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El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

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El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Sáb Dic 15, 2012 10:23 pm

Hermoso día, ¿no lo es?. Las personas caminando, los mercaderes vendiendo, el sol brillo iluminando los rostros de todos, los niños corriendo por allí...

Es raro, lo es. ¿Como se puede ser alguien así, dos personas en una?... es raro, lo es. Camino relajadamente, despojado de mi armadura, despojado de mi alter ego, soy yo, Aetrium, aquí estoy. No hago nada aquí, en Phonterek, realmente no hago nada más que vagar por allí y por allá... por las diferentes callejuelas... me siento en las bancas de las plazas y luego simplemente me retiro para seguir un rumbo inexistente.

Excelente día, sin preocupaciones ni nada. Camino a paso lento con una sonrisa en mi rostro, vagando por allí en busca de algo que me llame la atención o aprenda algo nuevo, ¿quién sabe?, podría ayudarme en el futuro. Pasa un rato y sigo caminando, allí no muy lejos veo una tienda un tanto peculiar, una mesa de madera lleno de objetos extraños, una banca y un señor sentado en ella, lleva una barba larga que llega hasta su pecho, no posee pelo, sus ropas son de color grises y son holgadas, parece un mendigo a decir verdad, pero tiene objetos interesantes, llamativos, coloridos y de formas extrañas, ¡tengo que ir allá!.

Mientras me acerco veo que un joven se acerca, me es conocido a decir verdad... mi memoria no es precisamente excelente pero.. sé que lo he visto de antes. Llego a la tienda y... efectivamente, esta persona la conozco. Su vestimenta era de cuero color oscuro, sus pantalones de color marrón, tenía un carcaj en su espalda así que eso, sin lugar a dudas, era un arquero... y el único arquero que conozco y me relaciono con él tiene un solo nombre: ¡Tristán de Tincoras!.

Recuerdo que hice varias misiones con él, le ayudé mas bien. Sí... lo recuerdo todo... aquella misión donde salvamos a una vieja, aquella donde eliminamos a unos ladrones, aquella donde raptamos a una persona importante, ahora muerta, llamada "Eler"... las aventuras con él han sido muchas, y de todas hemos salido vivos, los dos. ¿Como olvidar las hazañas inpensables que hemos hecho, como?. Ese talentoso arquero y yo nos hemos zafado de tantos líos...

Le sonrío y le pongo mi mano izquierda en su hombro.

"¿Como te va, Tristán?" ― amablemente le digo, saludandolo.

Nunca pensé que en una tienda de objetos que ni yo conozco me encontraría a un viejo compañero de armas.
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Dom Dic 16, 2012 12:23 am

Aquella noche, la taberna del sur de la ciudad estaba tan silenciosa como de costumbre. A diferencia de otros bares más populares, allí no se reunían borrachines ansiosos por meter mano a las camareras y caer inconscientes tras decenas de jarras, si no gente más… Peculiar, con intenciones algo más serias y lúgubres. En una esquina en concreto, relajado, había un arquero pelirrojo barajando compulsivamente un manoseado mazo de cartas, con los ojos cerrados y haciendo juegos de manos con los ases.

Una y otra vez, una y otra vez. Las cartas bailaban incesantes al son del movimiento de dedos del de pelo caoba. Intermitentemente, hacía chocar el canto del mazo contra la mesa de madera para recolocarlo y volver a hacerlo. En algún punto de la noche, un hombre en túnica de cuero tomó el asiento a su frente sin mediar palabra, haciendo un silencio que solo se rompía por el súbito impacto de las cartas sobre la mesa. En algún punto, Tristán el arquero se reclinó sobre la mesa apoyando uno de los codos, y colocó el mazo en el centro.

¿Quieres apostar…? - dijo con un tono que parecía más bien un eufemismo a una pregunta de mucho más calibre. Quiero contratarte… - a pesar de la conversación encubierta que Tristán trataba de tener con él, el encapuchado parecía más bien poco interesado en andarse con rodeos, e iba completamente al grano con sus intenciones. Sonriente y con gesto desenfadado, Tristán iba desperdigando cartas al azar sobre la mesa, mientras continuaba con su forma de decir las cosas. ¿Prefieres cinco cerrado o siete abierto?

Unos hijos de perra han estado extorsionándome durante meses, y han estado llevándose todo el dinero que me he ganado honradamente. Quiero que vayas a donde sea que se esconden y les des una paliza. Te recompensaré con un tercio de lo que recuperes.

A medida que el hombre de la capucha hablaba, Tristán recogía las cartas que apenas un minuto antes había colocado bastante azarosamente sobre la mesa, volviéndolas de nuevo su mazo original y llevando a este a uno de los bolsones que colgaban de su cinto.

*

Con aire desganado, Tristán trasteaba con diversos artilugios de un mercadillo. En la mesa había trastos de todos los colores y formas, sin ningún uso aparente para el chico. En su distracción, movía los objetos de un lado a otro del tablón que servía de mesa, molestando al dueño deduciendo por su mirada. Aun pensando en el ‘trabajo’ , tomó una especie de daga de cerámica frágil, jugando un poco con ella mientras seguía cavilando.

Cuando una mano se posó sobre el hombro del de pelo caoba, este salió de su distracción. Al otro lado de la mano Tristán pudo ver a un hombre risueño, de cabellos oscuros y gesto inquietantemente jovial. El arquero, al verlo, mostró un gesto de alivio y a la vez el mismo gesto de alguien al que un problema le acaba de crecer aún más.

Aetrium… Cuanto tiempo sin vernos. - Dijo con cierto cansancio en el tono de voz. Tristán recordó sus otros encuentros con el hombre que ahora tenía en frente. Con él, fue la primera vez que asesinó deliberadamente a una persona, y la primera vez que cometió un crimen más allá de la estafa o el juego clandestino. Sería muy hipócrita decir que, tal y como consideraba a Aetrium un amigo cercano, también era para él un enorme foco de problemas…

Pues sabes, me habría gustado encontrarte en una mejor situación… Una botella de aguamiel, algo de grata compañía y un mazo de cartas. Pero… Bueno, tengo un trabajo, ya sabes… - guardó silencio unos segundos y con cierta resignación, soltó un suspiro y preguntó ¿Quieres que te cuente sobre ello sentados tranquilamente en una posada?



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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Dom Dic 16, 2012 12:38 am

... No parecía muy alegre de verme. Su tono de voz estaba algo desgastado, como cansado... hablaba serio, sus palabras fueron muy directas, mis oídos captaron lo que era una petición indirecta. ¿Un trabajo?... parece que todos necesitan de los servicios de un asesino, ¿no es así?.

Respondí con una sonrisa, palabras no valdrían, así que caminé hasta la posada más cercana llamada "El Pájaro". Un lugar muy bonito, un tanto oscuro a decir verdad. Todo de madera, un mostrador limpio, unas mesitas en la recepción y una linda chica detrás de el mostrador mencionado, descuidada, mirando a no sé donde, perdida en sus pensamientos.

Caminé y cogí la mesa que estaba más al fondo, si era un asunto serio entonces nadie podía escucharlo, nos podían cachar. Mis pasos resuenan en una posada cernida en el silencio absoluto, silencio en el área, afuera hay una callejuela algo transitada, pero no nos escucharán, no lo harán. Tomo una silla, la que está pegada a la pared, la muevo al ras del suelo haciendo ese típico ruido y acto seguido me siento en ella arrecostado a la pared y con mi pierna izquierda sobre mi muslo derecho.

¿Qué me diría este arquero?, su tono no era agradable, no nos habíamos visto desde hace bastante tiempo, pensé que al menos una sonrisa me devolvería, pero no, en respuesta de mi amigable gesto palabras frías. No me importa mucho la verdad, por que al menos sé que está noche tendré algo que hacer.

Azar, razón de muertes, razón de hechos raros, razón de muchas cosas incluidas encuentros. El azar, un dado de números infinitos que constantemente se lanza, como un querer de el universo, así, muchas cosas ocurren bajo su nombre, azar, azar... ¿qué has traído para mi hoy?.
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Dom Dic 16, 2012 1:17 am

El hombre de pelo oscuro conocía la ciudad tan bien o mejor que Tristán, así que simplemente se dejó llevar por su criterio a la hora de elegir un lugar para la charla. Su relación siempre había sido curiosa, quizás debido a que ambos como individuos ya eran peculiares, como conjunto lo eran aún más.

A Tristán le gustaba pensar que su relación era bastante simbiótica, más allá de la profesionalidad de mercenario – asesino, así como Aetrium había hecho que el arquero presenciase su primer asesinato a sangre fría, también quería pensar que parte de su carácter había sido traspasado a su amigo.

Sin prestar mucha atención, Tristán y Aetrium se encontraron en una posada que el primero no conocía pero que, a simple vista, parecía agradarle lo suficiente. Siguió sin demasiada atención a Aetrium hasta una de las mesas, la que estaba más al fondo. Mientras cruzaban la estancia, Tristán fijó su mirada en la muchacha menuda que distraída atendía el mostrador, y él esbozó una sonrisa bobalicona mientras observaba.

Una vez llegaron a la mesa más íntima, Aetrium primero tomó la silla que daba a la espalda a la pared y entonces Tristán se dejó caer sobre la que hacía lo propio con la puerta principal. Sin demasiada consideración, se puso cómodo en la silla, apoyando su codo en la mesa, comenzó a hacer sonidos rítmicos con la punta de los dedos sobre la madera de la mesa. Es un sitio bonito, aunque un poco soso. La chica de la barra es mona, sin embargo. Un día tenemos que venir aquí en condiciones más festivas.

Cesó su jugueteo con los dedos y se enderezó en la silla, mirando ahora al curioso Aetrium. En fin… La última vez que nos vimos también fue durante un trabajo, ¿no? - Tristán parecía evitar el punto de conversación que rondaba continuamente sus pensamientos y que trataba de posponer para relajar el ambiente y asegurarse que su antigua amistad seguía intacta. Bueno, vayamos al grano. - Mientras lo decía, se reclinaba de nuevo sobre la mesa. Hace un par de días un mercader me ha ofrecido una oferta de trabajo, básicamente una banda organizada ha estado extorsionando a un mercader – y seguramente, más gente y este me ha contratado para… ¿Cómo decirlo…? Darles una lección, y recuperar lo perdido. - Dijo con un tono bastante analítico y objetivo como pudo. Parecía tomarse bastante en serio el asunto, aún si en el fondo le parecía una molestia tener que recurrir a este tipo de negocios para poder llevar una vida económicamente relajada.

El caso es que mi información referente a la banda en cuestión es más bien poca… Sé que se esconden en una especie de guarida en el Monte Zafiro, pero la cantidad de miembros y su capacidad combativa es algo que desconozco. Eso me ata bastante de manos a la hora de actuar, y sabes bien que mi capacidad de estratega es reducida. - Volvió a echarse atrás en el asiento, mientras que ponía gesto de preocupación. Haciendo gala de uno de sus tics, frotaba rítmicamente la zona de su quijada.

Qué irónico que siempre que me pasan estas cosas, apareces de la nada. ¿Los del clan de Tek-Nakun tenéis algún tipo de telepatía innata o cómo va la cosa? - dijo aún con el gesto preocupado pero en un tono de voz sugiriendo que quería relajar un poco la conversación. Voy a necesitar tu ayuda, como en los viejos tiempos…
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Dom Dic 16, 2012 1:49 am

Tristán se sentó. Serio, pensante su mirada que penetraba, ¿nervioso?, no lo sé, pero sus dedos estaba inquietos. Silencio cortado por su suave voz, aquí sabría lo que me iba a traer el azar.

-"En fin… La última vez que nos vimos también fue durante un trabajo, ¿no?" ― dice Tristán. Percibi que estaba dando vueltas para no llegar agresivamente a lo que él quería decir, tampoco era tan fácil de descrifrar.

-"Jajaja, pues... el azar, amigo, el azar. Siempre nos encontramos cuando hay problemas." ― le respondo al arquero quien seguía serio. Venga, ¿porqué tan frío?, debería aprender a sonreír un poco más, ¡como yo!.

-"Bueno, vayamos al grano. - Mientras lo decía, se reclinaba de nuevo sobre la mesa. Hace un par de días un mercader me ha ofrecido una oferta de trabajo, básicamente una banda organizada ha estado extorsionando a un mercader – y seguramente, más gente y este me ha contratado para… ¿Cómo decirlo…? Darles una lección, y recuperar lo perdido.

El caso es que mi información referente a la banda en cuestión es más bien poca… Sé que se esconden en una especie de guarida en el Monte Zafiro, pero la cantidad de miembros y su capacidad combativa es algo que desconozco. Eso me ata bastante de manos a la hora de actuar, y sabes bien que mi capacidad de estratega es reducida.
" ― finalizó de hablar así. Más problemas, sí señor. Hoy, como lo dije, tendré trabajo...

-"Qué irónico que siempre que me pasan estas cosas, apareces de la nada. ¿Los del clan de Tek-Nakun tenéis algún tipo de telepatía innata o cómo va la cosa?, Voy a necesitar tu ayuda, como en los viejos tiempos…" ― añadió Tristán, y así dejó de hablar.

-"¡Jajaja, no, no tenemos ese tipo de poderes... solo otros" ― respondo a parte de su pregunta y finalizo con un guiño sugestivo.

-"Pues bien... supongo que no ganaré dinero pero podré divertirme contigo, si, como en los viejos tiempos. ¿A qué esperamos, 'arquerito', mira por la ventana, el sol se oculta" ― esto último fue improvisado, la noche llegaba de una forma un tanto graciosa al terminar nuestra conversación.

Me levanté y caminé un poco más allá para darme espacio para colocar la silla donde estaba. Caminé lentamente hasta llegar al mostrador donde, sonriendo por razones que se esclarecerán más tarde, le dije:

"¿Es posible que me prestes el baño?... vaya que lo necesito ahora, podría dejarte una propina, sabes." ― mirandola directo a los ojos... insinuando algo, sí... eso estaba haciendo.

La chica se puso algo nerviosa por mi mirada y tan solo asintió. El baño estaba detrás de el mostrador, era un baño únicamente para empleados. Abro la puertecilla que da el paso al otro lado de el mostrador, donde nos atienden a los clientes, abro la puerta de el baño, y orino... para despistarla únicamente. Termino mis necesidades y salgo del baño, la chica estaba de espaldas, me le acerqué y le susurré al oído:

-"Sé que lo escuchaste todo... mi vista es prodigiosa, ¿sabes?... sé que nos escuchastes... mira, se hizo de noche... que lástima."― la chica solo tomó aire, signo de sorpresa justo antes de que la tomara por la cabeza y se la torciera brutalmente. Tomé su cadáver sin ninguna piedad y lo metí al baño, luego salí.

-"Tengo que ir a ponerme mi armadura, mientras tú sal de la ciudad por la puerta, yo me vestiré y me armaré y saldré por un sitio que conozco. Una vez en la entrada de el norte, la salida, dirigete al sur, donde iremos al Monte Zafiro juntos." ― seco, muy seco, incluso seriamente pues mi sonrisa cambió por una cara inexpresiva, atemorizante... la cara que hay detrás de mi máscara.

Salí de la posada a paso rápido, algo apurado así pues ganaría más tiempo. Llegué a mi casa que estaba algo lejos de El Pájaro, coloqué mi armadura, mis Garras, guardé mis Kemuridamas, mis cuchillas y mi daga, salí por la ventana, corrí por unos callejones saltando paredes que impedían el paso, ya conozco el camino, lo he hecho millones de veces. En el sur la muralla tiene una abertura donde quepo perfectamente, por allí salgo, y gracias a que no hay guardias alrededor puedo estar allí el tiempo que se me pegue la gana.

Ahora tan solo faltaría esperar a Tristán para comenzar con la caza del día de hoy. En mis ráfagas de pensamientos, dudas existenciales... me pregunto... ¿qué sentiría Tristán o cualquier otra persona que combata a mi lado?... ¿qué?...

Sangre habrá hoy, sangre se derramará hoy, sangre haré derramar hoy, teman de el Tek-Nakun.


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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Mar Dic 18, 2012 5:54 am

El sol se comenzaba a retirar, tiñendo las calles de carmesí y alargando las sombras en figuras distorsionadas y grotescas, oscuras. El día comenzaba a desaparecer dando lugar al manto de la oscuridad, la noche y la luna a medida que la conversación entre los dos individuos sucedía. Apartados de toda multitud en una esquina de la posada, hablaban de tema muy lejanos a lo que charlarían dos simples y viejos amigos.

El arquero había compartido la información que poseía con su amigo, y una vez hecho, el segundo hombre había abandonado la mesa mientras Tristán haraganeaba un rato más allí mismo. Dando la espalda a la barra donde se encontraba la posadera, no podía ver la corta conversación que esta tenía con Aetrium, que se internó en una compuerta tras la barra.

Poco tardó Tristán en casarse del asiento y abandonar la mesa, apoyándose en ella una vez de pie y esperando a que saliese de la pequeña estancia aquel que por esa noche sería su compañero de armas. Con paciencia, los segundos pasaron lentos y pesados mientras el silencio se hacía presente en la estancia. Tristán con una media sonrisa, alternaba la mirada entre la puerta de madera cerrada y la muchachuela que le resultaba ligeramente atractiva. Cruzado de brazos, esperaba calmadamente y en completo silencio hasta que pudo ver como el pomo de metal en forma esférica rotaba sobre si mismo, accionando el mecanismo de la puerta y sin hacer una pizca de ruido, Aetrium abandonaba la habitación continuo para colocarse a espaldas de la muchacha, que inocente no había sentido su presencia.

A un inicio, cuando Aetrium acercó su boca a la oreja de la muchacha, Tristán pensó o simplemente rezó para que fuese un simple flirteo, un comentario sagaz para intentar encandilar a la chica, pero él recordaba perfectamente el cambio psicológico que demostraba cada vez que la luz de la luna sustituía a la del sol. Sádico y completamente impasible, rompió el cuello de la muchacha, haciendo que un ruido seco llenase el cuarto y haciendo que la expresión de Tristán se convirtiese a una mezcla de sorpresa y resignación. Él sabía de la psicopatía agresiva de Aetrium y, aunque en apariencia demostraba un claro descontento con esa actitud, quizás era eso lo que hacía que acudiese a Aetrium tan a menudo.

Sin mediar palabra más allá que un pequeño suspiro entrecortado, escuchó a Aetrium dirigir unas palabras. “Tengo que ir a ponerme mi armadura, mientras tú sal de la ciudad por la puerta, yo me vestiré y me armaré y saldré por un sitio que conozco. Una vez en la entrada de el norte, la salida, dirigete al sur, donde iremos al Monte Zafiro juntos.” – el arquero solamente se limitó a asentir sacudiendo ligeramente la cabeza, y esperó a que el asesino abandonara el establecimiento, cosa que no tardó en pasar. Solo con el cadáver a medio esconder en la estancia que resultó ser el cuarto de baño para los empleados, y se acercó hasta allí, viendo a la muchacha con el cuello desencajado y la mirada perdida. Pensó entonces en cuan azaroso es el vivir o morir, el simple hecho de estar en la misma estancia con alguien con una tendencia asesina tan aguda en un momento del día tan poco adecuado.

Arrastró los pies hasta su frente, justo tras la barra y con una mirada con ciertos tintes de tristeza, cerró la puerta del baño. La penumbra de la noche le permitía salir sin llamar la atención y seguramente nunca tendría ningún problema por ser cómplice del asesinato, pero aún así se sentía inquieto, por lo que fue tan cuidadoso como pudo. Abandonó rápido la zona y caminó con cierta tranquilidad por las calles ensombrecidas por el velo de noche, con paso calmo y al parecer exento de prisa. Con el arco en la espalda, era común que los viajeros llevasen algún tipo de arma, aún si a ojos de civiles parecía un tanto extravagante.

Los adoquines parecían fríos, aún si a través del cuero de las botas no lo llegaba a sentir, podía hacerse una idea. Aún si su fachada parecía inalterada, la palma de sus manos estaba sudorosa, pues aún si era un arquero, jamás fue entrenado para matar más allá de animales. Sabía que aún si había alternativa, la forma de ser de Aetrium impediría una resolución que no fuese la muerte propia o de los enemigos, y por ello estaba inquieto. Porque no podía controlar lo que sea que sucedería una vez se encuentren su objetivo y desde luego, no podía controlar a Aetrium.

El paseo era lento, y sabiendo la destreza que tenía Aetrium respecto al desplazamiento, seguramente llegaría después que él, pero no tenía prisa. Quizás, no quería tener prisa. Quizás todo lo que Tristán quería era conseguir todo lo suficiente para ser feliz sin tener que volver a hacer nada semejante, quizás no tenía ningún tipo de amor a lo que hacía. Quizás esa diferencia era lo que le producía curiosidad respecto al asesino.

Entre cavilaciones, llegó allá donde sabía que el asesino lo esperaba y desde la distancia vislumbró a una figura que si no la conociese del pasado, no la habría relacionado con el hombre que un tiempo antes había estado con él en la posada. Una figura sombría, nada cálida ni acogedora. Amenazante y expectante, plantada en la mitad de la noche resultaba apenas perceptible, camuflándose en las sombras nocturnas. Un asesino está en una liga completamente diferente, pensó para si mismo el arquero, que sentía cierto temor hacia esta faceta de su compañero. Cierto respeto también, aunque no aceptaba fácilmente esa dura verdad.

Aetrium… Sigues igual de rápido… ¿Ansioso por ir? - sabía la respuesta, y sabía que esa pregunta era un burdo intento de comprobar que en la noche, Aetrium no estaría para charlas banales y alejadas de cualquier comentario sobre el combate, la batalla y el asesinato. Pero aún así, lo intentó.



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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Mar Dic 18, 2012 6:49 am

Ya hoy se ha acabado el tiempo, huid... porque hoy morireis.

La noche era gélida, penetraba no solo en mi armadura y en mi cuerpo, sino también en mi ser. Esperaba paciente a Tristán, mi compañero de hoy. Tenía mucho tiempo sin estar con alguien a mi lado, alguien que matase a mi lado... frío... muy frío.

Espero a Tristán mirando al cielo, mirando la luna... no sé si la odio o la amo... no, me da igual a decir verdad. Ella solo anuncia que un asesino más estará suelto, no, no un asesno más, Aetrium el legado Tek-Nakun estará suelto.

Mientras la neblina danza por allí finalmente escucho la voz de a quien yo espero, una voz que corta un silencio tan absoluto que uno mismo se pierde en un laberinto gigantesco de pensamientos...

-Aetrium… Sigues igual de rápido… ¿Ansioso por ir? - Dijo Tristán, tratando de ser amable.

En respuesta tan solo caminé hasta él y le puse la mano en el hombro lentamente... luego torcí mi cabeza en señal de "Nos vamos", y así me volteo sin decir nada y marcho destino al monte Zafiro... donde se desarrollará otra matanza en la noche de hoy.

Esta vez sí será divertido combatir, tendré a alguien a mi lado dándome apoyo, con el tiempo que tengo sin que me ocurra lo dicho, hoy será una noche diferente... o... ¿no?...

Camino atravesando un bosque no tan grande, donde se escuchan diversos ruidos típicos de él. Mi paso es lento, camino relajadamente hasta el Monte Zafiro que no queda muy lejos de donde estoy actualmente. No tengo un plan, nunca tengo un plan, todos mis planes ocurren al momento y hoy no será diferente. De igual forma, no será tan difícil, ¿matar a unos bandidos novatos?... es lo que hago siempre.

El asesinato es un arte, no debería ser insultado con peticiones de este tipo pero, al menos hoy lucharé junto a una persona, un amigo, mi amigo, Tristán. No sé si él me considera su amigo también pero yo sí lo hago y eso me es suficiente. A pocas personas considero mis amigas, Tristán es una de ellas, pues, por razones desconocidas siempre nos encontramos cuando hay que asesinar a alguien.

Es cierto lo que me dijo anteriormente... deberíamos encontrarnos en aras más festivas, ¿porqué todo tiene que estar relacionado con el asesinato?...
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Mar Dic 18, 2012 7:39 am

No habían respuestas de la boca de Aetrium para Tristán, nunca las había. Tristán conocía al asesino desde mucho tiempo atrás, pero jamás llegó a comprenderlo. Llegó a apreciarlo de alguna manera, fría y lúgubre, pero lo hacía, porque con Aetrium, superó uno de sus miedos, superó el miedo de la barrera entre la vida y la muerte. Tristán nunca había visto un mundo como el de la noche y la oscuridad, y cuando lo conoció Aetrium habitaba allí únicamente. El que se fundía con las sombras tenía su propio mundo, un mundo mucho más allá del que Tristán, crío como era, conocía.

Tristán no lograba comprender el complejo mundo interior de Aetrium, no lograba comprender los dos polos opuestos que conformaban su individuo. El día y la noche, la agradable compañía de un amigo y la fidedigna camaradería de un hombre ducho en el uso de armamento. A ambos los apreciaba aunque en ese torbellino de sentimientos, también habitaba el temor. El temor al hombre sin escrúpulos.

Poco a poco abandonan la civilización para esconderse en lo salvaje del bosque, en la espesura que da protección y a la vez desconfianza. Tristán mantiene la vista en la espalda de su compañero, a unos pocos palmos de distancia. El hombre de negro es un maestro en ocultarse en las sombras y aún sin querer, podía escaparse fácilmente de la vista de su acompañante, algo que inquietaba ligeramente al arquero. Aún así, su misión siempre había sido cubrir la espalda de Aetrium, si bien su técnica de combate cercano raramente llegaba al nivel del asesino, su destreza con arco y flechas esperaba fuese apreciada por él.

De cerca y sin mediar palabras, Tristán comprendía perfectamente que la faceta de asesino de Aetrium era algo con lo que no podía conversar. Apreciaba al Aetrium con el que de vez en cuando charlaba o jugaba a cartas, pero no sabía que pensar del Aetrium con el que salía a matar… Era casi un ente aparte, alguien con el que no podía comunicarse fuera del fragor de la batalla, alguien con el que no podía razonar demasiado… Y del cual no sabía que pasaba por su mente, más allá de la sed de violencia. Y aún así, sabía que no podía pedir un mejor compañero de armas, aun si como persona dudaba, no así como guerrero.

El bosque era oscuro, la copa de los árboles gran parte de la luz y las pocas áreas iluminadas eran pequeñas y dispersas, proveyendo a todo el entorno de sombras lúgubres y deformes. Por la mente de Tristán pasaba constante la idea de que Aetrium debía estar disfrutando del entorno tanto como a él le desagradaba, pero no compartía. Nunca compartía sus pensamientos una vez la noche caía.

Si ambos miraran a través de los árboles y al horizonte, podrían ver una sola colina alta, si bien distaba de una montaña, recibía el nombre de Monte Zafiro. Estaba rodeado de la arboleda en la que ambos se encontraban ahora y era bastante singular por ese hecho. Destacaba ligeramente por encima de las copas de los árboles, y en ella había una pequeña casucha abandonada que en algún momento fue la casa de una mujer, que murió en la hoguera. Allí, supuestamente, debían encontrarse este grupo de criminales y su botín, según lo poco que sabía Tristán y hacia allí avanzaban juntos Aetrium y Tristán.

Aetrium… Espera. Espera. – dijo con cierta ansia Tristán, intentando no alzar la voz en demasía, así manteniendo el ambiente tranquilamente siniestro que los rodeaba. ¿Has oído eso? – la preocupación y seriedad caracterizaban la expresión de Tristán, que alternaba entre mirar a Aetrium con mirar a su entorno. Un crujido de hojas secas había llamado su atención y si bien en otra situación percatarse de eso habría sido anormal, en el completo silencio que ahora había resultaba bastante comprensible. Espera, sígueme. Estoy convencido de que lo he oído… – tomando esta vez la delantera, comenzó a caminar agazapado hacia el que creía origen del ruido, con mucho cuidado de cubrirse bien con el follaje. Avanzó pisando con sumo cuidado y con movimientos fluidos y ligeros, así como lo debía estar haciendo Aetrium deduciendo por el completo silencio que los rodeaban.

Y así, tras avanzar unos pasos y esconderse en unos matojos, ambos debieron poder observar a dos personas, figuras ennegrecidas por la oscuridad del bosque pero que por sus siluetas se definían como un hombre alto y aparentemente robusto, corpulento y acompañaba a una mujer dos cabezas más baja, de silueta curvilínea y melena hasta media cintura, llevando el primero un saco de piel grande y vacío. Ambos parecían caminar en dirección a la ciudad y parecían bastante emocionados por algún asunto que ni Tristán ni Aetrium parecían lograr descifrar. La mujer iba al frente, seguida a unos pasos por el hombre.



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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Mar Dic 18, 2012 7:59 am

Camino y camino... cuando se está pensando tanto uno se pierde, la alma de uno se pierde... vuela como un pájaro, físicamente se está en este mundo pero el alma no.

No venía concentrado en nada, absolutamente nada. Es como si mi cuerpo estuviese caminando solo, yo no le ordenaba nada, yo solo estaba en mi mundo... en mi mundo imaginario donde pienso cualquier clase de cosas... reflexiono siempre en este momento del día.

Sin embargo me arrastra al mundo real de nuevo la voz de mi compañero, una voz de alerta, de intriga... ¿qué sucedió, vio a alguien?. No tengo idea, pero avanzó dejandome atrás y se cubrió entre el follaje, yo con su misma intriga avancé del otro lado de el camino y me escondí detrás de un árbol, allí, sentado, espero a que me diga que ocurre. Pero, no era necesario que él me dijese nada, ya que nuevamente estaba en este mundo pude escuchar lo que él escuchó... era una pareja, los veía no tan claramente, pero los veía. Un hombre y una mujer llevando algo... vienen en dirección opuesta a donde vamos.

A medida que se acercan los detallo más, y gracias a esto noto que tienen un símbolo extraño, esa clase de símbolos que llevan los gremios de ladrones, esos novatos que tanto odio. El hombre llevaba un saco de tela, vacío... ¿qué haría con él?, no lo sé; pero el simple hecho de tener ese símbolo me hace sospechar.

No tengo tiempo para esperar a que se alejen, es un estorbo para mi misión y cualquier cosa que me estorbe cuando estoy en una misión se eliminará, simplemente así.

Miro a Tristán llamandole la atención y le hago con mis manos una simulación de un arco y seguidamente toco mi pierna izquierda con mi brazo derecho, luego señalo al tipo. Lo que quise decir con estas señas era que disparara al hombre grandulón en su pierna, yo me encargaría de el resto.

Me metí más en el bosque donde no se ve más que el intenso negro y me escondí en un árbol, me agaché y fijando la mirada en mi objetivo principal, el hombre, espero a que Tristán haya entendido.

El azar puede jugar mal las cartas... y si a ti te tocan esas cartas será de lamentar.
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Miér Dic 19, 2012 4:45 am

Ironía dulce, Tristán era arrastrado al mundo de Aetrium. Sabía que al avisarle de la presencia de la pareja, este era el único camino que seguirían, y así estaban. El asesino hacía gestos y el arquero enseguida comprendió el mensaje tras la mímica, una flecha en la pierna del hombre. Resultaba la opción más lógica, y así fue. Con pulso firme pero aun así dubitativo, deslizó su mano hasta el carcaj de cuero y tomó una de las flechas con la zurda, mientras que con la diestra colocaba el arco en posición.

Silenciosa, la cuerda del arco se tensaba mientras que la vista de Tristán estaba fija en su objetivo. Sabía el resultado de sus acciones y se dejaba llevar por el vórtice sanguinario que era Aetrium. Simplemente seguía sus órdenes, aún si provocaba cierto malestar consigo mismo. Las presas, desprevenidos, sentirían el ataque de las sombras en segundos mientras la cuerda se destensaba y el proyectil atravesaba el aire, silbando e impactando allá donde querían que llegase.

Tristán volvió a oírlo, como hacía tiempo que no oía, los gritos de dolor y agonía. El desconcierto de la emboscada. Sentía la adrenalina del combate a vida o muerte y sentía esa sensación única y lúgubre de la muerte, propia o ajena, acechando a su alrededor. Esa sensación de que no eres un simple espadachín o arquero, si no que una simple acción conlleva la vida de varios.

Pero el arquero simplemente se escondería tras los matojos. Y es que en el fondo lo que ambos sabían es que lo que existía entre Tristán y Aetrium es más bien complicidad, no confianza. Si bien son conceptos similares, Tristán bien sabía que mientras la confianza se basa en la creencia de que la otra persona no va a traicionarte, la complicidad se basa en la confianza que tienes en las habilidades o capacidades de la otra persona, lo que en batalla llevaba a un grado de sincronía entre ambos, que les permitía no solo no necesitar comunicación verbal, si no una coordinación increíble con los instintos del otro. Así, sabía que su misión en su equipo era cubrir las espaldas de Aetrium y mantener seguros los pocos flancos que el asesino pudiese dejarse abiertos.

Una vez disparó la primera flecha, no esperó a que Aetrium hiciese su movida para llevar la mano al carcaj una segunda vez, preparando su siguiente turno. No necesitó esperar a Aetrium, no necesitó asegurarse de que el asesino cumpliese su parte porque Tristán tenía confianza en el juicio de su compañero en la batalla y simplemente debía asegurarse de que él mismo estaría listo cuando el hombre en la armadura negra lo necesitase.

Tristán jamás fue un asesino, pero eso no implica que no supiese usar el arco o fuese diestro en la caza. Su vida temprana giró en torno a ello y sabía la frialdad, temple y concentración que son necesarias para acertar a la presa. Calcular los movimientos erráticos, discernir las trayectorias, prever los movimientos de enemigos y aliados, fijar un objetivo en concreto y conocer las zonas en las que el disparo es más efectivo solo son algunas de las cosas que bailaban fugaces en la mente del arquero, así como proteger a su compañero. Un camarada con el que te coordinas no es algo que puedas despreciar, y por eso Tristán tenía una enorme fijación en cubrir sus espaldas, no por dudar de las habilidades del asesino si no de las propias.

Escondido entre los matojos, sentía los movimientos en el viento. Hacía años ya que esa sensación erizaba su piel, aún en la más negra noche sentía las figuras en la piel gracias al viento, sentía los movimientos y las presencias omniscientes como si su el viento fuese una extensión de sus cinco sentidos.



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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

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