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Aventuras de un navío oscuro

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Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Empty Re: Aventuras de un navío oscuro

Mensaje por Yvonne Baynham el Vie Mar 22, 2013 4:36 pm

Los últimos pájaros que quedaban en las copas del variopinto amasijo de árboles, se marcharon con prisa. El sonido seco se repitió una y otra vez, terminando de romper el silencio recientemente avasallado por la batalla. Según se sabía, la isla de Pelegos estaba habitada por gente pacífica, nativos que si bien no se mezclaban con los forasteros, tampoco les cerraban sus puertas. Este recibimiento, no se condecía con los relatos oídos durante toda la noche en el comedor del Rocío Carmesí. La primera persona que se encontraron, había estado muerta durante el tiempo suficiente para desprender el característico hedor pútrido que acompaña a la putrefacción de la carne.

Los siguientes en aparecer, no se presentaron en son de paz precisamente. El pequeño grupo liderado por el Capitán Garfio, se encontró de pronto rodeado por un grupo que los superaba en número, y posiblemente también en pericia. Yvonne Baynham tenía un cetro que rara vez usaba como arma, y una espada con la que nunca había practicado. Era una maga, y su trabajo siempre había sido asistir a su grupo desde atrás. Estaba acostumbrada a actuar detrás de la primera línea, y hasta el momento no lo había hecho más adelante.

La emboscada les tomó por sorpresa. La maga, que había intentado ubicarse de manera estratégica para apoyar a sus compañeros, se había encontrado con un problema mayor detrás del árbol donde pensaba ocultarse. Los hombres se habían acercado de manera distinta a sus compañeros, pues no se habían anunciado, posiblemente se habían movido con sigilo entre la espesura. Pero había algo en lo que ellos no sopesaron cuando vieron a la delicada mujer acercarse y eligieron atacarla. Y es que ella, lejos de amedrentarse por su presencia, compartimentó su mente para guardar allí su miedo, y los enfrentó con valentía.

Absorta como estaba en su propio combate, Yvonne apenas sintió la sucesión de disparos que alguien ejecutó a sus espaldas. Tenía a Garfio cerca, lo sabía porque en determinado momento vio el carmesí de los ropajes del hombre, moviéndose entorno a su cuerpo que no dejaba de moverse, esquivando la brillante hoja de un sable enemigo. Como era normal, la luz del sol era reflejada por las espadas, incluso la de ella, que si bien no temblaba, se mantenía cerca del cuerpo. Aunque había visto a los mejores espadachines haciendo uso del estoque, y se le antojaba un arte no muy difícil, ahora que la tenía en su mano comprendía lo equivocada que había estado. El brazo comenzaba a entumecerse, mientras apretaba la empuñadura con más fuerza de la necesaria.

Lo que sí sabía, es que debía estar preparada para esquivar el filo enemigo. Había visto la pose, y la había usado más de una vez, cuando el enemigo rompía la primera línea y se abalanzaba sobre ella. Tenía las piernas abiertas, flexionadas, preparadas para moverse conforme lo necesitara. Ventajosamente, cabe destacar, pues cuando estaba cerca de Garfio, el enemigo estuvo a punto de alcanzarla con su sable. Yvonne se movió hacia el lado contrario de la hoja, logrando esquivar por poco el ataque, y el arma quedó entre el cetro y sus caderas. La maga miró la mano de su enemigo sin darse cuenta que la otra se dirigía cerrada hacia su rostro.

La bofetada fue tan sorpresiva que cuando volvió a abrir los ojos, ya estaba en el suelo. En un inútil intento por esquivar el golpe, había intentado dar un paso atrás, tropezándose con una rama y cayendo de espalda. Al menos no se golpeó la cabeza, pero la caída fue tan sorpresiva que le quitó el aire y rompió su concentración. A pesar del dolor intenso que inmovilizó su espalda, su mente llegó al centro del don inconscientemente, y liberó parte de su poder para defenderse. De forma inmediata, el aire formó una ráfaga que si bien no fue violenta, tuvo el ímpetu suficiente para alejar al hombre que se acercaba para rematarla. Sucedió tan súbito que no solo tomó por asombro al atacante, sino también a la propia maga.

Cuando pasó el dolor de la caída, sobrevino el ardor en la epidermis. La piel escocía ante el contacto con la tierra y las ramitas caídas que habían quedado debajo. Yvonne intentó ponerse de pie ayudándose con la mano libre, pues se le había caído el sable; y con el cetro, lo único que nunca soltaría aunque en ello se le fuese la vida. El báculo en realidad no era un canalizador, ni le servía para el combate cuerpo a cuerpo, aunque acababa de bloquear algunos cortes. Lo que le hacía especial, era la punta con el emblema de Eclipse. Ese cetro le había acompañado desde que formaba parte de la organización, y se había transformado en un ícono en sí mismo. En algunas ocasiones en las que una capucha o una capa ocultaban la identidad de la maga, sus agentes la reconocían por la insignia que exhibía en su bastón.

El bucanero había dado unos pasos hacia atrás, logrando el equilibrio justo antes de caer, y ya miraba con furia a Yvonne. Pero esta sabía que podía hacer poco si el hombre se le abalanzaba, razón por la cual al oír un arma de fuego disparando en su dirección, se sintió agradecida. No tenía certeza en que el disparo estuviese dirigido a su enemigo, pero había algo en la presencia del capitán, que le reconfortaba. Le hacía sentirse un poco más segura, y al ver el hilo de sangre que saltó del rostro de su enemigo, supo que estaba en lo correcto. Le debo la vida, capitán Garfio, pensó en actitud reflexiva. Sus ojos estaban puestos en el cadáver de quien había sido su enemigo, que ya se desmoronaba sobre el suelo, en su última morada. Su mente, en cambio, estaba sobre el siguiente movimiento. La piel punzaba y los músculos de la espalda estaban rígidos, pero tenía que moverse para ayudar.

Había escuchado al capitán dando un quejido, tenía que corresponder su ayuda, sin embargo cuando al fin pudo volverse, él tenía a un hombre encima y ella no tenía su estoque ni podía acceder al don. Garfio, lejos de mostrarse sobrecogido, atravesó el escaleno, evidentemente cortando alguna vena vital, pues inmediatamente su enemigo dejó de hacer fuerza para caer fallecido.

Yvonne aprovechó el momento para echar un vistazo a su otro compañero, el muchacho de actitud cordial y gesto despreocupado. A pesar de que no lo conocía, el alivio fue notorio cuando lo vio acercarse otra vez. Se lo veía un poco cansado, aunque no más que Garfio. Al capitán se le notaba que el último esfuerzo del enemigo lo había dejado atónito, esencialmente, porque tenía algunas laceraciones que sangraban sobre su piel. Ella no sentía tanto el cansancio, pues la espalda le escocía dejando en segundo plano cualquier otro problema. Además, acababa de romper con una de las normas que todo mago tener en cuenta en la cotidianeidad. Sé merecedor de la victoria, las palabras se repitieron en su mente una y otra vez, acrecentando su culpa. Por lo visto, acababan de salir victoriosos, pero no podía aceptarlo tan fácil, pues le había fallado a su grupo. Si ella hubiera estado al mando, probablemente hubiera expulsado a la persona en cuestión, o le hubiese dejado a la deriva por haber arriesgado la vida de sus compañeros.

— Yo estoy bien, capitán— respondió con su característica sonrisa dibujada en el rostro. La voz resultó inflexible, era la misma que utilizaba generalmente, y rápidamente bajó una octava para no dejarse en evidencia. — Aunque debo admitir que me han tomado por sorpresa, estaba buscando un lugar desde el cual ofrecerle mi asistencia, y encontré a dos piratas dispuestos a matarme sin haberse anunciado.

Podría haberle dicho que por un momento, pensó haber caído en una trampa de Garfio, pero eso no hubiera resultado grato para ninguno de los dos. Por fortuna –o tal vez no- un grito rompió el incómodo silencio que Yvonne había dejado con su respuesta. El capitán respondió a su nombre e inmediatamente abrió la marcha hacia allí de donde provenía la llamada. La caminata fue más corta de lo que hubiera imaginado, y ni siquiera tuvo que abrirse paso con el estoque recién recogido y envainado. La grasienta morsa que había acompañado al señor Blood lucía cansado, pero a simple vista, no era el que peor había resultado. ¿Los habían emboscado también?

Eso parecía, pues el hombre de la capa yacía en el suelo, junto al maestro de armas del Rocío, que tenía las arrugas aún más marcadas que antes. Además, el capitán Garfio se le acercó apenas lo hubo visto.

— No sobrevivirá Morgan.

La noticia hizo mella en la integridad de Yvonne. A pesar de que no conocía al hombre, era parte de su grupo actual, y saber que estaba al borde de la muerte resultó en una sensación áspera para asimilar. No era miedo, aunque hubiera podido confundirlo. Era la misma pena que la embargaba cuando perdía a un miembro de su equipo. Esta vez, no obstante, la voz del capitán le devolvió un poco de la entereza anterior. Cuando Morgan comentó que tal vez el hombre tenía salvación, el rostro de su interlocutor no fue el que la maga esperaba ver. Y si bien durante la discusión posterior, dejó a la vista el motivo por el que no le parecía una buena idea, la resolución del capitán era superior. Ya había tomado la decisión.

Yvonne Baynham siguió al maestro de arma y al mismo capitán en silencio. Llevaba el cetro de tal manera que lo apoyaba cual bastón antes de dar cada paso, y es que no le dolían las piernas, pero la espalda comenzaba a enfriarse. Por experiencia sabía que comenzaría a dolerle durante los siguientes minutos, y aún más los próximos días. Por si fuera poco, el roce del aire le hacía arder algunas zonas, así que estaba segura de que algunas ramitas la habían cortado. Pero esa no era su preocupación más inmediata. Durante la conversación de sus superiores, estos se habían referido a una mujer. O eso por lo menos dieron a entender. ¿Quién tendría la capacidad de sanar a un hombre tan herido? ¿Quién podría traerle de nuevo desde el fino borde que separa al mundo de los vivos del de los muertos? Si se trataba de una hechicera, su mentira podía quedar al descubierto, pues ella no lo era.

La maga caminó unos cuantos pasos más con las preguntas dándole vueltas por la cabeza.

— No he podido evitar oírles hablando de “Ella” — comentó, mirando especialmente al capitán. — ¿Vive en esta isla? ¿podrá hacer algo por él?


Yvonne

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Mensaje por Tristán de Tincoras el Sáb Mar 23, 2013 5:46 pm

Tristán corría en zigzag, evitando los fatales disparos que silbaban a pocos centímetros de él. Corría aprovechándose del entorno para dificultar el acierto, escondiéndose detrás de maleza, arbustos y troncos. Corría a medio agazapar, con la espalda encorvada para que las hojas de los arbustos lo cubriesen por completo. Las botas se clavaban con fuerza en la tierra, haciendo así que las pisadas fuesen firmes. En su mano empuñaba aun el machete, y había recolocado la pistola en su compartimento correspondiente. De tanto en tanto se escondía detrás de uno de los troncos más gruesos, de perfil e intentando no exponerse a un disparo. Apretaba la empuñadura de su filo más por la seguridad que le proporcionaba que por miedo a perderlo o por ser de hecho un arma efectiva en esa situación, pero lo hacía por la adrenalina pura del momento.

Tristán sabía muy poco que por el similar sonido del disparo, el arma de su rival era muy similar a las que él mismo cargaba, aun si había un grado de diferencia entre su destreza en el uso de ellas y la del rival. Sabiendo que una vez se le acabasen los disparos tendría una obertura para acercarse y atacar, o usar su arco o pistolas sin riesgo de recibir daño él mismo. Entonces, abandonó su escondite para correr de nuevo en diagonal hasta otro de los ‘sitios seguros’ que había divisado con una mirada fugaz, tras una palmera y algunos arbustos acumulados. Corrió raudo, y por puro instinto en medio de la carrera hincó una de sus rodillas, esquivando así por unos centímetros y mucha suerte uno de los disparos, que pasó volando a apenas unos centímetros sobre su cabeza. Aplicando fuerza con la rodilla contra el suelo, pegó un acelerón poniéndose de nuevo en pie y logrando esconderse tras el árbol. La respiración era agitada, el sudor caía por su frente y sentía como si la piel de su diestra se volviese una con el cuero que recubría la empuñadura del arma. El corazón le palpitaba, pero su mente seguía fría. Sabía que llevaban buenos minutos en este juego del gato y el ratón, y que pocos o ningún disparo le deberían quedar ya.

Entonces se asomó, y vio a su contrincante huyendo en dirección contraria. La mirada de Tristán mostraba ansia de combate, y se lanzó en una carrera hacia el enemigo, pero pronto sus zancadas se convertían en pasos y los pasos desaparecían, quedando inmóvil. Ya no quería, ni pretendía darle caza. Nunca quiso un encontronazo semejante, y no quería extenderlo más de lo estrictamente necesario, sobretodo no quería iniciar una persecución que incluso si exitosa, no aportaría nada de valor para el arquero más que agotamiento e incluso más heridas innecesarias. Entonces, volviendo sobre sus pasos el grupo de Garfio se reunió de nuevo, y Tristán pudo ver como todos parecían haber salido victoriosos de sus contiendas simultáneas, aun si todos parecían agotados e Yvonne parecía haber sido golpeada. Con preocupación por la integridad de todos pero en silencio, Tristán observó cómo cada uno intentaba recuperar el aliento si no por las heridas o el cansancio, por la sorpresa de la emboscada y la adrenalina del combate.

Y de pronto, un grito.

El grito atronador de una voz imponente, rasgada y fuerte. Tristán lo sintió en sus oídos, reconoció esa voz que antes había oído más calmada. Sin duda alguna, era propiedad de Bartholomew Blood. Siguiendo los pasos del capitán, tanto su compañera como él mismo se reunieron con la otra mitad de los que desembarcaron en Pelegos – sin contar al lupino que se encargaba de cuidar los barcos. Allí pudo ver al señor Colmillar, tan imponente como siempre pero que a juzgar por los diversos rasguños que lucía, había sido partícipe de una contienda también. Luego arrastró la vista y vio a Blood arrodillado junto al otro lupino, uno que era mucho más conocido por el arquero. La preocupación los rodeó a todos, siendo imposible no percatarse de la tensión que se vivía en ese lugar en ese momento. El rostro moreno de Tristán palideció, y piernas y brazos se entumecieron de puro temor, temor por la vida de un viejo conocido, y quizás lo más parecido a un amigo que tenía en ese barco, y en esa jungla ahora.

El capitán Garfio caminó decidido hasta estar a la altura de Kiluyu, pero Tristán no podía. Temía recibir la noticia, temía oír las palabras. Sentía dolor cuando alguien partía, ya lo sintió cuando la mujer de cabellos pelirrojos fue lanzada por la borda del Rocío, ni comparación cuando conocía de hecho a esa persona. “No sobrevivirá Morgan.” – escuchó, y un vuelco de estómago por poco no lo hizo vomitar la cena de ayer, y la de anteayer. Sin embargo, jamás pensó que la voz piratesca del capitán podría ser tan reconfortante. “Ella es la única, que podría sanar una herida así, además no sabemos si sobrevivirá.” – y al oírlo, se agarró a esa poca esperanza de que ella lo pudiese ayudar, como si se tratase de un doloroso clavo ardiente.

Kiluyu, moribundo como estaba, fue cargado por el gran humanoide, y todos seguimos al capitán y Blood a través de la jungla. El camino fue una agonizante espera para saber si Kiluyu lograría o no recuperarse de su fatal herida, lo que impidió que Tristán se fijase en los detalles del camino si no en los segundos, minutos u horas que tardaban en llegar.


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Mensaje por Kalu'ak Colmillar el Dom Mar 24, 2013 6:20 am

Corrí hacia él lo más rápido que mi gran peso y mi barriga me lo permitían. Era una carrera a todo o nada. Por fortuna logre llegar hacia el pirata antes de que este me arrojara un arpón. Desgraciadamente, no pude darme cuenta de que por accidente me hizo una herida pequeña con la punta el arpón que intente detener en el brazo. Aun así, había logrado detener el arpón. Sin perder tiempo, lleve mi mano libre hacia la funda de mi picahielos. Lo saque y clave la punta en el medio del mentón del pirata. El picahielos atravesó la carne y el hueso como si fueran manteca y pan. Pude ver claramente el brillo de la punta del picahielos saliendo desde la boca del pirata, por encima de su lengua. Note como la sangre, probablemente aun tibia, coreaba por la punta del picahielos hasta el mango, y luego a mi mano. Sin embargo, debido a que llevaba guantes, no me manche, aunque luego tendría que lavar la sangre sucia de aquel pirata
Entonces, me percaté de que me había distraído, e inmediatamente gire la cabeza hacia el otro gemelo, al que había herido inicialmente con mi arbalesta. Me acerque a él y examine su herida. En efecto, parecía ser que le había dañado un pulmón y el infeliz se había ahogado con su propia sangre. Esta era una gran victoria, dos hombres muertos. Ciertamente había ganado muchos mejores combates pero la emoción de haber sobrevivido es algo que nunca se quita. En otras circunstancias habría pegado un grito de victoria, lanzando en el aire mis armas. Pero estábamos en una isla infestada de nativos hostiles y piratas, así que no era el momento ideal para llamar la atención
Sin embargo, el señor Blood no se preocupó mucho por eso, ya que soltó una estruendosa especie de risa de borracho o de aventurero. Fuera como fuera, voltee hacia atrás con una sonrisa en mi cara, aunque lo que vi luego, me quito el gesto. Ciertamente, había tres cadáveres que veía, tal vez más. Además de esos cadáveres, se encontraba tirado en el suelo, sangrante, el hombre de la capa negra, también conocido como Kiluyu. Al parecer él había tenido problemas con su adversario. Me acerque con cuidado para ver que tenía. Pude divisar al menos 7 perdigones incrustados en su pecho, eso explicaba la sangre. Esta era una herida tremendamente seria. Es más, me sorprendía muchísimo que no hubiera muerto aun.
Mi preocupación fue interrumpida por una repentina sensación de sorpresa, producida por el estruendoso grito de ayuda de Blood. Rayos, para ser un humano tiene grandes pulmones. Ese gesto me hizo pensar que tal vez, además de ser un rudo asesino a sangre fría, ese hombre enserio se preocupaba por nosotros, o por lo que le pasaría a su cabeza si moría un recluta bajo su cargo, de cualquier forma, lucia preocupado.
La ayuda no tardo en venir. En pocos minutos llegaron el capitán, el chico de pelo multicolor y la mujer esqueleto. Al parecer habían estado en una batalla o la mujer esqueleto se había pasado de lista, ya que tenía un enorme moretón en la cara. Tuve que hacer fuerza para no reírme, ya que hubiera caído mal en la situación. Trate de distraerme de esas ideas y me concentre en escuchar la charla. Blood le dijo al capitán que el hombre nos sobreviviría. Por un momento, pareció que todo había acabado para Kiluyu, sin embargo, al parecer sus días aun no estaban contados, ya que el capitán sugirió que lo llevaran con una mujer, a quien solo se refirió como “ella”. Entonces, como a cualquier curioso, me surgió la duda de preguntar quién era ella. Sin embargo antes de que hablara la conversación continúo. Blood decía que no podrían pagarle, pero el capitán insistía en que solo ella curaría una herida así o el muchacho moriría. Entonces, como última frase de la charla, el capitán me encargo a mí que lo llevara. Con algo de pesadez en mi voz dije “Como ordene, capitán”. La verdad no se me hacía muy bien la idea de “el más grande y robusto que cargue a los heridos”. Soy un bereskarn, un guerrero, no una mula de carga, o bueno, en mi caso no una morsa de carga. Sin embargo, este era mi compañero, y tristemente sabía que solo yo tenía la fuerza para llevarlo sin complicaciones. Antes de cargarlo, coloque mi arbalesta en el suelo de punta, comencé a girar las palancas para recargar el mecanismo, y cuando estuvo listo le coloque un arpón. Entonces volví a poner mi arbalesta en la espalda. Por ultimo recogí mi machetito y lo puse en su lugar. Parecía ridículo, pero la verdad es que, ya que tendría al menos una mano ocupada, necesitaba estar preparado para defenderme, ya que no sería tan eficaz como siempre.
Entonces, levante con cuidado a Kiluyu, como si fuera un bebe, con ambas manos. Una vez estando su cuerpo a la altura de mi pecho, maniobre para armar una especie de “cuna” con mi brazo izquierdo, donde cupiera todo su cuerpo. Me llevo un ratito pero logre acomodarlo. Entonces, con delicadeza tome mi lanza con mi mano derecha y empecé a caminar junto con el grupo. Entonces, ya no pude evitar soltar una pequeña pregunta. Me acerque lo más rápido que se me permitía hasta estar junto al apitan y le pregunte “Capitán, podría decirnos, quien es ella”
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Mensaje por Kiluyu el Miér Mar 27, 2013 12:43 am


La sangre caía rauda por mi brazo, emergiendo en un cauce de oscuras tonalidades desde la sien de mi enemigo. En sus ojos se reflejaba el terror que en su alma sentía antes de que el filo de mi daga penetrase en su cuerpo y le arrebatase la vida. El recuerdo del frío metal cortando a través de su carne y huesos debió ser la última sensación que recorrió sus sentidos, sumados al miedo y la ira. Su cuerpo caía inerte ahora a un costado, mi mano aún aferrando la empuñadura de la daga, el brillo de mis ojos envueltos en fuego y furia. Debía matar, aún estaba rodeado de enemigos, no podía quedarme allí tirado. Mi hacha, debía encontrar mi hacha. Sumido en un frenesí destructivo, en un sencillo movimiento extirpé mi arma del cráneo de mi enemigo, y la guardé en su funda, mientras que con la otra mano me disponía a usar la espada que había tomado del barco.

Pero esa mano nunca llegó a destino.

Hasta el momento no había sido consciente del entumecimiento, el dolor, la sangre que bañaba mi pecho. Inmerso en un caótico estado, había actuado por instinto y habilidad, moviéndome alrededor impulsado por la adrenalina que fluía por mis venas. A medida que mi respiración se detenía, la neblina que ofuscaba mis sentidos se disipaba, develándome todo aquello que había pasado por alto.

Y el hecho era que apenas podía respirar. Un agudo y profundo dolor embargaba mis sentidos, no obstante lo sentía lejano, como si no perteneciese a mí mismo. Una fina y brumosa capa comenzaba a cubrir mi visión, como un filtro de agua que llenaba cada vez más mis ojos. Sentía como si me alejase lentamente del mundo a mí alrededor, casi como si mi alma se desprendiera de mi cuerpo, despegándose de los lazos que me ataban a tierra. Ligereza… sentía que mis miembros eran ligeros, que pesaba menos que una pluma, que me elevaba cada vez más.

Aunque mi visión se escapaba, mis otros sentidos se encontraban tan alertas como antes, y pude oír más no sacar en claro lo que sucedía a mí alrededor. Un grito que parecía más un rugido surgió a la par de un estruendo y un intenso olor a pólvora. Oí pasos que se acercaban, un cuerpo cayendo a mi lado, el ruido de una ruda respiración junto a un hedor a alcohol. Mis ropas abriéndose, seguido de un poderoso grito que parecía surgir de la garganta de un troll de las montañas que retumbó entre la espesura. Llamaba a alguien, un nombre que me parecía conocido. “Morgan”. ¿Qué querían ahora?

Desorientado, confundido, mi propia vida se escapaba poco a poco entre mis dedos, y yo estaba terriblemente consciente de ello. Sabía que estaba muriendo, que mis heridas eran mortales, y sin embargo yo no sentía nada más que tranquilidad. ¿Qué sentido tenía seguir viviendo? ¿Qué misión quedaba por completar? Mis compañeros de expedición podrían arreglárselas bien sin mí, estaban el capitán y el señor Blood a cargo, personas responsables y competentes. Solo lamentaba no haber podido compartir una agradable charla con Gray y Tristán, porque no bebiendo cerveza y frente a un delicioso festín. O poder ver las estrellas una vez más, tocar con mi flauta un himno a los cielos, tumbarme en el suelo admirando el firmamento. Mis párpados se cerraban lentamente a medida que mi mente recordaba cada suceso, cada evento en mi vida, rememorando todo con un dejo de nostalgia. Habían tantas cosas que quería hacer, que aprender, y, sin embargo, me sentía en paz conmigo mismo. Ya no me importaba nada.

No obstante, eso no era así. Entre la bruma, logré sacar fuerzas suficientes para abrir los párpados con fiereza. En mi cercanía a la muerte, una memoria olvidada había regresado a mi mente como un golpe en el rostro. Era una imagen clara, nítida, como si realmente hubiese estado allí. Era… era un joven elfo vestido con una amplia túnica con varios motivos bordados, y un enorme símbolo como detalle principal. Estaba en un bosque, sonriente, hablando mientras parecía observarme. Detrás de él podía divisarse una enorme montaña de cuya cima se elevaba un negro y denso humo. El cielo estaba cubierto de nubes, dejando pasar tímidos rayos de luz solar sobre la tierra. Uno de ellos se encontraba sobre nosotros, y una amplia sombra se extendía ante nosotros. Parecía estar detrás de mí, era enorme, y sin embargo, era lo único que mi mente no podía definir con claridad, como si fuera la parte borroneada de un cuadro.

Y lo que más me extrañaba era el sentimiento de seguridad, de cariño y afecto en ella.

Pasos… pasos se acercaban a nuestra posición con velocidad. Me esforzaba por despertar de aquel trance, de escapar de los fríos brazos de la muerte, que me arrastraban a sus profundidades lentamente. Quería gritar, mover mis brazos, levantarme y seguir mi camino. Averiguar que era aquello que había visto. Pero no podía. Paralizado por completo, nada respondía a mis desesperadas órdenes. No podía morir aquí, no podía morir así. Debía seguir mi camino, averiguar que era aquello que me rodeaba. Mi mente trabajaba a gran velocidad, analizando, recordando. Los eventos en Zhakhesh junto a las “Cuervos Negros” ahora tenían cierto sentido, explicaba algunas cosas que parecían misterios. ¿Cómo podía aceptar retornar a la tierra sin haber llegado al fondo de todo aquello?

Poco fue lo que duró mi consciencia, ya que poco a poco descendía con desesperación a un oscuro abismo sin fondo del cuál no podía escapar. Uno que muchas veces antes ya había visto, y que, sin embargo, temía que fuese el último de ellos. Mi último pensamiento antes de desmayarme fue que no me rendiría ante esto, y que regresaría al mundo de los vivos aún si eso significaba tener que romper el equilibrio.



La belleza del mundo se encuentra en el equilibrio.
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Mensaje por Thorin el Miér Mar 27, 2013 3:44 pm

Tras asegurarnos de estar preparados, nos pusimos en marcha, el enorme antropomorfo cargo con Kiluyu sin problemas, tal como temía el era el único apto para esto y le gustara o no, al Bererskarn el sabía que era cierto, ahora ya solo nos quedaba esperar que ‘’Ella’’ estuviese dispuesta a ayudarnos, los novicios no sabían de quien hablaba, pero el señor Blood era buen conocedor de aquella persona.
Avanzamos entre la maleza, tratando siempre de buscar los caminos, naturales más despejados que encontráramos para evitar así entorpecer nuestro camino, tal y como creí, algunos de ellos me preguntaron por la identidad de la mencionada ‘’Ella’’, no vi oportuno responderles de inmediato, primero era mejor que estuviéramos un poco más relajados, más tranquilos, pues al revelar la identidad de la mujer que habíamos mencionado el sr. Blood y yo, eso no les haría estar más tranquilos.
A pesar de que minutos antes, habíamos tenido una cruenta pelea con unos piratas asaltantes, la jungla ahora parecía estar en una calma total y absoluta, tan solo nuestros pasos interrumpían el silencio, incluso los animales que debían estar ahora mismo despiertos evitaban omitir sonido alguno, ahora que ya todo estaba mucho más calmado y tranquilo, decidí que era tiempo de responder a las preguntas tanto de la señorita Rionne, como del señor Colmillar, primero decidí contestar a la mujer.

-Siento haber tardado, en ofreceros una respuesta a vuestras preguntas. Pero creí mas conveniente, tratar este tema con más calma, aquella a la que nombre ‘’Ella’’ vive en esta isla y si, probablemente pueda hacer algo por el muchacho, pero no nos será fácil convencerla.- Esta fue mi respuesta a las preguntas de la mujer, ahora tocaría responder al antropomorfo pero, sinceramente no me gusta revelar demasiadas identidades. –Señor Blood ¿haría usted el favor de responder al sr. Colmillar?- Pregunte aunque más que una pregunta, era una orden, a pesar de que conocía la identidad de la susodicha. –Blood: ‘’Ella’’- Empezó mientras caminaba al lado de Kalu. –Es una curandera de los Pelegostos, una chaman espiritual, un médico para ellos.- Continuo explicando, pero decir que era una curandera nativa no era ni siquiera una buena descripción de ella, esto era tan solo lo que se sabía normalmente. –O eso es lo que creen aquellos que no la llegan a conocer.- El énfasis de la historia cambio drásticamente, sino era una curandera ni una chaman ¿Qué era? –Todos aquellos que hemos llegado a conocerla, evitamos nombrarla por su verdadero nombre y por ello nos referimos a esa persona como ‘’Ella’’- Explico con un cierto tono de preocupación, evitando siempre dar nombre. –‘’Ella’’ no es solo una chaman de los Pelegostos, se dice que tiene poderes de ultratumba, que su voz puede corromper el corazón de los seres vivos, sus manos se comunican con la selva, pues ella es esta isla.- Concluyo el sr. Blood y como si la jungla supiera de que hablábamos una ráfaga de viento, demasiado fría para la época del año en la que estábamos, recorrió nuestros cuerpos, al sentirla Blood sonrió pues esto todavía más reafirmaba sus palabras, las cuales podían sonar fantasiosas y sacadas de las leyendas de los marineros. –‘’Ella’’ nos solo una leyenda damas y caballeros, es la isla en sí misma, ahora mismo debe saber que vamos de camino. Morgan sabe que ella no nos ayudara fácilmente, pero estando aquí es la única que puede salvar al muchacho.- Siguió explicando.–Pero no debéis asustaros, a menos que creáis en las historias de piratas.- Al terminar Blood se rio y todos seguimos caminando.
Aunque Bartholomew aun no había revelado la identidad de nuestra ‘’salvadora’’, algo que podría llegar a molestar a nuestros protegidos, con lo cual antes de que se enfadaran decidí otorgarles ese dato. –El nombre de esa chaman…- Me di una pausa, pues como bien había dicho mi maestro de armas, los piratas nunca la llamamos por su nombre, a menos que tengamos que pedirle algo y para ello, preferimos estar frente a ella. –Su nombre es Naiar.- Dije revelando así el nombre por el que la llamamos, pero la verdad es que tiene cientos de nombres, que los marineros le han otorgado.
Por mi experiencia sabia, que la cabaña donde ella residía no estaría demasiado lejos, contando con el retraso por la falta de pierna del Bartholomew estaríamos a un par de horas de camino, de llegar a nuestro destino, además de eso cada media hora, el sr. Blood echaría un poco de ron en las heridas del licántropo para que no se infectaran.

El sol de media tarde era caluroso, pero la maleza de la jungla impedía que nos diera directamente, gracias a sus altas hojas verdes en las copas de sus árboles, pero a pesar de todo podíamos sentir bastante calor, pero no debemos fiarnos, el tiempo en estas islas tropicales pueda cambiar en cuestión de minutos y de ser un día caluroso, puede convertirse en un día horrible para aquellos que odien la lluvia, realmente esperaba que no lloviera o la marea subiría más de lo que tendría que hacer y podría llevarse, nuestra vía de escape, el bote que habíamos dejado a cuidado del otro licántropo. -¡Alto!- Exclame. –Agacharos.- Dije dando la orden de escondernos entre la maleza, frente a nosotros se escucharon cánticos nativos, me asome sin dejarme ver demasiado para ver lo que era. –Pelegostos.- Dije mirando hacia adelante, una tropa de nativos celebraba su caza la cual llevarían a su aldea, la cual veríamos si no hubiera tanta maleza, Blood se asomo también pero quedándose a mi lado. –Solo esperemos a que pasen de largo.- Dijo el maestro de armas, ahora estábamos obligados a esperar que se fueran los nativos, es cierto que los habitantes de esta isla no son bélicos ni suelen atacar a los extranjeros y aunque poseemos mejores armas que ellos, nos superan en demasiado numero como para dejarnos ver, así podremos evitar tener más problemas.

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En cuanto la tropa de Pelegostos paso, nos pusimos de nuevo en marcha, teníamos que llegar a esa cabaña antes de que el licántropo se muriera, no es que me importara demasiado pero, necesito a todos los marineros disponibles que me puedan ayudar a conseguir mis objetivos y el, ya había pagado por su vida en mi barco y me había, avisado de que era licántropo, ¿Qué mejor forma de devolverle el favor, que salvándole la vida?
Como yo había estimado, dos horas y media después llegamos hasta una siniestra planicie, la cual no parecía normal, pues en las junglas no suele haberlas y menos sin altas hierbas, pero esta parte de la jungla, más que una selva parecía un pantano, un puente colgante tan resisten como para resistir al antropomorfo, se extendía frente a mí, hasta una pequeña isla en el centro de este curioso pantano, este lugar era más que siniestro, el hedor a muerte recorría el aire, en este volaban cientos de miles de moscas atraídas por el macabro olor, el agua de este lugar casi parecían aguas estancadas pero, se podía ver a través de ellas y lo que allí vieron no era algo agradable, hombres, mujeres y niños yacían bajo estas aguas, visibles a los visitantes quietos, inmóviles, pero si alguien los miraba lo que podía ver es que todos tenían los ojos abiertos y en ellos no había iris distinguible, como si todos estos cadáveres nos mirasen, era tan inquietante que incluso a mi me recorrió un horrible escalofrió, pero antes de movernos me dirigí a mis tripulantes. –Sera mejor que nadie se caiga al agua.- No era la primera vez que venía, pero nunca me acostumbro a esta imagen, todos aquellos muertos que parecen estar vigilándote, sin duda algo aterrador y macabro, pero no eran los únicos habitantes del agua, había un hombre caminando en ellas, un Pelegosto, su piel era negra, en su rostro varios huesos atravesaban su nariz, orejas y boca, sus ojos para el que los viera era igual que el de los cadáveres, sin iros con una mirada perdida, lo que estaba haciendo ni siquiera me lo pregunte, lo mejor sería cruzar ese puente tan rápido como fuera posible, pero tendríamos que hacerlo de uno en uno o posiblemente colapsaría y caeríamos a esa agua y desde luego, no estoy dispuesto a caerme en ella. –Cruzaremos el puente de uno en uno.- Entonces Blood asintió y decidió ser él, el primero en cruzar, con cuidado empezó a caminar sobre la estructura de madera, su pata de palo producía un sonido seco como cuando un palo golpea a otro. Sin prisa y cuidando bien sus pasos mi maestro de armas logro cruzar hasta el otro lado del puente sin problemas. –¡Podéis empezar a venir!- Exclamo Bartholomew mirándonos nuevamente. -¡Primero la morsa y el muchacho!- Dijo refiriéndose a que cruzaran primero el antropomorfo y Kiluyu. –Vamos.- Dije yo dando a entender que cumplieran la orden que les había dado.

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OFF ROL:

Bien, siento no daros demasiado este turno,se que es poco pero, lo único que tenéis que hacer es describir vuestro camino por la jungla, lo que hacen vuestros personajes durante el trayecto hasta la cabaña de Naiar.

Bien, vamos con el mastereo, describid bien lo que hacéis, como os sentís en la jungla y todo eso, Kiluyu sigues moribundo este turno así que tu sigue viendo cosas raras. Esto es la parte de la jungla, ahora bien, vamos con la cabaña de Naiar y el lugar donde se encuentra, también añadir que, tranquilo Kalu, la estructura es bastante fuerte para soportar tu peso y el de Kiluyu a la vez asi que por eso no te preocupes.

Imagen de la casa de Naiar.
Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Swamp-house_wide

El agua que rodea la casa esta llena de muertos como ya os e dicho en el post, este es el aspecto de las cosas que veréis dentro de el.
Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Imagenes_nasmith_1_12
Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Dead_marshes_elf_by_steamey-d5q9567

Luego también imagen del Pelegosto que se esta paseando en las aguas.
Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Zombie+pirates+of+the+caribbean+on+stranger+tides+75548_gal

Aclaraciones a tener en cuenta en el post, no entréis en la cabaña, describirla si queréis pero que nadie entre, tampoco se os ocurra atacar al Pelegosto a menos que sea estrictamente necesario y, por lo demás podéis hacer lo que queráis, excepto matar PNJ.

Bien, divertiros.

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Mensaje por Tristán de Tincoras el Dom Mar 31, 2013 1:51 am

Tristán vio como el señor Colmillar cargaba con el sangrante Kiluyu. Tragando saliva, acompañó el paso del grupo hasta donde ‘ella’ vivía. ¿’Ella’? El arquero salió de sus pensamientos alarmistas cuando se comenzó a explicar sobre la mujer con el curioso título de ‘ella’. Al parecer se trataba de una curandera, una mujer de Pelegos capaz de quizás curar al lupino herido mortalmente. “‘Ella’ no es solo una chaman de los Pelegostos, se dice que tiene poderes de ultratumba, que su voz puede corromper el corazón de los seres vivos, sus manos se comunican con la selva, pues ella es esta isla.” – el arquero gesticuló una sorpresa importante, y aunque realmente no era un gran creyente de semejantes cuentos de marinos, lo cierto es que esperaba que fuese así si querían poder salvar la vida al licántropo. Tristán estaba tenso e irritado, a la par que preocupado. Maldecía el momento en que habían encontrado a esos piratas enemigos, pero no dejaba salir esa furia, si no que la retenía mientras acompañaba al grupo de manera silenciosa.

El sol golpeaba las copas más altas de la selva, y el calor angustioso llegaba a todos y cada uno de los que atravesaban la jungla. Era casi asfixiante, si no solo por el calor también por la humedad. Las gotas de sudor resbalaban por la tez morena, mientras los pasos comenzaban a ser cansados. De pronto, a oídos de Tristán llegaron unos cánticos desconocidos, seguidos por la inmediata orden de Garfio. “¡Alto! Agacharos.” – y entonces se acuclilló frente a unos arbustos suficientemente grandes como para ocultarlo. Los demás parecieron hacer lo propio, y desde detrás de la maleza que los protegía pudieron observar a un grupo de Pelegostos. Por orden del capitán, se mantuvieron escondidos hasta que el grupo marchó, haciendo cada segundo eterno para Tristán, ansioso por encontrarse con ‘ella’ y buscar una solución a la herida de Kiluyu. El paso silencioso los llevó a una planicie extraña. Un olor nauseabundo llegó a las fosas nasales de todos, y el arquero no pudo si no llevarse las manos a la nariz, intentando no respirar ese aire desagradable. Todos comenzaron a ir hasta el puente que conectaba a una pequeña isla en medio de un lago, con una extravagante casa en la que si debía deducir, diría que vivía ‘ella’. El puente parecía sólido, incluso para soportar la gran envergadura del señor Colmillar, lo que lo tranquilizó ligeramente. Sin embargo, eso duró poco.

Al asomarse ligeramente para ver las aguas, vio algo horrible. Bajo las aguas se encontraban cadáveres, cadáveres pálidos que los observaban con los ojos muy abiertos, pero sin iris. Tristán por poco no pierde el equilibrio del susto, pero logró simplemente retroceder y alejarse del borde. “¿Pero qué demonios…?” – dijo en voz baja para sí mismo. Al parecer, la idea era atravesar hasta la cabaña de uno en uno, lo que poco agradó al arquero, pero se guardó sus quejas para si mismo. Sabía que era la decisión lógica para no forzar la madera del puente, pero el miedo a esos cadáveres vigilantes había calado hasta sus huesos. Primero pasó Bartholomew Blood, con toda la prisa que podía a causa de su pierna, y luego pasaron el señor Colmillar y Kiluyu. Tristán miró la escena tenso. “Se caen. Se van a caer. Pesan demasiado juntos. El puente va a ceder, y se van a dar el chapuzón de sus vidas. Van a terminar siendo el acompañamiento de los cadáveres esos…” – todos los pensamientos alarmantes habidos y por haber llenaron la mente de Tristán, pero se tranquilizó al saber que, mejor o peor, llegaron al otro lado. Entonces esperó a su turno, y comenzó a caminar. “No te acerques al borde. No mires. No seas idiota y no mires. ¿Vas a mirar, verdad? Eres un idiota. Date prisa y cruza sin mirar.” – monologó en su mente, intentando distraerse y evitar volver a echar una mirada a esas aguas tan desagradables. Sus músculos estaban tensos, y aguantaba la respiración intentando evitar el hedor que se desprendía de esas aguas pútridas.

Y llegó. Al haber cruzado, apenas sus rodillas pudieron soportarlo. Un largo suspiro de alivio lo acompañó cuando se aseguró de haber logrado cruzar. “Necesito dejar de meterme en estos líos, ya no tengo edad para estas cosas…” – comentó con desgana para si mismo, sin que nadie pudiese oírlo realmente. Esperó a que el resto del grupo se reuniese, y se volteó para ver la curiosamente diseñada cabaña en la que se suponía que ‘ella’ vivía. Bonito lugar para hacerse una casa había encontrado.


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Mensaje por Amy Red el Dom Mar 31, 2013 3:26 am

Me encanta vivir despreocupadamente... Estaba estirada en una hamaca situada entre un par de mástiles del bergantín en el que había llegado a la isla de Pelegos, dejando que el sol me acariciara y tostara la piel mientras me mecía lentamente de un lado a otro, con los ojos cerrados, medio dormitando y comiéndome una manzana verde. Hacía un día que habíamos llegado a la isla de Pelegos, contratados para matar a un capitán pirata que, en teoría, iba a pasar por allí. Yo era la única que había estado allí, de modo que el capitán en un principio quiso que yo fuera quien bajara a tierra pero... ¿Para qué iba a hacerlo? Aún no sabíamos si el capitán enemigo había llegado allí y sinceramente no tenía ganas de andar por la jungla, y menos aún de toparme con los pelegostos. No es que fueran muy violentos, pero sinceramente siempre es mejor evitarlos. Además... Se estaba muy bien en aquél barco. Toda aquella panda de inútiles que me había contratado me tenía terror y sabían que si yo no quería hacer algo no iba a hacerlo. ¡Eran tan maltratables esa panda de marineros de agua dulce! Tanto que me preguntaba por qué demonios les habían contratado a ellos para ir a cazar a un capitán pirata que, se supone, es de los buenos. Supuse que sería para eliminar chusma. Ganara uno o ganara el otro, un pirata menos en el mundo. Nadie iba a llorar a ninguno de esos dos desgraciados.

En esas estaba, sin la gabardina y con el gorro echado a un lado cuando escuché gritos provinentes de tierra. Abrí un ojo y miré por la borda, viendo a cuatro de los desgraciados que habíamos mandado a la isla a buscar a la tripulación enemiga corriendo hacia nuestro barco. Solté aire por la nariz hastiada y enfadada de estar rodeada de semejante panda de inútiles, desgraciados e hijos de puta. De no ser tan buena la paga que me iban a ofrecer y que ya había llegado al trato de llevarme el cincuenta por ciento del botín, no habría aceptado. Pero bueno, eso no viene a cuento ahora, estamos hablando de los cuatro subnormales que volvían, no de mis honorarios.

Me puse el sombrero y la gabardina, mientras el capitán y el contramaestre del barco salían de sus camarotes, confusos por los gritos. Para cuando estuvieron asomados por la borda, yo ya bajaba por la rampa y finalmente me quedé quieta frente a los cuatro tipos. Eran todos más bajos que yo, y de por sí mi presencia les resultaba intimidante, sobre todo porque me crucé de brazos y les fulminé con la mirada, observando su estado. Uno de ellos estaba apoyado sobre su compañero, con una mano de menos, y el otro lo miraba con preocupación. Luego teníamos a un tercero con la cara hinchada, la nariz rota... Le habían dado una buena somanta de palos. Por último, estaba al que llamaremos Sargento Inútil. Ese estaba impecable, y quitando el sudor que impregnaba su ropa no tenía nada raro. Teniendo en cuenta que era el jefe de los que habían bajado a tierra, y comparando su estado con el de los otros tres, estaba claro que el capitán lo había designado solo porque era el hijo bastardo del contramaestre. Mirándolo inquisitivamente, alcé una mano para que se callaran el capitán y el contramaestre antes de que interrumpieran mi interrogatorio: -Vosotros tres, subid a bordo y que os curen esas heridas, trío de inútiles. Espero que al menos os hayáis llevado a algunos por delante, o de lo contrario vais a fregar suelos hasta que llegue el fin del mundo. En cuanto a ti, créeme que no te vas a salvar por ser el hijo del contramaestre. Venga Sargento Inútil, dime qué coño ha pasado de inmediato si no quieres que te vuele los sesos.-

La amenaza pareció surtir efecto, pues empezó a sudar más de lo que estaba sudando. El contramaestre y el capitán se pusieron a mis lados, mirándolo con el ceño fruncido, tratando de ser tan intimidantes como yo pero... No lo lograban. No eran ni la mitad de cabrones de lo que yo era, y lo sabían. Por algo en la práctica era yo quien manejaba el barco. Finalmente el chaval logró encontrar palabras, justo cuando mi mano diestra ya estaba tamborileando sobre la culata de una de las pistolas: -Pues... Nos encontramos con... El capitán enemigo pero... Eran muy buenos... Logramos herir a … Uno... Y matar a otro... El resto de los nuestros... Han muerto... Solo quedamos los cuatro que has visto... ¿P-puedo subir a la cubierta, señorita Red?-

Mi mano bajó de la culata de la pistola y se dirigió a mi cajita de rapé, sacándola de uno de los bolsillos. Mientras lo miraba, fui preparándome para esnifar un poco y le dije, sin cambiar mi expresión fría y dura: -Lo consultaré con mi droga. De momento reza todo lo que sepas para que el rapé me haga efecto.-

El chaval se puso a temblar y decidió rezar lo poco que sabía mientras yo aspiraba una buena cantidad de rapé. Eché la cabeza hacia atrás y me tambaleé un poco, mientras una sonrisa de medio lado se dibujaba en mi rostro, aunque dicha sonrisa solo acentuó la crueldad que se reflejaba en mi rostro y mis ojos. Finalmente le respondí, guardándome la cajita: -¿Sabes...? Acabo de descubrir que Dios no existe... De lo contrario habría escuchado tus plegarias.-

El chico abrió los ojos, temblando y separando las manos con sorpresa mientras trataba de retroceder pero estaba paralizado por el miedo. Mi movimiento fue rápido, y desenfundando la pistola le volé los sesos de un tiro. Cayó hacia atrás, quedando tendido inerte sobre la arena de la playa. La mirada de odio del contramaestre se clavó en mis ojos, pero yo solo le respondí con una sonrisa de medio lado más acentuada, demostrándole que lo había disfrutado y así se lo hice a saber: -Tengo el gatillo fácil, gusano. Sigue mirándome así y acabas como tu bastardo. Capito, stronzo? Perfetto.-

Le mostré mis dientes con una mueca agresiva sin dejar de sonreír, y el hombre desvió su mirada, temblando mezcla del odio que me tenía en esos momentos y del hecho de que no se atrevía a molestarme. Asentí, dando a entender que me gustaba que fueran tan dóciles, y rápidamente empecé a dar las órdenes pertinentes: -Capitán, contramaestre, venís conmigo. ¡Quiero a dos voluntarios que nos acompañen a la isla, a poder ser los dos tíos más competentes del barco! Andiamo, andiamo!-

Reí levemente cuando me di cuenta de que el rapé me había colocado un poco, pues estaba mezclando erenmiano con el idioma común y estaba más risueña y más perra que de costumbre. Mejor, de lo contrario estaría con un cabreo de tres pares de cojones por la ineptitud de mis acompañantes. Vinieron precisamente los dos piratas de aquél barco que tenían más posibilidades de no ser considerados unos inútiles redomados. Un par de pistolas y un sable que llevaba cada uno, y uno de los dos llevaba un trabuco. El del trabuco se llamaba Roger, y el otro tenía por nombre Smith. Eran más serios, desde el primer momento supieron que debían hacerme caso, y su lealtad ya estaba más conmigo que con el capitán. Tal vez por eso en alguna que otra ocasión les había dejado beber ron de mi botella. De hecho... A lo mejor me los agenciaba como guardaespaldas si lograban sobrevivir a esta isla.

Tras recargar la pistola que había disparado, finalmente nos pusimos en marcha. El capitán y el contramaestre andaban justo delante de mí, y a mis espaldas, a lado y lado, estaban los dos piratas a los que había llamado. Mientras que los dos inútiles que comandaban el barco iban con sus chafarotes desenvainados cortando lianas y cualquier cosa que pudiera estorbar nuestro paso, mis dos proyectos de corsario y yo andábamos con una pistola en cada mano, preparados por si surgía algún inconveniente de última hora. Durante cerca de una hora caminamos, evitando por los pelos a algún que otro grupo de pelagostos, y finalmente llegamos cerca de la marisma donde vivía... Ella. Naiar. Posiblemente la mujer más temida y respetada por los piratas sin ser una de los nuestros. A veces les había hablado a Smith y a Roger de ella, pero el resto de la tripulación no tenía ni idea de quién era. Mejor, si me tocaban los huevos siempre podría hacer que se los tocaran a Naiar y que ella se los pelara, o incluso ofrecérselos como intercambio por algo... Sí, no sería mala idea.

Finalmente nos acercamos a la guarida de Naiar, y nos quedamos ocultos en la maleza, observando a la comitiva. Ahí fue cuando mi mandíbula cayó, quedándome bastante sorprendida de ver a quien vi... ¿¡Garfio!? ¿¡Ese era el capitán al que habíamos de matar!? Si él estaba allí era porque algo importante había... Y desde que Morgan había recuperado el barco, generalmente sus aventuras eran algo bastante provechoso. Sin duda, iba a sacar más tesoro aliándome con él que con esos piratas, y además... Aunque me jodiera reconocerlo, me caía demasiado bien como para reventarle los sesos a traición. Esperé a que Blood, su maestro de armas, cruzara el puente y fue entonces cuando salí de mi escondrijo. Un total de ocho pistolas apuntaban a los hombres de Garfio, pero el capitán y el contramaestre no dispararon. Esperaban a que yo lo hiciera, pero preferí saludar primero: -Vaya vaya vaya... ¡Eddie Morgan en persona! Maldito hijo de puta, ¿sabes que nos han enviado aquí para matarte? Qué lástima y qué desperdicio... Buona notte!-

No tenía los pedernales de las pistolas alzados, señal para Hook de que no iba a dispararle en serio, y sabía que por mis mezclas de idiomas en aquellos momentos tal vez andaba un poco drogada. Con un rápido movimiento le di la vuelta a ambas pistolas y usé las culatas para golpear las nucas del capitán y el contramaestre que me acompañaban, haciendo que cayeran al suelo, desplomándose inconscientes como sacos. Los dos piratas que me acompañaban, viendo lo que había hecho y sabedores de que era mejor no cabrearme, bajaron las pistolas. Sonriéndole a Morgan y enfundando las pistolas seguí hablando, poniendo los brazos en jarras: -Bueeeno, creo que sin pistolas apuntando a gente este reencuentro puede ser mucho más cálido, ¿no crees? Cabronazo, que sepas que aún estoy esperando a ese ron que me debes desde que me abandonaste frente a la Marina en los muelles. Smith, Roger, traedme lianas para convertir a este par de desperdicios en mochilas. ¿Qué te parece, viejo perro de mar, que le ofrezcamos a Ella a los dos tíos que querían tus huevos en bandeja de plata? Sabes que siempre hace buenos intercambios. Ahora ayúdame a cargarlos. Andiamo!-

Smith y Roger no tardaron en traerme un par de lianas suficientemente largas como para atar las manos y los pies del capitán y el contramaestre que en aquellos momentos debían estar soñando en diablillas con mi cara. Aproveché para desarmarlos, quedándome temporalmente con sus armas y atándome a la espalda al contramaestre, mientras esperaba con una mirada inquisitiva a que Garfio cargara al otro o por lo menos le mandara a alguien que lo hiciera. Una vez lo hiciera ya sí me pondría a ver quién coño acompañaba en esa ocasión a Morgan, porque parecía que ahora estaba empezando a aceptar a cualquiera que quisiera acompañarle.
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Mensaje por Kiluyu el Dom Mar 31, 2013 5:36 am

"¿Dónde estoy?

De pie sobre una saliente de roca me observaba un ser de largos y extraños ropajes. Su rostro era perfecto, piel tersa, ojos avellanados, orejas puntiagudas... no cabía ninguna duda de que era un elfo. Más había algo en el que no concordaba. ¿Quizás era la curva de su sonrisa? ¿O eran esos ojos de fuego que me escrutaban, que veían a través de los míos directamente a mi alma? Su aroma tampoco era normal. No olía a bosques o a naturaleza. Más bien, era uno intenso, como a cenizas e incienso, algo extraño en un ser de ese tipo. Observando rápidamente a mi alrededor, descubrí que me encontraba en una especie de plataforma de piedra en un borde sobre la inmensa pared de un farallón, el cuál parecía extenderse varios cientos de metros tanto hacia arriba como hacia abajo. A lo lejos podía distinguir el mar, que nos rodeaba en su seno dando a entender que era una isla. Las blancas arenas de la playa eran lamidas por las salinas aguas, que parecían un espejo frente al fulgor del rojo sol, situado en lo más alto del cenit. Mis ropas eran exóticas. Largas y holgadas, se arrastraban por el suelo varios metros, como si fueran una enorme sábana que me cubría. Y mis manos... eran pequeñas. Frágiles, con los dedos impolutos, las uñas bien cortadas, la piel tersa y suave. Y sin cicatrices de ningún tipo. Corrí las mangas con desesperación, revisando cada hebra de mis brazos. No comprendía nada, se suponía que todo mi cuerpo se hallaba cubierto por las marcas de lo que había sido mi muerte. En cambio, veía el fino entramado de mi piel sin muesca alguna, suave y cubierto por una pequeña vellosidad. ¿Qué sucedía? ¿Quién era? Eran preguntas que no podía contestar, por lo que sencillamente me limité a observar a aquel elfo

Parecía dispuesto a hablarme, y fue entonces cuando me percaté de otra cosa. Todo sucedía demasiado lento. Sus movimientos, su boca moviéndose, las ropas flotando a causa del fuerte viento de las alturas. Su voz me llegaba distorsionada, muy grave para ser normal, y totalmente ininteligible. Era como si estuviese dentro de una burbuja de agua. Y como tal, comencé a ver borroso el panorama. Todo cambiaba, variaba en sus formas, en bruscas ondas irreales, alterándose y transformándose a medida que el ruido se desplegaba, rodeándome, consumiéndome. Su sonrisa era tétrica, sus deformes ojos parecían los de un negro demonio. El mundo se oscurecía poco a poco, desvaneciéndose en una espesa niebla surgida de la misma nada. Yo reculé, intentando cerrar los ojos en vano, totalmente imposible por una ignota razón. No, no podía moverme siquiera, era como si el miedo y el terror me hubieran paralizado por completo. Oscuridad, profunda y aberrante oscuridad, todo rodeaba en su frío abrazo. El sol mancillado se apagaba lentamente, mientras desaparecía

Y lo único que quedaba era esa macabra sonrisa.

Mis ojos se cerraron por fin, y cuando volvieron a abrirse la escena había cambiado. Me encontraba en un pasillo formado en la espesura de la selva. A los lados las lianas y los troncos formaban una muralla impenetrable. Sobre mi cabeza, las ramas y hojas se entrecruzaban en un tejido que no dejaba pasar luz alguna, sumiendo todo en penumbras. Apenas podía verse, y sentía que lo único que podía hacer era avanzar en esa oscuridad. Mis ropas eran las mismas, solo que raídas y estropeadas. Había perdido toda esa extensión de tela inútil, cosa que facilitaba mi avance entre las raíces y rocas en el suelo, que parecían surgir de la tierra con el fin de hacerme caer. El dolor, la furia y el odio embriagaban mis sentidos. No conocía el origen de esos sentimientos, y no me importaban. Solo sabía que debía avanzar para llegar al final, y acabar con ellos, con todos ellos. ¿Acabar con quienes? ¿A quiénes debía matar?" Me dolían las extremidades, la espalda me ardía terriblemente. Mi cabeza daba vueltas, confundido, alterado. Mis pasos eran débiles, y eventualmente terminé tropezando y cayendo al suelo. Pero solo caí a un profundo vacío

Abrí mis ojos nuevamente. Otra vez, el escenario había cambiado. Pero esta vez era mucho más extraño, más bizarro, que las anteriores visiones. Innumerables túmulos de tierra se extendían frente a mí en caprichosas formas. Sus tamaños variaban, algunos siendo tan pequeños como un niño, otros extendiéndose por miles de kilómetros. La hierba a su alrededor los hacía destacarse frente al firmamento cubierto de estrellas. El horizonte era imposible de verse, ya que una enorme muralla de blancas tonalidades se alzaba hacia el firmamento, abarcando todo lo visible. En mi interior sabía que aquello era un lugar de descanso eterno. Un cementerio ancestral. ¿Qué bestias yacían indemnes al tiempo bajo esas tumbas? Mis dudas fluían con mi caminar, rodeando algunos montículos, subiéndome a otros de a momentos.

¿Qué hago yo aquí?


La belleza del mundo se encuentra en el equilibrio.
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Mensaje por Kalu'ak Colmillar el Dom Mar 31, 2013 7:11 am

El capitán y su contramaestre nos hablaron de la mujer conocida como Ella, y eso no era para nada bueno. La mujer resultaba ser una especie de chaman, hechicera, bruja o algo por el estilo, hasta donde pude entender. Una chaman pelegosta con poderes de ultratumba, la isla en sí misma, y ese tipo de desvaríos contaron sobre la supuesta Naia. Sonaba bizarro, loco, y a mal cuento de taberna. Pero si mi vida me ha enseñado algo, es que hasta un cuento de taberna puede acabar siendo la pura verdad, disfrazada de leyenda. Si el capitán estaba tan seguro de la existencia de esa mujer, y tenía tanta fe en que ella curaría al tal Kiluyu, bien por él, y mientras más pronto pudiera dejar de cargarlo como a un infante, mejor por mí.
Pero las charlas terminaron poco antes de que el capitán gritara alto, y viéramos pasar un gran grupo de pelegostos. Todos hicieron lo suyo para ocultarse. Ya que no podía agacharme por mi tamaño haría que igual me viesen, me tire de espaldas al suelo, asegurándome de que Kiluyu no sufriera ningún daño, al menos no más de los que ya tenía. Desconozco completamente la cantidad exacta de tiempo que pasamos esperando a que pasaran, pero para mí, teniendo a un medio muerto encima, fue una eternidad. La paciencia es una virtud que tristemente no poseo. Cuando todo estuvo seguro, me pare lentamente, levante a Kiluyu con ambas manos y luego lo acomode y tome mi lanza, tal como hice la primera vez.
Luego de varias horas de caminata por la jungla, por fin llegamos a nuestro destino. Al menos eso parecía. Era prácticamente un pantano. Sin árboles, aspecto de ciénaga, olor a muerte, sin duda no era el mejor lugar para turistas pero parecía el clásico escondite de una chaman bruja o lo que fuese. No fue hasta que estuvimos más cerca de la pequeña islita con una cabañita que aparentemente era la casa de la chaman que pude contemplar otro lúgubre detalle de aquella zona. Debajo del agua yacían cadáveres de hombres, mujeres y niños. No se movían, pero casi parecía que te seguían con la vista. Estaban muertos y aun así parecía que te dirigían la mirada, con esos ojos fríos y carentes de alma. Conozco mucha gente que daría lo que fuera por ver este lugar, y a mucha otra que vomitaría tres veces con solo sentir su olor.
Lo único que nos separaba de la cabaña era un puente con apariencia de destartalado que estaba por encima de ese gran lago de muerte. No sabía si el capitán estaba pasado de botellas, o si inhalar los olores del pantano le había provocado locura temporal. A simple vista, ese puentecito se partiría con el primero de mis pasos. Parecía como tratar de transportar un gato sobre una hoja por un rio. Aunque eso no detuvo al capitán y así contramaestre para que cruzaran. Esperaba que hicieran pasar a todos y luego, al último, yo con Kiluyu. En realidad era algo muy inteligente, así eliminaban al más pesado y al herido, que tal vez los retrasarían. A pesar de todas las especulaciones, resultó no ser cierta mi teoría. El capitán insistió en que pase primero. Fantástico, moriría temprano.
Me acerque a ese destartalado puente con algo de prisa. Lentamente, apoye uno de mis pies sobre las primeras tablas que conformaban el puente; no pasó nada, todo iba bien. Con suma lentitud y cuidado, apoye mi segundo pie. Ahora estaba parado con todo mi peso y el de Kiluyu sobre el puente y sorprendentemente, no había pasado nada. Ahora me sentía más confiado. Avancé con lentitud y precaución todo lo que quedaba del tramo, hasta llegar al otro lado de la choza. Casi me daban ganas de tirar todo lo que tenía en las manos y besar la tierra, pero recordé a tiempo que, kiluyu era una de esas cosas.
No sé bien cunado, pero mientras estaba pensando lo mío, apareció una mujer, pirata con unos cuatro acompañantes, peligrosamente armados. Ella al parecer venia por la cabeza de garfio, pero este lo caía demasiado bien. Ninguno de los dos parecían el tipo de marinero al que mes cae bien otra persona, pero bueno, supongo que es cosa de piratas, Fuese como fuese, la mujer, o lo que fuera que era, noqueo por la espalda a sus acompañantes delanteros y se puso de mochila a uno de esos. Ahora que lo pienso, que tal si eran sus hombres los que nos atacaron antes. Ese pensamiento de causo curiosidad, pero me molesto ni un cuarto de lo que me molestaba la idea de que tal vez yo tendría que cargar con el otro pirata
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Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Empty Re: Aventuras de un navío oscuro

Mensaje por Thorin el Miér Abr 03, 2013 7:31 am

Habíamos llegado a la cabaña de Ella, la única esperanza que teníamos para salvar a aquel muchacho, el cual había sido demasiado imprudente, no puedes fiarte de un adversario y aun menos si este es un pirata, ahora por culpa de la imprudencia de ese cucho, estábamos aquí, esperando que Naiar nos recibiera y esta estuviera de buen humor.
Bartholomew fue el primero en cruzar, seguido de el enorme Bererskarn quien portaba a Kiluyu, en varios momentos el puente pareció que iba a ceder bajo el peso, del enorme antropomorfo y su acompañante, pero esa madera de aspecto viejo era más de lo que aparentaba y los pudo soportar muy bien, sin tener que lamentar ningún accidente inoportuno, el siguiente seria Tristán, el cual desde luego no parecía muy motivado en ello, era de esperar nadie que yo conozca es capaz, de atravesar semejante puente con tranquilidad, ni siquiera yo. –Vamos.- Incite al señor de Tincoras quien empezó a cruzar el puente de precario aspecto, es más, al verlo tan asustado me contuve de gastarle alguna broma, pareciera que le iba a dar un ataque, pero preferí no exaltarlo. La señorita Rione estaba a mi lado, observando este cómico acontecimiento, aunque como el señor de Tincoras, no podía evitar sentir congoja en su corazón al ver lo que aquella pútrida y fétida agua cenagosa albergaba, aunque ella seria la ultima en cruzar antes que yo, se podía notar que cómoda no estaba desde luego, además de que el dolor de su espalda no había remitido ni un solo momento desde que habíamos acabado con esos piratas, sin duda ese cardenal era bastante doloroso, pero nada que no pudiera soportar. -¿Asustada?- Pregunte con un tono irónico, realmente, desde que la conocí la muchacha, siempre había mantenido un porte sereno y serio, pero ahora parecía algo inquieta por lo que tenia frente a ella.

-No os preocupéis, yo estaré tras de usted vigilando.- Desde luego esto, no era lo que más confianza le daría, pero menos es nada, la mujer asintió, entonces coloco un pie en el puente colgante que única la jungla, con la cabaña de Ella. Por culpa de mi concentración en la situación, no repare en que no muy lejos de nosotros se acercaba un grupo de piratas, no me di cuenta hasta que fuera demasiado tarde y unas palabras me sacaran de mi trance, una voz femenina fiera como la mar en un día de tormenta, arrogante y malcarada… solo podía ser una persona, la única persona que desde luego no esperaba ver por aquí y que no veía desde hacia quizás años. –Amanda Robbins.- Dije con un tono irónico, incluso se podría decir que se notaba cierto sarcasmo, mientras que me volvía con cierta tranquilidad, viendo como nos estaban apuntando ocho pistolas y aun así, yo no mostraba miedo ninguno, excepto cierta nostalgia quizás al ver a esta loba de mar. –Que sorpresa, no esperaba encontrarme con vos, mucho menos en esta isla.- Dije gracioso, como riendo por la situación, ella como siempre tenía esa peculiar manera de hablarle a todo el mundo, como si todo tuviera significados peyorativos, todo era un ‘’hijo de puta’’ para ella. Pero estaba aquí para matarme, o eso decía y desde luego, se que ella lo haría, no es que tenga problemas en disparar a alguien, de hecho es una de las personas que conozco con más facilidad para disparar a cualquier persona, pero al ver los pedernales bajados vi que no tenía intención ninguna de dispararme, ¿entonces que demonios quería? Además no podía fiarme 100% de ella ahora mismo, estaba mezclando idiomas y en la lengua afilada de Amy Red, eso solo puede significar una cosa, ha estado esnifando rapé otra vez. –Amy, Amy, Amy.- Dije mientras ella derribaba a dos tipos noqueándolos con la culata de las pistolas, aprovechando que ahora sabia en que bando estaba me volví hacia la señorita Rione, que se había quedado parada en mitad del puente. –Seguid avanzando, no hay problema.- La maga asintió y termino de cruzar el puente.

Amy enfundo sus pistolas, sus acompañantes la imitaron, esto lo único que hacía era darme cierta tranquilidad, mientras que la corsaria nuevamente, empezó a hablar, hablando sobre los sujetos que había abatido, también añadió algo sobre la marina y mis deudas para con ella sobre una botella de ron. –No recuerdo tal suceso, pero si queréis estaré encantado, de que me refresquéis la memoria Sanguinaria lady Red.- Le comente en referencia, ante las palabras sobre el ron y la marina, no es que no recordara el suceso, pero no le daré ron así como así, menos aun cuando ella merecía que la dejara tirada. –¿Así que crees que Ella, aceptara estos dos perros, como una buena ofrenda? – Le pregunte con sarcasmo, viendo lo fácil que habían caído ante los golpes secos de Amy, dudaba de que la bruja los quisiera para algún intercambio.
Suspire cuando sus ‘’amigos’’ Smith y Roger, trajeron las lianas para utilizarlas y cargar, esos cuerpos para ofrecérselos a Ella. –Tus amigos se quedan, puede que me fie mínimamente de ti, pero no de ellos.- Le explique a Amanda, ella me conocía medianamente, sabe que no permitiré nadie que no tenga un mínimo de confianza cerca de mí. Atamos los cuerpos para poder transportarlos. –Así que, ¿mis huevos en una bandeja de plata eh?- Comente divertido mientras cargamos los cuerpos para llevarlos al otro lado del puente.

*En el otro lado del puente*

La maga había cruzado, en cuanto Garfio le dijo que no había problema con estos, nuevos piratas, pero era extraño, hasta donde ella había logrado escuchar, Mrogan y ella se conocían desde hacia tiempo, lo suficiente como para hablar entre ellos sin cohibirse mínimamente, eso le extrañaba ciertamente y tras cruzar el puente, se acerco hasta el maestro de armas del Roció Carmesí. -¿Quién es ella?- Pregunto con cierto interés, Blood la miro y miro hacia donde estaba Garfio junto con Amy, entonces suspiro. –Parece ser que ya no seré mas, un maestro de armas, ahora soy un viejo Bardo, jajajajaj.- Se rio el sanguinario pirata por la situación. –Esa mujer es Amanda Robbins, es una fiera corsaria, famosa por su facilidad para disparar, si hay algo que no le gusta simplemente, le vuela la tapa de los sesos. Morgan y ella, se conocen desde hace muchos años, se podría decir que tienen una relación, de amor odio, si bien es cierto que nunca se han intentando matar, muchas veces se han puteado tanto la una como el otro, de hecho, no hace muchos años, Morgan abandono a la Sanguinaria frente a la marina.- Concluyó su explicación, la cual durante toda esta había tenido un cierto tono de voz cómico. –No la llaman, la Sanguinaria por nada, si estas en su lista, es mejor que empieces a rezar.- Así termino la explicación de Blood, sobre Amanda Robbins, más conocida como Amy Red, esto era todo lo que necesitaban saber de ella por el momento, pero si tenían más preguntas, Bartholomew seguramente les diría que le preguntaran directamente a ella. –Ahora eso no importa, esperemos que ‘’Ella’’ este de buen humor hoy.- Dijo el pirata, refiriéndose a una posibilidad sobre el estado anímico de la chaman, de la cual desde luego desconocían si se hallaba en estos momentos dentro de su cabaña o no.

Amy y yo, cruzamos el dichoso puente, demostrando su solida resistencia, pues fue capaz de sostenernos a los cuatro, aunque claro, entre los cuatro no sumábamos el peso del gran antropomorfo y el licántropo juntos, si con ellos había resistido el peso, no sería diferente con nosotros, pero mentiríamos si dijéramos que lo habíamos cruzado con tranquilidad, aun por mucho que intentáramos ocultarlo, pero ahora estábamos a salvo en la otra orilla, así que al menos yo suspire aliviado. –Bien, todos hemos cruzado sin más incidentes.- Comente con cierta alegría, pero en ese mismo momento pudimos escuchar al Pelegosto que paseaba por las aguas, hacer un ruido fuerte y seco, seguido de un ruido como un chapuzón, mire en la dirección que estaba y había desaparecido, siniestro sin duda, pero nadie lo echaría de menos en este grupo. –Bueno ahora viene, la parte desagradable.- Comente con parsimonia mientras, me ponía en cabeza, yo sería el primero en entrar en la cabaña, desde luego era mucho mejor, que Naiar viera una cara familiar que no unos intrusos, que venían a rogarle por la vida de alguien, aunque no había mucha diferencia. –Antes de entrar, quiero advertiros algo, Ella no es una persona que reciba demasiadas visitas, así que no es una persona dada a la compañía, así que...- Entonces mire a Amy. –Vigilad vuestras palabras, y tratad de no ofenderla sino queréis, que acabemos como los muertos del estanque.- Esa fue mi advertencia, pues la chaman ciertamente, pocas veces recibía visitas que no fueran Pelegostos, así que no es que se le dé muy bien tratar con los forasteros.

Tome bastante aire y me mentalice, antes siquiera de atreverme a entrar, mire una última vez a Kiluyu para recordarme el porqué narices había venido, a visitar a esta mujer, capaz de arrancar el corazón de cualquiera de los presentes, con solo imaginarlo, tan solo esperaba que no fuera el mío el que quisiera arrancar. -¡¿Quién osa adentrarse en mi cabaña?!- Una voz ronca, desgastada, pero aun así de una mujer, se escucho en cuanto cruce la puerta de la cabaña, yo me lo tome como una especie de broma porque estaba seguro de que sabía, de quien se trataba, incluso posiblemente sabia del porque estábamos aquí. –Ahhh… Morgan. Cuanto tiempo.- Dijo con un tono de voz quizás demasiado amable y perturbador, yo suspire entrando por completo en la cabaña. –Hola, Naiar.- Dije con cierta desgana. Poco a poco, los demás empezaron a entrar también en la cabaña, en ella vieron varias jaulas que colgaban del techo, en ellas se hallaban algunos pájaros de extraña procedencia, algunos incluso estaban muertos, otros simplemente los miraban, algunos se encontraban con ánimo de graznar. La cabaña era pequeña pero lo suficientemente grande, paca que cupiéramos todos con soltura, también estaba poco iluminada y tenia ciertamente, un desagradable aspecto de dejadez, pero a pesar del panorama que había afuera, aquí dentro y a pesar de los cadáveres que habían en las jaulas, no había hedor de muerte en el aire, olía a incienso, incienso de alguna hierba que Naiar seguramente habría recogido durante unos paseos por la jungla. –Y dime… Morgan, ¿Qué te trae esta vez, hasta mi?- Pregunto con ironía y como burlándose de nosotros, pues ya sabía a lo que veníamos, pero por no enfadarla me limite a responderle. –Este es uno de mis hombres, fue herido gravemente, es posible que… perdón, se que solo tú puedes salvarle la vida.- Explique, esperando que esa respuesta le fuera suficiente. –Así que el feroz ‘’Capitán’’ Garfio, necesita de la ayuda de esta curandera, ¿tan importante es para ti este chico?- Pregunto aun manteniendo ese tono de voz, tan característico en ella, así que yo me limite a responderle. –No, pero como bien sabrás, el me ha pagado.- La curandera se llevo una mano al mentón y me contesto: -Siempre eres tan materialista Morgan…- Entonces al concluir, Blood salto en mi ‘’defensa’’ podría decirse. –Naiar, se que a ti esto te divierte, pero como bien sabes, tenemos un poco de prisa.- Ni siquiera con todo lo duro, que puede llegar a ser Blood, se atrevió a faltar el respeto de ella y se expreso, con un tono de voz tranquilo y amena. Naiar suspiro, pues sabía que cuando Morgan o cualquier otro pirata le visitaba no era por cortesía. –Ya sabéis que pido un pago, por ofrecer mis servicios.- En cuanto termino, yo conteste: -Tenemos un pago.- En ese momento tanto, Amy como yo dejamos los cuerpos inconscientes, para que Naiar pudiera examinarlos. –Haz con ellos lo que quieras, si es que los aceptas.- La curandera se levanto y dejo ver, su cuerpo cubierto por ropajes que más que un vestido, pareciera que estuviera cosido por diferentes trozos, también se podían ver varios elementos ornamentales bastante macabros, pues en su cintura colgaban cuatro cabezas reducidas, con los labios y los ojos cosidos, pero al verla así tampoco parecía muy peligrosa, su altura apenas llegaría al metro sesenta y por su complexión, pesaría como mucho unos cincuenta kilogramos, pero a pesar de ese aspecto vulnerable y frágil, ni yo, ni Blood, y supongo que ni siquiera Amy, nos atreveríamos a cuestionar lo que ella dijera. Naiar se acerco a los cuerpos y con un solo dedo, los señalo, un dedo índice largo, el cual terminaba con una larga uña teñida de negro. El mismo instante que los señalo, estos cuerpos inconscientes empezaron, a gemir con dolor al mismo tiempo que se levantaban, sus cabezas se echaban hacia atrás haciendo que miraran al techo, Naiar se acerco al que en su día fue un capitán pirata y con extrema facilidad pudimos ver, como su mano sin encontrar obstáculo ninguno, empezaba a atravesar su pecho y aunque desde fuera, pudiera parecer una intervención dolorosa y macabra, del cuerpo del pirata no salió ni una sola gota de sangre. La mano de Naiar salió como había entrado, pero esta vez con un ‘’recuerdo’’ el corazón palpitante del capitán que increíblemente aun estaba de pie y jadeando de dolor. La chaman observo el corazón aun palpitante, el cual ni siquiera bombeaba una sola gota del, liquido carmesí del que dependen nuestras vidas. –El pago es justo, pero… no os prometo que pueda, sanar por completo al muchacho, lo que me pedís de mucho para un pago tan pequeño.- Dijo, por desgracia estos hombres no eran suficiente pago, como para contentarla, pero al menos salvaría al muchacho, el me había pagado y no le iba a dejar tirado pero, después de todo es Naiar quien va a salvarlo no yo. –Ya sabes las normas Garfio, cuando realice la sanación, no podéis estar presentes en la cabaña. A cambio de eso, os daré información sobre vuestro objetivo.- Expreso dando sus condiciones. –Me parece justo.- Espere unos instantes y me marche de la tienda, el antropomorfo dejo a Kiluyu donde le había dicho la chaman, para después seguir a sus compañeros quienes esperarían fuera.

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Naiar estaba ahora a solas con el licántropo, lo despojo de sus ropajes dejando tan solo aquello que cubría sus intimidades, estaba tendido sobre una de madera, sujeto por unas correas, por si acaso el conjuro fallara y hubiera alguna complicación, debido a la naturaleza irascible de la rada licántropa, la chaman consiguió hacer que abriera los ojos y pudiera verla, aunque ahora los ojos del lupino yacían como los de los muertos que se hallaban en las aguas que rodean la cabaña. Con suavidad Naiar paso una, extraña hoja de una planta, su forma no era la de una planta conocida, pero con ella, la chaman la paso con cuidado desde la frente, hasta llegar hasta el ombligo donde termino de deslizar aquella extraña hoja, aunque no lo dijo esta planta poseía unos efectos analgésicos importantes, pero no calmarían todo el dolor que pudiera llegar a sufrir, Naiar se retiro un instante, dejando que el licántropo pudiera ver donde estaba y como era todo este lugar, al volver la chaman llevaba unos polvos en su mano derecha, los cuales vertió en las heridas del licántropo. En el momento en que hicieron contacto en la piel, aquel polvo de aspecto arenoso empezó a hacer efecto, sin remedio ninguno el lupino empezó a sentir un fuerte ardor, un dolor terrible en su costado, Naiar mientras este se quejaba por el dolor, pareció empezar a convulsionar al tiempo, que narraba unas palabras las cuales nadie podría entender, hablando un extraño idioma mientras que su voz, cada vez más oscura y maligna hacia presa del lugar. Naiar callo repentinamente y poso su mano sobre la zona afectada, las heridas empezaron a sanar por arte de magia, como si se estuvieran cauterizando. La curandera volvió su mirada al lupino mirándole a la cara. –Todo tiene un precio en esta vida.- Dijo cruel y despiadada, como ella había dicho anteriormente, el pago no era suficiente para lo que le pedían, así que se cobro ella su parte y poco a poco, el mismo dolor que el lupino había sentido cuando Naiar vertió aquel polvo sus heridas, empezó a notarlo en su rostro, en el costado izquierdo, era tal el dolor que sentía que ningún hado sería capaz de describirlo en sus canciones.

*Fuera de la cabaña*

Esperaba impaciente a que Naiar terminase, tenía muchas preguntas para con el tesoro de Pelegos, pero en cierto modo sentía preocupación por mi lupino subordinado, habíamos logrado traerlo hasta aquí, pero ¿Qué haría ella con él? Dijo que el pago fue insuficiente, así que solo podíamos esperar a ver el resultado, Blood me puso su mano en el hombro mientras sacaba una petaca con ron. –Debes tranquilizarte.- Dijo antes de dar un trago, para después ofrecerme la petaca, la cual tome y de esta di un sorbo también. –Ya estoy tranquilo.- Comente, entonces preferí no seguir torturándome mas por el estado de mi subordinado y me dirigí a Ame, a la cual hacia al menos dos años que no había visto. –Así que, unos piratas, te contrataron para matar a un pirata.- Comente con gracia a Amanda. Mientras ella y yo charlábamos el resto del grupo hacia lo mismo, todos conversaban entre ellos, algo en lo que no gaste mi atención, supongo que charlarían sobre que ocurría dentro de la cabaña, o que extraños poderes tenia Naiar, lo cierto es que ni yo lo sabía, pero tampoco estaba dispuesto a comprobarlo de eso no había duda.
Una hora pasaría antes de que, la chaman nos dijera que podíamos entrar, entonces entre en la cabaña para ver el resultado el cual, estaba cubierto aun por la curandera. -¿Está vivo?- Pregunte rápidamente, fue la primera y única pregunta que se me ocurrió, Naiar me miro con una sonrisa en su rostro, conocía esa forma de sonreír maquiavélica y característica, que solo ella tenía. –Tranquilo Morgan, tu lobo está vivo.- Al oír esto, me sentí bastante aliviado. –Pero como vuestro pago, no fue suficiente, me e cobrado yo lo que faltaba.- En cuanto escuche esto, sabía que la chaman había hecho de las suyas, ¿Qué se había cobrado? ¿Mi barco? Sin duda con su poder no tendría problemas en destrozarlo incluso desde aquí, entonces la curandera pelegosta se aparto permitiéndome ver la culminación de su trabajo, entonces lo vi, el rostro del licántropo había sido deformado, todo su costado izquierdo parecía como si lo hubiera puesto en una plancha para cocinar, sin duda no podía describir exactamente como había quedado el rostro de Kiluyu, pero al menos estaba vivo. –Por hoy es suficiente, será mejor que descanséis, pero mañana os marchareis de mis tierras, tras daros la información que solicitéis.- Dijo amenazante, yo asentí sin intención ninguna de discutírselo, había sido un día largo y la oscura noche había caído tiñendo el lugar, además en el aire flotaba una densa niebla espectral que confería un terrorífico aspecto a la cabaña y sus alrededores.

----------------

Off rol:


Bien vamos a ello, hemos entrado en la cabaña, una vez dentro describid lo que veis, como os sentís, charlad comentad sobre lo que queráis, hablad con Amy si os apetece o incluso con Naiar, tras lo que le ha hecho a Kiluyu, bien procedo a explicar.

En este turno tampoco hay demasiado, habéis entrado en la cabaña de Naiar, habéis visto lo que os interesaba y no se os ocurra robarle nada, a menos que querías vivir claro, durante el conjuro no escuchasteis la terrible voz de la curandera ¿ok? para vosotros solo es como si estuvierais una hora fuera de la cabaña.

Kalu por fin termina tu infierno, como transporte de moribundos.
Yvonne esta semana, estuvo muy muy ajetreada, me dijo que trataría de postear pero no le ha sido posible, aun así tiene una falta pero sin castigo puesto que me aviso por skype, tanto a mi como a Athan y Khaelso que también me avisaron de su ausencia, en cambio Kiluyu recibe castigo severo, pues aunque es activo, ya a agotado el plazo de tiempo dos veces y por ello, ahora tiene la cara deformada, tened en cuenta que yo los plazos de mastereo me los tomo muy seriamente y si agotáis el plazo repetidas veces, aunque posteeis recibiréis un castigo, no os matara pero os puede hacer mucho daño.

Bien debido al hechizo de Naiar, la parte izquierda del rostro izquierdo de Kiluyu, esta completamente deformado.
Esta imagen es solo en concepto, para que os hagáis una idea de cuan deforme quedo su rostro.
Aventuras de un navío oscuro - Página 5 Gothmog

Repito que es un concepto, Kiluyu no tiene cara de orco, pero si esta deforme ahora.
Bien, desde ahora tenéis una semana para postear, podéis hacer lo que queráis, excepto Kiluyu que tu podrás moverte libremente en cuanto entramos en la cabaña por segunda vez, por cierto, antes de que se os ocurra atacar a Naiar por cualquier razón, dejare una pequeña ficha, tal como hice con Bartholomew Blood

--------------------

Nombre: Naiar
Apodo: Ella
Edad: Desconocida
Origen: Desconocida

Pertenencias:

  • Innumerables hierbas medicinales, algunas irreconocibles.
  • Varias cabezas reducidas (4 en total cuelgan en su cintura, tiene otras 15 repartidas por la cabaña)
  • Ciénaga de muertos


Habilidades:

  • Dominio total y absoluto de la nigromancia.
  • Dominio total y absoluto de la biomancia.
  • Afinidad con ambas ramas mágicas.
  • Huesos traqueteantes.
  • Arranca corazones: Confiere al nigromante, la capacidad de atravesar la carne sin dañarla, pudieron arrancar el corazón de sus victimas, con la precisión de un bisturí.
  • Reanimación: Puede controlar cualquier cuerpo orgánico, haciendo que este se mueva como si fuera una marioneta, no importa vivo o muerto.
  • Crece arboles: Tiene la capacidad de conjurar arboles, plantas y otros elementos vegetales.
  • Buscacorazones: Naiar puede sentir el estado anímico de las personas, con tan solo escuchar el corazón de estas.
  • Voz corrupta, la cual solo Naiar puede conjurar y de no estar imbuido por su magia de reanimación, haría enloquecer a los hombres/mujeres que la escucharan.
  • Capacidades curativas, pues puede sanar cualquier herida e incluso realojarla en cualquier otra zona del cuerpo.
  • Manipulación vegetal: Controla las plantas que hayan cerca u alrededor del conjurador, sometiendolas a su voluntad.
  • Zombificar, Naiar tiene el poder de revivir cuerpos los cuales mantienen conciencia y recuerdos, pero estarán sometidos a sus deseos
  • Styx, el lago de Naiar fue corrompido por ella y todos los muertos que allí descansan, obedecen a la chaman, atacaran y unirán a sus enemigos en el pantano por siempre.


Tiene mas habilidades, pero creo que con esto ya os queda mas o menos claro de lo que puede o no hacer. Para empezar deciros que Naiar es un PNJ de nivel 15, con lo cual, si queréis atacarla pensároslo bien.

stats:

Resistencia: 6
Fortaleza: 5
Agilidad: 10
Destreza: 90
Esencia: 155
Espíritu: 170

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Thorin
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