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Buscando las ruinas de un pueblo destruido

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Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Sáb Feb 16, 2013 2:27 am

Era ya tarde, en un casi desconocido desierto de Tierra Muerta. Apenas se podía sentir una leve brisa en mi cara. Las arenas, rojizas como mi piel eran el único paisaje que se podía distinguir. El sol pegaba fuerte en mi traspirada cara. Era como un golpe de calor tremendo. Pocos hubieran podido soportar tanto calor. Aunque yo no tenía particularmente ese problema. Nací, renací y crecí en el desierto. Jugué, corrí, batalle y dormí bajo los poderosos rayos del sol, cuyo calor era tan agobiante que a veces el metal de las armas se calentaba. De pequeño aprendí a sobrevivir en este inhóspito y traicionero terreno, donde cualquiera se pierde, y no tarda más de una semana en morir de sed o sucumbir a la locura.

Estaba solo, no tenia caballo, ni compañeros, solo tenia mis armas, mi armadura, mis instintos del desierto y todo lo que llevaba en mi mochila. Estaba en un viaje de exploración. No recordaba precisamente donde quedaba el desierto que vio morir a mi pueblo, ya que de por si hay muchos en este mundo. Pero esperaba que pudiera encontrar ese desierto, aquí, en Tierra muerta, uno de los más inhóspitos lugares del mundo.

El viaje era duro, cada paso que daba parecía pesarme cada vez más. Podía sentir la transpiración que escurría por mi peto hasta mis grebas. Sentía como corría por mi casco, me humedecía el pelo, y goteaba por mi pera. A veces debía pasarme el brazo por la cabeza para quitarme la transpiración que estorbaba mi visión. Era Podidamente difícil. Sentía pena por cualquier idiota que se aventurara en este desierto.

Debía encontrar mi antiguo poblado. Tenia que buscar algún objeto que se hubiera salvado del fuego, algo que pudiera ayudar a revivir el recuerdo de los guardias rojos. Tenía que, además, hacer lo posible por ofrecer un entierro apropiado a toda su tribu. No buscaría los cadáveres en la arena, eso seria demasiado esfuerzo, por no mencionar inútil ya que sus huesos debieron desaparecer hace mucho. Pero esperaba encontrar al menos algo que me llamara la atención. Tal vez una calavera con casco, un pedaso de techo, una punta de casa levantándose sobre la arena, alguna estatua, como las del templo, o al menos algún colgante de estrella o espada oxidada.

Estaba básicamente sin ningún rumbo fijo, solo dependía de que mis instintos me guiaran. Después de todo no había un mapa secreto que dijera la ubicación del poblado, no había una serie de complicados acertijos ni un informante secreto. Solo rezaba por que el poder de mi pueblo me ayudara a encontrar sus ruinas. No planeaba encontrarme a ningún otro viajero, todos los viajeros que había visto desde que entre al desierto estaban muertos, y solo quedaban sus cráneos o a veces esqueletos completos.

Me da pena pensar en cuantos pobres diablos se habrán perdido por esa zona, explorando, buscando tesoros, siguiendo leyendas o por cualquier motivo. Rara vez alguien entraba a un desierto y lo contaba. Era algo muy difícil de conseguir. Pero sin lugar a dudas, no era imposible. El desierto, sin importar que muchos no estén de acuerdo, es como el mar. Es vello a primera vista, arena hasta el horizonte, como el agua en el mar. Y ambos escondían tremendos peligros, bestias, y el simple hecho de perderte en cualquiera de los dos lugares, significaría la muerte si no sabias como salir de ahí

Esperaba que eso no me sucediera, sin embargo tuve que sentarme a descansar un poco, había caminado demasiado, y posiblemente moriría de sed o cansancio si seguía así sin descanso. Me senté detrás de un medano y me saque mi mochila. Saque mi cantimplora, llena de agua y tome un largo trago. No era ni la mitad, pero realmente necesitaba refrescarme, además, tenia mas agua que esa simple cantimplora. Después guarde la cantimplora y saque unos frutos secos, que devore rápidamente. Esa seria suficiente comida por ahora.

Entonces, algo me perturbo. Por suerte me había quitado el casco, o no lo habría escuchado tal vez. Se oía como alguien caminando. Personas, en este lugar, vaya, sin duda no me esperaba eso. Podría pensar que seria cualquier cosa, que serian desde comerciantes perdidos o que decidieron tomar un atajo peligroso, hasta buscatesoros o exploradores, o simples idiotas que se habían perdido por ahí. Sin embargo no podía arriesgarme. Necesitaba conocer mi situación, así que guarde todo rápido y me quede acostado de panza al suelo, esperando que el sonido se hiciera cada vez menos fuerte, para poder espiar sin miedo a ser encontrado
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Sáb Feb 16, 2013 6:11 am

Otro día en Woestyn Ölüm. Algunos pueden pensar que las noches invernales de Yagorjakaff son difíciles. Pero el calor del desierto entraña un mayor peligro que el de las noches en los glaciares. Es de saber popular que por allí, son muchos los kilómetros que se pueden recorrer sin hallar una gota de agua. El sol, según dicen, calcina toda vida en minutos, de tal manera que las bestias esperan todo el día para salir de sus escondrijos y madrigueras. Quienes han sobrevivido, ya sea por cuestión de suerte o, por contar con las protecciones adecuadas, cuentan que es prácticamente imposible respirar en esa atmósfera cargada de calor. El aire quema por su paso hasta los pulmones, tal como el whisky deja una marca de fuego en la garganta.

Lejos de la protección de cualquier edificio, el viento batía la capa del abrigo de Yvonne con sus esporádicas rachas. Como si de una broma de los dioses se tratara, no había nube alguna en el cielo de aquellas tierras muertas. El sol había salido hace horas, obligándole a ponerse su abrigo, pues prefería deshidratarse, antes que exponer su delicada piel a los asesinos rayos solar. Al menos no iba sola, ni peligraba de quedarse sin víveres. Junto a ella, viajaban dos miembros de Eclipse que se habían visto libres de cualquier tarea durante el tiempo suficiente para emprender el viaje. Además, en una ciudad fronteriza al desierto, se habían hecho con el servicio de un guía deseh. Aunque por supuesto, a este último no lo movían los mismos motivos que determinaban las acciones de los otros tres.

Kordar era un tipo tan enorme que la mente de Yvonne se negó a aceptar durante unas buenas horas la posibilidad de que fuera real. Sus piernas, gruesas como troncos de árboles, iban envueltas en pieles sujetas mediante tiras de cuero, y llevaba una coraza de acero que le llegaba a la cintura, ceñida con un cinturón. De éste colgaba una pesada espada a un lado y una bolsa de tela en el otro. Llevaba el cabello largo en grandes trenzas y lucía una espesa y larga barba bastante encrespada.

Por su parte, Drumak no tenía el tamaño ni la apariencia temible que proyectaba el guía, pero sabía cómo defenderse. Era un hombre menudo, apenas más alto que la propia Yvonne y su rostro estaba dominado por una nariz prominente y picuda. Tenía unos ojos perspicaces y rasgados y el cabello liso, negro y mal cortado. Su rostro no era de los que inspiran confianza; y su ropa de viajante sucia, llena de manchas de todo color y forma, junto con el aspecto perverso de su corta espada, todo ello no contradecía en absoluto la impresión que producían sus facciones.

El grupo se completaba con Tanya, una mujer práctica y amable que alguna vez hacía unos años se había presentado a Yvonne como una reconocida prestidigitadora y acróbata de Malik-Thalish. La maga, por supuesto, no tardó en ver las otras habilidades de su compañera en acción. Era una ladrona excelente, capaz de despojar de sus pertenencias al más precavido de los hombres sin que se diera cuenta, y una mejor espía. Y si se veía envuelta en problemas, siempre le quedaba hacer uso de sus encantos femeninos, pues era dueña de un físico envidiable.

Habían caminado muchos kilómetros, más de los que era capaz de calcular la maga. Yvonne avanzaba bamboleando la cabeza y en ocasiones tropezaba con la tierra que se hacía cada vez más difícil de pisar. Lo que más deseaba era poder echarse a dormir. Le escocían los ojos y las piernas le temblaban, al borde del agotamiento.

Al llegar a la cima de la siguiente duna -siempre parecía haber otra duna, ya que aquella parte de la Tierra Muerta estaba llena de pliegues como una tela arrugada-, el guía Kordar se detuvo y miró a su alrededor, parecía escrutar un camino como si allí hubiese algo especial.

— Nos apartaremos del camino aquí— anunció.

— No me parece prudente— declaró Drumak.

— Estamos rodeados de tierra y arena y he oído decir que puede haber bestias ocultas detrás de cada altozano. Y aunque no haya bandidos, ¿no creen sospechoso que nos quiera llevar por otro camino, cuando en la ciudad nos explicaron que debíamos seguir derecho hacia el oeste?

— No creo que debamos tener miedo de los bichos que habitan en el desierto— respondió el enorme guerrero, ignorando la acusación. — Y me alegro de haber venido con ustedes, porque si estas damas dependieran de tu guía, terminarían alimentando las alimañas. Estamos llegando, tan solo mira hacia allí. La tierra se torna cada vez más colorada.

Tras estas palabras, Kordar condujo a los demás un poco más hacia el oeste. Drumak se quedó un poco rezagado, pues se negaba a aceptar las nuevas indicaciones del guía, pero lo cierto es que no tenía otra opción. A Yvonne avanzar sobre la tierra cada vez más espesa le resultó casi imposible. Si ya con el polvo dorado había tropezado de vez en cuando, ahora los surcos, hoyos y demás irregularidades del terreno parecían colocarse bajo sus pies a cada paso. Cubierto apenas un kilómetro, cuando alcanzaron el punto donde el suelo se volvía más rojo, la mujer sintió como el suelo se movía debajo de sus pasos.

El guía levantó un fornido brazo, aunque no había sido necesario. El grupo se había detenido de empellón cuando el temblor se hizo notar. Era una sensación extraña, equiparable al que ejecutan las máquinas más modernas de los enanos cuando recorren el interior de las montañas. Yvonne tomó su cetro, convencida de que en cualquier momento algo saldría de la tierra para atacarlos. Afortunadamente no ocurrió nada parecido, sino que el temblor así como había aparecido, se fue.

El hecho resultó tan extraño allí en el medio de la nada, donde parcamente pasaba un ave de rapiña, o se veía una lagartija correr de un agujero a otro, que el grupo quedó en silencio. Ni siquiera el pesimista Drumak hallaba palabras para expresar su descontento, o tal vez no se animaba a hacerlo. Esto resultaba tan raro que Tanya se le acercó a mirarlo de soslayo con intención de hacerle encrespar. Yvonne, por su parte, tenía su atención puesta en el rostro de Kordar. El ciclópeo hombre escudriñaba la lejanía con los ojos entrecerrados, como si quisiera acercarse para ver pero se hubiera olvidado de cómo caminar.

— ¿Kordar? — la maga le llamó la atención, aunque para ver aquello que veía el hombre, hubiera necesitado un metro más de estatura por lo menos.

El hombre alzó un brazo para señalar el camino que vería.

— Allí hay huellas.

Drumak, que había oído la conversación a pesar de estar discutiendo sobre modales con la ladrona, se acercó a meter uno de sus comentarios habituales.

— Deben de ser recientes, de otra manera el viento las hubiera borrado.
— Estoy de acuerdo— atajó Yvonne, evitando en el último instante otra confrontación entre los guerreros. — Vamos allí.

En cuestión de unos pocos minutos de los cuales era imposible tener noción, pero que a la maga se le antojaron eternos, el grupo llegó a las huellas. Kordar emprendió un nuevo camino, esta vez, al lado de las marcas. El hombre era reservado y solitario, eso se notaba a la legua, no obstante también dejaba en claro que sabía cómo usar la retórica. Yvonne le seguía los pasos pensando en la forma en que el hombretón esquivaba el enfrentamiento con Drumak a base de sarcasmos o delaciones respetuosas.

Los rastros, según explicó el guía, eran de un hombre que cargaba un peso considerable y que, conforme avanzaba iba abriendo cada vez menos las piernas entre paso y paso. “Esto significa que está cansándose”, aclaró cuando Tanya estuvo a punto de preguntar. La ladrona asintió con gesto solemne, como si acabara de presenciar un hecho histórico. El grupo avanzó cuesta arriba en una de las dunas más altas que se habían encontrado hasta el momento. Yvonne estaba decidida a parar para un descanso, cuando llegó a la cima y vio a un sujeto tirado en la tierra.

Kordar, Drumak y la maga se quedaron observando desde allí. Tanya, en cambio, no pudo reprimir su impulso aventurero y bajó trotando hacia donde estaba el supuesto cadáver. Por lo menos lleva la espada en mano, y ha preparado una de sus bombas.

Miembros del grupo:


Kordar, el guía



Tanya, la ladrona



Drumak, el guerrero





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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Lun Feb 18, 2013 10:18 pm

El calor era cada vez mas agobiarte, podía sentir el calor provocado por el contacto de mi pecho, piernas y brazos con la arena caliente del desierto; los rayos del sol sobre mi espalda no hacían nada para mejorar la situación. Si tenia suerte aquellas personas, al menos eso esperaba que fueran, se irían rápido y me evitarían el hecho de estar mucho tiempo ahí. Si seguía ahí mucho mas, comenzaría a deshidratarme de nuevo, por lo que tendría que tomar mas agua y eso reduciría considerablemente mi suministro de agua. Aunque ya tenía mucha agua, nunca se sabía que tan largo podía ser un viaje por el desierto, en especial uno que no conoces.

De pronto, algo interrumpió mis pensamientos. El ruido pareció comenzar a hacerse más fuerte. Estaban viniendo hacia mi posición. Posiblemente hayan seguido mis huellas. Diablos, me había olvidado de borrar mis huellas, aunque claro que no esperaba que hubiera alguien mas en este desierto, y menso tener tanta mala suerte como para que encontraran conmigo en la inmensidad del desierto.

A juzga por el sonido de las pisadas, eran varios, no mas de cinco, calculo. El sonido de sus pisadas se hacia cada vez mas fuerte, se estaban acercando. Por las dudas, acerque mi mano a mi cuchillo, cuya funda estaba ubicada detrás de mi espada, antes de que ellos llegaran. De pronto, el sonido se detuvo. O se habían ido, o habían dado conmigo. La segunda opción era la más lógica considerando que hace segundos sus pisadas se oían muy cercanas a mi posición.

De pronto, un sonido, como de pisadas, esta vez como de una sola persona, se escucharon cada vez mas cerca, parecía que estaba bajando la duna. Sentí como si cada músculo de mi cuerpo se tensara. No sabía quien era, pero a juzgar por sus pies, que conseguí ver débilmente, parecía mujer. A juzgar por su sombra tenía al menos un arma en la mano, quizás una espada. No podría esperar a ver si era enemiga o no, tal vez quisiera robarme, tal vez asegurarse de que estuviera muerto. Sea como sea no le di tiempo de actuar

Apenas la tuve cerca, estire mi mano lo mas que pude para agarrar con fuerza su tobillo; al mismo tiempo levantaba mis piernas para quedar arrodillado enfrente de la mujer. Antes de que me matara, logre agarrar su mano izquierda, donde tenía la espada, con mi mano izquierda. Entonces retorcí su muñeca, buscando que soltara la espada del dolor, y tire de ella, acortando la distancia entre mí y la mujer. Entonces solté su mano izquierda y tome su pierna izquierda, teniendo de este modo agarradas sus dos piernas, entonces, debido a su poco peso, logre tirarla al suelo, conmigo encima. Me senté en su estomago, mientras volvía a sujetar su brazo izquierdo y lo presionaba contra el suelo, sujetándolo del antebrazo. Mientras con mi brazo derecho, desenfunde mi cuchillo y puse el filo en su cuello. “Si mueves un músculo te matare” Le dije casi como un susurro

La mujer tenia pelo negro y ojos pardos. Vestía una especie de capa con capucha. Al parecer si tenía una espada. Era de piel blanca y tenia un físico bastante atractivo. Era sin duda el tipo de mujer que coincidía con las características del clásico asesino o ladrón. También tenía unos sacos colgando del cinturón que ni sabia para que sirvieran.

Entonces, de la nada, me invadió, tan rápido como una flecha, un recuerdo. Ella no estaba sola. Mi cara de enojo se cambió por una de mucha preocupación, cosa que tal vez ella noto. Moví mi cabeza hacia arriba, para comprobar, en efecto, que ella tenía tres acompañantes. Uno de ellos podría reconocerse a un kilómetro. Era un hombre tremendamente alto, por lo menos me llevaría media cabeza o una cabeza, quizás más. Tenia pelo y barba color marrón oscuro, y ambos muy largos, tan largos que apenas se distinguía donde empezaba uno y acababa el otro. Sobre su cabeza tenia lo que parecía ser un casco tal vez de una tonalidad dorada, que dejaba al descubierto todo de su frente para abajo. Era, además, muy robusto y musculoso. Tenía una coraza dorada que le dejaba descubiertos sus brazos. En los antebrazos tenia brazales de cuero con metal. Además tenía lo que parecía ser una falda o un trozo de tela envuelta en su cintura, que le cubría más una pierna que otra. Sus piernas eran igual de musculosas que sus brazos. Por si no fuera poco, tenía una gran lanza en las manos, y una cimitarra en su funda.

El otro tipo, de apariencia y tamaño bastante menso imponentes que las del otro, pero aun así amenazadoras. Era de pelo y barba cortos y marrones, con piel algo bronceada. Tenía una armadura que le recubría todo el cuerpo, hecha por una combinación de metal y partes de cuero, con algunas manchas de suciedad. También tenía una espada de punta plana bastante grande en su funda.

Por ultimo, había una mujer. Tenia pelo negro y largo, con ojos de mirada penetrante. Era de piel muy blanca. Llevaba consigo una especie de cetro, que daba a entender que era una especie de maga o algo así. Casi no llevaba armadura, de hecho, en comparación con sus compañeros casi no llevaba ropa. Sin embargo había algo en esa mujer que me resultaba muy conocido. Estaba seguro que de alguna parte la había visto. Necesitaba recordar su nombre. Entonces, me vino a la mente. Ella era esa maga con la que había combatido contra unos soldados y monstruos metálicos en una mansión. Como era su nombre… creo que era Yvonne, si, Yvonne…Bayham.

Era algo impresionante verla a allí. Después de nuestra aventura en la mansión, no creí que volvería a encontrármela. Ella parecía más el tipo de chica de ciudad que de desierto. Sin embargo era un alivio encontrármela, tal vez su presencia bastaría como para que sus presuntos compañeros no me matasen.

"Yvonne, ¿eres tú?, soy yo Farimir, ¿me recuerdas?" Le grite mientras miraba hacia arriba, sin salirme de encima de la ladrona, después de todo, fuera o noYvonne, no serviría de nada su palabra si su compañera me mataba antes, por lo que no era buena idea sacar mi chuchillo de su cuello, al menso no hasta que supiera que mi situación estaba asegurada para bien.

Había dos posibilidades de lo que podía pasar. La primera era que ella fuer aYvonne. En ese caso, podría acordarse de mí y no matarme, o matarme por atacar a su compañera. Por el contrario podía no acordarse de mí y matarme. La otra opción era que ella no fuera la verdadera Yvonne, en cuyo caso me mandaría a matar sin dudarlo, o algo peor.

Fuera como fuera dependía de Yvonne, mi vida estaba en sus manos, esperaba que no hubiera olvidado la aventura que habíamos tenido en la mansión. También esperaba que ella fuera la líder del grupo, tal vez de ese modo no me matarían, aunque claro, todo dependía de Yvonne. Todo esto paso muy rápido, aunque me pareció una eternidad, una eternidad que gaste charlando con una posible desconocida y observando cada movimiento de una mujer que posiblemente me mataría apenas parpadeara.

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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Miér Feb 20, 2013 1:32 am

La silueta estilizada y grácil de la ladrona bajó con prisa la empinada cuesta dibujada por el montículo de tierra colorada. A simple vista, el cuerpo del caballero yacía sin vida debajo de la pesada armadura, que a su vez lanzaba un destello tan fuerte producto del reflejo del sol, que no permitió al grupo discernir muchos detalles. Así y todo, Yvonne notó como la piel del pobre desgraciado lucía casi del mismo tono que la tierra. ¿Sería errónea la información? ¿Quizá sí había sobrevivientes viviendo aislados completamente de la civilización? Imposible, nadie lograría sobrevivir en este clima durante tanto tiempo, este hombre no regresaba, era un viajero como nosotros.

La Tierra Muerta resultaba un nombre más que prudente para aquel desierto en el que el vuelo de los carroñeros implicaba una cruda promesa de muerte. A diferencia del enorme Kordar y de la misteriosa maga que no quitaban ojo de la ladrona, el otro guerrero tenía una mano haciendo de visera y el cuello levemente estirado hacia delante.

— Creo que no llegaremos a ningún lugar desde aquí— comentó. — Estamos en la mitad del desierto, no alcanzo a ver el final en ninguno de los lados.

No estaba muy desencaminado, de hecho el grupo se había adentrado de tal manera que resultaba casi imposible adivinar por dónde habían llegado, salvo por el guía. Kordar era el único que había estado con antelación en esas tierras desoladas, y aunque no mostraba un peligro directo, Drumak desconfiaba del hombre en cada movimiento que este hacía. Yvonne, en cambio, no encontraba nada fuera de lo común para un hombre de tamañas proporciones, que además era de procedencia deseh. Los deseh formaban sus pueblos lejos de las ciudad, no estaban regidos por las mismas normas morales, ni compartían las tradiciones de los cite. Kordar se comportaba como cualquier otro hombre del desierto que la maga hubiese visto antes. Era reservado, y sobre todo, respetaba el espacio personal de los demás, pero eso no le impedía cumplir con su trabajo e indicar por dónde debían moverse.

Por otra parte, Yvonne conocía a Drumak desde hacía algunos años, y sabía que el hombrecillo rara vez se equivocaba. Las aptitudes de Drumak no se limitaban al campo de batalla, de hecho, pocas veces le había visto en la necesidad de desenfundar su espada para conseguir una victoria. Su arma principal era la inteligencia, aunque rara vez demostraba qué tanto sabía usarla.

— Eres muy insistente Drumak, ¿he fallado a Eclipse alguna vez?— preguntó Yvonne, sonriendo como tenía por costumbre, más para darle algo en lo que pensar al hombre, que para conocer la repuesta.

— No me refería a eso, bella dama— se retractó haciendo una irónica reverencia antes de continuar— solo digo que estamos lejos de cualquier lugar donde poder reabastecernos, y nuestras provisiones ya son escasas. Si llegamos a meternos más en el desierto, las probabilidades de salir con vida serán casi nulas. Ahora mismo estamos tomando poco agua para que no se agote, ¿cuánto tardaremos en salir de aquí? Además, hasta hace unas horas podríamos haber vuelto sobre nuestras huellas, ahora dudo que podamos encontrar el camino de regreso si no es dependiendo de la buena voluntad del guía.

Yvonne se dio media vuelta, dispuesta a discutirle, pero entonces ocurrió algo impensado. Por lo menos impensado para ella, porque apenas sucedió, el colosal guía que tenía a su lado tomó la lanza y corrió cuesta abajo a una velocidad sorprendente para su tamaño. Se trataba del cuerpo que yacía en el suelo, o por lo menos eso hacía unos segundos, cuando el grupo pensaba que estaba muerto. Ahora, el hombre se las había arreglado para arrodillarse y desarmar a Tanya; y no conforme con esto, la derribó con una llave. El guerrero se había movido como si hubiera estado esperándolos toda una vida, sus movimientos fueron precisos y lo suficientemente rápidos para tomar de sorpresa a la hábil ladrona.

Drumak, que en un primer momento se había quedado pasmado ante la demostración de destreza del perspicaz sujeto, salió corriendo detrás de Kormar, al grito de “¡Qué crees que haces, pedazo de escoria!”. El otro hombre, había bajado la velocidad cuando vio el cuello de la joven espía amenazado.

Yvonne, por el contrario, bajó la cuesta a paso lento, tranquila porque si el desconocido hubiera querido matar a su compañera ya lo habría hecho. Además, hubiera sido un castigo ejemplar por confiarse de aquella manera, poniendo en riesgo la misión encomendada por Eclipse. Después de todo, era por esa razón que estaban allí, y como cabecilla del grupo, no podía darse el lujo de permitirse una baja. Cada miembro tenía sus dotes únicas, por las cuales habían sido convocados. Tal vez fuese por la culpa, la impotencia, el cansancio o la ira que sentía en ese momento, Yvonne no supo identificarlo, pero le temblaron las piernas en cada paso que dio.

Afortunadamente, el desconocido habló cuando Kormar llegó lo más cerca que pudo sin poner la vida de Tanya en riesgo.

Yvonne, ¿eres tú?, soy yo Farimir, ¿me recuerdas? — por supuesto que lo recordaba.

¿Cómo no iba a recordarlo, cuando había pensado en él durante los largos días de caminata por el desierto? Tenía presente aquel momento sucedido meses atrás en en gran casa, o pequeña mansión, donde el grupo reunido por Eclipse había sido emboscado por los hombres de Henry Baynham. La batalla resultó favorable solo gracias a la intervención del hombre rojo, quien habiendo llegado último, entró por una ventana a salvar a una guerrera con pocas posibilidades de defenderse. Habiendo vivido otros combates después de aquella batalla, Yvonne aún recordaba con vívidos detalles los movimientos de Farimir. El guerrero había acabado con un legendario autómata él solo, armado de hacha y espada.
La maga hasta ese momento, no conocía la procedencia de su espontáneo compañero. Fue un tiempo después de la fallida misión, dieciocho días atrás del punto en el que se encuentra el relato, para ser exactos, cuando el Hombre Etéreo le habló de la Guardia Roja por primera vez. Resulta que los Guardias Rojos fueron un pueblo cite exiliado que había elegido vivir en el desierto, donde desarrollaron ciertas prácticas apóstatas. Desgraciadamente aquellas experiencias quedaron olvidadas en la ciudad que presuntamente habían levantado en la Tierra Muerta. El relato hubiera parecido increíble para Yvonne, si antes no hubiese conocido a Farimir.

El hombre era la unión entre la fantasía y la realidad. Cuando oyó su nombre, la maga se deshizo de la capucha de su abrigo y le permitió ver mejor sus facciones níveas.

— Creo recordar tu valentía aquella noche en la que salvaste a una muchachita que se creía guerrera, noble Farimir— expresó Yvonne, con una sonrisa dibujada en su rostro cincelado— sin embargo el recuerdo se contradice con la forma en la que tratas a Tanya. Si lo estás haciendo para conservar la vida, debes pensar a futuro, pues cuando tu cuchilla corte el cuello de mi ayudante correrás exactamente el mismo peligro que antes.

Kormar se mantuvo apuntando al hombre con la quietud propia de los cazadores más experimentados. El otro guerrero, no obstante, intentó seguir a Yvonne espada en mano cuando ella pasó por su lado pero un gesto de la maga fue suficiente para quedarse donde estaba. Ella se acercó con seguridad aún más cerca que sus compañeros

— Debo confesar que sabes cómo hacer una buena entrada, insigne guerrero. La vez anterior me gustó más por una cuestión práctica— confesó con un tono tan sosegado que Drumak torció el gesto.— Baja las armas, y hablemos, es extraño encontrar a alguien que conoces en una circunstancia tan inusual, ¿no crees?


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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Vie Feb 22, 2013 3:08 am

No podía creerlo, enserio no podía creerlo. La muchacha resulto ser exactamente quien yo creía que era, Yvonne Bayham. Cunado Se deshizo de su capucha lo supe definitivamente. Era ella, la misma maga con la que había peleado contra los monstruos metálicos y los soldados. Esas facciones de su cara serian reconocibles en cualquier parte para mí, pero más aun sus penetrantes ojos verdes, y su sonrisa. Si había alego que no olvidaba de Yvonne era su sonrisa.

Ella parecía recordarme, suerte para mí, de otro modo tal vez hubiera muerto, aunque tenía un plan de acción y todo, podría haber resultado mal. Yvonne menciono cuando rescate a Helaniss “jeje, si. Fuera o no guerrera, era una buena compañera, su agilidad era impresionante para ser tan joven, aunque no le vendría mar algo de ejercicio con los brazos.”

También menciono que debía pensar a futuro y que no me arriesgara a matar a su compañera, cosa que por mi estaba bien, al fin y al cabo yo solo quería salir vivo de ahí, no buscaba derramar sangre en la arena. “Oh, yo pensé a futuro” dije mientras me levantaba y le tendía una mano a la mujer para ayudarla a levantarse. La mujer acepto de mala gana y la ayude a pararse. Entonces continúe” Es mas, tenia todo pensado. Luego de cortar el cuello de esta mujer, lanzaría mi daga contra el grandote de la lanza, apuntando a su cuello o a sus ojos, esas partes descubiertas de su cabeza. Después, si tu no hubieras sido Yvonne, te habría lanzado mi kukri” Hice una pausa y levante ligeramente mi kukri, lo suficiente para que se viera el filo por encima de la funda, y lo volví a guardar”Después hubiera combatido contra tu compañero, el tipo con armadura y espada. Si llegara a matarlo, hubiera examinado sus provisiones, y hubiera continuado mi viaje”

Eso lo dije con total naturalidad y calma, al fin y al cabo esperaba que no les importara mucho después de ver que conozco a Yvonne. El grandote me miraba a distancia segura, como si estuviera cazando un lobo con esa gigantesca lanza. La ladrona aun seguía en el mismo lugar, y el hombre de la espada quiso avanzar junto con Yvonne, pero un gesto de mano de esta ultima basto como para que el guerrero se quedara en su lugar. Al parecer Yvonne esta al mando del grupo, mejor para mí, eso mejoraría mis posibilidades aun más.

Yvonne halagó mi entrada. Me reí ligeramente de su comentario. “Si dependiera de mi con gusto hubiera saltado por una ventana y lanzado un cuchillo, pero en vista de que no hay ventanas aquí, tuve que improvisar” Luego de eso, accedí a la petición de Yvonne. Guarde mi cuchillo en su funda, quedando desarmado enfrente de los tres guerreros. Con suerte ellos tendrían la misma amabilidad que parecía tener Yvonne.

Elegi ser el primero en hacer una interrogación. “Entonces Yvonne, no quiero ser grosero ni nada pero que estas haciendo aquí, la ultima vez que te vi tu parecías el tipo de chica de ciudad.” Hice una pausa y continúe hablando, mientras miraba individualmente a cada uno de los nuevos compañeros de Yvonne. “Veo que te has hecho de nuevos compañeros”

Mientras acababa de hablar, la mujer, con su orgullo herido, se acercaba a Yvonne y le preguntaba al oído, casi en un susurro “ Yvonne, usted en verdad conoce a este tipo de piel roja? No me parece alguien confiable, por favor permítame eliminarlo de forma rápida.

No tenía idea de que diablos estaba charlando la mujer con Yvonne, pero no parecía ser nada bueno, al menos para mí. La chica parecía tener herido su orgullo, cosa comprensible de hecho. En esos momentos sentía impotencia. Tenia ganas de meterme en la conversación y preguntar a gritos de que hablaban, pero no podía hacerlo, o tal vez Yvonne me mandaría a matar. Después de todo, hace mucho que no la veía, que tanto podría haber cambiado ella su opinión de mí. Sin contar el eco de que me había llamado noble entre otras cosas, como podía yo saber que eso no era una simple fachada.

En esos momentos debía calmarle y rezar por que sea lo que sea que decía la mujer Yvonne no lo tomara en cuneta mientras me lastimaba. Aunque tenía el presentimiento de que sus compañeros no tenían problema alguno con librarse de mi si resultaba parecer el enemigo al menos por un segundo. Debía estar calmado o me liquidarían.

El guerrero que estaba al lado de Yvonne no parecía tampoco muy confiable, tenía la espada en mano, y podría usarla contra mí en cualquier momento que quisiera. Por si no fuer apoco aun estaba el hombre gigante con la lanza y la coraza que me llevaba bastante altura. Estaba rodeado de posibles enemigos. Aunque ahora estuvieran calmados, esta situación era un barril de pólvora apunto de estallar ante la mas pequeña chispa. Se podía atrapar la tensión en el aire
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Dom Feb 24, 2013 3:10 am

Curiosos son esos momentos en los que los designios del destino parecen conspirar para que las causas de los hombres tomen cierta relevancia. Casualidad o no, dos caminos que una vez se habían cruzado, volvían a cortarse, un hecho que sin dudas podía crear muchas preguntas en las mentes más escépticas. Yvonne, que se consideraba libre de un sino, creía más bien en el libre albedrío. Todo lo que hacía, era por decisión propia, y no porque estuviese escrito. Los dioses habían existido, y fueron creados mediante la magia, tal como lo fue ella. La diferencia, es que los dioses habían nacido como una manifestación del Creador, y ella era el resultado de un ensayo mucho más mundano.

Como oficial de Eclipse, Yvonne se había visto envuelta en más de una ocasión en la que había cambiado el destino de algunas personas. La organización trabajaba mediante eventualidades, incidentes y otros hechos que podían parecer menores, pero terminaban afectando el curso de la historia. Hace un buen tiempo, la maga había aprendido a respetar señales tales como la que tenía delante. Sus compañeros, en cambio, no se veían muy dispuestos a ver una posibilidad.

La maga mantenía la sonrisa más genuina que había hecho desde que se adentraron en el desierto. Escuchar la descripción que Farimir hizo de la muchacha mercenaria que formó parte de su grupo aquella noche en la que Henry Baynham les tendió una trampa, no hizo más que acrecentar su buen humor. Sin dudas, su agilidad era impresionante, lamentablemente no lo supo hasta que fue demasiada tarde, quiso decirle, pero no cambiaría la opinión del hombre rojo. En esa ocasión lo había visto muy dispuesto a protegerla de cualquier daño, y cuando los autómatas cayeron bajo su espada, se había encargado de ayudarle a reponerse. Si lo pensaba bien, hasta resultaba extraño verlo solo.

A pesar de estar en una situación difícil, Farimir no se mostraba asustado, sino que intentaba calmar al grupo de Eclipse con denuedo. Cuando le tendió la mano a Tanya, esta aceptó con el ceño fruncido, y los nervios a punto de desbordarse. No le molestaba el hecho de aceptar la ayuda, sino, el saber que había caído en una trampa tan básica que podría haberle costado la vida. Estaba acostumbrada a anticiparse al enemigo en todos los sentidos, y si había una trampa, tenía que haber sido ejecutada por ella. ¡No por un hombre tirado cual cadáver en el medio del desierto!

Drumak, por su parte, miró a la muchacha de arriba abajo más de una vez mientras esta se acercaba a su espada para recogerla. El alivio se notó en sus facciones de hurón, y aunque era imposible, debido al calor, a Yvonne le pareció que el hombre ya no estaba sudando. Drumak podía resultar molesto, pero no era un mal compañero. Además, siempre se mostraba más complaciente cuando se trataba de su compañera, cuando le asignaban una misión, solía ser junto a ella, y se había acostumbrado a defenderla. Si no podía hacerlo, la frustración resultaba agobiante.

— ¿Estás bien, Tanya? — preguntó para cerciorarse.

Tanya lo miró asombrada, o tal vez recién volvía en sí después del duro golpe que había supuesto verse superada en destreza. De cualquier forma, asintió con una sonrisa de esas que siempre logran restar años, tranquilizando notablemente a su compañero. Kormar, en cambio, no había quitado sus ojos del hombre rojo, salvo en un momento en el que mostró su kukri. Cuando esto ocurrió, estuvo a punto de atravesarlo con su lanza. El enorme guerrero resultaba una buena ventaja para el equipo, se comportaba de manera profesional, y sabía dónde tenía que poner su foco de atención.

— Permíteme hacerte una corrección, amigo Farimir— dijo con su voz grave e impasible. — Puedo concederte el hecho de que estabas en ventaja para cortarle el cuello a la muchacha, pero no entiendo cómo habrías tenido tiempo de actuar luego, siendo que ya has perdido el elemento sorpresa, y que te tenemos rodeado. Tú tendrías que luchar contra uno por uno, lanzando tu daga, o tu kukri, pero nosotros podríamos movernos como una unidad.

Yvonne oyó la opinión del hombretón atentamente antes de interceder.

— En ocasiones normales estaría de acuerdo, Kormar. Pero he visto a este hombre luchar en el pasado, y no estoy segura que el sentido común se aplique en su caso— comentó pensativa. — De cualquier manera, no viene al caso recordar aquella ocasión.

Al menos el hombre rojo seguía respondiendo a la lógica, y no puso reparos en guardar su arma. No obstante, Drumak y Tanya aún se sentían heridos en su orgullo por las palabras de Farimir. La joven ladrona se acercó a la maga demostrando cuán enojada estaba incluso antes de hablar, pues a pesar de su trabajo era una persona muy transparente. Yvonne estuvo a punto de pedirle silencio, pero sabía que decir aquello era muy importante para su compañera.

— Yvonne, ¿usted en verdad conoce a este tipo de piel roja? No me parece alguien confiable, por favor permítame eliminarlo de forma rápida— le dijo al oído, con tono frío.

— No lo creo, Tanya. Y ahora explicaré las razones— le dijo, sonriente antes de dirigir una breve mirada a los otros dos hombres— bajen sus armas, por favor. No hagamos de esta oportunidad un conflicto.

Kornar situó su lanza en la correa con la que acostumbraba a llevarla, atada al torso; y aunque tardó un poco más, Drumak también guardó su espada en la funda correspondiente. No terminaba de confiar en Farimir, y posiblemente no lo haría hasta que lo perdiesen de vista. Lo que no sabía el hombre con cara de rata, es que Yvonne tenía otros planes para el futuro inmediato.

— Sobre mis compañeros… te equivocas respecto a ellos, hombre rojo. Ella es Tanya, una ladrona habilidosa, capaz de hacer su trabajo antes de que la víctima en cuestión se entere de que le faltan sus pertenencias— señaló a la muchacha, que se ruborizó de inmediato, sintiéndose culpable por haberle fallado a la oficial. — Este es Drumak, y es quien se encarga normalmente de usar la fuerza, aunque la mayoría de veces termina usando más la cabeza, que su diestra espada— el hombre hizo una reverencia burlona, haciendo su sonrisa más falsa disponible. — Y él es Kormar, a diferencia de ellos, no pertenece a Eclipse, aunque no es la primera vez que colabora con nuestra organización. Por el momento, es el guía de la expedición, y eso me trae al tema que más te interesa.

— ¿Podemos confiar en él, capitana?— preguntó Drumak.

Yvonne alzó las cejas fingiéndose asombrada.

— Claro que podemos, es un humano, tiene grandes aptitudes para el combate, su sentido del compañerismo lo convierte en un muy buen componente para un grupo y además… lo necesitamos— explicó con su sonrisa habitual, aquella que no refleja en su mirada. Sus ojos estaban puestos en Farimir cuando dijo: — Hay historias acerca de un grupo cite que, hace algunos siglos estaba asentado en Geanostrum. Estos hombres tenían curiosas costumbres arraigada a la magia, y desarrollaron prácticas mal vistas en aquel entonces. La sociedad los expulsó, sin recaer en las posibilidades que estaban perdiéndose, hundidos en su mal juicio. Pero eso no separó a los exiliados, sino que incluso los unió más— explicó la maga, con una paciencia inusitada en ella. — Estoy segura de que sabes de qué hablo, noble Farimir. He viajado por muchos lugares, y jamás me he cruzado con otro hombre rojo. ¿Puedes contarnos algo sobre estos exiliados, tus antepasados?

El hecho de que un hombre rojo estuviese allí, solo indicaba que no estaba lejos del desaparecido pueblo por el que se había adentrado en el desierto.


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¿Así que crees que yo también quiero una firma con tu nombre, Invitado?
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Kalu'ak Colmillar el Miér Feb 27, 2013 4:50 pm

Farimir se sorprendió un poco al escuchar lo que yvonne decía sobre la opinión del tal Kormar. Al parecer ella no consideraba a Farimir como un oponente al que se tuviera que subestimar. Al parecer le había dejado una impresión bastante buena a la mujer la última vez que se vieron. Al parecer sus compañeros no estimaban a Farimir tanto como ella, y el era conciente de eso. La ladrona y el guerrero mediano no se molestaban en ocultar dichos sentimientos de odio y desconfianza. Y respecto al gigantón, el tampoco parecía tener mucha confianza, a pesar del hecho de haber llamado amigo a Farimir y de haber querido darle un consejo y charlar civilizadamente. Farimir comenzaba a creer que este gigante seria la mejor opción para un compañero de pelea, además de Yvonne claro.

Poco después de que baje mis armas, yvonne le pidió a sus compañeros que hicieran lo mismo, cosa que estos hicieron. Entonces yvo comenzó a hablar de sus compañeros. Al parecer la mujer en efecto, era una ladrona llamada Tanya, al parecer muy talentosa en su trabajo. El hombre mediano era Drumak. Era al parecer “la fuerza” del equipo, además del Kormar. Y al final, Kormar, el hombretón, quien al parecer no pertenecía a la supuesta organización Eclipse, de la que Farimir había oído hablar cuando conoció a Yvonne; pero había trabajado para ellos, además de que era el guía del grupo. “Ya creo que son competentes, nunca lo dude. Al fin y al cabo son tus compañeros. Me sorprendería ver a alguien que trabaje contigo sin ser habilidoso en lo que hace”- dijo Farimir, puesto que la primera vez que se vieron, pelearon en circunstancias en las que alguien sin años de entrenamiento hubiera muerto irremediablemente.

En medio de todo, cunado Yvo parecía ir al tema principal de todo, el tal Drumak pregunto si podían confiar en Farimir. Farimir estaba por hablar cunado Yvonne se adelanto, aclarando que necesitaban a Farimir. Farimir se preguntaba por que, después de todo, ella tenia competentes compañeros y bastante idea, de que le serviría Farimir de nuevo. Sin embargo, Farimir comenzó a sorprenderse cada mes mas y mas mientras Yvonne le contaba de algo muy peculiar.

Al parecer ella había oído la leyenda sobre un grupo cite, anteriormente asentado en Geanostrum. Esos hombres tenían curiosas costumbres mágicas que eran mal vistas, lo que causo su exilio. Sin embargo, esto unió más a los exiliados. Ella acabo haciendo hincapié en que jamás había visto un hombre como Farimir. Entonces, dijo algo que asombro a Farimir. Lo relaciono directamente con los exiliados. El supo de inmediato que ella sabia la historia de los guardias rojos. Farimir estaba mirando perdidamente al suelo, mientras pensaba que hacer. Obviamente Yvonne sabia de sus antepasados y de su relación con ellos, así que mentir estaba descartado.

Veo que conoces a la guardia roja, bien. Pero la historia que tu conoces, es mas una leyenda, que lo que en realidad paso. Hace mucho tiempo, había una tribu cite guerrera, proveniente de una aldea cuya antigua locución se desconoce. Dicha aldea fue arrasada hace mucho por bandidos. Pero los guerreros, liderados por Tharuk, el grande lograron abrirse camino entre los invasores y escapar. Habiendo perdido todo lo que amaban, vagaron sin rumbo por tierras desconocidas hasta llegar al desierto, donde casi mueren, de no ser por que los acogió una tribu de deseh. Estos deseh les enseñaron a los guerreros a guiarse por las estrellas, a orientarse en el desierto. Les enseñaron mucho y a cambio los guerreros se convirtieron en los defensores del pueblo. Estos deseh, eran en su mayoría miembros que abandonaron la tribu innalie. Por ende tenían muchas de sus tradiciones, incluyendo que había cuatro familias que tenían el poder. La “familia” de Tharuk ascendió rápidamente por su fama de guerreros y protectores, hasta el punto que casi tenia el prestigio de las otras cuatro familias. Estas, no lo vieron muy bien, de modo que armaron una conspiración para matarlos. Esa misma noche, sabiendo lo que les esperaba, los guerreros escaparon.

Se asentaron en medio del desierto, en una posición que favoreció el comercio con otras tribus. Por alguna razón muchos mercantes se perdían por esa zona. Poco a poco, adquirieron ro necesario para hacer forjas, telares, conseguir agua y comida. Terminaron fundando un poblado.

Farimir hizo una pausa, observando a los demás “Puedo contarte que paso después, sobre su religión, su cultura, tradiciones, todo, por que como adivinaste, soy un guardia rojo, asumo que el ultimo que queda.” Hizo una pausa, entonces miro a Yvonne. El le había dado información, ahora esperaba que ella hiciera lo mismo “Ahora, déjame hacerte un par de preguntas: que es exactamente Eclipse, como sabes que soy un guardia rojo y como sabes siquiera de los guardias rojos, y no me vengas con que lo sacaste de una biblioteca, por que no soy entupido

Farimir sabia a la perfección que no había libro alguno que contara todo sobre su pueblo. El único libro medianamente completo que tenia sobre la historia de su pueblo estaba escondido en su mochila, así que era imposible que ella lo supiera. De algún modo, ella debía haberse enterado por alguien. Tal vez alguien muy antiguo, o muy sabio.

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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Miér Feb 27, 2013 4:52 pm

Farimir se sorprendió un poco al escuchar lo que yvonne decía sobre la opinión del tal Kormar. Al parecer ella no consideraba a Farimir como un oponente al que se tuviera que subestimar. Al parecer le había dejado una impresión bastante buena a la mujer la última vez que se vieron. Al parecer sus compañeros no estimaban a Farimir tanto como ella, y el era conciente de eso. La ladrona y el guerrero mediano no se molestaban en ocultar dichos sentimientos de odio y desconfianza. Y respecto al gigantón, el tampoco parecía tener mucha confianza, a pesar del hecho de haber llamado amigo a Farimir y de haber querido darle un consejo y charlar civilizadamente. Farimir comenzaba a creer que este gigante seria la mejor opción para un compañero de pelea, además de Yvonne claro.

Poco después de que baje mis armas, yvonne le pidió a sus compañeros que hicieran lo mismo, cosa que estos hicieron. Entonces yvo comenzó a hablar de sus compañeros. Al parecer la mujer en efecto, era una ladrona llamada Tanya, al parecer muy talentosa en su trabajo. El hombre mediano era Drumak. Era al parecer “la fuerza” del equipo, además del Kormar. Y al final, Kormar, el hombretón, quien al parecer no pertenecía a la supuesta organización Eclipse, de la que Farimir había oído hablar cuando conoció a Yvonne; pero había trabajado para ellos, además de que era el guía del grupo. “Ya creo que son competentes, nunca lo dude. Al fin y al cabo son tus compañeros. Me sorprendería ver a alguien que trabaje contigo sin ser habilidoso en lo que hace”- dijo Farimir, puesto que la primera vez que se vieron, pelearon en circunstancias en las que alguien sin años de entrenamiento hubiera muerto irremediablemente.

En medio de todo, cunado Yvo parecía ir al tema principal de todo, el tal Drumak pregunto si podían confiar en Farimir. Farimir estaba por hablar cunado Yvonne se adelanto, aclarando que necesitaban a Farimir. Farimir se preguntaba por que, después de todo, ella tenia competentes compañeros y bastante idea, de que le serviría Farimir de nuevo. Sin embargo, Farimir comenzó a sorprenderse cada mes mas y mas mientras Yvonne le contaba de algo muy peculiar.

Al parecer ella había oído la leyenda sobre un grupo cite, anteriormente asentado en Geanostrum. Esos hombres tenían curiosas costumbres mágicas que eran mal vistas, lo que causo su exilio. Sin embargo, esto unió más a los exiliados. Ella acabo haciendo hincapié en que jamás había visto un hombre como Farimir. Entonces, dijo algo que asombro a Farimir. Lo relaciono directamente con los exiliados. El supo de inmediato que ella sabia la historia de los guardias rojos. Farimir estaba mirando perdidamente al suelo, mientras pensaba que hacer. Obviamente Yvonne sabia de sus antepasados y de su relación con ellos, así que mentir estaba descartado.

Veo que conoces a la guardia roja, bien. Pero la historia que tu conoces, es mas una leyenda, que lo que en realidad paso. Hace mucho tiempo, había una tribu cite guerrera, proveniente de una aldea cuya antigua locución se desconoce. Dicha aldea fue arrasada hace mucho por bandidos. Pero los guerreros, liderados por Tharuk, el grande lograron abrirse camino entre los invasores y escapar. Habiendo perdido todo lo que amaban, vagaron sin rumbo por tierras desconocidas hasta llegar al desierto, donde casi mueren, de no ser por que los acogió una tribu de deseh. Estos deseh les enseñaron a los guerreros a guiarse por las estrellas, a orientarse en el desierto. Les enseñaron mucho y a cambio los guerreros se convirtieron en los defensores del pueblo. Estos deseh, eran en su mayoría miembros que abandonaron la tribu innalie. Por ende tenían muchas de sus tradiciones, incluyendo que había cuatro familias que tenían el poder. La “familia” de Tharuk ascendió rápidamente por su fama de guerreros y protectores, hasta el punto que casi tenia el prestigio de las otras cuatro familias. Estas, no lo vieron muy bien, de modo que armaron una conspiración para matarlos. Esa misma noche, sabiendo lo que les esperaba, los guerreros escaparon.

Se asentaron en medio del desierto, en una posición que favoreció el comercio con otras tribus. Por alguna razón muchos mercantes se perdían por esa zona. Poco a poco, adquirieron ro necesario para hacer forjas, telares, conseguir agua y comida. Terminaron fundando un poblado.

Farimir hizo una pausa, observando a los demás “Puedo contarte que paso después, sobre su religión, su cultura, tradiciones, todo, por que como adivinaste, soy un guardia rojo, asumo que el ultimo que queda.” Hizo una pausa, entonces miro a Yvonne. El le había dado información, ahora esperaba que ella hiciera lo mismo “Ahora, déjame hacerte un par de preguntas: que es exactamente Eclipse, como sabes que soy un guardia rojo y como sabes siquiera de los guardias rojos, y no me vengas con que lo sacaste de una biblioteca, por que no soy entupido

Farimir sabia a la perfección que no había libro alguno que contara todo sobre su pueblo. El único libro medianamente completo que tenia sobre la historia de su pueblo estaba escondido en su mochila, así que era imposible que ella lo supiera. De algún modo, ella debía haberse enterado por alguien. Tal vez alguien muy antiguo, o muy sabio.


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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Vie Mar 01, 2013 2:59 am

Los rayos desprendidos por el astro mayor parecían potenciarse por momentos, logrando que resultara más difícil concentrarse. Para Yvonne, acostumbrada a temperaturas menores, y cansada ya de vagar por el desierto, el sol se le ocurría abrumador. La luz en aquella parte del desierto era más rojiza que lo habitual, tal vez no era más que el reflejo de la luz levemente colorada con la tierra color cobre, pero saberlo no le quitaba ese halo de misterio. No estaba acostumbrada a ver esos tonos en el suelo, al mirar al horizonte encontraba el rojo característico de la sangre seca luchando con un celeste tan claro como los cristalinos páramos de Yagorjakaff. A simple vista, no había edificios en kilómetros, solo estaba el grupo de Eclipse, y ahora también Farimir.

El calor, además, se tornaba más molesto conforme los minutos pasaban. La maga tenía puesta una larga capa, que normalmente usaba como abrigo. Su piel nívea, y suave como el satén, precisaba ciertos cuidados, tales como mantenerla protegida del sol en la medida de lo posible. La esencia en un mago se manifiesta desde la profundidad de su ser hacia fuera, pues es su don el que se conecta con la magia, el regalo de los dioses. Y solo puede lograrlo a través de su piel. Yvonne se tomaba muy en serio cualquier consejo que pudieran darle sobre la canalización de su magia, especialmente aquellos que provenían de los escritos que habían dejado los magos antiguos. Si los rayos del sol eran perjudiciales, a ella rara vez le afectarían, pues en situaciones como esta prefería cubrir su cuerpo.

Tan solo con recordar aquellos libros, a Yvonne se le ocurrió que de pronto el sol estaba muy brioso. Con un gesto en demasía femenino se tomó la cabellera y la pasó por detrás para ponerse la capucha. Farimir se estaba disculpando por sus palabras anteriores para con el grupo, pero no tuvo en cuenta que no estaba frente a personas comunes lideradas por la maga. Probablemente si no fuese la segunda al mando de Eclipse, ni siquiera la tomarían en cuenta, a pesar de que a veces sentía que la lealtad del par hacia ella era equiparable solo a su propia acatamiento al Hombre Etéreo.

De repente Drumak comenzó a reír, de tal manera que podría haberse escuchado a kilómetros, si es que el sonido trasciende donde no hay nadie escuchando.

— Me honra con sus palabras, noble Farimir — dijo en tono burlón, utilizando las mismas palabras de las que se valía Yvonne cuando le hablaba al hombre rojo. — Pero acaba de relatar cómo se encargaría de cada uno de nosotros con sus filos, sin conocer nuestras virtudes y nuestros defectos a la hora de jugar — explicó mientras hacía un movimiento con el que parecía pretender pegarle con la rodilla al aire.

Lo que en realidad pasó en ese segundo, fue que una daga de hoja repleta de curvas salió de su bota para ser atrapada por una hábil mano. Sus ojos, en cambio, no habían dejado de posarse en el rostro de Farimir con una fuerte amenaza. Tanya lo observó seria hasta que el hombrecillo quedó en una pose de esgrima que le resultó ridícula. Cuando la muchacha comenzó a reír como niña, Grumak volvió a enderezarse gesticulando unos improperios, pero no pudo evitar sonreír, contagiado por el repentino cambio de humor de su compañera.

Yvonne tragó su saliva, notándola espesa en la garganta. No era buena señal, la deshidratación que había sufrido los días anteriores comenzaría a debilitarle si no encontraban refugio pronto. Entonces el gigantón que se había incorporado al grupo como guía le acercó su cantimplora sin mediar palabras. La maga, asombrada por la perspicacia de Kormar, se negó a aceptar el ofrecimiento, tomando un poco de agua caliente de su propio recipiente. La pregunta surgió sin anticiparse: ¿Quién es este deseh?

El hombretón sonrió, al parecer de manera genuina.

— Conozco el desierto, mi señora, y no es lugar para los cite, tenemos que hacer eso para lo que han venido pronto— dijo tan transparente como se mostraba siempre.

Entonces Farimir, como si de una jugarreta del destino se tratara, empezó a hablar sobre su extinto pueblo, describiendo una historia que Yvonne había escuchado antes. Esto hizo que se olvidara por un momento del misterio que envolvía a Kormar. La historia que contaba el hombre rojo, apenas difería en parte con lo que le había contado el Hombre Etéreo, aquella tarde en la que había decidido encomendarle la misión. La maga, sabiéndose en desventaja, había preferido callar ciertos detalles, y cambiar algunos otros. Después de todo, era preferible pasar por ignorante, antes que arriesgarse. Así como no tenía razones para desconfiar de Farimir, tampoco las tenía para delegar lo que sabía.

Drumak, que había quedado resentido con el guerrero, lo miró con ojos brillantes mientras formulaba su pregunta

— ¿Y qué ha pasado entonces con esos deseh? — acusó. — Estás diciendo que esos tales guardias rojos han sido acogidos por unos deseh en el desierto, pero hasta el momento hemos recorrido una gran distancia desde el mar salvaje y la única tribu más…— su voz iba apagándose conforme terminaba, mientras observaba a Kormar.

El hombretón asintió satisfecho con la lógica de su compañero, e Yvonne hizo lo propio, pues ya había llegado a la misma conclusión antes de adentrarse en el desierto. Por supuesto, ella contaba con la ventaja de conocer la verdadera historia.

— Así es, mis antepasados fueron partícipes de la conspiración para matar a su gente— declaró Kormar. — Y si he aceptado este grupo, es para expiar las culpas de mi familia. Según se ha contado de generación en generación, los guardias rojos han sufrido penurias por nuestros pecados.

— ¿Estás diciéndome que has hecho todo este viaje, has caminado durante interminables días de sol y noches de fríos gélidos porque tus antepasados se comportaron como cualquier familia de poder?— preguntó un atónito Drumak.

— Así es.

— Como se nota que no vives en la ciudad, amigo mío. Esas cosas pasan todos los días, ¡y mejor no hablar de las castas nobles!

— Mi sangre ha cargado con esa vergüenza durante mucho tiempo, es el momento de purgarla— terminó Kormar, dando a entender que no iba a cambiar de parecer.

Yvonne Baynham, que se había mantenido al margen hasta el momento, decidió hablar para evitar que Drumak siguiera extendiendo el tema, pero también ella se vio interrumpida.

— Ahora, déjame hacerte un par de preguntas: ¿qué es exactamente Eclipse?, ¿cómo sabes que soy un guardia rojo? ¿y cómo sabes siquiera de los guardias rojos?, y no me vengas con que lo sacaste de una biblioteca, porque no soy estúpido.

La maga sonrió al escuchar al hombre tan dispuesto a encontrar respuestas. Una gota de sudor caía desde su sien, rodeando la mejilla. Tenía la sensación de que necesitaría más agua, pero su voz de todos modos surgió pura y resuelta cuando habló. Estaba a punto de hablar de Eclipse, la causa que le daba sentido a su vida.

— Cuando los humanos comenzaban a tomar las tierras de Noreth, las guerras se extendieron por todo el mundo y los dioses en un vano intento de detenernos crearon otras especies humanoides. Lo que no tuvieron en cuenta es que, como los humanos, esos seres heredaron razonamientos similares. Los dioses, como los hombres, eran conflictivos y guiaron a las especies a comportarse de manera parecida. Llegó un momento en el que las razas, o los dioses que las representaban, llegaron a un acuerdo. Los humanos se asentaron principalmente en Geanostrum, donde importantes reinos se alzaron, la paz había llegado pero no duró el tiempo que se hubiera deseado. Un manifiesto anónimo apareció por estas tierras, alertando de que era inevitable que las especies más nuevas cometieran un genocidio con los humanos— relató Yvonne antes de hacer una pausa, principalmente para que asimilaran la primera parte de la historia. — La declaración pedía que se organizara un ejército para evitar el levantamiento de las otras especies. El ejército se llamó Eclipse, y se encargó de hacer los demás no se atrevían. La Alianza estaba demasiado ocupada tratando de quedar bien ante los ojos de otras especies. Tan ocupados que olvidaron llevarse bien entre ellos. Desde aquella época han quedado ciertos… recuerdos. Geanostrum aún hoy está dividida. Tirian-Le-Rain forma una alianza con Erenmios, y esta ciudad financia los movimientos militares de Malik-Thalish. Eclipse no pertenece a ningún gobierno, pero trabaja para todos, aunque a la nobleza no le guste enterarse que hay quienes no rehúsan de hacer su trabajo. En los últimos años se extendió por otros territorios, en los que los humanos coexisten con criaturas de diversa índole. Tenemos una estructura jerárquica definida, y los oficiales trabajamos para un general que desde hace años solo se comunica con nosotros. De esta manera somos casi imposible de rastrear, actualmente tenemos agencias de espionaje, laboratorios de magia, centros de investigaciones, entre otras herramientas varias en distintos lugares.

Terminó satisfecha con su exposición sobre Eclipse. Kormar observaba serio la lejanía, como si no hubiera escuchado el relato. Los otros dos observaban con cierto estupor a la maga, aunque su gesto se vio interrumpido por un atronador sonido. De dónde venía o qué lo había producido, era imposible saberlo, pero después del estruendo el suelo comenzó a temblar otra vez. Como había pasado antes, comenzó moviéndose levemente y fue acentuándose conforme se acercaba. Cuando pasó por debajo del grupo, se sintió una vibración que nacía de debajo de la tierra y se movía en dirección al noroeste.

Tanya tomó la palabra con voz trémula.

— Cada segundo que nos quedamos por aquí me da la sensación de que el peligro aumenta— dijo seria.

— Pero, ¿qué peligro? Se supone que no hay nadie en kilómetros, muchos kilómetros— musitó Drumak, aunque más parecía estar haciéndolo para convencerse a sí mismo.

— Me temo que Drumak tiene razón— concedió Yvonne pensativa— y eso lo hace aún más peligroso. No debería haber nada por aquí, y sin embargo es la segunda vez que algo pasa por debajo de la tierra— completó antes de mirar a Farimir.

Tenía una respuesta que ofrecerle, aunque sabía que no iba a conformarlo. Ella misma muchas veces se preguntaba hasta dónde se extendía la red de espionaje de Eclipse, que podía enterarse de historias como aquella.

— Supe que eras un guardia rojo porque el nombre de este pueblo se debía a la coloración de su piel y tú eres la única persona que he visto con esta peculiaridad. He estado en muchos sitios, y nunca me he encontrado otro hombre rojo— explicó mirándolo a los ojos. — El Hombre Etéreo, nuestro líder, tiene por rasgo la costumbre de estudiar la historia de los pueblos humanos. Actualmente dudo que haya otra persona más preparada que él en estos temas, y hemos sido enviados para explorar el desierto en busca de las ruinas del pueblo de tus antepasados para recuperar lo que podamos de su cultura.

En realidad, estaba allí para recuperar el polvo rojo que supuestamente los guardias rojos usaron, pero ¿para qué decirlo? Ya veía que el hombre sabía más del pueblo, aunque también era notable que él no vivía allí. Tal vez revelara un poco más sobre la misión si lo necesitaba más adelante, por el momento se lo guardaría.

— ¿Sabes algo sobre las ruinas, Farimir? No creo que tengas por gusto pasear por las tierras más desoladas de Noreth y si estás aquí, tan cerca de donde se asentaron los guardias rojos, es porque tienes un propósito. ¿Me equivoco?
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Mar Mar 05, 2013 11:03 pm

Si había alguien en todo el grupo que a Farimir le desagradara más que los demás, ese era Drumak. Se veía de apariencia pretenciosa, y si actitud no denotaba menos. Parecía ser el tipo de persona que no comprende el honor. Aunque eso se vería en el camp o de batalla posteriormente, y era algo que Farimir no podía esperar. Drumak no parecía tener mucha paciencia. Exigía respuestas. Según el, solo habían visto una tribu en todo el desierto desde el inicio de su viaje, como si eso no dejara mas que obvia la respuesta a su pregunta. Esa posiblemente fuera la tribu que traiciono a los antepasados de Farimir.

Entonces, Farimir se entero de algo acerca del hombre gigante que jamás hubiera imaginado. Ese tipo, Konrar, era descendiente de la tribu que conspiro para matar a los guardias rojos. Al parecer, todo este viaje lo había hecho para expiar las culpas de su familia. Drumak parecía cuestionar completamente los motivos de Komrar. Alegaba que era normal esto. Komrar sin embargo parecía dispuesto a expiar las culpas de su familia.

Los motivos de Komrar eran muy honorables. El hombre era conciente de que sus familiares habían obrado mal, y estaba dispuesto a sacrificar su vida para expiar sus culpas. Farimir se acerco al hombretón con una sonrisa y le coloco la mano en el hombro “Tal vez no signifique mucho, pero tienes mi respeto, Komrar. En lo que a mi concierne, ningún hijo merece sufrir los actos de su padre” Este refrán se aplicaba también a descendientes y ancestros, al menso eso quería demostrar Farimir


Entonces, Yvonne comenzó a hablar de Eclipse. Al parecer era una organización formada hace ya muchísimo tiempo, ya que estaba relacionada con la creación de las demás especies por parte de los dioses. AL parecer fue una organización formada a base del creciente miedo de que las demás especies humanoides aniquilaran a los humanos en su totalidad. Para ello se creo un ejército conocido como Eclipse. Ese “ejercito” que al parecer se había convertido en una organización de la cual había algo en cada zona de Noreth habitada por humanos y otras especies. Al parecer tenían de todo, desde laboratorios de magia, centros de investigación. Eran sin duda una poderosa organización, y para colmo, casi secreta. Farimir esperaba que no le pasara nada al saber de esto, pues sabia bien que algunas personas estaban dispuestas a matar para evitar que sus secretos se divulguen.

Entonces, los pensamientos de Farimir se vieron interrumpidos por un temblor. Parecía como un terremoto, pero muchísimo menso potente. Un temblor, en el desierto. Farimir había visto apenas una o dos veces en toda su vida un temblor en el desierto. La ladrona y el supuesto guerrero parecieron alertarse bastante por el temblor. Farimir tenia que admitir que a el también le perturbaba un poco.

Al parecer, la organización conocida como Eclipse, estaba demasiado bien informada. El tal Hombre Etéreo, que también era su líder, debía tener muy buenos informantes. El tenía conocimiento suficiente como para conocer la existencia de un pueblo del que nadie sabe, excepto una tribu deseh, de la que viene Komrar. Tal vez así se entero.

Según Yvonne ellos estaban ahí en una especie de misión arqueológica o algo así, para recuperar la cultura. Farimir sin duda estaba muy feliz con la idea. Tal vez así podría cumplir su meta mas deseada, preservar la memoria de su pueblo. Sin embargo, no debía permitir que la emoción redujera su capacidad mental. En medio de toda la felicidad repentina, Farimir noto algo. Era cierto que Yvonne jamás le dio a Farimir motivos para desconfiar de ella, pero también era cierto que, para una misión arqueológica, se necesitaban mas personas, además de que también necesitaban posibles traductores, quizás arqueólogos o científicos, y este grupo, formado por dos guerreros, una ladrona y una maga, no parecía tener ni siquiera una pala. A pesar de que Farimir no quería admitirlo, la respuesta cada vez parecía estar mas clara.

Lo más posible es que Eclipse se hubiera enterado del secreto de la piel roja de los guardias rojos, el polvo mágico. Yvonne le pregunto a Farimir que sabía sobre las ruinas, y además le pregunto su propósito, al menos eso parecía. “Lamento decírtelo, pero no conozco la ubicación exacta de las ruinas” Hizo una pausa y miro a Drumak, ya que lo siguiente responderia su anterior pregunta de que paso con los guardias rojos “La tribu de los guardias rojos, y esto pocos lo saben, fue destruida por un grupo de bandidos que ataco por el norte, al mismo tiempo que un grupo de orcos atacaba por el sur. Los guardias rojos no pudieron enfrentarse a dos frentes al mismo tiempo, más que nada por que ya estaban cansados de pelear antes contra los orcos. La mayor parte de la ciudad se salvo, debido a que los orcos y bandidos se mataron entre ellos en lugar de destruirla. Mi objetivo es buscar cualqueir cosa de la antigua sociendad, armas, basijas, trosos de madera o artefactos religiosos. Tambien quiero devolver esta espada " dijo mientras señalaba su espada " Es la espada del jefe de la tribu, la rescate de lso cadaveres cuando escape, y ahora quiero devolverla a donde pertenece. No espero que enteindan mis motivos
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

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