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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Mister Orange el Sáb Abr 06, 2013 11:19 pm

La cacería no es un deporte, es un arte
No es solo tomar el arma y lanzarte al ataque
Si no esperar el momento adecuado, seguir a tu presa
Y cuando esta a tu alcance, actuar, fríamente y sin dudar
Si has actuado correctamente, la presa será tuya
Si has actuado erróneamente, tal solo quedara la vergüenza.

Christian Chacana 06 de abril de 2013

La carne parecía cuero a medio curtir, dura y correosa, pero el Schakal había comido cosas peores, carne con gusanos para sobrevivir en medio del desierto y recordaba en una ocasión que había tenido que romper los huesos con sus propios dientes para succionar la medula que aun quedaba en el interior de estos, por lo que aquella carne no estaba mal, ni siquiera pregunto su origen, de seguro era de alguna alimaña del pantano, como todo lo que había ahí. Sus oídos captaron leves dejos de la conversación que se realizaba a su espalda, aunque esta carecía de gran importancia, excepto por que al parecer seria uno más del montón en esa cacería de animales. Dando un bocado grande a la carne, alguien más llego, aroma a humedad mas no a sudor, por lo que no era alguien que hubiera viajado demasiado o siquiera salido demasiado de casa. Sin girarse escucho, devorando al carne y bebiendo al amarga cerveza, fue cuando sintió la mirada de los demás cuando ladeo su rostro, mirándolos de reojo con una cara nada amigable, de cualquier manera, debió de levantarse, y seguir al grupo, paso a paso la madera rechinaba, mientras la lluvia caía fuera de esos muros.

El Schakal comenzó a analizar a cada uno de los que habían en ese momento, el que más llamaba la atención era un tipo enorme, de por si se veía musculoso y portando una espada de grandes dimensiones, su aroma era a sudor y lodo, por lo que había caminado por el pantano para llegar a ese lugar, de por si parecía poderoso, por lo que habría que tener cuidado y si era necesario, degollarle desde la espalda, seria la forma más simple… después continuaba un guerrero, el cual anteriormente había escuchado decir que era un general o comandante, no es que realmente le importara al Schakal, de cualquier forma, aprecia mas armado y protegido que el anterior, aunque torpemente se quito el casco para “disfrutar” de la lluvia … cosa que al antropomorfo le desagradaba, habría que tener cuidado, sus armas no parecían comunes y su escudo tenia muescas por las batallas, habría que vigilarle y atacar en el momento indicado. El siguiente guerrero era algo extraño, su aroma no era como el de los demás, ya que encontraba cierto rastro que no correspondía a un guerrero … de cualquier manera, la colección de trofeos que llevaba y sus armas, decían que era alguien que se debía de vigilar, el Schakal no se disponía a ser una nueva adquisición para aquel individuo. Los otros dos carecían de importancia, parecían simples novatos y aunque el ballestero podría ser de interés, de seguro terminaría clavándose un virote directamente en su pie y moriría estúpidamente.

A la vez que el Schakal analizaba a sus “compañeros” para no decir simplemente “utensilios”, pudo escuchar las preguntas que realizaban, fue la pregunta del más grande lo que hizo que sus orejas se movieran para escuchar mejor, aunque el maldito sonido de la lluvia contra le metal de esa armadura era molesto, con un poco de concentración pudo callar ese sonido y concentrarse en las voces … atentamente las analizo, era natural que había gato encerrado en aquello y que era normal que no contaran mucho, aunque había que ser imbécil como para quedarse únicamente con las palabras y el silencio de quienes “contrataban”, pero realmente lo que hizo hacer una mueca de claro desagrado, molestia y como no, ironía fue al contestación de aquel individuo que hablo de ultimo.

-No hables como imbécil humano, si eres una cría de teta que no comprende lo que es jugarse el cuello en la batalla deberías de colgarte ya mismo … quizás a ti te importa poco a donde nos enviaran o que deberemos de hacer precisamente … si tu bailaras como un mono por una moneda de plata, hazlo en silencio y donde nadie te observe, porque si con tus actos, me haces sudar más de lo necesario, seré el primero en degollarte y usarte como cebo para las bestias-

Al Schakal no le importaba si con sus palabras conseguía que le odiaran, estaba acostumbrado, pero no arriesgaría el pellejo por unas simples monedas de plata u oro y aun menos se jugaría el cuello por tener a seres tan idiotas o ignorantes como compañeros si estos como idiotas se lanzaban de hocico contra un animal para saber si duerme o no. Si alguno le retrasaba, simplemente seria un cadáver más que saquear cuando terminara
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Abr 07, 2013 1:21 am

Ya que estábamos en el exterior, y ya había terminado todo el problema de descubrir quien era aquel hombre que había venido a nosotros podíamos dedicarnos a hablar mientras le seguíamos, yo por mi parte ya me había dado por vencido con Mack, así que me concentré en responder a todo lo que no había respondido antes. Al primero fue a Khaelos, empezando por sus palabras ante mis sospechas.-Eso espero, Khaelos... Eso espero, porque no me gusta jugarme la vida sin saber la razón.-Hice una pausa, recordando las palabras anteriores, y sonreí.-Por cierto... Matar dragones lo puedo hacer sin necesidad de unirme a tu causa, y lo sabes bien.-Le miré esbozando una sonrisa pícara que no podría ver por culpa de mi yelmo.-Si quieres tentarme debes buscarte una excusa mejor... Lo de ser soldado no estaría mal, pero no entiendo por que deberías necesitarme para un cargo tan simple ¿Acaso andas escaso de unidades básicas?-Lancé una carcajada que resonó en el casco de metal.-No es que aspire a puestos de importancia, sabes bien que lo de los títulos no me quita el sueño, viviré igualmente tanto si me llamas Lord Bloodbane, como simplemente Arthur. Solo que se supone que los soldados deberían salirte ya por las orejas.

Realmente era cierto mi titulo de Lord, no por nada era el primogénito de los Bloodbane, y mi fortaleza en Keyback daba un buen aviso de que las tierras del alrededor me pertenecían... Pero jamás me había sentido superior por eso, el título eran solo unas palabras añadidas al nombre para sentirse más grande. Por algo tenía a presentarme solo con mi nombre, y no con mi apellido. Me giré entonces hacia Enya, el caballero nórdico para cambiar un par de palabras con él... o ella, puesto que no lo había aclarado, pero sus palabras en la taberna me hicieron sonreír, no eran típicas.-La diversión puede estar bien, pero no si me juego la vida. No se tú, pero me interesaría seguir vivo un tiempo más, y no acabar el día como la cena de alguna bestia.-Hice una pausa, acercándome más a su persona, y bajando un poco la voz, en un intento de que el menor numero de persona nos escuchase, principalmente porque no quería incomodarlo.-Por cierto, respecto a lo de tu sexo... Ningún hombre que se enorgullezca de serlo dejaría en el aire su masculinidad o posible feminidad... No insinúo nada, pero te comunico de mi parte en que no tengo problemas en pelear al lado de guerreros de cualquier sexo. No me importa lo que tengan entre las piernas, si no como manejen sus armas. Y se bastante bien que hay mujeres mucho más fuertes que algunos hombres. Dicho esto... Espero que seas tan buen guerrero como aparentas.

Momentos después Dante comentó sobre lo del trabajo y los secretismos, desde luego no compartía su visión, pero antes de decir o hacer nada el schacal se nos adelantó lanzando unas potentes amenazas al hombre. Desde luego era duro, pero no parecía muy buen compañero, si debía hacer equipo con él tendría un ojo bien abierto. No me solía dejar guiar por los rumores sobre las razas, pero en él parecían cumplirse perfectamente.
No hice comentario alguno al respecto de esto, y simplemente continué avanzando junto a Enya y Khaelos.

Tardamos unos minutos más, pero finalmente llegamos ante una puerta incrustada en el tronco de un árbol. Yo me alegraba realmente de poder quedar a cubierto de nuevo. La lluvia no terminaba de hacerme mucha gracia, el agua se filtraba por las rendijas de la armadura y me empapaba. Además, el sitio tenía un leve ambiente frío que no terminaba de gustarme. Estaba acostumbrado, al fin y al cabo los montes fueron mi hogar durante mucho tiempo, y aun los visitaba constantemente, el frío el agua y la nieve eran toda una costumbre, pero no quitaba que me molestase.
Mack abrió la puerta y nos hizo un gesto para que pasásemos, algo que no dudé en aceptar y velozmente me colé antes que todos los demás y entré el primero apresuradamente.
Dentro el ambiente era bastante más seco, aunque aun se podía notar humedad procedente de las paredes, pero hacía bastante menos frío y estábamos resguardados de la lluvia que caía en forma de finas gotas.

La luz de la estancia entraba por las ventanas de forma tenue, pues entre las nubes y el sol que ya había comenzado su descenso hacía ya horas no quedaba mucho que pudiese darnos para ver. En las paredes pude ver algunos candiles colgados y apagados, que nuestro guía se apresuró a encender, haciendo que pronto el lugar quedase más visible. Aunque tampoco había mucho que ver. Era una sala con una mesa redonda en el centro, fundida con un pasillo curvo en el cual nos encontrábamos, el cual no medía más que un par de metros y por lo amplio que era casi parecía una prolongación de la propia habitación. Allí no había más que unas cuantas sillas rodeando la mesa, y una alfombra bajo esta. En algunos puntos de las paredes habían estanterías repletas de libros, y lo único destacable más de aquel lugar eran unas escaleras que ascendían, y una puerta al fondo y a la derecha.

-Esperen aquí sentados, en seguida vuelvo con el señor Dan, pónganse cómodos.-Nos dijo Mack un momento antes de subir por las escaleras y perderse de nuestra vista al girar una esquina del piso superior. Pasaron apenas tres minutos hasta que volvió a aparecer.

[...]

Volvió con un hombre anciano acompañándole, bajando las escaleras con cuidado. Era una cabeza más bajo que él, y prácticamente el doble de... ancho... Pero no de mi tipo de anchura, ya me entenderéis. Iba cubierto con una túnica de color que antiguamente habría sido blanco, pero que ahora lucía un deslustrado color grisáceo. Tenía un rostro lleno de profundas arrugas y ojos hundidos de color pardo. Andaba apoyándose en un bastón de madera retorcida y con paso lento pero firme. Sin duda parecía estar en un estado de edad bastante avanzado, pero que intentaba mantener la fuerza de la juventud que hacía años que había perdido.
Sus ojos se pasaron por nosotros unos segundos antes de hablar.

-Oh... Están todos... Bien, bien... Será mejor ir al grano con este asunto, no tenemos todo el tiempo del mundo y ya bastante hemos perdido... Soy Dan, y soy quien os ha contratado para esta misión. Veréis, necesito que cacéis para mi unas cuantas presas. Son muy importantes, o al menos, ciertas partes de ellas. Necesito que me traigáis dichas partes, pero hay un problema, las necesito en perfecto estado, así que vais a tener cuidado, no podéis ir a lo loco y destrozarlos para traerme solo un montón de trocitos. Otro de los problemas es el tiempo, los necesito pronto, y esas bestias se encuentran dispersas, es por ello que os ayudaré a llegar hasta el lugar donde habitan, una vez allí deberéis apañároslas solos. Creo que podréis, no por nada os he seleccionado... A la mayoría, al menos.-Hizo una pausa, como intentando recuperar el aliento por el esfuerzo de hablar tanto.-Otra cosa... Para acortar tiempo, y dado que sois seis, os voy a dividir en dos grupos... Veamos como lo hacemos... Vosotros tres, los de las armaduras, vosotros seréis uno... Los otros, el ¿Schacal? Si, creo que os llamabais así... Pues eso, el schacal, y los otros dos vais a otro. ¿Alguna duda?

Miré a Enya y a Khaelos... Parecía que compartiríamos grupo, sonreí de nuevo en el interior del yelmo, me alegraba que me hubiese tocado con buenos guerreros. Pero ante las dudas, salí el primero.-Una pregunta ¿Contra que vamos a enfrentarnos?

-Oh... Que poco paciente, aun no os he dicho ni que quiero que me traigáis, ni que no debeis hacer, ni tan siquiera el como llegar. Y ya estás pidiéndome datos sobre la bestia... Bueno, bueno, ya iremos a eso, primero, acompañadme, debemos darnos prisa, tengo que llevaros hasta ellas.

Sin decir más, caminó hasta la puerta del fondo de la sala y la abrió, internándonos en otra habitación para la cual debíamos bajar unos cuantos peldaños. Le seguí, pues no tenía más remedio, pero sin duda estaba empezando a enfadarme. Decía que tuviese paciencia, pero a la vez nos pedía prisa. Desde luego estaba claro que no quería decirnos algunas cosas... Pero no me explicaba la razón. Llegamos a una sala iluminada por candiles de llamas verdes, con varias puertas en las paredes. Había tantas, y tan juntas que costaba imaginar que pudiesen haber habitaciones al otro lado. El alquimista fue mirándolas una a una, hasta que llegó a una en la que aparecía grabado a fuego una serie de ondulaciones con un sol encima, y al encontrarla asintió para después mirar la de al lado, que representaba un ancla y dos peces saltando a los lados y repetir el gesto. Se paró entre ambas y nos miró, señalando al primer grupo e indicándonos que nos pusiésemos en un lado, y al otro en el contrario.

-Vosotros, los primeros, iréis a Phonterek, a la costa. Allí os encontrareis a un amigo mío llamado Charlie. Él os indicará la posición de la bestia y como llegar a ella. Necesito que me traigáis sus conchas. Las conchas son unas escamas duras que crecen en su espalda. Eso significa que no podéis atacarle por ahí. Si queréis dañarlo podéis hacerlo en el pecho o rostro.-Después se volvió hacia los otros.-Vosotros iréis al desierto, a Loc-Lac, os encontrareis con Scorpion, otro amigo mio. De vuestro objetivo lo que quiero es la cola, pero la piel pierde las propiedades que busco si se humedece, de forma que tendréis que impedir que esto ocurra. Parece sencillo tratándose de un desierto, pero esas criaturas cuando están muy débiles huyen hacia los oasis, por lo que no podéis dejar que huya, o al menos, que no alcance su objetivo. Cuando volváis os hablaré de las siguientes.

Sin decir nada más, se dio la vuelta e impregnó los pomos de la puerta con algún tipo de sustancia que parecía haber ocultado en el interior de sus amplias mangas. Cuando las abrió, al otro lado no se veía lo que debía ser una habitación, si no algo completamente diferente. En la puerta que nosotros teníamos delante se veía una sala de piedra y madera, el olor a sal y una brisa marítima se colaba por el hueco de la puerta.
En la otra se podía ver una sala de piedra blanquecina con unos hombres sentados en una mesa baja. Se notaba un aire cálido salir de aquel lugar, y la luz que entraba por las ventanas indicaba que el sol estaba terminando su ciclo, pero que aun quedaban indicios de que aun pasarían unas cuantas horas hasta que llegase la noche. Y sin duda no había rastro de lluvia.

-Antes de que preguntéis, estas son Las Puertas de las Ciudades. Las ciudades más importantes de Noreth se hayan conectadas por una serie de pasillos mágicos, guardados por gente como yo que los vigila. Esto permite una rápida comunicación entre nosotros en caso de necesidad. En este caso os servirán para viajar a vuestro destino sin perder tiempo. Suficiente explicación por ahora. Cruzadla y comenzad la caza.

Se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras, dando por sentado que no iba a decir más. Mack se quedó allí de pie esperando a que nos marchásemos. Yo, sin más remedio crucé la puerta que llevaba a Phonterek según nos habían dicho...

[...]

-Así que vosotros sois los cazadores... ¿Eh?-Nos recibió una voz una vez estuvimos al otro lado y con la puerta cerrada. Era un hombre alto y vestido con ropa normal, tenía barba de un par de días, y desde luego no tenía pinta de mago por ningún sitio. Pero su presentación nos confirmó que era el amigo del alquimista.-Soy Charlie, y Dan ya me avisó que veníais aquí... Así que vais a por el bicho. Mm... No creo que os sea fácil, es duro, pero si él cree que podéis hacerlo no dudaré de él. Bueno, solamente tenéis que salir, el primer barco que veáis, llamado "El Albatros Verde" es el que os llevará. Yo me quedaré aquí esperando vuestro regreso, tened suerte, la necesitareis... En el mar, las batallas no son fáciles.

Quedé repasando sus palbras, e intentando sacar toda la información que pude. Lo que deduje no me gustó.-Te refieres... ¿Vamos a cazar a una bestia acuática?

-Efectivamente... ¿Dan no os avisó? El capitán no está nada contento, sabe que ese condenado puede llegar a hundir el barco, y no le gusta la idea, pero logramos convencerle, su tripulación no creo que os ayude mucho, se van a dedicar a remar y velar por sus propias vidas, no se lo echéis en cara, bastante hacen ya dejando el barco para cazarlo...-Dijo tranquilamente... Al parecer el hombre no tenía ni idea de la desinformación que Dan nos había dejado.-Bueno, será mejor que os embarquéis pronto, no creo que os esperen todo el día. O lo que queda de él.

Me giré hacia Khaelos y Enya bastante molesto. Caza en el mar... No era precisamente fácil, todos llevábamos armadura, y no eramos expertos en ese tipo de combate, al menos yo, y no tenía constancia de que el conde hubiese hecho muchas peleas de ese tipo.-Maldita sea... Vamos a cazar a una criatura capaz de hundir barcos en plena mar y sin saber nada de ella. Fantástico... Cada vez tengo más ganas de decirle unas cuantas cosas a nuestro querido Dan...

-Mm... Así que en el mar...-De pronto, Grahim estaba de nuevo con nosotros, con una sonrisa malvada y contemplándonos a los tres.-Os lo dije... Con esas armaduras os hundiréis.

-... Mira, Grahim, no se si te has dado cuenta de algo, pero tu estás vinculado a la espada, y si yo me hundo tu también, así que si no quieres pasar el resto de tu eternidad burlándote de los peces más te vale empezar a rezar porque el barco no se nos hunda.

Mientras, muchos kilómetros más lejos, en el desierto de Loc-Lac se encontraban Snarl el schacal, Dante, y AndeRKan. Los tres habían aparecido en una casa a las afueras de la ciudad, donde un hombre de piel bronceada y vestido con ropas de tela fina les recibió con el nombre de Scorpion. Les explicó que su presa se trataba de una bestia capaz de nadar por las arenas como si se tratasen de aguas, y que se encontraba a unas pocas horas de viaje de la ciudad. Una vez indicada la dirección en la que tendrían que partir, el grupo pudo ponerse en marcha.
Cuando el sol ya estaba tornando el cielo de naranja, y la amenaza del anochecer se cernía sobre ellos con las frías noches del desierto, vieron en la distancia los movimientos de las arenas y el levantamiento de las mismas. Continuaron el camino, preparados para el combate, pero sorpresivamente una de las figuras pareció detectar su presencia, y sin que se percatasen se hundió en las arenas. Segundos más tardes emergió bajo ellos, justo delante del hombre de la ballesta. No llegó a tocar a ninguno, pero el humano se llevó el mayor susto de su vida, cuando las fauces de lo que parecía asemejarse a una especie de tiburón martillo del color amarillo apagado de la arena apareció ante él, abriendo sus grandes fauces en las que fácilmente podría haber cabido entero. Aquello fue el aviso para el grupo de que la cacería daba comienzo...


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Off: Explicaciones en el post táctico, recomiendo encarecidamente leerlo, porque es realmente necesario. Gracias.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Abr 10, 2013 5:45 am

Enya no tardó en responder acerca de lo que había sucedido con el espíritu, momento en el que no pude evitar sonreír y responderle, negando con la cabeza:

-No éste, créeme. Al menos hasta la fecha, no le he escuchado decir cosas que sean de interés general. Su mayor afición es molestar a los vivos. Supongo que por envidia.-

Tras eso le dediqué una sonrisa torcida al espíritu, en señal de que me caía tan bien como yo le caía a él. En ese momento, Enya se apartó el protector que cubría su boca para así poder beber cerveza cómodamente. Aquello me hizo alzar una ceja, principalmente por el hecho de que, al parecer, solo los zhakheshianos teníamos la costumbre de mostrar nuestros rostros ante los que iban a acompañarnos en la batalla. Sin embargo, pude fijarme que no tenía ni un solo pelo en la barbilla y su voz era más suave de lo que podría ser para un hombre adulto, de modo que, o era un muchacho muy joven, o era una mujer. Prefería inclinarme hacia la segunda opción aunque aún no lo tuviera claro. Si era un mozuelo, sería todo fachada, pero si era una mujer la que arrastraba todo aquél equipo, sin duda sería una fiera compañera. Dante se presentó a su vez cuando yo lo hice, y en ese momento le respondí con un asentimiento de cabeza, dando a entender que me honraba su presencia:

-Una dura campaña, por lo que he oído. Por aquél entonces yo estaba en los grupos de guerrilla contra el Imperio, cuando los Cuchillas eran un regimiento del ejército. No tienes nada que envidiarme, debo decir. Es un honor compartir batalla contigo en esta... Peculiar misión que vamos a tener que emprender.-

Reí levemente, pues él sabría bien a qué me refería. Los grupos de guerrilla se pasaban días enteros en movimiento, comiendo poco y durmiendo menos, combatiendo constantemente entre los árboles y los pantanos, tragando lodo constantemente. Poco después devolví mi atención a Enya, y cuando le pregunté por su sexo ella me respondió de manera que no pude evitar sonreír ampliamente y le respondí, encogiéndome de hombros:

-En mi tierra es importante saber al lado de quién se combate y se muere, Enya, de ahí que yo vaya con el rostro descubierto. El sexo no es lo que marca la diferencia, eso lo tengo bien claro. Más que nada es por comodidad que quiero saberlo. Se me hace difícil hablar con alguien sin un sexo definido.-

Poco después salimos al exterior, sitio en el que tuvimos que mantener nuestras conversaciones pendientes. Arthorius y Enya se mostraron de acuerdo con mis palabras, pero lo que dijo Dante me hizo fruncir levemente el ceño. Aunque compartía su pensamiento de que era mejor que nos respondiera el maestro, esa despreocupación que mostraba no me resultó agradable. Al parecer él estaba más adoctrinado que yo como soldado. Si le daban una orden o una misión, la cumplía sin más. Yo antes me preguntaba el por qué. Enya también habló acerca de por qué me dejaba mojar la cara por la lluvia, momento en el que le respondí, girándome y sonriéndole levemente:

-¿Si llueve mucho en mi tierra? Lo que me sorprende es que Zhakhesh no sea ya un mar interior. Estamos tan acostumbrados a la lluvia que es cuando sale el sol que decimos que hace mal día.-

Quien respondió a Dante fue ni más ni menos que el schakal, quien demostró ser bastante veterano en aquellas cosas, y no pude evitar estar de acuerdo... En parte. El vocabulario que usó y cómo se refirió a mi compatriota no me gustó, pero las formas no quitan la razón de las palabras. Al menos para mí, claro. Finalmente Arthorius me respondió a lo que le dije, y ante sus palabras dije, riendo levemente:

-No te preocupes, sabremos la verdad en algún momento, y dudo que sea demasiado tarde. Sobre lo de unirte a mi causa... Necesito contar con cada espada capaz que quiera ayudarme a destruir el Imperio, y prefiero contar con gente de confianza. Además, tal vez puedas matar dragones por ti mismo, pero... ¿Acaso los tienes tan bien localizados como nosotros? Y sobre lo de los soldados... Jé, no tengo pocos, pero siempre se pueden tener más, y mientras hayan catres libres, comida y sueldo garantizados para los nuevos reclutas seguiré reclutando.-

Las palabras que entonces le dedicó a Enya me hicieron asentir y escuchar. Cuando acabó de hablar me giré y le dije, compartiendo las palabras de mi amigo:

-Y yo opino lo mismo que él. En mi tierra uno no se gana las cosas por su sexo si no por sus capacidades. Cubre nuestras espaldas como nosotros cubriremos la tuya y deja que sea tu espada quien pruebe tu valía. Con eso me basta para que nos llevemos bien.-

Tras un rato andando, finalmente llegamos a una puerta que nacía del tronco de un árbol. Según Mack nos indicó, aquella era la casa del alquimista, y uno por uno fuimos pasando por el umbral, siendo yo el último en entrar mientras me deleitaba con la lluvia unos últimos instantes.

En el interior de la casa se estaba considerablemente mejor, un ambiente más cálido y estábamos resguardados en parte de la humedad exterior. Escasa era la luz que iluminaba la estancia, aunque con lo vacío que estaba el sitio realmente tampoco importaría si no hubiera luz. Mack nos dijo que nos pusiéramos cómodos y eso hice, sentándome en el primer asiento libre que vi que no fuera de tela o algo por el estilo. No quería ensuciar de barro y lluvia más de lo debido.

Para cuando el asistente volvió, lo hizo acompañado de un anciano quien rápidamente quedó claro que se trataba ni más ni menos que de Dan, el alquimista, un hombre viejo y bastante gordo, el cual seguramente había llevado una vida bastante acomodada. De todos modos, su paso seguía siendo firme, reflejando fuerza en esos viejos huesos. Tras examinarnos, el hombre empezó a hablar con velocidad, diciendo que quería algunas presas para que le lleváramos algunas de sus partes en perfecto estado, y que teníamos que hacerlo pronto, aunque para ello nos facilitaría algún medio de transporte. Por último, se nos dividió en grupos, mandándonos a Enya, Arthorius y a mí en uno, y a los otros tres en otro.

Arthorius fue el primero en hablar preguntando algo, pero el anciano interrumpió la conversación, mostrando que, en efecto, no parecía muy interesado en darnos más explicaciones de las que él creía pertinente darnos. A punto estuve en varias ocasiones de agarrar la daga y ponérsela al cuello, pero sabía que aquello no iba a ser más que un problema. No, aún no haría las preguntas. Mataría, me fortalecería, y cuando todo acabara, entonces le preguntaría antes de brindarle las piezas.

Rápidamente nos guió hacia la puerta del fondo, abriéndola y haciéndonos entrar en el pasillo, pidiéndonos prisa él pero cuando nosotros la metíamos nos decía que no lo hiciéramos. Sin duda, iba a tener una intensa charla con él cuando acabara todo el asunto. Finalmente llegamos frente a una puerta y señaló al grupo de la armadura, diciéndonos que íbamos a Phonterek, a la costa. Aquello me hizo alzar una ceja, en parte gustoso de saber que iba a volver a la ciudad que se podría decir que era mi segundo hogar. Teníamos que lograr conchas de un monstruo marino y traérselas en buen estado. No parecía muy... Difícil. De no ser, claro, porque íbamos embutidos los tres en malditas armaduras pesadas. ¿¡En qué demonios pensaba el alquimista!? A los demás no sé, pero el adjetivo “marino” a mí me dio mucha mala espina.

Tras impregnar las puertas con una extraña sustancia que guardaba en frascos al interior de sus mangas, las abrió y allí nos mostró que, en realidad, consistían en una especie de portales vinculados a los sitios de destino. No hizo falta que Dan me explicara para saber qué eran, a juzgar por lo que vi. Así pues, tras Arthorius, me metí en la puerta.

En Phonterek nos topamos con el tal Charlie, quien nos dijo que agarráramos un barco llamado “El Albatros Verde”, el cual nos llevaría. Cuando dijo que las batallas en el mar no eran fáciles tuve que morderme la lengua, pues aquél hombre no era culpable de que estuviera molesto y que, por desgracia, quedara confirmado de que nos íbamos a enfrentar a una bestia marina. Suspiré, pero no dije nada. Aquél hombre no era culpable y parecía ignorar el desconocimiento total que teníamos de la situación. Cuando Arthorius habló, me giré hacia él y le respondí, expulsando aire por la nariz en señal de estar algo enfadado por la situación:

-¿Decirle unas cuantas cosas a Dan? Después del lío en el que nos ha metido lo que yo tengo ganas es de rajarle el vientre y ahorcarle con sus propios intestinos. De momento parece que deberemos quitarnos las armaduras en el barco. Si caemos al agua, al menos no seremos comida para los peces.-

Fue entonces cuando Grahim apareció, sonriendo mientras nos miraba. Le fulminé con la mirada, pues el espíritu no hacía más que recalcar obviedades. Arthorius le respondió, diciéndole que si él se hundía el espíritu iba con él, y dudaba que le hiciera gracia quedarse para siempre burlándose de los peces. Decidí ignorarlo, sacudiendo la cabeza y me dirigí el primero hacia el barco:

-Bueno, cuanto antes acabemos esta pantomima, antes podremos preguntarle al anciano por qué demonios quiere todas esas cosas y, sobre todo, por qué demonios nos ha dado tan pocos datos sobre sus planes. Yo no sé vosotros, pero al menos yo tengo claro que antes de entregarle nada primero exigiré respuestas, y si nos miente... Que los dioses se apiaden de él porque yo no lo haré.-

Tras eso me encaminé al barco, localizándolo rápidamente. Tras subir e identificarme, le pregunté al capitán sobre los camarotes, y me dirigí hacia el que el hombre me indicó. No me fijé si era individual o compartido, ni lo grande que era. Sencillamente me cercioré de que podría dejar la armadura allí y cerrar con llave. Una vez dentro del camarote, mientras esperaba a que zarpara me dediqué a desatar las cinchas y correas que mantenían a mi cuerpo protegido tras las capas de mithril. Finalmente, cuando lo único que cubría mi cuerpo eran mis botas militares, mis pantalones de terciopelo y mi chaleco con el símbolo de los Cuchillas en la espalda, todo de negro. Ya no era una mole de metal, si no un hombre en el punto culmen de su poderío físico. Tras eso, me dediqué a readaptar mi equipo. Como siempre, la espada bastarda ceñida a mi cadera izquierda, la maza en mi cadera derecha, la ballesta y el escudo colgando en mi espalda, la daga sobresaliendo por mi costado derecho, y por último, la espada corta que había hallado en Theezeroth era lo único que había cambiado de lugar, llevándolo ahora ceñido a la cadera derecha. Aunque no era tan diestro con la zurda como con la derecha, sabía algunos trucos para poder manejar dos armas a la vez. Con no usar ambas de forma indistinta, y sobre todo, sabiendo que el arma principal era la bastarda y la corta no era más que un complemento bastaría. Decidí tumbarme en el camarote, sacando el códex tenebrarum para repasar conjuros y matar el tiempo hasta que tuviera que combatir. Si alguno de mis compañeros quería hablar conmigo... Que lo hicieran, cualquier cosa era mejor que sencillamente esperar a que gritaran que estamos bajo ataque.
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Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Vie Abr 12, 2013 4:52 pm

Caminamos unos minutos más, los cuales pasé hablando casi únicamente con Khaelos, hasta entrar dentro de una casa-árbol como si de ardillas nos tratásemos y que Dan nos indicara que ya habíamos llegado. El lugar era lóbrego, la humedad rezumaba por las paredes de forma intensa, pero yo apenas era capaz de notarla porque tenía el cuerpo empapado a causa de la fina lluvia que me había caído sólo un par de segundos atrás. No había mucho que decir de él, pues su austera decoración basada en unas cuantas sillas y una mesa redonda en el centro dejaba mucho que desear frente a las exquisitas obras de arte que estaba acostumbrada a ver en casas de gente tan importante como supuestamente lo era Dan. Pensé que aquel alquimista no quería llamar la atención, lo cual explicaría la localización tan remota de aquella casa, así que dejé de darle vueltas al asunto. Me senté, desprendiéndome el yelmo por completo y a continuación hice lo propio con la capucha de cota de malla que cubría mi cabello pelirrojo y rizado. Dejé caer la única trenza que tenía por mi hombro y la escurrí para que saliese todo el agua posible. A continuación miré sonriendo a los integrantes del grupo, en especial a Khaelos, y les dediqué unas palabras.

-En efecto, soy una mujer. En mi tierra mujeres y hombres luchamos por igual, pero tenía entendido que en otros lares no es así, con lo cual oculté mi aspecto físico bajo la armadura para poder combatir sin remilgos de mis compañeros. Sin embargo, Khaelos, Arthorius, de momento me habéis demostrado ser más listos de lo que pensaba, así que me parece que me dejaré el yelmo fuera un rato. –

Dicho esto, me recosté hacia atrás esperando a que volviese el aprendiz, quien se había quitado de en medio justo antes de yo revelar mi sexo en dirección hacia la planta de arriba.

Mack volvió transcurridos unos minutos. Lo acompañaba un hombre anciano, sin apenas pelo y que necesitaba de un bastón para bajar lo peldaños. Su corpulencia lo hacía difícil de pasar por alto, pero además la ropa de aspecto antiguo que llevaba aún lo convertía en objeto de más dudas por mi parte. ¿Para qué podía querer un tipo tan viejo como él piezas de monstruos? Lo cierto es que varias respuestas a esa misma pregunta me rondaron la cabeza, pero no consideré ninguna lo bastante educada o poco ofensiva como para decirla en voz alta, con lo cual me callé y continué mirándolo hasta que bajó frente a nosotros.

Tras presentarse y dar algunas indicaciones, nos dijo que lo siguiéramos, cosa que todos (al menos todos los que yo alcancé a ver) hicimos. Entré justo detrás de Arthorius y Khaelos a una sala iluminada con luz de color verde pálido proveniente de unos candiles a los costados. Había una serie de puertas colocadas en la pared, tan juntas que desde un principio me costó creer que hubiese habitaciones tras ellas. A continuación el alquimista se frenó frente a dos de las tantas puertas y las observó asintiendo frente a las dos, después nos separó en los dos grupos que había formado previamente y sacó un par de frascos de sus mangas como un asesino lo hubiese hecho con dagas. Mientras Dan explicaba lo que eran yo imaginaba en mi mente una idea muy alejada de lo que descubriría en unos instantes. Al abrir la puerta me dio el olor a mar, esa fragancia salada e inconfundible, y poco después me pareció escuchar el rumor de una ola. Estaba patidifusa, pues todo lo que veía tras la madera tallada de la puerta era una sala gris fabricada en piedra y de apariencia normal. Desde luego aquel Dan era bastante bueno en lo que hacía si era capaz de conectar dos puntos tan lejanos como la ciénaga y la costa.

Finalmente me introduje por el marco de la puerta detrás de los dos gigantes con armadura, aunque no sin antes dudar unos segundos tras la acción del alquimista. Como yo jamás había visto uno me resultaba confuso que necesitase tantos guerreros para cazar unas cuantas bestias cuando él era capaz de unir dos pedazos de tierra con una puerta y un poco de cataplasma, ¿acaso no tenía suficientes ungüentos para luchar él mismo?
Fuere lo que fuere, decidí no darle más vueltas y centrarme en la explicación del nuevo sujeto frente al que habíamos llegado. Éste también se presentó antes de nada, lo hizo como Charlie, el amigo de Dan, y después prosiguió con una larga charla en la cual mencionó un par de palabras que me hicieron muy poca gracia. A continuación nos despedimos de él y caminamos por el lugar rumbo al puerto, donde encontrar “El Albatros Verde” fue coser y cantar. Embarcamos y me apresuré para preguntar por los camarotes. Un marinero me indicó el camino, cosa que le agradecí con un simple asentimiento de cabeza y sin palabra alguna, pues ya me había recolocado el yelmo y no me apetecía escuchar el eco de mi propia voz rebotando en el metal.

Una vez en el camarote, el cual por lo visto era compartido con el guerrero de la larga melena blanca (y supuse que también con el gigante de metal), me dediqué a desatar las cinchas de cuero que mantenían el acero oscuro pegado a mí y a amontonar las piezas de la indumentaria sobre una panoplia que había allí, teniendo cuidado de que nada pudiese caer con el movimiento del barco. Seguidamente até bien fuerte la espada de mi madre a la cintura y me cercioré de que llevaba suficientes flechas que disparar pasando por encima de su parte trasera la yema de mis dedos.

-¿Leyendo un poco para concentrarte? – Le pregunté a Khaelos, intentando sacar un poco de conversación para no aburrirnos hasta entrar en combate.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Sáb Abr 13, 2013 4:16 pm

El cazador se encuentra solo
Ya que solo se puede valer por si mismo
Confiar en los demás te vuelve débil
Porque te confías en la voluntad ajena
La cual es más frágil que una rama seca al viento.

Christian Chacana 12 de abril de 2013

Se puede definir el mundo como un lugar inhóspito, donde este te ataca continuamente y se debe de luchar contra él para sobrevivir. Los Schakales desde que abren sus ojos, son criados de esa forma, para sobrevivir, ya sea de una u otra manera, se les enseña que deben apoyarse en la jauría, y que deben actuar como una unidad … realmente Snarl contradecía eso, prefería la soledad, trabajar en solitario y el mismo enfrentar las dificultades, no solamente era fuerte, era inteligente, astuto y por sobre todo … inescrupuloso, por lo que traicionar a sus compañeros y colaboradores, no le causaba ningún problema en lo absoluto, incluso en la mente del Schakal, era agradable escuchar sus gritos, ya fueran hechor por sus garras o por las de alguna bestia. Amas ahora debía de trabajar, como era costumbre, con otros mercenarios, así era la vida que había escogido y aun a pesar de que no gustaba de las ataduras y de cualquier cosa que le restringiera su libertad, el tener que trabajar con extraños y desconocidos, era algo que siempre le dejaba con un sabor amargo y un claro descontento y molestia.

No le importo si el humano le respondía con amenazas o gimoteos de mujer pariendo, tan solo esperaba que terminara muerto lo antes posible y que a consecuencia, hiciera algún bien con su inexistencia. El agua no paraba y esta le molestaba, para quien ha crecido en el desierto y el llover es un acontecimiento curioso, el agua de ese momento se metía entre los jirones de su armadura y mojaba su piel, y por ende, más de un gruñido de molestia dio o cuando el agua se metía por su nariz, un estornudo, no fue hasta que cruzo la puerta de aquel árbol que se sacudió cual perro, salpicando agua por todos lados, sin mucho cuidado y es que tampoco deseaba de tenerlo.

Mientras se ponía algo mas cómodo, al apoyarse contra una columna de madera, llego al parecer quien les había “llamado y contratado” un viejo … un maldito viejo que parecía una bola de grasa senil, el Schakal gruño con desagrado, no le gustaba cuando trabajaba para viejos, la ultima vez, la misión había sido un desastre, le habían traicionado ante sus ojos, cosa que aun hacia que su sangre hirviera, a pesar de ello … había sobrevivido, no sin llevarse con el varias heridas y cicatrices que seguirían doliendo hasta ese momento. Las explicaciones del seboso de poca utilidad fueron, únicamente que le tocaría con el soldadito y el ballestero… extrañamente… tenía la sensación de que ambos terminarían muertos estúpidamente.

Fue después de que avanzaran hasta llegar a las puertas y que el seboso embetuno de su grasa las puertas, que el Schakal suspiro para avanzar, mas lo que había tras esa puerta no solamente le agrado… si no que a la vez le repugno enormemente. Quien le recibo se presento como Scorpion, debía de cuidarse de su veneno, la explicación fue sencilla, mas la bestia no lo era, un tiburón de arena … el Schakal recordó algunos relatos de su infancia, cuando los más ancianos decían que aquellas bestias podían ser igual que los tiburones mas allá del desierto, rápidos, fuertes y voraces, capaz de comerse un hombre de un bocado y de ser tan despiadados que no perdonaban a quien sangraba … mas palabras no fueron necesarias, por lo menos para el Schakal, tan solo al salir de ese lugar, el ardiente sol golpeo su rostro y el sentir la arena entre sus patas hizo que fuerzas renovadas volvieran a su cuerpo. Se pusieron en marcha de inmediato, mas no antes de llevar lo necesario para internarse en el desierto… agua, mucha agua.

El movimiento d los camellos era constante, de un lado a otro, mas el Schakal había preferido caminar, algo tonto si pensamos que lucharían en breve, pero el Schakal quería volver a acostumbrarse a la arena, cada paso le hacia hundirse, cada paso inclinaba su cuerpo hacia un lado u otro, como alguien que nuevamente debe de aprender a caminar, debió de recordar como abrir los dedos de los pies para no hundirse, como balancearse para correr recto, demoro unas horas en poderlo hacer, pero cuando la caravana se detuvo, recordaba perfectamente las tácticas de lucha de los Schakal.

A lo lejos se vio el movimiento de las arenas, al igual que una aleta de un tamaño bastante amenazador, habría de ser una batalla difícil, si las leyendas e historias eran reales, mas no debió de esperar mucho para comprobar que eran reales, ya que de la nada y a una velocidad sorprendente, una de esas criaturas surgió desde la arena frente al ballestero, su enorme cuerpo era muy superior al de cualquiera de ahí y sus fauces, fácilmente podrían arrancarle la cabeza a un hombre, había que preparar el cebo … y al parecer, ya había elegido a uno en particular.

El Schakal se acerco a los dos aventureros, pasando por tras ellos como pensando en que hacer, no había surgido de sus labios más que un grito de asombro y aun estaban impactados por las bestias, un grave error, rápidamente el Schakal llevo la mano a su daga, ya oxidada y mellada, pero útil al fin de cuentas, era hora de conseguir el cebo… y ¿que mejor platillo que el que las propias bestias habían elegido ya? Simplemente debía de hacer una herida que sangrara… y el ballestero sería útil, Snarl haría honor a la fama de su raza… traicionando para obtener el premio mayor. Debía de apuñalar correctamente y a pesar de que la armadura era un estorbo, simplemente debía de dirigirse a la pierna, y cortar la arteria, algo no difícil y que traería como consecuencia bastante sangre con la que atraer a la bestia.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Sáb Abr 13, 2013 7:46 pm

La opinión de Dante parecía haber hurgado en alguna llaga del hombre cánido que respondió con un montón de gruñidos y amenazas vulgares.

-¿Tienes miedo acaso? Creía que el valor era una cualidad que solíais tener los perros...- Dante se preparó para desenvainar, pues esperaba que aquel ser se le echase encima en cuanto oyese aquellas palabras. Por lo que había visto en los barrios bajos de Zhakhesh los Schakal solían tomarse bastante mal la comparación con perros, aunque, sorprendentemente, a este en particular parecía causarle una total indiferencia. Quizás era mas listo de lo que parecía, o simplemente es que no le importaba nada.

La conversación de los tipos con armadura iba por otro camino, que particularmente al hechicero no le llamó demasiado la atención, tampoco fué demasiada la sorpresa cuando el menor de los tres se quitó el yelmo y dejó sus rasgos femeninos al aire. A Dante no le importó lo mas mínimo el género de su acompañante, al fin y al cabo las mujeres tenebre hacen el servicio en el ejercito exactamente de la misma forma que todos los hombres. El hombre de la ballesta, por su parte, no dijo absolutamente nada.

El lugar al que fueron conducidos, si fue, no obstante, bastante sorprendente. No todos los días se entra por una puerta incrustada en un árbol al fin y al cabo. Entrar allí fue un buen alivio de la humedad de aquel marjal, seguía siendo húmedo, pero a un nivel más soportable. La casa por dentro estaba bastante dentro de lo que cabía esperar de la casa de cualquier mago o alquimista, lo más destacado eran siempre los cientos y cientos de libros de extraño y esotérico contenido.

El ayudante de Dan les indicó que esperasen un momento mientras acudía en busca de su maestro. No tardó en aparecer con un hombre de avanzada edad, baja estatura y destacable obesidad. Ciertamente, no lo que uno espera de una eminencia, aunque fuese en el campo de la alquimia, disciplina que no precisaba de un destacado desarrollo físico, pero quien sabe, las apariencias engañan, Dan podía ser más de lo que parecía.

El viejo alquimista les dio la bienvenida a todos y comenzó a explicar el plan, aunque, ciertamente, no dio demasiados detalles, por no decir ninguno. Segundos antes, Dante había defendido la no necesidad de dar detalles a un grupo de mercenarios como ellos eran, pero ya empezaba a arrepentirse de sus palabras. Cuanto más oía hablar a Dan más evidente se hacía que escondía algo. Afirmaba que necesitaba los ingredientes pronto, que no tenía tiempo. ¿Tiempo para qué? Dante no era un experto en alquimia pero dudaba de que un experimento alquímico necesitase hacerse una noche de luna llena para funcionar, como ocurría con algunos ritos chamanicos así que no entendía la urgencia de mezclar unos ingredientes. Para colmo, se tomó la libertad de separarlos en dos grupos, agrupando por un lado a los tres que llevaban armadura y asignando a Dante como compañeros al schakal y al ballestero. Dante no quedó precisamente complacido con su grupo. El schakal y él habían hecho malas migas desde el principio y del ballestero aún no sabía absolutamente nada. Probablemente el trabajo en equipo o iba a ser muy fructífero en ese equipo, si se le podía llamar así.

Como cabía esperar, fue el grandullón el primero en expresar sus objeciones por la falta de información presentada, aunque el alquimista evadió la pregunta, cosa que hizo que resultase aún más sospechoso y que se ganase más aún la antipatía de Dante y probablemente de algún oyente más.

Las cacerías, para colmo, no iban a tener lugar en el pantano, sino en lugares lejanos a los que iban a acceder a través de unos portales que comunicaban con distintas localizaciones de todo Noreth. ¿Portales? ¿De donde había sacado Dan los medios para poder costearse un dispositivo mágico tan complicado? Aquello era algo que debía preguntar

-Una pregunta sin importancia ¿Cómo has conseguido hacerte con un sistema arcano de tan alto nivel como estos portales? No importa como lo mires, esto es magia, no alquimia, y no precisamente magia sencilla con la que cualquier persona pueda contar. ¿Quién te financia?-

De todas formas no tenía demasiada fe en tener una respuesta satisfactoria, de modo que siguió escuchando las instrucciones. El primer grupo, según parecía iba a tener que cazar a una criatura marina. ¿Iba a enviar a tres soldados con armaduras metálicas a cazar a un ser acuático? ¿Y como demonios esperaba que lo hicieran? ¿Paseando por el fondo? Aquel viejo alquimista debía haber perdido completamente el juicio. Su misión tampoco era mas agradable. En su caso, debía ir a cazar a un desierto, a un ser del cual tampoco les explicó absolutamente nada, a parte de que lo quería bien sequito. Justo después se dio la vuelta y se marchó escaleras arriba dando por zanjada la conversación.

-Será una broma ¿no? ¿Cuándo llega la parte en la que nos hablas de las criaturas que tenemos que cazar?-
Según parecía, era un tal Scorpión el que iba a dirigirles hasta la criatura en cuestión. Mack deja que Dan de la información, Dan deja que la de el tal Escorpión… aquella gente estaba empezando a tocar un poco las narices.

Los demás miembros del grupo empezaron a atravesar los portales, así que Dante atravesó el suyo también, no sin antes dirigir una mirada asesina a Mak.
El portal los llevó a una casa desconocida, probablemente donde tenían que encontrarse con el tal Escorpión.

-Tengo que daros la razón sobre que aquí algo olía mal. Ese Dan es un grandísimo hijo de…..- Dante se mordía el labio inferior mientras se imaginaba a si mismo golpeando el rostro de aquel viejo hasta dejarlo irreconocible y después haciéndolo explotar en pedazos. Estaba un poco alterado… Ni si quiera prestó atención a la presencia de su guía, que se encontraba allí, listo para recibirles.

Escorpión resultó ser un hombre bastante más práctico que sus dos predecesores y les explicó lo que querían saber sobre la criatura a cazar. Se trataba de un tiburón de arena. Una criatura bastante similar a sus parientes marinos, con la diferencia de que este buceaba en las arenas desérticas con la misma facilidad con la que sus primos lo hacen en el mar. Iba a ser una presa muy difícil, no solo por lo que implicaba enfrentarse a él, sino porque, si decidía huir, habían pocas posibilidades de seguirle bajo tierra.
Scorpión les proveyó de camellos para desplazarse por el desierto, aunque el schakal, por razones desconocidas, rechazó la oferta, optando por hacer el viaje a pié. Dante supuso que para aquella criatura aquello debía ser su medio natural.

No pasó demasiado tiempo hasta que el sol empezó a ponerse, dando paso el calor abrasador del sol desértico al igualmente intenso frío nocturno. Por suerte para Dante, Zhakhesh siempre había sido un lugar más bien frío y dentro de lo que cabía, aquel frío era soportable.

A lo lejos, se pudo ver una figura sumergiéndose en la arena. ¿Había sido eso una de esas criaturas? Fuese lo que fuese se había ido, y no tenían forma de seguirla. -¿Cómo piensas cazar un ser que se mueve bajo tierra?- Preguntó Dante a Scorpión? ¿Sabes donde está su guarida? ¿Tienes pensado usar algún tipo de cebo?- Dante paró un momento sus palabras y un ataque de paranoia cruzó su mente – Espero que la respuesta sea que el cebo son los camellos… o te mato…- Dijo mirando a su guía con expresión descolocada.

No pasó demasiado tiempo antes de que el pez emergiese de la arenas y se arrojase sobre el ballestero, cuyo nombre no recordaba. Debía actuar con rapidez, o en un par de segundos tendrían un hombre menos. Por suerte, Dante había sido entrenado para conjurar tan rápido como un espadachín mueve su espada. Hubiese deseado poder apuntar a la boca de la criatura, donde probablemente haría más daño, pero no podía hacerlo desde aquel ángulo, al menos no sin darle antes al ballestero, así que levantó la mano, cerró su ojo izquierdo y apuntó lo mas cuidadosamente que pudo durante el instante de tiempo que tenía, su objetivo era el costado derecho de la criatura.
-Solis ortus- Una bola de fuego brotó de la mano del hechicero y voló en dirección al monstruo. Si llegaría a tiempo para salvar al mercenario era algo que solo podía dejarle a la suerte.


Última edición por Cerverus Dante el Dom Abr 14, 2013 12:20 pm, editado 1 vez
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Sáb Abr 13, 2013 11:33 pm

-Yo contestaré tu pregunta, Cerverus-Dijo Mack justo antes de que nos fuésemos todos.-Este sistema no tiene nada que ver con la alquimia, el señor Dan no lo creó, lo heredó. Como os ha dicho, las ciudades más importantes de Noreth están comunicadas por una red de portales muy antigua, custodiada por gente de importancia y confianza. Dan recibió la tarea de vigilar este sistema de su maestro, y este del suyo. Así sucesivamente. No es más que un antiguo hechizo.

Aquellas palabras eran interesantes, y nos brindaban un poco de información, aunque no era de la utilidad que me habría gustado...

[...]

Khaelos compartía mi visión sobre Dan y su "juego" nada divertido. Pero tenía razón, por el momento no podíamos hacer nada... Eso si, cuando llegase el momento... Exigiría mis respuestas.
Enya, la mujer del norte que hacía un rato que había decidido dejar al descubierto su rostro y revelar su sexo no hizo comentario alguno, pero tampoco parecía alegre del trato que nos habían dado.
Sin mas que hacer subimos a bordo de la nave, que pronto comenzó a moverse con los típicos crujidos de la madera. Khaelos y Enya se adelantaron para dejar sus armaduras, pero yo me quedé un tiempo en cubierta, mirando hacia el horizonte mientras el mar se extendía ante mi... Estaba dudando sobre quitarme la armadura, sabía que debería hacerlo tarde o temprano, y es cierto que Khaelos ya había contemplado mi cuerpo deformado por la maldición, y no pareció importarle demasiado, pero Enya era un caso diferente, no me conocía de nada, y temía sus posibles reacciones.

Ella misma había querido ocultar su sexo, pero finalmente había dado una muestra de confianza y se había retirado el yelmo. De hecho, del grupo, era el único el cual había mantenido el yelmo en todo momento. Pero parecía que no podía seguir así por mucho tiempo. Apreté mi puño en torno a la empuñadura de la espada, y la voz de Grahim resonó en al ambiente, aunque no su imagen.-Dudas... ¿Eh? Pobrecito... Tiene miedo de que su nueva amiga le considere un monstruito...-Dijo con tono burlesco...
Aquellas palabras hicieron mi sangre hervir, apreté con más fuerza aun la espada, pero finalmente aflojé la tensión, sabía que Grahim se alimentaba de mi odio, lo único que tenía que hacer era olvidar su irritante voz. Antes de que volviesen a mi las dudas me di media vuelta y caminé hacia el camarote que nos habían indicado. Cuando entré, Khaelos se encontraba leyendo, y llegué a tiempo de escuchar a Enya preguntar por ello.

Sin decir nada entré en la habitación y me coloqué en un rincón, y empecé a quitarme el yelmo.
Al fin, con el rostro fuera del casco metálico pude respirar un aire relativamente fresco, por lo que inspiré profundamente. Mi piel era de un tono levemente grisáceo, y el pelo caía en una larga melena de rojo intenso a mi espalda. No era un aspecto extraño en esas zonas, pero mi expresión era dura, y una cicatriz en forma de cruz en mi frente me daba un aspecto algo más temible, pero aun así, era humano. El único rasgo que parecía indicar anormalidad en mi eran mis ojos, de un color aun más intenso que el de mi cabello, que casi parecían brillar. Miré a Khaelos y Enya, pero no pude mantener la mirada por mucho tiempo, así que la bajé hasta mi coraza, que me dediqué a retirar...
En apenas unos momentos, mi cuerpo se mostraba solo cubierto por unos pantalones anchos y de tela fina de color granate, con bordaduras de oro en las aberturas. Y en el pecho lucía una sencilla camiseta blanca que llevaba para evitar el contacto directo con el metal de la armadura. La camisa tenía las mangas bastante cortas, y solo llegaban a los codos, donde más allá se podían apreciar las escamas negras que cubrían la parte externa de mis brazos, solo dejando la cara interna de los mismos mi piel visible.

-... Bueno... Habrá que esperar a que esa bestia aparezca... Y no tengo la previsión de Khaelos, por lo que no tengo libro que leer... ¿Que os parece si nos conocemos un poco mejor? Es bueno saber quien maneja un arma a tu lado. -Dije dudando un poco de mis palabras, y casi sintiéndome raro por hablar sin el yelmo, mi voz no se escuchaba tan cavernosa como con el metal a mi alrededor, pero igualmente sonaba grave... Aunque mucho más amable. No tardé en sentirme incómodo por el tacto de la camisa sin el del metal, así que finalmente opté por retirármela, en el combate no había cabida para esas cosas, si me estorbaba podría morir. Además, realmente no necesitaba del todo esa prenda, pues solo la parte central de mi pecho estaba libre de esas escamas, por lo que el pudor era mínimo.-Yo... Bueno, ya veis una parte de mi... Aunque tu, Khaelos, ya me habías visto así.

[...]

-¡AQUÍ VIENE!-Se escuchó el grito del vigía, situado en el más alto mastil del barco.

Los tres ya nos encontrábamos en cubierta, la cual estaba completamente vacía, y el sol ya había caído, mientras que las estrellas adornaban el cielo y las lunas comenzaban su viaje. El barco estaba iluminado por múltiples farolillos, y en el horizonte se visualizaba una masa de oscuridad, que según parecía era un gran cúmulo de nubes... Lo cual no era del todo bueno, pues si llegaba tormenta podría acabar complicándose mucho.
Yo me preparé, empuñando con fuerza mi espada,lo único que necesitaba para combatir. Toda la zona estaba iluminada, y en los costados del barco había una hilera de candiles que permitían que viésemos claramente lo que había a unos metros del navío. Y aunque las lunas brillaban con fuerza, a partir de cierta distancia no había más que oscuridad, o al menos desde nuestra posición. Pues según parecía nuestro vigía poseía una visión mucho mejor.
Al principio no vimos ni escuchamos nada, solo unos segundos de silencio desde el grito de alerta... Pero de pronto sentí bajo mis pies un movimiento en la madera bastante más grande que los anteriores, como una ola mayor a las otras... Y de pronto, un grito, agudo, un rugido que hizo estremecerse hasta a la propia embarcación.

Momentos después, las aguas que teníamos ante nosotros se separaron, y ante nosotros apareció una enorme cabeza. Tenía un ligero aspecto de cocodrilo y de serpiente (Debido a su largo cuello) y a su espalda pude comprobar que había una serie de escamas de gran tamaño y grosor, supuse que era a eso a lo que se refirió Dan con la "Concha".
Por suerte, en la parte delantera solo tenía escamas normales, de un color blanquecino, pero aun así...
La parte que emergía ante nosotros era de unos diez metros de largo (Aunque no estaba muy seguro ni era preciso debido a que el resto permanecía en el agua y no tenía nada con que compararlo. Y sin embargo, solo el cuello de la bestia era visible... Debía tener un aspecto enorme. Sus ojos eran rojos, como los míos, pero mucho más fieros, y contrastaban con aquel blanco inmaculado de su cuerpo en general (A excepción de algunas zonas azuladas).

-Ese... Ese condenado es enorme...-Dije asombrado al ver a nuestro descomunal enemigo. ¿Cuanto más se ocultaba bajo nosotros? No podía saberlo a ciencia cierta, pero apostaba a que lo que veíamos supondría apenas un tercio de su tamaño. La bestia nos contempló un segundo, y posteriormente lanzó un rugido estremecedor, justo antes de girarse y sumergirse de nuevo, a gran velocidad y provocando una gran ola que hizo ladearse al barco, y que me obligó a asentar bien mi peso sobre el suelo para no caer derribado. Iba descalzo, pues mis pies eran duros y callosos, y no me suponía ningún inconveniente el andar así por la cubierta de madera. De hecho, me resultaba más fiable el tacto de mis pies que el de unas botas.-Mierda... No creo que nos sea fácil matar a esa cosa... No importa ¡Preparaos! Se ha hundido, saldrá en algún momento. Si queréis intuir por donde saldrá... Centraros en el bamboleo del barco, un bicho tan grande tiene que provocar olas.

Tras comentar aquello me dirigí a un extremo del barco, junto a la barandilla, empuñando la espada con la diestra y agarrando la madera con la otra, mientras prestaba atención a las ondulaciones del agua y los movimientos bajo mis pies. ¿Por donde atacaría...?
Sentí de nuevo otro golpe contra la embarcación, esta vez del lado contrario al que me encontraba... Me giré justo a tiempo para ver como el cuerpo de la bestia volvía a emerger de las aguas, esta vez revelando una parte mayor de su cuerpo. No era una serpiente, desde luego, porque tenía patas.
Estas se posaron con fuerza sobre el borde del navío, destrozando la baranda que pretendía dar algo más de seguridad y lanzando una lluvia de astillas por todas partes. Khaelos y Enya se encontraban en aquella zona, y pronto se encontraron con el cuerpo de la bestia ante ellos, que sin dejarles un solo segundo para actuar dio un golpe contra la cubierta, que si bien no se partió si lanzó un crujido nefasto, haciendo templar todo el barco. Yo mismo sentí el suelo vibrar a mis pies, pero ellos que se encontraban justo en frente del impacto perdieron pie y cayeron al suelo, quedando en una posición desfavorable.-¡Mierda!-Exclamé mientras corría en su dirección para intentar repeler siguientes ataques que pudiesen ir dirigidos directamente esta vez contra mis compañeros.


Y volviendo con aquellos que peleaban en el desierto. La situación no les iba mucho mejor. De hecho, la primera victima sería cobrada en aquel lugar. Los tres mercenarios habían llegado allí solos, montados en camellos (O al menos dos de ellos). Pero cuando aquel tiburón de las arenas emergió ante ellos hizo caer a uno de su montura. Snarl aprovechó la situación para posicionarse tras el ballestero e infligirle un profundo corte en la pierna, la cual comenzó a sangrar de forma abundante, derramándose sobre la arena y tiñéndola de carmesí.
Mientras, el mago conjuró una bola de fuego, intentando lanzarla contra el tiburón en un intento de debilitarlo, pero para cuando llegó la llama, la bestia ya había vuelto a sumergirse, y el proyectil impactó contra la montura del humano de la ballesta, prendiendo su pelo y haciéndole arder de forma rápida. Los chillidos del animal que se quemaba eran horribles, pero pronto las dos versiones en miniatura de su objetivo saltaron sobre él a la vez, acabando con su sufrimiento de un bocado, uno en el cuello y otro en el lomo, arrancándole grandes trozos de carne con dicho movimiento y volviendo a hundirse con la misma velocidad con la que salieron.

Snarl se alejó unos pasos del ballestero herido, que desorientado por la velocidad de los acontecimientos no tenía muy claro lo sucedido, pero intentó tapar la hemorragia de su pierna sin mucho efecto, mientras su sangre manaba sin parar... De pronto todos sintieron un movimiento bajo la tierra... Un instante después, donde estaba antes el humano, se alzaba el cuello de su presa, con la boca abierta y, obviamente, el hombre dentro. Se escuchó un grito humano, y después uno animal. La sangre salpicó de pronto alrededor, y pronto, la criatura había vuelto a desaparecer, pero antes de que se hundiese, ambos mercenarios habían podido ver como una saeta atravesaba uno de sus ojos... Desde dentro... Aquella escena había sido horrible, la muerte de uno de sus compañeros con tanta facilidad... Si se descuidaban a ellos también podría pasarle lo mismo.
Un par de segundos más tarde las bestias volvieron a aparecer, pero esta vez salieron de la tierra completamente, mostrando su cuerpo entero. Lo hicieron al lado del cadáver del camello requemado, y empezaron a morder su carne, arrancando trozos de ella y devorarlos. Habían picado el anzuelo... O el camello, en este caso.


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Explicaciones en el off, nuevamente.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Abr 15, 2013 2:31 am

Enya finalmente reveló su sexo, y no pude evitar alzar las cejas levemente. Sí, era una mujer y no una fea precisamente. Además, por su aspecto y sus palabras se notaba que no era una fanfarrona si no que de veras sabía usar su equipo... Y era pelirroja. Buen combo llevaba la chica, sin duda. Ante las palabras que dijo sonreí y le respondí:

-Listos no, es sentido común. Igual que los hombres, las mujeres tenéis dos brazos y dos piernas. Podéis empuñar espadas, portar armaduras, luchar y moveros igual que nosotros. Lo único que importa es que te hayan entrenado a usar lo que llevas, y das toda la sensación de que, efectivamente, sabes usar tu equipo. Espero que me demuestres que no voy errado.-

Poco rato después, ya estábamos subiendo al barco en Phonterek, mostrando los tres nuestra poca conformidad acerca del trato que se nos había dado y de la nula información que habíamos recibido. Exigiríamos nuestras respuestas antes de soltar prenda, sin duda. Fui el primero que se adentró en el camarote que se nos había dado, y no tardé mucho en despojarme de la armadura y el escudo hasta quedarme solo con las armas encima. Si el barco se hundía sabía que aquello no lo recuperaría, pero si yo caía al agua al menos me aseguraba de que no me iría hasta el fondo como un peso muerto.

Arthorius entró nada más Enya me preguntó qué leía, y ante su pregunta alcé la vista del texto y sonreí levemente:

-Repaso, Enya. Conjuros. Este libro es el códex tenebrarum, y en él se concentra todo el saber mágico de mi nación, aunque solo aquellos entrenados para saber leer y descifrar lo que pone pueden transcribir sus páginas. También ayuda tener dominio de alguna de las magias que se nombran en él. En mi caso concreto, este es el códex necromántico. De aquí saco los conocimientos para mis conjuros. Dime, ¿qué ves tú en él?-

Le di la vuelta y se lo mostré. Si tenía poderes mágicos sería capaz de ver como los varios dibujos que en él se mostraban cambiaban lentamente hasta adoptar letras, párrafos e imágenes en movimiento que reflejaban las palabras de poder, los gestos y efectos de los conjuros, además de la esencia que se requería y su nivel. En caso de ser alguien que no fuera afín a mi magia o a la magia en general... Lo único que vería serían grotescos dibujos de cadáveres que aparentemente se mueven de formas grotescas, torturas y otros dibujos poco agradables. No tardé mucho en apartar el libro, pues sabía que aquellos profanos podían llegar a enloquecer si lo miraban por mucho rato:

-Es un libro peligroso, como habrás notado. Pero no temas, en mi tierra la nigromancia no se usa para poder personal. Como Arthorius descubrió en su día, usamos esa magia para ayudarnos, aunque parezca raro. No es lo mismo ver morir a un compañero que ver morir por segunda vez a un guerrero. El impacto para los nuestros es menor... Y para el enemigo es inmensamente mayor. Y créeme, contra el Imperio cualquier cosa que sirva para hacer daño al enemigo o proteger a los aliados es imprescindible. Aunque claro, nuestra peculiar forma de ver las cosas no nos granjea muchas simpatías, como comprenderás, Enya. ¿Tú qué opinas? ¿Me juzgarás por la portada o te esperarás a leerme?-

Sabía que no todos se tomaban bien a la primera el hecho de saber que su compañero, aparte de ser zhakheshiano y medio parecer un muerto por el color de su piel, su cabello y sus ojos, era un nigromante. Sin embargo, mi tono de voz en ningún momento había sido amenazante. La había mirado fijamente a los ojos, demostrándole que no le ocultaba nada y que mis palabras habían sido sinceras. Íbamos a ser compañeros, no debía callarme nada que ella necesitara saber.

Me giré entonces hacia Arthorius, quien poco a poco se fue quitando la armadura también hasta que al final los tres quedamos solo con ropa y las armas. Cuando acabó de desvestirse el guerrero, finalmente se decidió a hablar, dudando un poco. Decidí dedicarle una sonrisa amable para tranquilizarle, y le respondí, riendo levemente:

-Lo que está claro es que aquí ninguno de los tres tiene derecho a tener prejuicios con los demás. Enya oculta su sexo, Arthorius su aspecto, y yo mi magia. Lo que está claro es que aquí todos somos más de lo que aparentamos... Y que yo soy el más viejo de los tres por lo que sé de tu edad Arth, y por la que deduzco de tus rasgos, Enya. Solo espero que no me tengáis en cuenta que en algún momento me las dé de líder. Es la costumbre del oficial, ladrar órdenes nada más aparecer el peligro. Bueno... ¿Qué temas queréis tratar? ¿Nuestras respectivas patrias, combate, estrategias, lo mucho que odiamos a Dan...? Tenemos temas para elegir, y aunque me encante hablar también me gusta escuchar.-

Y así, tras aquél pequeño discurso, dejé que fueran los demás quienes empezaran a hablar adoptando mi papel de oyente. Sabía que al menos Arth al principio iba a estar algo cohibido porque no sabía cómo se tomaría Enya su aspecto, de modo que creía que haber hecho aquella introducción iba a ser lo mejor para que entráramos los tres en confianza rápidamente.

No sé cuánto rato estuvimos hablando, pero para cuando fuimos conscientes de que estábamos en un barco en busca de una criatura potencialmente letal escuchamos el grito del vigía, quien nos dijo que ya venía. Soltando una maldición, salí a cubierta junto con los demás y me fijé en mi alrededor. El barco era bastante más ancho que alto, lo cual significaba que iba a ser difícil en extremo que le dieran la vuelta. Además, por lo que pude ver, estaba diseñado como ballenero al disponer de un gran arpón en la proa y de varios arpones en los laterales. Para rematarlo, tenía algunos cañones que nos podrían servir para disparar a la criatura y dañarla. Sin embargo, era de noche y parecía que la tormenta se acercaba. Debíamos tratar de gastar los cañones antes de que empezara a llover o lo más posible es que la pólvora se mojara y acabaran siendo inservibles.

Desenvainé la espada y la ballesta, sujetando mi reliquia con la mano derecha y el arma de proyectiles con la izquierda, listo para abrir fuego contra la criatura que se acercaba aunque no supiera si podría hacerle daño o qué. Las lunas brillaban y los farolillos estaban encendidos, pero aparte de eso, no había más silencio que el de nuestras respiraciones. La calma que precede a la tempestad... De repente, bajo nuestros pies, la madera se movió, una gran ola o algo por el estilo, y entonces... El rugido.

Apreté los dientes con furia mientras esperaba a que la criatura apareciera, y finalmente lo hizo al abrirse las aguas que había delante nuestro. La cabeza del monstruo asomó, pareciendo una mezcla de cocodrilo y serpiente, y en su espalda se hallaban las escamas a las que Dan llamaba conchas. En la parte delantera la protección no era tan dura, pero... Estaba bien acorazado el ser. El ser era enorme, y ahí supe dónde dispararía. ¡Sus ojos! Cegarlo iba a ser una buena táctica, o eso pensaba. Arthorius fue el primero en hablar, y cuando dijo aquello no pude evitar reír emocionado mientras sonreía ampliamente, con ferocidad:

-Sí, sí que es grande... ¡Es impresionante! ¡Por fin entramos en calor, camaradas, y con qué ejemplar! ¡Arthorius, Enya! ¡Este barco tiene arpones y cañones! ¡Hay que usarlos y rápido! ¡Debemos evitar que el ser se vuelva a sumergir! ¡El navío tiene pinta de ser un ballenero o algo por el estilo, debemos aprovechar eso!-

Arth se dirigió hacia un extremo del barco, y nosotros estábamos en el otro, momento en el que el ser emergió de las aguas y golpeó con sus patas el borde, destrozando la barandilla y provocando una lluvia de astillas. Sin pensarlo me puse entre Enya y la madera, dejando que algunas de las astillas me hicieran cortes en los brazos. No era gran cosa, y el notar alguna que otra gota de sangre manando de mis brazos me permitió centrarme y no dejarme llevar tanto por la emoción de la batalla. Miré a la mujer y le dije, sonriendo:

-Cuando uno está acostumbrado a llevar un escudo, está acostumbrado a recibir todos los golpes.-

Sin embargo, antes de poder reaccionar el ser golpeó la cubierta y nos tiró a ambos al suelo. Soltando un gruñido por el dolor de la caída me levanté con toda la rapidez que pude y apunté a uno de los ojos de la criatura si tenía ángulo. Tras disparar, lo primero que haría sería dejar caer la ballesta y desenvainar la espada corta ponzoñosa, usándola como defensa. Miré al ser mientras les gritaba a Enya y Arthorius:

-¡Yo le distraigo, vosotros encargaros de dispararle tantos arpones como sea posible! ¡Vamos, vamos, moveos!-

Nada más decir eso, mi intención fue acercarme a la primera parte del cuerpo que el ser tuviera al descubierto y golpearle con el arma que tuviera más cercana, ya fuera la espada bastarda o la espada corta, buscando puntos débiles en especial con la segunda. Si lograba meterle veneno en la sangre tal vez lograría debilitarlo.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Miér Abr 17, 2013 7:20 pm

El zakeshiano no tardó en responder a mi pregunta, aunque como siempre lo hizo de forma un poco extraña y diferente a como estaba acostumbrada. Primero me contó un poco de historia sobre su libro, que resultaba ser un Grimorio de artes oscuras muy usado en su nación, después giró las tapas del oscuro libro hacia mí y me dejó verlo. La visión fue, cuanto menos, grotesca. A diferencia de otros muchos libros que había visto en mi vida, éste no contenía los bellos trazos de una pluma entrelazando letras, sino grotescos dibujos de cadáveres que se movían animados por algún tipo de magia oscura; torturas y unas cuantas cosas más de la misma índole terminaban de adornar aquel volumen encuadernado en piel curtida oscura. Negué con la cabeza y devolví la mirada al conde, que continuó hablando unos minutos más sobre su magia, como si tratase de justificar ante mí que debía usarla para un bien mayor. Lo seguí escuchando hasta que me dio la oportunidad de responderle:

-No me gusta juzgar a nadie por la portada, Khaelos. Tu magia y la que usan los magos de mi tierra puede ser distinta, pero creo que el fin es el mismo que el de todos los galimatías empleados por gente importante en una región: Proteger. Si tú eres capaz de salvar vidas levantando a los muertos y perturbando su letargo eterno, ¿Por qué he de juzgarte? Después de todo conozco ese “Imperio” del que hablas, sé que no son precisamente la amabilidad reflejada y que no les importa qué hayan de pisar por una pizca de poder. Los he combatido más de una vez, aunque dudo que tan acérrimamente como tú, y siempre he tenido la ocasión de comprobar que, aunque dicen valerse de los poderes de la Luz, no dudan a la hora de pactar con entidades oscuras y criaturas que poco tienen que ver con sus dioses. –

Poco después entró el coloso de metal a la sala. Él también parecía encerrar secretos bajo las placas de acero que no quería que viesen la luz, pero aquella campaña, de un modo u otro, estaba haciendo que todos los presentes contásemos algún que otro “pequeño secreto”, y él no fue menos. Tras quitarse la armadura dejó relucir una melena más carmesí que la mía, fuego puro e indomable que contrastaba con su escamosa piel negra. La ropa que llevaba parecía a punto de estallar, al menos la camisa, cuyas mangas le quedaban a la altura de los codos y bastante apretadas. Finalmente, mientras Arthorius se despojaba de su camisa ajustada, Khaelos volvió a romper el hielo entre los tres, esta vez revelando –en parte- su edad junto con el rango que ocupaba en su nación.

-No repetiré lo que acabo de decir, Arthorius, pero puedes estar tranquilo si lo que te inquieta es que pueda retirar mi ayuda por tener que combatir a mi lado. He luchado al lado de solados “humanos” que sólo se parecían a estos últimos en el físico, porque sus corazones estaban podridos y sus mentes corrompidas por fuerzas totalmente opuestas a las Diosas. No me importa que tengas escamas, siempre y cuando recuerdes que estás de lado de quienes deben partirlas y sajarlas, y no de parte de la lagartija sobrealimentada. – Sonreí con esa última frase, dejando entrever un tono de broma en sus palabras, y continué hablando un poco más sobre mi patria; expliqué algunas cosas que solíamos hacer durante los viajes en barco para pasar el tiempo y poco más.

La charla terminó cuando un marinero vino para reclamarnos en la cubierta. Una vez allí arriba el vigía, situado en la parte más alta del barco, gritó como si le fuese la vida en ello para advertirnos de la proximidad de la bestia. La noche había caído, pero aun así la vista en cubierta era clara, al menos lo suficiente como para que lograse advertir dos balistas y varios arpones colocados a sus lados. También observé que las luces de los farolillos me permitían contemplar algunos metros próximos al barco, cosa bastante útil teniendo en cuenta que teníamos que enfrentarnos a una criatura marina de la cual desconocíamos todo.

El silencio me oprimía el pecho, pero se disipó con un rugido monstruoso que hizo temblar la embarcación entera; la tensión casi podía cortarse con el filo de cualquiera de las espadas que había sobre la cubierta y la sensación de que algo malo estaba a punto de suceder me rondaba la cabeza como un buitre famélico frente a un cadáver… De repente las aguas se abrieron, dejando entrever sus cerúleas escamas, las cuales contrastaban tanto con la parte blanquecina de su frente como con sus ojos rojos, semejantes a los rayos de un amanecer en la batalla. Su rostro serpentino, mezcla de cocodrilo y serpiente, me permitió advertir que no era un dragón marino, cosa que me tranquilizó bastante. A continuación la bestia se mantuvo contemplándonos un segundo justo antes de rugir y hacer inclinarse el barco con la nueva y gigantesca ola que sacudió el navío y me hizo perder algo de pie, afortunadamente me recuperé y tomé con fuerza mi espada para asegurarme de no perderla.
Junto con Khaelos caminé hacia la parte trasera del barco, intentando llegar a una de las balistas usando su cuerpo como escudo contra el agua, pero un nuevo ataque de la terrorífica criatura nos echó a los dos por tierra, y encima de nosotros una lluvia de astillas provocadas por la bestia al romper parte de la barandilla del barco. Maldije en voz baja nuestra suerte y, tras que el zakeshiano usase su cuerpo como escudo y se disculpase después de ello diciendo que era un defensor nato, volví a ponerme en pie, sacudí un poco mis ropas para evitar clavarme astillas más adelante, durante el combate, y volví a empuñar la espada. Esta vez avancé rauda hacia una de las balistas, aprovechando que era la más menuda de los tres usaría mi tamaño para escabullirme de los ojos de la bestia y llegar a la balista.

Si lograba mi objetivo y me hacía con uno de aquellos arpones el siguiente paso estaría claro: Dispararle en la boca a aquella criatura marina. Muchos pueden pensar que dejar ciego a tu enemigo es útil, pero lo cierto es que sólo consigues enfurecerlo y agudizar sus otros sentidos, por el contrario, si aquello me salía bien y lograba disparar en dirección a su paladar, podría causar bastante daño e impedirle usar ataques de aliento –si es que los poseía- dañándole las glándulas de la boca. Pero de momento todo eran conjeturas y planes que debían hacerse realidad para que pudiese contar aquella historia a mis descendientes.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Vie Abr 19, 2013 6:11 pm

La situación no se resolvió demasiado bien, de hecho, el resultado fue quizás el peor posible. La aparición del depredador subterráneo asustó al camello del ballestero, quien se movió de su posición y recibió el impacto de la bola de fuego. Aquel pobre animal cayó al suelo fulminado en medio de una nube de humo.

El enorme tiburón de arena se sumergió desapareciendo de la vista de los cazadores, aunque pronto apareció una nueva amenaza para tomarle el relevo. Dos versiones más pequeñas de la bestia surgieron del subsuelo (probablemente las crías del anterior, quizás una madre enseñando a cazar a sus bastagos), atraídas por la sangre y los gritos del camello herido, y, no queriendo hacer ascos a semejante plato, indefenso y servido en bandeja se lanzaron sobre el indefenso animal y acabaron con él con sendos mordiscos. Al menos su sufrimiento había acabado. Acto seguido los pequeños volvieron a desvanecerse bajo la arena.
El destino del jinete no fue mejor. Este tuvo la desgracia de servir de alimento a la madre tiburón. Aquél pobre desgraciado ni si quiera tuvo tiempo de reaccionar. Para colmo parecía ser que su pierna había sido herida, aunque Dante no había visto como. Dante entendió que no se podía hacer nada por él. Se escuchó un estruendo bajo la arena y el enorme tiburón surgió de nuevo, esta vez justo de debajo del herido, que desapareció de la vista a través del gaznate de la bestia. Al menos parecía que el difunto mercenario había podido dejar a su asesino un bonito recuerdo en forma de virote, en su ojo…

La enorme bestia desapareció de nuevo. ¿Habría escapado? Dante lo dudaba. Una criatura tan grande no podría haberse saciado con una sola víctima, y sus crías aún seguían con el estomago vacío. Los dos pequeños, probablemente debido a su inexperiencia, decidieron ir a por lo que debió parecerles el plato más fácil y emergieron junto al camello para darse un festín con su carne chamuscada. Una mala idea teniendo en cuenta que aún habían dos enemigos en la superficie que no querrían dejar escapar un blanco que se exponía de esa forma. Quizás era que no los consideraban una amenaza… no tendrían ocasión de arrepentirse de su error.

Dante apuntó al tiburón derecho con sus manos mientras realizaba los gestos de su conjuro. –Tú, schacal, ¿sigues vivo?, voy a acabar con el de la derecha, aprovecha y remata al otro. Si no eliminamos su superioridad numérica ahora no saldremos de aquí con vida.- Y dicho esto, dejó que el poder ígneo corriese por su cuerpo y brotara de sus manos en forma de un incandescente proyectil de llamas que voló hacia la cría de tiburón izquierda. Esta vez no podía permitirse fallar.
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Re: Una Caza En Condiciones

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