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La Arena de Uzhakai

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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Caentoriumn el Sáb Mar 16, 2013 9:36 pm

Ya el momento de Ozhequl había finalizado, finalmente el Gran Oso había perdido la batalla, pero Uzhakai aún no había perdido la guerra. Apenas y había derrotado el primero de los cinco monstruos del Liche, el Conde, le quedaban cuatro... pero ahora era el momento del segundo: Ahirai. Una gran ave, extraña por cierto, que dominaba la magia elemental del viento. Agilidad y rapidez sobre fuerza... Khaelos quizá iba a tener ciertos problemas, aquel ser era demasiado rápido para él. Una buena táctica ha de tener...

Khaelos Kollheim empezó a dirigirse hacia Ahirai, quién únicamente en respuesta agitó sus alas y se elevó rápidamente dejando un fuerte viento lleno de nieve que chocó con Khaelos. Ahirai se elevó un poco más y entonces simplemente se quedó levitando a unos 10m encima de el Nigromante, pero no precisamente encima de él sino que estaba más allá. Él gran ave lo miraba arduamente con sus rojizos ojos por unos cuantos segundos... pensaba sus movimientos, aunque tenía cierta ventaja, Khaelos no era un oponente fácil y Ahirai mismo iba a tener problemas con este, así como Khaelos los iba a tener con el Ave. Luego del pequeño silencio, luego del corto momento de análisis y planeación, el Ave se alejó del Nigromante, así nomás, de repente. El mismo pudo ver como se desaparecía en el horizonte... ¿qué tramaba este pajarraco?. Fue entonces tras un largo minuto que se empezó a escuchar un fuerte estruendor, como cuando hay un viento fuerte... pero en la lejanía, que sin embargo se acercaba... y sí, era Ahirai. Como un torpedo se dirigía a Khaelos, pero su objetivo no era taclearlo, simplemente siempre estar encima de él y con su magia elemental del viento hacerle daó. En un frente a frente Ahirai estaría perdido. Retomando la acción, Ahirai empezó a dar vueltas muy velozmente a 7m arriba de Khaelos quien observaba únicamente un anillo torrencial de viento y un borrón azul (que era Ahirai) que recorría este anillo constantemente. Mientras tanto en la arena Kollheim podía notar como era encerrado en un círculo de exactamente 7m de alto... una prisión de viento. Intentar salir sería un grave error, pero entonces, ¿qué podía hacer?...

Pero volviendo a lo profundo, Blaest se enfrentaba a las dos alimañas aquellas, fusiones de perros y osos quienes atacaron vilmente al bovino sin arrepentimientos y con gran furia. Rápidamente Malvhauer tomó su enorme (y nueva) arma y con un golpe en diagonal atacó a una de las bestias en el aire, bestia que fue despedazada en dos como mantequilla, sin ningún tipo de esfuerzo. Dos mitades de lo que era un ser se abrieron como una cápsula y cayeron en el suelo el cual ensangrentaron. Pero no era un atacante, era dos, y Blaest olvidó este detalle. La otra bestia logró morderle ferozmente una costilla. Con sus dientes se quedo enterrado en esta, como si quisiese arrancarle un pedazo de carne, pues movía su cabeza de un lado a otro lo que causaba un inmenso dolor en el guerrero cornudo.

Pero mientras todo esto ocurría, la puerta metálica con un chirrido se abrió lentamente... se podía notar una figura, era grande y se veía que también complexo, llevaba algo igualmente... ¿qué sería?... las cosas no pintaban muy bien.
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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Mar 18, 2013 9:26 pm

Mis ojos permanecían fijos en la majestuosa ave que iba a enfrentarse contra mí, mientras analizaba minuciosamente cada detalle del ser. Como era obvio, tenía la gran ventaja de poder volar, aunque su tamaño me daba la esperanza de que su capacidad de maniobra sería inferior a la de pájaros más pequeños. Por otro lado, estaba la magia que desprendía, y que sabía que podría hacérmelo pasar muy, muy mal. La cosa no pintaba bien, pero esa perspectiva, lejos de amedrentarme, me hizo sonreír levemente.

Rápidamente avancé hacia el centro de la arena, observando como el ave emprendía el vuelo sin perder el tiempo, aunque lejos de frustrarme sabía que aquello iba a pasar tarde o temprano. Una oleada de viento nevado se dirigió contra mí, y para evitar ser arrastrado planté firmemente los pies en el suelo mientras me colocaba lateralmente, con la espada delante. Cuanto menor fuera la superficie donde el viento impactara, menos lo notaría, y la espada por delante me ayudaría a cortarlo.

El ser me observaba desde las alturas, y yo hice lo mismo desde tierra, observando a la criatura con detenimiento, manteniéndome quieto justo en el centro de la plataforma, aguardando, estudiando al ser. ¿Debería usar la ballesta? Sin duda... Pero no aún. Fue entonces cuando el ser se alejó hasta desaparecer. Aquello no era una buena señal, escudriñé los alrededores, manteniéndome muy quieto y alerta a cualquier ataque que pudiera recibir.

Tras un minuto de espera, empecé a escuchar un poderoso sonido de una ráfaga de viento. Era el ave, que se dirigía hacía mí. Sin perder tiempo, envainé la espada y agarré la ballesta, que colgaba de mi espalda. Apunté al ser y aguardé pacientemente, esperando que en algún momento se pusiera a tiro. Fue entonces que se puso a dar vueltas sobre mí a una velocidad pasmosa, pero eso no me echó atrás tampoco. Sencillamente me arrodillé mientras apuntaba al ser con la ballesta, mientras él se dedicaba a rodearme con una prisión de aire. Una buena táctica, sin duda...

Sabía que tarde o temprano el ser se cansaría, así que dejé que fuera moviéndose en círculos, con un ojo fijo en él y el otro en el túnel. Calculé cuántas vueltas daba cada cinco segundos, y cada cuánto tiempo pasaba por el sitio al que apuntaba. Por último, sabedor de que la ballesta recorrería el espacio en apenas un segundo, me bastó con contar mentalmente. Tras asegurar el tiro, finalmente apreté el gatillo y, aprovechando la cinta de cuero que mantenía sujeta en mi brazo la ballesta la dejé en su sitio, y con la rapidez de la experiencia, saqué de nuevo la espada y la puse horizontal. ¿Por qué horizontal? Si en algún momento el viento chocaba con la espada, lo haría contra el filo, imposibilitando mi desarme y tal vez hasta lograría interrumpir su conjuro de aprisionamiento. Aunque sería una batalla difícil, no estaba perdida.
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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Caentoriumn el Dom Mar 24, 2013 11:59 pm


Algo allá, donde la puerta se había abierto, rugió. No fue un rugido alto, fue un rugido bajo, aquella cosa estaba sedienta de sangre y había visto carne de vaca, carne de la mejor calidad. Un paso, dos pasos, cada paso que daba era como si alguien estuviese dando mazazos al suelo violentamente... aquella cosa salía de la oscuridad misma, del a saber qué había allá... y venía por una presa, venía por Blaest Malvhauer. El miedo y la tensión inundó la sala ferozmente, el bovino expectante se atemorizó ignorando cualquier rastro de valentía. La bestia misma que le mordía se soltó y se largo como un perro arrepentido chillando... incluso esta cosa sabía que lo que estaba allí no era nada amigable. Esa cosa grande y complexa que llevaba algo en la mano era un troll, aquellos míticos seres brutos y salvajes. Pero tenía ciertas cualidades... y la más resaltante es que era un Lord Troll, el más alto rango de su tribu. Aquel ser habitaba las montañas inhóspitas, se alimentaba únicamente de las alimañas, y una vez cada mucho tiempo de humanos que hacían expediciones. Pero hoy se le fue servido un platillo en bandeja de oro, y este Troll lo pudo oler y saborear desde lejos...

Blaest se llenó de furia, el Troll estaba a 5m aproximados de él, entonces el minotauro apunto su hacha hacia el gigante diciendo: "Veo que quieres pelea... ¡entonces acercate!". El Troll no entendía su idioma en lo absoluto, pero por la postura que adoptó Blaest supo que lo estaba tentando... una sonrisa demoníaca se plasmó en el rostro del Troll. Empezó a pegarse ligeramente con el martillo gigante que poseía en su mano izquierda mientras paso a paso acortaba la distancia. 2m les separaban y fue entonecs cuando Blaest tomó la primera acción lanzando un ataque en diagonal hacia su contrincante... y prontamente todo terminaría. El Troll con su martillo en diagonal estiró los brazos con su arma haciendo que el filo de Ranakdor II pegase contra el palo del martillo, haciendo una fuerte repercusión. ¿Qué diablos ocurria?... el palo de este martillo era de adamantio puro y duro. Su brazo fue echado para atrás violentamente desestabilizándolo, el Troll ávidamente lanzó un martillazo al hombro de Blaest, el hombro del brazo donde el minotauro poseía su hacha. El mismo hombro fue quebrado en pedazos causando un intenso dolor y volviendo inutil el brazo completo, su hacha cayó y él mismo cayó desarmado y boca arriba. El Troll balbuceó unas palabras quizá en su idioma, y sonriente lanzó un fuerte golpe a sus cuernos aplastándolos e intensificando el dolor. Había perdido cualquier rastro de arma... y ahora estaba en problemas.

El pulverizador carcajeó vilmente ante Blaest quien ahora suplicaba el perdón y lloraba del dolor... pero esto no hacía más nada que deleitar a su ejecutor. Con un grito entre risas lanzó nuevamente un martillazo a su miembro, haciendo reventar sus cojones y haciendo que su miembro se volviese puré. Blaest gritó de una forma bestial, inimaginable, es ese grito del dolor verdadero. Su ejecutor carcajeó más, esto era un gozo para él, estaba pulverizando a su víctima para después comérsela, pero por ahora solo quería usarlo como juguete. Chifló, y entonces de la misma puerta salieron secuaces trolls cuadrúpedos, su líder en su idioma les ordenó que profanasen a la vaca... y así obedecieron. Tomando por objetivo su agujero anal, cada troll insertó su miembro de aproximádamente 17cm cada uno, y eran 4 secuaces. Siendo penetrado una y otra vez mientras gritaba Blaest intentó hacer algo con el brazo que aún funcionaba, pero el torturador se dio cuenta y le martilló el hombro sano, quebrándoselo. Cuando los Trolls terminaron en él, el Lord los ordenó retirarse y así hicieron. Chifló nuevamente, y otros Trolls aparecieron, el jefe les ordenó traer dos ollas con aceite hirviente, y nuevamente, así hicieron. El Lord balbuceó algo en su idioma y con su dedo apuntó a Blaest quien ahora temía por su vida, pero su muerte era inminente. Ya no le quedaban más lágrimas, solo sollozaba y se retorcía, pero ahora se venía lo peor. Con un recipiente uno de los trolls tomó un pequeño envase en el que vertió aceite, otros trolls le sostuvieron la cara y fue entonces cuando el secuaz con el envase vertió aceite hirviendo en ambos ojos de la vaca, quién empezó a gritar como un demonio, rugía, su voz era completamente diferente. El secuaz vertió más aceite hirviente, los otros le abrieron la boca y entonces aquel vertió aceite hirviente en la boca, obligándolo a tragar.

La tortura seguía, la tortura no acababa... el minotauro seguía vivo de alguna forma milagrosa, pero su haz de vida se desvanecería prontamente. Era solo cuestión de tiempo. Retiraron la olla con el líquido y trajeron dos varas de acero, entonces el Lord Troll ordenó encajarselas en los oídos hasta cierto punto. No lo suficiente para que muriese, pero sí lo suficiente para dañar el tímpano. Blaest ya estaba moribundo, pero aún no moría. El Lord Troll se deleitaba con lo que estaba ocurriendo, no paraba de reir... una risa sádica se escuchaba por todo el lugar, y era del ejecutor. Sus secuaces fueron ordenados a arrancar los pezones de Blaest... a punto de mordiscos. 4 se abalanzaron sobre él como canibales y mordisco a mordisco se comieron toda la carne de su pecho. Finalmente la muerte se presentaría ante el minotauro. Su ejecutor mandó a todos retirarse, y entonces con gran lujuria introdujo los dedos aplicando gran fuerza en la piel de Malvhauer, justo en el area de las costillas, arriba del ombligo en el medio del torso. Entonces las tomó y con todas sus fuerzas las arrancó del lugar abriéndole por completo el torso. Blaest murió instantáneamente mientras que el Lord se lo comía.

Uzhakai se había deshecho uno a uno de sus contrincantes... pero sin embargo y como era de esperarse Khaelos Kollheim fue el último en pie. Una fuerte voluntad, una gran experiencia en el combate y un poderío inmenso era lo que lo mantenía vivo hasta ahora. Se había hecho con el oso gigante y era turno del ave gigante, a la cual despojándose de la fuerza bruta se enfrentó con astucia.

Kollheim fue más que astuto al quedarse quieto y empezar a calcular cuantas veces pasaba el ave por X punto, y usando la sincronización dispararía contra ella. No se escuchó el sonido de la ballesta disparar pues el sonido fue neutralizado por el sonido del viento danzante, más sin embargo la flecha sí se disparo, pero no tuvo los efectos esperados. Por el viento mismo la flecha se desvió, aunque fortuitamente esto desconcentró al ave y su conjuro se deshizo. Ahirai, molesta, alzó más el vuelo y se apartó un poco de él dándole la cara. Khaelos había logrado deshacer su conjuro, pero esta creación de Uzhakai no se daría por vencido, tal como Khaelos no lo haría. Fue cuando una sonrisa malévola y mal presagio se plasmó repentinamente en Ahirai. Comenzó a observar la arena sonriente... entonces miró a los ojos del Conde, y el pájaro empezó a batir sus alas... una y otra vez... no parecía que ocurría nada, pero el Nigromante sabía que estaba conjurando algo... y no era bueno. Pasados unos veinte segundos la plataforma empezó a temblar ligeramente mientras Ahirai seguía batiendo sus alas. El temblor se intensificaba cada vez más hasta que llegó un punto que desestabilizó a Khaelos, pero en ese mismo instante el temblor se desvaneció. El guerrero estaba extrañadísimo, ¿qué cosa estaba haciendo Ahirai?... aquel ser inteligente aún sonriente miró a Khae y dejó de batir sus alas, habló entonces: "Espero que tengas algo de donde agarrarte, Kollheim... porque ahora la plataforma está completamente a mi control".

Ahirai carcajeó fuertemente y entonces alzó el vuelo y empezó a batir las alas nuevamente. Esta vez formaba pequeños remolinos que cuando los lanzaba eran fuertes ráfagas de viento que iban dirigidas hacia Khae, estás ráfagas no solo eran molestas, sino que hacían que Khae cerrara sus ojos inconscientemente por la cantidad excesiva de viento a gran velocidad en la cara. En una oportunidad cuando Kollheim cerró sus ojos el ave alzó una ala como un hombre alzaría su brazo y entonces la plataforma se inclinó. No lo suficiente para que Khaelos rodase y cayese al vacío, tampoco para que se deslizase sin poder pararse, pero esta inclinación suponía una desventaja para Khae en cuanto a estabilidad. En medio de todo el desastre seis seres de un vacío salieron, eran diferentes tipos de guerreros. El primero llevaba espada, el otro un hacha, el otro escudo y espada, otros dos poseían un arco y el último un escudo y una maza, estaban en la mitad de la plataforma mientras que Khae estaba un poco más acá del extremo más inclinado, cerca del medio. Los guerreros de escudo estaban uno al lado del otro, el de la espada estaba atrás pero diagonal al del escudo y espada (quien era el guerrero con escudo de la izquierda) mientras que el guerrero con hacha estaba atrás pero en diagonal al del escudo y maza. Los arqueros estaban linealmente atrás de los escuderos listos para disparar. Por otra parte, Ahirai estaba atrás de Khaelos (ya que este volteó a ver los invocados).
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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Mar 27, 2013 4:34 am

Mantener la cabeza fría y ceñirse al plan era algo esencial tanto para un guerrero como para un estratega, y en aquellos momentos era justamente lo que estaba haciendo. De nada me servía usar mi furia por haber perdido el escudo y tener un brazo roto, no contra aquél oponente. Si lo que deseaba era sobrevivir, debía hacerlo usando mi mente. Afortunadamente, no era idiota. Agachado, observé con cuidado al ave para ver cuánto tiempo tardaba en pasar por un punto determinado, y finalmente, cuando lo tuve calculado, disparé la ballesta. Como no iba a poder recargarla, la volví a cargar en mi espalda y fue entonces cuando desenvainé la espada.

Aunque mi disparo no acertó contra el ala de la criatura por culpa del viento, logré desconcentrar a Ahirai y que su conjuro se disipara de forma inofensiva. No pude evitar sonreír aunque el yelmo me ocultara la expresión, y el ave me miró con una sonrisa malévola. Aquello me hizo fruncir el ceño, y mi postura casi parecía decirle que me lanzara lo que quisiera, que no le tenía miedo. Era un guerrero y el premio que me concedería la victoria era mantenerme con vida. No, no iba a perder aquella batalla, no mientras me quedara un ápice de fuerza.

Aunque su expresión no me gustaba, decidí prepararme. Hinqué una rodilla en el suelo y clavé la punta del arma contra el suelo al ver cómo el ser empezaba a batir sus alas una y otra vez. Aunque no sabía qué quería hacer, sabía que estaba conjurando algo, y teniendo en cuenta que su magia era de viento... No podía ser nada bueno.

Al cabo de unos segundos, la plataforma empezó a temblar de forma cada vez más violenta y al final me desestabilicé, casi cayendo a un lado. Afortunadamente, mantuve el equilibrio en el último momento y me fijé como el temblor se desvanecía. Sin dejar de fruncir el ceño, esperé a escuchar las palabras del ser, y cuando habló no pude evitar sonreír:

-Por Elhías, déjate de juegos y ven a luchar como un valiente...-

Mientras el ser se reía, empezó a batir las alas y me lanzó ráfagas de viento dirigidas contra mí. En muchas ocasiones tuve que cerrar los ojos al notar esas rachas en la cara, y finalmente el ser inclinó la plataforma, desestabilizándome de nuevo. Si no caí fue por la costumbre de haber perdido el equilibrio en más de una ocasión. Fue entonces cuando frente a mí, repentinamente, empezaron a surgir varios guerreros humanoides. Aunque no sabía qué eran, percibí que estaban vivos. Sin perder el tiempo, empecé a canalizar la Esfera Necrótica en mi espada, y mientras hacía eso empecé a rodearlos levemente, en una especie de arco para evitar tener delante a los dos tipos con espada y escudo.

Nada más hice dicho rodeo, descargué el conjuro, lanzándolo en el hueco que había entre el tipo con escudo y espada y el tipo que tenía detrás en diagonal. Al ser un hechizo explosivo, lo que me interesaba era bañar de miasma tóxica a los enemigos que habían aparecido. El radio de efecto era suficiente como para acertarles a todos de forma total o parcial, y si eso sucedía... Bueno, esperaba que supieran rezar sus últimas oraciones, porque el destrozo necrótico no era moco de pavo. Una vez les diera el finiquito, ya solo debería centrar mi atención en la ave bastarda que estaba moviendo la maldita plataforma. De todos modos, nada más el conjuro salió despedido de mi espada, me puse en posición defensiva mientras empezaba a jadear. Aunque mi gran resistencia mágica reducía el desgaste mágico que sufría, aquél conjuro no era moco de pavo. No me reduciría las capacidades, pero... Evitaría usar más conjuros por un rato. No era cuestión de forzarme más de lo debido.
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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Caentoriumn el Jue Abr 11, 2013 8:43 pm

Khaelos Kollheim estaba logrando desafiar a Uzhakai con una gran inteligencia. Incluso Ahirai estaba sorprendida de lo que este Zhakheshiano había logrado hasta ahora. El desafiado retó con palabras estrictas: "Por Elhías, dejate de juegos y ven a luchar como un valiente". Ahirai negó con su cabeza y le replicó a Khaelos: "Los valientes están en sus respectivas tumbas, Kollheim".

Tras todo lo pasado y ya Ahirai teniendo el control, aquellos seres humanoides aparecieron en la arena, haciendo que el desafío tuviese incluso más dificultad para Khaelos, más de lo que ya era. Todo estaba en contra de él, y es que Uzhakai quería su cabeza sin duda alguna y bajo cualquier forma lo haría, pero la voluntad de un hombre a veces puede ser muy fuerte, desafiando incluso a las fauces de la muerte, y este guerrero lo sabía. Los guerreros cuerpo a cuerpo rápidamente intentaron arremeter de forma estúpida contra Kollheim quien ahora conjuraba uno de sus hechizos, la Esfera Necrótica, cual sin duda podía aniquilar a estos seres rápidamente causándoles una severa Necrosis. Sin embargo, sus planes no resultaron como esperaba, pues los humanoides cuerpo a cuerpo se separaron y desordenadamente corrieron hacia él. Lanzó la esfera necrótica y afortunadamente logró tres bajas: el del escudo, el de la espada y el de la hacha, todos tres fueron afectados por la esfera. Falló por el único motivo de que pudo matarlos a todos, pero solo logró asesinar a tres. Aquel trío cayó agonizando entre gritos de gran dolor y desgarrantes, a medida de que su piel se volvía negra y repugnante y tras no mucho murieron. Sin embargo, aún estaban vivos tanto los dos arqueros como el hombre de la maza, quien ya estaba cerca de Khaelos y lanzó inocentemente un ataque dirigido hacia su cabeza. Aquel ser no tenía idea de con quién se estaba metiendo... y tampoco los arqueros. A pesar de su precisión, sus flechas no eran rival para la armadura de Khaelos, sin embargo estos dispararon contra él con la única reacción de que las flechas rebotasen sin causar un solo rasguño.

¿Por qué Uzhakai habría enviado a tan débiles criaturas para "matar" a Kollheim?. No, no era para matarlo, era para distraerlo. Mientras que Khae tenía su atención puesta en los plebeyos de Uzhakai, Ahirai conjuraba una poderosa magia. Su extraña aura empezó a expandirse, estaba preparando su siguiente ataque, pero mientras hacia esto inclinó aún más la Arena de tal forma que Khaelos Kollheim se viese desestabilizado, mientras que los plebeyos cayeron al vacío.
El conde se giró para ver a Ahirai y en sus oídos solamente podía escuchar una fuerte ráfaga de viento que lo ensordecía, rechinaba sus dientes, el viento en todo el lugar se había vuelto loco... el fiero guerrero tenía que hacer algo para salvar su vida, era cuestión de segundos, era un ahora o nunca. La Arena estaba en posición para que él pudiese realizar algo, esta vez tenía a Ahirai a su merced, el Ave no estaba tan alto ni tan lejos... era la única oportunidad que Kollheim tenía y había tenido hasta ahora.

La Arena de Uzhakai había quedado de tal modo que funcionase como una rampa, la parte superior daba con la dirección de Ahirai, es decir que si Khaelos se caía por desequilibrio caería en dirección contraria a la gran Ave.
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Re: La Arena de Uzhakai

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Abr 15, 2013 12:12 am

Sonreí levemente al darme cuenta de que mi forma de luchar y de defenderme estaba quebrando la arrogancia de mis atacantes. Pensaban que, sin mi escudo, me volvería poco más que un grandullón lento que se desesperaría al tener que cambiar su estrategia. Me gustaba pensar que estaba sorprendiendo al enemigo usando la mente para combatir. Cuando la gran ave me respondió no pude evitar reír ligeramente y le respondí, asintiendo:

-Rodeados de sus muchas víctimas...-

Cuando aparecieron los seres humanoides supe que, de nuevo, me iba a tocar ponerme en marcha y usar mis habilidades para sobrevivir a aquella arena que, de lo contrario, podría matarme. Todo estaba en mi contra, pero ponérselo todo cuesta arriba a alguien que adora la defensa nunca es la mejor opción. Las defensas desesperadas por mantenerme con vida sin parecer que hubiera oportunidad alguna de salvar el pellejo eran de las cosas que mejor se me daban.

Los soldados que querían matarme intentaron lanzarse contra mí, pero mis movimientos fueron más astutos que los suyos, y mi esfera necrótica logró alcanzar a tres de los seis. Aunque no acabé con el grupo enteramente, jé... Al menos lo había reducido a la mitad, cargándome a los del escudo, la espada y el hacha, quienes cayeron al suelo gritando por la necrosis que les devoraba atrozmente. Las flechas que dispararon los demás contra mí rebotaron inútilmente, y mi espada bloqueó el mazazo enemigo, momento en que miré a los ojos a mi atacante.

Sin embargo, en ese momento perdí de nuevo el equilibrio quedando desestabilizado, aunque afortunadamente mantuve la posición. No fueron tan afortunados mis enemigos, quienes gritando de pánico cayeron al vacío. Cuando me giré, solo pude escuchar una fuerte racha de viento que me dejaba sin poder oír nada, me estaba empezando a dar frío. El ave, por su parte, se hallaba a mi alcance por fin, pero debería saltar. En un arriesgado movimiento, supe que aquello era un todo o nada. Empezando a correr por la plataforma, que hacía las veces de rampa, me dirigí hacia Ahirai, y cuando llegué al borde me impulsé con las piernas. Mi intención era clavarle la espada en el punto más letal que pudiera, y nada más hacerlo saltar y tratar de volver a la plataforma, o hacer lo que en el momento fuera más conveniente. No tengo vértigo, pero... Prefiero saber que estoy sobre un sitio medianamente estable, no sobre un enemigo al que voy a apuñalar. Todo o nada. Tocaba jugársela a una sola carta. Al menos daba gracias de que mi armadura fuera más intermedia que pesada, de lo contrario aquello sería un suicidio.
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Khaelos Kohlheim
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Re: La Arena de Uzhakai

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