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La Hoja del Diablo

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Jue Jun 02, 2011 12:10 am

Le sorprendió que alguien le hablara; lo normal era que nadie le prestara ni atención. Pero no quiso inquietar el silencio que el demonio había implantado en el ambiente. Bajó el arma, y giró la cabeza… El señor Louise, era obviamente aquel que acababa de ayudar ¿Por qué le querían…?

La chica sí que se había atrevido a cortar aquel silencio. Y el demonio, que no andaba con simples palabras, se giró a mirarla y se acercó un par de pasos a ella, sin estar demasiado cerca. La re-miró de pies a cabeza, y fijó su vista en sus ojos.
-¿Qué no me han hecho nada? ¡Já! Sus antepasados, sus abuelos… ¡yo qué sé! Su sangre me quitó mi casta. ¡Ellos eliminaron a todos los de mi raza!

Bajó la mano y señaló a la joven, aún clavando su mirada en los ojos de ella. Estaba lleno de ira, y ahora más que hace un minuto, estaba seguro: Los iba a matar a todos.
-Ellos cazaron a los de mi especie ¿No tengo derecho a cazarlos yo? ¡Además, les estoy dando la oportunidad de salvarse si me entregan al señor Louise! …atáquenla.

La reacción fue inmediata: Apenas acabó de hablar, una horda de cuervos se abalanzaron sobre ella, con el pico bien abierto… y por fin, mostrando su parte hostil. De los picos, de la boca abierta, les salía una lengua que parecía tener vida propia, y que trataba de abalanzarse sobre la joven para devorarla.

-Hechiceros ¡La pared!
Surgió un grito desde la multitud que había permanecido callada. Una muchacha, de al menos 30 años, se había adelantado a todos, y mantenía una mano pegada al suelo y los ojos bien abiertos, mirando un punto muerto entre los cuervos y Sahian.
Detrás de ella, dos horigues con cuerpos similares a una rana, le imitaron pegando sus patas palmeadas a la arena; y un anciano más, un elfo, pegó ambas manos al suelo, cerrando los ojos. El cuerpo del anciano emanó luz propia, tan blanca como el cielo mismo. Y de esta luz, se vieron beneficiados los tres hechiceros. Y por fin, antes de que los cuervos atacaran a la chica, una burbuja de lava pura la cubrió, calcinando a todos los cuervos que se habían lanzado en su ataque.

Pero el efecto poco había durado, y el escudo que la había cubierto, desapareció para dejarla libre ante un nuevo ataque.
-¡Que la maten…!
-Para tus ataques.

Alzó la mano, deteniendo todo movimiento y chillido, y se giró hacia donde estaba Jhen, mirando justo a sus espaldas.
Ahí, un anciano con gran barba, bigote y largos cabellos, surgió de la choza en que estaba Jhen. Era el mismo que había ayudado, y al parecer, era el señor Louise.
-Iremos contigo.

Detrás de él, otro anciano y dos muchachitas, caminaban con la cabeza baja.


____________________________________________________


El equipo: Sr. Louise: http://img80.imageshack.us/img80/9461/snapshot20081203155913hr4.jpg

Sr. Andhe: http://illiweb.com/fa/pbucket.gif

la señorita Marvellouse :3 http://www.foroswebgratis.com/fotos/2/2/8/8/1//860685anime_girl_97.jpg

Y Kathy: http://farm4.static.flickr.com/3034/2481445012_b510000bb0.jpg
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Vie Jun 03, 2011 11:29 pm

Me asusté.
Verdaderamente me asusté, y es que ellos eran muchos, y parecían muy fuertes y yo... ¡yo con suerte solo había podido contra uno!, además que ya no me sentía preparada para efectuar otro hechizo.

-Pero...-

Susurré algo más cohibida luego de haberlo escuchado, dijo que sus antepasados atacaron a los suyos, les dieron caza, o al menos, eso entendí.

-Pero eso fue en el pasado, ellos, ellos no son los mismos, quizás no tienen nada que ver... porque mejor no lo conversan con calma, sentados, con una taza de té... y... ¡ahhhh!-

Mis palabras se vieron cortadas y reemplazadas por un grito de terror ante su mandato de ataque y no hice más que cubrir mi rostro con mis brazos temerosa de la muerte, el sol brillaba en lo alto, intenso, caluroso, una gota de sudor corrió por mi frente y entonces percibí que hacía más calor, miré de reojo haciendo un espacio entre mis brazos y cual fue mi sorpresa al verme invadida por una burbuja roja y latente de lava, mi respiración se detuvo de la sorpresa y tuvieron que pasar segundos para que cayera en la cuenta que se trataba de un hechizo de defensa.

Y cuando el hechizo se disipó tomé mi báculo dispuesta a defenderme por mi misma puesto que seguramente la batalla no quedaba ahí, pero una voz, la del "famoso" señor Louise interrumpió cualquier otro ataque consecutivo.

Se iba a entregar, junto con sus compañeros... un grupo bastante disparejo a decir verdad, dos muchachas, dos ancianos, ¿quiénes eran?, noté que hubo miradas hacia el alado, ¿se conocían todos desde antes?

Mi rostro mostró preocupación y miré al dueño de los imp y de los cuervos con seriedad.

-¿Qué les harás?, si es algo malo... haciéndoles algo malo no cambiarás nada...-

Y no dije nada más, bajé la vista y suspiré, no podía hacer nada al respecto, era... débil, y eso me daba mucho coraje.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Miér Jun 15, 2011 1:27 am

-¡Ella tiene razón! –replicó un aldeano alzando su brazo y su puño- Nosotros no hicimos nada, no fuimos nosotros. Fueron nuestros antepasados.
-Sí ¡fueron ellos!
-Eso ¡nosotros no tenemos la culpa!

Un barullo causado por todo el pueblo se dejó escuchar, todos apoyando a la señorita y en contra del demonio que se había dejado ver frente a todos. Este sonrió mientras hacía surgir del suelo cuatro pares de manos de la arena, que tomaron las piernas del grupo del anciano y los hizo caminar hacia el demonio, y que siguieran más adelante aún.
-La culpa sigue corriendo en su sangre. Es su culpa.

Y soltó una risita irónica, caminando también al lado del anciano. El ruido de los cuervos de Larghe volvió a escucharse, ahora más fuerte y sin nada que los detuviera, y los pequeños imp volvieron a volar… Pero ahora posaron sus patas en el suelo, tomando el territorio para ellos únicamente. Ninguno sobrepasaba los cuarenta centímetros, pero con sus garras lograban herir a varios de los aldeanos quienes empezaron a contra atacar a los enemigos. Era un ejército improvisado, y entre tanto alboroto la gente se puso histérica.

Era lo peor que se había visto en esas tierras desde hace siglos… cuando las personas del desierto comenzaron la cacería de diablos “El Día de Zhibhon”. Así que la historia del demonio era cierta.

Jhen trató de perseguir a los ancianos, pero las manos que los ataban al suelo pronto se convirtieron en grandes cuerpos que los transportaron de una manera más rápida que sus propias piernas. Además, se vio rodeado por varios imps que trataron de atacarlo.
El borracho los miró algo mareado, el calor le estaba friendo los sesos y se comenzaba a marear; pero no podía darse por vencido.
-¡Tenemos que defender a todos! –gritó tratando de hacerse el importante- ¡Detengan al demonio, no permitan que se lleve al anciano!

Pero nadie le hizo caso, todos estaban demasiado ocupados en defenderse a sí mismos. Se colgó el arcabuz al brazo y se desató los tomahawk de sus piernas; los giró una vez sobre sus manos y se agachó un poco para poder alcanzar a los pequeños imps. Atacó, tratando de abrirse camino hasta alcanzar a la muchacha que poco antes había alzado la voz.

Una vez hasta con ella, le señaló el rumbo que habían tomado los ancianos.
-¿Me ayudas? No dejaré que se lleven a ese anciano, además… ese viejo sabe mucho más de lo que aparenta.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Mar Jun 28, 2011 4:07 am

No entiendo el resentimiento de la gente, ¿por qué guardar rencor ante cosas que pasaron hace ya tanto tiempo?, principalmente cuando los acusados ni siquiera eran los responsables, si no sus antepasados, era muy injusto.

-Es injusto - Comenté diciendo lo que pensaba mientras sostenía con fuerza mi báculo para darme valor, actitud que necesitaba más que nunca para enfrentar esta situación, aquel hombre parecía un demonio con aquellos cuernos sobresaliendo de su cabello, ¿tendría algo que ver con las tinieblas?, probablemente su actitud si, desconocía quien era, pero bastaba con conocer sus motivos, ver la atrocidad que estaba causando en el poblado como para odiarle.

-"Y pensar que lo único que quería era ver las ruinas misteriosas del desierto... por todos los dioses, ¿es qué acaso exigí demasiado?"- Me pregunté suspirando y moviendo la cabeza con pasividad de izquierda a derecha, el sol seguía abrigándonos con intensidad e incomodando nuestros pensamientos, pero mi decisión ya estaba firmada, probablemente muy poco pudiese hacer contra ellos, pero no me perdonaría jamás si me quedara de brazos cruzados viendo como eran juzgados personas inocentes.

Los imp comenzaron a atacar, el caos regresaba a la zona como una marea peligrosa, tuve que golpear a uno en la cabeza con el báculo y no evité soltar un absurdo "perdón" y es que yo no sabía luchar, ese golpe solo fue sin querer, entonces escucho una voz que habla en mi dirección, miré al hombre con alas con fijeza y asentí rápidamente a sus palabras.


-Desconozco lo que pueda saber, pero sé que es inocente, y eso es motivo suficiente para ayudarle... por cierto, ¿cómo te llamas?, yo me llamo Sahian... sé que no es la situación correcta para presentarse pero... no soy de viajar con desconocidos como usted entenderá...Bien. Vamos, a ellos.-
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Dom Jul 10, 2011 1:11 am

-Jhen –dijo, mientras se volvía a colgar los tomahawk y extendía las alas una y otra vez para crear una pequeña corriente de aire que elevara la tierra… Esperando que esa pequeña pared los defendiera de algunos imps.- Moran. Ahora, corre antes de que lo perdamos.

Pero antes de que se lograran ir, algo tomó el hombro de la señorita Sahian con fuerza y le hizo girar y volver a golpear por instinto, aunque de forma muy débil.
Lo que había tomado su hombro e interceptado su bastón, era la mujer que lideraba a los magos que hace poco habían conjurado aquel hechizo.
-No lo pierdan. El señor Louise es la llave para las ruinas, sólo él sabe como abrirlas. –Miró a uno de los horigues, el sapo más enano de los dos, y le indicó con la cabeza que fuera con ellos.- Nosotros detendremos la pelea aquí, ustedes vayan por el señor. No permitan que las ruinas se abran.
-Iré con ustedes –dijo el sapo-, soy Mikh. Hechicero del gremio Cueroverde.

Jhen, mientras tanto, había estado siguiendo con la mirada al extraño grupo, y sólo logró darse cuenta de una cosa: Los había perdido. Y su primera reacción fue hacerlo presente:
-Es lindo que compartamos nuestras vidas, pero… si no quieres que se nos adelanten, deberíamos habernos ido hace… un muy buen tiempo. Ya no los veo.
-Van al noreste –dijo el sapo con los ojos cerrados y alzando una pata.- Uno de sus acompañantes es del Cueroverde, pero no podrá hacer nada solo.

Tenían la ubicación, o al menos la dirección, tenían un objetivo y un camino… Pero no en qué moverse. El modo en que los había hecho andar era demasiado rápido para alcanzarlos a pie, y con todos los cuervos en el cielo, era imposible alzar el vuelo, además de que…
-¡Úsenlo! –gritó un hombre cargando un cuchillo de cocina, que justo acababa de cortar la soga de una balsa de arena. Sonrió y volvió a girarse para apuñalar a un imp justo en el cogote.

Jhen, sorprendido por la calma que tenían algunas personas en medio de ese apocalipsis, y por la destrucción y… bueno, más sorprendido por la extensión de ese tal gremio… Cueroverde.
-¿Nos vamos?

________________________

La balsa de arena es un pequeño barco que se mueve por velas. como característica principal: porta una balista y tres arpones. Lo demás, a tu elección :3

Me estaba olvidando del señor sapo: http://fc09.deviantart.net/fs70/f/2010/293/c/7/frogman_by_gembicki-d316b0o.jpg
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Dom Jul 10, 2011 5:14 am

Entrecerré los ojos al tiempo que sentí la brisa de aire generada por sus alas, no era que me molestara el viento, en realidad, en un clima tan árido y extremedamente caluroso como este era agradable sentir la brisa, pero el problema es que salpicaba arena y eso si era incómodo sentirlo contra el rostro.

-Sip-Mencioné asintiendo mientras me llevaba un brazo contra el rostro y me disponía a avanzar, no había tiempo para conversaciones banales aunque sentía curiosidad de saber más cosas de... de... Jhon... Jhan... Jhen, si, Jhen, Jhen era su nombre... creo, porque se sentía raro trabajar junto con alguien sin siquiera saber su color favorito o su motivo de estar en este lugar, además, ¿quién era él?, ¿a qué se dedicaría?, ¿qué tal si era un asesino?, ¿o un bandido?, ¿¡o quizás un traficante de esclavos!?, en realidad podía ser cualquier cosa, eso yo no lo sabía, lo único que me hacía estar junto a él era que luchábamos por una causa en común, rescatar a alguien... a alguien que tampoco conocía. Vaya.

Luego de terminar ese debate interno acerca de los desconocidos, otro desco... otro sujeto detiene mi andar, me giré al sentir un mano contra mi hombro, por puro instinto me sobresalté dando un brinco y al girarme con el bastón no evité darle un golpecito en la cabeza, suspiré y relaje los hombros y las manos cuando finalmente me di cuenta que no era un enemigo pero... -¡Lo siento!-Exclamé moviendo las manos aunque a ella no parecía afectarle, y claro, tratábamos un tema mucho más importante, y con todo este caos me imagino que era comprensible mi reacción.

-Agradezco mucho su ayuda, nos será muy útil pero... ¿me puede informar a qué ruinas hacen mención?, siendo completamente sincera todavía no me entero de absolutamente... nada. Pero en fin Jhen tiene razón, ahora hay que darnos prisa, en el camino nos podría ir actualizandome de lo que sucede... si fuera tan amable-Dije en dirección al señor Mikh al tiempo que miraba sorprendida aquel barco de arena.

-Muchas gracias buena gente - Mencioné curiosamente contenta y emocionada para luego mirar a Jhen y asentir - Si, vamos, vamos... que increíble, jamás he viajado en uno de estos -Comenté alegre avanzando hacia al barco, una vez arriba me puse a ver lo que había adentro y fuera, portaba una especie de arpones, con eso hasta podríamos atacar al secuestrador.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Lun Jul 25, 2011 2:11 am

-Las ruina de Etruria, la ciudad de los demonios ¡Ahora lárguense!
Grito el que parecía ser el líder de aquel destacamento de mercenarios. El sapo sin rechistar nada, y a base de saltos se acopló hasta estar dentro de la balsa, sintiéndose agradecido de que sus patas por fin tocaran otra cosa que no fuera la arena hirviente del desierto. Sólo se movió para despedirse del otro sapo que se encontraba ahí cerca.
-Volveré por ti, cariño –Le dijo.

El siguiente en subir fue Jhen, aunque antes de él, arrojó el arcabuz dentro para que no le pesara más; era conocida la poca resistencia de los de su raza, y portar con él por mucho tiempo sólo lograba dislocarle el hombro, que ahora mismo ya estaba doliéndole. Al caer el arma, alzó un polvo fino, pero ninguna explosión; en todo ese embrollo había sido incapaz de volverlo a cargar.
Se echó a correr dentro de la balsa, contrayendo las alas lo más que pudo, para evitar que la arena se alojara en ellas y las hiciera pesadas, además de molestas.

-¿Sapo, puedes desamarrar la vela? –le preguntó, más bien en orden, mientras señalaba el único palo que soportaba la única vela. Esperaba que fuera lo suficientemente rápida para alcanzarlos, y también esperaba poder controlarla. Los coyotes de tierra, como llamaban a los piratas de arena, decían que un perro de agua era incapaz de controlar una barca en la arena, además de sortear los peligros que en ella había. Pero debía hacer un esfuerzo, debía. Algo le instaba, algo le aseguraba que ahí habría algo más que diversión; que su futuro se iba a empezar a escribir ahí mismo.

La balsa empezó a moverse en cuanto el sapo cortó la soga que le habían indicado, con un “latigazo” de su lengua. Jhen, al haber rodeado la pequeña “cabina”, apenas podía ver nada, así que no adivinaba si la mujer estaba ya arriba o la habían dejado. Igual, dio órdenes para todos:
-¡Sapo, dame direcciones! –Se aferró al mástil, que era lo único que tenía para poder controlar la balsa, y siguió gritando:- ¡Pelirroja, tú manejas la balista!


Atrás quedaba el antiguo pueblo, siendo carcomido por los imps y los cuervos de large. Mikh sabía que era imposible que sobrevivieran, que el pueblo pudiera seguir en pie, pero no dijo nada. Sólo lagrimeó, en homenaje a su pareja.
-Fija la dirección, más al este. Se alejan demasiado, casi no siento a Andhe… ¿Podemos apresurar el paso?

Jhen actuó como todo un pirata: Destapó su vodka y tragó cuanto pudo en un solo sorbo, para luego aferrarse con ambas manos al timón y tratar de mantenerlo con fuerza.
-¡No mentían, es increíblemente difícil seguir un camino! ¡Pero escuchen perros, lograremos esto!


_____________________

http://www.youtube.com/watch?v=GCZwbK1IHm0

No llevamos el barco principal, llevamos una de las balsas que le acompañan. Obviamente, aqui vamos solos, y no sale ese coso gigante, pero sí los pequeños peces, que nos darán problemas.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Lun Ago 08, 2011 8:17 pm

-Me llamo Sahian...-Dije algo molesta de que usara un mote para referirse a mi siendo que me había presentado con anterioridad.
Hice una mueca de reproche para de todos modos hacer lo que me decía -Está bien, yo me encargo de la balista...-Murmuré poniendo los ojos en blanco hasta caminar hacia ella, una sonrisa nerviosa se curvó en mis labios al caer en la cuenta que no tenía ni la más mínima idea de como manejar dicho artefacto, pero no quería decepcionar a nadie así que me quedé en silencio, sin rechistar, pero cruzando los dedos para que no tuviéramos que dispararle a nada.

-Por lo visto has manejado antes estos barcos -Comenté hacia Jhen que parecía estar en su salsa dando ordenes de aquí allá como si esto fuera parte de su oficio, aunque siempre cabía la posibilidad que solo fuera un mandón y ahora estaba improvisando... Mm, esperemos que sea lo primero.

Me pregunté sobre el destino ominosos del poblado... y era una lástima que nada pudiéramos hacer para ayudarles a ellos, aunque parecían defenderse bastante bien, pero no sería suficiente, y ellos lo sabrían, la única garantía de que salieran con vida era que escaparan, ojalá pudieran hacerlo. No miré hacia atrás, una antigua leyenda decía que aquellos que lo hacían convertían su futuro en piedra al remover tanta tierra del pasado.

Mas, no evité mirar a los costados, oh, ¡que maravilla!, eran pececitos que saltaban de la arena como si estuvieran nadando... ok, también era raro, ¿qué clase de criaturas serían?, ¿y abrían tiburones de arena? Si bien era preocupante aquello último no iba a negar que me sentía fascinada por el viaje, ¡esto era algo digno de escribirse!, no todos los de tierras lejanas tienen la oportunidad de navegar en un barco de arena, que por lo visto era más complejo de conducir, la arena salpicaba a los costados como si se tratara de olas mientras el barco se desplazaba como un trineo y la brisa cálida chocaba directo al rostro.

-¿Vamos por buen camino? –Pregunté a quien era “nuestro mapa” -Espero que lleguemos pronto a la ciudad de los demonios, Etruria... y espero también que de demoniaco solo tenga el nombre...-

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Vie Dic 09, 2011 11:20 pm

La balsa era mucho menor a lo que un barco podría llegar a serlo, y para Jhen, eso hizo que se le complicara poder mantener el rumbo –sumándole que cada tanto le daba un trago a su petaca de vodka, hasta dejarla con menos de unas gotas para el final del día-, más de una vez parecía volcar la balsa, pues el viento y su mal manejo le hacían inclinarla de una manera desproporcionada, haciendo que el costado en turno rayara contra el suelo y de un golpe, los regresara a una buena posición; había que sumarle también el hecho de que el barco, al ir abriendo la arena, arrojaba granos hacia atrás; granos tan finos y molestos que en varias oportunidades Moran cerró los ojos y dejó los brazos lo más firmes posible que pudiera, tratando de controlar con suerte y azar el rumbo de su embarcación. Vaya si era difícil y diferente manejar una de estas cosas, por más pequeña que esta fuese.

-He navegado toda mi vida encima de barcos que acostumbran ir por el agua, Sahian –dijo, remarcando su nombre al hacerle una pronunciación con la voz de la chica, cosa posible gracias a su gran manejo de voces; sólo para jugar un poco, y por el alcohol que a esta temprana hora ya llevaba en las venas-. Pero nunca había puesto mis manos sobre el timón de uno de estos.
Cada tanto, entre palabra y palabra, se veía obligado a soltar un ligero y disimulado eructo, o bien trastabillaba y confundía palabras por otras. Realmente había pensado en dejar de beber, pero así era como su padre adoptivo le había enseñado a vivir, y así era como quería estar hasta que su vida acabase.

-Más al este capitán –casi gritó el sapo ante la pregunta de la chica; su mente estaba absorta pensando en su mujer y en el viejo. Esta había sido una de las pocas veces que le habían permitido compartir la misión con su mujer, y… esperaba que no fuera la última, aunque su mente le decía que la ciudad acabaría en llamas y pintada de sangre humana, y de alguna hermosa rana-… Los siento cada vez más cerca, pararon en algún sitio…

Para la suerte de la muchacha, no hubo que usar la balista para nada; aunque Jhen pensó que aquello era una lástima, pues quería ver cómo funcionaba, además de que si anclaba en algo, sería interesante ver cómo reaccionaba la balsa… Si se partiría al medio, o si sería tirada por lo que anclara. Sobra decirlo, pero hay que remarcarlo: Su salud mental estaba empezando a dañarse por culpa del vodka diario que pasaba por su hígado y que afectaba directamente su cordura, y su cabeza con los dolores matutinos.
-¡Vos mandas! –le respondió, dando una rápida e inesperada vuelta al timón, haciendo que la balsa rosara nuevamente el suelo por el costado, y que gracias a una duna que había alzado el doble que las otras, prácticamente volase por unos segundos… Pero que cayera en seco sobre la arena los trajo de vuelta a la vida. Eso era muy distinto a cuando un barco sorteaba una ola, y aunque al inicio lo creyó una buena idea, fue el primero en quejarse, riéndose mientras preguntaba “quién tuvo la brillante idea de dejar a un borracho al mando”.

Menos de una hora después, el viento amainó un poco, haciendo que fueran más despacio. Sin embargo, el sapo sentía la presencia del miembro del cueroverde más cerca cada vez. Lo comunicaba con repetición, cada diez minutos como reloj; puntual y sin fallas. Pero una vez, la última, en lugar de anunciar que estaban extremadamente cerca de su compañero, lanzó un ancla por el borde derecho y otra por el izquierdo, parando el barco en seco frente a una cadena de cañones que se abrían desde lo alto, rebelando para ellos sólo el fondo de los mismos. La vela se desprendió del barco y el palo prácticamente hizo romper la balsa por la mitad, además de que la inercia hizo estragos en ellos: Jhen se impactó de lleno contra el timón, rompiendo la parte superior de este y terminando sobre el suelo; el sapo había salido disparado fuera de la balsa, detenido por una duna de arena hierviendo. Y la muchacha, con más suerte que los barones, únicamente había sufrido un chichón en su cabeza al impactar esta contra una tabla forrada en pieles suaves y cueros, que hacía las veces de soporte para la balista.

-Estás… ¡¿Loco?!
Pero, aun con el dolor y sabiendo que su idea había sido pésima, el sapo se llevó los dedos al labio, anunciando que debían de guardar el mayor silencio.
Frente a ellos, en una de las grietas que se abría en la pared de roca –que realmente era el fondo de un cañón- había una gran cantidad de pilares tumbados a izquierda y derecha; todos ellos con grabados en una lengua extraña que ninguno de los tres conocía. Al fondo del cañón se encontraba una única edificación, bien conservada y aún en pie, aunque con claros indicios de antigüedad. Su puerta –de roca sólida- parecía del todo cerrada, sin embargo, al acercarse y examinarla de manera más exhaustiva, podía mirarse que la parte inferior de esta había sido tirada a golpes, permitiendo así la entrada si se arrastraban por el suelo.


-¿Están ahí dentro? –sin esperar respuesta buscó por el suelo su arcabuz, lo cargó con uno de los frasquitos de su cintura y depositó dentro del cañón metálico una esfera de plomo semi-redonda. Se cargó el mismo al hombro y de su cintura se desamarró uno de los tomahawk. Extendió sus alas y voló un poco para bajar del barco, y una vez tocando la arena, se adelantó hacia la entrada.
-Tenemos que detener a ese loco…

Sin embargo, antes de entrar, algo llamaría la atención de todos: Con sangre fresca, dibujado sobre la puerta de madera, se observaba un círculo mágico y unas palabras en lengua antigua: “sepulcro resurgere a mortuis”.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Sáb Dic 10, 2011 12:27 am

No estaba con ánimos dispuestos para aceptar sarcasmos pero tampoco tenía el entusiasmo necesario para iniciar una discusión que realmente no tenía sentido, el hecho que imitará mi tono para pronunciar mi nombre me tuvo sin cuidado aunque no pude evitar alzar las cejas y echarle una mirada interrogante frente al hecho de que Jhen no había manejado jamás un barco de este tipo. Mar y arena, ambos igual de peligrosos pero profundamente diferentes, o al menos eso imaginaba, de todos modos no teníamos otra alternativa que continuar y aceptar los designios que los Dioses tenían para nosotros.

El sol impactaba profundamente sobre todos los mortales del desierto ahorrándose cualquier compasión para nosotros, el barco se tambaleaba de vez en cuando pero luego seguía su curso normal en línea recta, mis ojos estaban concentrados en observar el panorama que por el momento no nos traía sorpresas, pero eso era lo peor, porque nosotros buscábamos a los culpables y a este paso quizás no llegáramos a tiempo, mis ojos rodaron hasta centrarse en el hombre sapo, este decía que estábamos cerca, que al parecer se habían detenido para algo… perfecto, quizás después de todo si pudiéramos alcanzarlos a tiempo. Ahora solo teníamos que procurar que todo marchara en orden y ningún imprevisto se nos considerará como una demora. Junté mis manos asintiendo, concentrada en no echar nada a perder aunque no fue necesario, y es que con un brusco movimiento Jhen logró que el barco chocara con una duna demasiado grande y se elevara dando la sensación de que nos íbamos a caer, lo primero que hice fue agarrarme al costado de la embarcación con los ojos distendidos de la sorpresa pero mirando mal a Jhen el cual realmente tenía pinta de estar demasiado bebido. Esperaba realmente que fuera el último de todos los imprevistos, más aún cuando el hombre sapo no dejaba de proferir que estábamos próximos a encontrarlos, sus palabras solo hacían que me pusiera más nerviosa y a cada rato mirara a mi alrededor como si aquella marea de demonios volviese a aparecer.

Sería entonces que las cosas se complicarían aún más cuando en un rápido e inusitado movimiento de parte del sapo el barco se detendría bruscamente quebrando la balsa a la mitad y viendo como la vela se escapaba del palo y se alejaba abrazada por la poca brisa que aún persistía en el desierto solo alcancé a gritar al tiempo que fui empujada por el brusco movimiento contra un cúmulo de pieles de cuero logrando darme un golpe en la cabeza.

-¡Auuch!, duele…-Me quejé llevándome ambas manos contra la frente con los ojos llorosos, ¡dolía mucho!, aunque a decir verdad si comparaba mi suerte con la de los demás había terminado de ser la más beneficiada.

El sapo nos ordenó guardar silencio y eso hice, frotándome la frente asumiendo que pronto tendría un tremendo chillón sobre esa zona que tendría que ocultar con el flequillo de mi cabello si es que no quería parecer innalí con ese punto rojo en él. Me levanté con cierta torpeza, hasta avanzar y detenerme con calma para admirar el motivo del por qué nos había detenido de esa manera y fue cosa de ver aquel gigantesco cañón que se abría gigantesco bajo la arena para comprender que el chillón me había salido gratis.

-¿Qué son esos signos?-Inquirí con voz baja bajando del barco para caminar hacia aquellos pilares con dibujos simbólicos de una lengua desconocida y perturbadora que se refugiaban entre las rocas que daban paso a la profundidad del cañón. Me acerqué a uno de ellos, tocándolos con las manos con curiosidad, esperando a que algo sucediese pero nada pasó, fue entonces que acercándome un poco más contemplé que bajo aquel abismo se situaba una misteriosa construcción donde se destacaba un gran portón de madera. No esperé a que me lo indicaran para arrimarme a las piedras y comenzar a descender lentamente hacia aquella vivienda, mi osadía podría salirme cara pero la curiosidad siempre resultaba más fuerte, no obstante me detuve de golpe frente a la morada contemplándola de arriba abajo sin disimulo bajando la vista y centrándola de lleno en la entrada que había sido forzada y medio destruida en la parte de abajo, como asimismo fui testigo de unas palabras carmesíes que decían algo que no comprendí y no dudé en preguntar:

- Sepulcro resurgere a mortuis… ¿alguien sabe lo que quiere decir eso?...- No evité sacar mi cuadernillo y escribir esas palabras como asimismo ponerme a dibujar cada signo que veía…¿Cuándo iba a tener otra oportunidad como esta?, y luego de haber dibujado unos cuantos signos lo guardé tranquilamente en mi morral moviendo algunas cosas que tenía en su interior para hacer espacio.

-Bueno, vamos, no hemos venido aquí para quedarnos a mirar, ¿o si?-Comenté encogiéndome sobre mi misma para agacharme y avanzar a gatas por la entrada, teniendo que arrastrarme un poco para poder entrar, y si bien sonaba confiada mi corazón me llevaba la contraria palpitando al mil por mil. Una vez que crucé la entrada me levanté sacudiendo mis prendas, miré tras mi hombro y luego al frente esperando que algo sucediese, que se activara alguna trampa o esas típicas cosas que suceden en las historias de misterio, pero nada parecía pasar por ahora.

-¡Entren es seguro!-Les insté recorriendo con la vista el lugar, no evité estornudar frente a la considerable cantidad de polvo que había adentro sumando aquel aroma enrarecido típico de los lugares que por mucho tiempo han estado cerrados, mis ojos contemplaron la escasa luminosidad del ambiente y el derruido decorado a causa del tiempo, y sin esperar si mis compañeros me seguían o no comencé a caminar mirando de un lado a otro como si fuera turista. De vez en cuando alguna arenilla caía desde arriba a causa de las grietas y tenía que sacudirme el cabello para no llenarme de arena aunque a la larga iba a ser inevitable ensuciarme.

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Rosalie
La Inquisidora

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Re: La Hoja del Diablo

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