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Una Caza En Condiciones

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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Mayo 17, 2013 3:28 am

Cuando le ofrecí la manzana a Enya sus palabras me hicieron reír levemente y le respondí, encogiéndome de hombros mientras lanzaba el hueso de la manzana que me había acabado y atacaba la que ella había rechazado:

-Si hay hambre cualquier cosa es buena, y además... La carne en exceso antes de una batalla hace a los guerreros más pesados y empeora sus reflejos. En Zhakhesh se nos enseña qué alimentos es preferible consumir antes y después de una batalla, antes y después de entrenar... Si queremos ostentar el título de mejor ejército humano debemos tenerlo todo en cuenta.-

Tras eso, cuando le hablé a Arthorius sobre la gran gema que le acababan de dar me contestó su respuesta me hizo negar con la cabeza, mientras acababa de comerme la manzana, arrojando el corazón de aquella también. Sonriendo de medio lado, le respondí:

-Lo dices como si yo fuera pobre, camarada. Te recuerdo que soy señor del Túmulo, y las minas que hay en las montañas en las que se asienta mi fortaleza están llenas de metales valiosos. Quédate con la gema, y si quieres mi opinión, llévala a algún especialista en gemas que tenga nociones de material mágico. Cuando dije que ese pedrusco es más valioso de lo que aparenta no lo comentaba por el potencial monetario...-

Rato después ya nos hallábamos de vuelta en casa del alquimista, y entonces las palabras que Enya susurró mientras nos dirigíamos hacia la nueva localización me hicieron reír con sorna. Miré tanto a la mujer como a Arthorius comentarlo y yo respondí, encogiéndome de hombros:

-Si de verdad queréis que sufra dejádmelo unas semanas, que pase un tiempo en las mazmorras zhakheshianas. Si sale con vida de allí no lo hará muy entero.-

Cuando llegamos a la siguiente zona a la que debíamos dirigirnos nos recibió un hombre que, gracias a los dioses, sí estaba informado. Solo por aquello no pude evitar sentir una pizca de aprecio hacia aquél tipo, quien sí nos podría dar datos valiosos sobre nuestra próxima víctima, el tal Jhen Mhoran. El monstruo marino al que habíamos matado antes era un Lagiacrus, al parecer. Arthorius se acercó a él y le preguntó sobre la bestia marina, momento en que aquél tipo hizo gala de que, realmente, era un hombre versado en la materia. Al parecer era un ser que podía vivir tanto en tierra como en el mar, y el que nos cargamos resultaba ser uno terrestre, aunque ninguna de esas cosas me decía mucho.

El antropomorfo habló de nuevo, preguntándole acerca del Jhen Mhoran ese, y el hombre empezó a contarnos que, para empezar, el monstruo al que íbamos a enfrentarnos tenía sangre de wyvern ante lo que sonreí levemente mientras miraba mi espada. Tras eso, nos contó que era un ser con unos grandes colmillos que podían suponer un auténtico peligro, que podía fundirse con la arena y nadar por ella, y añadió que nos iba a otorgar un barco cazador. Sin duda mi interés estaba en su punto álgido, pues también mencionó que en su espalda había minerales valiosos, y por último mencionó que su tamaño era descomunal. No pude evitar sonreír mientras alzaba una ceja, mirando a Arthorius interrumpir al hombre, y cuando obtuvo la respuesta acerca del tamaño del monstruo ahí no pude evitar reír levemente. Avanzándome un poco, cogí yo el turno de palabra:

-Ochenta metros... Definitivamente nos va a tocar otro pez gordo. Si tiene sangre de wyvern considéralo muerto, y además... Cuanto más grandes, más dura es la caída. Perdona, buen hombre, ¿podrías darnos algunos consejos para cazar a ese ser? Puntos débiles, forma de atacar, tácticas efectivas... Toda información que nos pueda ser útil para saber cómo matarlo será bienvenida.-

Tras informarme todo lo que pude y obtener los datos necesarios sobre la criatura fui el primero en salir de aquél lugar. Tanto Enya como Arthorius pudieron ver que estaba bastante tranquilo en apariencia, gracias a poseer unos nervios de acero. Mentalmente me estaba preparando para el combate, blindándome y mentalizándome de que iba a ser una batalla dura y debía prepararme. Antes de abrir la puerta me giré hacia mis compañeros y les hablé:

-Voy a prepararme para poder combatir el calor sin renunciar a la armadura. Si queréis ver mi truco, seguidme, si no, nos veremos en el barco.-

Sin perder tiempo me dirigí hacia el bazar más cercano, el cual me aseguré de que estuviera cerca del barco volador que aquél tipo nos iba a prestar. Cuando llegué, supe rápidamente dónde debía dirigirme. No era la primera vez que trataba con los Deseh ni con el desierto, y sabía bien de sus trucos e idioma, de modo que no me iba a ser difícil lograr lo que quería. Como era obvio, llevaba una mano en la espada y la otra en la bolsa, señal más que disuasoria para los ladrones que rondaban por esa zona. La mano en la bolsa indica que uno está atento a sus pertenencias, y la mano en la espada significa que no le va a temblar el pulso a la hora de castigar al ladrón, castigo que podía ser infligido sin represalias. La ley del desierto era dura y severa con los ladrones convencionales.

Si bien me llevó unos minutos de regateo agresivo y acérrimo, finalmente logré comprar telas a un precio bastante asequible. El comerciante se desanimó bastante cuando vio que, a pesar de ser un noble extranjero, era de carácter fuerte y me conocía bien los trucos de esas gentes, por lo que al final me vendió las telas que requería a un precio justo. Guardándolas en la mochila me puse en dirección al barco, y nada más subir me aseguré primero de comprobar cómo era. Estaba bien adaptado, y para empezar poseía una serie de hileras de refuerzo metálico en el casco remachadas por afiladas púas que simulaban una sierra. Seguramente la intención era que, si el Jhen Mhoran trataba de placar el barco, se hiciera daño. Aparte de eso, en los laterales y en proa y popa llevaba dos tipos de balistas alternadas. En la proa, la popa, y a la mitad del barco llevaba una especie de polybolos bastante curiosos. Su tamaño era el de una balista de asedio casi, y poseía una plataforma con asiento. Aparte de eso, enganchado a la parte superior tenía una especie de rectángulo de madera cargado con virotes del tamaño de jabalinas. Me fijé que tenía una manivela al costado, y no me costó intuir que era aquél engranaje lo que disparaba el arma y la recargaba para poder mantener una cadencia de tiro rápida. Aparte de eso, había al menos cuatro cargadores situados a los lados, a nivel del suelo, colocados de tal manera que si la nave se inclinaba no se cayeran ni se fueran rodando, ayudándose de pequeñas cuñas de madera. Las otras cuatro balistas se hallaban en los espacios entre balista de repetición y balista de repetición, y aquellos sí eran de carga convencional, aunque compensaban aquello con una capacidad mucho mayor. Sus pernos casi parecían ramas de árbol por el grosor, y eran casi tan largas como un mandoble, con puntas de acero que medían medio metro y que tenían rebordes afilados y aserrados. Aquello debía ser capaz de partir a una persona adulta por la mitad, sin duda. Antes de ir a prepararme, le pregunté sobre las reservas de agua que poseía el barco y cuando me informó de que tenía bastantes barriles de agua me sentí satisfecho. Asintiendo por el equipo del barco, y sin fijarme si tenía más detalles, me dirigí al camarote.

Cuando estuve en el sitio, y aprovechando que estábamos amarrados todavía, empecé a prepararme para la lucha en el desierto. En primer lugar me quité el yelmo y me aseguré de que mi coleta fuera firme, manteniendo todo el pelo agarrado. Tras eso, empecé con el proceso. Me quité la armadura y me cambié la ropa por ropas de las gentes del desierto, suficientemente tapado como para evitar que el roce de la armadura pudiera fastidiarme la piel pero yendo suficientemente al descubierto como para que aquella tela fina no me hiciera pasar calor. Tras eso, me coloqué la armadura, levemente suelta. Tras asegurarme durante cerca de un minuto de que la armadura seguía siéndome cómoda y no me molestaba a pesar de estar más floja de lo normal, seguí con el procedimiento. Me puse un par de capas extra de ropa de las gentes del desierto. La primera iba debajo, en contacto con la armadura, y su función era actuar de transpirante, sacando el calor fuera del cuerpo, aunque para eso necesitaba la segunda. La segunda básicamente hacía la función de absorber el calor del viento, filtrándolo y dejando que esa tela se calentara para evitar que lo que había debajo lo hiciera. Al ser ropas sueltas y cómodas, el aire filtrado corría entre ambas capas, enfriando lo que había debajo y evitando las insolaciones. El sol no tocaba el metal, evitando el sobrecalentamiento, y el calor ambiente se veía combatido por el aire que transcurría dentro de los ropajes. Si uno no conocía ese tipo de vestimenta, pensaría que estaba loco al vestir completamente de negro. Eso se debía a que no sabían quiénes eran los medjáis. Lo último que me cubrí fue la cabeza, usando un turbante típico de la zona también en color negro y que usaba un sistema similar. Lo último fue asegurarse de que lo único que quedaba a la vista eran mis ojos, y que éstos no tenían impedimento visual alguno, y la vestimenta estaba completa. No corría riesgo de quemarme, de padecer una insolación ni de tener un calor excesivo, a pesar de que era inevitable que sudara. Afortunadamente, aquél barco poseía agua más que suficiente para poder mantener una rehidratación constante si el calor empezaba a afectarnos. No sabía qué iban a hacer los demás, pero yo ya estaba todo lo preparado que podía. Solo me hizo falta ceñirme el cinturón y colocar las armas que iba a necesitar, osease, todas, y distribuyéndolas de la forma convencional. Si alguien me veía, solo mis ojos y mis armas delatarían que se trataba de mí. Mi vestimenta era digna de cualquier beduino akhdariense. Sonreí satisfecho y me dispuse a salir a la cubierta.
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Lun Mayo 20, 2013 9:31 pm

¿Cuál es el trofeo del cazador?
¿Serán las cornamentas o la piel?
¿Sera el cadáver y exhibirlo?
No… el verdadero trofeo es el poderlo hacer
Decir “Lo he vencido” y tener la satisfacción
De que la bestia, no fue más inteligente que el cazador.

Christian Chacana 20 de mayo de 2013

El corazón latía como si no existiera mañana, los pulmones se inflaban cual desesperación contenían, el Schakal lo arriesgaba todo, no solo perder sus armas, si no su vida, el no deseaba morir, no por segunda vez, y aun menos en aquellas inmisericordes arenas, que solo deseaban devorarle, como toda su maldita raza, a la cual despreciaba. La sangre broto manchando ya la negra arena, la noche había caído, la luna ahora era testigo de la muerte, la carne se abrió como si fuera simple tela, mientras el filo le atravesaba, extinguiendo la vida como si fuera un simple suspirar, la bestia lo había apostado todo y ahora lo ganaba todo y mucho mas. Pero no todo fue victoria… los Schakales conocen la traición, son parte de ella y únicamente los lazos de sangre les mantienen unidos, por lo cual, ellos no la desconocen, es mas… la abrazan como uno solo, mas eso no significa que gocen con sufrirla o la dejen sin pago.

Fue un instante, en que el antropomorfo ya se daba por victorioso, más algo le golpeo, algo ardiente como el sol y traicionero como su propia raza. La bestia cayo y el Schakal rodo pro las arenas, apagando el fuego que chamuscaba su pelaje y dejaba algunas dolorosas quemaduras en su piel ahora desnuda de pelos, Snarl dejo escapar un quejido y gruñido de sus fauces, mas estos no duraron demasiados y su mirada se clavo en el humano, quien tenía su brazo extendido y tembloroso hacia él, no demoro mucho en atar los cabos sueltos y como bestia sanguinaria, dejo caer sus armas, para lanzarse como una bestia sanguinaria, sus patas y zarpas pisaron la arena, antes de recorrer la distancia que le separaba del humano en cuestión de parpadeos, saltando cual animal que era por el aire para caer sobre el humano, haciéndolo caer de espaldas a la arena, sus fauces se abrieron frente a sus ojos, mas no desgarraron su carne, como claramente lo hubiera deseado, si no que se cerraron a centímetros de su rostro, apretando su cuerpo contra la arena, y evitando así que se pudiera defender, ya fuera por azares del destino o torpeza del humano al no saber luchar en las arenas, este solo le miro con sorpresa.

-INGRATO, ESTÚPIDO Y MALDITO HUMANO ¿ASÍ ME PAGAS QUE TE HAYA SALVADO DE ESA BESTIA? DEBÍ DE DEJAR QUE TE MATARA Y AHORRARME PROBLEMAS… ¿AHORA ME ATACAS? TE LO ADVERTÍ, DAME PROBLEMAS Y YO MISMO CLAVARE MI PUÑAL EN TU COSTADO…-

El Schakal no solamente había sido quien mas había actuado en aquella cacería, había sido quien había matado a las tres bestias, únicamente teniendo inconvenientes por la presencia de esos inútiles e imbéciles humanos. Ganas de arrancarle el rostro al humano no le faltaban, ni tampoco ánimos, por que la adrenalina aun estaba corriendo por sus venas y estas no se habían enfriado como la noche, mas con lentitud se levanto, retrocediendo algunos pasos para quitarse la roída capa y armadura y terminar de arrojarla al suelo, no le servía ya de nada, la poca protección que daba era inútil ahora que se encontraba carcomida y quemada, al igual que la capa, ya sin esa protección se pudieron ver las cicatrices en su cuerpo y también las partes quemadas de su pelaje.

-ESCÓNDETE O MUERE EN LA ARENA, POCO ME SIRVES AHORA, MAS NO ME MOLESTES O TERMINARE DEGOLLÁNDOTE SIN MIRAMIENTOS, INÚTIL Y DESPRECIABLE HUMANO-


El Schakal le dio la espada, caminando hasta donde la bestia ahora yacía, muerta y aun caliente, recogiendo su espada y daga, recorrió la bestia, buscando la cola, uno podría decir que es muy fácil saber dónde está la cola, pero en algunas bestias, al cola y el cuerpo se confunden, simplemente distinguiéndose, en donde está la cloaca, cosa no difícil de encontrar. El Schakal demoro unos minutos en recorrer el animal, encontrando la cloaca y por ende, el final del cuerpo y el comienzo de la cola. El procedimiento fue fácil, la piel no se resistió cuando comenzó a ser cortada y aun menos la carne, aunque fue fácil, la cantidad de carne y grasa que le animal almacenaba en su cola, hizo que durante más de una hora el Schakal estuviera ocupado, la carne ya se enfriaba y se colocaba dura, pero cuando las estrellas ya coronaban el firmamento, el hombre bestia pudo terminar su trabajo, casi cien kilogramos de cola, la cual no era difícil de arrastrar por la blanda arena … aunque ahora quedaba el problema del refugio, cosa fácil de solucionar, sin dudar ni un instante, el Schakal abrió el vientre de la bestia, comenzando a sacar las vísceras, kilos y kilos de vísceras, intestinos, pulmones corazón, mientras las garras sacaban lo que parecía el hígado o los riñones, los ojos del Schakal encontraron algo interesante, una gema de un tamaño considerable, similar a la cabeza de un elfo, por lo cual era algo más pequeña que la de un hombre, gema que hizo brillar los ojos de la codicia, especialmente cuando guardo esta en un bolsa hecha de una de las vísceras de la bestia, los minutos pasaban, el frio se acrecentaba y la bestia muerta se convirtió en un acogedor refugio, el cual sin asco, el Schakal aprovecho.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Mar Mayo 21, 2013 5:42 pm

Una vez colocado en una posición aparentemente favorable, Dante probó suerte y disparó, pero la suerte no estaba de buenas ese día. El tiburón murió, si, pero no a causa del conjuro disparado contra él, sino del ataque con dos filos del Schacal, que se adelantó y fue precisamente quién recibió el impacto, cayendo rodando en llamas a la arena. Por suerte para el cánido, las llamas se apagaron rápidamente en contacto con la arena y el incendio no acabo por comerse al triunfante cazador.

Dante se acercó al caído, dándolo por moribundo y pensando que lo más compasivo iba a ser poner fin a sus miserias ahí mismo, pero fue él mismo quien podría haber acabado muerto por suponer demasiado, pues el antropomorfo se levantó y, en un instante, se había abalanzado sobre él profiriendo insultos y amenazas. El bichejo era más duro de lo que cualquiera pudiera esperarse.

-INGRATO, ESTÚPIDO Y MALDITO HUMANO ¿ASÍ ME PAGAS QUE TE HAYA SALVADO DE ESA BESTIA? DEBÍ DE DEJAR QUE TE MATARA Y AHORRARME PROBLEMAS… ¿AHORA ME ATACAS? TE LO ADVERTÍ, DAME PROBLEMAS Y YO MISMO CLAVARE MI PUÑAL EN TU COSTADO…-

-Es...veneno...imbécil...- Llegó a pronunciar el hechicero desde el suelo, con dificultad debido al efecto paralizante que le entorpecía ligeramente el habla, combinada con la presión que el hombre chacal ejercía. -No...me puedo...mover...

La agresiva semi-bestia decidió dejar pasar el asunto, le soltó y le dió la espalda, profiriendo mas maldiciones y amenazas a su persona. Dante sabía que en su condición actual no tenía las de ganar entrando en discusión con aquel animalejo, así que tubo que aguantar y callarse.

Dante pudo ver que se dirigía al mas grande de las tres bestias y que con su arma procedía a vaciarlo por dentro, extrayendo sus entrañas. ¿Se lo pensaba comer? No, no era eso. Dante entendió en seguida cual era su intención. Los Schacal nunca se han caracterizado por ser muy inteligentes desde un punto de vista filosófico, pero eran muy versados en cuanto a supervivencia se refería, y el método que se disponía a utilizar, aunque asqueroso, era el único que les garantizaba la supervivencia al frío nocturno de la noche.

Aunque era una forma repugnante de pasar la noche, la supervivencia se impuso y el tenebre imitó al Schacal vaciando con su espada corta uno de los tiburones menores, que, aunque menos espaciosos, tenían el tamaño suficiente para albergar en su interior al humano. Por suerte para él, el efecto del veneno desapareció (probablemente gracias a la superficialidad de las heridas recibidas) y pudo trabajar normalmente con el arma.

El caminó continuó al amanecer. No hubo ningún intercambio de palabras. El Schacal transportó la cola cortada por su cuenta mientras el humano andaba por delante de él a una notable distancia. No tenía ninguna intención de ofrecerse a ayudarle a llevarla. Aquellos dos no había creado algo que pudiese considerarse precisamente como una buena relación profesional. Al menos había sacado algo de todo aquello. Durante el vaciado del tiburón mayor salieron a flote los restos del difunto ballestero, y, puesto que el cánido no había mostrado interés en el arma de proyectiles que había recuperado de las entrañas de la bestia, Dante había decidido llevársela por si acaso y ahora cargaba con ella a la espalda.

Tardaron alrededor de medio día en volver a la cabaña y prácticamente agotaron los suministros de agua. Dante entró y sin molestarse en parar a saludar a Scorpión o molestarse en explicar su lamentable aspecto se dirigió al portal, dejando un rastro de sangre seca del tiburón en cuyo interior había dormido, mezclada con arena del desierto, y cruzó.

En cuanto se halló en la morada del alquimista empezó a buscar a alguien con quien cargar sus frustraciones.

-Dan, sal aquí, alquimista de pacotilla.... ¿Seleccionados por nuestras habilidades para el trabajo? ¿División en grupos? ¿A que clase de imbécil se le ocurre enviar a un alquimista a cazar a un animal cuya piel es casi ignífuga? ¿Se puede saber que funciona mal en tu p$%& cabeza?- El hechicero empezó a gritar con evidente enfado. El desarrollo de la misión no le había dejado precisamente complacido.

Esta vez espero una información detallada sobre lo que sea la alimaña asquerosa que vallamos a cazar, y nada de excusas de m%&$ sobre que no hay tiempo que perder. Quiero saber hasta el último detalle del próximo engendro a por el que haya que ir o puedes meterte tu dinero por el recto.

[Rol of: Lo de que Snarl carga la cola por su cuenta y lo de que no quiere la ballesta ya estaba hablado por skype, no he interpretado por el xd]


Última edición por Cerverus Dante el Mar Mayo 21, 2013 11:25 pm, editado 1 vez
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Mar Mayo 21, 2013 11:05 pm

Los grises muros de la estancia concordaban a la perfección con los ánimos que se respiraban en ella, cargados y tensos como una cuerda de laúd. No era difícil notar aquello, en parte por nuestra conversación, cuyo tema central era qué hacer con el cadáver de Dan una vez que lo matásemos, el cómo acabaríamos con su vida… Seguramente lo decidiríamos a suertes, porque para ser sinceros los tres teníamos prácticamente las mismas ganas de hincarle el diente al alquimista de las narices.
Ante las palabras de Arthorius, pronunciadas un poco antes de que un hombre de mediana edad, que estaba en la sala esperando nuestra llegada, interrumpiera la charla con información sobre la bestia, contesté de forma algo más animada; incluso llegó a dibujarse una sonrisa bajo el negro yelmo que llevaba cubriéndome el rostro al mismo tiempo que hablaba:

-Dárselo a los cuervos sería una opción, pero por desgracia mi religión considera a esas aves mortuorias sagradas y las diosas me castigarían durante cien años si diese de comer basura a una de sus creaciones más preciadas. –

La charla que vino después, y que como he mencionado antes contenía información de la siguiente presa que debíamos abatir, me reconfortó bastante, incluso saber el tamaño de la bestia fue un alivio. Ochenta metros no me parecía poco, seguramente sería el monstruo más grande que jamás hubiese enfrentado pero… ¡sabía cómo era, maldita sea! En mi mente ya había dibujado una especie de “boceto” de la criatura: la imaginaba como algún tipo de pez, tal vez un tiburón, de las arenas, con los grandes colmillos de marfil alzándose al cielo y eclipsando con su sombra poblados enteros. También supe por las palabras del hombre desértico, que la bestia debía tener un alto valor monetario en el mercado, al menos su espalda, la cual trazaba en mi mente tan grande como una montaña, repleta de protuberancias de las cuales sobresalían vetas de las más preciosas y extrañas joyas. En ese instante sentí un ligero escalofrío recorrerme el cuerpo, fue a causa de pensar la batalla que daría tal gigante de la arena…

A continuación las palabras de Khaelos llegaron a mis oídos: decía que iba a prepararse para la batalla sin renunciar a la armadura, ¿eso era posible? Esperaba que sí, porque estaba empezando a cocerme por debajo del metal, para colmo negro, que cubría de pies a cabeza mi menudo cuerpo.
Nos dirigimos ambos hacia el mercado, zona en la cual abundaban los pequeños rateros abasteciéndose los bolsillos con el contenido de los otros ajenos. Como no conocía la zona ni tampoco las costumbres del lugar, decidí imitar los movimientos del conde, que tenía pintas de saber moverse bien por ese entorno tan bullicioso del mercado Arkhadiano y así no perder de vista nada. También coloqué una mano sobre la empuñadura de la espada y otra por sobre la bolsa de cuero en la que llevaba mis monedas, según había explicado el albino durante la caminata eso servía para decirles a todos los presentes con los dedos largos que su fortuna podía terminar en el mismo instante en que tocasen mis cosas.
Una vez en el puesto de telas, Khaelos, se entretuvo unos minutos regateando el precio del material, mientras que yo compraba, de forma menos experta que él, un par de rollos de vendas para heridas y me los guardaba en el zurrón que colgaba atravesando mi pecho. Finalizadas las transacciones, salimos de allí escopeteados, por lo menos yo, que no quería perder más tiempo en compras inútiles.

Al llegar al barco, que resultó ser una auténtica fortaleza flotante armado hasta los dientes con balistas de asalto, de repetición y otras más menudas pero con sierras en los bordes. Todas aquellas cosas las vi normales, sin embargo llamó mi atención un redondel de algún metal muy pesado, a juzgar por cómo estaba sujetado con gruesas cadenas de hierro a cuatro palos bien anclados al suelo. Era algo parecido a los tambores de guerra que usaban los Mhare, los gongs, aparatos para dar órdenes cuyo sonido era capaz de recorrer kilómetros y kilómetros. Inevitablemente una duda acudió a mi mente en ese momento:
¿Contábamos con más barcos para la batalla? ¿Éramos sólo parte de una flota numerosa? Si era así aquel enorme armatoste de metal moldeado con forma de medallón nos sería muy útil para comunicarnos entre barcos.
También reparé en una especie de garfio, del cual sólo asomaba la punta, que sobresalía por la proa del barco y destallaba con reflejos metálicos bajo la luz del sol. Subida en el barco encontré que justo encima de la proa del barco había una plataforma que sobresalía, y cerca de allí descansaba un pesado mazo con la cabeza fabricada enteramente en roca maciza. Debía pesar cincuenta kilos por lo menos, tirando a la baja, y no parecía cumplir ninguna utilidad más que de adorno, aunque algo me decía que no era sólo eso.

Pasados unos minutos de observación decidí que ya era momento de prepararme, así que pregunté por mi camarote, hacia el cual me condujo un navegante de las arenas justo antes de confirmarme lo que ya me temía: debía compartir el habitáculo con los dos hombres del grupo. No era algo que me molestase demasiado, pero en esta ocasión debía desnudarme el pecho y si a cualquiera de los dos se le ocurría babear más de lo debido… lo lamentaría.

-Veo que sabes cómo luchar en tierras áridas y con un sol de justicia sobre tus hombros, Kolhleim – Dije mientras me quitaba la armadura pieza a pieza, quedándome tan solo con una camisa por debajo de esta que también terminé por retirarme sin pudor alguno, dejando al descubierto mi escaso pecho el par de segundos que tardé en comenzar a vendarlo fuertemente: -. Confieso que me gustaría aprender algunas de esas técnicas, aunque estoy totalmente en contra de tu política alimenticia antes de las batallas. Me niego a creer que tu estómago no se resienta si peleas sólo con un par de manzanas en su interior, eso es imposible para alguien de mi tierra… - hice una breve pausa para respirar y terminé de vendarme el pecho. Usé la venda restante para cubrir mis manos y así impedir que las armas se resbalasen por la piel de estas a causa del sudor, y continué charlando al mismo tiempo que usaba la espada para recortar los pantalones de tela que llevaba por debajo del acero oscuro hasta dejar de ellos una sombra de lo que habían sido, un harapo que apenas cubría mis muslos pálidos. - ¿Y sabes por qué es imposible? Porque puede que en tu hogar llueva mucho, incluso que os inundéis, pero nosotros, que vivimos todo el año con la nieve cayendo sobre nuestras cabezas, hemos aprendido que un estofado de carne antes de entrar en combate puede salvarte de morir congelado con la espada en la mano, sobre todo si lo único que te cubre los bajos es una falda de tela, o en el mejor de los casos de cota de malla. –

Acabada la charla, me dediqué a rematar el aspecto salvaje que había adquirido durante esta; ahora no lucía la brillante armadura de mi familia, sólo las vendas me tapaban el pecho y unos trozos del pantalón rasgados hacían de falda, cubriendo más o menos dos tercios de los pálidos muslos con los que contaba. El resto de mi cuerpo, pálido y con el tatuaje a la espalda como único símbolo destacable, se encontraba al descubierto, sin pudor alguno. A la espalda tenía el carcaj repleto de flechas, con las dagas a la altura de la cintura pero ocultas por mi espalda. Finalmente en mis manos estaba el arco heredado de mi abuela, que descansaba en la siniestra, y la espada de mi madre, con más mellas que antes a causa de la batalla contra el Lagiacrus, que se encontraba bien aferrada al cinto que había quedado sujetando la falda de tela.
El pelo lo portaba recogido en una única trenza, firme y que llegaba a un palmo de distancia de mi cuello, y la cara había recibido pinturas de guerra con arcilla rojiza que había encontrado en uno de los potes de mi zurrón.

-Así es como peleamos en mi tierra cuando el sol asoma más de dos horas seguidas, Khaelos. ¿Podrás combatir a mi lado mientras visto así o deberé preocuparme de que tus babas nos hagan tropezar en cubierta? -
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Jue Mayo 23, 2013 8:45 pm

Khaelos no parecía muy afectado por el tamaño de aquella cosa. De hecho hasta parecía contento. Si, bueno, yo tambien me alegraba de tener esa información antes de la batalla, pero no quitaba que aquella cosa probablemente pudiese comerse nuestro barco de un simple bocado...
¡OCHENTA METROS! No, en serio ¿Seguro que no se había confundido de cifra? No lo parecía. Suspiré finalmente, en algo tenía razón el conde. Si tenía la sangre de los wyverns, nuestras espadas se hincarían en su carne sin problema.
Preguntó también por algunos datos más de la bestia, como tácticas de combate. Mushashi durante unos momentos quedó pensativo, y finalmente habló.

-Mm... Su punto más débil está en sus bocas. Golpear sus dientes hace bastante fácil el causarle graves heridas, pues se encuentran conectados a sus grandes colmillos, y herirlos le puede causar graves heridas... Más allá de los dientes, su espalda es un buen punto de ataque, allí es donde se localiza la mayor parte de los minerales, pero a la vez, es una zona que, se se obvian los materiales allí existentes, causa bastante daño... El resto del cuerpo es más o menos igual de resistente, a excepción de los colmillos, cuya dureza es impresionante..-Hizo una pausa para reflexionar un poco, pero continuó.-Sobre los otros consejos de caza, no tengo ni idea, soy un estudioso, no un cazador, y no se como podríais aprovecharos de los puntos débiles, pero en mi opinión, lo más efectivo sería ponerse en su espalda y atacar, aunque tiene grandes riesgos, claro...

Aquellos datos eran realmente útiles. Aunque su punto más débil era imposible de aprovechar, se suponía que no podíamos tocar los dientes, así que deberíamos conformarnos con el resto, pero ahora entendía por que no podíamos golpearles. Mi pregunta ahora era ¿Para qué quería unos colmillos extremadamente duros?
Cuando la conversación acabó, Khaelos nos ofreció el secreto de combatir sin necesidad de renunciar a la armadura por el sofocante calor del desierto. Sonreí ante aquello... No lo necesitaba, aun así, les acompañé curioso, además de buscando mis propias cosas en el mercado. Lo primero que hizo el conde fue asegurar su dinero en una mano y protegerlo con la otra en la empuñadura. Enya le imitó... Yo por mi parte, miré a mi alrededor, lo cierto es que si parecían capaces de robar lo que no estuviese a la vista... Sonreí dentro de mi yelmo de nuevo, y continué el camino sin preocuparme de seguir el truco de Khaelos, yo tenía mis propios planes, que no tardarían en conocer.

Khaelos empezó a comprar telas negras para cubrirse, y comprendí al momento cual era su plan... Pero no se ajustaba a lo que yo buscaba. Me acerqué a la tienda, y pedí una camisa hecha de sedas rojas realmente finas. Sabía perfectamente que este color atraía el calor de forma increible, y en principio todo parecía una locura, pero no me importaba. El tamaño escogido fue suficiente como para que, si me la ponía, me cubriese desde los hombros hasta un poco más allá de las caderas. Y solamente con eso me las podía apañar. Mientras el tendero me atendía y me dedicaba a regatear el precio (Aquel hombre parecía dispuesto a tenerlo bien alto, pero su mercancía no era imprescindible, y si la compraba era por mera comodidad. Así que tuve que hacérselo entender) vi como una figura menuda se me acercaba por detrás, y fingí no darme cuenta, pero cuando sus dedos tan solo rozaron mi bolsa una fuerte mano descendió sobre su hombro aprisionándolo con fuerza... Era un simple niño de cabellos negros como la brea, y ojos color verde esmeralda, cuando le atrapé por el hombro, su rostro se volvió hacia mi en expresión de horror, y rápidamente sacó una daga que encajó en el guantalete de mi armadura, en una unión entre dos placas, el chico era listo... Pero el filo apenas llegó a traspasar la capa de escamas que recubría mi piel, sentí el cosquilleo de un par de gotas emanando de mi mano... De un rápido giro de muñeca partí el puñal y aferré con fuerza al joven, mientras la otra mano iba a mi yelmo y lo retiraba para mostrarle mi rostro al joven.

-No os conviene robarme, pequeño...-Dije colocando la expresión más severa y la voz más contundente que pude. No me costó ver como el rostro del joven palidecía por completo al observarme y escuchar mi voz, obviamente, a sus rápidos ojos, las escamas que brotaban en mi cuello no se le escaparon. Rápidamente y aprovechando ese susto le quité mi bolsa de la mano y le solté, pero segundos después le lancé una moneda de oro que atrapó en el aire, no sin después dedicarme una mirada de sorpresa e inseguridad.-Con lo fácil que es pedir... Pero hey, chico, si no te gusta mi dinero, devuélvemelo...

Sin dedicarme palabra o agradecimiento alguno, el muchacho salió corriendo con el oro que le había entregado, y yo volví mi rostro de nuevo al tendero. Cogí una bolsa de cuero que colgaba expuesta y la cogí, metiendo dentro el yelmo y los guantaletes sin siquiera preguntar, y después le pedí el precio de nuevo, de la camisa y de la bolsa, no sin antes dejar caer una gota de la sangre que salía de mis escamosas manos sobre la barra del tenderete, donde empezó a humear y corroer ligeramente la superficie.
En esa ocasión, resultó que el precio de ambas cosas era más barato que el que antes me había dado solo por la camisa. Sonreí complacido y le pagué lo acordado.
No me volví a colocar el yelmo ni los guantaletes, y cambié las cosas de bolsa, dejando en la antigua solamente la gema azul. Y después caminé en busca de algo de comida, mi estómago rugía hambriento, y debía aplacarlo rápidamente.

[...]

El barco era sin duda estupendo, mucho mejor que el anterior. De buen tamaño, reforzado con metal, y armado de proa a popa. Balistas, espinas, arpones descomunales, y multitud de armas que dudaba incluso que nos diese tiempo a usar. Desde luego debía admiritlo, en aquella ocasión la situación se me planteaba más sencilla. Tras pasar por la bodega, en la cual dejé mi armadura dentro de una cuba vacía (Para evitar que esta se pusiese a dar tumbos por todo el barco como en la otra vez) me dirigí hacia el camarote solo portando la coraza, que me protegía los hombros, el pecho y una pequeña parte del vientre, por debajo de esta se podía ver la camisa de tejido rojo fuego, y mis pantalones habían sido sustituidos por una kilt de tela de color entre marrón oscuro y granate, con bordaduras rodadas al final. Me sentía ligero, ágil, y cálido, sobre todo cálido. Una persona normal me habría llamado loco por esa vestimenta para el desierto... Pero era su culpa por no conocerme. Entré a la habitación justo cuando la mujer hablaba de su vestimenta de combate para momentos de calidez...

Y entonces ellos pudieron ver la mía. Alto e imponente, rozando mi cabeza con el marco de la puerta, con los cabellos de un rojo fuego muy brillante cayendo sobre mis hombros (Casi parecían llamas de verdad en aquel instante). Mis ojos carmesí resplandecían y contrastaban con la sonrisa de satisfacción que lucía en mi rostro. Por la abertura de mi coraza sobresalía el cuello de la camisa roja, y sobre esta, brillaba el metal. Más abajo podía encontrarse la tela oscura y finalmente los pies descalzos. En la derecha empuñaba la espada del color de la sangre, cuya empuñadura era tan negra como una noche sin luna, y en la otra, una gran bandeja que contenía una cantidad ingente de carne. Casi parecía más un atuendo de gala que uno de combate. Y realmente la bandeja contrastaba con el resto.

-Pues este es mi atuendo para el calor... ¡Cuanto más, mejor!-Dije con una carcajada mientras dejaba la bandeja en una mesa cercana y me sentaba.-El frío me sienta bastante mal, una ironía al vivir en las cumbres de los montes Keybak... Pero en compensación, me fortalezco con el calor, y mucho. Mi mayor temor es que la noche se cierna sobre nosotros antes de que venzamos a la criatura, pues mientras el sol me caliente, me veréis pelear en todas mis facultades. Mi piel no se quema gracias a las escamas, así pues, no requiero de telas para evitar quemaduras, ni trucos para la transpiración. Esta camisa me sirve para atraer el calor del desierto y dispersar el que tome mi armadura, además de para cubrir mi pecho, desprovisto de escamas... Para el resto del cuerpo, como veis, la armadura la tengo integrada.-Me llevé un buen trozo de carne a la boca que mastiqué con velocidad antes de tragarlo.-Oh si... Creo que esta caza si que va a ser de mi agrado. No muchas veces tengo la oportunidad de pelear con toda esta libertad de movimiento. Por cierto... Espero que no os moleste mi desayuno, es algo malo que tengo, requiero mucha comida... Supongo que mi aspecto tiene cosas buenas y cosas malas. Me tomarán por monstruo, pero a veces... Tiene sus ventajas, se sacan precios bajos cuando le enseñas a la gente que tu sangre puede quemar.

Y en la oscura noche del desierto, Dante tuvo un encuentro con su compañero.
Sin duda, aquel horrible fallo a la hora de lanza el conjuro no había mejorado en absoluto la relación que mantenían, y por poco estuvo el mago de perder la cabeza cuando el hombre bestia se lanzó contra él... Mas algo le detuvo. Una fuerza misteriosa, una decisión de ultima hora, o simplemente un atisbo de piedad, pero... Le dejó vivir.
Durante largos minutos, el hombre bestia se dedicó a seccionar el apéndice requerido por el alquimista, y después, se hizo un improvisado y algo asqueroso refugio contra el frío local, sin embargo, aquello fue una inteligente estrategia, pues el cuerpo le permitió mantener el calor.
Mientras lo hacía, encontró una gema verde, y con mirada codiciosa la guardó en su bolsa con algún objetivo futuro.

El piromante, al contemplar la idea de su compañero, hizo lo mismo con el cuerpo de otro de los tiburones, creando un buen refugio, aunque algo más pequeño, y pudiendo sobrevivir a la cruda noche del desierto.
Cuando el sol volvió a salir y el calor en el interior de los cuerpos les despertó, continuaron el viaje. Con el piromante a la cabeza y el schacal a varios metros detrás transportando la pesada cosa, parecían tener una misión más dura que sus otros compañeros, que habían dispuesto de grandes comodidades a la hora de realizar su trabajo. Pero... Ellos habían perdido un miembro en el grupo, algo que quizás hubiese podido facilitarles las cosas de haber seguido con vida. Una triste desgracia.

Finalmente llegaron a la casa de Scorpion, situada en el desierto y cerca de Loc Lac, donde Arthorius y los demás se encontraban ya en el barco hablando apaciblemente. Al entrar por la puerta depositaron la cola junto a las escamas, y Dante furioso se dirigió hacia Mack, el único presente en aquella sala. Sus palabras eran duras y frías, al igual que lo habían sido las del engendro en su momento, sin embargo, no consiguieron más que él.

-¡Calma! Dan no se encuentra aquí, no puede responder a tus preguntas... La piel de los Cefadromes... ¿Era ignífuga? Interesante, pero no conocíamos esos detalles, aunque quizás deberías haber atacado a la boca...-Sacudió la cabeza finalmente.-Eso no importa, Dan no está aquí, y yo te respondería gustoso a las dudas que tengas, pero desgraciadamente, no tengo muchos datos sobre la siguiente bestia, aunque os puedo decir que habita en las montañas de Keyback, es una criatura carnívora que se alimenta de los animales cercanos y... ¿Que más...? ¡Ah! Si, la atrae la luz, y el fuego le causa graves quemaduras.-Retrocedió algo asustado por Dante y su carencia de datos.-No... No se nada más, pero si viajáis a Keyback, encontrareis a una mujer, Jasmine, ella quizás tenga mas datos sobre la bestia. Si no... Bueno, sois libres de marcharos, pero solo cobrareis si completáis las misiones, así pues, deberíais iros con las manos vacías...-Se dirigió a la puerta rápidamente, evitando pasar muy cerca de los hombres, y siguiendo el procedimiento ya antes mencionado, abrió una puerta marcada con dos altas montañas bajo las cuales había un extraño símbolo irreconocible.-Si aun queréis cazarla, lo que debéis traer son unas glándulas moradas que tiene sobre la cabeza y la cola, y bajo el abdomen... Ah, y no podéis dañarlas con fuego, así que tened cuidado si lo usáis.

De la puerta entraba un aire gélido, y un par de copos de nieve entraron por el hueco que había, al otro lado se mostraba una pequeña zona plana cubierta de nieve, y una casa de madera de cuya chimenea salía humo a unos pocos metros. Más allá se podía ver el cielo, y debajo, las montañas. Si se miraba hacia arriba, la cumbre se alzaba imponente a gran altura. Era la mitad de la montaña... El frío se podía sentir calando hasta los huesos...


-------------------------------------

Off: Bueno, pronto pondré el Post Tactico, ya sabéis.
Por cierto, todas las acciones que hace Arthorius en las cuales se escapa por los pelos de un ataque, o actúa velozmente, con una capacidad de reacción sobrehumana, no es pura suerte o powergaming xD por si alguno no se leyó la ficha, es por ser bicéfalo. Esto le permite reaccionar muchísimo más rápido que a cualquier otra persona, así como prestar y analizar los detalles más rápidamente. Solo lo digo por aclarar xD
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Mayo 25, 2013 4:12 am

Las palabras del erudito fueron grabadas a fuego en mi cabeza. Sus puntos débiles eran la boca, punto que desgraciadamente no podíamos tocar si queríamos cumplir la misión, y su espalda, que al parecer fuera de los minerales no era para nada dura, de modo que deberíamos ponernos encima del ser todo el rato si queríamos tener una oportunidad de hacerle daño. Al menos en aquella ocasión íbamos mejor preparados, lo cual era una alegría y me hizo pensar menos en mis ganas de matar a Dan. Por lo menos estaba dándome espectáculos dignos, sin duda...

Poco después ya nos hallábamos fuera, y los tres nos dirigimos al mercado para prepararnos cada uno a nuestra manera para poder luchar contra el sol del desierto. A pesar de que pasé bastante calor en el trayecto, recordé con una sonrisa amarga que en peores situaciones había estado, justamente en el Monasterio del Alba roja, sitio que podría calificarse del mismísimo infierno. El simple recuerdo hizo que el viento cálido y el sol de justicia del desierto me resultaran hasta refrescantes. Finalmente hechas las compras por parte de los tres nos fuimos al barco que nos aguardaba, y una vez allí dentro nos dispusimos cada uno a prepararnos a nuestra manera.

Fui el primero en llegar al camarote, y una vez ahí empecé a prepararme adecuadamente para luchar en el desierto, renunciando a todo cuero que llevara encima y sustituyéndolo en su lugar por las telas akhdarianas, preparadas al estilo de los jenízaros, soldados pesados acostumbrados a luchar en el desierto. Unos tipos admirables, sin duda. Enya habló mientras se desnudaba y se preparaba para la batalla. Como era obvio miré, y aunque la visión no me desagradó para nada dejé bastante patente que no iba a quedarme mirando como un idiota ni a comportarme indebidamente. Tenía el yelmo y el turbante dejados a un lado, de modo que podía verme la expresión de la cara en todo momento, así que sencillamente me dediqué a responder, encogiéndome de hombros:

-Uno tiene que acostumbrarse a pelear en todo tipo de ambientes, en especial si se dedica a viajar, por muy en desventaja que esté.-

Tras eso ella siguió hablando, diciéndome que aunque quería aprender algunas de las técnicas que yo había ido aprendiendo, estaba en contra de mi política alimentaria antes de las batallas, pues en sus tierras hacía tanto frío que ir a la batalla sin tener más que un par de manzanas en el estómago era poco más que un suicidio, debido a la congelación que podían padecer los soldados. Yo me senté sobre la cama, mirándola a los ojos y le respondí, dejando entrever que no le iba a hablar de algo que me resultara agradable:

-¿Alguna vez has luchado en un asedio, Enya? Si te has encontrado en uno sabrás por qué los zhakheshianos estamos acostumbrados a luchar con el estómago algo vacío. De ahí que sigamos políticas alimentarias tan estrictas en mi nación. Como es obvio, en tiempos de abundancia, o cuando tenemos un tiempo de paz, y en especial en invierno, gustamos de comer carne y de comer mucho. Si algún día me ves en un banquete de celebración vas a pensar que me voy a comer el plato y todo. Pero he vivido algunos asedios, tanto como asediador como asediado, y he pasado otras experiencias peores donde la comida era un lujo... De ahí que me tocara aprender a luchar con el estómago vacío...-

Enya me mencionó cuando acabó de vestirse que así se vestía en sus tierras cuando hacía calor, y que si podría luchar conteniendo mis babas, lo cual me hizo aparcar por unos instantes los recuerdos nada agradables que guardaba acerca de asedios y situaciones con escasez de comida. Reí y le respondí, asintiendo mientras sonreía de medio lado:

-Pierde cuidado, el ejército zhakheshiano es mixto así que estoy acostumbrado a luchar junto con féminas. Eso sí, no puedo prometerte que cuando acabemos esta misión no intente seducirte. Avisada quedas, recuerda que aunque vista de mithril sigo siendo un hombre con debilidad por las mujeres fuertes.-

Fue entonces que Arthorius llegó y empezó a contarnos que, para su fortuna, él era un ser que necesitaba el calor para vivir de modo que podía vestir aquellos atuendos abrigados y que aún con eso tuviera más ventaja que desventaja a la hora de luchar. Tras eso, mencionó sus hábitos de comida y ahí, juntándose con la conversación anterior se me acabó de borrar la sonrisa. Tragué saliva y miré por la ventana. Empecé a recordar y finalmente me giré hacia ambos. Los miré a los ojos, serio, y empecé a hablar entonces:

-No, no me molesta tu desayuno, pero si he reaccionado así es porque bueno... Tras tanto hablar de comida, de comer mucho, de comer poco... Digamos que he recordado momentos no muy agradables. Os tengo suficiente confianza para explicároslo, y espero que no cambie vuestra opinión sobre mí. Tenemos que hacer tiempo hasta llegar a nuestro destino, y teniendo en cuenta que a veces es mejor soltar las cosas que guardárselas, os contaré alguna historia de mi pasado... Pero primero dejad que yo vaya a por algo de comer. Como antes has dicho, Enya, con dos manzanas no se puede luchar, aunque se intenta cuando no queda más remedio.-

Salí un momento de la habitación y fui a buscar algo de comida. La comida que traje, cómo no, era fruta. Al parecer no iban mal provistos de eso, llevando varias conservas y algunas frutas, de las cuales me llamaron la atención unas en concreto. Las carissas. Agarré un puñado de esas frutas, suficiente como para llenar mi estómago sin que me resultara pesado, y caminé de vuelta al camarote. Una vez volví me senté de nuevo en la cama, y comí un par de melocotones antes de empezar a hablar:

-Bueno... ¿Qué os iba a contar antes? Ah, sí... Más os vale ir preparando historias graciosas para después, porque tampoco quiero que vayáis a combatir deprimidos o pensando que soy un llorica. Por dónde empiezo...-

Miré por la escotilla unos instantes, dejando que mi mirada se perdiera en el vacío y empezaba a recordar y a buscar cómo explicar aquél par de historias que no eran para nada agradables pero que debía soltar sí o sí para no explotar y dejar que me hundieran. Es mejor hablar y relajarse a que esas cosas te coman por dentro, como me dijo mi padre. Finalmente me armé de coraje y frialdad para empezar a contar un par de historias:

-Como sabéis, entre otras cosas soy oficial del ejército zhakheshiano, y en mi tierra se dice que un soldado no vale la pena si no ha sobrevivido a al menos un asedio. Debo decir que nunca entendí bien aquello hasta que me tocó vivirlo, y creed cuando os digo que no se olvida nunca en la vida. Debíamos defender una fortaleza del ataque de los imperiales, allá en las montañas al norte de mi patria. Me hallaba al mando de las tropas de la fortificación, y como segunda de mando estaba una vieja amiga mía que logró sobrevivir a la batalla, como yo. Los imperiales llegaron de improvisto, preparándose para asaltar la fortaleza. La alarma no llegó pronto, de modo que, aunque los soldados tuvimos tiempo de prepararnos nada más llegó, los aldeanos que vivían fuera... Menos de un tercio tuvo tiempo de llegar a las puertas antes del ataque imperial. El enemigo era demasiado numeroso, de modo que lanzar una carga era un suicidio. No os mentiré cuando os digo que la proporción era de al menos veinte enemigos por cada uno de nuestros soldados. Lo peor era que los imperiales estaban a demasiada distancia como para poder usar los arcos o las ballestas de forma efectiva, y solo pudimos observar con odio como pasaban a los hombres, niños y ancianos por la espada... Las mujeres no tuvieron tanta suerte, y tuvimos que escuchar sus gritos cuando... Bueno, ya os lo podéis imaginar. No importaba qué edad tuvieron. Llegaban los gritos chirriantes de las ancianas, los furiosos alaridos de las mujeres adultas, los desgarradores chillidos de las muchachas jóvenes... Y los aterrorizados llantos de las niñas...-

Suspiré y cerré los ojos unos instantes, logrando combatir y suprimir el dolor y la tristeza de aquellos recuerdos, aunque posiblemente eso solo hizo que mi relato solo resultara más estremecedor al mostrar cómo estaba tan acostumbrado a aquellas cosas que podía tratar esos temas sin que se me quebrara el alma. Finalmente, seguí con el relato, con voz neutra y fría, a pesar de que en mis ojos se notara que, por encima de todo, el sentimiento que más afloraba con aquél recuerdo era el odio:

-Los bastardos imperiales decidieron usar la psicología contra nosotros, y clavaron en cruces a todos los campesinos asesinados, aunque tuvieron mucho cuidado en separar las cabezas de sus hombros. Plantaron un campamento, cortaron toda vía de comunicación con el resto de Zhakhesh que pudiéramos lograr, incluidos los cuervos mensajeros, los cuales fueron abatidos por sus tiradores, y dieron comienzo al asedio. En la fortaleza nacía un río, de modo que el agua no nos suponía un problema, y en teoría teníamos comida para resistir un mes entero. Sin embargo, a la primera semana los civiles ya se acercaron a nosotros para pedir suministros a los soldados. Por algún motivo se habían agotado sus reservas. Indagué el asunto, y descubrí que un grupo de ladrones había robado tanta comida como había podido, para revenderla a precios astronómicos. Como se dice, cuando hay miseria los criminales son quienes más se benefician. No podíamos permitirnos insurrectos ni nada por el estilo, pero necesitábamos soldados, de modo que ordené arrancarles el corazón para matarles y luego los dispusimos por las murallas, preparados para que los pocos nigromantes que estábamos ahí pudiéramos alzarlos cuando se produjera el asedio. Tras un mes, los imperiales decidieron atacar, buscando minar nuestra moral al usar como munición para sus catapultas las cabezas ya descompuestas de los civiles que habían matado al principio de su ofensiva. Logramos rechazarles, no sin numerosas bajas, pero al menos pudimos evitar perder la fortaleza, aunque hubo que armar a los campesinos con los equipos de los caídos y de los que disponíamos. Tras eso, vino el segundo mes...-

De nuevo, al recordarlo, tuve que hacer de tripas corazón, y tras lograr enfriarme un poco para seguir con el relato sin verme superado por él y permanecer impasible, continué explicando cómo fue el asedio:

-Para el segundo mes se nos había acabado la comida, de modo que tuvimos que empezar a buscar métodos alternativos. Primero fueron los peces del río. Tras ellos vinieron los caballos y las mulas. A ellos les siguieron los perros y los gatos. Para la última semana, ni siquiera las ratas seguían con vida. Sabíamos que a partir de ahí solo nos quedaba rendirnos y sufrir el destino que los imperiales quisieran o morir de hambre. Ahí atacaron de nuevo. Como en la otra vez, logramos repelerlos, pero sin comida, ¿cómo íbamos a resistir? La desesperación nos dio la respuesta. Despellejamos, despiezamos y conservamos los cadáveres de los caídos aquél día. Durante dos semanas nos alimentamos de carne humana. Piernas, brazos, órganos... Al final, también eso se acabó. Las dos últimas semanas nos las pasamos lamiendo la cal de las paredes y comiendo cuero de donde pudiéramos sacarlo. Botas, ropa, armaduras, las empuñaduras de las armas... Supe que no podíamos seguir así. La noche anterior a que lanzaran el tercer ataque, hice una última medida desesperada. Armé a todos los que quedábamos con vida, y aprovechando la oscuridad lancé una carga desesperada. Nos lanzamos contra el flanco más débil del enemigo, rompimos el cerco y huimos. Muy pocos logramos escapar sin morir ni en aquella pelea ni en la subsiguiente persecución que ordenaron los imperiales. Tuvimos suerte de que la lluvia nos cubriera y hubieran cenagales no muy lejos de allí. De lo contrario, hoy no os estaría contando esto. Supongo que ahora entendéis por qué puedo luchar teniendo poco en el estómago.-

Tras eso me callé, acabando de comer la carissa que quedaba y recostándome contra la pared, sentado aún en la cama, dejando que los demás hablaran de sus temas si mi relato no les había quitado las ganas de charlar. En mi caso podían notar que me había aliviado al contarles aquello, tal vez por el hecho de que muchas veces duele el tener que guardárselos, o tal vez por el hecho de que cuando cuentas algo malo que te haya pasado sientes como si le hubiera pasado a otra persona. Mejor así.

Fuimos llamados a cubierta tras un rato, y sin perder tiempo me colgué el escudo a la espalda, desenvainé la espada y me dirigí corriendo. Por el camino me topé con uno de los tripulantes, el cual me miró con cara de circunstancias y estoicidad mientras se dirigía hacia su puesto, aunque en su rostro se notaba que temía por su vida. Se me quedó mirando y yo le dije, asintiendo:

-No te preocupes, sadiki, mataremos a ese uld qahba.-

Mis palabras le hicieron sonreír, sobre todo por el hecho de haber usado algunas palabras de su mismo idioma, y se alejó al trote dirigiéndose a Elhías sabe donde. Yo por mi parte seguí mi camino y me acerqué a la ballesta de repetición de la proa, que se hallaba cerca de aquella especie de espolón que tenía montada la nave. En ese momento vi a la criatura. Viajábamos a toda velocidad cuando el Jhen Moran saltó al lado de la nave, dejando que por unos instantes viéramos su cuerpo antes de que la criatura se volviera a sumergir en las arenas. El monstruo, al caer, generó un terremoto que nos hizo estremecer. Por si las moscas, envainé la espada y me agarré a los mandos de la ballesta de repetición, que funcionaba a manivela. No sabía muy bien todavía qué hacer, de modo que de momento dije lo único que sí se me ocurría, gritando para que me oyera el capitán del barco:

-¡Hay que ganar altitud, debemos estar encima del ser y tener su espalda a tiro!-
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Snarl el Jue Mayo 30, 2013 4:15 am

Los trofeos de los cazadores
Son un símbolo de la cacería
De su esfuerzo y temple ante la bestia
Puede ser su piel, puede ser sus garras
Sus colmillos o su cuerpo entero
Mas otras veces, únicamente el recuerdo
Y las viejas memorias del cazador

Christian Chacana 29 de mayo de 2013

Para algunos, un simple cadáver es un simple cadáver, quizás un sirviente para un nigromante, pero en general, un cadáver únicamente sirve para alimentar a bestias y gusanos, pero, siempre existe un pero, esto cambia para los Schakales o los carroñeros, estos ven en un cadáver una fuente inmensa de conocimiento y de riquezas, claro… si sabes dónde buscar y con quien hablar.

El Schakal durmió plácidamente en su macabro refugio, el cadáver no se descompondría y era lo suficientemente cálido como para pasar la noche, las horas pasaron y al igual que el recorrido de la luna y las estrellas, el día estaba pronto a nacer, el Schakal despertó lentamente, estirándose al salir del cadáver y bostezar como si hubiera dormido en un lecho de las más delicadas plumas, para él, cualquier lugar era bueno para pasar la noche, ya sea la cama de paja de una posada o el interior del cadáver de un tiburón de arena. El aroma a vísceras y sangre era agradable en las primeras horas de la mañana y como todo Schakal, se pondría a trabajar en el acto. No le preocupo el otro humano, ya que si estaba vivo o muerto, por el frio de la noche, era algo que no le daba ningún beneficio. Snarl no perdió tiempo y utilizando la espada, comenzó a desollar a esa enorme bestia. Los tiburones de arena no eran seres comunes y su piel podría tener algún valor, al igual que otras partes de su cuerpo. ¿Cuánto tiempo estuvo desollándolo? No sabría decirlo, pero el sol ya había calentado el cuerpo del Schakal agradablemente cuando terminaba de arrancar la última parte de la piel del lomo y claro, mientras adquiría la piel, se había dado una pequeña comida con la carne y grasa de ese animal, no había que desaprovecharlo.

La voz del humano molesto al Schakal, que había enrollado la piel del tiburón en un fardo, junto a la cola y ahora se disponía a obtener algunos dientes del tiburón, la urgencia del humano por marcharse irrito al Schakal que más de un grito molesto le contesto, amenazándolo con sus colmillos si no se callaba. Los colmillos dieron algo de problemas, pero golpeándolos fuertemente con el pomo de la daga, estos caían como escamas, media hora demoro para que tuviera medio centenar de colmillos prolijamente afilados y peligrosos. Después de todo ese trabajo, Snarl se sentó unos minutos sobre la arena carmesí, mirando los destrozos a su alrededor, entre los intestinos y estomago de la bestia había encontrado el cuerpo del otro humano, a medio digerir, otro inútil mas que, de poco había servido… después de un merecido descanso, claro que había sido el único que había trabajado, el otro era un inútil bueno para nada que hubiera servido mejor muerto que vivo, el Schakal se levanto de la arena y atando un par de correas de piel y tendones a la cola, comenzó a arrastrarla por la arena, caminando lentamente pero sin perder el ritmo.

Horas más tarde, llegaban a la ciudad de muros de arenisca, el paso por las calles fue más que llamativo, el Schakal iba cansado, cubierto de sangre ya seca, además de arena y portando una enorme cola de bestia, sus pasos le llevaron hasta la casa que había sido el inicio de todo, dejando la cola fuera de esta y sentándose en una banca de madera unos instantes, en aquel momento apareció Scorpion, quien al parecer estaba preocupado por el resultado de la misión, de pronto pregunto sobre el que faltaba, a lo que el Schakal solamente dijo.

-Se lo comieron-


Mas palabras eran innecesarias, aunque el hombre de tez morena comenzó a hablar, sobre la nueva misión que les aguardaba, al igual de que las orejas del Schakal estaban en alto por la conversación ridícula al interior de la casa, cuando se nombro que habría frio, Snarl comprendió que debía de armarse, ya que la estupidez del inútil humano, había arruinado lo que quedaba de su armadura y su capa. Después de escuchar al otro humano, se acerco a la cola que estaba siendo guardada y tomo el fardo de piel, alegando que no iría a cazar hasta armarse correctamente. No el importo si con el griterío del humano, este se lanzaba por la puerta a su muerte, por su parte, el tomo la piel y se dirigió hacia el mercado, un par de minutos caminando y tras algunos comentarios de indeseables individuos, sobre la sangre que cubría su cuerpo, llego hasta un curtidor, el cual pago respetablemente por la piel, y claro, a cambio compro una buena armadura de cuero, al parecer, cuero similar a la de aquella bestia, por lo cual intuyo que resistía al fuego, una alegría tomando en cuenta al pirómano inútil que tenía como compañero de caza, lo siguiente fue ir al joyero, al gema le daría una buena suma de dinero, pero cuál fue su decepción, al escuchar del joyero, que aquello no era una gema, el Schakal mascullo y se retiro, terminando en los baños termales, donde debido a su apariencia se le negó la entrada, pero unas monedas hicieron cambiar de opinión al guardia y el dejo usar una de las duchas, con alivio el Schakal disfruto de la ducha, la cual no solo sacaba la sangre pegada a su pelaje, sino que también a la arena que estaba entre estos, después de nuevamente vestirse y conseguir algunos elementos, entre ellos una larga cuerda de doce metros y unas botas para el frio, volvió a la casa, durante unos instantes miro a los presentes y mascullando volvió a cruzar aquella puerta.

Frio… eso fue lo primero que sintió, el maldito y desagradable frio, como si este calara cada uno de sus huesos, por suerte se había vestido para la ocasión y su armadura mantenía su pecho y espalda calientes, la capa nueva tenia forro de pelos, así que era cómoda, de cualquier forma, se encontró pronto con una mujer, su apariencia poco le importaba a la bestia que sin presentarse o siquiera demostrar modales mas de los estrictamente necesarios, mascullo.

-¿Qué debo matar ahora?*dejando de lado completamente al humano*-


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Cerverus Dante el Jue Mayo 30, 2013 4:14 pm

Dante se desfogaba con el pobre Mack, única persona presente que escuchase sus quejas y sus gritos. El aprendiz de alquimista trataba de calmarlo, alegando que su maestro no se hallaba allí y que los detalles de las propiedades ignífugas de los tiburones de arena les eran desconocidas. La información, nuevamente, no fue demasiado jugosa, aunque había algún par de detalles importantes. Saber que la luz atraía a esa cosa iba a ser de una notable utilidad. Dante le dirigió una mirada inquisitiva a Mack, buscando sacar algo más de información. El aprendiz se apresuró a asegurar que no sabía nada más. Por su expresión de asustado parecía que lo que decía era cierto. Esperaba que la tal Jasmine tuviese más que compartir sobre el tema.

-Por cierto- Dante se retiró la ballesta de su espalda y la mostró. -El ballestero ha muerto. Y me temo que no va a haber posibilidad de entierro….Supongo que salimos a dos partes.

El aprendiz abrió un portal, por el cual entró un aire helado. Su siguiente destino eran las montañas de Keyback, dominio del antiguo imperio del zar con el que compartía nombre. Aquel hombre que había sido asesinado por su propia gente por haberlos ahogado en el hambre y la ruina de una guerra civil constante. Había mucho que aprender de la historia de aquel hombre. El poder de un monarca se basa únicamente en la obediencia de sus súbditos. Depende más de ellos que ellos de él. Los reyes que olvidan eso duran poco en el trono.

-Parece que el cara de perro no se une a la reunión- Observó el hechicero mirando hacia el anterior portal. Supongo que tengo algo de tiempo…. –Dante se dirigió de nuevo hacia el portal del desierto –Acepto el trabajo, de momento, pero supongo que antes tendré que quitarme estas vísceras de encima.

Dante entró por el portal topándose de nuevo con Scorpión – Tendréis que disculpar mis modales. Tenía un par de divergencias acerca de la misión con el señor Mack. Por cierto, tengo una mala noticia. Los camellos… -Dante negó con la cabeza dejando entender lo que había sido de ellos, que ciertamente, era bastante obvio- Siento la pérdida, espero que no les tuvieses demasiado cariño… Por cierto ¿Dónde está ese perro sarnoso?-

Al averiguar que se había marcado, supo que tenía tiempo de sobra para abastecerse. Supo más de una vez por donde había coincidido en paso con el Schakal, debido a los comentarios de la gente sobre que era el segundo hombre (si un antropomorfo puede ser calificado como hombre) que veían pasar por ahí lleno de sangre seca.

Al llegar al curtista supo también que Schakal había vendido allí la piel de la presa. Los Schakal eran bastante engañosos. Su aspecto animal podía hacerlos parecer unos simples animales bípedos, pero lo cierto era que tenían un buen iunstinto para las oportunidades de hacer oro. Según parecía, la piel de esos tiburones era un material de venta muy bien pagado en aquella ciudad, debido a sus cualidades ignífugas. Quizás era allí por donde Mack debería haberse pasado en lugar de mandarles a ellos tres a aquella misión de locos. Seguro que el difunto dueño de la ballesta cuyo nombre no había llegado a aprenderse habría estado de acuerdo.

Dante adquirió una de esas armaduras de cuero de tiburón. Para un piromante era propicio estar protegido contra un posible fallo de su propia magia. No había mayor vergüenza para un mago de fuego que haberse achicharrado a sí mismo por error. Antes de ponérsela se dirigió a los baños, donde también descubrió que había pasado previamente el cánido, ya que al parecer, le había suscitado la idea al encargado de cobrar un extra a los clientes que llegasen vestidos de entrañas. Aquel animal era cada vez más molesto.

Una vez hubo conseguido un aspecto semi-presentable acudió de nuevo a la cabaña de Dan. Le sorprendió ver que esta vez, había llegado él antes que el Schakal.

-Estoy listo. ¿Algo más que deba saber antes de entrar por esa puerta?- Intuía que no, al menos no por parte de Dan. Poco después Snarl entró en la sala preguntando a qué tenía que matar. Seguía sin tener precisamente ganas de hablar con el cánido así que, en cuanto hubo acabado de hablar el aprendiz, cruzó la puerta.

-Buenos días- Anunció mirando a su alrededor para comprobar en qué clase de lugar se hallaba. ¿Hay alguien aquí que responda al nombre de Jasmine?
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Enya el Vie Mayo 31, 2013 9:10 pm

La entrada de Arhtorius a la habitación cortó mis palabras. Él no había hablado, pero sí su aspecto imponente, con la melena al viento, los ojos totalmente abiertos y visibles sin el yelmo, el pecho únicamente cubierto por la coraza de la armadura y una camisa roja por debajo que le daba la apariencia de un embajador de la muerte. En aquel momento no supe muy bien como sentirme, ambos hombres presentes en la habitación me sacaban un par de palmos cuanto menos, eran el doble de anchos y sus armas habían pasado un refinamiento digno de un héroe mientras que yo… Era pequeña, de hombros estrechos y con armas forjadas en acero mundano: ¿Cómo podía sentirme entre tales titanes?

Cuando la sorpresa se evaporó del ambiente para mí contemplé mejor el porte guerrero de Arthorius, que al fin y al cabo era como el de los demás: Singular y único. Lo que más me llamó la atención fue la bandeja de carne que tenía en una mano. Decía que era su desayuno, pues él necesitaba el doble de energía que nosotros para poder luchar sin preocupaciones, algo lógico si teníamos en cuenta su tamaño descomunal. También afirmó ser una criatura cuyo cénit de poder se alcanzaba con el calor intenso del desierto, cosa que en aquellos momentos nos venía como anillo al dedo.

Seguidamente devolví la atención al conde, quien la requería con una pregunta a la que respondí con un simple “no”. ¿Yo en un asedio? Era demasiado joven. Jamás había tenido que vivir tal cosa, al menos no de momento, pero sabía bien lo que eran aunque nunca hubiese vivido uno; duras batallas de sol a sol, la imposibilidad de conseguir provisiones por culpa del enemigo acampado a las puertas. Un nuevo día una nueva batalla, eso era lo que yo entendía por un asedio… Que ingenua fui hasta ese mismo momento. Khaelos empezó a hablar, y a medida que lo hacía la expresión de mi cara iba cambiando de una mueca de valentía frente a la muerte a una horrible contorsión de los músculos de mi cara para lograr reflejar en la piel nívea de la cara un asco tremendo. Sentí en el estómago un hormigueo extraño, no tan agradable como muchos podrían pensar. Era la sensación de que algo iba mal en mi tierra… No éramos tan guerreros como en Zhakesh, la tierra del Cuchilla, donde por lo visto incluso los niños eran adiestrados para el conflicto bélico que había entre ellos y el cien veces maldito Imperio Sacro. Para nada éramos así de expertos en la guerra. Más bien nuestra principal ventaja en los terrenos que habitábamos era la cacería de seres con partes extrañas o propiedades extraordinarias, más o menos como los que estábamos derribando a encargo del misterioso alquimista Dan.

-Terribles palabras. – Dije, tragando saliva con dificultad una vez que Khaelos terminó – Ahora entiendo porque eres tan aguerrido en la batalla, no has tenido más remedio que aprender a matar o morir algo que no me es desconocido pese a mi juventud, aunque claro, no en ese sentido tan crudo. – hice una breve pausa para tomar aire y mirar a los presentes; acomodarme en la cama con las piernas cruzadas y la espalda recta; - A mí desde pequeña me entrenaron para la cacería, el arte más importante de mi gente. A los doce años ya era una tiradora excelente pero eso no evitó que una vez quedase encerrada en una cueva durante días… Aquello fue… Horrible. La criatura era negra como el azabache, tenía garras capaces de partir la roca, una cola de huesos que me partió dos costillas la única vez que me golpeó y una saliva que al igual que tu sangre, Arthorius, podía fundir el metal sin la menor dificultad. Tuve que sobrevivir las cuatro jornadas con la poca carne que tenían los zorros árticos cazados en el exterior y algunas gotas de agua que lograba sorber de los gélidos carámbanos de hielo. Y finalmente, al cuarto sol la criatura se presentó frente a mí lanzándose desde el alto techo de la cueva… -

Hubiese continuado narrando, aunque puede que no de forma tan vívida como Khaelos, pero la alarma sonó desde cubierta y tuvimos que subir a toda prisa. Una vez encima de los tablones superiores el vigía avisó de la presencia de la bestia, a la que vi en todo su esplendor cuando saltó cual pez desde las arenas. Poseía una boca gigantesca con la que seguramente sería capaz de engullir aquella cáscara de nuez que nos sustentaba encima de las dunas, unos colmillos más grandes que troncos enteros y unos ojos pequeños en los que podía leerse su furia asesina, algo que no comprendía.
Había quedado yo ensimismada mirando al JhenMohran cuando un temblor me despertó del trance. Me agarré rápidamente a lo primero que encontré en cubierta para no volver a caer y cuando todo pasó observé a mis compañeros, ya dispuestos para el combate. Como siempre fue el Cuchilla quien asumió el mando de la situación, sugiriendo que ganásemos altura, algo que no me parecía para nada una mala idea. Por mi parte, viendo que la siguiente duna del terreno todavía distaba un trecho de nuestra posición, me puse a trepar por el mástil con el arco a la espalda. Mi intención era llegar al puesto del vigía para poder controlar mejor la situación. Para bajar había un cabo que llevaba directamente hacia una de las balistas de repetición, a escasos dos metros de su silla, así que no temí por lo que pudiera pasar cuando tuviese que bajar, pero sí que hice lo posible para alcanzarlo con una mano mientras con la otra me aguantaba encima del madero. Una mala caída y terminaría debajo de la quilla del barco.

Menos mal que al final había decido poner vendas también en mis manos, aquello evitaría que si tenía que deslizarme por la cuerda me abrasase las manos.

-¡Intentaré llegar hasta arriba para controlar la situación! ¡Cubridme! – Grité cuando me encontré a una buena altura, aunque todavía sin alcanzar el lugar deseado.

Aquel cabrón era grande como ninguna otra criatura que hubiese visto en toda mi vida, pero tenía muy claros sus puntos débiles, tanto los que podía atacar como los que no, así que no sería tan peligroso como el primero. Teníamos más datos, más armas y más experiencia…
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Re: Una Caza En Condiciones

Mensaje por Arthorius Bloodbane el Dom Jun 02, 2013 1:41 am

Si Khaelos se tomó bien o no mi desayuno, es algo que no supe en aquel momento, pero poco o nada me importaba. A pesar del aprecio que le tenía al conde, seguía necesitando aquello para continuar viviendo, y si le era molesto, solo tenía que girar la mirada hacia un lado, justo como hizo. Sin ningún problema yo continué con mi comida, llenando el buche de carne y algo de fruta, todo bien cocinado y sabroso, aunque estaba seguro de que más deliciosa sería la comida que tomaría cuando regresase de la caza. Esas eran siempre las mejoras.
Cuando estaba terminando mi comida, Khaelos se giró hacia nosotros, explicándonos la razón de su reacción. Aunque antes, él mismo fue a por algo que comer. Al volver nos habló de los asedios, del primero que había sufrido. Escuché con la espala apoyada en la silla donde me encontraba sentado. Ya conocía los asedios, pero su historia me resultó interesante. La siguiente en hablar de una experiencia pasada, fue Enya, hablándonos de su tierra, y del encuentro con una bestia horrible que casi logra matarla, y por la cual quedó encerrada durante días en la cueva donde estaban. Aquella historia también la escuché con atención, al menos, hasta donde nos fue capaz de relatar antes de que la voz de alarma nos hiciese salir. Sin embargo, antes de que atravesásemos la puerta del camarote, hice un inciso importante, aludiendo a un recuerdo revivido con aquellas historias.

-Quedar atrapado... Un asedio...-Empecé.-Un asedio es algo horrible a sufrir... Pero... ¿Que haces cuando el ejército que acampa a tus puertas no es humano...?-De pronto, me fijé en las escamas negras que brillantes cubrían mi piel.-¿Cuando no pertenece a ninguna raza conocida de Noreth...? Es una experiencia que no deseo a nadie...

Finalmente, llegamos a la cubierta, donde pudimos contemplar la figura de la bestia. Quedé boquiabierto al ver a semejante mole salir de la arena como si fuese una simple trucha remontando el río... Pero lo más sorprendente fue al hundirse de nuevo. Tras de si apenas dejó una pequeña duna como prueba de su paso. Además de un terremoto que sacudió toda la nave. Me agarré a la barandilla para no caer al suelo, o peor, al desierto, y
Al instante, Khaelos tomó las riendas de la situación, indicando lo que más lógico parecía a su forma de pensar, pero cuando la idea pasó por mi cabeza, no tardó en ser rechazada ante mi lógica. Colocarnos encima de él, lejos de ser una buena idea era un suicidio. Enya ascendió por un mástil intentando lograr una posición más elevada. Miré a ambos y resoplé de frustración.

-¿¡PERO QUE SOMOS!? ¿UN EJÉRCITO DE SALVAJES, O UNOS CAZADORES CON CEREBRO?-Rugí con fuerza para que se escuchase mi voz por encima de todo el ruido que comenzaba a generarse a mi alrededor.-¡KHAELOS! ¿Acercarnos a él? ¡Si lo hacemos, de un solo movimiento partirá el barco! No nos enfrentamos al leviatán de antes, esto es mucho más grande.-Le expliqué rápidamente. Había sintetizado toda la información. Esa bestia tenía minerales en la espalda, y para salir de la arena de esa forma, hacía falta una fuerza descomunal, si se unían ambos factores, se veía claramente que si el barco se quedaba en su espalda, lo partiría en dos de un movimiento si le apetecía.-¡Maldición! Deberíamos organizarnos antes de hacer nada. ¡JODER!

Sin esperar un segundo más saqué tres largas sogas que había comprado en el mercado junto a todo lo demás, y las até con el mejor nudo que conocía al mástil por un extremo, y el otro de una de ella, a mi cintura. Las otras dos cuerdas quedaron libres. Su tamaño era suficiente como para que la parte libre (O la que até a mi cintura) llegase a la arena, puesto que la quilla de la nave se hundía bien en la arena. Si el plan funcionaba tal y como lo había pensado, eso nos salvaría de caer a la arena y no poder subir al barco, puesto que a diferencia del leviatán, ese bicho se movía bastante mas. Aquello no lo había adivinado, más bien supuesto, y es que, se moviese o no, subir a través de aquello siempre nos proporcionaría una ventaja considerable.

-¡Khaelos! ¡Átate esa cuerda a la cintura, si te caes a la arena no estarás perdido!-Le indiqué al conde, que era el único que se encontraba en situación de hacerlo.-Maldita sea... Enya... ¡ENYA! ¡AGÁRRATE FUERTE AHÍ ARRIBA!

Mi intención había sido que todos estuviésemos asegurados, pero la mujer se había adelantado a todos mis movimientos y había ido por su cuenta. Aquello había sido posiblemente un fallo, pero esperaba que lograse al menos mantenerse.
Contemplé al Jhen Mohran, buscando la forma más eficaz de atacarle. Estaba surcando las arenas de forma rápida, semisumergido en esta. Las patas estaban totalmente ocultas, pero su cuerpo trazaba una línea... Me recordó a un barco, siendo la cola semihundida el timón, y los colmillos largos y amenazadores, levantados en el aire, el mascarón. Tardé unos instantes, pero se me ocurrió finalmente.

-¡Ya lo tengo! ¡Usemos las balistas y los cañones contra su espalda! Fijaos, no ataca como el leviatán, no se centra en el barco...-Hice una pausa mientras pensaba en ese hecho.-Es como... Es como si huyese... Pero no de nosotros... No importa ¡Mira, su espalda está al descubierto contra nuestras balistas! Podemos actuar como una pelea entre barcos, salvo que él, no nos está lanzando cañonazos.

De pronto. Todo su cuerpo desapareció en la arena, y momentos después, sentí bajo mis pies una fuerte sacudida. Antes de hacer nada, me agarré con fuerza a las cuerdas de la vela, y vi como por estribor aparecía el cuerpo de la bestia, cerca... Muy cerca... Demasiado cerca. El barco comenzó a girar, aunque no lo suficiente para darse la vuelta. La bestia emergió parcialmente, y continuó su camino hacia el frente, pero cuando empezaba a pensar en continuar, escuché un grito sobre mi. Al alzar la cabeza, vi al vigía mirando hacia abajo, seguí sus ojos, y yo también pude verlo...

-¡ENYA!

"Y del abrasador sol del verano, a las heladas cumbres de Keyback. El grupo del Schakal era esperado por una mujer de cabellos dorados, sentada en una silla de madera y ataviada con una armadura hecha de pelo de alguna bestia de las nieves.
De pronto, la puerta se abrió con fuerza, dejando paso a un hombre bestia que portaba una armadura de cuero recién estrenada, y que parecía encontrarse más bien poco a gusto con el frio del lugar. A pesar de que la habitación la caldeaba una chimenea de piedra en la cual ardían las llamas. La mujer, que se encontraba leyendo un libro, echó mano de una espada de empuñadura de hueso que tenía al lado, hasta que escuchó la voz de aquella bestia preguntando por la siguiente criatura. Al momento, cerró el libro y se levantó, dejando la espada en su sitio y examinando al schakal.

-¿Mm...? ¿Un Schakal en Keybak? Dan... Amigo mío... ¿En que piensas?-Dijo la mujer sin prestar demasiada importancia a la presencia del hombre bestia.-Bueno, no es asunto mío los planes que tenga el chico... En fin. ¿Y vienes tu solo? En ese caso ya puedes ir dando media vuelta y volver a tu casa, porque al Giginox no lo vas a poder cazar tu solo.-Sin decir ni una palabra más, se dio la vuelta, caminando hacia su silla de nuevo.

Desde luego se podía notar rodeando a aquella mujer un aura de experiencia y poder notable. En sus ojos, el hombre bestia había podido ver la falta de miedo, así como la osadía de aquellos que han mirado a la muerte a la cara, y en vez de temblar, le han escupido a su calavérico rostro. Pero momentos después apareció otro hombre allí, preguntando por su nombre. Ante aquello la mujer lanzó un suspiro, y con total agilidad tomó la espada y la colocó en el cuello del piromante antes de que este pudiese hacer algún movimiento, demostrando así tener una habilidad superior a la de cualquiera en esa sala.

-¿Ves a alguna mujer más en esta sala? Es obvio que soy yo...-Dijo con un tono que infundía respeto. Giró la muñeca, haciendo que en vez de la punta, lo que rozaba su cuello era ahora el filo de acero del arma.-Estupendo, mandan a por el Giginox a un Schakal y a un crío poco inteligente... Me negué a cazar yo misma a la bestia por que juré no matar más allá de lo necesario para vivir... Pero, eviaros a vosotros dos allí sería una caza igual de innecesaria... Las montañas no necesitan más cadáveres humanos... Ni de perros.

Apartó la espada de su cuello y se sentó en la silla nuevamente, con aire despreocupado tomó el libro nuevamente, y pasaron unos segundos hasta que la mujer volvió a dirigirles la mirada.-Pero bueno ¿Se puede saber que hacéis ahí plantados? ¡Al menos cerrad la puerta! Que hace frío... Mm... En fin, si queréis cazar al gusano, hacedlo bajo vuestra propia responsabilidad, os aviso que no iré a retirar vuestro cadáver de sus excrementos si os come.-Hizo una pausa y tomó la espada nuevamente, pero esta vez, manteniéndose sentada, se dedicó a repasar su filo con la punta de su dedo indice.-No hace falta que lo digáis, ya se que buscáis. Os envía Dan a por el Giginox, y queréis información. Bien, vais a cazar al llamado Vampiro de Keybak. Es una criatura de aspecto similar a un gusano plano, poseedor de cuatro patas, dos de ellas dotadas de alas membranosas. Su cuerpo está provisto de unas glándulas purpúreas capaces de segregar toxinas. Es difícil saber que es su cabeza y que su cola, puesto que es exactamente igual en ambas partes, pero a veces, si no te la juega con sus trucos, puedes averiguarlo gracias a sus patas con alas, que están apuntando hacia delante. También lo podéis averiguar porque por la boca, obviamente, os come, y tiene unos preciosos dientes serrados bastante afilados que cortan el cuero con facilidad, así que vuestras armaduras no os protegerán de sus dentelladas. Le atrae la luz, y su piel es sensible al fuego, por lo que podéis quemarle fácilmente. Es un maestro de las artimañas, y comúnmente os hará vagar por la cueva obligándoos a perseguirle mientras él corre por las paredes. Y de vez en cuando soltará una bolsa gelatinosa. Si la veis... Bueno, descubridlo vosotros. Así estaréis más atentos a ellas. ¿Más? No, no hay más que os pueda decir, el resto lo averiguareis vosotros. Podréis encontrarlo si os adentráis en las cuevas, llegareis a ellas siguiendo el camino de la ladera que veréis detrás de la casa. Por cierto, cuando lo hayáis conseguido, venid aquí para que os abra la puerta hacia Shuwap. Por motivos de seguridad estará cerrada.-Y tras aquello, sin molestarse un segundo más, dejó la espada a un lado y volvió a su lectura. Mas, cuando estaban a punto de salir, volvió a alzar el rostro.-Por cierto, cerrad la puerta cuando salgáis."


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Off: Como siempre, en el off habrá más información.
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