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La mansión del pecado

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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Svanna Croxis el Vie Nov 09, 2012 11:55 pm


Pasan los días. Pasan los años. Nada cambia. Todo sigue igual. Todo quieto. Todo muerto. Todo negro. Todo opaco. Todo sucio. Todo blanco. Todo rojo. Todo el viento. Todo el frió eterno del norte. Del sur. Del este. Del oeste. Del cielo o la tierra. Nada cambia. Nada surge. Nada brota de la tierra. Solo tierra. Solo muerte. Solo sangre. Solo nieve. Nada cambia. Todo inerte. Todo seco. Todo vacío. Nadie viene. Nadie avanza. Nadie llega. Nadie habla. Nada cambia.

Las sombras. Una idea por muchos concebida como un ser capaz de ahogar el corazón en penas y miseria no podría ser más exacta para la mujer que ahora avanzaba a través de aquellos corredores nauseabundos cubiertos por los restos de antiguos cadáveres. Slania avanzaba a duras penas, apoyada sobre la pared empedrada y mugrienta. Semanas sin comer ni beber nada más que carne podrida y agua putrefacta. Sus entrañas ya no trabajaban como normalmente lo hacían. El malestar estomacal era terrible, pero peor era la sensación de vivir muerta o morir en vida. No sabía si había perdido la cordura ya o si aquello era un simple sueño. Una visión opaca de una esperanza que quizá aún conservaba en su interior. Siempre había vivido aterrada ante la idea de perder la libertad, y ahora libertad era lo que añoraba con ahínco. Era demasiado bueno por fin abandonar aquella celda que pensó sería su tumba, pero su mente estaba nublada. Ciega por el hambre. Por el miedo. Por la sed. Por la oscuridad. Slania solo sabía que debía salir de ahí sin importar el deplorable estado en el que se encontraba.

Su cuerpo desnudo y desnutrido mostraba los estragos de la falta de alimento y de agua. La piel enmarcaba sus huesos con su vientre vacío y encogido. Sus labios secos y quebrados. Un sin fin de rasguños y marcas de mordidas que ella misma se había hecho por la desesperación en un intento fallido de alimentarse y beber su propia sangre ¿Estaba enloqueciendo? Posiblemente, pero no se pararía a cuestionar su nueva esperanza. Slania quería seguir con vida, y para ello debía abandonar ese terrible lugar.

El pasillo estaba pobremente iluminado. Una vela de cera roja casi consumida en su totalidad era todo lo que brillaba al interior del corredor. Una pequeña vela que no iluminaba ni una cuarta parte del pasillo, sin embargo era una luz de esperanza para ella. No se percató inmediatamente, pero al adentrarse en el pudo observar la verdad de aquel lugar. Eran catacumbas. Catacumbas contenedoras de un sin fin de ataúdes vacíos. No habían restos en la mayoría de las cajas abiertas las cuales mostraban señales de haber sido forzadas desde afuera... y desde adentro.

La oscuridad no disminuía. Su miedo, su impaciencia, su desesperación iban en aumento. El sonido de las voces guturales de un sin fin de personas gimiendo de dolor y de pena comenzaba retumbar en sus oídos. La oscuridad se extendía sin final visible a través de ese corredor, y aquellas voces provenían de ese lugar. Y se acercaban... Y se acercaban...

Histérica y literalmente desnuda en la oscuridad, la mujer tomaría refugio en un ataúd sin nombre. El polvo cubrió su rostro pero no hizo ruido alguno. Temía por su vida. Temía por su cordura. No quería morir, pero ahora se ocultaba en el único lugar que seguramente le podría dar calma a su alma torturada. Tan solo esperaba que las voces siguieran su camino y la dejaran avanzar.

...Baäku Taluz... (Tomen estas...)

Cubría su boca con la fuerza que le quedaba. Sus ojos cerrados con pavor. Su cuerpo inmóvil al interior del ataúd. La pobre Slania lograría ver entre las rendijas de la caja de madera a un grupo considerado de cadáveres, los cuales ahora removían su escondite y la cargaban hacía rumbo desconocido. No podía si no permanecer quieta. En silencio. La frase en dialecto desconocido la había dado una joven misteriosa. No la logró ver, sin embargo sabía que se trataba de una mujer no mayor que ella. Estaba confundida, aterrada, impotente ¿A donde la llevaban? ¿Era ese el fin de sus días? ¿Así, sin lograr nada de relevancia? "Que patética" seguramente pensó.

Te han llevado a una habitación amplia. Camas de piedra ensangrentadas, con cadenas y un sin fin de herramientas de tortura, enmarcan la sádica habitación. Desde tu escondite, en uno de los rincones de la misma habitación, logras ver algunas armas y harapos desechos. Todo ensangrentado. Algunos con sangre fresca y otros más con sangre encarnada que ya ha visto pasar años en ese ambiente frío.

Hay dos zombies vagando por la estancia. No van armados pero no se ven tan resistentes, sus cuerpos están tan desgastados que parece imposible que permanezcan de pie por mucho más. Y, al fondo, una puerta de rejas de hierro cerrada bloqueando el acceso a unas escaleras hacia un nivel superior.

¿Que harás Slania? Quizá ese ataúd sea más apropiado para alguien en tu situación ¿No te parece? Solo tienes que dejarte llevar por la muerte que se cierne sobre tus hombros ya.

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

La oscuridad en el frío de la noche. Perdido en el bosque del valle Croxis se encontraba el joven Fungus. Maldecía su propia fortuna y su curiosidad. No había encontrado la planta que tanto interés le había dado semanas antes. No había encontrado rastros de vida desde que se adentró en ese frívolo sitio. Y, ahora, no había logrado encontrar el camino de vuelta el exterior.

Al principio pensó "No pasa nada, estoy en tierras altas. Con el simple hecho de ver el cielo, los glaciares o el mar podré guiarme", sin embargo nunca pensó que aquel bosque muerto fuese tan espeso y oscuro que ni siquiera la luz de las lunas lograba penetrar con facilidad. El sonido del mar o el caudal del río habían desaparecido. Era como si nada tuviese sonido al interior del valle. Era como si nada tuviese vida al interior del mismo. Era como si no debiera estar ahí en absoluto, eso ahora lo tenía bien claro.

El antropomorfo esperaba con ansías la presencia de algo. Vestigios de civilización quizá. Una construcción, un rastro humano o animal. Ni siquiera rastros de monstruos de los que tanto se hablaban por la zona. No había nada de eso. Nada en absoluto. Solo la nieve en sus botas, la tierra mojada y las ramas secas que ni siquiera al pisar emitían sonido alguno... ¿Sin... sonido?

Había pasado demasiado tiempo sumergido en sus pensamientos mientras se adentraba más y más en el bosque buscando una salida que ni siquiera se percató de la verdad obvia del lugar. Nada de ahí emitía ruido. Ni el peso de su cuerpo al avanzar, ni su mochila cargada de instrumentos y artilugios. Intentó hablar, y su voz no salió. Estaba sorprendido sin duda alguna ¿Aterrado? posiblemente, toda su vida la había pasado temiendo a cosas como esas. Pero esto era diferente. La presencia vacía de este lugar era anormalmente hostil. Estaba en lo correcto, no debió haberse adentrado en ese lugar.

Sin duda el pánico es algo recurrente en estas situaciones pero, a pesar de todo, Fungus poseía una mente analítica gracias a sus estudios. No pudo más que comenzar a hacerse preguntas sin respuestas ¿Estaba en un lugar paranormal o era su imaginación? ¿Era cierto que no había ruido en este sitio o sería posible que estuviese simplemente sordo? ¿He llegado hasta aquí por mis propios pies o algo más me trajo aquí? No podía responder ninguna de esas preguntas, pero al menos mantenía su mente ocupada en algo distinto al miedo que ya sentía.

No te preocupes...
Ven... Yo te puedo ayudar...
A salir de esta miseria...


Impactado, Fungus saltó al escuchar por fin un sonido después de tantas horas de vagar sin rumbo tras descubrir que no escuchaba nada en absoluto. Y mayor fue su sorpresa al ser una voz femenina la que ahora se comunicaba con él. Una voz amable y misteriosa que poseía el eco de lo sobrenatural. Su visión buscó sin encontrar rastros de la mujer que le hablaba, pero frente a él se manifestó una luz blanquecina tenue. Era un orbe e luz no mayor al tamaño de su puño. Flotaba a la altura de su cintura y se alejaba un par de metros de Fungus cada vez que este daba un paso hacía la misteriosa luz. Parecía como si lo quisieran guiar a través de las sombras del bosque, y su presencia no era hostil en lo absoluto. Hasta cierto punto, Fungus logró sentir un poco de tranquilidad en aquel lugar tan inhóspito.

Ahora es una voz la que te intenta guiar fuera de ahí, o al menos eso es lo que parece. ¿Que harás Fungus? ¿Seguirás la amable voz que se ha puesto en contacto contigo?

El camino hacia donde te guiará la pequeña orbe de luz ese extiende al menos unos cientos de metros más hacia el frente hasta llegar a un claro del bosque sobre una pequeña colina. Además, a tu diestra hay un sendero angosto que te da la impresión de llegar hacia "La Placa" [ver mapa] a pesar de que desconoces tu posición actual... es una simple corazonada.

La decisión queda en ti, pero cuidado... si te pierdes ahí será imposible volver...

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

"Cuidado con lo que deseas... se te puede cumplir..." Un dicho humano que no resonaría para nada en la mente de una pequeña hada era tan apropiada que de haberla conocido con anterioridad sabría que aquél lugar no era el más indicado para sentarse a divagar.

Coma había llegado a las tierras Croxis en busca de mayor conocimiento, además de tener la esperanza de contactar con seres del infierno dispuestos a ser atados a su voluntad. Una aspiración común en los invocadores de demonios pero increíblemente raro de encontrar en un ser del bosque. Coma pensaba en sus posibilidades. Daba por hecho que la mansión Croxis era un señuelo para todos aquellos que osaran ingresar en sus tierras en busca de fama, fortuna o alguna misión sagrada de la que no le interesaba saber. Así mismo, el muelle por el que había arribado lo descartaba como punto de interés por el simple hecho de estar aparentemente abandonado. Sin rastros de vida ni movimiento. Ah pero ¿Que no es más sospechoso encontrar vestigios de civilización y no encontrar rastro alguno de sus habitantes? Coma deseaba encontrarse con algo de interés en ese lugar pero no daba crédito al hecho de que el simple hecho de encontrar esa aura de tranquilidad ya era por demás interesante y, a la vez, aterrador.

Un fuerte ruido en la planta superior de la casa a la que había ingresado la sacó de sus pensamientos. Algo había azotado con fuerza el piso desquebrajado de madera y su curiosidad era demasiada como para ignorarlo, por lo que subió a investigar. Sin embargo, lo que vería no lo podría creer con facilidad. Ante ella, la imagen de un hombre de edad media decapitando el cadáver de una mujer joven echada al suelo lograron que el pequeño cuerpo de la aprendiz de mago se estremeciera de temor. La mirada del hombre era oscura, siniestra, sin vida. El sujeto la había decapitado sin ningún remordimiento en él para después depositar el enorme cuchillo ensangrentado en el interior de los genitales de la fémina fallecida. Coma no daba crédito este acto tan ruin y despreciable, pero no fue si no hasta ver la expresión de terror e impotencia de una pequeña niña al fondo de la misma habitación cuando comprendió que debía hacer algo al respecto. No podía simplemente quedarse de brazos cruzados ante tan despreciable acto. Pero justo en el momento de la decisión, aquella horrenda escena se desvaneció como niebla para desaparecer sin dejar rastros ¿Una ilusión o algo de otro mundo?

Los sentidos mágicos con los que contaba la pequeña invocadora no resonaban, indicativo de la ausencia de magia en el lugar. Sin embargo la presencia hostil del lugar permanecía presente. En el suelo, donde yacía sin vida la mujer, un antiguo charco de sangre seca tiempo ha permanecía marcada como prueba de que aquello en realidad había pasado. Incluso peor fue al ver que no era la única marca de sangre, pues al interior del ropero donde se encontraba aquella aterrada niña también habían indicios de la perversidad del hombre. Incluso era peor que la marca de la mujer.

La casa comenzó a crujir mientras Coma retomaba el vuelo para evitar ser zarandeada por la estructura. La construcción entera se movía y sus maderos se quebraban uno a uno como ramas en el bosque. Parecía como si la casa misma sufriera y se retorciera con lo que ahí sucedió, pero lo peor estaba por llegar. En un abrir y cerrar de ojos todo el interior de la casa se cubrió de tinieblas, impidiendo la visibilidad de la pequeña Coma. No pudo ver más allá de su nariz por al menos diez segundos, pero cuando volvió su visión pudo sentir presencias malignas. Demasiadas como para volver demente a un escolar. Estaba rodeada de algo que no podía ver pero si sentir. Presencias agresivas y turbias, unas más intensas que otras. Coma mantuvo su compostura, pero le era imposible dejar de temblar. Estaba consciente de que ese lugar no era el indicado para estar, y si su teoría del depredador estaba en lo correcto bien sabía que ahora se encontraba en un peligro mortal. Aunque cuando e trata de demonios, la muerte es el menor de los problemas.

¿Que harás pequeña Coma? No sabes nada sobre lo que esta sucediendo ahí, pero tienes tus propias teorías. Eres buena analizando las cosas pero... ¿Cuanto tiempo resistirás la incertidumbre?

La casa esta completamente oscura. Las puertas que dan hacia el exterior de la casa están cerradas y son imposibles de abrir. Las ventanas dejan ver el exterior, pero afuera solo vez un pantano interminable cubierto por cuerpos putrefactos como si de alguna manera ya no estuviese en las tierras Croxis. No hay fuentes de luz pero las paredes brillan con una tenue luminosidad violácea suficiente como para tener un 50% de visibilidad.

¿Te esconderás? ¿Tratarás de defenderte de lo que sea que ahora te acecha? ¿Intentarás salir de la casa? ¿Como lo harás?

Cocina, sala de estar, dos dormitorios, un desván, un sótano... muebles desgastados, el piso cubierto de sangre y suciedad. Figuras en las sombras... Tu mente te esta jugando una broma o acaso.... ¿esto es real?

~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~°~

A pesar de todo, no todos los que arriban a las tierras inhóspitas de los Croxis son almas débiles vulnerables al miedo. Tal era el caso de Hitomi, la mujer guerrero de espadas curvas tan filosas y agudas como su determinación. El alarido de la criatura que ahora la custodiaba desde el techo de la vivienda no había si no simplemente alertado a la mujer quien, de forma instintiva, cogió una de sus espadas y la arrojó con gran fuerza a su enemigo. Sin embargo la sorpresa de Hitomi superó por mucho lo que hubiese esperado de una criatura tan extraña como aquella. En un abrir y cerrar de ojos, el engendro de cabeza amplia y cuerpo esbelto se había desplazado hasta la copa de un árbol seco a no más de cincuenta metros de distancia. Su Wakisashi no había impactado la estructura de la mansión si quiera cuando el engendro ya volvía a emitir su estruendoso chillido desde la copa de aquél árbol negro. Era imposible tal velocidad y, aún así, ahí estaba ella para presenciar lo imposible.

Armada con sus dos espadas, la mujer advirtió a su animal sobre el peligro inminente que corría tras ver el cadáver del equino a sus pies. Sin embargo aquella montura no era tonta, pues el peligro que ahora reconocía Hitomi ya había sido captado por el caballo quien sin parar a dudar por su dueña huyó de la mansión tan rápido como había llegado, o incluso más.

La mirada del engendro siguió al equino por un momento mientras este pasaba por debajo de sí, pero estaba claro el interés que este ser tenía sobre la humana. Hitomi estaba en guardia, sabía que el ataque era inminente pero no sabía de que manera combatir a un ser tan extraño y veloz. Una vez más el horrendo impacto de la voz del engendro retumbó los tímpanos de la mujer quien no dejó de posar su mirada en el engendro solo para observar como la figura del ser se distorsionaba por un instante para después desaparecer por completo de su mirada. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Estaba inmóvil, no porque algún paralizante la hubiese afectado, si no porque sentía la mirada penetrante del engendro a sus espaldas. No lo podía creer, pero incluso antes de poderse girar para atacar con sus espadas un tremendo dolor punzante le penetró la espalda y su armadura. Cayendo al suelo de rodillas, Hitomi lograría girar su cuerpo para intentar cortar al engendro con un ataque circular pero su intento falló. El engendro volvía a posar sus garras en la estructura de la mansión, ahora seis o siete metros por encima de la puerta mientras continuaba posando su mirada oscura sobre la mujer.

Hitomi sentía que la fuerza se le iba junto con la sangre que brotaba de su herida. No era capaz de saber cuan grave había sido el ataque anterior ni cuan profunda. Solo sabía que le dolía tanto como el veneno de una serpiente recorriendo sus venas y que el charco de sangre a sus pies sin duda incrementaría si no hacía algo rápido.

No había tiempo para la duda. Un paso en falso, o una falta de decisión, y posiblemente el siguiente ataque sería el último.

Eres valiente Hitomi, aquí tu recompensa...
Te ha perforado la espalda a la altura del hígado, pero no es una herida mortal pues no daño tus órganos internos. El engendro te volverá atacar, no hay duda de ello, pero haz sido capaz de divisar algo a la hora de emitir su chillido... Algo así como una anomalía frente a él... Como si la imagen se distorsionara... ¿Haz visto como se ve la superficie del asfalto caliente?...

¿Que harás Hitomi? ¿Pelearás? ¿Huirás? ... ¿Morirás sin más?...
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Smile el Sáb Nov 10, 2012 7:47 pm

¿What the bolas?

Coma oyó un fuerte estruendo que venía de la planta de arriba. Curiosa, se acercó para observar lo que había ocurrido. Vió la escena del hombre decapitando a la mujer y mientras ocurría, se mantenía a una distancia prudente. Un sentimiento mixto de terror y de lujuría se mezclaron en su mente. Ang-za-haru le estaba mandando otra vez a las visiones?

Quería intervenir. Fue atraída no por sentimientos de valor ni de misericordia, sino por otro tipo de deseo. Cuando reunió la apatía por la realidad suficiente, se lanzó hacia ellos con una cara de alegría y una lengua recogiendo la baba de sus labios. Pero antes de que pudiera hacer nada, desaparecieron. Sin mas. Confusa, empezó a mirar a su alrededor. Notó que había un charco de sangre, además de otros indicios en el ropero. Pero ni rastro de los protagonistas de estos hechos. Jugeteó con los restos líquidos del lugar mientras alzó la voz hacia un ser invisible.

Ang-za-haru, pillín, estás jugando conmigo otra vez?

Coma estaba equivocada y como siempre, no recibió ninguna respuesta por parte de su patrón demoníaco. Acto seguido, la casa empezó a retorcerse. Para evitar ser golpeada por las paredes que mutaban, tomó vuelo. Se había calentado lo suficiente como para poder alzar vuelo - aunque por poco tiempo.

Aha! Así que eres tú Angcito!

La respuesta de Coma era acorde con lo que estaba pensando: Que su mentor era el artífice de todo lo que estaba ocurriendo. Tras la metamorfosis de la casa, estuvo rodeada de oscuridad por unos momentos hasta que la oscuridad se despejó para desvelar a la casa de nuevo. Pero además de eso, sentía un escalofrío. Varios escalofríos, característicos de presencias malignas. Le recordaban a la presencia de Ang-za-haru y por ello los reconoció. Sus manos le temblaban de emoción. El riesgo extremo en el que estaba le ponía los pelos de punta, pero le encantaba, como la emoción que se tiene al escalar una montaña prácticamente vertical o aventurarse a lo desconocido. Además, su misión aquí era encontrarse con lo desconocido, no huir de ella una vez que lo ha encontrado.

Coma sostenía la creencia que su amo demoníaco la estaba vigilando en estos momentos y por ello, decidió abrazar la situación. En realidad, Ang-za-haru no le esta prestando ninguna atención. Dejó caer su mochila al suelo y con los brazos abiertos como gesto político de que estaba desarmada, dirigió la palabra a lo que sea que "esté" allí.

Me presento a ustedes, seres de la oscuridad ¡Soy Coma, Magi-Abogada de Ang-za-haru, Gran Abogado Demoníaco!
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Fungus Am Anite el Dom Nov 11, 2012 6:09 pm

¿Cuántas horas han pasado? No puedo saberlo, pero parece que lleve caminando durante años... aunque la noche no se desvanece. ¿Cuándo amanecerá? Quisiera dormir y esperar a que la luz del sol desmenuzara todas esas sombras tétricas que veo por todas partes, pero temo morir congelado si me acurruco entre las raíces retorcidas de los árboles. O algo peor.
Miro de nuevo hacia arriba, escudriñando las ramas enrevesadas, buscando alguna constelación conocida con la que poder orientarme, pero sigo sin poder ver nada. Absolutamente nada... ni una mísera estrella... la naturaleza es demasiado tupida en esta zona, a pesar de no contar con una sola hoja. ¡Maldita sea mi suerte, y maldito sea este condenado bosque!

Cojo una piedra del suelo y la lanzo con furia contra las ramas de allá arriba, esperando como un necio abrir un agujero en el follaje. No sólo no lo consigo, si no que la piedra está lejos de lograr alcanzar ni tan siquiera las ramas más bajas. Observo cómo cae la piedra, levantando el polvo muerto del suelo, y vuelvo a recogerla para lanzarla otra vez... pero vuelve a precipitarse en silencio contra el suelo. Oh, todo es tan silencioso, tan terriblemente silencioso...

Parece que ni siquiera las ramas bajo mis botas hacen ruido ya...
Necesito oír algo... ¡Algo que rompa este silencio sepulcral! Doy una patada a la piedra, que se estampa contra la corteza ennegrecida de un árbol... pero ningún sonido escapa del golpe. Miro con extrañeza a la piedra, y después pisoteo las ramas secas bajo mis pies... ¡Nada!
Con miedo, dejo escapar el aliento entre mis labios escamosos... "¿hola?", trato de decir, pero no hay sonido alguno.Vuelvo a repetir la palabra una vez más, más alto... Nada. ¡Empiezo a gritar con todas mis fuerzas, pero sigo sin escuchar ni un sonido, ni siquiera mi propia voz! Ah, mi corazón late deprisa, y el aire entra a trompicones por mis fosas nasales... tal vez me he quedado sordo.

No, no. ¡¡Estoy seguro de que no es eso!! ¡Es este despreciable lugar, este ambiente hostil y maligno, que me está haciendo enloquecer! Debo calmarme... ¿cómo sería posible esta sordera, sin motivo alguno? No... es el aire... algo en el aire... tal vez alguna espora con efectos alucinógenos de la vegetación circundante.
Puede que sea el nerviosismo de verme perdido en este horrible lugar, pero empiezo a pensar si no habrá algo más, quizás algo paranormal...
Trato de convencerme a mí mismo de que es una sandez, que un estudioso como yo no puede estar teniendo realmente estos pensamientos, pero, ¿¡cómo no voy a tenerlos, si con mis propios ojos vi ya cosas innombrables en los bosques Theezeroth!?

Rebusco en mi bolsa de hierbas un poco de escutelaria o valeriana para calmar los nervios, pero el frío hace que mis manos tiemblen tanto y mis dedos estén tan entumecidos que me cuesta abrir el lazo de cuero.

No te preocupes...
Ven... Yo te puedo ayudar...
A salir de esta miseria...


Pego un salto sobresaltado, y aparto rápidamente la vista de mi bolsa para buscar en torno mío. Pero tras la sorpresa inicial, me siento aliviado de oír algo por fin... una amable voz de mujer.

-¿Ha... hay alguien?-me aclaro un poco la garganta, y busco a la dueña de la voz, pero no hay ni rastro. Un momento... sí, veo algo... una luz blanca y titilante, que brilla a pocos pasos de mí. -Ho... ¿hola? - No recibo respuesta, pero ese pequeño orbe me reconforta; parece benigno, y me hace sentir acompañado en la soledad de ese bosque. No quiero estar solo.
Doy un par de pasos, y la luz se aleja de mí otros tantos, pero se detiene justo después, esperando. Parece que quisiera guiarme...



***


Pongo un pie delante del otro, siguiendo a la luz sin parar. Mientras voy tras ella, diviso un pequeño sendero a mi derecha; un camino socavado entre las hierbas mustias, quizás, hecho por humanos. Tal vez me llevara a una población, o tal vez llevara fuera del bosque, hacia la placa... pero no, no lo seguiré; parece abandonado y oscuro, y me da miedo abandonar la seguridad de la luz blanquecina del orbe. No quiero que me deje atrás, no quiero... así que dejo atrás el sendero, y continuo caminando tras la luz.

Casi sin darme cuenta, llego a un claro despejado de vegetación, sobre una pequeña colina. El orbe flota hasta el centro de la colina y se detiene allí, flotando en el aire frío de la noche.
Al principio, me niego a salir de entre los árboles... ¿quién sabe si hay alguien vigilando entre la vegetación? Si me expongo de esa forma en aquel claro, seré fácilmente visible. Pero me siento sólo y abandonado lejos de la luz, así que finalmente me acerco con paso titubeante hacia ella. Es blanca, brillante, hermosa... tan hermosa como la cálida voz de mujer que oí antes. No puedo dejar de mirarla. ¿Debería tocarla? No estoy seguro del todo... pero, ¿qué daño podría hacerme?
Cojo una ramita seca del suelo y, permaneciendo todo lo lejos que me permite mi brazo estirado, pruebo a acercarla al orbe y darle unos toquecitos con cuidado.

-Ho... ¿hola?
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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Hitomi Shimizu el Vie Nov 16, 2012 9:43 pm

Hitomi solo pudo ver por un momento al engendro, y como se creaba la vicion de un vapor frente a él después solo sintió una punzada por la espalda, y un frio que le recorrió el cuerpo entero.

-¡Coño!- dijo la joven guerrera. –Esa cosa es muy veloz- Hitomi había flexionado un poco las rodillas y apoyándose con la mano en el piso para no derrumbarse por completo, el dolor de la herida que le había producido aquella aberración había hecho que Hitomi tomara las cosas mas enserio y que su desplazamiento se viera afectado, si no atendía su herida el frio le provocaría gangrena en el peor de los casos y si tenía suerte simplemente le detendría la hemorragia.

Casi instintivamente Hitomi había atacado al engendro después de haberlo sentido en la espalda, cosa que le resulto inútil para dañarlo pero le había brindado más información, Hitomi empezaba a sospechar que la velocidad del engendro no fuera velocidad y que en su lugar era teletransportacion, de cualquier manera la joven guerrera tenía una idea, sencilla y que no serviría para otra cosa que no fuera medir al engendro.

La sangre que estaba bajo sus pies serviría de marca, si en el engendro era súper veloz no podría tenía que tener un control muy bueno para detenerse o cambiar de dirección a medio camino, y si era teletransportacion no podría cambiar de destino a mitad del camino.

Hitomi miraba fijamente al engendro, estaba postrado sobre la enorme puerta al igual que antes, esperando para atacar, la joven simplemente analizaba la situación, recordaba el momento en que su rival había desaparecido de su vista, de pronto una imagen le llego a su cabeza, el cuerpo del engendro había creado en su frente una especio de distorcion segundos antes de desaparecer, si esto significaba que usaría su velocidad hitomi tenía una oportunidad de descubrir el secreto de su ataque.

-Vamos patán, sé que me oyes, atácame- Hitomi tenía ambas katanas en sus manos, y provocaba al engendro a que le atacara, si su plan servía igualaría la situación de menos.

La cabeza de la muchacha tenía todo planeado, usaría su propia sangre como marca para medir al engendro, si este se teletransportaba detrás de ella lo sabría por la ubicación de su sangre y comprobaría su técnica de pelea, si el engendro usaba sus pies caminaría sobre esta y dejaría un par de huellas antes de que se limpiaran por completo, lo único que ella tenía que hacer era moverse en el instante correcto y tratar de esquivar el ataque

La joven mhare tomo posición de defensa, con katanas en cada mano, una mano cubriendo el frente con la katana horizontal y otra de la misma manera pero cubriendo su espalda. -¡ATACA!-grito la joven dirigiéndose a su rival mientras se preparaba para dar un par de pasos atrás y soportar el conocido chillido del engendro cuando este se moviera.


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Re: La mansión del pecado

Mensaje por Slania Kassane el Sáb Nov 17, 2012 11:30 pm

El olor de aquellos corredores era horrible, pero no podía negar que ya estaba acostumbrada a él. Entre los días que había pasado allí y los horrores que había presenciado, tanto allí como en mi arrasado pueblo natal, me estaban curtiendo. Algo cambiaba dentro de mí, pero aún no sabía si era para bien o para mal. Estaba asustada, y sobre todo, estaba débil, y posiblemente era aquella segunda cosa lo que me aterraba. No sabía de dónde sacar las fuerzas, pero debía hacerlo o de lo contrario estaba perdida, pues no podía pensar con claridad.

La iluminación del pasillo era bastante deficiente, y de no ser porque la oscuridad me había rodeado durante demasiados días, apenas vería nada. Había una vela encendida, pero a pesar de que añoraba la luz, mis instintos seguían funcionando a duras penas. No debía mirar la luz o mis ojos dejarían de estar adaptados a aquella penumbra.

Finalmente llegué a un lugar que, para mi sorpresa resultó ser una catacumba. Había pasado demasiado miedo ya como para asustarme ante aquello, así que sencillamente torcí la boca en una mueca al ver los ataúdes abiertos. Al menos estaban vacíos. En ese momento escuché gemidos y voces guturales, sonidos de dolor y pena que se acercaban cada vez más. Debía reaccionar rápido.

Sin perder el tiempo, me metí dentro de unos ataúdes y rápidamente me tapé la boca para que mi respiración no fuera audible. Recé al espíritu madre para que aquellos seres pasaran de largo, pero en aquél lugar frío, húmedo y muerto el espíritu madre no llegaba. Cerré los ojos y aguardé a que pasara lo que tuviera que pasar, y finalmente abrí los ojos para ver que un grupo de no-muertos alzaba la tumba y me llevaban a algún lugar, mientras una mujer joven había dicho algo. No la entendí, y no supe si aquello era mejor o peor. Solo deseé que mi muerte aún no hubiera llegado. Y ese deseo sí se cumplió.

Mientras era acarreada lentamente hacia una especie de sala de tortura, mi mente empezó a cambiar. Todo el miedo, todas las esperanzas vacías, el miedo a la muerte... Todo aquello empezó a desaparecer. Mi cuerpo estaba débil y esquelético, pero el cuerpo puede recuperarse. Mi mente estaba agotada, pero no vencida. Mi respiración empezó a regularizarse a medida que el miedo desaparecía. Dejé de tener esperanza, pues las fuerzas que me brindaba la desesperación eran mayores. Dejé de temerle a la muerte, pues aquello era una prueba más, y daba igual si vivía o moría, solo quería matar... Y vengarme. Si en aquél momento hubiera podido llorar, mis lágrimas se habrían detenido de inmediato. Recuerda, Slania, eres una hija de la naturaleza, una mujer salvaje, una princesa de los bárbaros. Eres una guerrera.

Finalmente dejaron mi ataúd en el suelo, y pude ver que en un rincón habían armas y harapos, en mal estado, pero armas al fin y al cabo. Allí había muerto mucha gente, pero no iba a ser yo una más de aquél grupo. Una media sonrisa se dibujó en mis labios, haciéndome recordar hasta qué punto era genial sonreír. Mi cuerpo era ligero, y aunque mis fuerzas eran pocas, seguía siendo ágil y aún conservaba reflejos. Además, mi andar era apenas audible, y las criaturas no-muertas según sabía no suelen tener muy bien ni los sentidos ni los reflejos.

Empuñé la daga con la mano izquierda, y andando encorvada y de puntillas, tratando de pasar lo más desapercibida posible pero manteniendo todo el rato en mente la posición de los zombis me acerqué al lugar donde estaban situadas las armas. Miré cuáles estaban más afiladas o menos desgastadas, y elegí un par de espadas cortas. Eran delgadas y ligeras, medían como mi antebrazo y no estaban muy oxidadas aunque sí algo romas. En aquél momento empuñar armas largas no me resultaría algo muy fácil, así que mejor aquello que otra cosa. Una vez elegidas, y tratando de no ser descubierta, sabía que mi próximo movimiento sería agarrar la armadura de cuero que sobresalía de entre los demás harapos, empezando por los pantalones y las botas. Constantemente me giraba, como un animal acechado pero furioso, vigilando que los dos zombis no se percataran de mi presencia. Si lograba vestirme y empuñar aquellas espadas cortas, por fin tendría una mínima posibilidad de defenderme. Tenían una bestia encerrada en aquél lugar, y aunque débil y hambrienta... Aún no estaba vencida ni muerta. Aquél pensamiento me hizo sonreír de nuevo con algo de malicia.
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Slania Kassane

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Re: La mansión del pecado

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