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El Fin [Solitaria]

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El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Jue Dic 27, 2012 2:54 am

… Estábamos preparados. En el inquieto viento
estaba el aroma de la muerte próxima, se podía sentir en el aire la tensión de
todos. Nadie se miraba a los ojos, todos estaban mirando al suelo, respirando
unos fuertemente mientras que otros solo miraban un punto muerto en el suelo.
Nuestro General, nuestro glorioso General llegó, anticipando su llegada el
sonar metálico de sus grebas chocando contra el piso de madera. Muy pocas veces
hemos estado así, ante la adversidad siempre fuimos eufóricos, para la guerra
ya estábamos preparados psicológicamente, sabíamos que nuestro gemelo en el
génesis es la muerte, la misma muerte, aquella la cual puedes sentir en
momentos tan profundos como estos.


Bérico IX su nombre era, un militar de alto
renombre entre las tropas de Thonomer, un nombre el cual causa pavor entre las
filas enemigas, Bérico IX es él, un hombre gigantesco, mide 2m, de más decir
está que es fuerte. Como arma lleva una lanza a la cual el mismo llamó “La
Inmortal”, pues esta lanza le habría servido toda su vida. Su escudo con
detalles de oro y platino, pero hecho de bronce medía 1,70m de diámetro y tenía
una forma circular, igual que el escudo de todos nosotros. Su armadura era su
distintivo pues esta era de Mitril con detalles en platino, su apariencia era
imponente, su sola presencia nos inspiraba a matar a diestra y siniestra, bajo
sus órdenes nosotros hemos quebrado ejércitos más numerosos que el nuestro,
bajo sus fieras palabras hemos diezmado castillos, ¡el es Bérico IX, nuestro
General!.


Lamentablemente, hoy es un día diferente. Hoy
no es una batalla cualquiera, hoy no es una batalla contra bárbaros o contra un
ejército numeroso, hoy es una batalla por nuestro futuro, un encuentro decisivo
que definirá en absoluto todo lo por ocurrir a nuestro ejército.


Nos enfrentamos a una orden llamada “Trodiar”,
una orden con un solo cabecilla que, a su disposición, están los más hábiles
caballeros de todos los lugares de Noreth. No solo nos superaban en número,
sino en fortaleza… estos guerreros eran combatientes igual o más disciplinados
que nosotros, guerreros mixtos, unos poseían espadas, otros portaban mazas y
otros lanzas y escudos como nosotros.


Bérico IX sabía esto, nosotros todos sabemos
esto y es por ende que estamos tan nerviosos. Hoy, nuestro General se
enfrentará a una mente maestra de el Combate: “Troir de Teliár”, el cabecilla
de la Orden de Trodiar y, además, un General igual de poderoso que el nuestro.
¿Cómo saldremos de esta?... como decimos en el ejército: con la vida o con la
muerte. Es de esa única forma de la cual se salen de los problemas, ¡haciéndolo
hasta que se haga como debe o muriendo en el intento!.


Salimos de los cuarteles y nos dirigimos al
territorio donde prontamente comenzaría el conflicto, todos marchando, pensando
en lo que estaba por suceder, estremecidos por la dura realidad. Yo marchaba al
son de todos, pero mentalmente me encontraba en otro lugar. Yo sé que soy un
Hoplita, y es por esta razón que estaré en primera fila… ¿contra esa clase de
guerreros en primera fila?... mi muerte era inminente, mi futuro se esclarecía
en mis pensamientos.


El fin
estaba cerca…


Última edición por Caentoriumn el Vie Dic 28, 2012 2:28 am, editado 3 veces
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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Jue Dic 27, 2012 3:00 am

Allí estaban… guiados por su general quien
montaba a caballo, el ejército de Trodiar estaba presente en la lejanía, en el
horizonte se apreciaba un borde grueso y negro que no era más que una masa de
hombres con armaduras negras y que, además, estaban en contraluz. No he de
mentir, en el momento que vi semejante cantidad de enemigos los pelos se me
erizaron, el número de guerreros Trodieños estremecía, y creo que no únicamente
a mi pues entre nosotros había una tensión y un silencio que nunca había
ocurrido en nuestras filas.


Nuestras guerras siempre eran aderezadas con
nuestros cantares y gritos de guerra los cuales nos motivaban aún más a luchar,
luchar por Bérico IX, luchar por nuestra preciada Thonomer.


El campo era verde y la grama estaba baja, el
sol estaba al norte de donde venía el perecer, el cielo era azul pero las nubes
eran grises y se presentaban en abundancia, tapando parte de la luz que
iluminaba el campo. Intimidaban, cada segundo paso soltaban un grito que sonaba
“Eh-Eeh”, se podía ya apreciar el ruido de el metal de las grebas pisando la
grama en alto sonido por la multitud y que el nuestro ante este sonaba patético
y mísero.


¡Maldito el destino, maldito aquel ser que ha
hecho esto!. ¿Aquí se acabará todo, aquí será?, ¡¿por qué?!... ¡maldigo por el
nombre de Thonomer a Trodiar y a su jefe!... todo estaba acabado… ya… todo
acabaría en proximidad.


Cesó, la marcha de ambos cesaron y entonces
Bérico miró a Troir y este le devolvió una mirada. Que bendito sea Bérico pues
más noble ser era imposible existir ni nacer, su expresión facial no era de
ira, tampoco era de tristeza, pero tampoco de rendición. Su mirada en alto
penetraba y enviaba un mensaje a Troir, y este decía que nuestro ejército no se
iba a rendir bajo ninguna circunstancia.


Era tradición que los Generales hablaran con
sus tropa antes de el encuentro, y así siempre ha hecho Bérico, y hoy también.
Se volteó y nos miró a todos con silencio… nos transmitía calma, ¡aún en estos
momentos su presencia nos transmitía calma!... entonces sus labios se separaron
y a nuestros oídos llegarían sus quizá últimas palabras:


Caballeros… mirad allá y decidme, ¿qué veis?,
porque yo veo almas vacías. Ellos son hombres vacíos, ellos son hombres sin
nada. Les han lavado el cerebro y su esencia se ha perdido. No luchan por su
General y él no lucha por él, no luchan por su nación, ¿y entonces por qué
luchan?... yo, Bérico IX les diré: ¡luchan por sumisión!. Luchan porque son
sumisos… luchan por que hay una orden que dice luchen, y así harán pues son
máquinas que no sienten.


Ante la adversidad ser adversos y así
triunfareis contra ella. ¿A qué me refiero?... si el enemigo es fuerte sed el
doble de fuertes que ellos, si el enemigo es ágil sed el doble de ágiles que
ellos… hoy daré todo de mí pero, ¿darán todo de ustedes?... porque quizá sea su
último regalo para mi. Gracias por haberme servido.


Sus palabras no podían ser más nobles, no podían
venir de otra persona diferente a él… cuando finalizó, cuando su boca se cerró
todos nos miramos entre nosotros, y entonces miramos nuevamente a nuestro
General, él ya sabía lo que sucedía, por lo que con una sonrisa se volteó para
nuevamente dar con Troir, quien arrogante le miraba.


Entonces el silencio fue despedazado cuando
Bérico exclamó con todo su aliento:


-“¡Cargar!


Y nuestro ejército liderado por la falange
corrió en contra de la masa oscura quien seguido tras el grito de Bérico
también corrieron en contra de nosotros.


Hoy moriremos nosotros, pero también ellos.
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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Jue Dic 27, 2012 9:03 pm


¡Segundos faltaban para el
choque!, ¡los hombres nuestros y los hombres ellos chocarían unos con otros para
así abrir la batalla en los campos verdosos que como no, pasarían a ser teñidos
con el color de la sangre a punto de derramar, y además adornada con los
próximos cadáveres!.



Corrí con todas mis ganas,
nervioso pero inspirado a la vez por las palabras de mi General, la adrenalina
fluía como nunca antes en mi cuerpo, mi corazón latía fuertemente, mis pies
corrían solos y yo… yo solamente sostenía mi lanza al frente, mi escudo al
frente igual e, inclinado, esperaba lo mejor, pues al frente se encontraban los
Jinetes.



Los Jinetes poseen lanzas
al igual que nosotros, aunque no todos, pero los que poseen lanza se les
denomina caballería pesada, y son especialmente para romper filas y atemorizar
al enemigo. Esto, claro está, por la velocidad a la que va el caballo y ver que
te arrollará, pero, muy desafortunadamente para los Trodianos, nuestra Falange
ha sido entrenada fuertemente para resistir sus ataques y eliminarlos del campo
de batalla.



Sin que nuestro general
dijese nada, todos nos detuvimos y nuestra falange se colocó en posición
estacionaria, los Jinetes se acercaban rápidamente, entonces Bérico dio la
primera orden: "¡Lanzar el Pilum!", de esta forma la infantería auxiliar
comprendida en cuatro filas traseras tomaron sus lanzas y las arrojaron
apuntando a los Jinetes, quienes por el bombardeo sus caballos se detuvieron.



Spoiler:
El Pilum es una
jabalina de 2m cuya función es la misma que una ráfaga de flechas: desorganizar
al enemigo e incapacitar/matar soldados, aunque esto último se
sobreentiende.






Cuando los caballos, por
naturaleza, frenaron, los Jinetes perdieron control sobre ellos, al ver Bérico
esta oportunidad dio con un fuerte grito la segunda orden: “¡Cargar!”, esto
significaba que nosotros, la falange, arremetiera contra estos caballos para
así, los soldados de atrás acabaran con los jinetes y los del medio entraran en
conflicto con las tropas enemigas quienes venían en carrera.



Así hicimos. Yo y toda la
primera fila corrimos como uno solo y clavamos nuestras lanzas a los caballos,
traspasando sus armaduras, sintiendo aunque no directamente su carne mientras
estos emitían un sonido de dolor y los Jinetes maldecían a la par que caían con
sus monturas. Entonces, la fila de atrás se apresuró y acabó con los Jinetes y
los de el medio nos pasaron a la primera fila para coalicionar contra la masa
oscura de guerreros diversos y con armas diversas. Unos con espadas, otros con
mazas, no había un orden ni un patrón visible.



Al estar en este estado ya
nuestras lanzas eran completamente inservibles, habíamos entrado en conflicto
directo y no podíamos cargar pues también se encontraban nuestros hombres
mezclados entre los enemigos, por lo que nos vimos en la obligación de hacer lo
que tanto detesto hacer: soltar la lanza y sacar el Xífos.



Muy pocas veces yo,
Caentoriumn, me he visto en la obligación por supervivencia de arrojar mi lanza
en la guerra, y es que odio profundamente esto pues el Xífos es un arma corta y
es de ataque directo, mientras que con mi lanza puedo asestar un golpe a 2m,
pero si había que hacerlo… había que hacerlo.



Solté mi lanza dejándola caer
en el pasto y saqué mi Xífos a la par de algunos de mi división y a la voz de
nuestro General nos preparamos para lo peor… la guerra en masa. La guerra en masa
es cuando dos masas, dos ejércitos se mezclan haciendo un caos en el que
cualquiera puede morir incluso por confusión de un aliado o por error, donde si
te caes serás pisoteado hasta la muerte, es por esta razón que odio también la
guerra de este modo, ¡y aún más si tu arma es un Xífos!.



La que era la primera fila
corrimos todos para acompañar a la fila del medio que ahora era la primera,
ellos estaban compuestos por espadachines con escudos pequeños y de acero
común, aunque realmente eran bastante hábiles y bien entrenados. La fila de atrás,
la infantería auxiliar, también se había unido a la batalla, por lo que faltábamos
nosotros únicamente.



El ruido de la guerra…
superficies metálicas chocando unas con otras, gritos de muerte, pasos fuertes,
gritos de dolor… es el único sonido que puedo soportar y que me lleva a un
trance místico en donde olvido todo lo que sé para concentrarme de lleno en la
guerra, en el asesinato, en lo que mejor sé hacer.



El verdadero
conflicto, el conflicto definitivo
estaba a punto de iniciar para mí y, quizá no sobreviva, pero moriré con
plenitud de honor.
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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Vie Dic 28, 2012 4:19 am

¡Las fuerzas de Bérico contra las fuerzas de
Troir!. ¡Fieros guerreros luchando por causas distintas, luchando por sus vidas
y para quitar otras, espadas, mazas, hachas, lanzas, todos manipulantes de las
mencionadas en un solo lugar, aglomerados, batallando como bestias!.


Todos tenían un rival, y yo estaba en el medio
de el conflicto, miraba a mi alrededor, paranoico, en cualquier momento podría
morir por un ataque a la espalda o incluso de frente, es de temer esta
situación. A mi derecha miro y veo que un soldado enemigo, armado con una
espada degolló brutalmente a uno de mis compañeros, su cabeza salió disparada
rebotando en el suelo dejando un rastro
de sangre mientras que su cuerpo sin vida se desplomaba y de su cuello cortado
salía un chorro de sangre que bañaba a su verdugo e incluso me chispoteaba.
Aproveché su descuido pues observaba a su víctima y le ensarté mi Xífos en su
cara, con un grito de dolor soltó su arma y se tambaleó, retiré mi arma y luego
cayó al suelo, aun vivo, pero prontamente pasaría a ser un cadáver más de la
multitud.


Atrás de mí sentí un empujón, me volteé
nerviosamente y era un cadáver que un compatriota había recién asesinado,
viendo mi cara me dijo:


-“¡Atrás!” – y tan solo seguida la exclamación
volví a voltear y él corrío hacia mi y con un fuerte empujón me echó a un lado tumbándome
al suelo. Detrás de mí venía en carrera un caballero que portaba un hacha y que
con ella lanzó un ataque vertical de arriba abajo a mi salvador. Él trató de
bloquearla con su espada en horizontal pero el impacto fue demasiado poderoso,
al punto de quebrar su espada y hacerlo caer con furia al suelo. ¡No podía
dejar que muriese tras haberme salvado!, grité y con mi Xífos, levantándome, le
corté la cara para evitar que lo ejecutase. Mi aliado comprendió rápidamente y
se levantó y luego, tomando su espada, cuando el caballero con el hacha apenas
se volteaba, le clavó el filo de su espada en toda la superficie superior de la
cabeza, dejando salir un chorro de sangre que bañó por completo a mi salvador.
En medio de la guerra y rodeado por la muerte se volteó exclusivamente para
decirme: “Gracias”, pero tan solo terminar esta frase un objeto punzante salió
de su estómago, una lanza de combate. Sangre salió de su boca, y cuando el
objeto se retiró cayó entre la vida y la muerte al suelo.


No sabía su nombre, por lo que no le grité, en
cambio, cuando cayó pude ver el autor de su muerte quien era un hombre bajo y
con ropajes sueltos y negros como todos. Me miró con una sonrisa bastarda y mirándolo
con rabia corrí hacia él para asestarle una estocada con mi Xífos, pero rápidamente
me tumbó al suelo impactándome con el palo de su lanza en el hombro. Caí boca
arriba, con mis ojos entrecerrados por el dolor pude apreciar su figura, estaba
listo para matarme… aquí terminaría mi faena, no duró mucho, pero serví a
Thonomer como debió ser…


Alzó su lanza, ya preparado para matarme,
luego la bajó velozmente pero no… ¡yo no moriría sin poner resistencia!, con
mis dos manos retuve su lanza como pude y luego me giré en el suelo hacia la
derecha y solté la lanza, haciendo que se clavara en la tierra. Rodé en
dirección contraria y me levanté, él sacó su lanza del suelo y me observó con
rabia en sus ojos y cargó contra mi con su lanza, mi respuesta fue tan solo
colocar el escudo adelante y resistir el golpe, y claro, esperar a que la lanza
no traspasase el escudo.


Sentí el impacto que me llevó atrás chocando
contra un soldado de nuestro ejército y haciéndolo caer, pero no podía mirar
atrás, debía concentrarme en mi objetivo el cual se preparaba para otra carga.
Cuando su lanza estaba cerca me eché para un lado y la lanza chocó nuevamente
con el escudo, esto hizo que me abriera mirando yo para el norte y él, desde mi
posición, al Este. Ante esta oportunidad me abalancé hacia él y le ensarté mi
arma en su hombro. Lanzó un grito al aire y retrocedió. Había soltado su lanza,
ahora estaba frágil y vulnerable, por lo que sin dudarlo seguí el ataque
anterior con un corte al pecho que hizo que se inclinara hacia adelante con sus
manos al pecho. Me miró pidiendo piedad, pero él no la tendría conmigo, así que
yo tampoco con él. Lancé un estoque directo a su cara e inserté el Xífos entre
ceja y ceja, no por habilidad, solamente fue un golpe de suerte el haberlo
hecho precisamente allí. Saqué mi arma que ahora estaba completamente llena de
sangre de distintos enemigos y miré a mi alrededor en busca de un nuevo
enemigo.


En un punto de vista global, las tropas
enemigas estaban teniendo más bajas que la de nuestro ejército, por lo que sus
números reducían drásticamente. La tropa Thonomeriana había empujado a la tropa
Trodiana en dirección contraria de donde ellos venían. No muy atrás había un
río, si las tropas Thonomerianas lograban empujarlos hasta ese río sería el fin
inminente de los Trodianos, y no faltaba mucho para ello. Ambas tropas
desorganizaron por lo cual no existía una estrategia más que matar.


Ya atardecía y seguían habiendo muertes,
nuestras tropas estaban ganando claramente el encuentro y fue cuando nuestro
General decidió entrar en combate, llenándonos de euforia a todos.


La batalla siguió y en la puesta de sol
logramos empujar a los enemigos al río mientras que nosotros luchábamos desde
la superficie, teníamos ventaja y ellos no tenían oportunidades ya, todo se
había perdido.


Troir miraba con desprecio e ira a Bérico
quien aún sin celebrar alguna victoria mantenía su racha de muertes. Yo
sobrevivía al encuentro como todo un campeón, habiendo matado ya a 5 hombres me
encontraba exhausto, pero no podía echarme atrás, rendirse en la guerra es el
mayor pecado y la mayor traición que se puede cometer en la vida de una
persona, la traición se paga con la vida.


De nuestros hombres quedaban pocos, el número rondaba entre los 50 y 60, mientras
que el enemigo resistía en el río con unos 30-40 y que, al igual que nosotros,
se hallaban exhaustos y muchos heridos.


Cuando todo parecía gloria para mí, repentinamente
sentí un dolor en mi pierna a lo que conllevó un grito más en el combate. Un
bastardo animal, perro rastrero inmundo logró encajar su espada en mi muslo, inhabilitándome.
El que lo hizo prontamente murió, pero yo ya había caído en el suelo, herido,
con un dolor tan profundo que atravesaba mi alma.


Las cosas, sin embargo, no terminaban allí,
nuestros hombres estaban siendo empujados atrás nuevamente, y perdíamos hombres
velozmente.


¿En qué momento?, ¡íbamos ganando!, ¡la
victoria era nuestra!... entonces nos dimos cuenta de que había llegado un
grupo de refuerzos en las tropas Trodianas… ahora nos superaban en números y
aparte tenían guerreros cuya vitalidad estaba al máximo mientras que los
nuestros estaban cansados y muchos heridos, incluyéndome.


No podemos perder, pero… parece ser así.
Saboreamos el momento, pero más allá de eso no podemos hacer, una última acción
por parte de Troir es la que marcará esta batalla, y el resultado será una
inminente derrota para nuestro ejército.


Esto no es más que un recordatorio de la vida
que nos dice que la luz se prende y apaga y esta nos beneficia o nos perjudica.
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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Lun Dic 31, 2012 9:13 am

Troir había sacado un as bajo su manga que le salvaría esta vez su pellejo, su reputación, este combate. Nuestras tropas estaban cansadas y heridas y el enemigo se había repuesto con refuerzos, eran mercenarios, no pertenecían a sus tropas.

La gente alrededor estaba siendo asesinada, Bérico hacía todo lo que podía, mis compañeros igualmente pero yo estaba tumbado al suelo sin hacer nada, en la palma de la mano de el enemigo, en la boca del lobo. No podía levantarme y huir, estaba incapacitado físicamente, si me levantase cojearía y sería lento e igualmente vulnerable; a la vez de que huir sería una desgracia para mi persona y para mi causa, correr de el deber es de débiles.

Mi pierna sangraba y el dolor era insoportable, estaba boca arriba viendo como los demás se mataban, pero mis ojos observaron lo que era un guerrero portador de una espada que venía hacia mí, era una muerte fácil, estaba en sus manos mi vida y siendo mi enemigo obviamente me mataría, pero era así pues yo estar de su lado igualmente haría.

El sol no me permitia detallar bien a mi verdugo quien estaba cada vez más cerca de mi presencia, pero prontamente la luz se convirtió en oscuridad y se me fue bloqueado la vista por un hombre alto y de armadura gloriosa, estaba él a contraluz, delante de mí. Habló, me dijo "estate tranquilo" y era su voz sin duda alguna, era la voz de mi general, Bérico IX, el noble.

Escuché sonidos metálicos y quejidos, ambos hombres estaban luchando en frente de mí aunque la presencia de Bérico se interponía a mi vista, por lo que no podía observar qué hacía aquel cuyas intenciones eran matarme. Sin embargo, el veredicto fue ilustrado ante mí cuando oí que el enemigo cayó con un grito al suelo mientras que mi general seguía parado, triunfante. Rápidamente se volteó y corrió hacia mi y luego se puso detrás mirando hacia donde yo miraba y me arrastró con sus fuerzas hacia atrás.

¿Porqué tan confiado?, ¿acaso no sabía que en un golpe traicionero le podrían acabar con la vida?... eran las preguntas que me hacía mientras que él, valeroso y aparentemente sin razón alguna me ayudaba. ¿Porqué a mí?. Prontamente se fue dilucidado la primera cuestión.

No vi de donde vino, ni porqué razón ocurrió así, quizá fue planeado desde un principio, pero desde atrás vinieron gritos guerreros, no eran gritos de muerte como todo el ruido que me rodeaba, eran gritos de guerreros renovados, limpios, que apenas se incorporaban a la guerra. Eran refuerzos, ¿Bérico planeó esto?... porque lo hizo de maravilla. Así pues estos refuerzos llegaron al sitio de batalla y ahora ambas facciones estaríamos en similitud de condiciones.

Era una guerra prácticamente de refuerzos, esto habría terminado hace tiempo atrás de no ser por el truco que usó Trodiar y que al parecer Bérico también ocultaba.

Bérico me dejó con un soldado que me llevó hacia atrás y juntos con otros, que asumo eran infantería auxiliar, me llevaron de vuelta a la ciudad, donde recibiría tratado médico en mi pierna herida y otras lesiones leves y regulares en mi cuerpo. ¿Qué estaría ocurriendo allá?, no tengo ni la más pequeña idea, pero si de algo puedo asegurarme es que Bérico ha demostrado una superioridad intelectual incluso mayor que la de Troir. ¿Como se ha anticipado a su movimiento sabiendo que esa rata usaría mercenarios si la situación que se presento, se presentaba?. Es lo que distingue a un general, es lo que lo hace un soldado de honor.


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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Mar Nov 19, 2013 12:33 am

El tiempo transcurre como un río que nunca acaba. Así, este pasó enfrente de mis ojos y finalmente tras la larga espera recibi noticias de la batalla. Nuestro ejército se había alzado sin duda alguna con la victoria, firmes, hombres de acero, hombres que no se rinden ante la adversidad, hombres que no son hombres sino animales que nunca se cansan. Este era mi ejército y aunque el adversario, Troir, nos hubiese hecho sufrir como perros vagabundos al final del día la bandera de victoria la llevamos nosotros. De mi parte, yo quería luchar hasta el último segundo pero fui incapaz pues cai abatido, mi vida fue perdonada por mi general, pero la muerte estuvo a un paso de mi presencia, a una distancia mínima y es que la muerte siempre la tenemos enfrente, solo que no la vemos.

Fue una dura batalla sin dudas, pero ya me estaba recuperando de lo sucedido, de momento me encontraba alegre por haber ayudado en la causa lo más que pude y que mis esfuerzos y el de nuestros soldados en conjunto, hayan dado frutos.

Con mis heridas parcialmente sanadas aunque aún me dolían un poco se nos fue convocados (a nosotros, la armada) al cuartel pues al parecer Bérico nos quería dar una charla. Me dirigi hasta allá y para cuando llegué estaban todos en formación, me coloqué en ella y en el frente estaba nuestro gran general caminando de un lado a otro y con una seria expresión facial. La siguiente media hora fue un discurso hablando acerca de la amenaza de Troir y lo cerca que estuvimos de perder, que necesitabamos entrenar aún más, que eramos fuertes pero necesitabamos ser mejores, eso en resúmen. Cuando finalizó el discurso nos dejó el resto del día libre, pero antes de que yo me fuese Bérico me llamó especialmente a mí, hecho que me extrañó y me extrañó incluso más cuando también solicitó a Vladiar. Él y yo nos colocamos uno al lado del otro, ni siquiera volteé a ver su presencia pero sabía que estaba allí. Nuestro general empezó a hablar - "Caentoriumn, en la jornada pasada te tuve que salvar de la muerte. Tienes un rango especial en este ejército, pero últimamente no lo has demostrado" - dijo con aires de molestia - "Señ" - logré pronunciar antes de que me interrumpiera - No hay excusas. Ahora mismo has de reafirmar tu puesto en una batalla contra Vladiar. Si él gana se quedará con tu puesto, si tú ganas te quedas como estás, ¿entendido? " - dijo con voz firme y sin ningún chiste. Bérico IX estaba dudando de mí...

Nos alejamos Vladiar y nos mirabamos por detrás de nuestros cascos atentos a los movimientos del otro. Ambos teniamos el mismo equipamiento: una Xiphos en una mano y nuestras armaduras, ni más ni menos. Sin escudos, sin nada más, era un combate justo y limpio el cual no pensaba perder. Este era el momento donde finalmente uno de los dos tenía que resultar ganador, este era mi momento.

Combate.

Nuestros filos chocaban y nuestras Xífos danzaban, bloqueos y ataques volaban por los aires y solamente los sonidos metálicos rompían el silencio del lugar aparte de nuestros quejidos. Todo aquello iba parejo, yo me estaba esforzando al máximo pues sabía que Vladiar tenía mi misma fuerza, mi mismo poder, pero esta vez tenía que resultar vencedor, no podía chistar. Lanzó un corte a mi cara, lo bloqueé y rápidamente traté de estocar su pecho, él se apartó rápidamente y atacó con un golpe el cual recibi con mi brazo derecho sin mucho dolor, ejecuté un corte a nivel del cuello el cual bloqueó sin más remedio y entonces en ese momento logró estocarme pero... aquello no se sintió físicamente... lo sentí en mi alma, en mi espíritu, ardió como mil soles y lo sentí hasta en el último rincón de mi cuerpo. Grité adolorido y me separé algo desbalanceado soltando mi arma en el camino y llevándome mis dos manos al pecho. Bérico, quien expectaba, se extrañó de lo ocurrido pues mi armadura no presentaba ningún rasguño siquiera. "¿¡A quién logras engañar fingiendo, Caentoriumn!?" - exclamó con furia mientras yo solo podía pensar en el dolor que me había causado aquella apuñalada. "Esto ha sido el colmo, Caentoriumn. ¡Un guerrero de verdad no finge, esto es una blasfemia!" - me gritó iracundo. Respiraba con fuerza y ya el ardor se estaba pasando pero realmente dolía demasiado, tomé aliento y dije - "... Ese... fue... tr... tram... trampa..." mientras mi respiración seguía fuerte y rechinaba mis dientes del dolor.

Bérico no me quiso creer y el rumor se esparció por toda la armada. Mi reputación se estrelló contra los suelos y me vi humillado ante todos... por un hecho que no ocurrió, por una mentira, por una vil y asquienta mentira, por una sucia trampa de un sucio hombre que no posee honor. ¡VLADIAR!. Fui desterrado no solo del ejército sino de mi nación, fui desterrado del lugar donde empecé mi carrera militar, donde vivi tantas cosas, malas o buenas, aquel lugar donde me formé como hombre... todo aquello que hice por mi general y por mis soldados, todo aquellas guerras vencidas, todo el dolor, toda la angustia y toda la sangre que derramé para llegar a este vacío y gris punto. Mi alma apuñalada solamente contenía ira y mi cuerpo solo se reprimía para no causar destrucción. Mi más profundo ser fue herido como si una lluvia de flechas hubiese penetrado todo mi cuerpo, desesperado, obtuso, decepcionado, triste e iracundo... así, yo, Caentoriumn, el hoplita... me marché de aquella tierra que me dio hogar por tantos años.

Un golpe que me devastó, un golpe que hizo soltar mi lanza y mi escudo. Ira, desespero y confusión.


//Narrador//

Los días y las noches transcurrieron, muchas lunas hicieron acto de presencia en el cielo, muchos eventos ocurrieron a lo largo y ancho de toda aquella tierra llamada Noreth. La historia de aquel hoplita no terminó en aquel evento de su vida que le marcaría por el resto de su vida. Humillado, aquel hombre en lagrimas de ira huyó de tierras Thonomerianas para embarcarse en un destino oscuro, un destino desconocido para sus ojos. Muchos días pasó este hombre durmiendo recostado en árboles, muchas noches pasó durmiendo en la interperie únicamente abrigandole el viento, caminó sin rumbo alguna y su único compañero era la lluvia y el viento, todo ese tiempo de confusión aquel hombre de cruel pasado reflexionó su futuro hasta que finalmente dilucidó sus cuestiones mentales. Entendió entonces que no podía seguir viviendo como un trotamundos, como un nómada sin rumbo, había perdido peso y su rostro estaba demacrado, ya no era el fórnido hombre que era antes. En aquel ocaso sentado en una colina mirando al horizonte entendió que el honor se le había arrancado de su cuerpo, ya no era un soldado, ahora era un hombre libre. Sus doctrinas fueron apaleadas, todo lo que él creía se derrumbó ante sus propios ojos... su vida era su decisión ahora, ya no estaba atado a nada ni a nadie, era un alma libre en el mundo. No podía seguir así. El ex-hoplita alzó su cabeza y sus ojos recuperaron la determinación que una vez tuvo. Con el sol reflejandose en sus ojos supo entonces su destino, determinado y firme en sus pensamientos viviría la vida, su vida, como él quisiera, era el momento, era su oportunidad. Cuando el sol se mostró al día siguiente, los días de caminata sin rumbo se terminaron, y esta vez tenía un destino.


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Caentoriumn

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Re: El Fin [Solitaria]

Mensaje por Caentoriumn el Lun Dic 02, 2013 5:39 am

Los Montes Keybak, unas hermosas montañas cuyas cumbres se encuentran nevadas mientras que sus faldas están despejadas habiendo uno que otros pueblecillos, vegetación y una variedad de animalejos. Subimos hasta la zona media de aquel frío lugar donde se encuentra una ciudad amurallada de típicos estandartes rojos con un dragón y una espada dibujados que se hacen notar entre los tonos grisáceos y sin vida del lugar. Dentro de las nevadas murallas que se han alzado desde mucho tiempo atrás y jamás se han derrumbado, existen numerosas casas de piedras también nevadas, casi todo en aquel lugar, de hecho, está construido en piedra pues al vivir en una montaña no es difícil de encontrar. La gente que lo habita es una mezcla entre humanos y enanos, pero que sin embargo también existen diviums incluso aparte de otras razas que suelen ser más que todos extranjeras al lugar.

Aquel nublado día la gente caminaba de un lado a otro sea por diligencias que habían de cumplir o simplemente se paseaban por la amurallada ciudad, de entre todas las personas había un hombre alto y fornido cuyos cabellos se habían enblanquecido con el tiempo y la edad se notaba en su físico. Portador de una barba y una algo envejecida piel, aquel hombre de mirada severa llevaba un escudo y una espada, las agarraba como si estas se le fuesen a ser robadas. El susodicho hombre era, sin duda alguna, un guerrero mercenario, esto se notaba a primera vista, sin embargo, este cargaba con un triste pasado a sus espaldas. ¿Quién era él?, te preguntarás... déjame contarte, joven viajero.

Empecemos con su nombre, este es Caentoriumn Graecus. Caentoriumn o Caent como lo llaman sus amigos alguna vez fue un honorífico guerrero que comandaba escuadrones para misiones especiales y en la guerra iba casi todo el tiempo en primera fila. Era conocido por estar en el cuarto régimen, el régimen de los hoplitas, si no sabes qué son, dejame explicarte: los hoplitas son guerreros voraces y de gran poder y mucha fuerza/resistencia física pues cargan consigo una pesada armadura de 27kg aproximadamente mientras que sus escudos pesan, por lo menos, siete kilogramos. Lo característico de estos guerreros no es solo su escudo sino también su arma principal, una enorme lanza de guerra fabricada en bronce puro y duro con la cual, en una formación de falange, abaten a sus enemigos quienes quedan confundidos ante tal formación provista de una gran defensa a la par que una gran ofensiva. Caentoriumn no era muy diferente a ellos. Este soldado del cuarto régimen de las filas thonomerianas comandadas por Bérico IX era una persona muy estricta y correcta, alguien muy perfeccionista y dotado de un gran sentido del respeto, era un hombre hecho y derecho. Para resumir su historia... fue no solo expulsado de la milicia en la cual había estado años sobre años, sino también desterrado de su tierra natal en la cual, obviamente, había vivido desde que nació. Hoy en día, Caentoriumn se gana la vida como un mercenario y bebe para pasar las penas, su actitud es más positiva y cambió drásticamente, ya no es quien solía ser.

Muchas aventuras se ha cargado al hombro este mercenario peliblanco que muchas veces pasa como Zhakheshiano, hoy te contaré una de estas.

El hombre de pelo blanco (por canas) llegó a una taberna con todos los ánimos de beber. Irrumpió el ambiente de borrachines dominado por gritos, risas y alguna que otra riña para llegar hasta el mostrador y sentarse en uno de los bancos de madera y ordenó al encargado de pelos enrulados y marrones una cerveza; este se giró y fue a buscarle la bebida alcoholica a Caentoriumn. Tras unos minutos el encargado volvió con el jarrón de cerveza hasta el tope, se lo entregó entonces al peliblanco tratando de que no se cayera la espuma pero esto fue inevitable, sin mucho importarle esto, recibió su bebida y se dispuso a beber. Convivió mucho tiempo con enanos y aún tiene muchos amigos de esta raza, por ello había aprendido a beber cosa que jamás había hecho en su pasado.

Un jarrón llamó al otro y el otro al otro, Caentoriumn disfrutaba y se aliviaba con la amarga bebida que, fría, recorría su garganta librandole de todo dolor. Aún no se encontraba ebrio, sin embargo, así que tenía planes de emborracharse aún, sin embargo, esto se vio cancelado cuando la puerta fue abierta por un hombre de la raza enana, su nombre era Baktur, este era un amigo de Caentoriumn Graecus, un compañero de batalla bastante apreciado, su estatura obviamente no era mucha, sus cabellos eran grises y caían, lisos, por los dos costados de su cabeza dejando una calva en el centro. Su barba era bastante grande y era, además, bastante musculoso. Interrumpio la animosidad del lugar para gritar -"¡Caentoriumn, trae tu sucio culo acá, te necesitamos!" - ante el llamado el ex-hoplita volteó reconociendo la voz del enano y se levantó, aún empuñando el agarre del jarrón dio un trago para luego separar el vidrio de su boca - "¿Qué ocurre ahora, Baktur?" - dijo como si fuese cosa de todos los días. Caminó hasta el enano y ambos salieron del lugar, estos asuntos se tenían que tratar con discreción, se trataban de misiones que muchas veces era mejor que la gente no supiera, las malas lenguas son de mal agüero.

El enano ni siquiera se molestó en alzar su cabeza para mirar a Caentoriumn pues este era demasiado alto. Allí, parado y mirando para los lados dijo en voz baja - "Tenemos un recado. Un noble de alto cargo nos ha mandado para erradicar una bestia que ha estado causando problemas en las minas de esta maldita montaña. Sabes que tienes que venir con nosotros" - dijo el enano tratando de esconder sus palabras a los oídos pasajeros. "Hmph... maldición, se supone que hoy es mi día libre, Baktur" - respondió gruñendo pero en voz baja, igual que el enano - "¡Cierra la boca y deja de tragar cerveza, maldecido!. Vienes con nosotros, ¡no te puedes perder esto!" - dijo "gritando" en voz baja, reprochándole al humano - "Vale, ya, ya. Iré por mi equipamiento, me reuno con ustedes en las afueras" - replicó Graecus - "Nos vemos allá sin falta" - finalizó el enano y así cada uno tomó su lado, Baktur iría por los demás hombres mientras que Caentoriumn buscaría sus armas para partir hacia las puertas de Mirrizbak.

¿Qué era el monstruo del cual hablaba Baktur?... al parecer se trataba de algo importante y eso estaría por verse.


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Re: El Fin [Solitaria]

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