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La Hoja del Diablo

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La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Jue Abr 28, 2011 2:20 am

Aquesta vez fue contratado en su natal ciudad, y transportado al gran desierto bordeando la tierra, navegando por mar abierto, sin miedo a los kraken; y a partir de ahí, andar por la arena en uno de los grandes Barcos de Arena. Debía guiar, proteger y a ser posible, cuidar, a un grupo de mercantes que traficaban yerba blanca. A estas alturas, sobra decir que la yerba blanca era un producto sancionado por las autoridades; pero la versión oficial era que sería usada en Woestyn Ölüm para que los trabajadores pudieran aguantar el sol.

Por curiosidad o por aburrimiento será que el borracho empezó a mascar la hierba; relajando su cuerpo cada vez más durante el viaje. Serían las alucinaciones o quizás la verdad, que le hizo escuchar a un anciano que los acompañaba, susurrando estas viejas palabras:
La Hoja del Diablo, la antigua espada…
Y lo repetía, incontables veces, mientras tragaba saliva y le temblaban las manos.
Tras apuntarle a su cabeza sin mucha dilatación (y sin tener ni pólvora en el caño) le hizo cambiar pronto de tema, y empezó a escupir palabras aún más inteligibles, de las que se pudo descifrar una historia.

Con esa historia, empieza nuestra aventura:
-El… el desierto la guarda. Mira bien canario. Todo está muerto, no hay más que arena y muerte; todo se está pudriendo bajo el inmenso sol. Pero no siempre fue así, de hecho… antes este fue el corazón del mundo, el centro de Noreth… O eso me han dicho. Como sabrás, hay una historia muy popular, la del Árbol del pecado y el inicio de la vida.

El anciano, lleno de sudor y mezclando palabras con saliva y yerba, seguía entretejiendo la realidad con las leyendas y las drogas, pero Jhen (más conocedor de las últimas) lograba sacarle algo de información; al menos lo más inteligible posible. El anciano continuó, luego de escupir la yerba que tenía y volver a meterse un tanto en la boca:
-Seguro que si ese árbol se jode, todos la palmamos ¿Eh? Entonces… ¿Tú crees que está muerto? No… Nunca morirá, está oculto, está oculto aquí, en este jodido desierto. Está debajo de la tierra, o en el cielo; no importa donde, está en todos los sitios, pero sus raíces están aquí…

Jhen dejó de apuntarle a los sesos, confiado de que era un viejo loco sin más, pero el anciano siguió hablando:
-Y no sólo nosotros salimos de ese árbol. No me refiero a las razas… Hay una espada, la Hoja del Diablo, que se creó a partir de una rama de aquel árbol. Dicen… -agachó la mirada, se tomó ambas manos como si estuviera rezando y tembló con más fuerza- dicen… que esa vieja espada está viva, y que guarda dentro de ella la memoria de la civilización que existió antes que nada en Noreth… ¡Imagínalo! No… No sólo sabiduría, poder ¡Poder supremo! Quizás ellos crearon el árbol, y… si tuvieras esa espada, podrías traer otro árbol, y crear vida… ¡fabricar un ejército! O…

Se tumbó al suelo, y aunque su cabeza resonó del golpe que se dio contra las tablas del barco, siguió repitiendo una y otra vez “La antigua espada…”.

Fue tanta la curiosidad del borracho, que apenas cobrar (y robar un poco de esa yerba para sí mismo) su plata, se la pasó en la conocida “zona de turistas”; esperanzado de averiguar un poco más de esta leyenda.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Sáb Abr 30, 2011 12:44 am

Movía el dedo trazando círculos sobre aquel mapa mientras varias muecas iban surcando mi rostro, alcé una ceja de quién está confundido y levante el mapa para verlo de frente, agitándolo contra mi cara como si algo no marchase bien.

Tenía que estar en Sülh Dunes, sin embargo... No parecía el lugar. Me pasé el dorso de la mano por la frente al tiempo que suspiraba, sofocada por el calor, cosa que al recordarlo me causaba bastante gracia considerando que según decía mi abuela mi elemento era el fuego, sonreí y me encaramé adelante de la caravana para hablar con el conductor.

-Señor...-

El hombre envuelto en una túnica con un sombrero gracioso que parecían varios trapos sobre la cabeza como otras veces (ya muchas) me indicó con su mano después de alzar el brazo un cartel que decía "No hablar con el conductor". Suspiré resignada y volví a mi sitio recorriendo con la vista el paisaje, todo era igual, arena, amplias dunas y algún que otro cráneo de animal disperso por allí, se suponía que en Sülh Dunes vería esqueletos de criaturas gigantescas y fantásticas, vería ruinas de antiguas civilizaciones y conocería criaturas desconocidas y haría nuevos amigos, pero cual fue mi decepción al notar que el paisaje no variaba ni un ápice después de todas las horas que habían pasado.

Cerré los ojos y para no apagar mis esperanzas traté de visualizar aquel lugar, hacía mucha calor y cuando mi cabeza se ladeó hasta chocar el hombro de una señora que cargaba a su bebé en brazos mientras mi boca se abría levemente me había quedado profundamente dormida.

(...)

No supe cuanto tiempo pasó, ni siquiera recuerdo haber soñado algo, y es que el calor me estaba mareando... pero de pronto la caravana se detuvo, la mujer corrió su hombro para levantarse y caí torpemente hacia un costado del asiento, abrí los ojos asustada y me erguí mirando de un lado a otro.

-"¡Que vergüenza me quedé dormida!"-

Sonrojada entonces, me levanté, tomé de inmediato mis cosas y me bajé de la caravana junto con los demás.

-¿Donde estamos?-Pregunté acercándome al conductor a pasos cortos, ¡ya no podía venirme con la excusa de no poder responderme! Pero luego de preguntar miré a mi alrededor con curiosidad, si bien ya no era el mismo paisaje tampoco era lo que esperaba, me encontraba frente a un pequeño pueblo suspendido en medio del desierto, las casas eran de piedra blanca y varios eran los mercaderas que rodeaban cada cuadra... Me volví para mirar al conductor al notar que no respondía, pero cual fue mi sorpresa al ver que...

-¿¡A donde se fue!?-Pregunté escandalizada abriendo los ojos desmesuradamente al ver que había desaparecido - Pero... pero... ¡si estaba aquí hace unos momentos!-Exclamé llevándome ambas manos al cabello completamente confusa, por todos los dioses...¡esto es el colmo!

Indignada apreté con fuerza mi báculo y comencé a caminar sin mirar atrás, irascible, pasando entre medio de los vendedores. Si me hubiera volteado vería que el conductor solo había retrocedido a cambiar las riendas de sus animales.

Pero ya era tarde para notar esos detalles, me sentía engañada, perdida y con todas mis esperanzas de conocer aquel lugar turístico en el piso, tuve incluso deseos de llorar, pero había mucha gente así que me aguanté.

Tiempo después me detuve para ingresar a una especie de taberna, recordé que tenía mucha calor y mi cantimplora estaba seca, además quería probar otra cosa, como un jugo de naranja... o algo así, pero una vez que me senté frente a la cantina y sin alcanzar a decir nada el tabernero me quitó de las manos el dinero que le ofrecía y me tendió una cerveza.

-Pe...pero...-Tartamudeé sin entender por que diablos tenía tanta mala suerte -Yo no tomo...-susurré resignada al ver que no me escuchaba y apoyé el rostro contra el mesón, resentida y angustiada.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Kain el Lun Mayo 02, 2011 6:11 am

En una caravana, allí me encontraba, sentado y acompañado de carne inservible, de malditos gusanos, ya me estaba preguntando a que hora íbamos a llegar. Estaba perdiendo la paciencia, no era digno de estar con tales basuras, ni mucho menos sufrir aquel inmenso calor, mi atuendo estaba en mi morral, pero aun así, me despedí de mi ultima gota de agua, que estaba en una cantimplora, el cual no sabia quien era el propietario de ella, pero aun así, no podía seguir aguantando la tal deshidratacion que estaba experimentando.

Mi cabeza agachada y mi brazo derecho apoyado en mi rodilla, dejando escurrir un par de gotas que recorrieron desde mi frente hasta mi nariz, cayendo a la madera de la caravana en la cual me encontraba. Mi cabello mojado y mi frente sudorosa, esto era una tortura, no sabia cuando tiempo mas iba a poder soportar tal infierno, pero lo que me era mas humillante, era estar sentado con esas personas en mi presencia.

Levante mi cabeza y mire hacia el capo del móvil, blanco, como la nieve, como extrañaba aquella vida en las montañas de Noreth, acostumbrado al frió, el calor era mi peor némesis hasta ahora. Suspire, dejando respirar los poros de mi cuello, el cual se estaba asfixiando y con mi muñeca secaba las gotas de sudor que estaban en mi frente.

Mire hacia el desierto, nada interesante, solo arena y una que otra roca anexo a mi tonta vista, dejándose engañar por el calor del desierto, simulando agua a lo lejos, provocandome ganas de bajarme corriendo y caminar infinitamente sin cansancio hasta llegar; seria una buena idea, fue lo que paso por mi mente por un segundo, pero que menudo idiota soy a tan siquiera pensar tal estupidez. Maldito lugar, aquí solo pueden vivir los demonios.

Ya no podía recordar que hacia en ese lugar, ni lo que estaba buscando, no recuerdo como es que me subí a esta cosa. Sostuve mi canalizador con fuerza, deseando descargarme con la gentuza. Un corte de cabeza a cada uno no le vendría mal... observe a todos, hasta que sonreí algo maloso, mientras veía a un mujer de roja cabellera, observándola con cautela, cuidadosamente, con ojos entresacados, mientras ella... ehhh... ella... caía dormida i-no-centemente. Suspire... y puse una cara de vergüenza ajena, no podía creerlo.

-Pfff...- Dije en voz baja dejando escapar aire por mis labios lentamente. Cerré mis ojos, imaginándome un relajante lugar, un oasis, en medio de todo el desierto y yo dentro de el, refrescandome con muchas chicas lindas alrededor, ¡Ujuju!... Ehm, bueno; así era hasta el momento en el cual...

(...)

Escuche ruidos, de madera tronando como si la estuviesen pisando, de metal chocando entre si, como si fuesen de joyas o monedas, en ese entonces; abrí mis ojos. ¡Me había quedado dormido! ¡Demonios, no podía creerlo! Que bajo había caído. Pero por lo menos la energía no se agotaba del todo.

Me levante, pero mientras lo hacia, iba limpiando mi saliva que había caído en mis prendas y por mi mejilla izquierda. Tome rápidamente mi morral y me baje lo mas pronto posible. Una vez abajo, el sol impacto con toda su fuerza sobre mi, tome mi morral y lo utilice como sombra momentánea, con este sol, mi poder pudiese incrementar aun mas. solté una leve risa, pero aun así, tenia que activarme, era momento de actuar.


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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Lun Mayo 02, 2011 8:02 pm

Dio un traguito al vodka y lo tapó con la rosca, como si en ello se le fuera la vida. No quería que ni un solo mililitro del licor se le evaporara. Y es que el calor era realmente jodido, le creaba un molestito dolor de cabeza que no paraba ni por un segundo. Pero estaba en esa ciudad, y hasta no encontrarse otro trabajo que lo sacara de ahí, tendría que aguantarse a ese clima.
Trató de guardarse el mazo de diamantes bajo las bermudas, para que estuviera fresca la pólvora y no se jodiera. No era de saber muchas cosas sobre la alquimia o la física; pero si sabía algo, era que el calor podría llevar a provocarle una explosión en la pierna, y eso era lo último que quería en ese momento.

Caminó y caminó, repasando los pequeños negocios que habían cada tanto; ya vendiendo ropa, ya comida o incluso unos ancianos suministraban un litro de agua –extraída desde un pozo subterráneo- por una módica cantidad.
Trataba de racionar en lo más posible su licor, pero con el sol era casi imposible negarse a robarle un traguito a cada rato.
Al menos –y pese a su baja estatura- no sería un blanco para los ladrones: Apestar a alcohol, y llevar dos tomahawk y un arcabuz al hombro le hacían parecer alguien de quien temer, y no alguien de quien enriquecerse.

Entre los tantos puestos miró una caravana que llegaba con turistas; quizás ese sería su ruta de escape; trabajar como cargador con quienes organizaban esas guías turísticas, o en último caso, pagar por que lo sacaran de ahí.
Pero por ahora, la salida no era un tema importante; lo de veras importante era la leyenda… Al menos, investigar un poco sobre las palabras de ese viejo anciano.

Jhen andaba mirando los puestos no por azar ni por gusto; sino tratando de encontrar a algún anciano; un conocedor de esas tierras, alguien que estuviera gustoso de contar historias sin cobrar, y que fuera anciano para que fuera más verídica la historia.
Pero hasta ahora, no encontraba ni un carajo…
Se cambió el arcabuz de brazo y se acercó corriendo hasta la caravana; atrás de todos los pasajeros que habían bajado se encontraba un grupo formado por dos mujeres, una de pechos grandes y mirada sensual, y la otra de grandes gafas y corta altura; además de dos viejos: Uno cargado de papeles enrollados, y el otro cargando un viejo catalejo y algunas curiosidades más.
Puedo ayudar, puedo ayudar! –se acercó, casi gritando, pero con su notable tono de voz; pese a estar ebrio, podía hablar con total lucidez e interactuar con las personas; era una… simbiosis entre su cuerpo, y el vodka.
Sin esperar respuesta se ofreció a cargar con las mochilas de los viajeros; vale… Jhen no era un hombre de carga, pero los trabajos forzados, físicos y pesados, era de lo que siempre había vivido, y aunque cada vez le molestaban más los huesos y el sudor haciéndolo más delgado, se resignaba a ofrecerse a ellos.

Los transportó (ya bajo el consentimiento de los dos ancianos) hasta una chacra pequeña, que estaba construida algo bajo el nivel de la tierra, lo que proporcionaba un buen “clima”, fresco y tranquilo.

Al bajar las mochilas y cobrar (una moneda, no era algo que despreciarse, ni tampoco para estar alegre), se despidió y estuvo pronto a marcharse; pero fue detenido por los ancianos; sólo para agradecerle el gesto, y regalarle un poco de agua; además, para escuchar de él alguna historia. Ellos no eran un grupo cualquiera, y la suerte del dívium quizás era buena al fin.

______________

Como verán, no es un masteo en toda regla xD
Bueno, por ahora todo bien. Quiero que sepan que yo, tengo tiempo para postear los días lunes y miercoles; esos días son seguros, después, quizás viernes, o sábado o domingo.

Segundo:
Por todos lados hay una "historia" que, si bien preguntan o si bien alguien les cuenta de modo desinteresado (quizás un guia turistico _A) se pueden enterar de ella. Esta es que el dueño del bazar de antigüedades tiene en su poder un mapa de una antigua ciudad, que nadie ha podido leer, pero que todos cuentan que marca el templo de una antigua civilización.

Así que, o bien van allí enterandose, o siguen deambulando; que por ahora no hay mucho que hacer juntos :3
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Mar Mayo 03, 2011 3:15 am

Acerqué mi mejilla al vidrio frío del vaso con cerveza y suspiré sonriendo- Ahhh... está heladita... Lástima que no la pueda beber, debe estar tan refrescante...-Murmuré sintiendo la boca seca, era como estar varada en medio del mar, estar rodeada de agua pero imposibilitado de beberla, aunque... ¿si lo intentaba?. Negué de inmediato con la cabeza ante esa idea, beber alcohol dejaba a la gente estúpida y agresiva, aún recordaba a mi padrastro cuando llegaba borracho a casa y golpeaba a todo aquel que se acercara demasiado, incluso a su mujer, no, no quería convertirme en algo como eso, pero es que... ¡Ahhh! ¡Tengo mucha sed!.

-Bueno, supongo que un sorbo no me haría mal...-Me dije asomando el rostro sobre el vaso de la espumosa cerveza, la tomé con ambas manos y cerré los ojos para saborear un poco, pero quien hubiera imaginado que uno de los clientes que estaba sentado a mi lado, un hombre de gran contextura y brazos enormes, se levantaría de golpe y sin darse cuenta empujaría con su codo la cerveza que con mucho cuidado trataba de saborear logrando que abriera la boca y recibiera varios tragos de este, terminé bajando la cerveza sin soltarla, tosiendo, sintiendo mi lengua un tanto ácida y la garganta como si quemara.

Apoyé la cerveza contra el mesón y con los ojos humedecidos y con la mano sobre la boca, asqueada por el sabor me di media vuelta y salí corriendo de la taberna sin importarme si chocaba contra alguien en el trayecto. Salí hacia el exterior entrecerrando los ojos al sentir el sol chocar directamente a mi cara, necesitaba agua pero mi bidón estaba vacío, pero entonces divisé un pozo entre medio de las personas, sonreí ampliamente y mis pies acelerados me condujeron hacia él.

Llegué, me alegré de ver que tenía agua y mientras movía la cuerda para hacer bajar el balde en su interior y entonces noté que a mi lado había un anciano moreno sentado apoyando su espalda sobre el murallón del pozo, miraba hacia el frente y usaba ropa holgada junto con un turbante en la cabeza.

-Hola, ¿qué tal?-Le saludé por pura cordialidad, no sería educado pasar a su lado sin decirle nada.

-...-

Vi pasar un rodamundos frente a una leve brisa de aire y sin soltar las cuerdas mas no haciendo ningún movimiento para subir el balde con agua me quedé mirando al hombre esperando que dijera algo, suspiré al ver que al parecer no diría absolutamente nada y volví mi vista a las cuerdas para seguir jalando.

-¿Me das un poco de agua jovencita?-

Sonreí al verlo responder y asentí subiendo el balde por completo, abrí mi bolso, saqué un pocillo y lo hundí en el agua para luego entregárselo al anciano el cual bebió sediento.

-Muchas gracias, con la edad se pierde fuerza, tanta que ya no se puede ni subir una cuerda-

Abrí la boca conmocionada, eso explicaría porque estaba ahí inmóvil, al no tener fuerza debía esperar la ayuda de otro.

-No fue nada, ¿necesita algo más?-Pregunté aprovechando de llenar mi bidón con agua, beber un poco para quitarme el mal sabor que me dejó la cerveza y refrescar mi frente.

-Sí, recompensarte de alguna manera - Y mientras yo negaba con la cabeza ante esa oferta el se llevó la mano a la barbilla y preguntó -¿Te gustan las historias?-
Ante esa interrogante no pude mentir, ¡me encantaban las historias!

Dejé el balde con agua en el respaldo del pozo y me senté junto a él para oírlo hablar, comenzó a mover las manos y me contó algo acerca de dos niños que se escaparon y se perdieron en el desierto pero encontraron un oasis, allí vivía una mujer que luego de proporcionarles todo lo que querían se los trató de comer, luego contó acerca de un sultán que estaba enamorado de una mujer que tenía cola de serpiente, de un hombre con cuerpo de escorpión... En total, fueron como tres relatos cortos hasta que como si nada comentó algo que le parecía interesante decir.

-No me sorprendería realmente que existiera en pie todavía los rastros de una antigua civilización de la zona, lástima que según se dice solo hay un mapa hacia dicho lugar y nadie lo ha podido leer, creo que no existe... Ah no, espera, el dueño, el dueño de la tienda de antigüedades, si... él, creo que tiene el mapa, al menos eso dicen...-

-Que interesante, ¿Y cree qué me lo dejaría leer? ¿Y donde está él?-Inquirí un tanto entusiasmada, había viajado desde tan lejos exclusivamente a ver las antiguas civilizaciones y por fin tenía un indicio para encontrarlas.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Kain el Jue Mayo 05, 2011 10:27 am

Perfecto, el calor no disminuía y yo seguía sin agua para beber, mis labios comenzaban a sentirse secos, como si estuviesen echos de piedra, era una señal que me decía que tenia que avanzar y encontrar agua lo mas rápido posible. Una vez de haber dejado la caravana, me dirigí hacia el interior del pueblo, mientras que a mis costados se dejaban notar varios bazares callejeros que la gente tenia, de diferentes artículos, de todo tipo, mas cosas entre ellas como: Libros viejos, joyas, artículos mágicos o amuletos hechizados.

Las personas de alli eran como gitanos, una especie de ellos que nunca antes habia topado. Interesante, era lo que pasaba por mi cabeza, al ver que todas las personas de ese lugar, vestían largas vestimentas que tapaban todo su cuerpo, pero con este calor, me pregunto como lo soportan. Todos usaban colores claros; blanco, azul, verde, entre otros. Yo, por supuesto, resaltaba no solo por mi nobleza, sino por mi vestimenta tan singular entre los aldeanos de ese lugar. Todos ellos tenían una piel oscura y ojos fuertes, con grandes barbas en forma de pico que apuntaban hacia abajo.

Después de estudiar un poco a los habitantes, me di el lujo de curiosear un poco entre los bazares, pero aun no; no, aun no desaparecía esa sed que me mataba, lo que mi garganta reseca pedía a casi a gritos una gota de aquel liquido vital. Parecía que los segundos pasaban lentos, que todo se movía muy lento, estaba teniendo un golpe de calor, no sabia si podría con el, tal vez era momento de descansar.

No, no era momento para detenerse, avance explotando mi resistencia aunque mi estado en el que me encontraba me lo impedía. Mis pies me mataban, hasta el momento en que algo llamo mi atención: Un viejo esquelético, sentado sobre sus rodillas con unos ojos blancos, los cuales miraban a todas partes como si estuviese atento de todo.

Me encontraba a unos metros de el, observándolo, mientras toda la gente pasaba a mi alrededor, no deje de mirarle los ojos, hasta el momento en que su mirada choco con la mía en seco, como si se estuviese dando cuenta de que lo estuviese viendo, era raro esto que sentía, como algún tipo de escalofrió que no cruzaba de arriba para abajo, sino desde mi pecho hasta mi espalda, como si una gran lanza atravesara uno de mis pulmones.

Agite mi cabeza, tratando de deshacerme de los malos pensamientos y de aquel escalofrió, me había asustado un poco, pero aun así opte por acercarme a el.

Una vez que me acerque a el, note que lo que vendía no era del todo valioso, unas cuantas piedras sin valor y amuletos hechos de madera, nada de importancia. -¿Acaso estas al tanto del todo, anciano?- Pregunte, mientras este me ignoraba, al parecer no me escuchaba o en verdad era un cabrón. Con una de sus manos, comenzó a buscar algo con mucha dificultad tanteando entre sus cosas que tenia a la venta, hasta llegar a un extremo de su tapete, tomo algo y lo acerco a el; era una cantimplora. Destapo el envase y lentamente tomo de su preciada agua, como si le costara hacer mucho esfuerzo de levantarla, dejando caer un par de gotas sobre su gran barba.

Una vez satisfecho, dejo la cantimplora en el mismo lugar, y volviendo a la misma posición con la cabeza baja.

-Tch- Me agache y lo mire nuevamente, con la cabeza baja y mi brazo estirado... Tome aquella cantimplora y me reincorpore sin dejarlo de mirar. Era momento de partir. Me aleje de el unos cuantos pasos y sin detenerme, le eche una ultima mirada al viejo y... fue escalofriante, sus ojos... sus ojos blancos me miraban, y aun yo avanzando, sus ojos me seguían a donde quiera que iba. Ignore tal hecho y seguí mi camino. Tome aquella cantimplora, la destape y sin pegar los labios, tome agua, dejando caer en mis labios, desperdiciando de ella dejándola caer al suelo, despreciando el valioso significado del agua por estos lares. Una vez satisfecho de haber tomado agua, limpie el resto de las gotas de mi boca con mi muñeca, seguí caminando y bote sin importancia aquel envase.



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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Dom Mayo 08, 2011 3:32 pm

-Así que… ¿No eres de aquí? –Repitieron la pregunta, tristes por haber creído que él era un habitante del desierto que podría servirles de guía.
-No… Lo siento –repitió como veces antes, con el tono de voz tambaleante, tratando de ocultar su embriaguez. Tomó un nuevo sorbo al vodka, tras una ligera risa de los ancianos, y volvió a cerrar su cantimplora- ¿Por?
El anciano carraspeó y extendió un papiro para que el Divium pudiera verlo. En el papel, se miraban inscripciones escritas con letra extraña, bordeando una y otra vez el mapa, como si fuera un marco para exaltar la belleza de aquella imagen. La imagen… parecía un árbol, un árbol enorme, y de sus centros, aparecía una espada que parecía brillar.
-La Inmeranne. La hoja del diablo. Hemos estado estudiándola por años… Y tras investigar todo, llegamos aquí, al desierto. Si nuestros estudios son correctos… La espada está aquí, enterrada en algún lugar del desierto…
-¿Y… para qué sirve esa espada? –preguntó Jhen, con los ojos bien abiertos y una lucidez imposible. Al fin… la suerte lo había llevado a un buen lugar.
-La Inmeranne… Es un arma de destrucción. Al portador se le otorga el control de un ejército de inmortales, que le son fieles a rajatabla; además de conferirle el poder de las sombras, siendo un ente etereo imposible de ser asesinado. La última vez que esta espada tuvo un dueño… Extinguió la vida de toda Noreth. Si la logramos encontrar… Nos encargaremos de destruirla…

Pero pronto, el anciano quedó en silencio, escuchando unos extrañísimos graznidos provenientes del exterior. Parecían de un ave… de un ave muerta, que chillaba su dolor con cada graznido. Jhen se colgó el arcabuz al hombro y salió pateando la puerta, para darle más emoción al asunto.
Fuera… fuera se había desatado un infierno. Cientos de… “cuervos” estaban revoloteando, ocultando el cielo e infestando el silencio con graznidos que retumbaban en los oídos de todos, como plegarias, como cánticos oscuros.

Y eso no era lo peor; volando mezclado con ellos, habían decenas de Imps, diablillos que revoloteaban y se empeñaban en buscar algo… o alguien. Chillando algo en su lenguaje, incomprensible para los vivos, pero bien estructurado para ellos.
Todos corrían, los niños se incluían al llanto de los “cuervos” y los imps de vez en cuando se juntaban de cinco o seis para elevar a alguien hacia el cielo y dejarlo caer poco más arriba, obviando que no era lo que buscaban.

-¡Que les den! –se descolgó el arcabuz del brazo y lo apoyó contra el suelo, con el cañón mirando al cielo. Destapó un mazo de diamantes y lo vació completamente dentro del cañón, atrancó bien la pólvora con rapidez, y tiró dentro una bala. Lo empuñó, sosteniendo el cañón con su brazo izquierdo, y apoyando la culata en el hombro derecho. Apuntó hacia arriba, la cosa era causar ruido, que les espantara; y si en el mismo tiro lograba matar a alguno, estaría muy bien para él. Raspó el pedernal para prender la mecha, y esperó.

___________________

Bueno… TODOS estamos bajo ataque de Imps :3

Estos son los “cuervos” http://fc03.deviantart.net/fs71/f/2010/017/0/2/imp_by_yty2000.jpg

Y estos los Imp: http://fc04.deviantart.net/fs49/i/2009/198/2/4/Imp_by_VegasMike.jpg

Ahora sólo revolotean y atacan ocasionalmente, en grupos de cinco o seis. No se sabe qué buscan, ni por qué están ahí :3
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Dom Mayo 15, 2011 3:14 am

El intenso sol hacía que entrecerrara los ojos hasta el grado de posicionar ambas manos sobre mi frente para ofrecerme sombra, miré con atención al hombre que abría la boca dispuesto a responder.

Luego de contarme aquellas historias que cuando tuviese un tiempo libre las traspasaría al papel me habló acerca de unas ruinas perdidas en esta zona, que había un mapa que solo un hombre poseía, y yo necesitaba saber quién.

-¿Y?-Inquirí un tanto impaciente al tiempo que otro rodamundos se cruzaba frente a nosotros haciendo gala de nuestro silencio y soledad.

El hombre abrío lentamente la boca y su vista se plantó hacia el cielo, cerré las manos y las alcé a la altura de mis hombros agitándolas con impaciencia mientras abría ampliamente los ojos.

Pero en vez de darme alguna respuesta sus ojos se distendieron de la sorpresa y comenzó a gritar aterrado haciendo que me sobresaltase y apoyara mis manos sobre sus hombros tratando de calmarle.

-¿Qué ocurre? ¿qué sucede? ¿señor? ¿¡señor!? ¡responda!-Exclamé hasta que vi una sombra larga pasar sobre nosotros, entonces levanté la vista y los vi. Centenares de aves negras similares a un cuervo cubrieron de oscuridad el cielo acompañadas de los gritos de los habitantes, pestañeé desconcertada, tratando de entender lo que suecedía hasta que me vi obligada a llevarme las manos a los oídos y gritar por lo bajo, aquellas criaturas soltaban un chillido horrible, cerré los ojos y cuándo los entreabrí tuve que soltar las manos de mis oídos y buscar con la vista al señor... él... ¡Había desaparecido!

-A dónde... a dónde... ¿se fue?... -Pregunté al aire negándo con la cabeza -maldigo mi habilidad de perder a la gente...-Susurré hasta que vi una sombra frente a mí, alcé el rostro y mis ojos se movieron hacia atrás seguido de mi cuello.

-Señor.. es... es... ¿es ustedes? ¿verdad, verdad?-

Pero no lo era. Mi voz se silenció al ver a una criatura de grandes alas membranosas, cuernos largos, garras y cuerpo de color rojo, mirada diabólica... eran los comúnmente conocidos como demonios, había leído sobre ellos... mas nada que me sirviera para enfrentarlos, pero la sorpresa me asaltó aún más al ver que en su entrebrazo cargaba al anciano del turbante.

-¡No!, ¡Déjale!-

La criatura me ignoró y se alzó al vuelo y luego de alcanzar una altura considerable soltó al viejo sin mas el cuál al caer traspasó uno de los delgados techos de aquellas viviendas... pero... no pude hacer nada para detener su caída.

-¡Maldito!-Exclamé con los ojos brillosos por las lágrimas vecinas al tiempo que quitaba de mi espalda mi báculo y lo sostenía con ambas manos apúntando al demonio.

-Veamos como te va... ¡el fuego!-Grité mientras cerraba los ojos y trataba de canalizar mi energía en la punta redonda y roja de mi báculo la cual adquirió un color más intenso, logrando liberar una bola de fuego de tamaño promedio que salió disparada hacia la criatura provocando que yo cayera de espaldas tanto por la intensidad del disparo como mi agotamiento mágico.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Sáb Mayo 28, 2011 5:11 pm

Era un apocalipsis improvisado. Imps buscando formar revueltas, cuervos de Larghe –fetos humanos convertidos en criaturas atormentadas mediante una exposición a los heisers de mana-. Todo era una destrucción, todo era caos y gritos, muchos gritos. Los niños se tiraban al suelo pese a que la arena estuviera ardiendo; las mujeres corrían, tratando de salvar a los recién nacidos o bien salvarse a sí mismas; la mayoría de los hombres, con palas o palos, trataban de ahuyentar a los pequeños demonios.

El disparo de Jhen abrió un hueco entre el nuevo cielo oscuro, completamente redondo, dejando ver el sol una vez más. Pero pronto fue cerrado de nueva cuenta, por más imps ansiosos de revueltas y gritos.

Por otra parte, una señorita lanzó una bola de fuego contra un grupo de demonios que habían logrado alzar a un anciano y ahora lo soltaban desde metros de altura. La bola dio de lleno en uno de ellos, calcinándolo de inmediato.
Pronto, más siguieron su ejemplo: Algunos invocando ráfagas de aire que hacía chocar a los demonios entre sí, otros soltando un aliento gélido que los convertía en hielo en un instante y los dejaba tirados al suelo; algunos más, como Jhen, tiraban balas hacia el cielo, tratando de asustar a los demonios.

Era una defensa improvisada, demasiado improvisada. Además, ineficiente; por muchos hechiceros y cazadores que hubiera, el número de demonios era aún mayor, y cada que uno caía, aparecían dos o tres para reponer su lugar.

Jhen dio un trago a su vodka y se relamió los labios. Su interés nunca había sido ser un líder, y no lo sería ahora; pero sí podía pasar por un revoltoso sin problemas:
-Que los magos sigan hasta el cansancio; los tiradores disparen sin parar; los que no hacen nada, cuiden a los niños y protejan las casas ¡Let’s Rock!

Pero su grito de guerra fue interrumpido por un incómodo silencio. Los cuervos de Larghe dejaron de chillar y los imps parecieron quedar inmóviles.
A pasos tranquilos, caminando por la arena, se veía avanzar a un humanoide con cuernos, y chaqueta de cuero. El rostro todo cubierto, y la piel de un tono demasiado pálido para ser humano.
Andaba con una mano alzada, en plan de “deténganse”. Y la tranquilidad ilusoria de sus movimientos dejaba en claro que era el líder de aquella revuelta.
-Si me dan al señor Louise y sus ayudantes, les dejaré sin problemas. En caso contrario, los mataré a todos, y me llevaré igualmente al señor.

________________________

El Señor Louise y sus ayudantes son los investigadores a los que ayudaba Jhen. Ahora mismo, o puedes tratar de atacar, o acercarte a Jhen, o seguir a lo tuyo. Como gustes.

Por cierto, el citado señor: http://fc08.deviantart.net/fs71/f/2010/319/5/3/53fa51b75f55abd88344d436ad6b4416-d32x2kx.jpg
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Mar Mayo 31, 2011 7:38 am

Los gritos, la desesperación, la inquietud de cada uno de los ciudadanos se sentía latente en el ambiente, envolvía cada rincón del lugar, porque aquel que daba la espalda podía ser atacado por alguna de esas criaturas demoníacas mas si lo enfrentabas de frente podía resultar peor, ¿qué era lo qué sucedía?, o más bien, ¿por qué?, ¿qué había hecho esta gente para ser atacada de esta manera?... no, aunque hubiese un motivo aquel infierno era injustificable, pero... ¿cómo?... Traté de levantarme apoyando una mano contra la tierra y empujando mi cuerpo hacia adelante, apoyé mi báculo contra la arena con firmeza al tiempo que alzaba el mentón para ver mejor lo que ocurría.

Era desastroso.

Si bien mi hechizo había resultado eficiente no servía de nada cuando venían más y más de esas criaturas, me mordí el labio inferior preocupada por el señor que habían lanzado desde el cielo al techo de una vivienda y apreté mi báculo con férrea firmeza viendo como los niños trataban frenéticamente de escapar. Era horrible, yo no estaba preparada para afrontar algo así, desde que salí de casa lo único que mi mente ha imaginado ha sido hermosos paisajes, lugares fantásticos e increíbles para conocer, pero no el dolor ni el miedo de ser atacado.

Suspiré, no me quedaba poder mágico suficiente para efectuar otro hechizo, debía buscar la forma de socorrerme a mi misma, vi varios hechiceros y guerreros que trataban en vano de escarmentar a esta oleada de imp, entonces giré mi cuerpo de golpe al escuchar unas palabras de aliento, vi entonces a un hombre de grandes alas blancas que portaba un extraña arma que jamás tuve la oportunidad de presenciar... hasta ahora, esa arma hacía mucho ruido cuando disparaba algo hacia el cielo, ¿sería magia? ¿un nuevo modelo de báculo?, quizás, pero no era lo más importante ahora.

-¡Hey! -Exclamé acercándome hacia él -¡Usted!... ¿sabe por qué esta sucediendo esto?... ¿es acaso habi...-Pregunté pero mi voz quedó cortada en el aire, y como si la atmósfera que nos rodeara se paralizara las criaturas se detuvieron, los cuernos graznaban, los imp observaban, aguardando... y una figura emergió, avanzando, con tranquilidad, visualizándose cada vez más.

Era un hombre, pero uno bastante singular, tenía cuernos, piel bastante clara, pero lo que realmente llamó mi atención fueron sus palabras.

-¿¡Qué!? ¿tu eres el causante de esto? ¿qué no tienes consideración por los niños, las personas inocentes? ¿cómo puedes ser tan desconsiderado al atacar así a gente que no te ha hecho nada?-Exclamé sin pensar. Tarde, ya no me podía arrepentir de lo dicho, alcé mi báculo y lo miré amenazante aunque no tenía ni la más retoma idea de qué hacer.

-¿No crees qué ya has hecho suficiente daño?, ni idea quién es el señor Luise, pero a él no te lo llevas... ¡No!-

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