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Cazando a los de tu especie (Privada)

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Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Tzekel'Khan el Mar Feb 12, 2013 8:34 pm

"Dicen que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perduran. Con el tiempo, la mente, para proteger su cordura, las cubre de cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparece."

Rose Kennedy


El camino que recorremos, no es más que una senda que nos dejaron nuestros ancestros, entonces ¿Por qué desviarnos de aquella senda?

Llevábamos varios días caminando, quizás fue el tiempo, el aburrimiento o quizás fue la senda que nuestros ancestros nos dejaron, nuestros pasos nos llevaron a las lindes del bosque, un bosque cuyos rumores atormentan a los débiles y a los más duros, pero no hay nada más duro que yo, me detuve en frente de aquel inhóspito bosque, sin duda mirarlo era cuanto menos inquietante, arboles retorcidos, corrompidos por la magia, secos ‘’sin’’ vida, recuerdo algunas palabras de mi padre de cuando era pequeño.

-‘’Tzutzu’Khan: Es fácil dejarte llevar, puedes matar porque tienes las herramientas, podemos talar porque sabemos que nos dará calor, pero no podemos ignorar el vinculo.’’- Otro que no fuese yo tal vez no comprendería las palabras de mi padre y aun, hoy en día a mi me cuesta entenderlas, se refiere al vinculo que hay entre todos, estamos unidos a la tierra y nuestros cuerpos la nutrirán cuando ya no estemos aquí.
Pensamientos que nada tenían que ver con mi verdadero objetivo, si había venido hasta este bosque, era para una sola cosa, tras años de búsqueda había logrado dar con la pista de uno de mis hermanos, en concreto mi hermana menor Shyvanna, el monstruo que había arrebatado la vida de mi padre frente a mis ojos y de la cual jure vengarme, ahora por fin estaba más cerca, si se había escondido en Tzeezeroth la encontraría, la noche casi estaba por caer y yo estaba indeciso, escudriñaba las lindes de aquel bosque en busca de quizás, alguna figura ‘’familiar’’ tal vez de otro hijo de la ciénaga, no estaba muy seguro de cómo proceder así que me dirigí a mi compañera.

-Quédate aquí y haz un fuego, pronto se hará de noche, no te adentres en el bosque, si te ocurre algo grita y vendré corriendo a buscarte.- No me gustaba dejarla sola, desde mi punto de vista Murkia todavía era pequeña y débil, a pesar de su gran cambio, cuando me la encontré era muy pequeña, muy, muy pequeña.
Deje a Murkia sola y me fui para inspeccionar las lindes de aquel bosque, casi sin poder evitarlo empecé a recordar aquella fatídica noche.

‘’Todo está teñido de sangre, mis hermanos, mis amigos, mis camaradas todos yacen muertos a mi alrededor, mis dorados ojos poco a poco empiezan a abrirse, parpadeo un par de veces antes de abrirlos completamente, mi piel estaba manchada, mancillada por la sangre de mi pueblo, apenas di un par bocanadas de aire, antes de que mis ojos se volvieran cristalinos, brotando de ellos un liquido salado que caía por mi cara, mi ojos se cerraron y se abrieron expresando una inconmensurable rabia, rápidamente me levante del suelo, mas algo tenia aferrado a mi cola y allí la vi, un pequeño y diminuto saurio, quien había sobrevivido, pero del cual yo no iba a hacerme cargo, un resoplido salió de mis fauces y me dispuse a marcharme, pero aquel pequeño saurio no me soltaba, varias veces lo solté de mi cola pero cuando me disponía a marcharme, aquella pequeña criatura seguía aferrándose y aunque le grite y le advertí, no dejo de seguirme agarrándose a mí, no sé si fue que sentí lastima, o otra cosa, pero algo me decía que no podía dejarlo allí, la sostuve sobre mis brazos y me la lleve de aquel desolado lugar, el cual un día yo consideraba mi hogar.’’

Era extraño, pero aquel momento, es el único momento feliz que recuerdo de mi casa.
Mis pensamientos me absorbían y casi, perdía la noción del tiempo, mientras caminaba por las lindes de aquel siniestro bosque, realmente parecía aterrador, y más que inspeccionarlo por mí, lo hacía para proteger a Murkia, pero el bosque era demasiado espeso como para distinguir algo sin que me adentrara en el.
Mi pie se hundió en el suelo, no me había dado cuenta pero aquí había agua, sin mucho esfuerzo saque mi pie del barro en el que se había hundido y de pronto, un olor, un delicioso olor llego a mi nariz, no estaba muy lejos al parecer pero tenía que internarme en el bosque y decidí no hacerle caso, esta era mi primera semana de hambruna, pues 7 días atrás tanto Murkia como yo nos atiborramos de los cuerpos de unos bandidos, quienes tuvieron la feliz idea de intentar cazarla por su dorada piel, pero nunca esta demás tener algo que llevarse a la boca, aunque por el momento la comida tendría que esperar… o no.

Como un regalo de los dioses pude verlo, frente a mí un delicioso pero esquivo ciervo, aunque no sabía cómo iba a cazarlo, no sin poder tenderle una emboscada y no estaba dispuesto entrar en el bosque, no de momento, no sin tener una idea de lo que nos iba a esperar, aunque según lo que me conto Murkia, aquí dentro habitan seres tan terribles como el aspecto de su hogar, así que no, ese ciervo no sería abatido por mí, me di la vuelta y decidí volver con Murkia, quien quizás ya habría hecho un fuego con las ramas secas de las lindes y esperaba que, no hubiera desobedecido mi advertencia de no entrar en el bosque. Un pequeño ruido llamo mi atención, casi sin esperarlo y de pronto algo emergió del bosque, me golpeo aunque por suerte le su golpe alcanzo el cráneo que llevo como casco, un leve gruñido de enfado salió de mis fauces y me dispuse a contemplar de que se trataba, un horrible ser que hacía que reviviera mis más oscuras pesadillas, una Gorgona, cuando tome mi arma ella ya se había ido yo no era su objetivo, era el ciervo al cual atrapo por suerte para mi, corriendo fui a por ella y aunque por mi despiste ella se enredo en mi cuerpo, oprimiéndolo con fuerza yo con mis letales fauces conseguí alcanzar su cuello y literalmente arrancarle la cabeza de un mordisco, el cuerpo de la sierpe se soltó y cayó al suelo, los nervios aun funcionales hacían que ese cuerpo ‘’muerto’’ todavía se revolviera, pero aun así hoy había logrado una jugosa cena, de la cual sacaríamos algunas provisiones para nuestra ‘’aventura’’ en el bosque de Tzeezeroth, cargue el cuerpo de la Gorgona sobre mi espalda, amarrándola por la cola y el pequeño ciervo lo arrastraba por la cornamenta, así que con la cena dispuesta volví sobre mis pasos para volver junto a Murkia.



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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Murkia el Vie Feb 15, 2013 1:54 am

- Haz un fuego, claro, haz un fuego pero sin entrar en el bosque. La madera aparece por arte de magia Murkia -pensó la joven sauria, moviendo la cabeza con una sonrisa, mientras intentaba encontrar madera por los alrededores- Con lo que hay aquí no tenemos ni para las más pequeña de las hogueras- cogió un trozo de rama del suelo- Ni para una antorcha diría yo- con un suspiro, se colocó bajo el brazo la poca madera que había encontrado y volvió sobre sus pasos, hacía el lugar donde había dejado todas sus cosas amontonadas.

Un escalofrío recorrió cada una de sus escamas cuando el bosque de Theezeroth apareció, de nuevo, ante sus ojos cristalinos. Sus imponentes árboles se alzaban firmes, formando una muralla de oscuridad cuyo final la vista no alcanzaba a visualizar. La lenta expiración de los últimos rayos de sol no hacía más que aumentar la sensación de que algo extraño corría entre sus hojas, aunque Murkia jamás habría sabido afirmar de qué se trataba. Ante sus ojos se presentaba como una fortaleza inexpugnable, dispuesta a devorarlos tan pronto como una de sus patas atravesará sus lindes, mas poderosos eran los motivos que los habían traído hasta sus puertas, por ello, sin dudarlo, se recolocó la capa y siguió andando.

Sus pensamientos se alzaron lejos, mientras sus pasos la dirigían directamente hacía el lugar. ¿A qué sitio no sería capaz de ir por Khan? Su hermana estaba allí, en algún rincón de aquel funesto bosque. No pensaba dejarle solo, ni aun cuando todas las gorgonas del mundo se alzaran ante ellos. Mas un temor sordo se había instalado en su corazón. Había algo en aquel lugar, en el aire que respiraban, o en la oscuridad que emanaba, que le alteraba los nervios. En un principio pensó que se trataba del hecho de que, haya donde estuviera Shyvanna, los monstruos con cuerpo de serpiente la acompañarían, pero había algo más. Un algo que empezaba a desquiciarla, en especial cuando, al llegar, vio que su amigo todavía no había regresado.

Dando la espalda a la floresta, se sentó en el suelo y empezó a cavar, con intención de hacer un agujero, poco profundo, en el suelo donde colocar la madera y encender la hoguera, evitando que cualquier extraño que estuviera a los alrededores pudiera ver con extremada facilidad el fulgor de aquellas llamas. Una vez terminado, con delicadeza, colocó las ramas que había encontrado, momento en el cual fue consciente de que, efectivamente, la cantidad era del todo insuficiente si deseaban que el fuego resistiera gran parte de la noche. Con un suspiro, se acarició las escamas, y giró sobre sí misma, enfrentándose de nuevo a aquella perturbadora visión.

No era la primera vez que oía hablar de aquel bosque. Theezeroth era una gran fuente de historias para taberneros y juglares, un lugar repleto de misterios y leyendas, aunque si algo estaba claro es que, por una vez, la gran mayoría de las cosas que se contaban resultaban ser ciertas. Un poder negro habitaba en aquel paraje, y todo insensato que no lo tuviera ya dentro, podía acabar formando parte de él, convirtiéndose en un nuevo engendro sin nombre, como tantos otros que andaban por Noreth. Supuraba peligro haya donde los ojos de Murkia se posaran. Nada parecía seguro entre sus árboles. Y no era para menos dado que, según se contaba, la mayoría de aquellos seres aún seguían viviendo allí dentro, entre los cuales, parecían haberse añadido otros engendros de la ciénaga y las malditas gorgonas. Una fría brisa salió de su interior, haciendo que la angustia empezara a crecer en su interior, aferrándose a su garganta.

Con un movimiento obstinado aparto aquellas sensaciones de su mente, y se obligó a tragar saliva- No. No es momento para miedos ni reparos. Debo encender un fuego, apartar al frío de nuestro lado, para que así podamos descansar y mañana enfrentarnos a lo que se esconda entre la arboleda - pero el nudo seguía apretado en su garganta- Oh, vamos, ¿Cómo es posible que hace apenas una semana estuviera apalizando a unos bandidos armados hasta los dientes y ahora, por una brisa, me aterroricen unos árboles que ni siquiera pueden moverse a placer? Por favor Murk, un poco de sensatez.

Ese pensamiento todavía resonaba en su mente cuando reemprendió la marcha. Sin dudarlo, desenvaino la espada y atravesó aquella muralla natural. Sin ninguna dificultad encontró toda la madera que necesitaba, ni siquiera hubo de cortar rama alguna, dado que la maleza estaba repleta de leños, perfectos para su objetivo.

Era indiscutible que el motivo por el cual le fue tan sencillo llevar a cabo aquella tarea, era la gran mortandad que se observaba en aquellos árboles, raquíticos, sin apenas vida, con un follaje grisáceo, pero aún capaz de oscurecer el cielo. Estaba claro que el mismo hechizo que mantenía aquel lugar firmemente arraigado en la tierra, era incapaz de mantenerlo con una vida que, muy probablemente, en tiempos antiguos habría lucido con verde fulgor, cosa que todavía altero más a Murkia, la cual recogió la madera y sin dudar alejó sus pasos del lugar.

Mas, justo cuando andaba por la senda que la llevaría a la salida, sin que nada hubiera confirmado sus temores, un extraño olor le atravesó los sentidos. Un hedor que le hizo recobrar sus peores pesadillas. Su respiración frenó en seco, todo su ser fue incapaz de dar un paso más, paralizado por el mismísimo terror. Su mente se encontraba muy lejos, perdida en el recuerdo de su pequeño cuerpo arrastrándose entre los cadáveres de sus seres queridos y sus enemigos por igual, mientras aquel mismo olor empapaba cada recoveco- Gorgonas… - susurró.

El miedo atenazo su pequeño cuerpo, y sin dudarlo salió corriendo por la senda, con intención de volver hasta donde estaban sus cosas. Pero, justo cuando se encontraba a un par de pasos de la salida del bosque, recordó que su amigo se encontraba en las entrañas de aquellos árboles, motivo por el cual, podría estar en peligro- Maldito seas grandullón, ¿Por qué siempre tienes que enfrentarte al peligro de cabeza? - con un suspiro, giró sobre sus pasos y se volvió a enfrentarse a aquel cementerio arbóreo- Cuando lo encuentre, pienso darle un par de buenos tirones en esos cuernos que le atraviesan la cabeza, a ver si así se olvida de dejarme atrás siempre. .

Aquellos pensamientos tan cuotidianos lograron aplacar ligeramente sus miedos, mientras aferrada a su espada, volvía a enfrentarse a la atenta mirada de aquella floresta, que parecía más viva de lo que debería estar. Aquel hedor momentáneo parecía haber desaparecido en medio de la nada. Parecía más bien que los nervios le habían hecho una jugarreta. Ningún movimiento sospechoso alrededor. Una extraña calma teñía el lugar – Mientras no sea la calma que precede a la tempestad - pensó, no sin cierta inquietud.


En el instante en que empezaba a girar sobre sus pasos, pensando que de poco serviría si se perdía en el bosque, una sombra se empezó a dibujar ante sus ojos, una forma extraña que le atenazó el corazón, y que, para colmo de males, parecía dirigirse al mismo lugar donde se encontraba ella en aquel instante. Renegando de su falta de visión en la oscuridad, Murk se aferró a los enseres que llevaba encima y salió corriendo en dirección contraria.

Finalmente, volvió a salir a la intemperie. La luz del sol seguía apagándose poco a poco y la misma brisa helada seguía enfriando el ambiente. Murkia, entusiasmada por haber podido salir sin problemas, no vio como uno de esos brotes cadavéricos se enganchaba a las escamas de su pata derecha, motivo por el cual, acabo saliendo despedida hasta el suelo, con un fuerte golpe que le recordó el motivo de su carrera. Con cierto temor, desengancho el tallo de su piel, y se apoyó en sus manos, intentando adivinar lo que saldría de entre la floresta.

Quizá fue por el temor, quizá fruto de la sorpresa, ni la propia sauria habría sabido explicarlo, pero cuando aquellos conocidos pasos empezaron a resonar por el suelo del bosque, todo su ser dio un respingo. Sin dudarlo, empezó a reír de buena gana. Era evidente que aquella sombra no era otro que Khan andando por allí, probablemente cargando algo, dada la poca velocidad con la que parecía avanzar, aunque puede que aquella sensación de lentitud también fuera una ilusión creada por las emociones que acababa de vivir- Idiota, idiota, idiota - se dijo Murk, mientras se daba golpecitos en la frente. Luego miró el desastre que se había formado a su alrededor, con las ramas esparcidas por el suelo, junto a su capa y su espada- Y ahora… ¿Cómo demonios le explico lo que ha pasado? Se va a partir en dos de la risa… .

Pero el hedor que había sentido antes, volvió a chocar contra sus narices mientras se levantaba, y dada la poca distancia a la que se encontraba Khan, empezaba a ser evidente que algo tenía que ver él en todo esto. Ningún otro ruido se oía aparte de sus pasos, de modo que Murk, volviendo a sentarse en el suelo, justo a la entrada, sin esperar a que su colega asomará la cabeza, asegurándose de que pudiera oírla sin dificultad, dijo en voz alta:

- Antes de que empieces a reírte de mi por haberme asustado de tu sombra ¿Me puedes explicar porque apestas a Gorgona? La próxima vez que quieras bañarte, asegúrate de que no sea en sus tripas.
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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Tzekel'Khan el Vie Feb 15, 2013 5:05 pm

Mis pasos poco a poco, se hundían en el humedecido suelo, mientras volvía por el camino recorrido, por aquí había dejado a Murk, no me gustaba dejarla sola pero ella es rápida, sabe cuidar de sí misma o eso creo yo, que aunque a mí me siga pareciendo aquel pequeño saurio inofensivo, no puedo evitar el hecho de que ha crecido más de lo que esperaba e incluso sabia pelear, pero odio tener que dejarla a su suerte aunque sea por poco tiempo.
Poco a poco volvía sobre mis pasos cargando aquella, jugosa aunque repugnante cena a base de Gorgona, el simple hedor de aquel asqueroso cadáver me hacia enfurecer, pues me traía recuerdos del pantano en que me crie, aunque mientras caminaba sumergido en mis pensamientos, algo me llamo la atención, una sombra que se movía rápida frente a mí, negué con la cabeza pues sabia quien era… Murkia, como siempre seguramente me habría desobedecido en cuanto a lo de no entrar en el bosque, mientras yo estaba investigando, odio que haga eso, acelere un poco el paso para llegar cuanto antes a su lado, entonces ella se puso a hablar algo enfadada.

-Jajajajaja.- Una sonora carcajada salió de mi garganta, ante sus palabras, se había asustado de mi propia sombra y eso me hacia reír, ¿Cómo demonios podía asustarse de mí? Era muy gracioso, aprovechando que me reía deje caer en el suelo los 2 cuerpos que arrastraba, primero el del ciervo y después el de la Gorgona la cual produjo un fuerte sonido al caer al suelo, pues son bastante pesadas realmente y tras esto, me dispuse a responder su pregunta en cuanto a mi olor corporal.

-Si apesto a esas hediondas criaturas, es porque una me ha atacado y la llevo cargando un buen rato.- Dije serio contestando aquella pregunta, pero en mi tono de voz se podía apreciar que aun me estaba riendo por que la había asustado. Me fijé en que no me había hecho caso, ni había hecho fuego ni nada de nada, eso me hizo suspirar negando con la cabeza, pero para que malgastar palabras o incluso reñirla, tampoco es que me fuera a hacer demasiado caso. El cuerpo de la Gorgona todavía tenía algunos ligeros espasmos nerviosos debido a la decapitación, pero a mí no me molestaba lo más mínimo, supongo que a Murkia no le hacía gracia, pero lo bueno de traer 2 presas es que nos podemos repartir la comida, cogiendo al ciervo por una pierna y sin delicadeza ninguna se lo deje caer encima a Murkia, 40 kilos de tierna carne de cervatillo solo para ella, aunque más bien se lo deje caer encima solo para molestarla un poco, así de paso le daba un mísero castigo por no hacerme caso.

-No te lo termines del todo.- Dije a Murkia mientras miraba hacia el interior del bosque. –Allí dentro dudo que haya algo tan, tierno que llevarse a la boca, esa Gorgona me salió de entre la maleza, así que cerca debe de haber un pantano, iremos allí primero… no te preocupes por las sierpes, matare a todas las que se te acerquen.- Dije expresando un total y mas, que desmesurado odio hacia aquella raza de mujeres con cuerpos de sierpe.

-Saldremos cuando se haga de día, de momento come y descansemos un poco.- No era una ‘’orden’’ más bien era una advertencia, si mi hermana estaba allí dentro la encontraría y la mataría, pienso conservar su cráneo en mi cinto ritual, no como ofrenda a los dioses, sino como escarmiento, maldeciré su pútrido cuerpo para que ningún dios ose siquiera quererla en su reino, ni que forme parte de ninguna naturaleza, la decapitare y su cuerpo solo alimentara a los gusanos, lo arrastrare hasta que se descomponga si hace falta, mi padre será vengado.

Tome el cuerpo de la Gorgona y valiéndome de mi fuerza, empecé a arrancar trozos de carne con la boca, desmenuzándola poco a poco, el sonido de los huesos rompiéndose, la carne siendo arrancada del cuerpo muerto, sin duda para otro ser que no fuera Antropomorfo, podía sonar… cuanto menos horripilante. Tras la cena yo al menos me dedique a dormir, mi enorme cuerpo ya saciado de carne se tumbo al lado de Murkia, mis ojos parpadeaban cada vez más despacio y tras un bostezo, se cerraron dejando lugar a mis sueños y mis pesadillas, lo que mi imaginación decidiera.

~~Un mundo distinto, muy alejado de aquí, puedo ver a un pequeño saurio… ‘’Murkia’’ sonrió al verla, de hecho incluso estoy a su lado, es tan diminuta, ella intenta seguirme a través de unas fangosas tierras, sus pequeños pies se hunden bajo el barro, las lluvias han convertido este lugar en una pequeña ciénaga, ella se cae, acaba llena de barro, pero aun así sigue sonriendo, eso, eso me hace feliz y aun por hoy no logro entender porque, la ‘’rescate’’ en el pantano donde vivía, así que ¿Qué tenía ella de diferente? Pero ella nunca me dejo solo. Negué con la cabeza al verla caer en el barro, me di media vuelta y la levante para que no siguiera tropezando con mis huellas, tras alzarla y sonreírle le toque la cabeza con mi enorme frente, ella acariciaba los cuernos que sobresalían de mi cráneo, yo la educaría, la protegería, jamás la dejaría sola.

Un manto de estrellas cubre el cielo, la oscuridad no logra ser total gracias, a los brillantes astros, yo las contemplo con ilusión, mientras explico al pequeño saurio lo que me contaba mi padre de pequeño.

-Esa enorme que ves allí.- Dije señalando el astro. –Esa recibe el nombre de Gwagññ, es la estrella que nuestros dioses nos dejan contemplar todas las noches, se dice que hace muchos, muchos años, fue un poderoso líder de los pantanos, sabio y que todo el mundo respetaba.- Decía explicándole la historia de la estrella, que si bien este era un cuento para los saurios pequeños, a mi no me disgustaba explicarle este cuento a Murkia. Ella bostezo tras el cuento y sobre mi regazo se durmió, podía sentir cada bocanada de aire que tomaba sobre mí, poco a poco yo también iba dejando caer mis parpados hasta que todo, se volvió negro…

-¡Aaaaaaaaah!- Gritos, oigo gritos, abrí los ojos y todo estaba envuelto en llamas, miraba hacia los lados desconcertado, no sabía lo que ocurría, todo estaba difuminado, solo veía siluetas moviéndose a mi alrededor, no sabía qué hacer, no reconocía nada, pero sobre los cadáveres allí lo pude ver, era mi padre, mi padre estaba siendo consumido por las llamas, sus ojos, no podía verlos pues de ellos emanaban fuego.

-¡Padre!- Grite y tras esto tome mi espada ritual, mientras que salía corriendo hacia él, tenía que salvarle, corrí tanto como pude, varias veces grite tratando de llamarle pero, por mucho que corriera no podía alcanzarle, mis ojos abiertos de par en par no dejaban de derramar lagrimas, un desgarrador grito salió de mi garganta, pero por mucho que yo gritara, mi padre se seguía consumiendo, algo choco contra mi impidiendo mi camino.

-¡Gorgonas!- Exclame al ser derribado por una de estas, ella iba armada con una lanza, pero abrió su boca y me chillo con furia, yo respondí con un sonoro y aterrador rugido, me levante y me lance contra ella, ambos chocamos pero mi fuerza era muy superior a la de aquel ser, mi mano la sostenía por la garganta estrangulándola, ella se revolvía intentando arañarme, intentando hacer que la soltara, pero con mi otra mano empuñando mi gigantesca espada, la cercene por la mitad, un desgarrador grito se escucho pero yo no me detuve y con mi pie enorme, pise su cabeza aplastándola contra el suelo, tenía que llegar hasta mi padre fuera como fuera y esa, asquerosa criatura no me lo iba a impedir, tras acabar con ella volvía a llamar a mi padre, este me miro con sus ojos imbuidos por las llamas, pero antes de que me dijera nada algo lo apuñalo por detrás.

-¡Shyvanna!- Exclame con sorpresa al verla, mis fauces se apretaron de rabia, mi mano sostenía ahora mi espada con una rabia inconmensurable.

-¡SHYVANNA!- Grite con rabia mientras corría hacia ellos, pero un nuevo golpe me hizo caer al suelo, esta vez no podría levantarme, lo intente, hice cuanta fuerza pude pero era como si estuviera amarrado al suelo, cuando mire que era lo que me sostenía podía ver, como los cadáveres de mis hermanos, los de las gorgonas que yacían muertas en el suelo me sostenían, me arrastraban hacia un pozo de oscuridad.

-¡Soltadme!- Grite aterrado por la situación, aterrado de no poder ayudar a mi padre, poco a poco mi cuerpo se sumergía en la oscuridad, en aquel pozo que clamaba por mí, succionándome a aquel foso, caí, seguí cayendo mientras mis gritos se apagaban en la inmensa oscuridad, la oscuridad de una noche eterna, la cual poco a poco empezaba a consumirme…

Mi respiración se agitaba, hambre… tengo mucha hambre, mi cuerpo parecía guiarse por un instinto carnívoro, que nada podía satisfacerle, a mi alrededor, solo podía ver cadáveres, humanos, orcos, elfos, animales y criaturas yacían bajo mis pies muertas, abiertas en canal, a algunos les faltaban los brazos a otros, simplemente estaban abiertos en canal, pero yo tenía que comer, necesitaba esa carne, mis manos estaban llenas de sangre, la cual caía de estas goteando continuamente, haciendo que el charco de sangre poco a poco se extendiera por toda aquella superficie, tiñendo todo el suelo de oscuro rojo, ahora era lo único que podía ver, todo estaba cubierto por un gran charco de sangre, el cual ya incluso sobrepasaba mis tobillos, mis labios medio abiertos dejaban ver toda mi dentadura, de estos también caía aquel liquido carmesí, pero entre todos los cuerpos solo uno llamo mi atención, una víctima viva, cubierto por una tela, esta empezó a correr tal vez de un modo fantasmal, pero la perseguí bajo la influencia de mi instinto frenético por alimentarme, mis pisadas hacían salpicar el rojo liquido hacia todos lados, de mis fauces solo se podían escuchar los gruñidos de una insaciable bestia, que solo quería devorar lo que tuviera por delante, no me detuve hasta te atrape aquella tela la cual, para mi sorpresa sí que ocultaba un cuerpo, un diminuto y dorado cuerpo al cual rugí ferozmente, mientras que mi mano libre alzaba mi espada y aunque fuera extraño, cuando aquella espada alzo su punto más alto, un trueno pudo escucharse al mismo tiempo que una dulce, pero débil voz.

-Khan.- ~~


-¡Murkia!- Exclame despertándome de golpe, exaltado y con una respiración agitada, una respiración que denotaba terror, mire a mi alrededor para saber que ocurría, que demonios había pasado, en mi interior rezaba para que todo hubiera sido un sueño, por suerte fue así, vi a Murkia durmiendo y dentro de mí, pude sentir un gran alivio, mientras me llevaba la mano al pecho. Mis ojos se entrecerraron pues algo les era molesto, el primer sol de la mañana ya había aparecido, bañando con una tenue luz todo lo que sus rayos tocaban, parpadee un par de veces y suspire nuevamente, mientras trataba de calmarme, por suerte solo había sido un sueño, fruto de mi imaginación, me puse en pie para estirar un poco los brazos y las piernas, no sabía si despertar a Murkia o ir a por un poco de agua, al final me decidí por recolocar bien su capa para que la tapase mejor, e irme a por algo de agua.
Por suerte, no muy lejos de aquel campamento improvisado, encontré una pequeña charca de agua, la cual se habría acumulado por las lluvias y la humedad, con un hueso de cráneo a modo de cuenco, recogí el elemento e hice lo mismo repetidas veces, 2 para beber yo y 2 más que llevaría para cuando Murkia se pusiera en pie.
Ya de vuelta junto a mi compañera me senté junto a ella, mucho más calmado que cuando me había despertado, mi mano derecha se poso sobre su cabeza, acariciándola con cuidado de no despertarla, dejándola dormir un rato mas, total, ella me lo pediría de todas formas, el agua la deje cerca de ella pero no lo suficiente como para que al despertarse la tirara toda.

Apenas 10 minutos extras la deje dormir y con la mano, que anteriormente la había acariciado, la zarandee con suavidad para despertarla.

-Murkia… despierta, pequeña, hemos de ponernos en camino.- Dije con calma intentado despertarla.



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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Murkia el Vie Feb 22, 2013 2:50 am

- Si en la venganza esta la paz, solo pido que nos encuentre con la espada en alto, preparados para su último asalto - pensó, mientras observaba como Khan devoraba la gorgona, con un extraño sentimiento en sus entrañas, una mezcla entre fascinación y repugnancia.

En sus manos yacía un trozo de lo que había sido aquel ciervo, ahora rebanado y cortado para poder ser trasladado por el bosque. Su tierno sabor recorrió todo su ser, mientras era devorado por sus colmillos sin dificultad alguna. Un placer para los sentidos, juntamente con aquella noche tranquila y la hoguera que chisporroteaba ante sus ojos. La calma reinaba el lugar.

Khan se acomodó para dormir justo después de cenar, mas la mente de Murkia seguía perdida en otros menesteres, haciendo difícil la tarea de encontrar el sueño. Los recuerdos iban y venían, mientras su piel refulgía entre la luz del fuego y las estrellas. Se sentía como si en cualquier momento pudiera arrancar a contarse un relato a sí misma, bajo la sombra de aquellos árboles, que poca fuerza tenía ante tanta belleza nocturna, donde todo es oscuro y lo único que destaca es aquello donde la vista alcanza. Con la mirada puesta en su amigo, sus pensamientos empezaron a tomar forma y sentido.

- No sabemos que nos depara el tiempo ni tampoco la suerte. Puede que mañana mismo sea nuestro final, y en él se rubrique el paso de una gorgona o las manos de su hermana - se estremeció- Puede que, desde hace tiempo, toda esperanza de victoria se ha perdido y solo nos queda la fe del necio, que mira al cielo y clama por ganar, aun cuando la muerte lo mira de frente. Puede que nuestras vidas no signifiquen nada en absoluto para este vasto mundo - una sonrisa se perfilo en sus labios- Pero… ¿Qué importancia tiene? Lo importante es que estamos aquí, que hemos conseguido llegar al borde de nuestro abismo, y no lo hemos hecho mal. Al verle ahí, relajado bajo este tranquilo cielo, me doy cuenta de hasta qué punto ha valido la pena esta senda, sea cual sea su final. Hemos conseguido ser felices, a pesar de la miseria que hemos tenido que pasar y todos nuestros demonios internos, hemos tenido la oportunidad de saborear una buena vida, entre bromas y risas hemos conocido este mundo, y por si fuera poco, hemos tenido la oportunidad de conocernos el uno al otro como muy pocos seres llegaran a conocerse jamás, sin miedos ni reparos - una fría brisa corrió entre sus escamas, obligándola a taparse con la capa roja. En sus ojos apareció un brillo cálido como la lumbre- No, no importa donde terminemos. Algún día debo darte las gracias grandullón, gracias por recogerme aquel día y por permitirme conocerte y cuidar de ti, y sobretodo, gracias por protegerme y enseñarme todo lo que se - alzó la mirada al cielo estrellado- Ojala algún día, bajo la luz de estas mismas estrellas, pueda conocer a la nueva familia que algún día formaras, con varios pequeños saurios, aunque no tanto como…

Una feroz sacudida en el cuerpo de Khan la sacó de su ensoñación. Con cierto temor miró a su alrededor, como buscando que era lo que la podía haber provocado, mas parecía que el único peligro se encontraba en su mente. Silenciosamente, Murk se levantó, y con delicadeza se sentó a su lado, cuidándose mucho de no despertarle. Mientras se acababa de sentar, la sacudida volvió a repetirse, provocando una pérdida de equilibrio que habría echado al traste sus esfuerzos, pero con cierta agilidad pudo mantenerse sin mayores problemas. Una vez colocada, acercó su rostro hasta su oído y susurró:

- No te preocupes querido amigo, la noche cambia muchos pensamientos, pero yo estoy contigo - se alejó un poco para observar el efecto de su acción, y al ver que su respiración seguía acelerada repitió- Estoy contigo Khan

Sabía que no recordaría aquellas palabras, ni siquiera sabría que había estado allí para susurrárselas, pero no era necesario, el mero sonido de su voz tranquilizaba a la fiera que guardaba dentro- Aunque no siempre con resultados tan satisfactorios -pensó, mientras se levantaba y volvía a su lugar. Una vez allí, se recostó en el suelo, se envolvió con la capa, y cerró los ojos sin temor, sabiendo que ante cualquier problema, se despertaría- Nada da más confianza en el mundo en plena noche, que la compañía de un saurio de casi 3 metros - y con ese reconfortante pensamiento, su respiración se relajó, y la oscuridad nublo su mente.

- ¿Por qué eres tan madrugador? Ni que el día fuera a marcharse solo por dormir un poco más - murmuro Murkia, entre gruñidos. Mas cuando levantó el rostro, una sonrisa poblaba sus labios- Buenos días, grandullón

Con un movimiento perezoso se sentó en el suelo, y cogió el agua, mientras se la agradecía a Khan con un gestó con la cabeza. Lo primero que había escuchado aquella mañana había sido el suave despertar que le había propiciado su compañero, nunca era brusco con ella si podía evitarlo, algo muy de agradecer dadas las enormes diferencias de tamaño que hay entre ambos.

Con un gesto despreocupado, cogió un pequeño trozo de carne de ciervo y lo devoró, mientras reflexionaba sobre el día que les esperaba, mas la visión de las cenizas de la hoguera distrajeron sus pensamientos, dado que, gracias a la iluminación del gran astro, se dio cuenta de que hacía horas que su fulgor se había extinguido- Maldición, nunca consigo que el fuego nos dure toda la noche. Habrá que ser mago para conseguirlo - comentó, mientras daba cuenta de los últimos bocados- ¿Te puedes creer que me moría de hambre? Como si anoche no hubiéramos cenado. Quizá todavía este a tiempo de seguir creciendo, Khan - le dijo con una sonrisa, mientras se levantaba del suelo, y empezaba empaquetar sus cosas para la marcha.

Cuando hubo guardado toda la carne restante, además de su capa roja, se colocó las piezas de la armadura, su capa negra, se ató la espada a la espalda, y por último, su escudo en la parte alta del brazo, para que no fuera una molestia durante su travesía, pero en caso de que hubiera una batalla, fuera muy fácil recolocarlo en su lugar. Finalmente, antes de cargar el zurrón, se alejó unos pasos de donde se encontraban, con intención de observar los límites del bosque, con intención de visualizar si algún desconocido se había acercado hasta ellos, bajo la protección de la oscuridad y el sueño.

- No parece que se haya acercado nadie, todo está limpio, sin rastro alguno - comentó en voz alta, mientras seguía inspeccionando el terreno. Con bastante velocidad, sus ojos recorrían el suelo en busca de alguna señal entre la maleza, pero, justo cuando iba a volverse, un leve brillo en el suelo llamó su atención. Con delicadeza, apartó las hierbas y recogió el objeto que lo emitía. Un respingo de temor recorrió su ser y con ese miedo recorriéndole el cuerpo, se giró hacía Khan- Una escama de gorgona. Pero…- carraspeo- parece que lleva tiempo aquí, no es de esta noche, dado que está muy fría, y las gotas del amanecer la han manchado - volvió a clavar su mirada en el bosque- Aunque sea como sea, está claro que no andan demasiado lejos de aquí. Puede que tengan patrullas por el bosque ¿Quién sabe?

Mientras volvía sobre sus pasos, una nueva sonrisa asomo en su rostro, aunque no exenta de cierto temor. El día empezaba, y con él, el peligro les acechaba por todos los costados- Como si nos encontráramos cruzando un estrecho puente, sobre el abismo de nuestras vidas - pensó con un suspiro. Mas, sin ningún atisbo de duda, se colocó el zurrón, y con esa misma decisión volvió a mirar a su amigo.

- Nos esperan días muy duros compañero, pero juntos podremos vencerlos, estoy segura de ello, y pronto se lo haremos ver a todos los monstruos que nos puedan aparecer entre los arboles - sonrío- Contigo correría hasta las entrañas de la tierra del fuego, no lo dudes nunca.
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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Tzekel'Khan el Vie Feb 22, 2013 6:18 am



Aquellos a los que llamamos, hermanos un día pueden dejar de serlo, para convertirse en los seres, que nos atemorizan en nuestros corazones.

Cuando desperté a Murkia, no pude evitar sonreír, como siempre le costaba despertarse, ‘’perezosa’’ ella siempre era difícil de despertar, así que negué con la cabeza, pero no obstante yo me puse en pie y mire hacia el bosque, pero tampoco es que tuviera intención alguna de escudriñarlo en este preciso momento, aproveche que la pequeña desayunaba, para utilizar parte del agua en hidratar mi piel, no me gusta que se reseque.
Murkia continúo hablándome, a lo que yo sonreí divertido por sus palabras.

-Si sigues creciendo, tal vez algún día, puedan llamarte Murkzilla.- Dije bromeando en cuanto a su estatura, la cual en comparación a mi realmente era pequeña, pero no podía quejarme en eso, yo siempre fui un poco más grande que el resto así que…
Espere paciente a que terminara de recoger sus cosas, yo hice lo mismo con las mías, tanto mi maza como mi espada estaban atadas en mi espalda, mi morral sostenido en mi cinto y listo para el viaje.

-No, seguramente no haya demasiada gente, dispuesta a acercarse a este recóndito bosque.- Dije explicativo, pues es de entender que nadie quiera entrar aquí, al menos según los rumores que se suelen escuchar, pero ello no me impediría seguir con mi ‘’objetivo’’ aunque odiaba tener que inmiscuir a Murkia en mis asuntos, se que sin ella en estos momentos no sería más que un trozo de cuero, en los pies de algún humano burgués, incontables son las veces en las que Murkia me ha protegido, no físicamente, sino protegiéndome de mi mismo, es algo que jamás podre agradecerle por mucho que yo haga por ella. Murkia se aparto de mi lado y yo aun seguía quieto en mi sitio, pero con toda mi atención centrada en ella, algo llamo su atención así que me acerque para ver de qué se trataba, me puse en cuchillas a su lado a ver que era, una escama de Gorgona, al verla no pude evitar resoplar, era tal el odio que siento por ellas, que el mero hecho de verlas me repugna.

-Si llevan tiempo aquí, se confirman mis sospechas, no estamos muy lejos de un pantano, es posible que pertenezca a esas cosas.- Explique serio ante la escama, las gorgonas se parecen mucho a nosotros en cuanto a los climas en los que viven, necesitan lugares húmedos. Nuestro primer objetivo sería encontrar dicho pantano y conseguir la información sobre mi hermana, de un modo u otro y si puedo elegir, se lo quitare a golpes, mi mano derecha se puso sobre el hombro de Murkia.

-No te preocupes, yo cuidare de ti.- Dije con un tono serio, pero a la vez esperanzador, sabía cuanto miedo le daban a la pequeña aquellas sierpes con torso humano.
Tras las últimas palabras de Murkia no podía evitar expresar felicidad, una gran sonrisa en mi rostro, la cual se marcho rápida como un relámpago pues ahora, debíamos afrontar los peligros que el bosque nos aguardara, no me gusta mucho pensar, así que… lleve mi mano derecha a mi espalda tomando por la empuñadura mi espada y con ella en mano, nos adentramos en el bosque atravesando sus aterradoras fronteras.

-No te separes de mi.- Decidí advertir a Murkia, a quien yo procuraba tener vigilada todo el tiempo, mi cola de vez en cuando palpaba lo que había tras de mí para confirmar que ella aun seguía aquí, para mi tranquilidad más que nada.
El aire del ambiente era húmedo, signo de que o bien hace poco había llovido, o bien cerca había una considerable extensión de agua, lo más probable es que recientemente, las nubes descargaran agua sobre el lugar, pues mis pies se hundían casi 20cm en barro debido a mi peso, pero no me incomoda en absoluto, esto es mi terreno y a mí me gusta, lo que no me gusta es que este bosque me transmite una extraña sensación, me siento observado como si toda la flora nos tuviese a Murkia y a mí en su punto de mira, ¿de qué se trataba? No tenía ni idea, pero tampoco es que tuviera mucho afán por descubrirlo.
A pesar de que no lograba ver demasiado aquí dentro, podía oír ruidos de animales, olores de muerte y putrefacción, no sé que será este sitio, pero desde luego para otros seres no es demasiado agradable, de pronto algo llamo mi atención, de entre las sombras una figura se dirigía hacia nosotros volando.

-¡Agáchate!- Exclame mientras que yo empuñaba mi espada con ambas manos preparado, para lanzar un ataque a lo que se asomara, la criatura no era otra cosa que un cuervo, que aunque de considerable tamaño se alejo de nosotros para posarse en una rama, suspire con enfado pues aquel maldito animal por un momento me había preocupado, ‘’perfecto’’ ahora le he dado un motivo a Murkia con el que poder reírse, negué con la cabeza mientras ella sin poder evitarlo reia.

-Si, jaja muy graciosa.- Dije un poco enrabietado por las carcajadas, pero tampoco podía culparla, así que proseguimos nuestro camino, a través de la senda de aquel maldito bosque, donde todo parece decirte, voy a comerte.
No me di cuenta y sin querer pise un trampa, pero por desgracia para esta, yo era demasiado grande y pesado, con lo cual solo tuve que ‘’pisar’’ fuerte para no perder el equilibrio y con mi espada, corte el fino cordel, no entiendo que hace esta triste trampa aquí, pero desde luego no les serviría de mucho para cazar, lo que sea que viva aquí adentro.

-¿Has oído eso?- Pregunte a mi compañera, había escuchado un ruido cercano a nosotros, el cual me llamo la atención, no sabía de que se trataba, así que me gire hacia Murkia. –Quédate aquí, voy a ver.- Le di una orden la cual esperaba que acatase, si puedo mantenerla alejada del peligro mucho mejor en caso de que fuera peligroso claro.
Dejando atrás a Murkia me adentre mas en el bosque, casi deslizándome entre los árboles, procurando hacer el menor ruido posible, observando atentamente lo que había frente a mí, ramas secas y poco más que eso, de pronto acabe en una pequeña planicie, un lugar sin estar en la parte frondosa, un pequeño claro de tierra donde vi un pequeño cadáver, o lo que quedaba de él, me acerque a él y lo olí un par de veces, era fresco, pero si era fresco ¿Quién lo había matado? De pronto escuche un gruñido tras de mí, me volví para ver lo que era ¡UNA BESTIA! Una gran criatura, pero desde luego nada que yo conociera, en pie era más grande que yo, rondaría los 3’40, yo instintivamente di un paso hacia atrás, la criatura tenía el aspecto de un oso, pero sus ojos eran de un color rojizo, uno de ellos tenía una enorme cicatriz, además poseía 4 brazos, ¿Qué demonios se supone que es esto? Me preguntaba mientras daba otro paso hacia atrás y le enseñe toda mi dentadura completamente, la bestia rugió, pero yo no me amedrente e hice lo mismo, con la cabeza inclinada hacia adelante y con mi boca completamente abierta, deje salir desde lo más profundo de mi garganta un sonoro y aterrador rugido, el cual no sirvió para nada, ahora ya sabía de dónde provenía el cadáver.

Espada en mano y con un último rugido ambos nos abalanzamos el uno sobre el otro, corriendo de frente el uno contra el otro, el impacto produjo un fuerte estruendo, el estruendo producido por dos fuerzas que impactan aunque el que salió peor parado, para mi desgracia desde luego no fue el ‘’oso’’, caí bajo la fuerza de sus brazos los cuales incluso me hicieron retroceder un par de metros, pero aun sostenía mi espada, este adversario me sería difícil abatirlo por mi solo y aunque, va en contra de lo que yo deseo, tenía que encontrar la forma o de huir, o de hacer que Murkia se diera cuenta de mis problemas… no eso jamás, la pondría en peligro a ella, así que, matare a este fétido pulgoso y continuare la búsqueda de mi hermana, un oso mutante no me lo va a impedir, nadie impedirá que culmine mi venganza. Mi mano se apretó con fuerza en la empuñadura, leves resoplidos salían de mis fauces, mi corazón agitado empezó a bombear adrenalina, alce mi brazo para combatir contra aquella bestia con mi espada.

-¡Tu cabeza será mia!-


------------------

OFF:
Perdona la manipulación, pero es que sino nos podemos tirar semanas posteando como nos movemos cada uno independientemente.



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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Murkia el Sáb Mar 09, 2013 3:55 pm

He aquí una danzarina, no se mueve
sin que la mueva un sable de agua desenvainado.
La hace girar, bien a su pesar, y ella desenvaina
sables cortantes contra él: ni ella se fatiga ni él se asombra.
Al girar con rapidez, te imaginas
que da la cara a todos lados del jardín
(Abu Ya‘far)


Un temor sordo empezaba a instalarse en sus entrañas, mientras sus dedos repicaban sobre su piel. Lejos quedaba la tranquilidad de la mañana. Algo no iba bien. Algo no iba nada bien. Con sus grandes ojos, Murkia escudriñaba su alrededor, intentando sonsacar algo en esa espera, que por instantes se hacía eterna, a pesar de que tan solo llevaba unos minutos al pie del camino.


- Quédate aquí, quédate aquí- pensó con un gruñido- Como si fuera fácil quedarse a un lado, sobretodo en este bosque, el cual transmite la misma confianza que un orco enfurecido. Ojala nuestro mayor peligro se resumiera en el cuervo de antes- una sonrisa se dibujó en sus labios, mas con la misma premura con que se había formado, se deshizo sin más, mientras sus ojos seguían analizando su alrededor- Vuelve pronto Khan, antes de que esto se nos derrumbe encima.


A medida que se adentraban en la floresta, el lugar parecía querer devorarles, convirtiéndolos en meros espectros, perdidos entre las sombras que poblaban cada rincón, uniéndose a los leves sonidos, ahogados bajo aquella sensación, a la cual Murkia jamás habría sabido ponerle nombre, mas sentía su peso sobre sus hombros. El bosque estaba demasiado vivo, lo sentía casi como si pudiera observarlo, cuál animal salvaje al acecho. Únicamente la compañía de Khan había hecho que la sauria avanzara con tranquilidad, aun sintiendo los temores de su amigo, mas la soledad y el hecho de no poder hacer nada, empezaba a hacer mella en sus miedos.


Repentinamente, un estruendo rompió con la calma que reinaba el lugar. Un fuerte golpe que resonó por los alrededores, y que parecía proceder de la senda por la cual, minutos antes, Khan había marchado- Maldición- susurró, mientras apretaba la mandíbula, formando un tenso rictus en su rostro- Si espera que me quede aquí, escuchando como le abren las tripas, es que no me conoce en absoluto- una voz en su interior le susurró que existía la posibilidad de que hubiera sido provocado por el propio Khan, motivo por el cual, era probable que estuviera ganando la pelea, con lo que fuera su contrincante, mas aquello no fue suficiente argumento para retenerla en su lugar, por el contrario, empezó a moverse con más ahínco todavía.

Con sumo sigilo, aprovechando que andaba por un terreno fangoso, tan típico de lo que una vez fuera su hogar, empezó a avanzar por la senda, refugiándose en las sombras, para evitar que miradas desconocidas se posaran sobre su figura. A medida que se acercaba, los sonidos de la batalla aumentaban proporcionalmente. Era evidente que no se trataba de cualquier refriega- Golpes tan fuertes solo los dan seres de gran envergadura ¿En que estas metido Khan?- fue entonces cuando grito desafiante de su amigo llego a sus oídos- Oh, no, no, no- aumentó su velocidad- ¿Para qué gritarle si es algo que está a su alcance? Esto no va nada bien.

Al cabo de pocos segundos ya se encontraba a muy pocos pasos del claro donde se sucedía la batalla. Silenciosamente, se agacho en el suelo, escondiéndose entre los múltiples árboles y matorrales, y se acercó hasta allí, hasta que estuvo lo suficiente cerca para asomar la cabeza y analizar la situación, desde una discreta perspectiva, desde la cual, difícilmente nadie podría adivinar su presencia.

Una mueca de perplejidad se formó en el rostro de Murkia, mientras observaba al gran oponente que se estaba enfrentando a su amigo. Una especie de oso, enorme, tan grande que si pudiera colocar un ser de la altura de Murk sobre sus propios hombros, tendría la misma altura, y por si no fuera suficiente, contaba con cuatro brazos. Por un instante, la fascinación pudo más que el temor- Asombrosa la magia de este sitio- mas, cuando su rostro se giró hacía Khan, el estómago se le encogió hasta límites imposibles, obligándola a centrarse en la situación que, por lo que veía, se les podía escapar de las manos en cualquier instante.


Su amigo parecía cansado, y aunque en su rostro se reflejaba el desafío que antes había gritado, era evidente que le fallaban las fuerzas, del mismo modo en que también se podía observar su negativa a la hora de pedir ayuda- Grandullón, grandullón, un día te mataran y con ello a mí también, maldito seas- pensó, contrariada, mientras se esforzaba en urgir un plan con el poco tiempo que contaba.


-Ambos parecen necesitar un respiro, de modo que cuento con unos preciosos segundos antes de que el enorme animal decida dar el golpe de gracia- pensó, mientras volvía a esconder la cabeza entre los arbustos- No me espera. No sabe que estoy aquí. Si le rompo la concentración ahora, será una presa mucho más fácil. Solo hay que hacerle sentir amenazado por un ente invisible a sus ojos- justo en ese instante, volvió a levantar el rostro y vio como el animal se disponía a atacar de nuevo- Rápido, rápido.


A toda velocidad, se levantó y empezó a moverse entre los arbustos, haciendo ruido intencionadamente, para luego esconderse en el otro extremo del claro. Con una sonrisa de triunfo, vio como el animal observaba su alrededor con cierto desconcierto. Del mismo modo, volvió a recorrer la misma senda, mientras desenvainaba la espada. Una vez llegó al lugar donde se encontraba inicialmente, se recoloco el escudo- Perfecto, animal grande pero poco inteligente, nada hecho para presas pequeñas. Bien- sin dudarlo, volvió a levantarse, y empezó a correr, esta vez cruzando justo por la espalda de Khan, hasta llegar al otro lado, creando un gran estruendo con sus pasos, nada que ver con el silencioso recorrido anterior. Parecía que no había hoja o rama en el suelo que no fuera a acabar demolida por sus pasos. Además, con sus labios, producía fuertes seseos, aprovechando la anatomía de su lengua, tan parecía a la de cualquier anfibio.


Finalmente, llegó de nuevo al lugar colocado a espaldas del animal de cuatro brazos. Aprovechando el desconcierto que había creado su batida, se tomó unos segundos para analizar el mejor modo de atacar. No podía hacerle frente, eso estaba claro, un abrazo de aquel animal la convertiría en una cara sabana dorada, nada más lejos de sus deseos. Mas, aquel enorme tamaño, hacía muy difícil vigilar todos los rincones de su cuerpo, solo debía moverse con agilidad, darle un golpe inesperado y alejarse con la misma rapidez- Fácil de decir- pensó, no sin cierto sarcasmo- Oh vamos, solo debo alejarme de esos brazos, hacerle un corte que no se espere- frunció el ceño- Si le doy en una pata, se verá obligado a agacharse, y eso le podría dar una oportunidad a Khan- una sonrisa maquiavélica se formó en sus labios. Cogió aire con fuerza, y empezó a avanzar.


A toda velocidad, se aferró a la espada con todo su ser, mientras se acercaba hasta el osezno, con la espalda agachada, preparada para esquivar cualquier intento de ser atrapada por aquella masa de brazos. Sin dudarlo, aprovechando la ventaja de estar a sus espaldas, levantó la espada, y apunto directamente a su pata derecha, haciendo un leve pero doloroso corte en su tobillo- Esto es lo que pasa cuando no se tienen escamas- pensó, con un leve matiz de orgullo, mientras continuaba su avance hacía los arbustos, con intención de protegerse antes de que el animal comprendiera la situación, mas justo antes de llegar, el animal alcanzo a cogerla, momento en el cual la lanzó por la misma dirección a la que se dirigía, haciendo que rodara entre los arbustos, a la vez que recibía un fuerte golpe por la caída- Maldito engendro repugnante- pensó enfurecida, mientras sentía como la espada se le resbalaba de los dedos.

Por suerte, el lanzamiento no contaba con demasiado impulso, debido a que Murkia había ido demasiado deprisa, impidiendo que el animal pudiera aferrarse a ella con todas sus fuerzas y con ello, lanzarla o incluso arrastrarla hasta él, de modo que únicamente había podido empujarla- Pero está claro que fuerzas no le faltan, si es capaz de provocar esto con un mero roce- pensó, no exenta de cierto temor, mientras recogía su espada. Sentía la espalda ligeramente dolorida por el golpe, mas en ningún momento su decisión se debilito. Con cabezonería, se giró hacía su contrincante- Vamos pequeño, sabes que estoy aquí, demuéstranos lo que sabes- pensó, con la misma sonrisa que había mostrado antes clavada en el rostro- Deja que te enseñemos como ser grande, cuando se juntan dos como nosotros, no sirve de nada- elevando la espada sobre su rostro, y la mirada desafiante, volvió a avanzar hasta el claro, y justo antes de llegar, gritó:

- Khan, mañana desayunaremos una cabeza de oso a fuego lento, que no se te olvide.
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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Tzekel'Khan el Vie Mar 15, 2013 11:37 pm

Empezaba a sentirme bastante agotado, la criatura era verdaderamente fuerte, mucho más que yo, es por eso que me abalance contra él en primera instancia, comprobando si eso sería así, obtuve la respuesta y no de la mejor manera, pero sin duda era una buena forma de comprobarlo.
Tras mi grito desafiante, solo espere que la bestia aceptara el reto, yo desde luego no me iba a sentir intimidado por él ni mucho menos, ahora ya había entendido que no era cuestión de fuerza, tendría que se cuestión de velocidad, así que lo examine, era grande, corpulento, pesado, una presa así son las que me gustaban cazar en mi tribu, en mi pantano natal, pero aquí no hay agua o no al menos charcas profundas donde poder plantear un buen, ataque contra esa criatura, algo tenía que pensar, debía encontrar su punto débil .

Me dispuse a atacar, espada en mano y alzada, preparada para rebanar cualquier cosa, a la que decidiera ajusticiar con ella, mas mi atención se vio distraída por un ruido, el cual provenía de entre la maleza ‘’¿mas osos?’’ pensé mientras miraba atentamente, aun sin perder de vista al curioso animal, pero era extraño, lo veía demasiado ágil como para ser una de esas criaturas, no podía saber lo que era ya que la maleza ocultaba, su figura de mi con lo que no podía sacar conclusiones inmediatas, para mi suerte el animal también se distrajo bastante, incluso se volvió tratando de ver lo que era ¡mi oportunidad! Pensé mientras que empecé a correr hacia la criatura.

-¿Pero qué?- Me pregunte a mí mismo, mientras que volví a escuchar un extraño ruido, esta vez provenía de detrás de mí, irremediablemente voltee mi mirada para encontrar aquella figura, esperando poder reconocer que era lo que producía aquel ruido, que nos distraía tanto al oso como a mí, aunque no tuve éxito en descifrar de que se trataba, por lo que decidí sacar conclusiones mediante lo que oía y escuche seseos, mi cabeza fue azotada principalmente al empezar a sentir una inconmensurable rabia que podía sentir creciendo en mi interior –‘’¡Gorgonas!’’- Me die a mí mismo, al escuchar esos sonidos estaba casi seguro de lo que eran, e incluso rugí nuevamente con furia, mas no fue un rugido para intimidar, más bien para alertar, si lo que nos estaba rodeando era una Gorgona cuando acabara con aquel animal, me precipitaría sobre ese maldito ser con cuerpo de sierpe, a la cual daría muerte sin dudarlo ni un segundo.

La intriga me llevaba a querer descubrir, saber que era lo que producía esos extraños ruidos, las hojas secas quedaban destruidas produciendo ese desagradable sonido, las ramas se rompían, distrayéndonos tanto a mí como a la criatura, de pronto aquella figura volvió a salir de entre la maleza, al ver aquella silueta lo primero que pensé fue quera una Gorgona pues, gracias a esos seseos había dudado sobre su especie, pero al contemplarla mucho mejor, mis ojos se abrieron incrédulos ante la imagen que reflejaban.

-¡Murkia!- Exclame con fuerza, era ella, mi compañera, mi amiga, mi única familia, ella era la que estaba produciendo esos seseos y aquellos ruidos que nos distraían, sin duda era Murkia, otra vez me había desobedecido, algo para nada raro en ella pero que a mí me exasperaba ¿Por qué demonios no me hace caso? Al menos si lo hiciera alguna vez, estaría bien. -¡Se puede saber que…!- Mi exclamación poco a poco, se convertía en fascinación, pues vi como la pequeña se desenvolvió bastante bien y pudo alcanzar la pierna de la criatura, pero eso no provoco nada excepto que trato de atacarla violentamente, por suerte su golpe no fue demasiado contunde, solo la rozo haciéndola caer por la fuerza de su brazo, sin duda era un fuerte animal, que no se rendiría sin luchar, pero esa no era mi actual preocupación.
Vi como la pequeña entraba nuevamente, en la maleza, pero esta vez la criatura no tenia centrada su atención en mi, observaba la maleza justo en el sitio donde había ido Murkia, la cual se levantaba, era muy tozuda cuando quería, mis ojos aun seguían atónitos si la pequeña moría, me culparía de ello por lo que me resta de vida.

-¡No te quedes ahí, corre!- Exclame con preocupación al escucharla, ella siempre intenta cuidar de mi, pero a veces resulta tanto o más imprudente que yo y quedarse, en frente de una criatura aun mas grande y fuerte que yo no es la mejor de las ideas, las palabras que ella había exclamado tal vez serian ciertas, pero no voy a dejarla a ella sola, no.
Guarde mi espada ritual, sosteniéndola con el cinto tan rápido como mis manos me lo permitían, tenía que ser rápido y salvar a Murkia de la criatura, la cual tenía ya toda su atención en la sauria de escamas doradas, cuando al fin había podido guardar mi arma, desenvaine otra arma más letal todavía si cabe, con ambas manos empuñe los quince kilos de mi maza de Kroxigor y en cuanto sentí que la tenia bien sostenida entre mis manos, empecé a correr con la única intención de evitar que la bestia atrapara a Murkia, la cual ya estaba cargando contra ella corriendo sobre sus seis patas.

Durante un breve lapso de tiempo, durante aquella carrera, contemple la posibilidad de perder a Murkia, algo que me aterraba pensar, algo que hacía que mi corazón se encogiera, como si una mano de hielo lo sostuviese entre sus fríos falanges, haciendo que este se detuviera como si todo fuese a acabar pronto, pero no iba a permitir que esos sentimientos me detuviesen, los muertos dudan y los vivos actúan.
Gracias a mi tamaño mis pasos agigantados, me permitieron llegar rápidamente hasta la criatura, aquella bestia de forma oso ya estaba lo bastante cerca de Murkia, como para asestarle un devastador golpe.

-¡NO!- Exclame prolongadamente, mientras que mis dos manos se movieron al unísono, siguiendo la dirección que mis brazos indicaban, blandiendo la maza con toda la fuerza que mi cuerpo me permitiese, esperando que el golpe fuera lo bastante fuerte como para impedir que atacara a Murkia, la cabeza serrada de mi arma alcanzo a su objetivo con toda la fuerza que pudiera ejercer y el peso de esta, mi maza de Kroxigor impacto en su cabeza violentamente, justo en lo que sería su mejilla, desviando por completo su cabeza y con ello provocar su desequilibrio, debido al impacto de la maza la mandíbula de la criatura quedo hecha añicos, aunque lo dejáramos vivir su boca jamás sanaría, la mandíbula estaba destruida y completamente desencajada de su cular, los dientes del lado izquierdo de su boca, tenían tres opciones, o habían sido destruidos, se los había tragado o simplemente, habían salido volando de sus fauces a causa del golpe, el rostro de la criatura apenas quedo reconocible, su hocico también estaba gravemente dañado y toda la estructura maxilar en sí, nadie toca a Murkia, nadie le hará daño, me decía a mi mismo con la respiración sofocada y reflejando algo de cansancio, por la breve aunque dura batalla que habíamos tenido contra este ser, nos había quedado claro una cosa, ahora podíamos entender porque no demasiados viajeros se atrevían a entrar en Tzeezeroth, el porqué la fama de este terrible lugar.



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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Murkia el Sáb Abr 13, 2013 3:48 am

Oscuras son las danzas de la muerte, mas en su indómita belleza, cual noche sin estrellas, se encuentra el inicio de todas las cosas, ese filo de la existencia que nos da la oportunidad de vivir y, del mismo modo, nos la arrebata sin más. Los gráciles movimientos de Murkia crearon estas notas, formando en el aire esta silenciosa y funesta melodía únicamente interrumpida por el roce de las matas, la respiración del engendro y esa voz tan querida que le encogía el corazón al sentir su temor, mas debía seguir, debía continuar y acabar con la amenaza antes de que esta pudiera abatirlos de la faz de Noreth.


- No importa cuán fuerte sea tu enemigo mientras este sea incapaz de tocarte - pensó Murkia mientras elevaba la espada una vez más y esquivaba los golpes del enorme animal. Instintivamente empezó a moverse formando leves medias lunas a su paso, obligando así a aquel animal a moverse a su sino, provocando que su rostro fuera un gran reflejo de la confusión, y sus golpes meros intentos de dar en el blanco, con un número inexistente de victorias. La rabia parecía haber cegado sus movimientos, convirtiéndolo en un borrón de brazos y miradas iracundas, con la misma capacidad de raciocinio que las plantas y las piedras que los rodeaban.


Mas la joven sauria pronto se dio cuenta de que así no iba a obtener ningun avance, dado que se encontraba demasiado alejada, de modo que sus movimientos se veían limitados a cortar el aire que les separaba con la espada, acción completamente fútil y absurda en su situación. Con precaución, flexionando ligeramente las piernas, se acercó unos pasos más al osezno, siempre procurando mantener sus partes más vulnerables fuera de su alcance, aprovechándose de su pequeña estatura, doblo la espalda y avanzó. Los espasmódicos movimientos de su cola contra la maleza expresaban casi con poesía el estado de tensión y nerviosismo que acumulaba Murk, mientras que, con calculados movimientos, se adentraba en el peligro.


Finalmente, de un salto se colocó a su derecha y le lanzó una fuerte estocada, la cual le provocó un profuso arañazo. Rápidamente, empezó a dar pasos hacia atrás, utilizando la cola como guía para no caer de bruces, a causa de algún obstáculo que pudiera aparecer en la senda que empezaba a formar entre la masa de hierbajos. Pero antes de que pudiera ponerse a salvo, el engendro fue capaz de lanzarle un golpe, el cual la despidió tras de sí, como si se tratará de un peso muerto- Maldito seas - pensó, al sentir como su espalda volvía a recibir un fuerte mazazo en manos de aquel ser.

El engendro, sin dudarlo un instante, aprovechó su oportunidad y empezó a andar hacia ella, enfurecido. Empero, cuando el animal, confiado, alargo las manos, dispuesto a convertir aquel pequeño cuerpo en un amasijo de piel, huesos y escamas doradas, Murkia elevó ligeramente la espalda y lo recibió con un fuerte latigazo. Aquel inesperado movimiento, hundió todavía más al ser en su propia confusión, oportunidad que la sauria aprovechó para levantarse y volver a elevar la espada, esta vez por encima de su cabeza - ¡Ven! ¡Ven aquí bicho repugnante! ¡Permite que te enseñe como hacemos las cosas los seres pequeños!- gritó, en un leve intento de auto convencimiento.


Y fue justo en ese instante cuando una enorme maza rasgó el aire, para empotrarse directamente contra la mandíbula del animal, destrozando completamente su rostro. Fue entonces cuando Murk se dio cuenta de que, durante el breve combate, había obviado la presencia de Khan, dejándolo completamente al margen de la situación, y ni por un instante se había planteado la posibilidad de que participara, un completo disparate dada la sobreprotección que siempre le ofrecía su incondicional amigo. Una leve y discreta sonrisa de alivio se dibujó en sus labios cuando, al fin, pudo empuñar la espada con todo su ser y rematar al animal, atravesando la cuenca de su ojo izquierdo con precisión. Los espasmos de dolor del engendro se extinguieron finalmente.


Durante unos segundos, Murk fue incapaz de pronunciar palabra, limitándose a dirigir a su colega una mirada llena de aprecio. Pero a medida que recuperaba fuerzas, esta se fue tiñendo de una tenue indignación que, indudablemente, acabó expresándose en forma de palabras:


- Sabes perfectamente que yo podía con él, grandullón sobreprotector. Unos segundos más y esa espada le habría atravesado el cerebro de un extremo a otro sin mayores dificultades- mas, a pesar de sus palabras, se acercó lentamente hasta Khan y le colocó una mano en el hombro, mirándole fijamente a los ojos- Gracias, gracias de verdad, compañero- y cambiando de tono, con gran diversión, añadió- Y ahora, pártelo a trozos con ese mazo, que si no, no sé cómo esperas que podamos cumplir con el desayuno que, muy amablemente, te he sugerido antes- sus carcajadas resonaron durante un corto espacio de tiempo por todo el bosque, iluminando levemente aquella creciente y asfixiante oscuridad.
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Murkia

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Re: Cazando a los de tu especie (Privada)

Mensaje por Tzekel'Khan el Sáb Jun 08, 2013 1:15 am

El combate con el oso había terminado, mi respiración estaba agitada, mientras el cuerpo de la criatura era finalmente abatido por una grácil estocada de Murkia, esta dura batalla nos advertía de que sin duda estos bosques, estaban llenos de criaturas poderosas y capaces de matarnos con facilidad, lo había comprobado en mis propias carnes.
Poco a poco mi respiración se iba normalizando, mientras que yo me tranquilizaba como buenamente podía, pues por un momento la idea de poder perder a mi amiga en esta, pelea fue lo que me impulso a golpear a la criatura con la maza, la cual aun blandía en mis manos, sosteniéndola simplemente para que no se callera al suelo y entonces la pequeña hablo, la deje terminar para poder responderla. –Pudieras o no, era demasiado peligroso para ti.- Exprese. Mis palabras denotaban sobreprotección, Murkia era la última de mi aldea y no moriría si podía impedirlo, para mí su vida es tan importante como la mía propia y aunque, estas palabras pudieran no agradarle demasiado, era la verdad y desde siempre he dicho las cosas tal y como a mí me parece que debo decirlas, no me morderé la lengua por desagradable que pueda parecer. Incluso si pareciera que la menospreciaba en algo, aunque no fuera la intención.

Guarde mi maza mientras ella me lo agradecía, en el momento que me tocaba el hombro, pero aquel momento de cierta tranquilidad se vio turbado, cuando volvió a abrir la boca para decirme que despiezara al gigantesco animal. –Claro, si quieres también te hago la cama y después, te canto una nana.- Dije con sarcasmo e ironía, aunque yo no entendiera que era eso. –No seas vaga y ayúdame, o lo que corte de el será solo para mi.- Le dije con gracia amenazándola, con dejarla sin comer sino me ayudaba, el animal era grande y muy pesado, realmente más pesado de lo que yo podía levantar y no podríamos destriparlo bien, a no ser que lo tumbáramos de lado y eso hicimos, empuje al oso con fuerza al mismo tiempo que lo hacia mi escamosa compañera dorada, así pues su panza estaba totalmente al descubierto y podríamos abrirlo sin problemas, pudiendo así al menos sacar las vísceras infecciosas que pudiera tener, porque aunque seamos carnívoros o al menos yo lo sea, no puedo digerir los jugos gástricos de otros seres con lo cual, hay que destriparlos concienzudamente. Murkia se aparto y yo me puse manos a la obra, valiéndome de la espada ritual y de las manos, abri la tripa del animal, desde el pecho hasta el ombligo, un refrescante hedor surgió inmediatamente, pero eso no nos incomoda, o al menos no me incomoda a mí. Metí la cabeza dentro junto con ambos brazos para empezar a sacar cosas que, o bien no servirían o bien podrían sentarnos realmente mal, lo primero que saque fueron los seis metros de tripas, intestino grueso e intestino delgado, toda una delicatesen salvo por un trozo, el cual corte y lo lance lejos del cuerpo para que los carroñeros de la zona, se deleitaran con las… heces del bicho. Tras los intestinos siguieron el hígado, el páncreas, bazo, pulmones, corazón, todo eso era aprovechable, además en su mayoría era portátil, con lo cual era lo que nos debíamos llevar de el. –Bueno pequeña, lo que podía sacar esta fuera, ahora podremos tomar un tentempié de oso mutante.- Comente con gracia, con la cabeza cubierta de néctar carmesí, al igual que mi pecho, espalda, manos y brazos, algo un poco desagradable podríamos decir aunque no me era demasiado incomodo.

Empezamos a comer algo de carne, pues pelear siempre gasta energía y esta carne, nos vendrá bien para reponer ese gasto, aunque por lo general no suelo comer de un día a otro, pero esta vez teníamos una buena reserva gracias a este amigo peludo mutante. Los sonidos producidos por la carne siendo despedazada, a base de dentelladas sin duda no se oirían, demasiado agradables, es mas podría incluso decirse que para alguien que no fuéramos, nosotros podría resultar desagradable.
La comida transcurría tranquila, habíamos guardado los órganos y la carne que pudiéramos transportar, para proseguir el viaje en busca de Shyvanna. –Bueno.- Dije al terminar mientras me ponía en pie. –Sigamo… ¡ugh!- Mis palabras se interrumpieron al sentir un pinchazo en mi nuca, justo donde empezaba el lomo. Me di la vuelta tan rápido como pude, con una expresión de rabia, algo nos atacaba desde la espesura del bosque. -¡Murkia ponte a cubierto!- Le grite al tiempo que otro pinchazo se clavaba en mi pecho, aunque por suerte estos dardos apenas podían atravesar mis escamas, con lo cual lo que fuere que llevaran aquellos proyectiles, no pudo penetrar bien en mi torrente sanguíneo, aunque empezaba a tener una visión algo borrosa, sea lo que sea lo que nos estaba atacando, estaban utilizando dardos sedantes y eso era un contratiempo serio sin duda, así que con el poco tiempo que me quedaba para estar en pie me volví hacia Murkia mientras me disparaban otro dardo. -¡Corre!- Le dije con clara preocupación mientras aun me tambaleaba un poco, mientras jadeaba intentando mantenerme en pie, para darle tiempo, sabía que ella trataría de oponerse en huir, pero sin saber que nos atacaba, lo mejor era que se marchara a un lugar, lejos del peligro. –Tien… tienes que irte, s… si nos capturan a los do…- Mis ojos apenas se mantenían abiertos, pero lo suficiente como para ver que la sombra de Murkia, se ponía en pie y se alejaba de aquí haciendo eslalon, para esquivar los disparos que fueran destinados a ella. –Tienes que…- Entonces caí al suelo, desplomándome por completo, dormido como un tronco, completamente sedado, pero al haber huido mi escamosa compañera, tendría una posibilidad de salvarme de esto.

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Se dice que cuando estas sedado, no puedes soñar, mas en mi caso no es así, pues aquel sueño me pareció verdaderamente real, tan real que prácticamente podrían sentirlo…

-¿Dónde estoy?..- Me dije abriendo los ojos, en un lugar extraño. -¿Qué es este lugar?- Me pregunte y todo era como un eco, en una habitación oscura como la noche, no podía ver nada. -¡Hola!- Exclame buscando la respuesta de alguien, pero ninguna voz además de la mía se dejo escuchar en este lugar, entonces un ruido, algo haciendo click, como si fuera una trampa, entonces algo se abrió bajo mis pies e inevitablemente, caí, no sé cuanto podía caer pero, era como si me hubieran dejado caer desde un lugar muy por encima, de lo que yo considero un larga caída. Con desesperación intente agarrarme a cualquier cosa, esperando no caer pues una caída así podría suponer mi muerte, pero nada hubo en lo que pudiera sujetarme, así que solo espere que la caída acabara pronto.
Abrí de nuevo los ojos, estaba flotando, flotando en algo que parecía liquido, agua, había caído en un maldito lago, bendita sea mi suerte, pero aun así podía ver una costa, nade hasta a ella tan rápido como pude y una vez en tierra, intente ubicarme aunque no había nada que relacionara con algo conocido, así que me adentre para investigar en esta isla extraña. Todo me era desconocido, un lugar extraño, en el que nunca había estado y que desde luego, desconocía el cómo había llegado hasta aquí. -¡Hola!- Volví a repetir, pero una vez más, nadie respondió a mi reclamo.

Las horas empezaron a pasar, aquí no corría el viento, ni siquiera sentía calor por el sol, tampoco había animales, tan solo plantas. Este lugar era tan extraño como tranquilo, lleno de una inquietante paz.
Me senté en una roca, de la manera que más cómodo me sintiera y espere ¿a qué? Ni siquiera yo lo sabía, pero aquella isla era desierta y cada vez, hacia más calor, de pronto se convirtió en un desierto, la blanca arena de la isla se convirtió en una duna de árida tierra y un sol achicharrante se alzaba en el cielo. -¡¿Qué demonios ocurre aquí?!- Me preguntaba a mí mismo, mientras empezaba a correr por el desierto e inmediatamente un pensamiento llego, a mí. –Murkia.- Miraba hacia los lados intentado encontrarla, pronto la preocupación se volvió en desesperación. -¡Murkia!- Grite sin respuesta, estaba solo, solo en este asqueroso desierto.


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Me desperté. -¡Murkia!- Exclame sin poder evitarlo, estaba preocupado pero, al despertar inmediatamente recordé que había sucedido, nos habían atacado ¿pero el que? Utilizaron dardos sedantes y yo caí… me sentía mareado, desorientado y con la boca seca, mi visión aun era algo borrosa a causa de aquella droga que me habían inoculado y en mi interior, rezaba porque Murkia hubiera logrado escapar, es más, en cuanto recordé lo que había ocurrido, la busque con la mirada, pero la buena noticia es que no la vi por ningún lado, eso solo podía significar que había logrado escapar. Pero ¿Dónde estoy? Intente moverme pero estaba sujeto, unas cintas de cuero me tenían atado por las muñecas y una cadena algo roñosa de hierro, me tenia sujeto por el pescuezo. Estaba encerrado en una especie de cabaña, hecha con pieles y madera, unas figuras se movían, podía ver las sombras debajo de la tela, parecían…
-Vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí?- Dijo una voz seseante, mientras podía oír un pesado cuerpo arrastrándose. Mis dientes se apretaron con un gesto de rabia, en cuanto vi la inmunda silueta de lo que había en frente de mi, era una Gorgona una maldita y asquerosa sierpe, inmediatamente y con rabia trate de soltarme tirando tan fuerte como podía, tratando de clavar mis dientes en su cuello, haciendo tanta fuerza como me era posible. De mis labios empezaba a caer baba incluso, señal de que estaba sintiendo asfixia por la cadena alrededor de mi cuello, pero era tal mi odio hacia estas criaturas, que solo quería verla morir, de la forma más salvaje que pudiera imaginar. –La ama Shyvanna estará contenta, de ver a nuestra presa.- Dijo con cierta burla aquella maldita sierpe, y fue al oír ese nombre, que toda la rabia que sentía en aquel momento se transformo en un grito de rabia y frustración, que tenía el sonido de un potente rugido.



Voz
Rugidos y algunos sonidos.
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Tzekel'Khan

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