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Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

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Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Aerim el Sáb Dic 01, 2012 5:00 am

Las Montañas Drakenfang comprenden un numeroso conjunto de individuales sistemas montañosos que coinciden en determinados puntos formando así una inmensa red de picos elevados y tierras peligrosas. Sin embargo este clima adverso no impide que diversas sociedades prosperen pues la actividad minera es rica y hay varios bosques y laderas en los cuales cazar y cultivar. Por este motivo no es raro encontrar aquí y allá pequeños poblados, muchas veces desconocidos, que se encuentran cerca de los caminos principales y sirven de apoyo a las caravanas comerciales que recorren con valor estas indomables tierras.

Aquí, en un pueblo llamado Marchiafka de cerca de doscientos habitantes y ubicado a los pies de uno de estos sistemas montañosos, comienza nuestra historia. Historia que en realidad comenzó hace ya un par de semanas pero que, por motivos del destino, volvía a encontrar a uno de sus protagonistas en el poblado de Marchiafka. Allí, aquél amanecer de un día nublado, un rátido de poco menos de un metro de altura, con ropas de niño campesino, un sombrero cónico de paja y una especie de vara de madera, clamaba a gritos chillones por ayuda en la plaza central –que vale aclarar que no era más que un par de árboles, algún que otro asiento de piedra y una estatua de vayan a saber los Dioses de qué humano, elfo o vampiro pudo ser-. Aerim no parecía estar gravemente lastimado, salvo por el hecho de que sus ropas parecían sucias y su sombrero estaba cortado en algunos bordes. Entonces, ¿por qué pedía ayuda? Tal vez debamos acercarnos a escucharlo.

- ¡Por favor-favor! Busco guerreros, guardias, mercenarios, lo que sea-sea. ¡Jud-jud necesita ayuda! La amiga de Aerim esta atrapada en las montañas-montañas. Hombre malo-malo, de Mal Nombre, la tiene. ¡El Hombre Malo-Malo guarda tesoros! ¡Ayuden a Aerim a recatar a Jud-jud y se podrán quedar con ellos! –chillaba el pobre Aerim el rátido, sacudiendo su pequeño cuerpo de un lado a otro.

Sin embargo poca gente había en el poblado de calles de tierra y piedra, pues no solo hacía poco que había amanecido, sino que también los pocos individuos que andaban por ahí miraban mal al rátido. Los lugareños sabían que las montañas eran peligrosas y ningún tesoro los haría cambiar de opinión como para arriesgar sus vidas por una desconocida y por una rata. Aquello aumentaba la desesperación de Aerim, quien corría de aquí para allá, a veces acercándose mucho a algunos sujetos que al verlo llegar le insultaban, gritaban y maldecían.

¡Oh, pobre el destino del rátido! Su amiga tal vez este muerta para este momento, pero él ni siquiera lo puede saber. Tal vez el Hechicero Negro ya la transformó en un monstruo como lo hizo con los otros cuando estuvieron allí y se le enfrentaron. No podía saberlo, no desde tan lejos.

Pero un rayo de sol se asomó entre las densas nubes. Pronto se despejaría y la temperatura aumentaría. Aquello era una buena señal, un indicio de que de alguna manera la ayuda llegaría y que pronto Aerim volvería a ver a Judith, su amiga y compañera de viaje.

- ¡Por favor-favor! ¡Ayuden a Aerim valientes guerreros-guerreros! Hay que buscar a Jud-jud en las montañas.

Aquellos individuos que se acercaron al rátido y conversaron con él por unos instantes, se enteraron de que hacía unas semanas él, junto con la mujer y un grupo, exploraron una antigua madriguera licántropa en búsqueda de un tesoro, pero que allí, tras haber pasado una serie de peligros, se encontraron con un Hechicero de Negra armadura que terminó capturando a Judith y al resto. También se enterarían que Aerim logró escapar por poco y que corrió casi un día y una noche sin parar para llegar hasta el poblado en búsqueda de ayuda. Él estaba ahora débil y cansado, pero el temor de perder a su ser querido le mantenía en pie, al menos por un tiempo más.

Ahora, aquellos que tras escucharle aceptasen el desafío, tendrían que estar listos para enfrentarse al frío de las montañas, a las fieras que allí viven y al hambre y a la oscuridad. Las intenciones del rátido eran las de partir lo antes posible, dándoles como máximo un par de horas para prepararse para el viaje que demoraría dos días completos hasta la entrada de la guarida –pues Aerim había memorizado el camino casi a la perfección, sino llegar hasta aquél lugar podría demorar hasta una semana o incluso más-.

La suerte estaba echada, ¿quiénes tomarían el hierro caliente y se enfrentarían al destino?
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Wahn Ode el Sáb Dic 01, 2012 7:54 am

Hace ya un par de meses que Ferrú venía recorriendo algunos cordones montañosos de Noreth, a pedido de un herrero de su pueblo, que estaba deseoso de saber en que lugares podía encontrar algún que otro mineral raro o escaso.

Largo era el trecho que ya había recorrido Ferrú, saliendo desde su natal Glaciares de Yagojakaff, pasando por Dromether, Montes Keybak, Zheroker, hasta llegar a su actual lugar de investigación, las Montañas Drakenfang, sin mencionar el cruce del Mar del Norte y el Mediterráneo, respectivamente, para luego continuar su recorrido por toda la zona oeste de Noreth.

Ferrú estuvo toda la mañana y gran parte de la tarde recorriendo las montañas cercanas a Marchiafka (Un pueblo no muy conocido, al que dió de casualidad), para ir completando el informe para el herrero, por lo que esa noche decidió pasar la noche en una vieja, pero bastante hospitalaria taberna que ofrecía servicio de habitación.

Pasó la noche entre carne asada y cerveza, charlando con algún que otro lugareño confianzudo que se le acercaba para preguntarle de donde era, ya que entre los habitantes de allí se conocían entre todos.

Ferrú no quiso pasar hasta muy tarde, por lo que se fue a dormir temprano, ya que al próximo día partía hacia Zhakesh. Se despertó a la mañana siguiente, antes de que salga el sol, bien descansado. Decidió desayunar algo contundente para no pasar hambre en el camino que debía emprender dentro de unas horas. Terminado el desayuno, prosiguió a agarrar sus cosas, saludar a la gente de la taberna y salir.

Vaya sorpresa se llevó, cuando miró hacia la plaza del pueblo y vió la rata parlante más grande que había visto hasta la fecha, cosa que le causó mucha intriga y curiosidad saber que decía esa rata, por lo que sin llamar la atención de esta, se sentó un un banquito de piedra cercano a ésta. Pobre rátido, se lo oía desesperado, pidiendo ayuda y con muy poco éxito, cosa que le causó mucha pena a Ferrú.

Al oír que una amiga o compañera (Poco importó) de él se encontraba secuestrada, Ferrú no pudo resistirse a preguntarle sobre semejante episodio, por lo que se acercó a la rata, consultándole sobre lo sucedido.

-Disculpe, no pude evitar oír su historia y no suelo hacer este tipo de cosas, pero creo que las casualidades de este tipo son por algo, encontrarlo en este lugar, sin ser de aquí, ninguno de nosotros ¡Bah, al menos yo jeje! Además de que me parece un ser con buenas intenciones y buen corazón, voy a dejarme llevar por mi instinto. Voy a hacer lo posible para ayudarlo señor, si es que usted está de acuerdo en esto... ¡Ah, perdón! Que distraído, se me olvidó presentarme, mi nombre es Ferrú Infit, puedes decirme Ferrú.

Ferrú sintió que se le llenaba el alma al saber que estaba ayudando a alguien desconocido y no podía esperar a contárselo a su familia y amigos.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Krenden el Sáb Dic 01, 2012 1:37 pm

Mi hogar se encuentra en las alturas. Siempre que visito playas cálidas y paraísos tropicales que me arropan con su aire húmedo, me pregunto por qué no llego a sentirme del todo cómodo. Y es porque, supongo, pertenezco a la nieve y el frío, a las rocas escarchadas, al viento cortante que te atraviesa la piel.
Por eso mismo, las Montañas Drakenfang eran como una pequeña porción de casa en la superficie. Desde que había oído hablar de ellas, quería explorarlas, o al menos sobrevolarlas. Eso sí, la última vez que volé a cielo abierto acabé perdiendo el control y cayendo en picado, y por mucho que ame aquellos paisajes no me gustaría morir clavado en alguno de esos picos escarpados. No, definitivamente ser un pinchito para buitres no es una forma digna de acabar mi vida, por muy indigna que esta sea.

La cuestión es que decidí pasar unos días en Marchiafka, un pueblo al pie de las montañas, mientras encontraba a algún tipo de grupo de aventureros al que unirme para explorar las montañas. No tendría problema en ir yo solo, claro, pero una vez has viajado tanto en solitario es normal tener la voluntad de trabajar en equipo de vez en cuando.
En cuanto llegué, me asenté en una posada enseguida, porque se había hecho muy de noche. Como me suele pasar, no pude dormir casi nada. Condenado insomnio al que me había malacostumbrado. Me desperté muy temprano y comí muy poco, porque recién levantado mi cuerpo está totalmente cortado y no me cabe apenas nada en el estómago. Lo que pasa es que al poco tiempo me muero de hambre, así que decidí comprar provisiones para después. Eso de estar preparado ante la adversidad se sentía raro. Normalmente soy de tirarme y que sea lo que los Dioses deseen.

Estaba amaneciendo. Despuntaba el día con una tranquilidad en la que me revolvía inquieto. No sé por qué, pero tenía la sensación de que iba a ser una mañana extraña, tal vez fuese porque había una rata gigante chillando en la plaza. Pero nah. Cosas peores he visto. Pensé que era un vagabundo que estaba ido de la azotea, pero una vez me acerqué más escuché lo que estaba diciendo y me interesó.
El rátido estaba pidiendo ayuda porque al parecer había perdido a una compañera suya en una expedición en las montañas. Justo lo que andaba buscando, además de que el pobre parecía desesperado y ayudarle estaría bien. No tiene pinta de recompensar con palacios de piedras preciosas, pero eh, que yo también tengo mi corazoncito desinteresado. Una aventura es una aventura.

A su lado estaba hablándole un enano. Supongo que también estaba interesado. Por favor, POR FAVOR, que no sea un enano que quiera matarme porque mi tatara-tatara-tatara-abuelo le puso la zancadilla al suyo. Yo no entiendo qué tienen con vivir en el pasado. Espero que no sea el caso, porque digo yo que es bastante difícil concentrarse en buscar a alguien cuando tienes a un enano subido a la espalda tirándote de los pelos y dándote garrotazos en la cabeza.

- Yo voy, también – dije espontáneamente, tras haber estado escuchando – Iba a viajar solo a las montañas, pero supongo en algo podré serte de ayuda.

Me encogí de hombros y miré al enano con una sonrisa de "te prometo que intentaré no darte mucho asquete, no me pegues".


Última edición por Krenden el Dom Dic 02, 2012 8:42 pm, editado 1 vez
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Dic 01, 2012 7:17 pm

-Foxhound... ya casi llegamos, luego podremos beber hasta no poder más...bueno, yo jajajajajaj

Necross se encuentra por las montañas Drakenfang, buscando la cola de una víbora que le enviaron a cazar, es una tierra grande y peligrosa ya escapo de un grupo de minotauros a los que Foxhound les robo comida, cansado busca un lugar para pasar la noche que se acerca fría y bella.

Al caminar llega a un pequeño poblado llamado Marchiafka, un brillo se asoma en sus ojos y su cara muestra felicidad, su primera parada en el pueblo es una pequeña posada, pide un plato de comida caliente, leche (para Foxhound) y un vaso de el trago más fuerte de la casa "para calentar el cuerpo". Acto siguiente, pide una cama para pasar la noche.

A la mañana siguiente se prepara para partir y camina por el pueblo cuando llega a lo que parece ser la plaza del pueblo, al caminar entre los arboles ve a un pequeño hombre rata que habla con un enano barbón y otro sujeto, se acerca sin maldad y le pregunta al hombre rata si se encuentra bien, él le responde con casi un nudo en su garganta que secuestraron a su compañera y algo de un tesoro (que resonó en sus oídos). Le dijo al pequeño ser…

-No has de temer amigo yo y mi lobo (apunta a Foxhound) te ayudaremos, después de todo necesito llegar más adentro de las montañas, jajaja no te preocupes..

Luego Necross se presenta ante los tres sujetos, saca su petaca y hace un gesto de salud, luego la bebe (es agua).
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Sáb Dic 01, 2012 7:52 pm

Caminaba sin un rumbo fijo. Evitaba principalmente los principales caminos, muy habitualmente utilizaba el refugio de las sombras que los árboles ofrecían. De vez en cuándo se tropezaba con algunos salteadores de camino, que fácilmente esquivaba. Las pisadas de los demás, siempre alertaba a Drizzt. Obligándolo a detenerse y determinar de dónde provenía el origen del ruido y así decantarse por el siguiente paso a tomar. Recordaba a su vieja amiga Lys, una elfa que estaba por llegar al siglo de vida. Una elfa esplendorosa, gran guerrera antaño y sabia por su experiencia y años de merodear por la superficie de Noreth. Junto a ella aprendió las cosas básicas para sobrevivir en aquella superficie igualmente peligrosa que del lugar de dónde procedía. Que le enseñó sobretodo a confiar un poco más del mundo nuevo que le rodeaba. No así, Drizzt seguía siendo muy cauto con el contacto con otros, sobretodo visualmente, pues prefería mantener ciertas distancias.

Con todo, ahora se situaba en Thargund, en las Montañas Drakenfang. Luego de sortear a un gran número de salteadores, que intentaron en un principio darle caza, prosiguió su camino, por conocer y explorar el nuevo mundo, lleno de muchas posibilidades, y con el que tenía más esperanzas puestas, para seguir viviendo. La experiencia del camino, le había obligado a no fiarse principalmente de los caminos más transitados, por lo general abundados por comerciantes, salteadores y demás alimaña de los bajos confines de la sociedad. El día se presentaba espléndido, aunque aún le seguía afectando la luminosidad de los astros de Noreth, se decía a sí mismo, que tarde o temprano se acostumbraría.

Luego de seguir caminando por unas dos horas más, llegó hasta las inmediaciones de un pueblo, secundado por varias cosas aisladas alrededor. Drizzt tuvo especial cuidado de no topar con los aldeanos, principalmente para no salir escaldado. Pues no todos los pueblos aceptaban de buena gana a los de su raza. Entendía el temor que los de su raza inspiraban en los demás, y por ello no les culpaba. Iba a seguir su camino, cuándo de lejos vio a un ser diminuto con una cola larga y encasquetado con su gorro puntiagudo, corriendo a toda velocidad. Por su cara y su respiración, Drizzt se dijo que aquella persona, debía de haber estado corriendo un largo rato. Aquella persona, entró como un rayo hasta el centro del poblado.

Intrigado como estaba, se decidió por seguirlo de lejos, evitando miradas indiscretas. Ya dentro del pueblo, escondido entre las sombras, vio como aquella persona, que por fin pudo verle la cara, era un rátido. Un ser humanoide con forma de rata, así lo describía. En un principio pensó que aquel rátido, iba a hacer algo que podía perjudicar a los aldeanos del poblado. No fue así, vio como a los cuatro vientos el rátido pedía ayuda a quién se prestara para ayudarlo. Vio que un grupo de gente se acercaba a él, intrigados al momento, mientras que la gran mayoría del poblado seguía con sus cosas.
Drizzt no estaba menos intrigado, ahora le entraba curiosidad, por saber qué era lo que había llamado la atención de aquellos personajes, que desprendían un aura diferente.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Kedth Vmyr el Sáb Dic 01, 2012 9:15 pm

Una vez más el errante viajero se encontraba en uno de sus numerosos e interminables periplos, ¿Qué como había llegado a un lugar tan inhóspito como era esa región de las montañas Drakenfang? Ni el mismo lo sabía, nunca tenia un destino marcado , nunca una meta a la que llegar, ningún sitio al que ir, simplemente andaba sin un trayecto determinado y así seguiría haciéndolo hasta que se cansara, sí así de simple, Kedth era así, un alma libre.

Había conseguido llegar a un pueblo que al parecer se llamado Marchiafka, sus pasos lo habían llevado hasta allí. Con un andar firme y decidido entro en el pueblo, no era un lugar muy transitado, la razón más probable es que estaba perdido en medio de una agreste y helada montaña, pero eso a él no le importaba, había un poblado y él estaba lo había encontrado para bien o para mal.

Tras un rato andando por la callejuelas de aquel sitio para haber si encontraba algo de información, algún trabajo o quehacer llego a sus oídos las desesperadas suplicas de alguien, al dirigirse al origen de dichas imploraciones se fijo que el atormentado personaje era una rata gigante, gigante para ser un rata, pero comparado con cualquier humanoide era bastante pequeño, el humanoide con forma de roedor vestía andrajosamente, unos ropajes sucios y un sombrero destrozado.

Normalmente hubiera pasado de su petición, de no ser por una sola palabra, tesoros. Por el simple hecho de prometer los tesoros de aquel hombre “malo-malo”, iba a contar con sus servicios.Se acercó al ratido, que estaba junto con un enano,un divium y otro humano, dijo clara y llanamente.
-Ratido, yo te presto mi ayuda, pero no te hagas ideas equivocadas de mi, no voy por caridad o por pena, solo voy por los tesoros que guarda ese hombre que has mencionado, una vez los tenga mi colaboración se habrá acabado, entendido.-
Terminó, observando seguidamente a los tres que iban a ser sus acompañaste a parte de la rata. Sin duda iba a ser una difícil tarea, pero iba a obtener su recompensa, y eso a Kedth le bastaba.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 01, 2012 11:06 pm

Un paso delante del otro, los pies se confundían en ocasiones ante el frenético ritmo que les daba en pos de una huida la cual había emprendido desde hacía ya unos días. ''La Orden'', la puta organización de asesinos de la que había escapado hacia un tiempo, había decidido que mi existencia debía ser erradicada de una vez por todas. No estaba del todo seguro, pero, tenía la sensación de que algunos de los que me había encontrado en mi travesía de libertad no eran precisamente de la organización que me esclavizó antaño. ¿Tanto suponía para ''La Orden'' mi huida que incluso habían recurrido a una recompensa para otros gremios si me atrapaban? Esa era mis sospecha ante los hechos que había presenciado no hacía mas de una semana.

Llevaba huyendo desde entonces, espoleado por aquellos hijos de puta. Chuchos asquerosos que iban detrás mía como si de un hueso de ternera me tratase. Estaba comenzando a despreciarlos aún mas de lo que ya los despreciaba, su mera imagen no hacía mas que evocar una nueva mueca de asco en la habitual mascara inexpresiva que solía mantener. Hasta estos puntos llegaba mi cansancio y mi frustración de aquellos días, siquiera era capaz de mantener mi perpetua actuación en condiciones, inmediatamente sintiendo mis labios retorcerse ante la aversión que me provocaban aquellos recuerdos.

Divisé un nuevo poblado al que llegar en mi inusitada huida. Desde luego el último numerito que había montado en mi anterior destino me daría algo de tiempo antes de que me alcanzasen, por ello no había dudado en poner pies en polvorosa y correr tanto como mi físico me permitiese. Estaba cansado, sin duda, pero mi temor a la muerte, o peor, a la privación de mi libertad, me fustigaba lo suficiente como para olvidarme de este. Estaba sucio, la capa gris que portaba en esta ocasión ajada. Mi rostro estaba cubierto tanto por una tela del mismo color que la capa como por la capucha que ocultaba mis rasgos mas evidentes al resto de los que pudiesen verme. Portaba también ciertas prendas de abrigo, grises también, bajo las cuales se ocultaban tanto mi peto de cuero como las otras pocas piezas de armadura que portaba. La realidad es que era algo incómodo, pero aún así me permitía una movilidad optima y el frío de las montañas no se me hacía tan evidente desde que las había conseguido.

Me adentré precavidamente en el poblado, a paso ligero y con un pequeño recipiente con un ungüento que aplicaba sobre un leve corte que ahora adornaba mi mejilla por culpa del altercado que había sufrido con los asesinos ¿Que diantres podría hacer ahora? Mi mente no hacía mas que dar vueltas a la situación mientras me centraba en pasar lo mas desapercibido posible dentro de las posibilidades que se me ofrecían. Planes de huida, estrategias de combate, posibilidades, los recuerdos de mi pasada esclavitud, la idea de la privación de mi recién obtenida libertad. Todo se mezclaba en mi cabeza, creando un remolino de confusión que casi conseguía desorientarme sin que yo consiguiese percibirlo. Mi pecho subía y bajaba por la carrera realizada... realmente ya no sabía siquiera que hacía.

Mis movimientos se volvieron instintivos, automatizando mis pasos, dirigiéndose estos por su cuenta mientras mi cabeza seguía sumida en aquellos pensamientos que me aplastaban y minaban mi moral. Antes de darme cuenta ya había terminado de untarme la insignificante herida... y me encontraba en mitad de la plaza del pueblo.- ¡Idiota!- pensé para mi, frustrado con mi propia debilidad que solo podía llevarme a una inevitable muerte. Demasiados fallos, demasiados para que yo siguiese aún vivo... bendita sea la suerte pues me percaté inmediatamente que la atención se había centrado más en una especie de rata parlanchina y de gran tamaño con respecto a otros miembros de las mismas que ya había visto ¿Un Ratido? conocía vagamente de su existencia por la instrucción que había recibido en mi estancia con los asesinos, no podías matar adecuadamente si te encontrabas con un enemigo que desconocías, los errores no eran permitidos dentro de ''La Orden''. A voz alzada proclamaba ayuda, con un incipiente fervor que conseguía evocar en mi cierta empatía hacia el Antropomorfo. Un rápido vistazo me indicó el desaliño del ser... de todas formas ¿Que hacía allí parado? No tenía tiempo de proporcionar mi ayuda siendo que era yo mas que nadie el que la necesitaba con aquellos hijos de puta tras mis pasos. Fui a dar media vuelta para perderme una vez más, intentando volver a mi hilo de pensamientos en el que trazar un plan adecuado, cuando mis ojos se percataron del grupo que había reunido el Rátido en su favor.

Algo hizo 'Click' en el interior de mi cabeza cuando vi aquello ¿Por qué no unirme a ellos? Yo necesitaba ayuda desde luego, pero ellos no tenían que saber en ningún momento que me la aportaban. Simplemente con la presencia de aquellos que se le habían unido al antropomorfo roedor serviría como señal de que no era precisamente el mejor momento para atacar a la Pantera de Thaimoshi. Mis pasos me plantaron frente al Rátido, llevándome dos dedos a la boca del estómago como una señal conocida de respeto en Malik Thalis.-Podéis contar también con mi ayuda... a pesar de mi lamentable aspecto estad seguros de que estoy plenamente preparado para ayudaros, honorable roedor...-hice una pequeña reverencia, siguiendo con mi perfecta actuación, ya un poco recuperado del momento de caos mental que acababa de sufrir. No podía cantar victoria, no estaba seguro de si aquello serviría para persuadir a ''La Orden'' por el momento, pero sin duda era el mejor camino que se me planteaba.- Mi nombre es Nathaél Forst, encantado.- mentí en mi nombre, no demostrando confianza alguna en revelar mi verdadero en plena plaza del pueblo... nunca se sabía quien escuchaba.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Aerim el Dom Dic 02, 2012 4:36 am

Para la buena fortuna del rátido, pronto un grupo bastante particular de individuos se le uniría: un enano, un divium, un hombre-pantera y dos humanos, todos de aspecto suficientemente fuerte como para sobrevivir a lo que estaba por venir.

- ¡Gracias-gracias valientes guerreros! Partir pronto debemos, pero deben estar listos pues el camino largo-largo es –advertiría Aerim. Y con ellos algunos de los presentes se alejaron por unos momentos y buscaron en los locales cercanos provisiones como para estar algunos días en las afueras.

Así, sería la mitad de la mañana cuando finalmente aquél grupo particular partiría por una de las entradas del pueblo siguiendo un pequeño sendero que se internaba en una región cada vez más poblada de árboles hasta convertirse en un bosque hecho y derecho. La temperatura se podría decir que era fresca, pero como tenían casi un día y medio de caminata hasta el inicio de la montaña, aún se podía soportar bien.

Cabe mencionar que, como Aerim estuvo prácticamente dos días corriendo sin parar, ahora se iban turnando entre los grandes hombres del grupo y el enano en llevar al rátido en sus espaldas mientras este, medio dormido, les daba indicaciones de por dónde ir. Era algo necesario, al menos hasta que Aerim se recuperara lo suficiente para andar por sí solo.

- Seguir-seguir el sendero debemos, nos queda un largo camino hasta el lugar dónde doblar –diría cada tanto, en su estado de semi-conciencia.

Sin embargo, aunque por el momento todo transcurría con tranquilidad para el grupo que, aún no se habían percatado de que un elfo oscuro los estaba siguiendo a razonable distancia. Tal vez estaban muy ocupados buscando los rastros del sendero que, al ser viejo y abandonado, era difícil de seguir aún con la luz del sol que se filtraba entre los árboles. ¿Cuáles serían las intenciones de aquél individuo de las sombras? Deberíamos esperar un poco más seguramente para descubrirlas.

Ya habiendo pasado el mediodía, nuestros héroes continuaban andando cuando, repentinamente, Aerim comenzaría a hablar en una lengua extraña. Estaba dormido sobre la espalda de Ferrú el Enano, pues sus ojos estaban cerrados y casi no se movía, pero hablaba rápido y de forma repetitiva. Los presentes se podrían percatar de aquello, lo cual les llamaría fuertemente la atención. ¿Qué estaba haciendo? Pronto lo descubrirían cuando todos a la vez cayeran inconscientes o, mejor dicho, dormidos. Incluso el Elfo, que se encontraba a una respetable distancia, caería en un sueño repentino. Demostraciones tan grandes de poder son sumamente extrañas, incluso entre los Chamanes más poderosos de la Tribu del Tercer Bigote a la cual Aerim pertenecía. Pero, como dicen, el miedo y el amor son dos fuentes de poder sumamente poderosas y tanto era el amor que el rátido sentía por su compañera y el miedo a perderla que le permitiría ejecutar tal obra de Magia del Nombre. Esto se debe en realidad a que la Magia del Nombre no depende de una “fuente” o de una habilidad, sino que depende de la propia voluntad, voluntad que era grande en el pequeño ser.

¿Qué había ocurrido entonces? Sin querer Aerim los había llevado a la Realidad del Sueño, aquél mundo que esta más allá de este. Todos los involucrados se verían primero en medio de una densa neblina gris que no les permitía ver más allá de sus propias narices pero que, lentamente, se disipaba y dejaba distinguir dónde se encontraban en realidad: un salón de inmensas proporciones con altas columnas, completamente negro e iluminado por una serie de antorchas en cada columna. Era un lugar tenebroso, pues la luz penetraba poco en la distancia y con dificultad se veían los muros o incluso el techo del lugar. La experiencia era tan vívida y real que los soñadores podrían sentir un tenue olor a carne putrefacta y una suave brisa cálida moviéndose en la oscuridad. También escucharían sonidos metálicos, sonidos que los oídos experimentados podrían distinguir como el ruido que hacen las piezas metálicas de las armas y armaduras al moverse. Pero no se veía nada, o al menos nada claro. Cerca de los muros parecían moverse figuras oscuras de distintos tamaños que la luz no llegaba a iluminar. Incluso los ojos agudos del enano y del elfo no verían nada, pues en el mundo de los sueños las reglas del mundo real no corren.

- ¡Oh no oh no! ¡Por el Gran Nombre! Aerim hizo muy mal, muy mal al traerlos aquí a esta Realidad –diría el rátido, que estaba parado junto a todos los miembros del grupo, incluso el elfo, desconocido para todos, estaría allí. Estaban todos parados, formando un círculo y mirando hacia adentro, mirándose las caras para decirlo más claramente- . El Poder del Nombre se le escapó a Aerim. El Hechicero Negro-negro puede estar viéndonos, no se muevan.

- ¿Tan pronto haz vuelto, pequeño roedor? –Se escucharía una voz poderosa desde la oscuridad- ¿Qué clase de magia es esta que utilizas? Siento tu presencia pero no te encuentro, ¿dónde te encuentras? No puedo verte ni escucharte. No puedes esconderte por siempre de mí.

Y cuando la voz finalizó, una esfera roja apareció repentinamente en el techo sobre nuestro grupo. La esfera lentamente comenzaría a crecer y a brillar cada vez más.

- Rápido, Aerim debe llegar a la salida –chillaría el rátido apuntando con su vara una puerta lejana y de luz blanca que también aparecería en un extremo del salón. Parecía estar a casi doscientos metros de distancia.

- ¡No te dejaré escapar! –se escucharía nuevamente la voz poderosa que ahora, claramente, provenía de la esfera roja.

Entonces, las sombras de los muros comenzarían a acercarse y los presentes se percatarían de que se trataba de soldados en armaduras y con espadas y escudos, todos completamente negros. Eran decenas de ellos y todos parecían mirar al rátido que rápidamente comenzaría a correr sobre sus cuatro patas, dejando caer su vara y su sombrero.

- Rápido, Aerim debe llegar a la salida-salida. No importa lo demás-demás –volvería a chillar mientras se alejaba del grupo y los soldados negros se le acercaban.

¿Comprendería el grupo lo que el rátido les estaba tratando de decir? ¿Cómo actuaría a esta situación que escapaba a su conocimiento?


OFF: Por si no queda claro, ustedes no terminan de entender qué pasa, pues Aerim dice que los llevó a "Otra realidad" y de un momento a otros se encuentran en la situación anterior. Actúen acorde a lo que sus personajes saben, no a lo que ustedes saben.

Buena suerte!

PD: El Lobo no esta en esta realidad Necross.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Necross Belmont el Dom Dic 02, 2012 7:35 am

-Jajaja este pequeño amigo es muy divertido, ¿no Foxhound? (Foxhound ladra y mueve su cola)

Necross, en busca de una peligrosa víbora decide acompañar a un grupo de personas en un viaje a las montañas de Drakenfang, el necesita adentrarse mas y no es un problema ayudar al pequeño ser que desesperadamente la necesita.

Somos un grupo de seis sujetos, seis personas que desinteresadamente querían ayudar al ser llamado Aerim, bueno no todos ya que uno de ellos solo esta ahí por el dichoso tesoro, aunque eso también esta en mi cabeza, pero tengo un trabajo que hacer y le di la palabra a Aerim de que lo ayudaría.

Aerim camino sin descanso por dos días cuando sus fuerzas desaparecieron tomamos "turnos" para cargarlo, en un momento, Ferrú el enano lo cargaba y el pequeño ser comenzó a balbucear en un lenguaje extraño, cabe destacar que él estaba dormido, todos no acercamos a Ferrú y de pronto Foxhound estaba intranquilo, en un segundo todo se volvio negro y un pequeño dolor de cabeza comenzaba a molestarme, por un momento La neblina era densa y la oscuridad total, pero esta se desvaneció y se dejo ver un salón que estaba iluminado pero seguía siendo parte de la oscuridad del ambiente.
-Agg mi cabeza, ¿Foxhound estas bien?, ¿Foxhound? ¡¡Foxhound!!
Necross mira para todos lados en busca de su lobo pero para su sorpresa lo único que encontró fue un tipo que parece ser un elfo pero este tenía la piel oscura.

-¿Foxhound eres tú? (Comienza a apretar las mejillas del elfo, este le golpea la mano)
Inmediatamente después de el golpe Aerim comienza a hablar al vacío pero habla tan rápido que solo se entendían pocas palabras, acto seguido una voz que parecía venir de la oscuridad comenzó a hablar con el, pude ver que desde las murallas de la habitación aparecieron en cantidad unas armaduras totalmente negras y armadas con espadas y escudo.
Aerim desesperado apunta a una lejana puerta y nos dice que debemos correr, en este momento saque mi querida espada "grave" y me puse en posición defensiva, luego mire a mí alrededor y... me puse a correr con los demás del grupo, después de todo... "soldado que no muere sirve para otra guerra".
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Krenden el Dom Dic 02, 2012 12:36 pm

Al principio pensaba que no, pero a medida que las cosas fueron ocurriendo me di cuenta de que el ratón gigante ese era de las cosas más raras que he visto en mi vida. ¿Qué clase de sustancia se toma esta gente? ¿Se dopan para que no les pille el gato y acaban así?

Todo iba medianamente bien al empezar. Éramos un buen grupo de gente, y yo estaba animado de haber encontrado un hueco en algo tan rápido. Nos separamos para comprar cualquier cosa que nos hiciese falta, y yo ya había comprado antes, así que estuve listo en poco tiempo. Partimos entrando el mediodía, y tuvimos que turnarnos en llevar al ratoncito a cuestas, porque al parecer él había estado corriendo durante dos días seguidos. Digo yo que también me podían haber llevado a mí encima, que yo llevo andando desde los dos años.
De vez en cuando despertaba de su ligero letargo y nos daba indicaciones. Pedí a los Dioses que el bosque no se hiciese más frondoso, porque mis alas se quedarían atascadas y no es plan. Cada vez me enfrento a muertes más estúpidas, en serio. La verdad es que no sabía si arrepentirme de haber entrado en aquel… lo que quiera que fuese, porque el rátido era bastante desconcertante, y no entendía nada de lo que decía más allá de las direcciones hacia las que teníamos que ir. Seré yo que soy un ignorante, yo que sé.
Las cosas empezaron a retorcerse cuando el ratoncito estaba a hombros del enano –que por cierto, no me pegó, un aplauso- y súbitamente se puso a balbucear en sueños. Fruncí el ceño y parpadeé, confuso.

- A lo mejor es sonámb…

No pude acabar la frase por vete tu a saber qué vino a continuación. No sé lo que pasó. Estaba ahí y de repente no estaba. Era como si hubiese dado un salto, como si me hubiese teletransportado. Estaba mareado y lo único que podía ver era niebla y oscuridad. Segundos después, cuando todo empezó a verse más nítido, me di cuenta de que estábamos en una especie de estancia completamente negra con antorchas. Aquello tenía menos luces que yo mismo, y eso es GRAVE. Me percaté de que estábamos todos en círculo, y que había un elfo que ni siquiera era parte de nuestro grupo. Como para que ahora se ponga a bailar en medio y nosotros le aplaudamos, vamos. Muy normal todo. Si esto era el sonambulismo del rátido, desde luego tiene que ir a un curandero ya. Se escuchaba algo al fondo, pero no pude distinguir qué era porque el pobre de Necross estaba que iba a llorar porque no encontraba a su lobo.

Aerim –que ese era su nombre, porque lo repetía mil veces- nos dijo que se le había escapado el Poder del Nombre. Maldita sea, pues para que se te escape esto sí que tienes que tener el muelle muy flojo. Nos pidió que no nos moviésemos, así que yo me quedé inmóvil, pero con las manos preparadas para sacar mis espadas, porque así me lo enseñó papá. Y aquello no pintaba a conejitos saltarines amigables, desde luego que no.
Una voz emergió de la oscuridad y habló con el ratón. “¿Qué clase de magia es esta que utilizas?” pronunció. Fíjate tú, eso mismo me estoy preguntando yo ahora mismo, ente tenebroso que habla. Visto que lo de hablar de la nada está muy visto, el ente quiso hacerse el moderno y envió como representante a una especie de orbe rojo que levitaba en lo alto y cada vez era más y más brillante. Ahí, haciéndome polvo los ojos. No podía mandar, yo que sé, un hueso de aceituna flotante como representante, no. No podía ser algo más amable a los sentidos, que suficiente tenemos con no saber qué diablos está ocurriendo.

Aerim gritó que tenía que llegar a la salida, y señaló una puerta a lo lejos, que se iluminaba en luz blanca. La voz declaró que no iba a permitirlo y una vez que empezó a correr, las figuras que habían pululado por los alrededores de la estancia empezaron a acercarse progresivamente. Eran guerreros, pero no tenían ningún tipo de detalle, eran completamente negros. Y había muchos. Qué bien.

- ¿Qué son esas cosas?

Entonces, en medio de aquella confusión absoluta, mientras asimilaba que era MUY probable que los soldados oscuros no quisiesen regalarnos galletitas, formulé la pregunta más estúpida de mi vida.

- ¡¿Qué pasa si nos alcanzan?!
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

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