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Carne para las bestias

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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Fizban el Dom Feb 10, 2013 7:48 pm

La última vez que se acordaba, estaba saludando a los orcos que estaban tratando de derribar una puerta de una caseta y fue entonces que, uno de esos orcos le dio un puñetazo en las costillas del centauro. La reacción de Zekstra fue no amilanarse y encajar el golpe estoicamente como pudo, no sin apretar fuertemente los dientes por causa del puñetazo. Trató de tomar un poco de aire, disimulando el dolor y manteniendo el cuerpo fuerte, ante aquellos poderosos adversarios que eran los orcos.

Al cabo de un rato casi cojea de lo ebrio que estaba, entrecerrando los ojos y se volvió a levantar, viendo que uno de los orcos le mostraba el hacha, frente a tu su cara. Atónito ante lo que estaba sucediendo frente a sus narices, el centauro empezó a mostrarse visiblemente preocupado. Con la mano libre que tenía, ya que la otra la usaba para apoyarse y mantenerse, trató de apartar el hacha que tenía enfrente de su cara. Mientras intentaba apartar el hacha y viendo la difícil situación en la que se encontraba, tosió mientras disimulaba dando unos pequeños pasos hacia atrás. Ya a una distancia algo más prudencial, levantó las manos, en señal de rendición, a ver si podía conseguir que se relajaran un poco.

-Venga vamos chicos, seguro que es necesario ponerse tan agresivos? Si queréis os puedo echar una mano, hip.

Siguió dando unos pequeños pasitos hacia atrás, para seguir manteniendo una distancia más larga posible.


PD: Sorry, había escrito con Drizzt... xD


¿Seremos amigos o rivales Invitado?
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Siragga el Vie Mar 08, 2013 5:46 pm

La sangre es vida
Ya sea en las venas de los vivos
Como derramada sobre la tierra
No importa el lugar o el tiempo
Mientras esta se vierta y exista.

Christian Chacana 08 de marzo de 2013

Como si fuera una rata gigante, el goblin trepaba por los techos llenos de nieve, su vista buscaba aquello que el habían ordenado. No muy lejos, su rey corría por las calles, buscando aquella piel verde, aquella sangre oscura que recorría sus propias venas, aunque más diluida. De pronto, el pequeño goblin se detuvo, desde lo alto de un techo vio una escena muy familiar, tres orcos se batían en duelo contra unos guardias, estos aprecian más entrenados que la simple milicia, ya que sus espadas eran blandidas como verdaderos guerreros y no con temor o cansancio. Llevándose los largos dedos a los labios, silbo, un silbido que recorrió casi toda la ciudad, Siragga se detuvo, escuchando con atención y cambiando el rumbo de su carrera. Pero el no sería el único que luchaba, en lo absoluto. Cerca de los establos, la lucha continuaba, no una simple o fácil de ganar, ya que no importaba contra quien se levantaba la espada, siempre uno podía morir por ella misma.

El guerrero había tenido una cruel batalla, su cuerpo ardía por más, aun cuando el cansancio comenzaba a llegar a la medula de los huesos. Los dioses habían sido atentos con ella, entregándole sangre que derramar y muchos cráneos que cosechar más adelante. Su hacha goteaba sangre, su espada temblaba de la emoción y su arco se mantenía tenso, listo para disparar la flecha que traía el beso de la muerte. Deseaba acción y la diosa no dudaría en entregárselo. De pronto se escucho un grito, y el sonido inconfundible de algo enorme que se desmoronaba. La casa al lado del guerrero se derrumbo ante el enorme peso, un cuerpo gris y gigantesco caía de espalda, con un rugido de dolor y furia. El polvo se disperso, para dejar ver quien había sido el responsable. El trol gruñía con fuera, su cuerpo estaba lleno de cortes y flechas, aunque estas apenas hacían mella. En su hombro se encontraba una larga espada incrustada, y sujetándola, aquel semi orco, con su brazo colgando y sangrando. El trol gruño, intentando agarrar al hibrido, pero este incrusto aun mas su espada,, haciendo presión y logrando que la mano del trol se desviara, mas se notaba el cansancio del bastado y sin perder tiempo, apoyo todo su peso contra la espada, incrustándosela aun mas, hasta la articulación, para saltar de la bestia y aterrizar cerca del guerrero. Mas la bestia no estaba herida de muerte, los trol son más duros de lo que se dice y este con algo de dificultad comenzó a levantarse, sobrepasando la altura de aquellas casas con creces, fácilmente medios los cinco metros ¿Cómo diablos algo así podía haber estado oculto? Ahora el guerrero tenía algo con que medirse, mas quien estaba a su lado parecía molesto, el hibrido de seguro tenía el brazo destrozado, ya que este sangraba y no se movía, mas sin dudarlo, saco la daga de su cinto, un arma tosca y claramente de forja orca, quizás por ello el desagrado al tener que usar ese tipo de armamento. La lucha se avecinaba, mientras el trol arrancaba la espada de su carne como si fuera una simple rama.

Por otra parte, al parecer el centauro no comprendía la situación que presenciaba, si bien su borrachera debería de haberse despejado con la noche anterior, como seria natural, además de la enorme resistencia al alcohol de su raza, aun seguía borracho, contra todo pronóstico y a pesar de la situación, intentaba mantener la calma, incluso, llegando a tratar de tener cierto trato con los orcos. Pero claro, estos simplemente le veían como una molestia, y también como algo útil, no siempre uno podía comer carne de centauro. El orco sonrió ante las palabras del semi-burro, y sujetando con ambas manos el hacha se lanzo corriendo para obtener una carrera y saltar sobre el centauro. Este por fortuna piso con sus patas un charco congelado, lo que hizo que sus patas traseras se resbalaran y se diera con sus muslos traseros al frio suelo, sufriendo algo por el frio, pero salvándose de lo que le hubiera partido a la mitad, ya que vio como el filo rozaba su barbilla y golpeaba con fuerza el piso de roca, resquebrajando la piedra, ahora estaba en peligro y si no reaccionaba bien, terminaría siendo asado por un orco hambriento.

Minutos antes, Siragga había recorrido una larga distancia hasta los orcos, el goblin a su servicio ya había estado entreteniéndose, disparando flechas desde lo alto y encargándose de matar uno, no muy difícil si las flechas se le habían incrustado en su duro cráneo. El hibrido se había enfrentado en singular combate contra los orcos, ayudando a los defensores de la ciudad que estaban francamente agotados, fueron estos los que realmente habían derrotado a los orcos y Siragga únicamente ayudado, mas mientras había alegría por los defensores, un rugido bastante notorio se escucho tras las puertas que defendían, la gruesa madera salto por los aires, mientras una mano entre el polvo y la nieve agarraba uno de los guardianes y lo arrojaba lejos. Ahora comprendía quien era el líder de la incursión. EL trol aprecia idiota, pero aunque lo fuera, no hay que olvidar que es un trol, fuerte, resistente y sanguinario. El goblin comenzó a lanzar flechas, aunque quedaban pocas en su carcaj, mas debió de parar, cuando uno de los guardias, fue agarrado con fuerza y lanzado contra la diminuta figura, esta la esquivo, pero el guardia termino muerto al chocar contra un muro. Siragga aprovecho la distracción de su sirviente, y se lanzo contra el trol, atacando un lugar vital si se deseaba luchar contra enemigos tan grandes. Los tendones, la espada de Siragga corto el de una pierna, pero sin poderlo evitar, recibió toda la fuerza de uno de los brazos del trol. El hibrido sintió como sus huesos eran destrozados por la enorme fuerza, pero rodando por el suelo se levanto, con el brazo inútil sangrando por las diversas heridas. La lucha seguía y el goblin, utilizando su ultima flecha disparo, esta dio ene l ojo de la bestia quien gruño de rabia, mientras Siragga subiendo al tejado de una casa, se lanzaba con la espada por delante, la piel se resistió, pero el filo fue superior, incrustándose en la carne y haciendo que el trol retrocediera, cayendo sobre una casa de madera y esta derrumbándose contra el peso.


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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Sáb Mar 30, 2013 7:25 pm

El rezar trajo pronto sus frutos, mi diosa me glorificó con la visión de una presa mayor a cualquiera que hubiese abatido antes: un trol de las montañas. Conocía aquella piel gris, aquellos gritos guturales salidos de la más profunda cueva existente y su furia ciega; duros de pelar, más todavía de abatir, con una mente tan cerrada que incluso el amputarle un miembro era insuficiente para frenarlo en la batalla, pero tan estúpido que sin el control de al menos un maestro de bestias sería capaz de dañarse a sí mismo. Observé la escena, digna de libro, y mientras aquel semiorco luchaba por mantenerse anclado junto con su espada a la bestia, cuya cenicienta piel se hallaba curtida por varias marcas de espadas y vestida con una armadura de flechas, unas casi arrancadas y otras partidas por el impacto contra la pared.

Cuando el smiorco bajó de aquella criatura dejando su espada allí, junto con una herida que difícilmente olvidaría el trol, yo aproveché para alejarme unos pasos y me quedé mirándolo unos segundos, buscando algún signo mágico que me indicase el control de un señor de bestias sobre él. A primera vista no hallé nada, ni marcas de hierro, ni tatuajes de sangre, que indicasen tal cosa, así que desvié la mirada hacia el campo de batalla en busca de algún orco con vida. Encontré a uno nada más girarme, estaba batallando contra el hombre-caballo y parecía no prestar atención a nuestra contienda con la mascota sobrealimentada de su gente, pero por lo que pudiese ocurrir le disparé dos flechas consecutivas, rogando al cielo porque al menos una de las dos saetas acabase con su vida.

Volví a girar mi cabeza hacia el troll, que seguía gruñendo y gritando como la bestia que era, y sonreí bajo el yelmo cuando a sus espaldas pude ver una nube de humo oscuro alzarse por encima del pueblo. Eran los restos de mi trampa. Seguramente el fuego ya se hubiese apagado, pero las ascuas debían seguir calientes, así que serían suficientemente letales como para acabar rápido con aquella bestia. Sin pensarlo dos veces tomé otra flecha del carcaj, la cargué en el arco y tensé para disparar. Cuando solté la primera vez mi arco apuntaba hacia su estómago, lo cual fue sólo un malgasto de munición pues la bestia ni tan siquiera miró hacia allí. La segunda vez, sin embargo, logré atinarle cerca del pecho, y le dolió lo suficiente como para que me mirase. Disparé una tercera vez, apuntando a sus ojos, y guardé el arco para echar a correr sin fijarme siquiera en si mi disparo más letal había tenido o no éxito.

Callejé durante unos minutos para finalmente encontrarme cara a cara con las ascuas de mi trampa, que distaban de mí unos veinte metros. Volví a sonreír bajo el yelmo y seguí corriendo hacia ellas, confiada en que la bestia seguiría mis pasos por el dolor causado a base de flechazos. Si era así y el troll había venido hacia mí ahora la cosa era más sencilla que nunca, sólo debía atraer su atención hacia mí y hacerlo correr hasta cerca de las ascuas, una vez allí le atacaría con un hacha lanzada en dirección a su cráneo para que cubriese su vista con las manos y lo haría tropezar, aprovechando su escasa agilidad, disparando una saeta más hacia alguno de sus pies.
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Siragga el Dom Mar 31, 2013 6:32 pm

El sonido del viento
El níveo color de la suave nieve
Las chimeneas que dejan columnas de humo
Y la sangre tibia que empapa el suelo una y otra vez.

Christian Chacana 31 de marzo de 2013

Se dice que la verdadera batalla comienza mucho antes de tomar el arma, cuando la mente lucha contra el corazón y al final, la voluntad se alza sobre simples caprichos y normas tontas. Hasta ese instante, Siragga había luchado con acero y garras, su brazo no estaba quebrado, pero demoraría en poderlo usar nuevamente, el pequeño goblin aun recorría los techos, para disparar contra cualquier orco o enemigo viera, claro, era un ser despreciado por todas las demás razas, pero para su señor, era su fiel compañero y también líder, con promesas de libertad y venganza que lentamente se cumplían sin detenerse.

El enorme trol se levanto de los escombros, su enorme cuerpo parecía una mole, si bien idiota y estúpido como el resto de su raza, no había que negar que un solo golpe de aquellas bestias era fatal. El rey goblin mantenía firme su daga, no le temblaba la mano, su respiración era profunda, hasta ese instante, la batalla había sido en solitario, cada uno había enfrentado a su oponente, pero… ¿aquello sería diferente?, habría que verlo. El guerrero saco su arco y sin pronunciar palabra, disparo hacia una dirección contraria a la del trol, Siragga debió de girarse para ver con el rabillo del ojo hacia donde apuntaba, aun había un orco, no sabía la unión entre el trol y el orco, pero de seguro existía alguna. Es curioso como los eventos pueden cambiar lentamente, y como el destino se puede girar antes de tiempo. El arco tenso fue disparado y las flechas no demoraron en recorrer aquella distancia, pero … no darían en la desagradable piel del orco, sin poderlo evitar, los dos impactos dieron en el pecho del centauro, aquel que hasta ese momento había intentado mantener la calma vio y sintió, como su cuerpo era atravesado por dos flechas, la primera dio en su pectoral derecho, mientras que la segunda cerca de su esternón, la sorpresa no fue grata y para el guerrero de las llanuras seria como si todo fuera en cámara lenta, su mirada se cruzo tan solo un segundo con la del guerrero de armadura, antes de que su vida fuera segada. El hacha del orco no demoro en aprovechar el momento y siendo levantada, fue dejada caer, el filo dio en el hombro, mientras que los poderosos músculos del guerrero orco hacían bajar el metal, el omoplato se resistió, pero ¿Cuánto podría haberlo hecho? Una fracción de segundo el hueso se rompió, dejando que el filo descendiera aun mas, cortando venas y arterias, rebanando el pulmón y cortando las costillas como si de simples ramitas se trataran, el centauro dejo escapar un relincho entre burbujas de sangre, retrocedió dos pasos y se desplomo en el suelo, muerto e inerte. De seguro el orco no hubiera podido asesinar al centauro con facilidad, pero aquellas dos flechas le habían ayudado, quizás debería de darle las gracias al guerrero de armadura, si, darle las gracias con el filo de su hacha.

El trol con furia golpeaba los techos y muros de la casa que había cerca, el guerrero de armadura tenía un plan, aunque había que dejarlo en duda si resultaría. Una tras otra, las flechas se dirigieron hacia el trol, la mayoría daba, más no con mucho efecto, ya que la dura piel del trol era aun más dura que una armadura de cuero curtido. El guerrero disparo al rostro de la bestia, incrustándose la flecha en su cráneo, lo que hizo que diera un grito de dolor y erráticamente golpeara lo que tenía por frente, mas no duro demasiado, ya que con sus enormes dedos, arranco la flecha de su ojo, mientras este lentamente comenzaba regenerarse a una velocidad asombrosa y aterradora. El trol miraba al guerrero, y estaba listo para lanzarse contra él, cuando el aire fue cortado por un látigo, el cual dio contra la enorme espalda de la bestia, esta grito de dolor, para girarse hacia el ultimo incursor orco, quien con gritos guturales y latigazos parecía domar a la bestia. El plan del guerrero había fallado, las ascuas lentamente se enfriaban y en pocos minutos serian inútiles, mas hasta ese momento había actuado solo, y aquel semi orco no había hecho acto de presencia, mas no duro mucho, a pesar de su brazo lastimado, había subido a uno de los tejados y ahora tenía a su presa lista, el orco seguía dándole latigazos al trol, el cual ahora miraba al guerrero, listo para atacarlo, pero dejando escapar un grito de dolor, se llevo las manos a la espalda, como si algo le hubiera picado o mordido, girándose violentamente, el guerrero vio al semi orco colgando de la espalda del trol, su daga se había incrustado profundamente en la parte baja del cuello y por el peso de su cuerpo ahora bajaba lentamente, cortando piel y carne, el trol gritaba de dolor, y trataba de agarrar a quien el atacaba, pero sus enormes brazos no llegaban hasta su atacante, el orco dio un latigazo al aire y se disponía a lanzar otro, esta vez, hacia Siragga.

No muy lejos, desde lo alto de la montaña, un par de ojos contemplaban todo lo que sucedía en la pequeña ciudad, irónicamente la lucha del trol contra los aventureros no era algo demasiado difícil de poder contemplar, a pesar de la distancia, aunque no podía ver los detalles, podía ver como algunos guerreros luchaban contra los orcos, poco a poco aquella incursión parecía haber fracasado. Bajo la capucha de piel una sonrisa se dibujo, antes de que se levantara el individuo y montara un enorme huargo negro, similar al de los orcos.


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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Lun Abr 08, 2013 8:34 pm

El hecho de que el troll no me siguiera me enfureció todavía más. Había preparado todos mis movimientos para nada, pues el plan se fue al traste cuando el estridente chasquido de un látigo al golpear la carne cortó el aire en dirección a mis oídos. Aquel sonido tan conocido me trajo recuerdos de las campañas en la nieve, las largas esperas tumbada junto a un pelotón de soldados esperando a que pasara el Maestro de Bestias orco para abatirlo y poder dar la señal a los hombres de mi padre, quienes entraban al combate sin miedo a las criaturas. ¿Cómo no había podido caer antes? ¿En qué diablos estaba pensando para no darme cuenta de que un solo orco basta para domar a un estúpido troll de las nieves? ¡Maldita sea!

Empecé a correr de nuevo, esta vez en dirección a la forja en la que antes me habían vendido las cosas para mi trampa. Recorrí las calles cuán rápido supe, sin detenerme para observar otros posibles flancos desde donde atacar o contemplar la batalla que mantenían el semi-orco y el incursor del látigo, mi batalla era contra la bestia de piel ceniza y mente corta. Afortunadamente, el martillo del herrero no había dejado de trabajar, él se había negado desde un primer momento a cerrar por unos cuantos pieles verdes, y eso me ayudó a situar mejor su lugar de trabajo. Al llegar lo vi allí, con el acero candente sujeto entre las pinzas y un enorme martillo que golpeaba incesantemente un pedazo de metal, el cual tomaba poco a poco la forma de una larga espada con la hoja curva y el único filo que tenía tan fino como uno solo de mis cabellos. Verlo allí tan sumergido en sus quehaceres me forzó a preguntarme a mí misma si aquel hombre era consciente de la realidad en la que vivía, que en cualquier momento podía venir un orco y tratar de matarlo en su propia tienda, pero eché aquellas dudas de mi mente tan rápido como lo vi cargar con un saco entero de carbón con un solo brazo.

-¡Herrero! – Grité entonces, acercándome más al calor de la forja y desprendiéndome del yelmo - ¡Necesito que me dejes usar tu carbón y el aceite que tengas para las armas! – aseveré después.

Su rostro se torció en una mueca que denotaba la poca gracia que aquello le hacía, pero dicha expresión fue desapareciendo de su cara perlada por el sudor a medida que una media sonrisa la sustituía.

-¿Dónde debes cargar el aceite y el carbón? – Preguntó sonriendo, con una fría crueldad reflejada en sus ojos igual que en los de un dragón cuando está a punto de caer sobre sus presas.


-¡Al tejado de tu forja! ¡Rápido! –


A continuación, mientras él se echaba un barril y un saco a cada hombro, comencé a despiezar mi armadura hasta que sólo quedó sobre mi cuerpo el peto oscuro de la misma. El resto de metal lo apilé junto a otros tantos pedazos de metal en la forja y salí del lugar empuñando mi arco. Con él en la mano empecé a trepar por uno de los muros adyacentes (el cual contaba con varios salientes y tubos usados para su desagüe) a la forja y me dispuse en su tejado, llegando casi al mismo tiempo que el herrero, quien sudaba y jadeaba de cansancio por haber tenido que subir con semejante peso a los hombros. Seguidamente él hizo una pira con el carbón y la prendió con algo de yesca, usando el aceite como combustible y un par de filos de metal sin empuñadura para producir la chispa que lo incendió todo. Al momento aquel hombre había creado una inmensa hoguera cuyo humo oscuro ascendía presto hacia el firmamento.

Deshacerme de la armadura me permitió estirar más el brazo hacia atrás, tensando más el arco, pues por más acostumbrada que estuviese a esa herencia familiar no podía doblegar el metal del que estaba compuesta para hacerlo más flexible, así que siempre había ocasiones (como esa) en las cuales debía desprenderme para poder luchar mejor. La altura ganada con el tejado también ayudó a mi plan, que era asaetar a la bestia desde lejos con fuego para que no pudiese regenerar sus heridas y después quemarlo de algún modo que todavía tenía que inventar. Tomé mi arco una vez más, prendí la flecha en la enorme hoguera -cuyo calor era tal que apenas me podía acercar- y respiré hondo mientras calculaba la distancia. Era mi única oportunidad de hacerle algo a la bestia antes de que su amo se percatase de mi presencia una vez más. Respiré… Calculé y… Solté la cuerda. A continuación cerré los ojos y recé en mi interior para que aquella saeta prendida en fuego acertase en su objetivo, que no era otro que el enorme cuello de la bestia, y le causase dolor suficiente como para que viniese hacia mí olvidándose de su amo.
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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Siragga el Mar Jun 18, 2013 9:33 pm

Los dientes crujen, los músculos se tensan
El sudor comienza a cubrir la piel
Hay dolor, hay éxtasis, la lucha ha comenzado
Más no importa el poder o el conocimiento
El campo de batalla es una ruleta únicamente
Donde el favorecido por los hados
Quedara en pie después de la carnicería.
 
Christian Chacana 18 de junio de 2013
 
Las montañas parecían aullar, mientras le viento soplaba con furia entre sus picos, como colmillos ansiosos los acantilados crujían con el desprendimiento de las rocas y los animales que torpemente caían a sus profundidades. El mundo estaba expectante, como si todas las miradas se concentraran en un único punto, cientos, miles o millardos de ojos contemplando con ansiedad el desenlace de aquella batalla. Tras muros de madera y roca, ocultos en rincones oscuros, hombres y mujeres temblaban, tenían miedo, aquella emoción tan simple y que puede consumirlo todo, estaban con temor, recordaban que aquellos mismos sonidos eran los de otras ocasiones, cuando aquellas bestias llamadas orcos habían invadido, saqueando y matando a quien se le oponía, recordaban el grito de los niños acallados, por las armas, cuando arrebataban a las mujeres de los brazos, fríos, de los hombres asesinados. Mas algo nuevo existía, el alcalde o líder de aquella ciudad podía verlo, negándose a bajar al refugio, había mantenido su mirada en los techos de aquella ciudad, a lo lejos podía escucharse la batalla, los gritos y gemidos que resonaban contra el cristal. Una sonrisa se dibujo en aquellos viejos labios, mientras sacaba de sus ropas una pipa ya gastada y encendiéndola, le daba unas caladas leves, esperando lo mejor… ¿tendría fe? Era posible… o quizás en subida ya había visto tantas cosas, que solo deseaba que la paz volviera a la ciudad que le había visto nacer y crecer.
 
 La carne se abría, el hueso quedaba a la vista, y la negra sangre brotaba cual torrente de pus, la bestia gemía con ira, más no importaba cuanto cortara el semi orco, con cada centímetro de carne abierta, otro se cerraba, como si jamás hubiera pasado nada. El amo de las bestias blandía su látigo con furia, gritando en idioma orco, miles de maldiciones, el aire era cortado por el chasquido, cuando intento acabar con aquel que poseía sangre como la de él, mas el hibrido, utilizando sus piernas, se alejo del camino del látigo, haciendo que este golpeara el cuerpo de la gran bestia, haciendo que soltara un gemido. El rey de los goblins  lo comprendió, la bestia no podría controlarse sin ese látigo ni quien lo blandía. En cuanto sus pies tocaron la nieve de la tierra, corrió hacia aquel orco, mas este lo había visto y blandiendo su látigo , cual serpiente furibunda, le ataco, el látigo golpeo el pecho, la carne se abrió y sangro, mas Siragga no se detuvo, el dolor no era nada, la adrenalina corría por sus músculos y de un salto se abalanzo contra le orco, apuñalando su cuello una y otra vez con frenesí, la sangre saltaba y manchaba la nieve, cuando la gruesa cuchilla apuñalaba la carne una y otra vez sin detenerse, el orco perdía sangre y retrocediendo unos pasos, cayo, mientras como un saco roto, la sangre fluía sin detenerse ni un instante.
 
La bestia, ya sin el temor del látigo o el control del orco, dejo libre su ira contra el semi orco, quien fácilmente era atrapable con su enorme mano, mas antes de poderlo hacer, el semi orco vio con su ojo bueno, como una flecha era disparada desde una pira de humo, la bestia no estaba pendiente y sin poderlo evitar, dejo que la flecha impactara. Por primera vez, un verdadero grito de dolor surgió de la enorme boca del trol, no era como los anteriores, si no que un grito de agonía fue escuchado, la bestia retrocedió unos pasos, apagando la flama con sus enormes manos, con desesperación, mas sus diminutos ojos contemplaron el humo y en un ataque de ira, comenzó a correr por la calle, en esa dirección, la bestia era idiota, era un hecho. Mientras eso sucedía, Siragga no pudo evitar sentarse sobre el cadáver del orco, su brazo dolía, pero esperaba que no se hubiera roto… mientras trataba de recobrar el aliento, entre las sombras su sirviente goblin surgió, en sus manitos traía un  frasco de alguna extraña sustancia, mientras reía macabramente y miraba a su amo.




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Re: Carne para las bestias

Mensaje por Enya el Sáb Jul 13, 2013 9:07 pm

El troll se giró al momento tras impactarle la flecha y por ello en mi rostro se formó una sonrisa victoriosa que duró lo que un castillo de nieve en un día de ventisca. Ahora no sólo tenía que preocuparme de atinarle más flechazos, sino también de esquivarlo, la cosa se complicaba bastante.

Mientras la bestia avanzaba hacia mi posición, yo oteé mi alrededor en busca de algo que me ayudase. Gracia a mi aguda vista pude discernir que en varios edificios adyacentes había tablones que comunicaban unas casas con otras. Conocía ese sistema, era usado por rateros y asesinos para desplazarse rápidamente entre los tejados sin ser avistados por la milicia, al menos así era en Coladragón, donde no era extraño ver a un encapuchado huyendo de varios soldados que lo perseguían por tierra, sin embargo en aquella ocasión podía servir para llevar al pielgris hasta una tumba segura; había varios edificios altos que formaban lo más parecido a una cueva urbana que podía imaginarse. Una cárcel de barro, piedra, paja y madera a la que fácilmente se podía acceder recorriendo unos veinte metros desde mi posición. Bien.

-¡Herrero, te recomiendo que busques algo con lo que cubrirte! –

Sonreí una vez más, cogí cinco flechas del carcaj y calenté sus puntas hasta que estuvieron al rojo vivo, seguidamente las envolví con algunas vendas que portaba en el cinto y las puse entre mis dientes. A continuación empapé la espada en el aceite que había quedado después de prender la gigantesca hoguera y la enfundé con la esperanza de que el mejunje inflamable soportase ahí dentro el tiempo suficiente como para poder usarlo más adelante.

Empecé a recorrer los metros que me separaban del lugar donde tenía planeado emboscar al troll y fui disparando mientras saltaba de tabla en tabla y recorría los tejados. Mi plan, en éste caso, era más complicado pero si funcionaba dejaría a la bestia seriamente herida y desorientada, así que podría rematarla sin problemas con la espada. Si todo bien aquellas cinco saetas, que debían prenderse fuego al estar al rojo vivo y envueltas por un material tan inflamable como las vendas resecas usadas para guarecer las heridas de la intemperie, lo guiarían impacto tras impacto hasta aquel pequeño núcleo de casas. Seguidamente, cuando lo tuviese metido entre las paredes, aprovecharía su desorientación al hallarse encerrado de esa manera sin una presa grande a la que atinar y sin amo que lo guiase, para asaltarlo por la espalda con la hoja de mi espada prendida previamente gracias a la chispa que provocaría enfrentar su acero contra el de una punta de flecha.

No podía evitar quemarme ligeramente la cara por el fuego que empezaba a asomar en los proyectiles, pero lo cierto es que el calor en mis pómulos desnudos era agradable, al menos al principio, no sabía cómo me sentaría después. Pese a ello no podía dejar de pensar en qué ocurriría si mi plan fallaba, pues al fin y al cabo en esas casas vivían personas, familias, que se habían refugiado ahí en busca de seguridad… Esperaba ser más rápida que el troll, pues de otra forma habría condenado muchas vidas inocentes y tendría que redimirme con un sacrificio enorme más tarde.
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Re: Carne para las bestias

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