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Invasión

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Invasión

Mensaje por Yvonne Baynham el Lun Ene 21, 2013 1:45 am

Emplazado entre las montañas del norte de Keyback, existe un enclave fundamental para la cultura de Noreth. Su existencia es, no obstante, ignorada incluso en otras locaciones de los Montes. Sin ir más lejos, pocas son las personas de Mizrribak que conocen Varmalus. O como la llaman los que saben de qué se trata: la ciudad del Creador.

Varmalus es un asentamiento tan antiguo como las primeras civilizaciones, aquellas anteriores a la humanidad, y por consiguiente también, a las demás razas. Cuando las primeras formas de vida inteligentes se vieron anegadas en la cruenta guerra que les llevaría a la extinción, hubo un grupo que se resignó a no tomar partido. Actualmente se sabe poco y nada de estos pacíficos seres, que supuestamente sirvieron a los Dioses hasta el final de sus día. A pesar de lo inusual de su origen, Varmalus continúa siendo una comunidad esencialmente mediana, y esa es la sensación que transmite. La vida diaria aquí es precaria, pero los habitantes siempre se esfuerzan para ofrecer, incluso al visitante desconocido, una sonrisa amistosa o una bienvenida cordial.

A pesar de los progresos y de la eficaz ingeniería, en la ciudad continúa habiendo cierto número de heridos y muertos por caída o ahogamiento. La omnipresente posibilidad de un desastre, incluso la pérdida de un ser querido, ha hecho que la gente de Varmalus se endurezcan, aunque sin perder su lado más compasivo. La ciudad tiene una Guardia pero dado que se compone fundamentalmente de ingenieros, se ocupa fundamentalmente de los habitantes, antes que de los que llegan del extranjero. Varmalus dispone de varias calles, cada una para cada “piso”. Los cimientos fueron creados por la propia naturaleza. Las tormentas estacionales que soplan desde el cielo han provocado la erosión de grandes aberturas en la montaña, dando origen a algo que recuerda a una colonia de insectos excavada en la roca. La mayoría de las estructuras están construidas sobre la piedra nativa, integrando cuidadosamente elementos artificiales con la forma natural. Los constructores tienen cuidado de reforzar la roca existente con madera tratada, magia o ambas cosas. Los residentes originales, primeros humanos en Noreth, utilizaban cuerdas y salientes naturales para desplazarse de un sitio a otro, y cruzar la ciudad de un extremo a otro requería de ciertas dosis de escalada. Los ingenieros de la ciudad decidieron posteriormente aprovechar este sistema para construir a partir de él, en lugar de descartarlo por completo; el resultado se parece más a una red de puentes que a una distribución de calles habitual.

— ¿Estás segura de que es lo que quieres?

Sentada en un trono de piedra, con los brazos en los costados y la columna erguida, la suma sacerdotisa del Creador miraba a Yvonne con una mezcla de sensaciones que ella reconocía y abrazaba. La maga, que a sus dieciocho años, no tenía nociones de lo que son los sentimientos, solo pudo identificar la lástima en los iris azules. Y odiaba la lástima.

— Es lo único que puedo hacer por ella— le contestó, con sus rasgos tan idénticos a los de alguna diosa tallada en mármol blanco.

— Una vez que se haga, no podremos deshacerle la salvaguarda, Lady Baynham. La única manera de que vuelva a ser ella, será aprendiendo las artes arcanas, y aplicándola en su propia mente— explicó la sacerdotisa, con la paciencia con la que se habla a un niño. — Ya no tendrá ningún recuerdo suyo.

— No tiene recuerdos felices de su vida anterior, se merece más que eso. Tiene ocho años y una vida por delante, por favor, dele esta oportunidad. No me importa que ya no me reconozca, ella tendrá una familia nueva, es todo lo que puedo pedir— argumentó Yvonne, y a pesar que no quería demostrar debilidad, no pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla— yo la cuidaré hasta el último día de mi vida.

La mujer, con una triste mueca grabada en sus rasgos de una hermosura casi innatural, se quedó lánguidamente a la obstinada muchacha.

— Espero que entiendas lo que haces Lady Baynham. Y que el amor del Creador te guíe en tu camino— aseveró— ¿quieres decirle algo antes de irte?

Yvonne posó su mirada usualmente gélida en los ojos de la sacerdotisa. Sin embargo, no pudo sentir más que tristeza.

— Mis acciones valdrán más toda la vida, que lo que pueda decirle ahora— contestó antes de dar media vuelta y caminar por la alfombra púrpura que la llevaría a la puerta. Sentía las piernas flojas, y el estómago revuelto, pero se las arregló para llegar hasta allí, y entonces correr.


Yvonne Baynham puso el pie en el último escalón valiéndose de todas sus fuerzas. Solo con ver la magnánima entrada de Varmalus, las imágenes de su primera y última vez en la ciudad se arremolinaron en su cabeza. No era un buen momento para viajar al pasado, tenía que estar bien involucrada en el presente si quería tener éxito en la empresa. El viento silbaba en sus oídos, traía sonidos parecidos a susurros, mas no alcanzaba a distinguir palabras. La brisa movía sus cabellos suavemente, mientras cada paso la llevaba un poco más cerca hacia la dura verdad.

Durante el camino hacia la ciudad del Creador, había tenido suficiente tiempo para pensar en las posibilidades. Según le había hecho saber la Suma Sacerdotisa una semana atrás, tenían que hablar de manera urgente y personal acerca de Lauranna. Desde entonces, Yvonne había dejado sus tareas en Eclipse para viajar a los Montes Keyback, y aún así, le había costado una semana el viaje. Por el camino, en alguna posada que usó para pasar la noche, pudo enterarse de noticias apabullantes. Al parecer, se habían visto excursiones de elfos oscuros por las montañas linderas a las ciudades. Interesada en las versiones, la maga hacía preguntas, sin embargo nadie supo explicarle con exactitud lo que estaba pasando. Algunos afirmaban que habían visto arañas gigantes salir de la tierra y acabando con ciudades pequeñas entre las montañas, otros, menos fantásticos, creían que estaban presenciando un hecho histórico: los drow salieron a buscar nuevos esclavos. Yvonne, que había leído sobre la variación más corrupta de los elfos en sus incursiones por la biblioteca de Eclipse, reconocía que esta posibilidad era muy latente.

Caminar por la ciudad de Varmalus se hizo extraño. La gente, en su totalidad adultos, lucía tristes muecas y gestos desesperanzados. Por lo general, se limitaban a inspeccionar disimuladamente a Yvonne, pero si esta intentaba devolverles la mirada, se escondían, o volvían su atención a sus acompañantes. Decidida a acabar con el suspenso, se encaminó a la capilla del Creador, el edificio más grande de la ciudad. En la capilla, se dictaban las leyes que regían sobre Varmalus y desde allí mismo, la Suma Sacerdotisa guiaba a su pueblo. En general, su palabra no era requerida en los asuntos diarios, por lo tanto, pasaba sus horas enseñando a las novicias a comunicarse con el Creador. Yvonne recordaba a la sacerdotisa como una persona amable, a la cual no había sabido agradecer por el favor que le hizo a su hermana. Ahora estaba allí, y los nervios la carcomían. O mejor dicho, la culpa.

— ¿Lauranna?— era un muchacho quien habló, y estaba detrás de Yvonne, caminando sobre el puente que les llevaría a la capilla.

Yvonne giró al oír el nombre de su hermana. Fue un acto instintivo, ¿la habían confundido? antes de explicarle que estaba equivocado, preguntarle por Lauranna, o simplemente demostrarle que no era ella, él volvió a hablarle.

— Oh, discúlpeme señora. La he confundido con una amiga mía— explicó con una sonrisa que le recordaba a aquella que exhibía la Suma Sacerdotisa la mayor parte del tiempo. Nunca sabes cuándo puedes cruzarte con alguien que necesite una sonrisa, le había explicado ella. Por ese entonces, Yvonne no le entendió.

El muchacho no alcanzaba los veinte años de edad, iba vestido con el atuendo tradicional de los magos a prueba. Además tenía el cabello rubio, y los ojos azules, tristes como los de cualquier otro habitante.

— Me has confundido con Lauranna, ¿dónde está ella?

Dubitativo, el joven observaba a Yvonne como si no pudiera creerlo. ¿Qué tan cercano a Lauranna era? los informes que le llegaban, no decían nada de un novio. Además, era muy chica para andar en esas cosas. Cuando estaba a punto de responderle, un mago lo interrumpió posando su mano en el hombro.

— Sigue tu camino, Alric— le sugirió como una orden, y una vez quedaron solos, le habló a Yvonne. — Gracias al Creador, ha llegado Lady Baynham— dijo de manera afable, daba la impresión de que al verla su sonrisa se ensanchó un poco más. — Es igual a su hermana. La Suma Sacerdotisa comenzaba a impacientarse, pensaba que no podría venir.

— ¿Qué sucede? ¿qué ha pasado con Lauranna?— la voz de Yvonne carecía del frío habitual.

— Eso es mejor hablarlo con la Suma Sacerdotisa, hija— explicó señalando la capilla. — Su amigo está esperándola allí— agregó, esta vez su brazo indicaba la figura de un desconocido. Yvonne venía acompañada.

— Yo no tengo amigos— espetó antes de poder censurarse— lo siento, estoy alterada por tanto suspenso. No conozco a ese hombre, ni siquiera a usted— dijo paciente, dando a entender que quería más información.

El hombre se inclinó cortésmente ante Yvonne. Era imposible adivinar su edad, llevaba el cabello cano largo hasta los hombres, y sus rasgos varoniles eran perfectamente simétricos. Ya entrado en edad, además, tenía el físico de cualquier hombre en edad adulta temprana.

— Nathan, mago de primer orden. Y es momento de que te deje seguir en tu camino, hija. Que el amor del Creador te guíe.

Yvonne Baynham no pudo hacer nada para sacarle respuestas. Mago de primer orden. Uno de los más poderosos, según su rango, ¿cómo podía aquella gente actuar de manera tan despreocupada con la importancia que tenían en Noreth? Tanta armonía lograba molestarla. Decidió que se iría lo antes posible, ni bien hubiese terminado con lo que fuera que tenía que hacer allí, pero por el momento iría a ver quién era la figura encapuchada parada al borde del precipicio. Al principio caminó hacia él con cuidado para no alertarlo, seguramente el hombre la había visto pero hasta entonces no se había movido. ¿La conocería también?

— Hola— le dijo, aunque costó hacerlo, ajena a aquellas pequeñas cosas. Casi nunca se sentía en la obligación de saludar.


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Re: Invasión

Mensaje por Kainen el Miér Ene 23, 2013 6:57 pm

No me costó mucho entrar en Varmalus, los guardias no parecieron preocuparse por mi entrada al lugar, no me ignoraron, pero no les molestó que entrara. De hecho tampoco tenían pinta de guardias, no como en Sacralis, donde los guardias iban más que preparados...al menos en el barrio noble.
Por otro lado, menos mal que me dejaron entrar...habría odiado no poder visitar una ciudad como Varmalus. O como la llamaban los lugareños, la ciudad del creador.

Construida en una montaña, estaba dividida en varios "pisos", los cuales estaban unidos unos con otros no con calle, sino con puentes. Antiguamente no era así, y si querías visitar cualquier lugar debías valerte de tu habilidad escalando. También decían que era una de las ciudades más antiguas del mundo.
Todo esto me lo contó un señor mayor que me paró por la calle, al ver que yo era extranjero decidió contarme la historia de su bella ciudad. Escuché atentamente porque me interesaba de verdad, saber como surge una ciudad en una montaña, como evoluciona.

La gente me paraba, la mayoría ancianos que buscan contar sus historias a alguien que no las conozca ya. Sinceramente, no busqué excusas para marcharme ya que disfrutaba con las historias de los ancianos.
Una de las veces me paró una señora ya mayor, me preguntó si fuera de la ciudad había visto a una chica joven, morena, de ojos claros...Le dije que no, la cara triste de la mujer se acentuó aún más. Me contó que ultimamente estaban desapareciendo chicas y chicos jóvenes, y que no se les volvía a ver.
Los padres prohibían a sus hijos salir de la ciudad, y pareció surtir efecto, pero seguía desapareciendo gente. Decidí investigar un poco más.

Recorrí la ciudad de abajo arriba (literalmente), empecé por el piso más bajo de la ciudad, y fui subiendo progresivamente mientras indagaba sobre las desapariciones. Descubrí poco más, desaparecían chicos y chicas jóvenes, no niños, porque también desaparecían hombres que tenían sobre los 20 años.
Sobre los secuestradores la mayoría de las personas no sabía gran cosa, así que no recibí una respuesta clara a esa pregunta.
Decidí colocarme al borde del precipicio, en cuclillas, dándole la espalda a la montaña, queriendo ver algo más que roca, buscando indicios sobre las desapariciones. Cualquier cosa.

Se escuchaban conversaciones no muy lejos, probablemente hablaban de "ese suicida" o quizás solo se contaban unos a otros sus penas.
Logré que me dejaran tranquilo durante un largo momento. Disfrutaba de aquella tranquilidad, aunque también me molestaba el hecho de ser tan vulnerable, de que cualquiera podría empujarme al vacío y...matarme. Pero no, por suerte eso no llegó a ocurrir.
No hubo empujones, pero si un saludo, de una mujer...o de una joven. La verdad es que me sobresalté al no esperarmelo. Aquella voz tenía algo...raro.
Me giré, era una chica joven.
-Hola.- Dije sonriendo. -¿Necesitas algo?
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Re: Invasión

Mensaje por Yvonne Baynham el Vie Ene 25, 2013 7:36 am

El edificio de la capilla se alzaba poderoso sobre las demás construcciones. Era la máxima representación de autoridad en Varmalus y había sido construido de tal manera que esa autoridad no pudiese ser confundida. A pesar de esto, el edificio no daba muestras de ostentación, era un lugar sagrado que además servía como escuela para las sacerdotisas del Creador, cuyo aprendizaje se basaba en la humildad y el servicio al bien. En una ciudad como Phonterek, habría sido un edificio más, y quizá fuese uno de los que menos valía, o al menos por fuera. Constaba de un torreón formidable de varios pisos, y otros espacios aldeaños.

A aquellas horas de la mañana, el silencio en la torre era tal, que las pisadas en las escaleras del segundo piso del torreón, se oyeron dos alojamientos más arriba. Precisamente, en los alojamientos personales de la Suma Sacerdotisa. Seryna estaba sentada frente al escritorio, leyendo quién sabe qué cosas en un libro que ocupaba la mitad de la superficie del mueble. Había pasado toda la noche estudiando, y sin embargo no se notaba en su piel nívea ni en los hombros, que si bien parecían caídos, era un efecto secundario de mantener la espalda recta. Si no se prestaba especial atención a su cabello rubio, cosa casi imposible, podía parecer repleto de canas y aún así, su belleza no se veía atenuada. Su rostro siempre sereno no demostraba signos de la edad. No había manchas, ni arrugas, ni siquiera pecas. Si esto podía resultar extraño fuera de Varmalus, en la ciudad apenas se hablaba de estas características. De hecho, no muchas personas conocían a la Suma Sacerdotisa en persona, pues esta pasaba sus días y noches en le torreón de la capilla.

Tres golpes en la puerta confirmaron que aquella que corría por las escaleras, se dirigía a verla. Con una sonrisa de absoluta paz, la Suma Sacerdotisa se puso de pie, y antes de permitir pasar a la novicia se acercó a la ventana que estaba detrás del sillón donde estuvo sentada. El ventanal permitía desfrutar el paisaje que presentaba la sagrada ciudad, pero no era eso lo que buscó Seryna.

— Adelante.

Inmediatamente hizo acto de presencia una muchacha de cabello negro recogido en una coleta a mitad de espalda. Su vestido era sencillo, de color gris, y se ajustaba a su cuerpo juvenil. Tenía un escote cuadrado, mangas y falda larga que caían arremolinándose alrededor de los tobillos. No era muy distinto al de la propia Suma Sacerdotisa, salvo por el color blanco. Además, este incorporaba un cordel en el escote, y al parecer por debajo tenía más prendas. La joven novicia se acercó hasta el escritorio con pasos indecisos, era la segunda vez que entraba a los alojamientos de Seryna, pero esto no lo hacía más fácil. Aún se preguntaba por qué ella. Por qué entre tantas novicias, ella había sido elegida para esa tarea. Claro que no se lo preguntaría jamás.

— Suma Sacerdotisa.

Seryna dejó pasar un momento antes de responderle. Estaba perdida en sus propias cavilaciones, aun así, también necesitaba saber lo que la novicia tenía para decirle.

— Aalena, pláceme de corazón verte una vez más— le saludó sin girarse. — Acércate, quiero que veas algo.

Si antes le temblaban las piernas, ahora casi no podía mantenerse parada. La Suma Sacerdotisa la trataba con tanta familiaridad, que la confundía. A ella le habían enseñado siempre a no molestar a aquella mujer tan cordial, y no era fácil olvidar esas órdenes. Se acercó a la ventana azorada para buscar con la mirada lo que estaba viendo la Suma Sacerdotisa, y no fue difícil encontrarlo. Cerca de la capilla a un costado de la calle principal, veía a dos extraños conversando, o por lo menos eso parecía desde allí. La pareja destacaba entre el gentío de Varmalus como dos gotas de aceite en el agua clara del lago.

Yvonne Baynham se quedó mirando aquellos iris marrones. Aunque pareciera imposible, tenían la misma tonalidad del cobre, y no distaban mucho del color de la piel. Era lo único que alcanzaba a ver, pues el hombre llevaba la mitad de la cara cubierta por una tela roja con marcas blancas y el cuerpo por una capa. A simple vista parecía un deseh, pero cabía la posibilidad de que el sol lo dotara de aquellas características. ¿Qué estaría haciendo por allí? Evidentemente era el único visitante a parte de ella, por lo menos en esa parte de la ciudad.

— Así es. Necesito saber quién eres y por qué un mago de primer orden pensaba que eres mi amigo— respondió cortante. Mantenía su sonrisa como si estuviera hablándole de cosas cotidianas.

Hacía varios años, durante la niñez, Yvonne comprendió que era distinta a los demás niños de su edad. Mientras los chiquillos corrían por las calles jugando con espadas de madera, o con muñecas, ella se tenía que limitar a observarlos desde la ventana del segundo piso, mientras hacía como que el libro le resultaba más divertido que otras actividades para ver feliz a su padre. Eso funcionó una sola vez, y como premio, obtuvo el doble de horas invertidas en lectura. Fue durante la adolescencia que entendió la importancia que tuvo aquello en su vida. El estudio complementó las habilidades de la maga para que esta fuese perfecta.

— Y te advierto que no estoy aquí para jugar— aseveró.

Yvonne tenía su cetro en la mano pero apoyaba su peso en las piernas. Estaba lista para enfrentar problemas, si es que era lo que surgía. No podía perder tiempo ahora que estaba tan cerca de saber qué pasó con Lauranna. Por otra parte, quizá ese hombre supiese algo sobre su hermana.
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Re: Invasión

Mensaje por Kainen el Dom Ene 27, 2013 1:36 am

Clavé sus ojos en los ojos azules de aquella chica. Unos ojos azules como las profundidades de un lago, como el océano. Su piel era de un tono bastante claro en comparación con la mía, pero sin embargo no llegaba a ser pálida. Llevaba un collar con un símbolo que no llegué a reconocer, tampoco me atreví a preguntar, quizá eso la ofendiese o fuese indiscreto. Tenía el pelo largo y negro como el ala de un cuervo, incluso llegué a entrever algún brillo dorado. No parecía más alta que yo. Sonreía, tenía una sonrisa preciosa.

La chica respondió a mi pregunta de forma extraña, no me lo esperaba. Su sonrisa seguía ahí, pero sus ojos no acompañaban correctamente aquella sonrisa, era una mezcla bastante extraña. Y si bien su expresión me resultó extraña, la pregunta que formuló me lo parecía aún más. Según ella, un mago de primera orden decía que eramos amigos. A pesar de eso mantuve mi expresión normal, como si aquello no me extrañara.
También añadió que si, que necesitaba ayuda.

Me mantuve pensativo ¿Que querría aquella chica? Probablemente había perdido a un familiar, lo habrían raptado. Pero dado que ella también era extranjera en el lugar, me pareció bastante rara esa idea.
La inspeccioné de arriba abajo, fue entonces cuando me di cuenta de que no era una chica, sino una mujer. Solo me había fijado en su cara, y si bien su rostro era juvenil, su cuerpo demostraba madurez. La prueba eran sus pechos, en los que me fijé por un instante, esperando que no se diera cuenta.

-No conozco a ese hombre, ni siquiera sabía que hubiese magos de tal nivel por aquí, a lo mejor se ha equivocado de persona. El hecho de ser extranjeros no nos convierte en amigos ¿cierto?- Dije con calma y sonriendo.
Pegué una patada a una piedrecita, haciendo que callese por el acantilado.
Retiré el pañuelo de mi cara y mi capucha, descubriendo por completo mi cara y mi pelo. -¿Quieres ayuda? Puedo ayudarte, pero dime una cosa, tu no eres una de las desaparecidas ¿verdad? Varias personas me preguntaron por una chica cuyas características se parecen a las tuyas. ¿La ayuda que necesitas tiene algo que ver con los secuestros?
¿En que crees que podría ayudarte un pobre hombre como yo?
- Dije al tiempo que alzaba las manos al cielo y girándome sobre mi mismo, como mostrando todo mi ser a aquella chica.
-Es más...¿Qué te hace pensar que te voy a ayudar?- Dije sonriendo de manera pícara.



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Re: Invasión

Mensaje por Yvonne Baynham el Lun Ene 28, 2013 8:59 pm

— El hecho de ser extranjeros nos puede convertir en enemigos— afirmó Yvonne.

No era eso lo que el hombre había dicho, pero rara vez importan las palabras. Esta lección fue una de las primeras que Yvonne aprendió, en esa época de miedo y frustración que fue su infancia. Por aquel entonces, su única responsabilidad era pasar las pruebas que constantemente iba poniendo su padre, ansioso por probar que la niña era en realidad su mejor invención. Muy bien, Yvonne, sigue así, quiero que me muestres todo el potencial. Ese muy bien siempre era una mentira, lo veía en los ojos de Henry. Rara vez le había llamado “hija”, inclusive delante de sus amigos ella no era más que su más gloriosa creación, pero siempre quería más.

Ahora estaba lejos de aquel hombre frío, y aunque sabía que había heredado esa coraza de hielo con la que Henry solía envolver su ser, sorprenderse con los pequeños detalles confirmaba que no era menos humana por haber nacido mediante la magia. Cuando el desconocido dejó su rostro al descubierto, Yvonne comprobó que aquel no era un deseh, sino un cithe. Pero al fin y al cabo, no lucía como uno por la exposición al sol. Quizá los deseh no sean más distintos de un cithe si se alejan por un tiempo de sus tierras asoladas.

Entonces, cayó en cuenta de que el hombre no estaba en búsqueda de algún familiar desaparecido, sino que era más probable que fuese un mercenario. ¿Y si no lo era? Cabía la posibilidad de que en realidad, estuviera allí para marcar posibles víctimas. El hombre ocultaba su cuerpo con una capa del color de la uva, a pesar de la absoluta escasez de frío, contrastando con las pocas prendas que exhibía Yvonne. La maga había descubierto que podía exhibir su esencia por cada poro de su piel. Más de una vez había utilizado aquel recurso para persuadir a algún enemigo temporal demasiado supersticioso. Además, mientras los hombres sean mayoría, la falta de ropa jamás estará de más, pues en la batalla un solo segundo de distracción puede ser definitorio.

Sea como fuere, la revelación del desconocido, dejó descolocada a la maga durante un momento. ¿Una de las desaparecidas? ¿Cómo que desaparecidas? La Suma Sacerdotisa le había llamado para hablar de Lauranna, sin expresarle el motivo puntual. Sin dejar de sonreír pese a la lucha interna que estaba dándose muy dentro de su mente, le habló:

— ¿Una chica cuyas características se parecen a las mías?— entonces era cierto, Lauranna había desaparecido y por alguna razón ajena a su entendimiento, la Suma Sacerdotisa la llamó sin explicarle nada concerniente a este problema— Debo ir a hablar con la Suma Sacerdotisa— espetó al caer en cuenta de la urgencia del asunto

Lauranna Baynham había nacido diez años después de Yvonne, pero era su gemela. La única diferencia, era que la joven que ahora debería tener quince años, no recordaba nada de lo que sucedió en su niñez. Hasta el momento, todo había marchado de maravillas con el plan. Varmalus era un lugar seguro, pues estaba fuera del alcance de Henry, padre y creador de ambas, pero ahora era otra la amenaza que se cernía sobre la más joven de las hermanas. ¿Por qué, después de tanto esfuerzo para darle una vida feliz, tiene que ocurrirle algo así?

— Yo no sabía nada de los secuestros— musitó en voz alta sin darse cuenta. — Ni tampoco he venido aquí por ayuda. Tengo asuntos de enorme importancia por tratar con la Suma Sacerdotisa, si sabes algo de los secuestros o crees que puedes servir para algo, sígueme. Si no es así, espero que al pasar nuevamente por aquí no obstruyas mi camino.

La amenaza sonó aún más dura de lo que pretendía, pero no tenía tiempo que perder. Su sonrisa era fría como una noche en Yagorjakaff, no obstante rara vez dejaba de exhibirla. Yvonne era uno de los oficiales más temidos de Eclipse. Cuando elegía un grupo que la acompañase en su siguiente misión, los más jóvenes imploraban a los dioses no formar parte. Si la maga sentía que sus compañeros no estaban dando todo, u obstaculizaban la misión, era capaz de dejarlos a su suerte en territorio enemigo. Su sonrisa, según las habladurías de los más jóvenes, era un arma de seducción con la que atrapaba a los incautos, para llevarlos a la muerte. Después de que Yvonne llegara a Eclipse, prácticamente ocupó el espacio que había dejado su padre. Era una maga temida tanto por los enemigos de la organización, como por sus propios miembros. A ella no le importaba que esto fuera así. Los sentimientos y la amistad solo son puentes que conectan la muralla con el alma. Y no quería a nadie en su alma.

Yvonne miró a los ojos del desconocido para saber la respuesta, y después comenzó a caminar hacia la capilla. No había nadie vigilando en la puerta doble de fina madera con letras talladas en un idioma tan antiguo como la raza humana, como era de esperar. Recaer en este detalle, no hizo más que endurecer la expresión de Yvonne en sus ojos. Esa falta total de seguridad había permitido que alguien se llevara a Lauranna.

La capilla estaba completamente vacía. Yvonne recordaba que la última vez que estuvo allí, era aproximadamente la misma hora, y las novicias estaban en plena clase con las sacerdotisas. Qué vida tan absurda. El lugar era grande. Incluía un altar de piedra pulida, reclinatorios bellamente acabados y vidrios de colores en las ventanas. Los patrones correspondían a poderosas salvaguardas mágicas instaladas, según tenía entendido, por los antiguos pobladores de la ciudad. Yvonne reconocía algunos, pero otros le parecían más antiguos incluso que aquellos sobre los que había leído en los libros más viejos al alcance de Eclipse.



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Re: Invasión

Mensaje por Kainen el Jue Ene 31, 2013 12:59 am

El sol estaba llegando a su punto más alto, haciendo que la ciudad montaña proyectase una enorme sombra sobre el pequeño valle que se hallaba abajo y cubriendo con su manto oscuro parte de las otras montañas.
Varias personas, en su mayoría hombres, cruzaban los puentes colgantes. Probablemente para ir a sus casas, a comer y a descansar, hasta que tuvieran que salir de nuevo a cortar leña, a picar o a cazar. Sin embargo, por lo que le dijeron, los trabajadores redujeron mucho sus jornadas por miedo a "desaparecer" y para proteger a sus familias.

La mujer, clavando sus ojos Azules en los mios dijo algo de ir a ver a la...¿sacerdotisa? Otra cosa de la cual no me habían hablado los veteranos de la ciudad era sobre quién y cómo dirigía la ciudad. Uno siempre imagina un rey o una reina, pero no.
Algo en sus ojos cambió, un brillo fugaz.
La joven se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia un edificio cercano ¿Era una capilla? Y pensar que estábamos practicamente al lado y yo ni siquiera la había visto...

Seguí a la joven, cuando me puse a su nivel, caminando a lado suyo dije:
-Puede que te hayan traído asuntos más importantes, pero me da la impresión de que ahora te importan bien poco ¿Me equivoco?- Dije seriamente.
Las puertas de la capilla no eran especialmente grandes, majestuosas, o seguras siquiera. Eran bastante simples y sin guardia, lo cual nos permitió entrar sin problemas. Esa era una de las principales causas de raptos y desapariciones, no había guardia o soldados, al menos no verdaderamente preparados, ya que eran ingenieros que se dedicaban a "vigilar" la entrada a la ciudad. Además que no tenían preparación, ni equipo, ni nada. Si en Sacralis hubiera entrado en el barrio en el que me crié, me habrían arrestado por el hecho de acercarme a los guardias, lo peor es que si yo fuera guardia, también me habría arrestado. Dejar entrar a un indivíduo encapuchado, por muy buenas intenciones que tenga...es un poco tonto. Una vez dentro mirando asombrado el interior de la capilla dije:-Mi nombre es Kainen, te ayudaré en tu misión, no creo ser un estorbo. Además, pareces ser la única persona con valor suficiente para afrontar este problema en toda la ciudad. Sólo quiero que sepas que no lo hago solo por ti, lo hago por toda la ciudad...porque nadie se merece estar pasándolo tan mal como estas pobres gentes.- Lo solté asi, de sopetón, lo dije al aire, sin dirigirme a la chica, pero mi objetivo era que me escuchara.

Se escucharon unos pasos, a juzgar por el sonido no era una sola persona, además, el eco de la estancia confundía.
Una hermosa y joven mujer irrumpió en la sala, acompañada por una chica más joven aún. Parecían dos hermanas.
¿Sería la sacerdotisa? ¿Tan joven? Cuando escuché sacerdotisa me esperaba a una vieja chocha que no recordaría ni su nombre.

-¿Así que estás dispuesto a ir en busca de los desaparecidos?- Dijo la más mayor de las dos. Mirándome fijamente.



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Re: Invasión

Mensaje por Yvonne Baynham el Sáb Feb 02, 2013 4:54 pm

Las calles de Varmalus por la mañana eran la viva imagen de aquellos valores que en las últimas décadas ya no se encontraban en Phonterek. En la delicada ciudad comercial, la gente fue olvidando lo que significa la amistad, la fraternidad, o lo bello que puede ser salir a pasear para, alguna vez recordar que se respira. Que se tiene vida. Antes, según se hablaba entre los más nostálgicos, la capital económica era también cumbre de la ciencia y el progreso cultural, pero la guerra trajo cambios para los que no estaban preparados. Y esto es normal, nunca un pueblo estará preparado para la guerra.

El tramo que separaba la capilla del borde del acantilado, era una demostración de prosperidad. No había puestos ambulantes ostentosos, ni caballeros con la frente alta rodeados de sirvientes, tampoco había guardias apostados en cada esquina. Algunas novicias, que no estaban ocupadas en las tareas de la capilla, así como aprendices de magos desligados a obligaciones paseaban por la calle. Se movían en grupo, y hablaban sin miedo sobre asuntos que solo ellos entendían. Los demás, magos, comerciantes, artesanos o simplemente aquellos que recién se levantaban, empezaban a llenar las calles.

Al entrar en la capilla, sin haber cerrado la puerta siquiera, las voces de las novicias que paseaban, quedaron completamente acalladas. El aire mismo cambiaba a tan solo un paso. La calidez del sol mañanero quedaba sesgada en aquel lugar, más no su luz, que bañaba a través de vitrales los lugares más importantes. Entre estos se contaba el púlpito del altar, desde donde se ofrecían los actos religiosos; algunos oratorios privados, y la entrada al torreón.

— Es él señora, creo que es él— Aalena desvió la mirada para buscar la aprobación de la mujer que tenía al lado.

¿Quién lo hubiera imaginado? Ella, a quien le costaba tanto hacerse un lugar en la capilla, estaba trabajando para la mismísima Suma Sacerdotisa. Comenzaba a preguntarse si por una vez en la vida, las visiones que la excluían de las actividades de las otras novicias, le estuvieran sirviendo para algo. No sabía qué era, pero estaba segura de estar formando parte de un plan mayor. De tan solo pensarlo, un escalofrío recorría el cuerpo de la joven novicia. No podía evitar la sensación de tener un destino marcado. Por primera vez, se sentía en paz, aunque aún no distinguía si la fuente de aquella sensación se debía al cambio introducido en su vida, o si era un efecto causado por presencia de Seryna.

— Es el hombre que he visto la última vez— terminó avergonzada, pues había dilatado el silencio más de lo que le hubiese gustado.

— Espero que entiendas lo que eso significa, Aalena— la mujer volvía a mirar por la ventana, mientras la pareja comenzaba a acercarse a la capilla. Una sonrisa enigmática le daba un aspecto más humano a su rostro inmaculado. Al sonreír se le marcaban los hoyuelos en la mejilla.

Aalena también atravesó la ventana con sus ojos verdianos, esta en cambio, no buscó a los forasteros. Necesitaba divisar el agua del lago. No había nada en Varmalus que resultara más terapéutico para la joven que visitar aquel lugar, y a veces cuando no tenía nada que hacer pasaba horas sentada en la orilla. Las visiones la acompañaban desde que era apenas una niña, y podían ser vistas desde dos ópticas Para ella, eran una carga muy difícil de llevar. Desde siempre las visiones fueron la diferencia que las otras niñas no supieron disculpas. Aunque llevaran una vida de humildad y entrega, la mayoría de novicias no podía aceptar el hecho de no ser “la elegida”. Después de todo, así era como la llamaban algunas sacerdotisas, quienes tenían la otra perspectiva. Aalena jamás se había sentido una elegida, ni nada que pudiera parecerse pero ahora…No puede ser, no es posible.

— Así es, hija, hoy ha llegado tu día— reveló la Suma Sacerdotisa, y menos mal que Aalena no reparó en el hecho de que le estaba leyendo la mente porque quizá su desconcierto hubiera sido más grande. personas. — Y quizá el de todo Varmalus— agregó con un tono más grave, su voz normalmente firme y conciliadora sonó triste.

Consciente de la infinidad de respuestas que puede dar el silencio, Yvonne entró a la capilla sin borrar su sonrisa. E desconocido de infrecuentes ropajes y actitud extraña, le había hecho una pregunta, pero consideró que antes de darle una respuesta le vendría bien un poco de silencio. Principalmente, porque debía pensar en la respuesta, y en parte para demostrarle que con ella las palabras no servían. ¿Podría confiar en aquel hombre? No lo sabía, pero por el momento se conformó al saber que estaba rodeada de salvaguardas, algunas de las cuales reconocía como protecciones contra cualquier acto violento en el interior. Además, no podía confiar la seguridad de su hermana en ningún miembro de Eclipse. A pesar de que su padre había abandonado la organización, Yvonne sabía que algunos oficiales lo mantenían informado casi más que al propio Hombre Etéreo.

— Así es, te equivocas— contestó por fin, cuando el sonido de los pasos provenientes del torreón comenzaron a escucharse. — Lo que me ha traído aquí es lo único que me importa.

Era evidente que alguien estaba recorriendo las escaleras, y a juzgar por el ruido, no se trataba solo de una persona. Yvonne se encaminó hacia el altar, sospechando que en menos de un minuto vería entrar a la Suma Sacerdotisa acompañada por un séquito, no obstante, quedó a mitad de camino. Sabía por experiencia que la cercanía a aquella mujer tan extraña, provocaba sensaciones que era mejor dejar guardadas.

— No me importan tus razones, Kainen— espetó cortante, más preocupada en la proximidad de Seryna que en la conversación— se acerca la Suma Sacerdotisa, ya sabrá ella tus verdaderas intenciones— — completó en voz baja. Luego dirigió su sonrisa al hombre para comprobar sus gestos, no confiaba en él pero quizá lo necesitara durante el viaje que le esperaba: — Mi nombre es Yvonne Baynham, y lo único que sé por el momento me lo has revelado tú. Ya veremos luego hablar con la Suma Sacerdotisa qué nos depara en Varmalus.

Cuando la Suma Sacerdotisa apareció por la robusta puerta de madera que separaba la capilla del torreón, el ambiente comenzó a llenarse de su presencia. Una corriente mágica la acompañaba de tal manera, que la esencia en Yvonne se manifestó físicamente. Pequeñas volutas de un humo blanco con apariencia acuosa comenzaron a cubrir la piel de la maga, revelándose contra el poder latente en la mujer. Con un poco de disciplina, la maga logró calmar su don, mientras observaba a la Suma Sacerdotisa acercarse junto a una joven de cabello oscuro, cuyo atuendo afirmaba que era una novicia. Los rostros de ambas parecían haber sido tallados por el mejor artesano sobre mármol blanco.

Para sosiego de Yvonne, la mujer no le habló a ella sino a Kainen.

— ¿Así que estás dispuesto a ir en busca de los desaparecidos? — preguntó con firmeza, sus ojos observaban a Kainen de tal manera que podría estar visualizándole el alma. De cualquier forma, la pregunta le dio pie a Yvonne para meterse.

— ¿Qué desaparecidos? ¿Por qué me has mandado a llamar? — inquirió con bronca. Aquella mujer lograba convertir su control en una clase de extasis que no podía permitirse, debía mantenerse centrada si quería saber qué pasó con Lauranna.

— Por nada agradable, me temo. Varmalus ya no es lo que era— declaró apacible, aunque la novicia abrió los ojos sorprendida, estaba claro que no sabía la profundidad del problema. — Te he llamado porque Lauranna ha desaparecido. Sabemos quién la ha raptado, dónde la llevan y por cual camino pero no podemos enviar a nadie.

— ¿Es una broma? — explotó Yvonne— te he dejado lo único que tengo a tu cuidado y me dices que ha desaparecido, que sabes donde está y que no quieres mover un músculo para rescatarla, ¿pero qué demonios te crees?

Al oír el tono iracundo de Yvonne, la novicia estuvo a punto de reprenderle. Esa no era manera de hablar con la Suma Sacerdotisa, representante de la voluntad del Creador, mas esta última posó una mano en su hombro para calmarla. Los ojos grises de la mujer se posaron en la maga que tenía delante.

— ¿Quieres oír lo que tengo para decirte o prefieres seguir evadiendo tus responsabilidades como hermana mayor de Lauranna? Te recuerdo que ya lo hiciste una vez— le dijo, su sonrisa se había convertido en una mueca seria.

Aalena se quedó pasmada al ver a la Suma Sacerdotisa con esa actitud. Jamás nadie la había visto enojarse de esa manera. Seryna borró el gesto rápidamente para volver a sonreír, esta vez miró a Kainen.

— Me parece que Aalena tiene mucho que hablar contigo— le comentó— pero por favor cuéntame que te ha traído por aquí, no mucha gente llega a la ciudad del Creador sin indicaciones de alguien que la conozca, y los que la conocen no hablan mucho tampoco— le explicó afable— es una manera de protegernos. Pero por favor, ¿dónde están mis modales? Sígueme, síganme ambos.

La Suma Sacerdotisa los guió a un cuarto no muy grande que estaba en el rincón izquierdo, al lado del altar.

Nota:
Queda en ti como quieras responderle, describir el cuarto, si quieres que sea un lugar humilde o que ostente. Puedes decir que hay alguien dentro o no, y ya sabes qué sienten las dos respecto a Yvonne, sabes también que la más chica te ha visto en su visión y tiene que hablar contigo, no te limites Kainen que esta partida la estamos haciendo para que abras la mente y escribas todo lo que quieras




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Re: Invasión

Mensaje por Kainen el Miér Feb 06, 2013 1:39 am

Al parecer si era la sacerdotisa, era joven y bellísima, asi como la joven de oscuros cabellos que la acompañaba ¿Sería su hermana? ¿Alguien importante en la capilla? En cualquier caso no presté demasiada atención a eso, estaba más pendiente de la propia sacerdotisa, fijándome en su ropa, en su rostro, en su cabello, todo de manera discreta para no ofender la joven mujer.
La miré a los ojos cuando me hizo aquella pregunta, sus ojos eran tan profundos como el océano, irradiaban sabiduría...y algo más, algo que no me permitió mantenerle la mirada, no eran malas intenciones, ni rabia, ni enfado lo que había en sus ojos, era algo mucho más complejo.
Cuando clavó sus ojos en los mios me quedé un poco traspuesto, fue como un mazazo, no me dio tiempo a responderle, Yvonne se había metido en la conversación a pesar de que la sacerdotisa me había preguntado a mi. No le di importancia, fue tiempo que gané para recuperarme de la impresión.

Escuché atentamente como Yvonne explotaba de ira, reprochándole a la suma sacerdotisa el hecho que de no hubiera protegido a su hermana, vi como la expresión afable de la sacerdotisa cambiaba a una mueca enfadada dado al tono que usaba Yvonne para hablarle, vi también como la chica más joven miraba con enfado a Yvonne por hablarle asi a una superior. Su enfado se convirtió en sorpresa al ver el enfado de la sacerdotisa, la cual cambió inmediatamente a su expresión inicial parra hablarme. ¿Como? ¿La niña tiene mucho que hablar conmigo?

Nos llevó a una salita que había cerca. -¿Como he llegado aquí? Pues...no lo se, no contaba con terminar en un sitio asi, os descubrí sin querer.- La sacerdotisa sonrió ante mi comentario, aunque no había realmente mucha alegría en aquella expresión.- ¿Significa eso que deberíamos proteger más la ciudad?.- Dijo la mujer.- Yo...yo no he dicho eso, no...- No sabía que decir, esta vez la mujer me sonrió sinceramente antes de decir: -Anda ve con Aalena, tenéis que hablar.
Aalena salió de la salita y me guió hasta sus dependencias. Abajo quedaron solas Yvonne y la sacerdotisa.

Las dependencias de la joven eran simples, una cama, un armario, una mesa y dos sillas. Me ofreció una de las dos sillas y yo me senté. Ella se sentó en la otra, nos separaba la mesa. Encima de la mesa reposaba una hoja de papel grande boca abajo.
La joven clavaba sus ojos verdosos en los mios, solo que los suyos eran dulces y agradables. Por su físico y su cara la chica no debía sobrepasar los 17 años, quizá 18. Su piel era lisa y clara y su cabello oscuro como la noche, sus ojos eran dos esmeraldas brillando en la oscuridad de su pelo.
Aalena...¿que es eso que me tienes que decir? ¿me conoces?.- Pregunté acongojado.- Claro que te conozco, mira.- Le dio la vuelta a la hoja de papel que descansaba en la mesa, con lineas oscuras, la chica me...me había pintado...a la perfección. -¿¡ Como!? .- Pregunté aun más impresionado.- No te he visto en mi vida ni tu a mi, no...no puede ser.- Te conozco mejor de lo que crees, llevo años soñando contigo, se como eres, se quien eres y se lo que harás.- Dijo Aalena con calma.- Eso es imposible, no te he visto en mi vida, no...no, me niego, es imposible. ¿Que se supone que voy a hacer? Explicamelo todo por favor. Rogué a la joven -Verás, hace muchos años empecé a tener sueños, en dichos sueños veía una sombra, como un ser etéreo. Cada vez soñaba más a menudo con esa sombra, la imagen se hizo más nítida, cada vez más nítida, llegando a mostrarme tu rostro.- Dijo señalando el dibujo.- Después empecé a soñar con tus acciones, tus salvaciones, tus castigos a gente mala. Con eso descubrí quien eras realmente, conociéndote interiormente o al menos lo más claro, tus aficiones y tus odios. Un día soñé con esta conversación, con tu figura recortada con el sol en los acantilados de la ciudad. Le conté todo a la sacerdotisa, me escuchó con atención, me creyó y desde entonces te espera con tanta ansia como yo y...- Espera, espera, espera- La interrumpí.- ¿Quieres decir que desde todo este tiempo sabes que yo vendría a arreglar un problema? ¿a salvaros?- Aalena asintió.- Y si sabía que yo vendría a salvaros porque iba a haber un problema...¿porque no tratasteis de prevenir ese problema?- Pregunté.- No se puede saber cuando atacaran los Drow.- Dijo con calma, con una sonrisa de disculpa.- ¿Los Droug?- No, los Drow, los elfos oscuros, ellos se llevan a los habitantes más jóvenes y más fuertes para convertirlos en esclavos, pero no se donde están ni el camino que recorren los esclavistas hasta sus guaridas, eso lo sabe la sacerdotisa, asi que tendrás que preguntarle a ella.- De acuerdo, hablaré con ella, pero cuéntame más de tus sueños.- Una cosa...- Dijo timidamente Aalena.- ¿Nos ayudarás?.- Preguntó.
Claro que ayudaré.- Dije sonriendo, la chica se levantó, se acercó a mi y me abrazó.- Muchas gracias...- Me susurró al oído
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Re: Invasión

Mensaje por Yvonne Baynham el Vie Feb 08, 2013 8:02 am

Siete años.

Siete inviernos desde que había estado allí por primera vez. Y cada invierno encontró una persona distinta en Yvonne Baynham. Durante el tiempo que había pasado lejos de Varmalus, la vida de la maga había cambiado de manera abismal. Sin una hermana de la que ocuparse activamente, volcó todo su tiempo a las actividades de Eclipse. Los primeros dos años fueron una larga sucesión de tardes y noches de lectura. Sabía lo suficiente sobre magia, pero carecía de cultura general, por eso aprovechó las facilidades que le otorgaba tener membresía en la organización para leer todo lo que estuviese a su alcance. Durante el día, se dedicaba a visitar la biblioteca y por las noches, a practicar los hechizos para no olvidarlos.

A los veinte años, cambió sus inspecciones a la biblioteca por los viajes por Geanostrum. El trabajo de campo bajo la supervisión de los oficiales más veteranos de la fuerza, le sirvió para fortalecer su disciplina. Durante los siguientes tres años, la maga hizo una estupenda carrera militar al servicio de la humanidad. Con Eclipse mediante, prestó su ayuda múltiples veces a la Alianza de Phonterek y Malik-Thalish, consiguiendo el visto bueno de sus superiores y escalando con rapidez conforme sus misiones terminaban con éxito. De esta manera, con dos décadas y poco más de vida, se había transformado en capitana. Esto, por supuesto, no significaba nada para ella. No quería que se la reconociese como un rango militar, sino como lo que era: Yvonne Baynham, la perfección de la magia invertida en un cuerpo humano.

Sí. A mi cada día me trajo algo nuevo. He pasado frío en Yagorjakaff, sé lo que es deshidratarse en un desierto, estuve encerrada en cavernas repletas de bestias. Cada victoria me acercó a la perfección, cada derrota me hizo más fuerte, estos años han sido decisivos para mi. Si abandoné Varmalus siendo una muchacha, he vuelto convertida en una mujer decidida. He cambiado, ¿por qué ella no?

Yvonne estaba sentada en un asiento relativamente cómodo, una silla de finísima madera con la superficie acolchada. Tenía las manos apoyadas sobre una rodilla, que a su vez estaba arriba de la otra. Mantenía la columna erguida sin esfuerzo, pues rara vez se relajaba, y a pesar de esto, conservaba la sonrisa. Al menos en los labios. Sus iris azules eran alcanzados por el color dorado de un vitral, mas no le molestaba, ni le impedía centrar su atención en la mujer que se había sentado al otro lado del escritorio.

Kainen se había ido junto a la novicia. El sonido de la puerta al salir fue lo último que se oyó en la habitación. El silencio, no obstante, distaba de la incomodidad. Incluso parecía que las mujeres podían entenderse sin palabras. Los ojos de Seryna permanecían inmutables como dos ventanas a la eternidad. Los de Yvonne, por su parte, se habían descolorido por gracia de su don, y ahora observaban el rostro imperecedero con cuidado.

La Suma Sacerdotisa fue la primera en tomar la palabra:

— Formularé mi pregunta una vez más, Lady Baynham. ¿Quieres oír lo que tengo para decirte?— La maga presionó con tanta fuerza su cetro que en unos instantes, estos estaban aún más blancos que de costumbre. En vez de responderle expresamente, asintió una sola vez con gesto huraño. — Eso pensé. Te he traído a esta habitación porque es la única donde aún funcionan las protecciones.

— He visto los vitriales— respondió Yvonne tajante— he reconocido las salvaguardas mágicas y en teoría, deberían brindar protección suficiente contra todo aquel que cruza la puerta principal con malas intenciones.

La mujer asintió satisfecha, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

— Me habían dicho que has estudiado mucho, ¿te puedo servir algo?— señaló unas botellas que reposaban en el mueble de la esquina.

— Quiero saber qué ha ocurrido con mi hermana, me has hecho recorrer una distancia enorme y gastar exorbitantes sumas para hacerlo en tan poco tiempo. No estoy aquí para tomar nada ni para que me trates como si quisiera estar aquí— acusó sin borrar la sonrisa de sus labios. — Si no me quieres ayudar está bien, ni siquiera tengo la certeza de que seas humana, no veo por qué debería confiar en ti.

— También me dijeron que solo te mueve el amor por la humanidad— contestó ignorando en gran parte lo que había dicho Yvonne— es curioso que desconfíes de mi, pero le creas a una visión proyectada mediante magia.

Se refería al Hombre Etéreo, el enigmático líder de Eclipse. Según se sabía, en algún momento, el hombre había servido en un proyecto de magia financiado por la academia militar de Malik-Thalish, pero sus hombres habían terminado por creer más en su carisma que en la propia fuerza a la que servían. Eclipse se despegó del ejército, y desde entonces no había constancia de personas que hubiesen visto al hombre. Solo se lo podía encontrar mediante la magia.

Yvonne ensanchó su sonrisa.

— El Hombre Etéreo no se ha encerrado en una montaña aislado de todos y de todo, para dirigir a su gente en secreto, como si fueran un motivo de vergüenza— acusó.

— ¿No dirige acaso a sus peones desde las sombras? ¿lo has visto morir junto a tus hombres en Eódhain o enterrando a los caídos en la Tierra Muerta?— preguntó esta, aun más tranquila— yo no hago daño a nadie, ni provoco muertes, Yvonne. Mi servicio a Varmalus es distinto, soy la única cara visible, la única autoridad. Debería ser a mi a quien atacaran— agregó con un brillo especial manifestándose en sus ojos— y no ha sido el caso.

La Suma Sacerdotisa movió la cabeza para ocultar su expresión durante un instante. Cuando volvió a mirar a Yvonne, el brillo ya no estaba, no obstante sus iris habían adoptado un tono dorado en los bordes.

— Mi nombre es Seryna, y he sido la Suma Sacerdotisa de Varmalus durante los últimos novecientos sesenta y siete años— reveló seria, antes de ponerse de pie.

Yvonne la imitó, ayudándose por el cetro. ¿Novecientos sesenta y siete años? Las orejas... no, no era elfa. Parecía una humana común y corriente, exceptuando ciertos detalles, como la falta de líneas de expresión o la juventud que emanaba casi todo el tiempo. Esta vez, sin embargo, lucía más cansada que de costumbre. Sus ojos revelaban que habían visto demasiado.

— Descuida, soy humana. O al menos lo fui— comentó tranquila, como quien habla sobre la temperatura del agua. — Pero no estás aquí para conocer mi historia, sino porque necesitas saber qué ha pasado con Lauranna.

A pesar de la reticencia momentánea, Yvonne aceptaba que la mujer estaba en lo cierto. Y aunque no sabía si podía confiar en ella, era la única pista que pudiese llevarla hacia Lauranna.

— Como te he dicho, Varmalus ya no es segura, las fuerzas del Custodio han sembrado su semilla en algunas cabezas, o peor, en algunos corazones— comentó melancólica, acercándose más a Yvonne, hasta que quedaron separadas por escasos centímetros. — Desde hace algún tiempo, se están registrando desapariciones de gente joven. Los testigos decían que son drow, pero no teníamos manera de corroborarlo. Eso hasta la última vez. Han entrado a la Capilla y se llevaron a algunas personas.

— Lauranna...

— Eso es— completó sonriente.

El gesto terminó por convencer a Yvonne de que jamás le caería bien nadie en toda la Ciudad del Creador.

— Pero si la capilla tiene protecciones contra la magia oscura— algo en aquella historia no acababa de cerrar.

— Y es por eso que creo que alguien los ha dejado entrar. Los vitrales son mágicos, y solo alguien que conoce su funcionamiento, puede cambiarlo. Estoy segura de mis novicias y sacerdotisas, ellas no son capaces de entender la magia a ese nivel— comentó, esperando a que Yvonne lo entendiera por si misma.

— Los magos— respondió Yvonne, mirando hacia sus adentros aunque tenía los ojos prácticamente dorados de la Suma Sacerdotisa al frente.

Si había algo que igualara el prestigio de la capilla de Varmalus, eso era el enclave de los magos. ¿Había caído en el medio de un conflicto político, o había riesgo real? Lauranna está desaparecida, no te metas en esos asuntos y todo saldrá bien. Cuando la tenga conmigo me la llevaré de aquí.


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Re: Invasión

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