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~Buscando la Verdad~

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~Buscando la Verdad~

Mensaje por Zyrxog el Sáb Oct 13, 2012 10:39 pm



Todos debemos de hacer un último viaje en nuestras vidas
Ya sea este para uno sentirse realizado o simple capricho
Pero aquel viaje será lo que marque nuestro paso por el mundo
Ya sea un camino simple o uno que nos lleve hasta donde temamos

Christian Chacana 11 de octubre de 2012


La ciudad de aguas profundas se encuentra en el límite oriental de lo que antes fue el reino de Zhakhesh, construida sobre un alto peñasco a las orillas de un mar agitado y sanguinario, ha permanecido desde hace cuatrocientos años sin ningún cambio, tan solo las constantes ampliaciones que cada generación de habitantes a hecho, lo que inicio como una poderosa fortaleza, inexpugnable en épocas mucho más antiguas que el conflicto Imperio y Zhakhesh comenzara, sobre una montaña de roca y granito un castillo se mantenía como vigía, mientras que con el paso de los años y las épocas, los aldeanos comenzaban a construir una ciudad a su alrededor, pequeños fortines fueron construidos cuando la gran guerra inicio, en aquel lugar se defendió incontables veces las vidas de los habitantes, mientras estos permanecían a salvo en sus casas. Después de doscientos años, la que tan solo había sido una fortaleza abandonada a su suerte se convirtió en una gran ciudad, muchos nuevos habitantes de noble cuna comenzaron a emigrar a la ciudad, esta rica gracias al comercio y la pesca comenzó una época de florecimiento asombroso, tanto que se construyo un coliseo para efectuar luchas y combates. Grandes mansiones de opulencia se edificaron en los límites de la ciudad, opulencia que trajo aun más dinero a la ya rica ciudad … pero mientras todo aprecia en calma, en la fortaleza más antigua, propiedad de los primeros nobles que habían cuidado esas tierras y protegido a el reino, sufría lo que sería llamado “Un castigo Divino”.

Todo comenzó con el Tatarabuelo del actual conde, un hombre curtido en batallas según cuenta la historia, amante del pasado y también de la aventura. Según historia familiar, el conde realizo una exploración a una serie de profundas cavernas en lo más hondo de las montañas Drakenfang, lo que encontró en ese lugar se desconoce, pero de la centena de hombres que acompañaron al conde, tan solo una docena volvió, con serios cambios de personalidad o físicos, como si hubieran visto el máximo horror posible para la comprensión humana, el conde volvió igualmente, portando un cofre fuertemente encadenado y cerrado bajo una intrincada cerradura. En un lapsus de dos años, cada uno de los supervivientes de esa expedición, murió de forma antinatural y claramente maligna, por nombrar alguno de ellos … según los registros de la ciudad, uno de los comandantes que volvieron con el conde fue encontrado huyendo despavorido por la calle central, desnudo y claramente cubierto por sangre, sin dudarlo el comandante escalo el campanario de la plaza central y en aullidos cargados de pánico y terror se lanzo hacia el vacio, este y otros casos, como apuñalarse continuamente y arrancarse las vísceras, son comunes en los 12 relatos registrados. Quizás el más terrible fue el de un simple soldado, el cual asesino a su propia familia reventando sus cráneos con sus propias manos, para luego mutilar su cuerpo, vaciándose los ojos y arrancándose su piel, anotadas están sus últimas palabras “Ellos lo ven todo”, se desconoce el significado de estas palabras pero no se investigo mas.

Continuando con el conde, su vida no fue excesivamente larga al parecer, murió cuando contaba con 68 años y dejo el título a su hijo, en ese momento comienzan lo llamado “Castigo” a la familia, si bien el hijo mayor portaba el titulo de noble, las desgracias comenzaron cuando se le confió aquel cofre, desde ese momento los Dracul han estado malditos, muriendo tanto mujeres como hombres y siempre dejando a un único heredero para que continuara la línea sanguínea, después de doscientos años sufriendo muertes sin parar, tanto de jóvenes como de recién nacidos y niños, el actual conde Eliseus Dracul, ha decidido efectuar un último viaje, el que de seguro marcara lo que queda de su vida. ¿Por qué ha decidido hacer este viaje? Si bien la muerte de su amada mujer y de su pequeño hijo ha dejado huella en el, también es porque poco a poco ha visto como algo maligno se está apoderando de la ciudad y como Zhakheshiano no permitirá eso.

Si bien el conde no poseía ya las grandes posesiones que sus antepasados habían ostentado, tampoco al confianza de los nobles de la capital y quizás su único aliado había fallecido recientemente, se encontraba solo… y con una misión en su ser. Recorriendo los oscuros pasillos de su fortaleza, haciendo eco con cada paso, el conde meditaba cual debía de ser su próximo actuar, la presencia de otras casas, si bien como suplica o como mercenarios era una opción, también demostraba que su casa había caído ya en la desgracia, si bien el título de conde poco le importaba ya, si le importaba que alguno de los otros nobles tuviera otras intenciones en prestar su ayuda… estas meditaciones le sumieron en reflexiones durante una larga semana.

Siete días después de comenzar los preparativos para el viaje, al caer la noche, varios mensajeros salieron prontamente de algunos puntos de la ciudad, llevando entre sus posesiones unas cartas lacradas y selladas. ¿Su destino? Nadie lo sabría, ya que en aquel momento la niebla había caído, dejando poca visibilidad para cualquiera que intentara escrudiñar las blancas y grises tinieblas. De los mensajeros el Conde esperaba que estos llegaran a salvo hasta sus objetivos … aunque dudaba de que volvieran o por lo menos lo dudaba de algunos, no obstante, mientras los mensajeros se dividían y algunos marchaban a pantanos o bosques, uno de ellos cruzo rápidamente a galope la llanura, internándose en el reino de Zhakhesh, con un preciado mensaje.

Tres días cabalgando sin descansar lograron que las altas torres oscuras se pudieran vislumbrar, claro que no era difícil para alguien de ese lugar encontrar la ciudad, siempre y cuando no fuera muerto por las defensas, después de uno y mil pormenores para lograr traspasar las enormes puertas de acero negro, por fin el mensajero piso la ciudad. Rápidamente se dirigió hasta una de las casas nobles, particularmente la de los Kohlheim, y ya en su interior, le entrego un sobre lacrado, de color purpurino aterciopelado, a uno de los sirvientes, este haría llegar el mensaje a su amo, que extrañamente y contra todo pronóstico se encontraba en ese lugar por motivos personales.

Una vez que el conde abriera el sobre, encontraría en su interior dos hojas de fino papel y escrito con impecable caligrafía su mensaje, el conde no podría dejar pasar que tanto el sobre como la carta en si tenía un sello rojo carmesí, un cadáver con una astabandera brotando de su pecho con una bandera con un extraño símbolo.


Conde Khaelos Kohlheim me dirijo a usted, no como otro noble, ya que el titulo nobiliario que ostento tan solo es una palabra sin mucho valor para mi, si no como un hombre que conoce que su vida esta pronto a acabar, pero que aun desea dar una última lucha. De seguro mi nombre y cuna le son de total desconocimiento, no debería de sorprenderme tomando en cuenta los acontecimientos que giran en torno a mi estirpe. Pero esta carta no es para hablar plenamente de mi, si no para pedir su ayuda. En el pasado conoció al Duque Manzinni y su reciente muerte me ha dejado con casi nulos aliados en mi batalla, conociendo la nobleza de su familia y el renombre que posee en el ejército, deseo pedirle un favor y a la vez, recompensarle por este.

Me encuentro próximo a realizar un viaje, quizás el ultimo de mi vida, no obstante, antes de que mi vida acabe, debo de realizar un último acto. Si estudia los registros, que de seguro tendrá ya en sus manos, mi familia fue literalmente desterrada por los más altos nobles de Zhakhesh, siendo repudiada, y porque no decirlo, despojada de la mayor parte de sus posiciones, aun así… no se nos fue retirado nuestra más grande posesión La ciudad de Aguas Profundas, en el límite oriental de lo que antiguamente fue nuestro imperio. Nuestra familia desde hace algunas generaciones ha sido poseedora de un objeto de gran poder y de enorme peligro, si bien jamás hemos contado con el poder o conocimiento para destruirle, hemos temido que este objeto incline la balanza de esta guerra hacia uno u otro lado. Por favor no se emocione con ganar esta larga guerra con esta reliquia, ya que su sola utilización, traería nefastas consecuencias y le puedo asegurar que ni todas las vidas del imperio y del reino juntos podría saciar la sed de muerte que acarrearía su utilización.

Como ya había dicho, pronto partiré de viaje y no deseo que este acontecimiento sea causa de un mal mayor. No deseo atraer la mirada de algunos nobles codiciosos o de oscuras intenciones. Debido a esto e buscado a algunos mercenarios, ya que la presencia de soldados de otras casas me seria desagradable. De cualquier forma, debo de colocar a prueba a estos mercenarios, para saber si son de fiar o no y de si sus atributos, son los necesarios para esta empresa. Claro que se que como noble no podría hacer esto sin un precio considerable y disculpe si le insulto al compararlo con un simple comerciante, pero corren épocas oscuras y la guerra se intensifica. La familia Dracul aun posee cierta fortuna, quizás no pueda compararse con la que en estos momentos deben de poseer otros nobles, pero esta a su entera disposición, junto con los soldados que poseo si me auxilia en esta empresa.

Si acepta esta pequeña proposición, por favor reúnase conmigo la decimo tercera luna del séptimo mes de este año, puede presentarse como el noble que es o como un simple guerrero, de cualquier manera me encontrare esperándole en mi morada. Si por su otro lado, mis términos le parecen burdos e inútiles, por favor le pediré que destruya esta carta y que borre mi nombre de su memoria. Le estaré esperando hasta que despunte el amanecer, si no ha llegado tomare ello como una negativa y no le molestare más.

Atentamente.

Conde Eliseus Dracul.

Pero no todos los mensajeros habían llevado el mismo mensaje, muchos había ido mas allá de las fronteras del reino, algunos internándose en pantanos, donde serian devorados por la madre de las arañas, otros se perderían en los caminos hasta encontrar al mago errante, uno de los mensajeros se dirigió aquel lúgubre castillo donde su sangre seria vaciada, pero cada uno de ellos vería aquel delicado sobre, casi como conociendo que eran para ellos.

Mi estimado/a.

Quizás encuentre extraño que me dirija hacia usted, de nada me conoce y jamás me ha visto, pero sepa que yo sí, he visto sus cualidades y atributos, he conocido sus capacidades y también sus posibles anhelos. Soy el conde Eliseus Dracul, de seguro desconoce tanto mi nombre como mi título, ambas cosas me son de total despreocupación, en cambio si estoy dispuesto a pediros un pequeño servicio, pero surge la duda ¿Por qué un hombre extraño me pide algo de esta forma?, esa duda será contestada a su momento, pero ahora le digo, su pago si lo acepta son 100 monedas de oro, ¿no desea dinero? Pídame lo que desee y si está en mis posibilidades se le serán cumplidos.

Diríjase a la ciudad de Aguas Profundas, le esperare la decimocuarta luna del séptimo mes presente, si acepta mi ofrecimiento, en cambio si lo rechaza, le pido que destruya esta carta y que borre de su memoria mi nombre. Todo será explicado a su debido momento.


Lamentablemente no todo había resultado tan bien, el ultimo mensajero había sido emboscado mientras cabalgaba en medio del bosque, una saeta acabo con su vida limpiamente, antes de que se pudiera hacer algo, el caballo se desboco y arrastrando el cadáver un par de metros termino por dejarlo abandonado, mientras el corcel se alejaba, un hombre encapuchado portando una ballesta se acerco al mensajero, a la luz de la luna se vio un emblema, una espada rota en un fundo negro, sin tomar en cuenta las monedas desparramadas por el camino o la preciosa daga que se encontraba en su cinto en aquellos instantes, el asesino simplemente tomo aquel morral y rebuscando entre su contenido extrajo un sobre aterciopelado de color purpurino, los ojos del asesino brillaron un instante como si hubiera encontrado un tesoro y tan rápido como había aparecido se sumergió nuevamente entre las sombras de los arboles.

---&---

Entre las oscuras callejuelas de una ciudad que posee tantos nombres como historias, se encuentra una pequeña puerta, totalmente común, madera casi podrida, metal que aun le sostiene y una cerradura, en aquel sucio callejón de la ciudad de Malik Thalish, se encontraba la cofradía, asesinos, ladrones, sicarios y demases, un grupo de mercenarios con pocos escrúpulos, pero que aun así tenían su honor y orgullo. Si bien la cofradía había sido fundada hacia doscientos años, como un grupo de caza recompensas, lentamente se había transformado en un gremio de asesinos y ladrones, siempre al servicio de la nobleza o de sus propios intereses. Su cabecilla en aquellos instantes era el “Maestro” como se hacía llamar, un hombre enmascarado que durante más de veinte años había mantenido el control total de la organización, este hecho hizo que muchos de los nobles se alejaran de la cofradía, pero también abrió nuevas puertas a terratenientes que deseaban mantener a raya a sus enemigos, siempre es bueno que muera un heredero de formas misteriosas.

Desde hace algunos meses la cofradía a estado en una calma antinatural, pero ahora, un nuevo peligro hace que sus engranajes comiencen a girar lentamente, bombeando sangre hasta los miembros más lejanos. Uno de los asesinos, encargados de obtener información, a entregado una carta de sumo valor al Maestro, si bien la carta no dice demasiado es lo necesario para que los temores del Maestro se vuelvan realidad.

La cofradía debe de evitar que algo más antiguo que los propios reinos despierte, según la información obtenida, casi al mismo tiempo en que la cofradía era fundada, uno de los Condes de Dracul, se interno en unas cuevas laberínticas, encontrando un culto blasfemo y totalmente inhumano. Este culto adoraba deidades extra terrenales, provenientes de horrores mucho anteriores del propio tiempo y que continuamente realizaban rituales para abrir los pórticos y que estos seres volvieran a pisar este mundo… si bien esta información fue difícil de obtener y no es totalmente verídica, aun contiene suficiente verdad como para ser una amenaza, y el viaje del conde hacia esas regiones antiguas, le da más peso a la historia.

El gremio no puede actuar directamente contra uno de los nobles, ya que eso sería declarar la guerra contra los demás, por lo que el Maestro debió de tomar una decisión arriesgada, hizo correr la voz, sobre que se buscaban mercenarios para una misión, el nombre de la cofradía debió de mantenerse oculto, aunque no era difícil de reconocer, a pesar de ello, los rumores llegarían a individuos útiles y no a la chusma, como bribones o rufianes de poca monta.

¿Pero como llegarían los interesados? Simplemente deberían de viajar a Malik Thalish, y preguntar a cualquier tabernero, ellos lo saben todo, les indicaran que deben de caminar por las sucias calles, hasta que se topen con una arruinada puerta, tres veces deberán de tocar y esperar la respuesta, si no la escuchan deberán de marcharse, pero si por fortuna escuchan tres golpes como respuesta, la puerta se abrirá y tras bajar por unas oscuras escaleras, llegaran a un gran salón, un rico candelabro colgara, iluminando con mil y un velas aquel lugar, habrá una sola mesa y cuatro sillas, nada más, y sobre cada silla una moneda de plata esperando, si la toman es que han aceptado en cambio si la dejan, y se giran, para retirarse no se les dañara.

Y que sucedería con el conde, este esperaría hasta el día señalado, de una u otra forma llegarían los mercenarios, algunos de forma siniestra, otras antinatural, pero a cada uno les recibiría el mismo hombre, alto y pálido, encorvado y calvo, con una mirada fría y largos dedos, orejas puntiagudas, cualquiera sentiría repulsión ante un hombre así, pero él les llevara por las iluminadas habitaciones y pasillos, hasta que en un gran salón terminarían, el fuego ardería en una chimenea tan grande que una docena de hombres fornidos hombro con hombro no la podrían llevar, el anfitrión no se encontraría, pero en una larga mesa, deliciosos y suculentos manjares se presentarían, desde jugosas frutas traídas de los lugares más lejanos de Noreth, hasta carne de mil razas, incluso algunas prohibidas y preparadas como delicias únicas.




Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


I Eat Your Brain Muajaja




Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Iosif el Dom Oct 14, 2012 1:07 pm

-¡Hijo de una perra apestada! - gritó el bárbaro mientras salía de aquella taberna. Otro viajero había provocado una pelea y él, accidentalmente, había acabado en medio. El tabernero lo echó por la fuerza, ¡maldita sea! Bueno, al menos había visto a un par de rameras baratas para la próxima vez y había escuchado algún que otro rumor interesante...algo de una Cofradía o algo así, bah, que importaba, seguro que habría dinero por medio y sabía como llegar hasta él.

El bárbaro llevó su gran mano al interior de su zurrón, sacando un trozo de pan mohoso y duro y lo llevó hasta su boca. Masticó el pan con fuerza mientras andaba, eso era mejor que nada.

Había llegado a aquel maldito estercolero como siempre, vagando sin dirección alguna y sobreviviendo a base de cazar o matar a incautos viajeros... como su tribu, pero aquellos días ya eran lejanos. Recordaba la nieve y el frío de los glaciales azotando su cuerpo, y las hembras hermosas que había en el Norte, con esa tez pálida y esos senos enormes. Aquella matanza había marcado para siempre a Iosif, pero él seguía siendo un bárbaro, seguía siendo el último de su tribu. Seguía siendo un superviviente, y como siempre, haría lo necesario por sobrevivir, y como siempre, sobreviviría.

Sus pensamientos se vieron desviados, una puerta de madera lo atrajo y fue, caminando, hasta ella...¿cómo era lo que había oído...? Se apoyó junto a la puerta, meditando, no tenía buena memoria... sus pensamientos lo absorbieron otra vez, ¿hace cuanto tiempo que no probaba a una mujer? Ya iba siendo hora, a lo mejor, si viera alguna por los caminos...
¡Ya lo tenía! Tres golpes.

Se acercó a la puerta y dio tres golpes.
La puerta se abrió misteriosamente y Iosif llevó la mano a la empuñadura de su espada, como precaución.

La habitación apestaba a humedad, vio las sillas y se acercó a una de ellas...¡una moneda de plata!

La cogió con cuidado, allí había otras cuantas más, así que se sentó en la silla y esperó a alguien, mirando atentamente al marco de la puerta que se había cerrado, alerta, siempre alerta.

Llevó otra vez su mano al zurrón y cogió un trozo de cecina seca, la mordió, ¡vaya, eso parecía cuero!
Esperaba que los otros que vinieran tuvieran comida de la buena, ¡y alguna mujer que vender! Sus ojos observaron la estancia, más lúgubre imposible... ¿Y si fuera una trampa? ¿Y si...?

Los pensamientos viajaron otra vez a las mujeres norteñas y a la buena comida...que más dará morir hoy que mañana, su tierra siempre estaba con él, en su corazón.

El bárbaro rió de forma fuerte y estruendosa y siguió mordiendo la cecina. Que vinieran los mismísimos diablos, él estaba tranquilo.
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Iosif

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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Oct 15, 2012 11:15 pm

Ah... Zhak'Thrûgond... Había vuelto por última vez a la capital, acompañado por Naerys y una veintena de guardias además de algunos sirvientes, los cuales me ayudarían a llevarme todo lo que allí quedaba. Desde que habíamos conquistado el túmulo, la residencia Kohlheim ya era casi inútil, principalmente por el hecho de que en la capital ya no era bienvenido. No por el pueblo, pues para ellos era un héroe. No para los soldados y sus oficiales, pues para ellos era uno de los mejores miembros del ejército. No. Yo no era bienvenido por la nobleza, por aquellos que su lealtad no era con Zhakhesh si no simple y estrictamente con el rey, el cual cada vez era más evidente que estaba apoyando al Imperio. Eran ellos los que no deseaban que estuviera allí. Si no me habían matado ni me habían ordenado capturar era porque sabían que se arriesgaban a un alzamiento. Mis palabras cada vez habían calado más hondo en la sociedad zhakheshiana, y ellos no habían podido impedirlo a tiempo.

En aquellos momentos me encontraba en mi escritorio, empacando cosas importantes con Naerys y comprobando que no me faltaba nada, empleando para eso el registro que solía guardar. Estaba enfrascado empacando unos documentos cuando de repente uno de los sirvientes llegó a la habitación. Era uno de los más viejos de la servidumbre, pues para cuando yo nací él acababa de entrar al servicio. Ahora ya es un hombre entrado en años, de cabello canoso y rostro arrugado, pero se mantenía en un estado de salud impresionante, pues aún era fuerte y ancho de espaldas. No era tan alto como yo, pero sí más ancho. Sin muchas reverencias, pues mi servidumbre sabía que conmigo no les hacía falta ser especialmente reverenciosos, me tendió la carta:

-Joven, ha llegado un mensajero y te trae esta nota. Parece algo urgente.-

Asentí y le respondí con una ligera sonrisa, algo absorto en mis pensamientos. Rompí el sello carmesí y abrí la carta, y pronto me quedé absorto leyéndola. Lo primero que mencionó que pude reconocer fue el nombre de “Manzinni”, un Duque al que había ayudado hacía tiempo, aunque recientemente murió. Yo fui uno de los muchos asistentes a su funeral, de hecho. Cuando leí lo de la recompensa alcé una ceja. ¿Qué recompensa iba a ofrecerme? Dinero nunca iba mal, aunque me sentiría mal cobrándole un alto precio, un lugar donde instalar un cuartel, eso sí que me resultaría genial, hombres y mujeres, sería algo perfecto.

A medida que mis ojos se paseaban por la carta mi interés fue siendo despertado, pues por aquellas descripciones, y especialmente por el nombre de la ciudad de Aguas Profundas supe que se trataba de los Dracul. Sabía que habían sido repudiado por los mismos que ahora me echaban a mí de Zhak'Thrûgond, ciudad a la que sabía que acabaría volviendo con un ejército, aunque no para llenar de sangre las calles. Al menos, no de la sangre de los inocentes. En todo caso, los inocentes serían los espectadores y jurados de la justicia de los verdaderos zhakheshianos.

Lo siguiente que dijo me hizo asentir silenciosamente. No conocía qué objeto poseían, pero sí sabía que si decía que era algo peligroso debía serlo por fuerza. No lo usaría para vencer la guerra. Para eso me bastaba mi capacidad táctica para reducir al mínimo nuestras bajas sin reducir el número de imperiales que murieran, además de mi poder, que cada vez aumentaba más y más. Cuando finalmente acabé la carta, me quedé unos instantes en silencio hasta que finalmente reaccioné, quemando la carta. Naerys me preguntó qué ponía en ella, y yo le respondí que debía marcharme. Le resumí lo que decía la carta, y le dije que iría yo. En un principio quiso acompañarme, pero mis palabras la convencieron:

-Naerys, esta carta iba dirigida especialmente hacia mí. No puedo llevarme a los Cuchillas a ella, ni siquiera a ti. No te preocupes, no tardaré mucho en volver, y dudo que tenga problemas, y aún en el caso de que al final fuera más peligrosa de lo que parece, te necesito hostigando a los imperiales y manteniendo a los Cuchillas organizados. Hasta que vuelva, Shasta y tú quedáis al mando. Yo parto ya... Acaba de recoger lo que puedas y volved al Túmulo. Yo volveré lo más pronto posible. Hasta pronto, Naerys. Te amo. Y te aseguro que te traeré algún regalito.-

Horas después, me hallaba a lomos de un caballo, preparado para el viaje. Tuve suerte durante esos trece días de marcha, pues no me topé con ningún enemigo, y gracias a mi capa pude pasar desapercibido. Nadie sabía que el jinete con armadura de mallas y placas cubierto por una capa era nada más y nada menos que Khaelos Kohlheim. Había decidido prescindir de llevar a mis tropas por el simple hecho de que eso me haría más visible, y no podía arriesgarme a toparme con patrullas de imperiales. Finalmente llegué a Aguas Profundas, y al llegar a la puerta de la ciudad, los guardias me dieron el alto. Manteniendo mi rostro oculto por el yelmo, cuando el guardia me preguntó quién era, me acerqué a él y le respondí en voz baja:

-Soy el Conde Khaelos Kohlheim. Vuestro señor me ha llamado hasta aquí. Preferiría que se mantuviera mi llegada en secreto y que se me llevara cuanto antes ante el Lord de esta ciudad.-

El soldado asintió y me dejó pasar, indicándome hacia dónde quedaba el castillo del conde. Había llegado justo en el tiempo que el hombre me había pedido en su carta, y seguramente para cuando mi caballo se detenía frente a las puertas del castillo el hombre ya sabría que yo estaba allí, y así era, porque nada más llegar un ser más bien repulsivo me indicó que le siguiera. Le encomendé el caballo a un mozo de cuadra, colgué mi escudo de la espalda y me quité el casco y la capucha de mallas, llevando el yelmo bajo el brazo izquierdo. Tras unos minutos de seguirlo, me llevó finalmente ante el conde en la biblioteca, y una vez allí lo saludé con el típico saludo entre nobles, puño derecho sobre el corazón:

-Me has llamado y he acudido, lord Dracul. ¿Qué deseas que haga por ti?-

El noble me explicó qué era lo que requería de mí, y una vez acabó y hablamos sobre la recompensa, le dije que me bastaría con adherir aquella ciudad y a él como aliados de los Cuchillas Carmesíes, proporcionándonos un sitio desde el que poder operar en esas lindes y, de paso, soldados cuando necesitáramos combatir contra los imperiales. Además, era una ciudad costera, de modo que podría convertirse en un importante enclave comercial y un lugar desde donde iniciar una armada, amén de que sería un buen puerto para la flota de Lord Bastian. Por lo demás, lo que el conde Dracul pedía no era descabellado, y al menos para mí era posible ayudarle siendo solo yo. Sí, definitivamente le ayudaría, así que aguardé a que fuera el día siguiente para poder entrevistarme con los nuevos reclutas.
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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Ferenc el Mar Oct 16, 2012 5:37 am

Hacían pocas semanas que mis pasos habían bajado de las montañas Drakenfang y me dirijian hacia Zhakesh. Como era usual en mi, no había rumbo, no había una dirección, ni un objetivo especifico. Era caminar, buscar, preguntar, trabajar y subsistir de la forma que se pudiese.
La vida que había escogido muchas veces me parecía un verdadero asco, pero la sensación de libertad no se podía comparar con nada que se pueda llegar a sentir de otra forma. Viajar, no tener a donde ir y que el destino sea tu guía, eso era lo que yo llamaba "Libertad".

Por suerte, mientras andaba con paso lento por las llanuras de Zhakesh, no tuve demasiados percances. Alguna ocasional banda de bandidos que deambulaban en busca de viajeros despistados se cruzo en mi camino, pero pude sortearlos antes de que sea demasiado tarde escondiéndome y fundiendome con el paisaje. No era un gran maestro del sigilo ni mucho menos, pero los bandidos no tenían mucha pinta de cazadores furtivos que digamos, por lo que pasaron sin notar mi presencia. Dos días fueron los que pase andando sin encontrar un techo o un lugar donde encontrar cobijo. Mis piernas empezaban a pasarme factura por la larga caminata y empece a depender mucho de mi bastón para andar, como si de un viejo anciano se tratase.
Al segundo día, poco después de el mediodía, me lleve una ligera sorpresa. Espero que se entienda el sarcasmo cuando digo "ligera".
A lo lejos, pude distinguir dos figuras. Una de ellas parecía ser una persona, tumbada sobre el suelo, al parecer en un estado de inconsciencia profundo, y junto a la persona, una bestia parecida a una gran lagartija, animales a los que normalmente observe ser usados como monturas por los orcos. La curiosidad me embargo totalmente y decidí acércame a mirar, con la ilusión de que aquella figura se tratase de un viajero muerto del cual pudiera obtener algún beneficio.
Lentamente acerque mis pasos hasta el lugar donde se encontraban estos dos seres.

Descubrí con asombro que el individuo que se hallaba tendido sobre el suelo, se trataba de un orco, ya muy anciano, con los ojos abiertos y sin vida mirando hacia el cielo. Sangraba por diferentes partes del cuerpo, al parecer causadas por un arma punzante. Deduje al instante que los bandidos que antes me había cruzado, habían acabado con la vida de el y se habían llevado todas sus pertenencias, ya que no se veía ni bolsos ni nada, solo el y la bestia. La sangre fresca manchaba la hierba de alrededor de su cuerpo, por lo que deducía que no había muerto hacia demasiado tiempo.
La bestia que estaba a su lado, acercaba su cabeza hacia la del orco muerto con intención de reanimarlo y luego la volteaba hacia mi. Hizo este gesto repetidas veces mientras yo lo miraba fijo, manteniendo una cierta distancia prudente y aferrándome a mi bastón. Luego de unos momentos, decidí acercarme y con cautela le acaricie la cabeza a la bestia, la cual parecía mansa como un gato domestico a pesar de su tamaño. No era un animal para la guerra sin duda. ¿Que iba a hacer con el? Quizá podría usarlo como montura ya que llevaba una pequeña silla de montar -algo rustica- sobre su lomo. Rebusque en mi bolso de viaje y extraje un trozo de carne seca que conseguí en uno de los últimos poblados que había visitado. Se lo extendí muy despacio hacia el reptil para que lo tomara y en cuanto el animal acerco la cabeza hacia mi mano, solté la carne antes de quedarme sin una mano, ya que la bestia la habría engullido rápidamente.
El animal trago, hizo una seguidilla de ruidos extraños y luego se me acerco con total confianza, queriendo mas comida.
Reí entre dientes y le volví a acariciar la cabeza al gran animal, que a pesar de su aspecto, era mas inofensivo de lo que parecía.
Volví la vista hasta el cadáver del orco y decidí que me llevaría a ese animal, después de todo, el orco ya no lo necesitaría.

Me volví hacia la bestia y me prepare para intentar montarla. Con algo de dificultad me subí a la silla de montar y trate de mantenerme firme sobre ella, ya que la montura carecía de estribos. Lentamente comencé a dirigir a la bestia hacia el sur, que era el camino que yo estaba tomando. Al principio, con algo de desconfianza, el animal amagaba a tirarme de su lomo, pero luego de unos momentos se calmo y con un paso lento dejo que yo le indicara hacia donde ir. Había sido un gran alivio para mis piernas y un gran golpe de suerte encontrar a aquel animal en el medio del camino.
Pero al parecer el día no estaría finalizado de sorpresas. Aun faltaba una mas, y esta, era un poco mas curiosa que antes.

Estaba cercano el ocaso cuando a lo lejos, un jinete apareció, y en cuanto me vio, apresuro el paso de su caballo hasta alcanzarme. Tal fue la rapidez con la que estuvo enfrente mio, que no hubiera tenido sentido indicarle al lento reptil que virase y esquivemos al desconocido que ahora nos hacia frente.
Pero este desconocido no se mostró para nada hostil, a pesar de que me puse en guardia y levante mi bastón hacia el, apuntando justo a su pecho con la intención de hacerlo caer si tenia malas intenciones para conmigo. Al contrario, el hombre saco un curioso sobre y me lo extendió sin mediar palabra. Asombrado, me acerque y tome el sobre rápidamente y con un movimiento brusco. En cuanto lo tuve en mis dedos, el jinete dio media vuelta en su caballo y se fue por donde vino.
¿Quien y porque me enviaría una carta a mi? Justamente a mi, que era no nada mas que un pobre y vagabundo mago errante.

Abrí el sobre y mire en su interior haciendo caso omiso al extraño sello que no logre reconocer. Con cierta sensación de emoción leí el contenido de la carta. Era desconcertante, todo lo era. ¿Porque yo? ¿Como demonios... ? Nada tenia sentido. En mi vida había estado en Aguas Profundas, aunque había oído hablar sobre la ciudad y mas o menos tenia una idea de como llegar. Pero... ¿Porque? Todo era muy extraño, pero me embriagaba la sensación de querer saber sobre este Conde... Eliseus Dracul, sobre que quería de mi, sobre como me conocía. Por mas sospechoso que pareciera, no podría resistirme.

Le acaricie la cabeza a el reptil sobre el cual estaba montado mientras que con la otra mano me guardaba la carta en el interior de la túnica.
- Parece que vamos a Aguas Profundas, muchachote. Llévame y te ganaras otro trozo de deliciosa carne seca -dije, en tono burlón, como si el animal entendiera lo que estaba diciendo. Cuando uno esta tanto tiempo sin hablar con alguien, hasta un animal puede ofrecerte una buena conversación.

No se si mi viaje duro entre cuatro o cinco días. Viajaba durante el día, y durante la noche descansaba junto con mi nuevo compañero de viaje al cual había apodado como "Boltz".
Fue realmente triste cuando tuve que despedir a mi compañero cuando por fin llegamos a Aguas Profundas. Había decidido que no era la mejor idea entrar con Boltz a la ciudad por lo que lo deje libre a las afueras, esperando que no tuviera problemas.
Los guardias me frenaron y me pidieron que me identificase. La capucha de la túnica ocultaba la mayor parte de mi rostro entre sombras, por lo que me la quite y les mostré la extraña carta junto con el sello.

-Fui citado aquí por el Conde Dracul. -fueron las secas palabras que salieron de mi boca mientras sostenía la carta. El guardia me señalo rápidamente donde se ubicaba el castillo y me dejo el paso libre a la ciudad. Volví a calarme la capucha y me adentre en la ciudad. Cuando llegue al castillo, no necesite llamar a la puerta, cuando un ser extraño me abrió la puerta y me dejo el paso libre. No emitió una palabra y me guió hasta el interior del castillo, lo seguí con paso cauteloso. Mi forma de vida me había enseñado a desconfiar de todo y de todos, en especial si alguien tenia el aspecto de ese curioso "mayordomo".
Este tipo me condujo a una especie de gran salón, donde se hallaba una mesa larga repleta de diferentes tipos de manjares, no había ni un alma en esa gran sala. Era mucho mas lujo del que yo presenciaba en muchos años por lo que mis ojos se abrieron como platos al ver todo eso. Me quede parado cerca de la mesa, mirando a mi alrededor el decorado del lugar, totalmente desconcertado y perdido, sintiendo que mi andrajosa túnica desentonaba "un poco" con ese sitio.
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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Sheoldred el Mar Oct 16, 2012 2:30 pm

La fama que Sheoldred había adquirido a lo largo de los pantanos había alcanzado rincones que ni ella misma había imaginado, rincones de los que solo sabía de su existencia por viajeros y presas moribundas que en su lecho de muerte habían mencionado sus nombres. En parte esto era bueno para la tejemuertes, demostraba que sus metas iban por buen camino y que sus enemigos empezaban a darle su lugar.

Pero algo le preocupaba a la tejemuerte, su guarida, su madriguera, alguien sabia donde tenía a sus niñas, sabían dónde encontrarla y eso le preocupaba, el hecho de que un humano supiera cómo llegar le causaba cierto estrés y un poco de nerviosismo, sus esfuerzos por mantenerse oculta se veían mermados de alguna forma, quizá alguna ser supremo con el poder divino de mirar desde los cielos le había jugado en su contra develándole su ubicación a algún afortunado o desafortunado ser que por alguna causa se acercaba al centro de sus dominios.

Gracias a una fuerte alianza con las arañas del pantano Sheoldred podía enterarse de quien se aproximaba, las arañas tenían un pacto con ella, siempre y cuando no las traicionara estas le ayudarían si algún ser le atacaba mientras estuviera en la madriguera, desafortunadamente la madriguera no era muy grande y solo tenía esta protección en un par de hectáreas que dominaban las arañas.

Dentro de este coto de caza se encaminaba un sujeto que vestía muy inadecuado para la ocasión, ropas muy elegantes para ser un viajero perdido, además de traer consigo un caballo que se le oponía a seguir caminando por entre las maltrechas ramas y raíces del fangoso piso del pantano, el mensajero no pasaba de los 30 años, un hombre débil de cuerpo, tenía las extremidades inferiores llenas de lodo y el sudor le bañaba la cabeza y oscurecía el cuello de su camisa desabrochada y que a pesar de estar en un pantano parecía preocupado de ensuciar su uniforme.

Cerca del tipo dos pequeñas arañas lo observaban, no para atacar pues eran de las más pequeñas y solo servían de simples mensajeras que se comunicaban con Sheoldred por medio de vibraciones en las telarañas que ella tejía. Así que sin perder más tiempo dieron aviso a la tejemuerte del forastero.


-¿Un humano… qué coño hace aquí?, bueno da igual, solo enrédenlo y tráiganlo ante mí- ordeno la tejemuerte sin mucho interés por el mensajero de la ciudad de aguas profundas. Acto seguido una veintena de arañas más o menos grandes salieron en dirección a donde habían detectado al humano.

El pobre y desafortunado mensajero caminaba en busca de la tejemuerte sin tener idea de lo mal que estaba a punto de pasarla, seguía caminando sin poder avanzar demasiado y con un caballo necio que se negaba a seguir avanzando por tan mal terreno, de pronto una firme telaraña de un meñique de diámetro le golpeo y se pego en su pecho, inmediatamente otra más le golpeo en la espalda, el pobre mensajero intentaba quitárselas de encima pero mientras más se movía mas se le pegaban las telarañas al cuerpo, el caballo al ver el ataque intento huir pero sufrió la misma suerte que su amo, en menos de un minuto ambos tanto caballo como jinete estaban enredados en un firme capullo de telaraña que entre todas las rañas y con cierta dificultad empezaron a transportarlo a donde se encontraba Sheoldred.

Sheoldred permanecía quieta, echada sobre una de sus telarañas y disfrutando de la carne de un humano joven y de carne tierna que tenía reservado en un capullo para un refrigerio durante un día que la flojera fuera tanta como para cazar o salir a revisar sus trampas instaladas en todo el pantano, degustaba poco a poco con su boca humana de un buen trozo de brazo desgarrando la carne cruda con sus afiladas uñas y enterrando sus dientes para facilitar más aun la tarea, la sangre le escurría como si de saliva se tratara o como el agua que escurre al tomar con tanta rapidez.


-Oh ya han llegado, eso fue muy rápido- dijo la tejemuerte y arrojo el brazo al grupo de arañas que habían traído al mensajero, estas rápidamente se pelearon por el premio como perros para que al final cada una consiguiera una pequeña porción de su carne.

-¿Que es ese otro capullo tan grande?- pregunto la arácne mientras se acercaba para ver mejor, su sorpresa fue tanta al ver que era un caballo blanco que se confundía con el color de la telaraña, rasgo un poco el capullo y vio que el caballo empezó a moverse para soltase.

-¡HIJAS MIAS, HOY COMERAN TODAS, DISFRUTEN DE LA MONTURA DEL HUMANO!- grito la tejemuerte tan fuerte que su voz resonó por todo el pantano – ¡AL HUMANO NO LO TOQUEN ES MIO!- Añadió de la misma manera que antes pero con mas tono de autoridad.

Sheoldred observaba muy contenta y sonriendo de lado a lado como sus fieles aliadas devoraban poco a poco al pobre e inocente caballo, la sangre que las arañas hacia brincar había saltado hasta la cara de la tejemuerte y esta simplemente permaneció sonriendo aun mas.

-Humano tonto… no pareces un viajero perdido y es obvio que no transitabas por un camino pues mi guarida solo la encuentras si te pierdes o si sabes donde esta, responde bien a mis preguntas porque tu vida dependerá de lo que salga de tu impúdica boca- dijo la arácne mientras acercaba su cuerpo humano al capullo que apresaba al mensajero. Sheoldred se mostro hábil con las palabras, sabia como engañar a la gente y su aspecto era un plus para distraerlos y lograr más fácilmente su enredo, a esto le sumamos que el pobre mensajero se veía rodeado por un centenar de arañas ansiosas de carne, nos daba una presa fácil para ser atemorizada y engatusada por la tejemuerte, y si ella se apiadaba de el lo dejaría con vida por el simple hecho de que Sheoldred acababa de comer y su apetito se veía satisfecho en ese momento.

-Mi lady, soy Neithan, hijo de Diego de Aguas Profundas, soy emisario del lord Eliseus Dracul, y mi única tarea es entregarle esta carta- dijo el pobre mensajero que a base de mucho esfuerzo logro agitar la mano donde tenía la carta aun sellada, la tejemuerte vio la carta con cierta curiosidad y un poco de inseguridad y rápidamente se la arrebato con una mano.

-blablabla, conde, blalblabla, aguas profundas… interesante, mas blablablá, oro, que te parece que yo haría con oro, seguramente iría a sus antihigiénicos mercados a gastarlo en comida, o a sus joyerías a comprarme aretes y lucirlos en sus eventos de alcurnia- alegaba en voz alta la vieja araña

-Mi señora, el conde Eliseus puede pagar otras cosas aparte de oro- insistió el mensajero que no parecía temer por Sheoldred ni sus aliadas.

-Supongo que algo he de poder negociar con el- Sheoldred hizo señas a unas arañas y estas rápidamente empezaron a deshacer el capullo del humano. –Mensajero, usa tu uniforme como estandarte, me llevaras a tu ciudad y serás mi heraldo- Sheoldred tomo dos ramas grandes y fuertes y fabrico con ayuda de su telaraña un estandarte improvisado y se lo arrojo a las ahora libres manos del mensajero. Este se quito rápidamente el saco con adornos y lo coloco dejando ver su pequeña capa para que el escudo de su ciudad estuviera a la vista de todos.

Sheoldred por su parte tomo su capa mas grande, era obvio que ella misma la había remendado muchas veces y que no era la original pues tenía muchas añadiduras, para empezar su tamaño pues cubría la mayor parte de cuerpo dejando solo ver las patas de araña y nadie tenía capas tan a la medida de la arácne.

Unos minutos después, ambos, tanto Sheoldred como el mensajero estuvieron listos para partir, tuvieron que atravesar todos los pantanos Swash, parte de las llanuras de Eódhaim y finalmente a la desolación de Zhakhesh. Tardaron cerca de dos días en atravesar medio reino para llegar hasta la ciudad del conde Eliseus Dracul, el pobre mensajero venia deshidratado, moribundo y sin ánimos de vivir y Sheoldred parecía haber caminado de una esquina de la ciudad a la otra, como si la caminata no le hubiese afectado.

Desde las torres de guardia de la ciudad los guardias se percataron de la llegada de su mensajero portando un estandarte con su propio uniforme y un banderín blanco adjuntado detrás, detrás de él caminaba muy orgullosamente una tejemuertes, con la mirada puesta al frente, sin bajarla ante su llegada, parecía ser la llegada un noble cualquiera, y aun mas atrás de ella caminaban en fila cuatro arañas, que se detuvieron justo en la entrada de la ciudad, los guardias rápidamente apuntaron sus arcos a la tejemuertes y se negaron a abrir la puerta.


-En nombre de la honorable ciudad de Aguas Profundas, te damos la vida a cambio de que te largues de aquí- grito el que parecía ser el oficial a cargo de la entrada.

-Soy mensajero de tu lord, el señor Eliseus Dracul, y el me a pedido que trajera a mi señora…- Respondió rápidamente el mensajero sin importarle que su boca estuviera muy reseca y pegajosa.

Pasaron unos minutos, y las puertas se abrieron de par en par, Sheoldred hizo una seña con su mano y el mensajero empezó a caminar por las calles de la ciudad con rumbo hasta la casa de su conde. Era de noche, pues Sheoldred había ordenado al mensajero que tenían que llegar exactamente a la primera hora de la noche del día acordado para la cita.

Su paso por la ciudad hasta el palacio del conde fue de lo mas bizarro que pudieran haber visto sus habitantes, una tejemuertes de dos metros y medio caminando altivamente por sus calles durante la noche y saludando a la gente que la veía desde sus ventanas como si de una heroína se tratase no era algo muy bonito de ver, muchos simplemente cerraban sus ventanas al ver que les saludaban, otros corrían despavoridos por las calles en busca de un refugio, y otros se quedaban pasmados por la escena.

Cuando Sheoldred llego al palacio un alto y encorvado hombre le abrió la puerta, a pesar de su mala apariencia este se sorprendió un poco al ver a la tejemuertes pero sin hacerse hacia atrás ni discriminar a su invitada la dejo entrar y la guio hasta un comedor en el que ya le esperaba un gran banquete de bienvenida. Sheoldred repaso con la mirada la mesa sin prestar atención a que alguien estuviera presente, ignorando por completo al humano que se encontraba en la habitación, esta simplemente miro toda la comida y detuvo la mirada sobre un plato con una carne muy rara de ver en una mesa humana, feérico, carne de hada, Sheoldred se apresuro a tomar unas tres hadas completas, cuando la arácne dio el primer bocado se dio cuenta de que estaban cocidas ¿Cómo? No lo sabía, pero algún cocinero las había arruinado, era obvio que la carne sabía mucha mejor cruda, regreso la comida a la mesa sin importarle lo poco higiénica que fuera esa acción y siguió observando la comida mientras que a su anfitrión se le daba la gana hacer acto de presencia.







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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Spider Demonsprite el Mar Oct 16, 2012 8:25 pm

Spider caminaba distraído por las lindes de un bosque, en teoría pronto llegaría a una ciudad humana, que pese a no oler muy bien según su gusto, podía servirle para encontrar algo interesante que hacer mientras se planteaba que hacer respecto a su tediosa búsqueda que había caído en una interminable lista de pistas falsas, rumores infundados y algún que otro dato exagerado.

Medea estaba contenta, había capturado a un par de ardillas o ratones y ahora descansaba en el bolso de Spider realizando la digestión encima de sus bártulos, era algo más de medio día y ya había comido y descansado durante un tiempo bajo un pequeño pero grueso sauce llorón. Por lo que el camino ahora era más ameno, seguía bajo el amparo del bosque y se sentía seguro debido a esta protección, cada vez acuñaba más la expresión de “mi casa esta donde pueda dejar mis cosas para descansar”, especialmente si era un bosque, se sentía mucho más seguro, por eso lamentó el tener que abandonar las protectoras copas de los árboles al vislumbrar en la distancia lo que parecía un asentamiento próximo al mar.

-Medea vamos a la ciudad, así que no salgas de la bolsa. Ya sabes, los humanos son muy alarmistas y van a pensar que quieres comerte a uno de sus hijos o algo así-Dijo levantando el bolso y metiendo la cabeza dentro para ver a Medea, aunque esta simplemente siseó e ignoró a su amigo, volviendo a dormir.

El camino por la llanura se le hizo bastante corto, había caminos pero él prefería caminar por la hierba, así que sin darse cuenta llegó a la entrada de la ciudad, la gente estaba atónita, cosa común ya que los feéricos eran algo similar a una feria ambulante individual. Buscó un sitio donde sentarse cuando de un establecimiento cercano comenzaron a escucharse ruidos y chillidos. Spider se recostó sobre la pared de enfrente, desde las ventanas podía ver una refriega en toda regla, cosas de humanos.

Al poco tiempo la gente comenzó a salir, sangre, ojos morados, arañazos e incluso alguna herida que podría llegar a ser grave en caso de no tratarse, por su experiencia sabía que era mejor esperar en la distancia y acercarse a alguien que necesitase ayuda, sino podrían ponerse feas las cosas. Justo al poco tiempo de pensar eso un hombre se desmayó sobre el barro, a los pocos minutos Spider estaba dándolo la vuelta ya que había caído boca abajo y aplicando sus conocimientos de magia en un traumatismo en la cabeza que seguramente había dañado zonas importantes. Gracias a esta intervención el hombre recuperó la conciencia algo aturdido.

-Buenos días, después de recibir un golpe en la cabeza te desmayaste, solo te he ayudado a recuperar el control sobre ti mismo y acelerado la curación de tu cabeza-Dijo Spider sonriente.

-Bueno ¡DÍA! Agradezco cabeza. Buscar puerta, allí, allí, tres toques-Dijo el hombre aun convaleciente y con pocas posibilidades de recuperar toda su capacidad mental pese a la intervención de Spider.

-Bueno, vale, vale. Ahora llamo a tus amigos-Dijo Spider levantándose.

Se acercó a la puerta que el hombre había señalado, una madera mohosa, unas visagras oxidadas, un acto perverso para un árbol. Sin embargo Spider golpeó tres veces la puerta y esperó, giro la cabeza para mirar al hombre que se había desmayado y ya no estaba, atónito escuchó tres golpes provenientes de la puerta y esta se abrió.

La expresión “la curiosidad mató al gato” se podría aplicar a esta situación porque por mera curiosidad Medea salió de la bolsa y se adentró en la oscuridad, Spider, resignado, la siguió. Tras bajar las escaleras vió una sala con un caldero al fuego, una mesa con un hombre sentado y a Medea siseando en la esquina del primer peldaño.

-Eres muy curiosa-Dijo recogiéndola y metiéndola por la manga de su túnica-deberías de compórtate bien y no ir sola, mira a lo que me has arrastrado.

Sin embargo se acercó a la mesa y escaló por una de las sillas, su cabeza asomaba justo por encima de la mesa. Delante de él había un hombre con actitud ruda que parecía perdido en sus pensamientos y a pocos centímetros una moneda, no es que le gustase el dinero, lo consideraba innecesario, pero esa moneda brillaba y a Medea le encantaban las cosas brillantes por lo que siseó y Spider comprendió que debía cogerla. El hombre tomó conciencia de la presencia de Spider, él simplemente se sentó y desapareció de su vista, no sería el primer demente que pensaba que si comía carne de hada conseguiría comunicarse con espíritus o hacer más fértil el suelo en el que orinaba.

-Hola humano, soy Spider-Dijo tratando de adivinar las intenciones del desconocido.
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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Grenn Melenargenta el Sáb Oct 20, 2012 2:00 pm

Zhakhesh, aquel sitio donde el mal se respiraba por todos lados. Lugar donde muchos se contaban muchas historias malignas sobre crímenes atroces y ritos malignos. Era un lugar siniestro, especialmente para un hombre lobo, cuyo instinto animal les decía que debían evitar aquel lugar todo lo que pudieran. Pero el caso de Grenn era un caso único dentro de la especie. El licántropo albino cuya frialdad era tal que era capaz de ignorar casi completamente sus instintos animales fue capaz de adentrarse en el reino de Zhakhesh casi sin problemas. El único "síntoma" del miedo animal que presentaba al adentrarse en dicha región fue un tenue erizamiento de los pelos de la nuca y algún que otro escalofrío, pero nada que le hiciera detenerse.

En esta ocasión, había algo más que su personalidad para acallar la parte animal del peliblanco. En su pasada por la Ciudad Esmeralda, había escuchado en una taberna una conversación muy interesante acerca de un grupo de mercenarios con una bandera roja con un símbolo amarillo bordado en la región de Zhakhesh. Era una probabilidad remota de que se tratasen de los que hacía dos años habían matado a su manada, pero no podía dejarlo pasar. Durante estos dos años de búsqueda había seguido numerosas pistas como aquella, y había dado con distintos grupos cuyo emblema era rojo y amarillo, pero nunca como el pañuelo que encontró aquel fatídico dia, además de otras pistas que no llegaban a ningún lado. Pero su ansía de venganza le hacía seguir adelante, deseando torturar hasta la muerte a aquellos que le habían quitado a su familia y su vida.

La primera localidad que visitó en la región fue Malik Thalish. Preguntando por las tabernas de la ciudad por la existencia de unos mercenarios en la región, obtuvo una información interesante sobre La cofradía, un grupo de asesinos asentados en la ciudad y cómo llegar a su morada. El licántropo buscó por la ciudad la puerta desgastada de la que le habían hablado y llamó a la puerta como le habían indicado en la taberna: dando tres golpecitos rápidos a la puerta con el dedo anular de su mano derecha. En escasos segundos, escuchó otra vez tres golpes al otro lado de la puerta y entonces aquel pórtico se abrió. La puerta daba a un pasillo oscuro con unas escaleras que descendía. Era fácil para un hombre lobo el ver en la oscuridad, era lo único bueno del sentido de la visión de la raza, ya que estaban condenados a una vida de blanco, negro y grises. A medida que descendía, la iluminación de las escaleras empezaba a aumentar, proveniente de una habitación cercana con mucha luz. Entro en dicha habitación, y vió a dos personas en el interior alrededor de una mesa con cuatro sillas situadas en las cercanías de la mesa. Una de las dos personas emitía un olor a árboles, y el segundo apestaba a los hedores humanos como sudor. Sin decir palabra alguna, fue a sentarse en una de las sillas libres, y sobre dicho asiento encontró una moneda, a la cual echó mano rápidamente para guardársela en la manga. En cuanto su piel rozó aquel metal, supo con certeza de que se trataba del metal argénteo que tanto les dañaba a los de su raza. Estaba mejor en su manga que en manos de cualquiera que pudiera usarlo a modo de arma en su contra.

En cuanto a los otros dos, no hizo ni el mínimo gesto de atención hacia aquellas personas. No le interesaba para nada lo que pudiesen contar, tenía que averiguar todo lo que pudiese acerca de esta "sociedad" de asesinos, tal suerte de localizar a un grupo de mercenarios que buscaba gente para una misión era algo realmente inusual. Si se trataba de aquellos a los que buscaba, se infiltraría en la sociedad justamente gracias a la misión y acabaría con todos uno a uno; si no lo eran, se llevaría el bolsillo cargado de monedas. En cualquier caso, Grenn saldría ganando.
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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Silence el Dom Oct 28, 2012 4:10 am


-E… ¿estás segura de que era por aquí?- Un gato cuyo pelaje brillaba como la misma noche caminaba agazapado entre los árboles, mientras una chica de pelo negro le acompañaba, esquivando ramas y troncos en el suelo. –Si Zeta, estoy segura- dijo en un tono de voz muy bajo, casi como un susurro. En parte estaba acostumbrada a utilizar ese tono, en parte era una forma de evitar que cualquier cosa indeseable pudiera escucharla. Evito un par de enredaderas llenas de púas que crecían descontroladamente en aquel bosque… dos días sin encontrar el camino correcto al pueblo. Dos largos días sin llegar al punto donde se suponía recibiría un mensaje. Era difícil para ella encontrar un trabajo, así que de vez en cuando agradecía la oportunidad, sin embargo, una vuelta errónea y estaban completamente perdidos. Ella no lo admitiría porque eso significaría reconocer que podría morir en ese sitio y en estos momentos, Silence no lo aceptaría jamás.

-Ayuda…- Tanto la joven felinus como su mascota se detuvieron de pronto. Ambos habían percibido aquel débil sonido. Pasaron largos segundos que les hizo pensar que era una alucinación conjunta. Comenzaron a andar, esta vez más lento… -a…yuda…- aquel tono fue más lastimero que el anterior y mas ronco. Esta vez, a pesar de que fue más débil Silence pudo identificar perfectamente de donde venia. Dándose la media vuelta observo el bosque detenidamente. Miro hacia la copa de los arboles, ramas, hojas… izquierda, enredaderas con púas, rosas y espinos… césped y arbustos… derecha, árboles, arbustos, lianas, hueco cubierto por arbustos llenos de espinas de 1 cm de alto con un hombre atrapado en enredaderas, flores lilas… espera, ¿un hombre? Silence se acerco al de prisa, perdiendo inmediatamente la voz. Frunció el ceño, tomando la pizarra escribió un escueto -¿necesita ayuda?- el hombre no pareció siquiera percibirla porque volvió a quejarse –no se vayan…- murmuro débilmente. Silence miro a Zeta para luego suspirar, agradecer que usaba guantes gruesos ese día y con uno de sus sais comenzó a cortar aquella liana -¿Cómo se metió aquí?- pensó la chica, mas no pudo preguntar hasta que logro sacar al hombre de aquel sitio. Arrastrándolo, no pudo evitar golpear su cabeza contra un tronco –auch- dijo Zeta mientras rodeaba a Silence y al pobre sujeto. Una vez que pudieron llevarlo hasta una zona con césped un tanto más blanda, la chica se arrodillo delante de él. Acerco su oído a sus labios, tratando de sentir su respiración –Vive- articulo sin voz hacia Z. El felino asintió, echándose junto a ella. Con un suspiro, Silence tiro de las mangas de su chaqueta hacia atrás, colocándolas sobre el rostro del sujeto, que tenía bastantes rasguños y heridas. –Veamos…- pensó un segundo antes de cerrar los ojos y comenzar a tararear una canción de cuna. Sus manos fueron envueltas en un aura plateada que rodeo al hombre y poco a poco sus heridas sanaron, cerrándose y refortaleciendole. Finalmente, había sanado. La joven respiro profundo, abriendo los ojos para mirarle bien… ¿Quién seria y de donde vendría?

Con curiosidad paso el dorso de su mano por su frente, sus orejas se movieron juguetonamente mientras ladeaba la cabeza. De pronto el abrió los ojos y la miro –un ángel…- murmuro el hombre. Silence miro a Z y no pudo evitar sonreír. Tomo la pizarra y escribió –“jajaja *carcajada sonora* no, soy simplemente una chica que lo encontró. ¿Esta usted bien? ¿Cómo llego aquí?- El hombre observo la pizarra y sonrió encantadoramente. –bien señorita… usted es…- entonces el reparo en las orejas y miro su cola alrededor de la cintura, sujeta como cinturón. -¡Es usted! El felino que debía encontrar… ¡la Horigë!- Silence miro a Zeta y luego al hombre confundida. Borro la pizarra y volvió a escribir -¿?- el asintió tomando el sobre que llevaba, mostrándolo a la joven.

“Mi estimado/a.

Quizás encuentre extraño que me dirija hacia usted, de nada me conoce y jamás me ha visto, pero sepa que yo sí, he visto sus cualidades y atributos, he conocido sus capacidades y también sus posibles anhelos. Soy el conde Eliseus Dracul, de seguro desconoce tanto mi nombre como mi título, ambas cosas me son de total despreocupación, en cambio si estoy dispuesto a pediros un pequeño servicio, pero surge la duda ¿Por qué un hombre extraño me pide algo de esta forma?, esa duda será contestada a su momento, pero ahora le digo, su pago si lo acepta son 100 monedas de oro, ¿no desea dinero? Pídame lo que desee y si está en mis posibilidades se le serán cumplidos.

Diríjase a la ciudad de Aguas Profundas, le esperare la decimocuarta luna del séptimo mes presente, si acepta mi ofrecimiento, en cambio si lo rechaza, le pido que destruya esta carta y que borre de su memoria mi nombre. Todo será explicado a su debido momento.”

Ella miro la carta y negó con la cabeza. ¿Seria ese el encargo? ¿Acaso seria el mensaje que tendría que ir a recoger? El dinero venía bien… miró a Z y después de pensarlo un momento se puso de pie, tomo un suspiro y asintió, tomando el pizarrón -¡llévame con él! ¿Esta lejos?- el mensajero negó con la cabeza sonriendo –no, no esta lejos señorita… solo esta a cuatro días de camino- y, afortunadamente, tenía el tiempo justo para llegar ahí. Silence miro al cielo antes de escribir de nuevo –menos mal que esta cercas… vamos… Soy Fiora… Aléjate de las enredaderas…- y con una sonrisa juguetona, partieron.

Ahí estaban. Les había tomado su tiempo llegar y por momentos, ella deseo matar al mensajero pues no dejaba de preguntar y hablar. Ella tendía a ser mas silenciosa, sin embargo, fue un buen cambio un hombre que hablaba de sus aventuras como mensajero, de la ciudad a la que iban, de su grandeza y su rudeza, de cómo la fortaleza se alzaba majestuosa y helaba el corazón con solo verla. De las guerras que azotaron aquel reino, del conde que les había pedido entregar el mensaje. De este no supo demasiado, salvo que había muerto su familia y que ahora mandaba a entregar esas cartas. Dijo que tenía que entregar esa carta a un humano con rasgos felinos, pero que él había pensado que era a un hombre y no a una mujer y menos muda. Hablo acerca de la casa del conde y como había ido a decaer un tanto entre las escalas de poder… Silence estaba llena de curiosidad por ver aquel sitio, tratar de conocer ese sitio, encantada por las descripciones. Finalmente, estaban ahí… los ojos de la chica no podían abrirse más grandes porque si no, saldrían de sus orbitas. “-Woooow”- escribió en su pizarra, dirigiéndose junto con el mensajero hasta la entrada. Una vez de pie delante de la puerta, el mensajero toco su hombro y le sonrió –señorita… usted es de las personas más agradables que he conocido. Espero y este viaje sea fructífero para usted…- y, dejándola ahí, toco la puerta.

Estaba nerviosa ¿y si no era ella la persona correcta? ¿Y si la aventura era peligrosa? ¿Y si moría? Zeta salto a sus brazos, abrazándole con fuerza mientras esperaba. Unos segundos después el mayordomo más feo que había visto en la vida le recibió, sin decir nada (gracias al cielo, pensó ella) le dirigió a través de pasillos oscuros hasta un gran salón con un banquete… Mujer y animal olvidaron modales, ni siquiera se fijaron en si había más gente, solamente se limitaron a saltar sobre el buffet. Daba igual si esto costaba la vida o si no era la indicada, comida gratis jamás se rechazaba. Ignoro si estaba vestida bien o no, solamente tomo un plato y se sirvió todo lo que pudo, devorando un jugoso bistec. –Zeta, podría comer esto todo el día- murmuro en voz muy baja, hasta que el felino negó con la cabeza –invitados- murmuro, señalando a un hombre con túnica y a una…. ¡Madre santa de los unicornios! ¡Una araña que comía hadas! Retrocedió hasta estar cercas del chico, sin soltar el plato. Lo miro y con una mueca de preocupación dejo el plato junto a ella en el suelo y escribió –Soy Fiora… y esa chica de ahí me da miedo…- volvió a tomar el plato y a devorar esta vez un jamón, dando un trozo a Zeta. Observo a la araña con curiosidad, frunciendo el seño. ¿Serian los tres acaso llamados a esa misión? No sabía, por lo pronto… ¡la comida estaba tan buena!

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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Zyrxog el Mar Oct 30, 2012 2:43 am

Para obtener algo se debe de sacrificar tiempo y esfuerzo
Para obtener un gran tesoro las trampas deben ser superadas
Para obtener un buen futuro el sudor debe manchar tus ropas
Para seguir con vida, se debe de derramar sangre, ya sea propia o ajena.

Christian Chacana 25 de octubre de 2012

La situación sería similar en dos lugares tan diferentes, como las ciudades donde se iniciarían los preparativos para dos empresas contrarias y que a la vez, estaban llenas de mentiras y engaños, comencemos por el alto noble y sus “guardias”.

El conde había preparado todo, desde el minuto que había enviado las cartas, se había preparado y todo estaba listo para el viaje, ya fuera con la presencia o no de los “invitados” como podría llamársele. En las aéreas mas lejanas del castillo, hombres armados preparaban un carruaje especial, fabricado especialmente para aquel viaje, tras este, cargaban un baúl negro, cubierto de laminas de hierro y metal y de varias cadenas, demasiado llamativo, pero era necesario que estuviera tanto al alcance de la mano si fuera necesario o también lo suficientemente cerca como para ocultarlo si se requería. Los días avanzaron y el conde se preparaba mentalmente para el viaje, si bien su presencia quizás sería más que llamativa para alguno de los invitados, no podía ser de otra forma. Aquella noche se cumplía el decimo tercer día del séptimo mes, entre las sombras una grotesca criatura se mostro, mientras el conde se encontraba en aquella pequeña biblioteca, rodeado de tomos antiguos de magia e historia, el ser abominable se arrastro entre las sombras, sin producir ni un solo sonido, tan solo su respirar casual entre sus colmillos, sus ojos hundidos y su cráneo carente de cabello le daban una apariencia más que desagradable, si no totalmente amenazadora, especialmente porque no se trataba de criatura humana, si no de uno de los malditos, un condenado a existir alimentándose del elixir vital de las venas de los vivos, un vampiro, aunque extrañamente, al servicio del conde, la criatura se detuvo al lado del hombre, mientras este cerraba un libro en sus piernas.

-¿Nuestro invitado a llegado? *apenas susurro*-

-Así es amo, se encuentra en estos momentos esperando que sea invitado al salón *mientras dejaba escapar un aliento putrefacto y acido de entre sus fauces*-

-Bien… hazlo pasar y avísale a “el” que también ha llegado, de seguro no se deseara perder la ocasión de ver al hijo de aquel hombre-

Con una reverencia la criatura se marcho de ese lugar, la puerta no se abrió, si no que como si fuera una sombra, el ser se desvaneció entre la oscuridad que escapaban a las rojas flamas que danzaban en la pequeña chimenea, minutos más tarde, la puerta se abrió y el sonido de metal chocando entre sí fue notorio, el conde levanto la mirada para ver a un joven, quizás no mayor a los treinta años … pero para el conde Dracul, no era más que un simple chiquillo aun. Como era de esperar, el conde de Kohlheim realizo aquel saludo que el propio Dracul había olvidado ya, levantándose de su asiento, respondió con una suave inclinación de su cabeza, muy diferente a lo que el joven conde esperaba, y extendiendo su mano, estrecharon estas. Como el señor de ese lugar, Dracul le ofreció tomar asiento en un sillón a su lado, mientras el fuego era el único sonido de ese lugar, el conde sin tomar asiento tomo el libro que había estado leyendo y con tranquilidad lo devolvió a su estantería, hablándole al joden noble con propiedad siempre.

- Realmente me alegro joven conde que haya podido aceptar mi humilde petición con tanta rapidez, temía que debiera de partir en este viaje sin la compañía de alguien tan versado en batallas como lo es usted *tomando asiento nuevamente* pero creo que es mejor que hablemos del asunto como debe de ser … *el conde sus piro y le miro fijamente* como bien dije en mi carta, deseo sus servicios como mercenario y guarda espaldas, quizás no está acostumbrado a ser tratado como el vulgo común, pero en esta ocasión deseaba a alguien de confianza y según las palabras del Duque Manzinni “Aun en penurias el joven conde ha demostrado ser alguien de valor y honor”, por ello le he llamado … como vuelvo a repetir, en mi carta venían claros mis propósitos … el viaje a las montañas Drakenfang debe de ser llevado a cabo lo más pronto posible … en realidad, dentro de dos días partiremos, aunque espero que ya no sea muy tarde … existen dos opciones en este viaje, la primera es transitar por los caminos más comunes, pero nos arriesgamos a ser emboscados con mayor facilidad, mientras que transitar por los caminos más solitarios, sería demasiado llamativo , sabiendo que en esto posee experiencia, desearía que tomara usted la decisión, ya que como hombre de edad que soy … quizás mi juicio este empañado de temores infundados o de ilusiones nefastas-

Durante un par de horas se hablo sobre la misión que tenia el conde y como esta podría afectar tanto a su familia como a la ciudad o a todo Noreth si fallaba, también sobre los temores sobre otras casas de nobles y de cómo se llevaría a cabo aquel viaje, por su lado el joven Khaelos, pidió algunas cosas más que sencillas para el viejo conde y de paso hablaron sobre los demás integrantes de aquella misión.

-Sin olvidarlo … tres integrantes mas se nos unirán en este viaje … pero deseo que los pruebe, puede contar con mis soldados si lo desea para una prueba de combate o como usted guste*levantándose tranquilamente y contemplando el fuego con las manos tras su espalda* también tiene a su disposición a mis soldados, si gusta puede hablar con ellos … tienen órdenes de seguirle, son buenos hombres y jóvenes, quizás no tan buenos como sus Cuchillas, pero son lo mejor que esta ciudad puede ofrecer y téngalo por seguro, antes de rendirse, se sacrificarían por los demás … sus ordenes han sido claras, tomarlo como su comandante y desde este momento, seguirle en lo que ordene-

Unos minutos después el conde de Kohlheim, se retiraba de la habitación, siendo guiado por aquel mayordomo hasta lo más profundo del castillo, el sonido del metal chocando era más que reconocible, mientras cruzaban un largo pasillo hasta lo que parecía un patio interior, ahí una veintena de hombres entrenaba, cada uno armado y listo para una batalla, por mucho que lo deseara, el conde no vería los rostros de esos hombres, ya que tenían ordenes de no quitarse sus armaduras, entre los soldados rasos que habían, un pequeño grupo se mantenía en silencio, sus armaduras teñidas de rojo mostraban que eran la elite, mientras que el resto eran la infantería común, el conde tenía mucho que hablar con ellos. Mientras Khaelos se ponía en posición de comandante, otra situación sucedía en la biblioteca, minutos después de que el conde se retirara, uno de los estantes se movió, dejando a la vista una figura oscura, que se amparaba en las sombras.

-¿Qué te ha parecido el conde de Kohlheim? *mirando como el fuego consumía los restos de la leña*-

-Es alguien interesante… como su padre, esperemos que muestre valor en el campo de batalla, ya que dudo mucho que de el viaje se mantenga en secreto mucho tiempo… he tenido noticias de que uno de los mensajeros no llego a su lugar de encuentro-

-Entonces debemos de suponer que alguien ya debe de estar enterado de nuestras intenciones… *llevándose la mano a su sien* Todo está en orden para el viaje, esperemos que no existan contratiempos hasta que lleguemos a alguno de los puestos… si es que el conde decide seguir el camino transitado-

-Sea cual sea su decisión, de una u otra forma se cumplirá lo acordado… de ello depende el futuro de los Dracul y también de la ciudad, aquello no puede seguir en esta ciudad sin que la contamine hasta lo más profundo…-

La noche paso rápidamente y también el día siguiente, el surgimiento de la luna fue más que propicio cuando los invitados llegaron, cada uno a su modo, algunos más austeros e informales, otro con toda la pompa inexistente en su apariencia, fuera cual fuera el caso, tres seres había llegado por invitación del conde, tres seres que podrían ser tanto un escudo, como un puñal en la espada del hombre, mientras los tres habían llegado, una última figura se presento, un hombre entrado en años, con ropas de cuero y metal, una espada en su espalda y una barba algo descuidada al igual como sus cabellos, un mercenario más que se uniría al grupo, mientras cada uno estaba ocupado en sus pensamientos, desde un pequeño balcón una figura se presento, el propio conde que les miraba desde lo alto.

-Bienvenidos, me alegra mucho que hayáis acudido a mi llamado … si han leído mi carta cada uno de ustedes tiene razones por las cuales se ha presentado, y con gusto responderé a todas sus preguntas, al igual que será acordado, para cada, uno su recompensa por este pequeño viaje … pero antes, desearía ver con mis propios ojos, las habilidades de cada uno *una puerta se abría en aquellos momentos y el conde de Kohlheim, junto a algunos soldados entraban, todos ordenados, con el noble a la cabeza* Este hombre es uno de “mis” comandantes y también uno de los nobles de la ciudad de Zhakhesh, el será quien examine sus habilidades … ya sea para la lucha o la magia.-

---&---

En la ciudad de Malik Thalish algo muy similar sucedía, aunque con otras intenciones, cada uno de los presentes en aquella habitación, había llegado por alguna razón, unos por la emoción de la caza o el dinero, otros por simple curiosidad y quizás otros por mero capricho del destino, fuera cual fuera la razón, ahí estaban, y no sería por una razón en vano, las monedas habían sido retiradas, pero la ultima se mantenía en su posición, al igual que el asiento vacío, algunos de los presentes intentaron conversar, pero eran simples extraños, sin ningún tipo de unión o causa … o por lo menos eso era por el momento. De pronto una de las paredes mostro una enorme puerta, que de seguro era fruto de algún tipo de conjuro o hechicería, mientras las dos hojas de la puerta se separaban, dos figuras surgieron, vestidas estrafalariamente, a la vez que mantenían sus rostros ocultos. Un hombre vestido como noble, y una mujer, vestida como una dama, pero que se posea sentir que a su alrededor existía la muerte.

-Bienvenidos, bienvenidos… *comenzó a aplaudir aquel hombre enmascarado* nos alegra tanto que algunos aventureros hayan aceptado nuestra proposición… ¿no es verdad querida? *tomando la mano enguantada de la mujer y haciendo un ademan de besarla*-

-Es esplendido… *mirando a los presentes* aunque ese pequeño es la causa de mis dudas… ¿será suficiente para nuestra misión?-

-Oh querida, no te preocupes, de seguro estos jóvenes son más que suficientes para esta misión … si no … tendremos que enviarlos con ayuda *mientras la conversación se realizaba, ambos individuos parecían ignorar a los tres aventureros, y solamente dándole miradas fugaces* pero creo que es necesario explicarle algunas cosas a estos jóvenes mi bella dama-


-Como gustes querido, yo me encargare de los “otros” asuntos *mientras volvía a desaparecer por aquella puerta que lentamente se cerraba y desaparecía de la pared*-

-Bien, bien … comencemos … supongo que cada uno de ustedes debió de haber escuchado algo, aunque no tendré problemas en relatarles este asunto *aclarándose la garganta* La cofradía a estado buscando aventureros y mercenarios, la misión es extremadamente fácil, la sustracción de un objetos propiedad de un noble de nefastas ambiciones, como es normal, este cargamento estará protegido, aunque desconocemos totalmente quienes resguardaran el objeto, tenemos información de que no serán más de diez individuos … de cualquier forma, no esperamos que cumplan nuestra petición sin pedir algo a cambio … y la cofradía posee grandes recursos ¿desean dinero?, quizás algún objeto de gran poder, tal vez información o venganza, incluso tenemos riquezas de infinitas índoles si las desean … con gusto acordaremos una recompensa para sus servicios … aunque claro está, siempre y cuando se entregue el objeto requerido … *casis e podía ver la sonrisa tras aquella mascara de bufón y arlequín* pero … como todo esto no será fácil y si me lo permiten … haremos una pequeña prueba para saber si son merecedores de este trabajo *aquel hombre aplaudió y desde las sombras aparecieron dos hombres, claramente vestidos de negro y con sus rostros ocultos tras unas telas oscuras* tan solo deben de matar a estos dos hombres … aunque claro .. Ellos también intentaran matarles… bueno… no queda más que decir, maten o mueran *haciendo una reverencia y desapareciendo como si fuera una simple ilusión en una nube de humo*-

Los hombres de oscuro rápidamente desenvainaron sus espada, que de seguro estaban aun más afiladas que sus lenguas, mientras un combate comenzaba a realizarse, desde las sombras varios ojos contemplaban el espectáculo, y no muy lejos, sentado en un lujoso asiento y con una copa de vino de fragante aroma, el Maestro contemplaba todo, ya que con ello no solamente se jugaba su puesto en la cofradía sino algo mucho mayor, que involucraba a todo Noreth.







Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie


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Re: ~Buscando la Verdad~

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Oct 30, 2012 5:40 am

Mis pasos, firmes y seguros, me llevaron hasta la sala donde el conde Dracul se hallaba. Cuando llegué finalmente le saludé de manera marcial y cortés, aunque la bienvenida que él me brindó fue más digna de un militar que de un noble. Y aquello me gustó. Estrechándole la mano, sonreí ligeramente al mostrar mi conformidad con aquél trato directo, y cuando él me ofreció asiento hice caso. Aguardando, esperé a que el noble señor empezara a hablar, y vi que no se ahorró algunos cumplidos. Al parecer, mi fama crecía no solo fuera del reino, si no también dentro. Sus siguientes palabras fueron para pedirme mis servicios como mercenario y guardaespaldas, y ante aquello no pude evitar sonreír, y cuando acabó de hablar, con un asentimiento de cabeza le respondí:

-No os preocupéis milord, he ejercido muchas veces como mercenario aunque muy pocas para alguien tan ilustre como vos. Es una buena manera de aprender el significado de la humildad. Imagino que el Duque Manzinni también os contó que soy un hombre directo, de modo que dejemos de lado los reconocimientos de noble guerrero a noble guerrero y vayamos al grano. En mi opinión, deberíamos transitar por los caminos comunes pero disfrazados. No precisaremos de gran cosa. Ropajes sin emblema alguno que cubran las armaduras y distintivos de nuestras casas y nuestro reino, tal vez emblemas de la Iglesia de Elhías para hacernos pasar por los sacerdotes guerreros que tanto abundan en este reino. Así lograríamos desviar bastante la atención y nos ahorraríamos problemas, creo yo. Al fin y al cabo, la discreción es nuestra mayor arma.-

La conversación prosiguió durante más de dos horas, y en ella se me hizo saber la magnitud de aquella empresa. No podía negar que, lejos de intimidarme o asustarme, me resultaba una idea atractiva el enfrentarme a un reto así y el saber que en mis manos descansaría la responsabilidad de salvar a aquello a lo que más quería. Yo por mi parte, me dediqué a pedirle si podía cumplir mi petición de emplear disfraces y le hice saber mis condiciones, que lejos de ser abusivas eran enormemente beneficiosas para ambas partes. Finalmente, concluimos hablando de los tres mercenarios que el conde había llamado para acompañarnos en aquella misión, amén de sus soldados. Cuando acabó y se levantó, fui yo quien se alzó entonces y me puse a responder de nuevo:

-No os preocupéis, examinaré a esos tres mercenarios para ver si tienen lo que hay que tener. Sobre vuestros soldados... Son zhakheshianos, y con eso me basta para saber que cumplirán con su deber y estarán a la altura de las expectativas. Me encargaré personalmente de acostumbrarlos a mi forma de liderar. Si sobrevivimos a esta aventura, puedo aseguraros que contaréis con un grupo de soldados tan experimentado y profesional como mis Cuchillas. Fui capaz de adiestrar al hijo del Conde Dorgoth, así que dudo mucho que tenga problemas con vuestros soldados.-

Tras eso me retiré de la habitación, siendo guiado por el mayordomo silencioso de aspecto repugnante y aura vampírica. Finalmente llegamos a un patio de armas donde cerca de veinte hombres armados y preparados entrenaban duramente. Nada más llegar me planté ante ellos y empecé a hablar, soltando el habitual discurso que solía pronunciar cada vez que debía entrenar a alguien:

-Como ya os habrán dicho, a partir de ahora voy a ser vuestro comandante. Soy el capitán Khaelos Kohlheim, líder de los Cuchillas Carmesíes. Como a partir de ahora vais a estar bajo mis órdenes, quiero dejar claros unos cuantos puntos, y después os veré entrenar y os enseñaré algunos de los trucos que he aprendido, tanto a la hora de combatir como en tácticas. No estaremos mucho rato, porque ya es algo tarde, pero mañana por la mañana seguiremos con eso hasta que debamos marcharnos. Volviendo al tema anterior, los puntos que quiero aclarar son los siguientes. Como líder soy estricto pero justo, así que os voy a exigir obediencia y respeto total. Sin embargo, a cambio de eso, yo voy a depositar toda mi confianza y mi fe en vosotros, y me encargaré de convertiros en una máquina de guerra perfectamente engrasada y lista para el combate en cualquier momento. Sois zhakheshianos, así que sé que estaréis a la altura de mis expectativas, y eso que son muy altas.-

Durante dos horas me dediqué a ver cómo entrenaban aquellos soldados, corrigiendo errores que pudieran hacer y enseñándoles algunos trucos en la lucha. Aparte de eso, compartí con ellos parte de mi experiencia, informándoles acerca del modus operandi a seguir cuando se tiene que proteger una carreta y cómo se puede evitar una emboscada o, al menos, prevenirla adecuadamente. Cené con ellos, comí su mismo rancho, bebí su misma cerveza y compartí su misma mesa, pues aquello era parte esencial del proceso de estrechar lazos con los hombres y mujeres que iban a servirme. Para cuando me fui a dormir a sus mismos barracones, un pensamiento alegre surcaba mi mente. Tenían potencial, tenían energía, tenían inteligencia y tenían valor. Podía enseñarles bien.

Cuando llegó el día siguiente hice lo mismo que el día anterior al despertarme con ellos y acompañarles en el desayuno. Una vez estuvieron todos cargados de energía les llevé al patio de armas para despejarlos y hacerlos entrenar y aprender duramente. A lo largo del día pude ver que hacían buenos progresos, y a la hora de obedecer mis órdenes eran rápidos y receptivos. Definitivamente, el Conde Dracul me había otorgado un buen material para trabajar.

Finalmente llegó la noche, y con ella mi “momento estelar”. A paso militar, entré en el salón en el que los tres mercenarios se encontraban, mientras detrás de mí seis soldados avanzaban. Una vez llegamos allí, vi que Lord Dracul me presentó ante los recién llegados. Llevaba el yelmo puesto, pues tras mucho reflexionar por fin había decidido cuál sería la prueba.

Permanecí unos instantes en silencio, examinando con la mirada a los tres llegados. Quien primero captó mi atención fue la matriarca arácnida, una Tejemuertes a juzgar por sus mutaciones. A simple vista parecía la más peligrosa de las tres personas, pero las apariencias a veces engañan. La segunda persona en quien posé mi mirada fue el hombre encapuchado, quien a juzgar por sus apariencias era un mago, y a juzgar por el alma que desprendía era un ocultista. Posiblemente un oscurantista. Magos de sombras a mí... Por último, aunque no por ello menos importante, se encontraba una mujer gato que por un lado parecía ser aún una niña, pero que por el otro... Iba bien armada, y desprendía un aura que la delataba como hechicera. Todos interesantes, sin duda. Finalmente, tras unos diez segundos de silencio que repartí en perforar con la mirada los ojos de todos y cada uno de los presentes empecé a hablar:

-Mi nombre es Khaelos, Khaelos Kohlheim. Durante esta misión seré vuestro comandante, y como tal os avanzo ya que no voy a tolerar acto alguno que ponga en peligro la seguridad del grupo o de nuestra tarea. Exigiré respeto y obediencia, y a cambio os devolveré confianza. Sin embargo, antes de que seáis puestos bajo mi mando deberé comprobar si valéis para esta misión. La prueba es sencilla. Atacadme con todo lo que tengáis, pero os recomiendo que si le tenéis algún tipo de cariño a vuestras armas no las empleéis. Estos soldados se encargarán de proporcionaros armas adecuadas. Por lo demás, para igualar este duelo y que vuestra desventaja no sea tan grande yo lucharé con una espada de madera y vosotros tres podéis atacarme a la vez. Veamos qué tal sois... ¡Que comience la prueba!-

Tomé la espada de madera que me tendió uno de los soldados del Conde y rápidamente me puse en la posición de combate reglamentaria, cuerpo ladeado, escudo al frente y espada alzada en horizontal sobre mi cabeza. No iba a lanzar ataques, solo defender y contraatacar. Ahí comprobaría sus habilidades y sabría si tenían alguna oportunidad de salir con vida de aquella misión.
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Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

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Re: ~Buscando la Verdad~

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