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De Plumas y Gatos

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De Plumas y Gatos

Mensaje por Kyra Elyadme el Sáb Sep 22, 2012 8:49 am

La divium ciega, al parecer tanto de la vista como de la intuición, había viajado a la ciudad del pantano en busca de amigos y un refugio donde pensar en el presente aciago y el futuro incierto. Pero además de una desconocida con una alergia extraña, también se encontró con un obstáculo, al parecer, infranqueable.

Al principio, todo fue bien. La recibieron con alegría en el pueblo e incluso la guiaron a un lugar donde hospedarse. La mujer (o eso supuso al principio Kyra, por la voz del o la anfitrión/anfitriona) la recibió con sumo gusto, le indicó donde estaban las cosas, le asignó una habitación e incluso le proporcionó un par de vestidos (según explicó, muy coloridos) que ella podía adecuar como quisiese. Durante una semana, la mujer alada se sintió estable, segura incluso. Empezó a elaborar planes, se ubicó en el tiempo y el espacio, le hizo preguntas a la mujer que le proporcionó asilo. Aprendió lo que podía comer del pantano y lo que no, y aprendió también a aceptar la amabilidad como eso y no viéndola desde el punto de vista de una limosna. Estuvo a punto, incluso, de ofrecer sus servicios como arpista en el pueblo para ganar su manutención mientras ponía dirección a su próxima parada...

Pero algo ocurrió, como siempre, en medio de sus planes. Una noche, en un paseo de exploración del lugar mientras llovía, Kyra oyó a alguien moverse detrás de sí cuando fue demasiado tarde. Nunca antes hombre o criatura ninguna, ni siquiera los ágiles elfos, se habían adelantado a su proximidad sin que ella se enterase. Pero ese cazador, hombre, mujer, no lo supo, se posicionó a su espalda antes de que pudiera hacer nada. Y ese cazador, hombre o mujer, no era persona de dudas. Le lanzó un golpe a la cabeza y lo último que supo Kyra fue que el pantano sabía a barro y lluvia y tenía ese olor a hongos y podredumbre que ella siempre asoció con lo salvaje e incivilizado.

Después, un tiempo indefinible. Ciega y consciente, ya era bastante difícil calcular esta medida desde que no sabía cómo distinguir la noche del día más allá de la temperatura del ambiente, pero después de que la dejaron sin sentido no supo si hubo un lapso de días, de semanas, meses...
El despertar, por tanto, fue lleno de pánico. Un miedo más o menos lúcido que se asentó en sus huesos y la hizo recapitular, volver su atención, intentar extraer información con los cuatro sentidos con los que todavía contaba.
Sintió movimiento a su alrededor, a pesar de que ella no podía moverse. Algo frío y pesado le oprimía los tobillos, la boca le sabía a lija y la garganta dolía. No podía estirar las alas y sentía el olor de la madera debajo de su nariz, su rostro pegado al fondo de...

Intentó retorcerse, tanto para ver si podía liberarse como para calcular el espacio que habitaba. Pronto comprendió que se hallaba en una especie de habitación más grande que ella pero imposible de recorrer a causa de su forzada inmovilidad. El gruñido en su estómago le dijo que no había probado alimento en bastante tiempo, la sequedad de su garganta le informó de la sed y el dolor en su cuerpo y la lasitud de sus miembros le señaló que quizá la habían drogado.
Luego de eso, bendita inconsciencia otra vez. Y el sentir, a pesar de eso, una especie de movimiento rítmico debajo de ella, los matices de la madera introducirse hasta el mismo fondo de su cerebro. Su cabello húmedo y arenoso irritándole el cuello, la bolsita donde guardaba sus cosas lastimándole la cadera, allí donde se le clavaba.
Después (¿Qué tanto después?) sintió como la levantaban en vilo y una voz grave gruñía. Kyra se percibió tan mareada que creyó que iba a vomitar pero no tenía nada que echar fuera y además, le dolían tanto las cuerdas vocales que supo, tampoco podía decir nada.

Agotada, se dejó llevar. La rabia en su interior le decía que había sido atada, enjaulada, atrapada igual que un mosquito en una red. El desánimo de su mente, como arena entre sus dedos, dejaba caer la idea cierta de que nada podía hacer para evitar nada. Ni su ignorancia acerca de por qué alguien querría arrastrarla tan lejos ni no saber dónde estaba o qué iba a pasar.
Simplemente, desinterés. Cerró los ojos y no los abrió hasta que aquel o aquella que la llevaba la dejó caer en un piso que Kyra sintió helado e incómodo.
Por instinto, se acurrucó en la parte sólida de lo que debía ser una pared desmoronándose. El sonido de una puerta chirriante la hizo pensar en barrotes. Y ese mismo sonido la hizo reaccionar.

Tenía las manos atadas, por lo que no podía ayudarse, pero, como pudo, se puso en pie. El suelo estaba tan frío que debía tener las plantas de los pies amoratadas más ella se esforzó por moverse, por abarcar lo que había delante y atrás y saber, saber algo.
La pared era lisa, excepto por las líneas que indicaban la diferencia entre ladrillo y ladrillo. El fondo era silencioso excepto por el ruido ocasional que provocaban las ratas y que provocó en Kyra un respingo y la hizo caminar hacía delante hasta que chocó con los barrotes.
El golpe le dolió aunque no tanto como haber perdido su bastón. Tampoco tenía con ella su arco a pesar de que su saquito seguía allí. Aún así, ¿En qué o en quién podía utilizar sus dardos?
¿Y cómo apuntar si no había objetivo ni manos desatadas que lanzaran el proyectil?

Desalentada, la divium dejó caer el rostro hacía delante, hasta que tocó el metal de los barrotes. Las alas le dolían cada vez más, apresadas como estaban.
Y que decir de los brazos y los pies...
- ¿Hay alguien allí? ¿Alguien que me escuche, que me explique?- dijo en lengua humana con dificultad.
No recibió respuesta y esperó y escuchó. Pero no había sonido alguno, así que estaba sola allí, presa.
Desanimada, desorientada todavía, se dejó caer en la pared y se quedó dormida.
Al despertar olió algo. Una especie de guiso, no lejos de ella si podía percibirlo.
Gateando, buscó. Tenía tanta hambre que cuando encontró el cuenco comió como un perro, sin preocuparse. Tampoco se hubiese avergonzado de saber que tenía el vestido hecho harapos y el cabello desordenado. Cuando terminó de comer, se mareó de nuevo y se recostó sobre la pared.
Y quizá porque no tenía nada que hacer y quizá porque incluso alguien tan fuerte como ella pierde la esperanza de cuando en cuando, empezó a cantar en élfico.

Nai kotumo ar nilmo, kalima Vala
thauza ar poika, Moringothonna,
Elda ar Maiya ar Apanoona,
Endooresse Atan sin uunoona,
ilar thanye, ilar melme, ilar malkazon samme,
osta ilar harwe, lau Ambar tana,
soo-thauruvaa Feanaarollo, ar Feanaaroo nossello,
iman askalyaa ar charyaa, ar mi kambe mapaa,
heraa hirala ar haiya hataa
Silmarille. Sii vandalme ilyai:
unqualee son antaavalme mennai Aure-mettaa,
qualmee ten' Ambar-mettaa! Quettalman lasta,
Eru Iluuvatar! Oiyaamoorenna
mee-quetamartya iire queluvaa tyardalma.
Ainorontesse tirtasse lasta
ar lma-vandaa enyalaz, Varda Manwe


No esperaba que nadie la escuchase pero alguien lo hizo repetidamente...
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Kyra Elyadme

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Re: De Plumas y Gatos

Mensaje por Invitado el Dom Sep 23, 2012 2:38 pm

Después de días vigilando aquél lugar podría jurar que sabría decirte cuantas piedras grises formaban el edificio que había sido objeto de mi atención durante todo aquél tiempo. Toda esta demencial vigilancia no la había empezado otra cosa sino un vago recuerdo que acudió a mi mente cuando paseaba por aquella parte de la ciudad. Sucia, mal oliente y con un ladrón o estafador a cada vuelta de esquina... desde luego ninguna ciudad se libraba de tener un lugar así.

Lo recordaba de mi infancia en cautividad, o eso creía yo... realmente a estas alturas estaba desesperado por encontrar cualquier información acerca del esclavista que me vendió a aquellos perros nobles de Malik-Thalis. Después de meses en Thaimoshi esto era lo mas parecido a una pista que había tenido hasta el momento. Era el olor de aquellas calles, los vagos recuerdos de un niño cautivo y confuso que había crecido entre barrotes y cuya primera visión del exterior habían sido aquellos adoquines desgastados que poblaban los suelos de toda aquella parte de la ciudad. ''La vista al suelo'', decían, ''Tienes que ser una mascota obediente'', decían. El simple hecho de revivir esos momentos dejaban a mi mano cobrar una consciencia independiente y se aferraba a la empuñadura de las dagas que descansaban en mis cinturas.

Sin duda aquél lugar era lo que había estado buscando, toda duda que pudiese tener se había disipado el día de ayer, cuando pude ver algo que ciertamente me fascinó tanto como me indigno. Una chica alada, de un plumaje de coloración multicolor... atada por aquellas bestias inmundas que una vez más atentaban contra la libertad de un precioso ser. Pude ver como la introducían en aquél edificio, feo como pocos había visto hasta el momento.

Mi primer ''hogar'', si se le podía llamar así, era una edificación de piedra gris, tosca y sin detalles ni floritura alguna. Había dos posibles puntos de acceso, una era la que sería una puerta delantera y también otra trasera que quedaba en la parte de atrás que daban a los callejones. La construcción formaba una pequeña L si la veías desde arriba, lo que me permitía adivinar, mas o menos, la disposición de las habitaciones que disponía. Las ventanas estaban descartadas tanto como método de infiltración como de escape, ya que estaban protegidas con fuertes barrotes de hierro... demasiado problemáticos. La puerta trasera me pareció en un principio la entrada mas plausible, pera acabé por darme cuenta de que estaba atrancada de alguna forma por la parte interior. Realicé varias pruebas sobre si prestaban alguna atención a dicha puerta golpeándola varias veces y doblando rápidamente la esquina en espera de que alguien la abriese para saltar encima suya... nadie apareció por ahí por razones que desconozco, aunque podía especular sobre varias razones posibles al respecto.

Por eliminación la única entrada posible es la que habían utilizado para entrar y salir durante aquellos días en los que me había dedicado a la simple observación. Un hombre (posiblemente mercenario) hacia guardia en la puerta y cambiaba turno cada cuatro horas con dos compañeros que ahora mismo se encontraban, sin duda, en el interior. Había estado esperando al momento de cambio de guardia con ansia, posicionado en el callejón de la izquierda del edificio. La presencia de aquella chica me había mantenido obsesionado desde el momento en mi mirada se posó en sus alas ¿Podría volar? ¿Que clase de ser era? ¿Un antropomorfo como yo tal vez? Jamás en mi vida me había cruzado con alguien de esas características a decir verdad.

Una voz me sacó de mis pensamientos y preguntas, una preciosa voz que cantaba. Lo que mas me había sorprendido era la proximidad de dicha voz respecto a mi posición ''¿De donde diantres venía?'' era la pregunta a la que no tardé mucho en dar respuesta. Había una especie de respiraderos a un metro escaso de donde yo me encontraba... eso indicaba que había un sótano en aquél edificio, donde, por lo que mis oídos escuchaban, tenían prisionera a la chica de las alas del arcoiris. De hecho, esa parte de mis recuerdos se me había pasado por completo, y aún habiendo dado con el dato no lo conseguía recordar... lo cierto es que aquella situación no hacía mas que frustrarme.

Cuando escuché al guardia de turno entablar conversación con lo que sería su compañero, me percaté de que me había perdido escuchando la bella canción de la chica... cantada en un idioma que a decir verdad desconocía. No disponía tiempo que perder, tenía que actuar rápido o esos hijos de puta volverían a cerrar la puerta y tendría que esperar cuatro horas mas hasta el próximo cambio. Eché a correr en dirección a la entrada, bordeando la esquina al mismo tiempo que desenvainaba las dagas y comenzaba a formar una imagen mental de una pequeña bola oscura como el carbón sin brillo-Manto de tinieblas-pensé para mi, aquellas las palabras que servían de atajo para que mi voluntad moldease la realidad e hiciese aparecer la bola negra visualizada, que, posteriormente, fue lanzada desde mi mano derecha hasta impactar directamente contra la cara del hombre que se encontraba apoyado en el marco de la puerta.

Inmediatamente se había formado una cortina de humo. Los dedos de mi mano izquierda se encontraban deslizándose por la pared al mismo tiempo que corría, no tardé mucho en notar el fin de la piedra y el comienzo del marco de la puerta de madera. Mi primer enemigo se encontraba junto a mi, a mi derecha. El humo era denso pero me permitía intuir su silueta con la suficiente precisión como para lanzar un tajo que cercenó el cuello del aficionado mercenario. Escuché las bisagras de la puerta, el otro idiota creía que podía librarse de mi intentando cerrarla, pero para eso ya no le quedaba tiempo. Embestí, a ciegas por la cortina de humo formada, contra la puerta antes de que esta terminase de cerrarse y me adentré en el edificio como una sombra imparable. Escuché el roce del metal desenvainándose, dejando evidente su posición entre el espeso humo que se había colado por dentro del edificio también.

-¡Yorikawa! ¡Ven jod-!-el cuchillo de lanzamiento había acertado, frenando la petición de ayuda de aquél humando, sustituyéndolo por un seco quejido.

En aquél instante mi corazón latía a un ritmo acelerado, podía sentir el cosquilleo en la punta de mis dedos, provocado por la adrenalina de un combate que podría traerme tantos beneficios a mi objetivo. Caminé sin prisa y ligeramente encorvado, no quería echar a correr y darme contra una pared como un idiota debido a la nula visibilidad de la que disponía ahora.

-¡¿Suzaku?! ¡¿Que diablos está pasando?!-escuché a la tercera voz y última, que me hizo de guía para abalanzarme sobre ella como mi instinto me mandaba en aquél instante.

Salí del Manto de Tinieblas antes de lo que había previsto, encontrándome frente a frente contra el dueño de la voz que me había guiado hasta aquí-Katana-pensé con simpleza al observar el tipo de arma cuya hoja ahora estaba cayendo hacia mi cabeza-Los Tres Pasos-recité para mi y ejecuté el movimiento de Kenpō que tantas veces había realizado en estos años. El primer paso me libró por unos centímetros de acabar con una Katana incrustada en el cráneo, el segundo y el tercero me posicionaron en el flanco izquierdo del enemigo. Le propiné una patada a la altura de la rodilla con mi izquierda, haciéndole hincar esta en el suelo. Intentó en vano un ultimo ataque desesperado usando solamente su mano derecha para intentar un tajo horizontal hacia mi persona... novato, como no. Mis dagas cortaron la mano inexperta que se había atrevido a empuñar un arma contra mi y pude escuchar el sonoro aullido de dolor mientras vislumbraba el terror en los ojos del mercenario. Estaba disfrutando de aquello, aunque mi expresión fuese una mascara carente de sentimiento alguno. Con un rodillazo en el estomago lo acabé tumbando en el suelo y me apresuré en cortar los tendones de los talones para imposibilitarle la huida, al fin y al cabo lo necesitaba vivo para interrogarle.

No tardé mucho en encontrar las escaleras al sótano donde estaban las celdas. No pude hacer mas que quedarme expectante ante la visión del pajarito cantor y multicolor que había sido enjaulado y humillado tras aquellas rejas.- ¿Que hace un ave exótica como tu en un agujero tan triste como este?- eso dije, con el tono burlón y despreocupado que tanto me caracterizaba. Si, parecía indiferente ante la situación, pero por dentro reconocía aquél lugar... los primeros barrotes que me privaron de mi libertad.
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