Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Un paseo inesperado [Priv. Celeste Shaw]
Hoy a las 9:05 am por Celeste Shaw

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
Ayer a las 4:11 pm por Balka

» Pero sin presiones eeh!
Mar Nov 21, 2017 3:21 pm por Polvoso Von Lipwig

» The Shining of a Thousand Suns (Privada)
Mar Nov 21, 2017 10:46 am por Lia Redbart

» Varok Martillo de Trueno
Mar Nov 21, 2017 12:34 am por Varok

» Reglas de Noreth
Lun Nov 20, 2017 10:56 pm por Varok

» El deber de un jefe
Lun Nov 20, 2017 5:51 pm por Bizcocho

» A Hope's Tail
Lun Nov 20, 2017 1:09 pm por Gar'Shur

» Strindgaard
Dom Nov 19, 2017 2:29 pm por Strindgaard

» Ficha Varok del Clan Martillo de Trueno
Dom Nov 19, 2017 1:19 pm por Bizcocho

» *dances the seaweed dance* (〜 ̄△ ̄)〜
Vie Nov 17, 2017 2:01 pm por Balka

» Aracnofobia [Campaña]
Jue Nov 16, 2017 9:56 pm por Almena

» - Apocalipsis now -
Jue Nov 16, 2017 7:42 pm por Abdel Azim

» 5 días bajo la nieve [Grupo 1][Campaña][Kasumi, Arete, Pereza, Eudes, Niris, Suwan]
Jue Nov 16, 2017 7:07 pm por Arete

» El cordero
Jue Nov 16, 2017 9:46 am por Bizcocho




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Una Caza En Condiciones

Página 3 de 10. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Vie Abr 19, 2013 9:03 pm

No todos los planes resultan como uno lo desea
Pero se deben de aprovechar las oportunidades
Aunque estas sean fugaces y no lleven a ningún lugar
No hay que desperdiciar las vueltas de la vida
Porque la vida no dudara en aprovechar las que le ofrezcamos

Christian Chacana 19 de abril de 2013

La vida es una ruleta, es una obra de teatro que tiene comienzo y final, donde cada acontecimiento es observado por los dioses, expectantes del final de la historia, estos lloran y ríen, se lamentan y odian, son mas humanos que los propios humanos y aun así se hacen llamar dioses y superiores. La obra que se presentaba era muy simple, dos figuras contemplaban la escena, a la criatura que habían devuelto a la vida y a la misión y reto que ahora se enfrentaba. Si bien la traición no era algo ajeno al Schakal, siempre había sido por una buena razón, su supervivencia y beneficio, no por el de los demás, ni tampoco por el de alguien más, solamente él, se puede considerar un acto egoísta, pero era la forma en que había sobrevivido, pisoteando los cadáveres de sus hermanos sin siquiera demostrar algún sentimiento como el amor o la tristeza, únicamente odio y desprecio, algo con lo que había sobrevivido hasta ese momento y había superado las pruebas que el “destino” le había puesto por frente.

La daga mellada había hecho su trabajo, su filo ya gastado había cortado el cuero suave y con un fuerte movimiento de su brazo, la carne había sido desgarrada y cortada hasta casi el hueso, un único movimiento había hecho que la sangre brotara como si se abriera la boca de un tonel, pero no sirvió demasiado, no hay nada más desagradable que un plan no resulte como uno desea, antes siquiera de poderse alejar más de un salto, la enorme sombra de aquel tiburón se hizo presente desde abajo del ballestero, no hubo tiempo para atacarle ni nada, ya que las fauces se cerraron salpicando sangre hacia la arena, el Schakal había sido listo y sin detenerse había retrocedido lo suficiente como para no mancharse de sangre, algo que de seguro nadie hubiera evitado, pero para alguien como él, que sabía que para esas bestias, la sangre era como un faro en medio de la oscuridad. Pero en aquel fue otra preocupación la que hizo que el Schakal arrugara el entrecejo, una bola de fuego … una maldita bola de fuego en dirección hacia el tiburón que se había vuelto a sumergir en las arenas, pero que como si no fuera mucho el fallar el ataque, le había dado a uno de los camellos, envolviéndolo en llamas y haciendo que gritara de dolor, algo que atrajo la atención de los depredadores y sin demorar, acabaron con su vida en pocos mordiscos, mas ahora parecía que las bestias estaban dándose un festín con el animal… aunque ver a ese inmenso depredador comiendo con los pequeños era ridículo y risible, ya que de un bocado se hubiera tragado al camello, al igual que con el ballestero que de poca o nada utilidad había sido.

Antes de poder analizar la situación y poder actuar rápidamente, el maldito mago, porque era un mago de los cuales más despreciaba Snarl, creyó que le podía dar órdenes … era lo más viable, acabar con los pequeños y con ello eliminar las molestias, igualmente el grande se encontraba ahí y si se podía matar en algún instante, esa no era la oportunidad o tal vez si, si el atacaba ahora que estaba ocupado en “comer” quizás tuviera una oportunidad, pero el hecho era que desconocía casi todo de esas bestias, no sabía que tan dura era su piel, y si le atacaba adecuadamente podría hacerles verdaderos daños , eran muchas preguntas sin respuesta, mas el Schakal miro al mago y escupiendo al suelo con rabia.

-Cállate maldito infeliz, humano, no me des ordenes o te usare como carnada para las bestias, limítate a hacer tu despreciable trabajo, y cállate-

Rápidamente desenvaino la espada mellada, primero deseaba saber que tal eran esas bestias, corriendo sobre la arena, mucho más rápido de lo que un humano podría hacerlo en aquel lugar, se acerco a las bestias, tratando de no quedar muy cerca de las fauces de la bestia más grande, e reojo había visto la bola de fuego que impactaría en breve contra una de las pequeñas, solamente habría una oportunidad, y esperaba hacerlo bien, cuando estaba a poco más de dos metros de una de las bestias, dio un salto, con la daga fuertemente agarrada en su mano y la espada rota en la otra, esperaba caer correctamente en el lomo de la bestia, si todo iba bien, incrustaría ambas armas en su lomo, enterrándolas más de veinte centímetros en la carne de esta y con la fuerza de sus brazos, hacer dos largos tajos, con ello podría lastimar pulmones, hígado o cualquier órgano que se encontrara en el camino del filo oxidado.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
avatar
Snarl

Mensajes : 333
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Abr 21, 2013 11:11 pm

Reí con ganas al escuchar las palabras de Khaelos al referirse a su costumbre de asumir el puesto de lider.-No hace falta que lo jures, Khaelos, ya pude comprobar lo mucho que tiendes a tomar las riendas de las situaciones... Se nota bastante que eres un militar, por lo de dar órdenes y eso...-Dije amablemente, para después mirar a Enya, a la que dediqué una sonrisa de agradecimiento.-Lagartija sobrealimentada... Quizás me precipite en sacar conclusiones, pero parece que te refieras a los dragones. Si ese es el caso no lo olvidaré. La espada que porto es el legado de un antepasado. Según la leyenda, su color es rojo de la sangre de dragón que la bañó. Y mi intención es seguir sus pasos... Al menos por el momento.

Enya empezó hablando sobre su patria, lo que me hizo comprender un poco mejor... A ella en si. Cuando terminó fui yo quien empezó a hablar sobre la mía. Sobre Keybak y la región de mi familia, la charla a mi me pareció al menos bastante entretenida, pues empezamos a conocernos mejor, y eso era algo que nunca estaba de mas entre los compañeros de una misión. Más aun cuando había altas posibilidades de ser devorados por alguna bestia marina entonces desconocida.

[...]

Khaelos se adelantó a mi y protegió a Enya con su cuerpo de las astillas de la madera que habían saltado en todas direcciones. No se podría decir que fuesen letales, pero seguramente se pasaría el resto de la noche sacándoselas del cuerpo si no quería que acabasen siendo parte de él. Y no tenía que ser muy cómodo sentir como se van clavando más profundo a cada movimiento.
Luego volvió a asumir el papel de líder y nos indicó que utilizásemos los arpones contra la bestia, habían dos en cada lado, situados entre tres cañones.
Enya, más rápida y más cercana a las armas, se colocó la primera en uno de los lanza-arpones, el situado a la derecha, y mientras que yo me colocaba en el otro, Khaelos permaneció en medio intentando llamar la atención de la bestia.

Cuando llegué al arma me quedé mirándola... Ya estaba cargada y preparada para disparar, solo había que apuntar. Suspiré e intenté enfocar la punta del arpón al cuello de la bestia, donde supuse que la herida sería más importante. No me hacía ninguna gracia tener que usar armas a distancia, puesto que no había utilizado muchas, y mi practica con ellas era más bien nula, sin embargo tenía que intentarlo al menos. No tardé mucho en tirar de la palanca que disparó aquel enorme asta de acero como si se tratase de la punta de una flecha.
Y en aquel momento di gracias de que aquel bicho fuese enorme. La puta se clavó, si, pero justo en el borde de la piel, quedando solo unida por un fino trozo de piel, desde luego, la puntería no era lo mío. Sin embaro el disparo de Enya fue bastante más efectivo, había esperado un poco más, cuando la bestia abrió la boca para rugir de nuevo, pero aquel grito fue detenido cuando el proyectil atravesó la parte izquierda de su labio. Ambos arpones tenían cuerdas atadas, pensadas para capturar a las presas y que no huyesen, de forma que ahora la teníamos atrapada...

Al menos durante unos momentos. Rápidamente, enfurecida, la bestia hizo un brusco movimiento causando que mi arpón desgarrase el poco tejido que quedaba, y se soltase cayendo al mar con un amortiguado golpe. El de la mujer no duró mucho, pues cuando cerró las mandíbulas con fuerza, la cuerda que había quedado dentro de la boca de la bestia quedó cortada y cayó al mar junto con la anterior. No estaba retenida, pero al menos le habíamos hecho dos heridas sangrantes.
Y sobre todo habíamos descubierto que era inteligente, pues no le había costado mucho deshacerse de su agarre.
Lo siguiente fue espantoso. La mirada de ojos rojos de la bestia se clavó en mi, y pude verme reflejado en ellos... Eran igual que los míos. Sin esperar un moment más, la bestia alzó una de sus patas a mi dirección. Nada más comencé a ver la trayectoria del movimiento realizado salí corriendo hacia atrás, agradeciendo mi capacidad de reacción, pues apenas unos segundos despues, donde antes había una balista ahora había un montón de astillas. Sentí como los fragmentos me golpeaban con fuerza y se unían a los anteriores para formar otra mancha de trozos de madera en el suelo.
No me importó la lluvia de escombros, pues ninguno de aquellos fragmentos logró perforar mis escamas, y los del suelo tampoco eran problema por la misma razón.

-Mierda... Ese bicho no es idiota...-Les comenté a mis compañeros en gritos, cuando de pronto un rayo surcó el aire y bañó el lugar con un fuerte fogonazo. Dediqué una mirada de un segundo (Lo necesario para poder procesar lo que mis ojos contemplaron) al lugar de procedencia. Las nubes hacia las que navegábamos estaban ya muy cerca, y se podía percibir como un velo de agua caía desde ella... Lancé una maldición mientras volvía a fijarme en la bestia. La tormenta se acercaba a gran velocidad.-¡Tenemos que terminar esto de una vez o las cosas se nos van a complicar mucho más!

La bestia hundió un poco su cuerpo, de forma que su cabeza quedó a unos tres metros de la cubierta del barco, y sus garras se apoyaban en el borde del barco, haciendo que este crujiera bajo su peso. Parecía una buena oportunidad para atacar, la cuestión era... ¿Con que? ¿Espadas? ¿Cañones? ¿La balista de Enya? ¿O habría alguna opción más?

Los otros dos cazadores estaban en una situación un poco más tranquila, pero igualmente tensa. Los tiburones de las arenas habían devorado a uno de sus compañeros ante sus ojos, y ahora se dedicaban a atiborrarse del camello asado que les había dejado Cerverus. Sin embargo aquel pobre animal no duraría mucho, pues aunque fuese más grande que el ballestero, tampoco sería un banquete. Así pues el mago decidió aprovechar la oportunidad y convocó una bola de fuego hacia uno de los tiburones más pequeños, el que se situaba a la izquierda.
Mientras esto sucedía, Snarl se acercó corriendo a toda velocidad hacia la otra criatura pequeña. No parecía importarle el calor que desprendía la arena, cada vez más escaso, ni el terreno inestable en el que apoyaba los pies. Estaba realmente acostumbrado a aquel terreno, y su velocidad no era despreciable.

La bola de fuego impactó contra la criatura, estallando en un millón de pequeñas ascuas cuando colisionó. El pequeño animal emitió un extraño sonido, similar a un grito de dolor, pero en su piel no quedó más que una marca negra y una quemadura no muy grave, ni el mago era muy poderoso, ni la bestia muy debil al fuego. Estaba acostumbrada a las altas temperaturas del desierto, y la llama, si bien era diferente al simple calor, no logró ser totalmente eficaz... Quizás atacar a la piel no sería lo más adecuado, tal vez hubiese alguna zona más... Sensible. Pero el blanco facil ya se había acabado, y la criatura, enfurecida por el ataque, se sumergió en las arenas de un simple salto, como si se zambullese en una piscina de agua, solo dejando aquella aleta dorsal como señal de que se encontraba allí. Y sin esperar un segundo más emprendió un rápido nado hacia su agresor.
Snarl, mientras, se lanzó contra la otra criatura, y de un salto consiguió llegar hasta su parte superior, sorprendiendo a la criatura. Aquel potente ataque cuyas energías salían del salto realizado y de la fuerza del schacal consiguieron penetrar con facilidad la piel de la bestia, que resultó no ser demasiado dura. La espada le atravesó sin problemas, y la daga se internó de la misma manera, abriendo dos sendos cortes de una profundidad considerable, a traves de los que emanaba una gran cantidad de sangre roja y caliente. La bestia se revolvió y asestó un empujón a Snarl, lanzándoos unos dos metros hacia atrás por el impulso, pero sin ocasionarle herida alguna. Lejos de ello, aquel movimiento solo logró que las armas se clavasen más profundo y desgarrasen varios tejidos. Estaba perdida, y en unos minutos, o incluso segundos, caería muerta, pero aun así se lanzó corriendo contra su atacante, con las fauces abiertas y dispuesto a causar el mayor daño posible.


-----------------------------------------

Off: El post del tablón táctico en unos minutos.
avatar
Arthorius Bloodbane

Mensajes : 94
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Abr 22, 2013 10:02 pm

Cuando Enya habló acerca de los imperiales no pude evitar suspirar con tristeza al darme cuenta de hasta dónde llegaba la influencia de esos malnacidos. A pesar de que esa chica era joven y provenía de tierras lejanas, también había tenido que combatir a las fuerzas del Imperio. No pude evitar apretar la mandíbula y el puño, pensando en lo que esos malnacidos le hacían pasar a todo aquél sobre quien posaban sus ojos. Incluso había empezado a respirar más agitadamente. Sin embargo, recordé que no estaba frente a un imperial, con lo que relajé mi cuerpo y la miré a los ojos. Era más que obvio que podía notar qué sentía hacia el Imperio, y finalmente le respondí:

-Es triste escuchar que sus garras llegan hasta tan lejos de su región natal... Créeme, si te contara los horrores que ha vivido mi tierra bajo doscientos años de opresión imperial... Lo que yo mismo he llegado a sufrir... Creo que podrías hacerte una idea de la dimensión de mi odio hacia ellos. Sin embargo, preferiría que no amargáramos esta charla mencionando a esos bastardos.-

La conversación siguió, uniéndose Arthorius tras escuchar nuestras palabras que le animaban a no sentirse diferente por su aspecto, pues en realidad los tres éramos iguales allí. Éramos guerreros. Solo nos diferenciaban estilo de combate, capacidades, y armamento. El espíritu era el mismo. También estaba el hecho de que los tres compartíamos una cierta afición a cazar dragones, cosa que me hizo sonreír. La conversación empezó con Enya contándonos cosas de su patria, y al cabo de un rato fue el turno de Arthorius, quien habló sobre su hogar. En cuanto a mí, les hablé sobre mi nación, intentando que mis palabras no estuvieran teñidas del odio hacia el Imperio ni de la desgarradora tristeza que sentíamos los zhakheshianos al recordar todo lo que se le había llegado a hacer a nuestra patria.

Rato después nos hallábamos ya en medio del calor de la batalla, luchando contra la enorme criatura. Me tragué la lluvia de astillas evitando que fuera Enya quien las recibiera, y dejé que el dolor de los cortes y las perforaciones me enfriara la mente y activara los sentidos, cosa que quedó reflejado en mi mirada, que en aquellos momentos era como si estuviera hecha de acero de sangre. Todas mis emociones estaban concentradas en mi sonrisa, que mostraba la fiereza guerrera, con sed de la sangre de la criatura a la que nos enfrentábamos.

El plan se puso en marcha, y rápidamente yo ejercí de cebo mientras Arthorius y Enya abrían fuego contra la enorme criatura. El primer disparo se clavó en una zona no letal, mientras que el segundo se clavó en el labio del ser, pero un mal presentimiento nació en mi corazón, y desgraciadamente así fue. El monstruo se revolvió, despojándose de uno de los arpones, y el otro arpón cayó poco después cuando cerró las mandíbulas. No le habíamos hecho casi nada, desgraciadamente, pero al menos le habíamos hecho sangre. La desgraciada era lista. Aquello me hizo saber que debíamos replantear el ataque, pero antes de poder hablar, una de las patas de la criatura destrozó el arpón donde antes había estado Arthorius. Afortunadamente, el hombre había logrado retroceder lo suficiente como para no ser aplastado ni herido. Fue entonces que habló, y vi que se acercaba cada vez más la tormenta. Algo se me ocurrió entonces, y lo grité para que me escucharan:

-¡Arthorius, Enya, si podéis echarle mano a otro arpón disparadle a la garganta! ¡A la garganta! ¡Ahí no hay riesgo de que se suelte y si le herís las arterias sangrará bastante! ¡De momento, pero, disparadle los cañones! ¡Una vez empiece a llover de poco nos van a servir, debemos gastarlos ya! ¡Enya, tú eres quien mejor puntería tiene, dales caña! ¡Tengo una idea!-

Envainé la espada corta rápidamente mientras empezaba rápidamente a tramar mi plan. La cabeza del ser estaba a tres metros o menos sobre la cubierta, de modo que si saltaba sobre uno de los cañones... Podría, sí. Mientras me acercaba corriendo hacia un cañón, analizando dónde podría meter el pie para darme impulso, les grité a mis compañeros, agarrando la espada bastarda con ambas manos:

-¡Haced que el monstruo saque sus garras de la cubierta ya o le dará la vuelta al barco, si es que no lo hunde! ¡Arthorius, córtale las garras! ¡Enya, si puedes dispararle al brazo o las zarpas con uno de los cañones mejor que mejor! ¡Hemos de evitar que siga apoyado por mucho rato o acabaremos yéndonos con él al fondo del mar!-

Tras eso, me apoyé con el pie en la zona que me parecía más estable y salté, tratando de descargarle mi golpe en la garganta, el cuello, o de no llegar, al menos a la barbilla. Cualquier herida de consideración.
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Sáb Abr 27, 2013 11:15 pm

La cacería es el arte de la captura
Es que la sangre hierva en un instante
Es la emoción y la persecución
El éxtasis que tan solo dura un segundo
Pero es una droga tan adictiva
Que se vuelve parte de la vida.

Christian Chacana 27 de abril de 2013

La carrera no había sido larga, la arena ardiente se movía entre sus patas, era como un recuerdo del pasado distante, no había olvidado la lucha ni tampoco las razones por las cuales había abandonado las arenas, que constante cambiaban bajo sus pies, el sol aun no moría en el horizonte, y con el corazón bombeando sangre por sus arterias, dio el alto, la arena cayó levemente como un roció antes de que se escuchara el gruñido, el gemido de dolor, la piel no se resistió, la carne tampoco o incluso los tendones y nervios, las dos hojas se incrustaron ene se lomo azafranado, y con movimientos de sus brazos la carne fue rajada, de inmediato la sangre mancho todo, las ardientes arenas, habidas de sangre se volvieron carmesí, la bestia se retorció horriblemente, dejando que sus dientes se mostraran, como afilados puñales listos para devorar la carne, un movimiento, el cuerpo del Schakal se deslizo, cubriendo sus manos de sangre y también su rostro, un poderoso golpe y este voló por el aire, rodando por el suelo antes de volverse a erguir en la arena, sacudiéndose cual animal el arena que ahora se entrelazaba con su pelo, era un animal, era una lucha y esta no la perdería.

El viento levantaba a lo lejanos remolinos cargados de arena, el aroma era el mismo que recordaba la bestia, no había cambiado nada, sus manos aun aferraban las empuñaduras de sus armas, quienes le habían acompañado desde hace ya mucho tiempo, incluso desde ese lapsus en aquel templo. Más no tenía demasiado para pensar en ello. Sus ojos se clavaron en su presa, la cual ahora, parecía enfurecida, desesperada y enloquecida, corriendo sobre las arenas con las fauces abiertas para atacarle, mas con cada paso, la sangre brotaba y su cuerpo se tambaleaba de un lado a otro, salpicando de carmesí las arenas, su tiempo estaba contado y como el desierto, con cada grano de arena su vida se extinguía, aun así … aun así tenía fuerzas para aquella ultima arremetida, el Schakal se coloco en posición, su espada rota brillaba con el rojo fulgor de aquel elixir carmesí, la respiración del Schakal era pausada, la emoción de la cacería dejaba que sus instintos afloraran y que a la vez, se uniera aun mas en aquella danza macabra de vida y muerte.

-Esto se vuelve interesante… je… je… hacia mucho que no me divertía con una buena cacería-

El animal corría, corría y se apresuraba, el Schakal sujeto con fuerza sus armas y se lanzo, algo torpe quizás, algo iluso dirían, pero la mente de la bestia siempre estaba atenta, siempre estaba preparada, tan solo fue una fracción de segundo, un solo instante en el inmenso mar de la existencia, el filo mellado y olvidado de su espada brillo, tan solo fue un parpadeo, cuando el Schakal se movió, un movimiento que lo era todo, un movimiento que le alejaría de las fauces, o eso esperaba, su espada estaba lista, su voluntad templada por el sol y la soledad, era una bestia que cazaba para otros, pero que se mantenía libre al tener en sus manos las herramientas para ello. Tan solo sería un instante, un parpadeo, una fracción en la inmensidad del tiempo, pero lo seria todo, su espada se levanto, no templo ni un instante, siempre firme. EL combate podría terminar de mil maneras, pero él deseaba de una sola forma, de un único golpe, no deseaba desperdiciar más tiempo, ni más luz, el sol moría y si se retrasaba, la luna solamente seria testigo de la cacería. EN su mente podía vislumbrar la escena que una no sucedía … y que como una secuencia se realizaba, la bestia abriendo al boca, la espada lista y siendo devorada por sus fauces, pero el filo cortando la carne desde la comisura de sus colmillos … velocidad ese era el punto, velocidad y fuerza, la daga rajaría su cuerpo por todo lo largo, o eso esperaba … tan solo deseaba que la vieja espada aguantara el embiste, que aguantara una lucha mas, y que no se perdiera, junto con el brazo que le sujetaba.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
avatar
Snarl

Mensajes : 333
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Abr 28, 2013 1:40 am

Khaelos de nuevo asumió el puesto de líder, comenzando a dar órdenes mientras preparaba su propio ataque. Su recomendación fue clavarle los arpones en el cuello, pero posteriormente, utilizando primero los cañones de los que disponíamos antes de que se volviesen más una carga que una utilidad. Aquella tarea fue encargada a Enya, quien tenía más precisión que yo.
Y mientras ella se dedicaba a cargar y disparar los cañones, el conde se subió a un cañón, aumentando su altura y quedando justo bajo las fauces de la bestia, que en un principio no pareció percatarse (Extrañamente) de que aquel hombre se le acercaba.
Yo por mi parte, me acerqué corriendo hacia su zarpa izquierda, y me percaté de que sus ojos se posaban en mi y me seguían.
Con forme iba avanzando sentía como el suelo bajo mis pies se volvía mas cuesta-abajo... Efectivamente, aquella bestia estaba empujando el barco hacia abajo, intentando darle la vuelta.

Por suerte, era algo de lo que ya estábamos prevenidos, y aunque Khaelos lo había advertido, ya me había percatado de aquel detalle. Mi carrera no tardó en encontrarse con la zarpa de aquella criatura, cuando la cubierta ya se había inclinado unos cuantos grados. Alcé la espada, sujetándola con ambas manos cuando se encontró en el punto más alto, y descargué un golpe sobre uno de sus dedos, allí donde la garra y la carne se unían junto a unas escamas. Seguramente fuesen duras, muy duras, pero mi espada era bastante más afilada...
Y cuando estaba a punto de tocar su piel, su filo emitió un leve brillo blanquecino que pude percibir durante un instante.
Al momento, un rugido resonó por el aire, y una gran cantidad de sangre empezó a teñir la madera de la embarcación mientras la garra quedaba en la cubierta, separada del resto del cuerpo. Su brazo se levantó rápidamente, y la nave empezó a recuperar su estabilidad.
De pronto escuché una voz a mi lado... Grahim.

-¿Te has fijado? ¡Esa bestia tiene sangre de dragón! La espada le ha reconocido.-Dijo justo antes de desvanecerse. Por una vez debía darle la razón, incluso para ser un arma de aquella calidad, el tajo había sido muy sencillo, eso quería decir que el poder que contenía se había liberado, y eso solo podía significar que por la sangre de aquella cosa, la misma que ahora bañaba el suelo y empapaba mis pies, contenía la de las antiguas y míticas bestias.

Al girarme también pude ver a Khaelos caer al suelo de cubierta, con la bastarda aun en la mano, y cubierto de sangre que parecía brotar de un corte en la papada de la bestia, que se alejaba de la nave mientras las balas de cañón le golpeaban el pecho, aunque sin provocarle serios daños, si se notaba que le dolían. Sonreí mientras me reunía con el resto en el centro del barco, parecía que habíamos estado bien sincronizados con nuestros ataques, pero de quien más me preocupé fue de Khaelos, pues según pude ver, aquella caida no había sido bien controlada, era obvio que el equilibrio que se podía mantener sobre un cañón en un barco de aguas revueltas, lanzando un ataque en salto a una bestia marina... No era muy grande, y caer de pie le fue practicamente imposible. Aun así, el hombre era duro, lo suficiente para aguantar aquel golpe. Me preocupaban mas los trozos de madera que habían quedado en el suelo y que probablemente ahora tuviese clavados.

Vimos como la cabeza del leviatán se alejaba de la cubierta, siguiendo en el borde del barco, pero ya sin encontrarse encima de nosotros. Por lo que un ataque físico era prácticamente imposible, nos arriesgaríamos a caer por la borda.
Y de nuevo, se hundió más en las aguas, pero sin llegar a desaparecer. Podíamos contemplar sus ojos justo delante de nosotros, mirándonos con ira. Habría sido un buen momento para darle un cañonazo, pero por desgracia, aquellas armas tenían que recargarse, y no era tarea sencilla para una sola persona. Para cuando quisimos hacer nada, sentimos un temblor por toda la nave, a nuestras espaldas. Aquello hizo que la nave se meció de forma peligrosa, y consiguió derribarnos a todos. Cuando giré el rostro para comprobar la fuente de dicho movimiento la vi perfectamente... Y me maldije por no haber pensado en ello. Aquella bestia tenía cola, como casi toda bestia marina, y desde luego, el tamaño le había bastado para rodear al barco y golpearlo sin problemas.

No habría sido una situación difícil si no hubiese sido porque tras aquel impacto, aquel apéndice volvió a hundirse, con una velocidad sorprendente. Lo único que me dio tiempo a hacer fue dirigir la mirada hacia delante, donde el leviatán volvía a estar elevado, pero bastante más que antes, con ambas patas en el aire a varios metros sobre nuestra cabeza...
El resto lo vi pasar lentamente ante mis ojos. Pude procesar sin problema lo que iba a ocurrir, pero no evitarlo... Las patas descendieron con la misma velocidad con las que habían subido, y el navío lanzó un crujido nefasto justo antes de que los cañones de aquella parte se desprendiesen con el impacto, así como la balista y prácticamente toda la barandilla... Y que la inclinación del barco nos arrastrase rodando hacia el mismo borde del mismo.

La espada escapó entre mis dedos tras aquella arremetida, dejándome expuesto mientras me precipitaba hacia una caída que parecía significar mi muerte. Pero antes de caer alcé mi mano al cielo, y en esta apareció con una nube de rombos (Tal y como hacía Grahim) la espada.
Sin pensármelo ni una fracción de segundo, la clavé en la madera de la cubierta, colocando la parte plana en dirección a la inclinación del barco, y quedando así agarrado a la cubierta antes de caer... Aunque notaba como mis pies pendían del vacío sin suelo firme bajo ellos. Un segundo más y habría caído sin remedio...
Khaelos y Enya... En ese preciso instante distraerme viendo como estaban no era una opción.
Por si fuera poco, empecé entonces a notar las gotas de agua caer sobre mi espalda, y no parecían ser del leviatán... Las nubes se habían vuelto negras sobre nuestras cabezas, y el sol hacía ya tiempo que había desaparecido... La única fuente de luz que teníamos, a parte de los candiles del barco, eran los rayos que caían a intervalos irregulares a nuestro alrededor.

Lejos de allí, en el desierto. Snarl y Dante continuaban su batalla por la vida.
El Schacal había sido derribado por aquel empujón del tiburón terrestre, rodando por la duna hasta detenerse a unos metros. Contempló a su adversario, que se acercaba con torpeza y tambaleándose a cada paso por las heridas infligidas. Dispuesto a dar hasta su último aliento lanzó aquella carga final, pero el otro era demasiado rápido, y antes de que sus dientes rozasen tan siquiera su piel, el último destello del anochecer brilló en la hoja mientras esta lo abría de un lado a otro, salpicando el suelo de sangre, cuya arena la bebía con avidez. Con el profundo corte desde las fauces hasta la cola, cayó al suelo muerta e inerte... Y con gran parte de la hoja de la maltratada arma aun clavada en su cuerpo mientras el resto permanecía en la mano del schacal.

La hoja se había partido al chocar contra los huesos, y aunque había sido capaz de cortarlos y partirlos, aquel esfuerzo al que había sido sometida terminó con ella. El filo ya estaba mellado de tantos golpes, y el oxido ya había vuelto su estructura muy poco fiable. No fue de extrañar aquel suceso. El hombre estaba ya a punto de enfocar a su nuevo objetivo cuando de pronto un agudo chillido resonó en el vacío del desierto, ya oscuro por la noche.
Dante había sido atacado desde el interior de la tierra que tenía a sus pies, y sin haber sido capaz de reaccionar a tiempo, el tiburón había embestido a él y su montura, lanzándolos al suelo cuando un geiser de tierra surgió a su alrededor producto del impulso del animal.
Las fauces se cerraron en torno al pecho del animal, que como su anterior compañero comentó a gritar de forma molesta por las heridas sangrantes que le recorrían.
Su dueño se había salvado del impacto gracias a él, pero no había salido totalmente ileso. En la pierna izquierda un profundo corte hacía aparición, derramando el fluido carmesí sobre el blando suelo que pisaban. No sería letal si la trataba a tiempo, pero el mayor peligro era que su otra pierna se había quedado atrapada bajo el camello, y el tiburón se encontraba ante él, esta vez dispuesto a terminar con la molestia del humano que le había interrumpido antes.


-----------------------------------------

Off: El post táctico en unos minutos. Como siempre.
avatar
Arthorius Bloodbane

Mensajes : 94
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Abr 28, 2013 3:47 am

El campo de batalla pareció empezar a ponerse lentamente a nuestro favor gracias al excelente trabajo en equipo que organizamos, pues el enorme ser estaba recibiendo grandes cantidades de castigo. Arthorius logró amputarle una garra de un solo espadazo, y pude reconocer la marca de una matadragones como la que yo empuñaba ante el tenue brillo que desprendió. Concretamente, me fijé en todo aquello apenas unos instantes después de que mi hoja lograra morder la papada del monstruo y las balas que Enya disparó golpearan el pecho del monstruo. Sin embargo, esa distracción me costó algo cara, y vi como el suelo se aproximaba rápidamente a mí mientras decía, cayendo:

-¡No me fastidies...!-

Apenas acabé la frase solo tuve el tiempo justo de poner el brazo izquierdo frente a mi rostro para no romperme la nariz ni perder la conciencia del impacto, y lo logré. Solté un doloroso bufido y me puse en pie con un gruñido, con los sangrando levemente por las numerosas astillas que ya había clavadas en ellos, y vi que Arthorius y Enya se acercaban. Les sonreí ampliamente y les dije, girándome hacia el monstruo:

-No hay nada que me haga sentir más vivo que mi propia sangre gotear... Veamos con qué nos sorprende este bastardo ahora...-

Observé al ser sin perder la sonrisa, mientras éste empezaba a alejarse de la cubierta, quedando fuera del alcance de nuestras armas lo cual me hizo soltar una maldición sin perder la feroz sonrisa que se había adueñado de mis labios, y vi como el monstruo nos miraba con gesto de ira, justo delante de nosotros, gesto al que respondí ampliando mi sonrisa. Sin embargo, antes de poder reaccionar un fuerte temblor azotó la nave desde nuestras espaldas, derribándonos y haciendo que pudiéramos ver que la cola del ser nos había golpeado por la espalda. No era la única sorpresa que nos tenía reservada, para nuestra desgracia.

Como si el tiempo pasara a paso de caracol, pude ver cómo las patas del monstruo marino caían hacia el barco con gran fuerza, destrozando los cañones y una de las balistas, además de llevarse por delante la barandilla. Lo más divertido fue que la inclinación logró que cayéramos rodando hacia adelante, pero yo no solté la espada ni siquiera en ese momento. No me convenía. Mi intención no era quedarme en el barco... Tan rápido.

Logré estabilizarme lo suficiente como para caer deslizándome sobre mi espalda, ganando velocidad de forma vertiginosa hasta adelantar a Arthorius, quien parecía que sí iba a quedarse en el barco. Cuando llegué al borde de la barandilla quebrada aproveché los restos para poder inclinarme hacia adelante, doblando las piernas y saltando finalmente, buscando caer sobre el torso del ser. Durante un instante el tiempo pareció detenerse antes de que mis botas dejaran de tocar la cubierta y el aire pasara a ser lo único que tocaba mi cuerpo. Mi espada giró en mis manos y fue empuñada con ambas, el filo hacia abajo. Mi cuerpo se inclinó hacia adelante, buscando que, si tenía que sumergirme, la superficie de mi cuerpo en contacto con el agua fuera la menor posible sin por ello estamparme contra el cuerpo del bicho y perder el sentido inútilmente. Mientras caía hacia la criatura, el primer relámpago se dejó ver y el primer trueno sonó, uniendo su voz a la mía, la cual gritó en zhakheshiano:

-¡¡¡KHÛDUSH!!!-

Muerte clamaba mi grito, pronunciado con una fuerte voz gutural. Mi intención era simple, aprovechar la caída para clavarle la espada al monstruo, moverla adelante y atrás, girar la muñeca para ampliar el corte y tras eso nadar hacia la cuerda del arpón que quedaba, que en teoría debía estar en contacto con el agua para poder subir hasta la cubierta. Esperaba lograrlo, aunque la sonrisa en mi rostro mostrara que estaba disfrutando de aquello.
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Lun Abr 29, 2013 3:18 pm

El disparo de hechicero golpeó de pleno a su objetivo. En este sentido el disparo fue un éxito, mas no en sus efectos. Cuando la bola de fuego impactó una violenta explosión tuvo lugar en el lugar donde la criatura se encontraba, pero al dispersarse el humo, la criatura estaba viva, con solo una quemadura en el lugar del impacto. Al parecer, la piel de esa criatura era casi ignífuga. Maldito alquimista imbécil. ¿Elegía a tres soldados con armadura para pelear en el mar y a un piromante para pelear con seres a prueba de fuego? ¿Qué demonios funcionaba mal en su maldita cabeza?

Dante estaba en un lío, y gordo. El tiburón, al verse atacado se sumergió en la arena y se dispuso a atacar al ginete que se hayaba montado en el camello. ¿Era acaso el cerebro de ese animal capaz de discernir quién le había lanzado aquel conjuro? No estaba muy seguro, pero de lo que si lo estaba era de que estaba furioso y esta vez no se detendría a saborear un cebo hasta que todos los seres vivos en escena, salvo sus congéneres estuviesen muertos. Sumergido bajo la arena era imposible atacarle, e incluso cuando emergiese había comprobado que sus ataques no le harían demasiado daño. Quizás la mejor opción era la huida.

Dante trató de huir montado en el camello pero el tiburón resultó ser más rápido. El choque de la criatura derribó a montura y jinete, quedando ambos postrados sobre la arena. El camello chilló de dolor cuando las fauces de la criatura se clavaron en su carne. Dante trató de aprovechar para huir pero pronto descubrió que su pierna derecha estaba atrapada bajo el peso del camello. Dante trató de sacarla pero fue inútil. Fue entonces cuando reparó en la herida en su pierna izquierda, ya que esfuerzo hizo que un intenso dolor le recorriese el cuerpo. Había que actuar rápido así que el hechicero hizo uso de su poder mágico. Apoyó la mano contra su herida y canalizó parte de su energía ígnea sobre ella, para que el calor del fuego la cauterizase.

El dolor fue aun mayor, pero Dante era un soldado acostumbrado a tener que sufrir dolor para seguir viviendo. No era la primera vez que se veía obligado a quemar una herida para detener un sangrado, aunque cierto era que nunca se acostumbraría a ese dolor.

La herida estaba cerrada, pero el hechicero estaba lejos de estar a salvo. Tal y como sospechaba, muerto el camello el tiburón pasó a atacar a la siguiente criatura viva en cercanías. Él mismo.

Alzó las manos y realizó el conjuro. Solo tendría una oportunidad. La piel de aquella criatura era a prueba de fuego, pero probablemente su interior no lo fuese. Su única esperanza era disparar dentro de su boca en el momento que fuese a tratar de morderle. Si no conseguía disparar en el momento preciso las consecuencias serían nefastas. Esta vez era todo o nada
avatar
Cerverus Dante

Mensajes : 73
Edad : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Lun Abr 29, 2013 6:58 pm


Gracias a la cobertura que Khaelos me ofreció y a la distracción que creó gritando órdenes logré llegar a la balista. Una vez allí, salté hacia el arma y me aferré con fuerza a sus mandos, dejando que la plataforma girase hasta encontrarse la punta del arpón cargado alineada a la perfección con la mandíbula de la bestia, al menos todo lo que podía desde aquel extraño ángulo que tenía. Respiré hondo y dejé que la calma, anti-natural para la situación que estaba viviendo, invadiese mi cuerpo y lo purgase de nervios y tensiones que pudiese hacer errar mi tiro. Mantuve la mirada fija en la bestia buscando algún punto débil entre sus aserrados dientes, esperé de nuevo, esta vez a que Arthorius disparase, y entonces tiré de la palanca de disparo. En ese instante, y como si yo fuese el arpón, gocé de una localidad excepcional para ver el aserrado filo del proyectil traspasar sin problemas parte de su boca. Aun así no todo fue como yo esperaba, no había logrado hincarle bien aquella saeta metálica y aunque la cuerda quedó tirante la bestia, tan poderosa como temible, no tardó en deshacerse de ella tirando con sus poderosas fauces hacia un lado y hacia otro.

A continuación observé, aterrada, como el leviatán alzaba una de sus garras en dirección al engendro del grupo. Por fortuna las diosas impulsaron sus pies y lo salvaguardaron de una muerte segura, pues donde él había estado sólo unos segundos atrás ahora sólo había un enorme hueco ni tan siquiera la balista, enteramente metálica, fue rival para la destructiva fiereza de aquella bestia. Algo me decía que el combate sería intenso.

-¡Así es! –
Respondí a las palabras de Arthorius. La bestia no era un simple animal cuyos ataques naciesen de la ira, el descontrol o la desesperación por sobrevivir, de haber sido así hubiésemos tenido que enfrentarnos a un aluvión de golpes sin sentido que posiblemente ya hubiesen hundido el barco. Pero, por el contrario, lo que hacía aquella criatura era dar sólo los golpes precisos, siempre manteniendo una buena parte de su cuerpo en el agua y con las patas apoyadas en el barco para hacerlo zozobrar; ¡Iba a hundirnos si no hacíamos algo!

El corazón me dio un vuelvo cuando aquella idea, la del naufragio, me fue confirmada por los dos guerreros que luchaban a mi lado. Por lo visto a los tres se nos había pasado ya aquella funesta posibilidad por la cabeza, pero al primero fue, cómo no, a Khaelos. El viejo general comenzó a “ladrar órdenes” una vez más. Yo también había sido soldado, sargento más concretamente, y sabía que si algo podía salvarnos la vida en aquella ocasión era tragarme mi orgullo y seguir las órdenes del Cuchilla. Así pues, me despegué de la balista y corrí como alma que lleva el diablo hacia los cañones azabache. Al llegar derrapé un poco, pues mis botas de cuero no tenían buen agarre sobre la madera mojada, pero logré recuperar la estabilidad perdida. Con presteza cargué el cañón de mi diestra, prensé bien la pólvora arrojando la pesada bola de hierro con fuerza por el interior de su garganta y me preparé para prender la mecha. Pero entonces un destello blanco llamó mi atención. Había sido leve, ni por asomo como el de un rayo y provenía de la espada del guerrero con cabellos de fuego. Él mismo había contado antes que provenía de un linaje de matadragones, así que su espada estaría encantada para acabar con tales bestias así que… ¡Aquel bicho tenía sangre de dragón!
Sin dudarlo ni un momento disparé, aunque mis esperanzas de dañarlo gravemente sólo con el hierro de aquellas balas se habían ido a pique. Mis aciertos no fueron pocos, dos al menos (uno por cañón), aunque no habían dado en la zona deseada al menos le bicho se iba con un recuerdo mío en forma de quemaduras en su blanca piel delantera. A pesar de esto no se rindió, continuó atacándonos. Hizo zozobrar el barco con un fuerte golpe de su cola que casi nos derriba. No dije nada cuando nos reunimos, tras el brutal coletazo, en el centro de la embarcación, sólo enfundé mi espada y tomé el arco mientras la bestia surgía de nuevo del agua con otro rugido atronador. Ésta vez no se limitó a mostrarnos lo que ya habíamos visto de su cuerpo, sacó más escamas del agua, las cuales relucieron como perlas ante los destellos provocados por la tormenta. Y entonces… la oscuridad. La tormenta nos había engullido, sólo éramos (o por lo menos yo) capaces de ver cuando los relámpagos que partían el cielo iluminaban la embarcación.

Fue entonces, a la luz de un trueno gigantesco, cuando observé con horror cómo la bestia bajaba con sus zarpas en dirección a la barandilla del barco. Destrozó ésta, los cañones y la balista en la que antes había estado de un único golpe pero, además, también nos hizo perder la estabilidad a los tres guerreros que habíamos allí, derribándonos y precipitándonos hacia el agua, o lo que era lo mismo: una muerte segura.

Afortundamente Arthorius reaccionó deprisa, recuperando su espada perdida mediante la magia que estaba encerrada en ésta y quedándose clavado en la madera colgando hacia el oscuro mar. Khaelos, quien también demostró ser un hombre de pensamientos rápidos, hizo todo lo contrario y se deslizó cuanto pudo por la madera húmeda del barco para después saltar en dirección al bajo-vientre de la bestia. Y yo, que también había resbalado a causa del ataque del bicho, acabé yendo a parar sobre el acero oscuro de Arthorius. Allí no gozaba de una gran estabilidad, pero al menos tenía un sitio desde donde poder apuntar y disparar.

-¡Arthorius, no sueltes la espada! – Grité. Era obvio, sí, pero necesitaba liberar tensiones diciendo algo o mi siguiente acción se iría al traste.

Todavía de pie sobre la tizona de mi compañero, dispuse una flecha en la cuerda del arco y la tensé. Alineé la punta de la saeta en dirección a la recién abierta herida en su papada y solté. A continuación tomé otra flecha y volví a apuntar, esta vez temiendo una represalia de la bestia si el primer proyectil no erraba. No era una heroína, tampoco quería, en esos momentos, llamar toda la atención del leviatán, pero Khaelos necesitaba tiempo y poca atención por parte del monstruo o acabaría frito y yo, que era la única que todavía se mantenía sobre sus dos piernas, debía dárselo si quería salir con vida de allí.
avatar
Enya

Mensajes : 69
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Mar Abr 30, 2013 9:24 pm

No puedes asesinar simplemente a la bestia
Porque esta es parte de ti, es tu otra mitad
Es la cara que ocultas con una máscara y una sonrisa
Mas la bestia se retuerce y gruñe con hambre
Solamente desea alimento, el cual anhela
¿Se lo darás o sufrirá hambre hasta liberarse?

Christian Chacana 30 de abril de 2013


La arena trae canciones antiguas, escritas en cada grano un nombre y una historia, alguien que piso del desierto y fue devorado por este, ahora sus huesos reposan en lo profundo de la arena, donde aguardaran hasta que vuelvan a levantarse, como fue prometido antes que el hombre alzara la mirada del barro primordial. Ahora el viento susurra las leyendas olvidadas, leyendas que nadie puede recordar y que nadie puede comprender, leyendas que se vuelven mitos y mitos que desaparecen como el día y la noche en un ciclo sin fin.

El arena se cubrió de sangre, ahí no había un guerrero luchando si no un animal, la espada corto la carne, los tendones y nervios, desgarro aquel cuerpo como si fuera un simple saco, con cada instante, la bestia utilizaba su fuerza, mas cuando el crack se escucho, el poderoso animal cayó pesadamente sobre las arenas, derramando su sangre y órganos sobre la ardiente arena. El Schakal jadeo, en sus manos tan solo llevaba la empuñadura de la que alguna vez fue su fiel espada, ahora reducida a simple basura por el poderoso animal, su brazo había soportado el embiste, y sin temblar ahora sujetaba el metal, a lo lejos podían escucharse los gritos de un animal enfurecido y de otro asustado, no le importaba, su mirada estaba fija en el cadáver, una presa que serviría para el alquimista … pero que no era la que de seguro deseaba, si el había logrado asesinar a una con tal facilidad … el realmente deseaba la de aquella monstruosa criatura, que de seguro les intentaría devorar cuando tuviera la oportunidad, de reojo miro que la bestia acababa de comer y tan solo pudo vislumbrar parte de su cola cuando se zambullía en la arena, del camello no quedaban rastros, exceptuando la mancha rojiza sobre la arena, mancha que el sol se encargaría de secar y el desierto de ocultar.

Mas no había tiempo para ocuparse de saquear aquel cuerpo bestial, el ambiente estaba cargado con el aroma a sangre, e incluso, su pelaje estaba manchado y bañado en la oscura sangre, cosa nada bueno en esos momentos, agarrando arena con sus garras, la utilizo a modo de secado, sus brazos terminaron llenos de arena y esta caía manchada de carmesí al suelo, mas poco a poco estaba limpiándose, del otro mercenario poco le importaba, si estaba muerto entretendría a las bestias, si estaba vivo, seria de utilidad como carnada para la bestia mayor, menos de un minuto demoro en quitar la sangre o bueno, la mayor parte de la arena que cubría sus brazos, por lo menos el aroma a esta ya no era tan penetrante en su cuerpo, mas aun olía a esta y si la bestia se guiaba por el olfato estaría en dificultades … ¿Por qué creía que la bestia se guiaba por este?, era fácil, bajo la arena no importaban los ojos, eran un estorbo y sobre esta, se podrían lastimar por el viento o el sol, tampoco era por el oído, el arena evitaba que el sonido recorriera incluso una pequeña distancia, por ello , los Schakales confiaban en su olfato más que en cualquier otro atributo para encontrar sus presas, y tal vez de la misma manera aquella bestia se guiaba para encontrar sus presas. El Schakal aspiro con tranquilidad el aroma del ambiente, el viento se llevaba los aromas, pero aun quedaban impregnados… el aroma a sangre de bestia era notorio, al igual que la humana y la del camello, sería difícil guiarse solamente con la sangre de este, ya que de seguro, cuando había devorado la carne del animal, este se había manchado. Con tranquilidad saco aquella espada saqueada, de buena confección, de un material que aun desconocía, pero que debía de servir para sus propósitos … tan solo debía de confiar en sus cualidades y en que no importaba lo que debería de hacer, no moriría en el desierto, le había costado mucho dejarlo como para terminar muriendo en ese lugar.

Su mirada se clavo en el mercenario quien luchaba contra la bestia, ¿le ayudaría? … por un lado no le importaba que muriera, por otro lado … le sería útil si vivía un poco más, era un gran dilema, sus instintos le decían que debía de eliminarlo … lo antes posible, mas una corazonada le decía que lo utilizara como cebo y que después le asesinara, una voz tenía razón y la otra también … mas ahora había otro problema, la bestia mayor estaba sumergida y de seguro buscaba alimento, al sangre del ambiente la debía de estar volviendo loca … y en esos instantes, quien más sangre tenía a su disposición, era aquella bestia y el camello … Snarl apretó los dientes, hasta hacerlos crujir, apretó con fuerza la empuñadura de su daga y de la espada…

-¡¡¡MALDITO SEAS!!! ¡¡¡INÚTIL Y DESPRECIABLE HUMANO!!!-

Grito mientras corría hacia donde estaba el humano y la bestia, no tenía muchas ganas, pero necesitaba una carnada y ahora que no habían camellos utilizables … debía de usar lo que tenía a mano, los metros que le separaban de la bestia fueron rápidamente recorridos, y de un salto tenía planeado realizar la misma maniobra, saltar con la espada y la daga y al caer, incrustarlas en el lomo de la bestia, pero a diferencia de la vez anterior, no cortaría por lo largo del lomo, si no haría un tajo lateral, cortando la espina de la bestia aunque para ello utilizara todas sus fuerzas … tan solo esperaba ser lo suficientemente rápido y fuerte para ello, o el imbécil de ese mercenario ya no le sería útil.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
avatar
Snarl

Mensajes : 333
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Miér Mayo 01, 2013 11:55 pm

Resoplaba mientras me aferraba con todas mis fuerzas al mango de la espada. Tenía fuerza suficiente como para mantenerme colgado de mis manos, aun más si también me apoyaba con el cuerpo en la cubierta del barco. Así que no era difícil, pero si cansaba. Mas, no podía permanecer ahí para siempre, tenía que lograr estabilizarme, no quería pasar el resto del combate allí agarrado.
Pero de pronto sentí un choque contra la espada, y al alzar la mirada me encontré a Enya allí. Tenía sus pies apoyados en el filo de la espada, que crujió cuando estos chocaron contra ella, y agradecí la dureza del ferrystalum que componía su filo. La pose que tenía era... Realmente para haberla plasmado en un lienzo. De pie, con la lluvia cayendo sobre su rostro y el pelo movido por el viento, el rostro en dura expresión y sus ojos clavados fríamente en la bestia. El arco en sus manos cargando una flecha que disparó sin piedad antes de cargar una nueva.

También pude apreciar como momentos antes Khaelos caía por la borda... Habría gritado por él, si no me hubiese percatado de que casi parecía haberlo hecho a propósito... ¿Que tendría planeado?
De pronto, la bestia hizo un brusco movimiento y gritó con fuerza, a la vez que apartaba sus zarpas del barco, haciendo que este se estabilizase rápidamente y tirando a Enya al suelo, mientras yo me incorporaba y extraía la espada de la madera. Pude ver como Khaelos ascendía por la cuerda que había disparado el arpón hacía ya un buen rato, y como la bestia se alejaba unos pocos metros de la embarcación con una gran herida en el pecho, de la cual manaba una ingente cantidad de sangre. Además, la amputación que le había hecho antes ahora lucía unas cuantas flechas clavadas bien profundas en la herida. Desde luego, estaba recibiendo muchos golpes. Todos habíamos vuelto a reunirnos en la parte central del navío, contemplando como el leviatán empezaba a alzarse, y a alzarse, mostrándonos su enorme cuerpo, ahora sangrante y plagado de heridas. Superaba en altura los mástiles del barco, y su fuerte rostro estaba marcado por la ira...

Lanzó un poderoso rugido que hizo estremecerse todo el barco, y de pronto, de su piel empezaron a emerger chispas luminosas, que recordaban a las que aparecían entre las nubes que nos cubrían y bañaban con su lluvia... Momentos después, una gran fuente de luz emergió de la bestia y se propagó por todas direcciones, llegando a chocar contra el barco en algunas zonas, y provocando llamas que la lluvia, cada vez más intensa, no tardaría en apagar.
Pero lo que mas me preocupó fue el acto de poder que hizo... Parecía que aquella bestia poseía poder eléctrico, lo cual me hacía ver que caer al agua era... Prácticamente una muerte asegurada.
Me acerqué a la borda aferrando fuerte la espada y contemplando el cuerpo brillante de la criatura.

-Khaelos... Si hubiese llegado a hacer eso cuando estabas en el agua... Creo que debemos evitar caer en ella... A toda costa-Dije con una voz fría y directa. No tenía ganas de ver morir a mis compañeros.

Sin embargo, aprovechando la ligera distracción que provocó mis palabras, la criatura se lanzó contra la nave una última vez, golpeando con todo su cuerpo desde el flanco del barco, que crujió como nunca antes a la vez que todo a nuestro alrededor temblaba. Pude ver como Khaelos logró aferrarse a una de las cuerdas que mantenían la vela, evitando caer. Pero también como Enya caía golpeándose fuertemente la cabeza contra la madera del mástil y cayendo al suelo tras el impacto.
Habría ido a por ella, pero no tuve tiempo... Una zarpa gigantesca descendió hacia mi en ese momento, obligándome a echarme a un lado para no acabar aplastado.
Todo el barco volvió a temblar con este suceso, y yo quedé separado de sus escamas por apenas unos pocos centímetros. Pero en esa ocasión no dejé escapar la oportunidad. Me subí a su brazo sin reparo alguno, y cuando este empezó a moverse, le clavé la espada y me agarré a sus escamas.

La mordedura de mi espada le hizo proferir otro grito, mientras iba acercándome a su cuello poco a poco, y la bestia intentaba expulsarme con movimientos bruscos, pero ineficaces. Por suerte, una característica que poseía era el tener unas patas muy cortas, con lo que no me costó demasiado alcanzar lo que busque... El desgarro que le había hecho con el arpón. La criatura, viendo el peligro inminente, volvió a cargarse de la energía eléctrica, haciéndome percibir pequeñas chispas a mi alrededor... Viendo que, si no la detenía, acabaría convertido en un engendro a la barbacóa, alcé mi mano como antes había hecho, haciendo que la espada volviese a mi mano instantáneamente, y la clavé todo lo profunda que pude en la herida de la bestia... Hasta que la empuñadura empezó a clavarse en la carne expuesta. Tensé los músculos de mi brazo derecho, y mientras lanzaba un grito para liberar toda la tensión describí un arco con el brazo, creando un corte realmente profundo y largo, mientras mi espada se bañaba del rojo carmesí danzando con el brillo blanco que tomaba al tocar la carne de la bestia...

Las chispas pararon, un rugido la sustituyó, y de pronto, un chapuzón...
A mi alrededor solo tenía agua, miré en todas direcciones, confundido... Al parecer, tras aquel ataque, la bestia se había hundido en el agua, y me había arrastrado con ella. En ese momento estaba flotando en medio del mar, aguantando la respiración y notando el picor en mis ojos abiertos... Dolía... Pero si no descubría hacia donde nadar, y donde estaba la bestia... Sería peor.
Y entonces la encontré. O ella a mi más bien. Su cabeza emergió de las profundidades, encontrándome frente a ella... Sus ojos ya no mostraban ira... Parecía saber que iba a morir...

Todo su cuerpo se encontraba rodeado de nubes rojas que manaban de sus heridas, y sus fauces estaban entreabiertas, pero sin atacarme, ni emitir ningún ruido. Acercó su rostro al mío, y pude rozar sus escamas... Tenía la espada en mi mano, listo para clavársela pero... Dudé... Justo cuando iba a internarla en su morro, me quedé quieto, esperé a ver su reacción... No me atacó. Cerró los ojos, y su cuerpo comenzó a flotar a la superficie. Yo... Creí que no era el momento para pensar en ello, y sintiendo como no podría aguantar mucho más, comencé a ascender a la superficie...

[...]

-No lo entiendo, en serio...-Les dije a Khaelos y Enya cuando ya nos encontrábamos en el camarote junto con nuestras armaduras... La mía había ido a acabar a otro rincón totalmente opuesto con tanto movimiento. La caza había sido todo un exito, y el leviatán había muerto sin sufrir daños en las zonas deseadas. Además, el barco estaba bien, intacto no, eso estaba claro, pero las perdidas que tenía eran reparables. Fuera, la tormenta aun rugía con fuerza, y cuatro remos habían sido rotos por los primeros golpes de la bestia, antes de poder guardarlos en el interior de la nave. Tardaríamos unas horas en llegar, de forma que podíamos aprovechar para descansar.-Estaba en el mar, me tenía en frente. Podría haberme intentado comerme, o lanzar de nuevo sus rayos... Pero no lo hizo, me miró y... Dejó que la muerte se lo llevase. No termino de entenderlo...-Añadí sinceramente. Y de pronto recordé el golpe de Enya, y me acerqué a ella.-Por cierto ¿Te encuentras bien? Vi como te estampabas contra el mastil. Y tu, Khaelos, tu y tus ataques suicidas... ¡Te tiraste al mar! Por los dioses. A veces no se si eres valiente, o temerario... Creo que un poco de ambas cosas, viejo amigo.

Y en el desierto...
Dante había vuelto en si, y tras sentir el peso del camello y la herida de su pierna, decidió que lo mejor sería utilizar su magia para sanar su herida... O bueno, para evitar que sangrase. La cauterización de una herida no es la mejor forma de arreglarla. Pero si es una.
El corte dejó de sangrar, pero la carne de la zona se arrugó y tomó una consistencia semisólida bastante desagradable. No tendría riesgo de morir por desangramiento, pero aquella zona suponía ahora una debilidad ante algunas situaciones. Sin olvidar que aquello le dejaría una cicatriz de por vida.

Al momento, contempló el rostro del tiburón ante él, dispuesto a devorarle... E intentó conjurar su magia de nuevo para quemarlo. Pero le fue incapaz. La magia que había empleado para curar su herida debía reponerse, y no fue tan rápida para aquello, de forma que cuando extendió las manos, lo único que emanó de ella fue una débil columna de humo... Y las fauces se extendieron hacia sus brazos... Y fueron interceptadas.
El corte del Schacal que había corrido hacia ellos detuvo a la bestia, pues aquella espada se había internado en la parte baja del lomo de la criatura, creando un profundo corte, e hiriéndole la pata. El chillido que lanzó fue estruendoso, pero al menos, el mago se encontraba a salvo por el momento. Pues con aquel ataque, el tiburón había captado la atención de la criatura.
Mas, no tardaría en darse cuenta de que en sus manos ahora habían nuevas heridas, no muy profundas perforaciones de los dientes de la bestia, que poco a poco empezó a dejar de sentir...

La situación parecía estabilizada de nuevo, cuando de pronto, una columna de tierra se alzó y ante ellos apareció el tiburón gigante, que miró a su alrededor para contemplar que le rodeaba, para centrarse esta vez en Cerverus... Debía liberarse del peso del camello pronto, o estaría en serios problemas...


--------------------------------------------------------

Off: Post tactico, como siempre.
avatar
Arthorius Bloodbane

Mensajes : 94
Edad : 22
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 10. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.