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La mansión del pecado

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Vie Oct 05, 2012 10:24 pm

Spoiler:

Cuanta sangre. Cuanta miseria. Cuanta depravación. Cuantas vidas más caerían ante el yugo solemne de la terrible mansión Croxis antes de que la cordura y la razón encontrara cabida en las mentes de los cientos de aventureros que demostraran estupidez, más que valentía, al decidir hacer de esos territorios sus últimas moradas. El gran cementerio de la parte trasera de la mansión era una prueba irrefutable de que ahí solo podía existir muerte, y que ella misma era la única opción para los ingenuos que pisaran sus tierras.

Tomemos como ejemplo a Sanguine. Tan valiente y tozudo como de costumbre, el engendro nunca había encontrado un igual que se le comparase. Su arrogancia y su sanguinaria forma de vida le eran suficiente para salir avante ante cualquier situación. O al menos eso pensaba él.

... así que... eres de los que no hablan... mejor para mí...

El enorme no muerto frente a él destilaba un aura tan perversa que hasta el rey enano más valiente y honorable podría manchar sus pantalones de piel y sin embargo Sanguine, arrogante como de costumbre, permaneció de pie frente a él. Silencioso y seguro de si mismo. No se podría decir si era acaso por que tuviese algún plan o alguna forma de eliminar al temible esqueleto de manera contundente con sus manos desnudas, o bien simplemente estaba tan aterrado que no podía moverse ni hablar. Es difícil saber que muestran las expresiones corporales de un ser tan horrendo como Sanguine.

Pero esto tenía sin cuidado al guardián de aquellos pasillos, el cual se acercaría a menos de un metro de distancia del engendro portando su enorme hacha de carnicero y esbozando una temible sonrisa como de costumbre. Después de todo un esqueleto siempre parece alegre y sonriente gracias a la ausencia de piel.

Improvisadamente, Sanguine trató de asestar un golpe con su puño cerrado directo en el huesudo rostro del esqueleto. Había sido como si el sanguinario engendro hubiese estado esperando a que su enemigo se le acercara lo suficiente como para utilizar sus manos, una estrategia que quizá le había servido antes. Cuan sorprendido se vería el pobre engendro al sentir la dureza de tal cráneo. Era como si hubiese golpeado un escudo de adamantino forjado por enanos. Los huesos de sus manos se quebraron en mil pedazos, hiriendo más el orgullo que su físico.

Así que... ¿agresivo y silencioso?... a mi ama le gustarás...

Haciendo gala de una potencia considerable, el esqueleto carnoso cercenó de un tajo el brazo izquierdo de Sanguine. Si el dolor de su mano siniestra había sido insoportable esto no tendría comparación con la pérdida total de miembro. El filo del hacha del carnicero había dejado una terrible herida. Su filo era extremadamente peligroso y dañino gracias a la cantidad de muescas en el mismo. Tantos años cortando carne y huesos le habían mancillado y fortalecido. Una terrible arma de tortura.

El no muerto cogió el brazo amputado del engendro con su mano izquierda complacido con la expresión de dolor y miedo que había logrado percibir en Sanguine, el cual había salido huyendo a toda prisa por uno de los pasillos hacia el este. Ahora era una presa en potencia, y disfrutaría consiguiendo el resto de su invitado... así fuese todo junto o por partes...

Haz perdido un brazo pero no por ello peligra tu vida (a menos que no atiendas esa herida en menos de dos turnos)...

El camino ante ti esta cubierto de cráneos y criptas abiertas (catacumbas después de todo). Hay decenas de bifurcaciones y caminos prácticamente iguales... aquello es un laberinto, pero no imposible de sortear.

Independientemente de lo que hagas, tus pies te guiarán a una de tres opciones: El sepulcro, el cuarto inundado o la cámara de embalsamamiento... Escoge...

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~


Ah si, Sanguine. El poderoso engendro que no temía a nada ni a nadie ahora huía despavorido de un enemigo tan terrible como horroroso. Si él no soportaba los terrores que aquellas tierras ofrecían a sus turistas... ¿que posibilidades tendrían los demás invitados?

Invitados como Laila Maeve, quien ya luchaba contra sus propios temores tras ver caer a su querido animal en manos de un horrendo engendro o demonio. El ser en cuestión la miraba directamente a los ojos con una hostilidad tan increíble que la humana no podía pronunciar palabra alguna. Ni siquiera había podido gritar, pues sus cuerdas vocales estaban paralizadas. Era una situación horrible.

¿Huir?... Quizá hubiese sido una opción lógica para la aterrada humana. Sin embargo sus pies no recorrerían demasiados metros antes de que el espeluznante ser frente a ella cegara su vida al igual que con su yegua.

¿Pelear?... Podría ser. Si bien era una simple mujer sus sais le habían sacado de más de un apuro. Pero pelear contra engendros no había resultado bien últimamente. Sobretodo después de aquella violación en manos de un perverso vampiro. No. Su piel aún sentía el frío de ser manipulada impotente mente por su rival, y un encuentro contra este engendro no auguraba un resultado tan bueno como el de salir de ahí con una simple violación más.

No, nada de eso era una opción viable para Laila. Había ido ahí en busca de su hermano y ahora estaba en una situación inimaginable. Debía protegerse del mal, aunque para ello necesitara hacer uso de más mal.

Rápidamente accedería a la mansión, dejando tras de sí la espeluznante visión de un engendro saltando con sus fauces abiertas de par en par hacia ella. Aterrada y en un mar de lágrimas frías, lograría cerrar la puerta tras de sí justo antes de que el ágil engendro la alcanzara. El estruendo del golpe que se dio sobre la pesada puerta fue tan intenso que la echó de espaldas al suelo.

El engendro golpeaba con desesperación el exterior de la puerta mientras profería un ruido tan desgarrador que ensordecería a la humana por unos segundos para después quedar todo en completo silencio.

Los golpes habían cesado. Sus chillidos, también. Laila estaba sentada sobre una vieja carpeta roja frente a la puerta de la mansión. No había volteado a ver su entorno aún y ese lugar ya le daba la bienvenida de una forma que no podría olvidar tan fácilmente. La puerta tenía un grabado arcano. Una especie de inscripción arcana o de brujería la cual tenía en su centro una mano humana cercenada recientemente clavada a la puerta con un cuchillo de obsidiana. La mano sangraba en abundancia creando el charco en el que ahora estaba posada, lo cual ya era bastante extraño.

Laila, pobre... pobre Laila... Haz entrado en la cueva del lobo por voluntad propia y vas armada solo con miedo e incertidumbre.

El silencio de la mansión es sepulcral. Ni siquiera el fuerte viento del exterior es audible. El pasillo en el que te encuentras está iluminado por velas rojas desgastadas por el tiempo. La cera de las mismas da la impresión de que se tratase de sangre coagulada adherida al suelo y las paredes.

¿Subirás las escaleras?... ¿Recorrerás el pasillo oscuro?... ¿Entrarás en lo que parece ser... un estudio?

Oh Laila... pobre... pobre Laila...

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

No muy lejos de la mansión también habían cosas interesantes. Pues el mismo vampiro que había dado tantos traumas a la humana, Darian Valertas, ahora revisaba sus opciones mientras observaba la miseria de la muerte que inundaba a Croxisgarden. Estaba extasiado. En sus largos años de vida no había dado antes con un lugar tan lleno de podredumbre como el que ahora visitaba. La visión de la muerte era una cosa, pero la visión de las almas en pena era algo que le podría quitar el sueño a este ser sin letargos.

Reía de placer ante lo desconocido pues aquello no era si no una visión de algo que deseaba ser artífice. Pero su sorpresa solo aumentaría cuando uno de estos espíritus errantes, un niño por lo que se podía apreciar, le había hablado. Su presencia era neutra pero agónica. El alma en pena parecía consiente de la presencia de Valertas pero inconsciente de su propio estado. Parecía un mero recuerdo proyectado por la propia ciudad. Algo sin duda interesante para el joven y perverso vampiro.

Contestando a la pregunta del espíritu, Demian aceptó la invitación del niño y encendió todos sus sentidos con la intención de saber que pasaría. Cosa que no requirió demasiado esfuerzo pues, tras su afirmación, un grupo de al menos vente espíritus de infantes de entre seis y diez años había aparecido a sus espaldas. Algunos habían atravesado el techo del edificio en el que estaba mientras que otros simplemente aparecieron ahí de la nada. Eran tantos como para crear una neblina espectral que los hacía parecer más un cúmulo de humo que almas individuales.

Su mirada volvería a intentar enfocar al primero de los niños, pero para su sorpresa este ya no estaba ahí. En su lugar solo había quedado el espectro de su figura pero su presencia se había esfumado.

... ¡Que bien! ...
... yo me escondo... tu me encuentras...
... cuenta hasta veinte y vuelve a contar...
... cuenta y cuenta y a veinte llega antes de uno ...
... cuenta, empieza a contar ...
... cuenta hasta veinte y uno ...


La voz del infante se escuchó en el ambiente. Una especie de rima infantil, un juego a final de cuentas era lo que le había pedido. Acompañada por las risas fúnebres de los demás niños, Valertas se había quedado solo en ese lugar nuevamente. Pero algo estaba diferente.

Croxisgarden brillaba con un aura espectral similar al de la luz de la luna. Era un espectáculo digno de ver. Todo el lugar emitía su propia luz, pero no solo eso, si no que ahora la comunidad entera de almas en pena le veían directamente. Era como si la población entera de Croxisgarden supiera con exactitud en donde se encontraba. Era desconcertante e interesante al mismo tiempo.

Al parecer, solo tenía que buscar...

Darian que amable haz sido al aceptar su invitación, serías un excelente padre...

Te toca buscar. Y no solo buscar, si no también encontrar. La ciudad es considerablemente grande, al menos mil metros a la redonda comprenden a Croxisgarden y descubrirás que estos niños fantasmas son especialmente buenos desapareciendo...

¿Que? Haz visto a tres infantes correr en el suelo... uno fue a una pastelería... el otro entró a la vieja taberna... el último entró en una casa derruida... ¿A cual sigues?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

Todo es diversión en las tierras de la muerte. Todos los que ese día habían llegado a los terrenos Croxis se estaban divirtiendo. Tal era el caso del pequeño Aetos, el cual jugaba con una niña con sádicas intenciones... ¿o era ella la que jugaba con el pequeño?... detalles... meros detalles...

El movimiento de Aetos era complicado gracias a las fuertes corrientes. Subía y bajaba de forma errática. Iba de un lado a otro como en carrusel y, cuando por fin lograba mantener estabilidad, trataba de ver a la pequeña ensangrentada con mirada del vacío. Era terrible, sus heridas... su faz... su mirada... todo en ella demostraba su locura, pues nadie sería capaz de seguir cuerdo con aquella cantidad de mutilaciones sobre sí mismo. Pero el pequeño Aetos seguía peleando con el viento. Seguía intentando volar a pesar de que las corrientes gélidas tenían distintos planes.

Logrando cierta estabilidad, el pequeño feerico divisó la hostilidad de la pequeña y su intención por acercarse a él. Aún estaba algo lejos, pero el pequeño había pensado bien sus opciones.

Cualquiera diría "Va a huir" y esa persona podría acertar en noventa y nueve ocasiones similares. Pero Aetos tenía otros planes en mente... ¿Huir? Huir era para cobardes y para gente débil... no, Aetos no haría caso de la razón. El gran ser alado de treinta centímetros aproximadamente encararía el mal de aquella niña con todo su valor y su dominio elemental.

Armado con un repertorio de luciérnagas flamígeras y una estabilidad aérea similar a la de un hipogrifo borracho, Aetos cayó drástica mente al suelo para aprovechar su impulso y pasar entre las piernas de la espantosa niña, la cual esbozaba una sonrisa tan funesta que podría doblegar a cualquier padre amoroso.

El pequeño pasaría entre sus piernas, si... si que lo hizo. Haría uso de sus luciérnagas, por su puesto... habían surtido efecto... pero algo olvidaría debajo de las faldas de la torturada infante... "algo" no... más bien "un par" de razones que lo harían irse al suelo de bruces. Y es que la niña, dentro de su insana locura, había cortado las pequeñas alas del féerico con un solo corte de su afilado cuchillo. Estaba claro que ella le había apuntado al ser en sí, pero por suerte para él simplemente le habían retirado las alas... ¿Suerte dije?... "Suerte"... Suer... Bueno le había cortado las alas para bien o para mal, punto.

Oh oh... ¿Aetos estas bien?... ese golpe en el suelo te ha hecho sangrar de la boca... ¿Es eso en el suelo un diente tuyo?

Es una situación desesperada. Las luciérnagas de fuego sin duda le han dañado, pero ella no parece mostrar signos de dolor... Seamos sinceros... ¿Como podría un calor interno compararse con el dolor de la multitud de heridas abiertas en su piel?

Oh pero... ¿Y eso?... frente a ti hay una especie de "portal" sombrío... y al otro lado parece que los rayos del sol logran iluminar el bello jardín que había a un lado de la mansión....

¿A donde vas Aetos? ¿O te quedaras a luchar?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

¿Y que decir de Mir Ris? No, no le había olvidado. Su presencia era tan dispensable en las tierras Croxis como la mugre de las uñas de un cadáver enterrado siglos atrás.

Espasmos. Dolorosos espasmos provocados por el vómito, de no una si no tres veces ya, le tenían al borde de la inconsciencia. El olor fétido y putrefacto era tan intenso que los ojos del humano comenzaban a sangrar literalmente. Ya no habían lágrimas si no sangre. Sus ojos, nariz y boca ardían y se secaban como el cuerpo de una ardilla muerta tirada al sol.

Mir Ris se había metido en el jardín equivocado, pero en su intento por regresar por el camino que había tomado se topó con una muralla de ramas y enredaderas que le bloquearon el paso a consciencia. Eran plantas espinosas y, en más de treinta ocasiones, estas habían herido la piel del desesperado humano que por cuarta ocasión vomitaba sobre sí mismo.

Había caído al suelo ante su intento fallido... ¿Sus armas? Mir Ris no tenía cabeza ni fuerza como para empuñarlas y mantenerlas sujetas. Solo deseaba salir de ahí y la única opción que le quedaba era el camino al interior del agua estancada que bien podría ser peor que las aguas de un pantano.

El limo verde y la espuma blanca en la superficie del agua no lo harían menos desagradable para el humano sin bilis en sus entrañas, pero era la única opción que encontrara en su desesperación.

Apenas había puesto un pie al interior del agua cuando sintió como algo se desprendía del suelo a sus pies. Un número considerable de huesos porosos habían salido a flote a través del agua. Huesos. Huesos humanos ahora hacían juego con el limo y la espuma mientras el pobre joven avanzaba a través de esas aguas putrefactas. Sus genitales hormigueaban aunque desconocía el motivo, pero lo que lograría empeorar su situación en ese momento sería una terrible fiebre. Una fiebre que amenazaba con hacerlo caer inconsciente en ese preciso momento.

Mir Ris lo sabía... Estaba envenenado. Seguramente por las espinas, o quizá por esta agua turbia. No lo sabía con certeza. Solo sabía que no resistiría mucho más si no salía de ese lugar ya.

Más de lo mismo Mir Ris. No siempre un enemigo armado es más peligroso de lo que puede llegar a ser tu entorno.

Estas a la mitad del camino. El agua te llega hasta el pecho. De frente, la mansión Croxis. A la derecha más enredaderas espinadas. A la izquierda, tierra seca en un claro iluminado por la luna...

¿A donde?

Spoiler:

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Etlhan VII el Sáb Oct 06, 2012 12:26 am

El camino por aquél cementerio de muerte y posteriormente, su caída en una inmunda cripta que se antojó pasadizo no parecieron sorprenderle, había escuchado rumores, rumores de que en el lugar donde se encontraba se hallaba maldito y que era un grave peligro para cualquiera que osase aventurarse, pero él no era un cualquiera, no, Sanguine no tendría por que temer a nada pues él ya era el miedo encarnado, si, lo era, o eso pensó hasta que encontró a alguien que probablemente era peor.

De frente a él se hallaba aquél esqueleto, grande, poderoso, como Sanguine, a diferencia de que éste portaba un arma bastante temible, y el engendro iba con las manos desnudas. No hubo palabras por parte suya, Sanguine dejó que dijese todo lo que quisiese, le resultó raro que un no muerto hablase, normalmente los esqueletos que había destruido en antaño, solo se limitaban a atacarlo sin más, pero ese en concreto le hablaba y con un tono de mandato que solo le irritó más aún de lo que estaba. No, ese ser no era como los anteriores, esperaría a que se acercase, quizás tardaría bastante en levantar el arma y para cuando lo hiciese, aquél cráneo que adornaba esa masa de carne hueso se haría trizas con el mejor de sus golpes, un error fatal.

Sanguine estaba preparado, no obstante, en sus ojos, ahora inyectados por la adrenalina que comenzaba a fluir por todo su cuerpo debido a la tensión, cruzó fugazmente la duda. No había logrado romper aquella mascara de hierro de su enemigo, no le gustaba ser la victima, él jamás lo había sido, pero aquél ser lo veía como tal y eso no le gustaba ¿Quizás sería lo bastante poderoso como para vencerlo? No se contestó, su puño afilado y mortal saltó como un resorte, había impactado, y Sanguine sonría, una sonrisa que se volvió en un gesto pocas veces reflejado en su desfigurado rostro, el gesto del dolor.

-¡¡¡Warrgghhhhhhhhh!!!.-Su mano, su poderosa mano se había quebrado como si de porcelana se tratase. Aquello que en antaño fue una garra mortal, ahora era menos que una pulpa sanguinolenta, dolía si, era soportable hasta cierto extremo, no tanto como para bloquear las capacidades del engendro para tomar una acción en respuesta, pero no hubo tiempo.La sangre a borbotones, su propia sangre y su brazo izquierdo separado de su cuerpo lo sumergieron en un shock casi demencial.

-¡¡¡¡Argggggggggggggghhh!!!.-Volvió a gritar al tiempo que escupía sangre negra y tomaba con su mano buena el resto mutilado que quedaba aún en su cuerpo, no lo pensó, echó a correr, fue algo básico, un instinto animal, había sido superado, la furia declinó en temor y el temor en cobardía. Si, Sanguine corría para salvar su vida. Corrió y corrió, y a ambos lados de aquél corredor vio reflejado muchas veces el rostro de su atacante en cada cráneo, todos parecían burlarse de él, hasta que finalmente el tropiezo dio con la bestia en el suelo.

Tirado en el suelo y la sangre brotando más y más de su brazo, el engendro abrió los ojos, gruñó de dolor y escupió más sangre. Aquella escena le hizo recordar muchas otras, donde él había estado en la posición del no muerto y su victima en la de él. El recuerdo en particular de una de sus victimas, una chiquilla de apenas quince años, de cara hermosa y largos cabellos, se abrió como un libro en su adormilada mente. Ella yacía en el suelo, herida, pero no gritaba, su mirada surcada por lagrimas le había golpeado con furia. Todos los seres queridos que tenía habían muerto a manos del engendro, pero aún así, no se dignaría en gritar, pues, ella jamás lo haría, jamás daría el placer a aquél monstruo insaciable.

-Vamos muchachita, grita, grita para mi.- Recordó haberle dicho, pero ella permaneció callada, ya no se aferraba a ninguna salvación y aún así, le desafiaba con aquellos ojos color almendrados. Dos veces la abofeteó pero no profirió ningún grito, algo que no le dio placer al engendro y así murió tras un estrangulamiento silencioso, con sus ojos clavados en los suyos, sin miedo a lo que vendría.

El espasmo de dolor hicieron volver a Sanguine a la tierra de los vivos, o parcialmente. Su respiración ya era fatigosa, la sangre perdida era bastante, pero los latidos de su corazón se fueron acelerando poco a poco, aquél maldito recuerdo, esa niña, su rostro sin miedo volvían con fuerza ¡¡Con fuerza!!

-¡¡¡¡Arggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!.-Volvió a alzar su voz gutural, que resonó una vez más por aquél mortuorio laberinto. Sin saber como, se alzó, volviendo a estar de pie, su sangre salpicaba el suelo, su rostro manchado ahora era una desfiguración de dientes y venas.

-¡¡¡¿Quieres oírme hablar bastardo!!!?.-Comenzó a avanzar de vuelta.-¡¡¡¿Quieres cortarme!!!?.-Aceleró el paso.-¡¡¡No te voy a dar el gusto de oírme suplicar!!!.-Comenzó a correr, su mandíbula se había quebrado, dejando una abertura mayor y ampliando el arsenal de fieros dientes, dientes peligrosos. Aquellos ojos que teñidos de rojo eran los ojos de un demente, los ojos de aquella niña que asesinó muchos años atrás.

-¡¡¡Vamos, vamos!!!-Su lengua viperina se desplegó, saboreando el momento, su cuerpo, ahora encorvado, erizado como el de una bestia, avanzaba a toda rapidez hacía un enemigo implacable, chocaría con él e intentaría tirarlo. Si él moría allí, no gritaría, atacaría hasta que su cuerpo quedase destrozado, hasta que dejase de moverse.



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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Laila Maeve el Sáb Oct 06, 2012 6:59 pm


Sintió más que oyó como era perseguida por la criatura cuando entraba a la Mansión y apenas tuvo tiempo de cerrar estrepitosamente la puerta cuando la criatura se abalanzó sobre la presa.
Laila contuvo un grito y trató de poner fuerza a su barricada, poniéndose de espaldas a la puerta para que la criatura no pudiera alcanzarla. Consiguió realizarlo, so pena de un golpe tan tremendo que la hizo caer.
Los chillidos que profería su captor eran tales que ella quedó ensordecida y asustada, presionando su espalda contra la puerta para no dejar pasar a la amenaza. Mientras se tapaba los oídos y quedaba ensordecida por los gritos, no pudo pensar en nada coherente, ni revisar lo que había a su alrededor.

Al fin cesó el estruendo y ella no supo si sentirse aliviada o más asustada. Permaneció un momento quieta, oyendo el sonido de su respiración y sintiendo los alocados latidos de su corazón, mientras luchaba por recobrar su compostura. Entonces se percató de que aquello en lo que estaba sentada era pegajoso y de un extraño color rojizo que, además, caía de un punto encima de ella.
Alzó la vista, lentamente. El terrible espectáculo de una mano cercenada y clavada en la puerta, chorreando sangre sobre su cabello y su rostro hizo que se le secara la boca.

No es que antes no hubiera visto los estragos de la guerra, miembros mutilados, miserias humanas, el placer del matar. Pero una cosa era ver lo que la guerra hacía y otra era enfrentarse a oscuros temores en lugares desconocidos, rituales a los que no tenía acceso ni conocimiento y que, por tanto, temía.
Le costó un momento rehacerse lo suficiente para ponerse en pie. Tenía miedo de que, en cuanto se moviera de la puerta, el engendro abriera la puerta y la atacara pero, poco a poco, comprendió que no podía quedarse allí y menos si quería encontrar a su hermano.

Al fin tuvo ambos pies sobre el charco de sangre y miró con cierta animadversión sus manos, que habían sido teñidas de rojo al apoyarse con ellas en el suelo, y las limpió cuanto pudo en la capa de viaje. No era lo único rojo, de todas maneras. Velas de este color iluminaban la habitación, que al fin ella podía contemplar libremente y formaban un espectáculo odioso con su tétrica luminosidad y el desvelo de la alfombra carmesí y los terribles retratos de los cuadros en las paredes.

"¿Por qué tanto afán por el rojo?" se preguntó la muchacha, al advertir el papel tapiz del mismo color, a pesar de la madera que se adivinaba en varios sitios, además del color rojizo que imprimía alarma en algunos cuadros de las paredes, el primer pensamiento coherente. Pero ella era una superviviente y el miedo no la había paralizado totalmente. Tenía que sobreponerse, era fuerte, lo sabía. Era hora de demostrarlo, como ya lo había hecho en el pasado.
Además, aún tenía las sais en la mano.

Enfundó una y sacó un cuchillo de los diez que había en la bandolera de su traje, instrumento mejor preparado para lo que quería hacer. Con él, raspó los alrededores de una de las velas y la arrancó, guardando el cuchillo, poniéndose en pie, con la sais que le restaba en una mano y la vela en la otra. Estaba caliente y rugosa al tacto, una sensación muy desagradable, pero necesitaba luz, para observar con mayor detalle todo lo que había en aquella mansión a la que había ido a buscar algo importante para ella.
Presentía que, incluso si no encontraba lo que buscaba, al menos hallaría cosas que quizá desearía no haber sabido.
Pero bueno, el presentimiento no podría salvarla ya, ¿Verdad?

Además, curiosidad. Después del susto, el hallarse en un sitio tan famoso y que en su día debió haber sido hermoso, si que le llamaba la atención. ¿Quién habría cercenado la mano? Ésta no tenía señales de putrefacción, lo que quería decir que probablemente había sido reciente. Esto era motivo de alarma, ¿Quién más estaba allí? ¿Eran ciertos los rumores que circulaban?
¿O sólo eran producto de su mente asustada? Además, en el camino no había advertido señal alguna de seres vivos, a pesar de la nota que el viento le trajo, lo que era comprensible si se notaba la presencia de criaturas tan terribles como la que había asesinado a su hermosa yegua.

"Medianoche" pensó la muchacha con tristeza pero luego alzó la mano con la vela con determinación. Con el tiempo, ella había aprendido que pensar de más en las cosas podía hacer que te hirieran más que la primera vez, en la que sucedía.
Su animal estaba muerto. Ella no, por lo menos todavía, y había cosas por resolver. Tenía que escoger entre buscar una salida que la llevaría a quién sabía qué lugar o registrar el lugar en busca de hallazgos que pudieran ayudarla a entender mejor la situación en la que se había metido imprudentemente.

El silencio ahora era tal que ella empezó a extrañar algún sonido. Ni siquiera sus pasos en la desvaída alfombra eran perceptibles y eso la consternaba. Pero al mismo tiempo, también la tranquilizaba, ya que eso quería decir que no podían rastrearla.
Aún así... ¿Cómo saber si había alguien allí si no se podía oír nada? ¿Y si algo la perseguía, sería capaz de advertirlo a tiempo?
Fue por estas cavilaciones que la muchacha decidió no gritar el nombre de su hermano e ir con más tiento aunque no era su estilo, sino uno que había adoptado por las circunstancias de su vida.

Así que se acercó primero a las paredes, donde los cuadros mancillados parecían de rostros vigilantes y ojos afilados que no cesaban de perturbarla. Muchos estaban rasgados como si alguien odiase las imágenes o teñidos de la misma sustancia que el suelo. ¿Por qué sangre? ¿Y de quiénes eran los cuadros?
Seguramente los Croxis habían tenido mucho dinero, pensó ella. Sabía algo de arte, lo justo, porque sus padres habían vendido algunas mercancías de este estilo y, como gustaban mucho de transmitir conocimientos a sus hijos, les gustara a ellos o no, les habían enseñado a ambos a distinguir entre la calidad y la cantidad.

"Algunos de estos serían bien vendidos en algún mercado" dijo ella, posando su mano sobre uno que le interesó particularmente, el retrato de una mujer muy hermosa y también con semblante un poco cruel, que parecía casi vívido y medianamente intacto. Los ojos grises de la joven se clavaron en los pintados, pero no descolgó el cuadro. Temía transgredir alguna regla no escrita y sus modales le impedían robar una casa como aquella, por muy abandonada que estuviese.

Luego miró el más oscuro pasillo, preguntándose qué debía hacer. ¿Salida o búsqueda?
Había escaleras, también, lo que significaba que aquella casona tenía más de una planta. Ella las descartó, temía encontrarse con alguna tragedia arriba, aunque no dudaba que en algún momento tendría que encararlas. Había elegido búsqueda, en una mezcla de miedo por la intemperie y curiosidad por su entorno que era muy característica suya.

Había en la planta baja, más cerca que el pasillo que no quería recorrer por lo oscuro que se veía, una habitación con la puerta entornada, más allá de las inquietantes velas. Ella se acercó lentamente, una sais desenfundada y la otra en su cinto. Abrió la puerta aún más con su pie.

La luz mortecina de la vela iluminó una habitación alta y llena de libros. Ella abrió los ojos con asombro, ya que nunca había visto tantos de éstos juntos. En su mundo, los libros eran un raro tesoro que muchos desdeñaban y que pocos entendían. Había aprendido a leer siendo muy pequeña y, aunque no era una erudita, sabía lo que costaban el papel y la tinta en ese entonces.
"Muy ricos" "Y muy desgraciados, si todo lo que se cuenta es cierto" pensó ella y se adentró en la estancia.
¿Qué buscaba exactamente? Laila no era una amante de la literatura exactamente pero pensaba que, si una nota había pedido auxilio, tal vez podría haber otras en un lugar tan lleno de papel. O por lo menos, habría algún tipo de información útil.
La cuestión era, ¿En qué libro?

Miró las pilas, algunas eran tan altas que sobrepasaban su estatura, un hecho notable ya que no se habían caído por el efecto de la gravedad. ¿Alguno de los altos libros le traería algo relevante?
Pero, pensó Quinn, si fuera ella la que tratara de mostrar a los visitantes algo importante, no lo escondería tras pilas y pilas de libros. Así que buscó entre las pilas bajas a lo ancho de la habitación y seleccionó rápidamente algunos tomos.
Uno le llamó la atención. Era rojo, tanto como la alfombra empapada y el tapiz de las paredes y tenía un rico encuadernado.

Ella lo tomó y se puso de cuclillas, con una pared atrás y mirando hacía la puerta por si venía alguien.
Luego, un ojo en el libro y otro vigilante, por así decirlo, abrió el tomo.
¿Habría algo de valor en sus páginas? ¿Era un simple farol?
¿Qué otras sorpresas le deparaban a Laila?
Sin duda, era ésta una de las más memorables cosas que le habían pasado hasta ahora.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Darian Valertas el Lun Oct 08, 2012 12:45 am

El frío se palpa en el ambiente, te cala los huesos y corta los labios mientras entrecierras los ojos y te abrazas a ti mismo para darte calor. Sin embargo, para un vampiro como Darian, eso es lo de menos. Delante de él tiene el fantasma de un niño que ahora le habla directamente, pidiéndole juego, instándole a sumergirse en una aventura extraña e indescifrable que en sus cien años de vida no ha tenido ocasión de vivir.

Es por eso que le ha dicho que sí, sonriendo con soberbia seguridad pese a que por dentro una pequeña vela dentro de ese huracán de prepotencia titila: es la llama de la tensión, del peligro, que impele a Darian a mantenerse en guardia para rebatir cualquier clase de peligro.

Sin embargo los fantasmas no son seres corpóreos, no son algo que él pueda notar si ellos no lo desean. Tan distintos de las criaturas que pueblan Noreth, aquellos espectros de niños muertos le rodean sin hacer ningún ruido, apareciendo de improviso con una actitud tan terrorífica que cualquier humano se hubiese meado ya en los pantalones. Mas no él. No un vampiro que es muy superior, de lejos, a todos esos gusanos que le rodean.

A Darian le gusta imaginar que ellos siguen vivos para que él pueda matarlos, disfrutando de su muerte. Se imagina también cuán distinta habría sido su reacción de haberle pedido aquello el niño estando vivo, y un repentino y ficticio olor a sangre que solo viene de su mente le hace entornar los ojos y sonreír fugazmente en un estado rayano a la locura.

En ese momento todos ellos entonan el cántico, haciéndole recordar sus primeros años de vida, los juegos a los que acostumbró participar. Se transporta momentáneamente a su mansión en Thonomer y aunque no lo añora en absoluto no puede menos que ofuscarse por eso.

Es una situación misteriosa, sombría y arriesgada. Nada bueno puede traer aquello, pero, ¿y qué le importa eso a él? Desbancado de ello se viene la excitación que Darian siente al imaginar que secretos mayores pueden depararle de superar esa prueba, y es por eso que se gira sobre sus talones para observar en silencio el rostro de todo fantasma que se cree capaz de recordar, haciendo especial hincapié en la figura espectral del primer niño, que como un hálito, se desgaja de su proyección translúcida y desaparece como el resto de ellos.

Croxisgarden se enciende, y los ojos del vampiro se abren ciertamente sorprendidos, observando a los centenares de fantasmas que pasean, terroríficamente callados, en aquel pueblo cargado de un silencio lapidario. Más similar a un sepulcro que a una aldea, el vampiro se encuentra solo en la ciudad, desconociendo su entorno, pero creyendo con férrea convicción en sus capacidades.

Y entonces les ve a ellos tres: uno en dirección a una destartalada pastelería, otro a una vieja taberna, otro a una casa tiempo ha abandonada.

No necesita pensarlo demasiado, y sus pies se dirigen hacia el último de ellos, el que corre hacia la vivienda. Varias de las vigas exteriores están dobladas y el techo levemente tumbado hacia delante, como si del mero paso del tiempo éste hubiese cedido, y el olor a polvo y suciedad es tan apabullante que Darian muestra abiertamente una mueca de desagrado.

Solo escucha el tacón de sus botas resonar cuando pisa el camino empedrado, y pese a que el aura lúgubre de la casa le resulta interesante, no deja de mirar a su alrededor, fijándose con especial atención en el brillo que ha cobrado la ciudad, tan extraño y a la vez fascinante, tan sorprendente que incluso es capaz de captar la atención de un vampiro cínico y soberbio como él.

Entonces ase el pomo de la puerta, y la abre sin especial dificultad. El interior está sumido en la más perpetua oscuridad y él se toma un instante en adaptar su deficiente vista al entorno, entornando los ojos cuando se sumerge en la obsidiana del interior de la casa y trata de delinear el contorno de un fantasma que debería estar ahí y que, sin embargo, él no ve.

¿Cuánto tardará?, se pregunta, y es que el vampiro es alguien necesitado de adrenalina, que no soporta las situaciones en que nada ocurra.

Lo que ocurre en Croxisgarden es fascinante, y él desea saber por qué un pueblo así ha acabado de esa manera. No obstante, sabe que aún le queda mucho que recorrer, que probablemente ese juego espectral es solo el principio, y que si no tiene cuidado, todo puede ir a peor.



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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Sáb Oct 13, 2012 6:28 pm

Spoiler:

La valentía aveces se puede confundir con la estupidez, pero... ¿Como diferenciarlas? eh ahí la cuestión.

Un hombre que pasa la vida peleando contra licantropos ¿es un valiente hambriento de fama o venganza? muchos podrían considerarle valiente - ¿y quien no? - pero muchos más le considerarían estúpido, pues quien en su sano juicio perseguiría estas terribles bestias si no una persona estúpida o sin nada que perder.

Quizá sea más estúpido aquél que decide lanzarse de un acantilado rocoso por voluntad propia - por su puesto, una persona estúpida sin duda - y sin embargo podría ser alguien extremadamente valiente si su razón para tal despliegue de arrebato fuese la de salvar a una persona ahogándose al fondo del mismo.

Sin duda, la valentía y la estupidez van de la mano... de la mano... mano como la que ya le hacía falta al sanguinario engendro quien, arriesgándolo todo en un acto de valentía o estupidez, había decidido detener su frenética huida y enfrentar cara a cara al enorme esqueleto que le perseguía desde las sombras de las catacumbas de la mansión Croxis.

Sanguine corrió hacia el esqueleto quien ya elevaba su enorme hacha de carnicero mientras lanzaba al suelo el fracturado brazo amputado del que ahora atacaba. Sanguine sin duda era un sanguinario, su expresión de locura pervertida hubiese retorcido los nervios de cualquier mortal que estuviese en su camino en ese preciso momento, pero para su desgracia el miedo no tenía cabida dentro del cascarón sin vida que le esperaba.

El poderoso impacto de ambas masas crearía un estruendo tal que más de cinco decenas de cráneos y ornamentos funerarios cayeron al suelo presas de la fuerza del choque. Sanguine había envestido histérica mente al esqueleto y le había tirado al suelo de espaldas, momento que aprovecharía el engendro para morder y eviscerar todas y cualquier articulación o rastros de nervios y tejidos en el enorme guardián. Mordía como un perro rabioso asesinando a una ardilla indefensa. Pero de ardilla este esqueleto no tenía ni la cola, y de indefenso no había rastro. El esqueleto solo permanecía acostado ahí, recibiendo el castigo de su enemigo mientras parecía disfrutar del momento. Sanguine no podría saber si le causaba daño o no, pero nada lo detendría ya. La sangre le había segado.

¡Morgüz! ¡Khale-kazeth, gromm'tuzc malek!

De pronto, una voz irrumpió en la pelea que mantenía Sanguine. Su furia le seguía cegando por lo que no se percató del moemento en que la voz de una mujer había proferido dichas palabras... palabras que detendrían las intenciones que tenía el esqueleto, el cual ya se preparaba para partir por la mitad a su enloquecido adversario.

La furia le había cegado, pero la sangre ya le hacía falta a Sanguine. No pudo más que caer a un lado del camino tratando de divisar las heridas que había logrado infligir. Había destrozado por completo el tórax del gran esqueleto, pero no le había derrotado. Sus fuerzas se extinguían rápidamente. La vista se le nublaba. Moriría, sí, posiblemente. Moriría, pero ya no estaría consciente para disfrutar el momento.

No... te he esperado por mucho tiempo... tu no morirás sin haberme sido de utilidad antes...

¿Cuanto tiempo habría pasado desde su pérdida de consciencia? No lo podría saber.
¿Cuan sádico y perverso habría sido su desmembramiento en manos del enorme esqueleto? Posiblemente majestuoso.
¿Que otra opción hubiese tenido, además de luchar como solo él sabía? Ninguna posiblemente.

Muchas preguntas rondaban ahora en su cabeza, señal de que seguía con vida ¿Pero en que estado?

Spoiler:

Sus ojos se abrieron de par en par mientras un grito de dolor salía de su boca tras la intensa sensación punzante en el muñón que había dejado su brazo perdido. Sin embargo solo podría ver a su alrededor sin moverse gracias a la cantidad de cintos de cuero ajustados a su cuerpo. Frente a él, una joven oscura le miraba a los ojos mientras moldeaba la sangre que escurría de la herida del engendro. Era simplemente doloroso.

No te muevas... o te destruiré en este instante...

Valla Sanguine. Haz elegido la opción cuatro y haz enfrentado a tu némesis sin miedo a la muerte... y hora en recompensa haz quedado más maltrecho e inconsciente. Felicidades.

Despiertas en la sala de embalsamamiento. Una joven mujer, no mayor de veinte años está a tu lado mientras convoca alguna especie de brujería en tu brazo amputado

¿Que harás Sanguine?... Parece como si estuvieses dejando de ser un perro sin bozal...

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~


Pero por que temer de la oscuridad de aquellas mal habidas catacumbas cuando al interior de la mansión se respira un ambiente más siniestro que el que cualquier humano podría soportar. Cualquier humano con cordura y algo de sentido común por lo menos...

No era el caso de Laila por supuesto. Laila había entrado a la mansión presa del terror que el engendro del exterior había sembrado en ella. Pero pronto descubriría que no siempre es sensato prolongar la muerte. No en aquel lugar. Si hubiese sabido lo que le esperaba al interior de la casona seguramente ni siquiera estaría ahora debatiéndose sus nulas posibilidades de supervivencia. Tantos, tantos hombres habrían elegido la muerte instantánea que les brindaría el engendro delgado antes que enfrentarse a los horrores del interior de la mansión. Una muerte rápida e indolora, un lujo que muchos hubiesen deseado en esas tierras.

Lo primero que alertaría las alarmas de su mente y su acelerado corazón sería la mano clavada metódicamente en la puerta de entrada. No la tocaría, chica lista. Había aprendido por la mala a no meterse con las cosas que no comprende, y cualquier brujería oscura en tierra de nadie era algo que no comprendía en absoluto.

Paredes mancilladas. El papel tapiz y la alfombra tan vieja como las historias que se contaban del lugar. Todo tan rojo. Todo tan rojo. Tan rojo que hasta las velas, desgastadas por el tiempo ya, lucían un rojo carmín que no hacían más que aumentar la tensión que ya sentía la joven humana. Los retratos no serían menos desconcertantes. Varios de ellos eran paisajes y pinturas abstractas irreconocibles por los cortes y las manchas sobre el lienzo en el que habían sido pintadas. Muchos retratos e ilustraciones de personajes de la nobleza, seguramente de las personas que habían vivido ahí cuando aquel fuese un sitio donde se podía albergar la vida. Ninguna lo suficientemente nítida como para identificar a nadie sin contar al gran retrato de la hermosa y misteriosa mujer que decoraba la pared del vestíbulo. Misteriosamente aquél era el lugar más limpio, por así decirlo.
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Sin embargo no se detendría demasiado tiempo ahí. Sabía bien que estando en movimiento tendría más posibilidades de no ser sorprendida, por lo que avanzó hasta dar con una habitación que le había dado demasiada curiosidad como para ignorarla. Una habitación llena de libros.

Libros apilados por doquier, en cantidades que solo en sueños o en monasterios podría concebir. Tantos como para pasar la vida leyendo y aprendiendo de ellos, pero uno solo llamaría su atención. Uno con el forro tan rojo como la sangre, y como la mayor parte de la decoración del pasillo. Esperaba encontrar un mensaje o algo de información en él recordando la razón principal que le había impulsado a tomar el camino hacia Croxisgarden y su gran mansión, una decisión que seguro ya se lamentaba.

Arrinconada ahí, con la vista puesta en la puerta de la entrada y el oscuro pasillo, Laila trataba de encontrar en ese libro alguna razón. Un atisbo de esperanza quizá. Algo, cualquier cosa.

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...
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Tantas páginas en blanco y una en particular, cubierta de sangre, la regresarían a la realidad del lugar en el que estaba. La página gruesa estaba empapada en sangre aún húmeda. Pero sería la frase escrita con las manos la que la alteraría justo cuando de reojo vería el marco de la puerta tras sentir una leve brisa de aire... y vería a alguien parado ahí...

Spoiler:

Laila... ¿Tengo que decir que el miedo te corroe? No... seguramente no es necesario a estas alturas.

El hombre que vez en el marco de la puerta está afuera de la habitación. Es un hombre alto y delgado. Muy alto y delgado. Pero solo está ahí, parado afuera de la entrada. Viéndote a pesar de no tener rostro.

A mano derecha tienes una puerta que baja al sótano... ¿O sería más aconsejable quedarse ahí? ¿que tal intentar pasar de nuevo al pasillo?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~


Los juegos habían comenzado ya, y ahora tocaba el turno del vampiro Darian Valertas quien había aceptado jugar con los fantasmas de aquellos niños. Sinceramente, Valertas sentía nostalgia de aquello. Recordaba su anterior vida, su infancia especialmente, cuando él también gozaba de los juegos y las risas que tales eventos le brindaban. Recordaba las reglas del juego a su vez, pues hacía demasiado tiempo que no lo ponía en práctica.

Tenía que encontrar al primer niño. Supondría una tarea fácil para el vampiro si su objetivo estuviese vivo, pero no era el caso.

El brillo que emitía Croxisgarden le sorprendió por un instante. Jamás había sido testigo de tal ofuscación espectral. Ahora la ciudad le era más interesante que en un principio, y sin embargo algo no le dejaba de molestar. Había algo que lo mantenía permanentemente preocupado, pero no sabía que era. Fue entonces que los vio. Tres niños tratando de esconderse en distintos edificios. Sin duda se escondían de él.

Uno de ellos a una pastelería. Darian no visitaría ese sitio, los dulces no eran su estilo. Otro a la vieja taberna destartalada. No, muy poco personal. Su naturaleza depredadora necesitaba un ambiente más discreto. Más privado.

En un rápido movimiento, el vampiro había abandonado ya el techo de aquella vivienda para adentrarse en la casa abandonada donde había entrado el tercer niño. El exterior brillaba con una espectral aura blanquecina, pero al interior de la casa solo había oscuridad. No habían luces en absoluto, pero eso no afectaría la visibilidad del ser inmortal. Una mesita de madera al centro de la habitación principal. Una silla de madera vieja. Unas escaleras destrozadas hacía la segunda planta. El techo y el piso con grietas tan grandes como sus pies. Una casa humilde incluso antes de ser abandonada, pero sería en esa ausencia de luz donde divisaría el ligero rastro del espíritu del infante. Un hilo nebuloso de energía espectral guió los ojos de Valertas hacia el armario del fondo. "Demasiado fácil" pensaba justo antes de acercarse a la puerta del mueble. Sin embargo, la voz del infante en el interior del armario le sorprendió. Una voz rasgada con un poco de nerviosismo. Un tono usualmente encontrado en las personas con miedo ¿Un fantasma podía sentir miedo?...

...No ... No hagas trampa...
...No ... No hagas trampa...
...No ...


¿Hacer trampa? Valertas no comprendería el significado de esas palabras hasta que sus sentidos fueran nuevamente burlados por un ser de presencia neutra. Un ser que parecía tan tangible como él. Un ser que le habló y le paralizó con alguna fuerza sobrenatural justo cuando el vampiro volteó a ver de que o quien se trataba.

Spoiler:
... Destrozaré ...
... tu mente ...


Sin poderse mover, el vampiro comenzó a sentir como su interior se revolvía. Parecía como si hubiese una vorágine en sus entrañas que comenzaba a devorar sus adentros. Valertas estaba inmóvil mientras permanecía suspendido a treinta centímetros del suelo. El ser de piel pálida y un sin fin de laseraciones en la piel permanecía inmutable frente a él. Sus brazos ni siquiera le sujetaban, por lo que no lograría descifrar que clase de poder le tenía inmóvil.

No podía hacer nada.

..................


... ¡Que bien! ...
... yo me escondo... tu me encuentras...
... cuenta hasta veinte y vuelve a contar...
... cuenta y cuenta y a veinte llega antes de uno ...
... cuenta, empieza a contar ...
... cuenta hasta veinte y uno ...


La pequeña rima del infante que le había invitado a jugar le sacó de su letargo. Estaba de nuevo ahí, en la azotea de aquella casa abandonada en medio del grupo de espíritus infantiles. No tenía heridas visibles, aunque el cansancio era considerable. Todo aquello había pasado no tenía duda de ello. Pero incluso las lunas en el firmamento estaban en el mismo lugar que cuando todo empezó.

¿Que había pasado?

¿Ah? De vuelta al principio del camino Darian... ¿Que harás ahora?

Nuevamente son los mismos tres infantes corriendo a las mismas tres edificaciones los que verás.
¿Que harás ahora Valertas? ¿Cual ha sido tu fallo?

¿Será recomendable tropezar con la misma piedra?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~


Y así sin más, las tierras de la familia Croxis habían reclamado un par de almas más a sus rebaños...

El primero en caer fue el torpe humano Mir Ris, quien a pesar de sus excelentes sentidos haría caso omiso de las advertencias de su mente y se adentraría en un jardín pútrido y mal oliente. Un humano tan estúpido como para permanecer en un lugar plagado de pestilencia y aún más al querer atravesar aquel pantano nauseabundo sin ninguna protección adicional.

Envenenado, mareado, aturdido, desorientado, en confusión. El humano Mir Ris murió sin glorias ni aspiraciones alcanzadas. Mir Ris murió entre eses fecales y un sin fin de atrocidades sin nombre. Valla muerte tan patética la del humano que ahora permanecería flotando en aquellas aguas estancadas hasta que su carne se disolviera y solo quedara de él un mero rumor. Un rumor que daría fe de que alguien más había muerto en esas tierras desoladas de una forma denigrante.

Pero no había sido el único ni sería el último. Aetos, aquel feerico que en contra de su naturaleza pacífica se había adentrado en los territorios de los Croxis ya había perdido sus alas y con ellas toda posibilidad de supervivencia.

Y es que el pobre y pequeño ser había intentado correr desesperadamente por su vida tratando de encontrar refugio en la enorme mansión, pero la física era exacta y no tenía misericordia. El pequeño ya había corrido una maratón dentro de sus estándares, pero para la joven y desquiciada niña sanguinaria aquella carrera solo habían significado cinco saltos hacia el agotado ser del bosque. Dicho que fuera partido por la mitad con un simple corte vertical del gran cuchillo que acarreaba la joven sanguinaria.

¿Que más se podría decir? ... Esa hada del bosque murió por causas naturales, pues era natural que muriese tras haber decidido adentrarse en un lugar fuera de su liga.

... ¿ Estupidez o valentía? ... La diferencia sigue sin poderse descifrar a la ligera...

Spoiler:
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Última edición por Svanna Croxis el Vie Oct 26, 2012 4:57 pm, editado 1 vez
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Miér Oct 31, 2012 12:16 am

... Ni la vida ni la muerte ...
... Ni la dicha ni la pena ...
... Una mansión inerte ...
... Una bestia y su cena ...


Spoiler:

Ah si... la noche eterna del páramo congelado. Todo rebosante de luz plateada y destellos el más allá. Las estepas congeladas del vacío de mis tierras. La terrible pérdida de la razón de mi propio ser. Ah si... la belleza de la podredumbre al filo de la media noche. Nada hay más que me llene el seco corazón de vida que la visión de mi amante. La visión de mi hermosa familia. Ah si... nada hay más que me guste. Quizá solo la misma perfección de la imperfección. La muerte y la vida unidas en este mar frívolo sin sentido. Ah si... es verdad. Yo he muerto ya.

Nadie sabía que esa misma noche habían arribado a las tierras de Croxis más individuos curiosos. Tantos más que esperaban encontrar algo diferente a lo que todos los northeños afirmaban de ese lugar. Querían encontrar algo más que muerte en un lugar que solo albergaba tal. Tan curiosos e ilusos. Los mortales siempre son los primeros en morir no por su estatus de mortales, si no por que nunca utilizan la razón.

Por un lado estaba la hermosa guerrera Hitomi. Tan galante como su reputación, había llegado a esas tierras desoladas guiada por la misma carta ensangrentada que los anteriores inquilinos. La hermosa mujer había arribado a la mansión habiendo tomado el camino empedrado principal pero, al contrario que Laila, Hitomi era una veterana en el combate y por ende contaba con una mayor seguridad en sí misma. Seguridad que pronto se pondría a prueba.

La visión era por demás escalofriante. Dudó por unos instantes sobre su presencia en ese lugar, pero no había vuelta atrás. El honor la ataba y su orgullo la obligaba a avanzar ¿No podrían ser ciertas todas las historias que hablaban sobre esa mansión abandonada? Una pregunta que sin duda perdía fuerza conforme miraba a su alrededor. La noche tocaba su clímax. Las nubes oscuras avanzaban rápidamente con la fuerza del viento helado del norte. Entre los escasos espacios de cielo despejado, la luz plateada de una de las lunas alcanzaba a iluminar segmentos de la mansión ocasionando que fragmentos de hielo y nieve brillaran revelando aún más detalles del oscuro lugar.

No habían más fuentes de luz en la zona, y aún así era visible la depravación del lugar. Tan solo frente a la puerta principal, el cadáver de un corcel, o yegua, yacía en el suelo. Pero no era un simple cadáver. No, a este animal le habían drenado todos los líquidos de su interior. Ya no era más lo que antaño fue, era simplemente un vestigio de un animal. Un animal con un enorme boquete abierto en la parte trasera de su lomo. Un mensaje en la puerta de roble y el sonido del viento cortante haciendo eco en el ambiente alertarían a la mujer guerrera. Un mensaje labrado con las manos desnudas. Sangre seca y carne rebozaban el borde de cada letra enmarcados con las grietas de una serie de enormes arañazos inhumanos.

Para poder morir, hay que haber vivido
Para haber vivido, hay que haber nacido en este mundo
Para haber nacido, hace falta un acto de amor o de odio
Para amar u odiar... hay que aprender a morir...

Spoiler:

De pronto, un estruendoso chillido similar al de un millón de chicharras en verano tiró de rodillas al suelo a la mujer ante el insoportable alarido. Tan solo algunos metros arriba de ella, aferrada a la pared de madera exterior e la mansión, una horrible y esbelta criatura posaba sus ojos pálidos sobre los aterrados ojos de la mujer. La criatura era delgada y tenía una cabeza desproporcionada a su tamaño. Su piel era traslúcida, tal así que era posible ver las venas enrojecidas que pasaban por todo su interior. No parecía poseer boca, sin embargo terrible fue su impresión al ver como abría el hocico solo para mostrar una boca llena de terribles y filosos colmillos similares a los que tendría un monstruo marino de las profundidades más remotas ¿Acaso los rumores de muerte en la mansión Croxis eran ciertos? ...

Bienvenida seas Hitomi, es hora de morir en desesperación.

Frente a ti, la enorme puerta de madera de roble. Esta atrancada por dentro, por lo que tendrás que buscar otra forma de entrar a ella si esa es tu intención... ¿O quizá prefieras pelear contra ese engendro?

A tu derecha, un enorme ventanal cerrado da acceso a lo que sería el comedor de la mansión. A tu izquierda, una siniestra sensación de peligro acompañada de una oscuridad nocturna total. Arriba de ti, tu nuevo amigo.

La decisión es tuya.

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

La mansión había sido invadida no por una, si no por dos humanas aquella noche. Incluso el cementerio y los jardines de la mansión habían sido punto de interés para más de uno en esa particular noche helada en las estepas de Yagorjakaff. Pero en el bosque del valle Croxis había un ser más. Un engendro llegado ahí en busca de plantas in comunes. Plantas como la extraña Flor de Sangre, que solo podía florecer en lugares infestados de muerte según los rumores que los herbolarios contaban pero que ninguno había tenido la oportunidad de poseer. Los rumores eran que aquella extraña flor, de tallo rojo y pétalos blancos, poseía el secreto para la elaboración de un elixir especial. Un elixir de vida eterna según las creencias populares. "El secreto está en el líquido que brota de la flor... un líquido rojo y viscoso, como la sangre..."

Fungus Am Anite era un explorador en estas tierras. Atraído tan solo por la curiosidad y el conocimiento. Había encontrado una nota extraña que remarcaba con palabras excitantes la localización de esta legendaria flor. Todo indicaba que era al interior del bosque muerto del valle Croxis el lugar donde se podría dar una planta así, pues por su descripción esta planta solo podría existir en un clima frío rodeada por vegetación muerta y las sombras permanentes.


Sin embargo, Fungus Am Anite era todo menos valiente. Ignorar los peligros que representaba la propiedad Croxis había sido una tarea casi imposible de realizar. Pero armándose de todo el valor que pudo, el engendro lograría penetrar en las sombras del bosque esperando que su presencia no fuese percibida por ningún ser. Aquel bosque debería de ser un bosque desolado y muerto en el que nada debería de haber que le dañara. Su plan era entrar, encontrar su tesoro y salir de ahí tan rápido como pudiese... o al menos eso esperaba.

Un bosque oscuro. Árboles secos, sin hojas ni nada que se le parezca. No hay insectos. No hay vida animal. No hay vegetación distinta a los troncos secos y la hierba espinosa que solo abunda en estepas frías como esta.

El viento helado, el suelo congelado y la oscuridad de la noche te hacen complicado avanzar a través de el. El miedo a lo desconocido abunda en ti. No sabes que esperar, pero los rumores de estas tierras no son desconocidas para ti. Estas en peligro, lo sabes bien, pero el tesoro que esconde este bosque es invaluable... ¿qué harás al respecto?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

Así mismo, no solo había sido un extraño y pequeño ser el que había arribado a esas tierras inhóspitas. Además del difunto Aetos, había otro feerico en esas gélidas tierras. Se trataba del pequeño Coma, el cual como su naturaleza le exigía, llegaba ahí con la intención de romper con la rutina. Había escuchado meros rumores, nada específico. Solo que algunos habían perecido al enfrentarse a los horrores que escondía la mansión en su interior. Era demasiado curioso, demasiado para su propio bien sin duda alguna, pero eso no fue ningún impedimento para abordar una pequeña cesta de madera que flotaba sobre el río Negro y que llevaba su caudal hasta las costas heladas de Yagorjakaff. Se había ahorrado mucha energía viajando así, pero el frío era extremo y el viento comenzaba a arreciar. Era imposible volar en ese lugar, para su mala fortuna.

Pero esto no desanimó en lo más mínimo al pequeño ser del bosque. Caminaría si debía hacerlo, pues no solo la curiosidad le había traído hasta aquí si no la posibilidad de aumentar su dominio mágico y sus conocimientos demoníacos. Ah si, un feerico soñando con un poder fuera de su liga. La demonología lo era todo para él y los rumores de muerte y fuerzas demoníacas de este lugar no serían ignoradas por un pequeño aspirante como él. Pero no todo lo que uno desea es lo que encuentra, pues descubriría que las tierras Croxis eran tan terribles como los rumores indicaban.

El muelle al que había llegado no era nada pequeño. Tenía acceso al río Negro, por el que había llegado, y unía sus aguas con el mar del norte. Aguas agitadas y heladas que incluso podrían congelar el alma de un mortal, y más allá, los enormes glaciares de Yagorjakaff cubriendo el cielo nocturno con su blancura. Frente a Coma habían tres barcos mercantes prácticamente encallados. Dos de estaban parcialmente hundidos en las frías aguas, uno más que el otro, mientras que solo un barco permanecía atado al muelle de madera que aún resistía los embistes de la propia embarcación agitándose con fuerza por la marejada.

Mas allá, hacia la colina, una serie de viviendas y almacenes abandonados rodeaban el camino hasta la extensa placa de hielo y nieve que terminaba a los pies de la enorme mansión Croxis en lo más alto de la colina. Una visión siniestra, y a la vez esperanzadora para un conjurador. Todo lo que tenía que hacer sería atravesar ese lugar para llegar a la mansión y así descubrir los secretos que en ella aguardan a ser revelados.

Valla, pero a ti te ha tocado un lugar mucho más tranquilo que todos los demás antes que tu. Buena elección, buena elección.

Almacenes de granos y mercancías abandonadas a ambos lados del camino, el cual asciende en forma de caracol hasta alcanzados cien metros en subida... lo cual no es demasiado para un humano cualquiera, para después terminar en la explanada helada que conforma la colina entera hasta las puertas exteriores de la mansión, la cual está a al menos un kilómetro de distancia.

No te canses.

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

Y que decir de los inquilinos de la mansión. Sin duda los que ahora llegaban a estas tierras tenían algo que perseguir, pero que hay de aquellas almas en desgracia que de antemano habitaban ahí en contra de su voluntad. Almas como la de Slania Kassane, quien había arribado al territorio Croxis como parte de una expedición de mercenarios contratados por una persona anónima en Phoenterek. Su misión era sencilla. Debía ingresar a la mansión y extraer de ahí un libro de portada negra con un ojo arcano blanco. El grupo era de diez personas, todos hombres poderosos, por lo que aquello pintaba como una misión de expedición más que sencilla teniendo en cuenta que el lugar estaba abandonado. Sin embargo al llegar al lugar no hubo más que sombras y gritos de dolor a su alrededor. Sus pies y manos habían sido atados por cadenas invisibles. Su boca cerrada como por una costura imposible de romper. Sus ojos abiertos de par en par como si no tuviese párpados presenciaron la horrible forma en que todos sus acompañantes habían sido descuartizados en meros segundos por una criatura similar a un gran esqueleto reanimado pero con una musculatura tan inmensa que su mera presencia era aterrorizarte.

Spoiler:

Slania, inmóvil e indefensa oculta en un rincón oscuro de la mansión, observaba como el enorme engendro devoraba las partes mutiladas de sus compañeros los cuales aún emitían sonidos de dolor y conciencia. Era terrible para la humana el presenciar tal escena y permanecer en silencio para evitar el mismo destino que aquellos guerreros. La sangre y las eses fecales de los troncos e intestinos que ahora devoraba el engendro salpicaban por doquier, llegando hasta el cuerpo y el rostro aterrado de la mujer silenciada por el miedo y la desesperanza. No sabía cuantas veces había vaciado ya su vejiga pero no quedaban más líquidos en su interior ni siquiera para una sola gota de llanto. Nada podía hacer. Nada podía salvarla. Nada tenía que estar haciendo ahí, y sin embargo ahí estaba.

Las sombras la habían atrapado, haciéndola caer inconsciente justo cuando las cuencas vacías del engendro habían cruzado la mirada fija de la aterrada cazadora. Y fue así que despertara ahora atrapada tras los barrotes de una celda oscura. No sabía si agradecer que aún estaba con vida o si suplicar una muerte rápida y clemente. No tenía sus armas y la habían despojado de toda su ropa. Su cuerpo tenía rasguños y moretones en brazos y piernas, lugares donde estaba segura había sido sujetada por algún ser muy fuerte. No había sido violada, pero eso era lo que menos le importaba en ese momento. Tenía que salir de ahí como fuera, pero el terror aún habitaba en su corazón.

Un grito ahogado de dolor retumbó en el lugar como si alguien hubiese encontrado una terrible muerte en manos de la incertidumbre. Estaba encerrada. No sabía donde estaba. No habían ventanas al exterior y parecía estar en algún lugar debajo de la tierra pues del techo caían raíces que sin duda eran parte de alguna planta en la parte superior. A su lado solo una pequeña cama de paja empapada por la sangre de un sin fin de víctimas, posiblemente en su misma situación. Huesos humanos esparcidos por doquier dentro y fuera de la celda de hierro. No había escape alguno. No había forma de salir de ahí.

Habían pasado ya seis días desde que había despertado en esa celda oscura. No había comido nada más que una rata que por suerte paso cerca e su celda. La comería cruda pues no había nada ahí con que prepararla. Se mantenía sedienta pero no deshidratada gracias a un hilo de agua lodosa que escurría por la pared posterior. Trataba de mantenerse con vida a toda costa, pero no faltaría mucho para resignarse a la muerte. No le faltaba mucho para caer.

Un nuevo grito la sacó de su letargo al catorceavo día de encierro. Ya carecía de la fuerza y la vida con la que había llegado a se lugar dos semanas atrás y los gritos de muerte y dolor del mismo ser la habían acostumbrado a despertarse con el miedo en los labios a cada momento. Sin embargo, para su sorpresa, algo había cambiado. Frente a ella la puerta de la celda ahora estaba ligeramente abierta. Un juego de cinco llaves oxidadas aún colgaban de la puerta. Era como si alguien se hubiese tomado la molestia de liberarla pero sin dejar rastros de sus intenciones. Pero eso ya no importaba. Estaba en libertad después de al menos dos semanas de cautiverio. Estaba desnutrida, deshidratada, anémica, desvelada, aterrada... pero con vida.

Tu encierro fue terrible Slania. No haz visto a nadie desde que tus compañeros fueran terriblemente asesinados en manos del enorme engendro y ahora ante ti surge la posibilidad de salir libre de una vez por todas. Pero quizá sea más sensato permanecer encerrada en la celda, donde nadie te podría herir más esperando tu muerte lenta y tranquilamente.

Tienes tres caminos... los pasillos son oscuros y cubiertos por sangre, huesos y demás suciedad. A tu derecha, un charco de sangre adorna el suelo y el pasillo se extiende hasta una enorme habitación. A tu izquierda un pasillo similar pero cubierto por un sin fin de criptas abiertas, sin duda estas en unas catacumbas. Frente a ti, oscuridad absoluta y los gritos de dolor de una persona... los mismos gritos que haz escuchado tantas veces a lo largo de esas dos semanas.

¿Que harás Slania Kassane? ¿Cuanto vale tu vida? ¿Cuanto más podrás resistir a pesar de estar comenzando tu tormento?

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Slania Kassane el Miér Oct 31, 2012 1:20 am

Nunca debería haber aceptado esa misión... Nunca debería haber ido ahí... Maldición, nunca debí creer que aquello sería fácil. En la ciudad de Phonterek se me había asignado una misión para ir a recuperar un libro en una casa perdida en algún lugar de los glaciares. En un principio no era una misión muy peligrosa, y acepté porque necesitaba potenciar mis habilidades y ganar algo de dinero.

El viaje no fue especialmente movido, éramos diez personas bien equipadas de modo que los bandidos nos dejaban en paz y las bestias salvajes que trataban de dañarnos morían antes de tocar a cualquiera de nosotros, principalmente gracias a mi arco. Sin embargo, para cuando llegamos a aquél lugar entramos por el cementerio, pues era el que quedaba más cercano. Fue entonces cuando comenzó el horror.

No deseo recordar las escenas que presencié, basta decir que conocí un miedo que jamás había sentido antes. Me quedé paralizada viendo como un ser no-muerto destrozaba, descuartizaba y asesinaba con una facilidad insultante a mis compañeros. No emití ruido alguno, no hice movimiento alguno. Sencillamente, no podía. Solamente veía cómo la criatura mataba de forma sádica a todo aquél al que encontraba. Recé al Espíritu Madre para que me brindara protección. Y en cierta manera me la dió.

Caí inconsciente cuando el ser me miró a los ojos, pero pronto descubrí que seguía viva, que aún no estaba muerta. Pero estaba desnuda y desarmada. De no ser porque noté que no tenía dolor en las partes íntimas, habría pensado que me habían violado, pero afortunadamente no era así, aunque ahora era prisionera de un mal que no debería existir. Mi cuerpo estaba magullado al haber sido traginada por un ser demoníaco o al menos, uno extremadamente fuerte, y el miedo seguía atenazándome. En aquella celda vi que había un catre de paja lleno de sangre, y algunos huesos humanos tirados por el suelo. Decidí que tal vez podría apañar algo que hacer mientras permanecía encerrada, o de lo contrario enloquecería.

Me pude mantener con vida gracias a una rata que había encontrado y a un hilo de agua sucia que caía por una pared posterior. Tenía frío, hambre y sed, pero sobrevivía. Soy una mujer de los bosques, puedo sobrevivir a penurias... ¿Pero como aquellas? Esperaba no verme nunca más involucrada en algo así... En cuanto a lo que hice para evitar enloquecer fue sencillo. Agarrando una tibia que encontré, durante todos aquellos días me dediqué a afilarla para poseer algo con que defenderme. Para el sexto día, ya tenía una especie de daga de hueso, con una empuñadura hecha a partir de la piel de la rata que me había comido. No era gran cosa, pero menos es nada. Además, eso evitó que me volviera loca. Mantenía la mente ocupada para no pensar en todo lo que había visto.

Me encontraba débil y desesperada ya, y todas las noches me resignaba a llorar hasta caer dormida, pensando que mi vida había llegado tan pronto a su fin y de una manera tan y tan indigna. Catorce días tras mi encierro, finalmente pasó algo extraño. Estaba débil, con los labios, la boca y los ojos secos. Mi cuerpo había perdido buena parte de su forma anterior, y se me notaban ya las costillas y el rostro macilento. Los gritos de dolor seguían repitiéndose, pero en aquella ocasión hubo algo distinto. La puerta de la celda estaba abierta... ¡Estaba abierta! La esperanza activó de nuevo mis sentidos y mi experiencia. Tal vez no tendría la fuerza y energía de antes, pero... Las ganas de vivir eran demasiado grandes. Me acerqué lentamente a la puerta, casi reptando, aguantando con la boca la daga de hueso y vigilando que nadie se acercara, como si fuera una bestia salvaje.

Cuando llegué a la puerta, lentamente descolgué las cinco llaves intentando no hacer ruido, y una vez las tuve las aguanté con la mano izquierda, cada una apretada en cada dedo exceptuando el pulgar, que apretaba dos, para evitar que tintinearan en algún momento y me delataran. Aún medio reptando, seguí moviéndome cautelosamente. Seguía estando aterrorizada, pero si quería vivir debía salir de allí.

Vi que habían tres caminos, y a pesar del estado de cansancio y fatiga mental que pesaba sobre mí, aún estaba suficientemente lúcida. Pensar poco y hacerlo en cosas alegres había logrado mantenerme tan cuerda como podía, y el sentir miedo era algo que me hacía saber que por lo menos tenía la oportunidad de ser valiente. ¿Pero qué podía hacer? A mi derecha, un charco de sangre adornaba el pasadizo y se extendía hasta una enorme habitación. ¿Debería ir allí o sería mejor explorar? Necesitaba recuperar mis armas, y si podía... Comer y beber algo. A mi frente había oscuridad y escuchaba los gritos que se repetían durante días y días... No, no iba a ir allí, no desnuda y desarmada. Por último, me quedaba el camino de la izquierda. Criptas... Criptas abiertas... Tragué saliva y suspiré en tono bajo, pues lo que menos quería era que se me oyera.

Decidí que lo mejor sería explorar, pues aunque estaba libre, si no encontraba mis armas, ropa, y con algo de suerte, mi zurrón con carne seca y queso curado, moriría antes de salir de allí. Cerré un momento los ojos y escuché a mi alrededor. Tras eso, decidí ir primero hacia las tumbas, pegando la espalda a la pared y avanzando con sigilo, tratando de pasar tan desapercibida como pudiera, mientras empuñaba con las fuerzas que me quedaban la daga de hueso improvisada. Mis motivos para ir a la zona de criptas eran sencillos. Estaban abiertas, así que posiblemente estarían vacías. Aparte de eso, si algún ser venía por el pasillo podría usarlas como escondrijo, pues hasta que estuviera lista de nuevo, lo único que podría hacer sería ocultarme. Ocultarme, rezar y ser valiente.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Fungus Am Anite el Miér Oct 31, 2012 2:18 am

Soy un viejo avaro y codicioso, y todo esto me está bien empleado. Perdido, completamente perdido en un bosque al que no he entrado jamás, y en el que todo es tan silencioso que el sonido de mis propias pisadas me asusta. No hay hojas en los árboles, ni siquiera las hay en el suelo... pero sí hay ramas muertas y secas que crujen bajo mi peso. ¿Quién sabe si yo, rompiendo el letargo del bosque, atraigo a alguna criatura indeseada?

Bobadas, bobadas. ¿Qué ser puede vivir aquí, si no hay ni una chispa de vida? Fíjate... un silencio propio de un sepulcro: la hierba se deshace como ceniza entre mis dedos, el suelo es polvoriento, no se ve ni un solo animal... los propios árboles son negros y retorcidos, dudo que haya savia en sus venas. Siento que con mi sola existencia, con mi misma vida, estoy perturbando a la muerte que habita aquí.

Ah, ya siento ese sudor frío y desagradable en la frente y las manos, esa gélida humedad tan propia del miedo.

¿Por qué demonios me tuve que internar en este lugar muerto y pútrido? Todo persiguiendo una ilusión vana, un espejismo en el aire, como si fuera un niño chico que no distingue la realidad del sueño.
Oh, pero que sueño tan hermoso era, nada menos que la deseada inmortalidad. Una utopía onírica que había caído días atrás frente a mis narices: en una de mis múltiples veladas nocturnas, mientras revisaba en la soledad de mi estudio un antiguo ejemplar de plantas y venenos, una nota desgastada y vieja había caído flotando de entre sus páginas. Tenía una preciosa ilustración, detallada al milímetro, de una flor de pétalos blancos y tallo rojo. Bajo el dibujo, se describía algo que codicié al instante... la bautizada como Flor de Sangre:

"El secreto está en el líquido que brota de la flor... un líquido rojo y viscoso, como la sangre..."

Mis ojos volaban sobre las líneas, mi mente bebía las palabras que ellas contenían. No era una planta común, pues...

"...se dice que contiene el don de la inmortalidad."

La inmortalidad. ¿Qué cosa podía existir en el mundo que el hombre deseara más que la inmortalidad? ¿Quién no temía el sueño eterno? ¿Cuantas noches había pasado yo, embebido en mis libros, manipulando venenos, tratando de burlar la muerte?
¿Y qué otro descubrimiento podría ganar más respeto, poder y amor de mis semejantes que ese don? Si encontraba esa flor y descubría su secreto, nada podría impedir que el resto del mundo me amase y respetase... ni siquiera mi horrible aspecto deforme.
Había leído con avidez en qué lugares germinaba aquella flor: lugares muertos, rodeados de podredumbre y cenizas... justo como el bosque del valle Croxis.

Y ahí es donde me encuentro ahora.

Pero ahora que me encuentro solo y perdido, toda esa palabrería no me parece más que un maldito cuento de viejas. ¡Maldita la hora en que encontré aquella nota, y maldito el día que me interné aquí! Nada deseo más que volver a mi casa, y sentarme junto a una cálida hoguera, calentándome las manos en la seguridad de mi viejo sillón roído.
Pero estoy tan lejos, tan lejos... y mis manos están tan frías. Mi cuerpo está empezando a tiritar, y no estoy seguro de que sea por el viento gélido que corre entre los troncos... no; mi mente empieza a divagar, y a ver sombras donde no las hay. Ay, y también recuerdo las terribles leyendas que cuentan sobre estas tierras...

Mis piernas están temblando, no ceso de mirar a un lado y a otro, vigilando mis espaldas, esperando que en cualquier momento aparezca algo... este silencio, esta calma antinatural me crispa los nervios. ¡Si tan sólo hubiera alguien por aquí...!

Quiero dejar el bosque. Necesito dejar el bosque. ¡Ya me da igual esa condenada planta, lo único que quiero es encontrar un pueblo, una casa, una persona...!
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Smile el Jue Nov 01, 2012 7:03 pm

Fuera de personaje: Coma es mujer, no hombre.

Vamos, Pati. Hora de desembarcar.

Guardó a su patata-mascota en su bolsillo. La cestita en el cual estaba viajando alcanzó el muelle abandonado, impactando levemente con uno de los barcos semihundidos. Usó un cucharón para impulsarse hasta los adentros de la ruina y fijar su pequeño vehículo entre los escombros. Así, su barco estaba mas o menos estable y podía salir sin peligro. Saltó encima de una plancha de madera y cargó a la cesta y el cucharón consigo. Después, escaló por el barco hasta tierra firme. Miró a su alrededor. Vió varias casas hechas para humanoides, pero desconocía su función. Le parecía que era un pueblo abandonado. Los barcos en mal estado y la falta de personas en la calle se lo indicaban. En la lejanía, podía verse una mansión intimidante.

Había viajado bastante y hacía bastante frío, por lo que decidió refugiarse un momento antes de lanzarse a la acción. Tímidamente se adentró en una de las casas, mirando a su alrededor si había algo dentro. Únicamente había unos sacos de granos dentro. Confiada y algo decepcionada (sería infinitamente mas interesante para ella encontrarse a alguien en un lugar abandonado como este), se metió en el edificio. Cerró la puerta detrás de si con todas sus fuerzas e inspeccionó el lugar. No había mucho que ver. Cuatro paredes, techo, suelo y los sacos. Por lo menos hacía menos frío aquí dentro que afuera.

Se frotó las manos para calentarlos y se sentó en un montoncito de granos. Sacó su cuaderno de notas y empezó a hacer anotaciones cortas en el lenguaje Ang-mee.

Los rumores eran ciertos. La ciudad que rodea la mansión está abandonada. Si la mansión es digna de los cuentos que se dicen de ella, la falta de personas es evidencia de las cosas guays que tiene.

Trazó varios círculos alrededor de la palabra "guay". A continuación, empezó a planificar como se afrontaría sus circunstancias siguientes. Si la mansión era demoníaca, había que andarse con cuidado. Mas vale prevenir que curar, pensó Coma. Hizo un boceto del poblado y de su forma de caracol que podía sugestionarse a partir de lo vió antes. Después, trazó una línea recta entre su posición inicial y la mansión que atravesaba de cuajo al espiral. Obviamente, la espiral sería para facilitar el paso a los animales que transportarían el producto entre los múltiples almacenes y el exterior. Pero no sería el camino óptimo para Coma.

Miró a su alrededor de nuevo. Le parecía que debería "decorar" el lugar un poco antes de irse. Tenía que agradecer a su patrón la oportunidad de poder llegar hasta allí con un ritual apropiado. Cogió su pluma e hizo un círculo y una estrella inscrita en ella en el suelo. Alrededor, hizo varios símbolos en el lenguaje de Ang-za-haru.

El resultado era elaborado y artístico, pero bastante tosco (a ojos de otros seres que entendiesen lo demoníaco). Era como un graffiti que resaltaba su pasión por Ang-za-haru.

Volvió a sentarse en el grano, algo mas tranquila por la presencia de su símbolo quasireligioso. Abrió su cuaderno de notas y volvió a hacer sus anotaciones cortas, como su fueran algún tipo de cálculo.

Otra posibilidad: Podría ser que la mansión es un engaño. Quizás en realidad allí no están los demonios, sino en otro lugar. La mansión es simplemente un cebo para que los bichos te cojan por detrás mientras intentas ir hasta allí. Hay que pensar como el predador. Si yo fuera un predador y las personas que se aventuran hasta aquí vienen a por la mansión, yo no me escondería en la mansión. Me encondería en...

Frotó su barbilla con el lado opuesto de su pluma. Estaba pensando en el lugar que tuviese la mayor probabilidad de tener algo demoníaco.

Muelle: Me hubiera encontrado ya con ellos. Mansión:: Debido al razonamiento de antes. Pueblo: Podría ser, y es por descarte si y sólo si el muelle y la mansión son los únicos lugares de esta zona.

Volvió a frotarse mientras pensaba.
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Hitomi Shimizu el Dom Nov 04, 2012 1:52 am

-Vamos Shun, tenemos que llegar pronto a la mansión Croxis- dijo la joven guerrera, mientras daba ánimos a su caballo para que corriera mas rápido. Hitomi llevaba puesta su elegante armadura, cada parte lustrada y bien cuidada, y una que otra reparación tras algún combate, cada pieza estaba bien sujetada a su cuerpo y debajo de este sus ropas de algodón color negro que le mantenían caliente y le reducían el impacto de la armadura en su cuerpo.

El frio de la región no era impedimento para Hitomi pues tras tantos años de vivir en lugares gélidos le habían acostumbrado a soportar bajas temperaturas.

Unas noches atrás Hitomi había recibido una recomendación y al mismo tiempo una carta o especie de pista por parte de un miembro de su antiguo clan, no sabia porque habían recurrido a ella pero si quería el perdón de su gente tenia que hacer lo que sus paisanos le pidieran, sabia poco de la dichosa mansión a la que se dirigía y el papel poco legible y ya maltratado no le daba mucha idea, era obvio que algo estaba aterrorizando a la mansión pues sino no le hubieran encomendado la misión a ella.

Hacia mucho tiempo que Hitomi no se ensuciaba las manos y estaba perdiendo un poco de práctica en el combate, por lo que ir a desempolvar sus armas en aquella mansión era buena idea

El camino había sido largo pero tranquilo, y en cierta manera Hitomi lo había sentido rápido para la distancia que era. Tan rápido se le había hecho que cuando noto ya estaba a punto de llegar a la mansión.

Frente a ella se encontraba un cadáver de un caballo, seco sin ningún fluido en su interior y de apariencia momificada, la piel estaba muy pegada al hueso y no había señas de que era lo que lo había matado. Hitomi intento deducir que era lo que había sucedió, lo primero que noto era que lo mas probable es que tuviera días muerto y que la mansión estaba abandonada, pero descarto esa opción pues el frio congelante no hubiera permitido secar el cuerpo de la manera en que estaba.

-Espera aquí Shun, no quiero que algo similar te pase- dijo Hitomi un poco bromista a su caballo el cual relincho con mucho orgullo e indignado pero a la vez retrocediendo unos pasos.

La muchacha dio unos pasos al frente con mucho cuidado, tenía la mano derecha puesta en su wakizashi y se acercaba muy lentamente viendo para todos lados.

-Esto es muy extraño- susurro la joven -Muy pocos magos y criaturas dejan así un cuerpo, ¿Que crees que haya sucedió Shun?- pregunto Hitomi mientras se agachaba para revisar la condición del cadáver.

Hitomi no reviso demasiado al cadáver, tenia una herida grave en el lomo y no podía hacer nada por el pobre animal, levanto la mirada a la puerta principal, una enrome puerta de madera bien labrada y que había resistido el paso de los años en una región fría se encontraba en su frente, en ella una inscripción que desde la distancia no se alcanzaba a ver muy bien, aunque eso no impedía ver que había restos de sangre en las letras.

-¡Ouch!- un fuerte grito hizo que la muchacha dejara caer su arma al suelo y que sus rodillas se vencieran haciendo que se encogiera hasta el piso sus manos que ahora estaba libres tapaban fuertemente las orejas de la chica con la esperanza de poder obstruirle el paso a los chillidos, era un sonido penetrante y que la mhare nunca había escuchado, un grito de algún animal o bestia que en su vida nunca habida conocido.

Que demonios es eso pensó la chica, era muy difícil que Hitomi dejara pasar por alto una criatura de ese tipo cuando revisaba algún lugar, estaba segura que había revisado a simple vista la casa y esa cosa no estaba allí cuando ella llego. La chica tomo su wakizashi del piso y se levanto tan pronto como el alarido de detuvo, miro a la bestia que se encontraba en frente, no pensó dos veces su acción, casi por inercia lanzo el wakizashi en dirección al engendro con todas la fuerzas que tuvo mientras retrocedía y tomaba ambas katanas que estaban amarradas en su cintura.

-Retrocede Shun, estoy segura de que esa cosa mato al caballo- grito Hitomi.


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Re: La mansión del pecado

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