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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Jue Mayo 02, 2013 3:06 am

El tiempo se ralentizaba a medida que el viento silbaba a mi alrededor, acompañándome en mi caída libre cuyo objetivo era hacerle tanto daño como pudiera al leviatán... Y lo logré. Caí sobre el pecho del monstruo, hundiendo la espada hasta la empuñadura, pero no me detuve. Moviéndola atrás y adelante agrandé la herida, y lo rematé girando la hoja, convirtiendo el corte en algo horrible y extremadamente sangrante. Tras eso, salté y envainé, evitando irme al fondo con el leviatán. Dejé que el agua limpiara la sangre que me cubría mientras me dirigía hacia la cuerda, enrollándola alrededor de mi brazo izquierdo y recogiéndola con la mano mientras subía con la otra, usando los pies para avanzar a saltos. No tardé mucho en aparecer por la borda, y tras incorporarme de un salto miré a Arthorius y Enya, que estaban empezando a dirigirse a la parte central del navío, y desenvainando la espada fui con ellos, echándome el pelo mojado hacia atrás, con la feroz sonrisa aún dibujada en mis labios. Me giré justo a tiempo para ver cómo el ser se alzaba, y en ese momento, con tono animado grité:

-¡Parece que no le basta con la herida que le he hecho! ¡Aún sigue con ganas de fiesta!-

Con un fuerte alarido empezó a descargar relámpagos contra nosotros, sumándole espectacularidad a la situación pero para nuestra fortuna ninguno de ellos hizo blanco, lo cual me permitió suspirar aliviado a pesar de que seguía sonriendo. Fue entonces que Arthorius se arrimó a la borda e insinuó que, de haber hecho eso la criatura cuando estuve en el agua hubiera muerto, a lo cual respondí con una carcajada maliciosa:

-¡Quien no arriesga no gana, Arth! ¡Además, no lo ha hecho, y ha sido increíble caer desde esa altura para infligir semejante herida!-

Fue entonces que la criatura se aprovechó de que estábamos distraídos para golpear el flanco del barco con su cuerpo, lo cual hizo que todo se sacudiera a nuestro alrededor. Yo fui rápido y me agarré con una mano a una cuerda del mástil, mientras me anclaba con los pies y mantenía la espada con la mano diestra. Aguanté el impacto bastante bien, aunque para Enya no fue lo mismo, quien cayó y se golpeó la cabeza contra la madera del mástil. Fue lo único que logró borrarme la sonrisa, y cuando el barco dejó de moverse con tanta violencia me solté de la cuerda rápidamente, envainando al ver que Arthorius iba a encargarse de la criatura al habérsele subido por el cuello.

La mujer estaba bien, afortunadamente, y la agarré del antebrazo, ayudándola a levantarse rápidamente. Tenía una buena brecha en la cabeza, pero era dura, de modo que seguía consciente y no se la veía especialmente aturdida. Sonriéndole le di una palmada en el hombro y le dije, jadeando por los esfuerzos que habíamos llevado durante la batalla:

-Eres dura, Enya. Te has pegado el leñazo del siglo y ni siquiera has perdido la consciencia. Buen combate, camarada. Definitivamente, no me equivocaba. Está siendo un honor luchando contigo.-

Tras eso me giré, observando con los brazos cruzados cómo Arthorius lograba abrirle un poderoso tajo en la garganta a la criatura, condenándola por fin a su muerte. Sin embargo, pronto se disipó la alegría cuando vi que tanto el monstruo como el antropomorfo caían al agua, momento en el que me acerqué corriendo a la borda, asomándome con preocupación reflejada en el rostro. Finalmente se asomó junto al cadáver, aún vivo, y aprovechamos para atar a la criatura a la nave y poder llevárnosla a remolque. Cuando Arthorius usó la cuerda para llegar a la cubierta le ayudé a arriarlo, y cuando llegó le agarré el antebrazo, dejándolo en la cubierta. Sonriendo de medio lado y asintiendo con la cabeza, le dije:

-Bienvenido, hermano. Me alegra que no hayas acabado en una tumba submarina. Buena lucha, camarada.-

Finalmente llegamos al camarote, donde vi que mi armadura estaba dispersa por media habitación, momento en el que me dediqué a reunir las diversas partes y juntarlas en un mismo punto, sin ponérmela todavía para poder darme tiempo a secarme. Mientras el antropomorfo hablaba, yo me estrujé el pelo, dejando que el agua se fuera escurriendo hasta que apenas caían unas gotas cada vez que lo apretaba. Me quité el chaleco y busqué algo con lo que secarme, mientras escuchaba las palabras de Arthorius. Cuando se dirigió a mí empecé a reír a carcajadas y le respondí, mirándole con una sonrisa de oreja a oreja:

-Sabes que soy un experto en esos ataques, Arthorius. Siempre soy valiente, y cuando hacen falta medidas desesperadas, bueno... Alguien temerario debe haber. ¡Además, todo salió bien! Le hice un buen corte en el pecho a la criatura... Sobre lo de la criatura... Creo que ese monstruo poseía honor. Le has dado el golpe de gracia, supongo que debió considerarte alguien digno de vivir. Porque tengo serias dudas de que supiera qué propósito nos llevaba tras sus escamas...-

Tras eso me senté y me puse a observarme las astillas que tenía clavadas en los brazos. Eran varias, pero peores heridas he sufrido y, aunque por culpa de la sal de mar éstas escocían horrores... Al menos no era nada letal. Con cara de concentración usé mi esencia para percibir dónde estaban, y a continuación me dediqué a sacarlas, apretando los bordes para que asomaran como si fueran la pus de un grano. Una vez sobresalían lo suficiente las sacaba con cuidado, chupándome el pulgar para que se quedaran adheridas y salieran solo con moverlo hacia arriba. Las más grandes ni siquiera requerían eso y eran las que más fácilmente salían, aunque para cuando acabé, tenía pequeños riachuelos de sangre corriéndome por los bíceps, para los cuales usé algo de ropa que encontré en el camarote para secarla y limpiarla hasta que se cerraran las heridas y dejaran de sangrar. Mientras iba haciendo aquello seguí conversando con Enya y Arthorius, dejando que éstos dos se atendieran las heridas mientras yo me encargaba de las mías, que aunque no eran severas... Requerían tiempo para ser atendidas. Al menos no eran graves, y eso me alegraba.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Lun Mayo 06, 2013 7:03 pm

La cauterización de la herida fue llevada a cabo con éxito y Dante logró detener el sangrado, aunque el proceso fue verdaderamente doloroso. El conjuro de ataque, sin embargo, no salió también. Demasiada prisa, demasiada tensión, demasiado poco espacio de tiempo entre un uso de magia y otro… fuera como fuese el conjuró no funcionó, y el tiburón se abalanzó sobre el mago y clavó sus fauces en su brazo… no del todo, pues algo se interpuso en su camino, algo afilado y metálico, que convirtió lo que abría sido la mutilación de su brazo en unos simples rasguños.

El Schakal había entrado en escena, justo a tiempo para salvarle el pellejo. No lo había visto llegar, pero eso poco importaba. Aunque había empezado llevándose más bien mal con el canido bípedo acababa de salvarle de convertirse en un manco. Después se ocuparía de agradecérselo.
Si había llegado tan pronto hasta allí quizás era que ya había acabado con el otro tiburón. Definitivamente era un bicho muy duro. Y ahora, el tajo de su espada había abierto una profunda herida en el otro tiburón. Al piromante le hubiese gustado ayudar al cánido pero por lo pronto, su prioridad era sacar la pierna de debajo del camello.

En ese momento, se manifestó un violento temblor de tierra, seguido de un torrente de arena que emergió en dirección ascendente. Y tras él, emergió la cabeza del tiburón alfa, que al parecer había terminado con su apacible comida… y venía a por el postre.
Dante se apresuró a sacar la pierna de debajo del animal. Colocó su pierna libre (aunque quemada) contra el camello al mismo tiempo que se apoyaba con ambas manos y, empujando con las tres extremidades, y soportando el dolor en la pierna, logró liberarse del pesado animal.

Trató de ponerse en pié… no pudo. Trató de conjurar un nuevo proyectil para atacar al depredador.... inútil. Sus dedos parecían haber perdido su destreza, su cuerpo no parecía responder correctamente. ¿Eran los efectos de la hemorragia en su pierna? No lo creía, no había perdido tanta sangre. No era cansancio, ni era causa de las heridas. Entonces pensó en el mordisco. ¿Veneno? ¿Bacterias? ¿Qué clase de tiburón utiliza ese tipo de medio para cazar? No había tiempo para pensarlo, tenía que moverse rápido o sería devorado por esa enorme bestia subterránea.

Con toda la fuerza que el cuerpo le permitía, se impulsó sobre la arena y se dejó caer dunas abajo por la pendiente más cercana. Rodó cubriéndose de arena y tragando parte de ella, ahora mas dejándose llevar que impulsándose por sí mismo. No podía hacer mucho por su cuenta mientras su cuerpo no respondiese correctamente. Pero ¿Cuánto duraría el efecto? ¿Tenía alguna posibilidad de mantenerse vivo el tiempo suficiente para evitar convertirse en la comida del día?
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Mar Mayo 07, 2013 12:27 am

Apunté… Esperé… Respiré hondo una vez más y… Solté la segunda flecha cunado vi como la primera se hundía en su carne ya dañada. Sin duda aquella cruenta batalla estaba llegando ya a su fin, podía verse con sólo mirar el estado del monstruo, cada vez más deteriorado, al igual que el de la embarcación, también con bastantes daños en las zonas sobre las cuales había recaído antes el peso de la bestia.

La cortina de agua no cesaba de caer, mojándome el cabello y pegándolo a mi rostro. El viento agitaba mi cabello, mas no a mí, que me mantenía firme sobre la afilada hoja de Arthorius, quien todavía colgaba con los pies en el vacío por debajo de mí. Y mi expresión, dura como la roca mientras disparaba, cambió de repente a una de… ¿Miedo? No, no podía sentir miedo tan sólo por ver a Khaelos lanzarse de cabeza hacia la criatura, ya había intuido momentos antes que ese era su plan; Se trataba más bien de un tenso suspense que me estaba matando. El tiempo se había detenido en aquel instante, el melenudo canoso estaba surcando el aire muy despacio hacia las blancas escamas de la bestia. Desgraciadamente no fui capaz de ver venir el próximo movimiento de la bestia, que movida por el dolor que le causaba el conde con su espada mágica –sabía que era mágica porque él mismo lo había mencionado antes en el camarote- apartó las zarpas del barco. En ese instante no fui capaz de coordinar mis piernas para centrar la caída, tampoco me atreví a impulsarme cuando la espada ya casi estuvo en vertical, temía caer más allá de la barandilla por un mal cálculo de la caída o un resbalón torpe, así que sencillamente me dejé caer contra la madera, levantándome después cuán rápido pude y acudiendo a la cubierta del barco sin despegar la vista de la bestia, tan dañada que había optado por la retirada.

Una vez allí todos, incluido Khaelos que ya había subido al barco usando la cuerda de un arpón lanzado anteriormente, pudimos observar como la bestia se cargaba cada vez más de energía. No sé si sólo yo lo escucha o también los demás, pero aquel crepitar tan característico que se producía entre las escamas de la bestia me recordaba cada vez más a la tormenta que teníamos encima. “¿Será que…?” No llegué ni a terminar de plantearme la pregunta dentro de la cabeza cuando un columna de luz emanó de la bestia hacia el cielo y hacia otras direcciones, entre ellas la embarcación sobre la cual ya había descargado parte de su ira y que ahora parecía querer incendiar, fortuitamente la lluvia estaba de nuestra parte y extinguió rápidamente los fuegos que habían causado los impactos de rayo y trueno en el barco, al menos los que yo alcanzaba a ver. Arthorius avisó entonces de que no debíamos caer en el agua, cosa a la que asentí silenciosamente justo antes de… ¡Maldición!

Había perdido de vista al leviatán durante un solo segundo, el mismo tiempo que había estado prestando atención a Arthorius, pero por lo visto al bicho le bastaba sólo esa pequeña fracción de tiempo para cargar de nuevo contra nosotros, esta vez con mayor fuerza que ninguna otra. Khaelos logró evitar la caída sujetándose a una de las cuerdas que sostenían las velas, Arthorius una vez más evadió la muerte por escasos pies y yo no tuve tiempo de agarrarme a nada, mi baja estatura me impidió alcanzar una cuerda que había sobre mi cabeza y que me hubiese salvado del terrible golpe que me llevé y que me dejó sin sentido, hundiéndome en un mar de preocupaciones.

Cuando desperté me sentí algo nauseabunda, nada que no pudiese curar una buena cerveza fría en la taberna del pantano. A continuación acepté la ayuda de Khaelos con una media sonrisa en la cara, formada, más que nada, por el modo en que había tendido su mano para levantarme: Al contrario que otros hombres él no había hecho distinción por mi sexo, me había tomado del antebrazo como debe ser entre guerreros. No tardé en sonreír, en parte por la aceptación brindada por el grupo y en parte por lo cercana que estaba la gloria de la victoria, mientras llevaba una mano a mi cabeza, húmeda y con el cabello rojizo revuelto. Noté en las yemas de mis dedos la tibia sangre que manaba de una brecha, no demasiado grande, en mi cabeza, la cual había sido la razón de mi desvanecimiento. Sin embargo apenas le di importancia, preferí quedarme mirando como Arthorius remataba a la bestia de una forma épica en mitad de las turbulentas aguas agitadas por el combate y por la tormenta.

A continuación, cuando Arthorius volvió a subir a cubierta, le dediqué una sonrisa y acudí presta a ayudar con el tema de las cuerdas para traer a la bestia cerca del barco. Una vez ahí presté un poco más de ayuda y después desparecí de cubierta para internarme en el camarote, zona donde ya se encontraban Khaelos y Arthorius; habían sido rápidos los cabrones. Allí estaban charlando los dos, pero más que nada el Cuchilla, quien siempre parecía tener algo que decir. Era algo que me resultaba chocante, no voy a mentir, pero a la vez gracioso, pues al menos el silencio no sería un problema en los viajes que nos quedasen juntos. Al igual que ellos empecé a curarme las heridas, atendiendo primero la brecha en la cabeza, la cual tapé con vendas sacadas de mi zurrón. A continuación, mientras recogía pedazos de mi armadura al igual que antes había hecho el conde, hablé:

-Sinceramente, muchachos, jamás había tenido la ocasión de luchar codo con codo con guerreros de tal calibre. No sé qué nos aguarda después de ésta criatura, si es que algo nos aguarda además de una tortura más por parte de Dan, pero lo que sí sé es que espero poder soportarla con vosotros a los lados. Nunca jamás luchar al lado de nadie me había producido tanta alegría, os debo felicitar por la victoria hermanos, si hemos sido bendecidos con ella es porque Morrigan ha considerado de hacemos buen equipo juntos. –

Seguidamente sonreí, tomé una bocanada de aire después de tal discurso y me senté en la cama que quedaba libre a observarlos. Nunca había luchado con un tenebre y un engendro, ¿cómo celebrarían ellos la victoria?

-¿Arthorius, crees que el capitán del barco nos cederá unas botellas de ron para festejar el desenlace de esta cacería? Todavía quedan unas horas hasta llegar a tierra y quisiera pasarlas sin acordarme del dichoso Dan cada cinco minutos. – Pregunté al final.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Mar Mayo 07, 2013 4:03 pm

Lo que fuimos en un pasado
Nos arca para el presente
Y nos cultiva para el futuro
Donde, como una torre de cartas
Estas se alzan frágiles y a la vez
Resistentes como nuestras experiencias

Christian Chacana 07 de mayo de 2013

El desierto es curioso, puede tanto quitar como dar la vida, sus eternas arenas sin fin pueden ser la perdición de cualquiera que las contemple, pero … para aquellos que han nacido entre los ardientes rayos del sol, y han dormido bajo la fría luna, el desierto está lleno de vida, está lleno de tesoros e historias. Ya que eso es realmente el desierto, es quien guarda las historias del mundo, desde que pisas la ardiente arena y tu huella es borrada, hasta que tu cuerpo cae a esta y es sepultada por ella. Lo mismo sucede no solamente con las vidas, si no con las experiencias, bajo sus arenas mil historias se pueden contar y cada una de ellas dará lugar a mil que a su vez darán vida a otras mil, y así, una y otra vez, como vidas han existido y como vidas existirán. EL primer paso de la cría del Schakal, su primera risa, su primer llanto, la primera lagrima que derramo y la primera gota que ofreció a las arenas… y así se pueden contar las historias, historias de quienes han habitado el desierto y quienes esperan algún día poder superar sus arenas y llegar a un más lejos de sus límites, limites que solo se pueden alcanzar sacrificando todo lo que uno posee y aun mas, llevándose a los demás con ello.

El Schakal podía sentir que el frio se acercaba, el sol se ocultaba y sumergía en aquel océano de arena, las lunas pronto surgirían y con su luz mortecina y blanca bañarían todo, junto con el frio que calaría los huesos y ni el fuego podía alejar. El filo de la espada había atravesado carne y órganos, había cortado como simple papel aquella piel y había hecho nacer un quejido de dolor, la daga se mantenía firmemente clavada, mas la espada se deslizaba y apoyando una de las piernas, el Schakal se impulso hacia atrás, aterrizando en las informes arenas y mirando como la sangre brotaba de los cortes, bañando las doradas arenas, que con cada instante, se volvían mas rojizas, rojas como la sangre que les bañaba de las bestias. ¿El humano? El Schakal no se preocupo mucho por él, tanto como si había sido partido en dos como si le hubieran arrancado un brazo, el solo necesitaba eliminar a aquella bestia, no deseaba mas molestias, aun menos sabiendo que una criatura mucho mayor aguardaba bajo las arenas y que con facilidad podría tragárselo entero de un bocado … el Schakal maldijo su suerte en un instante, mientras la bestia, a pesar de tener su pata herida, se giraba hacia él y torpemente intentaba un ataque contra quien le había lastimado. El Schakal miro a su presa, y guardando su daga se sacudió la arena de su cuerpo, colocándose en posición, la bestia se abalanzo contra él, pero de un movimiento, la espada corto el aire , junto con la carne de la bestia, el tajo había surgido desde arriba, ya que el Schakal había girado un paso y el filo había dado contra el cuello de la bestia, cortando su espina de un limpio tajo, la bestia se tambaleo, cayendo uno o dos metros alejado del Schakal, mientras gruesos chorros de sangre salían disparados por la herida mortal, el corazón aun palpitaba, a pesar de que todo lo demás moría, un segundo o dos después, la sangre se detuvo, mas no había tiempo para alegrarse o siquiera descansar, ya que había surgido , como un enorme tiburón, vaya la redundancia, des de las arenas, rugiendo cual draco enfurecido y hambriento.

Snarl miro a la bestia y se acerco unos pasos hacia el cadáver, no sabía si eran familia o tan solo criaturas similares, simplemente pensaba como lo haría cualquier Schakal, usando lo que tenía a su alrededor, y en este caso, el cadáver aun caliente de la bestia menor. Si la bestia mayor se abalanzaba, simplemente tendría el cadáver de por medio y el podría atacarle cuando bajara la guardia… plan arriesgado, pero considerando las diferencias de tamaño, sería lo más recomendado y claramente lo más rápido, ya que la noche ya caía y esta en el desierto era aun más implacable que el mismo día… mientras que el sol te calcinaba los huesos, la luna los congelaría hasta el tuétano y al amanecer, serias un cadáver congelado.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Mar Mayo 07, 2013 11:44 pm

Mi rostro salió del agua, acariciado por las gotas que corrían por ella como si intentasen evitar mi contacto... El mar estaba revuelto y notaba como las olas me empujaban e intentaban alejarme, pero no me rendía, tenía suficiente resistencia como para aguantar nadando un buen rato, la cuestión era si podría luchar contra las corrientes (Puesto que mi resistencia, al frío era realmente baja, y aquel mar tempestuoso sin duda estaba helado, pues sentía como los músculos se endurecían por momentos y me drenaba las energías a toda velocidad...). Mas aquello no hizo falta, la misma cuerda por la que había ascendido Khaelos pasó por mi lado, y no dudé ni un segundo en agarrarme a ella para evitar ser arrastrado. Alcé mi rostro, para ver el del conde contemplándome desde la borda, me limité a sonreirle de forma cómplice mientras alzaba la mano de la espada en símbolo de victoria.

Aprovechamos las dos cuerdas de las balistas para atar a la bestia bien fuerte. No era experto en nudos, pero... La unión hace la fuerza, así que le hice unos seis o siete alrededor de la pata para asegurarme de que no se desenganchaba. Una vez terminado el trabajo, volví a subir, donde Khaelos me felicitó por la caza. Yo le sonreí y suspiré mientras titiritaba levemente en busca de algo de calor.-Por supuesto, mi buen amigo, matarme no es tarea sencilla... Y créeme que lo han intentado muchos. Aunque hace algo de frío aquí... Entremos dentro.

[...]

Mientras Khaelos daba su teoría yo me acerqué a mi camisa, y me intenté secar el agua que me cubría con ella, intentando ganar así algo del calor que necesitaba. Realmente podría haberme puesto la camisa, pero la humedad que la impregnaría durante los primeros minutos solo acrecentaría el frío que me consumía, por lo que sería mejor despojarme del agua, y después entrar en calor. Además, me dolía seriamente el hombro debido a la tensión ejercida para mantenerme en la cubierta del barco agarrado con la espada, y las manos, desprovistas de escamas, habían sufrido algunas punzadas por las afiladas conchas del caparazón de la bestia.
Escuché atentamente sus palabras, y las medité bien... ¿Una bestia con honor? No terminaba de convencerme.

-Honor... Mm... Hasta ahora no me había enfrentado a ninguna bestia que tuviese un honor así...-Dije meditabundo, pero entonces recordé las leyendas sobre los dragones antiguos.-Pero... Mm... Tienes razón, es posible que sea así.-Miré a Enya, esperando su respuesta a mi pregunta, pero no dijo nada al respecto. Sin embargo, el resto de sus palabras me hicieron ver que estaba bastante bien, aunque pude comprobar una venda que cubría la parte trasera de su cráneo, al parecer había llegado a hacerse una brecha... Pero no tenía pinta de encontrarse mal.-Creo que cargarnos a ese bicho antes de que les hundiese el barco será una persuasión más que suficiente para que nos de algo de beber...

No tardamos en acabar bebiendo aquellas botellas de licor mientras charlábamos animadamente. Aquellos tragos fueron de agradecer, pues no costó mucho recuperar el calor con su sabor. No era el tipo de bebida que más me gustaba, pero en ese momento entraba bastante bien. Para nuestra suerte, parecía que allí los tres teníamos un hígado bien resistente al alcohol, incluso Enya, que parecía la que menos capaz era de aguantar los tragos, dejó bien claro que pocas cosas la diferenciaban de nosotros.
Llegado el momento, llegó el momento de echar una cabezada mientras el navío terminaba su viaje.

[...]

-Pues nada... Ahí tenéis a la bestia. Y nosotros ya tenemos las escamas que queríamos.-Le dije al capitán del barco mientras sujetaba cuatro escamas apiladas bajo mi brazo izquierdo. La mañana ya había llegado, y tras el despiece de la bestia nos habíamos reunido en el mercado, cerca de la casa de Charlie.-Y ahora entiendo el trato que teníais con Dan y sus amigos, él solo quería las conchas, de forma que vosotros os quedáis con el resto como pago por todos los servicios... Espero que le saquéis bastante provecho, el cabrón se ha resistido bien.

-¡Eso espero yo también!-Dijo el capitán con una sonrisa de buen tamaño.-Ya tenemos varias ofertas, así que no será dificil sacarle un buen precio... Por cierto...-De pronto se giró hacia una carreta que tenía al lado, que tenía una lona por encima. Yo giré la cabeza para comprobar que Enya y Khaelos seguían tras de mi, cosa que resultó ser afirmativa. Cuando volví de nuevo el rostro, la lona había desaparecido y la carreta ahora mostraba una gran cantidad de piedras de tonos plateados y azulados, destacando una en su centro, de tamaño muy superior a las demás.-Verás, esa criatura tiene una particularidad, y es que en el interior de su cuerpo genera unas gemas con minerales que absorbe y que va formando a lo largo de su vida. Estos son bastante valiosos y tienen un precio considerable, ese monstruo en particular estaba cargado de ellas... Y en agradecimiento por habernos ayudado con ella quiero entregarte una.

Sin esperar un momento más tomó la de mayor tamaño y me la tendió. Me quedé mirandola unos minutos. Mediría alrededor de veinte centímetros de diámetro, mientras que el resto tendrían la mitad, aunque... El tamaño lo compensaban con la cantidad. Fruncí el ceño un momento, pero después acepté y lo tomé, si había recompensa extra yo no le iba a hacer ascos. Mientras el hombre se daba la vuelta y se llevaba su carreta, yo me dediqué a pensar donde podría llevar aquella gema de proporciones monstruosas... Y finalmente la guardé en una bolsa donde generalmente portaba brújula y mapas, así como algunas monedas y algunas cosas de menor importancia. Lo único que conservé fue la brújula y las monedas (Que no eran muchas en aquellos momentos) y metí allí la piedra, que cabía muy ajustadamente, pero era transportable al fin y al cabo.

Miré a mis compañeros, que a esas alturas ya habíamos vuelto a ponernos las armaduras, y nos dirigimos a casa de Charlie nuevamente, que nos esperaba en la puerta con una gran sonrisa en el rostro. Nos felicitó cuando llegamos y nos dio las gracias por la cacería mientras nos conducía de nuevo a la puerta que nos llevaría de nuevo al pantano. Sin duda, el hombre no tenía pinta de alquimista, pero cuando alcanzamos la madera extrajo un pequeño recipiente de un bolsillo que no alcancé a ver, y como el anterior alquimista, impregnó el pomo de la puerta con él antes de abrirla.

-Bueno, Khaelos, Enya... Nos toca hablar con Dan... Espero que el viejales tenga ganas de escucharme, o de hablar, al menos... No me gusta nada que nos enfrente a bestias desconocidas.

-No parece caeros bien Dan, pero no creo que sea tan viejo, aunque bueno, tampoco conozco vuestras edades... En fin, no os distraigo más. Espero que tengáis suerte en las otras cacerías.

[...]

-¿Como que no va a venir?-Pregunté realmente incrédulo mientras aferraba las conchas sin dejar de posar la mirada en Mack, que se mantenía estóico en su sitio, contemplándome sin decir nada.

-El señor Dan está bastante debil, está descansando en su cuarto, por eso no va a volver a bajar hasta que las cazas estén terminadas, pero vamos, no os preocupeis, volverá. Vuestro siguiente destino es...

-¡Al demonio con el siguiente destino!-Bramé furioso dejando con fuerza las conchas en la pequeña mesa que el aprendiz había llevado allí para depositar los materiales requeridos.-Si él no nos da información, nos la darás tu, o no vamos a mover un dedo para cazar.

-Yo... No se mucho pero...-El chico parecía realmente no tener ni idea, y relajé mi posición esperando la continuación.-Pero... Os puedo decir que el siguiente destino es Loc Lac, donde os encontrareis a Mushashi, un amigo del maestro. Allí deberéis tomar un barco...-Empezó... Y pareció notar mi mirada de furia a través del yelmo ante la palabra "barco"-Tranquilo, no un barco normal. Me refiero a un barco de las arenas. La siguiente bestia es una criatura de las arenas, como el que han ido a cazar vuestros otros compañeros, pero diferente. No se exactamente que es, pero el barco está equipado con todo lo necesario para que podéis cazarla. Ah... Lo que debéis conseguir son sus dientes. Pero posee dos grandes colmillos, esos no debéis tocarlos, son poderosos y peligrosos... Y afectan a las propiedades de sus otros dientes. Tened cuidado con ellos, pero no los dañéis.

Sin esperar a que dijésemos nada, se adelantó hacia una puerta con el emblema de un barco navegando bajo un sol resplandeciente, y tras hacer lo que ya habíamos visto en varias ocasiones, abrió la puerta, mostrando al otro lado una casa de madera y ladrillos, y a través del marco se colaba una agradable sensación de calor así como un gran murmullo... Loc Lac... Una ciudad muy transitada.

Y en el desierto, a unos kilómetros del nuevo destino de los cazadores, se encontraba el otro grupo... Asediados por los continuos ataques de los tiburones, y con varios cadáveres cuya sangre había teñido el suelo de rojo carmesí, los otros dos hombres se encontraban en serios problemas para dar el golpe de gracia a sus presas. Dante había quedado atrapado bajo el peso de su camello, pero gracias a la intervención de Snarl había logrado sobrevivir. Mas, una vez el schacal había atraído la atención de su agresor, la gran presa apareció ante él, obgligándole a acelerar las acciones. Se logró liberar del agarre de la carne de su montura, y de nuevo intentó conjurar sus hechizos para defenderse, comprobando con horror que sus dedos habían decidido dejar de responderle debido a algún tipo de toxina. Viendo que su muerte estaría próxima si no hacía algo, se dejó caer duna abajo justo en el momento en el que el ser lanzaba una dentellada a su antigua posición, hundiendo sus fauces de arena y llenándoselas de tierra con el fallido mordisco.

Dante se encontró al pie de la colina de arena, a varios metros de la bestia y sintiendo como la falta de movilidad de sus dedos empezaba a disiparse con lentitud. Por suerte para él, el mordisco no había sido más que superficial. Y la ladera por la que bajó, gracias a la blanda arena había amortiguado su maniobra, sin duda, un plan efectivo.
Pero la noche había caído hacía ya rato, y el frío comenzaba a calar en todas direcciones, como si surgiese de las mismas entrañas del suelo que pisaban. Sus alientos comenzaban a volverse nubes ante sus rostros por la condensación, y la baja temperatura les afectaría a los músculos si permanecían mucho tiempo parados. De forma que si querían continuar vivos no podían perder la actividad, o con ella, el calor les abandonaría.

Snarl, mientras el mago emprendía su táctica de huida, había logrado despachar al otro pequeño tiburón de un certero corte en el cuello, haciéndole caer sin vida, con las fauces abiertas y los ojos blancos perdidos en el horizonte. Aquello llamó de nuevo la atención de la bestia mayor, la única que quedaba viva en aquel momento, que tras alzar su cabeza de las arenas nuevamente, miró fijamente al hombre bestia, y tras un segundo de espera, abrió sus fauces, mostrando la gran cantidad de arena que había quedado dentro con el mordisco. Y un momento después, la escupió cual proyectil en dirección al schacal. Y sin esperar ni un solo momento más, comenzó una carga en su dirección para rematar lo que su disparo de arena debería haber comenzado.


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Offf: Pues naaaaaaada, lo de siempre xD el post táctico en unos minutos :3
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Mayo 08, 2013 2:13 am

Finalmente nos hallábamos en el camarote, atendiendo de una vez nuestras heridas y estando contentos porque habíamos vencido aquella batalla que, en un principio, parecía casi imposible de ganar. Pronto hablé y tras eso me centré en atender mis heridas, aunque no dejé de prestar atención a los demás. La primera en responder fue Enya, quien se mostró satisfecha del grupo que le había tocado. Mientras me sacaba una astilla del brazo izquierdo alcé la vista para responderle, sonriendo:

-Estoy seguro de que matar a este ser no ha sido más que el comienzo, camaradas, pero después de ver que el grupo funciona a la perfección no me preocupa excesivamente lo que podamos hallar. Hemos luchado bien y hemos sobrevivido con solo unos pocos rasguños. Parece que la Madre Muerte nos sonríe y aún no reclama nuestras almas. Sobre lo del ron... ¡Secundo la moción! Beber algo se agradecería mucho en estos momentos.-

Poco después, mientras seguía manchándome de perlas de sangre las manos para desprenderme de las astillas antes de que se quedaran para siempre alojadas en mi carne, Arthorius respondió a mis palabras acerca del honor y seguidamente contestó a lo que Enya había dicho acerca del ron. Yo me limité a replicar al antropomorfo, con una sonrisa de medio lado algo misteriosa:

-Nuestras espadas son matadragones, y ese ser compartía su sangre. Ya sabes que los dragones no son simples bestias.-

Poco después, con las heridas ya atendidas y una botella de ron por cabeza seguimos con la charla. No era mi bebida favorita pero el calor que aquello otorgaba era idóneo para el momento en el que nos hallábamos, y mientras consumíamos el alcohol le pregunté a Enya:

-Siento curiosidad por tu deidad, esa diosa llamada... Morrigan, ¿no? ¿De qué es diosa? ¿Cómo se la venera?-

Al día siguiente ya nos hallábamos en el puerto con las armaduras y toda la parafernalia encima. Me sentí mejor cuando noté mis músculos cubiertos por la imponente armadura de mithril de colores oscuros y todas las armas colocadas en sus respectivos sitios, incluyendo por supuesto el escudo. Lo único que no llevaba puesto era el yelmo, el cual tenía guardado en la mochila, y había aprovechado los últimos momentos del viaje para acabar de secarme el cabello, peinarlo y recogerlo en una coleta para estar medianamente presentable.

Fue Arthorius quien se encargó de cerrar el trato, mientras yo me comía una manzana que me había agenciado de las provisiones para desayunar. Había hallado otra que le tendí a Enya por si tenía hambre o le entraba el gusanillo, y mientras comía la fruta sin estar muy pendiente al asunto, escuché de refilón lo que mencionaba el capitán acerca del monstruo y que se lo iban a vender a buen precio. Fue en ese momento en el que el hombre le mencionaba a Arth que el monstruo generaba gemas en el interior de su cuerpo, y al parecer ya las habían hallado, ofreciéndole la más grande al antropomorfo. No nos ofreció ninguna a Enya y a mí pero personalmente poco me importó, pues al fin y al cabo... Nunca he sido un hombre pobre.

Cuando finalmente se guardó la piedra y nos pusimos en camino yo me acerqué a él y le dije, sonriendo de medio lado:

-Una bonificación para el que asestó el golpe de gracia... Te han dado una buena recompensa, Arthorius. Consérvala. Algo me dice que esa gema que te ha sido regalada es mucho más valiosa de lo que a simple vista parece.-

Finalmente nos pusimos en marcha hasta la casa de Charlie, quien nos esperaba con evidente gesto de satisfacción, felicitándonos por haber sobrevivido a aquella pelea y finalmente nos llevó hasta donde debíamos ir. Las palabras de Arthorius y del otro hombre me hicieron torcer la boca en una mueca y responder, encogiéndome de hombros:

-Yo lo que espero es que se nos dé por fin una información más detallada acerca del por qué estamos haciendo esto aparte de por la recompensa...-

Sin embargo, parecía que no íbamos a obtener respuestas en aquél momento, pues cuando llegamos a la casa del alquimista Mack nos dijo que Dan no iba a venir. Al parecer, se hallaría enfermo o cansado y no iba a bajar hasta que las cazas estuvieran terminadas, diciendo que volvería. Arthorius finalmente estalló, y logró meter algo de miedo al chaval. Éste empezó a responder, demostrando que en realidad apenas tenía idea alguna de por qué estaban haciendo aquello. Nos explicó que el próximo objetivo debía ser cazado con barcos de arena... Y que íbamos a luchar en el desierto. Eso iba a requerir bastante preparación, pero afortunadamente ese ambiente no me era desconocido. Por lo demás, debíamos conseguir los colmillos de la bestia, y así iba a ser.

En aquella ocasión yo fui el último en entrar por la puerta, mientras iba pensando en los preparativos que debía hacer pero también mientras una leve sospecha, o más bien teoría corría pro mi mente, pensando que tal vez conocía por fin qué era lo que quería el alquimista. Sin embargo, todavía no iba a aventurarme a afirmarlo, pero lo comentaría con el resto del grupo cuando estuviéramos ya en Loc-Lac, preparados para ir a luchar al desierto. Tenía ganas de empezar el siguiente combate...
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Dom Mayo 12, 2013 5:47 pm

Por los pelos. Casi podía considerarlo un milagro. Aquella desesperada maniobra evasiva lo apartó de la trayectoria de los dientes de la bestia a penas un instante antes de que estos se clavasen en la arena, dando un enorme bocado en el que bien hubiese cabido entero el cuerpo del hechicero.

Dante se encontraba ahora tendido en la parte más baja de la duna, vivo, pero claramente no a salvo. No sabía como de potentes eran los efectos del veneno que acababan de inocularle, pero de una forma u otra, tenía que conseguir levantarse y moverse de ahí, o no tardaría mucho más en convertirse en el segundo plato del tiburón de arena, como ya ocurrió con el mercenario de la ballesta.

Apoyó torpemente la mano sana en el suelo y trató de flexionar las rodillas. El cuerpo le temblaba y sus movimientos eran poco precisos pero poco a poco logró incorporarse. Al parecer el animal le había dado unos segundos de piedad. ¿Qué había evitado que se abalanzase nuevamente sobre él? Dante observó a la criatura que ahora se lanzaba en dirección al Schakal. Al parecer el tiburón, dio al hombre envenenado por una presa ya cazada y prefirió atacar al que aún se movía. O puede que esas criaturas tuviesen algún tipo de apego emocional a sus crías y su intención fuese vengarse del asesino de sus crías. Esta última opción no parecía muy probable, pues aunque hábiles cazadores, no parecían unas bestias muy sofisticadas.

Para empeorar las cosas, el sol se ponía en el horizonte, dando paso a la noche desértica, que, en contraste con el calor abrasador del día, se caracterizaba por n frío helador que había congelado a más de un viajero imprudente que se había aprovisionado pensando solo en protegerse del calor.

Las ropas de cuero que el hechicero vestía eran una buena protección contra el frío, pero desde luego, no lo suficiente para aguantar la noche desértica si permanecía quieto en el suelo. Generalmente, hubiese usado su magia ígnea para calentarse, pero en esa situación no podía permitirse desperdiciar magia. Tenía que mantenerse en movimiento, aunque su cuerpo no estuviese en plenas facultades, o se congelaría.

Dante empezó a avanzar, todo lo rápido que la escasa movilidad de su cuerpo le permitía. Mientras caminaba sentía que poco a poco recuperaba la movilidad de su cuerpo. Al parecer era una toxina de corta duración. El hecho de que el mordisco del tiburón hubiese sido superficial también influía. Eso era una magnífica noticia en aquella situación desesperada.

Poco a poco empezó a acelerar el paso. Debía colocarse en una posición apropiada para atacar en cuanto le fuese posible. No podía conjurar correctamente si su coordinación manual no era perfecta, y tampoco tenía ningún sentido atacar al enemigo a lo loco. Ya había comprobado que aquellos tiburones no se quemaban fácilmente, y si las crías podían soportar una bola de fuego, estaba claro que ese hechizo no iba a ser efectivo contra un adulto, cuya piel era claramente más gruesa. La única forma de poder causarle un daño letal a esa criatura era herir su interior, y solo se le ocurrían 1 acceso, la boca.

Atacar a través de su boca implicaría colocarse justo de frente a la criatura en pleno ataque. Era evidente que su cuerpo no estaba aún en condiciones de hacer tal cosa, pero se le ocurría un segundo punto sensible que dañar, las cavidades oculares. El ballestero, antes de morir había herido uno de los ojos del tiburón con uno de sus virotes. Con ambos ojos heridos, la criatura quedaría aturdida y confusa, lo cual jugaba a favor de los cazadores.

Dante aceleró lentamente el paso. Mientras el tiburón estuviese distraído con el Schakal aprovecharía para buscar una buena posición desde la cual atacar el ojo sano que le quedaba a la bestia, en cuanto el efecto del veneno se disipase lo suficiente como para poder usar conjuros efectivamente.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Mar Mayo 14, 2013 2:32 pm

De día, el ardiente sol quema tu espalda
De noche, la luna fría como el hielo carcome tus huesos
El desierto no tiene misericordia con nadie
Y únicamente, los más fuertes son los que sobreviven.

Christian Chacana 13 de mayo de 2013


¿Se puede llamar cobarde a quien rehúye del peligro? ¿Se le puede llamar cobarde a quien se mantiene lejos de la acción?, puede ser, pero también son los cobardes quienes viven más tiempo, quienes tienen vidas tranquilas, sin altibajos, sin temer por su existencia con cada paso, son los que por la fuerza de sus espaldas, los cultivos crecen, pero en cuanto ven a un lobo, huyen como corderos asustados… es triste… pero es la verdad. Mas, no son ellos los que hacen girar al mundo, su existencia es necesaria, ya que son la contraparte de aquellos que sin temor o incluso con este, pero superándolo, son capaces de enfrentar a monstruos y bestias, de escalar las altas montañas o de internarse en las más oscuras cuevas … no son los cobardes quienes hacen al mundo girar, si no los valientes, quienes con su sangre alimentan a un mundo hambriento por emoción y por historias épicas, historias cantadas por el viento entre las hojas.

El frio calaría los huesos, el Schakal lo sabía, la luna seguía su camino, al igual que lo había hecho durante eones, el desierto era implacable, no perdonaba, ni de día ni de noche. Ahora tenía dos cosas por lo que preocuparse, la primera, era aquella bestia que le superaba en varias veces su tamaño y que no dudaría en devorarlo de un solo bocado, como ya lo había hecho con ese inútil humano. La segunda, era el frio que pronto se sentiría y del cual no había refugio a la vista, la ciudad o pueblo estaba bastante retirado como para viajar con aquella pesada carga… por lo que debía de idear que hacer…. Confiar en aquel humano había sido inútil, al igual que él, ya que a pesar de salvarle la vida, este simplemente había huido, como un animal asustadizo y cobarde. Aquella caza la hubiera podido realizar solo y con menos trabajo… o por lo menos lo creía.

El tiburón se elevo cual gigantesco gusano de las inquietas arenas, su cabeza se elevo varios metros del suelo, mientras el resto de su cuerpo quedaba semi enterrado, el costado de su cabeza estaba lastimado, regalo del ballestero, pero aquello parecía no importarle a la bestia de grandes proporciones, que abriendo sus fauces, mostraba sus dientes ante el antropomorfo. Snarl gruño, como era normal en su persona, tomando una posición adecuada, había previsto que la bestia se lanzara contra él, esquivando hacia el lado que su ojo estaba herido, esto para salir de su rango de visión, mas no había contado con aquello … truncando sus planes de cierta forma. La bestia de pronto escupió la arena en su boca, como si fuera un chorro de arena solida, el Schakal debió de girar sobre las arenas, con su espada en mano para evitar el ataque, sabía que si le daba estaría en desventaja y demasiado, durante una fracción de segundo se detuvo a algunos metros lejos del cadáver ahora cubierto por la arena, para encontrarse contra las fauces abiertas de la bestia, nuevamente se hecho a un lado, intentando esquivar aquel enorme mordisco, su cuerpo nuevamente se cubrió de arena, dando un par de giros sobre la duna de arena … maldita era su suerte, abriendo los ojos levemente y cubriéndolos con sus pestañas, cual lo hacía en su niñez, vio a la bestia impactar contra la arena, con la boca abierta … maldita sea, si se levantaba escupiría nuevamente y estaría en gran desventaja … maldijo su destino, mas solo había una opción, como rayo y tan rápido como sus patas lo permitieron después de unos pasos hundiéndose en las arenas, se abalanzo contra la bestia, contra su lado lastimado. Daga en mano y espada en la contraria, esperaba encontrar un punto en su cuello…. Solo un punto, o quizás en su nuca, más esta estaba varios metros sobre las arenas, el tamaño influía y claramente. La carrera esperaba darle suficiente impulso, como para poder incrustar la espada completamente en la carne, mas el problema era no el enterrarla hasta la empuñadura, si no hacer el corte en aquella carne, la cual era de enorme grosor y claramente difícil de cortar. Era irónico… se lanzaba a su suerte, sin un plan completo… pero no debía de perder la oportunidad de herir a esa bestia y aun mas si lo podía hacer gravemente… solo esperaba que la suerte estuviera de su lado, ya que hacía mucho tiempo que había abandonado la misericordia de los dioses y estos para el eran tan inútiles, como los cadáveres ya. Mas ... ¿los dioses se habian olvidado de el?


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Mar Mayo 14, 2013 8:17 pm

“Después de una gran batalla el cuerpo pide un gran trago.” Solía decir mi padre y no erraba, aquella contienda contra la bestia marina parecía habernos secado la garganta a todos, coincidíamos en que había que lograr bebida. Fui yo quien la logré, era la que estaba más o menos presentable, con la ropa seca ya puesta y el pelo suelto, algo mojado todavía, cayéndome por ambos costados de la cabeza. Aquellas tres botellas llegaron de manos de un marinero que casi lloraba de la emoción, no creía cierta la hazaña que habíamos realizado. Era joven, lo entendía y no pude disimular una sonrisa complaciente en el rostro al verlo así… Le quedaba tanto que ver todavía.
De nuevo en el camarote, entre tragos de ron amargo y alguna que otra carcajada, fui charlando con los dos camaradas hasta que tocó echar una cabezadita. Yo me acosté la última, puesto que con el golpe recién dado no quería dormirme, sabía que era malo y que me podía costar caro, incluso no despertar de nuevo, así que preferí esperar hasta que pasó una hora. Después caí en redondo en la cama, sin notar tan siquiera el vaivén del barco al chocar contra las olas en alta mar.

Desperté a la mañana siguiente, me atavié con la armadura por primera vez en el día y coloqué el yelmo para cubrirme el rostro. Al hacerlo, sentí una corriente eléctrica recorrerme el cuerpo… Fue extraño… fue agradable, como si el metal hubiese echado de menos el tacto de mi cabello y de la piel del cuello al estar desperdigado por el camarote; también he de confesar que me volví a sentir con más confianza en mí misma, ya nadie podía decir que era una mujer, no se veía mi rostro y mi voz cambiaba de forma radical cuando salía a través de las fauces metálicas, e infravalorarme por ello era ya imposible, pues aunque Khaelos y Arthorius habían dejado claro que a ellos no les importaba todavía había mucho imbécil recorriendo senderos en el mundo al aire libre.
Caminé detrás de sendos gigantes metálicos hasta el mercado, en todo momento ojo avizor a la bestia que flotaba en el agua por si daba un último coletazo sorpresa, después de todo no sabíamos hasta qué punto llegaba su familiaridad con los legendarios dragones, y al llegar al mercado nos detuvimos para despedirnos de los marineros que tan amablemente nos habían tratado. Arthorius ya llevaba las piezas que nos interesaban bajo el brazo, así que todo parecía haber terminado pero justo en ese momento lo reclamaron un momento para explicarle unas cosas sobre joyas que la bestia creaba en su interior. Mientras esto ocurría Khaelos me ofreció una manzana, la cual rechacé apartándola con una mano y sonriendo bajo el yelmo con mis afilados colmillos mostrándose al propio acero:

-Deja el verde para el ganado, conde, y dame al ganado a mí cuando esté bien cebado. –

No dije nada más en lo que restó de caminata hasta la casa de Charlie, que no estaba demasiado lejos de nuestra posición en esos momentos.
La joya que había recibido Arthorius me suscitó curiosidad, sí, pero él tampoco tenía pinta de saber demasiado de ella o la hubiese almacenado con más cuidado en un lugar más oportuno que una simple bolsa para los utensilios.

Atravesamos la puerta creada por aquel mejunje extraño, una vez más me pregunté a mí misma porque aquellos hombres no luchaban ellos mismos usando las pociones como armas, parecían efectivas después de todo, y de nuevo me quedé para mí las dudas, aunque fui dándole vueltas al tema hasta que estuvimos de nuevo en la sala de candiles verdes que había en la casa del pantano de Dan, el viejo alquimista. Allí de nuevo… Que… Bien… Apenas habíamos llegado y ya estaba desesperada por volver a salir del lugar, me traía amargos recuerdos del viejo horondo mandándonos a una muerte segura en mitad de la mar.
Pero por lo visto aquella vez iba a ser distinto, en esa ocasión el alquimista no aparecería para recibirnos, su ayudante, por el contrario, sí lo hacía. Además de tener el valor de presenciarse frente a un trío de guerreros de sangre caliente, armados hasta los dientes y con la paciencia al borde de naufragar en mitad de un mar de ira, también lo tuvo para comunicarnos que nuestra siguiente misión sería en un barco… Uno de arena, pero un barco.

-En cuanto pille al viejo lo ato al mástil de un barco y lo mando a flotar a la deriva… Lo juro. – Dije muy bajito, encontrándome cerca de Khaelos, y después solté el aire por la nariz de forma brusca para hacerme notar, tanto a mí como al señor cabreo que me acompañaba.

Mack realizó las mismas acciones que su señor y Charlie antes. Nos abrió la puerta y nos dio paso a una sala de la cual salía una cálida brisa que me acarició el rostro bajo el metal y meció un poco los cabellos que no había sido capaz de recoger con la trenza.

-¿Vamos eligiendo ya dónde lo enterramos? – Pregunté a los dos que me acompañaban.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Miér Mayo 15, 2013 10:51 pm

Cuando Khaelos hizo la referencia a aquella gema de considerable tamaño, me limité a encogerme de hombros. Y suspirar.-Es posible, pero no veo la razón por la que me la dan solo a mi. Aunque mio fuese el golpe de gracia, sin vosotros no habría podido darlo... De todas formas, no te preocupes, gemas me sobran. Aunque un recuerdo de esa caza tampoco iría mal. De todas formas, el dinero no es problema, y ya me encargaré de tasar esta pieza y daros la parte que os corresponde.-Les dije con total tranquilidad, y notando la posibilidad de réplica me adelanté a ambos.-Y ni se os ocurra oponeros. Aunque mi familia solo se la recuerde en leyendas, nuestras minas no han dejado de funcionar nunca, y el dinero no es algo que suponga un problema.

[...]

Según parecía, ni a Enya ni a Khaelos parecía gustarles tampoco aquella situación. Un barco y una pelea en alta mar. Y ahora, un navío de arena con un combate en el desierto. Por supuesto ¿Que sería lo siguiente? ¿La caza de un dragón en un barco volador? ... Cuando aquellas ideas vinieron a mi mente me volví religioso por un instante, y comencé a rezar por que no fuese así, o sin duda echaría abajo la casa de aquel alquimista sin miramiento alguno. Y de hecho disfrutaría como nunca antes.
Enya proponía atarlo al mástil de un barco. Y posteriormente sugirió que empezásemos a buscar el sitio donde enterrarlo. Mientras cruzaba por la puerta solté una carcajada.

-¿Enterrarlo? Yo le dejaría sus restos a los cuervos, sería de utilidad al menos una vez.-Le respondí con total naturalidad, viendo a mi alrededor una habitación de ladrillos de piedra gris. Sentado en un escritorio a la luz de una vela se encontraba un hombre de mediana edad enterrado en la lectura de un libro. Tardó unos segundos en darse cuenta de nuestra presencia, y al principio se asustó.

-¡Oh! Debéis ser los hombres de Dan. Entiendo, debéis haber venido por el Jhen Mhoran... Y si estáis aquí es por que habéis sobrevivido y cazado al Lagiacrus. Una interesante especie.

Aquellas palabras al principio no me dijeron mucho. Pero un instante después las ideas brillaron en mi cabeza... ¡Información! El tipo parecía tener información sobre la criatura a la que íbamos a cazar, y también sobre la anterior. Según parecía se llamaba Lagiacrus.
Me adelanté a mis compañeros y me acerqué al hombre, que a pesar de haberse levantado, no se separaba de la mesa de madera y la vela que daba la luz a la habitación que, por la ausencia de ventanas y la presencia de unas escaleras ascendentes, supuse que se trataría de un sótano.

-¿Lagiacrus? ¿Así se llama aquel leviatán marino al que nos enfrentamos?-Pregunté tanteando el terreno para comprobar su nivel de conocimiento sobre el tema.

-Efectivamente, aunque es más que un leviatán. Según mis libros es medio Wyvern. Es una criatura que cambia de ecosistema, viviendo en tierra o en mar según la especie y el momento de su vida. El que cazasteis en particular, era terrestre, y solo se sumergía en las profundas aguas oceánicas para aparearse. Es una bestia temible, pues sus escamas traseras son muy duras, y todo su cuerpo es capaz de generar y almacenar energía eléctrica. Sin duda, habrá sido una tarea muy difícil enfrentaros a semejante bestia en un entorno tan desfavorable...

Aquellas palabras suscitaron mi curiosidad. Realmente parecía conocer a la bestia a la que nos habíamos enfrentados... Así pues, vista la situación, me aventuré a pronunciar la siguiente pregunta, puesto que si poseía esos datos, sin duda también conocería algo sobre el próximo pedido. El llamado Jhen Mhoran.-¿Y podrías darnos algún detalle sobre la otra bestia? Dan no nos ha dicho absolutamente nada, de hecho, ni tan si quiera conocíamos sus nombres. Creo que merecemos unos pocos datos para saber como enfrentarnos a él.

-¡Por supuesto! Es muy simple.-Empezó aquel hombre, haciendo que por fin viese algo de esperanza en aquellas misiones... Aunque no quitaba las ganas de empalar a Dan con sus propias piernas.-En Jhen Mhoran es... No soy capaz de encontrar un animal o bestia semejante con la que compararlo, pero al igual que la anterior, también posee una parte de Wyvern, por lo que deberéis tener cuidado y... ¡Oh! Ya se me ocurrió uno. Podríamos considerarlo un dientes de sable. Es una bestia con unos generalísimos colmillos duros y afilados bastante peligrosos... Además posee la capacidad de fundirse con la arena, nadando en ella como un pez lo haría en el agua. Por eso os proporcionaré un buen barco cazador, muy típicos en esta ciudad, no creo que os sea demasiado complicado.-Dijo el hombre con total tranquilidad, pero nada de eso parecía importante, todas esas cosas ya las había podido deducir por los datos de Mack. Así pues tras una mirada de insistencia, y unos segundos de pensamiento, el hombre volvió a hablar de nuevo.-¡Oh! Claro, y no nos olvidemos de que en su espalda posee muchos minerales. Debido a su vida en la arena en su espalda crean unos grandes montículos de metales, cristales y minerales realmente valiosos, además, debido a su descomunal, tamaño, es una bestia muy...

-Espera...-Interrumpí de pronto al escuchar una palabra que no terminó de convencerme.-Has dicho descomunal ¿Nos puedes dar un valor más aproximado?

-Pues... El ejemplar en particular que vais a cazar, tiene una longitud de aproximadamente... Unos ochenta metros...

Aquellas palabras me hicieron palidecer bajo la armadura...
Después, maldecí interiormente a Dan mil y una vez...

Cerca de aquel desierto, pero aun en la noche anterior... El otro grupo continuaba con el combate contra su feroz adversario. Dante, aprovechando la posición ventajosa que le había sido otorgada por su compañero intentó colocarse desde un ángulo que favoreciese sus ataques, pero con su desplazamiento dificultoso por las heridas y la parálisis muscular de las manos.
Snarl mientras era el objetivo de todos los furiosos ataques del tiburón de las arenas. El primero, aquel escupitajo había sido evadido con velocidad y simpleza echándose hacia un lado, pero la sorpresa le llegó al schacal cuando el cuerpo de la bestia se había acercado repentinamente mientras realizaba su movimiento, viéndose obligado a escapar nuevamente del ataque para no ser triturado por las poderosas fauces que mostraba la supuesta presa.
Aquello le costó unos segundos de ceguera, cuando su visión fue nublada por lo granos de arena que entraban al levantarse con sus bruscos movimientos.

Pero rápidamente se recuperó, no dispuesto a cederle ni un solo instante de debilidad, el hombre bestia se lanzó contra su cuello empuñando daga y espada. Con un ágil salto, quizás el mayor que habría realizado en su vida. Aquel trayecto pareció recorrerlo lentamente, viendo como su cuerpo se aproximaba y el ojo ciego de la bestia parecía contemplarle de forma fría, con la punta de la saeta emergiendo de aquel órgano dañado... Y de pronto, la luz lo envolvió, y el calor le abrazó.
Su pelo empezó a quemarle, pero antes de poder lanzar un solo aullido de dolor, otro resonó por encima del suyo. La criatura abría su boca en expresión de dolor, mientras por el filo plateado de sus armas chocaba contra hueso... Y el filo de la espada asomó por el otro lado, cubierto por el brillante fluido carmesí.

Cuando cayó al suelo, el schacal también lo hizo, y gracias a las blandas arenas que le envolvieron en su abrazo, las llamas se apagaron... Cuando se levantó, pudo ver como en sus brazos varias partes de su pelaje habían ardido, y su armadura presentaba manchas negras... Pero todo estaba mezclado con rojo, el de la sangre de la bestia que tenía al lado, que hacía unos segundos había dado sus últimos coletazos. A su espalda pudo ver a Dante con las manos aun extendidas al frente, y el humo emerger de sus dedos...
El silencio y la noche les rodeó...
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Re: Una Caza En Condiciones

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