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La Última Noche de Thenthar

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La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Svadro el Sáb Feb 09, 2013 5:14 am

La Última Noche de Thenthar


- Papi, le tengo miedo a la oscuridad. Eso es malo. ¿No me dejas una vela prendida?
- No, hijo, no... No le tengas miedo a la oscuridad. No todo lo que da miedo es malo.
- No todo. - Dijeron las sombras.

Es mediodía y los pájaros que surcan el despejado cielo pululan entre los tejados de las cabañas del pueblo de Thenthar y las ramas de los bellos árboles del Bosque de Physis. A lo lejos se puede ver el camino principal que cruza los Llanos de Aux, comunicando el oeste de Ehorinder con Efrinder, y de él sale un pequeño camino de tierra con muchas piedras a sus costados para delimitarlo y señalarlo. La verde hierba y las feas malezas crecen indistintivamente y azarosamente por todo el lugar. A medida que uno se acerca al bosque, esta esmeralda parte de la naturaleza se hace cada vez frondosa, espesa, impenetrable. Pero no es así en Thenthar donde, luego de un par de años, los colonos alisaron el terreno, quitaron malezas y construyeron sus hogares.

Thenthar es un pequeñísimo pueblo que si no fuera miembro de la Confederación de Görsis no tendría ningún visitante ocasional exceptuando, claro, las bestias que se aventuran a salir del bosque. Un enorme edificio forma el centro del pueblo, a partir del cual todas las demás pequeñas cabañas se acomodan a su alrededor. Esta gran edificación es La Posada del Gruñón, un lugar que es capaz de albergar a casi cincuenta almas. Por fuera luce como un castillo, un palacio. Situado en una pequeña colina y construido con piedras calizas, excelente cimentación, con un gran letrero en su entrada, iluminado gracias a lujosos ventanales, calefaccionado por múltiples chimeneas, con un vivero y un precioso jardín en sus afueras, La Posada del Gruñón es prácticamente lo único interesante en Thenthar. Fue, de hecho, la primer construcción que dio origen al pueblo, fundada por un visionario noble que vio en esas tierras un futuro gran negocio para la Confederación.

Alrededor de la posada se hallan las cabañas de los trabajadores que no pueden darse el lujo de vivir en ella. A medida que se alejan de la gran construcción, las casas se hacen cada vez más pequeñas, pero el número de sus habitantes no desciende de la misma manera. Las más cercanas a la posada no sólo fueron construidas con madera obtenida del cercano bosque sino que, al ser propiedad de los primeros colonos, también cuenta con algunos lujos que otros no pueden permitirse. Hay alrededor de 12 casas rodeando al "palacio".

Hay varias cosas que decir acerca de aquel pueblo. Al norte de él se ubican las granjas, donde en este momento las señoras y señoritas cuidan de la cosecha. Hay de todo, pasando por campos trigo y maíz, hasta huertos de frutas y hortalizas. Lechugas, eso es lo más cultivado en aquellos campos. Todo el campo está provisto de agua de un pequeño afluente subterráneo del río Physis, por lo que los granjeros no tienen mucha dificultad a la hora de lograr una buena cosecha. En medio de todo el campo hay un molino, con sus aspas girando lenta y grácilmente al son del viento.

Al oeste se encuentra el ganado: vacas, cerdos, cabras y ovejas andan a sus anchas pastando por los llanos. Los pastores se hallan conversando mientras vigilan a su rebaño y los perros adiestrados ladran a las vacas para que dejen de alejarse y vuelvan al grupo, pero estas ni caso les hacen. Aquí es donde la hierba y maleza no fue arrancada. Sabia decisión, pues sino ¿dónde comería el ganado?. Pues al sur de Thenthar la zona es árida, no crece ni la maleza. Esa tierra tiene matizes rojos y anaranjados, y es imposible que algo crezca allí. Se dice que antes de que Thenthar existiera hubo un intento de colonizar estas tierras, pero la idiotez de ciertas personas causaron la desgracia de muchas otras.

Al oeste del pueblo, cerca del bosque, un grupo de hombres y sus jovenes hijos traen y llevan de aquí para allá grandes leños y estacas de madera. Están construyendo una empalizada frente al bosque y aún no está terminada. No muy lejos de los trabajadores hay algo que parece un almacén, donde el olor que emana de él hace dar la sensación de que se trata de un aserradero.

Hay otras cosas, por supuesto, en el pequeño pueblo, pues aunque sea chico no implica que sea aburrido. No muy lejos de la posada hay una cabaña que echa humo a montones. Es el hogar de un enano herrero, que ahora mismo se encuentra en su taller, un anexo de su casa, martillando una espada al rojo vivo en su yunque. Cerca de allí hay una dama elfa recolectando algunas flores que crecen libremente alrededor de su casa, pero a juzgar a la gran cantidad que tiene en su canasta parece que estuvo quitando algunas del jardín de la posada. Junto a esta elfa hay otra, al parecer la hermana gemela, que va cantando y danzando alrededor de su hermana.

Los niños corretean mientras patean una pequeña bola de tela y los muchachos apoyados en las paredes de sus casas intercambian miradas con las jóvenes que pasan cerca de ellos. Sentado en un pequeño banco, un hombre bastante entrado en años, de larga barba, supervisa la construcción de la empalizada.

En la puerta de una casa, sentado en unos escalones, hay un anciano humano narrando historias a un grupito de niños que se acercaron a escuchar sus disparates. Del otro lado del pueblo, un loco hombre de fea barba revuelve los arbustos como si estuviera buscando algo para luego resignarse y comenzar a caminar dando tumbos, sin dejar de moverse de un sitio a otro. De tanto en tanto, el loco se choca contra una torre en construcción que hay no muy lejos de la casa del herrero. Esta "torre" es más bien una atalaya construida de madera y hay unos hombres trabajando en ella, tan concentrados que ni percibieron al loco hombre.

Junto a la atalaya hay un árbol. Uno muy particular. Un gran árbol, de unos 20 o 25 metros, con un tronco de un gris muy claro da sombra a unas cuantas cabañas. Sus hojas son de un rosado muy fuerte y junto a decenas de ramas forman una copa realmente inmensa. El tronco de este árbol es extremadamente suave, tanto como la seda. El fuerte viento que corrió en el lugar se robó algunas hojas de aquel árbol e hizo que bailaran bajo la bóveda celeste y los niños corrieran tras ellas...

Spoiler:
De acuerdo, he aquí las instrucciones. Todos pueden hacer lo que quieran por el pueblo. Desde charlar con alguien hasta mirar las edificaciones. Trabajen a partir de las descripciones que hice, pueden añadir algún dato pequeñito pero nada más. Todas las acciones serán abiertas y los PNJ serán controlados, naturalmente, por mi. Es mediodía, así que estarán tranquilos. Pero cuando llegue la noche...

Cualquier pregunta me la hacen por MP o si quieren puedo abrir un OFF.
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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Yindel el Dom Feb 10, 2013 6:23 am

Tome una larga bocanada de mi pipa antes de arrojar una larga exhalación de humo desde mis labios, habría estado acampando ahí desde hacía varios días, mientras buscaba lo que sería mi próximo viaje, el suave rumor de los espíritus me guiaba así como el sol, la luna y las estrellas guían a un navegante en sus largas noches en el mar, eventualmente el eterno susurro del wenku negen me dirigió a estos parajes, no hubiera hecho más que tratar de bendecir a los Pueblerinos de Thenthar de no ser porque en cuanto vi la tierra estéril al sur del pueblo sentí un fuerte dolor en el corazón, como si alguien oprimiese el palpitante órgano entre sus dedos fríos y duros… y tan rápido como se desvaneció ese dolor, yo supe cual era mi misión en ese lugar.

Los pueblerinos no fueron gran problema, cerca de mi tercer día de estadía en el centro de esa tierra muerta les entro curiosidad que hacia un orco acampando ahí y enviaron algunos hombre a charlar conmigo, y pese a que inicialmente parecían estar dispuestos a repelerme del lugar a punta de espada, solo tuve que explicar cuál era mi propósito, y ya que en el proceso de purificar a los espíritus de esa tierra muerta, esta regresaría a ser fértil, los humanos se mostraron más amables conmigo, incluso algunos decidieron permitirse entablar conversaciones cuando me dirigía al pueblo por alguna que otra situación o los más osados incluso hacían pequeños trueques conmigo, con los cuales conseguía buena comida, y un poco de compañía, con los aldeanos no hablaba cosas muy profundas, preguntaba sobre sus oficios, la vida en el pueblo, me llegaron algunos chismes, pero nada importante, cuando se me hablo sobre la empalizada, declinaron la ayuda de mi fuerza orca.

Eventualmente, los aldeanos se acostumbraron casi completamente a mi presencia en el transcurso de una semana, y el “Orco loco que bailaba en el yermo” paso a ser menos noticia.
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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Bayeblín el Dom Feb 10, 2013 8:36 pm

El insípido sabor de la carne seca y envuelta en sal para conservarla era algo muy natural y nada repugnante para Gavryel, acostumbraba llevar ese tipo de alimentos y bebidas como leche fermentada en bolsitas pequeñas de cuero, de las cuales se degustaba unas cuantas veces al día.
LLevaba ya unos cuantos días caminando por el bosque de physis perdido como si de un laberinto se tratase. Aún de vez en cuando sacando la brújula no se situaba hacia adonde debía marchar para salir de aquel frondoso sitio. Su querido y toscado mapa no tenía figurado nada sobre Efrinder, pero Gavryel debía recorrer los lugares más reconditos del mundo para poder conseguir crear la banda, o al menos integrantes.
No le preocupaba nada la ausencia de su amigo Harakiry, ambos sabían que volverían a encontrarse, esperando cada uno que el otro hubiera conseguido más que magulladuras en el cuerpo.

En sus travesías por el bosque halló restos de ropajes, ni le tranquilizó ni le alarmó. Gavryel había desarrollado una simpatía por la soledad equitativa a la de estar rodeado.
En las noches o tardes que no caminaba, en las que solo observaba los árboles, Gavryel recordaba a sus padres, intentaba no pensar en ambos y acto seguido oraba de forma indiferente alguna plegaria a Delia y Karzun.

El recuerdo que más le atormentaba era el de la última discución que tuvo con sus padres antes de marchar de la ciudad.
Había estado nervioso y con dudas hasta que intentó hablarlo con ellos, explicarles que ya no creía en el reino, que no existía nadie para él encima suya. Las riñas se transformaron en discuciones y las discuciones en peleas, su padre intentó incluso lisiarlo para que no marchara pero Gavryel más joven y entrenado como estaba logró reducirlo para irse de allí con lágrimas en los ojos, y no lágrimas de dolor. El recuerdo más exacto es la imágen de su padre dólido en el suelo y su madre contemplando llorosa, ambos padres viendo a su hijo marcharse para no volver ni verlo más.

A esto seguía la oración a los dioses, en la cual intentaba refugiarse, ya que con la ausencia de alcohol, el dolor mental es muchisimo más tangible que en la sobriedad, donde caben más y más ideas y maquinaciones en la cabeza.

El tiempo pasaba y el color verde se le antojaba tedioso y maldito, no porque odiase la naturaleza, sino porque tuviera abstinencia de su bebida favorita mezclando la ausencia de paisaje montañoso o de río, su preferido. La imágen del enano perdido,armado y escudado andando por unos bosques tan bellos era tan rara como interesante.
Asi fué como en una tarde, escasas horas para la noche, Gavryel vió en la anaranjada lejanía, personas, humanos, exactamente muchachos jovenes logró concretar al acercarse un poco más de forma cautelosa.
// Talan árboles... parecen buena gente, ni si quiera van armados solo llevan sierras y hachas de tala. // Pero no era motivo suficiente para fiarse, algo que le habían inculcado en la academia y él mismo fue la confianza, había que saber dar y recibir confianza de forma prudente pues gracias a ella uno podía mantenerse vivo o muerto, en los casos más extremos, pero era así, quisiera quien lo quisiera.
Gavryel se mantuvo agachado entre maleza un buen rato pensando si ir hacia ellos o no, viendo las gesticulación de las palabras que intercambiaban, las formas en que talaban y sus movimientos, como intentando deducir sus conductas.
Al cabo de unos minutos se acercó decidido, sin portar armas en la manos, vacias y amistosas.
- Saludos compañeros.- Aún sabiendo que eran mozos tenía sus manos y su cuerpo preparadas para cualquier cosa. - Ando buscando trabajo a cambio al menos de techo y comida, - Observó la madera talada.- ¿conoceréis algún sitio donde se ofresca lo que busco?- Las palabras del enano sonaban firmes y convencidas, sin mostrar cobardía ni valentía, solo seguridad, y esperando alguna respuesta de parte de los desconocidos.


Última edición por Gavryel el Lun Feb 11, 2013 6:51 pm, editado 1 vez


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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Invitado el Lun Feb 11, 2013 5:13 am

De todas las cosas que alcanzaron a sorprenderla durante su niñez, no había ninguna tan encantadora para Isilmîr como lo era el sonido de los bosques. Desde ese entonces, comprendía que los árboles y las criaturas que los rondaban y habitaban en ellos, hablaban incluso con más claridad que las gentes de su pueblo y las de todos aquellos rincones que había encontrado entre los límites de su ahora lejana Erithrnem y los confines de la fulgurante Erinimar. Sabía, por ejemplo, que las eufonías de la noche eran diferentes a las que trae consigo el próximo día: en la sombra, los bosques hablaban grave, a veces pausado y con delgados matices, mientras que a la llegada del alba, la fuerza y la aguda insistencia del cántico bestial, despertaban a todos aquellos que se dejaban capturar fácilmente por los sentidos resonantes.

Fue exactamente así como la joven de pálidos cabellos despertó esa madrugada, abrigada entre las gruesas ramas de un almendro que yacía helado ante el abrazo del rocío. Un pequeño y colorado pájaro chillaba sobre su cabeza, escondido entre la frescura de las hojas que coronaban y protegían el cuerpo acurrucado de la Elfa, quien abrió sus ojos de inmediato, mientras se estiraba con torpeza.

Se encontraba en las afueras del bosque de Erinimar, donde los árboles miran directamente los Llanos de Aux; su destino y sendero preliminar antes de hallarse en el Bosque de Physis. Fue entonces que, con el amanecer plenamente luminoso sobre su rostro, continuó su viaje. Uno tan largo como el primero que había enfrentado. Se acompañaba de lo que necesitaba; un arco, las dagas, su morral y el caos de frutos secos que se escondía en su lanoso interior. No era un horizonte extraño todavía, pues había llegado a la tierra de los Elfos Dorados a través del mismo, desde las profundidades de Erithrnem, sin embargo, entre ideas y conjeturas improvisadas la esperaba un menudo desvío, próximo a las tierras nuevas que sus ojos no habían alcanzado a descubrir en el gran viaje realizado hace cuarenta años atrás.

Los días se prolongaron y acontecieron con agradable calma, y la Elfa dejó kilómetros tras de sí antes de encontrar su primer contratiempo: un sendero -para variar-. Raíz del camino principal. Lo bordeaba un par de filas de piedras que habían sido dispuestas en perfecto orden, concretando un suelo trabajado e incomparable con la disparidad del resto del paisaje. Esto, si bien no le resultaba extraño, capturaba su curiosidad de otra forma, una muy diferente a la que traían consigo los bosques y sus atajos, y es que nunca se encontrarían las mismas cosas siguiendo el habitual rastro de hojarascas, que adentrándose en un camino que ha sido pensado y hecho por los Hombres o los Elfos.

Y se quedó allí un largo rato, jalándose y masticando la punta de la trenza que era su cabello; una costumbre que arrastraba desde el inicio de su juventud y que repetía tal cual ante el nerviosismo y el desorden mental. Miraba hacia todas partes, aunque sin prestar atención a nada que no fuera el perfecto camino de piedras por donde apenas avanzaba, insegura, con una lentitud que resultaría desesperante para quien la viera. Sin embargo, entre la duda y el gusto por saber de qué se podría estar perdiendo, no tardó nada en tropezar con la entrada hacia un… lugar.

Había llegado hasta un poblado, donde un montón de pequeñas cabañas yacían dispuestas de una forma que, a los ojos de la inexperta Isilmîr, resultaba levemente particular: era -pensaba- como si la separación entre todas ellas fuera el resultado del mero y apresurado deseo de contar con un espacio personal mas que para conseguir una calle ordenada. Sin embargo, y a medida que se adentraba por la que suponía era la vía principal, no sólo crecían las moradas, sino que comprendía que la organización de todas éstas se debía a partir de una colina que se encontraba delante, no muy lejos, y que en su cima, era coronada una obra enorme, mayor a todas las que conseguían rodearla.

La inmensidad de esa casona no tardó en impresionarla y todo lo que había brotado a su alrededor le parecía magnífico. Algunos pueblerinos comenzaban a salir de sus casas, cosa que siempre acostumbraba ver cuando ya era mediodía, y ella, tras el intercambio fugaz de algunas miradas, continuó su recorrido.

Y así estuvo durante un rato, viajando, mirando y ofreciendo sonrisas como una extraña que se divierte siéndolo. Tanto había recorrido, que no se perdió el detalle de algunos sencillos espectáculos que acontecían en el pueblo: descubrió que el norte de esas tierras era hermoso y vio a sus gentes recorrer y espigar por campos dorados y los suelos verdosos. Prontamente escapó hacia el oeste, más allá de los rebaños, donde yacía una frondosa arboleda; el encuentro de las cabañas y el Bosque de Physis. De allí, aparecían y se adentraban hombres y niños que cargaban desde astillas hasta grandes troncos. Sin embargo, mientras algunos pequeños acompañaban a los hombres en sus labores, otros en tanto disfrutaban de las vastas calles, gritando y corriendo con graciosa torpeza, levantando una delgada nube de tierra que rodeó a la ahora empolvada Isilmîr.

Fue entonces que los ojos dorados de ella se vieron capturados por un par de escuálidos pétalos color rosa que se asomaban entre las pequeñas piedras y el pasto seco del suelo terroso. Los alzó entre los dedos, frotándolos para descubrir la piel suave que los abrigaba, sin embargo, cuando su mirada se levantó confusa ante la textura singular, pudo encontrar inmediatamente la cuna de éstos: Los pétalos, eran en realidad las hojas brillantes y rosadas que caían desde lo alto de un gran árbol de tronco gris, y si bien no estaba lo suficientemente cerca, era tan grande como para atisbarlo desde la Posada en la colina.

Frente a la intriga que significaba éste, su nuevo encuentro, la muchacha volvió a buscar a los pobladores con la mirada. Lo cierto es que todas las gentes se alejaban tan apresuradamente como llegaban a su alrededor, dando cuenta de los mil deberes que cada uno acarreaba entre manos. No así un anciano, el único hombre que no parecía llevar prisa en ese pedazo de pueblo; de una barba larga y gesto vigilante, yacía sentado en un pequeño banco, posando sus ojos en el cercado que los hombres y niños levantaban frente al Bosque. No parecía alguien dispuesto a la interrupción, sin embargo, la curiosidad de Isilmîr parecía siempre infinita, y evitar un poco -nada- discreto acercamiento no era algo que se hubiera detenido a pensar ni en ese momento ni en ningún otro. Frenó al verse a un par de metros del anciano, creyéndose con una buena idea. Entonces, cuando por fin tomó el suficiente aire:


-Dichosos los ojos que las contemplan cada día. Son bonitas. Me pregunto ¿Cuál es la historia del gigante de copa rosada?... -su aguda voz se escuchó fuerte, más de lo que alguien que conserva buen oído podría considerar prudente.

Levantó la mirada hacia el anciano, abriendo sus ojos más de lo normal y encogiéndose de hombros con la ligera esperanza de recibir un trato de vuelta. Se sintió abrumada por la cobardía, y la vergüenza provocó que arrugara un poco su pequeña nariz, al tiempo que ocultaba el leve sonroje de sus mejillas con las hojas que aún sostenían sus dedos y que tan bien acompañaban al dulce matiz que su rostro había acogido.


-¿La conoce usted? -dijo, en un intento de parecer más franca, y esta vez, con un sonido que tan sólo ella y él hombre podrían escuchar.


Última edición por Isilmîr el Lun Feb 11, 2013 11:29 pm, editado 1 vez (Razón : ¡Cambio de pregunta!)
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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Hans Stoker VII el Lun Feb 11, 2013 5:39 am

Hace siete dias...

Era de noche, todo era normal, la luna y las estrellas eran como la de cualquier noche, las frías paredes de piedra del templo se mantenían rígidas y firmes como de costumbre, las dos piedras negras que habían en el techo seguían estando separadas por dos piedras entre ellas, incluso las hojas que habían en mi escritorio se mantenían ahí, pese al viento que entraba por mi ventana sin cristal, todo era normal, excepto la razón de mi despertar. La gran bola de bronce golpeaba las paredes internas de la inmensa campana que se encontraba en la azotea de la gran catedral, mientras mi puerta de madera, que se hallaba cerrada bajo dos llaves como de costumbre, era golpeada por alguien. Era una serie de golpes calmados y firmes, acompañadas por una voz masculina que tarde unos segundos en reconocer, era el padre Claude Duvalier, el encargado del área de investigación de la iglesia.

Hans... Hans, abre la puerta, hay algo que debo informarte. Decía con su voz carrasposa de siempre, producto de años dedicándole letanías a Luminaris.

El constante golpeteo de sus huesos contra la madera lograron que levantara mi cuerpo del viejo colchón de paja que me ha acompañado por tantos años, además de que la información del padre Claud es casi siempre de una nueva cruzada que me sera encomendada. Me senté en el borde de la cama y con ambas manos lleva mi cabellera hacia atrás, estancándola detrás de mis orejas, aun algo adormecido por las pocas horas de sueño que había tenido le dije al padre Duvalier...

Enseguida padre, deje cubrirme un poco para atenderlo como es debido. Dije con el tono de voz más claro que podía a esas horas de la noche.

Me puse de pie y pude sentir la fría y dura roca de la que estaba hecha mi habitación. A los pocos pasos pude sentir el viento chocando de frente con mi cuerpo desnudo, la piel se me puso de gallina y termino por despertarme completamente. Me acerque a la rudimentaria mesita de noche, que había a unos pocos metros de mi cama, y con ambas manos tome un poco de agua del pocillo que allí se encontraba. La lleve a mi cara para limpiar mis ojos y mojar mi pelo, luego lave mis axilas y mi pecho. Camine tres pasos hasta una silla de madera hecha por algún monaguillo en los talleres didácticos, tome mis vestimentas, aun sucias con sangre y tierra, producto de mi reciente anterior trabajo. Me vestí completamente, exceptuando mi abrigo de cuero, que estaba siendo lavado en el subterráneo, corrí ambos cerrojos y abrí la puerta. El padre Claud estaba apoyado en la baranda de madera que había enfrente de mi cuarto. Llevaba la misma sotana blanca de siempre, con una cuerda color rojo carmín en su cintura, a la altura de sus talones la sotana tenia algo de tierra, seguramente por el contacto constante con el suelo. En sus pies no llevaba sus típicas sandalias de cuero, esta vez traía unas zapatillas de dormir hechas de lino, eran de color azul marino y la parte inferior eran de suela.

Padre Duvalier, lamento haberlo hecho esperar. ¿Que requiere de mi persona esta vez? Dije con tono respetuoso.

El padre Duvalier se dio vuelta y me miro con los mismos ojos azules de siempre, con la mirada cansada que tiene todos los días, y la misma quemadura en toda su mejilla izquierda, hecha por un demonio hace ya muchos años. Su escasa cabellera de color café muy claro y algunos mechones blancos se dejaba entrever bajo su capucha, en su cuello llevaba un crucifijo que nunca antes había visto, aparentemente era de plata, con un zafiro adornando su parte central, la cadena parecía ser de plata también. Su tez era igual que siempre, clara pero tostada por el sol, aunque estaba algo mas pálido de lo normal, seguramente por el viento helado que salia de mi habitación, que nos impactaba directamente a ambos, a mi en la espalda, a el en su rostro. Cuando abrio la boca para hablar pude ver sus dientes, cada uno de ellos estaba en su sitio, excepto uno de sus caninos, el superior derecho para ser más especifico, perdido en una ofrenda de dolor hace ya 18 años.

!Hans¡ No te escuche salir... Eso debido a que los años se estaban llevando poco a poco su capacidad de oír, es que a los 60 años de edad, de los cuales 50 fueron sirviendo a Luminaris le cobra algún sentido a cualquiera.
No te preocupes, no espere casi nada. El obispo Antero requiere de tus servicios, vamos a mi despacho para explicarte mejor tu mision. Dijo, a la vez que giraba hacia la derecha, dirección de las únicas escaleras que subían desde ese piso. Ambas manos las llevaba escondidas en las anchas mangas de su túnica.

Asentí con la cabeza, me di media vuelta y cerré la puerta. Comencé a caminar detrás del padre, ambos guardamos silencio, y solo se escuchaba el tañido de la gran campana del tejado y el cantar de los monjes que se encontraban en el primer piso. Me acerque un poco a la baranda de madera para presenciar el maravilloso vitral que adornaba la pared trasera del gran altar del primer piso, y es que la vista desde el piso sexto siempre me ha encantado. Comenzamos a subir los escalones de la vieja escalera de madera, a cada paso los escalones crujían por nuestro peso, y el sonido de la campana se hacia más y más fuerte. Ya en el piso octavo (No hay forma de llegar al piso séptimo desde el piso sexto, debido a que su única escalera de acceso se haya tras una puerta cerrada bajo llave, una única llave guardada por el obispo) entramos a su despacho, el padre abrió la puerta y me dejo entrar primero. Ante mi se abrió paso a una habitación exquisitamente amoblada y decorada, las paredes eran de piedra, igual que todas las demás, en el techo habían estacas de madera que cruzaba de lado a lado la habitación, un fuego que chisporroteaba en la chimenea alumbraba y calentaba toda la habitación, y el cristal en las ventanas evitaba que el calor se escapara. El padre cerro la puerta tras mio, y camino hasta su escritorio, se sentó y saco un par de hojas de papel. Las comenzó a leer en voz alta, estaba escrita por el puño del obispo, detallaba la misión de la que me hablaba el padre Duvalier hace algunos minutos.

Nuestros exploradores han hallado cierto nivel de presencia maligna en las cercanías de Thentar, un pueblo sin mucha afluencia ubicado en el bosque de Physis. Tu misión es ir ahí y destruir la fuente de la presencia. Tienes libertad para purgar a cualquier otro ser maligno que encuentres.

Obispo Sixto Antero.

PD: A juzgar por la presencia, solo se trata de un ser de poder menor, pero no te confíes.


Bueno, ya conoces tu misión, puedes partir de inmediato, en el primer piso se encuentra un fraile con tu armamento y tu abrigo. Suerte, y que Luminaris ilumine tu destino.

Asentí con la cabeza y salí de la habitación. Estaba todo en silencio, la campana había dejado de sonar y los monjes habían terminado con sus cánticos. Baje las escaleras hasta el primer piso, ahí se encontraba el fraile, era un joven de unos 14 años, con cabello rapado y ojos amarillos. Me dio mi abrigo, el cual me puse inmediatamente, y mi armamento.

Templario, se me ordeno decirte que una vez en Thentar, te dirigieras hacia el edificio central, una posada llamada "La Posada del Gruñón", allí deberás encontrarte con un explorador que te dará más informacion.

Le di las gracias y salí con paso firme por las gigantescas puertas del templo.


En el presente...

Luego de siete días caminando me encontré frente a frente con Thentar, era un pueblo sin mucho revuelto, de construcciones sencillas y gente común. Una empalizada se alzaba al oeste, cercano al linde del bosque. Al sur pude ver un páramo árido e infertil, inmediatamente supuse que era obra de la presencia maligna de la que hablaba el obispo, pero no era seguro, primero debía hallar la posada y hablar con el explorador. Desde que entre al poblado los habitantes notaron mi presencia, después de todo era un extranjero, y en un pueblo tan poco visitado eso no pasa desapercibido. Me encontraba perdido y solo, no tenia idea en que parte de la ciudad estaba, desde mi posición actual solo podía divisar una cabaña de madera, de la cual salia humo y se escuchaba el golpeteo de un martillo contra el acero. Pero aun más cerca de mi persona había un hombre con barba chocando contra un torre, en la cima de esta se hallaban unos cuantos hombres que trabajando en ella.

Bueno, recapitulemos. Ya estoy en Thenthar, pero estoy perdido y no encuentro la dichosa posada. La cabaña humeante, deduciendo por el sonido del martillo, seguramente sera de un herrero o un albañil. Los hombres de la torre están tan concentrados en su trabajo que no han percibido al hombre de la barba, así que dudo que prestaran atención a un extranjero que no conocen de nada... Por ahora mi mejor opción es el hombre de barba...

Me acerque caminando tranquilamente hacia el hombre de extraño comportamiento, cuando estaba a escasos tres metros aclare mi garganta, un par de pasos más allá alce mi voz lo suficiente para que el hombre me escuchara de una sola vez...

Buenos días, soy un santo cruzado de la iglesia de Luminaris. Fui enviado aquí en una misión para purgar a los seres malignos que azotan el lugar... Necesito encontrar "La posada del gruñón", ¿seria tan amable de indicarme donde esta?

Decidí no esconder mi identidad, ya que el símbolo de los templarios en mi abrigo seria suficiente para que cualquier persona culta pudiera saber de donde provengo y para que estoy ahí.
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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Lun Feb 11, 2013 11:01 pm

Divagaba entre los recuerdos de la niñez, si es que se podía llamar niñez… Recordaba, que los arrancaban de las manos de la madre, y que lloraban hasta que se hartaban de llamarla sin réplica oral alguna, en cambio la réplica física se les cernía oscura hasta el cansancio y es entonces, cuándo se levanta con la respiración y las pulsaciones aceleradas. Ensoñación. Así llamaban los elfos de la superficie a ese estado en qué se reflexionaba profundamente sobre las acciones pasadas y se buscaba una forma de tratar de quedar en paz consigo mismo. Pero no lo conseguía, Drizzt nunca conseguía quedarse en paz siempre que esa escena asomaba a sus sueños y el tormento, volvía a hacerse patente en su rostro.

Se pasó una mano por su frente recogiendo el sudor con la palma de la mano y lo desechaba a un lado, mientras se levantaba y hacía unos pequeños ejercicios para estirar y calentar el cuerpo antes de volver a ponerse en camino. Aquella mañana, se asomaba fría y el viento no acompañaba, luego de empacar sus pocas pertenencias y colgarse el cinto de las cimitarras, empezó a andar, observando todo a su alrededor, cómo siempre hacía. Una costumbre muy “mala” que tenía era que cada veinte pasos que daba, se agachaba, comprobaba la tierra y miraba alrededor por prevenir. Siempre, siempre, tomaba el máximo de medidas para prevenir cualquier sorpresa. Aunque últimamente había relajado su atención, volvió a prestar atención a todo a su alrededor, aquella tierra era totalmente desconocida para él.

Aquel bosque, se hacía espeso, a cada paso que daba, le parecía que se internaba en un lugar sin posibilidad de retorno, pero contra todo pronóstico, cada paso que daba, le parecía que el camino seguía despejado pudiendo caminar con facilidad.
Cuánto más se internaba, más se daba cuenta de que por ahí no habría nadie viviendo, pero tenía sus propias sospechas, miraba el camino que parecía muy transitado y se mostraba escéptico. Quizá hubiera pobladores de alguna forja, o elfos silvanos en aquel frondoso bosque. Siguió con la vista fija en el camino y a sus alrededores, y optó por escoger un camino secundario, a sabiendas de que escoger otro camino, podría hacerle perder en esa zona. Se internó entre la maleza y se esfumó. Esquivando raíces traicioneras, rodeando grandes grupos de árboles que le impedían seguir adelante, estuvo durante unas dos horas caminando, hasta que llegó a lo que parecía un poblado en medio de aquel bosque. Si Drizzt hubiera preguntado antes de salir de la taberna en la que había pasado media hora dos días antes, hubiera sabido que aquel poblado se llamaba Thentar, de la Confederación de Görsis.

Era un poblado muy característico, parecía el poblado formado alrededor de un gran edificio, un edificio magnífico para estar en medio de un bosque. El resto de viviendas, se repartían sin ningún orden alrededor de aquel gran edificio. Se veían las granjas, un río que ayudaba al sistema de riego, una empalizada, aún en construcción al oeste.
Sin temor alguno de hostilidades hacia su persona, Drizzt se encaminó hacia el poblado, dispuesto a conocer aquel lugar, enclave del bosque. Dio un rodeo primero alrededor del poblado y luego dio varios pasos hacia el interior, a medida que avanzaba, veía a lo lejos una atalaya de madera, a su lado un magnífico árbol se alzaba hacia el cielo.
Quedó sorprendido por lo grandioso de aquel árbol, que se quedó plantado estupefacto por su belleza, y ahí siguió unos breves minutos...


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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Svadro el Sáb Feb 16, 2013 3:44 am

Kuugar


Kuugar despertó de su sueño, que era uno de aquellos tan vívidos que no se pueden distinguir de la realidad. Fueron los espíritus, y el eterno susurro de Wenku Negen, que le mostraron el pueblo de Thenthar y su árida tierra para que este fuera a sanarla. Los espíritus le mostraron también que estaría varios días en aquel lugar y que los habitantes, aunque se mostrarían hostiles al principio, luego se alegrarían grandemente cuando él les dijera que estaba para purificar a los espíritus de esa tierra maldita. Kuugar despertó, ya sabía que debía hacer. Pero no veía nada.

Llevó sus manos a los ojos para refregarlos, pero allí solo estaban las cuencas que antaño albergaban los ojos. Sus manos ni siquiera tocaron esas cavidades. Kuugar sintió un profundo dolor al sentir bruscamente la carne cortada de su brazo pues ahora, donde deberían estar sus manos, solo corría la sangre. La desesperación se apoderó de él, por lo que intentó levantarse rápidamente. Del miedo, su corazón latía como si quisiera escapar de esa prisión llamada cuerpo.

Al tratar de erguirse resbaló con su propia sangre, un gran charco de sangre. Aquel líquido vital que emanaba de sus ojos, brazos y piernas no le dejó levantarse y hacía adherir su ropa contra su cuerpo de una manera realmente asquerosa. Intentó levantarse y chilló del dolor al apoyar sus cortadas piernas en la caliente hierba. Un olor a podredumbre, malicia y muerte reinaba en aquel lugar.

- Al fin despiertas. - La voz era gutural y provenía de todas partes. - No queríamos divertirnos sin que estuvieras consciente. -

Gavryel


Es mediodía y un enano casi sale del Bosque de Physis. Se trata de uno calvo pero con un largo cabello negro en los costados de su cabeza. Sus botas hacían crujir a las pequeñas ramitas que habían junto a la maleza cuando eran pisadas, su chaleco marrón oscuro de cuero brillaba cuando los rayos del sol lo alcanzaba, y sus pendientes y aros tintineaban muy débilmente a cada paso que el enano daba.

-Talan árboles... parecen buena gente, ni si quiera van armados solo llevan sierras y hachas de tala. - Era lo que pasaba por la mente del enano. Desconfiaba claramente de aquellos humanos, por lo que resolvió permanecer agachado junto a los árboles del bosque mientras los observaba trabajar. Se hallaban construyendo una empalizada. Los hombres más grandes eran los encargados de talar los árboles y hacer útiles a los trozos de madera conseguidos mediante muchísimos golpes con sus hachas o simplemente darles forma con sus sierras. Los más jóvenes se encargaban de clavar al suelo las estacas y asegurarse a cada momento de que la empalizada no se vendría abajo al primer empujón. Un extraño clima mezclado de tensión, suspenso, terror y diversión reinaba en aquel lugar de trabajo.

Gavryel decidió salir de su escondite y acercarse a aquellas personas, quienes lo miraron algo extrañados, pues del bosque no salía nada bueno últimamente. Y sin embargo, no lo miraron mal ni se asustaron, pues porque muchos de ellos se envalentonaron al pensar que si aquel enano era enemigo, como eran muchos podrían enfrentarlo sin problemas.

- Saludos compañeros. Ando buscando trabajo a cambio al menos de techo y comida. ¿Conoceréis algún sitio donde se ofrezca lo que busco?- Las palabras del enano sonaban seguras, confiadas, y uno de los trabajadores se acercó rápidamente al enano. Se trataba de un joven que rondaba por los 25 años, de tez oscura debido al continuo trabajo bajo el sol, caminaba seguro de sí mismo con la frente en alto, vestía únicamente un pantalón y unos muy usados zapatos. Su negro pelo no brillaba bajo el sol y de su piel emanaba un olor a transpiración muy grande. - Saludos extranjero. No solemos dar trabajo a quienes no viven aquí, pues sentimos que le estamos robando el trabajo y la vida de uno de los nuestros para dárselo a quien no conocemos. - Muchos de sus compañeros asentían. - Pero estamos viviendo días muy desagradables y, aunque me duela pedirla, necesitamos la ayuda de cualquiera que pueda empuñar una herramienta de trabajo. Podemos ofrecerte un lugar entre nosotros, construyendo la empalizada. O podría comentarte sobre otro tipo de trabajo, pero no lo haré, pues no te conocemos. ¿Quién eres? ¿Qué haces por aquí? -

No muy lejos de la empalizada se encontraba una cabaña construida enteramente con gruesos troncos. Desde donde estaba parado el enano Gavryel se podía ver un poco mal, ya que la empalizada tapaba un poco, a un anciano sentado en un banco que conversaba con una elfa. Otro hombre se acercó al joven que antes había hablado, parecía que le iba a hablar a este, pero sus palabras fueron dirigidas al enano. - Dinos, ¿por qué deberíamos darte un trabajo? -

Isilmir


Luego de recorrer el pequeño pueblo, la elfa Isilmir se halló frente al inmenso árbol de hojas rosadas. Miró a su alrededor, hojas en mano, buscando a alguien con quien charlar. Un anciano de gran barba y cabellos blancos, sentado en un banco junto a una casa construida con gruesos troncos frente a la empalizada en construcción, tenía su mirada fija en donde un enano y varios humanos se hallaban. Pero sus ojos estaban blancos, perdidos y sin vida.

El anciano vestía una armadura de cuero muy vieja y deshilachada, con unos extraños dibujos de colores azules y amarillos. Sus dos manos sostenían un bastón de madera y, con varios movimientos lentos y graduales, el anciano hacía pequeños pocitos en el suelo que tenía debajo de sus pies. Parecía tararear una canción, pero su torpe memoria le detenía de tanto en tanto, sólo para luego volver continuar. Antes que Isilmir se acercara a él, un hombre recibía instrucciones del anciano de cómo continuar con la construcción de la empalizada.

La elfa se acercó hasta a estar a un par de metros del anciano y, algo tímida al principio pero luego algo más franca y segura, dijo: - Dichosos los ojos que las contemplan cada día. Son bonitas. Me pregunto ¿Cuál es la historia del gigante de copa rosada?... ¿La conoce usted? - El anciano paró sus oídos y cesó de tararear, pero su mirada seguía perdida. Unos incómodos y silenciosos segundos se apoderados del momento. El anciano parecía escuchar cada sonido que surgía a su alrededor: la débil brisa que soplaba, los golpes de los trabajadores, la risa de algunos niños y la respiración de la elfa. Su nariz también estaba alerta, pues percibía el aroma de las flores del jardín de la posada, el olor a aserrín que llegaba de no muy lejos y la fragancia que de las ropas y la piel de la elfa emanaba.

- Belthalas te bendice, bella elfa… Mis ojos ya no contemplan la belleza de aquél ilustre árbol, pero mis oídos aprecian la música de sus ramas, mis manos adoran la textura de sus hojas y mi nariz… Estornuda por el polen de sus flores. - El anciano soltó una pequeña risa, corta pero sincera.

- No conozco la historia de este árbol, pues cuando llegué a este pueblo por primera vez ya estaba aquí… ¡Oh! ¡Qué bello recuerdo!... Sin embargo, muchas cosas sucedieron alrededor de aquel majestuoso milagro de la naturaleza. Historias interesantes, unas tristes y otras terroríficas. Conozco esas historias… Pero no conozco tu nombre, elfa. ¿Cómo debo llamarte? - Y el anciano sonrió.

Hans


El loco de poblada barba chocaba nuevamente contra la atalaya en construcción cuando Hans se acercaba a él. Los hombres estaban tan enfocados en sus tareas de construcción y a tal altura del suelo que no percibieron al loco ni al templario.

- Buenos días, soy un santo cruzado de la iglesia de Luminaris. Fui enviado aquí en una misión para purgar a los seres malignos que azotan el lugar... Necesito encontrar "La posada del gruñón", ¿seria tan amable de indicarme donde esta? -

Hans se había acercado al loco, a un hombre ya maduro, de unos treinta años, que se encontraba inspeccionando la nueva atalaya con una mirada de lo más espeluznante. Parecía balbucear palabras que resultaron incomprensibles para el templario. Vestía unas ropas rojas muy sucias y en su cintura colgaban en una soga varios frascos llenos de un líquido azulado y que brillaban cuando los rayos del sol llegaban él.

El loco se volteó un poco para ver mejor al cruzado y lo primero que vio fue una pechera de acero con un extraño símbolo, el símbolo que representaba a los templarios de Luminaris, Luego notó que llevaba una ballesta, sables y pistolas. Eso le hizo cambiar su rostro, que antes mostraba locura, ira y desorientación, por uno que reflejaba miedo. Pero ello no duró mucho, pues el hombre recordó las palabras que Hans le había dirigido. Reaccionó con sorna, riéndose un poco luego de cada pregunta.

- ¿Santo? Ja ja ja ¿Seres malignos que purgar? Ja ja ja. A mi me dicen el Loco de la Cuadrilla, pero a ti deberían llamarte el Loco de la Secta. Déjame en paz, hombre, que sino te voy a dar tal golpe que vamos a morir los dos... Tú del golpe y yo de la onda expansiva. - Acto seguido el hombre tomó uno de los frascos que colgaban en su cintura, sacó el corcho que había en su orificio y bebió el líquido que en ella había. A continuación el hombre empezó a temblar como un poseso durante unos segundos para luego exhalar el aire de sus pulmones con fuerza.

- La posada que buscas está allí. - Señaló un edificio que había en una colina. - Vete. No me molestes más. - Y se fue caminando erráticamente, sin un rumbo determinado, deteniéndose de tanto en tanto para apoyarse en las paredes de las cabañas para tomar aire y luego proseguir con su inexistente camino. Unos niños se acercaron a Hans, comenzaron a correr alrededor de él mientras reían y se burlaban de él llamándolo el Loco de la Secta. Luego los niños se fueron corriendo tal como cuando llegaron, para ir a molestar al Loco de la Cuadrilla.

Drizzt


Un elfo sorprendido y estupefacto estaba parado en algún lugar de Thenthar, admirando al gran árbol gris de hojas rosadas que se erguía orgulloso mostrando la danza de sus ramas al son de la música del viento. El elfo, el drow, estuvo parado durante varios minutos. Fue entonces que no muy lejos de él se escuchó un cántico, la dulce y aguda voz de una mujer, que se hacía cada vez más fuerte y más agradable de oír. Provenía de una elfa, una no muy bella, pero que no era para nada fea. Era rubia y de tez un poco clara, con un vestido celeste muy grande y cómodo, y se encontraba bailando y cantando en idioma élfico alrededor de otra mujer que, sino fuera porque su vestido era verde, podría confundírsela muy fácilmente con la primera.

Toma mis manos amor, aun están tibias
No se que es lo que me pasa, no siento ningún dolor
Miro tus ojos serenos, que me llenan de confianza
Mi luz comienza a apagarse y yo solo siento amor.


La elfa de vestido verde se encontraba recogiendo las flores que crecían entre las cabañas y la maleza para luego colocarlas en una canasta de mimbre que se encontraba bastante llena. Parecía aburrida, cansada, harta de su hermana gemela. - ¡Eithel! ¡Basta! Ya estoy cansada de que cantes ese mismo poema todos los días. - Eithel no detuvo su baile pero si su canción. - Ay, Lehtie. Es que es un poema taaan hermoso… El general Ulmo no sólo es un guerrero increíble, también es un estupendo poeta… Ay… Si tan solo pudiera estar con él… - Lethie negó con su cabeza profusamente. - Eres una tonta, Eithel, una tonta. Nunca podrás estar con Ulmo. ¡Vive en en el Reino de Urión! ¡Está muy lejos de aquí! - - No importa… Algún día… Viajaré allí y conocerá mi belleza. Y en ese entonces será mío… - Dicho esto, la elfa del celeste vestido continuó con su canto.

Elfa inmortal me llamaban y así ha sido hasta ahora
Pero una flecha traidora el pecho me atravesó
Me hace agonizar tendida, ante ti mi amado eterno
No tengo miedo, ni angustia, solamente siento amor.


Lethie, al erguirse luego de coger una flor, notó la presencia de Drizzt. Su cara cambió súbitamente, denotando miedo, horror. Le dio un golpe a su hermana en la cabeza y luego hizo un gesto con un dedo para que hiciera silencio. Eithel se extrañó un poco, pero cuando vio al Drow se asustó al igual que su hermana. Se quedaron quietas y mudas, esperando a ver que hacía aquel elfo de tez negra, preparadas para salir a correr ante cualquier signo amenazador.
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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Bayeblín el Lun Feb 18, 2013 6:28 pm

Saludos extranjero. No solemos dar trabajo a quienes no viven aquí, pues sentimos que le estamos robando el trabajo y la vida de uno de los nuestros para dárselo a quien no conocemos. - Gavryel oía al joven con credulidad, y pegó una rápida mirada a los otros humanos que asentían para volver a fijar su mirada en quien le hablaba. - Pero estamos viviendo días muy desagradables y, aunque me duela pedirla, necesitamos la ayuda de cualquiera que pueda empuñar una herramienta de trabajo. Podemos ofrecerte un lugar entre nosotros, construyendo la empalizada. O podría comentarte sobre otro tipo de trabajo, pero no lo haré, pues no te conocemos. ¿Quién eres? ¿Qué haces por aquí? -
Gavryel había asentido con la cabeza cuando el muchacho terminó de hablar,querría saber a que se refería el chico con lo de "días muy desagradables" pero no quizo indagar, aún asi no perdió la curiosidad, pero prosiguió con la conversación.
- Me llamo Gavryel, Gavryel Merwesson, provengo de Baruk'Grund, una ciudad en la lejana tierra de Thargund, estoy en un largo viaje en busca de algo íntimo que me reservo a deciros, mis intenciones son nobles podéis estar tranquilos.- " Gavryel no iba a revelar sus apátridos sentimientos y sus búsquedas. " - Será para mi más que un placer ayudaros a construir esta empalizada, podéis contar la ayuda de mi humilde fuerza.-
El sonido de las hojas y ramas de los árboles al moverse por un pequeño viento decoraba el escenerio en el que se hallaban aquellos seres, un enano y un variado de humanos hablando, ambas partes probablemente con un mínimo de tensión por la simple razón del desconocimiento absoluto sobre el uno del otro. Los aros y pendientes de Gavryel tintineaban a veces cuando este gesticulaba o hacia algún movimiento por más suave que sea con su cuerpo.
El enano se dispuso a acercarse más para darle la mano en señal de confianza al joven cuando otro hombre se acercó al joven que antes había hablado, parecía que le iba a hablar a este, pero sus palabras fueron dirigidas al enano. - Dinos, ¿por qué deberíamos darte un trabajo?
Gavryel sintió un ligero cabreo pero rapidamente intentó convencerse a sí mismo que la pregunta que acababa de recibir era normal, en las condiciones y contexto de la situación. Recordó brevemente a su padre preguntandole "¿por qué deberíamos dejarte ir, y arruinarte?", siguió con su mirada y prosiguió al nuevo preguntador: - Porque como acaba de decir tu compañero, estáis padeciendo días desagradables, y creo que cualquier tipo de ayuda os vendría bien, y aquí estoy solo pidiendo os un techo y algo de comida a cambio de mi labor, os vuelvo a repetir. - Miró a todos y extendió las manos en signo de tranquilidad.- Podéis estar tranquilos que mis intenciones son nobles y no son otras más las de poder tener algo de manuntención un tiempo aquí, para proseguir mi viaje sin causar perturbación alguna en vuestro pueblo... podéis confiar en mi.- Dicho esto bajó las manos. No estaba tan al a defensiva como al principio de la conversación, de hecho, su objetivo ahora solo era convencerlos para que confien en él, la suave tensión que hubo, Gavryel intentaba alejarla con todos y cada uno de sus gestos, de sus palabras y expresiones corporales, realmente quería el trabajo, y poder tener el preciado tesoro de dormir bajo un techo.


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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Drizzt De'Lartz el Miér Feb 20, 2013 1:46 am

Siguió admirando largo rato, aunque en verdad solo pasaron unos pocos minutos, a Drizzt se le hicieron eternos. El sol se mantenía en lo alto, y Drizzt se tenía que tapar un poco los ojos, aún no acostumbrado a aquel cegador astro. Por supuesto, agradecía poder respirar el aire de la superficie y sentir la gran variedad de aromas que la tierra ofrecía. Nunca se cansaría, nunca se cansaba, se quedó ahí, aprovechando el buen clima, tratando de apartar su brazo y mirar directamente al astro sol. Quería, por lo menos unos instantes, contemplar directamente al astro sol; apartó la cabeza al momento, mirando hacia el suelo, frotándose los ojos. Se volvió a situar mirando alrededor por si habría algún sospechoso. Aunque a decir verdad, el mismo se consideraba sospechoso, fuera donde fuera.

Se apartó a un lado del árbol, con la intención de sentarse… en ese preciso momento, escuchó a lo lejos una melodiosa voz, lo que le sobresaltó, obligándolo a incorporarse inmediatamente, escondiéndose a gatas a toda velocidad entre el follaje que había cerca. Miró alrededor y la voz seguía cantando con su armoniosa melodía. No entendía lo que decía, menos aún su significado. La melodía era música angelical a sus oídos no tan refinados y acostumbrados a aquellas melodías.

Puso toda su atención en aquella melodía, no sin dejar de prestar atención a su alrededor, y una vez comprobado que en las inmediaciones no habría nadie, avanzó a gatas, por miedo que le hubieran tendido una trampa. Para Drizzt, toda precaución era poca, después de las desagradables experiencias pasadas, aun en aquella época, sabía que el recibimiento sería hostil pero nunca había imaginado que fueran tan crueles, con todo activó al máximo las precauciones y se acercó hasta el origen de aquella melodía.

Allí, enfrente de él, veía un par de elfas, que habían empezado a hablar entre ellas. Entendió alguna que otra palabra, sobre todo por el tono imperioso con el que usaba dicha palabra. Duró un rato la breve charla, hasta que la elfa de cabellos de oro pajizo volvió a entonar la canción, canción que a oídos de Drizzt era una melodía armoniosa. Cantaba a la par que bailaba, en una danza envolvente, y su vestido de un celeste claro se acomodaba a los movimientos de la elfa.
Drizzt miró hacia la otra elfa, que negaba con la cabeza, al ver que la otra elfa no la hacía caso. Mientras se quedaba ahí, recogiendo más flores para su cesta, pudo distinguirla de la elfa bailarina, gracias al cesto y a que llevaba un vestido de color verde suave. Volvió la vista hacia la elfa danzarina, embelesado por su baile.

Y para sorpresa de Drizzt, la elfa del vestido verde, se había percatado de su presencia. No sabía qué hacer, pero tampoco quería alertarlas con cualquier movimiento que las pillara desprevenidas, entonces la otra elfa, también se percató de la presencia de Drizzt y ambas se quedaron paradas, mirándole con mudo horror. Quería tratar de hablar con aquellas elfas, pero sabía que eso también podría asustarlas, decidió permanecer quieto, a la par que trataba de alejarse de ahí, arrastrando sus pies. Mentalmente, Drizzt pensaba en qué pudo hacer para que aquella elfa se percatara de su presencia, pero se dio cuenta por sí mismo. Se había estado adelantando sin querer, hacia aquellas elfas, sólo con la intención de escuchar mejor y poder disfrutar de aquella tonada.

Empezó a levantar las manos despacio, muy suavemente, obligándose a no levantarse, para que no confundieran sus movimientos con cualquier gesto amenazador y seguía alejándose imperceptiblemente, arrastrando los pies.

Buscó la forma de distraerlas, miró alrededor y trataba de situarse, de buscar algo con lo que pudiera escapar, por más que buscaba y buscaba, sin dejar de apartar la vista en aquellas elfas, no encontraba nada que le pudiera ser útil, las elfas seguían ahí paradas, mudas del terror de encontrarse con un elfo drow. Drizzt no estaba menos sorprendido, pero una vez pasado su principal temor de que dieran la alarma o le atacaran, empezó a levantarse, aún con las manos en alto y empezó a caminar de espaldas. Hasta que llegó a la altura del gran árbol que antes había estado admirando y entonces, se dio media vuelta y corrió sin mirar atrás, dio un rodeo al poblado, veía una casa, la chimenea la cuál salía humo a un ritmo frenético, no entendía, ni lograba concebir el porqué de que saliera tanto humo, pero no se paró, pues no veía indicios de que aquella casa se estuviera incendiando, siguió corriendo hasta que divisó a lo lejos una edificación bastante alta para sus gustos de drow, se paró al instante para sopesar el peligro que supondría acercarse hasta ahí. Al pie de la aquella “edificación” pues no sabía bien que era una atalaya, vio a una persona dando tumbos por ahí y por allá… Drizzt se agazapó junto a los arbustos que había cerca, decidido a que no le vieran, pues igual no serían tan indulgentes cómo aquellas elfas. Aun dudaba, pero quería convencerse que aquellas elfas no darían la alarma… Entre tanto, y con esa mentalidad, siguió observando la edificación y a la persona que seguía dando tumbos, mientras unos hombres encaramados a aquella edificación, trabajaban a buen ritmo.


Última edición por Drizzt De'Lartz el Sáb Feb 23, 2013 12:06 am, editado 1 vez


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Re: La Última Noche de Thenthar

Mensaje por Invitado el Vie Feb 22, 2013 2:16 am

Permaneció callada, nerviosa; quieta como una gárgola de orejas puntiagudas que resiste una postura un tanto peculiar. Se sentía inoportuna ante el quiebre que sus palabras habían protagonizado en el tararear del Hombre que yacía sentado frente a ella. Creía que el tiempo transcurrido entre ambos era suficiente y que sus silencios eran lo bastante sabios como para decirle que no debía quedarse, sin embargo, lo que Isilmîr no lograba descubrir aún, era que el tiempo en su mente se escapaba frenético, aún cuando en realidad no transcurría siquiera un minuto desde la pregunta que se había atrevido a pronunciar; un sencillo juego que acostumbra la ansiedad o la vergüenza de cualquiera.

Prefería irse, retroceder y encontrar un camino nuevo con nuevas gentes, otra oportunidad donde pudiera comenzar sin titubeos ni maneras retraídas. No obstante, antes de que sus pies se aplicaran para la huida, un sonido grave, áspero y con un extraño mensaje se escuchó en los oídos de la Elfa.

Al escucharle la voz, la muchacha volvió a quedarse expectante, sin moverse aún ante la sorpresa que le había significado la respuesta del anciano. Sus palabras le parecían encantadoras y su risa aún ligera despertó gran alivio en el corazón de ella, quien se acercó lentamente hasta avanzar un metro más, dejando finalmente uno detrás y otro por delante. Los pensamientos que se le cruzaron en aquel momento llegaban veloces: preguntas breves que despertaban posibilidades que en su mayoría resultaban inexplicables. No obstante, y mientras el anciano le dedicaba unas pocas palabras, todo lo que había imaginado se esfumaba igualmente rápido, y nuevas preguntas tomaban el lugar de la anterior.

Dejó que hablara, asintiendo con la cabeza como acto reflejo, paseando los pulgares por el cuerpo suave de las hojas sonrojadas y volviendo a moverse; ésta vez, casi al frente dela figura de gran barba, aunque más cercana a su lado derecho, desde donde pudo contemplar en detalle su armadura desgastada y los colores viejos que aún yacían en la misma. Pero ella quería ver su rostro, encontrándolo finalmente, notando con un leve pesar en el pecho que sus ojos estaban tan blancos como los cabellos níveos que caían desde lo alto de su cabeza. Permaneció entonces en silencio, sin ninguna actividad que entretuviera a sus dedos, acomodándose y sentándose sobre la tierra, mirando todos los pequeños agujeros que el anciano había dejado marcados por su juego con el bastón.
Fue entonces que la última pregunta pasó por sus orejas, reaccionando con un pequeño sobresalto ante la ligera desconcentración que había provocado su descubrimiento en el rostro de aquel hombre.

-
¡Oh! Discúlpeme... ¿Mi nombre? Isilmîr Vanyarîn, mi Señor. Una exploradora que ha llegado desde los Bosques de Erinimar y que está encantada por nuestro encuentro. -agregó, improvisando al final con una dulce voz que correspondía a la sinceridad de sus palabras.

Y fue tras su breve presentación que las preguntas volvieron a rondarle el pensamiento. Volvió a dejar su mirada en el anciano, no con el aire que amerita una conversación casual, sino con el brillo que despierta gracias a la curiosidad. La había llamado 'elfa' y eso es lo que era, pero ¿Cómo habría de adivinarlo él? ¿Qué sentido habría descifrado aquello? ¿Acaso lo había alcanzado una mera intuición que se atrevió a seguir? No lo sabía. Sin embargo, volvió a perderse cuando recordó las palabras que hablaban de Belthalas, el gran árbol y varias historias se le vinieron a la cabeza.

Su sentimiento estaba lejos de la desilusión a pesar de no haber encontrado la respuesta que le contara la historia del gigante de hojas rosadas, pues todo lo que había recordado era hermoso y le llenaba el alma con una energía que sólo podían brindarle la frescura de los bosques que siempre la protegían y la abrigaban. Ante el recuerdo se quedó muda unos pocos segundos, hasta que por fin creyó haber recordado lo suficiente como para responder a las palabras del anciano. Entonces le explicó su silencio:

-
Brethil. Ése es mi bello recuerdo, traído desde las profundidades de Erithrnem. Más de uno hay en el bosque de los Elfos Lunares, pero ninguno tan enorme como Belthalas. Todo Plateado sabe su historia y los ha visto: un círculo de trece abedules plateados, madera y hojas por igual. Entre ellos bordean un claro donde las Lunas funden el brillo de sus cuerpos, volviendo la tierra de ese lugar en un ópalo extraño y hermoso. ¿Se lo imagina?

Pero su atención, lejos de la pregunta que había dejado en los oídos de su compañía, volvió a las palabras que el hombre le había dedicado momentos atrás. Sorprendida, pensó en las historias que sólo el gran árbol y el anciano podían guardar. Se preguntó qué relato tan triste o terrorífico podía esconderse en las memorias de ese lugar tan bello, sin embargo, no resultaba extraño que uno u otro pesar se atreviera a detenerse allí, y es que tal vez habría lugares, más lejanos y desconocidos donde no habría sufrimiento ni corazones rotos, mas no sabría si encontrarían el verdadero significado del amor o la esperanza en un lugar así. Sonrió entonces, dejando las dos hojas dentro del morral que acarreaba y mientras lo hacía, una nueva pregunta surgió de sus labios:

-
Ahora sabe mi nombre. Pero también sabe algo de Erithrnem... -dijo, levantando una pequeña curva con sus labios. -¿Podría entonces conseguir a cambio su nombre y una historia de esas que conoce, mi Señor?
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Re: La Última Noche de Thenthar

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