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Un día en Phonterek

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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Daleshka el Lun Sep 05, 2011 3:20 am

No se disculpen por el agua, ni que pudieran evitar que les moje la lluvia. Comentó Daleshka con una sonrisa tranquila. Le fue grato descubrir que eran las personas que habían traído a Sassha, no podían haber llegado en mejor momento. Hace unos momentos despertó, se encuentra estable afortunadamente. Si desean pueden ir a verla, se encuentra justamente en aquella habitación. La gorgona entonces señalo la primer habitación a la izquierda de la clínica. Vuelvo en unos momentos, iré a traerles con que secarse.

Encaminó entonces hacia el pasillo a la derecha de la clínica, el cual desembocaba en la cocina donde además se encontraba el cuarto de limpieza. De allí tomo un par de toallas que reposaban dobladas en una repisa de madera. Después comenzó el viaje de regreso hacia el recibidor pasando previamente por la habitación donde reposaba Mimori.
Bonita, se que estas lastimada y no quiero molestarte, pero quería comentarte que tu paciente despertó hace unos momentos y también vinieron sus, ¿amigas… tengo que preguntarle cual es su relación con la chica… mmm… ¡Cierto! La pechugoncita dijo que la chica era su sirvienta… que memoria la mía, je… por cierto, ¿Cómo está tu bracito? Segurito que aun te duele mucho, ¿no? De la boca de Daleshka salía una palabra tras otra sin parar casi, lo cual produjo risa en su herida aprendiz.

Daleshka… estás hablando mucho, ve a ver a la paciente, yo estoy bien dentro de todo. Mimori no dijo más que eso a lo que la gorgona asistió con la cabeza mientras mantenía su sonrisa para luego darse vuelta y marchar hacia su destino inicial. Tengo por tutora a una loca. Dijo Mimori riendo una vez Daleshka se alejó.

aquí tienen para secarse, ¡perdón la tardanza!


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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Yuko el Lun Sep 05, 2011 4:06 am

Una vez que la “tormenta” de llanto hubo pasado y la risa se fue calmando, me senté a un lado de Kohaku a observar como la matrona iniciaba las tareas de primeros auxilios. Una pomada verde para los raspones, una blanca para un moretón; incluso un jarabe del color de la miel que, después de intentar tres veces, la gatita bebió.
He de decir que me causó una buena impresión aquella botella, después de todo a los diez minutos de haberla bebido la herbolaria ronroneaba contenta con un vaso de leche fresca en sus manos.

- Shh... - dijo la vieja cuando vio mis intenciones de espabilar a Koha - Deja que descanse un poco, las emociones violentas la vuelven algo... inestable.

Afirmé con la cabeza en señal de haber comprendido la orden limitándome a ver como la señorita dormitaba sonriente, después de dejar el vaso en el piso.
En la soledad de la espera, en el silencio del local fue que noté algo que hasta entonces había dado por sentado sin intentar averiguar más sobre el tema.

- ¿Cuál es su nombre? –
pregunté sonriendo, algo avergonzada por mi falta de modales en la anterior ocasión
- Me llamo Nidia – dijo seca y cortante, como cada vez que se quería saber algo sobre su vida.
- ¿Usted es la mamá de la señorita Kohaku?
- Si te refieres a la gata que la trajo al mundo, mucho siento decirte que soy una humana. No creas que Kohaku es producto de un paseo por ese bosque mágico que tanta lata da. Sus padres eran como ella, al menos su madre se le parecía bastante… De su padre no se mucho.
- Ohhh…
- Seguramente quieres ser útil en algo, ve a poner agua a calentar para que podamos tomar el té de una vez. Trata de no incendiar el negocio, tus alas ni cualquier cosa valiosa que encuentres a tu paso.

Sonrojada me levanté lentamente para no tirar nada al piso, caminé con paso firme a la despensa y obedecí con absoluta celeridad; habiendo hasta lo imposible para no tirar botellas, estantes, cofres y otras cosas que había a mi alcance.
La verdad es que los lugares pequeños nunca me han favorecido, a pesar de mi escasa altura y pequeñas dimensiones. Quizás algún día lograría dominar mi cuerpo en forma tal que no quedara todo destrozado a mi paso.
Después de una suculenta merienda ayudé a la señora Nidia a limpiar el desorden que según ella había, yo no podía encontrar ni una mota de polvo más sin embargo la mujer me hizo limpiar todo tres o cuatro veces antes de darme su aprobación. Kohaku durmió profundamente durante una hora o más.
El tiempo parecía transcurrir lentamente, pero mientras hiciera todo con cuidado seguro podría quedarme en el lugar hasta que la noche llegara.
Me preguntaba si el campanario aún estaría vacío y si podría pasar una buena noche en él sin tener otro despertar tan abrupto, en ese momento el reloj sonó seis veces anunciando otro cambio de hora.



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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Mireille Millet el Jue Sep 08, 2011 3:43 am

Mireille apenas se había percatado de lo mojada que estaba, y del frío consiguiente que esto daba, astraída en sus pensamientos como estaba. Pero al darse cuenta vio a Rueme, temblando en sus brazos, y la estrechó más contra sí, aunque eso hiciera que se mojara más. Recordar que había estado tan cerca de perderla le aterraba. Ella era sin duda su mejor amiga, aunque para algunos solo fuera una mascota éxotica.

Mientras ella le comentaba a Lahkesis sobre secarse, alguien llegó hasta la puerta. Y no pudo evitar ver con sorpresa a la mujer, por dos motivos sencillamente obvios. El primero era que no tenía piernas, sino una larga cola. Y el segundo era que iba desnuda.

Por suerte, supo disimular pronto su sorpresa, y sonrió, dejando que Lahkesis hablara. Una vez aclarado el asunto, estaban a punto de pasar, pero antes de que esto sucediera, una mano le tapó la boca y la jaló, con más fuerza de la que ella tenía para resistirse, y sin poder gritar por la mano.

En un gesto reflejo, soltó a la cachorrita, y le hizo gestos con las manos de que entrara y no la acompañara, ya que hasta para alguien como Mireille, era obvio que un gesto así no indicaba nada bueno. Por si fuera poco, al ya haber entrado Lahkesis y la mujer, estaba de su cuenta. Para su alivio, Rueme entró junto con ellas, y este relajó un poco el miedo que había vuelto nuevamente, pero apenas un poco.

Quien fuera que le hubierra agarrado le arrastró hasta un callejón oscuro, lo suficientemente apartado del hospital, y una vez allí, quitó la mano de su boca, para colocarle una daga al cuello, haciendo que se quedara estática, y respirara lentamente, sintiendo el filo rozar su piel.

-No me gustó nada lo que sea que hiciste... Pero no eran tan fuertes tus raicitas, ¿Eh? ¿Creíste que eso me iba a detener? Pero esta vez no tienes a nadie que te ayude... - Susurró la voz en su oído, haciendo que ella se estremeciera de horror. Era el mismo ladrón que había amenazado a Rueme.

Sabiendo que forcejear no le iba a traer nada nuevo, ya que la daga estaba demasiado cerca, trató de hacer lo mismo que antes, pero descubrió con espanto que absolutamente nada surgía de ella. Estaba en serios aprietos. Fue en ese momento cuando le hubiera encantado tener dinero, para sencillamente librarse del problema. Por lo visto, estar en la ciudad sin diamantes no era la mejor opción.




Venga... ¡Sonríe! No dejes que los demás te amarguen el día...
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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Yuko el Lun Sep 12, 2011 4:24 am

18:00

- Mmm... Si no fuera tan útil algunas veces, ya lo habría destrozado con una bomba o un cañón –
dijo la herbolaria mientras el reloj se dejaba oír puntualmente.
- ¿Descansaste? – preguntó Nidia a Kohaku mientras yo ordenaba algunos frascos vacíos.
- Claro… Me diste una dosis algo lta pero fue útil – contestó la chica gata antes de estirarse con total tranquilidad.
- Ni tan alta, fue lo suficiente como para que tus ánimos se serenaran y no salieras como vengadora a buscar una justicia que sabes no existe – contestó la vieja antes de voltear a ver si yo estaba haciendo todo correctamente.
- No seas exagerada, sab…
- ¡¿Exagerada?! ¿Yo? Ja ja ja… ¿Te recuerdo tu última aventurilla con los soldados o prefieres dejar esta discusión y dedicarte a cosas más útiles para la tienda?
- Bueeeeeno…- Kohaku se levantó de la silla y sonriente se acercó a mi - ¿Ya comiste? – preguntó amablemente.
- Claro que si- dije con una sonrisa.

Mi respuesta pareció dejarla satisfecha puesto que la joven se alejó a buscar un pedazo de pan para comer mientras hacía las cuentas de las ganancias de día, sumando y restando con una velocidad simplemente asombrosa. Claro, algo propio de la gente que está acostumbrada a manejar dinero… Me dije para mis adentros mientras seguí y completaba la tarea que me habían encomendado.

La vieja Nidia pareció satisfecha con mi trabajo y se acercó a Kohaku para hablar con ella en voz tan baja que no pude escuchar ni una palabra, francamente tampoco me importaba demasiado saber sobre sus recetas o lo que sea que estuvieran hablando.
Mi mirada se dirigió a la ventana, la noche aún parecía lejana pero la luz de los
alrededores anunciaba su eventual llegada… No esperaba que estas mujeres fueran tan generosas como para invitarme a su casa por lo que comencé a preguntarme si tal vez la señorita Daleshka no me aceptaría en hospital para pasar la noche en una de sus tibias y cómodas camas. Eventualmente acabaría preguntándole, con suerte obtendría algo mejor que un frío y húmedo campanario.




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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Daleshka el Lun Sep 19, 2011 4:34 am

Lo primero que notó la gorgona al ingresar a la habitación fue la clara ausencia de Mirelle, supuso que la muchacha se encontraba recorriendo la clínica para ver cómo era. Frunció un poco el ceño pues significaba que seguía dando vueltas empapada y eso no era bueno para la salud. Entregó a la vampiresa ambas toallas y negó con la cabeza. Veo que tu amiguita se fue a curiosear, iré a buscarla en las habitaciones… está mal que pase mucho tiempo mojada.

Sin esperar respuesta de las dos damas (que probablemente tenían mucho de qué hablar entre ellas), dio media vuelta y salió de la habitación, comenzando a recorrer el recinto pieza por pieza. Llamo mucho su atención descubrir que la mujer no se encontraba en el ala izquierda de la clínica, no recordaba haberla visto del otro lado cuando regresaba con las toallas. Claro que en aquel momento su andar fue directo a la habitación de Sassha por lo que tranquilamente podía haber pasado a su lado sin darse cuenta. No le quedo entonces más opción que revisar nuevamente el ala derecha sin embargo la búsqueda no mostraba tener éxito, ni siquiera se encontraba donde Mimori descansaba. Ya solo faltaba inspeccionar la cocina y la sala de operaciones. El primer lugar se encontraba exactamente como ella lo había dejado, de más esta decir que nadie se encontraba allí.

Imagino pues que la joven había ingresado a la sala de operaciones y al pensar en ello no pudo evitar sentir vergüenza, el cuarto había quedado desordenado y con sangre en el suelo por culpa del conflicto que había acontecido poco tiempo atrás. ¿Qué pensaría una visitante al ver semejante escena? Probablemente creería que la clínica era un lugar de locos, sádicos o torturadores. Ante tal idea se apresuró a entrar pensando ya en qué explicación daría a la humana, pero no, Mirelle tampoco estaba allí. ¿Dónde se metió?... uff… este lugar quedo hecho un desastre, definitivamente cuando termine debo ordenarlo

Se mantuvo unos momentos viendo todo mientras colocaba las manos en su cadera y en su revisar notó un pedazo de cristal que se encontraba en el suelo, al otro lado de la gran cama de piedra. Curiosa comenzó a rodearla para ver qué era eso y cuando su posición le permitió ver por completo la escena, no pudo evitar ponerse completamente pálida. En el suelo, hecha pedazos, se encontraba la botella de láudano. Aquel líquido tan vital para Daleshka ahora se encontraba esparcido por el suelo. Sin él no podía sedar a sus pacientes y por ende la tarea de operar se volvía una tortura para con ellos.

Se dirigió apresurada a la habitación contigua, donde su aprendiz estaba. El láudano, dios, el láudano!. Mimori la botella se rompió, no tenemos láudano y... y es muy muy importante. Tengo que pedirle a Lunel mas láudano. La mujer serpiente hablaba muy preocupada mientras se movía de aquí para allá. Cuando Mimori se dispuso a hablarle para tranquilizarla ella rápidamente le apunto con uno de sus dedos y mirándola con rostro serio le interrumpió. ¡Tu¡, tú tienes que explicarle a tu paciente las cosas, yo no puedo, tengo que reptar lo más rápido posible. Perdón por esto pero quedas a cargo…

Tan rápido como había entrado y ordenado se había retirado. La pobre joven no tuvo ni oportunidad de emitir palabra esta vez, estaba más que desconcertada por la actitud de la doctora. No le parecía que el liquido fuera tan vital como para actuar así pero que podía hacer las ordenes ya estaban dadas, debería levantarse e ir a ver a las muchachas.

La gorgona salió de la clínica sin siquiera molestarse en hablar con Sassha o Lahkesis y sin abrigo alguno se expuso al fresco aire que ahora moraba en Phonterek por culpa de la lluvia pasada. Avanzando de calle en calle con mucha prisa, apuntando hacia la zona alta de la ciudad. Su destino no era otro que la casa del Noble Lunel, su maestro en las artes medicas y aquel que preparaba el liquido tan apreciado por Daleshka.

Desgraciadamente cometió el error de no mirar a aquellos que se encontraban a su alrededor mientras avanzaba, de haberlo hecho sin duda se hubiera salvado del percance que pronto se interpondría en su camino.

En una calle algo solitaria un par de jóvenes de no más de diez años jugaban a combatir con palos entre ellos. Cuando escucharon el ruido del agua siendo apartada de los charcos por algo que parecía estarce arrastrando detuvieron su juego para ver que era. Grande fue su susto al ver que se trataba de una mujer desnuda y con cola de serpiente que avanzaba rápido aparentemente hacia donde ellos estaban. Desconocían por completo de quien se trataba y por ende la tomaron por un monstruo peligroso que seguramente quería comérselos. Sin necesidad de intercambiar palabra alguna echaron a correr, tratando de apartarse de la dirección a la que aquella cosa apuntaba. Cuando Daleshka paso a su lado y se dieron cuenta que no eran la presa (y que de hecho ni los había tenido en cuenta) intercambiaron miradas entre ellos y creyéndose héroes corrieron había la gorgona con sus palos en alto.

Un par de duros palos dieron contra la nuca de la mujer casi al mismo tiempo. Cayó directo al suelo al instante, prácticamente inconsciente. Los dos niños alzaron sus palos nuevamente, tenían pensado acabar con la bestia allí mismo. Pero antes de poder hacer algo unos cuantos pasos se escucharon aproximándose. Temerosos de que se trataran de otras bestias salieron huyendo dejando los palos allí tirados.

En el suelo, bastante lejos de su clínica, se encontraba la pobre gorgona inconsciente y a merced del frio…


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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Yuko el Lun Sep 19, 2011 4:45 am

18:30

Un largo bostezo fue seguido de otro, ya había terminado mis labores y observaba por la ventana a la gente que pasaba. Kohaku y la anciana se encontraban en la parte trasera de la tienda, parecían confabular contra alguien aunque cada tanto se escuchaba una que otra risita disimulada.
El día me había parecido demasiado largo; todavía tenía conmigo las monedas que habían sobrado del incidente de la mañana; aún sentía algo de dolor por la herida en mi cabeza y me preocupaba profundamente el que la señorita a la que había ofendido en la tarde, apareciera frente al negocio exigiendo venganza.

- Tengo que dejar de ser tan torpe… - murmuré concentrada en mis propios pensamientos.
Lo cierto era que siempre que ocurría algo malo, acababa lastimada o perseguida por gente buena que tomaba a mal mis palabras o modales. ¿Realmente eran mi culpa todos aquellos sucesos desafortunados? ¿O sería que Phonterek no era el lugar amistoso que yo pensé que podía ser? Tampoco podía quejarme demasiado, después de todo la señorita Kohaku, junto a Nidia me habían dado acilo en su negocio como si me conocieran de toda la vida; además de que la señorita Daleshka había cuidado de mi como si de su hija se tratara.
Sonriendo murmuré…
“Todo es cuestión de ver las cosas, como las ven los otros”
- Y no hay mal que por bien no venga – dijo a mis espaldas mientras me palmeaba suavemente los hombros.
- Hasta que conoces a Yuko – respondió Nidia y las tres echamos a reír contentas.
La vida suele ser así, una extraña y bizarra mezcla de colores que no siempre están para agradarnos pero que al final pueden alegrarnos y brindarnos dicha.





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Re: Un día en Phonterek

Mensaje por Mireille Millet el Vie Oct 28, 2011 12:35 am

La daga hizo un poco más de presión sobre su cuello, y Mireille sentía como si el mundo se hubiera detenido. No tenía ningún dinero que entregar, ciertamente, pero eso, por lo visto, no impedía que te atacaran de esa forma. Y lo más seguro lo más sensato hubiera sido dárselo, pero…

-Yo… Yo… No tengo diamantes – Dijo con voz queda, sin atreverse a alzar más la voz.

-Sí, claro… ¿Y esa comida de dónde se supone que salió, eh? No soy un idiota como podrías pensar… Venga, todo el dinero, ¡Ya! – Exclamó.

Notó como su terror aumentaba. Las había visto desde antes… Y había visto que había comido. Pero entonces fue que se dio cuenta del verdadero motivo por el que Rueme había salido corriendo. No había sido por el trueno, sino porque, lo más seguro, el hombre le había llamado. Había sido una trampa. De hecho… Una de las más básicas. Pero la inocencia de Mireille le había impedido darse cuenta. Y simplemente, ahora estaba en problemas… Aunque lo más seguro fuera a ser inevitable.

Mientras tanto, en la clínica, Rueme se le había adelantado a Lahkesis, saltando encima de la camilla de Sasha, y lamiendo amistosamente su cara, recordando cuando le había tomado en la mañana, e identificándola como una amiga. La joven sirvienta le sonrió, y acarició la cabeza de la cachorrita, mientras que su ama llegaba al sitio, sonriendo ligeramente ante la escena, antes de proceder a preguntarle unas cosas, sin percatarse de la ausencia de Mireille.

-¿Cómo has estado? ¿Cómo te sientes? – Inquirió, preocupada por su sirvienta.

-Yo… Bien, aunque… Estoy mareada. ¿Qué pasó, por qué estoy aquí? ¿Y dónde está la chica que nos acompañaba? – Preguntó ella a su vez.

Ninguna de las dos se percató de que Rueme se había bajado de la camilla y salido de la clínica después de la llegada de Lahkesis, ya que la cachorrita, después de saludar a la chica, había salido en busca de su ama, sin tener muchas dificultades en notar su aroma. Pero por su parte, Lahkesis se giró ante la última pregunta de Sasha, y miró a su alrededor, alarmada, dándose cuenta de que Mireille no estaba. Si bien podía ser que hubiera decidido simplemente dejarlas, había visto como era, y definitivamente eso no era lo que había pasado.

-Ya vengo. Quédate aquí. No tardaré – Le indicó rápidamente, mientras salía de la clínica rápidamente, buscando a la joven pelirroja.

Sasha se incorporó sobre la camilla, alarmada ante la brusquedad de ella, provocando que ante la precipitada reacción su cuerpo, aún débil ante el ataque anterior, volviera a reaccionar, provocando nuevamente un ataque, con suerte de que pasara justo cuando la ayudante se dirigía al sitio para explicarles, volviendo a tomar las mismas medidas que la vez pasada.

Mientras tanto, Rueme había seguido con relativa facilidad el rastro de su ama, puesto que, aparte de conocerlo bien, estaba reciente, y no estaba mezclado con otros, puesto que no había mucha gente en las calles debido a la lluvia, y por esos mismos motivos, cualquier olor que la hubiera podido confundir antes, había disminuido.

Pero al llegar al sitio donde estaba, corta fue su estancia, puesto que ladró agresivamente al ver como el mismo hombre que le había amenazado estaba ahora amenazando a su dueña, y se lanzó rápidamente a éste, haciendo que el ladrón quitara la daga del cuello de Mireille, y le propinara un fuerte golpe en la cabeza, cayendo ella desmayada.

Entonces, pues, con las manos libres, dejó que la cachorrita llegara a donde estaba él y le mordiera, puesto que, aunque le dolió, rápidamente se agachó y le agarró, clavándole la daga en el pecho, y sacándola después, lanzando a Rueme, muerta ya, a un lado, y disponiéndose a revisar el bolso de la chica.

No había ni tenido tiempo de quitárselo cuando una mano más fuerte le agarró, y lo último que vio fue la aterradora imagen de los colmillos de Lahkesis, antes de sentir como estos se clavaban en su cuello, y su vida pasaba rápidamente ante sus ojos nublosos, antes de morir.

Lahkesis, si bien hubiera preferido no tener que alimentarse del hombre, había olido, antes de llegar corriendo, la sangre, y había decidido que aquel hombre había hecho suficiente mal. Se disponía a deshacerse del cadáver, y llevar a Mireille a un sitio seguro, pero unas voces le alarmaron, y limpió rápidamente la sangre de la comisura de sus labios, antes de irse rápidamente del lugar, esperando que las personas que se acercaban no le hubieran llegado a ver, y que a la vez, se ocuparan de la chica, mientras tomaba camino a su hogar. Tendría que buscar a Sasha después.


07:00

Mireille comenzó a despertar, viendo a su alrededor, sin reconocer el lugar, y dando repentinamente un respingo, comenzando a acordarse de lo que había pasado. Lo último que recordaba era haber visto a Rueme corriendo hacia ella… Y oscuridad. Además de un fuerte dolor de cabeza, que en realidad, aún sentía.

-Ya despertaste. Qué bueno. Nos habíamos comenzado a preocupar – Dijo una voz suave, que le hizo dar un respingo y girarse.

Una mujer de aspecto maternal se acercó a ella, y le sonrió, haciéndola recostarse de nuevo en la cama, y dándole un vaso de agua, del cual ella tomó sin ofrecer resistencia, totalmente desconcertada. No reconocía el sitio, y esperó a que le explicaran, lo que no tardó en llegar.

-Mi esposo y yo te encontramos inconsciente en el suelo. Había pasado algo… No sabemos qué, pero te recogimos y te trajimos hasta acá. Ahora tienes que descansar, porque recibiste un golpe en la cabeza, y creo que te dejó una contusión. Tus cosas están al lado. Espero que no te moleste que te haya bañado, pero tu ropa tenía sangre.

-¿Sangre? – Preguntó, confusa, y de pronto sus ideas se aclararon más, haciéndole abrir mucho los ojos - ¿Y Rueme? ¿Dónde está Rueme? ¿Qué hicieron con ella? – Preguntó precipitadamente, viendo a la mujer con desesperación.

-Tú… Eras la única viva en el callejón – Le dijo la mujer, con cierto pesar, haciendo que los ojos de Mireille se llenaran de lágrimas, y un grito de dolor brotara de sus labios, lamentando la pérdida de su mejor amiga. Aquel día había sido una experiencia horrorosa, y no la quería volver a repetir jamás. La vida sin Rueme no iba a ser igual.




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