Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Ingeniería Rúnica
Ayer a las 2:30 am por Staff de Noreth

» El cordero
Ayer a las 12:08 am por La Aberración

» Rakaash
Miér Oct 18, 2017 2:06 pm por Señorita X

» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
Miér Oct 18, 2017 10:12 am por Celeste Shaw

» Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]
Mar Oct 17, 2017 4:57 pm por Veronika

» Malleus Maleficarum [Campaña +18]
Mar Oct 17, 2017 4:59 am por Lujuria

» Visión del primer paso...
Lun Oct 16, 2017 1:03 pm por Alegorn

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
Vie Oct 13, 2017 4:00 am por Aulenor

» [Historia de Asterion] El clan "Cuerno de Hierro"
Jue Oct 12, 2017 10:01 pm por Minos

» Índice de Personajes No Jugadores o NPC
Miér Oct 11, 2017 11:56 am por Minos

» Aracnofobia [Campaña]
Mar Oct 10, 2017 2:06 am por Almena

» La fuga (solitaria) [Phonterek]
Lun Oct 09, 2017 1:29 pm por Lilith, la sombría

» ¿Quién rolea?
Dom Oct 08, 2017 2:51 am por Runesha

» Un Zarpazo en la Tormenta.
Lun Oct 02, 2017 1:19 am por Ayanne

» Índice de ciudades
Lun Oct 02, 2017 12:41 am por Minos




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Wargos Sangrientos

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Farimir el Dom Ene 20, 2013 1:48 am

La arquera seguía en la biblioteca, Necross se había ido también a otra habitación acompañado por su lobo. Al parecer la maga no aprecio mucho la ayuda de la bestia a la hora de torturar al prisionero. De ese modo los únicos que quedaron en el comedor fueron Farimir, Helaniss, la maga y el pobre soldado. El interrogatorio pareció intenso, le preguntaban todo tipo de cosas

Farimir se acerco para poder oír mejor lo que decían. El hombre al parecer no era más que un pobre diablo que quería ayudar a su familia. Sus motivos eran nobles, pero de todos modos había formado parte de un ataque en contra de los aventureros y eso ya era bastante malo. La maga comenzó tratando de sobornarlo. Le dio un objeto brillante que aprecia ser oro. Le pregunto que hacia esperando, quien era un tal Profesor Willson. Al parecer ese hombre estaba relacionado con los soldados en alguna forma

El soldado estaba a punto de decir algo más, pero la maga lo cayó de pronto. Eso sin duda era algo que genero desconfianza en Farimir. La maga ocultaba algo, era ya evidente. Pero no podía confrontarla por que quizás hiciera algo alocado. Debía esperar a que le tuviera más confianza.

Al parecer el tal profesor Willson era alguien que habían mandado a capturar y ese soldado sabía tanto como los aventureros, al menos en ese aspecto. Sin embargo eso parecía ser suficiente para la maga que lo interrogaba. A pesar de que Farimir oía todo lo que decían, seguía sintiendo que no tenia idea de que hablaban. Ellos sabían mucho mas que el sobre lo que sea que estuviera pasando y eso lo hacia sentirse bastante inútil.

Entonces la maga rebelo el verdadero objetivo de la misión. Al parecer había que salvar a los ciudadanos de Phonterek de un asedio por parte de los orcos. También hablo de la nobleza del objetivo de la misión en comparación con el objetivo de los soldados. Eso perturbo aun mas a Farimir, como es que la maga sabia que el jefe de los soldados quería para eso al alquimista.

Justo cuando el interrogatorio estaba por ponerse doloroso para el soldado, la casa comenzó a vibrar. Era apenas un temblor casi nulo, demasiado leve para ser un terremoto o siquiera un temblor grande. Fue apenas una vibración. Cuando no parecía nada preocupante, salieron de una habitación dos seres extraños. Eran como armaduras, bastante grandes y con espadas y escudos. Tenían un brillo rojo como el fuego de una forja saliendo de algunas áreas de su cuerpo.

Uno de ellos vino corriendo en dirección a Helaniss con una embestida. Sin esperar ni un segundo, lanzo un corte al hombro derecho de Farimir- Afortunadamente Farimir alcanzo apenas a levantar su escudo para cubrir el ataque. Pero el peso del golpe lo hizo agacharse hasta quedar apoyado en una pierna, casi tirado en el suelo, con el escudo cubriendo su cabeza. Antes de darle oportunidad de hacer algo, uso su escudo para girar por el suelo, acabando detrás del extraño ser de metal. Entonces saco su espada al mismo tiempo que daba un giro y le daba un poderoso corte en la parte trasera de su pierna.

Sin embargo el golpe pareció no afectarlo, al menos no a simple vista. Entonces Farimir retrocedió lo mas rápido que pudo, buscando mantener distancia entre el y el extraño ser. De ese modo, tendría que enfocarse en dos objetivos a la vez, por lo que no podría defenderse totalmente y ellos tendrían la ventaja. Sin embargo esos seres parecían más duros que una roca. Farimir tomo su cuchillo y lo lanzo hacia la bestia, esperando captar su atención.

Off: con respecto a lo de que el golpe dije que pareció no afectarle por que como dijiste que vos decidías si afectaba o no, lo dejo a tu criterio, igual que lo del cuchillo, vos decidís si impacto o no.
avatar
Farimir

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Helamis el Dom Ene 20, 2013 11:36 pm

-Acabamos de repeler una emboscada contra seis mercenarios de forma bastante eficaz, aunque hubo errores que pudieron costar la vida- Dijo Yvonne, dirigiendo su mirada hacia Necross y Helamis, a pesar de haber logrado repeler con éxito la emboscada, a Helamis no le gustó nada el hecho de haber sido reprendida por Yvonne, quien había asumido por completo el carácter de lider, el hecho de tener que haber sido salvada por aquel barbaro de Farimir era realmente humillante para Helamis, que detestaba no haber estado a la altura de la situación...

Mientras algunos marchaban, del salón, Helamis se quedó, cerca del soldado muerto, del cual ella misma se encargó, de brazos cruzados se puso a reflexionar, mientras tanto Yvonne se encargaba de aquel soldado, interrogandole, torturandole, poco le importaba a la supuesta mercenaria que haría con el, no es de su incumbencia, en el caso de que lo fuera, Yvonne se encargaría de decirselo, o eso supone al menos...

Pasados un tiempo, Helamis seguía ahí, esta vez mirando a su lado, estaba Farimir, este, a diferencia de ella si mostraba interés en el interrogatorio, parecía realmente interesado en lo que tenía que decir aquel soldado, Helamis siguió echando un vistazo a su alrededor, solo estaban ella, Yvonne, Farimir y el perro... sin contar al soldado, si ahora viniesen mas soldados, cosa que era probable, después de todo, el jefe de esos soldados nos estaba esperando...

De repente, algo interrumpió los pensamientos de Helamis... un temblor, un suave y ligero temblor, aunque no fuera un peligro por si mismo, era un mal presagio y parecía evidente que algo se estaba acercando, mas por la reacción de la propia Yvonne, que aún seguía con el soldado... no paso mucho tiempo cuando un par de extrañas criaturas entraron por la puerta, estas criaturas si se las puede llamar así, carecían de carne, mas bién, a los ojos de Helamis eran armaduras vivientes, esas cosas portaban escudos y espadas y parecían dispuestas a combatir, mas bién lo estaban, una de ellas cargaba directamente contra la joven, quien reaccionando temprano, puso su escudo en medio y piso con fuerza el suelo para no retroceder cuando esa cosa embistiera contra ella, con el escudo por delante, la armadura avanzaba rapidamente con su metal crujiendo, parecía bastante fuerte a simple vista, después de todo, estaba hecha de metal, tal como se esperaba, esa cosa alcanzó a Helamis, impactando con su escudo al escudo de Helamis, ambos escudos chocaron, incluso se pudo oir el ruido del impacto debido a la fuerza con la que cargaba la armadura y la otra se cubría...

Helamis fué impulsada para atrás debido al impacto, la armadura viviente era bastante fuerte, mas que ella sin duda, a pesar de que su manejo con el escudo fuera mas que notable, al menos la joven no había caido al suelo... por si fuera poco, la armadura, sin dudarlo ni un segundo lanzó un corte hacia Farimir, del cual este último se defendió...

Alzando la vista, la armadura estaba entretenida con Farimir, quien retrocedió después de haber intentado golpearla inútilmente, Helamis aprovecho la ocasión para lanzarse contra el enemigo con una estocada rapida, de la cual la armadura se defendio con su escudo y contraatacó con su espada asestando un golpe diagonal hacia el cuello de la guerrera, usando su escudo, Helamis evitó que su enemigo le rebanaze el pescuezo, sin embargo, los problemas apenas comenzaban...

-¡Aahh!- La joven dejó salir un chillido de sus labios augurando dolor, Helamis se dió cuenta de que su brazo izquierdo lo tenía adolorido, -¡diablos!- dijo ella al darse cuenta que fué la embestida la causa de que su brazo izquierdo le doliese de ese modo y el golpe con la espada tan solo lo hizo notar, pero no era el momento de lamentarse, su adversario no vaciló en atacar con su escudo, que se dirigía hacia la mandibula de la adolorida muchacha, pero unos rapidos reflejos la salvaron de un horrible desenlace, esta se agachó velozmente y sin dudarlo ni un instante asestó a la pierna de la armadura andante un corte diagonal que lamentablemente para ella, no tuvo efecto alguno sobre el duro metal al rebotar contra el.

-maldi...- Helamis no pudo completar su frase cuando la extraña criatura lanzó un corte descendiente hacia ella, quien uso la espada para defenderse al haber perdido movilidad en el brazo donde portaba el escudo, por si fuera poco, su enemigo implacable lanzó una patada hacia el pecho de la guerrera, quien no pudo hacer nada para evitarlo, el golpe fué certero y si no fuera por su armadura ligera es posible que no lo contase, Helamis fué impulsada un par de metros dejando caer su espada y cayó al suelo...

Adolorida, mareada, sin su espada y con un único brazo útil, la muchacha se levantó, si no fuera porque Farimir lanzó su cuchillo captando la atención de la armadura andante no podría resistirse, esta vez la situación no estaba siendo favorable, pero ella sabe que no puede echarse atras, posando el escudo en su brazo derecho y dando tres pasos para atras, observó atentamente como la criatura se batía contra Farimir y pensó, -el es el único, por mucho que deteste admitirlo, con suficiente fuerza fisica como para hacer daño a ese trozo de metal-

Dejando atras sus dudas, la joven adolorida y solo con el escudo, cargó contra la criatura con su escudo, esperando que el impacto sirva para distraerla lo suficiente como para que Farimir acabase con ella.


Ficha: Helamis
avatar
Helamis

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Yvonne Baynham el Mar Ene 22, 2013 10:55 pm

Los autómatas eran auténticos problemas. No se necesitaba ser un estudioso de las infinitas posibilidades que ofrecía la magia, para entender la naturaleza de esos seres. Creados a partir de intrincados hechizos fuera de las posibilidades de cualquier mago novato, los autómatas obedecían sin discernimiento a la voz de su creador. Durante las primeras guerras humanas, aquellas desatadas antes del génesis de las nuevas razas, fueron instrumentos de destrucción. Al carecer de conciencia, resultaban imbatibles en cualquier tarea. Si el amo ordenaba la destrucción total de un pueblo, estos darían el último segundo de su mágica existencia para cumplirle. Por esta y otra razones, en parte, aquella magia estaba prácticamente olvidada. Era un peligro latente.

En la actualidad, Noreth albergaba poderosos magos y hechiceros capaces de grandes hazañas. Su poder, no obstante, era limitado. Necesitaban muchos años de práctica y búsqueda interior para conectarse con su don, y otros tanto de estudio para desarrollar sus propias técnicas. Otra manera de llegar a desatar un poder fuera de lo común era estudiando los hechizos en libros, pero esta no era una opción viable para todos. Generalmente solo los magos de renombre, consejeros reales o hechiceros dispuestos al oscurantismo eran los únicos que lograban hacerse con libros antiguos. Rara vez una copia original, esas en su mayoría estaban destruidas.

Yvonne había aprendido mucho acerca de la magia y de su historia en Noreth, en las bibliotecas de Eclipse. En ocasiones, después de un largo día de trabajo como mensajera, o ayudante de algún oficial, se tendía en algún lugar cómodo para leer hasta dormirse. Ahora conocía, por ejemplo, el origen de los autómatas, o por qué desaparecieron. Lo que no lograba recordar, era cómo combatirlos. Sentía que el dato estaba a punto de llegar pero no podía conectarse con él a tiempo, y terminaba perdiéndolo. Después de todo, era de esperarse, ¿quién podría concentrarse en plena batalla contra dos seres salidos de las leyendas de Noreth?

Por fortuna para el grupo, el camino que separaba la puerta lateral al centro del gran salón, donde estaba reunido, era lo suficientemente luengo para prepararse. Los autómatas se acercaron con fiereza bestial, no obstante, no tenían la velocidad suficiente para que la embestida resultara más brutal. Por lo menos no fue así con el primer monstruo, cuyo embate se vio sesgado frente al escudo de Helamis. La muchacha de cabellos dorados, recuperada del combate anterior, alzó su escudo para esperar el golpe sin tener en cuenta que la fuerza del autómata superaba su aguante. Tal vez si anteriormente no hubiera peleado, la chica hubiese podido mantenerse en pie, pero no fue lo que ocurrió.

Afortunadamente para Helamis, el ser de origen mágico estaba programado con antelación para derribar a un enemigo y así dedicarse a un duelo con otro. Esto la chica, posiblemente no lo supera, así que el alivio debía de ser descomunal. Era la segunda vez en el día que se salvaba por un error del enemigo pero, ¿tendría suerte a la tercera? Tenían por delante una larga noche, después de todo ya había cobrado el anticipo por servir a Eclipse en la batida contra los orcos, en las afueras de la ciudad. No podría retirarse, y los orcos representaban al menos un combate más por ganar. O en el caso de la guerrera, si seguía comportándose de tal manera, al cual sobrevivir.

El valeroso guerrero que llevaba por nombre Farimir, por su parte, lo tuvo más fácil que la muchacha. Su musculatura y tamaño le resultaron útiles al momento de detener el corte. Su escudo detuvo con éxito el barrido que el autómata ejecutó con la gastada espada de acero. De todas formas, lejos de contentarse al verse igualado en fuerzas con el ser mágico, el guerrero puso en marcha un plan que lo situó detrás de su enemigo. Yvonne, que estaba a salvo por el momento del alcance del otro monstruo, se preguntó a cuántas batallas había sobrevivido un hombre como aquel. No a cualquiera se le ocurre lanzar su escudo al suelo y usarlo para deslizarse. Se necesita ese tipo de chispa que augura la victoria.

El autómata no tuvo ninguna oportunidad de defenderse del corte, sin embargo la pose de Farimir fue tan desventurada que no le permitió romper la perna de metal. La espada del guerrero dejó una muesca allí donde colisionó, debilitando uno de los puntos de apoyo de su enemigo. El autómata, viéndose en desventaja giró para enfrentar la amenaza sin tener en cuenta que Helamis ya estaba de pie para dar batalla. Lamentablemente la joven no contaba con la fuerza de Farimir, y su estocada en vez de hundirse en el torso del monstruo, pasó rozando el metal, dejando una leve marca. Aun así, fue suficiente para que este la tomara como una amenaza. El movimiento que ejecutó hacia Helamis fue más parecido a un hachazo que a un corte de espada. Y es que con su enorme fuerza logró penetrar en la superficie del escudo, partiéndolo. Casi la mitad del escudo cayó, además el embate fue tan fuerte, que resintió el brazo de la joven incapacitándolo.

Hacerle frente a aquella mole de acero que le llevaba al menos dos cabezas de altura no había dado resultado, esquivarla, no obstante fue más fácil. Helamis superaba a su enemigo en rapidez, a partir de entonces tendría que aprovecharse de esa ventaja. El cabello rubio se le pegaba a la piel sudorosa por el esfuerzo. Estaba cansada, no podía usar un brazo y las caídas le habían debilitado las piernas. Agachada en un intento de salvarse de un nuevo golpe de aquel escudo poderoso, utilizó sus últimas fuerzas lanzando un corte a la pierna del autómata. Cuando este le lanzó un corte, la posición y la debilidad de Helamis, y el propio impulso de la espada de su enemigo, le jugaron en contra. La espada estuvo a punto de cortar su cráneo en dos, no obstante al chocar los filos, el resultado fue distinto: Helamis fue empujada hacia el piso. Su cuerpo dolorido quedó tendido en el suelo. Estaba fuera de combate, y la atención del autómata estaba puesta en ella.
Por lo menos tenía a Farimir allí cerca, no podía hacer más que esperar a que la voluntad del guerrero fuese salvarla.

En las escaleras, a unos cuantos metros de la pareja de guerreros, Yvonne Baynham veía al autómata acercarse a ella. La demostración que había hecho el otro fue suficiente para tenerle respeto a la mecánica figura. La maga sostenía su cetro dispuesta a canalizar su don contra el enemigo, pero también sabía que si no era en el momento indicado, desperdiciaría la única oportunidad que tenían. ¿De dónde habían salido aquellas bestias? ¿quién tendría el poder suficiente para crearlos? Un nombre cruzaba en su mente: Henry. El solo hecho de pensar que su padre pudiese estar reforzando sus conocimientos provocaba una sensación extraña en el estómago.

Henry Baynham era un mago de renombre en Phonterek, había formado su reputación durante las guerras con Tirian-Le-Rain unos treinta años atrás, pero no fue hasta su incorporación a Eclipse, cuando su nombre comenzó a ser oído por toda Geanostrum. En sus primeros años como mago líder, se dedicó específicamente a la práctica de la biomántica. Pasaba noches en vela leyendo hechizos antiguos, y tratando de ejecutarlos cada vez más eficaces. Su gusto por la magia de la vida, fue incrementándose conforme los experimentos resultaban exitosos. Primero fueron las plantas y los animales pequeños, pero modificarlos no fue suficiente para Henry. Él lo quería todo, y apoyado por el Hombre Etéreo, líder de Eclipse y principal defensor del talentoso mago, comenzó a tratar con especies más grandes. Amparado en los recursos que Eclipse le daba, Baynham fue llevando sus experimentos cada vez de forma más secretos hasta el punto de ya no rendir cuentas a la Alianza, pero no era suficiente. No para él. El origen de Yvonne fue el de cualquier especial. No tuvo madre, fue concebida a partir de la esencia de Henry Baynham, y criada como una hija por él. Desgraciadamente jamás la vio como tal, podía llamarle hija, pero Yvonne representaba algo más que un simple lazo sanguíneo: era su gran decepción. A pesar de haber sido creada a partir de la magia, lejos estaba de la perfección que él perseguía, y ahogado en ese sentimiento desesperante, se volcó al oscurantismo. Si no podía crear la perfección a partir de la vida, había llegado a pensar, tendría que ser a través de la muerte.

Solo las palabras de Necross lograron devolver a Yvonne al presente. Ahora estaba casi segura de que la reunión no se llevó a cabo allí por casualidad, pero ya tendría tiempo luego de llegar al final del asunto. Tendría que buscar la manera más sutil de informarle a Necross que poco podía hacer contra el autómata.

— Es un autómata— comentó observando a la armadura mágica acercándose— una magia muy antigua y poderosa le ha dado vida. No piensa por sí mismo, sino que obedece órdenes— explicó. — Creo que la emboscada de mercenarios ha activado alguna salvaguarda mágica que los mantenía dormidos. Ahora hay que esperar a que cumplan su trabajo, o asegurarse de que nunca lleguen a hacerlo.

Tendrían que luchar haciendo uso de la cabeza. Yvonne estuvo a punto de darle indicaciones, mas el monstruo, sabiéndose en ventaja sobre Necross, que no podría maniobrar con su colosal espada, comenzó a mover sus metálicas extremidades con la intención de alcanzarle al mismo tiempo que Yvonne empujaba a su compañero a un lado con su cetro. Sentía el don correr por todo su cuerpo, con cada latido, la llenaba un poco más. En su mente ya no existía nada más aparte del enemigo y de ella, en una escalera donde claramente estaba en ventaja, pues a diferencia de Necross, ella no tenía que dar un golpe físico. Cuando el nefasto ser de magia y metal estuvo en a punto de empezar a bajar su espada, la maga extendió su mano con la palma abierta hacia él.

Por un momento, un halo de luz blanca nació desde el cuerpo de Yvonne Baynham, y se extendió por su brazo como un éter fantasmagórico. El aire empujó al autómata en la cabeza, provocando que por el propio peso de esta, cayera por la escalera. Afortunadamente, el campo de magia de Yvonne era el aire, porque estaba segura de no tener el poder necesario para hacerle algo directamente. Con una ráfaga, en cambio, solo tuvo que manipular el aire alrededor del monstruo.

— No creo que te de problemas allí donde está— le comentó a Necross, mirándolo a los ojos con una sonrisa glacial— tendrás más espacio para usar esa hoja de práctica.

El conjuro la había cansado de manera que no estaba dispuesta a admitir, aunque posó todo el peso de su cuerpo en su cetro. Le costaría hacerlo, pero debía recuperarse si quería comandar a aquel grupo tan venido a menos los siguientes minutos. El autómata no había sufrido daño durante la caída, no obstante había soltado su escudo. El pesado broquel quedó más cerca del otro monstruo que de él. Por lo menos, no está diseñado para levantarse tan pronto ha caído, la mente de Yvonne ya estaba analizando las probabilidades de destruirlo. Necross tendría que ser muy rápido, o bien, esperar a que Farimir obtuviera una victoria sobre su propio enemigo para ayudarle a enfrentar ese monstruo.
avatar
Yvonne Baynham

Mensajes : 131
Edad : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Necross Belmont el Vie Ene 25, 2013 9:23 am

Malditos magos...


¿Cuáles son las probabilidades de que el peligro aparezca luego sobrevivir a una batalla?, pues si has vivido lo que él, esta probabilidad aumenta con cada latido. Ya el peligro de los soldados había pasado, pero una amenaza mecánica interrumpió la tranquilidad del momento.

Tal vez sería más fácil esperar a Farimir y luchar a su lado, tal vez sería más fácil salir corriendo y dejar que los demás mueran en el lugar, y tal vez los cerdos vuelen. Nunca ha renunciado a una pelea y cree que nunca lo hará, además su compañero está encerrado arriba y no lo dejara solo. Ahora el hombre del lobo prepara su ataque.

El poder de Yvonne cada vez asombraba más al hombre del lobo, de un fuerte impulso alejo al mecanizado ser, Necross viendo que este se levantaba de a poco aprovecho el momento y Fue corriendo lo más rápido que pudo hacia el enemigo en el piso, Tomo el mango del espadón con ambas manos con el filo de este casi a ras de suelo. Ya cerca del enemigo, da un corte con tipo hacha, usando el impulso que le da usarla desde atrás hacia adelante, Si el golpe es certero le haría algo de daño a la mecánica abominación, si no es así… bueno deberá idear otra manera para ganar

No suele usar a Sherckano para luchar pero al tomar el mango recuerda todas las batallas pasadas y su corazón se emociona, su latido aumenta y así también la adrenalina, lo único que falta para que el momento sea perfecto es el lobo.
Probablemente el metal contra metal no haga mucha diferencia, pero un ataque bien impulsado podría dañar a la bestia, en caso de que no, Necross debería juntar monedas para pagarle a Caronte el viaje.

Yvonne parece cansada, Farimir está luchando contra la otra aberración, Helamis no está como para continuar por ahora. Bien, esto se pone cada vez más interesante.

Si la suerte está de su lado, Alguno de sus compañeros lo ayudaría, aunque eso no es muy probable ya que todos están luchando sus propias batallas, ¡Yvonne!, ¡necesito que recuperes la bastarda! Al tener dos espadas en mano le daría cierta ventaja sobre el enemigo que perdió su escudo, este es solo metal y será difícil golpearlo, difícil pero no imposible.


Última edición por Necross el Mar Ene 29, 2013 9:53 am, editado 1 vez



¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Farimir el Mar Ene 29, 2013 6:29 am

El golpe de Farimir solo había dejado una pequeña muesca en la pierda del monstruo metálico. Aun axial el guerrero se alegro por saber que ya tenía un comienzo. Pero no tenia tiempo de pensar en ello, tal vez lo haría luego de que no estuviera en peligro de muerte. Su chucillo no había hecho mas que rebotar en ese extraño ser, sin siquiera causarle una distracción, como una mosca que ni siquiera vale la pena voltear a mirar puesto que se ira en un segundo. El kukri reboto en la espalda de ese metálico ser para caer en el piso.

El monstruo de metal tenía un blanco fijo, y ese era Helaniss. Era como un depredador, una vez que posa sus ojos en una presa, ya no la pierde de vista hasta que la mata. Helaniss intento tirar una estocada hacia el monstruo metálico pero casi pareció como golpear una pared. El ser ni siquiera se inmuto ante el golpe, es mas, pareció enfurecerse, aunque claro era una imposibilidad para un ser que no estaba vivo. Le tiro un poderoso corte de espada que partió completamente su escudo en dos, además de que pareció lastimarle mucho el brazo.

Farimir vio como Helaniss esquivaba con gran agilidad los ataques del monstruo, pero sabía que no soportaría mucho más. Entonces vio una clara oportunidad y la aprovecho. Guardo su espada, pues la necesitaría y se quito su escudo dejándolo en el piso, pues le hacia peso en un brazo y eso podría desequilibrarlo.

Llevo ambos brazos detrás de su espalda y saco su hacha de guerra orca. En momentos como ese Farimir estaba mas que agradecido de haber tenido la oportunidad de quitarle esa poderosa arma a uno de los orcos que ataco su hogar años atrás. Pero tampoco pudo distraerse para recordar, puesto que, como había predicho. Helaniss no pudo mantener el ritmo mucho tiempo.

De milagro logro lanzar un espadado que le salvo la vida, pues de no haber sido axial, nada habría evitado que el golpe del monstruo metálico la cortara a la mitad. En cambio salio volando hacia atrás y cayo al suelo. No parecía ni tener energías para levantarse. El monstruo metálico estaba por dar lo que parecía ser el golpe final. Entonces Farimir, quien ya tenía su hacha orca sujetada con ambas manos, concentro toda la fuerza que pudo en sus brazos y lanzo un poderoso corte hacia la muesca que había dejado con su primer ataque en la pierna del androide. Apenas sintió que el metal de su hacha penetraba con facilidad en la pierna del androide, supo que le había cortado la pierna, pero no tenia tiempo de celebrar su triunfo.

Aprovechando la adrenalina generada por la batalla, Farimir decidió no acabar su ataque. Aprovechando su posición, continuo el giro con el hacha, de modo que mientras la giraba llevo el filo del hacha de debajo de sus rodillas por encima de sus hombros, y dio un corte descendente, como un leñador que corta troncos pequeños a la mitad para hacer leña.

Todo lo que vio fue su hacha clavarse en el suelo y sintió el sudor correr por el interior de su casco, bajando por sus mejillas hasta finalmente caer goteando desde la punta de su mentón. El había ganado algo de tiempo. Ahora todo dependía de cuanto resistiría el monstruo metálico y de si Helaniss todavía podía dar algún golpe. En ese momento escucho un gran golpe. Aparto su vista por un segundo para ver como el otro monstruo metálico había caído por las escaleras. También vio a necross bajando los escalones con una de sus espadas.

Si tenia algo de suerte Helaniss podría pararse y encargarse del o que quedaba del monstruo, o el podría hacerlo. En cualquiera de los dos casos, podrían acabar con ese para ir rápido a ayudar a Necross y a Yvonne con el otro monstruo. Pero aun en todo el calor de la batalla, Farimir no podía evitar pensar en donde diablos estaba la arquera. La biblioteca estaba al lado del comedor, y aun axial, era imposible no escuchar el ruido de la batalla aun estando afuera de la casa
avatar
Farimir

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Yvonne Baynham el Jue Ene 31, 2013 7:53 am

El olor a sangre comenzaba a levantarse, envolviendo a los que habían sobrevivido a la cruenta batalla con más fragor. Conforme se iba coagulando, lo que antes parecía un aroma molesto, se convertía en un hedor rancio. Yvonne, que estaba parada en el descansillo de la escalera, comenzaba a percibirlo con ceño fruncido. Por si fuera poco, los aullidos y los rasguños de Foxhound llegaban ahogados pero apabullantes, ¿dónde lo habría dejado Necross?. El uso de su don la había dejado realmente agotada, sentía un peso invisible empujando su espalda, y el estómago revuelto. Vacía. Necesitaría comer y descansar un poco si quería volver a invocar su magia. Como maga, estaba acostumbrada a llevar comida envuelta en la mochila, pues así como conocía la candencia de su poder, también era consciente de las limitaciones temporales que el don imponía.

Lo que en un principio fue un grupo de cinco personas presuntamente preparadas para luchar, era ahora un dúo de guerreros resistiendo frente a dos seres mecánicos movidos por magia ancestral. La arquera, la maga y la guerrera habían quedado fuera de combate por distintas razones. En el caso de Katniss Blödjren… había algo en aquella muchacha. Lucía más joven aún que la guerrara, y sin embargo su temple era el de una avezada cazadora. Tal vez de no haber sido herida en un primer momento, hubiese logrado engañar a Yvonne. Ahora estaba separada del grupo por una intensa luz rosada que en el mejor de los casos la mantenía apartada de los demás. La útima vez que la vio, tenía un hombro herido, ¿Qué clase de problemas estaría enfrentando en la biblioteca? ¿Podría salir de allí con vida? Por lo que se sabía, era posible que la arquera ni siquiera estuviese allí.

Aún con la incertidumbre, había alguna posibilidad de volver a encontrar a Katniss. Si el campo mágico que la había encerrado era una salvaguarda mágica, entonces la muchacha tendría que sortear los desafíos entrañados en la sala. La peor parte se la llevaron sus compañeros, que habiéndose quedado en el salón principal, fueron emboscados por dos autómatas mágicos. De pronto un fuerte sonido provino de algún lugar. Parecía un trueno silencioso, ¿un pulso mágico? No, había sonado igual que minutos antes, cuando los autómatas aparecieron por la pared contraria. El ligero temblor que sufrieron las escaleras, indicaba que otra puerta caído, no obstante, el ruido era más bien lejano.

La finca del Profesor Willson era un formidable entramado de vigas y columnas conectadas mediante paredes de piedra gris. Esta, sin embargo, distaba de ser su mayor distinción, pues en Phonterek pocas son las casas que no tienen distintos grados de ostentación. En el caso de la finca, según se iba demostrando minuto a minuto, protecciones mágicas la convertían en una trampa mortal para los incautos que se atreviesen a entrar. En el piso inferior del salón principal, había dos puertas que, si bien habían estado bloqueadas cuando el grupo reunido por Eclipse hizo aparición en la finca, ahora estaban abiertas. Y si el ruido no venía de la puerta por donde habían aparecido los autómatas, entonces algo se había liberado detrás de la sala donde estaba Katniss. Afortunadamente el campo mágico la protegería, aunque la huida, si es que lograba sobrevivir a los peligros que le aguardaban, se vería obstaculizada por el peligro oculto.

— Tenías razón, amigo mío.

La sala permanecía a oscuras casi por completo. Una vela a punto de agotarse luchaba por brindar su fuego hasta el final. La penumbra provocada por la pequeña llama anaranjada, iluminaba el contorno de un rostro. O de lo que antes había sido un rostro. El Profesor Willson apenas oyó la voz grave del otro hombre, su vida podía ser comparable a la vela que tenía delante. Estaba a punto de perecer. No podía abrir los ojos debido a la hinchazón de los párpados purpúreos. Diversos ríos de sangre bañaban las arrugas de su rostro. Algunos nacidos en los ojos, otros en los cortes que exhibía en la frente y las mejillas.

— Al fin y al cabo, tu plan ha funcionado— agregó Henry Baynham, quien recién había ingresado para hablar con el alquimista. — Tal como anticipaste, Eclipse ha caído en tu red, y ha enviado un oficial de cierto renombre a ocuparse.

Haciendo un acopio de fuerzas terrible para la pobre situación en la que se encontraba, el Profesor Willson giró su rostro a donde creía que se encontraba aquella voz. Nada lo ataba de pies y manos, y aun así, se veía imposibilitado a lograr cualquier acción. Su otrora amigo lo observó con desdén, como quien mira un trasto viejo que ha causado más problemas que soluciones. ¿Cómo pudiste pensar alguna vez que podrías traicionarme sin recibir un castigo?, lo habría dicho en voz alta, pero no hubiera sido la primera vez. Además, ya había obtenido la respuesta. Si mantenía al hombre con vida, era solo para cobrar su venganza.

— ¿Sabes quién cayó en esa escabrosa treta?— preguntó divertido. Ante el silencio del desfallecido anciano, él mismo tuvo que responder: — Yvonne.

El nombre. Solo el hecho de oír, provocó que el Profesor lanzara un grito. ¿Cómo podía ser? ¿Yvonne en Phonterek nuevamente?

— Ya, ya, no te culpes. Esas cosas se piensan antes, viejo amigo, ¿no lo crees?— Henry se acercó lentamente, haciendo que el recuerdo de un viejo grifo atraído por una presa cruzara por la mente del alquimista. — Ya casi hasta la había olvidado, puedo asegurártelo, pero gracias a tu traición ella ha regresado y créeme. Ya no se escapará otra vez. ¿Capitán?

— Señor— el Capitán Numos, quien había llegado junto a él y se había quedado afuera por pedido explícito de Lord Baynham, entró en la habitación apenas hubo reconocido el llamado de su jefe.

— ¿Podrán sus hombres encargarse de Yvonne?— preguntó sin quitar la mirada del rostro demacrado del alquimista.

— No he enviado lo mejor que tengo, señor.

— Es una pena, Capitán— contestó de manera burlesca. — Entonces he de suponer que las protecciones que he creado para ti, terminen por acabar con la vida de mi hija, mi estimado amigo— agregó pensativo. De pronto toda la diversión en su voz se había esfumado.

La pequeña vela se apagó en el mismo momento que otras tantas iluminaron una sala de torturas. En el centro, el moribundo alquimista lloraba sin consuelo. Ya no le salía la voz, tan solo podía esperar a que su destino se completara. Sus lágrimas, lejos de la autocompasión, caían al saber que había condenado a su ahijada a una muerte segura. Henry Baynham se alzaba sobre sus ciento noventa centímetros de estatura frente al Profesor Willson, como una muestra de poder y orgullo. Cuando empujó el torso del anciano, este cayó hacia atrás en la silla. Las velas amenazaron con apagarse durante un breve instante, en los que el silencio quedó avasallado por el sonido de la carne al ser desgarrada. Cuando quedaron fijas, solo quedaban huesos, y un poco de piel en la silla.

El Capitán Numos observó impasible cómo la sombra se había encargado del Profesor Willson, preguntándose si ese era su destino sirviendo a Lord Baynham.

— Capitán, haga que limpien todo esto, y prepare a sus mejores hombres. Quiero que Eclipse pague por la muerte de mi amigo el Profesor.


La valerosa muchacha de cabellos rubios había resistido tantos golpes como pudo. De hecho, Yvonne no hubiera creído que la joven aguantara tantos sino lo hubiese visto por ella misma. Helamis cometió un error que casi le había costado la vida, y es que habiendo podido participar en la batalla de forma pasiva, asistiendo a su compañero, hizo que el autómata centrara toda su atención a ella. Ni siquiera la valentía y el esfuerzo que puso la joven sirvieron para hacer frente a los poderosos embates del monstruo metálico. No tenía escudo, y si por el caso contrario, lo conservara, apenas le quedaban fuerzas para levantarse. Si aún yacía con vida, solo se debía a la incansable voluntad de su compañero.

Yvonne comprobó que las armas no eran las únicas herramientas que el último hombre en llegar tenía en común con los guerreros avezados en la batalla. Aprovechando la distracción que representaba la joven caída, Farimir se lanzó armado con un hacha, la tercera arma que utilizaba en pocos minutos. Cuando el autómata estuvo a punto de arremeter la estocada final en el cuerpo inerte de Helamis, un corte tremendo cruzó todo el perímetro de su metálica pierna. El peso de la espada y la posición del monstruo de acero, provocaron que la pérdida de un importante punto de apoyo resultara en una fuerte caída hacia atrás. Este, no obstante no fue el único ataque que lo alcanzó. Yvonne Baynham vio como el hacha de Farimir volvía por más. El curtido guerrero logró impactar el filo asesino de su enorme arma en la unión del brazo y el torso del autómata con tanta fuerza que el golpe cortó la extremidad al completo.

El corte hubiese sido mortal en un ser viviente. No era el caso de la monstruosa armadura, cuyos intentos por ponerse en pie no tardaron en llegar, pero solo le quedaba una pierna y un brazo. Poco podía hacer, incluso había perdido la espada. Farimir se había salvado gracias a la placa metálica que llevaba sobre el hombro, donde la espada del autómata golpeó antes de caer. El guerrero había demostrado estar a la altura del combate, sin embargo, este lo dejó agotado.

En el caso de Necross, su situación inicial fue propicia. Tenía al enemigo a su merced, gracias a la ráfaga creada por Yvonne. La maga había visto a su compañero en desventaja y con un denodado uso de su don, creó condiciones más favorables. El autómata recientemente derribado estaba intentando incorporarse cuando el espadón de su rival lo alcanzó. Casi la mitad del filo de Sherckano se metió en el óvalo del torso metálico, en la esencia misma que mantenía al monstruo animado.

— ¡Cuidado!— Yvonne extendió su brazo en un inútil intento por llamarle la atención.

Era tarde. La maga bajó los escalones que la separaban del suelo, apoyando el cetro en cada escalón antes de posar los pies para no perder el equilibro. El hechizo de animación se había protegido al sentirse en peligro. Afortunadamente para Necross, la protección consistió en una parálisis temporal en los brazos que lo forzó a soltar su espada. Esta cayó ni bien la hubo soltado. Hasta el hechizo tiene salvaguardas. El autómata no se sintió molesto por el peso extra, ni se movió más rápido cuando este último cayó. Había sido animado de tal manera que su espada era el único arma que podía usar, pues formaba parte de la armadura, por lo tanto no necesitaba el ciclópeo espadón. Necross, en cambio, podía usar cualquier arma pero no tenía ninguna a mano. Viéndose en clara desventaja frente a su enemigo, le pidió ayuda a Yvonne.

¡La bastarda! la espada había sido lanzada por su portador para detener el avance del autómata, y si bien hubo funcionado, ahora la necesitaba otra vez, mas Yvonne no tenía la fuerza necesaria para adquirirla. La maga soltó el cetro con cuidado para no dañarlo, y acto seguido tomó la empuñadura de Grave sin embargo, el esfuerzo era demasiado para su condición. Cuando logró que la hoja de acero saliera, cayendo sentada, el autómata estaba peligrosamente cerca de Necross y de ella misma. Las piernas le temblaban, era consciente de que no podía alcanzársela al guerrero.

El enemigo salvó la distancia que le separaba de Necross dispuesto a lanzar un corte al cuello, sin tener en cuenta que un feroz lobo negro bajaba las escaleras salteando de a tres o cuatro escalones. Yvonne sintió el paso de Foxhound cortando el aire cual proyectil para salvar a su amo. El fiel animal chocó contra el escudo de la armadura mágica deteniendo el avance. El movimiento fue tan brusco que hizo que el enemigo cambiara su atención, y lanzase un golpe al costado del animal con la empuñadura de su espada, pero este lo esquivó determinado a salvar al desarmado guerrero. Necross era afortunado de tener una bestia como aquella cuidándole la espalda. Foxhound arremetía contra el autómata con denodado esfuerzo, dándole un blanco al cual atacar pero retirándose a último momento.

El combate estaba llegando a su fin y solo había una posibilidad: obtener una victoria.


Última edición por Yvonne Baynham el Sáb Feb 02, 2013 5:09 pm, editado 1 vez


Yvonne

¿Así que crees que yo también quiero una firma con tu nombre, Invitado?
eBe
avatar
Yvonne Baynham

Mensajes : 131
Edad : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Farimir el Vie Feb 01, 2013 10:50 pm

En otras circunstancias, Farimir casi se habría ahogado con sus propios gritos eufóricos de victoria por el hecho de haber mutilado a un enemigo así. No solo le había quitado la pierna, sino que le había quitado el brazo donde tenia el escudo, y para colmo había perdido su espada, la cual por poco lo hería de gravedad, pero por suerte una las placas de metal de su armadura recibió el golpe de modo que el no tuvo ninguna herida grave. En ese momento ese feroz monstruo metálico no era nada más que un simple trozo de metal inservible. En este momento Farimir sintió mas curiosidad por lo que le pasaría al otro autómata.

Al parecer tampoco le iba tan bien. Necross consiguió clavar una de sus espadas en el pecho del autómata. Sin embargo, por algún motivo luego soltó su espada. Era más que raro, parecía que ni siquiera podía mover sus brazos. Yvonne pareció tratar de advertirle de algo. Tal vez era algún veneno o conjuro o algo así. La magia, en especial la antigua y poderosa, encabezaba la lista de cosas de las cuales Farimir no tenia ni la mas pálida idea.

Necross estaba desarmado con los brazos inutilizados. El monstruo, en cambio, se había recuperado de la caída y tenía su espada denuedo. Estaba a punto de darle muerte a Necross. Sin embargo, de golpe, apareció bajando las escaleras a increíbles a velocidad, el lobo de Necross. Este le dio un golpe tan brusco al escudo del metálico ser que provoco que este ultimo desviara su atención al lobo. Pero Farimir sabia que la fiera no aguantaría mucho.

Debía ayudar, pero antes tenía que encargarse de algo. Se acerco al monstruo metálico con su hacha en ambas manos. Casi le daba pena verlo retorcerse en sus inútiles esfuerzos por levantarse. Aunque después de todo, ese ser no tenía vida, y casi mataba a Helanis, por lo que no le provocaba nada matarlo. Sujeto con fuerza su hacha mientras apoyaba un pie en lo que debería ser el torso de la criatura. Entonces dijo en voz un poco alta, casi como si hablara con el monstruo- No conozco ningún monstruo del demonio, aberración o semidios que sobreviva a una cabeza cortada- Sin decir mas, dio un corte como de leñador con esa gigantesca hacha. El solo hecho de hacer una maniobra tan simple le causo bastante cansancio por la fuerza que debió utilizar. Se le escapo un grito de rabia mientras de un tajo cortaba la cabeza de ese maldito ser.

Esta vez casi estaba por pegar un estridente grito de victoria, pero entonces recordó que aun quedaba una de esas cosas y que el lobo de necross estaba peleando contra ella. Por no mencionar que Helanis e Yvonne estaban fuera de combate y Necross parecía tener las manos inservibles. Farimir se encontraba extremadamente cansado. Con suerte podía respira. Pero sabía que ninguno de los dos duraría mucho, en especial en ese estado. Debía hacer algo, el ser peleaba contra el lobo, por lo que estaba distraído, y además lo tenía cerca.

Farimir estaba cansado pero tenía que hacerlo. Avanzo casi corriendo con el hacha en las manos. Si no hubiera tenido piel roja, se hubiera notado su cara colorada por el esfuerzo. Es lo que les pasaba a todos los que tenían corazón de guerrero. Ni siquiera había que estar entrenado para sentir esta experiencia, ni pertenecer a ninguna raza especifica. Es el momento cuando uno ha usado todas sus fuerzas y sabe que aun tiene que dar mas, eso significa dar el 110%. Es una sensación, uno siente que sus energías se recobran parcialmente. Sienten su cuerpo exigiendo de más, pero luego no sienten nada por un leve momento, como si todo lo que tuvieran en frente fuera su objetivo, y todo lo que pudieran hacer era atacarlo. Eso experimento Farimir por un momento.

Ese fue todo lo que necesito Farimir para correr hacia el monstruo. Mientras corría fue colocando su hacha detrás de su espalda, con ambas manos levantadas sobre sus hombros y con los codos apuntando al techo. La parte sin filo apuntaba a su espalda. Enfoco su vista en la espalda del monstruo metálico. Luego freno en seco. Con la fuerza adquirida por el impulso, lanzo con ambas manos el hacha, usando toda la fuerza quedaba. Cunado la lanzo, enfoco toda su vista en el hacha. Siguió su recorrido con la mirada, hasta verla impactar y clavarse en la espalda del ser.

Al ver el arma clavarse en la espalda del monstruo, Farimir suspiro, casi sintiendo alivio. Entonces cayó arrodillado al suelo bruscamente. Logro apoyar sus brazos en el suelo para no caer de cara. Entonces se quito el cas co con una mano. El problema de dar el 110% es que luego de darlo, te sientes como si no te pudieras ni mover. Farimir experimentaba eso. Sentía como si su casco le asfixiara, por eso se lo saco. Sentía que su peto le aplastaba las costillas. Sentía como el sudor caía por todo su cuerpo. Estaba devastado. Sin embargo no pudo evitar levantar la cabeza para ver la pelea entre Necross y el monstruo. Ahora que había dado todo por ayudarlo, debía ver lo que sucedía







avatar
Farimir

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Feb 02, 2013 10:47 am

Luego de golpear a su enemigo con la "monstruosidad" llamada Sherckano, Necross sintió una corriente de energía salir desde la bestia, esta lo obligo a soltar su arma y retroceder algunos pasos. Al darse cuenta que estaba desarmado el hombre del lobo le pide a Yvonne que le acerque su espada, está la lanzo para detener el movimiento del autómata y si bien funciono, la necesitaba una vez más.

Necross observa como su enemigo se levanta con su sable clavado en el pecho, cuando se levantó por completo el espadón de Necross cayó al piso. El hombre del lobo viendo que su compañera apenas puede mantenerse de pie, olvida la posibilidad de que su espada sea alcanzada, tal vez tenga que usar las técnicas que Vánegan le enseño en el pasado. Tomo su posición defensiva y se preparó para un inminente ataque del ser mecanizado, tal vez sus golpes no sean suficientes para detenerlo, o tal vez muera al primer corte del enemigo, pero si llega a ser así morirá luchando.

Cuando el enemigo se dispuso a atacar un halo negro pasó al lado de Necross, pareciera que el tiempo se detuvo y Necross veía lentamente como su fiel lobo pasaba a su lado para detener a su enemigo. Cuando volvió en sí, vio que su espada estaba relativamente cerca y también Yvonne, rápidamente se acercó a la espada y la tomo, miro a Yvonne le cerró el único ojo funcional en su cara y sonrió para correr rápidamente hacia el enemigo que era distraído por el lobo.

Corriendo vio que Farimir lo hacía lanzado una gran hacha en contra de su enemigo, el arma de un gran golpe quedo clavada en la espalda del monstruo, pero no lo detuvo, estas bestias no sienten dolor ni sangran así que el siguiente golpe de Necross debía ser certero si es que quería salir vivo de la mansión. Con la bastarda y Foxhound a su lado Necross planea su estrategia, hace sonidos con su boca y Foxhound pasa por los pies de la bestia para morder el brazo derecho y hacerlo bajar, en ese momento Necross sube la espada por el tórax de la criatura hacia su boca dejándola por momentos algo confundida. En el mismo instante Foxhound subía por la espalda de Necross atacando la cabeza del autómata llevándola hacia atrás este por el peso comenzó a caer. Necross sin perder el espíritu de combate toma a Sherckano del piso y hace un corte en vertical mientras se levanta, el golpe le llego al enemigo en las piernas debilitándolas y por fin haciendo que este cayera al piso, arrodillándose. Inmediatamente se aleja un poco para tomar velocidad y hacer el mismo tipo de corte con el que ataco al autómata la primera vez, el corte tipo hacha parecía ser el más indicado al ver que tanto la espalda como el pecho del autómata fueron heridos y debilitados, cambio un poco la dirección del movimiento en el aire mientras la espada aun no bajaba del todo, esta le golpeo entre el hombro y la cabeza, las heridas en su pecho y espalda hicieron más fácil que Sherckano descendiera hasta el centro del enemigo, La espada solo se detuvo cuando choco con el hacha de Farimir.

Ya pasado el peligro, Necross se acerca a Yvonne y le extiende la mano para ayudarla a levantarse, esta cayo al intentar levantar la espada de Necross del piso, luego sin guardarse sus armas Foxhound se lanza encima de el tirándolo al piso, le lame la cara y Necross comienza a jugar con su lobo, no esperaba su ayuda en esta pelea pero su aparición le salvo la vida. Ahora es momento de descansar.




¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Yvonne Baynham el Lun Feb 04, 2013 4:56 pm

Imbuidos en una magia antigua y ancestral, los autómatas eran seres creados para cumplir el objetivo impuesto por su amo, o ser destruidos en el camino. Quizá fuera resultado de la habilidad demostrada por el último guerrero en aparecer atraído por los afiches que Eclipse había puesto en todas las tabernas de Phonterek. Tal vez por el sacrificio que había puesto la blonda guerrera que, sabiéndose en desventaja frente a la dureza de los monstruos metálicos, llamó la atención del enemigo llevándose la peor parte. O puede que fuese la constancia y la testarudez del otro guerrero, quien más de una vez había tenido errores pero que en aquel caos había logrado recuperarse para seguir con la batalla.

La razón podía no estar clara, pero era evidente que la batalla estaba llegando a su final. Los choques del acero eran cada vez menos frecuentes, las respiraciones más pesadas. El cansancio había hecho mella en los guerreros, era evidente que sus movimientos ya no eran los de aquellos aventureros que habían llegado cerca de media hora atrás. Pero seguían dando batalla, y lo más importante, estaban llevando a los autómatas a su segundo final posible: ser destruidos.

El sonido proveniente de la sala conectada a la biblioteca no había vuelto a repetirse. ¿Había alguna forma de que al ser reventada la puerta, lo que había estado encerrado allí alcanzara a Katniss? Si bien había otra posibilidad, y es que la arquera quizá ya había salido de allí. Yvonne dudaba de esta opción, pero no estaba dispuesta a contar una baja en su grupo tan fácil. Acababa de presenciar dos batallas a las cuales los otros miembros habían sobrevivido. ¿Podría simplemente aceptar la muerte de la más joven del grupo solo porque no la tenía al frente?

Por el momento no lo haría, aunque si sus sospechas de que Henry Baynham estaba detrás de la emboscada eran ciertas, la prueba impuesta en la biblioteca era una muerte casi segura. Esperaba que su padre no fuese la mente detrás de aquello. Que, pese a lo que significaba, hubiera otra persona capaz de engañar al Hombre Etéreo.

La humedad de la noche recibió al Capitán Numos y a sus dos oficiales más probos cuando salían por la puerta principal de la mansión. La brisa que los había acompañado cuando llegaron se había esfumado, dejando tras de sí una espesa niebla. La neblina era una característica de las noches y parte de la mañana en Phonterek, no obstante, esta vez resultaba anómala. Quizá solo me parece así por lo que acabo de presenciar, se dijo, por el momento no podía charlarlo con sus hombres puesto que estaba muy cerca del jefe. A los lados de la puerta, seis hombres divididos en dos grupos hicieron un saludo de rigor mientras el Capitán pasaba entre ellos, y lo mantuvieron aún con más ahínco cuando pasó el otro hombre.

— ¿Están sus hombres preparados, Capitán? — lord Henry se aproximó al carro lo suficiente para que su guardia personal abriera la puerta y quedara inclinado frente a él. Le gustaban esas demostraciones de lo que él entendía como “poder”.

— Todo en orden, señor— Numos enderezó aún más la columna, demostrando toda su estatura y, ¿por qué no? Su poder.

Henry Baynham se quedó mirándolo durante un momento con gesto altivo. Una ceja alzada alertó al Capitán Numos que cuidara cada movimiento, pues podía costarle más de lo que jamás se enteraría.

— ¿Debo suponer que estoy dejando mi casa en buenas manos? — preguntó petulante.

— Así es, milord. En las mejores— respondió sin dudarlo, redoblando la apuesta. Si había algo que molestara a su jefe, eran las muestras de inseguridad. No las soportaba, simplemente se deshacía de todo aquel que resultara deleznable para su percepción. Esta era la razón principal del constante flujo de contratación de sirvientes que caracterizaba a la casa Baynham, y aunque las autoridades de Phonterek eran conscientes de esto, no podían permitirse un enemigo como aquel. De esta forma, Henry Baynham hacía y deshacía a su antojo las reglas de su propio territorio. La mansión era una ostentosa demostración de hasta qué punto llegaba su poderío.

Con un gesto adusto en sus ojos y una sonrisa marcada en los labios, el dueño de casa se subió al carro, seguido del hombrecillo al que llamaba guardia personal. A pesar de llevar meses trabajando para el hechicero, el Capitán Numos no había oído ni una palabra proveniente del sirviente. Este se movía entre las sombras aunque nadie lo viese hacerlo, y siempre parecía estar al corriente de los planes de su empleador. Los cuatro descomunales equinos que tiraban la estructura de finísima madera abrieron el camino en poco tiempo, dejando atrás la mansión para perderse en las nubes húmedas que habían sido traídas por la noche.


La neuralgia que resulta del uso excesivo del don era el efecto que duraba más tiempo de todos. Las piernas dejaban de temblar sentándose un rato, la piel recuperaba su color habitual cuando la presión se normalizaba, e incluso el estómago dejaba de bramar ingiriendo algún alimento. Pero el dolor de cabeza, podía durar más de una semana, dependiendo del estado en el que se encontraba el taumaturgo. Ventajosamente, Yvonne Baynham estaba al tanto de los efectos que podía provocar el uso indebido de la magia y por eso cuidaba su salud minuto a minuto. No consumía pocos alimentes, pues la práctica mágica abre el apetito en exceso, no obstante, de ningún modo se permitía probar bocado de más. Seguía una dura dieta aprendida mediante manuales de magia que había encontrado en la biblioteca de Eclipse, y hasta el momento no le había fallado.

Nutrición no era el único asunto en el que un mago debía prestar atención. A sus veinticinco años de edad, Yvonne estaba en un momento físico inmejorable. Tenía una rutina de ejercicios gracias a los cuales había adquirido una leve musculatura en todo su cuerpo, haciéndole ser capaz de soportar más carga, caminar por más tiempo e incluso mantener el cetro en posiciones difíciles que antes le hubieran resultado imposibles. Seguramente sin estos cuidados que le daba a su cuerpo, en ese momento estaría con la cabeza a punto de romperse en mil fragmentos. Había sentido ese dolor en el pasado, y esperaba que esa experiencia ahora tan lejana no se repitiese. Por lo menos ahora podía estar a la mira de lo que ocurría a su alrededor, aun así el brillo proyectado por los torsos metálicos y las armas resultaba incómodo.

Uno de los autómatas yacía en el suelo. Le faltaban dos miembros, haciendo que su ya ridícula existencia resultara grotesca. Frente a los restos traqueteantes del autómata, un combatiente audaz se alzaba victorioso. Hacha en mano, Farimir era la viva imagen que los bardos cuentan sobre héroes legendarios. Tal vez no lo sabía, pero acababa de pelear contra un ser que en tiempos antiguos, hubiera aterrorizado a pueblos enteros. Ahora su respiración se había calmado, la adrenalina del duelo iba perdiéndose con los segundos, y él seguramente lo sentía, puesto que no se quedó quieto. De haberlo hecho, posiblemente el cansancio no le hubiera permitido terminar el trabajo.

En lugar de eso, se acercó decidido al torso metálico para pisarlo. No había riesgo alguno en aproximarse, cuando el autómata había perdido su mano hábil y mantenía la otra ocupada en un escudo con el que intentaba tomar impulso para ponerse de pie. En una ocasión hacía un rato casi lo había logrado. Lo que no sabía es que también le faltaba una pierna. La criatura se había vuelto animada mediante un hechizo, pero eso no significaba que fuese consciente de sus acciones. Era una herramienta cuya existencia se limitaba a cumplir con su papel. Era como el hacha que en aquel momento le cortaba la cabeza. El pedazo de acero con forma de cráneo cayó a un metro del torso, después de rebotar un par de veces para quedar inmóvil. Eso no terminó con los movimientos del autómata, no obstante el guerrero carecía de fuerzas para gastarlas en un combate tan inútil.

Yvonne mantuvo su atención puesta en el guerrero hasta que el otro se acercó. Necross seguía librando su propia batalla, ayudado por su devoto lobo. A la maga no le gustaba el uso de bestias en el campo de batalla, pero reconocía que Foxhound no era un simple lobo. Por momentos, incluso, parecía saber por adelantado los movimientos que ejecutaría el autómata. Su amo le guió el ojo a Yvonne, provocando una pregunta que quedó flotando en su mente, ¿qué le había pasado en el otro? El hombre no parecía viejo, pero exhibía marcas propias de los veteranos y sobrevivientes. Sea como fuere, su gesto hacia la maga provocó que esta alzara su ceja mientras sonreía. Estuvo a punto de exigirle una explicación cuando vio el reflejo de un filo acercándose hacia allí. Rápidamente se giró a mirar qué lo había provocado y en aquel instante, la monstruosa hacha de Farimir se clavó en la espalda de la armadura mágica. El impacto fue tan fuerte que el autómata cayó de rodillas frente a Necross.

Al fin, el combatiente tenía su oportunidad de terminar el duelo. Tenía al enemigo en el suelo, más ocupado en levantarse que en defenderse. Después de tomar impulso junto a su arma, Necross arremetió contra la armadura con toda su fuerza, provocando un corte en el borde superior derecho del torso metálico. Lo siguiente fue un hecho que Yvonne no terminó de entender. ¿Por qué, pudiendo cortar las extremidades o la cabeza del autómata, el guerrero decidió hundir su espada sabiendo que la magia podía paralizarlo? Pero no lo hizo, en vez de esto, la luz anaranjada que emanaba del torso se disipó en todas las direcciones, dejando una armadura inanimada tras de sí y esfumándose por las puertas como si de humo se tratase.

La batalla había terminado. Farimir estaba de rodillas exhibiendo su rostro agotado. La batalla lo había dejado extenuado, y aguardaba en silencio, posiblemente, a recuperar un poco de fuerzas para ponerse en pie. Se merecía un buen descanso, Yvonne recordaba haberlo visto entrar por la ventana y salvar a Helamis de su primer combate. En el segundo, la joven no había tenido esa suerte, pero de todas maneras la ayuda de Farimir fue imprescindible para su supervivencia. ¿Y Necross? era muy raro, con su apariencia hosca, que contrastaba con su personalidad juvenil. Sin ir más lejos, se acercó a la maga y extendió su mano para ayudarle a ponerse de pie.

Yvonne Baynham miró la mano, y con un gesto de autosuficiencia rechazó la ayuda. No iba a demostrar su debilidad frente a aquellos hombres, tenía que lucir fuerte para que su autoridad no se pusiera en cuestión. Y así lo hizo cuando, usando su cetro como soporte, se puso de pie. Observó a Helamis en el suelo a unos cuantos pasos de ella, pero supo que no era un buen momento para ayudarla cuando ella misma estaba en condiciones similares. Ya la ayudaría alguno de los guerreros. Le hubiera ordenado que se fuera cuando pude, y no estaría pasando por esto. Aunque su ayuda para el hombre fue absoluta.

— Has demostrado estar a la altura de las circunstancias Necross, creo que tu espada habría venido bien para encargarnos del asunto por el que nos hemos reunido, pese a mi renuencia anterior a reconocer tu habilidad, has demostrado esta rpreparado— comentó mientras se acercaba a la mesa para retomar su lugar en la cabecera. Allí encontró la mochila, donde rebuscó por su pan de tava. — Pero teniendo en cuenta los últimos sucesos no creo que podamos hacer frente a una fuerza externa en estos momentos. ¿Cuál es tu opinión?

Si había una palabra que pudiese definir a Yvonne Baynham, era "sinceridad". Se había criado, escuchando a su padre y creador hablando siempre con la verdad, y aunque este la usaba en su propio beneficio, la maga reconocía que era un buen recurso. Ella, en cambio, lo hacía para no tener que cargar con las consecuencias de una mentira. El orden era necesario en la vida de todo mago que se preciara de serlo, e Yvonne lo hacía. Desde su punto de vista, pese a las dificultades que su don le presentaba en algunas ocasiones, era perfecta. Su cuerpo, su personalidad, sus acciones. Todo era correcto.

Después de comer un buen bocado del pan, se dirigió al otro guerrero.

— Creo que no nos hemos presentado, guerrero, pero me alegra de tenerte en el grupo— su sonrisa parecía genuina. Ya tendría tiempo su compañero para juzgar cuando una sonrisa de la maga era real o no, pues rara vez se borraba. — Como les he dicho a los demás, me gusta saber con quién trabajo. He visto lo que eres capaz de hacer, por lo tanto obviaremos ciertas preguntas, no obstante, quisiera saber por qué te has presentado aquí, ¿qué motivo te mueve para querer defender la ciudad? ¿dinero?, ¿necesidad?— preguntó antes de dar otra mordida al pan y seguir: — Mi nombre es Yvonne Baynham, oficial de Eclipse a cargo de este grupo.



Yvonne

¿Así que crees que yo también quiero una firma con tu nombre, Invitado?
eBe
avatar
Yvonne Baynham

Mensajes : 131
Edad : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Wargos Sangrientos

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.