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La mofa de los lumínidos (privado)

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La mofa de los lumínidos (privado)

Mensaje por Mika Hunterdream el Sáb Oct 13, 2012 8:06 pm

La noche se cernía ante los ojos del joven lobezno, el cual, había sido enviado a la ciudad a comprar algunos utensilios de cocina para el clan. No opuso demasiada resistencia para realizar el cometido. En el tiempo que llevaba en aquel lugar había aprendido que para sobrevivir había que ser sumiso y trabajar en beneficio del grupo. Había llevado para tal misión una carreta de madera, no especialmente grande, de solo dos ruedas de la cual el lobezno tiraba en su forma animal cual caballo de carga. Ésta iba cargada de cacerolas, cucharas de madera de roble, harina para hacer el pan y algo de aceite, metido en varias jarras de cerámica no demasiado grandes. Tenía que tener cuidado de no caerlo todo y también de que no le asaltasen. La caída de la noche no era algo que jugara en su beneficio. Desde Erinimar hasta Physis aún quedaba un buen camino.

Sus pasos, silenciosos como el mismo viento recorrían aquel empedrado camino. A ambos lados había paredes de roca y follaje formando una "U" con el terreno que pisaba. Si sus conocimientos básicos sobre geología no eran equívocos aquel debió de ser en un tiempo pasado, algún tipo de valle glaciar. Al menos, era un buen sitio para oír a los pájaros cantar o a algún tipo de maleante que quisiese acercarse por su espalda ya que el sonido tenía que viajar en línea recta. Siguió caminando, con paso firme por aquel monótono lugar. "Añoro el tiempo en el que mis pasos eran ligeros y tú me sacabas a bailar, Sora. Ahora son pesados y el único baile que deilita mis ojos es el de las lozanas jovenzuelas en época de celo. Esto se me hace demasiado pesado... "-pensó para sí con la cabeza gacha y dando un sonoro suspiro.

De repente, algo iluminó de nuevo la chispa de su apagada mirada. Unas luciérnagas habían decidido seguirle. No sabía cómo tomarse eso. Le iluminarían el camino pero por otra parte eran demasiado llamativas. Unas se posaron en las cacerolas mientras otras jugueteaban alegremente al lado del joven lupino. Movió su mano de un lado a otro intentando espantarlas pero no había manera; cual panda de mosquitos atormentaban la existencia del pobre lobo que únicamente quería llegar a casa sano y salvo. Si alguien quería atacarlo no había mejor momento. El albino tenía que hacer algo para evitarlo o al menos para averiguar si había alguien cerca. Necesitaba hacer uso de su fino oído. Desde esa forma animal poco iba a hacer así que se tomó unos minutos para volver a transformarse en humano. Le dolía bastante y más teniendo en cuenta que la herida de daga de su hombro debida al encuentro con un cazador de licántropos no hacía mucho, aún no había terminado de sanar. Entonces tomó la flauta de pan que llevaba colgada al cuello y comenzó a tocar alguna bonita melodía. Si el sonido iba en línea recta aquello le ayudaría a averiguar si había alguien en los alrededores. Para el colmo de los colmos las luciérnagas habían empezado a acercarse más a él cuando oyeron la música; interfiriendo incluso en su paso. Parecía un ser hecho puramente de luz. Aquellos seres luminosos se habían posado en cada parte de su cuerpo y no tenían intención de moverse por mucho que el albino se zarandease. Especialmente se habían acercado a su flauta. Tal vez el material con el que estaba hecha había llamado la atención de esos insectos.

El albino no había fallado en su hipótesis puesto que, poco a poco, aquellos molestos bichitos se iban acumulando cerca de la flauta. De repente, ocurrió algo que llamó bastante su atención. Sin ni siquiera poder detenerlos, alzaron su flauta por encima de su cuello y salieron volando con ella. El lobezno no paraba de soltar perjurios dentro de sí y, en un descuidado acto, dejó la carreta en medio del camino y comenzó a perseguir a las luciérnagas.

Llevaba la vista clavada en la parte superior de su cabeza, unos metros hacia delante donde las luciérnagas volaban cada vez más alto aunque, el peso de la flauta les impedía avanzar mucho. De repente, algo o alguien se interpuso en la carrera del lupino. Obviamente no lo había visto ni prestado atención a su presencia, estaba demasiado ocupado persiguiendo a esos diminutos engendros ladrones. Cayó en plancha sobre él. Se levantó de seguida y sacudió sus ropajes mirando al otro con cierto rubor coloreando sus mejillas. Entonces se señaló a él mismo, luego a las luciérnagas que se habían quedado ahí estancadas como en una especie de gesto de burla y unió las palmas de sus manos intentando decirle al otro que por favor lo ayudase con ese problema. Miró hacia atrás y señaló la carreta; empezó a palmearse de arriba abajo intentando decir que no llevaba nada encima aunque sacó una moneda que había sobrado de la compra de uno de sus bolsillos. Señaló al contrario y luego a la moneda. Obviamente, quería decir que se la entregaría como pago si recuperaba su flauta. Ahora solo quedaba esperar cómo reaccionaría el otro ante aquello. El albino había sido demasiado precipitado pero le tenía demasiado cariño a esa flauta y no sabía durante cuánto tiempo esos malditos bichejos seguirían ahí mofándose de su persona.

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Re: La mofa de los lumínidos (privado)

Mensaje por Aghnkam el Sáb Oct 13, 2012 9:17 pm

-Venga, va, dilo ya. No te atreves a bajar por esa cueva ¿Eh? – Dijo una voz chillona en mi oído.

-¡Cállate ya, Urian! – Respondió otra - ¡Me atrevo como el que más, pero es estúpido e innecesario! –

Suspiré y traté de hacer oídos sordos a la conversación de los dos hurones, cada uno situado en un hombro, mientras leía uno de los viejos tomos de arqueología de mi padre a la luz de un candil que flotaba fantasmagóricamente en el aire. El frío de la noche en aquel lugar no era lo que se puede decir agradable, y mucho menos si se combinaba con la constante palabrería de los dos animales que no se callaban ni dejaban de lanzarse pullas el uno al otro. Ya hacía tanto rato que no se callaban que hasta había perdido el norte, literalmente, no sabía donde estaba el norte y para colmo había terminado en un desfiladero o algo así. Que era un antiguo valle glacial estaba seguro, aquella forma en U no era una simple coincidencia, como tampoco lo era el frío que hacía en el lugar. El viento gélido gemía de vez en cuando al colarse entre las ramas de algún que otro árbol engendrado entre la misma roca, recordándome entonces lo lejos que estaba de mi cómoda habitación en la mansión de mis padres.

¿Cuánto hacía que había abandonado mi solitaria casa plagada de recuerdos paternales? ¿Una semana? Tal vez más, no lo sé con exactitud, pero perderme entre las palabras técnicas de los libros de arqueología no lograba ni por asomo hacer que me olvidase de ella. Es más, avivaba con mayor fuerza los recuerdos de cuando mi padre se sentaba conmigo en la sala de y me contaba relatos sobre sus aventuras, sobre como había vencido a monstruos con sus propias manos o de como había logrado encontrar ruinas que muchos hubieran pasado por alto. Sentí el calor de una lagrimilla por mi mejilla y cerré el libro con fuerza en ese preciso momento. Sendos animales apostados en mis hombros cesaron su discusión para dedicarme una mirada de extrañeza mientras que yo, a su vez, contemplaba la luna de color verde asomar entre las nubes oscuras del cielo nocturno. Miles de millones de estrellas brillaban con fuerza esa noche. Un paraje propio del galán más romántico que pudiera existir. Y eso me recordaba otra cosa: en mi vida había estado con una mujer… Abrazos más allá de los de una madre no había sentido. Los besos jamás habían ido a otras zonas que no fueran la mejilla o la frente, y las caricias eran simplemente el premio que recibía cual perro por hacer las cosas bien.

De golpe, sin esperarlo y mientras estaba sumido en mis pensamientos, algo chocó contra mí. Me derribó y lanzó el candil al suelo. ¿Qué demonios había sido aquello? En cuanto me puse de pie adopté una postura de guardia y esperé un próximo golpe pero no llegó. Relajé los músculos y miré hacia delante, diferenciando apenas los rasgos finos y perfilados de la cara de una… Una… ¡Una mujer! ¡Maldición! Retrocedí un paso y tragué saliva de forma brusca y sonora mientras que ella, que no debía de ser más que una cría, hacía gestos incompresibles para mí señalando detrás de mi cabeza. Sentí mi pecho acelerarse, el corazón bombear la sangre mucho más rápido hacia mi cara volviéndola roja y la respiración entrecortarse con tan sólo recordar el roce de la piel de ella obre mis descubiertos antebrazos. Atontado todavía, miré hacia donde señalaban sus dedos y vi una colmena de luciérnagas sostener algo. Ella no dejaba de señalarlas y después señalaba una moneda.

-¿Q… q… q…. q…?

-Como siempre… El chico se queda sin palabras en cuanto ve a una mujer bonita. – Escuché decir a Urian, el hermano mayor. Sus patitas treparon hasta mi cabeza y después las siguieron las de Urien, el menor.

-Sí. Pobrecillo ¿No? Debe ser un rollo no poder hablarle a las chicas. ¿Te imaginas? – Respondió este, mientras trepaba a la espalda de su hermano y se lanzaba a por los bichitos de luz.

Urien derribó gran parte de las lucernas con su peculiar placaje, y de paso le arrebató lo que parecía ser una flauta de pan de las patitas. Con total libertad el hurón escaló las piernas de la niña pequeña manteniendo el instrumento en su boca y, cuando se halló a la altura de sus manos, la depositó en ellas volviendo a mí de un salto.

-¿Ggio? – Preguntó entonces el animal algo asustado al verme tan pálido - ¿No se te habrá vuelto a olvidar respirar… no?-
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Re: La mofa de los lumínidos (privado)

Mensaje por Mika Hunterdream el Vie Oct 19, 2012 7:10 pm

Increíble; ¿cómo podían tener tanta coordinación aquellos dos exiguos seres? Cuando vio que en las pequeñas fauces de uno de ellos se hallaba su flauta no pudo más que sonreír y acariciar con delicadeza el afelpado pelaje del animal. Introdujo su zurda en uno de sus bolsillos y de allí sacó un pedacito de pan que ofreció al pequeño. Luego dirigió sus azuladas pupilas hacia el rostro del muchacho, cerró sus párpados e inclinó la cabeza hacia delante en señal de agradecimiento. Entonces volvió a su expresión seria, acarició con cuidado la flauta y la sopló para corroborar que seguía afinada. "Como siempre, esta melodía nunca superará el suave contoneo de tus palabras al surcar el aire"-pensó para sí rememorando con melancolía, la hermosa voz de su hermana; la cuál, era para su desgracia, inquietantemente similar a la suya propia.

Se acercó al muchacho, tomó su mano y colocó en ella la moneda. "Gentil caballero, supongo que éste es el momento en el que la duración de nuestro breve pacto de confianza finaliza"-. Aquellas fueron las palabras que el lupino intentó transmitir con su fría y apagada mirada. Ahora que podía volver a estar tranquilo, su compostura reapareció. Debía volver a su misión, llevar el carro de comida a la aldea para que las mujeres pudiesen cocinar. Entonces, comenzó a andar a paso ligero hacia su carro zarandeando ligeramente su muñeca en señal de despedida hacia el muchacho.

Una vez logró llegar observó atónito algo que debió prever: lo habían saqueado. Probablemente se tratase de un bandido bisoño y poco musculoso puesto que lo había dejado todo perdido y se había llevado lo de menor peso. Jarras rotas, cuencos tirados por el suelo...Ni siquiera un animal causaría aquella barbarie. Comenzó a respirar de forma agitada, llevándose una mano al corazón, podía notarse que el albino estaba sufriendo cierta taquicardia. De pronto, una profunda ira inundó su cuerpo, tomó su arco y comenzó a apuntar a diestro y siniestro, gruñendo como un poseso y soltando tonantes aullidos al aire. Aquella fue la reacción de un niño estúpido e irresponsable; el ladrón no iba a volver y esperar ser detenido por el lobezno.

Derrengado, se limitó a asimilar lo sucedido. Todo tipo de aciagos pensamientos recorrieron su cabeza en aquel instante. ¿Qué le harían en cuanto llegase a la aldea y mostrase aquel desastre y falta de competencia por su parte? Solo de cavilar en qué clase de torturas podrían llegar a hacerle su piel se volvía de gallina y su vello se erizaba. El albino simplemente no era alguien demasiado positivo; siempre lograba adentrarse en la parte más funesta de las cosas. ¿Y por qué no admitir que también se trataba de todo un pusilánime? A cada paso que daba arrastrando aquella carreta, sus pies temblaban de puro pavor. Solo quería caer y quedarse allí, tendido y aislado en el medio de la nada esperando a despertar de aquella pesadilla y volver a su maravillosa realidad donde nada de eso había ocurrido. Para su desgracia, aquel mundo idílico no existía aunque él creyese firmemente en ello. Aunque...no perdía nada por intentarlo. La noche cada vez atraía más a aquella luz oscura que todo lo cegaba. El cansancio, el temor, la desesperanza eran motivos suficientes para hacer que el visionario lobezno se tirase de rodillas al suelo, agarrara con fuerza sus rodillas y metiese la cabeza entre las piernas esperando a que aquella posición fetal lo salvase de su destino cuando llegasen los primeros minutos del alba.
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Re: La mofa de los lumínidos (privado)

Mensaje por Aghnkam el Sáb Oct 20, 2012 4:50 pm

Cuando Urien le entregó lo que parecía ser una flauta a la niña de cabellos claros esta se acercó a mí no sin antes premiar al mustélido y provocar una pelea entre los dos hermanos que perdí de vista segundos después, justo en el momento en que ella puso su mano sobre la mía y depositó la moneda con una sonrisa, retirándose. Después sólo recuerdo dos o tres cosas, entre ellas el calor repentino que sentía, como si la propia piel me ardiese incendiada por miles de pequeñas velas, el sudor frío que contrarrestaba a ese intenso calor y finalmente el pecho acelerado, mucho más que antes, palpitando con fuerza suficiente como para hacerme pensar que el corazón se me iba a salir del pecho en cualquier momento. A continuación sólo silencio, oscuridad y una brisa fresca en la nuca que terminó con un golpe seco en el suelo. No recuerdo más.

{Los dos hurones, Urien y Urian, habían saltado a tiempo de sendos hombros de su amo evitando así un testarazo mayor al de este. Ambos animales se miraron entre sí perplejos, más el mayor que el menor, todo hay que decirlo, después dedicaron una mirada al chico que había, aparentemente, estirado la pata allí mismo y se golpearon al mismo tiempo la cara con las palmas de sus cortas patas delanteras. El menor, quien más iniciativa tenía, corrió para ver qué tal se encontraba su señor amo. Se acercó a su cabeza y examinó entre los rubios cabellos en busca de sangre, pero no había nada más allá de uno o dos hilillos rojos tiñendo el dorado de su pelo. No parecía nada importante. Mientras tanto, el mayor, que era algo más interesado que su hermano, lo que hizo fue arrancarle la moneda de la mano sin fuerzas al joven arqueólogo, momento en el cual se pudo fijar en una cosa: ¡Estaba más rojo que una manzana madura! De hecho, ambos lo estaban a causa de la vergüenza de Ggio, que influía en ellos por ser dos seres mágicos y no dos hurones corrientes.

-¿Pero qué…? – Fue a preguntar Urian, mientras que Urien sólo era capaz de reír al ver en tal estado a su hermano.

-Cálmate. Ya verás como lo arreglo. –

Sin decir nada más desapareció en las sombras de una noche cada vez más oscura a causa de nubes surgidas aparentemente de la nada. Avanzó por las sombras con facilidad gracias a su genética, que le había transmitido una perfecta visión nocturna, hasta llegar a los pies de aquella criaturita el señor tan mona. Parecía una chica, sí, pero aquel avispado mustélido había sido capaz de reconocer en él el olor de un varón, mucho más fuerte e intenso que el de una dama. Obviamente no se lo iba a comunicar al chico, quería divertirse. Pero bueno, continuemos. Una vez al lado de los pies del muchacho con apariencia andrógina Urien empezó a arañar un poco sus pies con las garras delanteras intentando llamar su atención. Arañó y arañó incansablemente durante un rato, y cuando por fin logró despertar al chico de su ensimismamiento tiró de su ropa hacia el lugar donde se encontraban su hermano y Ggio. Ahora era cosa suya seguirlo o no. Aunque la escena que se encontraría sería, hay que reconocer, algo cruel dada la anterior visión de Mika. Por el suelo, alrededor del caballo, había esparcidos montones de comida: Cecina seca, trozos de pan y alguna que otra galleta a medio mordisquear. Todo el rastro apuntaba hacia la misma criatura, Urian, el hermano mayor. ¿Acaso había saqueado él también al joven lupino? Eso podría pensar alguien con la cabeza corroída por el miedo, así que sólo quedaba ver la reacción del pobre muchacho al descubrir tamaño rastro de “destrucción” rodeando al hurón mayor.}

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Off: Paso de la 1ª a la 3ª persona porque Ggio se desmaya y no puede continuar contando lo ocurrido xD. Volveré a cambiar cuando se despierte :B.
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Re: La mofa de los lumínidos (privado)

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