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El origen de Hades, el unico Kâthrum.

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El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Miér Feb 27, 2013 1:34 am

La historia de un Kâthrum, por Denarion Ecthaniel

CAPITULO UNO: El esclavo de la muerte.


El sonido de un látigo, impide que una noche tranquila este en paz, la piel desgarrada por los azotes y los gritos de dolor se escuchan, incluso desde afuera de las mazmorras, un hombre joven de 1’80 de altura, de buen aspecto es quien blande tan cruel instrumento, sus golpes son cada vez más frecuentes, siguiendo un ritmo constante en un intervalo de unos 5 segundos por cada latigazo, ¿pero quién es la victima? Cuando el joven cree haber acabado, suelta unas cadenas, dejando que lo que estaban sosteniendo, se precipitara al suelo, cabria esperar un sonoro golpe, mas no fue así, era un niño, un pequeño muchacho de apenas 6 años el cual yacía en el suelo con toda su espalda marcada, sus lagrimas se derramaban por el dolor, empapando su rostro en un pequeño y diminuto charco, su ‘’verdugo’’ le observo con aire de superioridad.

-Así aprenderás a no derramar, la sangre de la Srta. Ledzenhard.- Su voz aterciopelada pero cruel, se clavaba en los oídos del pobre muchacho, el cual se fue arrastrándose hasta una esquina de la celda, para quedar recogido agarrándose las piernas, colocando su cabeza entre las rodillas si es que podía, soportando el terrible dolor que las heridas de su espalda le hacían sufrir, el actor de tan salvaje acción, un hombre de aspecto juvenil, de larga melena dorada, ojos rojos cual rubí, de tez pálida como la nieve. Aquel hombre sonreía satisfecho de su acción, dejo al niño en la celda llorando, sin sentir ninguna compasión.

~~Ese niño, aquella pequeña criatura que llora en esa, fría celda soy yo, el escritor de este relato, el fuego de los latigazos aun arde, cuando recuerdo aquellos momentos, ¿Qué como había acabado allí un niño? Ni siquiera lo sé yo, tal vez mis padres nunca me quisieron, o es que simplemente se deshicieron de mi, o tal vez me vendieran, me es indiferente, por aquel entonces, lo único que yo deseaba era salir de allí~~

<<<<<<<0>>>>>>>>

Mi llanto era lo único, que me hacia compañía en aquella oscura y lúgubre celda, unos barrotes de acero impedían mi libertad, mi espalda ahora ya marcada de por vida no dejaba de derramar una pequeña, cantidad de sangre, el suelo estaba mugriento y lleno de polvo, orina y otras cosas, que no debo porque mencionar en este escrito. Tan solo deseaba que todo se acabara, una cosa estaba clara, en cuanto pudiera escapar huiría de este lugar, jamás volvería, solo para poder acabar yo personalmente con ellos.
Utilizaba mi mano, como cuenco, cuando mis ‘’amos’’ me castigaban no recibía comida o bebida alguna, debía resignarme a… beber mi propia sangre y eso era lo que hacía, su sabor casi metálico, su espeso tacto, eran tan desagradable que incluso a veces me hacia vomitar, pero en mi cabeza, yo creía que aquello me iba a salvar la vida, que me mantendría con vida, como mantenía así a mis amos.
Los castigos eran muy distintos, a veces simplemente me encerraban y otras veces, utilizaban esas malditas cosas para golpearme, pero en cualquiera de los casos no recibía comida, para un niño eso es demasiado duro, yo no era ninguna excepción, mas de una vez caía desmayado al suelo, por la falta de proteínas, la falta de agua, sentir como tu cuerpo se seca. Más de una vez había tratado de acabar con todo, golpeándome la cabeza contra las indestructibles paredes de piedra que me retenían, pero era en vano, tan solo conseguía una conmoción, un cardenal y caer desmayado por tiempo indefinido a aquel asqueroso suelo, para después despertar y ver que de nada me había servido.

<<<<<<0>>>>>>

El mismo hombre, que anteriormente se había, desquitado con el muchacho entro en la celda, viendo a aquel niño, con la cabeza ensangrentada y llena de mugre, por el contacto con el suelo, pero eso solo le hacia reír, tomó al niño por el brazo, el cual estaba casi inconsciente, sin noción de lo que sucedía con él, el mismo agresor seria quien cosería y curaría sus heridas, para no perder a un esclavo, muy ‘’noble’’ por su parte.
Los días eran cada vez más largos, cada vez eran más duros para el pequeño muchacho, quien en más de una ocasión trato de escapar de aquel horrible lugar, pero sin éxito incluso, cuando intentaba huir durante el día, el resto de los sirvientes se lo impedían, todo era como una gran telaraña, que tenia a aquel pobre joven atrapado, en lo que bien podría ser un cruel infierno.

La noche tiño el mundo, con su oscuridad, dejando dormir a unos, mientras que para otros, era lo mismo que empezar el día, sus festejos, su vida giraba en torno a la noche, vampiros los llaman. Junto con la noche, llegaron nubes, hoy no era una buena noche para salir, pero tenían al muchacho y a sus sirvientes.
Poco a poco las nubes se arremolinaban en la región, sin aviso alguno, la lluvia empezó a caer, una lluvia casi torrencial, la cual empapaba todo lo que tocaba, al agua la siguieron los relámpagos y junto con estos, los estruendos de los truenos, que hacían retumbar los cimientos mismos del mundo bajo su poder, para el joven era algo hermoso, algo que valía la pena ver y siempre que una de estas tormentas, se acercaba el trataba de asomarse por un ventanal con tal de ver la lluvia o de poder, sentirla en su pequeño cuerpo, mas aquella noche con la lluvia, algo llego, algo que cambiaría el curso de la historia de aquel, joven y pequeño esclavo.


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Miér Feb 27, 2013 2:52 am

En esta noche de lluvia, no se aprecian estrellas, nada, ni siquiera la luz de la luna, lo único, el leve destello de luz, producidos por los rayos que caen sin parar en la inmensidad del mundo, el pequeño esclavo se asoma a través del ventanal, solo para ver la grandiosidad de tal acontecimiento, la tormenta era tal que el viento entraba por las ventanas, refrescando todo el edificio, algo que posiblemente a sus dueños no les gustara, pero el pequeño sentía tal fascinación por el exterior, que a veces no le importaban los castigos, si a cambio podía disfrutar en su rostro la leve brisa del mundo, su larga melena negra, quedaba flotando en el aire por el aire, de pronto algo tiro de, él hacia adentro, era el hombre que normalmente le propinaba los castigos, al parecer maltratar al pequeño no le era suficiente, sino que prefería que su sufrimiento fuese constante, tras abofetearle como castigo, señalo hacia un pasillo, el pequeño ya sabía lo que encontraría al final de este, un cubo, agua y un trapo con el que fregaría todo un salón él solo, algo que desde luego no era de su agrado, pero debería hacerlo con tal de evitar reprimendas por parte, de aquel cruel ser.
Sin demorarse salió corriendo, hacia el pasillo, la iluminación de este se basaba solo en antorchas, las cuales permitían ver durante la oscuridad de la noche, al menos a los sirvientes que allí residen, sus pequeños pasos resonaban en la inmensidad de aquel, estrecho camino con paredes de piedra, el eco producido ni siquiera era molesto, cuando hubo alcanzado el final, abrió la puerta con presteza y se adentro en aquel inmenso salón, iluminado por una enorme lámpara compuesta de crista, acero y velas, dando luz a todo este enorme lugar, el muchacho suspiro mirando a su alrededor, pues el tamaño de este lugar, era tal que el pequeño apenas si era algo a tener en cuenta dentro de, el.

No tardo mucho mas de dos horas, apenas podía mantenerse en pie, estaba cansado y escondido debajo de una mesa, con tal de tratar de evitar los castigos, respirando agitadamente por el cansancio, deseando descansar sus pequeñas manos, las cuales miraba, tanto rato en remojo con aquella sucia agua, habían provocado que se arrugaran y que le salieran, pequeños cortes, los cuales escocían como si se hubiera cortado con un fino papel, el viento que antes sentía en su rostro ahora no era otra cosa que su enemigo, las paredes de piedra se encargaban de retener el frio dentro de aquellas habitaciones, colándose por los ventanales y las grietas de la vieja piedra.
El pequeño soportando, aquel horrible escozor, se frotaba las manos con tal de mantenerlas calientes, gracias a la humedad acumulada en ellas, sus débiles manos se sentían casi gélidas, lo que hacía que todo su cuerpo reaccionara temblando.

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No muy lejos de la mansión, algo se mueve bajo la lluvia, ligeras sombras se vislumbran entre la oscuridad y la lluvia, solo revelando sus formas con la luz destellante de los relámpagos, criaturas tan terribles como las enfermedades, tan temidas como la muerte, mas creídas estúpidas a lo largo de los años, tal vez fuera el destino, o quizás solo fuera la casualidad, no se podría explicar que los condujo hasta aquel lugar, pero una cosa era cierta, nada detendría su avance. Las pisadas de estas criaturas, eran tan pensadas que parecían truenos, todos pisando casi al unisonó, lo único que les diferenciaba de la tormenta, era que ellos eran una horda, no se sabe con exactitud porque aquellos orcos tomarían esta ruta, pero la mansión estaba en su camino y nada los iba a detener.

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Algo se agitaba dentro de la mansión, no se podría explicar que fue lo que, ocurrió exactamente, la mesa donde el pequeño estaba descansando fue apartada y su ‘’cuidador’’ le encontró, el pequeño le miro con miedo, temiendo un nuevo castigo sin motivo aparente, pues había hecho lo que le habían ordenado, el hombre le miro y sonrió, ¿pero porque? El pequeño extrañado se puso de pie, firme ante aquel cruel ser el cual lo castigaba siempre que podía, pero esta vez ¿tendría algún motivo para castigarle? El chico temblaba sin poder evitar reflejar el miedo en su débil cuerpo, el vampiro le acaricio el rostro con un gesto muy desagradable, ahora sus intenciones fueron reveladas, el niño incrédulo ante la situación aparto su mano y trato de correr hacia la puerta, con tal de escapar, no comprendía lo que ese hombre quería hacerle, pero sabía que no podía ser nada bueno y no estaba dispuesto, a descubrir de que se trataba.
Sin mucho esfuerzo el vampiro, atrapo a su víctima con un solo brazo, alzándolo del suelo como si de un muñeco se tratara, era obvio que no hacía falta demasiada fuerza, para doblegar a un niño de apenas ocho años, pero el pequeño no se rendía y se revolvía tan fuerte como su cuerpo se lo permitía, intentando deshacerse del agarre de la vil criatura nocturna.

-¡WAAAAAAGH!-


Un furioso grito que estremeció a todo la vivienda, ¿de qué se trataba? El niño se asusto al escucharlo, ¿acaso este sería su nuevo castigo, terminar en manos de una bestia, cuyo grito era suficiente, para hacerle derramar lagrimas de terror? Sin previo aviso un estruendo se escucho, la pared derecha del salón fue atravesada literalmente por una enorme roca, la cual destruyo por completo la pared, dejando en ella un agujero seguramente irreparable, la suerte fue que una de las piedras que salieron volando por el impacto, golpearon en la cabeza del ‘’verdugo’’ haciéndole soltar al niño, quien cayó al suelo violentamente, golpeándose fuertemente la cabeza, pero no como para dejarle inconsciente, pero si como para sangrar, al mismo tiempo el cuerpo del ‘’verdugo’’ yacía inconsciente al lado del niño, al verlo no lo pensó, algo en su interior estallo liberando una rabia que acumulaba desde hacía ya años, tomo una piedra tan grande como su mano y con la fuerza que sus brazos le permitían, empezó a golpear la cabeza del inconsciente vampiro, una y otra vez lo golpeaba, mientras gritaba y derramaba lagrimas de alivio, el solo quería que todo acabara y hoy, todo iba a terminar.



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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Miér Feb 27, 2013 11:22 pm

El ruido de los golpes, era cada vez más acelerado, unos gritos, un llanto, el ligero crujido de los huesos al romperse, un verdugo. El ruido ceso, dejando una extraña calma, en el suelo ahora yacía un cadáver, era el hombre que había atrapado al niño el cual, ahora con la respiración agitada observaba aquel cuerpo, muerto por segunda vez, la pequeña mano del pequeño dejo caer la piedra que sostenía, la cual estaba llena de sangre, sus ojos estaban abiertos cuales platos, contemplando quizás con horror aquella terrible imagen, que el mismo había causado, pero no podía evitar sentir alivio y una extraña felicidad, aquel terrible hombre ahora ya no le golpearía mas, no le volvería a torturar, aunque la alegría que pudiera llegar a sentir en aquel momento, poco a poco se desvanecía al pensar, en lo que entraría por la puerta.

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En los jardines de la casa, los soldados luchaban contra la imparable, horda que se cernía sobre la mansión, por muy hábiles que fueran aquellos guerreros, se veían superados en diez contra uno, los pieles verdes no se detendrían hasta arrasar todo, lo que encontraran en su camino. Nuevamente se escucho un rugido orco, en apenas dos segundos, los engranajes de una catapulta resonaron y poco después, un ligero silbido, la pesada munición de asedio volaba por el aire impulsado por la fuerza de la rudimentaria maquinaria orca, deseaba alcanzar un objetivo y así fue, la gigantesca roca impacto de lleno contra la entrada de la mansión, derribando sin esfuerzo la imponente puerta que custodiaba sus entrañas, ahora los pieles verdes tenían un acceso, ahora nada podría contenerles. En su prepotencia las criaturas de la noche descuidaron, algo muy importante, la vigilancia de este lugar era mínima, nadie pudo avisar a tiempo de que una horda, se cernía sobre los incautos vampiros.

Al caer la puerta, la principal defensa estructural de la mansión, nada hubo que pudiera contenerles fuera y como si una plaga, azotara esta tierra se adentraron en la mansión, golpeando y destrozando todo lo que a su paso encontraban, el mobiliario no se libraría de la brutalidad de los pieles verdes, quienes arremetían contra todo lo que pudieran destrozar.
Los gritos, los golpes, pronto se extendieron por la mansión.

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El muchacho, sintió como en su espalda un escalofrió, recorría toda su medula y sin ninguna, intención de quedarse allí por más tiempo, empezó a correr hacia la puerta más cercana, lo único que deseaba era poder escapar de aquel condenado lugar, abrió la puerta rápidamente y asomo su cabeza para tratar de ver que era lo que ocurría, en cuanto lo hizo un reflejo, un parpadeo le obligo a tirar su cabeza hacia atrás rápidamente, pues esquivando con cierta rapidez, tras apartar la cabeza una enorme hacha se clavo en la madera de la puerta, esto asusto al débil muchacho el cual se dio la vuelta, para correr en la dirección contraria y así tratar de evitar a quien hubiera lanzado aquella arma.

Valiéndose de toda la velocidad, que sus pequeñas piernas le permitían, alcanzo el otro extremo del salón, se aferro al pomo de la puerta, pero algo le hizo salir despedido, un fuerte golpe impacto de lleno contra él, la puerta se había abierto de par en par, golpeando al pequeño y haciéndolo ‘’volar’’ unos metros hacia atrás, con presteza se puso en pie y allí lo pudo ver, un piel verde, de más de 3 metros de altura, aspecto simiesco y brazos como garrotas, el niño no pudo contener un grito de terror, la criatura al escucharlo intento acallarlo con un golpe de su arma, el pequeño lo esquivo y corrió cruzando, a través de las piernas de la criatura piel verde.

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Los orcos, arrasaban toda vida existente en la mansión, los gritos eran inevitables, pues la brutalidad de las criaturas no tenia parangón, la sangre se había convertido ahora en la verdadera habitante de la casa, pues en casi todas las habitaciones, casi todos los lugares de aquella enorme casa, se encontraba ahora destruida y en su mayoría con charcos de sangre, empapando el suelo y las paredes.
Algunos orcos, decidieron que debían saquear la despensa y, cuando entraron en dicha estancia vislumbraron a algunos ‘’Humanejoz’’ vivos, pero en frente de ellos se hallaba un niño, un pequeño niño de 8 años, melena larga y oscura el cual, alzaba con firmeza un cuchillo contra el piel verde, el orco no pudo evitar reír y cuando trato de acercarse, el pequeño blandió el cuchillo tratando de acuchillar a la bestia, pero sus esfuerzos serian inútiles, sin demasiado esfuerzo el orco golpeo al niño haciéndolo caer inconsciente, pero por alguna extraña razón no mataron a los sirvientes, quienes lejos de estar protegidos trataban de suplicar misericordia por parte del enorme ser que estaba en frente de ellos.

La noche termino, la mansión quedo reducida a cenizas pues la brutalidad de los orcos, no conoce límite y lejos de estar satisfechos, de su combate nocturno habían prendido fuego, al ahora derruido edificio.
Transportaban los cuerpos, en una carreta en la cual, habían acumulado los cadáveres, tanto orcos como los de los sirvientes humanos, que habían matado en aquel lugar. De entre los cuerpos, una pequeña figura se asomo, su cara estaba cubierta de mugre y sangre, al despertar no pudo evitar taparse la nariz al oler el horrible hedor, que los cadáveres despedían, el niño había logrado sobrevivir y marchaba bajo la luz del sol, en una carreta tirada por extrañas criaturas, enormes jabalíes que tiraban de ella, ahora su tormento en la mansión, había terminado, pero sus problemas no habían hecho nada más que aumentar.


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Jue Feb 28, 2013 1:36 am

CAPITULO DOS: Un camino interminable.


El pequeño permanecía, oculto entre los cuerpos, tratando de ocultarse de la mirada de, las enormes bestias de piel verde, el estaba vivo y desde luego, no deseaba ser visto por ellos, pues seguramente acabarían con él, o algo peor, con cierto asco trato de adentrarse un poco entre los cuerpos, para que su presencia fuera más disimulada y no llamara la atención, algo que el pequeño no pudo ver fue que los cuerpos estaban siendo inspeccionados, el niño se dio cuenta al escuchar como algo pisoteaba los cuerpos, aunque era algo pequeño, al menos por como lograba moverse, el pequeño humano asomo su rostro para ver de qué se trataba, era un piel verde, pero este era diminuto en comparación a sus parientes, apenas mediría un metro y treinta centímetros, su trabajo no era otro que el de inspeccionar los cuerpos en busca, de algún arma, el niño al verlo busco algo entre los cuerpos que pudiera utilizar como defensa, en caso de necesitarlo, su pequeña mano se deslizaba entre los cuerpos y con fortuna, alcanzo algo puntiagudo, se trataba de un trozo de cristal el cual estaba incrustado en un cuerpo, tiraba de él, pero el afilado trozo apenas si se movía. Antes de que consiguiera desincrustar el cristal, la terrible pero pequeña criatura poso su mirada en el niño, al verlo el goblin empezó a gritar ‘’Humanejo, humanejo’’ y sin pensarlo dos veces tomo un cuchillo que portaba en su cinto y sin pensarlo lo blandió contra el niño, los orcos de alrededor quienes, posaron su atención en su ‘’primo’’ al oírlo no pudieron evitar la tentación de ver que ocurriría, dos enanos debiluchos peleando entre sí, eso les serviría de entretenimiento.

El pequeño niño humano, al fin logro arrancar el cristal y empuñarlo, lo alzo sin pensar contra el goblin quien, demostrando una grandiosa agilidad, cambiaba su cuchillo de mano a mano, además de saltar inquieto, tal vez para despistar al niño o simplemente para lucirse, los orcos de alrededor gritaban aclamando esta ‘’pequeña’’ pelea, entre dos seres cuyos objetivos eran muy distintos, posiblemente el goblin quisiera matarlo, simplemente para divertirse, pero para aquel pequeño niño se trataba de morir o luchar, el opto por intentar sobrevivir, con miedo pero con firmeza, el pequeño humano se abalanzo sobre el diminuto piel verde tratando de apuñalarlo cuanto antes, casi sin esfuerzo ninguno la criatura lo esquivo y le golpeo, propinándole una fuerte y sonora bofetada, lo que hizo que el débil humano perdiera el equilibrio cayendo sobre los cuerpos, en cuanto el humano cayó, el piel verde se puso encima y empezó a golpearlo con nervio y mucha velocidad, el niño se defendía como podía, pero estaba recibiendo golpes una y otra vez, entonces un grito, un instante y…

El cuerpo del goblin se tambaleo, mientras que se llevaba las manos al abdomen, el débil y pequeño humano, había logrado apuñalarlo con el cristal, la sangre del piel verde empezó a brotar, salpicando si parar, el niño se levanto y con un nuevo grito empujo al goblin, arrojándolo al suelo desde la carreta, una vez allí el piel verde se revolvió un poco, sufrió unos espasmos en su cuerpo y poco después, murió irremediablemente, mientras que de su cuerpo aun salía sangre. El niño miro a su alrededor, no veía escapatoria ninguna, así que armándose con el valor que le quedaba, agarro el cuchillo que el goblin había alzado contra él para intentar, salvarse de los pieles verdes, pero uno que parecía el líder, se hizo hueco entre los orcos para ver que demonios estaba ocurriendo.

-¡Coged a eza zabandija!- Exclamo con fuerza y sus ordenes no fueron discutidas, sin esfuerzo arrebataron el cuchillo de las manos del niño, además de que lo atraparon sosteniéndolo, como si fuera un pequeño y manejable saco, aunque este se intentaba revolver, tratando de zafarse de las garras del ser piel verde, pero aunque sin éxito había que reconocer que este pequeño humano, tenía valor, o es que simplemente lo único que quería, era seguir vivo, de sus ojos empezaron a caer lagrimas temiendo lo peor, acabar en aquella carreta junto con los demás cadáveres, sirviendo de tentempié a los buitres. El orco dejo al niño en el suelo y el líder se acerco, le tomo la cara por las mejillas obligando a posar su mirada en la del pequeño.

-Zi eztaz vivo, puedez andar ¡Moveoz!- Ordeno tras soltar al niño, quien atónito estaba pasmado por el acto de aquel orco ¿se trataba de compasión? Sin mediar palabra, los pieles verdes empezaron a caminar y un empujo al crio, incitando a que se moviera, ahora ya no podría disfrutar de la ‘’comodidad’’ de la carreta, debería recorrer el camino como los demás, caminando y expuesto al cansancio de tener que seguir el ritmo de aquellos seres tan gigantescos desde su punto de vista.
Las horas pasaban y el día, parecía que se hacía cada vez más largo, el pequeño humano que había empezado la marcha, desde el centro de la formación ahora iba casi al final de toda la horda, sus pequeños y cansados pies le dolían horrores, sus piernas apenas respondían a sus intenciones de seguir caminando, pero al verlo uno de los orcos se detuvo pero no para ayudarlo, empezó a empujarlo para que se siguiera moviendo, incluso le gritaba, pero el débil humano no respondía a las demandas del piel verde, este al verlo gruño y le ato una cuerda en las manos, la cual estaba atada a su cintura, sin compasión ni remordimiento ninguno, el enrome piel verde empezó a correr para seguir el ritmo de sus compañeros pieles verdes, tirando del pequeño sin ningún esfuerzo, obligándole a moverse, mas de una vez el niño se cayó al suelo, dándose de bruces contra el barro producido por la tormenta de anoche, pero aun por mucho que el pequeño implorase el orco, no atendía a sus peticiones.

Pocas horas más tarde, la horda se detuvo, rápidamente empezaron a montar un campamento, en el cual reposarían para continuar mañana, el sol poco a poco se escondía tras el horizonte, tiñendo la tierra de un tono rojizo, el pequeño niño humano se dejo caer al suelo exhausto, tratando de recobrar el aliento por la larga y forzada marcha a la que le habían sometido, su captor lo levanto del suelo con violencia, al parecer esto no había acabado.

-Ve a buscar madera kanijo.- Dijo el piel verde, señalando unos tocones que transportaban en otra carreta, de allí pretenderían hacer un fuego, o eso debió entender el pequeño, es irónico, logro deshacerse de sus captores, para acabar sirviendo a un puñado de orcos…


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Jue Feb 28, 2013 9:33 pm

Aunque agotado por el esfuerzo, el pequeño tenía que obedecer, como dijo aquel líder orco, si estaba vivo podía hacer cosas, eso aunque sonara cruel, hacia que el pequeño tuviera un poco de esperanza por seguir vivo, si contentaba a esos orcos haciendo tareas, seguramente no le matarían, pero tampoco es que el niño estuviera muy agradecido de esta situación, pues nuevamente volvía a ser esclavo y esta vez, estos nuevos ‘’amos’’ quizás no fueran tan piadosos.
Sin demorarse el pequeño humano, se acerco a la carreta de la madera, los troncos y maderos que allí habían, eran demasiado grandes para que los cargara él, con lo que debió ingeniárselas, para poder hacerlo de una forma relativamente cómoda, lo que hacía era empujar los troncos de la carreta, para que estos cayeran al suelo, al hacerlo los troncos quedaban incrustados en el barro, haciendo un ruido como cuando dejas caer una piedra, sobre un montón de puré, el pequeño bajo de la carreta y tras tomar el tronco levanto lo que pudo de él, para arrastrarlo hasta donde estaban los orcos, pero con un solo tronco no servía para hacer una buena hoguera, y como el pequeño pudo comprobar después, a los orcos no les gusta la debilidad y se lo hicieron saber, al igual que sus anteriores amos, lo golpearon, pero esta vez los golpes eran muy diferentes a los del ‘’verdugo’’, eran mucho más contundentes, mucho más dolorosos, cuando consideraron que el castigo había terminado no se apiadaron de el por ser débil, lo pusieron en pie y ahora tendría un supervisor orco, el cual no le ayudaría, solo se encargaría de azotarle siempre que algo lo hiciera mal, de hecho no le dejo volver a cargar ningún tronco a menos que pudiera levantarlos el mismo con los brazos, cada vez que el pequeño intentaba arrastrar uno, el vigilante se encargaba de hacerle saber que lo hacía mal, propinándole un latigazo.

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Los días venideros, no fueron diferentes a este primer encuentro, marchas forzadas durante todo el día, además de duros trabajos durante los descansos, el pequeño cuerpo de aquel humano, estaba a punto de colapsar, para un niño era casi imposible soportar tal esfuerzo ¿Cómo lograría sobrevivir en el brutal, mundo de los pieles verdes?
Fue entonces, durante una fría noche en la que el niño se puso enfermo, una horrible tos apareció en su garganta, su temperatura corporal aumento drásticamente y sentía una enorme fatiga, el niño rogaba a los dioses que le dejaran en paz, que le ofrecieran una escapatoria, pero sus plegarias jamás alcanzarían ser escuchadas tras los barrotes de la esclavitud. Lejos de ser comprensivos con él, los orcos lo cargaron con los cadáveres, sino podía hacer nada, era mejor que se muriera, algo por lo que el niño según pasaban los días, deseaba cada vez con más fuerza, que todo acabara rápido, que no le hicieran sufrir más.

Paso un año entero de marcha con los orcos, caminando todos los días, estuviera enfermo o no, pues al verle sobrevivir a su primera enfermedad, los pieles verdes no le permitieron más descansos, aquel primer año el pequeño comprendió dos cosas, la primera era que los orcos no tenían compasión ninguna, la segunda que su esclavitud no cesaría a menos que hiciera algo.
Tras aquel largo año, los orcos establecieron una nueva fortaleza, en un lugar desconocido para el pequeño, al cual llamarían el ‘’Bastión Garraroka’’ edificada con madera, piedra y cuerdas en su mayoría, el niño tuvo que ayudar en la construcción por obligación, puesto que era esclavo de estas bestias, al igual que durante todo el camino de viaje, cuando algo lo hacía mal era castigado, la construcción de esta fortaleza llevo casi todo un año entero completarla y el pequeño humano, había contribuido por obligación en casi todos los edificios, incluso el tenia una ‘’casa’’ la pocilga donde guardaban a los animales, allí es donde viviría hasta que las cosas cambiaran.

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El bastión ya estaba terminado, ahora ya nada quedaba por construir, mas el niño aun no acababa de hacerse al lugar, normal viendo donde tenía que vivir, pero como esclavo entre los orcos, no podía aspirar a nada mejor.
Como ya no podía obrar, como constructor decidieron ponerlo a trabajar junto con los otros esclavos, en el granero, donde molería el trigo, si los trayectos durante la marcha y la construcción eran duros, el pequeño estaba a punto de descubrir que esto no sería diferente, junto con los demás esclavos, debía hacer girar una rueda la cual molería el trigo, por cada vuelta que diera, los primeros días el esfuerzo incluso le hacía vomitar, sus piernas al caer la noche no le respondían, sus brazos cansados eran apenas dos hilos de carne, pegados a su cuerpo.

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Siete años pasaron, día tras día el pequeño crecía, convirtiéndose en un adolescente. Poco a poco durante esos siete años, los compañeros esclavos de aquel pobre niño, caían presa de las heridas, las enfermedades y la brutalidad de los orcos, mas la voluntad de sobrevivir de aquel niño, le hacían mantenerse en pie, hasta que al final se quedo completamente solo, quedando él como único esclavo superviviente de aquella noche fatídica en la que los orcos asaltaron la mansión de los vampiros, empujando por el resto sus días aquella maldita rueda para moler el trigo, o al menos esa era la idea que cada día pasaba por su mente, haciéndole enfurecer cada vez mas.

No se sabe el cómo, no se conoce el porqué, una noche en la que, el joven terminaba su trabajo, fue asaltado por un orco, el cual parecía estar imbuido por una locura asesina, nadie podía imaginar lo que estaba a punto de suceder.


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Jue Feb 28, 2013 11:03 pm

Al ver al orco, el joven no pudo hacer otra cosa que retroceder, entrando de nuevo en el granero, no podía evitar sentir miedo, aquel enorme piel verde de verdad, había enloquecido y el desconocía el motivo por el cual le atacaba, tras entrar al granero atranco la entrada con lo que pudo, los golpes no se hicieron esperar y la puerta, temblaba por ellos, el muchacho aprovecho que el orco estaba entretenido para buscar algo que le pudiera valer como arma, una piedra, un tronco, algo contundente con lo que pudiera defenderse de aquel ataque, aunque sin éxito en su primera búsqueda y poco a poco, la puerta parecía volverse menos consistente bajo los ataques de la furibunda criatura, al final pudo encontrar algo, un mazo, era una garrota bastante simple, estaba hecha de madera y su cabeza de acero compacto, esto valdría al menos para defenderse, sin pensarlo dos veces y aprovechando que la puerta, estaba ya casi desencajada, el adolescente cargo contra esta embistiéndola con el hombro, tuvo cierta fortuna pues esta se salió completamente del sitio y debido a la fuerza aplicada contra ella, el muchacho la pudo atravesar embistiendo al orco y haciéndole perder el equilibrio.

Poco a poco, los ruidos y los gritos de la encolerizada bestia, empezaron a atraer espectadores, varios orcos atraídos por los golpes que se habían escuchado, se acercaron al granero para ver de qué se trataba, quedaron sorprendidos al ver a su esclavo alzando un martillo considerable, pero aun con mas sorpresa vieron al enloquecido orco, ¿iban a actuar? Lo más probable es que no, porque intervenir en una pelea que podría quizás entretenerles, brindándoles un combate inesperado, en el cual nadie apostaba por el humano, era de esperar.
Los primeros ataques de la criatura, eran evadidos por el adolescente humano, quien era mucho mas ágil que la criatura, algo que en ese aspecto le beneficiaba, pero sabía que no podía evadirlo siempre, así que trato de golpearle, pero si éxito, cosa que el enloquecido orco aprovecho de buena manera, golpeándolo con su puño en la cara, lo que lo hizo caer al suelo, mientras que de su boca empezaba a brotar la sangre, la cual escupió contra el suelo, el dolor que le había provocado el puñetazo, era muy llevadero en comparación a los latigazos de su espalda, aunque no por ello iba a evitar que le doliera.

La lucha continuaba, el más afectado por ella era el humano, que una y otra vez era derribado por el fuerte ser, pero cada vez que le golpeaba, el humano no podía evitar sentir como algo ardía en su interior, el mismo odio que le consumía cada vez que era golpeado, cada vez que su carne era desgarrada por el fuego del látigo, no podía evitar sentir que esto no era más que otro castigo injustificado, sin mediar palabra el odio, la rabia y el dolor que el muchacho había estado soportando todos estos años estallo.
Un sonoro grito surgió de su garganta, un grito lleno de rabia, de dolor, si estos gritos se escucharan en otro lugar, podría incluso atemorizar a un hombre adulto. Sin pensarlo dos veces el muchacho se abalanzo sobre el orco, haciéndole un placaje, lo sostuvo por las piernas, haciendo que la bestia perdiera el equilibrio, en cuanto toco el suelo empezó a revolverse pero sin éxito, el adolescente se puso en pie y en sus ojos tan solo el odio era reflejado.

Alzo el mazo con ambas manos, y entonces empezó a golpearle en la cabeza, una y otra vez, los primeros golpes solo produjeron, gritos de dolor por parte del piel verde, pero poco a poco, aquellos gruñidos se iban silenciando bajo el sonido de los golpes, poco a poco el duro hueso del cráneo se mezclaba con el poco cerebro que pudiera quedarle intacto, la sangre no paraba de brotar de aquel cráneo abierto a golpes, entonces los orcos lo único que coreaban era al humano, parecía que eso les divertía, pero entonces el mazo se rompió, esto había terminado pero lejos de detenerse, aquel muchacho, soltó lo que quedaba de mazo y empezó a golpearle la cabeza con sus puños desnudos, mientras que en su rostro, sus labios empezaron a esbozar una ligera aunque macabra sonrisa, complacido por lo que estaba haciendo, los orcos de su alrededor no trataron de impedírselo, pero empezaron a corear un nombre.

-¡Kâthrum, Kâthrum, Kâthrum, Kâthrum, Kâthrum, Kâthrum, Kâthrum!-


Ese nombre, tenía un significado, aunque desconocido hacía referencia, al muchacho que tras desahogarse con el orco, se levanto con una agitada respiración, pero con una maquiavélica sonrisa en su rostro, el cual ahora estaba empapada de sangre a causa de los golpes, su mirada estaba centrada en el cadáver del orco, al verlo de esta forma no podía sentir otra emoción que no fuera alegría, dejo que sus manos cayeran dejándolas sueltas completamente, un orco se acerco a él y le puso por encima una capa hecha de piel de jabalí, a la cual no le hizo demasiado caso, entonces decidió marcharse hacia la pocilga la cual era su ‘’hogar’’.

No paso demasiado tiempo, hasta que el líder de la tribu se dio cuenta, de lo sucedido, es más, se entero esa misma noche, tras escuchar el relato de la batalla de Kâthrum, no pudo evitar sentir curiosidad por aquel humano, ya que cuando lo encontraron, no era más que un niño débil, quejica y que lloraba por todo, ahora había actuado como lo hubiera hecho cualquier otro orco, eso no era nada de lo que se esperaría de un humano normal, así que insistió en que lo trajeran ante su presencia, su orden no se demoro demasiado y en la pocilga donde dormía el ahora nombrado Kâthrum, se presentaron dos orcos, ambos median más de tres metros, vestían fuertes corazas de acero y portaban consigo unas enormes hachas de dos manos, el muchacho temió lo peor pero no suplico, no dijo palabra ninguna, simplemente suspiro deseando que llegara ese final a manos de su verdugo.

-El jefe kiere verte en zu choza.-


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Vie Mar 01, 2013 2:03 am

CAPITULO TRES: Convertido en Kâthrum


El adolescente se levanto al escuchar, las palabras de los orcos, el jefe de la tribu le reclamaba para algo, aunque no sabía de que se trataba, quizás no le había gustado su numerito con aquel orco, pero era algo de lo que no se arrepentía para nada, todo el odio y la rabia acumulada durante, estos años por fin había estallado contra aquel piel verde, no sentía ningún remordimiento y su mirada era firme, e incluso orgullosa.
Ahora los tres se pusieron, en camino hacia la choza del líder orco, allí el joven, descubriría el porqué se requería su presencia.

-Así que tu eres el Kâthrum.- Dijo mientras observaba al joven. –Pasa, no te quedes ahí fuera.- Le ordeno para que entrara, a lo cual obedeció, aquella pequeña cabaña de líder, estaba adornada con pieles y huesos de las víctimas del jefe, inquietante la verdad, pero pensando en que es un orco no es tan extraño, una vez dentro los guardias del jefe cerraron desde afuera, para dejarles algo de intimidad.
Durante unos minutos, ambos se miraron sin mediar palabra, alguna puesto que no había, palabras con las que el muchacho pudiera explicar lo sucedido esta noche.

-Veo que sigues vivo, así que todavía puedes andar.- Dijo haciendo referencia, a lo que en el pasado le dijo, cuando lo vio vivo al lado de aquella carreta, tras matar al goblin, tal vez esperaba algo así o simplemente, es que quería recordarle todo lo que había pasado, el muchacho apretó los puños, con rabia, recordando que le hacían trabajar hasta vomitar, hasta que sus piernas doloridas dejaban de responderle, era imposible no sentir un malsano odio hacia aquella criatura verde, por parte del muchacho.

-Kâthrum significa humano-orco.- Le explico, haciendo que entendiera el significado, de la palabra que con la que habían vitoreado al muchacho, al oír dicho significado, no pudo evitar reflexionar sobre ello puesto, que no entendía a que se refería con ella, pero tampoco es que le diera demasiada importancia, lo único que hizo al escuchar al líder decir eso, fue quedarse quieto, indiferente por la situación puesto que no lograba entender el porqué de la palabra.

-A partir de ahora, ya no serás un esclavo, ahora… eres un Kâthrum, vivirás como nosotros, aprenderás como nosotros, pasaras a formar parte de la tribu.- Algo en el interior del joven, empezó a hacerle sentir un enorme alivio, aunque al mismo tiempo, le daba miedo pensar que quería decir todo eso, ser un Kâthrum, formar parte de la tribu, todo era extraño.

-¿Podría preguntar…? ¿Qué es lo que queréis decir, exactamente?- Pregunto el joven casi conmovido por las palabras del orco, quien se recostó sobre su silla mientras se acariciaba una larga barba blanca, que sobresalía de su mentón, observando al muchacho.

-Quiere decir, que ahora eres uno de los nuestros, no un esclavo… has resuelto tu problema, como lo haría un orco, pero tú eres un humano, esos ‘’kanijoz’’ no suelen, ser tan fuertes, ni suelen tener tanto valor, es por ello que pasaras a formar parte de nosotros, ahora eres un Kâthrum.- Explico complacido en cierto modo, encontrar a un humano así es muy raro, mucho menos frecuente es encontrarlo entre los esclavos de unos vampiros.

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Tras aquella noche, el ahora nombra Kâthrum empezó su adiestramiento, como uno más de sus ahora ‘’compañeros’’ quienes antes, no lo consideraban, más que una rata, ahora lo aclamaban como a uno de los suyos, el primer paso era entrenarle puesto que él nunca recibió instrucción militar, se basaba solo en explosiones de rabia y aunque los orcos, hacen lo mismo que el, ellos poseen cierta maestría a la hora de pelear, es por ello que debía ser instruido para convertirse en un soldado eficiente de la horda, en la cual un día marcharía hacia el combate, para que si alguien aun velaba por el pudiera sentirse orgulloso.
Lo primero seria enseñarle, a manejar un arma, la que el escogiera, el pensó que si quería hacerse un hueco en un mundo, de bestias salvajes y brutas, el tenía que ser tan bruto como ellos, su elección fue una maza, la cual hoy en día aun porta como su arma predilecta, bajo la cual un día sometería a cuantos enemigos se le opusieran.

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Tras un intenso año de entrenamiento, los líderes orcos consideraron al Kâthrum un soldado apto, mas debería aun mostrar su valía, es por ello que se decidió organizar un pequeño torneo, aunque solo sería un solo combate, el problema era, que el combate seria a muerte, solo uno sobreviviría a ese crudo día.
De algún modo, poco a poco, quien ahora es conocido como Hades, empezaba a comprender aquella sociedad incomprendida por todos los habitantes, de este cruel mundo.
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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Vie Mar 01, 2013 4:23 pm

El torneo del Kâthrum, así lo bautizaron los orcos, un combate singular, donde observarían las facultades de batalla, del humano-orco, si sobrevivía, demostraría que merece vivir como uno de ellos, y si moría su cuerpo, serviría de pasto a los buitres, quienes ya sobrevolaban la tribu como sabiendo que ocurriría a continuación. Todo era muy extraño para el humano, quien no podía evitar sentir, un sentimiento tan extraño como preocupante, no sabía si tenía miedo, o simplemente lo único que quería era aplastar la cabeza de su enemigo, mientras lo pensaba no dejo de sostener aquella enorme maza con fuerza, sentía las ganas de incrustar aquella cabeza de metal en el cuerpo de su adversario, ya lo había hecho antes, ahora tenía que demostrar que era un orco de verdad e impaciente espero la hora, en que lo llamaran a la arena donde se enfrentaría a un piel verde, seguramente más experimentado que él, algo que le aterraba, si alguien dijese lo contrario, estaría mintiendo.

El tiempo transcurría despacio, dando a los contendientes la oportunidad de saborear, el quizás último aliento que sentirían entrar por su boca.
El llamado a la pelea no se hizo esperar demasiado, ambos estaban ya mentalizados, ¿preparados para dejar este mundo? Quizás, pero Kâthrum no estaba dispuesto a morir, pues ahora tenía la oportunidad de no volver a arrodillarse frente a nadie, y por los dioses, que no volvería a hacerlo.
La zona de combate, si así se podía llamar, no era más que un círculo de tierra, cuyos muros eran los pieles verdes, para evitar que ninguno se acobardara en el último momento, no había marcha atrás posible, luchar o morir, los orcos gritaban con entusiasmo ante la posibilidad de ver una pelea, algo que les entusiasmaba y algo que, durante su entrenamiento el Kâthrum empezó a ver, como algo que formaría parte de su vida.

Ambos contendientes, se mostraban el uno frente al otro, el orco empuñaba un enorme machete de metal, el cual tenía un aspecto bastante mellado pero no por eso, menos intimidante, el humano, portaba entre sus manos una maza la cual había decidido bautizar como ‘’Erigor’’, ni siquiera busco el significado por el que ponerle nombre al arma, simplemente la hizo llamarse así, los dos luchadores carecían de armadura exceptuando una vestimenta de cuero, la cual no iba a impedir que los golpes o las laceraciones, se amortiguaran demasiado.
Solo quedaba esperar, la señal que indicaría que ambos pudieran, empezar a luchar, mientras la espera, los dos contrincantes se observaban, quizás tratando de encontrar un punto débil, o simplemente se miraban, porque quien tenían en frente quería acabar con sus vidas.

-¡Empezad!-


Exclamo el líder de la tribu, dando la señal que daba lugar al combate, ambos contrincantes no se hicieron esperar, ambos cargaron el uno contra el otro, el primer impacto siempre es importante, el orco se valía de su fuerza, el Kâthrum de la astucia, cuando estuvieron a punto de impactar, el humano-orco se agacho evitando lo que hubiese sido, un fatal choque pero aunque pudiera ser rastrero para otras razas, sobrevivir es lo que importa. Aprovechándose de una mayor movilidad, esquivo el golpe para después con la maza golpear con toda la fuerza que podía, en la pierna del piel verde, este cayó al suelo dándose de bruces y rompiéndose un colmillo, pero logro levantarse antes de que el humano, pudiera propinarle un golpe letal, aunque le pudo golpear en el hombro con tal fuerza, que se lo disloco, haciéndole inútil su brazo izquierdo, el orco grito con rabia pero no por ello se rindió, dándose la vuelta rápidamente intento cortar por la mitad al Kâthrum de un solo movimiento, pero no fue así, el brazo del orco impacto con el del muchacho que sin poder evitarlo fue despedido hacia atrás, haciéndolo caer contra el muro de orcos, quienes lo sostuvieron y lo empujaron nuevamente hacia, la arena.

El combate siguió, sin que nada los detuviese, el Kâthrum poco a poco, estaba siendo superado bajo la fuerza sobrehumana, de la bestia piel verde, la cual aunque solo contaba con un brazo útil, era tan fiera, que no parecía carecer de dicha extremidad, varias veces derribo al humano, el cual cada vez que se levantaba le era más difícil recomponerse, pero al mismo tiempo, se empezaba a sentir cómodo, e incluso podía sentir algo que él consideraba… felicidad.
Se levanto una última vez, con un rostro lleno de rabia, pero en este yacía una sonrisa malévola y tras un grito, ambos contendientes se lanzaron el uno contra el otro, esta vez no hubo nada que esquivar, el Kâthrum propino un golpe vertical de su maza alzándola desde abajo hacia arriba, golpeando el prominente mentón del piel verde, en cuanto el compacto acero impacto, la mandíbula inferior del orco se quebró, quedando completamente destruida, algunos huesos astillados atravesaban la carne, haciendo que la sangre empezara a gotear. A pesar del fuerte golpe el orco aun, estaba vivo y solo quedaba terminar, el muchacho se armo con el machete del orco y los demás pieles verdes, empezaron a corear el nombre del chico, era un tono muy bajo como si se susurrara el nombre nada mas entre ellos y mientras, el muchacho se acercaba al cuerpo del piel verde, los gritos de los orcos se iban intensificando.

No se lo pensó, tras mirar el cuerpo del piel verde, alzo el machete y con fuerza, se puso a decapitar el cuerpo de aquel orco, un golpe tras otro el filo del machete se hundía cada vez más en la carne de aquel ser, hasta que ya nada la pudiera sostener.
Un último crujido y la cabeza, fue separada del cuerpo, Kâthrum la tomo por el cabello y la alzo con su brazo derecho, mientras que con el izquierdo alzaba el machete responsable de decapitar a la criatura, los orcos volvieron a corear Kâthrum, esta vez tan fuerte que parecían gritos de guerra, el humano no pudo contenerse y se unió a sus ahora compañeros, con un grito, liberando así toda la adrenalina que quedaba en su cuerpo.


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Sáb Mar 02, 2013 1:05 am

Tras aquella victoria, en la arena, Kâthrum se gano un puesto en la tribu de orcos, como uno más, ahora ya formaba parte del clan y es por ello, que como los demás orcos, participaría en las batallas, como un soldado más de la horda, algo que para él jamás había sido una posibilidad, algo de lo que podría sentirse al fin orgulloso, aunque no por ello su vida iba a ser más fácil, pues siempre habría la posibilidad de caer en batalla, pero en estos instantes para el humano, solo cavia la felicidad de sentir que ya nunca jamás, volvería a ser el esclavo de nadie, al fin algo de libertad, sin un amo que le obligara a trabajar, eso hacía que estuviese deseoso de volver a luchar, el nunca negaría que matar le producía una extraña sensación de placer y conforme el tiempo pasaba, Kâthrum se sentía como un orco mas, en una sociedad justa, la cual aceptaba su fuerza a pesar de ser diferente de los pieles verdes.

Su deseo por alcanzar la batalla, no tardo mucho tiempo en ser satisfecho, los orcos son bélicos por naturaleza y lo normal, es que estén siempre peleando aunque sea entre ellos, pero esta vez, sería una batalla real, en la que Kâthrum participaría y en la primera línea, la horda había decidido tomar unas tierras, aunque por desgracia ya habían humanos aposentados en estas, escondidos tras sus muros de piedra, negándose a la lucha en campo abierto, pero si los orcos conquistaban aquel bastión, podría ser una muy buena fortaleza y una perfecta posición estratégica, en contra de otros invasores.

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Las hordas orcas, se extendían por cientos de metros, los ejércitos pieles verdes, siempre son muy numerosos, además de que ver miles de soldados verdes, con aspecto simiesco y que en su mayoría superan los dos metros cincuenta centímetros intimida, pero se necesitaría algo más que el miedo para derrotar aquella fortaleza.
Al caer la noche, las maquinas estaban ya preparadas, listas para catapultar, cualquier cosa, pronto los pieles verdes, estarían preparados para comenzar el asedio, solo quedaba esperar la orden del jefe, todos estaban agitados, impacientes por hacer la primera sangre, sin previo aviso, un grito del jefe estallo dando paso a la batalla, al oír el grito de su líder los demás orcos hicieron lo mismo, el mismo grito que Kâthrum recordaba de la noche, en la que su mansión fue atacada, tras aquel fuerte grito, las rocas empezaron a volar en dirección a los muros, esperando derribarlos abriendo así una apertura que los pieles verdes, pudieran aprovechar como acceso.

Los muros no resistieron demasiado, aquel aluvión de rocas y pronto fueron derribados, los orcos respondieron a ello y empezaron a correr, los pasos de las bestias parecían convertirse en truenos conforme avanzaban, sus pies hacían que el suelo temblase bajo el poder y fuerza de la marea verde, en esta noche los orcos encontrarían la victoria.

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Como el agua que se adentra entre los recovecos, los orcos inundaron la fortaleza, al menor signo de debilidad, extendiéndose por las calles, entrando en las casas para matar a todo ser vivo que se encontraran, para limpiar esta tierra y quedarse la fortaleza para ellos, algo que en un futuro les vendría muy bien.
Yo me había separado de mi grupo, fui de los primeros en entrar de la fortaleza y seria de los últimos, en salir, no podía evitar sentir la emoción, como la adrenalina empezaba a recorrer mis venas, como me invadía un cruel sentimiento afín a la destrucción, el cual en cierto modo me atemorizaba, pero aquellas ansias por la sangre, las ganas de sentir como volvía a arrebatar una vida, me hacía sentir que tenia poder, a diferencia de mis ahora compatriotas orcos, yo no me entretuve con la calaña, yo prefería presas mas ‘’poderosas’’, junto con varios de mis ‘’hermanos’’ me dirigí, hacia la casa que aparentaba tener más poder económico, tras un par de contundentes golpes, la puerta cedió ante nuestra fuerza y nos adentramos en aquella mansión, no buscábamos riquezas, no las necesitábamos, no buscábamos esclavos, solo queríamos destruir aquel lugar y todo lo que en el residía.

Los gritos, la muerte asolaba aquel lugar.
Mis compañeros y yo, logramos acorralar a unas diez personas en un salón, muy parecido al último salón que yo recuerdo, recordaba perfectamente a aquel hombre el cual llamaba el ‘’verdugo’’ algo que me hacia enfurecer, es por ello que tras negar con mi cabeza y apretar los dientes, tras un grito furioso alce mi maza, mis compatriotas hicieron lo mismo, entonces empezamos a matar a cuantos veíamos, cegados por una rabia que no podría describir, por mucho que quisiera.
Poco a poco la vida, de aquel lugar iba desapareciendo, mis compatriotas orcos me dejaron a solas frente a los cadáveres, mi respiración estaba agitada, mientras que mi mano sostenía débilmente mi maza Erigor, la cual tenía la cabeza llena de sangre, mis ojos estaban abiertos como platos, mientas que mi respiración agitada era entrecortada, como si estuviera temblando, lo que antes sentía como euforia, ahora no sabría describir bien de que se trataba, entonces algo me llamo la atención, un ruido, algo que provenía de debajo de una mesa, al parecer la única mesa que había quedado intacta, sea lo que sea, había logrado ocultarse y evitar la matanza, pero aun así, no se escaparía de mi.
Cuatro pasos me fueron suficientes, para llegar hasta la mesa, la cual con una sola mano levante, mientras que con la otra alzaba la maza y desde mi boca, dejaba escapar un sonoro grito.


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

Mensaje por General Zod el Mar Mar 26, 2013 6:06 pm

CAPITULO CUATRO: Sentimientos humanos.

Lo que se ocultaba bajo, aquella mesa era algo que daría un vuelco a mi vida, mis ojos se abrieron como platos ante la visión que me otorgaban, la maza que una vez había alzado en alto no parecía ser ahora tan contundente, mi grito se ahogo ante mi incredulidad, ¿Por qué algo desconocido me producía esa sensación? No lograba entenderlo y en cierto modo eso, me hacía sentir rabia pues lo que no podía comprender, sentía la necesidad de destruirlo, pero contra aquello ni siquiera me sentía con fuerzas para culminar mis primeras intenciones.

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Lo que había detenido las manos del Kâthrum, fue la imagen de una hermosa joven, una muchacha de la edad del humano orco, algo que él jamás hubiera imaginado apreciar, eran tan frágil, sus cabellos eran largos y de aspecto sedoso, tejidos por los más finos tejedores, hebras de dorado color parecían sus largos cabellos, ojos verdes como las esmeraldas, más brillantes que la luz de la luna, su piel blanca como la nieve y de aspecto frágil como la porcelana. El Kâthrum quedo completamente atónito ante aquella visión que vestía, blancas ropas, un orco se acerco para ver el porqué el muchacho se había detenido, pero a diferencia del humano orco, el piel verde no sintió lo mismo que él y trato de arremeter contra aquella hermosa criatura, el joven se interpuso y con toda la fuerza que pudo balanceo su maza y esta, logro impactar en la cabeza del orco confiriéndole una muerte instantánea además de dolorosa, su mentón quedo destruido, la sangre surgió de sus fauces como si la escupiera y su mandíbula, totalmente desencajada incluso sobresalía por su mejilla. El Kâthrum no se arrepintió por lo que hizo, tampoco se amedrento, para vivir con los orcos tienes que ser uno de ellos.
-¡Mía!- Exclamo furioso dando a entender, que esta joven era ahora para él, los pieles verdes son saqueadores y guerreros por naturaleza, así que tras el espectáculo que habían vivido frente a sus ojos, no osaron contradecir la voluntad del Kâthrum y lo dejaron a solas con su ‘’trofeo’’ el cual contemplo aun incrédulo ¿Por qué había actuado así? ¿A el que le importaba aquella muchacha? El no lo podía comprender, pues nunca había sentido algo así.

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La batalla había concluido, los orcos resultaron victoriosos, se adueñaron de la fortaleza y de todo lo que quisieron, mataron a todos y cada uno de los humanos, menos una, la protegida del Kâthrum, la cual a pesar de no tener aprecio por el único humano que viajaba con los orcos, no se separo de el por miedo a los feroces pieles verdes que la rodeaban, algo comprensible teniendo en cuenta que horas antes ellos habían arrasado la fortaleza donde ella residía matando a cualquiera que se interpusiera en su camino.
El muchacho fue caminando, teniendo detrás de él, a la muchacha que miraba asustada hacia los lados, angustiada por la presencia de los orcos, pero cuando llegaron a la tienda del Kâthrum, ella fue reacia a entrar en ella, le tenía miedo a la persona que le había salvado la vida, para el joven era algo incomprensible puesto que no entendía bien las emociones humanas, el había sido criado para la guerra, para combatir y no para tratar con otras personas. La atrapo con su mano y la arrastro hasta dentro de la tienda, ella intentaba resistirse pero era evidente que su fuerza física no era ni mucho menos parecida a la del joven. Dentro de la tienda ella trato de escapar en vano pues Kâthrum no la dejo salir y aunque trato de decirle que se tranquilizara, no sabía hablar bien el idioma de los hombres y solo podía balbucear toscas palabras en la lengua de los orcos, hasta que la final ella desistió de huir, ahora ya con los ánimos más calmados la muchacha permanecía lejos del joven, quien la miraba con interés, pero entonces al observarla mejor vio que tenía un corte en la mejilla, se levanto para dirigirse hasta donde estaba ella, la cual asustada trato de retroceder pero la tienda no era bastante grande como para proporcionarle una vía de escape y fuera estaban los orcos, el humano orco cogió un trozo de ropa y lo mojo en agua, la muchacha no sabía qué hacer pues sentía verdadero pánico y al ver que no podía escapar, cerró los ojos fuertemente intentando pensar en otra cosa, pero cuando sintió la tela mojada sobre su herida abrió los ojos incrédula, el que antes había sido un bruto con ella, ahora estaba curando la herida con un cuidado que ni siquiera parecía que fuera el mismo joven que había evitado su huida. Kâthrum limpio con cuidado la herida de la joven, cuidando de no hacerle daño de ninguna forma, demostrando una delicadeza hasta ahora desconocida en él, la joven no dijo nada y simplemente se espero a que terminara de curarle. –Gracias.- Dijo agradecida y con una voz tan dulce, que el joven casi volvió a sentirse como cuando la vio, todo era tan extraño para él, era como si un ángel hubiera entrado en su mundo.

Esa noche, el joven Kâthrum se quedo despierto, esperando a que la joven se durmiera, pero esta era incapaz de concebir el sueño, pues estaba observando al joven, era tan extraño para ella, un muchacho que vive con los orcos, actúa como ellos y sin embargo, tan diferente de los pieles verdes, a pesar de lo vivido el humano, le había demostrado a la chica que él podía ser delicado y desde luego no es una virtud de los orcos, pero ¿Cómo había llegado hasta aquí un humano? ¿Cómo era posible, que un chico de su edad viviera con los orcos y se comportara como uno de ellos? Esas preguntas la llenaban de curiosidad y le impedían dormir. –Perdona.- Dijo la joven tratando de llamar la atención del Kâthrum quien no le respondió, parecía incluso que la ignorase. –Oye, muchacho.- Trato nuevamente de llamar su atención sin éxito, no sabía cómo entablar conversación con él, tal vez no hablara bien su idioma, así que intento probarlo de otra forma. –Me llamo Helena.- En cuanto escucho ese nombre, el muchacho la miro, pues aunque no entendía muy bien el idioma de los humanos, sabía si algo era un nombre o no él, la miro un tanto extrañado pero trato de imitarla, miro hacia otro lado tratando de vocalizar bien aquellas palabras que había oído de su boca. –Me…- Dijo tosco y sin vocalizar bien. –Me… llamo.- Cuando dijo ‘’llamo’’ lo extendió y mas que una palabra acabo pareciendo un balbuceo, pero al final pudo pronunciar lo que quería. –Me… llamo, Kâthrum.-


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Re: El origen de Hades, el unico Kâthrum.

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