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Más allá de esta realidad (versión extendida)

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Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Jue Nov 29, 2012 3:48 am

Bueno, como me gustó mucho la trama del tema que hice en mi Hijra (que surgió de casualidad) voy a desarrollarlo como un tema en pasado (no sé por qué lo aclaro, pero bueno xD ). El link al tema donde comienza esta historia es este:

http://www.cuentosdenoreth.com/t3541-mas-alla-de-esta-realidad

Así que, para no robar un post, arranquemos con lo que pasó luego...


- ¡Encontró el camino-camino! –exclamaría Aerim con alegría.

Pronto todos despertarían de aquél profundo sueño sintiéndose un poco mareados y confundidos. Sin embargo el grupo entero sabría que aquello que acababan de vivir había ocurrido en verdad pues compartían exactamente los mismos recuerdos.

- ¿Ahora qué camino debemos seguir? –preguntaría Kog-ar hablando al grupo pero mirando al licántropo.

- No me pregunten cómo lo sé, pero es por el de la derecha, subiendo hacia el centro mismo de la montaña. Allí es donde se encuentran los tesoros de mi pueblo.

- ¡Excelente! ¡Movámonos! –ordenaría el gran Minotauro y todos comenzarían se ordenarían, yendo el licántropo adelante con la antorcha de Kog-el, luego ambos minotauros y cerrando el grupo el Orco con la otra antorcha. Recorrerían varios metros por aquél cerrado túnel hasta darse cuenta que ni el rátido ni la mujer los seguían. Las dudas surgirían en ellos pues aunque estaban trabajando en “equipo, la dupla era ajena al grupo de “Las Bestias” y desde el principio no habían confiado plenamente en ellos. Entonces, tomaron sus armas y volvieron raudamente, sin el mínimo dejo de sutileza, lo cual hacía retumbar sus pesadas pisadas por todo el lugar. Finalmente cuando llegaron a donde los dos caminos se separaban vieron algo que los sorprendió.

La humana, Judith, tenía en sus brazos a Aerim como si fuera un niño pequeño que se había lastimado. ¿Pero cómo? O mejor dicho, ¿cuándo?

- Vaya, que suerte que los grandulones se percataron de nuestra ausencia –diría con un tono claramente de enojo Judith.

- ¿Qué está pasando aquí? –interrumpiría Kog-ar enojado.

- El lugar apesta a sangre, no me había percatado de eso –agregaría Lorathiel, el licántropo que en esta realidad volvía a estar semi-transformado.

- Pues claro que huele todo a sangre. Para poder llevarnos a todos a la realidad de los Sueños Aerim tuvo que derramar de su propia sangre por todo el lugar como parte de su ritual. Es un precio necesario cuando hay varios miembros y tan diferentes los unos de los otros. El pobre necesita descansar un poco.

- Mmm… No es un buen lugar para descansar aquí, debemos seguir –afirmaría el Gran Minotauro.

- Aunque no es muy grande, no es fácil cargarlo en estos caminos empinados –refutaría Judith.

- Yo lo llevaré –y extendiendo su grueso brazo y abriendo su inmensa mano derecha, el líder del grupo esperaría que la humana le entregara al pequeño rátido. Sin embargo ella en un principio dudó, pues tampoco confiaba plenamente en el grupo de Las Bestias. Pero en ese momento no tenía más opción, así que con la delicadeza de una madre pondría a Aerim sobre la mano de Kor-ag, quien con cuidado también se la llevaría junto al pecho-. Hasta los minotauros recién nacidos son más grandes que este pequeño –terminaría afirmando a modo de chiste, para aliviar un poco la tensión.

- Lastímalo y verás que el tamaño no importa –amenazaría Judith, mirando fijamente a aquél ser que casi le doblaba en altura.

A pesar de eso, no ocurriría ninguna confrontación más. El grupo debía permanecer unido y era posible que las habilidades del pequeño rátido fueran necesarias nuevamente. Así que ahora solo restaba avanzar.
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Vie Nov 30, 2012 12:26 am

Dos días atrás en una taberna de un pueblo sin nombre cercano a las montañas donde se desarrolla la historia.

- Jud-jud, mira hacia la puerta. Los que estábamos buscando llegaron-llegaron –diría un pequeño rátido que tenía ropas similares a las de un niño campesino, una vara de madera de un metro y un amplio sombrero de paja cónico. Este sujeto, llamado Aerim, estaba parado sobre una silla en un rincón de una taberna de mala muerte, pues sino no llegaba a asomar su cabeza por sobre la mesa. Junto a él se encontraba una bella mujer de ropas de cuero ajustadas que estaba sentada en otra silla.

Entonces la dupla miraría disimuladamente a un grupo bastante particular de individuos que acababa de entrar al lugar: se trataba de dos minotauros de considerable tamaño, un orco y un hombre que por sus ropas debía ser una clase de cazador. Aunque rara esta configuración en particular, era relativamente común ver grupos de distintas razas trabajando en equipo, más cuando los “trabajos” eran de moralidad y ética cuestionable.

- Eres increíble Aerim, si no fueras tan peludo a veces creo que te besaría –respondería Judith con una sonrisa en su rostro al observar a los recién llegados. Se preguntarán por qué tanta emoción por este encuentro, pues nuestra pareja tenía una misión sumamente importante que hacer, muy secreta e importante y para ello debían obligatoriamente encontrarse con estos sujetos de apariencia sumamente poderosa. Y ahora se preguntarán qué misión era la que tenían entre manos. Pues, sería una pena arruinar la sorpresa aclarándola ahora, pero podemos decir que Aerim soñó un tiempo atrás que tendrían que hacer esto y como ahora todo se estaba dando según como él lo había soñado, Judith estaba muy feliz.

- Una pelea-pelea va a comenzar, algunos inocentes resultarán gravemente lastimados. Aerim y Judith deben alejarlos –diría entonces el Conjurador del Nombre muy serio, pues no le gustaba para nada que aquellos que no tenían nada que ver con la cuestión se vieran involucrados. Sin embargo Judith no estaba muy de acuerdo con eso, sino que su mente estaba atenta, buscando el momento exacto del inicio de la pelea para poder actuar como Aerim lo había soñado.

Pero los sueños proféticos son solo eso: sueños. Nunca revelan la realidad completa de las cosas sino que marcan el camino por el cual seguramente van a transcurrir. Tal vez por eso Judith no se percató de que, de un momento a otro mientras ella miraba atentamente al grupo de Las Bestias, su compañero rátido había dejado en su lugar solo su sombrero y, corriendo en cuatro patas –en realidad, sobre tres pues en la zurda llevaba la vara ritual- se había escabullido entre la multitud. Entonces, golpeando a algunos individuos en las piernas con su vara, correría hacia las afueras de la taberna. Los golpeados, enfurecidos y un poco ebrios, se darían a perseguir a la rata que los había golpeado. Así al menos unos quince sujetos saldrían amontonados por la única puerta. Sin embargo la tragedia ocurriría: uno de los ebrios, mientras se apuraba para salir, golpearía con fuerza en el pecho al que parecía un cazador del grupo de Las Bestias, que para este momento deben saber quera Lorathiel, el licántropo. Y el hombre-lobo, en un impulso feral, le devolvería un golpe de puño cerrado con tal potencia que dejaría inconsciente al pobre ebrio. Lamentablemente ese sería el inicio de la pelea que Aerim había predicho, pero por suerte varios inocentes se salvarían de la misma.

Judith tendría apenas un segundo para percatarse de que su compañero había desaparecido, pero como confiaba en sus habilidades, rápidamente se sumaría a la pelea apoyando a Las Bestias que, aunque eran minoría, tenían una amplia ventaja contra la multitud de ebrios locales.

- Tu no pareces ser como esos –inferiría Kog-ar, entre una multitud de sujetos casi muertos, refiriéndose a Judith.

- Claro que no. Soy una caza-recompensas profesional. Con mi amigo estamos buscando a un grupo de valientes y fuertes guerreros para un trabajo. Hay una buena paga, ¿les interesa?

- No molestes humana, nosotros ya tenemos algo que hacer y nos esta dando muchos problemas.

- ¿Una búsqueda tal vez? Mi amigo es muy bueno encontrando métodos para encontrar objetos, personas o incluso lugares. Es muy… especial.

- ¿Sí? ¿Y dónde esta ese amigo tuyo?

- Aerim esta aquí, Señor-señor Minotauro –respondería al final, entrando por la puerta lentamente y un poco agitado el pequeño rátido de menos de un metro de altura.
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Vie Nov 30, 2012 2:17 am

Volviendo a la actualidad, nuestro grupo continuó avanzando lentamente durante un largo tiempo, doblando eventualmente hacia un lado, hacia el otro, eligiendo caminos cuando más de uno aparecía y siempre subiendo. A veces la facilidad con la que Lorathiel elegía qué sendero seguir daba un poco de miedo, pues en realidad no sabía por qué elegía tal dirección, simplemente “seguía el rastro de la manada”, a lo que Aerim, aún en brazos de Kog-ar, afirmaba que era el Poder del Nombre que fluía por él. Aquella respuesta, cada vez que era escuchada, calmaba más al grupo a pesar de que no terminaban de entender de qué se trataba todo esto.

Sin embargo, tras dar vueltas y más vueltas, el grupo llegaría finalmente a una gran caverna en el centro mismo de la montaña donde, según el mismo Lorathiel, debían estar todos los tesoros acumulados por generaciones hace muchas lunas atrás. Pero el lugar estaba totalmente vacío… o al menos eso creían.

- Esto esta mal. ¿Dónde están los tesoros? –Bramaría el gran minotauro, quien había dejado al rátido en el suelo hacía un buen rato, tomando su inmenso garrote- ¡Nos engañaste, pequeña rata!

- Aerim no miente-miente. Todos vieron lo mismo que Aerim. El Lobo-hombre-lobo sabe el camino –diría con su voz aguda el pequeño Conjurador, escondiéndose detrás de Judith.

- Esperen. Tal vez quien tendió la trampa que hizo que se derrumbara el camino hace varias horas también vació este lugar –afirmaría Kog-el, claramente siendo mucho menos pasional que su hermano mayor. Y con eso, el gran Minotauro se calmaría un poco, gruñiría por lo bajo y comenzaría a andar hacia el centro de la caverna.

La misma era realmente inmensa, tanto así que las dos antorchas apenas iluminaban las paredes opuestas y el techo. Con dificultad se podía ver que había varios túneles que llegaban o partían de ella, algunos con grandes entradas como para que cinco o seis licántropos pudieran pasar corriendo a la vez y muy cómodos y otras apenas con el tamaño suficiente como para que una hembra pequeña y unos cachorros pudieran meterse.

- Siento una perturbación en el poder del Nombre, Jud-jud. Este lugar no le gusta-gusta a Aerim.

- ¿Qué fue lo que hizo que tus antepasados dejaran este lugar, Lorathiel –preguntaría entonces Judith.

- Grrr… No lo sé, hay muchas historias, desde hechiceros hasta hordas de duendes y goblins. Sin embargo la mayoría coincide en una clase de magia. Grrr… pero nadie sabe con certeza.

- Debemos irnos-irnos. Un Mal Nombre hay aquí. Jud-jud, por favor, hazle caso-caso a Aerim.

- Deja de chillar rata. Creo que escuché algo –interrumpiría el Orco, quien se había mantenido bastante callado hasta ese momento.

Y todo el grupo guardaría silencio, un silencio de ultratumba, un silencio de aquellos que al ser tan silenciosos hacen un ruido terrible en la mente pues dejan escuchar hasta el más mínimo movimiento de los ojos, hasta el más imperceptible respirar. Pero dicho silencio duraría unos eternos segundos, pues repentinamente un sonido rítmico se escucharía.

Tac… clinc-clinc… Tac… clinc-clinc… Tac…clinc-clinc.

Desde el muro opuesto al del grupo una figura aparecería. Salvo por Judith, que era una simple humana, el resto de las bestias podía ver sumamente bien aún con tan baja iluminación y se percataron de que era alguien con una clase de armadura metálica de color negro que llevaba en su mano algo así como una lanza o un bastón. Cuando la figura caminó un poco más, aún estando a una respetable distancia, el grupo observó que la armadura era de una increíble calidad, que contaba con una capa roja y negra y que efectivamente el bastón era una lanza de dos metros y medio de alto aproximadamente, pero que contaba con numerosas gemas. La figura, de casi dos metros, no llevaba casco, dejando ver una piel blanca pálida, con cabellos largos y canos y unos ojos rojos como el fuego mismo.

- ¿Qué trae a estos invitados inesperados a mi hogar? –diría con un tono muy elegante aquél ser misterioso que se había detenido a unos siete u ocho metros de distancia de Kog-ar.

- ¿Tu hogar? Esta es la madriguera de mis antepasa…

- Detente Lorathiel, no tenemos por qué explicarle nada a este insecto. Ahora, si aprecias tu vida, dinos dónde están los tesoros de los licántropos y te aseguro que morirás rápidamente –intervendría Kog-ar, apuntando al extraño con su gran garrote.

- Creo que son unos invitados un poco maleducados. Tal vez sea correcto que les enseñe un par de modales –respondería el extraño que, de un momento a otro y tras emitir una fuerte carcajada que helaría los huesos de los más valientes, se desvanecería en una nube de humo negro.

- ¡Todos listos! En posición defensiva. Si no podemos verlo concéntrense en su olor y en el sonido. No podrá contra nosotros –alentaría el líder Minotauro y pronto el grupo de Las Bestias se pondría casi espalda con espalda, con todos los miembros con sus armas en mano y, por otro lado, la dupla de Judith y Aerim que se encontraban contra una pared, también atentos al mínimo indicio del enemigo.
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Sáb Dic 15, 2012 11:33 pm

- ¿Qué haremos Jud-jud? –preguntaría Aerim a su colega mientras miraba con desesperación en la oscuridad -. ¡Él ha desaparecido!

- No te preocupes, amiguito, yo te cuidaré. Además estamos con ellos y nos necesitan- respondería Judith mientras tomaba dos largas cuchillas de alrededor de treinta centímetros cada una en cada mano.

Y entonces… el silencio. No había brisa, no había olor, no había el más mínimo sonido ni sombra moviéndose en la oscuridad. Efectivamente el enemigo había desaparecido y, tras casi cinco minutos de estar en posición de defensa y con los sentidos atentos a cualquier señal del rival, el minotauro daría la orden de que se relajaran. “Al parecer ha escapado, o al menos se ha retirado de aquí. Sigamos” serían sus palabras que resonarían en aquél inmenso lugar.

¿Pero en verdad había escapado aquél Mago Negro? Al hablar parecía muy seguro de sí mismo como para simplemente huir sin dar pelea o intentar algún truco. Pues la verdad es que no había escapado, sino que realizaba una magia poderosa que lo colocaba en parte en otra realidad, dejando en esta realidad lo que podríamos llamar como un fantasma, un resto de energía capaz de movilizarse y de interactuar con el medio pero que no contaba con una forma física. Así, sin cuerpo y siendo prácticamente transparente, era casi imposible detectarlo para los simples mortales y solo aquellos acostumbrados a percibir las energías mágicas serían capaces de percibirlo. Sin embargo Aerim no contaba con las habilidades suficientes como para lograr tal hazaña. Una pena, ¿no?

Entonces el grupo, pasado el tiempo prudente, decidirían continuar andando. Lorathiel tendría una “corazonada” y tomaría una de las entradas que guiaba hacia un túnel largo y estrecho en el cual las inmensas bestias apenas podían pasar agachándose y doblándose. Aquél lugar era realmente un laberinto pues el túnel, mientras descendía y descendía, doblaba hacia un lado y hacia el otro e incluso servía de punto de partida para otros caminos menores que subían, bajaban o continuaban al mismo nivel de altura. Pero el licántropo estaba muy seguro de su andar, tanto así que hasta generaba desconfianza en sus compañeros la facilidad que tenía para decir “es por aquí” cuando un nuevo camino se abría delante de ellos.

Sin embargo, afortunadamente, tras una larga caminata llegarían hasta otra habitación de gran tamaño. Esta, a diferencia de la anterior, era una habitación con todas las letras pues sus paredes eran lisas y verticales, con altas columnas que llegaban hasta un techo que casi no se veía en la oscuridad de la altura, con el piso plano y estatuas de licántropos en diferentes estados de transformación.

- ¿Qué demonios es este lugar? –preguntaría Kog-ar sorprendido.

- Creo que… se trata de La Entrada -respondería el licano a lo que todos lo mirarían con cara de “¿De qué estas hablando Willy?” y tendría que explicarlo-. En realidad no lo sé completamente… grrr… -pues aún estaba en ese estado de semi-transformación y cada tanto gruñía-, grrr… Pero creo que es la entrada a una ciudad de Licántropos.

- Tu gente no construye ciudades excavadas, no nos engañes –le recriminaría el orco Gurultuk.

- Pero los enanos sí. Cuentan las historias que mucho tiempo atrás la antigua jauría arrebató una ciudad a esa raza en una cruenta guerra que libramos con nuestras garras y dientes. Sin embargo, aunque por mucho tiempo los licántropos vivieron en aquella ciudad, luego la dejaron al igual que terminaron dejando esta montaña.

- Pues las cosas parecen empezar a cobrar sentido aquí –diría Judith-. Algo hizo tu raza que los fue expulsando de esta región, y tal vez ese Hechicero Negro esté involucrado.

- Grrr… No hables mal de mis hermanos, simple humana. Grrr… Si no fuera porque los podríamos necesitar más adelante ya me los habría comido.

- ¡ALTO TODOS! Nadie va a pelear aquí –bramaría Kor-ag con tal fuerza que haría eco en todo el lugar.

Entonces, un silencio de cementerio llenaría el lugar… hasta que los pequeños ruidos metálicos comenzaran a sentirse alrededor de ellos.

- Aerim siente algo malo-malo en el Nombre aquí, Jud-Jud. ¡Debemos correr!
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Dom Dic 16, 2012 1:09 am

Repentinamente un aullido desgarraría el aire tenso del lugar, dejando al sonido metálico en un segundo plano. Lorathiel, el licántropo, se había excedido en el tiempo que podía estar transformado y ese error forzado lo pagaría con un intenso dolor al regresar a su forma humana.

- Siempre tan oportuno, perro –le recriminaría Gulturuk acercándose a él y sacando de una bolsa de cuero que portaba en su espalda una clase de capa de tela gruesa.

Aunque tenían una relación complicada, Las Bestias eran un equipo muy unido que sabía cuándo darse el lujo de pelearse entre ellos y cuándo no. Aquello sorprendería a Judith y a Aerim, pues la fidelidad de sus nuevos compañeros podría resultarles perjudicial en un futuro cercano. Pero volvamos al licántropo: levantándose jadeando y casi temblando, vestido con sus pantalones amplios que se ajustaría al momento con unas correas, se pondría la capa que el orco le daría para abrigarse más, dado que de la cintura para arriba no tenía nada puesto. ¿Dónde había dejado sus cosas se preguntarán? Las había perdido antes del derrumbe que ustedes leyeron al principio de esta historia, por eso no tenía ni armas ni más ropa.

- ¿Alguno logra ver qué se acerca? –diría Kor-ag tomando su inmenso garrote. Junto a él su hermano, Kog-el, tendría su espada preparada. Por otro lado, Gulturuk prefería luchar con sus puños mientras que Lorathiel, cuando no estaba transformado, utilizaba una serie de cuchillos y una espada corta, elementos perdidos anteriormente.

- ¡Son enanos y licántropos! ¡Corramos hacia la Gran-Gran Puerta! –chillaría el pequeño rátido, quien gracias a los dotes de su raza podía ver mejor que los otros en la casi total oscuridad del lugar. Sin embargo los otros miembros del grupo no entenderían nada. ¿Licántropos y Enanos en ese lugar abandonado? ¿De qué puerta estaba hablando Aerim? La oscuridad le impedía ver al resto esas cosas. Sin embargo el pequeño roedor blanco tomaría a Judith de una mano y, con la vara ritual en la zurda, comenzaría a caminar rápido, casi correr, hacia el otro extremo del salón.

Aunque los sonidos se sentían a su alrededor, provenían con más fuerza desde el túnel por el que ellos habían llegado hasta ese lugar. Claramente el Hechicero Negro o alguien les estaba tendiendo una emboscada, intentando encerrarlos en algún lugar sin salida pero, para su mala suerte, el grupo había llegado hasta La Entrada.

- Hermano, creo que debemos seguir al rátido –diría Kog-el, apoyando una de sus inmensas manos en Kog-ar.

- Un Minotauro nunca escapa, pelearé –le respondería el líder del grupo.

- No seas cabeza dura. Lorathiel esta desarmado, estamos cansados y al parecer nos superan en número. Debemos escapar por el momento. Sigamos a la rata que ve en la oscuridad.

Y emitiendo un gruñido grave y bajo, haría la señal para que todos corrieran tras Aerim y Judith, quienes ya les llevaban varios metros de distancia.

- ¿A dónde vamos? No puedo ver casi nada con esta oscuridad.

- Aerim cree haber visto una luz-luz a lo lejos. Aerim cree que la luz-luz es buena.

Ya para ese momento el resto del grupo los había alcanzado y con las últimas luces de las antorchas pasaron por una puerta de varios metros de alto y de ancho, hecha en metal y piedra, que ahora se encontraba abierta y dañada pero que en antaño seguramente fue una obra de arte de los enanos, La Entrada a su ciudad perdida.

Correrían entonces con desesperación, dejando los sonidos metálicos atrás hasta que finalmente se podría ver con claridad una luz blanca que salía desde el interior de una habitación a través de una puerta rota.

- ¡No llegarán hasta allí! –se escucharía repentinamente desde detrás de ellos y los sonidos metálicos de un individuos se harían presente. El Hechicero Negro había aparecido atrás del grupo y apuntándoles con su arma pronunciaría unas palabras. Estaba iniciando un conjuro que, por el tiempo que estaba tardando seguramente debía de ser poderoso. El grupo estaba totalmente indefenso, sería imposible llegar a la habitación iluminada a tiempo.

Sin embargo, cuando una esfera roja se estaba formando justo en la punta del arma del Hechicero Negro, Aerim giraría sobre su eje y diría unas rápidas palabras que sonarían más a chasquidos de dientes que a palabras en sí y de su propia vara ritual una esfera blanca del tamaño de una naranja volaría hasta el Hechicero Negro y le pegaría en el rostro, haciéndole tambalear. Aquello les daría suficiente tiempo como para entrar a la habitación, casi saltando hacia el interior y luego cerrando la puerta semi-destruida. Por algún extraño motivo confiaban que al estar allí estarían seguros, aunque no lo sabían a ciencia cierta tampoco. Al menos el Hechicero Negro parecía no haberlos perseguido hacia el interior de aquél lugar.

¿Dónde estaban? Para su sorpresa…
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

Mensaje por Aerim el Dom Dic 16, 2012 3:38 am

OFF: Tercer post en el día, estoy inspirado XD

ON:

- Kog-el, ¿qué clase de lugar es este? –preguntaría Kog-ar a su hermano.

- Es difícil de decir. Parece una clase de Templo que perteneció a los enanos, las paredes están llenas de runas –respondería el joven Minotauro de la Armadura.

Efectivamente se encontraban en una habitación no muy grande, tal vez de cinco por cinco metros de alto y cuatro de alto, cuadrada y de piso y paredes completamente blancos de una piedra tan pulida y –extrañamente- limpia que daba miedo. Las cuatro paredes estaban repletas de pequeñas runas y palabras en la letra común pero en otra lengua. Había también otra puerta, en el lado opuesto al que habían entrado, hecha de un metal casi blanco que también estaba grabado con runas y letras pero que no se podía abrir. Además, y lo más espeluznante de todo, era una clase de pequeño altar en el centro de la habitación, en el cual se encontraba una estatua de un ser extremadamente flaco sentado sobre una piedra, similar a un elfo o a un humano que esta tan delgado que se podría decir que es “puro huesos” y que poseía cuatro brazos que estaban encadenados a las cuatro puntas del pequeño altar. La cabeza de piedra tallada del ser se encontraba atravesada por la boca por una lanza de metal, obligando al monstruo a mirar para arriba con sus dos ojos de gemas rojas reflejando la luz de un diamante que reposaba sobre la punta de la lanza y del cual emanaba la luz.

Era realmente tenebrosa la expresión de aquél monstruo tallado en la piedra, que reflejaba no solo su sufrimiento sino una sensación de odio y desprecio que generaba miedo en quien mirara a la estatua.

- ¿Qué hay sobre la estatua? Tal vez explique algo –acotaría Judith, acercándose a la misma y dando vueltas a su alrededor. Mientras tanto los ojos negros de Aerim miraban fijamente la gema brillante sobre la lanza.

- No conozco mucho sobre la lengua de los enanos y sus runas, solo me enseñaron algunas básicas en La Orden –comenzaría a decir Kog-el mientras miraba con atención cada símbolo-. Estas de aquí parecen decir “escudo” o “protección”… Y estas de aquí pueden decir “Daño” o “Malo”… Parece indicar que este lugar es una clase de Templo Sagrado como en La Orden, para mantener a algo o a alguna magia lejos –finalizaría mirando a la estatua.

- ¿Cómo sabe tanto el Minotauro-Minotauro? Aerim quiere saber –preguntaría el rátido, apartando por un momento su mirada de la gema.

- Mi hermano y yo fuimos una vez miembros de una Orden de Caballeros… Solo que él escapo y yo seguí allí varios años más hasta que nos volvimos a encontrar.

- ¿Entonces no son Malos-Malos?

- Pues…

- Hemos hecho lo que debíamos hacer para sobrevivir. No preguntes más, pequeña rata –interrumpiría Kog-ar.

Sin embargo la charla no podría continuar pues pronto los sonidos metálicos se volverían a escuchar por el lado de la puerta semi-destruida. El Hechicero Negro finalmente había llevado a sus tropas hasta donde nuestro grupo estaba atrapado.

- ¡Prepárense para Pelear! Si hemos de morir será con Valor –bramaría el líder de Las Bestias y todos tomarían su posición de lucha (y como antes, Aerim estaría junto a Judith detrás de los muros de carne que eran sus compañeros.

Pero, cuando todo parecía llegar a su fin, la puerta semi-destruida caería y un esqueleto del tamaño de un caballo entraría de un salto a la habitación. Sin embargo no llegaría a tocar el piso que simplemente se desintegraría en el aire. Pronto desde afuera un enano –o mejor dicho, un esqueleto de enano- con armadura también se lanzaría hacia el interior de la habitación, desintegrándose apenas pasaba la puerta. Luego una serie de flechas negras y hachas arrojadizas volarían hacia adentro, pero también se harían polvo en el aire. El grupo, sorprendido, solo contemplaba cómo uno tras otro los seres muertos que entraban en aquél lugar dejaban de existir en un instante.

- Parece un buen lugar para descansar. Esos seres no pueden entrar aquí, y seguramente el Hechicero Negro tampoco –aclararía el Líder. Todos estaban muy cansados, pues la jornada de viaje había sido sumamente larga y extenuante. Dormir un rato tal vez, relajar las piernas otro y respirar en paz les haría muy bien. Además podrían llegar a comer algo mientras tanto, al menos hasta que la muerte los agarre o descubran cómo salir de allí vivos.







- Jud-Jud, Aerim no quiere seguir en esta misión –le diría el rátido a su amiga en susurros cuando el resto del grupo dormía y le tocaba a la humana montar la guardia.

- No digas eso Aerim. Tu fuiste quien nos trajo hasta esta situación en primer lugar, ¿recuerdas lo que prometimos?

- Pero Aerim cambió de opinión-opinión. Aerim tiene miedo-miedo de dañar el Nombre.

- Ya es tarde para eso, mi pequeño amigo.

Y con las orejas para abajo, en una mezcla de tristeza y miedo, Aerim se iría a recostar cerca de Judith, acurrucándose como un pequeño perrito con sus ropitas, su vara y sus cosas.
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Re: Más allá de esta realidad (versión extendida)

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