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Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Wahn Ode el Dom Dic 02, 2012 7:16 pm

Ferrú de un segundo al otro se encontró con un grupo de gente que en su vida había visto "-Hmmm... Una rata simpática y parlanchina; y cuatro humanos, uno con peinado de gato, otro con alas, uno con una cantidad de armas como para asesinar medio Noreth y el último que trae con él un enorme lobo, que espero no se vuelva loco... Genial, solo espero que el gato no esté aquí solo para comerse a la ratita" pensó Ferrú, aunque en el fondo se encontraba conforme con el objetivo y los seres que lo rodeaban. Se presentó con ellos, tratando de poner su mejor cara de "Me caes bien, pero no me confío", aunque obviamente le salió desastrosa.

"-Bueno ¿Partimos?" preguntó Ferrú una vez que todos los personajes de ese grupo ya estuvieron listos. Se echó al rátido al hombro, bastante deteriorado por un larga camino que había recorrido en tiempo récord (Según este) y decidieron comenzar el trayecto. El ambiente muy calmo, aunque bastante estresante, ya que nadie tenía cara como para romper el hielo entre ellos y el único que se animaba a hacerlo, lo llevaba semi consciente en su espalda, que solo abría la boca para guiarnos en el camino.

Parecían estar cada uno en su mundo, con la mirada fija en vaya a saber Ferrú, que pobre, solo estaba ahí para ayudar y en busca de un poco de adrenalina, motivado por las historias que le había contado Gladio, su maestro.
Se fueron turnando para llevar a Aerim, que solo atinaba a dormir y entre sueños decir "Para la derecha-derecha", dependiendo hacia donde había que ir.

Un camino, un sendero, al parecer no muy transitado y algo desconocido, polvoriento, era lo que utilizaba de guía el grupo para no perderse en los momentos que Aerim dormía. Llevaba hacia las entrañas de un bosque muy tupido, cálido, que cada vez se ponía más espeso y la luz del sol luchaba por colarse entre alguna ramita, alguna hoja. El olor a humedad se podía sentir en la nariz, penetrante y haciendo aparecer alguna gota de sudor en la frente del enano. Los musgos cubrían los troncos de los árboles, copando una vista de fantasía para Ferrú, acostumbrado a vivir rodeado de piedra y nieve, que disfrutaba el camino y la vista a más no poder.

"-Está hablando, está hablando otra vez" dijo exaltado Krenden, al momento en que todos se detenían y volteaban para ver que decía Aerim, recostado en los hombros de Ferrú, que en ese momento era su turno de cargarlo. Pero nadie entendía que decía, esta vez era distinto, no daba instrucciones, sino que hablaba en un lenguaje raro, o simplemente no se le entendía nada de lo que estaba diciendo. Ferrú sintió un mareo y pudo ver que al rededor se había montado una niebla de ultratumba, cubriendo todo el bosque (O al menos eso era lo que él pensó) y que no lo dejaba ver absolutamente nada más allá de sus manos.

La niebla comenzó a dispersarse, pero algo raro pasaba, no se encontraban en el mismo lugar por el que iban la última vez. Ferrú, apenas pudo distinguir quienes estaban, y divisó a alguien que no había visto nunca, un elfo-drow, que desafortunadamente estaba parado justo delante de él, en una especie de ronda formada por sus compañeros de grupo y este engendro
"-¡Maldito elfo! ¡¿Donde mierda nos trajiste?! Mejor que empieces a hablar porque te corto las manos" le gritó Ferrú, totalmente asustado y descolocado de su ser, al drow, mientras lo agarraba del cuello de sus ropajes, aunque luego cedió de su locura cuando la rata comenzó a hablar, develando que accidentalmente él los había llevado a ese lugar. "-Excelente, un mago que no sabe controlar sus poderes, estamos como queremos." pensó Ferrú.

El destino no se conformó con solo hacerlos aparecer allí, en el medio de un pasillo de una especie de mansión abandonada hace siglos, en la que no se veía a un par de metros de donde estaban parados, sino que le agregó un pequeño, gran y tenebroso detalle. Una voz salió de vaya a saber uno donde y empezó a hablarle a Aerim, para que luego apareciese una esfera gigante, color rojo sangre, retando a Aerim a que no huya, a lo que poco caso hizo y comenzó a huir hacia una puerta que irradiaba una luz blanca, al grito de que él debía llegar hasta allí.

"-¡Genial, genial!" exclamó Ferrú sarcásticamente, pero su humor se cortó de cuajo, cuando pudo ver que de las sombras comenzaban a emerger una especie de ejercito de las tinieblas. Siluetas de color negro como el fondo de una cueva olvidada, comenzaban a acercarse hacia ellos. Ferrú solo atinó a hacer dos cosas, lanzarle un grito a Kedth Vmyr "-¡¿Para qué mierda tenés tantas armas?! ¡Disparale a esa bola!", para luego agarrarle el brazo a Necross y decirle "-¿Por qué huyes maricón? ¿Tienes una espada para huir? La rata dijo que tenía que llegar a la puerta y lo demás no importa".

Ferrú, al ver que Krenden se quedó parado, ya tenía compañía. Desenfundó su hacha, esperando que al darle tiempo a la rata y llegase a la puerta, mágicamente todos estarían salvados... Vaya contradicción, los enanos poco creen en la magia.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Kedth Vmyr el Dom Dic 02, 2012 8:53 pm

Demasiadas personas, en el grupo había demasiadas personas para su gusto, a Kedth no le agradaba mucho en estar en grupos grandes, cuanto más personas más reglas, eso era un hecho, pero el qué iba poder hacer.


Tras aprovisionarse, ya a mediodía Kedth partió con el variopinto grupo reunido por la pequeña rata, era extraño que como un ser como aquel hubiera podido reunir aquella banda con solo suplicas en mitad de un pueblo perdido en la nada.
La rata guío al grupo por un sendero localizado en un de las múltiples entradas a la aldea en la cual se habían conocido, a medida que avanzaban por aquel angosto camino iban apareciendo cada mas arboles hasta llegar a una frondosa y exuberante arboleda.
Durante todo el camino, los integrantes de aquel singular conjunto se estuvieron alternando para transportar a aquella extraña rata a sus espaldas, debido supuestamente a que estuvo dos días corriendo sin parar, por aquel mismo camino, hasta llegar al pueblo, y mientras tanto ella dando, en unas condiciones que podría desfallecer en cualquier momento, las indicaciones adecuadas para que fueran por el camino correcto.

Tras un largo camino recorrido, Kedth supuso que ya habría pasado el mediodía, la exhausta rata, que en ese mismo momento se echaba una siesta en las espaldas del enano,” sin lugar a dudas el mejor lugar para dormir” pensó, empezó a hablar en un extraño idioma que incluso el, que había viajado ha bastante lugares de Noreth, no había escuchado nunca y por lo tanto desconocía.
¿Qué bicho le había picado al ratido? Sin embargo a Kedth no le dio tiempo a intentar descifrar las palabras del pequeño roedor pues cada vez se sentía más fatigado, cayendo finalmente caer inconsciente, por más que se resistió.


Kedth empezó a ver una espesa y extraña neblina grisácea que le impedía ver a su alrededor. Pasado poco tiempo la densa niebla empezaba a desaparecer, dejando a la vista uno de los lugares más insólitos y lúgubres que había visto, un salón de descomunal tamaño, con enormes columnas con una antorchas que iluminaban la extraña estancia, pero lo que más le sorprendía era que era totalmente negro, y había un desagradable olor a podrido. Una cálida corriente agitaba la débil luz de las antorchas y un sonido de metales chocando unos con otros sonaba en toda la estancia. Al tratar de discernir el origen del sonido dedujo que era cerca de los muros, donde no veía nada más que oscuridad.

¿Dónde se encontraba? ¿A qué lugar había ido a parar?¿Qué había pasado para llegar a ese lugar? No sabía ninguna de la respuesta a ninguna de estas preguntas, a menos no hasta que el ratido hablo. Dichosa magia, el “poder del nombre” había dicho el roedor, nunca había escuchado tal cosa hasta ese momento, pero sabía que tenía que ser magia. Todo el resto del grupo también había sido afectado por el extraño poder del ratido, y no solo los que habían aceptado ayudarle, sino que había una cara que antes no había visto, ha juzgar por sus rasgos y el color de su piel supo que era un drow.
Se escucho una potente voz en mitad de las tiniebla destinada a Aerim. Tan pronto como se hizo el silencio, el máximo silencio posible sin contar el eco metálico que resonaba desde hace un rato, una extraña esfera de color rojo vivo hizo su aparición, aumentando de tamaño y de intensidad luminosa.


De pronto el enano se puso a gritar como un loco que le disparara, estúpido y chillón enano, él no le daba ordenes y simplemente le iba a ignorar. Mientras tanto Aerim se dirigía corriendo a más no poder a una pequeña luz blanca en el extremo del oscuro salón. No solo el empezó a movilizarse pues lo que antes solo parecían sombras en verdad eran guerreros, con sus armas y armaduras del más oscuro negro, y se dirigieron hacia el ratido, seguramente con no muy buenas intenciones.

Era todo demasiado extraño, Kedth simplemente se quedo quieto, no movió ni un musculo, no soltó una palabra, estaba plantado en aquel sitio, inmóvil, esperando pasar desapercibido, no como el enano chillón, o el otro humano, el del lobo, que pretendía huir, si aquel era el hombre “malo-malo” que decía el ratido en sus suplicas mejor era que no supiera de su existencia hasta que llegara el momento adecuado.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Dom Dic 02, 2012 11:29 pm

Drizzt seguía manteniendo las distancias con aquel grupo, que parecía que iba de camino a una emboscada. No se fiaba un pelo de aquel personaje encapuchado. Por muy desesperado que hubiera sonado haría media hora, ahora se hacía una idea de que igual aquellos guerreros, habían sido embaucados. Siguió observando a lado y lado del camino que el rátido había escogido para dirigirse al lugar que tocaba. Luego de seguir caminando un rato, observó que aquel personaje se estaba sumiendo en el sueño derrotado por el cansancio. Y todo se hizo negro, Drizzt ya temía que le hubieran parado una trampa los secuaces de aquel ser. Se maldijo a sí mismo, por no haber estado más atento a sus propias inmediaciones que a las del grupo. Luego el negro, empezó a arremolinarse convirtiéndose en una fina niebla gris, que al paso dio a otro lugar. Lugar que sorprendió gratamente a Drizzt.

[Dentro del sueño]
Se encontraba rodeado del grupo que anteriormente había estado observando desde una cierta distancia. La gran diferencia respecto a antes de aquella neblina, era el paisaje. Apenas podía ver el fondo de aquel paisaje, era tan monótono, no parecía la realidad a la que hacía un rato estaba. Drizzt miró a todos lados, dando vueltas a su alrededor, cuándo alguien le agarró de las mejillas, llamándole Foxhound. No entendía nada, se soltó del agarre con un simple manotazo, para brevemente ser zarandeado por un ser diminuto. Un enano, así los había definido su vieja mentora Lys, enanos para ser exacto, con una complexión robusta y unas luengas barbas que ocupaban gran parte de su cara y tapaba parte del cuerpo del enano. Encajaban en la descripción perfectamente. ¿Qué les pasaba a aquellos? El enano le había dicho algo mientras le zarandeaba, pero no prestó atención, pues al momento escuchó algo que venía de algún lugar, que se dirigía a un tal Aerim. Aerim al momento, contestó.

Resultó ser aquel personaje con forma de rata, que tartamudeaba. Visiblemente nervioso el rátido se puso a correr sin dejar de hablar mientras tartamudeaba. El grupo desconcertado y desorientado como estaba no sabía cómo reaccionar. El primer instinto de Drizzt, era alejarse de ellos y desenvainar sus cimitarras, atento sin perder de vista al nuevo grupo de soldados, pues sabía que la atención de aquellos seres que acababan de salir de las sombras radicaría en aquel peculiar grupo. No se alejó mucho. Uno de los humanos, no se movió de su lugar.

De reojo veía como el enano, no paraba de imprecar órdenes a diestro y siniestro para que compusieran una línea de defensa contra aquellos nuevos invitados con cara de pocos amigos. La sola idea de escuchar lo que dijo el enano de que los demás no importaba y que el rátido era la única esperanza, no le gustaba un pelo. Por un lado entendía que el rátido era la única esperanza, pero tampoco se iba a quedar de brazos cruzados si alguno cruzaba espadas consigo. La sola idea de “lo de más no importa” le molestó. Se calmó y observó, adoptando una postura defensiva, a la espera de acontecimientos.


"No leas por leer, ni imites, sino que debes tener interés por descubrir tú mismo estas cosas, se debe reflexionar."

Spoiler:

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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Invitado el Lun Dic 03, 2012 8:30 pm

Aprovechando el momento que nos había concedido la rata para aprovisionarnos, no demoré ni un momento en encaminar mis pasos a la taberna mas cercana con la que pude dar. 'La Orca Coqueta' así se llamaba, conociendo yo este nombre por el cartel de oscura madera que colgaba, balanceándose suavemente por la brisa, y chirriando levemente por las viejas bisagras oxidadas que sostenían dicho cartel. Entré con poco cuidado, aunque asegurándome de no llamar la atención en exceso, cansándome ya de mantener erguidos unos hombros que me pesaban como el plomo debido al agotamiento que atenazaba mis músculos. El interior de la taberna no era diferente de lo que ya había visto por fuera. Era sencilla, unas pocas mesas de madera cuadradas aquí y allá, sillas junto las susodichas y poca decoración a excepción de un cráneo, aparentemente de un orco (o quizás orca si teníamos en cuenta el nombre de la taberna), el cual descansaba enmarcado en la pared contigua a la barra. A estas horas no había mayor actividad en esta que la que el tabernero, y una joven muchacha de pelo cobrizo, le aportaban.

-Buen tabernero...-hablé sin un ápice de debilidad en mi voz, siendo aún así esta se mostrase amable, contrastando con mi siguiente acción que era la de apoyarme en la barra con los antebrazos en afán de obtener todo el descanso que pudiese obtener, así fuese insignificante.-... dos cosas quiero pedirles, las cuales pagaré: La primera es que me dé algo de carne, perteneciente a esos conejos que cuelgan tras la barra-hice ademán de señalarlos con un ligero movimiento de cabeza, mientras deslizaba treinta y cinco kulls de bronce por sobre la madera sobre la que ahora me apoyaba-La segunda...-comencé a hablar de nuevo tras una pequeña pausa, sacando un kull de plata de la bolsa para mostrárselo sin que este en ningún momento hiciese ademán de acercarse a las manos del robusto tabernero de pelo oscuro, el cual ya se había apropiado rápidamente de los bronces que había ofrecido como pago por la comida.-... es que tal vez vengan ciertos 'individuos' que pregunten por un Hörige con mi mismo aspecto, yo desearía que su respuesta sea afirmativa y que sus indicaciones sobre mi dirección sean contrarias a las que voy a tomar, es decir, las montañas.- la recia expresión del tabernero no pareció cambiar ni un ápice a medida que le explicaba la tarea cuyo pago hacia aflorar un leve brillo de codicia en sus ojos. Asintió, sin articular palabra, desconfiando tanto por mi condición de antropomorfo como por el secretismo de mi petición, por lo cual se ganó ese kull de plata que mis dedos sostenían.

La carne me serviría para recuperar algo de fuerzas en el momento en que el grupo permitiese una parada, aunque, ciertamente tenía tanta hambre que no pude resistirme a coger uno de los pedazos de esta para comerla cruda tal cual en cuanto salí por la puerta del establecimiento. No pude evitar dirigir una furtiva mirada a la muchacha del cabello rojizo, siendo esta reciproca por su parte al encontrarme sus ojos marrones en la trayectoria de los míos. No tenía tiempo para estas cosas... aunque no pasaba nada por mirar y alegrarme un poco dentro de tanto penuria.

Lo que me esperó a continuación en mi viaje no fue precisamente agradable. La fatiga me pasaba factura en el viaje, siendo que los momentos de descanso no fueron muchos debido al apremio de la rata por llegar a nuestro destino lo antes posible. Pude percibir la preocupación en su voz con cada nueva indicación que daba al variopinto grupo que había reunido con sus suplicas de ayuda, pero realmente casi toda la empatía que albergaba por ese antropomorfo se esfumó paulatinamente a medida que el viaje avanzaba. Iba 'acomodado' en las espaldas de los mas robustos del grupo, dormitando la mayor parte del tiempo, mientras yo tenía que esforzarme en dar cada nuevo paso, usando cada gota de mi talento y mi fuerza de voluntad para mantener mi eterna actuación. Sin poder evitarlo mi mal humor afloraba de vez en cuando, en un gesto, una palabra, una mirada. Simplemente no podía mantenerme sereno siempre, siendo que mis músculos clamaban por un descanso prolongado y mis esfuerzos no iban en otra dirección que la de ignorar dichos reclamos para seguir adelante.

La presión, tanto física como mental, a la que me estaba obligando no hacía otra cosa que desgastarme en ambos aspectos con cada nueva hora de forzado suplicio. En el momento en que Aerim comenzó a hablar en sueños, siendo portado por la fuerte espalda del enano en esta ocasión, no pude evitar dirigir una mirada de profundo desprecio hacia él y su descanso tan placentero que incluso le permitía el lujo de soltar palabras durante este. Justo en el momento en que fui apartar dicha mirada del rátido, me sentí desvanecer...

Estaba confuso entre la gris neblina que eran capaces de discernir mis dorados ojos, simplemente mi vida se estaba tornando una serie de putos sucesos que no hacían mas que joderme cada segundo de existencia que pasaba. ¿Que pasaba ahora? ¿Me habían noqueado? ¿Me había derrumbado del cansancio tras todos estos días de férreo aguante? No podía hacer mas que otear con atención la nueva complicación que el destino había decidido imponerme. El lugar que me encontraba era tenebroso como poco, la vista me permitía discernir poco de lo que por allí se encontraba. Penumbra y mas penumbra era lo único que yo veía, antorchas y formas... luego voces, seguidas de una bola de luz rojiza que se alzó por encima de mi cabeza y de las otras formas que se encontraban cerca mía ¿Los otros del grupo quizá?... seguramente había enloquecido o me encontraba en un mal sueño... siendo que la segunda opción me parecía mucho mas apetecible teniendo en cuenta que conllevaría que por fin había podido dormir. Alcancé a comprender unas pocas de las palabras que la conocida voz del rátido pronunció, mientras la forma que debería pertenecer a este salía corriendo 'Aerim... llegar a la salida... no importa lo demás'.

Simplemente no pude más con todo eso, el lugar, la situación, lo incomprensible de todo y mi excesivo cansancio tanto mental como físico. Acabé colapsando, abandonando toda intención de seguir manteniendo una actuación o un grado de precaución ante las sombras de negra armadura que había visto aparecer. Si había enloquecido definitivamente es que ya había llegado a mi límite y si estaba soñando ¿Que mas daba lo que me sucediese en un sueño? Estaba harto, harto... HARTO e iba a pagarlo con todas y cada una de esas negras figuras que iniciaban su carrera con un ademán de perseguir al rátido.

¡Corre pues, ratoncito!-exclamé con voz ronca, tiznada de una fría ferocidad a la par que un tono de disentida burla hacia las acciones del humano llamado 'Necross'.-Que caigan ante la pantera de Thaimoshi...-dije para mi, siendo que la ronquez de mi voz casi la hacía parecer un profundo rugido.

No dejé mas tiempo en palabras, aquellas sombras pretendían interponerse entre la huida de mi 'querido amigo' rátido y la salida ¿Podía permitir acaso aquello? No. Como una sombra gris avancé hasta colocarme entre ellos y la carrera de la rata humanoide, lanzando uno de mis cuchillos contra la sombra-soldado mas cercana y desenvainando cual fulgor mis dagas largas en pos de parar una de las estocadas que propinaba el siguiente sombra-soldado que me atacaba con su espada. 'Si me toca morir, que no sea como un patético gatito asustado' eso pensaba, intentando justificarme a mi mismo las acciones que llevaba a cabo, siendo que en mi interior el agotamiento me pasaba una cara factura....
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Aerim el Sáb Dic 08, 2012 5:58 am

La realidad de los Sueños es sumamente particular pues, aunque no puede dañar el cuerpo de esta realidad directamente sí puede dañar el Nombre, es decir esa energía también conocida como Alma que trasciende todas las realidades. Sin embargo nuestro grupo de héroes poco sabía de eso (salvo, claro esta, por el rátido quien era el que los había llevado hasta allí). Tal vez por eso estaban todos tan confundidos sin saber qué hacer o no. Pues es momento de develar algunos misterios de lo que ocurrió.

Debido a que Aerim los había llevado hasta allí sin intención, el conjuro se realizó de forma extraña pues enlazó el Verdadero Nombre del pequeño hechicero con el Verdadero Nombre de su amiga Judith, quien al parecer estaba bajo alguna clase de control mental impuesto por el Hechicero Negro, la voz poderosa en la oscuridad que habló recientemente. Y en esta particular conexión es que todos los presentes se unieron de una forma muy superficial, lo cual, si lo sumamos al desconocimiento del Hechicero Negro de la Magia del Nombre, hubiera representado una ventaja si se quedaban quietos ya que su presencia no habría sido notada. Pero ahora que algunos se movieron, discutieron o incluso se prepararon para pelear, su Nombre “vibró” con más fuerza en la Realidad de los Sueños, lo cual se podría entender como que enviaron una señal al enemigo de que estaban allí. Aerim había sido claro en sus órdenes, aunque los valientes guerreros no supieron interpretarlas. Ahora era momento de actuar.

- ¡Muahahaha! –se escucharía una risa macabra provenir desde la esfera roja- Ahora sí puedo ver, al parecer tienes compañía, ¿no es así, pequeño rátido? Veo al humano, al gato gigante y al elfo allí. Ellos no te ayudarán.

Inmediatamente tras escucharse esas palabras, en las figuras negras comenzarían a brillar dos pequeñas luces rojas que se verían a través de los cascos cerrados: eran los ojos de esos guerreros que, repentinamente, tomarían diferentes poses de lucha y mirarían a los valientes héroes de nuestra historia. Ya no habría tiempo para no actuar, solo la batalla los separaría de la muerte. Así que, vamos por partes.

Necross, tomando su espada, intentaría seguir al rátido quien escapaba velozmente entre los soldados a un ritmo difícil de alcanzar. Y por eso, para el momento en el que se diera cuenta, estaría rodeado por unos cuatro soldados negros, de ojos rojos, espadas y escudos. Los cuatro enemigos se colocarían en los cuatro puntos cardinales de Necross, presentándole una complicada batalla por delante. ¿Cómo resolvería el humano tal situación? Con la tenue luz del ambiente era realmente un esfuerzo ver en detalle a los Soldados Negros. Sin embargo, para su fortuna, estos comenzarían a atacarlo de a uno a la vez, lanzando golpes simples y defendiendo luego con sus escudos. No parecían representar un gran peligro por sí mismos, salvo por el hecho de que Necross pronto se daría, si ejecutaba un golpe certero, de que no había forma de matarlos ni de mutilarlos: su espada chocaría contra la espada y el escudo rival, golpearía la armadura e incluso la dañaría, pero cuando tenía que perforar la carne simplemente entraría y saldría como si nada rellenara las armaduras, como si un fantasma las moviera. ¿Qué estaban tramando? Hiciera lo que hiciera Necross, siempre lo mantenían rodeado, cansándolo más que dañándolo.

Ahora bien, por otro lado tenemos a Krenden, a Ferrú y a Kedth, quienes formaron un grupo de batalla en el lugar donde habían aparecido. Tal vez habían comprendido mejor las indicaciones del rátido, pues al quedarse en el lugar, expectantes, los soldados negros parecían mirarlos, incluso acercarse a ellos, pero repentinamente cambiaban su atención hacia los otros miembros del grupo que andaban moviéndose para todos lados. Era como si no los vieran o si los ignoraran. Extraño… ¿Pero qué no era extraño en la Realidad de los Sueños? Si continuaban así podrían salir sin un rasguño de aquella extraña situación. Sin embargo, sería muy fácil si los dejara así sin más. Vamos a complicarles un poco las cosas. Cuando los soldados negros parecieron perder el interés en estos tres valientes guerreros, comenzaron a moverse alrededor de ellos o mejor dicho a pasar cerca de ellos lentamente para dirigirse hacia los rivales más “ruidosos”. Entonces los tres podrían ver algo sumamente llamativo: se podía ver a través de las rendijas del casco de algunos soldados negros, justo en medio de las dos luces rojas que representaban a los ojos, una pequeña y tenue luz azul justo en el fondo del casco, como si estuviera en la nuca pero del lado interno. ¿Qué significaba eso? Tal vez algo importante, tal vez no. Lo importante es que habían notado algo que el resto no a pesar de que no supieran qué era.

Nuestro siguiente héroe es el elfo oscuro, Drizzt, quien naturalmente, al verse en una situación completamente extraña a él, se alejaría del grupo y tomaría sus cimitarras. Cometería así el mismo error que Necross el Humano, pues llamaría la atención de varios Soldados Negros que pronto lo rodearían con sus espadas y escudos. Pero su suerte sería peor que la del hombre nombrado, pues unos ocho o nueve enemigos le rodearían. O al menos eso intentarían pues es verdad que la velocidad y la gracia del movimiento del elfo superaban por mucho al de la mayoría de los presentes -de hecho solo Aerim sería más rápido que el elfo- así que tendría una única oportunidad, al ver un espacio entre dos enemigos, para correr hacia allí. Sin embargo al hacer eso se alejaría del grupo del enano, el divium y el humano para acercarse más a Necross, quien estaba unos pares de metros más cerca de la puerta que el resto (sin contar al rátido). ¿Qué haría? ¿Se habría percatado de que al trío recién mencionado no lo ataron al instante? Algo difícil en medio del caos y la confusión y que, a pesar de poder ser percatado, podría ser malinterpretado. ¿Acaso pelearía? Sus habilidades se lo permitían también. Sea cual fuese su decisión, debía hacer algo.

Finalmente queda el hombre-pantera llamado Neithan, quien claramente era el más llamativo de todos pues no solo corría detrás de Aerim –de manera similar a como lo había hecho Necross- sino que también atacaba con fuerza y violencia, tumbando a varios soldados negros que, tras unos instantes se volverían a levantar. Aquello, aunque valiente en muchos aspectos, le costaría caro al engendro pues atraería mucho la atención de numerosos enemigos, incluso de varios que estaban en persecución del rátido. Así, pronto se vería en rodeado por decenas de sombras negras que con sus escudos y espadas intentaban formar una clase de muralla para detenerlo. Claramente, su situación era la más complicada.

Mientras tanto Aerim corría a una increíble velocidad, aprovechando su pequeño tamaño para pasar entre las piernas de los soldados, trepar por sus espaldas, saltar y seguir corriendo desesperadamente. Le faltaría poco para llegar, unos segundos tal vez. Sin embargo esos segundos podrían ser eternos para los tres individuos que no le hicieron caso y decidieron enfrentarse a los Soldados Negros. ¿Qué ocurriría ahora?


OFF: Como ven, Ferru, Krenden y Kedth tienen este post “libre”. Si actúan correctamente no serán dañados, pero si cometen un error se llevarán algún que otro golpe antes de que Aerim logre salir. En lo que respecta al resto: aunque como Master puedo decidir si les cortan una pierna o no, prefiero que ustedes actúen según las circunstancias que yo planteo y después, si es necesario, yo decido si se corta una pierna o no. Cada uno tiene su batalla, pero pueden hacer lo que quieran corriendo el riesgo de que yo luego decida si esta “bien” o “mal”. Personalmente les recomiendo a Necross y a Neithan que hagan un buen post de pelea, piensen que tienen múltiples enemigos y que todos pueden atacar a la vez. Las estadísticas base considérenlas como las de un humano sin ningún bonus (solo para que tengan una referencia). Por otro lado Drizzt tiene más opciones y ahí ya no le puedo recomendar qué hacer.

Buena suerte! Si todo sale bien en esta ronda volveremos a la realidad Razz Jajaja!
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Krenden el Sáb Dic 08, 2012 11:19 pm

Fue un descontrol total. La verdad es que era comprensible, en una situación así, súbita y sin ninguna explicación, era normal reaccionar de alguna manera impulsiva. Yo no lo hice porque tuve suerte, tuve suerte de darme cuenta de que el movimiento alertaba a aquellas… cosas… feas. Eran como unos guerreros sombríos, únicamente iluminados por dos puntos rojos. Supongo que si fuese más listo hubiese salido corriendo por salvar mi vida, pero me había quedado ahí parado como un pasmarote. Mi parsimonia me había salvado la vida, o al menos, me lo había puesto más fácil. Fíjate tú. Luego se quejará mi padre.

Mucha gente se dispersó. El elfo que había salido de la nada también se separó del grupo, y pronto se vieron rodeados de soldados oscuros. Kedth y Ferrú se quedaron conmigo, pero este último se puso a gritar y a ordenar como si fuese una madre en una habitación desordenada. Habráse visto el gruñón este.

- Ferrú, maldita sea – farfullé – Si no nos movemos, esas cosas no vienen a por nosotros.

La cuestión es que hasta que Aerim no llegase a la puerta no pensaba moverme, a no ser que el bicho ese tuviese algún percance, porque no es cuestión de que ahora la rata la palme o lo que sea y nos quedemos aquí para siempre de picnic con los caballeros oscuros. Me limitaba a ladear la cabeza levemente, estando muy atento a lo que ocurría, puesto que no me confiaba demasiado de mi instinto. Tal vez sí nos estaban viendo, pero preferían matar a los que se movían, y cuando acabasen con esos vendrían a por nosotros. O yo que sé. Estaba deseando salir de allí para que Aerim nos explicase a qué había venido eso, y qué hacía allí uno que no conocíamos de nada, y si esto formaba parte de su plan de rescate, a saber. Peores cosas se han visto, desde luego.
Tenía la sensación de que uno iba a atacarme por detrás en cualquier momento, pero igualmente me arriesgué a no moverme casi nada y a respirar muy pausadamente. ¿Te imaginas que ahora me entran ganas de estornudar? No, no, mejor no me lo imagino. Si no me movía, no se me acercaban. Eso es lo único que sabía hasta ahora, y lo cierto es que era difícil mantener la compostura sólo sabiendo eso. Pero bueno. A lo mejor hasta podíamos salir todos vivos de aquella.

A lo mejor.


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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Necross Belmont el Miér Dic 12, 2012 2:45 am

-!Aahh! donde estas Foxhound!

Necross se pone a correr tras Aerim o eso intenta, por que el enano Ferrú lo tomo de un brazo y le comenzó a gritar cosas, Necross no tomo en cuenta las palabras del enano y siguió su camino podría ser que Aerim este en peligro así que lo mas importante ahora es protegerlo.

Mientras corre se da cuenta que los algunos de los personajes se quedaron quietos y los seres oscuros se acercaban cada vez mas a ellos, Necross sabe que son guerreros y estos podrían defenderse contra las armaduras.

Necross no se da cuenta que al correr otro personaje, el llamado Neithan así también lo hace y las armaduras oscuras comienzan a seguirlos, luego Necross se ve rodeado de cuatro armaduras y estas comienzan a atacarlo, pero parece que no hay nadie dentro o son muy estúpidos porque comienzan a atacar de a uno....perfecto esto me da un chance de salir de aquí...piensa Necross, una de las armaduras ataca y Necross se defiende, es el turno de la segunda, esta da un corte en diagonal y Necross la esquiva este da un golpe con su espada y la armadura sombria se defiende con su escudo, ahora el tercer enemigo ataca el tipo de ataque es un rapido corte con su espada, no fue muy dificil de equivar, el ultimo enemigo le da un corte en diagonal y deja su defensa abierta y Necross ve una oportunidad .

En ese momento consigue clavar su espada "Grave" en una de las armaduras y con una sonrisa en la boca cree que le hiso algún tipo de daño pero la armadura en cuestión le da una patada y lo hace chocar contra la que esta en su espalda, la armadura en la espalda de Necross le clava su espada, pero esta rebota y no surge efecto, Necross tiene a Sherckano en su espalda y eso causo su protección.

Aburrido y cansado Necross saca la gran espada de su espalda y da una gran corte a las cuatro armaduras mientras este se agacha, esto le sirvió para salir de la trampa de estos seres oscuros. Necross corre en dirección paralela a Aerim unos 6 metros ahí al ver que a los tres personajes restantes no son atacados por las armaduras decide quedarse quieto, ojala funcione dice mientras guarda a Sherckano una vez mas en su espalda. Porque un grupo de estas armaduras oscuras se acercan a el... que pasara ahora, dice Necross con preocupación.


(Off: Aerim te dejo lo ultimo abierto, si funciona lo que piensa hacer Necross es decisión tuya)


Última edición por Necross el Jue Dic 13, 2012 4:04 am, editado 1 vez
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Wahn Ode el Miér Dic 12, 2012 8:45 am

Ferrú respiró profundo... Luego de su momento de pánico, procuró calmarse, que la tranquilidad invada su cuerpo y alma mientras escuchaba una voz maligna y profunda que le gritaba a Aerim que los podía ver, aunque nombró un par de humanos y ningún enano, llevándose un disgusto por no ser tenido en cuenta. Con sus rechonchas manos apretó fuerte la empuñadura de su hacha, miró a sus compañeros, Kedth y Krenden, que se encontraban cerca de él, esperando alguna expresión, sea de temor, nerviosismo, ansias, valentía. Se preparó para lo peor. Los espectros negros comenzaban a acercarse lenta y ruidosamente hacia ellos, a paso firme y chirriante, cada vez más y más, sin intenciones de parar.

Curiosos son los milagros, ocurren cuando uno no los espera, o al menos los eventos poco probables, en cuestión, lo que estaba ocurriendo allí. El grupo, desorientado, miraba como los espectros pasaban al lado y entre ellos, sin efectuar ningún acto de violencia ¿Acaso no los consideraban un enemigo importante? ¿No los podían ver? ¿No deseaban emprender una batalla contra ellos? ¿O simplemente los estaban dejando para el final y darse un festín con un enano relleno condimentado con tripas de humano? Ferrú nunca lo sabrá. Lo que sí sabe es que en ese momento algo inexplicable estaba ocurriendo, estos espectros chirriantes caminaban entre ellos con un objetivo que no eran ellos, sino sus compañeros y el elfo, que en un pestañeo desapareció del lado de Ferrú.

Vaya sorpresa y vaya confusión rondaban en la cabeza de nuestro regordete enano ¿Qué era lo que debía hacer? Moría por ayudar a sus compañeros, que comenzaban a plantar batalla contra estos espectros que, por algún motivo se abalanzaron sobre estos y no sobre Kedth, Frenden o él. Escuchó una voz "-Ferrú, maldita sea, si no nos movemos, esas cosas no vienen a por nosotros.". Era Krenden y tenía razón, no podía poner en riesgo a esta parte del grupo, que al parecer, por el momento, se encontraba a salvo. "-No sé que hacer Krenden, estas cosas... Estas cosas me repugnan, me dan ganas de masacrarlas a todas." dijo Ferrú y continuó "-Un momento... ¿Qué es eso?"

La visión del enano no podía fallar ¿Era correcto lo que estaba viendo o su imaginación le estaba jugando una mala pasada? No, estaba en lo correcto. Ferrú alcanzó a divisar entre los ojos rojos y poseídos de estos un punto, una pequeña luz color azul, un tanto pálida, pero allá estaba, al fondo del casco de las sombras armadas "-Muchachos, miren, miren bien entre los ojos de estos bichos ¿Lo alcanzan a ver? Hay una luz azul al fondo de sus cascos" les dijo Ferrú a sus cercanos. "-Ahí está, tal vez sea la manera de ayudar" se dijo a si mismo, mientras miraba como los compañeros en batalla acertaban golpe tras golpe sin efectuarles ningún daño real a estas sombras, comenzando otra vez con sus característicos gritos "¡Gente, hay una luz azul en el fondo del casco de estos espectros, entre medio de sus ojos!".

No había mucho más por hacer, más que no moverse y esperar a que el detalle captado sea escuchado y sirva de algo a Necross, Nathaél, Aerim y si de alguna fuera útil luego, también para el elfo.

"-Vas a tener que dar muuuchas explicaciones si salimos de esta, pequeña ratita."
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Miér Dic 12, 2012 5:59 pm

Las cimitarras bien balanceadas y equilibradas se mantenían firmes sujetas por sus manos. El espíritu de lucha de Drizzt se enardeció. Estaba preparado, como siempre.

Sus recuerdos volvieron al pasado, cuándo aún era apenas un chico, las peleas no le eran desconocidas, pero seguía sin haber utilizado armas con filo. Aquel lejano día, los de la Casa No’Akba estaban asediando la vivienda principal. Toda la familia De’Lartz se disponía a tomar armas, los soldados rasos cogían sus armas, los magos preparaban sus hechizos defensivos y ofensivos, el archimago de la familia ya estaba preparando sus hechizos más poderosos para cuándo se necesitaran en los momentos cruciales. Las sacerdotisas de más alto rango se juntaban con la matrona De’Lartz, más conocida cómo la “ponedora” pues se contaban hasta ochenta hijos en su haber en cien años. La verdad no se sabía el número exacto de hijos que tenía. El resto de sacerdotisas de bajo rango o que no pertenecían a la familia estaban cómo ayudantes para tareas de curación. A Drizzt le dieron un arma de doble filo, sonrió sólo de ver lo afilado que estaba el arma, estaba tan eufórico de poder entrar en liza que pasó el dedo índice del filo y se hizo un pequeño corte. El maestro de armas que pasaba por ahí, vio al hijo más joven de la matrona De’Lartz y le reprendió que estuviera ahí parado, sin preocuparse en lo más mínimo por el corte superficial. Drizzt ya estaba acostumbrado a que lo zarandearan de un lado a otro, a que lo trataran como basura, aun siendo de la familia. El maestro de armas le dio un puntapié para que espabilara y dejara de sonreír y se pusiera a defender y mirara al muro, cuándo de repente irrumpieron.

Despertó de su ensoñación, uno de los soldados fantasmales se había acercado lo suficiente como para intentar cortarle. De puro instinto dio un pequeño salto hacia atrás, tirando la cabeza hacia atrás. Prestó atención a la situación que se enfrentaba. Las cimitarras seguían en sus manos, para desviar un segundo ataque de aquel primer soldado fantasmal, mientras seguía observando la situación a su alrededor. Por suerte los demás aún estaban a dos metros de distancia, cómo para alcanzarle, sólo por dónde estaba el soldado atacante había una abertura que llevaba hasta dónde estaba aquel humano y su criatura, luchando. Volvió la atención a su contrincante que se disponía a darle otro espadazo, cuándo esquivó con gracia y facilidad, tirando hacia un lado. Y poniéndose detrás de aquel fantasma, y tratar de buscar otra opción, que no fuera acercarse a aquel humano. Tras ponerse detrás del fantasma, que seguía desconcertado, por no saber del paradero del propio Drizzt, aprovechó para mirar más allá, de dónde se había separado del grupo inicial; el enano que antes gritaba ahora sólo se quedaba quieto, junto con los otros dos. Cierto es que el enano volvía a hablar pero no gritaba. "¿Qué estarían haciendo ahí parados sin ayudar?" se preguntaba una y otra vez Drizzt.

Drizzt, decidió crear una pequeña distracción aprovechando su agilidad y destreza con las armas. Aún seguía sin comprender porque los fantasmas guardianes no atacaron a aquel grupo, que gritaba, pese a que no se movía del lugar. Empezó a correr atacando a los soldados que se disponían a cerrar la brecha abierta. Mientras que el primer guardián ya empezaba a reponerse y se disponía a atacar por la espalda a Drizzt. En el mismo preciso momento que Drizzt corría el espadazo caía. Drizzt siguió corriendo, sabedor de la gran suerte que acababa de tener, al haber descuidado al fantasma que tenía detrás. Siguió adelante buscando provocar a los guardias que estaban cerrando filas. Dio uno, dos, tres hasta cuatro espadazos con su cimitarra, sin causar daño alguno, cosa que sorprendió a Drizzt, a las armaduras de aquellos soldados para provocarlos y que rompieran formación. El enano mandón, gritó algo, a lo que Drizzt no consiguió entender por el chocar de armas. Luego de ello, saltó hacia atrás, retirándose y esquivando la embestida del primer guardián que ya se disponía a atacarle por la espalda. Hubo un encontronazo entre los dos guardianes que cerraban la brecha y el primer guardián. Sin tiempo para descansar, siguió con los dos siguientes guardias que rompieron la formación en pos de Drizzt. Haciendo un amago hacia la derecha con el cuerpo, el cuarto soldado se disponía a dar un espadazo, que fue fácilmente esquivado por Drizzt, que a su vez aprovechó para dar la vuelta por detrás del guardia y trató de provocar al quinto que se disponía a cortarle el pescuezo. Con todo, la formación se acababa de romper del todo y ya no había signos de una formación coordinada. Cada soldado venía por su cuenta, uno tras otro. Dejando aberturas dónde antes sólo había una. Aprovechó ese momento para dar un rodeo, corriendo a toda velocidad, al grupo del enano y los dos otros personajes que estaban con él una chico con alas y otro humano. No conseguía entender por qué no les atacaban a ellos, con todo Drizzt siguió corriendo para dispersar a los soldados por todo aquel lugar y poder buscar un escenario que le fuera más favorable, para la lucha de uno contra uno. Con todo, prefirió seguir corriendo, pues veía que el primer humano, seguía luchando con varios soldados.

-¡Enano! ¡Haz algo para ayudar al humano! ¡Es primordial que lo ayudes, o no saldrá de esta! –Gritaba a voces. Mientras esperaba una reacción que parecía no llegar.

Por lo demás el hombre-pantera se manejaba bastante bien en comparación con aquel humano.


"No leas por leer, ni imites, sino que debes tener interés por descubrir tú mismo estas cosas, se debe reflexionar."

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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

Mensaje por Invitado el Dom Dic 16, 2012 6:16 pm

Contuve el aire en mis pulmones, viéndome ahora rodeado por decenas de sombras. Giré mi cabeza con suma quietud, paseando mi mirada por sobre los enemigos que me cercaban. Aflojé la presión que ejercían mis manos en las empuñaduras que sostenían, volviendo a apretar de nuevo y a aflojar una vez mas. Acompasé el repetitivo movimiento con mi respiración, soltando lentamente el aire antes almacenado en mis pulmones. Mi mirada era tranquila, mas no carente de amenaza. Siempre me había caracterizado el hecho de que mi furia era mas fría que los mismos picos de Drakenfang, eso era lo que había llamado la atención de los asesinos sobre mi, la extraordinaria capacidad que tenía para mantener a raya cualquier sentimiento que pudiese hacerme cometer un error. Estos no eran los que me hacían fallar, sino mi propia inexperiencia en la vida.

Sabía perfectamente que mis dorados ojos resplandecían levemente en las oscuras salas donde me encontraba. Los tenía clavados en los rojizos que se suponían eran los de uno de los soldados-sombra. Podía escuchar un enjambre de susúrros a mi alrededor, creando un ambiente de paranoia que conseguía acrecentar mi parte animal que tan amenazada se sentía. Sin previo aviso, sin una orden, y siquiera una palabra, tres de los soldados-sombra comenzaron a avanzar hacia mi, mas rápidamente que el resto que cubría sus espaldas. Justo había terminado de soltar el oxígeno de mis pulmones por tercera vez, sintiendo tan raras mis espiraciones como mis latidos, cuando estos me alcanzaron espadas en alza.

-Tres pasos...-pensé para mi, deslizando mis pies por la superficie sobre la que me mantenía en pie. La gracilidad siempre se mantuvo en mis movimientos, tanto cuando desvié la espada del de la izquierda hasta flanquearlo, como cuando golpeé la parte trasera de su rodilla para hacerlo arrodillarse o, finalmente, cuando la espada de uno de sus compañeros fue atrapada en su trayectoria hacia mi. Las dagas largas que portaba dirigieron la amenaza del metal contra el soldado arrodillado, acompañándose con un tañido ahogado ante el roce de los aceros. Mis movimientos eran como el agua que ignoraba el inútil intento de las rocas por retenerla, colándome entre el humillado que había sido obligado a dirigir su ataque contra un aliado y el que aún no había conocido enfrentamiento alguno contra mi. Este tercero intentó sorprenderme con un amago de la espada, seguido de un firme ataque con el escudo, torpe... volví a utilizar el movimiento de flanqueo que tan ensayado tenía, deslizándome esta vez por la izquierda del escudo en un acompasado giro sobre mi mismo. Esta última acción terminó con la codera de metal de mi brazo. estrellándose contra la parte trasera del casco del soldado.

No me detuve a ver el efecto de mis ataques sobre los oponentes que había enfrentado, ya que ni tiempo tenía, siendo que otros dos nuevos oponentes se dirigían hacia mi. Salieron como oscuros fantasmas de la formación defensiva, que mantenían los que avanzaban con mas lentitud, así como los tres anteriores lo habían hecho. Comencé a soltar el aire una vez mas, no pudiendo evitar que la espada de uno de ellos rasgase la carne de mi brazo derecho esta vez. El dolor no importaba, aunque me afectase tanto como el cansancio que soportaba. De una patada tumbé al agresor, apretando fuertemente los dientes ante el sufrimiento causado a mi ser por la oscura hoja. Encajé una de las dagas largas por entre la armadura del segundo, que se había descuidado por el triunfante ataque de su compañero, para después golpear su rodilla derecha con una patada que lo hizo tambalearse el tiempo suficiente como para permitirme retroceder. Esta última acción no fue gratuita, ya que en mis movimientos este segundo había encontrado tiempo de hundirme unos centímetros de su espada en el vientre antes de mi huida.

Dejé que mi mirada cayese al suelo, apoyándome en este con los nudillos de mi derecha. La mano izquierda sujetó la herida del vientre, hundiéndome en los oscuros fosos del cansancio y el dolor. Realmente siquiera tenía esperanzas de salir de esta. El inevitable destino había decidido que debía morir entre un mar de fantasmas sombríos, tumbado en quien sabe que lugar... al menos fallecería siendo libre.
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Re: Más allá de esta realidad - Capítulo 2. El Rescate

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