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La Hoja del Diablo

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Sáb Dic 10, 2011 1:06 am

Acercándose con precaución a la gran construcción, única que se mantenía en pie en mitad de ese cañón, llegaron hasta la inmensa puerta, mitad hecha en madera y mitad hecha en piedra, como la pared. Medía, cuando menos, cinco metros de alto y dos de ancho, siendo cada hoja de un metro de ancho. El agujero que habían abierto a golpes, llegaba a una altura de cuarenta centímetros, haciendo obligatorio el tener que agacharse para ingresar. Pero antes de entrar, Sahian se había puesto a copiar cada palabra y cada dibujo que estaba en una tinta extraña, que, aunque no hubiera querido aceptar o no se hubiera dado cuenta… era sangre. Y fresca.
El sapo, al alcanzar a la rápida y aventurera humana, pasó sus resbalosas patas por la seca placa de roca que hacía de puerta, más exactamente sobre los trazos de sangre, repasándolos y sintiendo así la frescura de la misma.
-Sepulcro… es tumba, y mortuis… los muertos. Pero no tengo la mínima idea de lo que querrá decir resugere…
Y sin darle más importancia de la debida, se agachó hasta poder pasar por debajo de la piedra. Jhen por su parte, ignoró casi por completo el hecho de la pintura rústica, gruñendo porque su vodka se había agotado antes de llegar a acabar el día, y pasó primero su arcabuz ya cargado, con cuidado para evitar provocar una explosión. Había visto a compañeros de aventuras morir porque chocaban su arma contra una pared, teniéndola ellos en la espalda, y eso era lo último que pretendía hacer.

Una vez dentro, uno esperaba una habitación acorde al tamaño de la gran puerta, y justamente era así. Una habitación rectangular, que desde el medio de ella, en el suelo, tenía dos posamanos que acompañaban a una enorme escalera que descendía sin parecer tener un final. Estos estaban tallados en la misma roca que surgía del suelo, y los escalones eran prácticamente naturales, pues eran placas de rocas que surgían desde la misma tierra, que el azar había querido que tuvieran una distancia similar y una altura parecida.
Aunque a primera vista eso fuera lo único llamativo de la habitación, al respirar se sentiría de inmediato un hedor fuerte… Tanto, que inundaba los sentidos de todos ahí dentro, y llegaría a hacer vomitar a cualquier desprevenido de estómago débil. Al revisar, en el costado izquierdo del cuarto, se encontraban tirados, como agachados y recargados contra la pared, los cuerpos sin vida del señor Andhe, y a su costado, el de la señorita Marvellouse… Sin embargo, no parecían haber sido muertos recientemente, pues de entre su carne podían distinguirse gusanos, además de que su sangre –la poca que les quedaba- dejaba claras muertes de putrefacción.

El primero en fijarse en ello, fue el sapo que los acompañaba; no tanto por el aroma –pues los de su especie no eran famosos por su buena nariz-, sino más bien por esa conexión mental que los unía.
-Oh… Lo lamento, Andhe… Lo lamento tanto, tanto, tanto…
Murmuró mientras se acercaba a ellos, sin avisar nada a los demás. Al posarse frente al cuerpo del hombre viejo, le tomó de la podrida mano –que se desprendió del brazo como si el hueso hubiera sido carcomido por más de cien años- y cerró los ojos junto a él, declarando un juramento de proteger su honor y contar las historias de su heroica muerte.
-Estamos siguiendo el andar correcto, señores –dijo, volviéndose hacia los aventureros que le hacían de compañeros, y dejando caer al suelo la mano del señor Andhe. Quiso regresar hasta las escaleras para continuar su andar hacia los pisos inferiores, pero justo entonces ambos cuerpos emitieron un brillo verde parecido al metal, y de sus bocas salieron largas bocanadas de humo, como si su alma fuera robada y… Y frente a las escaleras, se concentró todo ese humo, y de las paredes, las rocas caídas se amotinaron allí donde el humo se había juntado, y el polvo del suelo se arremolinó hacia ese mismo conglomerado de materiales extraños… Entonces fue que el sapo se quitó un guante improvisado que llevaba en su mano derecha y posó la mano sobre el suelo, mirando de inmediato a Sahian.
-La magia corre por ti ¿No? Te haré de apoyo… Acabamos de activar el hechizo que había en la entrada: Mortuus vivens… Sólo el jefe sabe qué demonios nos enfrentará…

Jhen se descolgó el arcabuz del brazo y se lo apoyó al hombro, apuntando al centro de ese minitornado que juntaba todas las cosas que allí dentro hubiera. Tragó saliva y por un momento se le pasó la borrachera, pues estaba… hay que decirlo, un tanto asustado. Ver cuervos por todos lados era una cosa… Pero ver esta escena en unas ruinas que se presumían eran de los demonios… Eso sí que le preocupaba.

Tras varios segundos sin hacer nada, un rugido salió de entre ese desorden, y pronto el polvo y las piedras que quedaban cayeron, y el humo se disipó… Dejando ver a un gigante, de dos metros y medio, que parecía estar más del camino de los muertos que del andar de los vivos. Portaba una gran hacha que fácilmente igualaba el tamaño de Jhen, tanto en altura como en el ancho. Su pie izquierdo descarnado y la falta de gran parte del lado derecho de su torso revelaban su característica de muerto…


Volvió a rugir mientras miraba en todo el cuarto, hasta toparse con todos los ahí presentes.
Sin dudarlo un segundo, centró su mirar en la chica. Aunque fuera un muerto, seguía siendo un demonio… Que por pecado en su existencia, había hecho la lujuria. Pretendió enfrentarse a ella, más bien, abusar de ella; pero una explosión al lado de todos, más cercana a la puerta que hacia donde se encontraba el sapo, les sorprendió a todos menos al divium, que se encontraba envuelto en una nube de pólvora quemada.
Aunque débil e indoloro, uno de los proyectiles esféricos había atravesado la mano derecha del gigante, y aunque eso hubiera sido doloroso para la mayoría, a este simplemente le hizo enfurecer y centrar su visión en el pequeño alado.
-Sahian, sapo… Hagan lo que hace falta para tumbar a esta cosa ¡Yo lo mantengo ocupado! –abrió las alas y alzó el vuelo, dejando su arcabuz tirado en el suelo para evitar un mayor peso.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Sáb Dic 10, 2011 2:46 am

-Sepulcro es tumba, y mortuis es muertos…-Murmuré como si memorizara aquel significado al tiempo que mi mano se hundía entre mi morral, moviendo algunas cosas para sacar mi libro de notas y escribir sobre aquellas palabras su respectivo significado pero dibujando un signo de interrogación en la última, la cual todavía seguía siendo para mí todo un misterio. Entrecerré los ojos dubitativa aspirando el ambiente, arrugué de inmediato la nariz llevándome ambas manos contra la cara, había un hedor muy profundo y prácticamente nauseabundo que debilitaba el estómago de cualquiera, tragué saliva mirando en todas direcciones y cuál fue nuestra sorpresa al observar que se trataba de los cadáveres de quienes había visto en el principio, Andhe y la joven Marvellouse. Negué con la cabeza aún mareada por la consistencia de aquel olor, noté que sus cadáveres parecían haber perdido la vida hace muchísimo tiempo, pero bien sabía yo que no era así…

-No puede ser…-Murmuré con un hilo de voz mirando a mis compañeros, alternando la mirada en el sapo y Jhen como si ellos fueran capaces de darme otra respuesta que no sea esta, sin embargo la verdad no se puede cambiar por más dura que resulte para nosotros. Bajé inmediatamente la cabeza en señal de luto, esperé a que se animaran a continuar el trayecto, frente a nosotros se asomaban unas escaleras que descendían hacia un precipicio desconocido, sus peldaños parecían trabajados por la mano de la propia naturaleza pero con tantas cosas escalofriantes que habíamos vivido no podía negar que algo maligno se escondía detrás de todo esto.

-Que…que…¿qué sucede?-Inquirí de pronto, con voz temblorosa, entreabriendo la boca, mirando pasmada como una humareda blanquecina salía de los labios de los muertos, y ascendían como el vapor de agua en ebullición pero se mecía como si tuvieran existencia propia, como almas etéreas que se separaban de sus cuerpos. Di automáticamente un paso atrás con el corazón acelerado mirando en todas direcciones percibiendo que aquella humareda alba nos rodeaba y parecía querer consumirnos en su halo de misterio y muerte. El brillo verde que salía de los cadáveres nos dejaba ver como todo a nuestro alrededor se consumía con la neblina, esta salía de las escaleras, de las paredes, de todos lados y cargaba consigo volutas de polvo y arena.

Era obvio que nadie tendría la respuesta a mi pregunta lo cual me aterrorizó más, pero fueron las palabras del sapo las que me enfundaron valor o al menos me dieron a entender que si no actuaba y me quedaba de brazos cruzados nos jodíamos todos. Asentí a sus palabras, concentrándome, sintiendo como una vibración cálida subía de pies a cabeza y lograba que mi cabello se levantara levemente, noté como aquel pequeño tornado se acumulaba para luego detenerse y liberar de su interior una criatura monstruosa, de gran tamaño y aura a muerte, vi aterrorizada como aquella fiera criatura fijó su mirada en mi, un estremecimiento frío recorrió mi columna vertebral y dudé en atacar a causa de un sentimiento mortal y común que suele aparecer y fastidiar en momentos como este: el miedo. No obstante un fuerte bum acompañado de un olor a pólvora me haría “despertar” y volver la vista en Jhen quien le había disparado en la mano a nuestro enemigo, vi que ahora este centraba su concentración en el alado, así que era momento de atacar y no perder más tiempo, concentré mi magia en ambas manos y a modo de disparo las centré hacia la cabeza de nuestro enemigo logrando crear una especie de flecha de fuego que marchaba rauda en su dirección mientras una gota de sudor perlaba mi frente, trataba de hacer todo lo posible por impactarle y causar daño.

-¡Toma esto malvado!-Grité a todo pulmón como si aquello me fuera a conferir más fuerza.


Spoiler:
Habilidad usada:

Flecha flamígera: Sobre la palma de la mano del hechicero se materializa una flecha llameante, que sigue la mano de su amo hasta que este hace el movimiento de lanzarla. Impacta contra su objetivo, estallando pasados unos segundos tras clavarse en el objetivo. La flecha rara vez causa heridas de profundidad, y el estallido causa quemaduras leves.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Sáb Dic 10, 2011 1:59 pm

Su cordura poco a poco le había hecho ver una única cosa, una cosa que era visible a ojos de todos y que cualquiera, sin necesidad de tener una percepción muy alta, se hubiera dado cuenta: Estaba loco, acababa de hacer una de las locuras más grandes de su vida, y ahora alzaba el vuelo para estar un poco por encima de la altura del gigante-muerto; dio una rápida mirada hacia el costado, viendo a Sahian y al sapo “entablando una conversación” con gestos y miradas, y supo que al final de cuentas, no había sido tan mala su idea de ser la carnada.
-¡Vamos gigante apestoso, atrápame si puedes! –Le urgió mientras, con el revuelo de sus alas arrojaba un poco de polvo hacia todos lados. Cada vez que alzaba el vuelo le pesaban más por efecto del polvo y del reducido espacio, sin embargo, prefería seguir intentando eso, que caer en los golpes del orco; pues este, a cada segundo soltaba palmadas y puñetazos hacia el aire, tratando de derribar al molesto mosquito que le había logrado atravesar la mano.
-Sahian ¿Puedes matarlo? Estar volando a su alrededor es… ¡cansado! –dijo en grito al esquivar un golpe que casi le arranca la cabeza.

El orco se movía de manera imposible de preveer, no tenía ningún estilo de pelea más que el ya conocido “pega-fuerte-y-mata”, sus puñetazos iban sin dirección alguna, y sus palmadas hacían correr el viento, arrastrando las alas de Jhen con el fuerte golpe. Pese a que llevaba poco tiempo en el aire, sus alas se empezaban a cansar, aún cuando contase con un cuerpo liviano diseñado para estar en el aire… Además, estaban cansadas y un poco agarrotadas, por efecto del vodka más que nada. El alcohol siempre tenía ese efecto en el, pero había bebido pues esperaba no tener que usar sus alas ahí dentro.
-¡Whuuuu! –gritó en señal de victoria, mientras dejaba de volar y se posaba en el suelo, despacio y sin prisa.
Sahian había logrado lanzar una flecha de fuego hacia la cabeza del orco, que por suerte y puro azar se había ido a clavar en su oído derecho; y al poco tiempo de impactarse contra él, había ardido en llamas ligeramente mayores que las que su hechizo lanzaba comúnmente, fruto del apoyo que le brindaba el sapo.

Para sacar de dudas, hay que aclarar que él era un metamago, un apoyo. No tenía ningún hechizo que dañase o protegiera por sí mismo, pero tenía la capacidad de alterar la magia de los demás, haciéndola más poderosa, o más débil, e incluso cambiando el efecto de su hechizo. En esta ocasión, había optado por agrandar la habilidad de este hechizo.

Tras apagarse el fuego, dos duras manos cayeron contra el suelo… Pero seguían pegadas a un cuerpo, un cuerpo muerto que rugió con sus entrañas podridas, liberando así una peste superior a la que había antes; su mismo cuerpo estaba podrido, y su interior era aún peor. Llenó la sala de ese hedor, que gracias a su naturaleza, se comportaba más como un veneno que como un simple mal olor. Su efecto: Provocaba la alteración y el cansancio de los que estaban ahí dentro aspirándolo. Veían al gigante borroso, o doble; y los ojos se les entrecerraban poco a poco, de ese mismo modo, el cuerpo les pesaba y sentían unas ganas urgentes de sentarse… Pero su vida estaba en peligro, y no era momento de tumbarse en el suelo a darse una buena siesta.

Las manos del gigante cayeron a cada lado de Jhen, prácticamente aprisionándolo; y en un rápido movimiento que no pudo esquivar –además de por la improvisación del mismo, por el veneno que ya surgía efecto en su piel-, Jhen quedó atrapado entre las manos del gigante-podrido, que lo alzó hasta tenerlo a la altura de su rostro, y le sonrió con una fila de dientes amarillos, rotos, y apestosos.
Seguidamente se relamió los labios, saboreando ya su futura comida; aunque de su oreja salía humo y en su rostro y oído estaban chamuscados, no parecía haber hecho mucho contra su salud.
-Mier… ¡Me va a tragar! ¡Carajo, no quiero ir a su apestosa pansa!
Gritó Jhen mientras forcejeaba contra las manos del gigante, inútilmente pues el veneno le hacía perder fuerzas poco a poco… Pero el estaba acostumbrado a ver borroso y a tener cansancio todo el día; ese era su día a día gracias al vodka, así que lo pudo combatir mejor que los magos; y pensando rápido, llevó una mano hacia su cadera para desamarrarse la cinta de cuero con once frasquitos de cristal… 550 gramos de pólvora, medio kilo de pólvora explosiva en esos frascos, que mantuvo en la mano para mostrársela a Sahian, y que lanzaría dentro de la boca del gigante en cuanto ella estuviera preparada
-¡Sahian, dispara otra flecha hacia esto, lo arrojaré a su boca!

Pero ella acababa de lanzar un conjuro, y eso la hacía estar cansada… Sin embargo, sintió a su espalda una mano gelatinosa y polvorienta, que no pertenecía a nadie más que al sapo.
-¡Haz el conjuro, yo te brindo magia!

Otra vez, las cosas quedaban a hombros de la chica. Tenía que apurarse a buscar un punto bueno para disparar, además… Debía pelear contra su propia vista; si el efecto del veneno fallaba y le hacía ver mal, dispararía su flecha a Jhen, gracias a la proximidad que tenía con la boca del gigante. Si le atinaba a los frascos antes de que los arrojara… No sólo lo quemaría, sino que posiblemente le haría explotar la mano hasta los huesos… Y si todo marchaba bien, lo más posible era que le arrancaran de un tajo la cabeza apestosa al inmundo ser… Y esperar que con eso se quedara quieto de una vez por todas. Sólo esperar, sólo confiar… nada pasaba por la mente de Jhen, nada más que su muerte casi asegurada.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Dom Dic 11, 2011 1:50 am

Me concentraba al cien por ciento para atinar en mi hechizo, Jhen estaba en una situación para nada favorable y no me perdonaría nunca a mi misma si algo malo le pasaba por mi culpa. Todo a mi alrededor pareció difuminarse en vista de que mi concentración estaba destinada únicamente a que mi hechizo que salía a chorros de mi mano en forma de flecha fuese a parar al donde el enemigo y no terminase apuntando por descuido a cualquier sitio. Por suerte aquel orco no muerto no era ningún estratega en el combate, solo daba golpes a diestra y siniestra con tal de causar daño.

Luego de liberar por completo mi hechizo trastabille por inercia hacia atrás pisando con fuerza para no tambalear demasiado y caer al tiempo que miraba como aquella flecha de fuego entraba de lleno y por pura bondad de la divina fortuna en el oído del orco no muerto logrando calcinarle por dentro y provocar que este empujara contra el suelo sus dos portentosos brazos dando la impresión de alicaído.

¡Bingo!, me tenté en exclamar hasta que de pronto una ráfaga de hedor putrefacto entró mis fosas nasales y me hizo curvar una mueca de repulsión y llevarme ambas manos contra la cara con el estómago dándome vueltas con el ánimo de devolver todo su contenido, pero por si fuera poco aquel aroma me hacía perder la concentración y poco a poco noté que perdía el equilibrio y el peso de mis párpados se hacía cada vez más difícil de soportar, ¿qué me estaba pasando?, me pregunté desesperada ante la inopinada sensación de ponerme a dormir en ese mismo lugar, sacudí la cabeza frenética pisando con fuerzas para no perder el sentido de la realidad, mis ojos cansados se centraron en el enemigo o los…¿enemigos?, pestañeé varias veces hasta que logré mirar mejor al orco no muerto y a Jhen…¿a Jhen?

-¡Jhen!-Exclamé volviendo de golpe a la realidad logrando vislumbrar mejor a ambas siluetas, vi que él no muerto lo tenía aprisionado y parecía que se lo iba a comer, Jhen me pidió que volviera a atacar, asentí inmediatamente con la cabeza y el ánimo furibundo elevando ambas manos para canalizar un hechizo pero al haber conjurado uno recientemente me sería imposible hacer otro ahora mismo, mi respiración agitada y mis nervios de punta evidenciaban mi cansancio tanto mental como físico pero la valentía de mi corazón me obligaba a persistir y no abandonar a Jhen en un momento como este. Debía hacer algo ahora mismo aunque cayese desmayada por el gasto mágico efectuado, no obstante cuando lo sentía todo perdido sentí la mano del señor sapo a mis espaldas y vi de pronto mis energías renovadas, al menos las que necesitaba para lanzar otro hechizo, el problema radicaba en que el hedor que expelía el orco seguía haciéndome daño y tenía que ir pestañeando constantemente para dejar de ver dobles o perecer ante el sopor.

Arrugué la nariz y aguanté la respiración mientras de mis manos una ráfaga de fuego similar a la anterior surgía de las mismas y en forma de flecha la dirigí hacia el sitio señalado por Jhen donde estaban los kilos de pólvora pero esperaba a que él la lanzase para que no terminara explotando su mano, debía hacerlo bien o podría dañar a mi compañero o terminar disparando en cualquier parte, me incliné levemente y centré la visual como quién es arquero y con las manos elevadas traté de enviar mi conjuro correctamente.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Dom Dic 11, 2011 4:17 am

Aunque mareado y con la visión borrosa, Jhen se mantenía cuerdo gracias al dolor que sentía por el apretón de las manos del gigante. No era tanto por la fuerza del mismo, pues su piel era suave y cedía ante el cuerpo de Jhen, formando una pequeña cúpula, seguramente gracias a que su carne estaba muerta y no presentaba mucha resistencia… Pero aún así, los huesos lo apretaban y, debido a la poca fuerza física de los de su raza, el divium se sentía morir, se sentía asfixiado, además de que sus alas apretadas de improviso habían sido el peor punto de impacto… Siendo justamente la izquierda la que se había roto junto a un sonoro Crack. No quería decirlo, y tampoco quería gritar para no molestar a sus compañeros, pero… Joder, como le dolía.

-¡La lanzaré ya Sahian! –gritó mientras lanzaba los once frascos de pólvora dentro de la boca del monstruo, que aún se encontraba rugiendo, pero que ahora estaba a punto de darle una mordida que seguramente le arrancaría la cabeza. Actuando casi de inmediato, la flecha de Sahian salió disparada desde sus brazos, pero esta vez –más por el veneno del muerto que por la fuerza del hechizo-, al trastabillar pisó la pata del sapo y por la pérdida de equilibrio terminó en el suelo, rodando media vuelta, con el pecho pegado al suelo… Por una parte, eso le quitó la posibilidad de mirar los fuegos artificiales, que explotaron justo cuando la boca del gigante se cerraba, tratando de evitar que la flecha flamígera lo hiriera.

Pero por suerte, también se había hecho un escudo con su propia espalda, evitando que cayera en su cara… restos de la cabeza del orco, sus dientes, lo que quedaba de su carne, y algo de huesos chamuscados. Todo esto sí que cayó en pleno rostro del sapo, y aún más sobre el cuerpo entero de Jhen.
Sus manos lo dejaron de aprisionar y, aunque quiso alzar el vuelo para evitar caer de improviso, el ala rota lo hizo golpear el suelo en un golpe seco que le sacó todo el aire de los pulmones y lo dejó tumbado en el suelo. Al menos seguía vivo y coleando, y eso ya era algo de admirar para su situación actual, aunque al caer y golpearse se había terminado de joder el ala.
Cuando pudo moverse y volverse a poner en pie, contrajo las alas lo más que pudo contra su cuerpo, y evitó moverlas nuevamente, caminando un tanto rengo debido al dolor.

Caminó hasta el cuerpo inerte del gigante muerto y, con una de sus tomahawk, le arrancó parte de la ropa que este llevaba y se limpió el rostro, quitándose cualquier rastro de porquería que quedase encima de él, pero no así la peste del muerto.
-Al menos… reventó.
Murmuró para tratar de alzar el ánimo, pero sin obtener respuestas del sapo, a quien se limitó a ofrecerle otro trozo de ropa para que se limpiara.
-¿Ahora bajamos?
Aunque tratara de sonar sano y cuerdo, estaba adolorido hasta la médula y apenas podía caminar. Pero no dejaría que nadie se enterara de eso, honor de pirata le llamaba.


Al ir hacia abajo en las escaleras, se llegaría a un punto totalmente oscuro sin antorchas ni luz solar, ni ningún otro rastro, y solo sería posible seguir bajando al tanteo, buscando escalón por escalón con la suerte de hallarlos. Y una vez llegasen hasta abajo, volverían a ver una luz anti-natural que surgía de una enorme piedra marrón que estaba incrustada a una rústica versión de techo. Y delante de ellos se encontraría un “parador” extenso, con cuatro escaleras de caracol a su costado… Medio destruidas y en pésimas condiciones. Habría polvo por todos lados, y, si se asomaban hasta el borde del mirador verían algo aun más sorprendente que el sol-ficticio bajo tierra:
Delante de ellos se extendía una ciudad enorme, una ciudad destruida por el tiempo y sin ningún habitante. Los pasillos de la rustica ciudad estarían medio llenos de pasto seco, y las construcciones eran de piedras y el techo de madera. Era una extraña ciudad que nadie más había visto en siglos… Bueno, sólo los habitantes de la ciudad que antes había visto, y eso porque sus antepasados habían sido aquellos que extinguieron la pecadora ciudad de demonios.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Lun Dic 12, 2011 1:26 pm

Seguía un conteo regresivo luego de que la flameante flecha fuera en pos de la pólvora, el impulso del hechizo me obligó a retroceder unos cuantos pasos perdiendo torpemente el equilibrio aunque desconocía que si era por la potencia del ataque o porque aquel aroma nauseabundo me tenía más que mareada. El caso es que al hacerlo pisé sin querer la pata del señor sapo y ni siquiera alcancé a disculparme con él porque aquello significó que cayera y rodara de forma cómica hasta caer de bruces al suelo aunque después de todo no sería tan malo en vista de que el enemigo explotó súbitamente desperdigando sus partes en todas direcciones. Qué asco.

Pero lo importante es que Jhen estaba bien, me incorporé apoyando ambas manos sobre el suelo e irguiéndome para levantarme, sentí un peso sobre mi espalda pero no me atrevía a mirar de qué se trataba, no cuando vi la cara del sapo cubierta por partes de aquella criatura y ni hablar del divium. Sonreí levemente frente a su comentario, él solo trataba de animar un poco el ambiente y aquello no tenía nada de malo, después de todo estábamos con vida, ¿no era algo que celebrar acaso?

-Sip, vamos-Respondí encaminando mis pasos hacia la escalinata, miré de reojo la sala que ahora abandonábamos viendo los rastros de aquel orco no muerto pero también de las misteriosas figuras que marcaban aquellas paredes, tuve el insensato impulso de coger mi libro de notas y dibujar algunas pero no era el momento ni el lugar para perder tiempo con esas cosas, así que me contuve para comenzar a descender junto con mis compañeros, primero bajó Jhen, luego le seguí y a mis espaldas marchaba el señor sapo, a medida que bajábamos una inmensa oscuridad nos tragó y tuve que apoyarme de algo mientras bajaba para no caer aunque sin querer di una pisada en falso y tuve que sujetarme bien de la pared para no terminar empujando a mi compañero.

Finalmente nuestros pasos palparon una superficie plana y llegamos a una estancia iluminada de forma artificial desde el techo, mi cabeza de alzó para mirar el funcionamiento de aquel sistema aunque continuaba siendo un verdadero misterio para mi pero terminé por toser frente a la gran cantidad de polvo que albergaban sus paredes, me cubrí la nariz con el brazo derecho para dirigir mis pasos hacia adelante donde se distendían a cada costado dos escaleras de caracol, pero la verdadera sorpresa sería que al mirar por aquella especie de balcón una luz proveniente de un…¿sol?...sí, ¡un sol!, ¿cómo era posible que existiese un sol bajo tierra?, la única explicación es que fuese uno creado de forma artificial, ¿sería parte de aquella magia demoniaca?, pero eso no era todo, ahí mismo había toda una ciudad derruida por el tiempo pero que conservaba una historia latente de alguna antigua civilización que habitó en este lugar.

Mi mirada denotaba muchas preguntas aunque no formulé ninguna, todo a causa de la estupefacción que me causaba dicho lugar.

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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Miér Dic 14, 2011 6:25 pm

Poco después de que llegaran al cuarto y empezaran a descender por las escaleras de caracol, el sol ficticio se tiñó del color de la sangre, suplantando el anterior brillo celestial, por una luz violácea que hacía mirar todo como si estuviese escurriendo sangre, como si la ciudad misma estuviera llorando y la sangre fueran sus lágrimas; aunque eso era solamente una ilusión. Era sólo el reflejo de la luz que podían mirar, no era un líquido, para nada.
Inmediatamente después de bajar, se encontraron en un pasillo extenso que corría derecho como si tratase de dar una vuelta al propio mundo. A izquierda y derecha se alzaban construcciones antiguas recubiertas de polvo, y de vez en vez se miraban paredones como de muralla, derruidos y completamente en ruinas. Aquello que miraban ahora era la antigua ciudad de Nefas, un amurallado que en su lengua se conocía como Civitatem Munitam; era una ciudad-milicia construida por enanos y ocupada por los demonios hacía siglos, aunque después exorcizada y sus ocupantes fueron cazados por los Deseh.

Al final del pasillo –recubierto de rocas planas para hacerlo duradero-, se veía un cruce de caminos. Y después de estos, había justo al centro de la mitad un altar donde reposaba una espada de hoja completamente oscura, que resplandecía con un halo de oscuridad. Aquella era, aunque aun no lo supieran, la Inmeranne; aquella espada que podía dar vida y salud a todos… O traer la destrucción entera a todo el mundo. Y frente a ella, tratando de empuñarla, se encontraba el autonombrado Nefas, aquel demonio que había entrado a la ciudad y provocado el caos y quizás la muerte. Arrodillados a cada lado de la espada, se encontraban la señorita Khaty, y el señor Louise… Bajo ellas, en el altar, habían dibujados trazos recién hechos por sus manos, y mientras uno –el señor Louise- rezaba canticos antiguos, Khaty iba copiando sus palabras sobre el suelo, con una tiza negra de carbón.
Pero no estaban actuando por voluntad propia, obviamente. Estaban bajo amenazas del demonio, de Nefas; si se fijaba uno, podía mirar que ambos habían sido golpeados y heridos con espada, pero que mantenían la vida ya que eran útiles por el ritual que estaban realizando… Estaban reanimando a la espada.

Sahian, el sapo y Jhen tendrían al menos quinientos metros de distancia hasta ellos. Jhen empezó a avanzar, seguido por el sapo.
-¡Hijodeperra! –gritó Jhen estando a menos de cien metros ya, mientras se desamarraba los dos tomahawk de la cintura y los empuñaba, haciéndolos girar una vez sobre sus manos, para amenazarlo y asustar- Me temo que morirás este día…
Entre risas sepulcrales que salían de la misma ciudad, de los edificios y las grietas, el demonio alzó la voz:
-¿Morir? La espada me pertenece, con ella aniquilaré a todos los seres, y luego los convertiré en demonios… Será ese el futuro de Noreth. Esa es la evolución, así debía de ser… ¡Pero su pueblo nunca lo entendió! ¡Nadie entendió el ideal de los demonios! Y les dieron caza, como si fueran animales salvajes… Los cazaron porque les temían ¡Porque tenían miedo de la evolución! Pero nadie me detendrá… Ya nadie me puede parar. El único ser que sabía cómo destruir la espada, me está ayudando a revivirla… Gladius diaboli, qui mortuus reviviscit et introducet te ad patres nisi

Pronto todo se convertiría en sombras, la luz se haría más tenue y se dificultaría la vista de los presentes… Pero la espada empezaría a arrojar una luz roja fuerte, una luz que quemaría en segundos a Khaty y Louise… Y la espada se alzó de su altar… Y al demonio le surgieron alas, y sus cuernos se hicieron mucho más grandes que antes… Y su mirada ahora era de fuego.

De entre la ciudad aparecerían cuerpos de sombras, que aunque desarmados, se arremolinarían alrededor de los presentes con intenciones de atacarlos…

_______________________

Somos atacados por espectros sombra nivel 1 :3 Por... 20 xD

Stats de ellos:

Fuerza: 4
Resistencia: 2
Agilidad: 8
Destreza: 4
Espiritu: -10
Esencia: 4

Como verás, son muy "simples"; pero esta vez el sapo no te ayuda con la metamagia, así que deberás buscar otro modo de defenderte :3 Aunque son muchos, son muy débiles, y tras un par de ataques desaparecerán.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Sáb Dic 17, 2011 9:27 am

Siempre había soñado en navegar a través de mundos imposibles, bañarme en conocimiento, vivir a carne propia la experiencia de descubrir en todos mis sentidos aquellos lugares que solo mi imaginación podía concebir como reales. Fue esa la razón que me impulsó a salir de casa y viajar por todas partes para conocer cada rincón de Noreth, y fueron aquellas historias de ruinas misteriosas de un interesante pasado las que me sedujeron para aventurarme al fondo desierto, y si bien en un principio me sentía desilusionada al no encontrar aquellas ruinas mencionadas ahora me encontraba frente a la incertidumbre de sonreír por mi supuesta suerte de ver concedido mi deseo o refutar mi destino que siempre se desviaba a lo que yo realmente quería. Bien, había encontrado ruinas antiguas, y no solo eso, si no una civilización entera con demonios oculta en el olvido del calor de aquellas dunas, pero ahora debía impedir que se despertara un poder mayor luchando incluso hasta la muerte… Muerte, era muy joven para aceptar aquello o siquiera pensarlo, siempre se ha pasado por mi mente qué cosas haré durante el día, mañana y a lo largo de toda mi vida pero nunca me puse a plantearme el hecho de morir, cómo, dónde y por qué, y ahora esa idea se me hacía tan cercana como el terreno de piedra antigua que mis pies pisaban a cada paso que daba.

Arriba de nosotros se asomaba una luz escalofriante, aquel sol ficticio había perdido su claridad adquiriendo un toque sanguinolento, me mordí el labio inferior frente a ese hecho para luego tomar aire y enfundarme valor. A medida que caminaba iba viendo las diversas viviendas de piedras, antiguas y de un pasado que me hubiera gustado conocer, me imaginé a sus habitantes, cada uno saliendo de sus casas, caminando, y de pronto tuve la nefasta imaginación de que aquellas personas se volvían hacia nosotros, nos miraban con recelo y nos comenzaban a rodear, intrusos, intrusos nos decían… pero claro, solo eran meran fantasías mías. Sacudí la cabeza frente a mis ideas…tontas, sí, tontas ideas, para luego mirar a mis compañeros, dándome cuenta que ellos mismos me otorgaban una gran seguridad y que quizás, si hubiera tenido que hacer esto sola no me habría atrevido, pestañeé de improviso frente a ese descubrimiento mirando a mis compañeros con una sonrisa como si hubiera descubierto la cura a todos los males. Pero no había tiempo para momentos de estima porque más adelante divisamos una gloriosa espada que emanaba una oscuridad tenebrosa y sombría, mis manos se convirtieron en puños al ver aquel sujeto demoniaco que tanto mal había causado tenía prisioneros al señor Louise y la señorita Kathy con notables heridas en su cuerpo.

-¡Ser despreciable!-Grité al unísono de Jhen y a todo pulmón sacando fuerzas de flaqueza no sé de dónde y comencé a correr en su dirección pero me paré en seco al sentir las risas y burlas provenientes de la misma ciudad, la oscuridad y la malicia tomó forma de sombra mientras la espada era liberada y nuestro enemigo sentenciaba nuestra muerte volviéndose en apariencia más y más poderosos.

-¡No puedes cambiar lo que nuestros propios Dioses nos han dejado, no puedes tergiversar lo que los frutos del gran árbol nos dejó como legado!, vuelvan a su mundo, donde pertenecen, ¡este es nuestro sitio y ustedes no pueden venir y cambiarlo como les dé la gana! ¡Aprende modales propios de un invitados!-

¿Redención? No, lucha hasta la muerte. Sí, ahora, recién ahora se pasaba por mi mente el hecho de poder abandonar este mundo, pero recién ahora caí en la cuenta de cómo quería que fuera… luchando, sí, si llegaba morir sería luchando, combatiendo hasta el final de mis días contra las injusticias del mundo, que mi vida tuviera un significado de legado en el mundo, y si bien yo quería ser conocida como escritora, historiadora, guerrera y maga si debía reemplazar todo eso por salvar aunque sea la vida de alguien desecharía todos mis sueños con gusto por ello, no iba permitir por nada en el mundo que aquel demonio egoísta cambiara la esencia de la humanidad por la de su estirpe pecaminosa.

Aquellas sombras adquirieron consistencia y se acercaron a atacarme, saqué mi báculo de mi espalda para canalizar mejor mis hechizos puesto que ya no tenía la ventaja de que el señor sapo me diera una mano de ayuda, tomando entonces con fuerza mi báculo me concentré en hacer el hechizo de flama flamígera pero lo haría de una forma diferente ya que apuntándolos con la punta del báculo comencé a girar sobre mi misma rápidamente creando en vez de una flecha lineal una especie de óvalo de fuego que incineraría a todas aquellas sombras que osaron acercarse a mí logrando que se esfumaran, suerte que fueran débiles, lo malo es que luego de girar tanto caería de espalda con torpeza y con la cabeza dándome vueltas debido al mareo, pero me levantaría enseguida dando tumbos con mi báculo aunque ya no pudiera formular más magia con el cansancio más que marcado por cada que respiraba, tomaba aire como si este fuera escado.


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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Daithé el Dom Dic 18, 2011 3:26 am

Pronto, cuando el caos empezó y las risas de los demonios se hicieron presentes, fue mucho más que la simple luz opaca del sol ficticio lo que hacía ver un aura de oscuridad en aquella antesala de sus muertes. Era mucho más que eso, y es que hasta el mismo aire expiraba suciedad y pecados… Era el ambiente que un Necromante hubiera deseado, quizás un mago del oscurantismo se hubiera sentido muy a gusto ahí, aunque estuviera a punto de perder la vida. Las piernas de Jhen le temblaban, y no hacía mucho por combatir contra el gran demonio alado que los miraba con desprecio, mientras continuaba con su sádica risa y extendía las manos, llamando a que más y más almas oscuras se levantaran de entre el olvido, y pelearan una vez más por su vida y por su ciudad.

Entonces todos los espectros menores se lanzaron contra ellos, con sombras que intentaban ser palos, palas, picos y tridentes; parecía más un pueblo de granjeros que una ciudad habitada por demonios… Pero igualmente eran molestos y numerosos. Eso era lo que eran, no fuertes y no temibles, sólo molestos y numerosos.
Jhen quiso adelantarse a Sahian para protegerla y devolverle el favor, pero antes de que se posara frente a ella miró cómo alrededor de ella se creaba una barrera extraña, hecha de fuego y que ardía como si tuviera madera seca para sostener el fuego.
-¿Estás bien ahí dentro? –preguntó, mientras rebanaba con uno de sus tomahawk el cuello de una de las sombras que se habían arrojado hacia él, peleando de manera improvisada. El filo del hueso había atravesado sin problemas el cuello de la criatura de tinieblas, y en lugar de que su cabeza saliera rodando por el suelo, el cuerpo entero se esfumó como si simplemente hubiera sido humo.

Parecía que eran criaturas demasiado débiles, muy fáciles de eliminar una a una… Pero eran casi siete las que se arrojaban contra cada uno de los presentes. A Sahian y al sapo les fue perfecto, pues su control de la magia era superior a muchos otros magos y, sumarle a ello que las sombras tenían muy poca resistencia a las esencias mágicas, resultó en que, apenas se acercaran a ella y su barrera, todas las sombras desaparecían con un grito ahogado en el aire. Fueron siete en total las que pudo desaparecer de este modo.
El sapo contó con algo parecido, pues aunque no controlaba la magia del fuego, había empezado a ser instruido en la magia de la escuela elementalista de la tierra, y, con fuertes palmadas sobre la roca, lograba que un pico de un metro surgiera del suelo y empalara a cada sombra, una por una. Demostraba así un dominio perfecto de la metamagia y aún más, de su propio cuerpo.

Jhen, sabedor de que los otros habían acabado con todos los espectros que trataban de atacarles, se relamió los labios y se maldijo por no contar con la esencia que les recorría a ellos. Aunque por otra parte, tenía ambos tomahawk en las manos y los blandía evitando ataques de las sombras y cada tanto arrojando un tajo, que iba a cortar un brazo, pierna, o el pecho; pero que no lograba acabar con la vida de las sombras.
Además, su resentida ala no estaba como para saltar evitando golpes. Logró acabar, cortando de un tajo el cuello, con cuatro de los seis seres que se habían arrojado contra él, y antes de que los otros dos le golpearan el ala, desaparecieron en un chasquido del Demonio de las alas… Que, en lugar de celebrar su victoria, se llevó las manos a la cabeza y se quejó de un dolor tremendo que azotaba su cerebro… Algo afectó de inmediato su cuerpo, pues, mientras que un cuerno –el derecho- había empezado a crecer, el otro se había contraído hacia su cabeza, dándole un aspecto demasiado extraño. Así mismo, una de sus alas se volvió negra y opaca, mientras que la otra fue desapareciendo poco a poco en su espalda… Convulsionaba de los dolores, pero no soltaba su hoja demoniaca… Su espada del apocalipsis.
-Pe… ¡Perros! ¡¿Cómo pudieron hacer esto?! ¡Et devorabit inimicos eorum surrexit de terra, sicut cum genus nihili, et adducite mihi cibum pro praemio! –rugió mientras alzaba la espada con una mano y, con la otra, se agarraba la cabeza para evitar que le explotara- ¡Perros, sufrirán por la traición! ¡Los mataré, mataré a todos los que se oponen a nosotros!

Lo que había pasado era simple de explicar: El señor Louise, experto en esas ruinas aunque era la primera vez que las miraba, había escrito diferente el conjuro para despertar a La Hoja del Diablo; y aunque el hechizo confería su poder al demonio… Necesitaba que su portador fuese tan fuerte como mil hombres o más, y en caso de no serlo, mataría dolorosa y lentamente a su portador… Y eso era lo que pasaba ahora.

De detrás de él, desde la tierra misma, se alzaron las rocas que funcionaban como camino empedrado y dieron a luz a un escarabajo azulado, con patas y acero de mitrhil en estado puro. Era un siervo de los demonios, que había quedado en letargo por más de doscientos años… No tenían ninguna oportunidad, ninguna más que correr.


-Sahian… Me alegro de haberte conocido –se despidió Jhen mientras arrojaba uno de sus tomahawk, sin fuerza, hacia la posición de la hechicera de rojizo cabello. Sin dar más explicaciones, se armó con el otro tomahawk y una piedra, y la arrojó contra el escarabajo de mitrhil.
-¡Eh tu, idiota! –extendió las alas lo más que pudo hasta donde soportó el dolor, para hacerse un blanco mucho más visible que antes; y tomando otra piedra del suelo, la volvió a arrojar, esta vez hacia lo que parecía ser su cabeza. Para su suerte, el espabilado animal gritó con fuerza y se arrojó hacia él. Jhen, iniciador del plan, actuó lo más rápido que pudo: Echó a correr primero hacia el camino empedrado, y luego entre las casas que se encontraban a su alrededor. Su intención era dejar libre el camino para que ella y el sapo se pudieran encargar del otro demonio, que parecía estar sufriendo más de lo que él mismo esperaba. Eso… O salir de ahí y proteger su vida propia.
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Re: La Hoja del Diablo

Mensaje por Rosalie el Lun Dic 19, 2011 4:42 am

Cuando uno se despide de alguien especial espera poder decirle hola nuevamente en alguna otra oportunidad, cuando uno saluda a alguien especial después de una larga despedida ese saludo se torna muy gratificante, pero, ¿cómo se siente que te despidas de alguien especial cuando sabes que no le verás nunca más?

Aquella oleada de fuego que había logrado crear apartó sin problemas a nuestros enemigos, estos eran muy débiles pero eran tantos que significaban en cierto modo una gran molestia. Vi como se esfumaban consumidos en una nube oscura y difusa cuando el fuego les tocaba, desaparecían de la realidad despidiéndose con un ruido ahogado, un grito de un último adiós antes de perecer.

Luego de haber conjurado y girado como si fuera un remolino caí de espaldas contra el suelo, mareada por tanto giro pero feliz, si, feliz de poder ser de ayuda en algo, respiraba agitada mirando cómo iban mis compañeros con sus enemigos, el señor sapo hábil en magia de la tierra la dominaba para defenderse mientras Jhen lo hacía con peculiares sus armas, pronto quizás pudiéramos contra nuestros adversarios.

Me incorporé rápidamente a pesar que todavía todo a mi alrededor daba vueltas un poco, sostuve con fuerza mi báculo mirando a mis compañeros, estaba agotada para hacer otro hechizo, pero aún así me dispuse a golpear con mi báculo a esas molestas criaturas sombrías, pero de pronto estas desaparecieron acompañadas de un grito quejumbroso de nuestro oponente mayor, el demonio se vio de pronto con una malformación en su nueva transformación, al parecer algo había salido mal en el despertar de la espada, miré con una evidente sonrisa de triunfo al demonio frente a su sufrimiento.

-¿Ves?, te pasa por jugar con lo que no te pertenece…-Pero me vi obligada a callarme de golpe y ahogar un grito porque detrás de él las enormes rocas de movieron y comenzaron a levantarse como si algo se ocultase detrás de estas, y, efectivamente, una enorme criatura bañada en aquellas piedras salió dispuesta a atacarnos. Casi me mordí la lengua al pensar que todo había salido bien, pero como siempre, cuando uno celebra adelantado es cuando la situación se vuelve oscura nuevamente.

Mis ojos rodaron inmediatamente hacia Jhen que se despedía de nosotros… Lo miré impertérrita con los ojos abiertos, para luego atinar a pestañear y alzar el brazo en pose dramática en su dirección.

-¿Eh? ¡No, no! ¡Espera, espera! ¿¡qué piensas hacer!? –Grité exasperada viendo como el divium llamaba la atención de aquella criatura al lanzarle algo, aquel bicho de piedra no tardó en comenzar a seguirle dejándonos así el paso libre, pero… pero Jhen… ¿¡qué sería de él!?.

-¡Jhen regresa, es arriesgado, no hagas una locura!-

Sentí que el sapo me tironeaba del brazo, me moví tratando de desasirme mirándolo con lágrimas en los ojos, sabiendo ya a estas alturas lo que estaba haciendo Jhen y en lo que podía terminar, iba a decir que no lo podíamos dejar así, que era nuestro compañero y que… y que… Pero de pronto un fuerte golpe fue a parar contra mi nuca y caí desmayada hacia el frente, el sapo se había encargado de noquearme levantando un cúmulo de tierra que se volvió como piedra a mis espaldas para así poder sostenerme en brazos y cargarme fuera de aquel lugar.

-Si hace todo esto, es porque quiere que vivamos, que no sea en vano su sacrificio- Dijo mientras me llevaba media atontada. Aquel lugar prontamente comenzó a hacerse pedazos, las piedras caían y las rocas se desprendían de los edificios de piedra, aquel lugar se convertiría pronto en un cementerio en ruinas.

(…)

Cuando uno despierta después de un día agitado puede llegar a considerarlo como un sueño extra, pero yo sabía muy bien lo que había pasado, ahora me encontraba sobre una caravana que me llevaría lejos de estas tierras donde conocí gente maravillosa pero donde cargaba con un recuerdo amargo... el amargo recuerdo de una gran pérdida.

Luego de haber despertado de la inconsciencia solo me encontré con la magnificencia de la perpetua arena y el calor asfixiante del gigantesco sol, no obstante al volver al pueblo el júbilo de su gente me recibiría tan cálidamente como el sol y haría que guardase mis lágrimas para después, todos aquellos demonios estaban muertos, esparcidos en todos sitios, pero ya no eran amenaza alguna. Nos pidieron relatar lo que había sucedido y yo con gusto lo hice con lujos y detalles pero dándole el protagonismo al valiente alado Después me despedí de todos, no podía quedarme, o más bien no quería, la arena me atraía demasiados recuerdos, además no evité preguntarme si todo al final había resultado bien, si alguna vez algún osado lograra hacerse de esa espada, negué con la cabeza y esperé que no, los demonios no deben pisar nuestro mundo, no deben ser bien recibidos… eso lo tenía más que claro.

Cierro ahora mi diario donde escribo estas palabras, antes solía escribir mis sueños y fantasías pero ahora me sorprendía de que lo que vivía a carne propia resultaba mucho más emocionante y épico que aquello, pero... también muy triste, y nostálgico.

Era momento de partir cargando tras mi espalda con una mochila de recuerdos y esperanzas.

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Re: La Hoja del Diablo

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