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Un día en Phonterek

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Un día en Phonterek

Mensaje por Daleshka el Jue Mayo 05, 2011 11:04 pm

Siete de la mañana. Otro día comenzaba en la prospera ciudad de Phonterek. El clima era agradable pues si bien estaba nublado no parecía ser un día frío. A esa hora el sol todavía no terminaba de asomar en el cielo. Claro que ese día el sol no tendría la oportunidad de mostrar toda su gloria gracias a las nubes que parecían decididas a cubrir el cielo entero.


La ciudad lentamente cobraba vida mientras las personas salían de sus casas ocupando sus respectivos puestos de trabajo o acudiendo al mercado a reabastecer sus alacenas o comprar objetos de interés, tanto aquellos de gran utilidad como decoraciones que solo sirven para demostrar el poder adquisitivo, o fingir su existencia. De posadas y hogares salían extranjeros que decidieron sacrificar algo de su dinero para obtener un techo en la ciudad. Cada uno con sus propias razones para estar en Phonterek, con su propia historia que los llevo allí. Los guardias ya en sus puestos blasfemando por tener que trabajar desde tan temprano, pero así debía ser, puesto que la ciudad cobraba vida muy temprano y los criminales no eran la excepción a la hora de madrugar.

Incontables personas deambulaban por las calles de la ciudad y de ellas muchas detenían su andar con la mera intención de dar un vistazo a la ostentosa estatua que sobre la catedral del centro se encontraba. La estatua de un enorme dragón azul que no solo embellecía la ciudad sino que ademas mostraba su opulencia.

Un día mas comenzaba en la prospera ciudad de Phonterek y con el, cientos de historias que contar.





Para esa hora Daleshka ya estaba despierta y disfrutaba de un baño caliente, aunque no demasiado. Digna forma de comenzar un día. Suspiraba relajada mientras extendía su largo cuerpo sumergido en su mayoría. Solo asomaba por encima del agua su busto y su rostro. Con gusto permanecería el resto del día allí sumergida, disfrutando del delicioso baño. Pero era un lujo que no se podía dar. De mala gana pero decidida salio del agua, tomó la toalla que se encontraba próxima a la gran bañera y seco con ella su cuerpo.

Quisiera seguir en el agua... ¡no, no, no!... tienes cosas que hacer Daleshka
se dijo a si misma mientras ascendía por la rampa que conectaba el subsuelo con el resto de su casa, se dirigió entonces hacia su habitación y busco en una esquina un peine de plata con el cual peino repetidas veces sus suaves cabellos. Ademas, tu amas mucho mucho tu trabajo, pronto no pensaras mas en el agua... calentita... que cubre todo tu cuerpo y te relaja... ¡no!, tengo que dejar de pensar en ello refunfuño dejando nuevamente caer el peine al acolchonado suelo y luego busco en el mismo su collar, sus brazaletes y su tiara colocándoselos como correspondía y observándose en el espejo para asegurarse de que todo estaba en su lugar. Tal vez Daleshka no usaba muchas prendas, pero eso no significaba que le importara poco su apariencia.

Una ves arreglada marcho hacia la cocina de la cual tomo un trozo de pan que quedaba del día anterior y lo devoro como si de pan fresco se tratara. Luego se dirigió a su estudio, donde se encontraba su maletín y un juego de llaves. Tomó ambas cosas y se asomo nuevamente a su habitación. ¡Adiós bonitos! Arrojó un beso a sus muñecos y se marchó de la casa con dirección a la clínica, que estaba al lado de su hogar. Por suerte el día anterior no había habido mucho trabajo, lo que quería decir que la clínica en ese momento estaba vacía. Cuestión que le gustaba a Daleshka porque significaba gente sana y gente que podía dormir en sus hogares en ves de estar sufriendo en la cama de una clínica sin sus seres queridos al rededor

Mmm... esta nublado... bueno, pero frío no hace así que no tengo de que preocuparme, no, no. ¡Hoy sera un hermoso día, claro que si! Exclamó sonriente la gorgona mientras tomaba las antes mencionadas llaves y abría las puertas del edificio para comenzar otro día de trabajo en Phonterek




off rol:

Detalles a tener en cuenta:

Spoiler:

Todas las historias comenzaran a las 7am del lunes (o como se llame en Noreth) y terminaran el martes a la misma hora. (si así lo desean pueden hacer una introducción previa de días atrás en el primer post)

Pueden comenzar en cualquier sitio de la ciudad o sus alrededores, si desean roléen en conjunto o en solitario o ambas.

Para aquellos que roléen solos pueden manipular la duración de sus post a deseo, el mismo puede durar 3 minutos, una hora, etc. pero no olviden marcar concretamente los saltos de tiempo (y no pasarse de la fecha limite).

Quienes roléen en conjunto pues verán como manejan los saltos.

Si bien seré la master de la partida tan solo intervendré en sus roles si:
-estoy en ellos (dah)
-están en situaciones de combate y solo porque el hecho de que el master intervenga es parte del sistema de combate del foro.

Si antes de la fecha limite de posteo todos los anotados pusieron post siéntanse libres de abordar el siguiente turno.

Esta ronda es hasta el 8 de Mayo 23:59hrs, y solo por ser el turno inicial no habrá penalizaciones a quienes no postéen para ese entonces. Pasada esa hora empieza el 2 turno y no es necesario que me esperen para volver a postear en ese momento (salvo, ya saben, en situaciones de combate).


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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Jack Sharkson el Sáb Mayo 07, 2011 9:25 am

Apariencia de Jack en este rol:

Eran las siete de la mañana cuando el sol comenzaba a desperezarse, despuntando por detrás de las altas murallas de la ciudad de Phonterek. A pocos kilómetros de allí, a lomos de un caballo marrón alquilado, viajaba el capitán Jack Sharkson, alejado de su medio de transporte habitual: el Sandre. Su aspecto resultaba un poco diferente, en parte porque quería pasar desapercibido y en parte por su aventura anterior. Su rostro, que anteriormente tenía una apariencia juvenil, ahora se veía más adulto, con una expresión de preocupación, la expresión de aquel que ha visto la muerte a los ojos. Una barba recortada y mejor arreglada que días antes. Era del mismo color rubio que sus cabellos y cubría su mentón y la parte del bigote. Sus cabellos, más largos de lo que el pirata los solía llevar, iban recogidos en una coleta. Su sombrero había sido dejado en el barco, junto con su recién adquirida tripulación (que era tan nueva que ni siquiera había embarcado por primera vez) y su merrow querida, Loreley. Su atuendo tampoco era el habitual: la chaqueta, normalmente roja ahora era una de nuevos y ricos tejidos azules. Debajo llevaba una camisa de lino nueva de un blanco impoluto y unos pantalones marrones también nuevos. De esta forma el bucanero parecía más bien un noble que un delincuente y de hecho esto era lo que él buscaba. Por otro lado también estaba en un mejor estado de salud. Semanas atrás había estado en los huesos, casi como si fuera anoréxico, la barba había crecido sin control y la sal se había apoderado de ella, todo debido al naufragio en su anterior aventura que había acabado con toda su tripulación y en el que le habían dado por muerto. Por otro lado su suerte le había llevado a la isla que andaba buscando, donde un gran tesoro se ocultaba desde hacía siglos y ahora la mitad de este tesoro descansaba en la bodega del Sandre, que descansaba en el puerto de una lejana isla cercana a la isla donde Jack había naufragado. Unos arreglos chapuceros hechos por un artesano que pedía más dinero del que en verdad merecía cubrían la madera deteriorada del navío y un mástil nuevo de dudosa fabricación crujía de forma exagerada con la menor brisa. Era por estos arreglos que el capitán quería traer a un verdadero artesano, un viejo amigo de los Valurian, la familia postiza de herreros que el pirata había dejado atrás hacía tanto tiempo.

Jack comenzaba a despertarse cuando el caballo se acercaba a las grandes puertas de entrada de la ciudad. Era un caballo rápido y resistente, pues le había llevado desde Malik-Thalish a Phonterek sin apenas aminorar la marcha. El tintineo de monedas repartidas en dos bolsas de cuero llenas a rebosar de dinero era la banda sonora que acompañaba al capitán y el mosquete que saltaba de vez en cuando a la espalda de Jack era su pareja de baile en ese viaje. En el cinturón también colgaba Aequor, su espada, pero quedaba cubierta por la vaina de cuero y la chaqueta azul. Sharkson estiró de las riendas para que el caballo se pusiera al paso. La ciudad de Phonterek había despertado hacía poco y unos guardias con cara de dormidos se apostaban delante de la puerta para interrogar de forma rutinaria y exhaustiva a todo aquel que quisiera atravesar las puertas de tan fortificada y defendida ciudad. Un soldado que aparentaba tener la misma edad que el pirata alzó una mano para que parara. Jack ya se esperaba que tuviera que pasar un control, pues por eso había tomado tantas precauciones: había venido a caballo y no en barco, había modificado su aspecto de forma que pareciera un rico noble, había dejado (muy a su pesar) a Loreley en el barco con la excusa de que era una aventura peligrosa y no quería correr el riesgo de que la asesinaran e incluso se había inventado una excusa y una identidad falsa a medias que le permitieran entrar en la ciudad. El caballo se detuvo frente al guardia y éste sujetó las riendas para asegurarse de que no se movía. Un yelmo he hierro cubría su cabeza, al igual que una armadura ligera cubría su cuerpo por entero y unos guanteletes con pinchos en los nudillos cubrían sus brazos. Una voz grave interrogó a Sharkson:

- Identifícate y di tus motivos para entrar a Phonterek.

Jack sonrió de forma amable, controlando sus nervios. Aferró las riendas del caballo con fuerza y su único ojo se posó en la mirada negra del guardia:

- Mi nombre es John Harrow, hijo de Steven y Martha Harrow, importante, noble y rica familia de Malik-Thalish. Mis asuntos son solo de mi incumbencia, pues vengo en nombre del rey. – los Harrow eran la verdadera familia de Sharkson, los que repudiaron a Laura Harrow (madre biológica del capitán) por quedar embarazada de un borracho y que después del parto murió. Steven no era otro que el hermano de Laura, el tío de Jack. Ni siquiera lo había conocido personalmente, pero el pirata era suficientemente curioso como para investigar sobre sus verdaderas raíces.

Al principio la expresión del guardia era de duda, pero al pronunciar el nombre del rey su rostro cambió a un terror reverencial. En Thoromer el rey de Malik-Thalish provocaba terror en todos sus habitantes y Jack ya se esperaba una reacción así. El soldado hizo ademán de soltar las riendas, pero una luz iluminó sus ojos.

- Perdóneme, señor Harrow… pero no puedo dejarle pasar sin que me enseñe una orden real firmada por el monarca de Malik-Thalish.

El guardia extendió la mano como esperando algo, con una sonrisa. Jack asintió, también se esperaba algo así. Fingiendo una cara de desprecio y escupiendo a los pies del guardia dijo:

- Ya me advirtieron mis padres y mi señor el rey de lo desconsideradas que son las gentes de esta ciudad. Mis motivos son secretos, por lo que mi señor no ha querido firmar nada, pero si me ha dado este par de bolsas – señaló las dos bolsas de cuero repletas de monedas provenientes del tesoro que había robado en Anni, la isla donde naufragó – Puedo ofrecerte un poco de su contenido si olvidas que he pasado por aquí… y si revelas algo indebido mis padres pueden hacerte la vida imposible… por no hablar de lo que el rey puede hacerte. Acepta estas monedas y mantén tu pico cerrado.

Jack le guiñó el ojo de forma repulsiva incluso para él, tirando cinco monedas a los pies del soldado. Le gustaba ese papel de noble. El guardia soltó las riendas y el pirata puso al trote al caballo y se adentró en la repleta ciudad. Eran solo las ocho de la mañana y ya habían tenderetes, multitudes de gentes de diferentes clases sociales, espectáculos callejeros, etc. Los gritos estaban a la orden del día en la ciudad. Se respiraba un ambiente de felicidad y fiesta, al pirata le agradaba el sitio. Las gentes adornadas con ricas vestimentas se apartaban al paso del caballo y Jack saludaba con la mano o haciendo reverencias, aun fingiendo ser el noble John Harrow. Finalmente pagó tres monedas más en un establo para que cuidaran de su caballo y se dirigió a pie a la plaza central de la ciudad, donde el artesano tenía su establecimiento. Cuando caminaba vio un tablón de anuncios de madera, rodeado por unos cuantos guardias y algunos cazarrecompensas y mercenarios que lo miraban con interés. El tablón presentaba todas las caras de algunos de los delincuentes más buscados y por los que ofrecían más dinero. Jack echó un único vistazo que le sirvió para ver su propio rostro, más joven y afeitado con una sonrisa despreocupada y un sombrero negro sobre la cabeza. Al lado de este cartel aparecía uno con el angelical rostro de la merrow que se había quedado vigilando el Sandre. El corazón del bucanero se aceleró, no solo por los nervios de que le pudieran reconocer (aunque con el cambio de cabello, la barba y el atuendo parecía alguien completamente diferente), sino por el amor que le hacía vivir, que estaba presente por todos los poros de su piel. Sintió un agradable cosquilleo en su nuca y sonrió observando la perfección de su enamorada, recordando la cascada dorada que cubría su cuello, su vaporoso vestido, su tez blanquecina, las branquias que asomaban en los lados de su cuello. Casi podía sentir su olor a mar y el tacto de su piel en sus yemas. El pirata sacudió su cabeza y se alejó de allí a gran velocidad antes de que alguien asociara su rostro con el cartel. Eran las ocho y media de la mañana y un nuevo día despertaba en Phonterek. Otro día más lejos de los brazos de la sirena que tenía a su corazón secuestrado.


Ficha del Capitán Jack Sharkson, Leyenda Pirata:


SE BUSCA:


El Sandre:

"Tan solo espero que se me recuerde como el excelente cartógrafo que dibujó los mapas de los mares que ahora conocéis, como el aventurero que ha viajado por todos los rincones del mundo, que ha vencido enormes bestias marinas y que ha matado a sangre fría a importantes líderes de la Marina, que ha vuelto a la vida después de morir, que ha desvelado el secreto de una civilización perdida… que me recuerden como el humano que enamoró a la hija de una diosa.”
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Roxanne Megpoid el Lun Mayo 09, 2011 3:51 am

Roxanne Megpoid.
-Contra tus deseos-

Siete de la mañana… ¿no podría esperar? El “trilili” del reloj de pared ubicado justo frente a la cama no dejaba de sonar. Eso del nuevo invento de alarmas para despertar por la mañana apestaba. El mecanismo era simple, crear una polea que, al momento en que cierta cantidad de piedras (que eran tiradas por otro mecanismo cada hora) cayeran a un pequeño cántaro, el reloj seria golpeado de forma que una pequeña campana pudiera avisar que era el momento de despertar. Roxanne intento darse la media vuelta, perezosamente, pero aquel sonido era tan estridente, que se obligo –aun con los ojos cerrados- a ponerse en pie y quitar las rocas del estúpido reloj.

-con que sigan los inventos a este ritmo, terminaremos transportándonos en minutos de una punta de noreth a otra…-


Suspirando, se dirigió al baño, tallándose la cara. Habiendo pasado la noche en la taberna –cuyo lindo nombre era “El borrachín feliz” era momento de seguir avanzando. Tenía ahí apenas un día, llegando la mañana anterior. Los guardias fueron amables con ella… bueno, hay que agradecer al busto y la falda corta. Claro que, Roxa no era de las que se vendían, pero, siempre una curva ayudaba. Mencionando que buscaba un refugio del clima por una noche, un poco de coqueteo y los guardias le permitieron el paso. Estaba segura que, si hubiere sido hombre, la cosa habría estado más difícil. Estaba decidida a irse, pues no tenia más que hacer en esa ciudad, Baby Doll no estaría ahí y solo llego de paso. Estirándose, se observo en el espejo pequeño, sonriéndose. Después de un rápido baño, ya salía fuera, mirando todos los mercadillos y tendederos regados por aquí y allá. Encogiéndose de hombros, pensó que no sería mala idea buscar algo dulce que comer, después de todo… ¿Cuántas veces volvería a esa ciudad? Seguro no muchas, además, Baby Doll no era tonta y podía defenderse bien, seguramente la organización estaría exagerando en decir que podía correr peligro.

Tarareando una canción, avanzo alegremente en medio de la multitud, sosteniendo sus cosas bien cercas de sí misma. Sabía que, en una ciudad donde los gritos de “llévele, a solo dos monedas” y “ofertazo del día” son comunes, también hay carteristas y amantes de saquitos con dinero que llevan las niñas como ella.

Levanto la vista unos segundos, las nubes se cerraban con ligereza en la ciudad y, pese a eso, hacia algo de calor. Comprando algo de jamoncillo –que resultaba ser un dulce hecho a base de leche y de sabor muy dulce- fue masticándolo de a poco, observando curiosa las calles hasta llegar al centro. De ahí, varios caminos llenos de tiendas saltarían ofreciendo multitud de productos. Había incluso un tablero, donde se colocaban a los más buscados. Roxanne quedo unos momentos leyendo los letreros, había todo tipo de personas. Algunos, asesinos, ladrones, secuestradores… la “basura” de la sociedad, dirían algunas compañeras. Aun así, poco le importaba a ella pues había adoptado la regla “si no es misión, no importa”. Un joven aparecía avanzo justo a un lado de ella y, durante unos segundos sus ojos lucían iguales que los de un tipo que lucia como pirata, por el que pedían recompensa. Roxa se encogió de hombros, ignorando el hecho, si él era un hombre buscado por la ley o no, daba igual, el punto es que no lo tenía entre sus misiones y no importaba.

Misiones… Roxanne saco un pergamino, recordando algo de pronto. Encontrar a Baby Doll no era la única, también tenía algunas otras de entrenamiento. Seguro alguna tenía que ver con la ciudad… observo atenta el pergamino gastado y arrugado. “Comerciante de Phonterek solicita ayuda con objetos desaparecidos. Recompensa se dará a quien encuentre al culpable”.

Venia la ubicación del comercio, así como la forma de llegar. Sonrió, asintiendo con la cabeza, de paso, mientras buscaba a su salvadora, subiría de nivel y lograría tener al fin su apodo. ¿Lista? Se pregunto, sonriéndose a sí misma y asintiendo, mientras avanzaba hacia aquel sitio. Tan solo una hora y media habían pasado desde su despertar…y aquel día parecía que sería de lo más interesante.

****
Off:
hora al finalizar el post: 8:30
Como veran, puse un titulo n.n eso es porque, si Dales me lo permite, xD hare un especie de rol que modificara un poco la conducta de Roxa Smile
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Yuko el Lun Mayo 09, 2011 5:57 am

La suerte siempre me resultó esquiva, ese día no tenía porqué ser la excepción pero para que no crean que miento o exagero, aquí va una breve crónica de mi vida en un día como el de hoy.

Aunque mi intención es plasmar los hechos sucedidos ese día, lo cierto es que debo aclarar que mi arribo a Phonterek se había producido la noche anterior.
Iba desde un pueblo cercano, en mi eterna búsqueda de techo, trabajo o al menos una de las dos cosas.

Apenas llegada me encontré con una larga cola de personas que pugnaba por entrar; dos tozudos guardias nos obligaban a avanzar lentamente, sin prisa, sin inmutarse por los ancianos que aguardaban o por los niños que lloraban.

Aún así, paso a paso logré acercarme a mi meta quedando solo una familia delante de mí, fue en ese momento que un sonido estruendoso se dejó escuchar una diez veces, motivo por el cuál los guardias anunciaron que ya nadie entraría esa noche.

El hombre de aquella familia bufó enojado, en vano trató de explicar que alguien de su familia se encontraba enfermo o quizás moribundo. Los guardias se negaron a ceder e incluso amenazaron con llevarlo a la cárcel si seguía molestando con sus problemas.
La esposa asustada trató de persuadir a su esposo de que era mejor esperar, una vez lo logró la familia se retiró para acampar fuera de las murallas.

El panorama se presentaba difícil… Me acerqué a los guardias con mi mejor sonrisa, con palabras amables y con muchos “por favor” y “gracias” para tratar de ablandar sus duros corazones y solicitar que me dejaran entrar puesto que yo no tenía lugar donde dormir o acampar.

Algo en mi aspecto debió agradarles porque intercambiaron miradas antes de decirme que me dejarían entrar porque tenía aspecto de buena niña, me recomendaron un lugar para quedarme e incluso me dieron algunas palmaditas en las nalgas mientras pasaba por su lado.

Vagué por aquellas calles tratando de ubicar el lugar mencionado por los guardias, pero las horas pasaron y no había forma de que obtuviera dinero o acilo tan tarde.
Sin saber como mis cansados pies me llevaron frente a un gran edificio que no parecía demasiado habitado, al menos desde afuera.

La puerta principal parecía estar bien cerrada, desplegué mis alas y me eleve buscando alguna ventana o balcón donde posarme, cuando encontré un espacio donde hacerlo no tardé mucho en acomodarme, cubrirme con mis alas y caer en los brazos del más profundo de los sueños.




Mi sueño fue pesado y lleno de extrañas pesadillas de las que no podía despertar por mi misma debido al cansancio de mi cuerpo, sin embargo a las siete de la mañana mi mente no soportó más el estruendo y me sacó del reino de la inconciencia con un sacudón y siete estrepitosos repiqueteos del campanario de la catedral de Phonterek.

Asustada, sin saber donde me encontraba, aturdida corrí donde mi errado instinto me llevó y caí por el mismo lugar por el que había entrado la noche anterior. De milagro abrí mis alas para frenar la caída pero debido a mi aturdimiento seguí de largo y dí de lleno contra una carreta con heno.

Lo siguiente que recuerdo fueron gritos, luego fui jalada de un pié y caí sobre el empedrado de la calle descubriendo que los gritos estaban dirigidos a mi junto con un montón de insultos e improperios.

Sin notar que mi vestido había quedado mal acomodado debido a la caída, me levanté haciendo reverencias mientras pedía disculpas, lo que fue respondido por algunos silbidos, palabras indecentes y un carretero que pensó que me burlaba porque dijo algo sobre arrancar alas para hacer una sopa de pollo.

Sabrán los dioses cómo sucedió, pero antes de lo pensado me vi corriendo por las calles para escapar de un señor furioso que deseaba que le pagara por los daños (no se cuales si era un montón de heno).

Corrí hasta quedarme sin aire, me escondí en las ramas de un frondoso árbol y vi al hombre pasar de largo. Esperé minutos que parecieron horas y cuando creí que era seguro bajar lo vi pasar de nuevo y quedarse hablando con alguien justo debajo de donde yo me encontraba por lo que sin otro motivo debí pasar al menos veinte minutos escuchando una historia sobre esposas que engañaban y quien sabe que más.

Mi estómago me rogaba que lo alimentara o le diera muerte, suerte para mi que justo cuando me decidí a bajar (aún a costa de tener que pagar daños inexistentes) los hombres se alejaron caminando y se perdieron de vista mientras yo daba un saltito para caer en el piso.

Mis ojos se posaron en las ramas de los distintos árboles, buscando quizás algunas fruta, luego bajaron al piso para no seguir decepcionando a mi estómago cuando con sorpresa descubrí dos monedas brillantes de oro.

Feliz caminé hasta dar con un negocio, compré algo de pan y una taza de cálido té con leche que sirvió para aplacar mi hambre, mejorar mis expectativas y ponerme de un mejor humor (si es que eso era posible).

Salí del negocio suspirando agradecida por mi suerte, segura de que si no hubiera chocado con aquella carreta seguramente no habría encontrado esas monedas. Esa ciudad debía ser mágica o al menos muy generosa con los recién llegados, por lo que sin más rodeos comencé a buscarme un trabajo.

Ya las ocho campanadas habían sonado hacía un rato largo. El día, aunque nublado, parecía ir de maravilla.


Spoiler:
Perdón por la hora en que posteé ... T_T una hija demandante y un marido incompetente no son una buena mezcla para escribir un post... Te quiero? No me retes por la hora



Spoiler:
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Mireille Millet el Jue Mayo 12, 2011 3:29 am

07:00

El ruido de la naturaleza estaba inundando el lugar. Los pájaros trinaban alegremente, los animales correteaban de un lado a otro, y en alguna parte del bosque, se oían unos ladridos que no pertenecían al lugar.

Una cachorrita correteaba por un claro, alrededor de una chica. Era pelirroja, y dormía con una sonrisa. O al menos así había sido hasta que habían comenzado los ladridos.

La joven inspiró hondo, y luego bostezó. Abrió los ojos a regañadientes, y se estiró, viendo como Rueme daba vueltas de forma descontrolada. Según se veía, se había despertado con mucha energía que desperdiciar.

-Pequeña traviesa... ¡Estaba durmiendo! - Le regañó, pero no pasaron más de unos segundos para que se echara a reír.

Se incorporó, sentándose con las piernas cruzadas, y dio unas palmadas sobre su regazo, invitando a la cachorrita. Sonrió cuando esta dejó de correr para acomodarse entre sus piernas, agitando la cola como única señal de su anterior corrida.

Acarició su pelaje, con lo cual el animalito cerró los ojos, quedándose quieta. Y Mireille volvió a reír al oírle hacer una especie de ronroneo.

-¡Rueme! - Exclamó entre carcajadas - ¿Qué cosa rara eres tú? Ladras como perro, ronroneas como gato, tienes orejas de conejo... Tú no eres normal - Concluyó entre risas.

Apartó a Rueme de su regazo, tomó su bolso, colgándoselo a la espalda y se levantó del suelo. Echó a caminar con la cachorrita trotando a su lado, sin tener ningún objetivo en mente más que salir del bosque. Aún no conocía mucho más afuera de estos, pero según sabía, había de todo más allá. Y quería descubrir aquel mundo.

07:30

Un rato después, se encontraba cerca de las afueras de una gigante muralla. Está tenía un portón, también enorme, aunque por supuesto era mínimo comparado con la muralla.

Mireille inspiró hondo, y se acercó a las grandes puertas, distinguiendo al acercarse más unos hombres. Estos tenían un aspecto arisco, poseían armas, y detenían a todos los que se acercaban a la ciudad con intenciones de entrar en esta, impidiéndole entrar a unos pocos, y dejando pasar a los demás. Guardias.

Al ver tal espectáculo, se agachó, tomando a Rueme en brazos, y se situó en la cola, en esos momentos corta.

Llegó a tardar unos minutos más en llegar junto a los guardias, pero una vez allí, descubrió que el proceso era mucho más sencillo de lo aparente.

-Identificación - Pidió uno de ellos.

-Mireille Millet.

-Motivo de venida.

Vaciló. No tenía un motivo específico para estar allí. Estaba allí porque allí estaba, y punto. ¿Para qué más motivo?

-Ehmm.... Pasaré aquí la noche - Dijo, expresando la única idea que le había ido a la cabeza.

Uno de los guardias arqueó una ceja, pero el otro se limitó a decirle:

-Disfrute su estancia en Phonterek.

Pasó los enormes puertas, para llegar a una gran y vistosa calle, repleta de gente. Había toda clase de personas, sitios, olores, sonidos...

Quedó deslumbrada, y apretó con más fuerza a Rueme, que se había comenzado a remover inquieta. Aún la tenía en brazos, y ahora no pensaba soltarla. Así se aseguraba de que no se iría a perder en aquella multitud.

Pero nada aseguraba que ella no se iba a perder.

07:45

Tras unos cuantos minutos de caminar, había acabado en una calle secundaria, con mucha menos gente, pero igual concurrida. Sacudió la cabeza, tratando de avisparse, y observó a su alrededor, en busca de un sitio donde refugiarse del tumulto.

Terminó eligiendo un local en el que no había circulación de personas. Este no tenía un aspecto tan vistoso y colorido como el de las demás tiendas, y en un cartel de madera se podía leer: "Se venden objetos de segunda mano.".

"¿Vender?" Se preguntó, puesto que en su aldea, se usaba el método más sencillo y viejo de todos: Truecar. Comprar y vender no se hallaba en su vocabulario.

Fuese lo que fuese, se acercó a la puerta, y la empujó, sonando el repiqueteo metálico de una campanilla mientras entraba.

Una vez adentro, entendió porque nadie entraba a ese lugar. Se encontraba sucio y polvoriento, varias de las estanterías se encontraban vacías o semivacías, y los objetos que habían no eran de mayor interés, sino cosas ya utilizadas y manoseadas. Sin embargo, el local como tal hubiera llamado más la atención de haber estado presentable, gracias a la buena estructura.

Tenía un suelo de madera. Era amplia y luminosa, o al menos así debía de serlo antes, gracias a unos amplios vidrios, cubiertos de polvo en esos momentos, y una ventana amplia del lado derecho del local, pero en esos momentos cerrada a cal y canto. Del lado izquierdo estaba una especie de podio de madera, el cual tenía una silla redonda atrás, alta y sin respaldo atrás, de tal forma que ninguna parte del conjunto estorbaba, pegado a la pared como estaba, pero impedía que alguien saliera sin haber pagado, al estar esta cerca de la entrada, ya que se vería al instante desde el lugar.

Al pie de los vidrios había unas zonas de piso elevadas, forradas con piel, y que exhibían varios objetos, distribuidos en unos pequeños altares, de diferente altura cada uno. Contra la pared derecha había varias estanterías, con libros usados y gastados, y una sola con con pergaminos, plumas y tinteros vacíos, hecho que le hizo suponer que el dependiente se encargaría de llenarlas personalmente.

Lo demás simplemente eran distintos objetos desperdigados en varias estanterías, y una puerta en la parte trasera de la tienda.

Y precisamente, al sonar la campanilla, un hombre de edad madura salió de la trastienda. Tenía un visible malhumor, y gruñó al verdad. Aunque había pensado solar a Rueme en el suelo, desechó esas ideas con la cara del señor. No creía que le gustara que la idea de que la cachorra correteara por todos lados. Aunque lo cierto es que no sería por ensuciar algo que se molestaría. Simplemente, el sitio no podía estar más sucio.

-Buenos días, señor - Saludó.

-¿Qué tienen de buenos? - Soltó de forma grosera.

Mireille retrocedió un par de pasos. No podía irse sin despedirse antes, pero no quería estar tan cerca de este.

-Es un nuevo día, no puede ser malo desde el inicio.

El hombre soltó un resoplido.

-Si que lo puede. ¿Qué quieres? - Preguntó, cambiando el tema.

Al haber entrado solo por curiosidad, no había pensado en adquirir algo. Pero ante esa oferta, se obligó a pensar, y respondió unos momentos después:

-Rellenar mi tintero, y adquirir uno nuevo.

El hombre asintió, y extendió la mano. Ella por su parte soltó a Rueme en el suelo, y se descolgó el bolso, comenzando a buscar en este el tintero, ya con la tinta a la mitad, hecho alarmante en algo tan pequeño. Se lo tendió, cerrando el bolso, y volviendo a ponérselo en la espalda. Luego se acercó a Rueme, y la agarró nuevamente, ya que se había acercado a lo que no debía.

-¿Cuál quieres? - Rezongó de pronto el hombre, refiriéndose a los tinteros.

Mireille se acercó, y señaló sin vacilar a un sencillo modelo, que al contrario del suyo era de piedra negra, y más grande. La ventaja de ese era precisamente su resistencia, y pretendía tenerlo en caso de que se le rompiera el otro.

El señor tomó el que había señalado, y se dirigió a la trastienda.

Esperó donde mismo se había quedado a que saliera, suponiendo que iba a llenarlos allá adentro, y efectivamente, momentos después salía con los dos frascos llenos, o al menos así supusó por el de vidrio. Por su parte, el hombre se acercó al podio, dejando ambos frascos sobre la tabla.

-Costará 50 diamantes - Le informó.

Mireille le dirigió una mirada interrogativa. Ignoraba que eran los diamantes, e incluso en caso de saberlo, no tenía.

-¿Diamantes? ¿Qué es eso? - Preguntó.

El hombre abrió mucho los ojos ante tal muestra de ignorancia, y su sorpresa pasó repentinamente a una furia.

-¡Joder! No tienes diamantes, ¿Verdad? ¡Fuera! No eres más que una vulgar ladrona - Le espetó con desprecio.

Sintió como si le hubieran echado encima un balde de agua fría. No tenía idea de que eran los diamantes, ¿Cómo iba a tenerlos? Y además... ¡Ella no era eso que había dicho!

-Puedo irme, señor, pero antes quiero mi tintero, y quiero que sepa que no soy una ladrona, ni una persona vulgar - Dijo, en un tono frío, tratando de contenerse. Ella era tranquila, pero... ¡Odiaba las mentiras!

-¡Esta lleno de la tinta que YO eché! Por lo tanto, la respuesta es no - Replicó, furibundo, y luego añadió en voz baja, más como para sí -. Como si no bastará con los ladrones nocturnos, para que llegué una vulgar ladrona tan descarada como tú...

Rueme comenzó a ladrar de forma agresiva, tratando de zafarse de los brazos de su dueña. Mientras que su dueña entendió el vacío de la tienda, y el malhumor del hombre.

"¡Pero eso no le da derecho a quitarme mi tintero y decir que la ladrona soy yo!"

Los cosas no pintaban bien...




Venga... ¡Sonríe! No dejes que los demás te amarguen el día...
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Athanatos el Vie Mayo 13, 2011 12:21 am

El gélido y húmedo aire de la madrugada maltrataba mis alquitranados pulmones, ese tipo de aire que cuando se respira te hiela de dentro hacia afuera, el mismo que al soltarlo despide tu calor en forma de vaho; las frágiles gotas de rocío comenzaban a formarse en la flora autóctona y la noche aun no había dejado paso a los primeros rayos del alba.

Mis botas sucias y ensangrentadas caminaban a paso lento por la tierra blanda de aquel páramo y en mis brazos... en mis brazos se hallaban solo tristeza y desconsuelo para un niño tullido que dormía intranquilo entre sollozos, mi caballo portaba a tres heridos de gravedad arropados por una manta de piel de oso y el resto de lo que quedaba de la caravana mantenía un paso lento y cansado tras de mi, portando consigo sus bienes mas preciados en las pocas carretas que aun estaban en pie.

Pocos fueron los que sobrevivieron, muy pocos ¿que hacían orcos tan cerca de Phonterek? Esos malditos orcos habían salido de la nada, sembrando el pánico y el caos en la troupe, degollando, apaleando, quemando a quien se cruzara a su paso. Este maldito mundo seguía tan asquerosamente loco como siempre. No debí salir de mi granja, dentro de poco ya comenzarían a salir los primeros brotes en el huerto, los venados migrarían de nuevo a los bosques colindantes y el invierno se alejaba a buen paso, ademas, estaba el chico, ese niño se las manejaba bien solo, pero necesitaría a alguien para guiarse, sin duda era hijo de su padre - Maldito mundo - escupí.

Antes de que se hiciera de día, recorrimos un gran tramo, donde el niño, o mejor dicho, donde el joven huérfano, que ya todo rastro de infancia había perdido en su rostro, descansaba en mis brazos despertándose en varias ocasiones entre sudores fríos, y tan solo las historias que le contaba éste viejo loco administraban la única medicina de la que disponíamos, pues su muñón de la pierna comenzaba a infectarse dejando tras de si tonos purpúreos mezclados con pus y sangre seca. Una pareja de ancianos cayó muerta en el suelo y tan solo pudimos darles una simple e irrisoria sepultura entre dos fresnos.

Al salir el sol, las antorchas que portaban los miembros de la caravana fueron apagadas, y fuimos acompañados por el canto de los pajaros de la mañana, que comenzaban a despertarse en sus nidos. Los primeros rayos de sol, me bañaron la cara, acariciandome el rostro dejando un halo de calor en mis mejillas, esas sensación era lo mejor que habia sentido en todo el trayecto, me hubiera gustado leer un poco, fumar de mi pipa esas hiervas que tanto me tranquilizaban y que alteraban mi mente para evitar el dolor; pero pronto avitamos una ciudad a lo lejos, y no habia tiempo para sentarse ociosos en el borde del camino. Conforme nos acercabamos las murallas de la ciudad crecian delante nuestro, los sonidos propios de la poblacion haciendo sus quehaceres matutinos se dejaban escuchar tras de éstas, y dos guardias vigilaban la entrada en la que acababa nuestro camino.

Un guardia no tardo en acudir a nuestro encuentro - ¿Quienes sois? - dijo con tono prepotente - En Phonterek no admitimos a enfermos y mendigos como vosotros, marcháos ahora mismo - continuo agarrando con fuerza la lanza que portaba.

Mi rostro se endureció y dejé al niño en un carromato cercano, tras esto me dirigí hacia el guardia - No te acerques - dijo éste apuntandome con su lanza, no fue dificil apartarla y levantarlo del suelo cojiendolo por el cuello - Mira chico - dije con una voz potente - hemos sido atacados por unos orcos a pocos kilometros de aqui, esta gente necesita atencion medica y alimentarse, asique puedes ir a avisar a tu gente para que nos ayude, o yo mismo te apartare y la buscaremos por nuestra cuenta - sentencié tras dejarlo caer al suelo de espaldas - No me obligues a apartarte yo mismo, insensato.

El guardia con los ojos llenos de sorpresa reaccionó tras una pausa y fue a llamar a su compañero que guardaba la puerta a unos veinte metros de distancia - Os abriremos las puertas, buscaremos ayuda - dijo antes de salir corriendo - Orcos cerca de Phonterek - parecio susurrar mientras se iba.

Sin duda Phonterek no era una ciudad militar, no habia mas que ver a sus jovenes guardias, y la poca experiencia que estos disponian, por lo tanto, la seguridad en esta ciudad no iba a ser un impedimento para estos heridos, en cuanto me asegurase de que disponian de atencion y alojo, no tardaria en visitar a un viejo amigo de la ciudad y reponer un poco mi desgastado inventario.

Al entrar a la ciudad, las gentes que rondaban entre los lustrosos edificios y los adoquinados paseos callaban al ver nuestra desolación, algunos miraban con compasion, otros con rostro de asco y otros simplemente se apartaban de nuestro camino por temor. Anduvimos dos o tres manzanas detras del guardia que nos guiaba, y pronto una comitiva de unos diez soldados, dirigidos por lo que supuse que seria un oficial de menor rango, se acerco presurosa a donde nos encontrabamos mientras que unas campanadas anunciaron las ocho de la mañana.

No sabia lo que nos dirian los guardias, pero poco me importaba, si estas gentes no recibian atencion antes de que la novena campanada retumbara entre las calles de la ciudad, éstos maldecirian el dia en que se toparon conmigo.
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Lahkesis Shamtul el Jue Mayo 19, 2011 4:27 am

07:00

Me había levantado temprano este día, mucho mas de lo habitual teniendo en cuenta que mi vida era, irónicamente, vivida mas de noche que de día, debido a aquel sol que de tocar mi piel terminaría rápidamente conmigo. Sin embargo, por como estaba el cielo ayer en la noche, se me había dicho que era muy probable que todo el día estuviese nublado, sin que el sol pudiese siquiera asomarse.

Una cosa cierta era que no salía mucho de mi hogar, y eso empezaba a verse mal en la ciudad, una noble debía hacerse notar de vez en cuando, sino comenzarían a tachar a una de antisocial. Apenas me levante mande a una de mis criadas a revisar el cielo, el cual me informo estaba totalmente nublado, tal como lo habían predicho.

Sonriendo un poco, me puse una capa de viaje que cubría todo mi cuerpo y parte de mi rostro gracias a su capucha, revise que aun tuviese en el dedo el anillo que marcaba a mi familia, lo que haría que los guardias no me tratasen como una extraña mas. Me sentía llena de energía, después de todo hacia solo media hora que me había alimentado. Estando en mi hogar eso era mucho más fácil, solo con succionar un poco de sangre de varios de mis sirvientes que sabían la verdad, ya estaba satisfecha.

Sabía que era poco prudente haberle contado la verdad a algunos de ellos, pero eran sin duda los más leales, jamás le dirían nada a nadie… y de hacerlo simplemente seria visto como una ofensa ante su señora, cosa mal vista en la ciudad. Cuando procure tener el morral conmigo, con sus correspondientes cantimploras y algo de dinero, ya que nunca se sabía con que me toparía, me fui de mi hogar a recorrer las calles.

07:30

Siempre me pareció curiosa como una ciudad puede ser al mismo tiempo tan distinta y parecida de noche. Hay ciertos detalles que te la harían confundir con otra completamente distinta, y al mismo tiempo otros aspectos que la hacen inconfundibles. Sin duda lo que más se destacaba en el día era el comercio de negocios más “familiares” los cuales de noche solían estar cerrados.

Al pasar por la catedral sonreí un poco, esa estatua de dragón azul estaba ya desde antes que naciese… parecía ser inmortal a su manera. Recordé como cuando era pequeña solía asustarme de noche, pensar que ahora quien asusta de noche normalmente soy yo… la vida estaba llena de ironías.

-¡Señora! ¡¡Señora!!-
al oír aquel grito voltee un poco, se trataba de una de mis sirvientas, Sassha. Tenia solamente 15 años, por lo que ser discreta no era lo suyo, sin embargo siempre me entretenía un poco, tener juventud cerca me gustaba, me recordaba lo que se sentía estar viva y ser vital.

-Calma Sassha, toma aire y dime que sucede, porque me has seguido.-
Dije con calma, esperando que la chica se tranquilice un poco.

-Es que… hablamos en el castillo y bueno… opinamos que no es seguro que salga usted sola, al menos debería tener una acompañante…-

Reí un poco al escucharle, aun llevaba la ropa de sirvienta que eran comunes en mis aposentos, por lo que quien supiese un poco de la ciudad sabría que pertenecía a la servidumbre de mi familia. El que quisiese que yo tenga protección demostraba sin duda alguna que no tenia idea de lo que realmente era.

-Esta bien querida… me vendrá bien un poco de compañía, sin embargo deberás comportarte, recuerda eso por favor.- dije mientras sonreía y le acariciaba la cabellera rubia que le caía hasta los hombros, a veces parecía demasiado inocente.

-No creo que lo sepas, pero estoy intentando ser un poco discreta ahora, quiero tantear el terreno ya que quizás quiera hacer o asistir a algún evento a la noche… ya sabes, para que Phonterek sepa que estoy viva-

La muchacha asintió vigorosamente mientras sonreía, me gustaba mucho aquella pequeña, jamás permitiría que le pase nada, su inocencia permanecería intacta el mayor tiempo posible que pudiese permitirme.

07:45

Caminar junto a Sassha realmente animo bastante las cosas, le gustaba comentar como solía caminar por aquí cuando era mas pequeña, junto a sus padres que cuidaron de mi hogar mientras estaba ausente, tal como se lo había pedido a sus antepasados. También me contó como nunca había esperado que la descendencia de la dueña original volviese en algún momento, y claro, el gran parecido que tenia con la pintura que se erguía en la sala principal.

-Si… el parecido es asombroso ¿No crees?- pregunte riendo un poco cuando de repente pasamos por una pequeña tienda la cual parecía desentonar un poco junto a las demás… algo que llamo mi atención en aquel lugar tan vistoso. Normalmente en Phonterek el crimen no era una gran preocupación, los guardias se encargaban de eso… pero como toda gran ciudad tiene sus secretos.

Se veía un letrero que decía “Se venden objetos de segunda mano” letrero el cual me quede viendo con curiosidad, en raras ocasiones los artículos de segunda mano resultaban bastante valiosos, algo de lo que sus vendedores no solían darse cuenta.

Al parecer ese letrero me distrajo mas de lo que debía, por lo que no había escuchado a Sassha hablarme, cosa de la que se dio cuenta y con mucho cuidado me toco la manga de la capa de viaje para que le viese.

-No entre a esa tienda señora Shamtul… ahí trabaja un hombre malo, se enoja por cualquier cosa y normalmente no le gusta que se le moleste, a veces hasta parece que ni siquiera quiere vender solo para no entablar contacto humano.-

Debo admitir que escuchar hablar así a Sassha me sorprendió bastante, a pesar de lucir tan joven e inocente parecía saber bastante sobre las personalidades ajenas. El pensamiento de que era mas profunda de lo que creía se desvaneció cuando escuchamos un ladrido procedente de la tienda y ella entro rápidamente para ver que el vendedor no estuviese lastimando a ningún animal.

Decidí entrar también, después de todo en parte ella era mi responsabilidad y no podía permitir que mi familia tenga altercados… al entrar vi a Sassha, un hombre que debía ser el vendedor y una joven con largos cabellos de color rojizo sosteniendo a su mascota que ladraba… en parte parecía un cuadro bastante raro, sobretodo sumándome a mi la vampiresa.

-¿Qué esta pasando aquí?- Pregunté con calma mientras hacia un gesto con la mano para que Sassha no diga nada comprometedor

-¡¿Qué pasa?! ¡Que esta pequeña ratera quiere robarme! ¡¡Me estafó haciendo cargar de tinta su tintero cuando no tenía diamantes para pagarme!!-


Observe a la chica por unos momentos, no tenia apariencia alguna de ser alguien que estafa o roba… quizás solo era un poco despistada, además tenia un porte algo elegante, como si se tratase de una noble. Al parecer no era la única que hacia análisis, ya que el hombre estaba mirando fijamente a la mascota que supuse era un perro, cosa que ahora dudaba un poco.

-Supongo puedo quedarme con ese… perro como compensación, después de todo parece valioso.-

No sabia del todo que hacia ahí, solo quería verificar que Sassha no hiciese nada estupido, cosa que no parecía ser capaz de cumplir ya que estaba buscando en su bolso diamantes para pagar a ese hombre, al parecer amaba demasiado a los animales.

Me frote un poco la sien, estaba segura que Sassha sabia tan bien como yo que ella no tenia los diamantes suficientes para pagarle a ese hombre. Por lo que tuve que interceder antes de que quisiese hablar y excusarse.

-¿50 Diamantes no?-
pregunté tranquilamente ya sabiendo la respuesta y sin darle tiempo alguno de responder a aquel desagradable hombre, ya que el dinero exacto en el mostrador. –Y no, no hay extra por molestias, después de todo al parecer hubo molestias por los dos lados.-

Mire a la joven pelirroja sonriendo un poco, intentando demostrarle que no era ninguna mujer rara que quisiera aprovecharse, en estos días seguramente cualquiera desconfiaría de alguien que paga las deudas de un desconocido.
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Yuko el Sáb Mayo 21, 2011 8:56 pm

8:35

Mi estómago se encontraba contento y satisfecho por lo que cedió su lugar a la curiosidad…

El bullicio de las calles podía volver ser muy estruendoso para algunas personas pero para mi era diferente; el ir y venir de la gente era música en mis oídos, aún teniendo presente que necesitaba procurarme un trabajo, no podía hacer otra cosa que no fuera maravillarme por la cantidad y variedad de objetos a mi alrededor.

Es que caminando había llegado a la zona comercial donde cada negocio peleaba a sus clientes con los pequeños puestos temporales que se amontonaban en donde hubiera espacio.

Vendedores de toda índole gritaban a pleno pulmón, invitando a observar los prodigios traídos de otras tierras, las ricas telas, joyas, espadas y otras mercancías a cual más extraña.

- ¡Melones azules! ¡Compre sus sabrosos melones azules!
- ¡Lembas! ¡Autentico pan élfico para el viajero frecuente!
- ¡Plumas de Gartock! ¡Su belleza no estará completa sin sus plumas de Gartock!

Sin notarlo me encontraba corriendo de un lugar a otro tratando de grabar cada detalle en mi mente porque estaba segura de que aquello debía ser un sueño maravilloso del que pronto debería despertar.

- ¡Niña! ¡Oye, niña!

Una herbolaria con orejas de gato había abierto las puertas de su negocio y me vi tentada a entrar al percibir las deliciosas fragancias que por la puerta escapaban.

- ¡Niña! – Un empujón me devolvió a la realidad
- ¿Si? – Pregunté algo asustada al notar un par de guardias que me miraban con caras demasiado serias.

- Hace dos calles que te seguimos. ¿Es que no habías visto el desastre que causaste? – Me increpó uno de ellos
- ¿Desastre? – No entendía de que me estaba hablando puesto que hasta el momento me había comportado adecuadamente.

- ¡Si, desastre! Deberíamos cortar tus alas, con ellas has espantado a un caballo que tiraba de una carreta y nuestros compañeros fueron a perseguirlo para evitar mayores pérdidas.
- Además – dijo el otro – Tres vendedores te acusan de usarlas para tirar abajo sus puestos al girar bruscamente. Sin contar las señoras que tuvieron que lanzarse al piso para esquivarte y el parroquiano que no tuvo opción más que dejarse caer sobre un gran charco para no morir empalado contra un puesto de espadas.

Mis ojos iban de un lado a otro mientras los regaños aumentaban, no tenía una excusa para darles porque todo aquello de lo que se me acusaba no lo había notado y por lo tanto era posible que hubiera sucedido.

Los guardias se acercaron más a mi, me tomaron por las muñecas y cuando creí que iba a pasar la noche en una celda, un alma caritativa vino en mi auxilio.

Y es que la joven herbolaria había estado escuchando toda la conversación, cuando notó que la cosa se ponía peliaguda para mi decidió salir con una bolsa, una gran sonrisa y una explicación en la que yo era una prima lejana que estaba de paso por la ciudad y o conocía demasiado sobre los modales de la “gente decente”.

Estuve a punto de mencionar que si sabía comportarme pero los guardias ya habían descubierto el contenido de la bolsa y se alejaban riendo después de asegurar que dejarían pasar por alto aquel malentendido.

Unos minutos después (sin terminar de entender lo que había pasado) me encontraba dentro del negocio. La joven aún se reía mientras murmuraba algo sobre la avaricia de los lugareños y me servía un vaso de leche al tiempo que me ofrecía un gran plato de galletas.

Claro estaba que no iba a desperdiciar la oportunidad de alimentarme por segunda vez e el día.

Algunas personas entraron a comprar al negocio y antes de atenderlas la joven me pidió que fuera a la trastienda y esperara, puesto que deseaba hablar conmigo.
Diez campanadas me avisaron que ya estaba a media mañana y aún no encontraba un trabajo.



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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Mireille Millet el Sáb Mayo 21, 2011 9:35 pm

Nuevamente sonaron las campanillas de la tienda, indicando que alguien había entrado, e interrumpiendo el tenso silencio que había quedado, solo interrumpido por los ladridos. Mireille se volteó, mientras trataba de calmar a Rueme acariciándole el lomo, sin el menor éxito en la realidad, puesto que se había alterado con los gritos e insultos del hombre hacia su dueña, y se revolvía violentamente en sus brazos, tratando de zafarse de su abrazo.

Habían entrado dos mujeres, siendo una de ellas aproximadamente de su edad, aunque algo menor, acompañada por una cubierta con una capa. Esta de inmediato intervino, haciendo una pregunta lógica. Y aunque iba a hablar, el hombre se le adelantó, cosa que le hizo esperar unos momentos.

-Solo le pregunté que eran diamantes... ¡Y comenzó a insultarme de ladrona! Yo pretendía corresponder, esperaba que me dijera que hacer. Si acaso limpiar, o algo así... - Respondió ella después del hombre.

Pero lo que realmente no se esperaba fue lo que dijo después el hombre. Estaba pidiendo a su mejor amiga... ¡Había cruzado a raya!

-¡Nunca! Rueme es amiga mía, no podría dársela a nadie. ¡No es solo un animal sin más que comerciar! - Se le escapó a ella. Ante eso, Rueme se revolvió aún más, cosa que hizo que la presionara contra su pecho, tratando, si bien no de calmarla, de impedir que se soltara.

Pero quedó sorprendida con el gesto de la mujer. El hombre pareció reducir su mueca al ver lo que aparentemente eran los diamantes, y dijo:

-Está bien, está bien... Pero tú - Dijo, señalando de pronto a Mireille -, no vuelvas a venir a mi tienda. Nunca más. Y llévate los dos tinteros de una vez. ¿Te quedó claro?

-Está bien - Dijo ella, asintiendo, y luego se dijo para sus adentros "Como si quisiera que me volviera a insultar..."

Se acercó a los tinteros, y los tomó, sin atreverse a soltar a Rueme para dejar las cosas en el bolso. Vio al hombre, y a pesar de sentirse un tanto molesta con este por lo pasado, decidió que no podía dejar las cosas así sin más.

-Muchas gracias, señor... Y perdone lo sucedido. Que tenga buenos días - Dijo Mireille. Que se hubiera molestado no implicaba que tuviera que comportarse de una forma grosera. Tenía sus principios.

-Si, si, como sea - Replicó con un gruñido. Y luego vio a las otras dos -. Y ustedes dos, cerraré la tienda hoy por el resto del día. Váyanse también - Añadió.

Mireille salió de la tienda, quedándose cerca de la entrada de esta. Tenía que darles las gracias. Cosas así, era ls que ella entendía. Un favor por otro. Un objeto por un favor. Un objeto por un objeto. Cosas así. Sencillamente, trueques.




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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Roxanne Megpoid el Sáb Mayo 21, 2011 10:10 pm

Cada uno tenía su propia historia. Desde una Divium, hasta una humana como yo. Las nubes oscurecían el cielo, los caballos avanzaban entre las callejuelas. Aquel día parecía demasiado agitado para todo el mundo. Mujeres esquivando carretas desbocadas, tendederos estafando a jovencitas incautas, jóvenes mirando curiosos letreros… piratas, ladrones, inocentes, justicieras, médicos, vampiresas… todo se reunía en el centro de la ciudad formando un torbellino de ires y venires, de voces, platicas, vidas y destinos. Yo, ignorante de todo esto, avanzaba a través de las calles, buscando el local… ¡tanto comercio! Fruncí el ceño molesta, pasando frente a un comercio bastante sospechoso, donde vendían objetos usados. Quizá sería un buen sitio para preguntar, después de todo, seguro el dueño tendría información de todo el que pasara por ahí.

Al adentrarme en ese sitio, me tope con tres personajes más y un hombre que miraba monedas en su mostrador. Una sirvienta, una chica de pelo rojizo y una encapuchada. (Una o uno, no estaba segura, pues le daba la espalda)

-eeerr… creo que interrumpo…-

Dijo al notar cierto ambiente hostil, mientras se rascaba la nuca. Para esos momentos, una fuerte movilización de guardias cruzo por la puerta, en dirección a un par de cuadras más abajo. Movida por la curiosidad, me olvide de los desconocidos, asomando la cabeza por la puerta. Ahora, el dueño se quejaba de “sobrepoblación” ahí, cosa que ignore completamente. No muy a lo lejos, en varis locales cercanos, una chica de alas bastante hermosas se adentraba en una tienda de hiervas… dice el dicho que la curiosidad mato al gato y bueno, gracias a dios yo no era un gato, por lo que, ajustando bien mis cosas, me eche a correr en dirección a los guardias, pensando en que, quizá podría ofrecer un poco de ayuda.

Me dirigí hasta la multitud que comenzaba a juntarse… guardias y algunos curiosos, entre ellos yo. Al ver a los heridos no pude evitar soltar una exclamación de preocupación… una caravana, comandada por un hombre rubio y de semblante serio. Inmediatamente, luche contra la multitud, buscando llegar hasta ellos.

-¡yo quiero ayudar!-


Grite entre la multitud, empujando a un par de señoras que no se querían quitar. Uno de los guardias me detuvo el paso, con mirada dura, se cruzo de brazos, mientras decía.

-Aquí no queremos chiquillas que jueguen a la doctora. ¡Largo de aquí! No estamos para juegos… ve a buscar a tu mami y papi.-

Eso sí que no... ¿Cómo se atrevía? Me plante delante de él, mirando el con mayor molestia y furia, señalándole con el dedo índice directo a la cara y la otra mano en la cintura, en una posición completamente retadora.

-Mira idiota, no vengo a jugar. ¡Quiero ayudarles! Así que me vas a dejar pasar o si no...-

El guardia se hecho a reír ante mi amenaza. ¡Se hecho a reír! Tomándome del brazo, comenzó a empujarme lejos de ahí, mientras yo forcejaba con él. ¡Idiota! Quizá no me conocían en la ciudad como doctora… de hecho, seguro había médicos mejores ahí. Pero, aun así… tenía un deseo de ayudar… mire al niño unos segundos ¿no lo veía nadie? No solo el chiquillo necesitaba medicinas y curaciones físicas… también… necesitaba alguien que le consolara. No sabía que le había pasado a aquel grupo, pero al ver sus caras ensombrecidas, las heridas y el silencio que emanaba de ellos le hacían desear acercarse. Aun así… ¿Qué podía hacer yo? termine siendo alejada un par de metros por el guardia, quedándome quieta de una vez, mirando con algo de tristeza a la multitud… en esos momentos recordé que no podía ser de gran ayuda. Baje la mirada, simplemente ocultándome entre dos mujeres más voluptuosas que yo que conversaban en voz baja sobre lo que había acontecido. Para ese momento, las 8:45 se marcaban en el reloj y mi día parecía tomar un rumbo más interesante.

Una persona me observaba de entre la multitud. Un joven, de quizá 17 años de edad, parecía atento a mis movimientos. No lo había percibido, pero él a mi sí. Por el momento, siquiera se atrevió a acercarse, sus ojos negros como la noche miraban atentos mis intentos vanos de acercarme, seguidos de mi frustración. El chico solamente ladeo la cabeza, sonriendo… murmurando un “te encontré”.
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Re: Un día en Phonterek

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