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El Eclipse del sol Negro

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El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Tanna Raeeniniel el Dom Feb 10, 2013 3:12 am

Capítulo I: Despegando
“Espacio, la frontera final” Eso es lo que solía decir la gente cuando apenas pisaban la superficie, sin siquiera haber descubierto la manera de alcanzar el cielo. En aquellos tiempos, aquellos remotos tiempos, alcanzar el espacio era alcanzar la gloria eterna, quedar en la historia del mundo, alcanzar la cima con tan solo poner un pie en su propia luna. Pero, ¡Míranos ahora!, ¡en lo alto del universo, no solo alcanzamos el espacio, sino que lo usamos, lo navegamos!. ¡Es nuestro!. Pero no todo puede ser oro y joyas, ¿verdad? No, pero claro que no. Estamos en una guerra, combatiendo a un enemigo del que ni siquiera conocemos el nombre. Miles de sistemas estelares han sido devastados a su paso, dejando solo escombros, vestigios impuros de lo que antes eran hermosas civilizaciones. Pero bueno, que se le va a hacer, así es la vida, por mucho que no nos guste, no se puede cambiar. O. ¿Si se puede?

-o-
Una imponente figura estaba frente a la ventana del puente, observando en silencio los matices de colores azoláceos del torbellino que generaba el viaje a través del hiperespacio. Los pitidos y parpadeos de las luces de las consolas del puente le eran una molestia, interrumpían ese silencio que adoraba, que anhelaba, que disfrutaba. La estructura del puente estaba coloreada con una gama de grises y blancos, pero los azules de las consolas holográficas sobresalían, haciendo un contraste perfecto con el resto del entorno.

Unos pasos revelaron su presencia hacia la puerta del puente. Esta se abrió de lado a lado automáticamente. Las partes hidráulicas hacían un leve sonido con cada movimiento de las puertas. Estas eran anchas y de un color oscuro, se abrían hacia los lados, entrando en la ranura que tenía la pared.

Los pasos comenzaron a sonar más fuerte, cada vez más cerca de él. Una sonrisa de esbozó en su cara oculta por su máscara y su capucha. Una mujer se paró a su lado.
-Sabía que vendrías. Asahi- Dijo el imponente hombre, con una voz metálica causada por su máscara. - ¿Qué te trae al puente, te cánsate de jugar con los cazas del hangar?-
-Disfruto tanto jugar con los cazas como usted disfruta estar en el puente, almirante- Respondió la mujer.

Asahi era una tarriana, de piel azulada y crestas en lugar de cabello. Sus ojos turquesa deslumbraban a quien los mirara por mucho tiempo. No era de gran estatura y era de constitución delgada.
-¿Entonces, que haces aquí?- Preguntó el hombre, tratando de llegar al punto sin que la conversación hubiese comenzado aún.
-Encontré lo que me había pedido, almirante. Me pidió que buscara gente para la misión señor-
-Ah, sí. Y dime, ¿les has contactado?-
-Acabo de enviarles un mensaje, almirante-
-Muy bien, Asahi, puedes irte-
-Antes, quiero preguntarle algo, almirante-
-¿Qué sucede?-
-Por favor Revan. ¿No te parece raro que el consejo de la Alianza nos haya dado esta misión?, Ir reclutando gente a la que no conocemos para ir a un sistema del cual ninguna nave ha regresado no es precisamente correr por un campo de flores-
-A mí también me parece raro Asahi, pero es una orden directa, ¿Qué se le puede hacer? Regresa al hangar y prepara tu nave, irás a la superficie de Youn dentro de una hora, tienes los créditos suficientes para pagar tres semanas en un hotel, si no llegan en ese tiempo, reclutaremos a otros.-
La tarriana se puso firme y saludo al hombre de imponente figura, obedeciendo la orden que le acaban de dar.
-o-

En el hangar se encontraban todos los cazas pertenecientes a la Alianza, su compuerta estaba abierta pero el escudo de energía estaba activado, por lo que suponía ningún peligro. Asahi se encontraba en la cabina de su caza, alistando todos los sistemas para poder partir hacia Youn. El escudo de energía se debilitó y el caza de Asahi descendió hasta encontrarse frente a esa canica azul, esa gigantesca canica azul que tenía por nombre Youn. La superficie del planea estaba completamente llena de agua, era un planeta hecho de océanos completamente. Salvo por la única ciudad que existía en su superficie, lo demás era agua salada, algas y peces.

El caza aterrizó en unas de las bahías de atraque de la ciudad Hurr. Asahí, una vez salió de la bahía, se dirigió al espacio puerto público, donde debía reunirse con aquellos “desconocidos” que eran de vital importancia para el consejo y para el almirante.



Una foto de Asahi
Spoiler:

En vuestro primer post debéis explicar como llegaron al planeta y como os encontráis con Asahi, el límite para postear es una semana. Cualquier duda, posteadla en el OFF Rol de la partida
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Gigan el Dom Feb 10, 2013 4:02 am

14 de Junio, planeta Sebes, ciudad Serier.

El segundo sol mostraba la cara alla en el planeta Sebes, planeta de raros colores morados y un cielo siempre templado, de grandes llanuras y pocos habitantes, era un planeta pequeño, un planeta que exportaba todo tipo de plantas, cereales, granos y frutas a otros planetas en rutas comerciales espaciales. ¿Por que un tipo como yo me encontraba ahi?, ¿que hacia un mercenario en aquellas tierras agricultoras?. Era simple, ya que es un planeta de alineacion neutral y algo desolado, hacer tratos alli era una gran opcion, bastante conveniente y de poco riesgo de que me atrapasen, o atrapasen a alguien.

Llegue en mi nave de un solo piloto alli, ya que dicho planeta estaba cercano a mi planeta natal. En fin. Llegue a una restaurant a encontrarme con mi cliente, las puertas me abrieron el paso y alli mismo en la entrada empece a buscar con mi mirada al susodicho. Aquel alto y delgado hombre de tunica negra me hizo una seña, sonrei por que supe que era el y me dirigi caminando hasta el. Me sente en el tan confortable sillon, hecho de cuero y de color rojo. Estaba con mis Z3s, por lo que resultaba ciertamente intimidante a los demas, a esta reaccion de las personas aun hoy en dia me causa gracia. El mesero nos tomo la orden mirandonos algo intimidado, aquel tenia tunica negra y yo mis Z3 y aunado a esto mi armadura. No salgo sin ella a decir verdad. Yo pedi un buen filete, nada extravagante, el hombre solo pidio agua, y entonces el mesero se marcho. Yo quite mi casco y lo coloque sobre la mesa, entonces inicie la conversacion: "Muy bien, si no conoces mi estilo entonces te digo de una vez, y como podras notar desde ya, me gusta ser directo y me gusta que sean directos conmigo. Ve al grano ahora mismo." - le dije. El de tunica negra me respondio: "Ya veo. Mira, yo en realidad no soy tu cliente, yo soy el cliente de un cliente que requiere de tus servicios. Su nombre es Asahi. Es una mujer de piel azul y de apariencia ciertamente anfibia, de ojos fuertemente azulados y con rasgos faciales refinados. Por favor, necesito que aceptes, tienes que ir a Hurr en cuanto antes, alli te reuniras con ella en el puerto y... bueno, se te mostrara la verdadera mision." - mira hacia arriba y refunfuñe: "Hmph...", entonces devolvi mi mirada a el y le conteste: "Pero me debes pagar. Que el combustible para las naves no esta nada barato, eh." el tipo quito la mascara que tenia y me miro a los ojos: "¿¡Que!?. ¡No te voy a pagar nada!" exclamo fuertemente. Todos los del restaurant voltearon a nuestra mesa y el mesero, que venia con nuestros pedidos, se detuvo sorprendido. Sin mas empezo a sonar un sonido como el de un motor, grueso y seco. Este sonido era el de mi generador, ¿y que significaba esto?, que estabas bien jodido. Pequeños rayos empezaron a salir de mis guanteletas de color azul y dorado, entonces le mire con mis ojos abiertos y una sonrisa, mi expresion lo decia todo: "¿No vas a pagar?", eso era todo lo que denotaba. Pude observar que estaba deslizando su mano para tomar su arma que era una pistola, le deje pues active inmediatamente el campo magnetico... su laser simplemente desapareceria. Asi hizo pues, disparo hacia mi no una, sino tres veces, los demas estaban atonitos ante la escena, yo rei histericamente y luego, llevandome la mesa por delante, le aseste un terrible golpe en todo el rostro ademas de una carga electrica que simplemente le mato. Un golpe que fue acompañado por un fuerte estruendor.

Mi risa desaparecio, me levante de mi silla y saque dinero de mi victima, de mi querido ex-cliente, entonces se lo di al mesero (aunque realmente pague lo que me parecio, el resto me lo quede yo), volvi para recoger la mesa y luego me marche del lugar para montarme en mi vehiculo y decidir ir a Hurr como dijo este tipo. Pero me iban a tener que pagar buenos creditos...

17 de Junio, planeta Youn, ciudad Hurr.

Deje mi nave en un hangar alquilado y tome un vuelo hasta Hurr aterrizando en una bahia. Si bueno, ¿como sabria donde encontrar a esta tal "Asahi"?, Hurr era una unica ciudad en un planeta conformado de unicamente agua, agua aqui y alla, no iba a ser tan dificil encontrarla, habria de estar en algun puerto.

... Y como predije, la encontre. Concordaba perfectamente con la descripcion que me dio aquel idiota, asi que si, era ella. Me acerque a paso lento con toda mi armadura encima, mi metralleta, puños y demas... si era una mision debia estar preparado, y de aqui no iba a devolverme a buscar lo que necesitase, asi que llevaba todo conmigo.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Necross Belmont el Dom Feb 10, 2013 9:27 pm

Noreth.

Un planeta olvidado, que alguna vez albergo los más grandes guerreros. Leyendas sobre ellos aún siguen siendo contadas a los niños como cuentos para antes de dormir. Quien diría que cientos de años en el futuro esta tierra de leyendas quedaría olvidada, y que las historias de dichos héroes no serían más que eso, historias.

Un hombre leyendo sobre el pasado, descubrió un ser parecido a él, un tal Necross, este al igual que él, tenía partes de su cuerpo cercenadas por la guerra, con esto el hombre se inspiró y tomo su nombre. Ahora el nuevo Necross se prepara para una nueva guerra, el lazo que une a estos guerreros es la sangre, la crueldad de la guerra y los lobos, parece un fetiche, pero los dos seres tienen una bestia pulgosa como mascota.

Necross en Loc-lac está reparando a su mecánica abominación llamada Ray, la construyo junto a otro ser además del personal, este también posee un tipo de nave mecánica para las batallas, Necross después de terminar a Ray, asesino a todo el personal, solo dejando al otro sujeto con vida, lo hizo para que el secreto se fuera con ellos y los misterios de la monstruosidad no fueran revelados.

Junto a su lobo y Arthur, uno de los pocos amigos que tiene, está en una desolada Loc-lac, la ciudad que alguna vez fue una gloriosa utopía para vagos, ebrios, mercaderes y demaces, ya no es más que un lugar para ladrones y mercenarios, allí el hombre del lobo busca trabajo, para los trabajos pesados los grandes líderes de las nuevas naciones llaman a Necross por su gran máquina de guerra, así se gana la vida, matando.

No es de su agrado pero en un mundo como este, es necesario matar para vivir, y así lo ha hecho toda su vida, paso un tiempo con los militares, allí perdió partes de su cuerpo, estas fueron remplazadas con tecnología de la época, el hecho de ver sus partes cercenadas cuando aún era novato y otros factores, le hicieron abandonar el ejercito.

¿Así que te vas nuevamente?Dice Arthur con cierto tono burlesco.
Pues sí, y si te llame es para que me cuides al lobo en mi ausencia, no puedo llevarlo en Ray, así que me preguntaba si tu podrías mantenerlo.
Claro por mí no hay problema, pero por cuidarlo tendrás que dejar que maneje a Ray.
claro pero luego tendré que matarte.

Montado en Ray, el hombre del lobo decide dejar momentáneamente el planeta para continuar su historia en otro lugar, Se contactaron con él para que viajara al planeta Youn donde ofrecería sus servicios a la militancias, con algo de nerviosismo acepta, los nervios se deben a que lo pueden reconocer y matarlo por lo que hizo antes de huir del ejército. Después de Dos días de viaje, logra llegar a Youn, específicamente a la ciudad de Hurr. Allí estaciona a Ray en un hangar cercano como si se tratase de una nave común y corriente. Al poner pie en tierra lo primero que busca es una taberna para esperar a su contacto y de paso beber algo, con la excepción de los miembros cercenados y el lupino de mascota, los dos Necross son unos ebrios empedernidos.

Cuando entro a la taberna una mano se posó en su hombro izquierdo, Necross lentamente movía la mano hacia su pistola, Cuando una voz femenina lo hizo calmar y le aseguro que no hay peligro, Necross sin soltar su pistola se volteo para darse cuenta que la voz era su contacto para la misión.
La mujer lo guio hasta una mesa cercana para darle información sobre el trabajo.

Bien, yo solo te diré donde debes ir y a quien debes buscar. Debes ir a la bahía en dos horas más, allí te esperara una mujer llamada Asahi, tiene la piel azulada así que no creo que te confundas, Necross. ¿Por qué aceptas una misión con los militares después de que te buscan por matar a todos sus científicos?

¿Desde cuándo a ti te importa lo que yo haga?, mantengamos esto como lo hemos hecho siempre, una relación de trabajo, cuando lo termine te entregare tu parte por la información, gracias y adiós Daisy.

Necross camina por el lugar con el casco cerrado, lo hace por si lo llegan a descubrir y en caso de que necesite a Ray, lo pueda llamar al instante. Cuando logro ver a la azulada chica, estaba junto a otro hombre, como lo esperaba la misión traería más gente. Allí se presenta abriendo el casco para que vean su rostro.

Buenas tardes, mi nombre es…Gray Fox… creo que seré parte de esta misión.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Yvonne Baynham el Dom Feb 10, 2013 11:33 pm

El aire frío que se colaba en el interior a través de los conductos de ventilación aún destilaba una ligera peste a metal sobrecalentado y equipamiento quemado. La Incansable había servido en el frente durante los últimos meses como nave auxiliar de alta velocidad, aunque de esto último no tenía nada. Era una nave de reparación y reconstrucción de la flota que operaba en la Tercera División, asistiendo los buques de guerra y los cruceros averiados en batalla. Ella estaba despierta aunque no se había movido desde que abrió los ojos. Era la primera vez en un largo tiempo que podía aprovechar para descansar, aunque sabía que en cualquier momento la necesitarían en el puente de mando.
Cuando por fin estaba por darse vuelta, comenzó a oír un leve zumbido que le informaba que tenía una llamada entrante en el terminal. Había dejado el modo silencioso activado, y sin embargo estaba tan acostumbrada a la acción repentina, que percibía el zumbido como si estuviera en su propio oído.

Saltó de la cama para salvar los pasos que la separaban de la terminal y a punto estuvo de atender el llamado con video hasta que vio su propio reflejo en la superficie pulida. No tenía nada puesto encima. El rubor se adueñó de su piel nívea, a pesar de que no había nadie en la habitación para verla. Decidió atender solo por voz.

— Al habla Desjani.
— Tiene un mensaje entrante, comandante— informó el consultor de comunicaciones de la Incansable. — Cifrado con el sello de la Alianza, pero proveniente de un canal privado.

Jaylen se levantó apresuradamente y buscó su ropa, que descansaba perfectamente sobre una silla.

— No lo abra hasta que llegue al puente.

Instantes después. La comandante Desjani se sentó con rigidez en el asiento que ocupaba en el puente de mando. Los últimos meses prácticamente no se había separado del puesto, salvo para comer en algún momento entre batalla y batalla, o para echar una siesta de no más de cuatro horas. Ahora que estaba descansada, le costaba imaginar cómo había podido durar tanto tiempo al mando, y conservar su nave.

— Navegante Hemry, descanse— el hombre aludido salió por donde había ingresado la oficial al mando después de dedicarle un saludo de rigor. — ¿Y bien, qué tiene de especial el mensaje?
— Comandante Desjani, el mensaje ha entrado por vía privada pero tiene todos los códigos de cifrado de la Alianza.

Jaylen observó por un momento a los operadores que aún ocupaban su asiento en el puente, y se sintió culpable por haberse dado el lujo de descansar.

— Explíquese teniente, ¿es genuino o no lo es?
— En mi opinión, el mensaje es real y legítimo, señora— respondió el hombre, mientras tecleaba en su monitor.
— ¿Lo ha comprobado Inteligencia, teniente?
— Sí señora, han llegado a la misma conclusión— afirmó el hombre, seguro de sí mismo.
— Envíemelo a mi tableta, teniente. Han hecho un excelente trabajo, manténgame informada de cualquier comunicación.

El consultor de comunicaciones asintió satisfecho.

— Le haré llegar su enhorabuena a Inteligencia.

La comandante de la Incansable conectó la tableta a su auricular para convertir el texto en voz y se dispuso a oírlo. Al parecer, el mensaje provenía de la Sol Negro, la nave insignia del Almirante de la Flota, Revan. Según el contenido, la asistente del Almirante precisaba hablar con Jaylen acerca de su futuro inmediato, y el de la nave. Pero si necesita hablar, ¿por qué no se limita a llamarme, es que piensan someterme a un consejo de guerra? La causa, lamentablemente, no estaba explícita. Todo lo que decía, era que estaría esperándola en el espaciopuerto público de la ciudad flotante Hurr, en el planeta Youn.
Jaylen posó el brazo izquierdo en el apoyabrazos del asiento y llevó el índice a la sien, que palpitaba con fuerza. No tenía otra opción, debía cumplir con las nuevas órdenes.

— Comuníquenme con la Impávida.

Un operador hizo los ajustes pertinentes en su consola, mientras Jaylen presionaba los botones en su propio panel flotante. Irguió la espalda para quitarse los miedos e instantáneamente tuvo canal abierto.

— Al habla la comandante Desjani de la Incansable, oficial al mando de la Tercera División de naves auxiliares solicitando mi relevamiento, señor. Tengo nuevas órdenes adjuntas en nombre del Consejo de la Alianza que me obligan a dejar la flota por tiempo indeterminado.

La respuesta del mando de la flotilla demoró alrededor de veinte minutos, que Jaylen aprovechó para ponerse al corriente de los niveles de células de combustible que tenía pendiente de elaboración. Cuando se abrió la comunicación, el capitán al mando de la Impávida y de la flotilla encontró a la comandante degustando una barra de cereal. La mujer escondió con destreza el paquete y masticó sutilmente el último bocado mientras su general se presentaba.

— Al habla el capitán Tulev, me ha llegado una solicitud un tanto peculiar de su parte, comandante Desjani— a pesar del gesto pétreo del hombre, Jaylen sabía que podía confiar en él.
— Así es señor, y confirmo mi solicitud adjuntando las credenciales anexas al mensaje.

El hombre alzó una mano restando importancia a eso último

— No es necesario, comandante. Confío en que ha examinado con meticulosidad la solicitud— la tranquilizó impasible. — Ha servido a mi flotilla como se espera que lo haga cualquier oficial de su categoría, comandante. Lamentablemente no todos lo hacen, y eso la ha convertido en la oficial de mayor rango entre las auxiliares. Entiendo que debe viajar a Youn, Desjani.
— Así es, señor.
— Comprendo que debe separarse de la flotilla desde ayer para llegar a tiempo— agregó.
— Sí señor, eso me temo— contestó con profesionalidad.
— En ese caso, queda usted relevada de su puesto hasta el regreso, comandante Desjani. Ha sido motivo de orgullo servir a la Alianza con usted en mi flota. Por el honor de nuestros antepasados— saludó el hombre.

Jaylen, que no esperaba semejante despedida se quedó pálida antes de corresponder el saludo de rigor. Cuando el torso del capitán desapareció, se quedó un rato observando el espacio vacío que había dejado frente a ella. Acababa de dejar oficialmente la flota junto a la que había servido durante los últimos meses en el frente de guerra. Y aunque esperaba que el momento llegara algún día, no se sentía tan bien como había imaginado. Sentía que estaba evadiendo su responsabilidad como comandante.

— Quiero lanzar un mensaje a mi División antes de que me quiten los honores— pidió en voz alta.

Uno de los operadores abrió el canal.

— Al habla la comandante Jaylen Desjani. Este es mi último mensaje como oficial a cargo de la Tercera División— comentó con un dejo de melancolía que pronto borró con nueva resolución. — Hablo en nombre de toda mi tripulación al decirles que fue un honor compartir estos meses en el frente. Hemos servido con la dedicación que caracteriza a cada miembro de la Alianza, y nos sentimos honrosos de haber llegado hasta aquí habiendo reparado tantos cruceros y acorazados en plena batalla. Por el honor de nuestros antepasados.

Pulsó el botón que cerraba la comunicación, y marcó algunas opciones en su consola para conectarla al auricular. De esta manera el mensaje se escucharía en toda la nave.

— Al habla la comandante Desjani en el puente de la Incansable informando la satisfacción del capitán al mando de la flota respecto a nuestro trabajo ofrecido— por el momento hizo una pausa para que la información fuera asimilada. Los festejos en el puente le indicaron que había obrado bien en informarles, pero aún quedaba lo peor. — Lamentablemente no todas son buenas, tenemos una nueva tarea que cumplir por el bien de la Alianza y de todo lo que conocemos. No llegaremos a casa en el tiempo previsto, pero nos aseguraremos de servir a la Alianza con el mismo ímpetu que hemos hecho durante este tiempo. Cuando lleguemos a casa, tendremos nuevas historias que ofrecer a nuestros hijos, padres, parejas y hermanos. Sin más, nos vemos en Youn.

Los dos días que separaban a la Incansable del sistema estelar que albergaba al planeta acuático transcurrieron con normalidad. Jaylen aprovechó el tiempo libre para pasear por su nave y responder algunas inquietudes de sus tripulantes. No podía quejarse de ninguno, cada hombre y mujer en su nave hacían que comandarla no fuera tarea difícil. Acataban órdenes y respetaban su autoridad, incluso en los momentos críticos. Cuando cruzaron el punto de salto, el sistema estelar les dio la bienvenida con una imagen que a Jaylen le resultó gratificante. La guerra no había alcanzado aquel punto, y era conmovedor llegar al espacio nativo de la Alianza.

— Navegante Hemry, ¿está preparado para asumir el mando?— preguntó animada por el paisaje que se alcanzaba a ver desde las ventanas.
— Preparado, comandante, podría aprovechar las cinco horas que quedan de viaje. No sabemos qué le depara luego, señora.

Jaylen asintió con una sonrisa antes de hablarle a su teniente de comunicaciones.

— Solicite permiso para atracar en Hurr apenas entremos en la atmósfera del planeta, teniente.
— Entendido, señora.

Cuando se cumplieron cuatro horas y cuarenta minutos, la comandante volvió al puente de mando solo para dar las nuevas órdenes. Ni bien hubo atracado la nave, la mayor parte de los tripulantes usaron el permiso especial que Desjani les dio para descansar. Ella tenía otros asuntos que atender en la ciudad flotante. Aunque no le gustaba la idea, Jaylen tuvo que aceptar la escolta de dos de los marines apostados a la Incansable cuando bajó de la plataforma. Antes que nada, se dio el pequeño lujo de respirar oxígeno puro, natural, y ni bien se hubo repuesto del mareo que esto conlleva, se adentró entre el gentío del espaciopuerto. Encontrar a la tarriana no fue difícil entre tantos humanos y otras especies anfibias.

— Comandante en funciones Jaylen Desjani reportándose— saludó, acompañando las palabras con un gesto de rigor.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Tzekel'Khan el Lun Feb 11, 2013 2:52 pm

Diario de combate, del 17 de Enero del planeta Kaurava VII.


Kaurava es un planeta forja, un mundo ideado para la construcción de armas y maquinas, las cuales servirán a la alianza, actualmente se encuentra bajo asedio por parte de una raza alienígena conocida como Lictores, originarios del planeta vecino llamado Lictor, ¿su objetivo? Tomar el planeta, aunque yo soy originario del planeta Cyrenne, e sido llamado a la lucha en defensa de este planeta, ¡por la Alianza!
El planeta Kaurava no posee apenas vida más allá de sus trabajadores, hombres y mujeres al servicio de un futuro mejor, nuestra misión es defender este planeta de los invasores Xenos y acabar con ellos.

Era el decimocuarto día de mi estancia en el planeta forja, yo y un grupo de soldados nos encontrábamos atrincherados, en una sala de mando controlando los cañones anti aéreos, en la última semana habíamos sufrido importantes pérdidas en el sector-4 de la periferia norte, nuestro objetivo hoy era derribar cuantas aeronaves nos sobrevolaran y tomar ese sector, no sería tan importante si en ese sector no estuviera la fábrica de baterías para nuestras armas, de pronto un estruendo y nuestros cañones abrieron fuego, era otra aeronave lictoriana, yo me encontraba en una barricada con otros 15 soldados, preparados para abrir fuego a lo que viniera, los disparos de los cañones derribaron la nave haciéndola caer levantando millones de partículas de polvo, mi casco activo la visión térmica y en menos de un segundo los 15 soldados abrimos fuego, ¡xenos! Venían en masa para tomar nuestros cañones antiaéreos, nuestras armas disparaban sin parar dejando caer un infierno de rayos sobre aquellos seres.

-¡Por la alianza!- Exclamo un compañero mientras vaciaba su cargador, bajo mi casco mi rostro era de rabia, apretando los dientes, entrecerrando los ojos mientras dejaba que mi Bolter T-400 hiciera el trabajo de exterminio, no me estaba dando cuenta pero a unos 100 metros de aquel lugar una pequeña nave, aterrizaba en un hangar asegurado, de el bajo un hombre el cual unos soldados le dijeron que fuera agazapado, era un informador y estaba buscando algo, o a alguien. Deje de disparar para recargar el arma confiando en que mis hermanos me cubrieran, antes de que me diera cuenta mi superior se presento frente a mí.

-Cabo: Soldado, preséntese en el centro de mando inmediatamente, órdenes del capitán.- Al oír esto deje de cargar mi arma, guarde la batería de repuesto y cargando mi pesado bolter, me retire del frente para poder atender las nuevas órdenes que me diera mi capitán, una vez dentro del centro de mando, me dirigí a mi capitán con un saludo de respeto, mi mano se puso en horizontal en mi frente y asumí una posición rígida para esperar sus órdenes.

-Capitán: Soldado, sus objetivos han cambiado, este hombre le dará su nuevo objetivo y destino.- Yo quede atónito ante las palabras de mi superior, detrás de el asomó un hombre, cuyo aspecto no era ni mucho menos de soldado, pero sí que reconocía el sello de la Alianza en sus ropas, un informador.

-Informador: Gabriel, tiene un mensaje.- El informador me extendió una paleta holográfica, una mujer… una tarriana, su mensaje no parecía diferente a un reclutamiento oficial, escuche atentamente sus instrucciones, debía partir a otro sistema de planetas, mire a mi capitán cuando el mensaje concluyó y el asintió con la cabeza, dándome a entender que mi lugar ya no estaba aquí, yo soy un soldado, desobedecer la orden de un superior es castigado con la muerte, asentí y volví a saludar, antes de darme la vuelta para dirigirme al hangar.

-No se separe de mi informador.- Advertí al hombre que conmigo ahora se dirigía al hangar, un planeta en guerra no es mejor que pisar una mina de campo, el hombre caminaba tras de mi agazapado mientras que yo, ya acostumbrado a esto me desplazaba como si no pasara nada, por suerte el hangar esta acorazado y posee su propio generador de escudo, vi la pequeña aeronave en la que había venido el informador, yo en cambio prefería otro tipo de transporte, más lento pero acorazado y con armas, cargue mis pertenencias en la nave y mientras hacia los últimos retoques, mire al informador.

-Es usted valiente para venir hasta este extremo de la galaxia, tan solo para buscar a un soldado.- Afirme alabando su valentía, el asintió pero no me respondió nada, seguramente entro por la periferia del borde exterior, en el sector-V709 ese sector, queda muy lejos de los lictores pero aun así no hay que descartar la presencia de cazas. Subí a mi nave y empecé a pulsar los botones, calentando motores y activando los cohetes de la aeronave que llevarían hasta mi nuevo objetivo.

-Ordenador: Bienvenido hermano Gabriel.- Dijo una voz robótica providente de la pantalla de la nave, en ella salía un mapa estelar.

-Ordenador, destino planeta Youn, coordenadas 3328 del sector K76J88.- Las órdenes fueron escuchadas por el ordenador e inmediatamente la nave se puso en marcha. No le llevo mucho tiempo alcanzar el espacio.

-Ordenador: Escudos de nave activados, hipermotor activado, armas activadas, conectando hipervelocidad, destino Youn.- Al terminar estas órdenes el ordenador activo los generadores de hipervelocidad y como una estela de luz, desaparecimos en la inmensidad del espacio, el sistema de asistencia fue conectado proporcionando oxigeno a la nave, así que aproveche para quitarme el casco, mientras dejaba escuchar un sonoro suspiro de alivio, pero a la vez de enfado, no me gusta dejar un trabajo a medias y esperaba que mis hermanos pudieran defender Kaurava o bien reconquistaran el planeta y expulsaran a los invasores xenos, ahora solo me quedaba esperar a que la nave llegase a su destino, si la alianza había requerido mi presencia no les haría esperar.

Diario de combate 17 de Junio, planeta Youn, ciudad Hurr.


La nave aterrizo en el hangar de la ciudad.

-Ordenador: Destino concluido, desactivando generador de escudo, oxigeno de la atmosfera sin tóxicos, abriendo compuerta.- Al concluir sus palabras la parte superior de mi nave se abrió, para que yo pudiera bajar, mire a mis armas y decidí que no sería muy buena idea llevar conmigo el T-400 pero en su lugar tome el AM-66, aunque fuese una presentación me negaba a ir desarmado, bajo mi brazo derecho llevaba mi casco apoyado contra mi cuerpo y me dirigí con paso firme hacia el punto de encuentro para reportar mi llegada.

Con paso rápido pero firme llegue al punto de encuentro, al parecer no era el único al que habían llamado, pero mi misión no es entablar palabras con ellos sino presentarme ante Asahi.

-Soldado Gabriel Maellus, número de placa 55587022 presente y a sus ordenes señora.- Dije con educación y respeto mientras que al concluir mis palabras, ofrecí un saludo militar al contacto, por el cual había tenido que abandonar mi puesto en Kaurava, estaba ansioso de escuchar mis nuevas ordenes.
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Tzekel'Khan

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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Kiluyu el Miér Feb 13, 2013 1:13 am



La vida no es tan sencilla como te imaginas. En innumerables ocasiones, uno se ve envuelto en eventos que no puede controlar, como un simple cascarón de nuez arrastrado por la poderosa marea del destino. Es invariable, inevitable, no puedes luchar contra ello, no puedes cambiar su curso, como un dios que controla con hilos etéreos e invisibles, guiándote por largos caminos de un solo final y un solo comienzo. Escenarios que no esperas, que muchas veces no deseas, que logran dejarte con un estupor sin sentido, que dejan un sabor dulce o amargo en el corazón, y lo único que resta es aceptarlo, enfrentarlo y seguir hasta el final, sin importar los obstáculos o el daño, debes resistir con alma de acero y puños de hierro. Pero, al final, la impotencia se impone sobre tu voluntad, y deseas poder haber hecho algo para cambiar el curso de los hechos.

La respiración entrecortada, el pulso firme y sereno. El cronómetro en la pantalla a mi derecha marcaba que aún faltaban cinco minutos hasta que el equipo se colocara en posición. Aún así, me gustaba sentir la tensión en mis músculos y tendones, experimentar con todos mis sentidos alerta una sensación de creciente euforia y emoción, como la calma que sobreviene a la tormenta. La adrenalina corría rauda por mi cuerpo, pero mis experimentadas manos no mostraban signo alguno de temblor. Y la espera, la dulce, angustiosa y expectante espera, en la cual uno solo enfoca su mente y su alma a un simple punto a través del lente de un visor de precisión, aguardando pacientemente ese breve momento donde el dedo presiona el gatillo y un disparo resuena en tus oídos, donde arriesgas todo en un único tiro, el que marcará una gloriosa victoria o una rotunda derrota. Ese momento en que empuñas el poder de decidir quién morirá y quién vivirá.

Los segundos se alargaban, el flujo del tiempo se extendía, el mundo a mí alrededor se movía más lento, mientras mi visión se concentraba en el escenario que se divisaba a través del lente. Al oeste de mi posición, en la base de una enorme montaña de nevados picos, parte de una monumental cordillera, divisaba una gigantesca estructura de concreto reforzado, una fortaleza excavada en la roca, parte de una antigua cantera, rodeada por un espeso bosque de sorprendente tamaño. A su alrededor se erguían como antiguos y solitarios guardianes algunos mohosos edificios, parte de lo que alguna vez el lugar fue. En el medio de la noche y a la luz de las lunas, podría tacharse como un complejo en desuso, más numerosos guardias armados patrullando los alrededores, acompañados por robots bípedos y cuadrúpedos de batalla, daban fe de que el lugar estaba lejos de estar abandonado. Al contrario, un tratado, una conferencia, estaba desarrollándose bajo la olvidada fachada de la montaña. Eran líderes de organizaciones paramilitares, corruptas mafias, que mantenían su dominio sobre todo el sector de la galaxia. Poderosos traficantes de armas y despiadados cabecillas mercenarios también tomaban lugar en semejante encuentro, transformándolo en un punto clave para mis superiores. Las órdenes de nuestros generales fueron claras, debíamos capturarles, en lo posible vivos, a todos ellos, y recuperar toda información que sea de valor, ya sean ordenadores o inteligencias artificiales. Pero claramente no sería tarea fácil, y al ser un trabajo de importancia mayor, participarían cuarenta escuadrones del Proyecto.

Las órdenes para mi unidad, el Trigésimo Quinto Escuadrón de Tropas de Élite, eran precisas, debíamos neutralizar, junto con el Vigésimo Segundo Escuadrón, las defensas perimetrales que rodeaban el acceso a la cantera. Yo, al ser el único francotirador de la unidad, me fue encargada la función de eliminar las principales amenazas con la mayor discreción posible, coordinándome con el resto del equipo una vez ellos se colocaran en posición. Por esa razón me situé a cerca de dos kilómetros de distancia, cerca de una ladera, utilizando la función de camuflaje de mi “Hunter”. Tras esto, los del 22° escuadrón montarían un dispositivo de aislamiento de frecuencias en uno de los edificios habilitando las frecuencias de radio, hasta el momento nulas, gracias a los sistemas de interferencia de los radares enemigos. Mientras, los miembros de mi unidad ingresarían por un portal de acceso complementario al interior de la montaña y abrirían los enormes portones de hierro, para así dejar paso al grueso de nuestras fuerzas. Básicamente, ese era nuestro plan de batalla, y nos fue ordenado realizarlo en el mayor silencio, para tomarles por sorpresa. Pero, como ya había dicho, las cosas nunca suceden como uno lo espera.

Los escuadrones debían estar ya en posición. Moví las manos, buscando un objetivo. Con la visión nocturna del visor activada, divisé por lo menos cinco vehículos bípedos, por lo usual de un solo pasajero, y uno cuadrúpedo, que llevaban al menos un piloto y dos artilleros. Estaban repartidos por el lugar, el cuadrúpedo a un lado de la entrada del complejo, en las vallas de energía, dos bípedos en la esquina norte cerca de donde repostaban las naves de los cabecillas, dos en la sur, cerca de los edificios abandonados, y uno frente a la fortaleza. Ellos tomarían la iniciativa neutralizando al cuadrúpedo y los guardias de la entrada, mientras yo me hacía cargo de los bípedos, la noche nos resguardaría. El rifle del “Hunter” estaba silenciado, por lo que mis balas antiblindaje no harían ruido alguno y serían totalmente invisibles. Elegí como primeras víctimas a los dos en el sur, y aguardé hasta que el resto de la unidad se pusiera en acción.

Uno, dos, tres minutos, nada sucedía. Una pequeña chispa de preocupación comenzó a formarse en mi interior. ¿Qué sucede? ¿Por qué no hay movimiento? Algo debía haber sucedido, los escuadrones de élite nunca fallan al coordinarse. Acompañado por la desesperación, cambié el modo del visor a térmico. Pero lo único que veía era a los guardias apostados en la entrada, escoltados por el enorme tanque cuadrúpedo. Aunque, la actividad se había incrementado en la parte norte. Un enorme contingente de soldados enemigos se estaba internando en el bosque junto con los bípedos, exactamente detrás de donde se suponía que se hallaban las unidades de asalto. Y el ruido de disparos llegó a mis oídos a través de los canales de audio amplificados del “Hunter”. ¡Maldición, nos descubrieron! Pese a la orden de silencio por radio, abrí la frecuencia del equipo, de todas formas la alarma se había disparado.

- Aquí Colmillos, Escuadrón 35, Escuadrón 22, ¿Me copian? – Pocas veces había atravesado esta situación, y los nervios dominaban mi voz. Según el protocolo, debíamos seguir con la misión, no importaba si fuéramos descubiertos. Sin embargo, esta vez los emboscados fuimos nosotros. – Repito, aquí Colmillos, Escuadrón 35, Escuadrón 22, ¿Me copian?

- Aquí… Falange del Escuadrón 22… - La señal era débil, los sistemas de interferencia del enemigo aún estaban activos. - … ¡Nos atacaron… espalda!... … Sufriendo muchas… Necesitamos soporte…

- En camino, corto.

¡Carajo! El factor sorpresa se había perdido, solo nos quedaba el enfrentamiento directo, pero claramente éramos superados en número y armamento, debíamos llamar a los refuerzos. Sin embargo, el dispositivo solo funcionaría correctamente sobre uno de los derruidos edificios de la cantera, y para llegar allí debíamos atravesar las filas enemigas. Sin pensarlo más, coloqué el rifle en la espalda del “Hunter” y, con el camuflaje óptico y la visión nocturna activados, procedí a movilizarme hasta la posición de las unidades bajo ataque, aprovechando la ventaja en velocidad del robot.

Mientras me aproximaba, el ruido y los destellos del combate se volvían más fuertes, mezclados entre gritos y algunas explosiones. Detrás de una pequeña elevación, ocultos entre árboles y rocas cercanos, se encontraban atrincherados los miembros de los escuadrones, brindando un fuego de cobertura constante. Entre las sombras, podía divisar las siluetas de las unidades enemigas, quienes se vieron obligadas a parapetarse entre las sombras ante la tenaz defensa de los élites. Detuve el “Hunter” a unos metros de mis compañeros, escondido entre unas gruesas rocas, y me deslicé hasta ellos, con mi Serren en mis manos, corriendo entre cobertura y cobertura. Usando el visor térmico de mi casco, apunté hacia algunas de las figuras a lo lejos con la pequeña arma de rayos, y presioné el gatillo repetidas veces, obligándolos a arrojarse al suelo. Empleé esa distracción para situarme junto a los del 22° escuadrón, quienes me informaron de la situación.

- Una patrulla encontró a los del 35° escuadrón y dio la alarma, no tardaron en abalanzarse hacia nosotros. – Claramente era un novato, surgido hace poco del “Proyecto”. Estaba desesperado y asustado, y con razón. – El primer ataque abatió a muchos, pero logramos refugiarnos aquí.

- ¿Dónde está el 35°? – Pregunté preocupado. Era un escuadrón veterano, no lograba entender como era que habían sido descubiertos.

- No lo sabemos, solo vimos que eran emboscados por estos bastardos. Lo siento… - Parecía arrepentido por algo, pero no dijo nada más.

- No te preocupes, tengo una idea, ¿Aún tienen el dispositivo? – Mi voz urgía su respuesta, le apresuraba a obedecerme.

- Si, aquí está. – A su lado descansaba una larga varilla de acero, cuyas puntas terminaban en enormes cubos, uno de ellos con un gigantesco panel de control y el otro con un trípode plegable. – Solo funcionará con totalidad sobre aquel edificio ¿Qué tienes en mente? – Sus ojos reflejaban esperanza, confiando en que yo, con mis años de experiencia, tuviera una salida.

- Si logro llevarlo hasta allí y activarlo podremos llamar a los refuerzos, ¿No es así? – Asintió con la cabeza, escuchando con atención mis palabras. – Mi “Hunter” cuenta con camuflaje óptico, lo que me permitirá pasar desapercibido, más no es totalmente efectivo, por lo que necesito que generen una distracción. Recolecta todas las granadas térmicas y cegadoras, llévate a uno de los tuyos, flanquéenlos y cuando les dé la señal, arrójenlas hacia ellos. ¡Vamos!

Obedeció al instante y corrió ante la orden entre sus tropas, junto a un compañero. Mientras tanto, yo retrocedí veloz hasta mi vehículo, con el dispositivo entre mis manos. Ingresé a la cabina y guardé el aparato en un compartimiento en la pierna del “Hunter”. Con el camuflaje óptico activado y la visión nocturna en la pantalla, tomé el rifle de precisión con los cartuchos de balas antiblindaje activados y dirigí la punta del cañón hacia las sombras de los enemigos. Respiré profundamente, y la cruz en el visor marcó la cabina de uno de esos vehículos bípedos, los cuáles barrían la zona con un intenso fuego. La bala salió disparada, silenciosa, al presionar el gatillo, y la víctima enemiga simplemente dejó de moverse, con un agujero en la coraza. El casquillo fue despedido de la recámara del rifle, y otra ronda sustituyó a la anterior. Nuevamente, apunté hacia el otro vehículo, disparando otro mortal y silencioso proyectil. Un estruendo reveló que el golpe había sido en la articulación de una de las piernas, arrojando al suelo a la enorme máquina de guerra. Otro casquillo flotó en el aire, hasta rebotar en el suelo con un metálico ruido, una nueva bala ocupó su lugar en la recámara. Situé la cruz en el visor sobre la torreta primaria del tanque cuadrúpedo, la cuál escupía feroces ráfagas de plasma, más cuando la boca de mi rifle liberó su destructivo abrazo, las bocanadas de energía cesaron su implacable búsqueda en un rabioso huracán de llamas, la pila de energía había reventado.

En eso, la estática de la radio fue interrumpida por la voz del joven soldado.

- …En posición…

Coloqué el rifle en mi espalda, y procedí a correr en dirección sur, intentando rodear a las numerosas unidades enemigas. Los pasos del “Hunter” fueron veloces, esquivando árboles y arbustos a su paso. Cuando me vi algo alejado del foco del enfrentamiento, la orden surgió de mis labios, mientras me abalanzaba a la zona abierta, corriendo en dirección al edificio señalado.

- ¡Ahora!

El polvo se levantaba en mi carrera, reflejando los destellos provenientes a metros nada más del combate. Con suerte, no lograrían divisarme. El objetivo se encontraba a trescientos metros de mi posición, trescientos largos metros, que debía salvar los más rápido posible. Segundos después de haber salido del límite del bosque, unas poderosas explosiones, sumadas a cegadores destellos, se hicieron presentes entre las filas de esos belicosos enemigos. Más no me detuve, y salvé distancia a una asombrosa velocidad. Sin embargo, no contaba con que los enemigos tuvieran en su poder un disruptor EMP emplazado en ese lugar. Al cruzar la barrera, el equipo de camuflaje óptico del “Hunter” dejó de funcionar, siendo que era el único sistema integrado fuera del campo electromagnético interno del vehículo, volviéndome visible a tan solo mitad del camino. Evidentemente, las unidades enemigas no tardaron en divisar mi figura, y su atención se posó sobre mi persona a una sorprendente velocidad. Agudas ráfagas laser rompieron el espacio a mi alrededor, y me vi obligado a emplear maniobras de evasión y cobertura, corriendo en zig-zag y deslizándome ante los continuos ataques. Pero no podía durar para siempre, y a tan solo diez metros de distancia del derruido edificio, una bala de plasma perforó toda la parte inferior del “Hunter”, cayendo al suelo y siendo arrastrado por la inercia hasta golpear contra una de las columnas.

Aturdido y mareado, salí como pude de la destrozada cabina, la cual entre pitidos y rojas luces avisaba de las averías del sistema. Me oculté detrás del armatoste metálico y me acerqué al compartimiento donde guardaba el dispositivo de aislamiento de frecuencias. La compuerta metálica se había trabado por los golpes y no abría ante mis inútiles esfuerzos. Desenfundé mi Serren y le disparé a los bordes de la compuerta. La arranqué a la fuerza, aprovechando la mejora física del NanoTraje, y saqué de allí el artefacto. Una vez en mis manos, simplemente eché a correr al edificio, entre brillantes disparos, los cuales iluminaban mi camino hacia las escaleras que llevaban a los pisos superiores. La terraza era el lugar a emplazar, pero la ascensión se dificultaba gracias a la lluvia de disparos enemigos, arrancando verdaderas nubes de escombros y fragmentos de hierro incandescente. Pero no podía detenerme, no podía quedarme quieto, de hacerlo solo nos condenaría a todos. Más de una vez esos proyectiles casi impactaron en mi cuerpo, pero afortunadamente pude esquivarles a tiempo. Sin embargo, un profundo dolor invadió mi pierna izquierda. Había sido atravesado por uno de los disparos, el cuál atravesó los escudos del traje y dejó un enorme agujero en mi pierna izquierda, pero no detuve mi carrera. La adrenalina y la velocidad era como si activasen esas células bestiales, la razón de estar en el Proyecto.

La terraza estaba despejada, más incontables agujeros productos de los ataques enemigos hacían su lugar allí. Tan solo unos segundos me tomó emplazar el artefacto y manipular el panel, introduciendo el código y la señal de la frecuencia amplificada. La estática del radio del traje desapareció, y fue suplantada por los gritos y las órdenes de los escuadrones de batalla. Y un mensaje del grueso de nuestras tropas respondió al llamado. Estaban en camino. Tan solo necesitábamos esperar diez minutos, diez largos minutos. Mientras tanto, la sangre manaba copiosa de mi herida, formando un enorme charco de sangre a mis pies.



««««---»»»»

El puente de la nave estaba desierto. La tripulación entera se encontraba festejando por la victoria en el asalto a las fuerzas enemigas. Pero yo no. Una banda negra estaba atada a mi brazo en señal de duelo, mientras contemplaba la azul extensión del planeta frente a mí a través de los amplios ventanales. Noreth… tan enorme, tan silencioso… ¿Mi hogar? Desde mi más tierna edad he sido criado y educado en las instalaciones del “Proyecto Ancestral”, una pretenciosa iniciativa de la Alianza con el fin de crear soldados con aptitudes superiores, utilizando las células modificadas de las tumbas de antiguos héroes de la Edad Mítica. Si, somos clones mejorados, burdas imitaciones de poderosos guerreros de épocas pasadas. Mi ficha decía que había sido creado a partir de un “Licántropo”, uno de esos hombres lobo, aunque se había removido de mí esa extraña capacidad de transformarme en un monstruo sediento de sangre, y la visión a colores me había sido devuelta a través de cirujías en mi niñez. Pero mi único fin era matar, matar en nombre de alguien más. Entrenado para servir a la Alianza, transformado en una máquina. ¿Los soldados somos humanos? Si uno muere, pueden crear a otro, tienen miles de repuesto. Miré los callos en mis manos ¿Cuántos años han sido ya? ¿40? Creciendo junto a aquellos que conformarían el Trigésimo Quinto Escuadrón de Élite. Aquellos cuyas cenizas estaban siendo veladas allí, en la superficie de ese planeta tan… olvidado. Soy el único que queda.

Unos pasos a mi espalda me sacaron de mis profundas cavilaciones, y me giré, tambaleándome a causa de la herida en la pierna, cuando la voz del general de mi división me llamó por mi apodo.

- Colmillos. – Era un hombre alto, de fuerte constitución, con el rostro marcado por las arrugas y una larga cicatriz en su mejilla. Vestía el uniforme militar de gala negro propio de su rango, y llevaba también una banda negra en su brazo. Sus ojos, fríos por naturaleza, mostraban signos de profundo pesar. Él me miró con esos verdes espejos, directo a mis irises plateados, y no dijo nada más. Tan solo se colocó a mi lado y contempló ese hermoso globo celeste, surcado por las blancas ondulaciones de las nubes.

Minutos pasaron sin que ninguno de los dos dijera nada, comunicándonos entre sí con el silencio todas esas palabras que pugnaban por salir, pero que no podían, o, más bien, no debían. Éramos tan solo dos viejos lamentándonos por las vidas de compañeros y amigos, hijos para uno, hermanos para el otro. Vidas que se fueron, que se perdieron. Y los recuerdos, de niñez a adolescencia, pasando por etapas, por dificultades, duros enfrentamientos y pruebas. La vida del soldado no se permitía estas lamentaciones, debíamos enfrentarnos a la muerte, ofrecer nuestras almas por el bien de la civilización. Y yo, yo solo obtuve un simple disparo en la pierna, casi recuperado ahora gracias a la cirugía y el trasplante de tejido. Me movía gracias a una prótesis que abandonaría en pocos días, dejando ningún vestigio de esa herida. ¿Ese es el precio?

El silencio fue roto por mi general. Pude notar que en sus manos traía un informe con el sello de los rangos superiores del proyecto. Me miró nuevamente, y de sus labios surgieron palabras que reflejaban el dolor en su interior, mientras me alcanzaba la tableta en sus manos

- Toma. – Cerré mi mano sobre la fina placa electrónica, la cual mostraba una misiva dirigida hacia mí. Mientras la leía, el general me explicaba la situación. - Los capitanes están al tanto de la pérdida del escuadrón, y saben que te será difícil volver al campo de batalla. Pero conocen tus aptitudes y habilidades, y no quieren desperdiciarlas. Por eso mismo, están dispuestos a enviarte a una última misión, tras la cual podrás retirarte de las fuerzas de élite. – Su voz denotaba pesar y dolor al comunicarme tan dura noticia, y también algo de ira. Era el hombre que nos había criado, educado, entrenado. Nunca había escuchado ese tono en su voz. – Lo siento hijo, pero…

- …Somos soldados, hacemos lo que sabemos hacer. Para eso he sido creado, ¿No es así? – Frustración. Eso sentía, frustración. Sin embargo, nada podía hacer.


««««---»»»»

La nave de transporte descendió al planeta Youn, entre fuertes sacudidas y el ruido de los motores. El aterrizaje fue brusco, y, mientras las compuertas traseras se abrían, con pasos firmes y seguros descendí del puente de carga. Detrás de mí, los operarios llevaban arrastrando con una plataforma el enorme armatoste de mi “Hunter”, reparado e impecable, el cuál sería almacenado en uno de los hangares hasta que pueda ser llevado a su destino póstumo. En mi mano derecha llevaba un enorme bolso con mis enseres personales, ropa, libros y recuerdos de mi vida. Vestía mi NanoTraje, más con el casco afuera, para permitirme respirar la fresca brisa. En mi espalda acarreaba mi hermoso rifle de precisión, en mi cinturón la pequeña ametralladora. Por mi aspecto, podría decirse que me dirigía al combate, pero solo iba a reunirme con un contacto en el puerto de tan extraño planeta. Según la descripción, era una tarriana de nombre Asahi, de suaves rasgos faciales y con extrañas marcas en sus ojos, parecidas a tatuajes.

Me dirigí al vestíbulo del espaciopuerto, donde rápidamente divisé a la dama en cuestión. Me aproximé con paso firme y duro, y tal cual como me habían entrenado, hice un saludo militar, junto con la correspondiente presentación de mi nombre y rango.

- SCE 335, “Colmillos”, soldado élite de la Alianza, a sus órdenes.

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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Tanna Raeeniniel el Miér Feb 13, 2013 1:27 am

Los cinco que Asahi había contactado, después de dos días habían llegado y ahora estaba ante ella. Era un grupo pintoresco: Un comando de la alianza, un mercenario, un ingeniero, otro marine y una comandante relevada de su cargo recientemente. Un grupo así no se ve todos los días.

Asahi dio una ojeada rápida a las personas que tenía enfrente e ella, suspiró y cerró los ojos, no le gustaba que le hicieran esperar, pero su tiempo de reacción había sido rápido comparado con anteriores reclutas. Ella estaba apoyada en la pared izquierda de la puerta principal del espaciopuerto público, con sus brazos cruzadas y mirando hacia el suelo.

-Llegais tarde- Dijo Asahí, con un tono de represalia. –Me habéis tenido esperando más de dos días- Calló por un instante para luego suspirar otra vez. –Pero supongo que no es vuestra culpa el tiempo que tarden los viajes hiperespaciales- .

El tráfico de personas fluía de manera regular en el área del espaciopuerto. Las naves, lanzaderas, cazas y transportes despegaban y aterrizaban constantemente. Los vendedores ambulantes y los pequeños androides de carga creaban un tumulto en las calles de la ciudad. De vez en cuando se veían pequeños pelotones de la Alianza realizar su ronda de patrulla diaria. Era difícil mantener el orden de los sistemas de la Alianza debido a la actual guerra, la demanda de reclutas y soldados en el frente aumentaba con el pasar de los meses.

El grupo liderado por la tarriana se encontraba a medio camino de la bahía reservada de la Alianza donde estaba la lanzadera esperando a los reclutas y a Asahi. Estaban pasando a través del puente de Hayimu, una gigantesca estructura que unía el sur de la ciudad con el área del espaciopuerto, justo en el centro de la ciudad.

Un pitido constante rompió la calma que mantenía el grupo al caminar, era el comunicador de la tarriana. Esta llevó su mano hacia su bolsillo y de este sacó un pequeño artefacto con un solo botón. Al presionar éste, una imagen a escala, de no más de unos centímetros de alto, transparente y de color azul claro se desprendió del pequeño dispositivo. El grupo podía apreciar la figura de Revan en todo su esplendor.
-Asahi, bien. ¿Están contigo ya?- Dijo la encapuchada figura del almirante.
-Sí, están conmigo. Ya casi estamos en el hangar- Respondió Asahi
-Debes apurarte, acabamos de recibir un llamado de emergencia proveniente del cuartel de tropas del norte de la ciudad. Las máquinas están infiltradas entre la gente de la ciudad, acaban de iniciar un ataque sorpresa. Debes salir de ahí lo más rápido posible, debes…- Hubo silencio por unos momentos – Asahi, debes correr ahora. Ha aparecido una máquina en el radar. El Sol Negro no puede repeler fuego de tal magnitud, debes estar en el hangar ahora mismo, ¡corre!- La imagen del almirante se desvaneció. Antes de que siquiera Asahi pudiera decir algo, los ecos de las explosiones comenzaron a hacerse oír, al igual que los disparos y los gritos de la gente. Una alarma se expandió por toda la ciudad, resonando entre los edificios.

-¡Venga, corred!- Ordenó Asahi, echando a correr hacia el hangar. Durante su marcha hacia dicho lugar podían observar el humo saliendo de distintas zonas de la ciudad. Una vez el grupo arriba al hangar, sube a la lanzadera y despega hacia el sol negro.

-O-
La alarma resonaba en toda la nave, en todas sus cubiertas, sus pasillos y salas, pero ahí seguía la imponente figura de Revan, imperturbable. Frente a él, en ese campo estelar que hacía llamar espacio, había una figura que, a su lejanía parecía pequeña, más pequeña que el Sol Negro, pero una vez se acercara, sería algo gigante, una nave enorme, capaz de destruir la nave de Revan con un solo disparo.
Necesitaba a Asahi allí, en el hangar para poder salir echando leches de ese lugar.

-Levantad las barreras protectoras, que los cazas del hangar se preparen, si es necesario enviarlos, lo haremos. Quiero a todos en sus puestos de batalla.- Ordenó, con esa voz metálica que le generaba la máscara. –Preparad los turbolasesrs, si llegan a tiempo, deberemos resistir lo que podamos.-

-O-

El grupo y Asahi estaban a punto de subir a la lanzadera, cuando la puerta de la bahía se abrió, echando humo y chispas. Los rayos color verdoso comenzaron a volar desde el otro lado, las máquinas no dejarían que el grupo se fuera convida.

Asahi hizo su mano hacia su cintura, donde tenía su arma enfundada. De un rápido movimiento se colocó en posición de disparo. Los rayos de color azul claro salieron disparados del arma de la tarriana. –¡Rápido, subid a la lanzadera!- Les ordenó mientras continuaba disparando su arma. El grupo obedeció y rápidamente subieron a borde de la lanzadera. Ésta comenzó a elevarse, los disparos impactaban en su superficie, sin causar daño alguno.
Asahi corrió hacia su nave personal, pero fue alcanzada por un rayo que la golpeó en la espalda. La tarriana cayó fulminada, inerte, golpeando el suelo.
La lanzadera ya había alcanzado el espacio y en pocos momentos estuvieron a bordo del hangar del Sol Negro




Bien, debéis describir lo que yo narré aquí desde el punto de vista de vuestros personajes, son libres de agregar diálogos y alguna que otra acción que prefiráis, siempre y cuando no se salga e lo narrado.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Yvonne Baynham el Jue Feb 14, 2013 12:25 am

La comandante se distendió ni bien hubo ejecutado saludo de rigor, recordando que Asahí en realidad no tenía formación militar reconocida. Lo que se sabía de la tarriana no era abundante, pues su expediente no estaba totalmente abierto a revisiones, sin embargo, era la asistente del almirante de flota y si bien no era su superior, tenía tanta influencia en la flota como cualquier capitán. Con una sonrisa sosegada, Jaylen observó a los hombres que estaban al lado de la alienígena.

El primero que observó, portaba una armadura pesada de titanio que ya había visto usar a algunos de los hombres de la coronel Carabali, la máxima autoridad marine asignada a la flotilla que acompañaba a la Impávida. Generalmente la fuerza de choque marine era la primera en enfrentar al enemigo, y por lo tanto llevaban un generador de escudo más potente que cualquier otro en las fuerzas de la Alianza. El traje del otro hombre, por el contrario, le pareció desconocido. No pertenecía a ninguna fuerza oficial que conociera, o por lo menos, no lo hacía abiertamente.

La tarriana esperaba inmutable y silenciosa, la llegada de más personas. Tenía los brazos cruzados y estaba apoyando todo el peso de su cuerpo en la puerta . Definitivamente esta mujer es una civil, no conozco las fuerzas militares tarrianas, pero que mis ancestros me salven si son como Asahí.

Dos pasos detrás de Jaylen, los marine de la Incansable se mantenían erguidos e impasibles. Tenían una ametralladora cada uno, y observaban cada detalle con acaloramiento. Habían sido asignados para proteger la vida de la comandante Desjani, y aunque estaban en un espaciopuerto público de un planeta aliado, no podían permitirse el error de confiar en soldados que no habían visto nunca antes. Acababan de bajar a tierra después de varios meses compartiendo la misma nave, cruzándose con las mismas personas, despidiéndose de sus compañeros. La guerra se había llevado muchas bajas, incluso en la nave. Cuando los cañones y las torretas enemigas alcanzaron a la Incansable valiéndose de la ayuda de un traidor, se cobraron la vida de varios operadores de armamento. Ahora que estaban cerca pero a la vez tan lejos de casa, les costaría confiar hasta en sus colegas procedentes de otros sectores.

Las naves entraban y salían del espaciopuerto sin cesar. El tráfico era impresionante desde allí, trabajar en la recepción debería ser un martirio en tiempos de guerra. En alguna de todas las naves, había llegado el próximo miembro del equipo. Otro marine, el segundo, o tal vez el tercero, si es que el hombre del parche biotecnológico también lo era. Cada uno tenía una armadura distinta, es decir, cumplían con distintas tareas dentro de su grupo aunque una cosa sí quedaba en claro: todos pertenecían al frente. Este último, el soldado Maellus, parecía una mole de metal acostumbrada a la acción. Si había otra característica que compartían los tres hombres, era la de carecer de rango de oficial. Hasta ahora Desjani era la única autoridad que había recurrido a la citación.

Mientras esperaban a los próximos miembros en llegar, la comandante se dio media vuelta y se alejó junto a sus hombres para hablar con el teniente Riva, su escolta de mayor rango.

— Necesito que haga algo por mi teniente.
— Lo que sea, señora— aceptó asintiendo.
— Quiero que vuelva a la Incansable junto al alférez Caest— alzó una mano para indicarle que no había terminado — escuche, teniente, si me han citado aquí junto a estos hombres es porque están interesados en reasignarme. Usted sabe tan bien como yo, que la Incansable no ha sido hecha para estar guardada en un hangar.
— Comandante Desjani, esa nave es suya.
— Se equivoca, teniente. Esa nave es de la Alianza, y la necesita tanto como lo necesita a usted y al alférez. Toda ayuda es valiosa, aquí está perdiendo su tiempo, aprovéchelo para descansar, estamos en territorio aliado

El hombre, que conocía a Jaylen tal vez mejor que a sí mismo, frunció el ceño y se irguió aún más para debatirlo.

— Me temo que no puedo cumplir con esa orden, señora.
— ¿Está diciéndome que está dispuesto a desobedecer la orden directa de un superior, soldado? — preguntó cortante, utilizando la palabra “soldado” para poner en duda el rango de Riva.
— Con el mayor de los r…

La comandante Desjani apoyó la mano en el hombro derecho de su subordinado, para que se llamara a silencio. Este estuvo a punto de estallar, pues sabía que Jaylen no le había dejado manifestar su opinión a propósito.

— Ve a casa Riv. Protege a mi tripulación mientras estoy lejos— le pidió con una sonrisa triste — y cuando llegues allí, saluda a mis padres. No es necesario que hagas promesas por mí, ellos sabrán entenderte.

¿Estoy olvidándome de algo?

— Es una orden— concluyó al tiempo que los saludaba.

La gente pasaba por el espaciopuerto, ocupada en sus quehaceres, ignorando a los soldados reunidos por Asahí. Un grupo tan variopinto, que a los ojos de la comandante Desjani, resultaban incompatibles para trabajar en equipo. ¿En serio el almirante de flota estaba poniendo fichas por ellos? Ella misma se consideraba una comandante más, con sus virtudes y sus fallos. No veía en qué podía resultar de utilidad entre aquellos soldados. Salvo que me hayan buscado por mi experiencia en biotecnología, eso explicaría ciertos detalles. Tal vez alguno de estos hombres sea en realidad ingeniero, y estén reuniendo a especialistas de varias ramas para una misión especial.
Cuando Asahí reprendió al grupo por haberle hecho esperar, Jaylen estaba recibiendo señal desde la Incansable. El teniente Riva y el alférez Caest habían llegado a la nave.

— Navegante Hemry al habla, comandante. ¿Son correctas las órdenes del teniente Riva?
— Afirmativo, teniente de corbeta Hemry. Proceda a cumplirlas, por el honor de nuestros antepasados— respondió ignorando a la tarriana, sin embargo la siguió fuera del espaciopuerto.
— Por el hon…

El mensaje fue cortado desde la nave por uno de los operadores de comunicación

— Comandante Desjani, nuestros sensores nos muestran la presencia de enemigos entrando en la atmósfera del planeta.
— ¿Enemigos en Youn? ¿Qué probabilidades tiene el sistema de fallar en un reconocimiento de este tipo?
— Hay noventa y nueve por ciento de probabilidades de que no lo haga, señora. Algo se acerca a la superficie a gran velocidad— respondió el hombre, con tono sosegado. Si había algo que se le daba bien a la gente de comunicaciones, era la templanza con la que debían hablar.

En ese instante, la alarma de Hurr comenzó a sonar, provocando que las personas que circulaban pacíficamente por el espaciopuerto aumentaran la velocidad. De pronto ni siquiera los altavoces a pedido de “conserven la calma y busquen una nave que los lleve fuera del planeta” parecían funcionar. Estaban a mitad de camino, pero Jaylen ya sabía que estaban dirigiéndose a un hangar reservado para la Alianza, pues tenía el plano de la ciudad en su tableta. Lo había estudiado durante las horas que la nave tardó en llegar al planeta, buscando posibles soluciones a los imprevistos.

La comandante desenfundó su M-5 Phalanx cuando las primeras explosiones se hicieron sentir. El sonido de las olas chicando contra la plataforma de Hurr, las voces de los visitantes y algún que otro grito resultante de un rencuentro, se vieron apagados tras la llegada de la nave alienígena. El estruendo que desprendía el titánico coloso de metal resultaba atronador en el espacio, cuando se filtraba por los sistemas de las naves de la alianza. Empero Jaylen jamás hubiera imaginado que en tierra se oiría aún peor. Era aterrador, una clara advertencia de la muerte que venía por todos los que estaban allí.

— Teniente, saque mi nave de aquí ahora mismo. Por el honor de nuestros antepasados— ordenó por el canal de la Incansable, cerrando cualquier intento de comunicación.

Cuando el grupo entró en el hangar de la Alianza, la comandante Desjani vio que el transbordador al cual Asahí los guiaba, no era la única nave dentro. El sitio, hervía de actividad como cualquier otro en la ciudad. Las personas que no lograban hacerse con un lugar en las naves, buscaban un rincón en el cual esconderse. No sabían que con la llegada del enemigo y la poca presencia militar que había, estaban condenados. Que las estrellas viven me perdonen, no puedo hacer nada por ellos.

Una vez que todos subieron a la nave, Jaylen tomó asiento tableta en mano. Después de buscar y teclear algunas opciones, logró meterse en el sistema del transbordador, y desde allí buscó el canal a donde iban las comunicaciones del piloto. Aquella era la manera más fácil de conectarse con la Sol Negro. El transbordador dejó el hangar con presteza, mientras la noticia de la muerte de Asahí empezaba a oírse por el sistema de comunicaciones de la nave insignia del almirante.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Feb 16, 2013 2:34 am

Los minutos pasan y no hay señas de los demás integrantes de la misión, el hombre del lobo supo que faltaban miembros ya que a su llegada no partieron. Algo le inquietaba, Una chica llego después de unos minutos, se presentó dando un saludo militar, resulto ser comandante.

Necross comenzaba a ponerse nervioso, una comandante, nunca le agradaron los militares, aunque no la reconoció, es decir es su primer encuentro con ella, igualmente no podia evitar sentir miedo de ser descubierto. El tiempo seguía su curso y nuevos reclutas iban llegando, el siguiente en llegar fue un cabeza cuadrada, de esos que siguen ordenes sin importarles otra cosa o esa fue la primera impresión que obtuvo Necross.

Ya al final llego "Colmillos", Necross no pudo evitar estremecerse al verle la cara al sujeto, su memoria es difusa, pero tal vez sea el mismo sujeto que conoció en el pasado o tal vez no, de cualquier manera no le preguntara directamente, de a poco vera si de verdad se trata de el.

Luego de que todos llegasen, la Tarriana los guio a su nave para continuar la misión, Yo no viajare con ustedes, si no es molestia iré en mi propia nave, abriré una frecuencia con la suya para mantener el contacto. Dice Necross si quitarse el casco, los únicos que vieron su cara fueron el otro tipo de armadura, y la Tarriana, la presencia de militares no le da confianza y prefiere mantenerse de incognito por ahora.

Un sonido interrumpió la calma del ambiente, un llamado fue el causante, al parecer el tipo encapuchado de la imagen era el que los contrato para la misión, comenzó a hablar sobre escapar del lugar y algo de un ataque sorpresa, Necross sonrió por debajo del casco, luego procede a tocar la parte izquierda de este. Al momento de que la Tarriana ordeno correr, una sombra cubría el sol, era Ray que comenzaba a aterriza en el hangar algo lejos de la lanzadera de Asahi, destrozando todo a su paso.

Necross corre hacia Ray activando su traje para ayudarle a subir a su abominación sin mucho esfuerzo, mientras los demás se refugiaban en la lanzadera. Ray despego unos segundo antes que la nave de los demás, Necross intenta comunicarse con la otra nave pero algo interfiere, de un momento a otro lanza un pequeño mensaje......Gray fox al habla, despeguen yo intentare protegeros si algo viene por detrás..

La nave despego y Ray tras ella dejaban el cuerpo sin vida de Asahi, cosa que Necross aún no sabía. Esta sin duda será una batalla muy difícil, el enemigo logro sorprender a nuestras fuerzas y eso no decía mucho sobre el supuesto Revan, pero será mejor sacar conclusiones cuando este frente a él. Piensa Necross mientras observa el infinito espacio, una mirada fría en su rostro se marca cuando logran aterrizar en “el sol negro”.
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Re: El Eclipse del sol Negro

Mensaje por Gigan el Sáb Feb 16, 2013 6:35 pm

Caminando a paso firme llegue a mi destino, como nombre con anterioridad, alli estaba la mujer que se me fue descrita. Pero no estaba sola, no, en lo absoluto, alli habian mas personas en el lugar las cuales desconocia por completo, pero que seguramente eran algo mas que un mercenario, o eso creia yo. No tenia idea de lo que estaba enfrente de mi persona, yo solamente fui llevado hasta aca por una mision y espero que aqui se me de.

El lugar estaba lleno de personas, humanos o no, incluso cyborgs. Vendedores aqui y alla, como la Tierra Antigua. A pesar de estar en una edad muy avanzada, la tradicion del mercader jamas se perdio. Siempre gritando en las calles invitando a los demas a comprar sus maravillosos productos, pero lo que me indigna es que aun hay idiotas que caen en sus desmedidas estafas.

Cuando llegue, junto a las demas personas que deduzco tambien fueron solicitadas por este ser, aquella misma nos recibio con un sutil reproche: "Me habéis tenido esperando más de dos día. Pero supongo que no es vuestra culpa el tiempo que tarden los viajes hiperespaciales" entonces negando con mi cabeza y riendo le respondi: "A mi tu amiguito me mando aca, yo vine en cuanto pude." - observe a mis alrededores para poder analizar mejor a mis acompañantes: el primero era un hombre y llevaba una armadura normal. El otro era un hombre igualmente, pero con una armadura verdaderamente pesada, seguro era de esos escuadrones enviados para destrozar naves o maquinas de alto calibre. Luego estaba otro hombre con un traje... un traje no convencional. Y luego, la unica mujer del grupo apartando a la mujer azul. Que bonito grupo, sin dudas.

Me presente ante todos con una reverencia, esto solo lo hacia por gracia, soy un mercenario y no tengo modales. "Un gusto. Mi nombre es Gigan Razzelle... y me llaman Zeus" rei y negue con la cabeza. Mi apodo de Zeus tiene un motivo mas profundo de lo que parece.

De la nada, sono un pitido ensordecedor, la extrarrestre azul (que desconozco que raza es) saco un dispositivo comunicador, una voz se escucho de el y entonces pude saber su nombre. Asahi era este. Pero me estremeci un poco cuando aquella voz que salia del comunicador hablo algo de peligro, al parecer estaban atacando la ciudad y eso no era nada bonito. La imagen se disipo, entonces yo la mire con cierta preocupacion... digo, no es como si no hubiese estado en guerras con anterioridad, pero cualquiera se preocupa a sabiendas de un inminente ataque. Inmediatamente tras la transmision en la lejania se pudireon escuchar explosiones. ¿Un bombardeo?, ¡que se yo!, ¡pero era hora de actuar!.

Asahi nos dio la orden de correr, no habia que decirmelo, ya yo iba hacia alla. El humo se podia ver en la ciudad, se podian escuchar los gritos de la multitud y el desorden y el caos se hizo en el lugar. Entre al hangar y estabamos a punto subimos a aquella nave menos aquel hombre, yo solo le mire rapidamente con una cara de incredulidad, ¿que creia que esto era juego?. Estaban atacando la jodida ciudad, por el cosmos.

... Pero no iba a ser asi, claro que no. La puerta se abrio liberando humo y abrieron fuego contra nosotros. Lance un fuerte grito al aire: "¡Mierda!" y entonces envie energia a mi Z3 derecho a la vez que active el campo electromagnetico para repeler el fuego enemigo. Asahi dio la orden de subir rapidamente, pero me parecio estupido pues es como si ella nos protegiera... esto me causo gracia puesto a que era pateticamente fragil. Sin embargo, obedeci a su orden, pero no sin antes de disparar una descarga electrica que venia concentrando desde hace 6s.

Como lo dije, aquella mujer era demasiado fragil como para poder protegernos. Si les hubieramos hecho frente y ella se hubiese escondido no hubiese pasado... pero la estupidez a veces domina todo. La mujer en un intento de subirse a su nave fue alcanzada por un proyectil enemigo que la dejo en el suelo, inconsciente o muerta. Pero por otra parte, la lanzadera despego, asi que dentro de esta ya estaba en calma. No tanto asi, sabia lo que pasaba alla abajo, pero... no es como si me importase realmente. Aqui solo vine a completar una mision.
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Re: El Eclipse del sol Negro

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