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Carne para las bestias

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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Sáb Ene 05, 2013 12:49 pm

Había herido al huargo en el pecho, de gravedad por como jadeaba, y eso me daba bastante ventaja como para planificar un seg… ¡¿Qué cojones era aquello?! Forzada por la situación, aparté la vista de mis dos primeros adversarios para ver a un tercero de pelaje oscuro como la noche, ojos gris plata inyectados en sangre y colmillos amarillentos que se hundían en el acero de mi armadura y hacían crujir el acero como si fuese simple madera. Rugí, pero no por el dolor provocado por aquellos colmillos cuando desgarraron parte de mi piel al soltarme, ni tampoco por el brutal golpe contra el muro que hizo resentirse a mi columna. Nada de eso. Fue ver la armadura rota lo que provocó que chillase como si me arrancaran el corazón y lo devoraran frente a mis ojos. ¡Era la armadura de mi familia! Aquella panoplia había permanecido durante muchas generaciones en mi linaje y ahora, por culpa de un pulgoso con complejo de lobo iba a desaparecer… ¡Y un cuerno de buey!

Sentía una gran presión en la espalda, la zona del golpe, que ardía con la fuerza de mil infiernos pero no desfallecí. Puede que fuera por el golpe, o tal vez no, nunca lo sabré, pero en ese mismo instante sentí una mano firme y suave a la par en mi hombro. Miré al cielo y vislumbré a un cuervo negro sobrevolando la zona: Las diosas me eran favorables siempre y cuando tuviese cabeza suficiente para actuar en esos momentos cruciales de la batalla. Respiré hondo, acallé un momento los susurros de las mujeres de mi clan recriminándome por lo ocurrido dentro de mi propia sesera y logré un momento de lucidez. Di dos pasos a la derecha pare colocarme justo de espaldas a un callejón sin salida lo bastante estrecho como para limitar la entrada (Habían de hacerlo de uno en uno, y como apenas había un metro entre ambos muros el orco quedaba fuera) de mis atacantes. Después tres pasos hacia atrás, aunque jamás dándole la espalda a mis enemigos, me situaron en una posición lo bastante ventajosa como para poder luchar a gusto.

El callejón era tan estrecho que no podía usar bien el arco, así que solté la daga que tenía entre las manos, enfundándola de nuevo, y cogí una de mis tres hachas arrojadizas. La blandí, sopesé y sostuve unos segundos justo antes de arrojarla contra la criatura herida. No puse atención en si acertaba o no, mi plan era provocar un desangramiento más rápido y eso sólo podía hacerlo forzándola a moverse. Mientras tanto el huargo sano me mostró sus dientes una vez y arremetió contra mí en el callejón y yo, espada en mano, logré hacerlo retroceder un poco usando mi propia acerada y otra arrojadiza como barrera.

La sangre que manaba lentamente de mi brazo por la pequeña herida que había en él, la saliva espumosa, el vaho caliente de la boca del animal… Todo aquello se juntaron en un momento produciendo un cóctel de emociones y sensaciones que hacía latir mi corazón cada vez con más fuerza. Supongo que era la emoción de los buenos tiempos: Saber que podía morir si una de mis manos golpeaba donde no debía. Y junto a aquello, los sonidos de mi acero chocar eventualmente contra la piedra, cuando la criatura era demasiado hábil y evadía los cortes que una y otra vez traté de dirigir en pos de sus patas, buscando tendones que cortar, músculos que desgarrar o carne que lacerar.
No podía perder la concentración ni un minuto, pues pese a mi aparente enfoque en un único enemigo, no había olvidado tampoco al otro huargo, que aunque herido trataba por todos los medios de saltar sobre su compañero para caer sobre mí, ni tampoco al orco, que luchaba por pasar entre los muros de sólida roca que se lo impedían. El estar tras uno de los animales, sin embargo, me proporcionaba cierta tranquilidad pues para darme a mí con algún tipo de arma a distancia primero habría de atravesar a la bestia por completo cosa poco probable.

Algo de lo que tampoco lograba olvidarme era el dolor. Ese lacerante dolor en la espalda que de vez en cuando daba punzadas fuertes y me obligaba a quejarme con gemidos poco agradables para mis propios oídos. Cierto, era una guerrera entrenada para la guerra pero eso no me hacía inmune al dolor, las heridas o los desgarros musculares. Tenía que poner fin a aquello y cuanto antes mejor. Pronto llegaría el momento de una nueva oración, una súplica a las diosas para que pusiera los vientos de un favorable destino a soplar sobre las velas de mi vida.
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Siragga el Lun Ene 14, 2013 5:11 pm

El giro de la ruleta es curioso
Puede ser la fortuna o la desesperación
Puede ser la riqueza o la pobreza
Es simplemente un único giro
El que puede cambiar la vida del hombre.

Christian Chacana 14 de enero de 2013

Sangre y sudor era el aroma que se podía olfatear, miedo y desesperación, gemidos apagados que resonaban tras los muros y puertas de madera. La ciudad era atacada y sus defensores la protegían con colmillos y garras. Si bien tras aquellas puertas y en armerías los hombres con músculos de acero se mantenían en guardia. La protección de sus vidas estaba en manos de desconocidos, que motivados por las riquezas y la sangre habían acudido en ayuda de la ciudad. Almas que no conocían más que lo que sus ojos contemplaban y que más allá de ello, una bruma de desconcierto se alzaba.

Tras los muros de la ciudad, una bestia se enfrentaba a otras, no era por codicia, ni tampoco por honor, era por odio y violencia, venganza e ira. El jadeo de ambos enemigos, las armas cubiertas por sangre negra, el semi orco apretaba su arma, el orco blandía su hacha, era una lucha de fuerza, ahí no existía técnica, no existía habilidad ni destreza, tan solo fuerza bruta e ira. La espada sonaba, como un cantico de guerra moribundo, el hacha chocaba contra el metal, mientras el sudor oscuro contrastaba con la nieve. El lobo se lanzo contra su enemigo, pero una certera flecha hizo que aullara de dolor y se retorciera en la nieve, un proyectil había acabado con uno de sus ojos, mientras en la cima del muro, una pequeña figura saltaba de emoción al cumplir con gozo su misión. El semi orco se lanzo, sus manos afirmaban el metal, haciéndolo crujir, el filo brillo tan solo un instante, antes de llenarse de carmesí, el orco gimió, cuando el metal se incrusto en su carne, rebanando y llegando al hueso. Pero los orcos no son fáciles de roer y con su mano desnuda arranco la espada de su hombro, manchando la nívea superficie de gris sangre, el metal afilado fue arrojado con rabia contra el muro, mientras el jadeo incesante de dos pulmones agonizantes podía resonar. El semi orco saco su saga, sujetándola con fuerza y lanzándose contra su oponente, el orco intento atacar con su puño, era verdad, sus músculos eran potentes, su tamaño imponente y sus dotes en la guerra envidiables… pero su agilidad era despreciable y casi como una danza, aquel ser más pequeño que él, se escurrió bajo el brazo y sin piedad incrusto la fría hoja en la tibia carne verde. Sin detenerse corto y desgarro, mientras la guarda chocaba con la piel y en un acto violento, cortaba el pecho, desgarrando los pulmones y rebanando el corazón en dos, un gemido ahogado por la sangre broto de las fauces del animal, mientras se desplomaba sin vida contra la nieve, desde la herida la abundante sangre brotaba sin detenerse.

¿Del huargo? … aquella pequeña figura se había entretenido, flecha tras flecha había disparado contra el animal, y después de la última, este había caído de costado, convulsionando, mientras su cuerpo, casi como un erizo, rebosaba de proyectiles. Con una risa burlona la diminuta figura del goblin se dejo caer hacia el exterior, corriendo hacia el huargo y arrancando cada una de las flechas, mientras veía a su rey, jadeando por el esfuerzo, pero aun con la ira en sus venas, los minutos pasaron y la carne quedo a la vista del animal, mientras el goblin limpiaba sus puntas de flecha y las guardaba en su carcaj, rápidamente fu a pies de su señor, mirando el cadáver de su oponente y no muy lejos, la espada de su rey. Como fiel sirviente, el goblin tomo la espada de su amo y se la entrego, riendo con una sonrisa al ver el cadáver y escupiéndole con odio.

-Mi señor, tomar lo que queramos del cadáver, el ya no necesitar nada y tener mucho más que hacer en ciudad … mas piel verde luchar, y tener aun muchos que matar , gran diversión aguardando para nosotros-

Antes de escuchar al contestación de su rey, el goblin partió hacia el cadáver orco, mientras sin mucho pudor, comenzó a saquearlo sin siquiera dudarlo, al fin de cuentas era un simple cadáver y los muertos no necesitaban ya cosas en esta vida. Cuando el goblin volvió, en su espalda llevaba varias tiras de cosas y algo que pareció interesarle al semi orco, un hacha de mano, mellada era verdad, pero aun útil, sería un buen botín de guerra. Rápidamente Siragga volvió a la ciudad, había mucho que hacer, pero mientras sus pisadas quedaban marcadas en la nieve, el goblin jugaba con sus nuevos tesoros, varias piezas blancas ensangrentadas… colmillos de orco.

La situación había sido muy diferente durante los minutos anteriores, claro que pensando en los aventureros y guerreros al interior de la ciudad… tan solo era cosa de echar un pequeño vistazo.

El guerrero en armadura hasta ese instante había sufrido algunas molestias, su cuerpo dolía, pero no había ninguna señal de herida, por ahora, y si actuar había sido correcto al enfrentarse a enemigos que le superaban en cantidad. Su plan podría resultar, el callejón era demasiado angosto para que entrara el robusto orco, pero no así los huargos, que con algo de dificultad podrían entrar y atacar… pero… ¿lo harían? El hacha arrojadiza hizo silbar el aire, pero para suerte del huargo, el golpe fue dado con el mango, si bien el dolor era punzante, no había quedado un corte. Colocándose en posición, el guerrero espero… el segundo huargo se lanzo contra este, pero fue repelido, en aquel instante la furia supero al dolor. El huargo herido, furioso por la herida que le costaría la vida, se lanzo antes que su hermano sano, y gruñendo al mostrar sus colmillos se abalanzó contra el guerrero, el cual le recibió con hacha y espada, un quejido agudo se escucho … pero mientras el guerrero estaba entretenido con el huargo herido, una figura negra salto sobre su cabeza, era el segundo huargo, que aprovechando la situación, se había lanzado contra el guerrero, superándolo y quedando a su espalda, el primer huargo moriría, pero el segundo corría hacia el guerrero, incrustando sus colmillos en la armadura del caballero y tratando de destrozar su pierna con sus colmillos.

¿Pero el guerrero orco? … extrañamente, este había aprovechado que sus huargos estaban entretenidos con el caballero, para el dirigirse hacia donde había planeado en primer lugar. Las puertas de las caballerizas se abrieron de par en par y la blanca luz inundo el lugar, mientras el orco jadeando miraba los corceles que relinchaban con furia, en esos instantes una voz se escucho “Largo de aquí asqueroso orco” antes de que un par de coz dieran en su rostro y lo hicieran caer de espaldas varios metros tras de sí y con un par de dientes menos.

El Horige no alcanzo a colocarse en posición, cuando la puerta reventó y el orco, con los ojos inyectados de sangre arremetió contra él, fue suerte o mala suerte, que el muchacho, en un ataque de pánico quito la espada al Horige e intento defenderse, el hacha del orco hizo añicos en ese instante la ballesta del muchacho, y de paso, incrustando el filo en la cabeza del humano chillón. EL Horige no tenía muchas posibilidades cuerpo a cuerpo, y aun menos contra tal bestia, esta se abalanzo, pero tropezando con los restos del hacha, perdió el equilibrio, saliendo disparado por la ventana, una sonrisa se dibujo en los labios del Horige, pero se borraron cuando una enorme fuerza tiro de su brazo y utilizando toda su energía logro sujetarse, viendo que el orco, colgando desde esa altura, se había sujetado del bazo del Horige, clavando sus uñas. Un grito salió de la garganta del muchacho cuando un “crack” en su hombro resonó, este se había dislocado por el peso del orco y ahora tan solamente era su carne lo que le mantenía sujeto el brazo.

Por otro lado, la diminuta Coma estaba en problemas, aquella niña no dejaría ir a su “muñeca” , no volvería a estar sola, ni le abandonaría como sus padres, a pesar de las recriminaciones de la faerica, de las amenazas e incluso de los “tratos” que le ofrecía, la niña no aceptaba y con cada instante, con cada grito que se escuchaba tras los muros parecía más alterada, su mano acariciaba el cuerpo de la aprendiz demoniaca, aunque no era un toque dulce ni sueva, si no violento, en cierto momento, Coma sin tener alguna opción, mordió al mano de la pequeña, pero esta solamente gimió y sollozo unos minutos comenzando a replicarle “Me quieres abandonar como papi y mami … ellos dijeron que me cuidarían y se fueron, me dejaron sola … tu no me dejaras sola” casi como si fuera un animal, tomo el pequeño brazo de la faerica y apretó, un diminuto “crack” se escucho y después un grito agudo de dolor … el brazo se había quebrado.




~Tu no sabes lo que es el dolor ... tu no sabes lo que es ver que tu carne se caiga a pedazos y que el latigo golpee tus huesos ... tu no conoces el verdadero dolor y la humillacion de nacer como esclavo~
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Mar Ene 15, 2013 12:07 pm

Dos dentelladas me forzaron a retroceder; un golpe de garra levantó mi guarda hasta la mitad por instinto y un fugaz gemido de dolor que escapó del malherido huargo devolvieron mi mente al combate. Durante unos segundos había estado perdida entre canciones, entrenamientos y momentos más felices que aquella encerrona con sendos canes enormes. El metal contra el hueso, la carne al ser traspasada por la espada y la sangre manando del estómago de la bestia como de una fuente también ayudaron lo suyo.
Tenía la vista todavía algo borrosa, pero no me costó nada volver a enfocarla en aquella criatura negra como la noche que tenía delante de mí con la espada hincada en el pecho y lanzando sus fauces doradas hacia mí para cerrarlas sobre algún órgano de mi cuerpo. El lobo, ya sabiendo su muerte, dio un par de dentelladas más y lanzó un último y furioso ataque hacia el centro de mi cuerpo, desestabilizándome lo suficiente como para que el segundo animal pasara sobre mí sin rozarme, quedando a mis espaldas y atacando también, con la misma furia que invadía a su congénere. Puede que otra persona hubiera perdido la calma al momento de sentir el bocado que yo noté en mi pierna derecha, que quedó inmovilizada al hundirse los colmillos de la criatura en mi armadura, pero yo logré mantenerla el tiempo suficiente como para dar una última estocada al primer animal, que quedó ensartado con la espada entrando por su cuello y saliendo por el cráneo.

-¡Puta pelusa con gigantismo! – Grité, al tiempo que viraba ligeramente sobre mí misma para intentar golpear con ambas manos su tez oscura de ojos inyectados en sangre: -¡Estás jodiendo la armadura de mi familia! –

Si había algo que podía colmarme la paciencia eso era perder algo de lo que hubiera heredado, y por culpa de aquella bestia de colmillos amarillentos estaba a punto de perder mi preciadísima armadura familiar. No soportaba esa idea, si tenía que rebatirme a ostias con aquella maldita pelusa gigante no dudaría en hacerlo, así que sin más dilación, ya girada y con la altura suficiente como para tener su morro a tiro, volví a golpear de nuevo su rostro con mis manos enguantadas en metal, pero no me detuve ahí, seguí a golpes, cerrando los ojos mientras sentía como la carne se hundía bajo el peso de mi fuerza. El animal, seguramente harto de recibir y no dar nada a cambio, soltó la mordida de mi pierna permitiéndome más movimientos y se abalanzó hacia mí con fuerza, tumbándome y arrastrándome con el mismo impulso de su fuerza un metro por lo menos. Intenté echar mano de mis dagas y él me lo impidió con las garras; pasó lo mismo con las franciscas e incluso con las flechas cuando traté desesperadamente cogerlas para usarlas como puñales pequeños. La bestia estaba decidida a revolcarse conmigo por el suelo cual par de cochinos en una granja sólo para que le resultara más agradable la cena. De acuerdo, eso tendría.

Golpeé su estómago con mi rodilla buscando sacarle el aire de dentro y al mismo tiempo, mientras con la diestra hacía fuerza en su hocico para dificultarle la respiración, con la siniestra cogí un puñado de tierra y lo arrojé en dirección a sus ojos sanguíneos. Seguidamente, sin darle apenas tiempo entre porrazos, volví a golpear con fuerza en dirección a sus ojos pero esta vez mi mano iba abierta, con las garras de la armadura por delante esperando causarle algo más que un moratón. Si todo iba bien y lograba arrearle aquel guantazo (Y si el resto de palos le habían hecho algo más que cosquillas, claro está) sacaría uno de sus ojos y le causaría suficiente dolor como para que, en un estado de supuesta furia, gemela a la de su congénere muerto, embistiera en ataques sin sentido y me permitiese alcanzar alguna de mis armas para darle fin. Sino… Bueno, tendría que apañármelas para matarlo desde el suelo y desarmada: ¿Podría hacer como Padre con los osos y sacarle la campanilla de la garganta con las manos desnudas?
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Smile el Mar Ene 22, 2013 7:18 am

Fuera de personaje: Pfft, aún poniendo mis ausencias justificadas no me libro del castigo de retrasos. Bueh, peores cosas pasan en la vida. Hay alguna forma de abandonar el tema sin que mi personaje muera o estoy obligado a continuar?

Coma cayó al suelo al recibir el dolor que le provocó la niña, poniéndose en posición fetal alrededor de su brazo herido. Una feérica como ella era físicamente extremadamente frágil, como las ramitas de un árbol. No estaba acostumbrada a estar dañada - ya que siempre convivía en paz con la naturaleza, o su ingenio le permitía evitar el daño. Pero ahora estaba en un aprieto. Quería pensar en cómo salir... Pero no podía. Su mente estaba inhundada de los señales de dolor que le enviaban sus nervios a su cerebro. Gimió lentamente, pero lo interrumpió mordiéndose el labio inferior. No debía hacer ruido. Los orcos podrían oírla. Pero aún así no pudo contenerse y un zumbido vocal se emitió a través de su garganta. Quería hablar, pero igualmente no podía. Sus palabras se deformaban en aullidos de agonía sin sentido.

Que debía hacer ahora? - es lo que quería investigar mentalmente. Pero su mísero cuerpo debilucho al cual estaba vinculada no se lo permitiría. El dolor era demasiado sobrecogedor. Ella no era una guerrera. Ella no estaba hecha para aguantar dolores como estos.

Quería con todas sus fuerzas escapar de esta situación, de verdad quería cumplir con su obligación como sierva de Ang-za-haru. No quería quedarse allí, no quería morir .Pero la realidad era otra. Ella era una féerica malherida, secuestrada y paralizada por el dolor. No había forma de que se librase de esta situación de manera realista.


Última edición por Coma el Jue Ene 24, 2013 9:02 am, editado 1 vez
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Fizban el Jue Ene 24, 2013 12:40 pm

Había quedado con su compañero elfo en una posada de la ciudad de Sorraja. Sabía por rumores que la ciudad había sido invadida por los orcos, pero eso no iba a frenar su avance en llegar a la posada y encontrarse con su viejo y gran amigo. Encontró dificultades en el camino, salteadores de camino que querían robarle sus pertenencias. De más está decir que se las ingeniaba para sacárselos de encima sin problemas. Su fuerte envergadura y su habilidad con las armas lo hacía un oponente envidiable. Cuándo el número de asaltantes superaba la cantidad de combatientes a los que se podía enfrentar, cogía carrerilla y se marchaba rápidamente al trote, sin que sus perseguidores pudieran alcanzarle y darle caza. Con todo llegó a la ciudad de Sorraja, que cómo suponía por rumores había sido invadida por orcos. Los orcos reticentes en dejar pasar a un centauro, no querían dejarle entrar por qué sospechaban de todo aquel ser que no fueran los de su raza. Pero después de una media hora insistiendo y llamando al capitán de la cuadrilla de orcos que vigilaba la entrada, le permitieron el paso, no sin tenerlo vigilado, en toda su estancia por la ciudad.

Sabía que lo tendrían vigilado y contaba con ello, sabía que su entrada costaría rumores y vigilancia. Pero lo único que le preocupaba ahora mismo era llegar a la posada y encontrarse con su amigo Stanis y ver que estaba bien. Para cuándo llegó ante la fachada de la posada del Pisa Botas, vio un espectáculo desolador. Antaño aquella posada había sido la posada más esplendorosa, ruidosa y famosa de toda la ciudad, y hoy… hoy estaba tan deprimente, que apenas se veía el alma de algún vagabundo tirado al lado de la entrada. El ambiente que se respiraba desde fuera de aquella posada era igual a cuándo entró dentro. Levantó la vista y lo que vio no era mucho mejor. El posadero, se limitaba únicamente a respirar sonoramente, echado en un taburete detrás de la barra, descansando su cabeza apoyada sobre su mano derecha y resoplaba cada vez más, aun habiendo entrado, ni se movió. Zekstra viendo tan deprimente espectáculo, empezó a cocear contra el suelo para llamar la atención del posadero y la de los pocos clientes que había ahí, que estaban cabizbajos. -¿Qué ha pasado aquí que estáis así?- Dijo en voz clara y lo suficientemente alta para que lo oyeran todos, incluso los centinelas orcos que lo vigilaban. -¿Acaso se os ha comido la lengua el gato?- Empezó a acercarse hasta la barra y vio que a una esquina de la barra, en dirección dónde había estado resoplando el posadero, había una figura encapuchada, que antes no se había fijado. Le saludó con un ademán y pidió una jarra de hidromiel espumosa al posadero. Cómo era de esperar, no se sentó, sino que se quedó ahí de pie. El posadero, se rascaba la cabeza, pues daba señales de que se acordaba de aquel centauro, pero no lo situaba y seguía rascándose. Con todo, la figura encapuchada a una esquina de la barra se levantó de su sitio y empezaba a marcharse. Señal delatora de que era el contacto con el que había quedado. Sólo hasta que llegara a la entrada y volviera a dar la vuelta. Zekstra lo seguía mirando de reojo, mientras seguía bebiendo de su jarra de hidromiel. Volvió la vista hacia el tabernero y parecía que seguía confuso. En un pestañeo, aquel encapuchado había vuelto pero esta vez sin la capucha y se había sentado con su fiel y viejo amigo el centauro, dándole unas palmaditas en la espalda, señal que otrora hubiera molestado al centauro, de no ser porque era su viejo amigo el elfo Stanis, al que le sonrió de oreja a oreja y le saludó levantando la jarra. Bebieron y hablaron largo y tendido sobre la situación de la ciudad y la de sus ciudadanos y los cambios que habían acontecido a lo largo de aquellos meses de ausencia.


[Período de embriaguez y memoria cero…]

Se despertó con el ruido del fragor de la batalla que estaba ocurriendo no muy lejos de dónde se encontraba, no recordaba cómo había llegado ni dónde estaba exactamente. Abrió los ojos y pudo reconocer simplemente por el olor, que estaba con sus congéneres los caballos. ¡Las caballerizas claro! Pensó rápidamente. Se levantó en su estado tan adormecido, que el ruido del fragor de aquella batalla, le parecía que luchaban en su propia cabeza. Con todo estaba a punto de salir de aquel establo cuándo de repente un orco entró dando tumbos, la luz lo cegó directamente en sus ojos, obligándole a entrecerrar los ojos. Cuándo supo que era un orco, le dio una coz en todo el cuerpo para desestabilizarlo y otro ataque directo en toda la cara, que lo llevó varios metros hacia atrás. -¡Largo de aquí asqueroso orco!- Soltó mientras salía del establo sin prisas. Y veía el panorama que se establecía frente a él.


¿Seremos amigos o rivales Invitado?
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Siragga el Sáb Ene 26, 2013 10:48 pm

Los ecos resuenan en las montañas
Aun cuando los labios que los pronunciaron muertos están
Son los ecos del pasado, los mensajes de algo muy lejano
Pero con cada palabra distorsionada y letra apagada
Se puede oír el cantico de la muerte y la desesperación

Christian Chacana 26 de enero de 2013

Sangre y hierro, difícil descripción, aterradora visión, aquellos aventureros no se marchaban de la tierra de los hombres y ya eran atacados por las fieras bestias, colmillos amarillos, ojos inyectados de sangre, curiosa mescla … la muerte había tocado la puerta de aquella ciudad y como ladrona les había arrebatado al vida de inocentes y puros, la de defensores y guerreros, el pelaje se mancharía de carmesí y el último aliento sería expulsado de labios que se enfriarían y morirían, pero no lo harían en paz … no … si no que en dolor, en agonía en sufrimiento, para que el último instante de vida, sea un suplicio y una tortura que pareciera no terminar jamás.

La muerte, caprichosa como niño pequeño, había escogido a su víctima, a quien se le arrebataría la vida de la forma más grotesca posible, como el verdugo de la sentencia, podría vérsele mirando los ojos de su presa, mientras que afilaba su guadaña para segar su existencia. El Horige se encontraba en serios aprietos, su vida pendía de sus simples garras y con cada exhalación, la arena de su reloj se agotaba rápidamente, el orco se aferraba con sus garras a la carne del muchacho, que sin poderlo evitar, gritaba con todas sus fuerzas cuando la sangre fluía por sus ropas y caía a la inmaculada nieve, no muy lejos se encontraba el guerrero de armadura, podría haberlo salvado, prestarle su ayuda, pero él se debatía en la lucha contra las bestias sarnosas. El Horige sudaba, mientras sus huesos se separaban lentamente por el peso … sus tendones soportaban mas de cien kilos de músculos, mientras el orco gruñía con ira y miedo a la vez, pero no podría hacer mucho, en un instante un grito aun mayor, que se cuenta que resonó durante largas horas por entre las montañas surgió de los delicados labios de felino antropomorfo, el orco caía sin remedio hacia el vacio, varios metros más abajo dio contra el suelo, desnucándose contra el suelo de rocas … en sus manos un trozo de carne se encontraba, un trozo de carne rematado en una mano y parte del brazo, en las alturas, la sangre brotaba a raudales, mientras que la visión del joven se nublaba, sus ojos se giraron hacia su hombro y lo recorrió hasta donde había estado el resto de su brazo … tan solo un muñón de carne quedaba, sin poderlo evitar se dejo caer, mientras las fuerzas le abandonaban, en su mente toda su vida paso como si fueran imágenes, recuadros y pinturas, antes del fin … el recorrido desde las alturas eran pocos segundos, para él fueron horas, hasta que el abrazo de la tierra acabo con su vida al caer sobre el cadáver del orco, un crack resonó, cuando su espalda se rompió contra el cuerpo verde bajo el … no moriría rápidamente a pesar de que la sangre no paraba de brotar … pero quedarían unos instantes … en que solo podría ver el muro de una casa … y después la oscuridad y la nada.

La faerica demoniaca no estaba en mejor situación, con uno de sus brazos rotos y en manos de un monstruo infantil y claramente afectado por el abandono de sus padres, únicamente le quedaba encomendarse a su demoniaco señor, para que fuera piadoso y la tortura por fallarle, menos dolorosa cuando dejara de existir … a pesar de ello, el destino o la fortuna le sonreiría, pero no de la forma que ella hubiera esperado, sus diminutos quejidos de dolor y la voz de la niña habían traído visitas desagradables, el primer golpe de hacha hizo que las bisagras crujieran, mientras que el segundo destrozo una de las tablas, el frio aire se color por el agujero, al igual que al luz, dejando ver los cadáveres de un hombre y una mujer en descomposición, un golpe del hombro hizo que la puerta cayera, dejando ver un orco con la boca sangrante, al parecer le habían golpeado en esta, el orco miro a la niña y a la “muñeca” a su lado, mientras levantaba su hacha y acercándose a la niña le daba de golpes con el filo, la sangre baño la “muñeca”, mientras los órganos de esta se desperdigaban sobre el suelo y esta, el orco después de la matanza rebusco entre las pocas posesiones de esa casa, saliendo con las manos vacías y buscando otro lugar. Coma se mantuvo en silencio durante bastante tiempo, mientras los intestinos cálidos de la niña se enfriaban sobre su cuerpo y su sangre se coagulaba sobre sus manos y ropas, podría intentar huir de ahí, buscar algún lugar para protegerse … ya que al parecer, la misión que su amo le había encomendado era demasiado para la faerica, o quizás su amo la había tomado en consideración para aquella misión … fuera cual fuera la razón, ahora era ella quien decidía que hacer, marcharse de ese lugar o seguir adelante y esperar que todos los sacrificios dieran una recompensa adecuada.

El guerrero de la armadura pudo ver por el rabillo de su ojo como tanto el orco como el Horige caían desde una considerable altura, pero ahora no tenía tiempo, la muerte del primer huargo solo había enfurecido al segundo, que ahora recibía golpe tras golpe del puño enguantado del guerrero. Los huargos eran bestias entrenadas para asesinar y matar, y ningún otro pensamiento existía en sus duros cráneos, pero cuando aquel golpe hizo que su ojo reventara, los instintos primitivos resurgieron nuevamente, y en un acto que el guerrero no esperaba, el huargo retrocedió, como animal asustado, gimiendo por el agudo dolor en su rostro, como perro atacado y herido, intento huir, pero aquello era un callejón sin salida y su única salida era por donde el furioso guerrero aguardaba, como lo había hecho antes intento escapar por arriba, pero en cuando dio aquel salto para huir, el guerrero tomando una de sus franciscas le ataco, el filo se incrusto en su pecho, para que el huargo cayera muerto como un saco de papas contra el suelo nevado, dos huargos menos … y todo por sus manos, podría sentirse satisfecho … pero … surgía una duda ¿Cuántos orcos mas quedaban? ¿Acaso tendrían monturas como aquellos animales?, eso debería de averiguarlo el mismo.

El centauro por fin había despertado, aunque claro, con cierta resaca y entre los demás corceles, quizás había intentado cortejar a alguna yegua mientras el alcohol fluía por sus venas, pero en esos instantes no recordaba nada en lo absoluto y el sonido que surgía desde afuera del establo, parecían tambores en su cabeza, mientras salía, lo primero que noto era que el orco al cual haba golpeado se había retirado, a donde ¿no sabría? Pero no importaba, porque no muy lejos, se podía ver un par de estos, tratando de derribar una solida puerta de madera, luchar contra ambos era un suicidio, ya que sus hachas, fácilmente podrían quebrar sus aptas o lastimarlo seriamente, debía de buscar una forma de separarles y así enfrenarles… si es que deseaba hacerlo, siempre existía la posibilidad de marcharse, al fin de cuentas, no era su batalla ni su lucha.



~Tu no sabes lo que es el dolor ... tu no sabes lo que es ver que tu carne se caiga a pedazos y que el latigo golpee tus huesos ... tu no conoces el verdadero dolor y la humillacion de nacer como esclavo~
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Lun Ene 28, 2013 5:43 pm

Herida, la bestia decidió retroceder. Yo avancé con paso firme como durante las campañas en la nieve con mi padre, sin vacilar y echando mano del cinto con armas para apañarme un arma en pocos segundos. Cogí una de mis franciscas, la di un par de vueltas sobre mi mano sin mirar y mantuve la vista en el can, quien herido no dejaba de gemir con rabia, dolor e ira a partes iguales. En la mirada de su ojo sano atisbé, un segundo antes de que saltara, una pizca de temor que lejos de enternecer mi corazón lo que hizo fue prenderlo todavía más con el fuego de la valentía; mi enemigo se venía abajo mientras que yo me crecía frente a la adversidad. Finalmente, en un acto desesperado por salvar la vida, él intentó un nuevo salto por encima de mí, fallando esta vez y encontrando en el camino de su peludo pecho el hacha de frío acero en su camino. Tal y cómo la clavé entre sus costillas no dudé en tirar hacia abajo, haciendo que cayera como un peso muerto en el suelo.
Durante segundos, y entre bocanadas grandes de aire para recuperar el aliento en lo más que me permitiera aquella situación tal acto, observé con la mirada fría los cadáveres del orco y el felino frente a un alto muro. Podría haberle socorrido, pero no lo hice. ¿Torpe o justa? Esa duda me atormentaría durante mucho tiempo. Pero no le di mayor importancia, giré el rostro y recuperé mis armas. Con la espada cercené las cabezas a sendas bestias, las cogí por su cabellera y salí a mitad de la calle, dónde el sonido de la batalla todavía no ponía fin a la intrincada escaramuza en la que me había envuelto aceptando la misión de ayudar al pueblo.

-¡Eh! – Bramé, mientras con la diestra le arrojaba a un orco de grandes dimensiones una de las dos cabezas cercenadas - ¡Ven aquí puto moco de dragón! ¡Demuéstrame que tú raza vale más que esas pelusas que usáis cómo montura! – arrojé la otra a un lado y desenvainé una daga y la espada.

El orco, ni corto ni perezoso, no tardó en olvidarse de la curiosa criatura mitad-hombre y mitad caballo que tenía frente a sí y cargó hacia mí con toda su velocidad, qué sinceramente me sorprendió dado su gran tamaño. Espada en mano, no me detuve a pensar cómo una mole así podía moverse de forma tan diestra con unas piernas tan cortas y robustas, sólo tenía en mente mi pequeño plan urdido segundos antes: Corriendo, me dirigiría hacia la fuente más cercana del lugar –que era una en mitad del pueblo, cerca de la que había iniciado mi contienda y qué ahora distaba de mí al menos diez metros- y una vez allí enfrentaría a mi rival en duelo singular, espada y hacha contra lo que fuese que llevaba aquella bestia. Si tenía suerte y él blandía un mazo pronto acabaría todo, en el momento que uno de sus golpes fallase y partiese el hielo volviendo el terreno resbaladizo. Si no me dedicaría a atacar a sus manos, para desarmarlo, y después ya buscaría la forma más adecuada de enfrentar a quién incluso con la boca y un par de dientes mellados seguro pelearía hasta la muerte.

Pero lo primero era lo primero: Lo rápido de mi plan no me había permitido fijarme en su armamento, con lo cual debía preocuparme por no ser enfocada por algún tipo de arco o ballesta que tuviera a mano la bestia. Para ello empecé a correr cómo un sargento de padre me había enseñado: En zigzag y tambaleándome con cada paso, como si fuese a caerme, de ese modo avanzaba más lento de lo normal, pero hacerme blanco se convertía en una auténtica pesadilla.
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Smile el Vie Feb 01, 2013 9:02 am

Coma se mantuvo quieta donde estaba por bastante tiempo. No podría dejarse llevar por el sentido común e intentar huir, ya que sus huesos fracturados podrían perforar su piel y allí es cuando las cosas se complican. Una herida abierta como esa esta destinada a infectarse. Lo había visto varias veces en sus años en la natur...- su cabeza le dolía. Recordar su época como feérica del bosque iba en contra del curso espiritual que estaba tomando.

Necesitaba tratar la herida. Pero sola y sin ayuda no podría lograr nada, ya que moverse es un suicidio. Deambular en medio de un campo de batalla era demasiado peligroso. Podrían atacarla otra vez y su brazo se la pagaría con su vida - una infección en un caso como el suyo equivalía a la muerte. Solo tenía a si misma en el tablero de ajedrez y estaba en jaque. No podía hacer nada. Si no hacía nada, moriría de hambre igualmente.

...Al no ser que haga uso de un recurso desesperado.

Tenía que realizar un ritual demoníaco. Los otros del pueblo han estado haciéndolos también, por lo que este lugar estaría en la mira de por lo menos algún ser infernal. En el pasado ya había sacrificado sus alas y un ojo a Ang-za-Haru. Era hora de sacrificarse un brazo. Hurgó en un bolsillo para extraer su pluma de escribir con su mano libre. Después, lentamente empezó a escribir glifos Ang-Mee en su brazo herido, procurando que la oferta al demonio fuera escrita con todo el rigor posible. Después, activó su Lazo Demoníaco para llamar mas la atención de los planos demoníacos y después finalizó con una firma tosca en su hombro.

Empezó a susurrar un cántico en lenguaje demoníaco en voz baja mientras esperaba que su rito tuviese éxito. En el mejor caso, tomarían su brazo y la reemplazarían con un sustituto "apropiado". También podrían simplemente tomar la extremidad de la feérica sin mas, o ignorarla al completo. Coma solo podía tener paciencia y esperanzas.
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Fizban el Vie Feb 01, 2013 5:59 pm

El orco que antes estaba allí en el suelo derribado por la poderosa coz de Zekstra, se había esfumado. En el corto trayecto para salir de las caballerizas, Zekstra se tambaleaba. Cada paso que daba era un tremendo esfuerzo mental. La cabeza estaba por estallarle en cuestión de un momento a otro. Pero cómo le ocurría bastantes veces, al cabo de un momento se le iba y parecía estar bien de nuevo. Bueno bien, no era la definición exacta, sino más bien liberado del tormento. Pero daba otro paso, el ruido de la calle y la de los ciudadanos, le volvían a retumbar en los oídos y la resaca parecía volver a activarse automáticamente. Haciendo un monumental sobreesfuerzo centauril, lograba recomponerse y salir a la calle tapándose los ojos por el repentino brillo cegador, haciendo visera con el brazo y bajaba la cabeza, como si pudiera esconderse del astro, haciendo acopio del esfuerzo trató levemente de abrir los ojos y ver de dónde procedía ese ensordecedor ruido de madera contra madera. Por un instante le pareció ver dos orcos tratando de meter un tronco de árbol a través de una puerta a su izquierda.

Aprovechó el sobre esfuerzo que hacía y miró hacia el lado derecho, no vio nada que le pareciera fuera de lugar, excepto a un orco corriendo a lo lejos, o eso le pareció ver, no supo nada más, pues el sobre esfuerzo le hacía mella en los ojos, consiguiendo que llorara un poco. Se giró en redondo para darle la espalda al astro sol, y abrir los ojos sin preocuparse demasiado por que los rayos de sol le dieran en los ojos. Entreabrió los ojos varias veces a fin de acostumbrarse, el ruido incesante era molesto y bastante alto. Se volvió hacia lo que anteriormente vio a dos orcos entrando un tronco de árbol y entonces lo vio claro, estaban haciendo ariete para derribar la puerta de aquel habitáculo, por el silencio que venía del interior de aquel lugar, no parecía ser una casa, pero era mejor no dar por supuestas las cosas antes de comprobarlas. Y así, fue como Zekstra empezó a caminar en dirección a aquel par de orcos. Ya a unos tres metros aproximadamente, Zekstra los llamó amistosamente, saludándoles con la mano y conseguir su atención para que pararan por un rato.

-Muy buenas camaradas, no quisiera interrumpir durante mucho tiempo.

Se aclara la garganta, mientras mantiene un brazo haciendo visera por el sol, entrecerrando los ojos varias veces.

-Sé que no es mi asunto, pero ¿Podrían decirme qué ocurre aquí?

Aprovecha para echar un rápido vistazo por las ventanas al habitáculo, y vuelve la atención con los orcos, gacha la cabeza, para que no le vean como una seria amenaza y se tambalea, haciendo gala del teatro, aunque realmente no le hacía falta, pues a punto estaba de echarse al suelo.


¿Seremos amigos o rivales Invitado?
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Vie Feb 08, 2013 1:27 pm

Tras atraer su atención tuve que esquivar de forma veloz un primer ataque. Mi plan había funcionado; la bestia derribó de un porrazo parte de la dura roca que formaba la fuente y derramó con ello el agua que bajo el hielo resistía sin helarse, gracias a ello se tambaleó y yo, que ya estaba preparada para tal cosa, contraataqué con un rápido golpe a su flanco izquierdo. Creí haberle dado, pues en el suelo goteaba sangre, pero cuando alcé la vista hacia arriba no me encontré con la expresión de dolor que estaba esperando, sino con una macabra sonrisa. Bajé de nuevo la vista a la altura de su mano y observé sorprendida como había atrapado la espada de mi madre entre sus nudosos y grandes dedos. Sonreí de medio lado, volví a mirar sus ojos impregnados con furia y esta vez le devolví la mirada mientras tiraba del pomo de la espada hacia atrás.

Con el corte le sesgué tres dedos. Gritó con voz gutural y volvió a blandir su arma en mi contra con tal fuerza que, aunque logré evadir el golpe, casi me derribó por el temblor que causó el propio impacto. Tuve que ser rápida para poder evadir el siguiente golpe, que fue un duro barrido con la maza, pero al lograrlo conseguí también una posición ventajosa que me permitió asestarle un duro corte en el pecho, algo que enfureció todavía más a la bestia y terminó de convertirlo en una masa de músculos sin cerebro. Rauda, me alejé de él con pequeños saltos hacia atrás, recuperé durante unos segundos el aliento y volví a sumergirme en el combate con una carga lateral con la espada que él bloqueó con la maza. Sonreí y eché mano de una mis hachas, hincándosela al momento en el hombro para hacerlo retroceder de nuevo. Cuando volví a ganar terreno me alejé, corriendo, hasta encontrarme de espaldas a un muro altísimo a los pies del cual yacía el cadáver de aquel engendro gatuno que había intentado ayudar antes.

-¡Vamos! ¡He visto elfos con más fuerza que tú, montón de mierda verde! – Volví a gritar, sonriendo con sorna bajo el yelmo. De nuevo la provocación surtió efecto, y tras un brutal grito que me ensordeció unos segundos bajo el yelmo volvió a lanzarse a la carrera, balanceando su gigantesco martillo por encima de la cabeza con intención de aplastarme cual insecto. Para mi suerte yo tuve de mi parte a las diosas una vez más, y cuando su maza bajaba yo ya me encontraba a sus espaldas. Rápidamente saqué el arco, cogí una flecha de mi carcaj y disparé atinándole en toda la espalda. Pese a ello él se giró encolerizado, volvió a gritar e intentó salir corriendo de nuevo, pero esta vez una flecha justo en el gaznate lo acalló para siempre; velozmente el orco se llevó sendas manos a la herida sangrante, debía estar ahogándose en su propia sangre, pero no le sirvió de nada intentar detener la hemorragia con sus grandes manos y mi flecha acabó por cobrarse su vida, dejando al lado del muchacho gatuno un guerrero con mucho músculo y poco seso.

Una vez más recogí mis armas, cuando terminé me pegué a la pared para evitar cualquier tipo de ataque por la espalda. Mantuve el arco alzado con una flecha tensada en su cuerda, buscando más enemigos que abatir. En aquel campo de batalla improvisado no había silencio, pero dentro de mi cabeza sí, todo pasa a cámara lenta para mí y algo me decía que entre todo habíamos abatido a muy pocos enemigos como para que aquello terminase allí. Muchas veces había luchado en mi vida contra los pielesverde, las suficientes como para saber que en las incursiones no se conformaban con unos cuantos saqueos y dos o tres violaciones.

-Guíame Morrigan, dame ojos en el cielo para poder abatir a mis enemigos en tu nombre. – Recé.

El dolor empezaba a hacerse palpable en mi cuerpo, el cansancio también pedía un papel protagonista y yo rezaba por no tener contusiones de gravedad o aquel bajón de adrenalina repentino me convertiría en un blanco demasiado a la vista. Tenía que matar algo rápido para que el calor de la batalla no se esfumase.
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Re: Carne para las bestias

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