aunque nunca tuvo demandas en su contra, se hablaba mucho sobre sus amoríos con distintas jóvenes durante sus visitas a sus propiedades personales, destacándose su vivienda en Malik Thalish y una finca al sur de Erenmios la cual perdió en una apuesta con un noble local estando ebrio. Tenía cinco hijos en total, tres varones y dos mujeres, ninguno de la misma madre. El mayor de ellos era Hektar, de veinte años y el favorito del papa. Su gran labia y carisma le tenía asegurado un puesto respetable en la política de Thonomer pero, al contrario del padre, Hektar era ambicioso y rebelde. El joven admitía públicamente que esperaba con ansias la muerte de su padre para poderse hacer de todas sus propiedades y desterrar a sus hermanastros y a su madrastra, a los cuales despreciaba.

La siguiente en la línea era Gwenn, de dieciocho años. Una joven muy bella pero sombría. Le disgustaba cualquier interacción social y todo indicaba que la joven Croxis estaba inmersa en temas paranormales y ocultistas de mucha peligrosidad, entre los que destacaban la nigromancia y el espiritualismo. Gwenn siempre fue una renegada y pocas veces era vista junto a su familia política. Tenía una habitación privada en la cima de La Torre Blanca, segunda propiedad en importancia para los Croxis, y pocas veces la veían salir de ahí.

Después venían Herista y Faresta, las gemelas de catorce años. Su parentesco con Sorren siempre estuvo sumergido en un sin fin de dudas, pues pocos creían que ellas fuesen hijas del noble debido a la descendencia elfica de las menores. Las niñas no poseían recuerdos anteriores a su llegada a las tierras de Croxisgarden, y gracias a la longevidad propia de su mitad elfica, era prácticamente imposible discernir entre si las niñas en realidad tendrían catorce años o, por el contrario, serían incluso mayores al propio padre. Ambas niñas eran muy bromistas con otros nobles y gozaban confundiendo a otros hijos de nobles con sus artes innatas en el esoterismo, comportamiento que les ocasionó innumerables reprimendas por parte de su padre.

Por último, el más joven de la familia era Hodvar Croxis de ocho años. El infante era el único hijo que había tenido Sorren con su única esposa legalmente reconocida, la señorita Svanna De'Lacrux, la cual había tomado matrimonio con su esposo tras días de haberse conocido durante uno de los viajes que Sorren había realizado a una propiedad cercana a Dromether. Hodvar, siendo el menor de cinco hermanastros, nunca fue aceptado por los mismos. El joven Croxis sufría maltratos por parte de todos sus hermanos, sin incluir a su hermana Gwenn pues no se sabe si alguna vez se llegaron a conocer. Sin embargo el niño siempre demostró aptitudes para las artes oscuras, cosa que le quitaba el sueño la mayoría de las noches según reportes de las personas que laboraban para la familia. Aún con el miedo que esto le confería al niño, su madre lo alentaba para que dominara por completo sus aptitudes, cosa que mancillaría la relación madre-hijo entre ambos.

La familia Croxis era respetada por su vida social, pero temida y apartada por su propia inestabilidad familiar. Parecía una familia de locos o sádicos secretos que nadie querría como enemigo. No así la señorita, ahora señora de Croxis, Svanna De'Lacrux. Svanna era una mujer que atraía a las personas como un imán gracias a su gran carisma y belleza física. Era considerada una de las mujeres más hermosas de toda Geanostrum y muy cotizada por los nobles celosos de Sorren y su gran fortuna al tenerla a ella como esposa.

Pero las cosas no siempre son lo que parecen...

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~
== Fragmentos de memoria ==
~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~


Muchos años han pasado desde la cruenta masacre en la comunidad de Croxisgarden y la desaparición de la familia Croxis. Algunos rumores dictan que fueron asesinados por fuerzas demoníacas invocadas al interior de su mansión por alguno de sus hijos. Otros dicen que, por el contrario, habían sido las familias nobles quienes habían mandado a matar a los Croxis por cuestión de negocios. Obviamente ninguna de estas historias estaba confirmada oficialmente, y a pesar de que eran verdad las oscuras intenciones de algunas familias nobles y las extrañas habilidades mágicas de algunos Croxis, ninguna de estas versiones estaba confirmada pues ninguno de los valientes que habían osado ingresar en los territorios nórdicos de la familia Croxis había logrado salir de ahí con vida o con la suficiente estabilidad mental como para relatar lo que ahí había encontrado. Pero esto no desalentaría a cientos de otros aventureros y mercenarios que intentaran revelar los misterios de esta mansión, aunque sin ningún éxito hasta el día actual.

La maldad y el aura de misterio en la abandonada comunidad de Croxisgarden, principalmente en la gran Mansión Croxis, aumenta con el paso de los años esparciendo la nube de oscuridad que ahora se cierne sobre todas las comunidades cercanas a lo largo y ancho de Yagorjakaff. Pero ya son pocos los que osan entrar en estas tierras de muerte desoladas por el gélida ambiente. Solo aquellos valientes, o con algún fuerte interés en este lugar, son los únicos que aún transitan las rutas olvidadas hacia Croxisgarden. Pero la esperanza de que alguno de ellos salga de ahí con vida es tan escasa como el calor del sol en esas tierras nórdicas.

Pocos encontrarían alguna razón para adentrarse en este lugar. Pero el destino intercedería para que seis individuos, sin ningún parentesco ni cosas en común, decidiesen visitar estas tierras desoladas.

En tus caminos por Yagorjakaff, una hoja de papel de gran antigüedad ha llegado hasta tus pies...
La hoja en cuestión no tiene remitente ni destinatario. No, más bien parece una hoja arrancada a la carrera de algún diario personal...
Las letras en la hoja parecen haberse escrito con gran carrera... y con mucha desesperación...

"Por favor...
No lo puedo tolerar más. Estoy...ilegible...
...ilegible...
...en la mansión Croxis...ilegible... me quiere devorar vivo...
No...ilegible...no hay esperanzas...
...ilegible...me va a alcanzar."

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Laila Maeve el Miér Sep 19, 2012 5:24 pm

La culpa es una compañera peligrosa de viaje. Laila Maeve había sido víctima de violación, esclavismo, discriminación y maltrato en diferentes ocasiones en su vida pero ahora que ésta le daba otra oportunidad de ser una persona decente, alguien que valía por lo que era y no sólo por lo que quería, este sentimiento la corroía.

Uno de los dos hitos en su camino que no había resuelto y en realidad el único que importaba, que tenía una respuesta viable, era el daño que ella, queriendo o no, había causado. Ya había pasado tiempo desde que aquella noche, en el establo, dejara sangrando a su mellizo sobre la paja y la tierra, mientras corría entre la oscuridad, escapando de él, de la realidad, de sí misma.

Estaba tan aterrorizada al principio que, pensó, lo había matado. Con una botella de vidrio, la más burda manera de hacerlo, pero lo hizo. Era mentira, una para alejarla más rápidamente del lugar pero cuando finalmente se pudo detener, exhausta, a mitad del camino, el filtro de amor le dijo que su hermano vivía.
Aunque al principio esto no parecía cambiar nada, aunque se dijo que esto sólo era prueba de cuán atinado había sido largarse a tiempo, después de todo lo que le había ocurrido en los caminos, Laila empezaba a comprender que tenía una deuda que pagar con su hermano.

Quizá fuese ésta su manera de encontrar una razón por la cual, en medio de un bosque solitario, un vampiro la había herido, mancillado y violado sólo porque sí, por disfrutar de su cuerpo y su sufrimiento. Laila no quería pensar que fuese por otra razón que no fuera el precio de haber herido a la sangre de su sangre, el hombre que debería haber, en buena lid, amado.
Humanos. Necesitan una razón para todo o no se quedan satisfechos con el azar.

Así que, sí. De nuevo, la naturaleza falible de la muchacha la orillaba a situaciones en las que era imposible salir bien librada, sin haber avisado a su organización, ni a su gemela sangrienta, ni siquiera a su bien ponderado líder Khaelos Kohlheim. Nada había dicho sobre las noticias acerca de que su hermano estaba en peligro en algún lugar del norte de Dromether y que salvándolo o intentándolo, trataría de pagar su deuda.

Ah, Quinn. Ah, Laila. Hermosa, reservada y orgullosa, pensaba que aquello era sólo asunto suyo y de nadie más, aislándose no hacía sino exponerse más, un error que pensaba ya había dejado de cometer, pero que seguía cometiendo, una y otra y otra vez.
Porque la gente no cambia, porque en el fondo la personalidad de uno sigue siendo la misma, pase un año, pasen dos, pase todo un siglo, si lo puedes vivir.

Así, la muchacha de ojos plateados estaba de viaje, a lomos de su Medianoche, apresurándose por los caminos de Yagorjakaff, directa a la Mansión Croxis donde, según lo que sabía, Lyr Maeve se había aventurado sin saber adónde se aventuraba.
O quizá sabiéndolo, como Laila, ambos eran iguales en ese sentido, se iban de cabeza a las situaciones más extremas sin pensar en que quizá necesitabas un artilugio más para sobrevivir, información más detallada para adentrarte en la oscuridad.

Durante un tiempo, el que estuvo con Lord Bastian y después de lo del Bosque de Sílvide, Laila había aprendido su lección, se mantuvo prudente y de bajo perfil pero ser quien era ahora la había hecho recobrar confianza, seguridad, por tanto, también temeridad.
¿Es que acaso no puedes comprender, muchacha valerosa o estúpida, depende de cómo se te mire, que hay fuerzas más horribles, depravadas y fuertes que tú?
¿O simplemente crees que vale la pena correr el riesgo por el precio que pides a cambio?

Imposible saberlo. La faz de Quinn tenía una curiosa expresión en el rostro mientras cabalgaba, mientras desmontaba para abrevar a Medianoche y también cuando alcanzó a tomar la nota llevada por el viento.
La leyó con los labios apretados, para luego estropearla con su agarre impulsivo, aferrado. No creía que fuera de su hermano, la letra no se le parecía, a pesar de ello había una prueba más de que algo estaba sucediendo en aquel lugar tan extraño.

Volvió a ocupar el lomo de la yegua y la instó a avanzar al galope. Estaban frescas, ambas y todavía faltaba algo para llegar a las puertas de la Mansión.
Circulaban tantas historias alrededor de ésta...
Pero Laila, quien siempre pecaba de directa, no estaba dispuesta a dar más rodeos. Llegaría directa a las Puertas de la Mansión y que pasara lo que pasara.
Tenía que encontrar a Lyr. Pagar su deuda. Y sobrevivir.
¿Podría con las tres cosas? ¿Podía estar segura de que encontraría a su hermano en aquellas paredes y construcciones alejadas de toda civilización decente?

Porfiada Laila. Ni siquiera de eso te has asegurado. Pero, ¿Quién te detiene, eh?
Buena suerte, porque creo que vas a necesitarla.
En grandes cantidades.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Mir Ris el Miér Sep 19, 2012 5:30 pm

Ya llevaba varios días de investigación sobre la mansión, había averiguado que era un lugar extraño. Toda su historia estaba rodeada de misterios y secretos. Mucha gente decía saber que en la mansión habitaba un horrible mal, algo que hacía que la gente muriera, fuera mutilada, etc. No me creí ni la mitad de lo que me dijeron, los rumores solo son rumores, pero... Siempre tienen algo de verdad. La gente decía que el pueblo de Croxisgarden murió junto a los habitantes de la mansión, decían que era un pueblo fantasma, donde la muerte caminaba.

Decidí ir allí cuando empecé a oír los rumores. Nada me decía que fuera a encontrar algo útil ni valioso, pero sin duda averiguaría la verdad sobre la mansión. Si era una casa normal y corriente en la que hubo un asesinato, me llevaría la satisfacción de haber conseguido desmentir los rumores. Si por el contrario en la mansión encontraba demonios, fantasmas y un mal poderoso; tendría dos opciones, morir y salir con vida con mas conocimientos que antes.

Ya había decidido ir a la mansión antes de encontrar la nota, pero cuando la vi, no me cabía duda que debía ir y averiguar lo que fuera que allí hubiera. La nota estaba ilegible en algunas partes, pero entendí que alguien estaba sufriendo por algo relacionado con la mansión... ¿Sería verdad que el mal dormía en la casa? ¿Como iba a irme sin saberlo? Así que doble la pequeña nota y me la guardé en un bolsillo. Armado con mis armas y mi ingenio, decidí ir a la mansión.

Nunca hubiera podido imaginar lo que vería en aquella mansión cuando llegue a los jardines de la parte de atrás de la mansión.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Aetos el Jue Sep 20, 2012 8:43 pm

** ¿Qué pasaba por esos lugares? Era una incógnita que se había plasmado sobre el cerebro de un pequeño feérico. Una criatura de 360 años de edad, que estaba vagando por el mundo, y ahora se encontraba en un lugar llamado Yagorjakaff ¿Pero qué hacía por esos lugares? Hace tiempo había escuchado ciertos rumores sobre cosas sobrenaturales que había dentro de la mansión… Pero nada más que meras leyendas, ya que aquello que se decía no era relatado por alguien que haya estado dentro, sólo aquel testimonio de personas que nunca regresaron.

Por donde se encontraba Aetos, parecía que toda forma existencial de vida se extinguió. Sus dudas parecían afiance sobre tal panorama, sin embargo, no era de esas personas que preferían quedarse con la duda antes de hacer nada, por lo que sin duda siguió avanzando por la espesura del ambiente. Su pequeña mascota amarilla y rechoncha, advirtió de que había una nota en el suelo sujetada por una roca, con una letra… humana o quizás no. Disminuyendo la velocidad de movimiento de sus alas, se aproximó al suelo de manera lenta, una nota con un rojo tan intenso como la misma sangre ¿O era eso? El feérico confirmó al menos con algo escrito, de que al parecer los rumores no eran sólo eso… Ya que “La Mansión Croxis”, se mencionaban en lo escrito, el lugar donde todo inició.

Después de unos cuantos minutos, su diminuta presencia se acercó al territorio conformado por dicha mansión, el joven no había prestado especial atención a nada que no sea la gran y fúnebre estructura que sobre sus ojos se habían dibujado, de manera imponente y con un ambiente pesado. Lo que alguien podría sentir en la desolada Yagorjakaff no era nada comparado con lo que se percibía de la mansión, donde los rayos solares parecen no haber pegado sobre ninguna de sus paredes por muchos años.

Aetos se encontraba en un par de segundos después de su entrada, casi llegando a la puerta principal… Donde sus ojos a distancia podían divisar a un personaje… Que por su silueta parecía ser una mujer. **
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Sep 22, 2012 12:17 pm


-Querida,mmm,condesa de Malavoria, encantado de degustarla.-Sonrió Vespert ante la pulpa sanguinolenta en la que se había convertido aquella dama de vestidos caros y carruaje selecto. El engendró tomó la cabeza de larga cabellera castaña y ondulada, he hizo que aquellos ojos muertos, en permanente estado de pánico, mirasen la voracidad que se hallaba en los suyos propios, sin duda, era, o había sido una bonita mujer en vida, de caderas generosas y enormes senos, ahora reducidos a un amasijo de sangre, huesos y carne, un desperdicios para unos, una delicia para él.

El engendró lamió aquél rostro frío con su pérfida lengua bífida, dedicándole un beso final en los labios, unos labios carnosos y aún deliciosos, no pudo evitarlo, se los arrancó y se los quedó para él en su boca, masticándolos despacio, saboreando el juguillo que rezumaba de la carne masticada. En pocos minutos los escupió y tiró la cabeza a un lado del asiento de cuero perfumado, era hora de irse.

-Bueno madame, me esperan otros comensales, siento que nuestra velada halla sido tan corta.-Dejó unos momentos de silencio, dedicándole una compungida mirada, con cierto aire solemne que no pegaba con aquella criatura corrupta. Sin más, Sanguine se ayudó de sus brazos y garras para salir de aquél suntuoso carruaje volcado y con un simple salto volvió a tierra firme.

El camino se encontraba obstaculizado, estaba él, el carruaje volcado, los dos guardias muertos, las monturas muertas y también los pasajeros de dentro, toda una trampa para los siguientes viajeros, sino fuese por que un trozo de papel se hallaba pegado en una de sus pezuñas. El engendró lo tomó con curiosidad y lo leyó con cierto interés tras unos segundos. No le gustaba tener que emplear su mente en algo tan olvidado como era la lectura, pero aún así forzó su vista para entender la escritura que era casi ilegible. Por lo poco que pudo deducir en aquella nota apergaminada y manchada de sangre, es que era una suplica de ayuda, algo irónico siendo él quien era.

El interés creció al leer el lugar donde se encontraba esa pobre alma en pena, la mansión Croxis, hasta un engendro como Sanguine sabía que aquél sitio era una fuente de peligro, no obstante, la curiosidad, esa maldita curiosidad de defecto en él, le hicieron tomar un nuevo rumbo a su historia. Iría a esa mansión, sabía donde se encontraba, buscaría a ese personaje suplicante y quien sabe, quizás lo devoraba él antes que el otro peligro.

La nota cayó arrugada al suelo y los pies del engendro había emprendido el viaje, había cenado de maravilla, se sentía fuerte y dispuesto para investigar la mansión y muy en el fondo de su ser, se alegraba, si que aquél papel no era el único, no sería solo él el que fuese, irían más y eso era siempre de agradecer, un coto nuevo de caza, sangre para el señor de la sangre, iba a disfrutarlo.

Sanguine desapareció de aquél reparto de destrucción y cadáveres, marchando a través de bosques y caminos, eventualmente por montañas, cazando lo necesario, saciándose de los viajeros incautos, de las aldeas desprovistas de protección, hasta que no hubo más ser viviente que él mismo, ya no encontraría más presas, no en aquellas tierras malditas, no en aquél cementerio.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Darian Valertas el Miér Sep 26, 2012 11:59 pm

De sangre candente, fuerte y marcada por la vitalidad que aún recubre el cuerpo malherido del guerrero. Está de rodillas, con los ojos abiertos de par en par y la boca temblorosa, tratando de hablar y tan solo consiguiendo gorgotear balbuceos ininteligibles mientras la daga de Darian sigue degollándole. Izquierda, derecha. Izquierda, derecha. Lo sierra con calma, mientras la sangre mana en enormes cantidades y manchan la pechera metálica. Guardia en vida, cadáver inservible en muerte. El vampiro ha esperado que se emborrache, que deje los problemas que en inter vivos pudieron serle de trascendencia, y le ha emboscado una vez ha salido de la taberna para torturarle deseando sentir el placer que el sufrimiento ajeno le provoca.

No puede parar, es algo inherente a su naturaleza. Darian Valertas es una criatura cínica, que no guarda sentimiento por nadie más que sí mismo. Es tan solo la sangre de esos gusanos inferiores lo que les hace mínimamente valiosos, configurándoles como su sustento. Sin embargo, es tal la repugnancia que el vampiro siente hacia ellos, hacia todo aquel que no sea un Sombra Roja como él, que es fuerza mayor lo que le mueve a torturarles todo lo que puede, profiriéndoles un trato tan inhumano y degradante como se lo permite su extensa imaginación.

Y es que es viejo. Son decenas de años las que lleva tras la espalda, y sin embargo jamás se cansa. Jamás se para a pensar en qué sangrienta y sádica vida de asesinatos lleva tras de sí. ¿Cómo hacerlo cuando disfruta de ello? ¿Cómo plantearse, si quiera, el hecho de dudar de su disfrute del dolor si es lo único que le mantiene vivo? Oh, dioses, qué bien sabe la sangre de un cuerpo malherido. Qué hermosos pueden llegar a ser los gemidos de dolor de la boca de una mujer o el dolor corrompiendo el rostro de un hombre cuyo orgullo ha socavado su tumba de antemano.

Humillar a aquellos que se dejan llevar por la prepotencia es el mayor placer del mundo, y Darian tiene experiencia más que de sobra en eso.

Deja bailar la daga una y otra vez, lento, profundo. Quiere alargar el sufrimiento del hombre, ahogado ya en su propia sangre, mientras espera al momento justo en el que no pueda respirar y él pueda beber de él hasta la saciedad. Y sabe que ocurrirá justamente dentro de cinco segundos, cuando corte su garganta y se forme tal herida que la cabeza se bambolee hacia atrás a punto de desprenderse del resto del cuerpo.

El olor a sangre es tan intenso que una sonrisa pende del rostro pálido del vampiro. Tiene las manos manchadas de sangre, pero aún así su belleza sigue siendo patente bajo la luz de la luna. Son muchos los que han fallado en su determinación de no sucumbir cuando han visto la belleza de un vampiro, pues en ocasiones ese atributo es la perdición de los humanos. No solo ocurre con Darian, no solo ocurre con los Sombras Rojas. Los humanos son criaturas estúpidas e impulsivas, y es así como en muchas ocasiones se dan cuenta del peligro tan tarde que su vida lleva pendiendo del hilo demasiado tiempo. Solo el retorcido sentido del humor del depredador puede salvar a la presa, y quizá Laila Maeve lo sepa bien.

No así con el guerrero que, ya moribundo, mira al vampiro con el pánico del que se sabe a punto de morir en sus ojos.

Entonces Darian le mira, largo y tendido, y lentamente le enseña los colmillos en una sonrisa enigmática segundos antes de levantarlo y empotrarlo contra la pared para clavar los colmillos en la carne malherida y beber.

Y beber.

Es a la noche siguiente cuando la nota llega a él, mecida por el furioso viento que azota Geanostrum. Es en Dromether, bajo la frialdad del clima extremo que allí campa, cuando Darian alarga una mano y agarra con elegancia el trozo de papel, atrapado antes en el postigo de una ventana que chirría ausente. Lo lee sin cambiar su expresión, pese a que en sus ojos verdes se lee el interés creciente que esa nota mancillada por el dolor despierta en él.

No es necesario nada más, ni siquiera un segundo para pararse a pensar. Con ver el color de la sangre en la tinta de esas palabras a duras penas escritas, el vampiro se decide a embarcarse en una de sus depravadas aventuras, tanto así que después de dos noches sus botas tocan el suelo frío y espectral del pueblo fantasma de Croxisgarden.

No le es desconocida aquella zona, tampoco la historia que la inunda. Son muchos años los que lleva en Noreth, y varias veces sus andanzas le han llevado a Yagorjakaff, pero algo le dice que esa vez es distinto. Que algo realmente oscuro ha acampado en la Mansión Croxis, algo lo suficientemente respetable como para que el vampiro se interese por ello.

Y es lo que hace, y por eso su figura escarlata comienza a pasear por las casas abandonadas, las calles vacías, el viento frío y el silencio lapidario que inunda en lugar convirtiéndolo en un sepulcro.

Qué le espera no lo sabe, pero nota cómo su cuerpo ya clama por la sangre de quien esté en aquel sitio. No teme al diablo, no teme al auspicio divino. Solo quiere disfrutar del sufrimiento y si la Mansión se lo proporciona, Darian disfrutará como solo una bestia como él puede.



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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Jue Sep 27, 2012 6:09 pm

Spoiler:

Para poder morir, hay que haber vivido
Para haber vivido, hay que haber nacido en este mundo
Para haber nacido, hace falta un acto de amor o de odio
Para amar u odiar... hay que aprender a morir...


La siniestra inscripción marcada con sangre en la puerta de la mansión Croxis enseguida llamaría la atención de Laila Maeve, quien había llegado ahí con la esperanza de encontrar a su hermano. Esperanzas, ilusiones, anhelos. Nada de eso brillaba en ese lugar desolado, infestado de muerte y olvido. Laila temblaba, pues el frío del invierno parecía impactar con mayor fuerza en las tierras de Yagorjakaff. Los glaciares cercanos a la costa y el frió e inerte terreno en el que posaba sus pies no hacían si no empeorar la situación. La temperatura descendía de la mano con todas sus esperanzas de encontrar vivo a su hermano, o de si quiera encontrarle en aquel lugar.

La inscripción de la gran puerta de madera, roble por lo que se podía distinguir debajo de toda la sangre y las manchas oscuras de procedencia desconocida, habían sido talladas con las manos. Las letras de tal inscripción mostraban haber sido impuestas en la madera por nada más que dedos. Incluso habían rastros de piel y uñas enterradas en la madera. Laila casi podía tocar la tensión del ambiente. No había ningún sonido a su alrededor más que el sonido del viento helado proveniente de los mares del norte.

A sus espaldas había dejado su montura, y tras él había dejado el camino que dirigía a los viajeros hacia Croxisgarden, la comunidad que ocupaba todas esas tierras antes fértiles. Las nubes ocultaban las lunas constantemente, provocando lapsos de oscuridad absoluta gracias a la velocidad de las nubes. La humana seguramente pensaba que se avecinaba una tormenta, pero la realidad es que en ese lugar del mundo las nubes siempre son mas pesadas y el viento circula con mayor libertad. Un gélida noche es lo que se avecinaba. Una gélida noche de desesperación para la pobre e ilusa humana que había osado irrumpir en propiedad privada.

Dudaba sobre su decisión de haber ido a ese lugar. Una mujer con cordura, pues nadie podría estar ahí a sabiendas de lo que le esperaría. Ilusa, si, mucho. Pero era una mujer capaz de encarar los peligros, ya lo había demostrado antes con señores de la guerra capaces. Sin embargo su valor y capacidades de combate de poco y nada le servirían en la mansión. Creía estar preparada para lo que fuera, pero era demasiado joven como para saber que habían cosas en se mundo que simplemente no tienen explicación, y que ningún mortal está preparado a encarar.

Lo primero que la sacó de su letargo de dudas sería el relinchido de su animal. Esa querida yegua que por tantos lugares la había acompañado relinchaba a sus espaldas de forma agonizante y terrorífica. Instintivamente Laila voltearía, solo para observar como una silueta delgada con una cabeza proporcionalmente incorrecta para su talla estaba posada sobre el animal. Sobre el cadáver del animal.

Spoiler:

El engendro miraba directamente a los ojos de la humana. Sus extremidades eran largas y su cuerpo pequeño. Su cabeza era amplia, tanto como una sandía, y sus ojos brillaban con una blancura espectral. A través de su piel, pálida y ligeramente traslucida, se podían observar sus venas rojas como si de una red carmesí se tratase. Eran los jugos que hacían falta en el cadáver del equino, el cual parecía estar seco como si de un cadáver disecado se tratara...

El miedo te invade ciertamente. A tus espaldas la puerta de la mansión se encuentra cerrada, pero seguramente es posible abrirla si se hace un esfuerzo. A tu derecha, el camino hacia un bosque oscuro y a tu izquierda el camino hacia Croxisgarden. ¿Que harás Laila Maeve? Un movimiento en falso o una mala elección y podrías estar acompañando a tu querido animal...

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Ah si, la noche se cernía sobre Croxisgarden. Pero no solo era la noche. La muerte, la desesperación, la agonía, el olvido. Tantas cosas afloraban en esas tierras que era casi ilógico decir que no se trataran de tierras fértiles. Aquí habían suficientes cadáveres que fertilizaban la tierra. Suficientes cadáveres a los pies del vampiro acostumbrado a ver la muerte a los ojos. Sin embargo, aquella visión no sería algo a lo que estuviese acostumbrado del todo. Tantos años de vida y Valertas comprendió que no lo había visto todo.

Croxisgarden era en efecto un jardín cubierto por la locura de alguien, o algo, que alguna vez posara su ira en ese lugar. Las calles, las casas, los jardines. Todo estaba ahí y no estaba a la vez. La mayoría de las construcciones parecían habitables y, sin embargo, no había quien habitara en ellas. Era un pueblo fantasma pero no como el de los relatos sureños, donde las arenas del desierto cubrían las ciudades abandonadas. Era un pueblo fantasma porque, en efecto, habían fantasmas en él.

El vampiro observaba desde la relativa seguridad de un techo cercano. Las personas, o mas bien sus almas, deambulaban las calles de Croxisgarden en un agonizante y eterno letargo. Gemían de dolor, de desesperanza, de hambre, de cansancio. Algunos caminaban por ahí como si estuviesen vivos. Incluso las almas de los infantes jugueteaban entre las oscuras paredes de las casas como cuando estaban vivos. Era como si no supieran que sus cuerpos materiales ya no existían. Otros muchos por el contrario gemían y se lamentaban de forma perturbante ¿Eran conscientes acaso de que habían perecido? Posiblemente, pero ello no restaba impacto a la escena.

La ciudad entera brillaba cada vez que la sombra de las nubes tapaba la luz de las lunas y se volvía a apagar una vez era inundada por el brillo lunar. Valertas estaba confundido. No era raro para él ver un paraje desolado con cadáveres a sus pies. Incluso el mismo había ayudado a decorar con muerte sus caminos. Pero una villa entera cubierta con fantasmas casi tangibles y sin ningún cadáver a la vista. Eso si era nuevo para él.

Pensaba en sus posibilidades cuando, a lo lejos, divisó una torre de campanario. Era una antigua iglesia que se elevaba sobre todo el lugar. Seguramente la vista desde ahí era muy superior, pensaría el inmortal. Pero sus sorpresa fue mayúscula cuando una voz, un susurro para ser exactos, le habló al oído. Rápidamente volteó al verse sorprendido de tal manera. Era imposible que alguien fuese capaz de acercarse a él sin ser detectado metros atrás. Pero no se trataba de alguien vivo, si no de un niño. O más bien, el alma de un niño en pena.

Spoiler:

...¿Juegas conmigo?...


La distorsionada visión de un niño de apenas siete años le había hablado al vampiro. El espíritu no parecía verlo directamente a la cara, incluso no podría decirse que las palabras habían sido para él, y sin embargo ahí estaba la joven aparición. Valertas estaba confundido por no decir otra cosa. Confusión, algo que seguramente había tardado siglos en experimentar.


El niño habló ciertamente a tu oído, pero no sabes si aquello fue algo dirigido a ti... aunque no hay nadie más al rededor. Puedes negarte, contestar, huir, ignorarle. Puedes hacer lo que creas conveniente, pero recuerda que hay cosas con las que no se debe jugar y otras con las que sí.

La iglesia está a al menos trescientos metros de distancia...

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Pero no hay mejor testimonio de la muerte que un cementerio lleno de él. Cementerio que ahora Sanguine visitaba. El campo santo tenía una extensión pocas veces vista en las comunidades humanas, pues estaba conformado por al menos unas veinte hectáreas llenas de tumbas y desolación. Sanguine se sentía impresionado ciertamente, pero tranquilo de ver que al menos los muertos parecían estar donde debían estar... seis metros bajo tierra.

A lo lejos, la parte trasera de la gran mansión se lograba divisar. Aún no sabía que clase de personas podrían haber vivido en ese lugar si eran simples humanos, según las historias y los relatos. No sabía si era cierto que habían presencias demoníacas a su interior, pero este gran cementerio le decía que sin duda habían muchos muertos aquí. No le sorprendería encontrar muchos más sin una tumba que ocupar, pues no parecía que hubiesen vacantes disponibles en el terreno.

El engendro sanguinario avanzaba a través de las silenciosas tumbas, observando un curioso detalle. Y es que ninguna de las tumbas tenía nombre, tan solo una razón. Acercando su rostro a las tumbas, y limpiando varias de ellas para lograr leer la inscripción oculta tras enredaderas y tierra, lograba ver razones y detalles sobre el desgraciado o la desgraciada que ahora habitaba en la profundidad de la misma.

..."Demasiado obeso"...
..."No digerible"...
..."Irreconocible"...
..."No grita"...
..."No me ve"...


Eran irrisorias y a la vez desconcertantes todas las inscripciones. Parecía como si todos los cientos de personas que ahí estaban enterrados habían sido sepultados por la misma persona, o al menos sus lápidas habían sido talladas por el mismo retorcido artesano.

El engendro no daría mayor importancia al hecho ¿Quién era él como para juzgar las costumbres de esta gente? Si así entierran a sus muertos era cuestión de ellos, no de él. Pero pronto sería su problema también.

Tratando de avanzar a través de las incontables tumbas, destruidas por el paso de los años y la inclemencia del clima, el engendro pisó una tumba resquebrajada partiendola por la mitad con su peso y haciéndolo caer al interior. Cayó diez metros cuando menos. Había caído de pie, pero gracias a su constitución no se vio lastimado como lo hubiese sido un ser humano ordinario. A su alrededor, unas catacumbas. Catacumbas llenas de cráneos que no correspondían en nada al numero de tumbas de la superficie. El suelo, las paredes, el techo. Todo estaba cubierto por cráneos de las diversas razas de noreth siendo las humanas las de mayor cantidad. Parecían estar dispuestos de forma consciente y controlada, casi como si fuese una decoración de interiores mortal. Pero incluso esto no alteraría al ya bastante perturbado engendro. Nada parecía que pudiese perturbar a un alma ya perturbada, al menos nada inferior a él.

Y tu... ¿de que tumba te has salido?...

Spoiler:

La voz del no muerto frente a él exigía obediencia. El inmundo ser tenía un cuerpo carnoso con todos sus tejidos expuestos, sin piel. Su cabeza, un cráneo humano mancillado por quien sabe que brujería. Carecía de ojos, oídos y cuerdas vocales y aún así era claro para Sanguine que el ser le veía, le escuchaba y definitivamente podía hablar. Era un ser consciente, no como los estúpidos no muertos con los que estaba acostumbrado a lidiar. No. Esta entidad no era para nada incompetente, y su enorme hacha de carnicero y el exoesqueleto de púas salientes de su propio cuerpo le hacían una posible amenaza. Una amenaza incluso para el poderoso engendro sanguinario.

Haz caído en una tumba que suponías cerrada y haz entrado a una serie de catacumbas subterráneas. Hay muchos caminos a escoger prácticamente hacia todas las direcciones. Parece un laberinto y el engendro que te ha hablado está justo al medio de la bifurcación que divide tu habitación con el resto de los caminos de las catacumbas.

¿Que harás Sanguine? ¿Que haría un demente como tú en una situación como esa?... Pues es verdad... el no muerto frente a ti es poderoso... Muy poderoso.

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Tantas posibilidades y tantos caminos en la vida posee un humano, y sin embargo de todas sus oportunidades de obtener una vida digna y feliz el humano Mir Ris había decidido acudir a la peor de todas. Acudir al grito de ayuda que más parecía una invitación a su propia muerte. Mir Ris era sin duda un hombre valiente y capaz. Sus habilidades destacaban del resto de la plebe, pero aún los más valientes han descubierto que las tierras Croxis no tienen piedad ni remordimientos. Y muy pronto lo descubriría el joven aventurero. Tan irrelevante era su presencia en ese lugar, en ese simple y llano jardín de la gran mansión, pero tan fuera de lugar.

El jardín no era un simple jardín del patio trasero de una casa de Phoenterek. No, no podría ni siquiera considerarse un jardín pues no habían plantas de ornato en él. Lo que mas se le asemejaba a una descripción era una marisma pantanosa cubierta de enredaderas espinosas y un hedor... dioses... un hedor tan terrible que haría vomitar las entrañas al más pulcro de los elfos dorados con un simple respiro.

Mir Ris intentaba cubrirse de tal hedor, sin éxito obviamente. Sus ropas ligeras no le servían contra el aroma que parecía entrarle por los poros de la piel. Era tan nauseabundo que a punto estuvo de perder la consciencia, pero un súbito vómito le impidió caer al suelo. No pudo controlarlo. Era un simple reflejo de que su organismo estaba inconforme con su decisión, y sin embargo ello no le hizo sentirse mejor pues el asco aún perduraba pero ya no había nada más que bilis para vomitar.

Quiso regresar por donde había llegado. Cualquiera lo haría. Pero descubrió muy tarde que la maleza del "jardín" le había bloqueado el paso. Parecía que se movía a conciencia, casi como si fuese un ser pensante. Las lianas verdes estaba cubiertas de filosas espinas de casi dos centímetros de largo. Finas puntas cubiertas de una pestilente sustancia pegajosa similar a la mucosidad de un orco con gripe.

De nuevo un espasmo en su estómago, y ahora vomitaría menos que antes. Comenzaba a sentirse mareado. Debía salir de ahí rápido pues no sabía a lo que se enfrentaba. De hecho, no sabía ni para que había ido a ese lugar en primer lugar, solo sabía que una extraña nota había llegado a él. Una nota sin remitente ni destinatario. Los humanos siempre tan curiosos...

Las enredaderas alcanzan los dos metros de altura. Hay caminos por donde podrías avanzar sin ser alcanzado por las propias lianas, por lo que puedes avanzar. La mansión está cerca, pero para llegar a ella deberías de cruzar las aguas negras del pantano a escasos metros de ti... o bien, intentar volver por donde llegaste y buscar algún otro camino menos nauseabundo.

¿Que harás Mir Ris?

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Pero incluso más curioso que los humanos son los féericos. Esas pequeñas criaturas curiosas habitantes de los bosques. Tan pequeños y tan sensibles a la maldad del mundo que su simple presencia en estos dominios desolados insulta a la razón. Pero eso no tenía importancia para el pequeño Aetos, el cual había llegado por aire hasta la puerta de la mansión Croxis ignorando por completo toda la maldad que en ese lugar habitaba. Estaba confiado en que su ayuda podría ser requerida. La ayuda de un ser de treinta centímetros de altura para no variar. Incluso la noche parecía burlarse de él mientras el viento le hacía muy difícil mantener el equilibrio arrojándolo hacia el suelo en numerosas ocasiones, pero siempre logrando mantenerse en el aire.

El joven féerico avanzaba hasta la puerta principal donde, a lo lejos, observó la silueta de una mujer. En efecto, una mujer que le daba la espalda mientras con sus manos desnudas marcaba la puerta con una inscripción ilegible para el pequeño ser alado. Al menos ilegible hasta pudiese acercarse algunos metros más.

Era curioso, demasiado para su propio bien, pero no por ello era tonto. La mujer en cuestión destilaba un aura maldita tan impresionante que alertó todos los sentidos del ser del bosque. Estaba desnuda. Era una joven, una joven mancillada por innumerables heridas en la espalda, brazos, piernas, trasero, y seguramente igual de flagelada por la parte frontal de su cuerpo. Aetos dudó en acercarse más, de hecho deseaba alejarse con rapidez, pero cuando apenas consideraba esa posibilidad la joven de cabellos oscuros volteó casi partiéndose el cuello con la rapidez y la rigidez de su giro. Su rostro... sus múltiples heridas sangrantes en sus pechos y el rostro... Carecía de pupílas y mostraba una sonrísa sádica amplificada por una enorme cicatriz de cuchillo... Era... inhumano...

Spoiler:
[center][center]

Aetos permanecía en el aire, pero apunto estuvo de caer ante la presencia y la mirada vacía de la mujer. Estaba boquiabierto. Pero peor fue su impresión al ver como la joven se había volteado por completo y ahora avanzaba en dirección al féerico, portando un gran cuchillo que superaba con creces el tamaño del pequeño ser. Avanzaba amenazante y con la mirada fija en el silfo. Avanzaba con una velocidad superior a la que sus atrofiadas articulaciones deberían de poderle permitir. Incluso sus huesos tronaban con cada movimiento que hacía. Más parecía una marioneta que una persona con vida. Y avanzaba... y avanzaba...

Pobre Aetos, experimentas la incertidumbre de no comprender lo que está pasando. Esperabas algo pero no ha sido así y ahora te enfrentas a un mal que no tiene límites ni conoce la clemencia.

Vuelas a metro y medio de la superficie, pero elevarte más sería extremadamente complicado con lo fuerte del viento... aunque estás en libertad de intentarlo.

Frente a ti, la puerta de la mansión a espaldas de la mujer ensangrentada. Tras de ti, el camino hacía la costa o hacia la comunidad de Croxisgarden

¿Que harás Aetos? ¿Que harás Aetos? ¿Que harás Aetos?

¿Que harás Aetos?

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Laila Maeve el Vie Sep 28, 2012 6:40 am

Hacía frío. Suponía Quinn que era una característica de los glaciares imposible de soslayar, pero ella no estaba acostumbrada a tales temperaturas, ni siquiera las consideraba "ocasionales".
Aún así, intentó no frotar su traje ni su piel para eliminar los rastros del helor que llegaba hasta sus huesos y apremió a Medianoche hasta que la Mansión se recortó contra la media penumbra del lugar. Tratando de dominar el instinto de terror que la había acosado desde que abandonó el Bosque de Sílvide y que la cada vez menor iluminación del lugar no hacía más que acrecentar, buscó un lugar adecuado para bajar del lomo de su animal preferido y miró a su alrededor con incertidumbre.

¿Qué esperaba encontrar? No desde luego aquella soledad y tampoco ese silencio ominoso que auguraba malas cosas, ella lo sabía bien. Tenía miedo pero era demasiado orgullosa para reconocerlo incluso para sí misma y por eso es que había desenvainado sus sais y envarado su esbelta figura, como temiendo que, en cualquier momento, una figura apareciera para atacarla.
No mencionaba nombres, más Laila sabía el nombre del miedo: Darian. Aquel hombre que, divirtiéndose torturándola, había amargado cada una de sus noches y la había hecho precavida... al menos hasta aquel instante.

Por primera vez dudó de si era o no una buena idea el estar allí más era demasiado tarde para retroceder e irse sin las respuestas que necesitaba no era una opción.
Sin embargo, ¿Cuándo se calmarían los alocados latidos de su corazón? ¿Dejaría de temblar? ¿Y temblaba sólo por el espantoso frío... o existía otra razón aún sin conocer?
El suelo no era mejor que el lomo de Medianoche. Incluso a través de las botas recién adquiridas sentía algo rezumar del suelo y el penetrante viento la hacía sentir desnuda. La recorrieron varios escalofríos y para mitigar sus sensaciones, se fue acercando con las sais en alto hacía la puerta del lugar.

No comprendía por qué Lyr escogería semejante sitio para emigrar, incluso si buscaba gloria. Ninguno de los dos era de lugares tan sombríos y, aunque hubiera algo por ganar, ¿Era su hermano tan insensato para romper con todas las leyes de prudencia sólo por un título o algunas monedas?
Quinn empezó a dudar seriamente de sus fuentes, ya que conocía bien a Lyr y aunque éste era muchas cosas, no entraba dentro de su naturaleza el hacer cosas semejantes, tan impulsivas y tontas... como ella.

Ya había llegado frente a la mansión y una oleada de repulsión la recorrió al advertir la inscripción que en la puerta se leía. No eran las palabras, misteriosas tan sólo, sino el color nauseabundo, el aroma hediondo, la escena total de una especie de desesperación que Laila sólo podía entrever y que sólo había conocido apenas, una vez.
Murmuró en voz baja la última línea del "grabado" que nada tenía de elegante.

¿Para amar u odiar hay que aprender a morir? Eso podía comprenderlo, en el sentido metafórico, al menos. En un sentido literal, era demasiado tétrico para asimilarlo....
Un sonido muy distinto del viento la sacó de sus pensamientos, sobresaltándola y haciéndola voltear, rauda y aún más que inquieta, ya asustada.

"Medianoche" pensó Quinn y sintió como su cabeza daba vueltas al ver la horrible criatura que estaba suspendida...

-No... Oh, no.- susurró sin apenas voz. Cuando era apenas una niña, había presenciado la muerte de la madre de los potros que habían sido el regalo de los dos hijos de Medb Maeve y así sabía distinguir entre la vida y la muerte de un equino. Además de que Medianoche nunca hubiera estado tan inmóvil ni tan...
Laila retrocedió un paso, aquellos ojos pálidos mirándola de una forma tal que si no se ponía a gritar es porque estaba demasiado paralizada. De alguna manera, sentía de nuevo como sus cuchillos eran como de mantequilla, de nada servirían.

Todo funcionaba muy rápido y muy lento a la vez. Habían pasado segundos desde que Quinn entendiera su peligrosa situación pero a ella le parecían mil eternidades, tan lento funcionaba su pensamiento... o eso creía. El miedo engendra miedo pero la experiencia genera reacciones diferentes según la ocasión y no era, desde luego, la primera situación "extrema" que había vivido.
En aquel suceso, en el que había cambiado, había echado a correr, atacando primero. Pero había aprendido desde entonces y además la criatura a la que estaba expuesta tenía un aspecto mucho menos atrayente. Echó una mirada rápida a su alrededor.

Bosque o algo que parecía un jardín, a lo lejos.
"No" dijo una voz en su cabeza "Te caerás. Lo sabes"

Sí, lo sabía, porque la peor manera de caer en la bandeja del peligro es precisamente inmiscuyéndose aún más en la oscuridad que es el refugio de la bestia, el monstruo, la atrocidad. Y Laila ya no tenía más oportunidades que perder.
Alzó las sais y no dejó de mirar al monstruo, sin notar las lágrimas que derramaba por su hermosa yegua, las cuales empapaban sus mejillas y que eran como hilillos helados en aquel clima horrendo. Lentamente, como si estuviera tratando de no despertar la violencia empezó a retroceder hacía la puerta, que quedaba detrás, a sólo unos pasos. Por ningún motivo le daría la espalda a aquella criatura, más la puerta de un lugar en el cual atrincherarse era su única esperanza.

No pensó en que muy posiblemente hubiera otras amenazas dentro de la Mansión. Tenía la boca seca, el corazón bombeando sangre y el miedo haciendo sudar sus palmas. Necesitaba reaccionar y gritar no era la opción que mejor se le daba.
Dio una patada a la puerta de roble para abrirla. Su idea era entrar y cerrar la puerta hasta que pudiera pensar en una mejor solución.
Hasta que encontrara algo mejor con lo que defenderse.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Darian Valertas el Sáb Sep 29, 2012 4:55 pm

La oscuridad que embarga Croxisgarden es capaz de ponerle los pelos de punta a cualquier viajero lo suficientemente estúpido como para entrar en él. Sin embargo, quizá por su esquizofrenia interior, Darian se siente afortunado de estar ahí. Siente que tal vez ha tardado demasiado en descubrir semejante emplazamiento, que la desolación y el dolor de ese pueblo es como un alimento para su mente maltrecha del mismo modo que la sangre humana es su comida física, y así el aura de tormento que le rodea se convierte en un santuario para sus más depravadas maquinaciones.

Son fantasmas los que le rodean, algunos gimoteantes, otros envueltos en un silencio lapidario. Tal y como un sepulcro éstos vagan de aquí allá, motivados por su muerte en vida, adoloridos por haber sido condenados a una eternidad de sufrimiento.

Sus figuras espectrales se mueven con una maltrecha elegancia, esa que solo emerge cuando has conocido el dolor verdadero, cuando tu pena interior es tal que te obliga a separarte de todos los problemas del mundo real. El vampiro es un contemplador de belleza, de la hermosura brindada por la retorsión del lado oscuro del mundo, y no puede dejar de admirar cómo aquel lugar de muerte y dolor es tan precioso y repulsivo al mismo tiempo, cómo su mente se encuentra en un vaivén interminable de excitación y misterio, en un punto en el que ya no solo fluye su locura, sino la confusión por saber que aún hay cosas en el mundo que se le escapan.

Porque sí, es inevitable. Sus ojos como el jade se ven opacados ante la visión del más allá y de las figuras que éste trae. No puede dejar de pensar que él mismo puede ser pasto del tiempo y la podredumbre de su cuerpo, que en cualquier momento una fuerza mayor puede arrastrarle hacia la tumba.
Entonces, cuando se da cuenta de ese pensamiento, se odia a sí mismo por perder confianza en sus habilidades.

Y sabe que es el poblado. Sabe que es obra del misterio y la angustia de Croxisgarden. Lo sabe porque jamás ha dudado de sí mismo, de sus habilidades. Él es el mejor y nada puede hacerle cambiar de opinión, ni siquiera una estaca clavada en el corazón. Es tal la soberbia que envuelve la mente depravada y caótica del vampiro desalmado que incluso en muerte aún rezumará prepotencia, pues un Sombra Roja que ha caído en tal pozo de locura ya no puede salir de ella.

Se ha ahogado tiempo ha, solo resta que sepa verlo de una vez.

Así, sigue andando con una media sonrisa en su rostro blanquecino. Los ojos no admiten miedo ni tormento, solo interés confluyente con confusión. Observa la iglesia en la lejanía y siente cómo el peyorativo asco emerge dentro de él. El vampiro es religioso, más de lo que cualquiera podría dar en ver en un momento dado, pero solo cree en la muerte y la destrucción. En la noche y en la oscuridad. Sabe que solo Morth traerá la verdad al mundo cuando sus moradores la acepten, cuando entiendan que la muerte es su único destino.

Él, como peón de la diosa, ha de cumplir su cometido, y así siglos de asesinatos y torturas le preceden… Aún sin fin. Aún sin término aparente.
Es la figura del niño la que le susurra al oído, haciéndole volverse hacia la silueta espectral, ojos huecos y translúcidos que le miran con una expresión que nadie más que un loco puede descifrar. Es pequeño, quizá ni siquiera pase de su primera década, y Darian Valertas no puede evitar imaginar cómo fue en vida. A qué supo su sangre antes de morir.

Oh, Arcan, incluso se lamenta de semejante pérdida. Incluso desea verlo vivo para matarle él mismo.

Sendos rostros se encuentran, figura carmesí con figura grisácea, que se pierde en el ambiente desolado y abandonado. Sabe el vampiro que es a él al que se lo dice, no puede ser de otra manera en su egocentrismo, y pese a que semejante situación es digna de los cuentos de miedo más turbulentos, él encuentra tanto éxtasis en esa pregunta que no puede evitar pensar que, si le sigue, si se deja llevar por su retorcido sentido de la sátira, al final Morth le regalará el premio que se merece.

Siempre acaba pasando así. Siempre.

Tras un asesinato viene un regalo, y de la avaricia por conseguir más y más una persona siempre acaba perdiéndose en su esquizofrenia interior.
Si Darian Valertas vive en una paranoia constante está más que claro, pero, dioses, no sabéis cuánto gusta de eso.

Sí, pequeño. Juguemos —responde con una sonrisa encantadora, cargada de una depravación que para muchos ha sido su último recuerdo.




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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Aetos el Mar Oct 02, 2012 11:17 pm

** Aetos estaba esperando reacción, pero mientras los segundos pasaban, mientras algo estuviera a punto de pasar, su cuerpo había sido constantemente tirado hacia el suelo por las fuertes corrientes de aire del lugar, así que quizás dentro de la fúnebre mansión estaría en un ambiente que se pudiera mover libremente, al menos hasta que su cuerpo tenga la suficiente potencia para mantenerse en ese tipo de aire de manera estable, aunque poco a poco iba cogiéndole el truco a esas corrientes que iban y venían en distintos movimientos, de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda… Qué clima más curioso.

En cuando Aetos se fue acercando más, su cuerpo se paró en seco, aun con ese ambiente. Sus pequeños orbes se dilataron, o esa era la impresión que daba, una mujer… una mujer desnuda se encontraba tocando la puerta de forma extraña, como si quisiera algo de la misma. Su cuerpo se encontraba enteramente mutilado, Aetos no podía evitar sentir que se encontraba frente a una mujer terrorífica, aun siendo ella la que tenía el cuerpo mutilado y haber sufrido constantes azotes, sin embargo el aura que despedía por su cuerpo era funesta y parecía atraer a la muerte.

-¿Volver? –Un pensamiento lógico y de buena opción, irse de aquel lugar sería lo más sensato que alguien podría hacer, pero cuando ese pensamiento atravesó su mente, la mujer había dado vuelta, pero no su cuerpo sino su cuello, sus articulaciones habían sonado de manera espeluznante, nadie podría sobrevivir a ello, pero lamentablemente ella sí-

El pequeño Feérico no pensaba en despegar la mirada ni parpadear, sin duda eso sería estar en una desventaja notable, al menos no un parpadeo largo. La mujer se había alzado, y se encontraba mirando a Aetos, el cual comprobó que por la parte delantera la mujer también tenía numerosas cicatrices pechos, abdomen, muslos; eran algunas de las partes que se mostraban a gran profundidad. Una larga línea cruzaba de oreja a oreja, desde la parte baja de las mismas, con manchas de sangre, si se podría comparar con algo, se diría que aquello era su boca. La esclerótica de sus ojos parecían de color negro, con una fina mancha de delineador en sangre; lo más normal de su mirar podría decirse que era su iris color naranja.

¿En qué momento pasó? Aetos había visto muchas cosas, había vivido 360 años, pero aquello sobrepasaba con crece lo antes visto, tanto que su cuerpo tardó en hacer uso de acción cuando la mujer había emprendido una rápida carrera en contra del diminuto ser, portando un cuchillo que con crece superaba el tamaño de la pequeña criatura, por lo que obviamente recibir un corte del mismo podría terminar con la vida del guardián del bosque… Pero aquello, aquel pensamiento de morir no estaba en los planes de Aetos. Podría intentar aprovechar el viento, ahora tendría que confiar en sus instintos y usar la velocidad de la mujer en su contra, así como el desbalance de su correr por momentos.

Cuando la mujer se encontraba a un escaso metro, Aetos dejó de agitar sus alas ¿Por qué? ¿Para qué? Un viento como el del lugar era lo suficientemente fuerte para tumbar su cuerpo y sin poner resistencia su cuerpo caería rápidamente y así fue como pasó, su cuerpo fue alejado del aire e iba directamente al suelo, pero antes de caer con mucha fuerza agitaba sus imperceptibles alas, abriéndose una pequeña brecha entre las piernas tambaleantes de la mujer. ¿Pudo escapar? La mujer seguro en cualquier instante voltearía, pero Aetos no era tonto, al menos no tanto como para darle la espalda a quien amenazaba su vida sin hacer nada, tras su movimiento por las piernas de la mujer, hizo que su cuerpo expulsara “Luciérnagas” de un centímetro de radio, las cuales se comenzarían a adherir a las piernas de la mujer y comenzarían a quemar de adentro hacia afuera, quizás la mujer no sentiría nada, pero esperaba que las luces llamen su atención, ya que usar el “Látigo de Fuego”, no era una opción, tendría que estar muy cerca y necesitar algo más de tiempo que el de seguro la mujer le permitiría para cercenar su piel.
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Re: La mansión del pecado

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