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Buscando las ruinas de un pueblo destruido

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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Lun Mar 11, 2013 5:39 pm

Los surcos ligeramente profundos, marcados por la intensidad del titánico astro rojo y el viento del desierto, se contrajeron en una mueca. El príncipe de Erenmios era capaz de fastidiar con una insistencia sorprendente, que incluso lograba incomodar a los hombres más tranquilos. Estaba en su naturaleza hacerlo, y cuando se lo planteaban, él reía con camaradería, y comentaba “cada quien tiene sus vicios”. Olban, tal como se le conocía en la casa real de la lejana ciudad, era un renegado de sus títulos y de su propia familia. Estaba lejos de la línea sucesoria, sin embargo cada vez que nacía un primo se sentía agradecido con el destino. Él era un hombre práctico al que los tratamientos de protocolo le hacían sentir avergonzado. Un buen hombre, en otras palabras. Regañaba cuando alguien se daba cuenta que estaba hablando con su alteza imperial, y si sus compañeros lo revelaban sin permiso, se ganaban un lugar en la lista de personas en quienes no podía confiar.

Para muchas personas puede resultar extraño trabajar codo con codo junto a un príncipe. Para Yvonne Baynham, eso no fue un problema. El príncipe Olban de la casa real de Erenmios era su subordinado, y en Eclipse los únicos nobles válidos eran los otorgados por el Hombre Etéreo. Aunque no abusaba de la confianza que Olban le tenía, tampoco se dejaba amedrentar por la sangre del hombre. En el caso de Tanya Desjani fue bastante distinto. La joven ladrona no había nacido en cuna de oro, ni había pasado su niñez aprendiendo los modismos propios de la aristocracia. Cuando se la asignó en el mismo grupo que al príncipe tuvieron su primer crisis, pues la muchacha no podía dejar de decirle “su alteza” o “mi príncipe”, y él no dejaba de enojarse. Por fortuna, aquellas discusiones eran parte del pasado. Hacía unos años que ella se había acostumbrado a llamarle por su otro nombre, el que le permitía escapar de sus quehaceres hieráticos. Y por si fuera poco, hasta se atrevía a reñirlo de vez en cuando, si él se ponía muy latoso.

Esta vez no fue una excepción.

— Drumak— le llamó la atención.

El príncipe desvió la mirada de Farimir para posarla en su compañera.

— ¿Qué?

— Ya sabes.

— ¿Ya lo sé? Me temo que no estoy al tanto de qué me hablas Tanya— respondió el hombre de cara de hurón, tal vez sin sospechar que las arrugas apenas marcadas en su frente lo delataban.

Estaba bien claro que lo sabía, a la maga se le antojó ridículo negándolo, pero al parecer su compañera lo veía de manera distinta.

— Eres imposible— lo dijo como un reproche, no obstante su tono la traicionó.

Yvonne les echó una mirada, cada vez más segura de que ese par no era precisamente buen ejemplo de agentes. A unos pasos delante de ella, el hombre rojo se había quedado en sus cavilaciones, observando con mal gesto a Drumak. Era evidente que Tanya no estaba muy errada, si el bribón real no se callaba tendrían un problema que era mejor evitar. Si en los ojos de la chica no chispearan tantas muestras de afecto a su compañero, hasta podría haberle imaginado un poco perspicaz. Ventajosamente el gigantesco deseh que los acompañaba llamó la atención de Farimir, confesándole una verdad que hasta el momento había gobernado sobre su vida. Grande fue el alivio que exhibió Komrar cuando el noble guerrero de piel roja, en una manifestación de humildad, lo eximió de toda culpa.

El sol se veía gigante bajo la bóveda celeste del firmamento. A la oficial al mando del pequeño grupo de Eclipse le parecía incluso más grande que los días anteriores. Por más que lo intentara, no podía hacerse la idea de que un pueblo decidiera abandonar la urbe para condenarse a aquel infierno. ¿Sería real la historia que contaban los deseh acerca de aquella vez que conspiraron para acabar con los hombres rojos? ¿Serían los guardias simples guerreros dispuestos a internarse aún más en la Tierra Muerta? ¿Cómo puede un guerrero alejarse de cualquier conflicto, pudiendo tomar otro rumbo y volver a la ciudad?. Salvo que tuviesen algo que ocultar, la reflexión llegó con naturalidad, como acostumbraba a pasar en la metódica mente de la maga.

No sabía con certeza qué era, pero había algo que no terminaba de cerrar en aquella historia que contaba Farimir. Los guardias rojos habían desarrollado una magia que, por lo que la maga sabía, era única en Noreth. Quizá se asemejaba a la hechicería chamánica que utilizaban algunas tribus orcas, sí, pero no en su totalidad. Ningún polvo teñía permanentemente la piel de quienes lo usaban. Además, él tenía la epidermis roja en todo el cuerpo. ¿Había sido expuesto al polvo, y no quería contarlo? Encontrar las ruinas del pueblo era fundamental para encontrar las respuestas.

De esta manera también descubriría también por qué los guardias se habían hecho tantos enemigos. Generalmente los pueblos pueden tener problemas con sus vecinos, pero a ellos los habían perseguido tres veces. La última, según se sabía, los había extinto y eso dejaba otra pregunta en el aire: ¿De dónde provenía Farimir? Por lo visto, el grupo de Eclipse compartía sus inquietudes. Por lo menos hasta Drumak se había llamado a silencio, y eso era un asunto que agradecer.

Kormar, a diferencia de los demás, se había alejado de la duna. El hombretón estaba agachado a unos cuantos pasos de allí, aparentemente observando la tierra que, desde donde Yvonne estaba, no presentaba nada extraño.

Como no se movía ni necesitaba ayuda, la maga centró su atención en Farimir otra vez.

— Veo que tenemos los mismos motivos para estar aquí— comenzó — Eclipse está interesada en aprender todo lo posible sobre los pueblos humanos, y debo confesar que el pueblo de los guardias rojos es una pieza invaluable en la historia de la humanidad. Tú quieres devolver esa espada, que sin dudas, habrá pertenecido a un ilustre representante de tus antepasados, y salvar lo que puedas de las ruinas. Presumo que estarás mejor si nos acompañas en esta travesía, no te aseguro integridad puesto que no nos iremos hasta encontrar ese pueblo, aunque eso signifique nuestro fin, pero tenemos víveres suficientes para unos cuantos días más.

Entonces, Tanya se acercó despacio a la maga y le habló por lo bajo.

— El guía ha encontrado algo, Yvonne.

— Espera un poco.

La muchacha se retorció las manos con un gesto de nerviosismo. Drumak ya se había acercado al hombretón.

— Es que es algo importante.

Yvonne la miró a los ojos, y encontró sinceridad total.

— Vamos a verlo. Buen Farimir, parece que nuestro guía tiene algo para mostrarnos.

Ambas mujeres se acercaron a donde estaba Kormar agachado, pero no fue necesario hacerlo para darse cuenta de lo que estaba pasando. Desde el punto en el que estaba el hombre nacía una huella extraña, que a simple vista no tenía final. Tenía el grosor de un hombre, y formaba una línea perfecta de unos dos o tres centímetros de profundidad, pero en la tierra colorada parecía más profundo.

Drumak levantó su mirada acerada y la instaló en Farimir, con el ceño fruncido. Su compañero, no obstante, parecía estar pensando en algo.

— Podemos confiar en él— declaró la maga, zanjando la cuestión.

Al oír esto, Kormar se puso de pie, mas no se giró para hablar.

— Estas marcas son recientes— declaró con un tono reflexivo, mientras se mesaba la barba. — ¿Has visto o sentido algo extraño durante tu viaje, amigo Farimir?


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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Dom Mar 17, 2013 12:59 am

Yvonne seguía diciendo que su organización para militar, también poco conocida como Eclipse, buscaba aprender sobre todos los pueblos humanos, alegando que el pueblo de los guardias rojos, mi pueblo, les era de peculiar interés. Es cierto que un pueblo de personas rojas que mora las áridas tierras del desierto y combate bandidos día a día puede sonar interesante, pero aun estaba el problema de que no creía en que ese fuera su autentico propósito. Aunque, al fin y al cabo quien puede culparme, por lo general no hay puros guerreros en las partidas de arqueología e investigación. Yvonne me invito a su supuesta expedición, probablemente por que le seria útil, mas que por que le cayera bien, aunque me gustaba pensar que eran un poco de ambas cosas. Ellos tenían víveres, tenían un guía y de por si parecían experimentados, así que era una opción mas que obvia acompañarlos.

Esta bien, los acompañare” dije mirando a Yvonne a los ojos. Entonces, la ladrona se acerco, diciéndole a Yvonne que el hombretón de Kormar había descubierto algo. Yvonne le dijo que se esperara un poco, pero la ladrona insistió así que al final Yvonne cedió. Al parecer ya era oficialmente parte de la expedición por que Yvonne me invito a ver lo que el guía había descubierto. .Camine siguiendo a Yvonne hasta lo que parecía ser una extraña huella. Era sin duda algo bastante raro, como la marca de una soga gruesa sobre la arena que hubiera sido arrastrada a partir de ese exacto punto, o hubiera terminado allí.

Pude observar, además de la huella como el guerrero llamado Drumak, me miraba con el seño fruncido. La verdad, soportaba cada vez menos a ese tipo. El no parecía perder oportunidades para demostrar su desagrado hacia mí. Sin embargo, antes de que hablara, Yvonne intervino diciendo que podían confiar en mi. Mire con una sonrisa complaciente a Yvonne y le dije- “Muchas gracias Yvo”. Entonces Komrar indico que esas eran marcas resientes y me pregunto si había observado algo.

Pensé un determinado momento, examinando mis recuerdos de ese día, buscando al menso el más mínimo indicio de haber visto esa marca antes. Finalmente recordé algo. “Recientemente, no, pero recuerdo vagamente haber visto estas huellas antes.” Antes de continuar hablando me agache, examinando las huellas más de cerca para comprobar mis temores. EN efecto, era lo que me temía “Estas huellas fueron hechas por una serpiente, al parecer muy grande. En este tipo de desiertos habita una especie de serpiente a la cual mis ancestros llamaban la Víbora de Arena. Lo se, no es un muy buen nombre que digamos, pero le queda muy bien. Las escamas de estas serpientes son de la misma tonalidad rojiza que la arena de este desierto. Por lo general se mueven bajo la arena; y atacan en pocos segundos, elevando sus cuerpos sobre la arena, como una rana que salta. Pero a veces recorren trayectos de tierra por la superficie. Sin embargo, me sorprende mucho el tamaño de esta huella. Nunca he visto una víbora tan grande, ni recuerdo haber oído de alguien que dijera haber visto una tan grande. Según esta huella, hay dos opciones, la primera es que la víbora haya salido a la superficie desde este punto- dije pisando el extremo donde iniciaba la huella- y la segunda es que a partir de este punto se enterró en la arena. Me inclino mas ante la primera opción, por que si fuera la segunda, ya estaríamos muertos, al menos la mayoría de nosotros.

En medio de toda mi meditación, por así decirlo, una irritante y a mi parecer odiosa vos, me saco de mis pensamientos. No podía ser otro más que Drumak. Este hombre, si podía considerarlo como tal, debía medir bien sus palabras. El dijo “Vaya, te felicito, linda lección de biología. Ahora por que no dejas que hable nuestro guía, me sentiría mas cómodo oyendo una segunda opinión.” Apenas acabo de decir eso, me pare, esta vez enojado, aunque le dije con alma “Que, acaso no confías en mí”. Drumak me observo con el seño fruncido como antes y se aparto un poco “Lo tomare como un no” dije susurrando
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Yvonne Baynham el Dom Mar 24, 2013 12:12 am

Farimir, el guardia rojo, representaba una buena pieza para la misión. Era, posiblemente, quien sabía más sobre el pueblo que habían ido a buscar. Tal vez todavía no había dicho toda la verdad, o en realidad, no la revelaría en ningún momento. Estaba en las posibilidades que, de un momento a otro, desapareciera, o intentara guiarles lejos de su verdadero objetivo. O sino, podía aprovechar un instante de distracción para clavar cualquiera de sus armas en las espaldas del grupo. Era una posibilidad remota, sin embargo, tendrían que tener precaución con él, pues no se trataba de un inexperto y si no quería rebelar más, era porque estaba ocultando algo. Por otra parte, si él no quería hablar, estaba en todo su derecho y había que respetarlo.

El guardia rojo se había ganado el favor de la duda algún tiempo atrás, cuando Yvonne Baynham lo había visto por primera vez. El hombre era un guerrero avezado a quien no lo amedrantó ni siquiera el sorpresivo ataque de dos autómatas. Tenía disciplina, experiencia y pericia, y por si fuera poco, sabía seguir órdenes. En definitiva, era una buena adquisición para el grupo, pese al detalle de no revelar sus verdaderos planes. Esto, no obstante, era algo que compartía con su grupo, por lo tanto, no tenía derecho a juzgarlo mal.

Por esa razón, cuando él dijo que los acompañaría, Yvonne asintió satisfecha. El príncipe Olban, Tanya, la maga y el hombre rojo se reunieron en torno al guía de la expedición para comprobar la marca que este último había encontrado. Fue solo entonces que ella, quien había pensado que estaba pisando tierra, se percató de que en realidad se trataba de arena. La arena roja era distinta a la que habían dejado atrás, se trataban de granos más pequeños y parecidos al polvo, como si de tierra se tratara. Pero tenían la apariencia la apariencia de la sílice.

Cuando Farimir le habló, ella asintió satisfecha.

— Sé que no vas a defraudar mi confianza, noble Farimir — respondió, con los ojos puestos en las marcas.

Lo que no sé, es si podrás convivir estas próximas horas o los días venideros, compartiendo el grupo con Drumak. Cada segundo que pasaba, las diferencias entre ambos hombres eran más evidentes, y aunque sabía que el príncipe Olban podía resultar muy molesto, no era insidioso. Esa era su manera de renegar del mundo, de hacerle saber a todos que pese a pertenecer a la aristocracia de Eremnios, no le gustaba quedarse en su palacio a esperar que la incompetencia de la milicia hiciera el trabajo. Por lo demás, era un excelente compañero, y si se comportaba descortés con alguien, era porque su percepción le indicaba que le estaban mintiendo. No podía culparle por ello, cuando ella misma albergaba las mismas dudas respecto a Farimir.

El hombre rojo se puso en cuclillas junto a Kormar, y desde allí comenzó a relatar lo que él creía que podía haber dejado las largas y constantes huellas en la arena. Conforme Farimir avanzaba en su narración, la joven ladrona que estaba ubicada entre él y Drumak iba palideciendo considerablemente. Cuando el príncipe posó su mano en el hombro de la chica, esta se sobresaltó, y contra todo pronóstico, no vio maldad en su compañero. Él conocía a Tanya quizá mejor que cualquier otra persona, pues ella no tenía familia, y sabía cuánto detestaba las serpientes. En alguna ocasión pasada, en la que habían trabajado junto a otro oficial, la muchacha había quedado atrapada en un nido de serpientes venenosas, en la jungla de Jyurman. Desde entonces, había estado desarrollando un miedo muy profundo a los ofidios. Tal era su aprensión, que no podía oír alguna referencia a esos animales sin sentir como su piel se erizaba.

— Tal vez deberíamos continuar el camino — arriesgó Tanya, con una voz apenas controlada.

Yvonne la ignoró, aún centrada en la información proveída por Farimir.

— ¿Tú qué opinas, Kormar?

— No podría estar más de acuerdo con el amigo Farimir — declaró el hombretón, señalando el comienzo de la huella, o posiblemente su final. — Las víboras de arenas no son las únicas serpientes que habitan en este desierto, pero sí son las más peligrosas. No son pocos los que adentran en la tierra roja con la intención de hacerse con un poco de veneno, o la piel de estas víboras, pero sí lo son los que regresan — comentó serio.

El hombretón se puso de pie cuan alto era, para mirar la extensión de la huella como ninguno de sus compañeros podría.

— Pero estas marcas no fueron hechas por ofidios corrientes, tan solo miren esta marca — señaló con la punta de la lanza. — Tienen el ancho de un hombre. Es evidente que se arrastran por la arena, pero no son víboras convencionales, de hecho dudo… de que sean completamente animales.

El dictamen tuvo distintas reacciones en el grupo. Tanya se estremeció de tal manera que su rostro tomó un matiz cadavérico. De pronto la piel bronceada por los largos días de caminata bajo el sol, tenía su matiz anterior, que dejaba en evidencia su sangre cite y mhare. El príncipe Olban, por su parte, se veía bastante ocupado incomodando a Farimir con una constante mirada de sospecha. Sus labios, usualmente fruncidos en una sonrisa irónica, dibujaban una leve curva cuyos extremos se extendían hacia arriba, pues sabía que estaba sacando de quicio al nuevo compañero.

Kormar ignoraba sin esfuerzo a Drumak, aunque se había percatado del pavor que le producía el terreno a Tanya ahora que habían hablado de serpientes. Por la mente de la maga, no había rastros de sus compañeros de equipo. Ella sí había entendido la gravedad del asunto. Evidentemente estaban entrando en un territorio inexplorado por humanos desde hacía mucho tiempo. Cualquier criatura podría haber aprovechado la falta de exploración para crear su nido, o incluso algo más grande. Si lo que daba a entender el guía, era que por allí había pasado algún tipo de humanoide, tendrían que sumar un factor más a tener en cuenta. Sumarlo al calor, la amenaza constante de quedarse sin racionamientos, y a la incertidumbre que producía el hecho de no saber si iban por buen camino, daba como resultado un gran sacrificio.

Yvonne sopesó en cada posibilidad. Si solo se trataba de serpientes, tenían un problema, si se trataba de humanoides siseantes, había conocido a sus primos de la jungla… y esperaba que no lo fueran. ¡Los temblores! Además estaban esos temblores que en cierto momento casi la habían derribado. Eran fuertes, y no ocurrían en toda la zona al mismo tiempo, sino que se movía de un lado a otro. Era como si algo estuviese explorando las profundidades de la tierra.

— Probablemente lo más sensato sería seguir nuestros pasos hasta el poblado de Kormar— comenzó con una sonrisa dibujada en sus facciones inmaculadas. Tenía la columna erguida, por lo cual sus ojos ensombrecidos por la capucha, se veían de un azul profundo. — Pero pertenecemos a Eclipse, y este viaje tiene una finalidad. Si estamos aquí es porque podemos beneficiar a la humanidad con las ruinas del pueblo de los guardias rojos. ¿Dónde está? No lo sabemos, pero contamos con los dos guías y la voluntad que nos caracteriza como organización. Según Kormar, estamos en el camino correcto, en cualquier momento podemos encontrarnos con indicios que nos lleven a las ruinas. Por favor, presten atención— mientras decía esto último, alternaba la mirada entre el príncipe y la ladrona. — No es desconocido para mi tu miedo a las serpientes, confío en que hables si ves alguna, Tanya. Por lo demás, seguiremos como estos días atrás, espero que terminemos esto antes de lo pensado ahora que sabemos que estamos en un territorio hostil. Intenten centrar sus energías en la empresa y todo saldrá bien.


Inmediatamente la mole deseh que llevaba por nombre Kormar abrió la marcha, sosteniendo la lanza como si de un bastón se tratase. Sus sentidos estaba alerta, aunque caminaba como si estuviese haciendo una caminata. Yvonne lo había visto percatarse de detalles a cientos de metros, cuando ella no hubiera podido encontrarlos aunque estuviera al lado. Era un buen guía, y ahora que Farimir estaba allí para aportar sus conocimientos como había hecho con las víboras, tenía más esperanzas de encontrar el pueblo pronto. Sabía que algo los estaba viendo, aunque se le antojaba posible al ver la desolación que los rodeaba. La sensación iba en aumento.


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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

Mensaje por Farimir el Sáb Mar 30, 2013 5:04 am

Kormar confirmo mis temores, sin duda se trataban de serpientes, pero lo que el gran hombre dijo después me abrió los ojos ante un nuevo peligro del cual no me había percatado con anterioridad. Las marcas en la arena eran demasiado grandes para ser las clásicas víboras de arena a las que estaba acostumbrado a ver. Estas sin duda eras más grandes, ni siquiera las anacondas de la jungla podían llevar a ser tan anchas, y aunque así fuera, no tendría sentido verlas en el desierto. Komrar tenía razón en otra cosa, estos seres, no necesariamente tenían que ser animales, y de ser así, temía por qué cosas oscuras podrían estar acechándonos en este mismo momento.
Al parecer mis temores no eran los únicos. Pude notar como la ladrona se exaltaba ante el contacto con Drumak. Al principio creí que Tanya había sido víctima de alguna idiota broma por parte de Drumak, pero, de ser así habría reaccionado con ira más que con miedo. No, ella parecía temerle a lo que fuera que nos estaba siguiendo, y no se molestaba en lo más minimo en ocultarlo. Solo esperaba que ese miedo no entorpeciera el viaje poco después. Las fobias son peligrosas, en medio del desastre, pueden hacer que te olvides de todo lo que esta pasando, que ignores el mundo a tu alrededor, incluso que te paralices, lo que en batalla, es firmar tu propia sentencia de muerte.

Sin embargo Yvonne llego de golpe para levantar los ánimos con un discurso. Comenzó diciendo que lo más seguro seria ir al poblado de Kormar, mala idea considerando que mi pueblo fue exiliado de ahí. Pero luego comenzó a aclararle a su grupo sus motivos y su importancia, las ventajas que tenían, cosas muy útiles. Cosas como esta denotaban la experiencia de Yvo estando a cargo. Era eso o tenía un talento natural para sacar lo mejor de la gente con discursitos, y me inclinaba un poco por ambas cosas en realidad.

Yvo también dejo en claro mis sospechas sobre la fobia de Tanya hacia las serpientes. La verdad no tenía idea de si la ladrona había vivido una experiencia traumática relacionada con serpientes o si simplemente no le gustaban; y francamente no me importaba mucho, solo me importaban los hechos, y este era uno de ellos, ella le tenía miedo a las víboras, y probablemente estaríamos combatiendo dentro de poco con humanoides mitad víbora. Tendría que enfrentar sus miedos tarde o temprano y a juzgar por la situación, yo diría que los enfrentaría muy temprano.
Sin embargo, algo era cierto, la caminata debía iniciar ya, y a pesar de mi experiencia en el desierto, Kormar era el que más conocía Tierra Muerta, y según el estábamos en buen camino.

No tuve mucho tiempo de parado sin hacer nada ya que el hombretón empezó a guiarnos por el desierto bajo en calor abrazador. Luego de varias horas, ya parecía que llevábamos semanas caminando por aquel infierno. Una característica mortal del desierto es que todas las dunas, los arbustos secos, hasta los horizontes se parecen. Si no sabes orientarte pro zonas como esta, estas muerto. Es por eso que no me quedaba más que confiar en el hombretón, quien iba delante de todo, guiando al grupo, demostrando su gran resistencia. Mas allá del sudor que caía por su frente y por sus marcados músculos, no denotaba ninguna señal de cansancio o insolación. Drumak comenzaba a impacientarse, como si fuera un crio. El no confiaba en Kormar de por sí, y ahora, cada vez menos, considerando la cantidad de horas que llevábamos viajando. Si Tanya aun tenía miedo por las serpientes gigantes que habíamos visto anteriormente, pues era muy buena ocultándolo, ya que parecía más fastidiada por la distancia recorrida que por la posibilidad de un ataque de humanoides. Al menos así no tendría miedo todo el camino.

Yo sentí, aun así, la necesidad de compartir mis temores con Yvonne, así que fui avanzando ligeramente más rápido, sin correr para no levantar sospechas ni nada. Me acerque hasta estar a su lado y entonces le susurre- Temo por la ladrona Tanya. Ella les teme a las serpientes, y nosotros posiblemente combatamos hombres serpiente. No podrá hacer mucho en batalla, salvo que enfrente su miedo de la nada, y recemos por que no sea tarde. Claro que los hombres serpiente son una suposición. Pero es posible, que dichos temblores, hayan despertado cosas debajo de la tierra, cosas antiguas y horribles; cosas que jamás debieron ser despertadas- Justo cuando acabe de hablar, casi como si fuera obra y gracia del destino o la suerte, el suelo sobre el que estábamos comenzó a temblar. La arena se movía, como dando saltos. Había algo diferente en este temblor

Off: podes decir, si quieres, que nos atacan unos hombres serpiente (no tienen por qué ser todos) o que es un simple terremoto o temblor común
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Re: Buscando las ruinas de un pueblo destruido

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