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El Picnic de los Osos.

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El Picnic de los Osos.

Mensaje por Wrath Alexei el Lun Abr 25, 2011 8:57 pm

El sonido de las pisadas se pierde en la lejanía, el bosque se alza inmenso ante ti, la luz se filtra por en medio de las hojas de los árboles, este es sin duda uno de aquellos lugares que trae la paz al alma, y te permite pensar en todo aquello que deseas de la vida, pero hay algo raro en este lugar tan pacífico y tranquilo, ello es que, a diferencia de otras ocasiones, esta vez los caminos se encuentran bastante abarrotados, puedes observar que por las sendas del bosque, varias carretas, viajeros a caballo y a pie, algunos cubiertos del rostro, otros sin importarles ser reconocidos, pero todos parecen dirigirse al centro del bosque, todos caminan con una dirección más o menos parecida y observan a todos con suspicacia.

Puedes además reconocer otra cosa en común en todos ellos, pues todos llevan consigo grandes equipajes; sin embargo, tú tienes un destino un poco distinto, pues conoces la ubicación del poblado más cercano, aunque claro, denominarle poblado es solamente porque le falta algún otro tanto para convertirse en ciudad, sin embargo, es bastante grande en extensión y riquezas, debido a que la obtención de recursos madereros les ha proporcionado una fuente de ingresos considerable.

Este poblado es llamado “Oasis del Bosque”, en referencia a la silvicultura prospera del lugar, incluso poco a poco, se ha ido construyendo el muro externo, que ahora cuenta con un metro de altura, pues todos los cimientos se han ido colocando y poco a poco, el “Oasis del Bosque”, empieza a tomar la forma de una ciudad; es por ello, que varias figuras prominentes se han mudado, o desean mudarse a estas tierras, algunos astrónomos y curanderos, magos, doctores, shamanes y sabios de todas las disciplinas, el motivo es muy simple, conforme la ciudad va creciendo y tomando fuerza económica y militar, es necesario implementar una forma eficiente de gobierno, así mismo, se requerirán consejeros y ministros por lo que este es el momento perfecto para unirse a los habitantes de la ciudad y empezar a elevarse dentro de la escala social de un lugar que promete ser un importante conclave comercial y por su ubicación y prominencia económica, promete a su vez convertirse en una potencia militar.

En aquel lugar se puede encontrar un practicante de casi cualquier disciplina, pero lo más importante, es, que este lugar es el último punto de descanso antes de cruzar el bosque, así mismo, es el lugar donde puedes encontrar mayor conocimiento en cuanto al reino faérico que se encuentra en las cercanías, pues los habitantes de aquel lugar, son los que han tenido más contacto con estas creaturas a lo largo de varias generaciones. Incluso en aquel poblado, puedes encontrar guías dispuestos a ayudarte a cruzar el bosque por una módica suma de dinero, los cuales, una vez que salen del bosque, esperan a algún viajero que quiera ir al Oasis del Bosque y le sirven igualmente de guía, viviendo moderadamente cómodos de esta forma, incluso vistiendo una especie de uniformes, pues todos los que se dedican a este oficio, poseen en sus ropajes una cinta roja amarrada al brazo con el símbolo del Oasis del Bosque.

No tardaras mucho en llegar a este sitio, pues tú conoces el camino de una manera referencial bastante exacta, sin embargo, conforme te acercas al poblado, la mayoría de los viajeros se adentran en el bosque directamente, si bien unos cuantos también deciden acudir al poblado, la mayoría se limita a observarlo a lo lejos y continuar su camino.

Para Egates, un licántropo que se encuentra en las cercanías, no es extraño percatarse o suponer las razones por las que aquellos viajeros no acuden a la ciudad, pues para su fino olfato, no escapa el hecho de que la mayoría de aquellos viajeros huelen a sangre, mucha sangre, así mismo, el olor de pieles curtidas se desprende de sus equipajes, sin embargo, por esa misma razón, es fácil adivinar que se trata de pieles de oso, pues el olor concentrado de aquellas pieles llenaba el ambiente, pero había algo más, un olor conocido, un olor a odio y sangre, un olor a locura, por un momento, solo por un instante insignificante y pasajero a tal punto de quedar en duda si había pasado, Egates pudo sentir de nuevo el olor de Oblivion, fue como si uno de los habitantes de aquella isla hubiera pasado justo a su lado, pero el olor se había perdido en medio de aquellos que se alejaban hacia el bosque envueltos en un olor a muerte.

Por su parte, para Lilithiam Ardat, el olor era a su vez penetrante y extraño, no podía reconocer el tipo de piel que había en los embalajes, pero podía sentir la presencia de la sangre y de la muerte en el ambiente, especialmente sangre, había demasiada, aquel camino, conforme se iba concurriendo, hacia que a aquellos que podían entrever en aquella aparente calma, sintieran un escalofrió, por lo que al irse acercando a la ciudad, fue un alivio que aquellos extraños viajeros fueran disminuyendo sus filas, y el olor poco a poco se fuera disipando en el ambiente hasta que solo la quietud y la calma del bosque permanecían latentes.

Sin embargo, si fue Egates quien supo distinguir aquellos olores en el aire, fue Lilithiam, quien distinguió, cuando la ciudad ya se encontraba a la vista y solo doscientos metros los separaban de la misma, unos pasos extraños en el bosque, como si alguien huyera, fue ella misma quien primero observo entre la maleza una figura tambaleante que corría de forma desesperada y que portaba dos blancos palos en las manos, pero conforme se fue acercando, se dio cuenta de que aquello que sostenía la mujer que avanzaba desesperada por el bosque, no eran otra cosa que los brazos de un par de niños, los cuales habían sido arrancados desde el codo y ahora colgaban en las manos de aquella mujer de blanca piel y dorado cabello, de ojos almendra, cuerpo esbelto y delicado, labios rojos y dolor en la mirada, sus ropajes, si bien vislumbraban la idea de un negro vestido de fina tela, ahora se limitaba a algunos jirones que dejaban ver la mayor parte de su piel, los senos se encontraban al aire y casi todas sus piernas podían verse por entre las rasgaduras del vestido, había golpes en su cuerpo y su enmarañado cabello poseía manchas rojas y negras, mezcla de suciedad y sangre; pero aquella figura parecía no notar nada en absoluto, solamente corría por aquel lugar en busca de algo, seguramente ella misma no sabía lo que era, pero corría y al observar a aquel pequeño grupo que se reunía en el bosque, pues desde que los pasos empezaron a ser más obvios, todos se habían congregado, temiendo el ataque de bandidos y por lo mismo, blandido sus espadas, aquella mujer se detuvo en seco, las lagrimas comenzaron a correr por su rostro y de pronto un punzante grito estremeció el bosque, aquella mujer en un ataque de delirio, gritaba, con todas sus fuerzas mientras que las lagrimas acudían a sus ojos.

Fue un instante que parecía eterno, mientras el grito se consumía en su garganta y los presentes se decidían por algún tipo de acción; aquella mujer no tuvo dudas, corrió lejos de ellos, lejos de todo; Lilithiam pudo observar al tenerla tan cerca, que los dedos de aquellos trozos de cadáver infantil, se aferraban a la mano de la mujer, pero también pudo observar cómo, cuando la mujer estaba a punto de correr, oprimió con fuerza las manos que aparentemente, aun creía que pertenecían a sus antiguos dueños.

Sin embargo la mujer no llegó demasiado lejos, un jinete que se encontraba viajando hacia el “Oasis del Bosque” le dio alcance, aquella mujer gritaba y se retorcía, fueron necesarios cuatro hombres para contenerla, otros dos para arrebatar de sus manos el helado recuerdo de las vidas arrancadas de forma prematura y todos los hombres del mundo no habrían sido suficientes para tapar sus gritos de desesperación.

- YA VIENEN, YA VIENEEEEEEEN.


Aquellos viajeros llevaron a la mujer hacia la ciudad, obviamente no se encontraba bien ni en sus cabales, era imperativo que descansara y después que informara sobre lo que había sucedido y por supuesto, a quien pertenecían los brazos que fueron tomados de sus propias manos.

Pero algunos viajeros todavía serian testigos de algo aun más extraño, pues mientras aquella mujer era llevada hacia la ciudad, tres niñas habrían aparecido, pues aquella podría ser la palabra, debido a que no había habido olor, sonido o visión alguna de su llegada, aquellas niñas jugaban a saltar la cuerda, dos de ellas dándole de vueltas y una tercera, saltando y cantando.

“Si tú te sales al bosque hoy, seguro te sorprenderás;
Si tú te sales al bosque hoy, tendrás que usar un disfraz
Pues todos los Osos que ahí han estado
Fueron llegando y ahí se quedaron;
Pues este es el día en que los osos hacen, su picnic”


Entonces aquellas niñas de tez blanca y cabello rojizo sonreirían a los presentes, sus bocas estarían llenas de sangre y sus ojos estarían abiertos de una manera tan pronunciada, que los parpados parecerían haber desaparecido detrás de la cuenca, la sonrisa se realizaría en toda la extensión de lo que una boca es capaz de hacer y una risilla macabra saldría de las niñas antes de que empezaran a correr hacia las profundidades del bosque sin haber sido posible que nadie las siguiera, pues extrañamente, no había rastro alguno para seguir.

Lo único que ahora sabían los presentes es que algo se aproximaba, algo venia contra ellos y probablemente solo en el poblado que tenían a la vista, encontrarían información y tal vez seguridad.
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Wrath Alexei

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Re: El Picnic de los Osos.

Mensaje por Invitado el Vie Abr 29, 2011 5:43 pm

Por centésima vez extendí el arrugado mapa sobre la nuca de mi mula, que agitó las orejas en señal de molestia. Defiitivamente ese era el camino, el sendero más bien, que llevaba al Oasis del Bosque, un pueblo en plena expansión. Suspiré guardando el mapa de nuevo en una de las bolsas que colgaban de la silla de montar. Supuse que al ser un pueblo situado en una zona tan rica de recursos naturales y estar experimentando una crecida comercial tan rápida, segun había oído, el camino estaría transitado.... ¡pero no imaginé que lo estuviera hasta tal punto!

Me había parecido un sitio perfecto donde ocultarme, donde empezar una nueva vida...de cero.... y ahora avanzaba junto al resto de comerciantes y viajeros, a paso de tortuga, encorvada sobre mi terca mula y con el sombrero casi tapándome los ojos. Llamaba demasiado la atención y apenas me atrevía a alzar la cabeza, no me había alejado aun lo suficiente de la Ciudad Esmeralda y alguien podría reconocerme... ¿Cuantas mujeres de piel verde caminan sobre la faz de Noreth?

Habría sido un viaje agradable, pero las constantes miradas de reojo y el extraño olor que la mayoría de ellos desprendían, un olor a rancio, como algo que se secó antes de empezar a pudrirse, estropearon lo que de normal debía ser un paisaje hermoso y tranquilo.

Tras unas cuantas horas de tensión, la marea de gente se topó con una bifurcación del camino. Suspiré aliviada al comprobar que la mayoría de los malolientes viajeros seguían hacía el interior del bosque en lugar del destino al que yo me dirigía. Mi relajación duró apenas unos segundos... y fue rota cuando percibí un ruido entre la maleza. Giré hacia allí la cabeza sin detener el avance de mi mula... y poco a poco, conforme el sonido fue ganando intensidad y cercanía, pude distinguir que se trataba de pasos a la carrera.

Cuando la vi aparecer detuve a mi mula con los ojos como platos. Una mujer con el rostro desencajado, la ropa destrozada y muslos y senos al descubierto. Lo primero que pensé fue lo obvio, que había sido forzada en el bosque por bandidos, y salté con agilidad de mi montura echando a correr hacia ella.

Algunos habían oído su carrera, al igual que yo, y se habían detenido y tomado las armas, acercándose unos a otros como un rebaño de ovejas asustadas. Los ignoré y corrí hacia la mujer que se había detenido y nos miraba con un gesto de confusa ausencia. Cuando llegué hacia ella me retiré la capa oscura y la coloqué sobre sus hombros, cubriéndola.

-No te haré daño, me llamo Lilithiam. ¿Estás herida?- le pregunté obligándome a mantener la calma... aunque mi voz se fue apagando conforme bajé la mirada a lo que llevaba en las manos. No eran palos como me había parecido en un principio... eran brazos.... dos blancos brazos de infante amputados.

Me eché hacia atrás como un acto reflejo cuando la mujer lanzó el alarido, un sonido sucio y enloquecedor, lleno de dolor, que pareció rasgar en dos su garganta. Cuando se le acabó la voz echó a correr de nuevo, huyendo. Traté de sujetarla en vano pero por fortuna y cuando ya había recorrido unos cuantos metros, un grupo de hombres lograron pararla e inmovilizarla.

Se defendía como si creyera que la fueran a hacer pedazos con sus manos. Me acerqué presurosa, llena de coraje ante la reacción de la mujer.

-¡Apartaos! ¡Soy médico!- vale, no lo era, pero tenía bastantes conocimientos de anatomia y medicina. Lamentablemente en mi equipaje tenía poco que pudiera ayudar a la mujer en esos momentos. Era obvio que no estaba en sus cabales y traté de hacerla reaccionar agarrando su rostro y zarándeandolo, hablándole.

De nuevo la mujer gritó.... y acallé su grito con un revés en su mejilla. Los hombres que la sujetaban me miraron estupefactos, pero el golpe había logrado su objetivo y la mujer parecía algo mas retraída en su shock, aunque ahora lloraba encojida.

Uno de los hombres comenzó a acribillarla a preguntas, agitando con repugnancia el brazo amputado que había logrado arrancar de la mano de la mujer. Lo aparté con un gesto firme, ceñuda.

-Con todos los respetos, creo que esta claro que esta mujer no esta en sus cabales. Necesita atención médica y descanso. Las preguntas tendrán que esperar.

Para sorpresa mia, no solía ocurrirme eso, los hombres pasaron por alto el tono de mi piel y se mostraron de acuerdo conmigo. Di un silvido y mi mula salió del camino y se acercó en respuesta a mi llamada. Montamos a la mujer y la sujeté a la mula con una soga por precaución, a pesar de que ahora parecía haberse quedado en un estado de quietud catatónica.

Tomé las riendas de mi mula y me encaminé con paso rápido al pueblo, acompañada por alguno de los hombres que habían sujetado a la mujer. Desde luego, si alguien me había reconocido entre los viajeros, no pasaría mucho tiempo antes de que me culparan de una forma y otra de la desdicha de la mujer. Tal vez dijeran que yo había devorado a los dueños de los brazos que ella aferraba.... solo una tara más, un mito más sobre mi persona que la gente estaría gustosa de creer.
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Re: El Picnic de los Osos.

Mensaje por Egates el Sáb Abr 30, 2011 8:35 pm

Osos, sin duda unas criaturas fuertes y codiciadas para todo cazador, ya sea novato, experimentado o natural como era mi caso. Aquella mañana después de haber viajado tanto y acabarme el último trozo de carne de mi anterior caza, decidí que era hora de algo de acción, necesitaba un animal que me diese pelea y así mismo me brindase alimento suficiente como para más de una semana; un oso. Y claro, estando transformado habría sido demasiado fácil y riesgoso en el caso de que un grupo de cazadores se encontrase cerca, por lo que enfrente al animal como humano. Si, cualquier humano normal me habría dicho que estaba loco y yo hasta cierto punto le habría dado la razón, pero el caso es que de normal yo nunca tenía nada, así que lo hice de todos modos.

Y eso fue lo último que pensé cuando mi acero salió del corazón de la criatura, una estocada que había estado esperando durante todo el transcurso de la batalla. Peleamos mano a mano y tenía mi pecho sangrando, mi chaqueta había sido totalmente rasgada por la criatura al igual que mi camiseta. Mis nudillos también sangraban de tanto haber golpeado al animal, pero el factor sorpresa fue el que me ayudo a ganarle. Cuando di mi último puñetazo al hocico del animal este me lanzó una bofetada que me derribo de un golpe, me dejo sus garras marcadas en una mejilla y además medio tonto, creí que mi fin había llegado, pero entonces la criatura hizo su peor movimiento. Confiada en que no me repondría de aquel golpe, rugió y se abalanzo sobre mi abriendo los brazos al aíre, no me di tiempo para pensar que se tramaba, ese era el momento exacto en que debía actuar y lo hice. Segundos después la garra de la criatura alcanzó a tocar mi mejilla, pero mi acero ya había atravesado por mera suerte su corazón. Cerré los ojos y suspiré, estaba agotad, así que patee el cadáver del oso y este cayo delante de mí, solo hasta entonces me di tiempo para caer al suelo de espaldas del mismo modo que lo hizo mi rival. La diferencia era que yo había ganado y él no. - ¡Última caza de la semana! – Grité satisfecho, aquello realmente no había sido una casería, había sido una pelea a muerte que recordaría al menos hasta mi siguiente aventura.

(…)

Caminaba alegre, satisfecho y con una mochila que no pudo cargar mi cena de toda la semana. Pude sacar lo suficiente del oso para unos días sin contar lo que ya había almorzado, pero no todo ya que necesitaba la piel de este para ganar algo de dinero en el pueblo más cercano y sabía de donde estaba el siguiente ya que en el anterior me había informado bien de lo que había a los alrededores. El último pueblo antes de llegar al espeso bosque, sin duda un lugar donde podría quedarme hasta la siguiente noche de luna llena y tal vez hacer de cuenta cuentos en la siguiente taberna para contar mí pelea contra el oso y finalmente sacar la piel de este como prueba. Sin duda tanto el oso como yo merecíamos que el resto conociera nuestra batalla, cualquier licántropo lo tomaría como una victoria vacía, pero bien sabía que no cualquiera podría haberlo hecho en su forma humana. Si, cualquiera de mi manada habría podido hacerlo, pero yo era el único que quedaba. Sin duda que siguiese pateando traseros fuera de Oblivion como si estuviese ahí los haría sentir orgullosos a pesar de haber desertado….

Pero mi felicidad llegó hasta que comencé a acercarme al pueblo para transformarse en alerta. Algo no olía bien y no era solo yo que cargaba con olor a sangre y muerte en sus espaldas, el olor se concentraba en gran cantidad y aquello me daba mala espina aunque me recordase a casa.

De un momento a otro la multitud había aparecido, pero estaba dividida, algo no cuadraba. Se notaba la diferencia entre los viajeros de los locales o se podía pensar también que eran dos grupos de viajeros puesto que aún desconocía como vestían habitualmente los lugareños. El caso es que un grupo de viajeros se diferenciaba de los demás y estos no se veían para nada atraídos del pueblo que se alzaba a un costado de ellos, como si algo los espantase. Si, había peligro en la zona, claro que eso lo ignoraba o tal vez no, tal vez me llamaba, lo que importaba eran aquellos viajeros que no iban en dirección al pueblo. En realidad no, lo que me importaba era descubrir la razón de los viajeros y sabía que la respuesta a aquello estaba en el otro grupo de viajeros que si iban hacía el pueblo. Seguro que ellos sabían algo, por lo que decidí acercarme a ellos, después de todo íbamos hacía la misma dirección. Osos, odio, miedo… ¿Qué era todo eso? Estaba impregnado en el ambiente, pero lo que más me llamaba la atención eran los osos, aparentemente no había sido el único en pelear contra un oso recientemente. ¡Diantres mi pelea ya no sería tan asombrosa como no fuese el único en haber peleado mano a mano contra ellos y no conseguiría la paga que mi anterior rival merecía! Aquello hizo que mi ceño se frunciera más de lo normal, me enfurecía que la gente tratase de imitarme aunque era primera vez que experimentaba aquello, se sentía extraño sentirse parte de la manada nuevamente.

Como sea, entre miradas de asombro, extrañadas y preocupadas que se posaban sobre mi apariencia, fui acercándome a la ciudad uniéndome al grupo. Ya estábamos como a unos doscientos metros, pero por algún motivo mi instinto me dijo que me detuviese a observar unos momentos y aparentemente no era el único entre tanto cazador con buenos instintos. Un escalofrío recorrió mi vertebra cuando todos quienes portaban armas las desenfundaron y se pusieron en guardia, la razón se dejo ver a unos cuantos pasos. Una mujer, pero no cualquiera, una que sostenía lo que aparentaban ser dos brazos cortados desde el codo y con un aspecto que... Como si hubiese sido atacada una noche de luna llena, pero lo que no cuadraba con aquella comparación eran los brazos que no le pertenecían. Me puse en guardia al igual que el resto, pero a diferencia no desenfunde mi arma; si había sobrevivido a un oso mano a mano a excepción por el último golpe solo uno de los míos transformado podría hacerme desenfundar mi arma. Gritos de dolor y angustia, un miedo inolvidable y un grito final de advertencia… Si aquello era normal en aquel pueblo, ¡me sentía en casa! Bueno, en realidad si era preocupante, pero era como volver a la isla. Claro, la escena no terminaba ahí, con llevarse a la mujer al pueblo como si hubiese perdido la razón, no como; lo había hecho. ¡Demonios ahí era considerado cuerdo! Ya no me sentía como en casa, pero no pude seguir pensando en eso con la aparición de unas niñas, jugando a saltar la cuerda y entonar un cantico definitivamente no apto para sus edades. ¡A que fiesta no había sido invitado! Mejor dicho ¡Qué demonios iba a suceder esta noche! Definitivamente las niñas nos habían advertido y la sangre que caía de su boca era una señal de que debían ser tomadas enserio. Otro escalofrío cubrió mi espalda al ver aquella escena… Ahora sí que mi aventura con el oso no sería la historia del día… Pero eso no era lo que me preocupaba, necesitaba comprar una camiseta y chaqueta nueva antes de la fiesta, ¡no podía presentarme a lo que se aproximaba sin una chaqueta!

No me di tiempo para informarme, necesitaba llegar al pueblo y dirigirme rápidamente a una tienda de ropas y eso fue lo que hice, gaste hasta mi última moneda, dejando lo suficiente como para una bebida fuerte, en una camiseta negra y una chaqueta lo más parecida a la que había desgarrado el oso. Al salir de la tienda abroche la chaqueta, respire profundamente y me colgué la mochila, pero no pude contentarme con esto, aún me urgía enterarme que había sucedido con la mujer y que había sido la advertencia de las niñas, además de vender la piel de oso que tenía después de contar la historia. ¡Y el lugar perfecto para enterarme de todo era una taberna!

Pregunté en uno de los locales por la mejor taberna del lugar y en cuestión de minutos ya estaba sentado en la barra. – Un whisky del más fuerte. Por cierto, tengo curiosidad. ¿Sabe ya lo que ocurrió con unas niñas a la salida del pueblo, es normal? Ah sí, y si es tan amable, ¿podría decirme que tienen que ver los osos? Tengo una piel cuyo valor puede llegar a ser alto, aún tengo cicatrices del encuentro, no solo en mi cara, sabe – Le pregunté mientras este estaba lo suficientemente cerca como para escucharme sirviendo lo que le había pedido.


___

Off: Deje mp con unas preguntas respecto a mi post, si hay algo malo, solo dime y edito. Wink
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Egates

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Re: El Picnic de los Osos.

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