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Wargos Sangrientos

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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Katniss Blödjren el Dom Ene 13, 2013 5:15 pm

Katniss miró con cuidado al hombre que recién acababa de llegar, puesto que parecía muy bien equipado para la batalla ¿Tal vez pasaría a hacer el papel de guardaespaldas para ellos hasta que partieran a la aventura? Fuera como fuera, se puso a pensar que si tenía que combatir contra ese tipo le sería complicado, puesto que tenía escudo y un látigo con un buen rango de ataque. Todas las posibilidades de victoria y derrota se paseaban por su mente, analizando cómo podría ganarle a ese desconocido. En el momento que dio la orden de moverse, se colgó la mochila al hombro, el carcaj en la cintura, y el arco lo llevó en su mano izquierda. Se fijó por debajo de la mesa incluso, como cerciorandose de que no olvidaba nada importante en ese lugar. Escuchó para su tranquilidad el tintineo de las joyas moviendose a sus espaldas. Solo tenía que sobrevivir a la misión de Eclipse (que por cierto que le resultaba una extraña organización, pero que al fin y al cabo le daría de comer) y las cosas mejorarían aunque fuera un poco en su casa. Se quedó unos segundos, quieta, no gustandole la idea de tener que ir a otro lugar para hablar, pero se olvidó de eso en cuanto notó que no los estaban haciendo moverse de allí.

-¿Qué significa esto Baynham?-Le gritó enojada, apenas mirandola, y aunque quería saber la respuesta ya estaba corriendo a la escalera para asegurarse una buena posición desde la cual disparar. La frase que resonó en la sala le hizo redoblar sus esfuerzos, y pasando por encima de la costosa y pulida mesa se apresuró por alcanzar lo que para ella sería un lugar de privilegio. Pero se había olvidado de que las escaleras se habrían paso hacia los costados, y no eran centrales como le habría gustado. Se colocó en una esquina, contra las paredes y teniendo detrás suyo la escalera de la izquierda. No tardó en tirar la mochila al suelo, por detrás de sus pies, y rápidamente cargó una flecha de forma experta. Al parecer a ella le tocaría batirse contra uno de los tipos con espada doble, cosa que realmente la favorecía: no portaba escudo ni yelmo. Pero el resto del cuerpo lo tenía protegido tras una armadura que dudaba poder atravesar, y además el tipo era mucho más alto que ella y en consecuencia mucho más fuerte.

Estaba que quería ahorcar a Yvonne, puesto que siendo la única que tenía idea de la misión, seguramente se había encargado de tenderles esta trampa "Cálmate Katniss, a menos que quieras fallar tus tiros" dicho y hecho, como no podría ser de otra forma; ni siquiera se fijó a dónde había ido a parar aquella flecha perdida. En cuanto soltó la flecha esta apenas si rozó la mejilla del hombre que no se inmutó ni un poco por el leve ardor que ahora debía sentir. El tipo ahora ya estaba a tan solo unos siete metros de su posición, y la lanza (porque era más una lanza más que una espada) pronto la alcanzaría. El soldado parecía ser tan ágil como ella a pesar de su tamaño y de la armadura y la chica supo que acorralada contra la pared pronto tendría problemas. El otro levantó su brazo por encima de la cabeza y la Blödjren supo que era el momento indicado para atacar: el desconocido intentaría ensartarla con su arma, y en ese momento su cabeza quería sumamente desprotegida. Apuntó respirando profundamente a pesar de sus nervios y siltó la flecha que silbó violentamente.

-Mierda-El gemido fue seco, puesto que apenas si podía respirar. Katniss estaba prácticamente segura de que había alcanzado la cabeza masculina en el momento del lanzamiento de la doble espada, y por eso el tiro del otro le había salido desviado. Aún así, el desgraciado había alcanzado su hombro, que sentía caliente y mojado bajo la chaqueta de cuero rasgada. Pero por suerte ninguno de sus huesos parecía comprometido en esto. Seguramente era un poco de piel lo que había sido transpasado. Hizo fuerza con el brazo izquierdo, y pudo quitarlo de la manga conteniendo un aullido de dolor. Algo de piel le colgaba y apartó la mirada puesto que aquella visión le daba naúseas. No podía levantar el brazo por encima de la altura del hombro, y eso significaba no usar su principal arma: el arco y la flecha. Tendría que aguantarse hasta que terminaran con eso. El resto de los soldados parecían estar ocupados con sus compañeros, pero seguramente cualquiera de ellos se avalanzaría a por ella al ver que estaba herida. Arremangó su camisa fina, de forma tal que se formo una pequeña montaña ejerciendo presión en el hombro, y "aspirando" la sangre que brotaba de la herida. El flujo no parecía demasiado grande, y supuso que no moriría por la pérdida de sangre. Rebuscó el cuchillo de caza por la mochila, sintiendo que la mano derecha le temblaba al hacerlo. No quería morirse sabiendo que era la única esperanza de vida para su familia. Tendría que buscar ayuda en alguno de los otros tres, el que más dispuesto se mostrara a cooperar.
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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Helamis el Dom Ene 13, 2013 10:40 pm

Yvonne hablaba y hablaba sobre su organización, Eclipse, Helamis parecía mostrar cierto interes, pero la verdad es que no le interesaba lo mas mínimo, su organización era demasiado disparatada para su gusto, salvar a la humanidad era un objetivo noble, pero fuera de si, pues dudaba mucho que los humanos necesiten a Eclipse para sobrevivir...

A Helamis le molestaba la manera en que Yvonne los miraba, juzgandoles, la cuestión era si iba a emitir su veredicto o iba a guardarselo...

De repente, alguien entró por la puerta, era un hombre, un soldado mas bién, portaba una armadura adornada y aparentemente cara, -¿ será un general de alto rango- pensó Helamis al verlo, el hombre, armado con un látigo y un escudo no parecía tener buenas intenciones... después de dejar claras sus intenciones e irse, no sin antes dejar a unos cuantos soldados para detenerlos, la situación no era en absoluto favorable, ahora 6 soldados avanzaban hacia ellos, las opciones eran, rendirse o morir...

Helamis se preguntaba como es posible que haya llegado a esa situación, una trampa quizas... miraba de reojo a Yvonne, no parecía sorprendida ni nada, ¿ acaso esperaba esto o es solo su manera de ser ?, de todos modos, no era el momento de pensar en eso... sinó mas bién, que iba a hacer ahora...

-Tal vez... rendirse sea la mejor opción, nos superan en numero. y...- Pensó por un momento, pero abandonó esa posibilidad cuando Necross sacó su arma y empezó a hacerles frente...

-No duda, ni teme, ¿ o directamente no piensa y actua por instinto ?- Se dijo a si misma en voz baja mientras miraba sorprendida la reacción de Necross

La supuesta mercenaria miró la mesa... -No, eso es demasiado estupido, incluso para mi- siguió pensando, al mirar las escaleras, otro pensamiento se cruzó en su mente. -Podría huir por las escaleras, pero estaría igual de atrapada, además, soy una guerrera, no puedo irme sin mas, solo me queda una opción...-

Helamis miraba a dos soldados que parecía que iban a por ella, portaban un escudo y una espada, igual que ella, ademas de una armadura de cuello abajo... no le daba tiempo a pensar si eso era un punto en contra o a favor, así que los miró fijamente, acercandose un poco, sin desenvainar su espada, como si no fuera a oponer resistencia, como su grupo ya había opuesto resistencia, era tarde para rendirse, de modo que uno de ellos levantó su espada para matarla, y al intentar asestar un golpe, Helamis se defendió con su escudo atado a su brazo izquierdo, después apartó la espada con el escudo y asestó un golpe en la mandibula del soldado con los bordes de acero del escudo, este cayó al suelo, no se sabía si había perdido el equilibrio, estaba inconciente o simplemente había muerto, tuvo suerte, el soldado no se lo esperaba, pero ahora ya había perdido el factor sorpresa...

-¡Maldita!- grito el otro soldado que reaccionó rapido y la golpeo con un escudazo y lanzandola hacia atras y cayendo al suelo... el soldado se acerca rapidamente para intentar asestar un golpe final.


Última edición por Helamis el Mar Ene 15, 2013 2:53 am, editado 1 vez


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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Farimir el Lun Ene 14, 2013 11:02 pm

Era un día soleado cuando Farimir entro a aquella taberna. El olor a alcohol inundo su nariz a penas cruzo la puerta. Pero le molesto más los incesantes griteríos de los borrachos. Algunos reían mientras la cerveza caía por sus bocas, otros gritaban balbuceadas incomprensibles y otros hasta dormían de borrachos. Farimir se sentó en una mesa en una esquina, lo más alejado de todo el jolgorio. Farimir intento apartar su mirada de todo eso, pero desgraciadamente no pudo, así que decidió distraer su atención leyendo un anuncio que encontró.

El anuncio decía algo de un reclutamiento. El propósito parecía tener que ver con defender a la humanidad, de algo peligroso, de orcos. Farimir jamás se negaría a ayudar a los inocentes, y menos a matar a esas bestias. Pero la reunión, ya había comenzado según la hora. Arranco el cartel, lo guardo en su mochila y salio corriendo del lugar. Casi atropella a varias personas, pero siguió las indicaciones del papel y llego hasta lo que parecía ser una mansión. Cuando llego vio que la puerta estaba cerrada. Pero entonces hoyo ruidos extraños. Casi parecía una charla, o algo así, y alguien acercándose. Decidió no arriesgarse, así que corrió, y se oculto detrás de un arbusto cerca de la mansión. Segundos después salio un hombre con armadura y pelo largo. Tenía cara de pocos amigos y portaba una Urumi, al igual que Farimir.

Decidió esperar a que se alejara para entrar a la casa pues no quería meterse en líos con ese desconocido. Pero cuando trato de entrar comprobó que la puerta estaba cerrada. Entonces se asomo por una de las grandes ventanas del frente de la mansión. Vio a 6 guardias peleando contra tres personas. Dos de ellas se le hacían conocidos, la otra era una arquera que jamás había visto, flaca y esbelta con camisa y pantalones. También había una mujer de tez blanca, con algo de músculos, bastante para una mujer que parecía no ser una guerrera. Vestía pantalones negros y una especie de prenda blanca que no cubría mucho. Uno era Necross, y otra era Helaniss. Ambos habían sido sus compañeros en una de sus aventuras en el océano, en esa extraña isla. Además lo habían rescatado del naufragio, así que les debía una. Necross y su lobo mascota parecían bien librados, incluso habían matado un guardia, al igual que la arquera, aunque esta parecía herida en el hombro. La cuarta chica ni siquiera había entrado en combate. Pero la más preocupante era Helaniss, estaba en serios apuros

La ventana estaba abierta, así que Farimir se trepo y se coló a la casa en medio de la pelea sin hacer ruido, para evitar ser descubierto mantener el factor sorpresa. Saco su kukri de la funda mientras se acercaba por detrás de los soldados que atacaban a Helaniss y lo arrojo contra la espalda de uno de ellos, matándolo. Entonces desenvaino su espada y avanzo corriendo hacia el otro soldado. Freno en seco a metros de distancia y se mantuvo en pose defensiva, esperando que atacara, o que se distrajera lo suficiente como para que Helaniss lo matara
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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Yvonne Baynham el Mar Ene 15, 2013 7:02 am

Lo que en un principio se veía como la típica casa de algún adinerado se transformó rápidamente en un limitado pero aun así peligroso campo de batalla. Yvonne Baynham se había puesto de pie para ubicarse detrás del grupo, junto a Blödjren. Al menos sabe cuál es su lugar en un combate, pensó. La idea de estar en la casa del Profesor Willson había desatado toda una serie de hipótesis en su mente. Hipótesis que tuvo que detener para enfocarse en el presente. Luego ya tendría tiempo para pensar en el momento exacto en el que había caído en aquella trampa, y quién le había dado el empujón final.

El Hombre Etéreo le había encomendado aquella misión en persona, o lo que es igual con él, mediante una manifestación etérica provocada por la magia. Claramente no era él quien la quería muerta, pues estaría siendo emboscada por un grupo de élite. Estos soldados no eran más que peones. Si no eran un aviso oculto tras la orden de captura del Profesor Willson, entonces eran herramientas de algún traidor que buscaba deshacerse de Yvonne.

Necross era un combatiente hábil, al igual que estaba demostrando serlo Helamis. Ambos eran agresivos guerreros preparados para lo peor. Los soldados que habían sido contratados para participar de la captura no parecían gran cosa delante de estos dos, y el efecto sorpresa no funcionó estando las puertas tan lejos del centro. Necross no necesitó armarse de valor para sacar la espada más chica de su funda, mientras alzaba su voz en un grito de guerra. Chica relativamente, a comparación con la que llevaba en la espalda, que podía tratarse de un espadón, cabe aclarar. Lo primero que hubiera pensado cualquier espectador, es que el guerrero usaría su arma para bloquear el primer barrido. Necross lo hubiera sorprendido, pues eligió esquivarlo y si bien casi no lo logra, pues el fino pasó a menos de un pulgar, resultó ileso. Ahora que estaba en pleno estado de adrenalina, no le costó detener la embestida del enemigo con su pierna, esto sin embargo produjo un efecto resorte que le hizo caer de espaldas.

Como si la caída nunca hubiera existido, el guerrero se inclinó hacia el segundo mercenario que se acercaba, y si bien estaba en segundos estaría en desventaja, por el momento tenía las de ganar. El mercenario dividía su atención entre el lobo y su dueño, más justo cuando parecía haberse decidido por el canino —a quien en un momento llegó a llamarle saco de pulgas-, un recién derribado Necross le lanzó una estocada. Con un cambio repentino de prioridades, el soldado se defendió como pudo sin sospechar que en pleno contraataque Foxhound se lanzaría sobre él para defender a su amo. Los colmillos del lobazo negro hendieron la piel de la nuca, y bajaron hasta clavarse en un hombro derribando al pobre desgraciado y ocasionando una oportunidad a Necross para partirle la cabeza de una estocada. El compañero de este, que se había entretenido mirando a la doncella del arco moverse entre las sillas esquivando y dañando, no pudo creer cuando vio aquel globo de sangre, otrora una cabeza, casi reventar bajo la espada del guerrero.

— Señor, tenemos un problema— dijo en voz alta, asombrándose a si mismo de los nervios plasmados en su voz. La voz casi se cruza con la de Katniss, que, viéndose en medio de una emboscada, eligió canalizar todas las dudas en una seria acusación. Todo ocurrió rápido, como acostumbra pasar en cualquier combate donde una de las partes quiere imponer su voluntad rápidamente. ¡Vaya mala suerte la de estos pobres desgraciados! El llamado del soldado distrajo a su oficial justo en aquel momento en el que este estaba por acabar con la arquera. Sin haberlo pensado, cometió un error imperdonable para cualquier soldado, había provocado una equivocación en su superior.

La flecha cortó el aire a una velocidad no tan extraordinaria como la precisión plasmada por Katniss Blödjren. El proyectil se clavó en la sien del oficial, empujando la cabeza y por consiguiente, haciendo tambalear el cuerpo para caer al suelo ya sin vida. Los ojos blancos grabándose a su vez, en las retinas de su subordinado, que para entonces, ya se habían olvidado de Necross. Lamentablemente la hoja del oficial había alcanzado a Katniss en un hombro, incapacitándola para seguir ejecutando disparos tan precisos. En otro momento, en otro combate quizá, el soldado hubiera cambiado su objetivo para atacarla. Esta vez le pareció que todo iba demasiado lejos. Él se había metido en todo aquello porque su familia necesitaba el dinero, y vaya que pagaban bien por capturar gente como el tal Profesor Willson. Pero esta vez… esta vez no. Su espada cayó de la mano casi al mismo tiempo que sus rodillas tocaban el suelo.

— No puedo— musitó, imperceptible para cualquier oído. Nadie oiría sus últimas palabras.

Cerca de allí, el grupo atacante estaba sufriendo otra crisis. Una joven de aspecto inocente estaba haciendo estragos con uno de los soldados, que bien cabe destacar, había pensado seriamente la posibilidad de desarmarla mientras se acercaba junto a su compañero. Desarmarla para hacerle hablar, habría dicho, pero no eran palabras lo que esperaba de ella. Su mirada lasciva se había clavado en los labios de la chica. Antes de poder quitarle la espada a Helamis con la fuerza de su propio arma, se vio interceptado por un escudo que bien hizo su trabajo. La joven no sufrió el impacto, en cambio el soldado quedó con un brazo entumecido. Cuando quizo moverse, el escudo volvió por más, golpeándole con fuerza en la mandíbula. Él, que había estado a punto de insultarla, no pudo evitar cortarse la lengua con sus propios dientes. El sabor del cobre reventó en la boca provocando un dolor incomparable a cualquier otro sufrido por el hombre.

La joven no tuvo tanta suerte con el otro enemigo. La humillación ocasionada a su compañero no hizo más que incitarlo a cargar contra ella, lanzándose en una violenta embestida sobre Helamis. Yvonne Baynham, que no lo tenía más fácil al ver que uno de los oficiales se abría paso entre sus compañeros para enfrentarla a ella, observaba sin miedo al grupo. Después de todo no era una mala formación, contaba con un guerrero abiertamente agresivo, una duelista de espada y escudo y una arquera con buen ojo. La maga sentía como el universo entero la llenaba. Podía sentir el cosquilleo previo, aquella brisa que llega antes de la tormenta. Su mano derecha sostenía el cetro, la otra, esperaba en la cintura, dibujando el mango de una jarra. Aquello era pan comido. Solo tenía que decidir si estrellar al hombre contra una pared, o inmovilizarlo para hacerle algunas preguntas. Tenía unas cuantas que exigían respuesta a gritos.

Cuando el hombre llegó hasta ella, una corriente de poder lo sacudió. De la mano de Yvonne salía lo que a simple vista parecían pequeños rayos, y aunque no tenían un objetivo preciso, se hicieron sentir en cada cartílago y terminación nerviosa del oficial. Estuvo a punto de dejarlo con vida el tiempo necesario para sacarle esas respuestas que tanto quería. El hombre no tuvo esa suerte, pues inmovilizado como estaba, le dio tiempo a la maga para ver cómo iba el combate. Después de dedicarle una sonrisa, observó a sus compañeros separados por el gran salón. Katniss descansaba contra la pared, cerca del oficial inmovilizado, y más aún del que ella misma había matado. Necross se había recuperado de la caída.

— Deja a ese con vida— le pidió señalándolo con un ligero movimiento de la cabeza. Ya sabía quién terminaría con los interrogantes… o los comenzaría.

Helamis, por su parte, aún yacía en el suelo no obstante el ataque del cual ella no podría defenderse con el peso de sus armas dificultando sus movimientos nunca llegó. El soldado, que alzaba su espada en un gesto de victoria sobre el rival muy predecible, dibujaba una mueca de asombro en sus facciones regordetas. El cadáver cayó revelando que había llegado alguien más para unirse a la misión, y que podría ofrecer cierta ventaja, pues en vez de quedarse tranquilo al haber derribado a un enemigo, se había preparado para encarar a otro. Este otro, claramente, jamás se giraría, atormentado por el dolor como estaba, de rodillas.

Yvonne se limitó a sonreír de forma sutil, como tenía por costumbre, antes de hablarle.

— Acábalo— ordenó con simpleza, antes de devolver la mirada al oficial que había inmovilizado momentos antes. — Ya no me sirves— le aclaró por si las dudas, antes de pegarle con su cetro en la prominencia laríngea conocida como nuez. — Necross, haznos el favor— le pidió inclinando ligeramente la cabeza hacia un costado. Expresando otra orden de ejecución. El oficial sufriría en su partida, pues incluso antes de encontrar el filo de la espada de Necross, ya había perdido el aire.

Después de cerciorarse de que todos estuviesen bien, Yvonne Baynham caminó hacia el único soldado que había quedado vivo. Tenían asuntos pendientes.

Fuera de la casa. A unos cien metros hacia el oeste, un carro tirado por cuatro caballos negros se detenía en la esquina, en la intersección de las calles. Los detalles más sutiles no se distinguían en la penumbra de la noche. Curiosamente, los soldados apostados en esa esquina no se sorprendieron al ver el carro, ni se acercaron a preguntar qué asuntos llevaba a su dueño a pasar por allí. La puerta se abrió desde dentro para dar paso a uno de los sirvientes, quien con cabeza gacha señaló al soldado por dónde debía entrar. El soldado entró obviando el formalismo y se sentó de frente al dueño del carro. Antes de cualquier saludo, sus palabras fluyeron hacia otro tema.

El carro se puso en movimiento.

— La vi— le contó, con el ceño fruncido y la mirada perdida en el paisaje.
— ¿A quién has visto?— preguntó el otro, ataviado con un traje propio de la aristocracia de Phonterek.
— A Yvonne. He visto a Yvonne, está allí dentro. Los hombres la capturarán, milord. Al fin has dado con ella.

Lord Henry Baynham no pudo hacer más que sonreír. Sus ojos azules se posaron en las facciones del soldado, tenuemente iluminadas por las danzarinas llamas de un farol. Su mente contestó lo que nunca le diría a su subordinado. Si realmente es Yvonne, tenemos una larga noche por delante.


Última edición por Yvonne Baynham el Dom Ene 20, 2013 8:13 pm, editado 1 vez


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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Katniss Blödjren el Miér Ene 16, 2013 2:35 am

Katniss respiró agitadamente puesto que al final el cuchillo no había sido necesario. Lentamente fue calmandose, haciendo que su respiración fuera más lenta también; sin dejar de mirar el escenario frente a ella puesto que tenía que estar alerta en todo momento. Luego sí volvió su vista al hombro, y deslizó lentamente la manga hasta llegar al agujero que le permitía ver su herida. Instintivamente alzó su otra mano para apenas rozar con suavidad allí donde la piel estaba más roja. Le causaba un cierto nivel de asco todo eso, pero no era la primer vez que se lastimaba, y sabía que tenía que tratar eso pronto si no quería infecciones. Guardó el cuchillo puesto que creía que el peligro había pasado, y rebuscó su cantimplora con agua, para verter un poco por su hombro sin cuidado. Ardía un poco, pero se contuvo de emitir ninguna exclamación; fuera de eso el agua hacía cosquillas sobre su piel. Se apoyó en la pared, y dejó caer su cabeza hacia atrás. Lo único que realmente lamentaba de todo esto era la rotura de la campera de cuero, pertenencia anteriormente de su padre.

Frunció el ceño, siendo que difícilmente tendría arreglo, pero no la dejaría allí tirada. Resguardó algunos sorbos de agua, y luego se arrancó la manga de la camisa maltrecha. La pasó por su espalda, teniendola contra la pared, y con su otra mano y la boca terminó por atarla de forma tal que haría presión sobre la herida. No sentía tanto dolor por el momento, tal vez porque la herida había aparecido hacía unos pocos minutos, pero no sabía cómo evolucionaría en un par de horas.

Sus ojos grises finalmente se dirigieron al intruso recién llegado a la fiesta, porque sí, no había pasado el detalle de aquel desconocido que al parecer había ayudado a Helamis. Que era una mercenaria. Y ahora estaba bajo las órdenes de Yvonne. La pelinegra, miembro de Eclipse, le debía una buena explicación. Se colgó la mochila al hombro (agarró también el arco) y la buscó, centrando su mirada en ella. Estaba pensando en las mil y una formas de estamparla contra el suelo para que le explicara por qué había pasado todo eso, pero por ahora su interés de una batalla mano a mano era bajo puesto que tenía el hombro herido. Apretando los dientes se aguantó de no hacerle nada.

-¿Qué fue todo eso?-Sus dientes estaban que crujían, y más que una frase bien hecho fue un siseo. Si había algo que odiaba eran los ataques por la espalda, que la traicionaran. Ella no era del tipo que perdonaban con facilidad, y si no fuera porque el bienestar de su familia estaba en juego, ni se habría molestado en seguir adelante con la misión. Era un reclamo lleno de veneno, y aunque la Baynham pusiera todo su empeño con la respuesta, difícilmente lograría convencer a la chica en llamas-Espero que no se repita-Y quiso agregar "No tengo interés en lastimarme el otro hombro" pero enmudeció de forma repentina. Sabía que la de ojos celestes no se dejaría intimidar fácilmente, e incluso contemplaba la posibilidad de un castigo, pero aún así necesitaba soltar ese enojo que llevaba muy dentro suyo. Y poco le había importado el hecho de que ella parecía estar interesada en hacer hablar a uno de los soldados; su ira era algo mucho más importante que cualquier otra cosa. En cuanto obtuvo su respuesta se giró, buscando las salas por las cuales habían aparecido los soldados; quería asegurarse de que no quedara ni uno solo.

Ingresó a la que estaba más cerca de su posición (sala 8 ), encontrandose de inmediato rodeada de libros. Que extraño, puesto que se había encontrado con gente supuestamente entrenada en el combate, había llegado a creer que tal vez toda la mansión era algun tipo de cuartel secreto. Pero sería raro encontrar una biblioteca en un cuartel... ¿A quién pertenecía ese lugar? La majestuosidad de cada sitio que observaba nada tenía que ver con su humilde hogar. De pronto se sentía extasiada, y cohibida por el lujo que la rodeaba, y al cual nunca terminaría de acostumbrarse. Ella no encajaba en aquel mundo de la clase alta, lleno de pompa y delirios que solo el oro podía comprar. Y hasta le daba asco pensar en que había gente que un poco más y se revolcaba en dinero, cuando a ella le faltaba para comer en algunas ocasiones, y su única salida era salir a cazar.

Y de pronto recordó a Primrose, a Gale y a su madre, tan lejos de Phonterek... Sus dedos se pasaron por la suave madera de una mesa en donde reposaban varios escritos. Eso le recordaba a los bosques, donde se había criado, y en donde se había transformado en una mujer hecha y derecha. Extrañaba su hogar, porque extrañaba a sus seres queridos. Y porque donde ellos estuvieran, ese sería su hogar, su lugar. Pero por ellos tenía que ser fuerte y concentrarse en obtener algo de dinero. Desvió su mirada, y notó que había un libro abierto, con extraños símbolos. Se acercó y notó que era lengua élfica. Con dificultad comenzó a leer algunas palabras sueltas. "Magia", "poder", "sabiamente", "hechizos"; y algunas otras cosas que pudo comprender con algo de dificultad. Se lamentaba no conocer de mejor forma el lenguaje élfico. De todas formas nunca le había interesado demasiado la magia.

Se adentró levemente en aquel laberinto de estanterías (o al menos para ella era grande), leyendo en los lomos de los libros títulos de los más extraños y variados. No iba a tocar nada, a pesar de que algunos escritos llamaron su atención. No quería desordenar, y puesto que no era la dueña no se sentía en derecho de posar ni un dedo en todas aquellas cosas.

Off: Bien Yv perdón por inutilizarme, pero se supone que los stats del soldado eran mejores, que Katniss está enojada por la trampa, y pensé que podíamos cerrar acciones a gusto mientras sucediera la batalla. Además la idea era no comprometer ni músculos ni huesos, sino causar un poco de dolor que en un par de días se arreglaría.
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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Necross Belmont el Jue Ene 17, 2013 4:29 am

¡Foxhound!, no te comas a ese ti... agh

Si bien lucha valientemente, Necross no pudo evitar hacer un error crucial, de no ser por su fiel lobo el cráneo que esta reventado probablemente sería el de él. Una muerte repentina ocurre, el responsable fue Farimir, a quien Necross conocía de una desafortunada aventura anterior, verlo despertó todos los recuerdos de ese día, si bien no dejo que los demás lo notaran, estaba algo afligido.

Pronto en la cabeza de Necross surgía una duda, ¿fue Yvonne la que los metió en todo esto?, su duda desapareció cuando vio que la femme fatale lanzo un tipo de poder a un soldado enemigo, demostrando que estaba con el grupo.

¡Wow magia!, esta tipa me agrada cada vez más.

Ya viendo que la mayoría de los enemigos estaba muerto, Necross sigue las órdenes de Yvonne, Guarda su bastarda, y a para asustar al soldado toma a su Sherckano, la espada en su espalda. Luego apunta al soldado enemigo y lo obliga a soltar sus armas mientras este ve a un erizado Foxhound. El soldado baja sus armas y Necross lo toma de un brazo y lo acerca a Yvonne, ya cuando está cerca de la mesa lo lanza fuertemente.

Ahora has de responder nuestras preguntas compañero, comenzando con esta... ¿¡Donde tienen el licor en esta casa!?

Luego mira a Yvonne aun con su espada en mano, Las preguntas te las dejo a ti, creo que tendrán mas coherencia si tú las haces, para mí esto no fue más que una emboscada pero acabo aquí, si se pone interesante puedo seguir ayudándote. Aunque querida, con esas curvas no influyes mucho miedo, te prestare al lobo para que tortures como quieras a este infeliz. ¡Foxhound!, quédate aquí

Luego nota que la arquera se aleja del grupo, este va con ella, no será que aparezcan mas soldados de esa habitación, La chica se fascina al ver una biblioteca allí, Necross decide irse al ver que no hay peligro, luego se acerca a Farimir y le extiende la mano en señal de bienvenida, sin hablar en ningún momento mira a Helamis y pregunta cómo se encuentra, si es que sufrió de algún daño en la batalla, al escuchar la respuesta, decide investigar un poco más sobre la mansión, saca su pipa y comienza a fumar, luego sube las escaleras como si ese lugar fuera su propia casa se pasea sin problemas siempre con Sherckano en su mano, arriba le grita a Yvonne que Foxhound hará caso de todo lo que le diga, pero que no lo toque o le sacara una mano…



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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Helamis el Jue Ene 17, 2013 10:59 am

Helamis había caido al suelo, mientras el soldado se acercaba rapidamente, pues quería aprovechar su ventaja antes de poder perderla, talvez ahora se había dado cuenta del peligro que representaba la chica cuando esta golpeo sin vacilación alguna a su compañero, quien se encontraba ahí detrás, retorciendose de dolor, al parecer el golpe con el escudo fué un golpe afortunado, y aquel soldado carecía de experiencia y de frialdad para seguir luchando a pesar del dolor, si no fuera por eso, estaría perdida, ahora tampoco tenía las de ganar, pero había que mirar el lado bueno.

El soldado se disponía a asestar con su espada un golpe mortal sobre Helamis, quien yacía en el suelo, en una clara posición desventajosa, ¿ podría defenderse de aquel ataque ?, era díficil, aunque nunca lo averiguaría, pues aquel ataque nunca llegó, el soldado cayó repentinamente, por poco cae encima de Helamis, quien rodo para evitar tal desgracia, el soldado parecía haber muerto en el acto.

La mercenaria asomó la vista, lo primero que vió fué al soldado de rodillas, retorciendose de dolor, nada nuevo, seguía ahí, ni siquiera la muerte de su compañero le hizo reaccionar, un poco mas arriba, se alzaba una figura vagamente reconocible, si no fuera por su aspecto tan extraño seguramente no lo habría reconocido, era Farimir quien supuestamente la había salvado de morir contra aquel soldado, aunque waro último ella lo terminaría negando, o incluso se sentiría ofendida...

De repente, escuchó la voz de Yvonne, dando una orden.

-Acabalo- Dijo Yvonne, Helamis seguía confusa, por lo que no pudo interpretar si esas palabras iban dirijidas a ella o a Farimir, dandole poca importancia a este hecho, la chica soltó su escudo de su brazo, se levantó en un abrir y cerrar de ojos y desenfundó de una vez por todas su espada, se dirigió corriendo hacia el soldado herido, quien estando de rodillas no pudo hacer nada para evitar que la hoja de la guerrera atravesara su garganta, quien, para evitar que el soldado se moviese mientras sostenía la espada con una mano, con la otra sostenía la cabeza del soldado.

Mientras ejecutaba aquel cruel acto, dedicó una sutil sonrisa a Farimir, aunque ni ella misma sabe porqué, al terminar, dejo reposar el cadaver del soldado en el suelo, y miró hacia Yvonne y los demas... ya estaban acabando y parecía que iban a interrogar a uno de ellos, la arquera se alejaba, Necross se acercaba, Helamis volvió su mirada a Farimir, su mirada no expresaba gratitud alguna, mas bién, era como si estuviese ofendida por alguna cosa, antes de que alguna palabra pudiese surgir, Necross apareció, saludando a Farimir, y preguntandole a ella como se encontraba, esta, cambia de inmediato su expresión y sonríe levemente.

-No te preocupes, Necross, estoy perfectamente- Dijo con cierto tono alegre la mercenaria, después, envaino su espada, recogió su escudo y se fué a ver los libros a la biblioteca, aunque no era mas que una excusa, pues al ver a Yvonne con ese soldado, parecía que le iba a interrogar, y a Helamis poco le interesaba lo que fuera a decir, pues cuanto menos supiera, mejor.
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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Farimir el Jue Ene 17, 2013 5:49 pm

La pelea concluyo rápido. Farimir vio como Necross derrotaba al otro soldado con ayuda de su lobo. También observo a la chica delgada con el cetro, quien resulto ser una maga, que inmovilizo a un soldado para luego matarlo. Había quedado un soldado entre el y Helaniss, a quien Helaniss, a quien le dijeron que matara. Sin embargo Helaniss se adelanto y lo mato rápidamente... Solo quedaba un soldado superviviente. Farimir no sabia de donde había salido pero el punto era claro, debía decirles lo que buscaban. El primero en preguntar fue Necross, quien pregunto donde estaba el licor de la casa. Entonces dejo a su lobo con la maga y se fue siguiendo a la arquera hacia otra sala.

Farimir había conseguido su objetivo, el guardia había caído muerto al suelo. Por suerte pudo salvarle la vida a Helaniss. Sin embargo la chica no parecía muy agradecida por el hecho de que la hubieran salvado, casi parecía ofendida, ya que ni siquiera le dio las gracias a Farimir por salvarla. Pero para el estaba bien, después de todo, ella técnicamente lo había ayudado antes, así que estaban a mano, eso era todo lo que le importaba. Entonces apareció Necross y le tendió la mano. Farimir le extendió la mano también “Veo que no cambiaste mucho, sigues teniendo un vicio grande por el licor”.

Entonces decidió ir a curiosear a donde había ido la arquera. Antes de entrar a la habitación noto que era una gran biblioteca. A Farimir no le interesaba mucho la lectura, pero entonces recordó que hacia varios días no escribía su libro. Entonces volvió al salón principal y se puso en una silla a escribir. Sin embargo luego de las primeras palabras algo lo perturbo

Farimir se sentía algo aliviado de que la pelea hubiera concluido, pero estaba confundido, tenía muchas dudas. Por que habían atacado los soldados, quien era la chica maga, donde estaban y que cambios implicaría esto para la misión. Farimir recordó entonces que no había recogido su kukril. Fue hacia en soldado y de un tirón fuerte lo extrajo y lo volvió a guardar en su funda. Luego fue directo a la maga y le dijo “Como sabrás soy nuevo en esta “misión”, si hay algo que los demás sepan y que yo no, o que los demás hayan dicho que yo no, agradecería que me lo dijeras. También me gustaría saber quienes eran los tipos que atacaron recién. Y otra cosa, cuando estaba por entrar vi a un hombre de pelo largo negro, con armadura y una Urumi. Quien era ese tipo

Farimir sabia que hacia muchas preguntas y eso podía ser peligroso, pero necesitaba tener todos los datos posibles, estaba más atrasado que el resto en cuanto a información. Decidió quedarse mientras torturaban al soldado. El nunca disfruto de la tortura, y su código impedía que disfrutara torturando. Tenia una cicatriz en el antebrazo debajo de los guanteles que decía literalmente “No torturaras por gusto” Esa cicatriz era un recuerdo que el mismo se había hecho por honor, de que no debía torturar por gusto.
Pero también debía torturar si el caso era necesario. De todos modos la mujer parecía más que capaz de hacer un perfecto trabajo en cuanto a la tortura. Solo ella sabia cuantos conjuros mágicos podía usar para torturara mentalmente a ese hombre hasta el borde de la locura, y si eso fallaba, siempre estaban los métodos tradicionales.

Farimir se asomo un poquito a la ventana de la casa por donde había entrado para cerrarla, pero entonces vio una carreta y le grito a sus compañeros “Oigan, tienen que ver esto, hay una carreta detenida justo en la entrada” Farimir se preguntaba que haría una carreta ahí
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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Yvonne Baynham el Vie Ene 18, 2013 10:04 pm

Los efluvios, como era de esperarse, inundaron el gran salón de una insigne casa que excedía el nivel de las calles secundarias de Phonterek. Puertas adentro, una cruzada entre dos grupos había tenido lugar. Los miembros de un grupo no conocían a los del otro, y sin embargo, acababan de librar una batalla a muerte. Aunque hubo ciertos desperfectos al momento de luchar como un equipo, cualquier persona acostumbrada a tratar con reclutas, habría encontrado mucho potencial entre los jóvenes reunidos allí. Yvonne Baynham no contaba como excepción. Hacía tiempo que no encontraba jóvenes talentos capaces de lidiar con una emboscada, ni siquiera entre los conscriptos de Eclipse. Aunque no se regocijaba con la idea de trabajar en grupo, estaba acostumbrada a hacerlo. Además, esta oportunidad podía llegar a resultar distinta a cualquier otra.

Por primera vez, tenía en su grupo una variedad de características premeditadas. ¿Sería casualidad todo esto? ¿O formaba parte de la trampa? ¿Qué tal si sus compañeros estaban allí para matarla? No. Podrían haberse encargado de ella en algún momento de la batalla. ¿Y si esa emboscada había formado parte de otro plan, y aun así el grupo estuviese allí para secuestrarla? En tres años fuera nada ha cambiado. Tendría que confiar en el grupo tanto como lo hacía siempre, entre poco y nada. Y mientras tanto, manejar la poca información que tenía para que la llevase a algún puerto seguro.

Entre los primeros en moverse después de la pesadez habitual que deja una descarga de adrenalina como la que habían pasado, estuvo Katniss Blödjren. Desde que había llegado, la arquera se mostraba bastante irritada con la actitud arrogante de Yvonne. Esta, por supuesto, no creía ser arrogante, simplemente estaba segura de sus facultades. Segura de sus aptitudes no solo en el combate, sino para dirigirlos en aquella travesía. El tema de los orcos que asediaban Phonterek por las noches, resultaba lejano. Casi como si fuese parte del pasado, o de algún sueño poco importante. Lo único importante para la maga era mantener el grupo acoplado, y para ello tendría que convencer a la arquera de que ella no tenía nada que ver con aquella emboscada. Por suerte se le daba bien mentir.

— Dos opciones: una verdadera orden de arresto del tal Profesor Willsonde quien no te hablaré aunque en realidad lo conozca— o una emboscada dispuesta por algún interés oculto detrás de los ataques de los orcos— comentó con frialdad en la mirada, aunque el fuego en los ojos de Katniss amenazaba con derretirla a golpes. Es como un animal, y está herida. No se saldrá de control, solo hay que mantenerla al margen de la verdad.

Si le contaba lo que recordaba del Profesor Willson, un famoso alquimista de Phonterek, y amigo muy personal de su padre, quizá no pudiera controlarla. La única opción viable era mantenerla en la ignorancia.

— Lamentablemente mis campos de estudio son de magia elemental, Blödjren— agregó sonriente— cuando sea capaz de adivinar si van a emboscarnos te avisaré, y de paso practicaré sanación para ayudarte cada vez que dispares una flecha.

Más allá del carácter apasionado de Blödjren, el grupo estaba cumpliendo órdenes con bastante celeridad. La emboscada resultó una buena oportunidad para conocerlos, aunque era consciente de las sospechas del grupo en primer momento, pues todos la miraron a ella antes de involucrarse en el combate, no habían dudado en ejecutar lo que se les mandó hacer. Antes de que el grupo se dispersara, o comenzara con el interrogatorio, se acercó al soldado que Necross puso sobre la mesa y decidió hablarles para no tener que responder preguntas personalmente.

— Acabamos de repeler una emboscada contra seis mercenarios de forma bastante eficaz, aunque hubo errores que pudieron costar la vida— aclaró dirigiendo sus iris azules a Necross, y a Helamis. — He de confesar que han superado mis expectativas. Hemos prevalecido aunque el factor sorpresa no estaba de nuestro lado, y nos hemos hecho con un prisionero pero la próxima vez, puede que el lobo no esté allí, o que no haya ventana para que un extraño venga a salvarlos. Habrá que trabajar en eso.

Hechas las correcciones, les dio un instante de silencio para que asumieran lo que acababa de decir. El cabello caía rebelde sobre los hombros tapados por la fina tela. Una fina capa de sudor cubría la piel de Yvonne. El combate no había supuesto un verdadero desafío, pero el hecho de tener al Profesor Willson en medio significaba problemas. Especialmente, porque cabía la posibilidad que detrás de la emboscada, estuviese Henry Baynham. ¿Hacía bien en ocultar esta información al grupo? Quizá resultase crucial durante la noche que les esperaba, pero, ¿cómo confiar detalles de su vida privada en un grupo que apenas conocía, si jamás lo había hablado con nadie? Esta vez algo había salido mal en los planes del Hombre Etéreo.

Cuando puso su foco en el presente de nuevo, Necross estaba ofreciéndole su lobo.

— No necesito de animales para ejercer mi trabajo— le espetó tajante— y créame— agregó llevando el peso de su cuerpo a la pierna derecha y poniendo el brazo izquierdo en jarra— se sorprendería.
» Y tú, desecho humano. Tenemos que hablar.

El soldado, desarmado y vulnerado como estaba, no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir sin responder el interrogatorio. Era un hombre joven, de más de veinte pero menos de treinta. En sus ojos había temor, no era la clase de sentimiento que cualquiera esperaría encontrar en un mercenario dispuesto a matar personas sin ofrecer una rendición antes. Sus placas lucían marcas viejas de cortes, posiblemente, ni siquiera había sido él quien se había salvado usándolas. A Yvonne le hubiera dado lástima, si hubiese sido una persona capaz de sentir algo similar. Pero no lo era.

— Quiero que me mires a los ojos cuando te hablo— le pidió dando un paso atrás, dispuesta a dejarle que se levantara de la mesa y la mirase. — ¿Qué te ha traído aquí?
— La paga— respondió el muchacho, que no pudo evitar bajar la mirada para no encontrarse con los ojos de Yvonne. — Mi familia lo nec…
— Créeme, esa no es excusa. La arquera que estaba por matar tu oficial al mando, ese que murió por tu culpa, también tiene una familia que alimentar. ¿Sabes lo que hace para subsistir? Se dedica a cazar gente como tú— comentó sonriente. — No me importa la historia de tu familia, si quieres ayudarla, intentarás sobrevivir, y tienes una sola manera de hacerlo. Contestarás a mis preguntas. ¿Me explico? Yo pregunto, tú contestas, luego te vas con esto.

Caminó tranquila cerca del soldado para recoger la mochila que había dejado a un lado de la mesa, rebuscó otra bolsa de cuero similar a la que había sacado antes y tomó uno de los colgantes que tenía allí.

— Esto, toma— le dio el pequeño símbolo de Eclipse labrado en oro— y comienza a hablar, ¿qué hacías aquí esperando?
— Estaba esperando la orden para entrar— contestó embobado con el brillo del oro, que ahora tenía en su mano mugrienta. Al comprobar que no era suficiente, decidió extender la respuesta— nos dividieron en dos grupos al mando d…
— Esa parte ya la sabemos, no me importa cómo se organizaron sino quién lo hizo. ¿Quién es el Profesor WIllson?
— El Profesor es un alquimista de renombre que se convirtió en un objetivo para la Alianza al comprobarse que es un ayudante de Henry…

Con una velocidad nacida de la desesperación, Yvonne llevó su mano al cuello del hombre.

— Suficiente. ¿Si la Alianza tiene que encerrar a Willson por qué envía gente de tu calaña? Ha quedado demostrado que no sirven para el trabajo.
— A mí no me pagan para hacer preguntas, a mí me pagan para capturar a gente como el Profesor.
— ¿De veras? Pues aquí no hay ningún Profesor, estamos nosotros y todos tus colegas— extendió el brazo señalando los cadáveres en el suelo. — ¿Quién te ha enviado? Y es la última vez que lo pregunto.

Necross, Farimir y Helamis. Los dos primeros se habían ido detrás de la arquera a explorar la casa, pero a diferencia de esta habían regresado al salón principal apriesa. Helamis se había encargado de otro soldado, pero no se había movido de allí. Su apariencia aniñada, comprobó Yvonne, no hacía honor a su valía. Tenía salpicaduras de sangre en los brazos y el torso, resultado del duro combate y si bien al final falló. El extraño la salvó justo a tiempo.

— ¿Y bien?
— Yo solo cumplo órdenes— contestó más serio que antes.
— Todos lo hacemos, mis órdenes provienen de Eclipse. Estoy aquí para acabar con los asedios que sufren los humanos que viven en las afueras de Phonterek. Las tuyas eran llevar al Profesor Willson, y acabar con todo aquel que se interpusiera. Pero todo falló, ¿y sabes por qué? Porque nosotros tenemos un objetivo noble, el tuyo era secuestrar a un alquimista para que trabaje a presión para tu jefe, ¿me equivoco?— preguntó finalmente.
El silencio del soldado no fue suficiente respuesta.
» ¿Realmente quieres que sea por las malas?

A Yvonne Baynham le hubiera gustado mostrarle a qué se refería con aquello, pero algo la interrumpió. De repente la casa comenzó a vibrar. Durante los primeros segundos, el movimiento fue leve, como si la tierra estuviese temblando debajo de los cimientos. Esto, claro, no tardó en agravarse cuando las paredes comenzaron a crujir, amenazando con rendirse ante la fuerza invisible que las sacudía.

— ¿Qué hay en esta casa?— murmuró más para sí que otra cosa. Entonces, un campo mágico se alzó en la puerta por la que se había alejado Katniss, con un zumbido muy parecido al que producen los efectos de la magia física. — ¿Qué hay en esta casa?— repitió, esta vez increpando al soldado prisionero.

Katniss había irrumpido en la biblioteca principal del Profesor Willson. Allí el silencio era absoluto como aquel que reina sobre las ruinas antiguas. Profundo como los mares que rodean Nordregth. Abismal como la altura de los picos más altos de los Montes Keybak. Al dar un paso dentro de la biblioteca, el visitante ya no podía escuchar nada de lo que pasara afuera. El hecho curioso es que, este visitante debía tener una concentración ejemplar para no caer en el efecto, pues los libros estaban acomodados en estanterías dispuestas de tal manera que llamaban la atención a la primer mirada. Solo un hechicero de experiencia escaparía del trance mediante el reconocimiento del patrón en el que estaban ubicados los estantes. La otra posibilidad era tener algo lo suficientemente importante para zafarse.

Las estanterías de roble estaban repletas de obras solo concesibles para alguien con el poder adquisitivo de un noble. Algunos, escritos por poetas, otros por magos y alquimistas. Incluso había libros de instrucción militar de alto nivel, es decir, de estrategias y tácticas. El fuego de las velas dispuestas por todo el cuarto, refulgían con un color más rosado de lo normal. Además, desprendían un aroma peculiar, solo comparable al de ciertas flores silvestres de Uzuri. Dulzón e hipnotizante de forma sutil. Todo en la biblioteca estaba dispuesto para entretener al visitante. Cuando el campo se levantó en el lugar donde estaba la puerta abierta. El temblor no alcanzó a mover nada allí dentro, era como un mundo aparte... u otra dimensión. De repente una voz habló allí dentro. Una voz que solo Katniss podía reconocer.

— ¿Hija? ¿Eres tú?— el hombre se acercó a Blödjren a pasos dispares, salido de la última estantería. Tenía el aspecto desgarbado de un prisionero largamente torturado. Una barba crecida y entrecana, el gesto triste y no parecía que pudiese resistir mucho más tiempo parado allí. En el centro de sus ojos, la negrura resultaba terriblemente vacía como la voluntad de un golem. Una cuchilla en su mano derecha estaba sujeta con presión.

Afuera de la biblioteca, las cosas estaban marchando a peor.

— No... no lo sé— contestó el prisionero. Si hubiera querido dar una respuesta más larga, habría sido interrumpido por el sonido atronador de una puerta cayendo al suelo. El golpe provenía de la puerta contraria a la de la biblioteca.
— ¿Hay más de los tuyos por aquí?— Yvonne ya estaba a unos cuántos pasos de la escalera, mirando hacia la puerta de donde venían los ruidos, pero por un momento observó al soldado— Foxhound ve a buscar a Necross.

Por más que le hubiese gustado, la respuesta no llegó antes de que el primer ser entrada, seguido por otro exactamente igual. Eran dos bestias que Yvonne no había visto nunca antes. Parecían armaduras vacías, o esqueletos de acero. Sin lugar a dudas no estaban vivas, y no obstante se estaban acercando a los aventureros. Autómatas. La palabra fluyó con naturalidad por la mente de Yvonne Baynham. Había leído sobre aquellos seres en algunos libros de Eclipse. Eran producto de una magia muy antigua que no muchos hechiceros conocían, y aún menos podían usar. ¿Quién sería lo suficientemente poderoso en Noreth?

Uno de los autómatas corrió hacia Helamis, con su metal rechinando al entrechocarse, pero sin ralentizarse por eso. Defendía la cabeza y el torso detrás de su escudo, con el cual tenía intención de embestir a la chica. Los cuerpos de los soldados no hacían la diferencia en su camino, los huesos crujían bajo sus pies de acero. Cuando chocó a Helamis, inmediatamente lanzó un corte diagonal descendente desde el hombro derecho de Farimir. El otro se lanzó en una embestida exactamente igual a la de su par, pero esta chocó al único sobreviviente del grupo atacante, lanzándolo contra la baranda de la escalera, donde estaba Yvonne. Por el crujido, el golpe le fracturó el cráneo. El cuerpo cayó sin vida, después de resquebrajar la piedra que ofrecía seguridad en la escalera.

¿Necross? Tenemos compañía— el espadachín se había ido hacia arriba. Yvonne, no obstante, no pensaba abandonar a sus compañeros para buscarlo, aunque sabía que era demasiado pronto para valerse de la magia otra vez. Apenas sentía la corriente de poder volviendo tras cada inhalación.


Última edición por Yvonne Baynham el Dom Ene 20, 2013 8:10 pm, editado 1 vez


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Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Necross Belmont el Dom Ene 20, 2013 12:42 am

Los errores de Necross fueron recalcados una vez más por Yvonne, este ni hiso nada más que reír, esta consiente de eso pero ya es pasado y sigue vivo por lo menos por ahora, después de escuchar la información le entrega la confianza de Foxhound a la chica de sexys curvas pero esta niega su ayuda.

Después del rechazo que Yvonne tuvo con Foxhound, Necross solto una gran carcajada y se fue a investigar el piso superior de la mansión, pero al encontrar la mayoría de las habitaciones cerradas, decide entrar a la única que está abierta, Que resultó ser el baño del lugar, allí decide descargar lo que bebió en la taberna anteriormente.

Mientras orinaba, comienza a procesar lo ocurrido, ¿porque es que un grupo de mercenarios los atacaría sin razón?,¿ Sera esto parte de algún complot? y lo más importante, ¿Puede confiar en Yvonne? Termina de orinar y comienza a sentir un pequeño temblor en la casa...Es solo un temblor, no creo que venga algo y nos mate... Luego observa que Foxhound está a sus pies gruñendo, ¡Oh demonios!, ¿no es un simple temblor no?

Necross sale del baño y se mira al piso de abajo, esta algo confundido hay dos seres que se acercaban a su grupo, uno de ellos embistió a Helamis y ataco a Farimir, el otro había destrozado el cuerpo del único soldado enemigo que quedo vivo, Pobre, de seguro solo seguía ordenes, no creo que mereciera morir así... ¡pero qué digo si intento matarme!, creo que debería dejar de pensar y ayudar a Yvonne...

Necross corre con Sherckano en su mano, encerró a Foxhound en el baño, no es que sirviera de mucho, en cualquier momento saldría por la ventana si es que encuentra donde caer o destrozaría la puerta, pero lo detendría lo suficiente para que no luche contra el nuevo enemigo. ya cerca de las escaleras ve al autómata, lanza su bastarda al los pies de este dejándola clavada en el piso deteniendo su avance y llamando su atención. Al mismo tiempo se tiraba de la mitad de la escalera para quedar unos pocos metros de Yvonne.Hey chica de la mirada fría, no creo que pueda con sea lo que sea esa cosa, ¿así que tal si me ayudas?

Si no les ofreció ayuda a Farimir y Helamis, es porque creyó que entre estos dos podrían con la mecanizada abominación, mientras que la llamada Katniss, estaba atrapada de alguna manera en la biblioteca, una especie de campo de energía bloqueaba la puerta. Necross con su espadón en mano se pone en posición defensiva, si lanzo a grave es porque poco daño le hará a un ser como el, o eso es lo que él cree...

El ente de acero, lanzo una estocada a Necross, este logro defenderse con su espada y le lanzo un gran golpe que el enemigo bloqueo sin dificultad con su escudo, en seguida vuelve a su posición defensiva y escupe al piso. aggh, malditos magos...



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Re: Wargos Sangrientos

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