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El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Miér Dic 19, 2012 5:08 am

La caza comenzó sin un motivo diferente al azar. La pareja se encontraba en el peor momento posible pero, ¿como habrían de saber ellos que Aetrium y su camarada, Tristán estarían allí?. Es por eso que se señala al azar. Una simple combinación de hechos que no se relacionan con otro pueden desenlazar otros hechos trágicos, en este caso, la muerte.

Me escondí tras la oscuridad, la oscuridad que siempre me abraza por las noches, mi más fiel aliada, la herramienta que más uso, mi herramienta más útil.

Me enconché y agudicé mis oídos, esperaría a escuchar el sonido que me indicaría que vendría mi turno. La pareja se acerca cada vez más, siento su presencia más cerca... los miro detrás de mi máscara saboreando la muerte que estaba cerca, se olía, se sentía, estaba allí... acompañándome.

Sonó el ese silbido, un silbido que bien no he escuchado mucho pero que lo reconozco, y en este momento era lo que estaba esperando. Me levanto a la vez que corro velozmente, ellos están allí, no tan lejos de mi. El hombre grita de dolor a la vez que se flexiona al área donde impactó la flecha de Tristán a la vez que la mujer se asombra, pero ya es tarde. Me encuentro mirando al norte y él al Este, lo que significa que lo cogí de una forma lateral, de perfil, por lo que cuando me acerco a él encajo mi hoja izquierda en su sien derecha... aunque no lo esté sintiendo directamente, puedo sentir su cerebro y los fluidos, también oírlos. El hombre lanza un grito ahogado paralelamente retiro mi arma de su cabeza, y me coloco frente a frente a la mujer que acompañaba al hombre quien ahora me mira en un estado de shock.

¿Cómo te esperarías eso?... ¿qué se siente que vayas caminando con alguien, un compañero o tu novio y repentinamente en menos de 7 segundos un asesino le atraviese la cabeza con su arma?... estas preguntas siempre invaden mi cabeza, siempre. Quiero saber qué sienten las víctimas... mis víctimas...

La mujer está aterrorizada, sus frágiles manos tapando su boca, ambas, sus ojos abiertos como si hubieran visto un asesinato... eso fue un chiste. La susodicha retrocede lentamente, incrédula de lo ocurrido, mientras yo me acerco a la vez que ella retrocede... cuando mi paciencia se agota tras unos escasos segundos le atravieso la hoja de mi mano derecha entre ceja y ceja para que así su muerte sea rápida y con suerte, indolora.

Cuando la masacre finalmente terminó retiro nuevamente mi hoja derecha de la cabeza de la mujer, quien cae desplomada como un muñeco de trapo. Me volteo y miro a Tristán, con mi hoja derecha la paso rozando la hoja izquierda para eliminar el exceso de sangre, y lo mismo con la izquierda a la derecha. Luego volteo y mirando al Monte Zafiro que ya se encontraba cerca, sigo mi camino.

Tu vida puede acabar cuando menos lo esperes, como menos lo esperes. La vida es solo la antesala a la muerte, tan solo eso. Vívela lo que quieras, vívela como quieras, al final no valdrá de nada. Morir, morir es todo lo que sucederá al final.


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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Tristán de Tincoras el Miér Dic 19, 2012 5:53 am

Allí estaban los cuatro individuos, en el resultado de una batalla que comenzó tan rápido que terminó. Sería injusto incluso llamarlo batalla, un ataque unilateral sin preguntas ni motivos es lo que sucedió esa noche en ese lugar. Un hombre sediento de sangre, más allá de la moralidad o de conceptos ambiguos como el bien y el mal. En pie estaban los depredadores y muertos y bañados en sangre las presas.

¿Qué sabían Tristán y Aetrium de ellos para permitirse el lujo de poner fin a su vida, de hacerles partir al otro lado? ¿Por qué tomaban ese derecho que no les pertenecía, y que sería de ellos ahora que se habían permitido ese lujo? Esas preguntas cruzaban la mente de Tristán que parecía tener algo más de remordimientos que Aetrium, si es que este último tenía. Aetrium no parecía tener ningún sentimiento hacia los ahora muertos seres, mientras que el gesto de Tristán resultaba solemne y a ojos ajenos podría resultar incluso arrepentida. ¿Sería cierto ese gesto, o sería Tristán igual de frío que Aetrium y además hipócrita?

El arquero no se movió de detrás de los matojos hasta que el asesino comenzó de nuevo la marcha, haciendo que el arquero saliese de su escondrijo y se acercarse a observar más de cerca a los dos individuos que yacían en el suelo, inertes. Vio como de la cabeza de ambos brotaba sangre como si se tratase de un manantial y como esta, a su vez, teñía el pasto y tierra de color carmesí.

Aún en un silencio completo, se volteó y comenzó a seguir de nuevo a Aetrium de cerca, intentando que este no se perdiese en las sombras. El arco de nuevo sobre el hombro y con una flecha menos, eso parecía ser lo único que había cambiado a diferencia de antes del asesinato. El silencio seguía presente entre los dos, como si todo lo que hubiese sucedido segundos atrás fuese no más que una pequeña piedra en el camino, como si la vida de esas dos personas no fuese nada para el dúo, que ahora proseguían su camino hacia el Monte Zafiro, después de un pequeño aperitivo de lo que parecía que sucedería en lo alto del monte.

A medida que se acercaban al Monte Zafiro, la espesura disminuía y la oscuridad rescindía, aumentando los claros y haciendo que la luz de la luna bañase a ambos y descubriese los sombríos perfiles de Tristán y Aetrium. Poco esperaban aquellos que ahora habitaban la arruinada casa de la cima la visita sorpresa de lo que serían dos mensajeros de la mismísima parca. Desde lo que era su localización en el momento, veían la elevación del terreno con claridad y en la cima, una estructura de madera a medio derruir. Su gran visión era solo una de sus múltiples habilidades, tanto le servía al arquero para disparar a objetivos lejanos como al asesino para ver en la oscuridad a sus víctimas.

Allí mismo, en la falda del monte donde apenas unos pocos árboles interceptaban su camino, Tristán se detuvo y comenzó un intento de diálogo con Aetrium. “No creo que haga mucha falta asegurar este punto, pero el mercader no especificó si los bandidos debían estar vivos o muertos… No te contengas, si es que siquiera te planteabas hacerlo.” – él sabía muy bien que en ningún momento Aetrium se había planteado tal cosa, pero de una manera u otra asegurar el punto tranquilizaba ligeramente al arquero, que de alguna manera sentía como que esa frase iba dirigido a si mismo.

La noche presagiaba sangre y tanto Tristán como Aetrium lo notaban, cada uno en su particular manera.



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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

Mensaje por Aetrium Blitzet el Miér Dic 19, 2012 6:19 am

Se acabó. Rápidamente como una estrella fugaz, así acabó. ¿Qué tuvo que hacer falta?... un despiadado asesino, una persona sin sentimientos ni remordimientos y un arquero que le ayudara.

La luna que era tan preciosa en realidad presagiaba la inminente masacre que estaba por ocurrir en el lugar donde fue acordado el sello final de la estancia en este mundo de unos seres que cometieron un grave error.

Caminando calmadamente llegué al Monte Zafiro donde se podía ver una casa hecha de madera deteriorada quizá por las lluvias o por causas ajenas. No puedo detectar ningún sonido proveniente de esta, pero sé que allí están, adentro, allí... esperando a a aquellos dos que no regresarán. Frío, contemplo mi destino antes de que el combate inicie. ¿Se podrían ellos esperar una muerte como la que les va a ocurrir?... no, esa pregunta tiene una respuesta tan clara y simple como: "no".

La grama bajo mis pies se aplasta, estoy parado observando la construcción, me he perdido nuevamente en mis pensamientos, pero vuelvo a la realidad nuevamente por la voz de mi compañero, quien me pregunta sí habremos de matarlos o dejarlos vivos.

¿Dejarlos vivos?. Eso representaría un problema para mi y mi trabajo. Es por esa razón que yo asesino a quien me vea, quien simplemente se atraviese terminará muerto, aunque muchos crean que es porque lo disfruto o porque soy un psicópata, no... no lo hago por ninguna de esas razones, no. Lo hago por que así debe de ser, no debo dejar testigos, no puedo, es un peligro para a lo que yo me dedico que, no me dedico por placer a ello, sino por necesidad, y este es un trabajo enormemente bien pagado.

Como respuesta a Tristán le miro y le pongo la mano en el hombro, luego le digo en voz baja:

-"Iré yo primero, tocaré la puerta y me colocaré mirando en dirección opuesta a ti, pegado a la pared. Solamente abran esa puerta dispararás a quien habrá, no me importa donde pero lo quiero muerto. El resto lo hago yo. De todas formas necesitaré soporte, está atento. Si algo sale mal, y con esto me refiero a que muero, elimínalos, elimínalos a todos, mátalos, sin piedad Tristán, no la tengas, ELIMíNALOS." ― mi voz incluso daba miedo, era tan seca y directa que se encajaba en los oídos de quien la escuchase, como una aguja. Le estaba dando órdenes directas de que los eliminase pues si los dejaba con vida su vida terminaría arruinada. Sería perseguido, viviría como un renegado.

Claramente, y no por arrogancia, yo sé que esto no va a salir mal, claro que no lo hará. Es un grupo de bandidos y con dos afuera no deben haber más de cuatro allá adentro, tomándolos desprevenidos y desarmados será facil acabar con estos incompetentes.

Rápidamente camino silenciosamente hasta la puerta, me coloco en la posición que le expliqué a Tristán y doy dos toques con mis nudillos a la puerta, miro a mi camarada y lo que ocurrirá a continuación dependerá de él, pero, sé que lo hará bien.

Ahora inicia la matanza, esta vez no solo, esta vez acompañado. Nunca está de más variar.
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Re: El Encuentro [Privada: Tristán de Tincoras]

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