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La huida

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La huida

Mensaje por Invitado el Jue Feb 21, 2013 7:59 pm

El barco se mecía entre el escaso oleaje del mar, el sol, brillante contra la madera recién reparada, parecía insistir en levantarle, entrando por la ventana. Ulmo descansaba en una hamaca, dentro de lo que podría describirse como un camarote, aunque tenía más pinta de bodega. Una simple habitación, donde el único lugar con orden, o algo parecido a ello, era una esquina donde su ropa y armas descansaban. El resto, parecía que hubiera sido parte de alguna guerra enana, donde los valientes guerreros no tuvieron piedad ni siquiera del terreno. Pedazos de la pared colgaban en su última esperanza de mantenerse de pie, una mesa de noche, con apariencia de haberse enfrentado a un dragón, era la dueña de una solitaria vela que gritaba en agonía con sus últimas chispas de vida.

Hace semanas, el semi-elfo había entregado un tesoro importante a su capitán, una corona de metal azul, tan precioso que haría que el más puro de los clérigos comenzara a amar el dinero. Tuvo que sobrevivir a la golpiza de antropomorfos por ella. Al entregarla, informó que en el próximo muelle, sería su despedida. Ese día no ha llegado y mientras abre lentamente sus ojos para ver el sol de la mañana, había descubierto que nunca llegaría.

Lo cierto es que la tripulación, desde hace varios días, se había dado cuenta de su deseada deserción y no fue una idea del agrada de ninguno. Antes de que la luna se ocultara, se asegurarían de asesinarle y hacerlo comida para los tiburones y las serpientes marianas.

Salió de su intento de habitación para el medio día, extrañado que nadie lo hubiera llamado para los deberes matutinos del barco. Y pronto, al primer rechinido de la puerta, supo el porqué.

En cubierta, varios de los hombres lo miraban con desprecio, sus rostros sucios, de cicatrices y faltos de dientes, parecía ser un retrato digno del pintor más repugnante de Noreth. El brillo del sol de medio día se reflejaba en sus espada, desenfundadas.

-Creo que esta es su manera de decir buenas tardes, no me está agradando-dijo poniendo su mano sobre su espada, desenfundándola en un tajo.

El primero en ir al ataque fue el más viejo y herido de la tripulación, un anciano que llamaban Doc. Ulmo le sostuvo la cabeza antes de que se pudiera acercar y lo arrojo hacia la pared, rezo para sus adentro el no haberlo matado, aunque el anciano ya estaba en sus últimos días desde hace años. El segundo atacante, un pirata joven de apenas 15 años cayó ante un golpe certero del elfo.

Ya se había dado cuenta que mandaron a los inexpertos y viejos primero, que pronto llegarían las grandes ligas. Como un deseo oculto en su mente, el apodado “Troll”, un hombre de casi 2 metros y medio y tan grande como tres barriles de cerveza miran a Ulmo con una sonrisa amarga.

-Váyanse todos, el capitán me recompensara cuando le arranque los huesos a este tonto.

Ulmo no respondió, tomó su casco del lugar donde siempre está colgado, justo cerca de la entrada por donde apareció y se lo coloco. El “trol” sonrío y se despojo de casi toda su vestimenta hasta quedar sólo en unos pantalones de cuero, que los hoyos habían dejado pensar que eran bermudas.

-Bien, ¿Algo que tengas que decir antes de ser separado en dos?

Ulmo cerró los ojos un momento, los tripulantes debieron de pensar que hacia una última plegaria a algún Dios, o desearía ser un mago, ignoraban que de hecho si lo es.
Estiro la mano hacia el enorme sujeto, este comenzo a sentir su garganta apretarse por una mano tan grande como su cuello.

-¿¡Que eres?!-grito el hombre en casi un gruñido, preparándose para asesinarlo, avanzando paso a paso

-Un elfo

Dijo Ulmo, recibiendo el primer golpe, el sujeto no se detenia aun con el dolor de la asfixia que desaparecia al momento que Ulmo perdio la concentración, tan fuerte que lo arrojo al otro lado del barco. En un salto, el, seguramente, bastardo de monstruo, llego frente a él de nuevo. El siguiente golpe, con una mano más grande que su cráneo, seguramente tras paria su cuerpo. Antes del golpe, la espada del elfo atravesó el brazo de su enemigo, que en agonía de hecho hacia atrás. Un golpe certero en el mentón, un corazón en la nariz, un apretón en la manzana de Adán y una última patada en la boca del estomago hicieron que el hombre callera de rodillas y vomitara el desayuno.

La tripulación grito, corrieron hacia Ulmo. El ya se había visto muerto, atravesado por mas de 20 espadas y arrojado para ser comida de las criaturas del mar.

-¡Alto!

Grito el capitán, que con una elegante gabardina roja miraba desde el puesto del timonel.

-¿Crees que pueden venir a mi tripulación, demostrarme que tienes poderes y luego irte?-hablaba con calma mientras bajaba las escaleras y sus hombres le abrían el paso- No, no puedes. Ahora se que eres un elfo, no un humano como nos dijiste, aun seguramente, eres un engendro de ambos, no tienes el dulce aroma de un elfo.

Ulmo respiraba agitado, sabía que no podría ganar contra un capitán y si usaba magia de nuevo, podría perder el control de sus poderes. Sólo apretó su espada con fuerza y dando varios pasos hacia atrás miro hacia el mar disimuladamente. No había signos de tierra o si quiera de otro barco.

-Sí, si creo que me puedo ir.

Fue lo último que dijo antes de echarse de espaldas al mar


Última edición por Ulmo Adanëaro el Vie Jun 21, 2013 7:35 pm, editado 1 vez
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Re: La huida

Mensaje por Invitado el Vie Feb 22, 2013 11:35 pm

La sangre no había parado de brotar de su cuerpo, había estado nadando por varios minutos. A la lejanía, el barco parecía mirarlo “¿Acaso no vendrán por mi?” Se preguntaba sin percatarse de la realidad, o tal vez su propia mente la negaba.

Alrededor de Ulmo, sólo existía el mar. Se detuvo, a duras penas manteniéndose en medio del agua, con sus pesadas prendas y armas. Comenzaba a aceptar su destino, el de la muerte en medio de la nada, cansado y sin fuerzas si quiera para regresar a los piratas que, seguramente, lo veían con burla desde la comodidad de esa cubierta sucia y mal oliente.

-Voy a morir- dijo con amargura en el mejor elfo que podría decir

Con un último esfuerza y esperanza, siguió su nado, sintiendo como la sangre lo abandonaba, la sal del mar lo consumía y lo peor, los posibles monstruos ya lo habían localizado. Su vista, nublándose poco a poco por el cansancio e insolación, pudo ver un montón de tierra no muy lejano, invisible casi por el reflejo del cielo en el mar, perdió el conocimiento después de eso.

Despertó en la costa, arrastrando su cuerpo hasta la sombra de la palmera más cercana, no fue hasta caer la noche cuando pudo levantarse. Camino, con esfuerzo, hasta encontrar un manantial cuya agua lo devolvió a la vida poco a poco.

-Los Mhaze no tienen interés en perseguir algo que no desean, ellos no necesitan de un elfo-se dijo con seguridad-pero la venganza es algo que no dejaran para mañana.

El primer rugido de la noche lo hizo perder el tema consigo mismo. Un ruido tan fuerte que hizo que las aves salieran de sus escondites nocturnos y huyeran despavoridas. El agua a sus pies comenzaba a temblar, las hojas a caer y los troncos a pedir en viales por la piedad.

Un par de ojos rojos, tan grandes como puños, se enfocaron en el elfo, una boca blanca, con restos de armaduras y huesos trabados entre los colmillos, se abría con furia. No sabía que era, sólo supo que debería de tenerle miedo. Las patas con cuernos apuntando hacia él, un cuerpo gris y gigantesco y patas lo suficientemente monstruosas para aplastar a aldeanos se encontraban derribando la vegetación.

Ulmo apenas tuvo tiempo de suspirar, la primera embestida pudo evitarla, pero el olor a putrefacción que venía de la bestia no. Descubrió que olía a magia, no de la buena y tampoco de la bien hecha. Un intento fallido de construir una maquina asesina.

Unos metros adelante, el monstruo se detuvo y dio media vuelta, de un hocico negro el vapor de su bufido salió acompañado de otro grito que haría temblar al más valiente de los enanos.

Estaba débil, apenas podría hacer el siguiente movimiento y escapar, si existe el creador de este animal cerca, lo encontraría.

El próximo ataque, aun mas desesperado que el primero, con saliva en boca y ojos como bolas de fuego, fue el último de la noche. Con un golpe certero en el cuello, el monstruo, aun imposible de describir del todo, cayó paralizado al suelo.

-Lamento tu sufrimiento, pero matarte no es parte de mi destino-se dirigió a la bestia colocándose el casco-Pero tu creador, por otra parte, perdedora la vida


Última edición por Ulmo Adanëaro el Vie Jun 21, 2013 7:37 pm, editado 1 vez
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Re: La huida

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 23, 2013 4:03 am

Intentó soplar bruma blanca para desaparecer de la escena, el aliento frio no apareció. Su otro hechizo no funcionaria. Se mantuvo firme, tomando valor aun sin magia, tendría la destreza de su espada. Su mano izquierda desenfundo rápido el arma, no espero el siguiente ataque, de un salto se abalanzó sobre ella.

El monstruo corrió contra él, con destreza tomo uno de los cuernos, tan duro como la piedra, para sostenerse y esquivar su ataque. Su espada atacó el otro extremo del rostro, cortando el cuerno contrario al que usaba de apoyo. Un movimiento de la cabeza, arrojó a Ulmo unos metros hacia arriba mientras abajo, lo esperaba con la boca abierta preparado para devorarlo y dejar nada más que huesos entre sus dientes. El elfo miro unos segundo hacia el abismo negro que lo esperaba, le recordó las noches de soledad, pensando en su padre, en su muerte segura en manos de los espíritus que habitan en Shershonte.

Antes de caer en su muerte segura, giró sobre su propia cintura y corto en varios trozos los dientes de la mandíbula inferior del repugnante ser, cayendo a su lado derecho. Antes de la reacción de su enemigo, con su cuchillo en mano derecha, hizo del mutante un tuerto.

-En serio, lamento esto-dice con cansancio

Girando sobre sí mismo termina por cortar al monstruo en dos. Los dos pedazos de carne gris, sangran en un tono morado, acompañados de un olor tan enfermo que acabaría de volver loco a un hombre lobo. Ulmo se tapó la boca con asco, mientras veía su propia obra con tristeza.

La sangre, cambiando a un color naranja, burbujeaba del cuerpo y se arrastraba por la tierra alrededor, como un ser independiente.

Ulmo caminó dejando atrás el cuerpo, sacudiendo su espada contra los árboles que aun quedaron en pie, la sangre sobrante baño su camino. Guardó sus armas, sin borrar su mirada de decepción

-El mago que le dio vida a ese monstruo, debió de vigilar algo.

Dio media vuelta, con la playa aun viéndose a través de la selva semi destruida. El barco Mhaze si lo había seguido, se acercaba con rapidez a la costa y en menos de tres horas, estaría en tierra, con un montón de sujetos salvajes con un enorme entusiasmo de despellejarlo.

-Mi antigua familia se quiere despedir de mí-dijo para si

Sonrió con ironía, las pocas veces que lo hace.
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Re: La huida

Mensaje por Invitado el Vie Jun 21, 2013 9:16 pm

Seguía débil y debía de esconderse de sus antiguos compañeros. Se aventuro a la escasa vegetación de la playa y comenzó a deshacerse de su ropa, sucia de arena sudor y sangre. Pronto se encontraba casi desnudo, recargado en una palmera.
Miró su casco plateado, y antes de darle su despedida, suspiro con tristeza. Ahora se abalanzaba con sólo la cota de maya y la ropa interior larga que usaba debajo de la bardina y la armadura que llevaba consigo. Debía de encontrar ropa rápidamente y despistar a los futuros atacantes.
Sin mar fuerza, cayó rendido a la orilla de un pequeño rio, seguramente el agua venia del manantial que encontró hacia poco. Su vista se nublo, y pudo ver, a lo lejos, una señal de humo y una aldea que desapareció de la vista conforme fue cerrando sus ojos hasta desmayarse.

Cuando los abrió, ya había anochecido. No veía nada mas que la absoluta oscuridad, no se encontraba una sola estrella en el cielo. Pronto cayó en cuenta de no había cielo alguno, sino un oscuro techo de piel negra, sostenido por madera, lo suficientemente alta como para medir unos dos metros. Trató de levantarse, pero el dolor de su costado era demasiado. Sintió su piel sin la cota de malla, de hecho, estaba completamente desnudo, por lo que busco en la oscuridad la poca ropa que traía consigo, si nexito alguno, la oscuridad era demasiada.

-Bravo, Ulmo-se dijo para sí mismo-ahora no sabes quién o qué te trajo aquí.

Una mano delicada paso por la entrada de la tienda, la pudo ver por la luz de las estrellas que dejaba pasar la apertura. Una mujer de cabello rojo, tan intenso que parecía hecho de lava y piel que, según Ulmo, era del color de una estrella, entro con una fogata en la mano.

-Veo que te has levantado-dijo ella sentándose a su lado

Ahí fue cuando Ulmo notó el balde de agua, el plato de comida y la medicina en su costado derecho, lo habían estado curando. Se vio su cuerpo, pudo notar que no estaba desnudo, si no vendado de casi cada extremidad de la que era dueño.

-Gracias-dijo el elfo tomando un poco de agua del balde
-Nunca había visto un elfo-dice la muchacha tenebre-dicen que ustedes sólo viven en los bosques, no pensé que estuvieran cerca del marca.
-La vida te da sorpresa-dijo el, buscando sus orejas, dándose cuenta que estaba descubiertas
-¿Es cierto que son fuertes en la magia?-la chica deja la antorcha en una base cercana al suelo

Pone sus manos sobre las vendas de Ulmo y comienza a reiterárselas, pronto queda desnudo realmente. La muchacha se pone de pie y busca entre los dobleces de la tienda lo que parece ser un costal de ropa, que arroja cerca de ella y de la cama improvisada.

-aquí están las pertenencias que llevabas contigo, pero ya no las necesitaras-dice suspirando
-¿A que te refieres?

-Somos una caravana de tenebres que buscamos realizar comercio con los archipiélagos, pero no hemos tenido suerte, la gente de esta zona del mundo es muy desconfiada de nosotros y no nos ven con buenos ojos, por lo que necesitamos algo de suerte.

Ulmo abre los ojos de asombro. Ya no tiene heridas, sin embargo, sigue sintiéndose débil, como si algo lo estuviera amarrando a la tela bajo su cuerpo. Buscó con la vista algún símbolo en el suelo y u en la lejanía de su cuerpo, brilla un símbolo rúnico.

-Estas aquí para ser sacrificado a los dioses y así nuestra suerte cambie.
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Re: La huida

Mensaje por Invitado el Miér Jun 26, 2013 7:19 pm

La palabra sacrificio retumbaba en sus oídos. Recordó la costumbre tenebre de sacrificar esclavos al principio de cada año, para dar prosperidad. Nunca había comprendido el sentido de ella, los sacrificios no harían que un dios se inclinara hacia ellos, que por la obra de ver la sangre dijera “Debo ayudar a mi pueblo por que mataron un montón de personas“

-¿Crees que los dioses ayudarían a un pueblo que sólo le interesa matar esclavos de guerra?-Ulmo analiza la habitación, buscando una salida
-¿Cómo te atreves a juzgar a los dioses? ¡Un criatura de la luz como tú, nunca comprenderá la dicha de la primera sangre del año!
-¡No me interesa lo que tus dioses crean!
-Para ser un elfo, tienes la boca muy grande
-No mi abuelo era elfo, no yo

La chica abre los ojos del asombro, preguntándose si los dioses aceptaran a alguien que no pertenece a ninguna de las dos razas. Suspiró en enojo y se levantó de su lugar, miran con desprecio a Ulmo

-No importa lo que seas, tu sacrificio traerá suerte a nuestra caravana
La mujer arroja con fuerza la tolla húmeda con la que pensaba curar a Ulmo y le lanza una ultima mirada de desprecio.
Con ella fuera, debería de encontrar la manera de escapar de la runa, del campamente y de los piratas que, de seguro, pronto encontrarían el lugar y acabarían con todos, incluyéndole. Los ojos de Ulmo se cierra y respirando profundamente, una niebla de color blanco comienza a cubrir el lugar, llamando la atención de los que afuera se encontraban, los gritos y la desesperación repentina se deja escuchar y con eso su oportunidad. Sin saber a dónde dirigirse, los pasos nerviosos habían dado una patada al suelo donde la runa se encontraba, dañándola y permitiendo su liberación. Aprovechando la confusión, el casi elfo salió de la tienda, y así, escondiéndose entre los arbustos cercanos, pudo robar algo de ropa de un color azul oscuro, botas y recuperar sus pertenencias.

-No está mi espada ni mi cuchillo-se dijo, mientras miraba, en el centro del campamente, sus dos armas, esperándolo.

Se deslizó hacia ellas ,para recibir un fuerte golpe en la quijada que lo elevo unos centímetros y lo hizo caer al lado de la ropa. Un tenebre de cabello morado y tan grande como el “troll” que había enfrentado en el barco, lo miraba con desprecio. Con sólo verle, la oportunidad de sobrevivir se vendría abajo.

Sin mas trucos bajo la manga, se dispuso a tomar la ropa con su brazo derecho y esperar el siguiente golpe. Un cañón se dejo escuchar en la lejanía, el barco de los mhaze había llegado a tierra, seguramente horas atrás, pero no habían visualizado a Ulmo, ahora, lo habían localizado y la primera bala del barco golpeo al gigante hombre. Los piratas ,seguramente, ya habían desembarcado para investigar el lugar, así que la bala del barco, que no se encontraba tan lejos como Ulmo hubiera querido, sirvió para marcar su localización.
Con la oportunidad, Ulmo tomó la ropa y corrió de nuevo entre los arboles, vistiéndose como pudo, ahora había cambiado su ropa completamente, con un traje azul oscuro y símbolos en celeste. Así mismo, llevaba botas negras y un peto de cuero que protegería mas su pecho, junta con la cota de malla.
Comenzó a escuchar el silbido de las lanzas al ser arrojadas, varias cercanas a el, aun cuando las armas le abrieran la carne.
Minutos después se detuvo contra una de los frondosos árboles, esperando que hubiera perdido de vista a los tenebres y los piratas.

-Fugitivo de dos razas en un día, sólo a mí-se dijo para sí mismo, respirando con dificultad.

Antes de que pudiera dar un paso hacia adelante, sintió el metal de dos armas conocidas en su cuello. Su propio cuchillo y su espada amenazaban con acabarle. Frente a el, la muchahca de la tienda, cubierta con una capa azul, parecida al atuendo que el mismo trae, le amenaza.

-La magia de los elfos, la que trae consigo, satisfará a nuestros dioses y nuestros deseos, te pido que mueras por nosotros o muere ahora por mí.
Ulmo trago saliva, el filo de sus propias armas lo amenazaba y la chica del cabello rojo y piel azul, lo miraba con una mezcla de plegaria y odio.
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Re: La huida

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