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Como agua entre las manos.

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Como agua entre las manos.

Mensaje por Jarko el Miér Ene 23, 2013 9:43 am

Me había perdido por completo. Cuando el río Zherok se desbordó perdí mi única guía para llegar hasta Zheroker, las aguas habían corrido tan libres y salvajes como habían querido y aunque el río ya no estaba desbordado si que estaba muy crecido, se habían perdido algunos puentes y los vados habían desaparecido. Se tardaría una o dos semanas en recuperar lo perdido, sería demasiado tiempo para esperar, pero...¿Por qué luchar contra los contratiempos en lugar de buscar la parte positiva? Todavía tenía a mi cautiva en la parte de trasera del carro, me gustaría conocerla más.

Llevé el carro por un sendero tortuoso pero bello, invité a mi acompañante a sentarse conmigo en la dirección de la caravana, también la "invité" a no hacer nada estúpido. Tenerla cerca me resultaba gratificante, apenas hablábamos y si lo hacíamos de su boca solo salían monosílabos.

-¿Dónde me llevas? - preguntó tras varias horas de viaje, con miedo, temerosa de que le esperase un peor destino que a la gente de su pueblo.
-Busco algo muy concreto por aquí cerca.
-Yo diría que te has perdido. - contestó con miedo.
-Solo el que sabe a donde va puede perderse, no se a donde me dirijo y por eso ningún viento me es favorable, por eso ningún viento me es desfavorable. - sonreí - No temas niña y empecemos con buen pie. Mi nombre es Jarko ¿Cómo te llamas?
-Cinma Dawson... - se calló tras decir su nombre, creo que por un momento pensó que debería haber dicho un nombre falso.
-Pues bien señorita Dawson, no tema y disfrute del paisaje. - sabía que ella no podía ver bien por la noche, por lo que la invité incluso a encender una antorcha. Me hizo caso.

No volvimos a hablar hasta casi el final de nuestro viaje, mi fino oido y mi ligera hambre me permitía oir como latía su corazón, en lugar de dejarme llevar investigué, a fin de cuentas soy científico.

-Estás nerviosa, ¿en que piensas?
-En que me has secuestrado... - dijo rápidamente.
-Debe ser algo más, llevas secuestrada 5 días, tu corazón ha empezado a latir así hace pocos segundos, tu respiración se agita a destiempo de como rebotan tus pechos... - ese comentario la alteró, se sonrojó en demasia y su corazón latió más deprisa todavía en poco tiempo - te has alterado hace poco y no ha sido solo por mis palabras. Se en que piensas, soy un vampiro ¿Recuerdas? yo se esa clase de cosas, solo quiero escucharlo de tus labios. - Intenté jugar una gran baza como mentira, supuse que una aldeana de un lugar en lo más recóndito del mundo no sabría gran cosa de vampiros. Funcionó.
-¿Que...que pasaría si, si yo, si yo intentase quemarte con esta antorcha.? - bajó la cabeza y empezó a llorar.
Para cuando empezó a llorar podía oir en la lejanía lo que estaba buscando, pero no quise llegar aún, para mi era importante que ella quisiera ver lo mismo que yo. La bajé del carro con suavidad y la puse en el camino y le dije:
-Tienes 2 opciones, la primera es atacarme con la antorcha y tratar de sobrevivir en este lugar usando para ello mi dinero, carruaje y demás pertenencias, suponiendo que salgas ganando, claro está. La segunda es irte, no te lo impediré, pero tampoco puedo prometerte que sobrevivas. La tercera es venir conmigo por tu propia voluntad.
-Dijiste que solo tenía dos opciones y me has dicho tres. - parecía dudar, pero era demasiado evidente que me atacaría.
-Siempre hay una opción más, solo hay que saber verla, en este caso yo te la he enseñado.
Mientras yo acababa mi frase ella se abalanzó sobre mi como una energúmena, ni siquiera en ese momento perdía su belleza.
Fue fácil reducirla, sus golpes eran fuertes pero demasiado torpes y lentos, ella no tenía la seguridad que se necesitaba para atacarme. En ningún momento quise desarmarla o hacerle daño, quería que me atacase hasta que cansada se diera por vencida, quería que comprendiera que de las 3 opciones que le había dado solo 2 eran posibles.
Pelea:
Link de youtube.watch?v=hnLbkmZJyxY

Cansada, tras tan solo un minuto intentó su último y más certero golpe, en esta ocasión la antorcha cambió de propietario. Cuando se incorporó y respiró un poco, volví a ofrecerle la antorcha por si quería continuar con sus fútiles intentos de dañarme. Se negó.

-Decide entre las otras opciones entonces. - dije contento, sonriendo.
-Llévame contigo, no puedo sobrevivir sola. - tras decir esto se marchó al carro y empezó a llorar desconsolada.

Sin mediar palabra con ella cogí el carro y lo saqué del camino, me dirigí a aquel sonido que me llamaba.

La cascada:
w.ww.escapadarural.com/blog/wp-content/uploads/2009/09/cascada-de-la-cueva.jpg
Cuando llegamos a la cascada me encontré con un golpe de suerte, junto a ella había una pequeña cueva donde cabría el carro, una hoguera y un los ropajes que usaríamos como sacos de dormir.
Llamé a Cinma para que saliera del carro, le enseñé el lugar al que la había llevado, volvió a entrar a su caravana a llorar.

Tengo 221 años, pero la gente sigue siendo un misterio para mi, se que esta chica es especial para mi, pero no se porqué, verla llorar casi me hizo llorar a mi también.

Todavía me queda un largo camino para saber que está pasando aquí, sospecho que deben ser sentimientos, creo recordar lo que sentía por mi familia.
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Re: Como agua entre las manos.

Mensaje por Jarko el Sáb Ene 26, 2013 2:12 pm

Pasó un día más sin que ella, mi invitada, mi prisionera, quisiera salir de su carro. A la segunda noche, quizás por hambre, por desvelo o por alguna clase de irracionalidad que yo no alcanzo a comprender salió del carro y me dirigió la palabra.

- ¿Qué quieres de mi? - me dijo harta, cansada.
- Comprenderte.
La respuesta debió saberle a poco, pero aún así no había reunido suficiente valor para exigirme más respuestas. Le ofrecí algo de comer y aceptó, devoró los conejos que había cazado para ella como si de una bestia se tratase, yo por mi parte ya los había drenado antes de que ella saliese del carro.

Escuchó la catarata y la empezó a mirar desalentada, quería bañarse pero no se atrevía a desnudarse delante de mi, era demasiado obvio.

-¿Desnudarías antes tus sentimientos o tu cuerpo? - alcancé a preguntar, dubitativo.
-¿Cómo? - respondió rápidamente, confundida.
-Si un chico quisiera tener algo contigo, ¿le darías antes tus sentimientos o tu cuerpo? - amplié la pregunta, iba a hacer falta dada la tensión que había en el ambiente.
-¿Qué clase de pregunta es esa? - me respondió la dama ofendida.
-Es la clase de pregunta que hace un vampiro a su cautiva, solo quiero tener conversación. No me lo pongas difícil, no te estoy haciendo daño. Colabora. - dije algo entristecido viendo el matiz que tomaban las conversaciones.
-No, puedes quitarme la vida si quieres, no voy a contestar eso - dijo la chica enfadada.
-Entonces, dime, ¿Qué contestarás?
-Cualquier otra cosa.
-¿Te gusta la poesía?
-No se leer
-Sabes escuhar - la rafaga de preguntas y contestaciones rápidas acabó en ese momento.
-Si, me gusta. - contestó a regañadientes - uno de los que mataste en la caravana, un pretendiente que yo tenía, me solía decir poesías. Yo intentaba contestarle como podía, pero no se me daba suficientemente bien, creo que iba a casarme con él...pero ahora, ya no está. - se estaba tragando sus lágrimas, esta vez no se ocultó en el carro, se ocultó en si misma.
-A veces los amores salen mal, no tienes por que apenarte por ello. ¿No? - contesté tan comprensivo como pude.
-Otras veces los amores te los arrebatan. - me miró despectiva, con odio.
-Solo he interpuesto distancia entre vosotros, ya llegará el momento.
-No llegará, realmente esa no es toda la historia...
La joven me contó la verdadera historia de como conoció a su amor perfecto, lo que parecía ideal. Fue un amorío que duró poco más de un año, él y ella rara vez coincidían en el pueblo, ella trabajaba de tabernera pero los fines de semana se marchaba a su pueblo natal a unas 4 o 5 horas a caballo. Acabaron dejándolo por carta y sin querer saber nada el uno del otro, ella incluso llegó a estar con otros dos chicos, pero con el paso del tiempo y tras un par de años ambos volvieron a verse y la llama se reavivó, era una historia clásica, digna de un cuento. Él realmente ya no estaba en el pueblo, pero me hizo creer que yo lo maté para hacerme sentir mal, un futil intento de golpe bajo, realmente él estaba en otro pueblo, había aceptado un trabajo de mercader que duraría unos pocos años y no iba a poder asentarse en ningún lugar, ella quería estar con él y él le decía que quería estar con ella, todo esto por carta. Ahora la correspondencia se había cortado y eso si que era gracias a mi. Intenté consolarla vagamente, de nada sirvió y se volvió a hacer un silencio tenso, para salvarlo contesté yo a la pregunta con la que había empezado toda esta conversación.

-Yo daría antes mi cuerpo que mis sentimientos. Para dar el cuerpo solo son necesarios dos cuerpos, puedes ver como se entrelazan y como comparten y se dan mutuamente lo que buscan, supongo que si hay sentimientos de por medio esto se magnifica, pero ahora mismo hablo de dar uno u otro. Yo creo que dar el cuerpo es más fácil, más gratificante, más agradecido y que luego no tiene una recompensa tan complicada como los sentimientos. ¿Cómo sabes si un sentimiento está siendo correspondido? Yo creo que...
-Preguntalo, los chicos siempre te lo confirman. - interrumpió
-¿Pregunta? Es como si en mitad del sexo preguntas "¿Te gusta?", si tienes que preguntarlo es que algo va mal. Sentimientos y sexo no están tan separados, se pueden hacer paralelismos continuamente.
-Yo prefiero que no los hagas.
-Pues no los haré. Como te iba diciendo, no puedes saber si un sentimiento es correspondido con tanta facilidad, quizás si yo te hago un regalo para ti simplemente sonreir sea una gran muestra de aprecio por el regalo pero yo estaba esperando que saltases, gritases y me abrazases. En los sentimientos no hay un consenso sobre como actuar, sobre como te tienes que tomar las cosas, sobre lo importante que es cada acto y lo peor de todo es que por alguna estúpida razón la gente se niega a hablar de sentimientos.
-En la poesía no es así, en poseía continuamente se habla de sentimientos.
-Si, pero de forma ambigua, sin darle sentido, sin hablar claro. Dejando a la libre interpretación.
-Ahí es donde está el romanticismo, en decir sin decir.
-Ahí es donde está la confusión, en decir sin aclarar.
-Quiero bañarme, luego seguiremos hablando, me gusta hablar contigo.

Asentí con la cabeza, en ese momento no veía el problema de que fuese ella quien mandase y dirigiese cada conversación, para mi darle libertad era un acto de bondad...ojalá hubiera entendido a tiempo que toda conversación es una guerra, siempre va enfocada a vencer a tu enemigo, aunque vencer sea algo subjetivo.

Le cedí unos ropajes de la caravana para que los mojase en el agua y se pudiera bañar agusto, supongo que me lo agradeció aunque en su rostro no ví ninguna seña de gratitud. Cuando entró en el agua y la vi nadar, fue la cosa más bella que había visto jamás. Noté como mi musa se bañaba en mi filosofía, como la cambiaba y la modificaba, la potencia de esa imagen hecha metafora solo pude entenderla para cuando fue demasiado tarde.

-¿No entras? - me preguntó juguetona.
-No se nadar. - Le contesté triste.
-Quid Pro Quo vampiro, yo te enseño a nadar y tu me enseñas a leer.
Solo pude sobrecogerme al escuchar sus palabras, ¿estaría empezando a llevarse bien con su captor o solo era una fachada?, si se llevaba bien conmigo significaría que ella se adaptaba mucho mejor que yo, solo pude responderle con unos versos rescatados de una vieja obra literaria.
-[Gracias Cinna, tu favor reverencio, respondate retórico el silencio que cuando la razón tan falta de palabras se halla, mejor habla, querida, quien mejor calla.
Me sonrió, bastó para sobrecoger mi corazón, a estas alturas ella sabía exactamente que estaba pasando y yo apenas empezaba a descubrir su mundo.
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Re: Como agua entre las manos.

Mensaje por Jarko el Dom Ene 27, 2013 4:27 pm

Su cuerpo me llamaba como nunca lo haría su voz, recuerdo la noche bañandonos bajo la cascada, fue tan especial...

Aquella noche empecé a desenvolverme, aunque bastante mal, en el agua, ella me enseñó lo más básico para no hundirme y poder ir a donde yo quisiera y no a donde me llevase la corriente. Traté de mantener las distancias con ella, no porque no quisiera tocarla o sentir mi cuerpo junto al suyo, de hecho eso era todo lo que quería, más bien porque tenía miedo de hacerle daño a ella y de hacerme daño a mi. Ningún mortal controla los deseos de la carne y en los vampiros ese deseo se acentúa, notaba con cada fibra de mi cuerpo el latir de su corazón cuando estaba cerca suya y la única idea que me pasaba por la cabeza era en hacerla mía de una forma tan definitiva que no quería ni pensar en que eso algún día podía pasar.

¿Qué me estaba pasando? Ya habían pasado dos noches desde aquel baño, pero yo no me lo podía quitar de la cabeza, para ella pareció ser un evento sin importancia, pero para mi resultó tan importante y trascendental como la noche en la que me convirtieron en lo que ahora soy. ¿Acaso ella se estaba acostumbrando a mi?¿Pudiera ser que al final si surgiera algo de este extraño y afortunado encuentro? Las dudas me roían la mente, me devoraban el cerebro y no me dejaban disfrutar del presente, hubo un músico que dijo en una ocasión "A las mujeres o se las disfruta o se las entiende", ¿tendría razón? Siempre he pensado que para disfrutar algo necesitas entenderlo y era lo que mi alma, algo que hace tiempo pensaba perdido, me pedía. Comprenderla y disfrutarla, cada rincón de su alma debía ser un libro abierto, cada parte de su cuerpo acabaría siendo mía.

Cada vez que pensaba en estas cosas intentaba evadirme, pensar en un frío glaciar que atemperase mi muerto cuerpo, era paradógico como un ser tan frío podía pensar en ideas tan caliente. La quería, no tardé más de 3 días en darme cuenta de que me gustaba, la conversación con ella era envidiable, sus ganas por aprender indómitas, su inteligencia portentosa y su cuerpo una maravilla hecha carne.
Empecé a sentir una capacidad de concentración que nunca antes había sentido, a su lado mis sentidos se agudizaban hasta un punto extremo, pero solo estaban para ella. Cada palabra que salía de su boca se grababa a fuego en mis pensamientos, junto con el tono de su voz, el movimiento de sus labios, la dirección de su mirada y hasta como se ponía su cuerpo al decirla. Empecé a darme cuenta de pequeños detalles que hasta entonces no había visto. A la luz de la hoguera nocturna ella tenía un tono ligeramente cobrizo en sus cabellos, su pelo que hace no demasiado era rubio como el Sol parecía de un rojo pálido, pero también era morena al salir del agua, incluso me parecía castaña cuando su pelo estaba a medio secar. Ya solo en su pelo encontré su capacidad de adaptarse, su potencial para ser alguien increiblemente especial, cuando me fijé en su cara era una chica con ralas pecas de inocencia que parecían llamar a besarla, tenía una pequeña cicatriz diminuta y casi imperceptible en su nariz, esta marca solo podía verse cuando una luz la apuntaba directamente por que proyectaba una pequeña sombra negra. Su tono de voz parecía el de una sirena y así debía ser por que ella parecía venir del agua, era un portento de la naturaleza destinado a llamar a los hombres incluso sin decir palabras, era una devoradora de varones que no sabía que el arma más poderosa que tenía era su innata sensualidad.
Mucho más allá de provocar un simple deseo carnal, ella invitaba a querer estar con su alma, con sus sentimientos, invitaba a compadecerte de ella, a quererla, a cuidarla, a mimarla y arrullarla cualquier noche que ella lo pidiera. Incluso yendo más allá, su cuerpo te incitaba a escuchar sus palabras pero a querer entenderlas como un "acompañame, quiero ser tuya y se que tu quieres ser mio", sus movimientos y gestos tan naturales e inherentes a su persona resulaban de lo más bello y atractivo que he visto en mi vida, era una diosa compartiendo noches con un maldito.
Si bien esta era la apariencia de su cuerpo, su personalidad era completamente distinta. Mientras su cuerpo te llamaba y sus palabras te convencían para que fueras, sus pensamientos (que también compartía conmigo durante las noches hablando) decían que era una mujer fina y recatada, una de las hijas más importantes del pueblo que no supo leer y escribir por culpa del machismo. Mostraba más interés en el ajedrez, la filosofía, los libros y las viejas historias de amor que en cualquier otra cosa que yo pudiera ofrecerle. ¿Sería cosa de la edad?, 21 años quizás eran pocos para darse cuenta de como iba el mundo, yo hacía 2 siglos que había dejado atrás esa edad...me parecía una eternidad.

Era un tesoro inalcanzable, una belleza prohibida de un mundo completamente distinto al mio, para cualquier otro ser humano habría sido de las mejores parejas que podría haber encontrado, para mi, quizás por su inaccesibilidad era simplemente...perfecta, solo que en aquel momento yo no era consciente de todo eso. Solo sabía que me gustaba.

-Eres la mujer más bella que jamás he conocido en 200 años de existencia y... - mientras me declaraba, tuve la mala suerte de que un poco de ceniza voló hasta mi ojo, empañandome la visión de mi ojo izquierdo y haciendo que lagrimeara algo de sangre, me puse nervioso - ahora pensarás que estoy llorando, es gracioso por que hace 10 minutos me has dicho que una vez se te declaró un chico llorando y te hizo pasar vergüenza, tranquila que los vampiros no lloramos, solo me ha volado ceniza al ojo y... - me recompuse - Bueno, es igual, eso no es lo que importa ahora. Me gustas
-Si claro, seguro... - dijo incredula, sin saber como mirarme.
-De verdad, me gustas. A veces bromeo, pero puedes estar segura de que no bromeo con las cosas que atañen al corazón, me parece una falta de respeto. - me repetí idiota a mi mismo millones de veces, habría preferido intentar robarle un beso y ser rechazado a hablarlo. "Es mejor pedir perdón, que pedir permiso", al menos así, quizás, con suerte por mi parte y una lenta reacción por la suya mis labios habrían llegado a tocar los suyos. Se me escapó la oportunidad.
-Yo no siento lo mismo... - sus palabras me romperieron una parte de mi que creía enterrada. - Pero esto no tiene porque cambiar nada, ¿no?
-¡Claro que no! - afirmé para mis afueras y para mis adentros - Me gusta por como eres ¿que sentido tendría dejar de quedar contigo si justamente es por lo que me gustas? No se si me explico... - los nervios hacían que me expresase fatal y ella tenía el don de ponerme nervioso. Por aquel entonces no entendía los sentimientos, no entendía que a veces por mucho que te guste algo, simplemente no puedes conservarlo tal y como está.
Era como el agua, indómita y esquiva, como el agua entre las manos ella se iba escapando gota a gota, estúpido de mi por no ver lo que iba a perder, que hasta que no cayó la última gota permanecí con la ilusión de que podía estar conmigo.

Tardé mucho más tiempo en darme cuenta de que estaba enamorado, estuvimos allí juntos durante varios meses, ella me enseñó a nadar, yo la enseñé a leer, a jugar al ajedrez, a pensar de forma más racional, le enseñé matemáticas y la alimenté cada día. Se que era mi cautiva, pero dejando eso a un lado todo era casi perfecto.
Con nostalgia miro esos días y empiezo a pensar que todo lo que yo le dí no fue ni una décima parte de lo que ella me dió, no solo me enseñó a nadar, también me enseñó que con 200 años de antigüedad y creyendome inmune a las artes del amor, era tan débil a ellas como un simple niño de 14 que se ha enamorado por primera vez.
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Re: Como agua entre las manos.

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